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Agradecemos a todos los jóvenes que luchan;

fuente de inspiración para nuevas prácticas y


construcción de una sociedad más justa…
El Nuevo Amanecer de los Movimientos Sociales.
La Revolución de los Jóvenes en Chile.

Por SEDEJ Juventudes - PMSS se distribuye bajo una


Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-
CompartirIgual 4.0 Internacional.

www.sedej.cl
Cabo Arestey # 2464, Santiago, Chile.

Entrevistas:
Nicolás Quiroz Sandivari
Paloma Rivas Díaz
René Maluenda Villegas

Edición y redacción:
Patricia Ferrada Macaya
Carol Alvarado Acuña

Fotografía portada:
Claudio Arriagada Iturra
Captada en marcha estudiantil julio 2011

Diseño y diagramación:
Paloma Suazo Jara

Impresión:
Editorial Quimantú
www.quimantu.cl

Santiago de Chile, Verano del 2014


Presentación

La Corporación Servicios para el desarrollo de los


jóvenes SEDEJ fue creada, para colaborar en los esfuer-
zos que se realizan por superar los graves problemas que
aquejan a los sectores más vulnerables de nuestro país,
especialmente a los jóvenes, desde ahí para SEDEJ la op-
ción por los pobres y por los jóvenes, en el contexto de la
teología de la Liberación, constituyeron referentes motiva-
cionales de su praxis teórica y socio-pedagógica.
Es importante decir que la Corporación obtuvo
personalidad Jurídica el 03 de Abril de 1979, por Decreto
Supremo Nº 438 del 15 de Marzo de 1979, del Ministerio
de Justicia y que desde hace 36 años la misión y compro-
miso pedagógico se ha inspirado en el anhelo de justicia y
equidad, como energía movilizadora y desafío permanen-
te para ir creando en cada momento histórico, condiciones
de una convivencia social sana y fraterna. De este anhelo

3
emerge la opción preferencial (no excluyente) por las co-
munidades y por las personas más vulnerables de nuestra
sociedad, confiando que en ellas, están latentes potenciali-
dades humanizadoras, que se propone fortalecer para que
se desarrollen y expandan su influencia en la convivencia
comunitaria y Proyecto País.
SEDEJ, desde el año 2008 se ha incorporado al
Programa Mercosur Social y Solidario, PMSS, plataforma
de trabajo colectivo que reúne a una serie de organizacio-
nes de la sociedad civil junto a 17 ONGs Latinoamericanas
(integrado por Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ar-
gentina y Chile) financiados por la cooperación interna-
cional de CCFD Francia, desde cuya participación ha de-
sarrollado y potenciado su servicio y en particular, un Eje
temático sobre Derechos de los jóvenes, denominado “Eje
Juventudes”.
El eje jóvenes de SEDEJ, iniciado el año 2010, ha
estado compuesto por un equipo de 5 personas (Paloma
Rivas, Carol Alvarado, Nicolás Quiroz, René Maluenda y
Patricia Ferrada) quienes han hecho esfuerzos por aportar
y acompañar las búsquedas de grupos de jóvenes que hoy
en día se articulan desde la organización social. La vincu-
lación con el Programa Mercosur Social y Solidario PMSS,
ha constituido una alternativa importante de vínculos y
relación, mas allá de los límites que imponen las fronteras,
planteándoles desafíos de poder recuperar lazos históri-
cos comunes y la lucha de los movimientos sociales en la
co-construcción del diálogo permanente y compartir de
experiencias, teniendo en cuenta la diversidad cultural y
contextual en la que emergen cada una de las formas de
organización, bajo la mirada de ser protagonistas de sus
propias realidades y formas de construcción.

4 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Por ello, contribuciones como esta publicación,
resultan significativas y efectivas en la labor de construir
un soporte, horizonte y desarrollo, con la juventud que
hoy se articula desde el trabajo organizacional y mantiene
vivas formas de expresión pertinentes a sus contextos y
condiciones de vida, la cual les invitamos a leer, revisar y
usar.
Agradecemos profundamente a quienes conce-
dieron las entrevistas y permitieron esta recopilación
porque cada uno, de algún modo, ha estado relacionado
con el quehacer de SEDEJ.

Patricia Ferrada Macaya


Representante Legal
Corporación SEDEJ

5
Índice

3
Presentación

8
Prólogo

9
Línea Editorial

11
El origen de los movimientos sociales y su acción
colectiva. Su componente juvenil en Chile, la relación con
el Estado y los mecanismos de disciplinamiento y control
social.
Diálogos con Pedro Rosas.

42
Los matices de la juventud popular. Crítica al cen-
tralismo, declive del partidismo y los nuevos horizontes
de proyectos de autonomía y participación social.
Diálogos con Gabriel Salazar.

6 La Revolución de los Jóvenes en Chile


61
El nuevo escenario político de los movimientos
sociales en el Chile actual: La necesidad de un proceso
constituyente en la convergencia de los movimientos sec-
toriales y territoriales.
Diálogos con Mario Garcés.

82
La situación actual del movimiento social juvenil
en Chile: Participación, políticas públicas y exclusión so-
cial.
Diálogos con Miguel Fonseca.

92
Las juventudes cuestionando el modelo político-
económico: protagonismo de estudiantes secundarios,
deconstrucción de mentiras sociales, lucha contra la adul-
tocracia y centralidad del territorio en la organización.
Diálogos con Claudio Duarte.

123
Movimientos juveniles interpelando a la socie-
dad: cuestionamiento de la política tradicional, enfoque
hacia los problemas estructurales y prácticas de organiza-
ción local.
Diálogos con Raúl Zarzuri.

7
Prólogo

Este libro es una producción colectiva que pre-


tende evidenciar los momentos de construcción social,
que han llevado adelante los jóvenes de nuestro país. So-
bre sus ideas de la realidad, imaginarios y, por sobre todo,
busca registrar la lucidez de la condición humana que re-
side en el corazón de todos los seres que dan sentido a sus
vidas a través de sus prácticas sociales.
Este trabajo emerge desde un entramado de cues-
tionamientos y llamados de atención, de aquellos que no
hemos sido protagonistas, sino más bien parte de una rea-
lidad que cambió desde el empoderamiento político y so-
cial juvenil en la sociedad chilena.
Estas interpelaciones nos fueron abriendo cami-
no en la discusión, en torno a la posibilidad de generar una
especie de registro que permitiera dar cuenta de la mo-
vilización social, desde una mirada integradora y diversa,
como reflejo de la realidad a la que pertenecemos.
En conjunto con una serie de personas vincula-
das al campo académico, histórico, investigativo y social
de nuestro país, nos propusimos dar forma a una serie de
visiones; miradas y desde ahí, construir un aporte signi-
ficativo que pudiese servir a la comprensión del momento
histórico.
Agradecemos a todos quienes aportaron en esta
construcción y trabajo colectivo, coincidentes en este
tiempo y momento histórico que nos toca vivir.

8 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Línea Editorial

La sociedad chilena ha cambiado, desde el año


2011 hemos sentido un sismo en el sistema político y eco-
nómico del Chile neoliberal, este movimiento telúrico ha
hecho remover la credibilidad del proyecto que estaba lle-
vando a cabo la clase política chilena, en beneficio de una
minoría que se está enriqueciendo con el trabajo de las
clases populares y la explotación de los recursos naturales
del país.
Desde el 2011 podemos decir que existe una in-
flexión histórica, un antes y un después, podríamos se-
ñalar que es un año donde definitivamente concluyó la
transición chilena, donde nuevamente los movimientos
sociales han salido a flote y donde se vislumbran nueva-
mente ideas de cambio social. En fin, podríamos establecer
miles de hipótesis referente a los nuevos procesos sociales
que vive el Chile actual. Pero de una cosa estamos segu-
ro, estamos ante un escenario político que hace necesario
analizar el contexto social en Chile, con el fin de interpre-
tar las dinámicas sociales y actuar de la mejor forma para
generar las anheladas transformaciones estructurales que
necesita la sociedad chilena.
Como SEDEJ estamos interesados en interpretar
esta nueva realidad chilena. Nuestras acciones han estado
y están en las reivindicaciones de los movimientos socia-
les y a favor de las conquistas del pueblo. Por lo tanto, esta
publicación está orientada a generar un análisis de la rea-
lidad actual con el fin de fortalecer la formación política de
los jóvenes, dirigentes sociales y pueblo en general.

9
Las entrevistas presentadas tienen como objetivo
analizar a los movimientos sociales en Chile y los jóvenes
como actores relevantes de éste. Nuestro interés está en
describir 5 líneas diferentes de análisis:

a) Analizar el movimiento social juvenil y sus caracterís-


ticas en los diferentes periodos de la historia reciente del
país.

b) Conocer la estrategia de control social que desarrolla el


Estado hacia los movimientos sociales en Chile.

c) Dimensionar el protagonismo de los jóvenes en los nue-


vos movimientos sociales en el Chile actual, sus niveles de
organización y la proyección del movimiento.

d) Identificar las luchas regionales de Chile y sus niveles


de organización en la movilización social.

e) Comparar el nivel de desarrollo político de los movi-


mientos sociales entre Chile y Latinoamérica.

Esperamos que este material sea un aporte para


los procesos de auto-educación y reflexión crítica respec-
to de nuestra realidad actual, permitiendo generar un diá-
logo e intercambio de ideas entre los jóvenes y personas
protagonistas de sus propias luchas sociales.

10 La Revolución de los Jóvenes en Chile


El origen de los movimientos sociales y su acción
colectiva. Su componente juvenil en Chile, la rela-
ción con el Estado y los mecanismos de discipli-
namiento y control social.

Diálogos con Pedro Rosas.


Por Nicolás Quiroz Sandivari
SEDEJ-PMSS

Doctor (C) en Estudios Americano, Profesor de


Historia y Geografía, Licenciado en Educación, historiador,
y Magíster en Historia de Universidad ARCIS. Se ha des-
empeñado como académico en Universidad ARCIS desde
el año 2005 dictando las cátedras de Introducción a la His-
toria, Documental y Archivo, Historia Local y Municipal y
Didáctica de la Historia. Ha realizado docencia en la Uni-
versidad de Talca y la Universidad de Los Lagos. Profesor
de la Escuela Latinoamericana de Postgrado ELAP en el
Magíster de Educación y Cultura.
Consultor del Instituto de Altos Estudios Latinoa-
mericanos ILAES y de las Agencias noticiosas Chilepress y
NovoSur. Desde el año 2008 forma parte de la Asamblea
de socios de la Corporación SEDEJ.

Diálogos con Pedro Rosas 11


1.- El origen de los movimientos sociales y su acción
colectiva. En definitiva, ¿qué es un movimiento social?

Nosotros podemos constatar que es a partir, pre-


cisamente, de la década del 60, cuando comienza a hablar-
se del movimiento social, es decir, aparecen fundamental-
mente en Europa y en Estados Unidos de Norteamérica
manifestaciones de grupos de sectores sociales que no
están directamente vinculados a partidos políticos o de-
mandas de naturaleza política que tengan que ver con la
toma del poder o la ocupación del aparato del Estado. Es
decir, hay un tipo de demanda que si bien contrasta con
la oferta del sistema, se plantea formas de mejoramiento
de sus condiciones de vida en términos de la economía,
de la cultura, de fenómenos de naturaleza urbana simul-
táneamente y que progresivamente van a ir derivando a
otro tipo de fenómenos, que están más vinculados de lo
que tradicionalmente se entendía como la esfera de lo pri-
vado o vinculado a cuestiones que tradicionalmente no
eran tema, como por ejemplo, cuestiones de naturaleza
ambiental. Eso comienza a desplegarse a partir de los años
60.
Hay dos líneas de explicación para lo anterior:
una es la que entiende los movimientos sociales como ge-
neradores de una sociedad y otros que entienden los mo-
vimientos sociales como expresiones del descontento y la
manifestación de fallas sistémicas, que estarían generan-
do esta respuesta en el campo social, pero que demandan
del mismo sistema una solución.
Es decir, los movimientos sociales pueden ser re-
volucionarios en una perspectiva y pueden ser también
sistémicos, en otra perspectiva. Por lo tanto, no todo mo-

12 La Revolución de los Jóvenes en Chile


vimiento social es un movimiento que necesariamente
apunte al cambio de estructura.
En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejem-
plo, antes de los años 60 se fueron registrando movimien-
tos de personas que se movilizan de manera colectiva, es
decir, hay acciones colectivas en función, por ejemplo, del
voto negro, del derecho al voto de las poblaciones negras;
o en función de reivindicaciones vinculadas a los derechos
de la mujer; o reivindicaciones que tienen que ver con –
posteriormente cuando Estados Unidos está en guerra con
Vietnam- el movimiento contra la guerra.
No todas esas manifestaciones son anti-capitalis-
tas, son manifestaciones de corte socialista, son manifes-
taciones revolucionarias, pero todas son manifestaciones
que tienen por objetivo terminar con una cierta política
que expresan los gobiernos de los estados, por lo tanto, en
ese sentido los movimientos sociales son amplios. Uno po-
dría decir que se trata de un movimiento social que tiene
fronteras difusas porque uno puede estar dentro del mo-
vimiento social o en el borde del mismo y no hay mucha
diferencia, son fronteras bastante difusas y permeables, a
diferencia de un partido político. Un partido político tiene
fronteras que son muy claras, los militantes tienen esta-
blecido cuáles son sus funciones, tienen muy claros los ob-
jetivos. Los movimientos sociales que se registran a partir
de la década de los años 60 van a ser movimientos que
entroncan con demandas de los partidos políticos, tienen
coincidencia con las demandas clásicas de la izquierda,
tanto política como cultural, pero se trata de demandas
que no implican la obligatoriedad de la militancia, no im-
plican por lo tanto la dedicación de un tiempo exclusivo
abocado a las acciones políticas.

Diálogos con Pedro Rosas 13


Sin embargo, entendiendo esta laxitud de los mo-
vimientos sociales, esta frontera difusa de los movimien-
tos sociales, el movimiento sí tiene metas, tiene objetivos
a seguir y es capaz de movilizar a individuos dentro de ese
movimiento en función de esas metas y es así como los
individuos participantes se involucran en el movimiento
en función de esas metas. Pero una particularidad del mo-
vimiento es que los individuos no se involucran en tanto
que individuos, no son personas particulares planteando
una demanda particular en el escenario público, son in-
dividuos que conforman un actor colectivo, esa es una ca-
racterística de estos movimientos sociales: los individuos
configuran una especie de otra dimensión de su ser social,
configuran un actor colectivo, el movimiento social es un
actor colectivo, no es la suma de individuos aislados, por
lo tanto, es distinto ese movimiento social a, por ejemplo,
una especie de movilización de consumidores. Ésa es una
distinción. Si uno va mirando movimientos que ponen en
juego la acción colectiva en función de demandas colecti-
vas y no individuales y que tienen cierto grado de altruis-
mo, que tienen cierto grado de permanencia o proyección
en la temporalidad, es decir, buscan satisfacer mi necesi-
dad y nuestras necesidades y las necesidades de otros que
vienen, en ese sentido el movimiento social es más espe-
cial que un simple movimiento de consumidores.
Pero a la vez el movimiento social se distingue del mo-
vimiento político, en el sentido de que éste último busca
tomar el poder, construir un liderazgo orgánico, es decir,
construir un gobierno y en eso se diferencia del movi-
miento social.
Ahora, la frontera entre lo político y lo social es
una frontera que uno podría considerar bastante arbitra-

14 La Revolución de los Jóvenes en Chile


ria, ¿qué diferencia lo político de lo social? A lo mejor uno
podría pensar que el movimiento social es un momento
de la conformación de un movimiento político; a lo mejor
el movimiento social desde otra perspectiva significa un
estadio de participación en el marco de un proceso polí-
tico donde existe un movimiento político propiamente tal
y este otro movimiento que está expresando una vincu-
lación, una necesidad de participación de actores que es-
tán en tránsito desde lo social hacia lo político o que no
comparten la totalidad de la demanda política sino sólo su
parcialidad.
Entonces, el concepto de movimiento social es un
concepto elástico, pero que no es totalmente contradicto-
rio en el sentido de que un movimiento social siempre va a
desplegar una acción antisistémica o por lo menos contra
medidas de orden sistémico. En ese sentido, no cualquier
cosa es movimiento social, debe haber acción colectiva,
debe haber conjunción de metas, es decir, tienen que es-
tar las metas claras, debe haber una asignación general de
roles, es decir, hay algunos que son organizadores de mo-
vimiento social y otros que forman parte del movimiento
social, hay organizaciones del movimiento social, hay gen-
te que se ocupa de plantearse las metas, de elaborar un
discurso, de elaborar la crisis.
Siempre una sociedad que está atravesada por fi-
suras de clases, o fisuras de castas o de grupos sociales
que se encuentran instalados en distintos lugares desde el
punto de vista de la asignación de recursos y privilegios,
están cruzados por la incomodidad y la insatisfacción, el
descontento está siempre instalado en toda sociedad, pero
no siempre en esas sociedades se dan movimientos políti-
co-sociales.

Diálogos con Pedro Rosas 15


Es decir, la mera injusticia no provoca acción co-
lectiva, la injusticia puede provocar resentimiento, ira,
angustia, puede provocar rebeliones espontáneas, puede
provocar motines aislados, -como dice Hobsbawm-, puede
provocar ironía en formas culturales de resistencia, pero
no necesariamente provoca movimiento de acción colecti-
va que busquen terminar con la injusticia, por lo tanto, en
las sociedades que están tensionadas por estas fracturas
y divisiones internas va a emerger en un momento deter-
minado una crisis y ésta tiene que ser elaborada; es decir,
alguien tiene que nombrar la crisis, explicar la crisis, arti-
cular los responsables de la crisis y las formas de solución
de la crisis, esos son actores políticos. Pero si esos actores
políticos no buscan la solución de la crisis entonces no son
un partido político, son individuos en una acción colectiva
que lleva adelante una crítica política, en ese plano emer-
ge el movimiento social. Es cuando se empieza a elaborar
esta crisis y es capaz de movilizar a actores colectivos en
función no sólo de la crítica sino también del cambio.

2- Los movimientos sociales y su componente juvenil.


La posibilidad de movilización, el recambio social y la
responsabilidad de construir futuro. Desde la expre-
sión del descontento hacia la organización política y
social. El reconocimiento jurídico y la conquista de de-
rechos esenciales.

Los movimientos sociales en general son amplios,


es decir, tienen componentes de las más diversas natura-
lezas, pero si uno constata que un movimiento social re-
quiere de adhesión voluntaria y participación en ciertos
grados, desde el punto de vista del tiempo de dedicación

16 La Revolución de los Jóvenes en Chile


a la acción colectiva, entonces los jóvenes son los que es-
tán en mejores condiciones; los jóvenes no están sujetos a
regímenes de control corporal que les impida participar
en muchas movilizaciones; no es el caso de quienes están
físicamente encuadrados en un espacio, sea éste de una
fábrica o del lugar donde esa persona trabaja.
En el caso de las dueñas de casa, de la mujer que
hace las tareas del hogar está encuadrada en el marco de
sus funciones y tareas y por lo tanto tampoco tiene tanta
movilidad; los jóvenes son aquellos que se desplazan de
un lugar a otro y tienen mayores posibilidades de parti-
cipación en las acciones colectivas que las generaciones
adultas, pero no sólo eso, ése es un factor que tiene que
ver con la posibilidad de movilización.
Además, los jóvenes han significado siempre una
especie de representación del recambio social, siempre los
jóvenes han aparecido como aquella parte de la sociedad
llamada a hacerse cargo del futuro de la misma; aquella
parte de la sociedad que se encuentra en un proceso de
formación, que está a la espera de algo, que va a hacer el
relevo de las generaciones anteriores, que tiene una per-
cepción de un mundo cambiante sin estar amarrados a las
viejas o tradicionales formas de interpretación de la rea-
lidad. Son capaces de construir nuevas interpretaciones,
pero esto no quiere decir que todos los jóvenes o toda la
juventud sea esencialmente revolucionaria, también exis-
ten jóvenes conservadores y son los encargados de ser el
relevo de los elementos de conservación social.
Es ingenuo y errado históricamente pensar que
los jóvenes por el sólo hecho de ser jóvenes son elemen-
tos revolucionarios, son un elemento que cada vez es más
importante pero también es más importante por efecto

Diálogos con Pedro Rosas 17


de los medios de comunicación, por el desarrollo de los
mercados que tienen a los jóvenes como consumidores,
son importantes porque la expansión de los derechos en
la sociedad contemporánea los alcanza como sujetos de
derecho.
Entonces, los jóvenes desde la década de los años 60 en
adelante adquieren una gran relevancia desde el punto de
vista mediático, desde el punto de vista del mercado, des-
de el punto de vista de las comunicaciones, desde el pun-
to de vista de la necesidad de la participación política de
ellos en los procesos de transformaciones sociales; pero
también participan en la conservación del sistema, por lo
tanto, comienzan a ser relevantes desde todo ángulo y no
sólo desde las perspectivas del cambio.
Lo que ocurre es que los jóvenes como sujetos en
el marco de sociedades oligárquicas, tradicionales, socie-
dades conservadoras -sociedades donde las necesidades
de la población en su conjunto no están satisfechas, donde
las necesidades de participación o la voluntad de partici-
pación política no está dada por parte de las estructuras
existentes-, son parte de esa insatisfacción y empiezan a
manifestar un deseo y una voluntad de acción colectiva en
el marco de lo político. En ese marco, restringido por la
sociedad tradicional, restringido por la acción coercitiva o
excluyente de las clases dominantes es que los jóvenes se
van a expresar en manifestaciones de descontento, de crí-
tica, de molestia, de ira y de organización política y social.
Pero durante las décadas de los años 60 y 70 la
participación juvenil está vinculada poderosamente a la
existencia de los partidos políticos de izquierda. Esto no
es abstracto, la ebullición del movimiento social y de los
jóvenes no es igual en Europa que en América Latina, es

18 La Revolución de los Jóvenes en Chile


distinto, porque estamos en sociedades que están destra-
bándose de viejas amarras neocoloniales, post-coloniales,
que tienen que ver con la forma del capitalismo que se im-
planta en todos nuestros países. Y por lo tanto los jóvenes
se hacen parte de las luchas colectivas de los trabajadores,
de los campesinos, de las mujeres, luchas en tanto que tra-
bajadores jóvenes, y también tienen algunas reivindica-
ciones en tanto que jóvenes propiamente tales, pero éstas
son menores al lado de sus reivindicaciones más estructu-
rales. Yo diría que sus manifestaciones culturales, desde el
punto de vista estético, desde el punto de vista de la mú-
sica y del arte, la danza y la pintura, etc., comienzan a ser
más relevantes como generación, pero eso no está inevita-
blemente ligado a la edad, eso no está ligado a la cuestión
etaria; es decir, hay personas viejas que forman parte de
vanguardias culturales y hay personas jóvenes que forman
parte de grupos retardatarios en términos culturales, por
lo tanto todo esto no es una cuestión mecánica.
Lo que ocurre es que los jóvenes en el Tercer
Mundo comienzan a ser un sector extremadamente vulne-
rado por los cambios estructurales de la economía capita-
lista. La población adulta es una población que ha logrado
mediante sus luchas, mediante el copamiento parcial del
aparato del Estado, ha logrado reformas legales, reformas
políticas, ha logrado mejoramientos económicos, ha ido
logrando progresivamente con esfuerzo y lucha, muchas
veces sangrientas, el reconocimiento de derechos, no sólo
en el ámbito de los Derechos Humanos, sino también en el
ámbito de los derechos económicos, sociales, culturales, lo
que se llama de segunda y tercera generación, pero los ha
conseguido en tanto que miembros de segmentos sociales
que se movilizan en función de sus derechos. Una cosa es

Diálogos con Pedro Rosas 19


el reconocimiento jurídico internacional del derecho y la
adhesión de un país a esa carta y otra cosa es que los pue-
blos efectivamente, los actores sociales, conquisten esos
derechos en cada país y es en esa última dinámica donde
los jóvenes han participado.
Pero los jóvenes han quedado fuera por razones
estructurales de espacios de producción, espacios de par-
ticipación, espacios de realización de sus proyectos vitales
y el proceso de desindustrialización en Chile va a dejar a
los jóvenes a la orilla del camino, con un modelo educativo
que ya no sirve para el proceso de integración económica
y laboral y eso implica frustración en el ámbito de la vida
privada, de la construcción de la familia, en el ámbito de la
obtención de la vivienda, en el ámbito de la obtención del
derecho a tiempo libre y esparcimiento. Cuestiones que
habían sido aspiraciones de otros movimientos políticos
y sociales pero que ahora están absolutamente ligados a
los jóvenes porque el cambio estructural deja a una pobla-
ción de América Latina fuera de estas posibilidades y ya
una vez que se instala el neoliberalismo los va a conside-
rar solamente como consumidores y ya verán esos jóvenes
cómo resuelven el problema de su acceso al consumo.
Y van a aparecer otras problemáticas ligadas a la
marginalización, a la economía informal, al problema de
las drogas, etc. Pero para esos jóvenes desde el punto de
vista sistémico no hay posibilidades y se van a manifestar
poderosamente en contra del sistema.

20 La Revolución de los Jóvenes en Chile


3- La trayectoria política del movimiento social juvenil
en la historia reciente de Chile, los llamados “A hacer
el cambio”.
3.1- La juventud de los 60`y 70 hacia el cambio social y
cultural. La militancia y los partidos políticos. Los jó-
venes en la lucha política.

Yo diría que en los años 60 la juventud se involu-


cra fuertemente en la dinámica política, la juventud parti-
cipa de la configuración de grandes proyectos colectivos
que abarcan mucho más que sólo a los jóvenes, proyec-
tos de transformación social. Unos tienen que ver con la
concepción de política vinculada al humanismo cristiano,
la Democracia Cristiana, la Izquierda Cristiana, el MAPU,
y otros tienen que ver con un concepto socializante que
deviene de la izquierda marxista y muchos jóvenes van a
ingresar al Partido Comunista, a los distintos partidos so-
cialistas; pero también los jóvenes de derecha van a tener
una mayor participación, es decir, la sociedad puesta en
tensión obliga a tomar posiciones y por lo tanto, los jóve-
nes van a tomar esas posiciones y van a ser parte de la
lucha política en el país.
Por ejemplo, la Democracia Cristiana llama a la
Marcha de la Patria Joven con Frei, es decir, se entiende
que Chile es un país de jóvenes y un país de jóvenes que
tienen voz; por su parte los discursos de Allende son dis-
cursos muy enfocados también en la juventud, Allende
dialoga permanentemente con los jóvenes, los convoca,
los llama, los reprende incluso, identifica en su discurso
político a la juventud burguesa, a la juventud obrera y pro-
letaria, siempre está Allende haciendo ironía o criticando
a la juventud universitaria por ser una juventud que no se

Diálogos con Pedro Rosas 21


involucra plenamente con el proceso, los llama a ser res-
ponsables en términos de los estudios y de la lucha políti-
ca.
O sea, los jóvenes son un tema que está presen-
te en el discurso de la política chilena y responden a la
convocatoria. Mucha militancia joven hay en los distintos
partidos, y no sólo en la izquierda, la historia comienza de
pronto a señalar que la izquierda aumentó su votación ex-
ponencialmente del 60 en adelante, etc., pero la verdad es
que todos los partidos políticos marcaron esa participa-
ción, todos aumentaron la votación, todos aumentaron las
inscripciones, todos fueron capaces de convocar más allá
de sus militantes y en esa convocatoria los jóvenes fueron
muy relevantes.
La década del 70 es ya una década donde se ha
definido el escenario en el cual hay que expresarse y hay
que movilizarse, el escenario de la lucha política por llegar
al gobierno, el escenario de la lucha política por llegar a
la toma del poder y, por supuesto, ahí se van a producir
fisuras, diferencias y debates, discursos contrapuestos
respecto de si se usa la institucionalidad o si se constru-
ye el socialismo desde fuera de la institucionalidad y que
van a ser debates interesantes y ricos en el país desde el
punto de vista del valor teórico, pero que finalmente van
a desembocar en un pragmatismo político que tiene que
ver con constatar que efectivamente hay un sector de la
izquierda chilena que llega al gobierno y que es necesario
fortalecer ese proceso y comienzan a generarse construc-
ciones de espacios de poder tanto desde el gobierno como
desde fuera del mismo, sin que eso implique dramáticas
contradicciones ni enfrentamientos, con un marco crítico
pero sin llegar a tensiones contradictorias. Por lo tanto, es

22 La Revolución de los Jóvenes en Chile


un escenario en el cual los jóvenes y la política constitu-
yen una ecuación. Juventud y política en la década del 70,
es una ecuación que asegura la transformación histórica,
que asegura la continuidad de los cambios y que busca
frenar la continuidad de un régimen que se siente y se
identifica como un régimen fenecido, viejo, a la antigua.
Por otro lado, los jóvenes también, otro sector de jóvenes,
va a apostar a la preservación del sistema, pero incluso en
esos jóvenes se va a construir un modelo o un diseño de
nueva sociedad que tiene que ver también con la construc-
ción de un nuevo tipo de orden social, que va a ser la obra
de pensadores como Jaime Guzmán y Kast, por ejemplo,
en adelante vinculados a la dictadura y que también eran
jóvenes en esa época. Es decir, la juventud está involucra-
da en la política y está siendo vocera de representaciones
políticas de vanguardia o para el cambio social o para la
conservación del orden social y en ese caso muy radical en
la protección del sistema y de los cambios.
Si uno mira desde otra perspectiva la década de
fines de los años 60 y de los años 70 en Chile, es de jóve-
nes que están innovando en el diseño, por ejemplo. Hay
dos grandes escuelas del diseño: la escuela polaca y la es-
cuela chilena y en ambas participan jóvenes. En Chile se
revoluciona la danza, en Chile se revoluciona la canción
y son jóvenes, no rompen con la tradición, más bien dia-
logan con la tradición, pero adquieren nuevas formas. En
Chile aparece el rock comprometido socialmente, graba
una canción Víctor Jara con Los Blops, dos cosas que pare-
cían representar mundos distintos y lejanos, el mundo de
estos hippies de clase alta y el mundo del cantor popular,
de la clase popular, la clase baja. Pero los jóvenes se en-
cuentran en una voluntad de cambio, pero que es también

Diálogos con Pedro Rosas 23


una voluntad de cambio desde lo estético, o sea, no es sólo
la política formal, es también la transformación de las es-
tructuras culturales y de las formas de hacer cultura.
Entonces, el diseño, la danza, el teatro, la músi-
ca, expresan la actividad de estos jóvenes que son jóvenes
comprometidos con los cambios sociales y políticos y que
están siendo la voz y están a la vez movilizando a jóvenes
masivamente y que no necesariamente quieren militar.
Hay movilizaciones políticas donde participan músicos,
cantantes, y van cientos de miles de personas y no sola-
mente los militantes de los partidos, se es capaz de movi-
lizar a la población en función de estas convocatorias y los
jóvenes son esa energía que contribuye a esta moviliza-
ción.

3.2- Los jóvenes en dictadura: Los cambios estructura-


les que afectan a los jóvenes; Cesantía y privatización
de los derechos esenciales. El proyecto de despolitiza-
ción de la dictadura y la resistencia juvenil en la mar-
ginalidad.

Los jóvenes en dictadura van a expresar la sínte-


sis del impacto que tienen las transformaciones estructu-
rales que la dictadura implementa. Los jóvenes van a ser
quienes van a padecer la cesantía, van a padecer la privati-
zación de la educación, van a padecer la ausencia de polí-
ticas públicas para la vivienda, lo que implica la imposibi-
lidad de concretar proyectos de familia. El joven, entonces,
va a aparecer ahora como un problema, es decir, los jó-
venes son un problema para la dictadura porque pueden
ser, eventualmente, peligrosos porque están politizados y
hay que despolitizarlos. El joven es un problema para la

24 La Revolución de los Jóvenes en Chile


economía, porque el joven deriva en la cesantía. El joven
después de los años 80 no está destinado a incorporarse
a la actividad laboral, no tiene un lugar porque Chile se ha
desindustrializado y ha ocurrido una expansión del sector
terciario y por lo tanto una precarización importante del
empleo. El joven va a ese destino.
Asimismo el liceo técnico, el liceo industrial o el
liceo comercial, ya no son el camino para la incorporación
porque no tiene puerta de salida, no hay por dónde, ¿hacia
dónde te lleva una escuela industrial en un país donde ya
no hay industrias?
El sistema en su conjunto genera una franja que
es extremadamente vulnerable y que está compuesta por
todos los trabajadores cesantes, por las mujeres, por los
niños, pero fundamentalmente por los jóvenes porque és-
tos constituyen un componente potencialmente peligroso
y por lo tanto se crean iniciativas políticas institucionales,
se crea la Secretaría Nacional de la Juventud por ejemplo,
a efecto de poder desarrollar iniciativas de contacto, de
ligazón con esos jóvenes que están desperdigados. Pero
como son jóvenes marginales, son jóvenes que generan
obviamente sus propias redes, sus propios contextos, y
van a buscar vínculos con otros actores no institucionales,
es decir, partidos políticos proscritos.
La iglesia hizo un trabajo territorial y periférico
de base, tiende sus propias redes territoriales y barriales y
van a aparecer espacios de sociabilidad no necesariamen-
te vinculados a la política y no necesariamente vinculados
a la actividad productiva, es decir, los grupos de esquina.
Van a ir algunos jóvenes a formar parte de los talleres cul-
turales, de las juventudes clandestinas de algunos parti-
dos, pero yo diría que la franja más importante tiene que

Diálogos con Pedro Rosas 25


ver con un sector poblacional-juvenil que se encuentra
marginalizado y que, finalmente, aparece claramente ex-
presado en una canción de Los Prisioneros que es “Patean-
do Piedras”. Y por lo tanto la imagen del joven pateando
piedras va a representar a la mayoría de la juventud de la
década de los años 80 en Chile. Y se trata de una juventud
que va a ser convocada a la protesta, va a ser convocada al
empleo mínimo, va a ser convocada al Plan Ocupacional
Para Jefes de Hogar que son en su mayoría jóvenes, una
juventud que va a ser convocada al servicio militar obliga-
torio, que va a tratar de ser incorporada precariamente en
la institucionalidad y en el sistema del mundo adulto. El
mundo adulto va a tener a los jóvenes durante los años 80
y va a aparecer un concepto que es el de “joven en morato-
ria”, la juventud en moratoria, es decir, se trata de jóvenes
a los cuales se les debe algo, la sociedad les debe algo a
ellos, pero este joven también tiene que dar algo a la socie-
dad y está en una permanente espera: no es adulto, ya no
es niño, ya no va a ser trabajador porque no hay dónde tra-
bajar, no va a ir a la universidad porque salió de un colegio
que se está desarmando y la educación progresivamente
se va a ir convirtiendo en un objeto de consumo con la pri-
vatización de la enseñanza técnica y superior.
Pero hay un segmento de los jóvenes de los años
80 que queda desaparecido política y socialmente. La
erupción que se produce a través de las protestas popu-
lares moviliza a gran cantidad de jóvenes, pero viene la
transición y ésta ahora tiene el mismo problema que la
dictadura: ¿qué hacer con esta energía joven?.
Y se crea, entonces, un programa que es el Progra-
ma Chile Joven. Y este programa intenta ser una respuesta
para la “pacificación de la juventud”, estos jóvenes que han

26 La Revolución de los Jóvenes en Chile


operado violenta y públicamente entonces ahora deben
ser pacificados, deben ser metidos en el ámbito de la acti-
vidad productiva, deben ser jóvenes útiles, pero deben ser
capacitados.
¿Y en qué se les capacita? En más empleo preca-
rio, talleres cortísimos, de baja calificación –reparación de
bicicletas, peluquería, etc.-, y finalmente el horizonte es
de una mala empleabilidad, de una mala remuneración y
por lo tanto de la perpetuación de la crisis de realización
de sus proyectos. Entonces, se trata de una juventud que
salta de una dictadura que no le ofrece nada y que además
lo reprime a una “democracia” que les ofrece muy poco y,
además, los desmoviliza social y políticamente porque les
dice: usted, joven, yo lo capacito y trabaja, pero usted va
a participar solamente cuando vote. Es decir, aquí se está
privatizando las posibilidades de acción colectiva de los
jóvenes.

4- El disciplinamiento y control social del Estado hacia


los jóvenes durante la dictadura y la transición políti-
ca.

El disciplinamiento opera fundamentalmente


desde fuera, es decir, el disciplinamiento siempre lo es
del cuerpo; el disciplinamiento que se ejerce mediante la
fuerza o la amenaza de la fuerza a efecto de tener un con-
ductismo vital o productivo o social “deseable”. Es decir, yo
disciplino para lograr que estos individuos hagan lo que
yo quiero que hagan. O sea, el disciplinamiento es la impo-
sición de los sentidos.
Hay disciplinamiento durante la dictadura por-
que se opera fundamentalmente sobre el cuerpo o sobre

Diálogos con Pedro Rosas 27


el temor de la afectación al cuerpo. En el sentido de que
la dictadura impone un régimen de acción, en lo público,
que está demandado por el temor a la represión. En cam-
bio, en las políticas de control posteriores a la dictadura,
no se opera fundamentalmente sobre el cuerpo o con el
temor a la represión, el sistema opera sobre la base de la
institucionalización de mecanismos de construcción de
subjetividad y por lo tanto el aparato institucional, el go-
bierno, el Estado, intenta convencer a los individuos que
es bueno retirarse al espacio privado porque lo público es
cosa de especialistas y profesionales. Es bueno manifes-
tarse en tanto que consumidores y reclamar los derechos
como consumidores, porque la ciudadanía es una ciuda-
danía jurídica, pero no social y por lo tanto el individuo
podrá reclamar y participar de un movimiento social en la
medida en que respeto ese marco y acepto y por lo tanto el
proceso de control social ya no está fuera de los individuos
como durante la dictadura, comienza a estar dentro de los
individuos.
Esa es la diferencia entre el disciplinamiento y el
control social. El control social establece dispositivos de
control que son capaces de internalizarse y de construir
subjetividad, en cambio la dictadura nunca logró eso. La
dictadura genera resistencia. La transición, en cambio, ge-
nera sumisión, genera abstinencia, anomia. El terror de los
sociólogos de los años 80 y la amenaza de los sociólogos,
como Tironi, que decían: estos que están protestando son
anómicos, pero eso no ocurre ahí, va a ocurrir con la “de-
mocracia” que esos mismos sociólogos ayudaron a cons-
truir. Ahí aparece entonces esa anomia, efectivamente,
cuando los individuos se aíslan de sí, desconocen de sus
lazos reticulares, desconocen su identidad, desconocen su

28 La Revolución de los Jóvenes en Chile


pasado, pierden su memoria colectiva, se desagregan, se
separan y ya no actúan juntos.
Y lo anterior ocurre durante un largo período de
tiempo que va a comenzar progresivamente a ser revertido
por la acción, nuevamente, de los jóvenes en Chile. Jóvenes
estudiantes que van a expresar una crítica muy puntual
respecto de problemas de cobertura y que se transforma
después en problemas de definiciones y de sentido y de
sistema. Progresivamente las demandas de los jóvenes
empiezan a crecer hasta conformar un movimiento social
compuesto por jóvenes estudiantes. Lo que nosotros cons-
tatamos en la década de los 90 es que avanzan los meca-
nismos de control social, crecen los dispositivos de control
social, estos programas como Chile-Joven y otros. Pero los
dispositivos de disciplinamiento entonces se sofistican y
el disciplinamiento social ya no abarca a la mayoría de la
población, sino que abarca a los sectores duros desde el
punto de vista de su crítica, desde el punto de vista de que
son portadores de cierta memoria de combatividad y de
lucha, de proyectos, y que accionan además mecanismos
de intervención social o de acción directa que cuestionan
simbólicamente el modo en que se da la transición chilena
y, finalmente, el orden dominante.
No se puede decir que estos grupos iban a de-
rrocar el orden dominante. Estos grupos no estaban en
condiciones, si nos referimos a los grupos armados que
prosiguen su lucha después de la llegada de la democra-
cia pactada, grupos que habían luchado en la resistencia
contra Pinochet con gran legitimidad en la población y con
algún apoyo de la población también. Con más apoyo en
unos momentos y menos en otros, pero siempre con le-
gitimidad y con respeto de parte de la población y aún de

Diálogos con Pedro Rosas 29


quienes no compartían sus estrategias, es decir, ocupaban
un lugar político. Y ellos son desalojados de la política, ins-
talados fuera de la sociedad como un peligro para la so-
ciedad misma y, por lo tanto, pueden operar sobre estos
individuos, sobre estos actores colectivos, sobre estas or-
ganizaciones, todos los dispositivos del disciplinamiento,
paralelamente con la instalación de los mecanismos del
control social: mientras a la población se le convence de
que es mejor la esfera privada que la pública y mientras
a la población se le convence de que la política es cosa de
técnicos y profesionales y no de la gente y que la gente
tiene que ser consumidor y trabajar y ser feliz en su casa.
Y mientras a la gente se le convence de aquello a
estos grupos se les aísla, se les somete a sistemas de cas-
tigo físico, es decir, hay permanencia de la tortura; se les
somete a situaciones de arbitrariedades jurídicas, desde
el punto de vista del castigo institucionalizado, el castigo
penal, es decir, se les juzga, tienen doble procesamiento, se
les condena a penas excesivas, se les somete a regímenes
de aislamiento extremo en cárceles de alta seguridad; se
crean dispositivos especiales para su encuadre, persecu-
ción, detención, encarcelamiento como la llamada Oficina
de Seguridad Pública, que es una nueva forma de organis-
mo de seguridad donde ya no están los militares sino que
los civiles trabajando junto con investigaciones y con cara-
bineros.
Por lo tanto, el dispositivo del disciplinamiento se
hace más sofisticado, se focaliza, tal cual se focaliza la polí-
tica pública. Se focaliza el dispositivo de disciplinamiento
en estos actores rebeldes del proceso de transición y se
les logra sacar de la circulación pública durante más de 10
años. Y en ese tiempo, los mecanismos del control social

30 La Revolución de los Jóvenes en Chile


aparecen ya plenamente instalados e institucionalizados.
Aparentemente sin cuestionamiento. Porque si uno mira
la producción teórica, la crítica del período, por supuesto
que hay cuestionamiento, la obra de Moulian por ejemplo;
hay críticas desde distintos ámbitos del arte, de la cultura,
en fin, respecto de lo que está pasando con Chile. El dis-
curso masivo del “no estar ni ahí” con la política es un dis-
curso que refleja la apatía, pero también refleja en alguna
medida la decepción por la forma y sentido que adquirió
el proceso político.
Y finalmente en distintos actores de la sociedad se
va reponiendo la necesidad de volver a la política y no sólo
con el partido sino que volver a la política con la manifes-
tación de amplios sectores, es decir, volver a una política
con la sociedad incluida o el regreso de un movimiento
social con la política incluida. Yo diría que estamos en la
construcción de ese espacio.

5- La política pública del Estado y el mercado hacia los


jóvenes. ¿Qué nos queda de participación política?

En Chile existe claramente política pública de par-


te del Estado hacia los jóvenes durante la dictadura, du-
rante la transición, si pensamos que la transición terminó
con Bachelet y existe política pública durante el gobierno
de Piñera. Lo que pasa es que la política pública tiene que
ver, por un lado, con el control social que está indicado por
la Ley de Responsabilidad Penal pero también tiene que
ver con formas de inclusión, es decir, una política públi-
ca que busque incorporar a los jóvenes mediante el voto
voluntario e inscripción obligatoria busca, precisamente,
incorporar a los jóvenes a la política. Es decir, hay una di-

Diálogos con Pedro Rosas 31


námica de incorporación y control social permanente en
la política pública, y esto en la perspectiva de que los jóve-
nes sean efectivamente agentes valuados, valorables, para
efectos del sostenimiento y expansión del sistema políti-
co, para efectos de la reproducción del sistema económico.
Es claro que no se ve en los jóvenes el motor de la trans-
formación social, se ve en los jóvenes el fundamento de
la sustentación del orden, en términos de que los jóvenes
representan el factor que puede legitimar el orden político
vigente, por lo tanto es necesaria una política pública para
mantener a los jóvenes conectados, integrados, vincula-
dos, participando dentro de los espacios institucionales.
Y, por otro lado, hay una política pública que no
la hace el gobierno, hay una política pública que la hace
el mercado, porque en el neoliberalismo el Estado se va
restringiendo en sus funciones y el mercado va creciendo
como asignador de roles y funciones incluso en términos
de la participación, porque se redefine la participación.
La participación ya no está vinculada a los asuntos públi-
cos de la política pública, o los asuntos del gobierno a la
ciudad, o los asuntos del gobierno a las cosas colectivas
y comunes, la participación comienza a entenderse como
la participación en el consumo, en la producción, en los
ciclos de circulación del capital y eso es participar hoy
día y por eso mismo aparece como una red social no a
la vinculación de los individuos para discutir los asuntos
públicos, sino como red social aparece la participación en
empresas de comunicaciones que te tienen vinculado me-
diante la necesidad de vínculos de los individuos para el
sostenimiento de estas empresas. Entonces, se llama red
social a un negocio. Es como si confundiéramos un bar con
el parlamento, o sea, en el bar también se puede discutir

32 La Revolución de los Jóvenes en Chile


política pero las precisiones de la ley y la construcción de
la ley en la democracia burguesa tradicional se hace en el
parlamento y no en los bares, aunque en los bares se pue-
da discutir de política.
Si lo pensamos en otro sentido, si el espacio pú-
blico es el lugar público donde las personas se encuentran,
entonces ese espacio público donde lo público se debate y
los asuntos de todos son discutidos abierta y públicamen-
te, hoy día ese espacio, que es lo propio de una red social,
se lleva al ámbito privado donde un individuo, desde su
soledad, mediado por un mecanismo del cual alguien tiene
propiedad finalmente y que es pagado, establece el víncu-
lo con otro individuo, no hay contacto.
Bueno, uno dice: esto es lo mismo que el teléfo-
no, yo pago para hablar con otra persona y nos podemos
poner de acuerdo por teléfono respecto de hacer una ley
o la revolución al otro día en la mañana, a primera hora. Y
lo que ocurre es que en estos dispositivos, y los dispositi-
vos mismos, son parte del mercado. El dispositivo no es
un medio, porque podría serlo. El dispositivo es un fin, es
decir, yo soy importante no por lo que hablo en la red so-
cial, no soy importante porque nos pongamos de acuerdo
respecto de algo, soy importante porque tengo 40 mil ami-
gos, es decir, la participación en la red –que es una red de
consumo- me otorga identidad y por eso no es un medio,
es un fin en sí mismo. Y en ese plano de cosas eso no es una
red social.
Las redes sociales, entendidas de la forma en que
se entienden hoy, son absolutamente un fin y un fin que
reporta millones de dólares para los dueños de las redes
y que no son estas personas y que están metiendo perma-
nentemente publicidad en esos dispositivos.

Diálogos con Pedro Rosas 33


6- El protagonismo de los jóvenes de hoy: las deman-
das impulsadas y la forma de hacer política. La gene-
ración hija del neoliberalismo, el traspaso generacio-
nal y la ausencia de la memoria del dolor.

Creo que los jóvenes no tienen sobre sí la carga de


una dictadura que disciplinó y la carga de una transición
pactada que estableció un férreo control social sobre las
identidades colectivas. Es decir, los jóvenes son hijos del
neoliberalismo, son hijos de la transición pactada, pero no
participaron del pacto, por lo tanto, sobre ellos no operan
las leyes simbólicas de amarre; los jóvenes no tienen la ne-
cesidad de aquietar sus demandas por miedo al retorno de
la dictadura porque no vivieron la dictadura. La memoria
de los jóvenes es una memoria colectiva que desafía la me-
moria del dolor de las generaciones anteriores y creo que
esa es una cuestión clave; es decir, una persona de los años
80 no se hubiera subido arriba de un guanaco, no.
Una persona de los años 80 hubiera combatido a
distancia, hubiera tirado piedras y eso es porque una per-
sona de los años 80 sabe que podría ser tomada, enviada
a una comisaría, muerta y después arrojada a un basural.
A los jóvenes de ahora no les pasa eso, aunque los jóve-
nes han visto y han sabido de represiones crueles, o sea,
la muerte de los comuneros mapuches, la muerte de un
estudiante en una manifestación estudiantil en el norte de
Chile, a comienzo de los 90.
Son eventos que ocurren en circunstancias poco
centrales. Los jóvenes entonces se expresan ahora con
mucha algarabía y no tienen esa carga de temor y hoy día
hay también un elemento de ingenuidad, no es sólo vir-
tuosismo político, hay una dosis de ingenuidad que tiene

34 La Revolución de los Jóvenes en Chile


que ver con la ausencia de una memoria del dolor, esa es
la clave. Y la conexión con una memoria de crítica y con
una memoria respecto de las posibilidades de la transfor-
mación social. O sea, los jóvenes saben que la sociedad se
puede cambiar, pero ellos nunca la han cambiado porque
sus padres y las generaciones anteriores les han dicho que
eso se puede hacer. Es decir, hay una memoria social del
cambio.
Pero esa memoria social del cambio les viene
acompañada con una memoria también dolorosa, con una
memoria del miedo que está en el cuerpo, pero los jóvenes
no tienen experiencias traumáticas, el trauma de vivir la
experiencia dolorosa y ellos no tienen experiencias do-
lorosas que revivir. En cambio, sí tienen una transmisión
de una memoria proyectiva, no digo que una memoria
comunista o socialista o revolucionaria, es una memoria
que tiene que ver con la posibilidad política de la transfor-
mación, simplemente. Y además esto es muy interesante
porque los jóvenes tienen la memoria respecto del rol del
Estado, los jóvenes demandan al Estado cuestiones que
la constitución dice que el Estado no puede hacer y, por
lo tanto, ¿de dónde viene eso?, ¿de la nada?, no, viene del
traspaso de una tradición de demandas al Estado, del Es-
tado como objeto de copamiento y de transformación. Esa
es una memoria presente en estos jóvenes, son múltiples
los mecanismos que desembocan en una memoria donde
la figura del Estado es una figura fantasmal, respecto del
Estado actual.
Sin embargo, eso tiene una virtud, la virtud de de-
cir: bueno, si el Estado no hace esto porque la estructura
política lo impide, entonces cambiemos la estructura po-
lítica y ahí aparece entonces la demanda del cambio de la

Diálogos con Pedro Rosas 35


Constitución, el cambio de rol respecto de las obligaciones
del Estado, etc. Y en ese sentido comienza progresivamen-
te a articularse la demanda social con la demanda política.
La demanda social que puede ser descontento, irá
un tanto desarticulada e inorgánica, con una demanda que
al ser política requiere de un espacio de organicidad, o sea,
juntarse a discutir el cambio de la ley o una nueva cons-
titución requiere mecanismos de articulación y de cons-
trucción de redes sociales que involucran la inteligencia
social y la construcción de lo político, esa es una construc-
ción típicamente política. Por lo tanto, creo que se avanza
lentamente hacia la síntesis entre lo político y lo social o
lo que un historiador, como Sergio Grez, dice: la historia
social con la política incluida, desde el punto de vista his-
toriográfico.
Nosotros, creo, asistimos hoy día a la construc-
ción de ese sujeto, un sujeto colectivo que se expresa so-
cialmente pero que empieza a dotarse de un entramado
político en su interior. Ese sujeto no es unívoco, no es uni-
forme, es multifacético y se expresa en grupos de acción
solidaria, social, cultural y grupos también de organizacio-
nes políticas, dentro de los cuales están los partidos, hay
colectivos o cualquier persona que quiera, pero se está
produciendo la fusión de esas partes.
Los jóvenes han logrado poner en tela de juicio
uno de los pilares que tiene que ver con la acumulación
económica a partir de un bien de naturaleza social como
es la educación, por lo tanto eso ha marcado el carácter
radical de las movilizaciones. Se trata de un bien social,
la educación privatizada, en manos privadas, manejado
como negocio. Ha sido cuestionada ya no desde el punto
de vista de si eso es bueno o malo, sino desde el punto de

36 La Revolución de los Jóvenes en Chile


vista del sentido y de la calidad que tiene eso como bien
económico, eso es lo que se ha cuestionado finalmente.
Pero aún es una demanda de naturaleza social, es decir,
no hay una propuesta que implique una transformación
del sistema, hay una crítica respecto del modelo educativo
y general en términos del modelo de sociedad, pero no se
pasa aún a una crítica de naturaleza política que señale
el camino para la transformación con una nueva propues-
ta de sociedad y cuáles serían las formas de construcción
de esa nueva sociedad y qué rol les cabe a los movimien-
tos sociales, a los actores políticos, a la ciudadanía y a los
mismos jóvenes dentro de esa transformación; es decir, la
construcción de una táctica y una estrategia para la cons-
trucción de una nueva sociedad, eso no está presente hoy
día.

7- Los movimientos sociales en el desarrollo latinoa-


mericano: La incidencia de los movimientos sociales
en los gobiernos actuales.

La política pública es el conjunto de decisiones y


sentidos que emanan desde la autoridad política para sa-
tisfacer necesidades sociales y eso está en manos de los
gobiernos, gobiernos elegidos por sus respectivas pobla-
ciones en cada uno de los países. La política pública, en-
tonces, depende del bloque que se encuentre en el poder y
el grupo que administre el gobierno, que es el que define y
administra la política pública y en el caso de países como
Argentina, como Uruguay, como Bolivia, se trata de go-
biernos que tienen una plataforma y un programa político
centrado en la satisfacción de las necesidades de los secto-
res populares, que han llegado al gobierno precisamente

Diálogos con Pedro Rosas 37


gracias a la acción de movimientos sociales y movimientos
políticos que tienen como demanda la transformación de
las condiciones de precariedad en las cuales habían vivi-
do, las condiciones de exclusión o marginalidad, y por lo
tanto, son gobiernos que están obligados a dar respues-
ta a esas demandas, ese es un elemento fundamental. No
son gobiernos revolucionarios, es decir, no apelan a la
destrucción del capitalismo por diversas razones, por ra-
zones internacionales, por la correlación de fuerzas inter-
nas, porque llegaron al poder como resultado de la acción
concentrada de distintos grupos de interés, y con distintos
posicionamientos políticos e ideológicos, pero son grupos
que dialogan e intentan responder a la demanda de los
sectores populares, eso genera múltiples tensiones y es
complicado.
Y dentro de esas demandas aparecen los jóvenes
como un sector que había estado marginado, vulnerado,
excluido y al cual hay que dar respuesta y satisfacción,
porque finalmente la relación entre demanda y satisfac-
ción de la demanda es lo que da sustentabilidad política a
estos gobiernos, son gobiernos que han llegado a ocupar
su lugar gracias a una votación y por eso la única manera
de mantenerse es concitando el respaldo popular. Esta es
una cuestión media tramposa, porque hay que seducir al
pueblo para mantener su apoyo electoral, pero hay otros
que están haciendo las mismas apuestas y creo que aquí se
articula un fenómeno donde la política del Estado y la po-
lítica de los movimientos sociales necesariamente deben
trabajar de manera conjunta.
Es decir, el movimiento de los Sin Tierra, en Bra-
sil, no puede confundirse con el partido en el poder; el Mo-
vimiento Al Socialismo –en Bolivia- no puede confundirse

38 La Revolución de los Jóvenes en Chile


con el aparato del Estado de Evo Morales y, por eso mis-
mo, el aparato del Estado que controla Evo Morales debe
negociar y articularse con el Movimiento Al Socialismo en
tanto frente que articula a muchos movimientos sociales
y políticos de base. Ese proceso de negociación creo que
es fructífero, en el sentido de que replica una experiencia
que en América Latina se vivió en los años 40 y 50 has-
ta los 60s, cuando colapsa el Estado de compromiso y el
nacional desarrollismo y el populismo y las alternativas
revolucionarias finalmente tienen que enfrentarse con la
reacción oligárquica o burguesa o de la doctrina de Segu-
ridad Nacional.
Pero se está replicando esa experiencia nueva-
mente, en el sentido de que los gobiernos deben recono-
cer que necesitan apoyo popular y deben reconocer que
el movimiento popular o los movimientos sociales que los
han apoyado para llegar al poder son interlocutores váli-
dos y deben ser consultados a la hora de tomar decisiones
para definir la política pública.
¿Qué pasa en Chile? Nada de eso. En Chile gana
una coalición de derecha, conservadora, neo-liberal, com-
prometida con los intereses del capitalismo de dentro y
de fuera pero que, sin embargo, también se adecua a los
nuevos tiempos, es decir, habla más desenfadadamente,
no está amarrada a cuestiones del ámbito privado, por lo
tanto no aparece tan conservadora como la derecha tradi-
cional y eso resulta atractivo para un sector de la pobla-
ción que vota por ella. Por otro lado, la no satisfacción de
las demandas populares por parte de los gobiernos de la
Concertación en Chile, los gobiernos de centro o de la iz-
quierda renovada, generan obviamente un rechazo de la
población, no hay otra alternativa entonces que votar por

Diálogos con Pedro Rosas 39


esa derecha.
Entonces hay dos sectores que apoyan a ese go-
bierno de derecha, y la gente se ve seducida efectivamente
por la autoridad, por el discurso de la seguridad y el orden,
por la lucha contra la delincuencia, por la conservación de
ciertos valores tradicionales y además esa gente ve que
esta derecha no es tan retrógrada y vota por ella y hay otro
sector de la población que se ve decepcionada y castigada
por la política pública de la Concertación y por lo tanto ya
no vota a favor de ese conglomerado y vota por la derecha
posibilitando que Piñera llegue al poder.
Y Piñera tiene que hacer política pública, ¿pero
qué política pública hace Piñera? ¿Piñera va a dialogar con
el movimiento social? Piñera no llega al poder gracias a
movimiento social alguno, llega al poder gracias a estrate-
gias electorales, gracias a la decepción electoral de un sec-
tor de la población y se instala en La Moneda con el apoyo
de los partidos políticos de la derecha y con el apoyo del
empresariado. Por lo tanto, la política pública actual del
gobierno de Chile es una política pública que beneficia al
mercado y que es, finalmente, el que sostiene al gobierno
de la derecha en Chile. Lo demás es política de contención,
mantener a la población en ciertos márgenes, mantener la
gobernabilidad, mantener a raya a ciertos actores socia-
les, pero fundamentalmente se trata de una política públi-
ca que busca satisfacer los intereses del mercado y punto,
no es una política pública de naturaleza social. Y esa es la
gran diferencia que este gobierno tiene con los gobiernos
de Uruguay, Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela.

40 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Diálogos con Pedro Rosas 41
Los matices de la juventud popular. Crítica al
centralismo, declive del partidismo y los nuevos
horizontes de proyectos de autonomía y partici-
pación social.

Diálogos con
Gabriel Salazar.
Por Paloma Rivas Díaz y
Nicolás Quiroz Sandivari
SEDEJ-PMSS

Historiador, académico e Investigador. Principal


exponente de la historia Social en Chile. Premio nacional
de Historia de Chile (2006). Dentro de sus obras destacan
“Labradores, peones y proletarios” y “La historia social en
Chile”. Actualmente trabaja como profesor de la Universi-
dad de Chile, Imparte las cátedras: Historia de Chile siglo
XIX, Contemporánea y Teoría de la Historia en el depar-
tamento de ciencias histórica, Historia social de Chile en
la Facultad de derecho, como también en la facultad de
Ciencias sociales de la misma universidad.

42 La Revolución de los Jóvenes en Chile


1- La juventud oligárquica v/s la juventud popular:
Conciencia de clase, situación laboral precaria y ori-
gen estatista.

Hay que distinguir claramente en Chile la existen-


cia de dos tipos de jóvenes socialmente hablando. Primero
está la juventud que proviene de los sectores acomodados,
de “clase media” alta hacia arriba, cuya característica es
que ha tenido muy rápidamente un doble tipo de edu-
cación, la que ha recibido desde su propia familia, de su
modo de vida por sus continuos viajes a Europa durante
mucho tiempo. La juventud oligárquica, esta juventud que
es de elite tiene su formación educativa en un contacto di-
recto con la cultura europea, por lo tanto, crean esa ver-
dad en su vida. Esta juventud se siente más identificada
con Europa que con Chile o Latinoamérica, por su origen
español y luego por todas las migraciones posteriores
de ingleses, franceses, alemanes y de todo tipo de países
que hemos tenido hasta el día de hoy. Este es el caso de
Paulmann que son los más ricos hoy en día. Entonces, esa
juventud hay que considerarla aparte, porque para ellos
la universidad es solo un pasaje ya que tienen asegurado
su nivel de elite, su acceso a los cargos importantes de las
empresas, su acceso al Estado, a los cargos altos de la bu-
rocracia pública y su acceso a la clase política y su contacto
internacional. Entonces la universidad para ellos no es un
piso para pegarse el salto en alguna parte y mucho menos
es un instrumento para repensar Chile. Es por esto que
a este tipo de estudiante simplemente le interesa que la
universidad juegue un rol de entrega de título profesional,
por eso son gremialistas, de ahí viene el gremialismo uni-
versitario, entonces es una juventud que no necesita for-

Diálogos con Gabriel Salazar 43


mar parte del movimiento social, que no necesita de una
importancia central en la universidad.
La otra juventud es la juventud popular, que ha
tenido un acceso lento pero progresivo y últimamente
inundan la universidad, porque en los años 1950 los jóve-
nes de extracción popular que llegábamos a la universidad
éramos menos del 1%. La juventud popular universitaria
ha evolucionado desde los 60 hasta el día de hoy, en el
sentido de que se ha integrado a la universidad y a la edu-
cación superior de una manera notoria, en una tendencia
claramente contundente. Entonces, eso ha significado que
la juventud popular, al adquirir conocimientos superio-
res, ha generado dos cosas: primero, ha habido un ingreso
creciente a las filas de los grupos medios, por eso la “cla-
se media” ha engordado en Chile desde los años 1950 en
adelante ya que es una “clase media” burocrática, o sea,
empleado público, y últimamente como una clase media
de empleado particular o, mejor dicho, de profesionales
a contrata. O sea, ha habido un tiraje de la chimenea, en
el sentido de una movilización vertical de la juventud po-
pular hacia los elencos de la “clase media” y sobre todo en
las últimas décadas con la implantación del modelo neoli-
beral muy vinculado a la aparición de profesionales a con-
trata que es lo que más predomina: por honorarios, por
proyectos, por semestre. Una de las características preci-
samente en el nuevo Código del Trabajo es incentivar los
contratos laborales precarios, o sea temporales, por faena,
por proyectos, etc.
Entonces, gran parte de esta juventud popular se
ha integrado a los elencos de la clase media que, por las
características del nuevo plan laboral del nuevo contrato,
del nuevo código del trabajo, constituye una “clase media”

44 La Revolución de los Jóvenes en Chile


que en todas las partes del mundo se reconoce como un
nuevo proletariado “de cuello y corbata”. Pero es distin-
ta a la clase media burocrática de los años 1950 o 1960.
Por ejemplo, los profesores tenían un contrato permanen-
te, no anual o semestral y con reajuste automático cada 3
años, era una carrera de largo plazo. Por eso es que esa
“clase media” era una clase con mucho más conciencia de
clase, por el hecho de ser empleada pública, era además
estatista y por provenir de sectores populares tendían a
votar por la izquierda burocrática, o sea, por la izquierda
constitucionalista, una izquierda de Estado.
Pero después del golpe aparece una “clase media”
que viene de los sectores populares, pero no tiene mayori-
tariamente contrato permanente, ni está mayoritariamen-
te en el Estado. Entonces no es necesariamente estatista,
esa es la gran diferencia, por eso es que hay una confusión
cuando los jóvenes piden educación pública y gratuita, eso
no quiere decir que quieran fortalecer al Estado, sin duda
que aún hay poca claridad en esto.
Este nuevo proletariado juvenil mesocrático en el
Chile actual que está ingresando a la universidad no quie-
re perder su identidad de origen poblacional. Los alumnos
que vienen de los sectores populares y llegan a la univer-
sidad, estudian aquí y siguen estudiando lo que pasa en
sus grupos de origen. Los alumnos de Derecho, Sociología,
Economía, Historia, etc. y que vienen de orígenes popula-
res, todos quieren seguir estudiando lo que pasa en sus
poblaciones, no abandonan su identidad por el hecho de
que tengan otros empleos; entonces eso es muy interesan-
te porque ellos usan la universidad para estudiarse a sí
mismos, entonces los trabajos de cátedra el grueso lo des-
tinan a estudiar lo que pasa en las poblaciones, con los pa-

Diálogos con Gabriel Salazar 45


cos, con los traficantes, con las barras bravas, con la deuda
de la vieja, del viejo, con los encapuchados, etc. Entonces
hay una juventud popular que ha tenido acceso a la univer-
sidad y que no ha perdido su identidad de origen y la Uni-
versidad la está usando para perfeccionar el conocimiento
de su realidad social de origen y potenciar su desarrollo en
términos de movimientos sociales o empoderamiento.

2- Juventud Poblacional: marginalidad, centro de inte-


rés y situación de clase.

Existe también una juventud poblacional que no se inte-


gra a la Universidad o que, aun integrándose, en algunos
casos se mantiene aferrada a una supervivencia poblacio-
nal marginal que tiene que ver con el tráfico y todas las
variantes, venta de drogas, venta de cd’s (películas), mer-
cado negro, los coleros, etc. Y eso tiene una rentabilidad
superior al salario del empleo precario, por tanto, es atrac-
tivo. Entonces este tercer tipo de juventud, tiene mucha
fuerza en este país, en tanto el comercio negro o el tráfico
tienen una rentabilidad alta que permite tener un status
de vida muy superior al promedio. Esto implica muchas
cosas, como ser clandestino, como construir redes, como
gastar esa plata o en el sentido solidario, donde le compro
camisetas del club deportivo de la población por ejemplo,
o les compro guitarras a los cabros para que aprendan a
tocar. Se mezcla con la cultura contestataria propiamente
tal, que se vincula con la música punk, rap, y todas esas va-
riantes que hoy día son realmente complejas, las variantes
de la música popular que surge y se crea en las poblacio-
nes y que tienen una lírica, una letra con un nuevo discur-
so crítico, se mezcla con la cultura de los talleres culturales

46 La Revolución de los Jóvenes en Chile


de los jóvenes que están en la universidad y que van a tra-
bajar a las poblaciones y paran colectivos y agrupaciones
culturales.

3- La juventud actual: ejercicio de acción política, au-


tonomía y autogobierno regionalista.

Hoy en día la juventud no es peticionista y si es


peticionista está incómoda. La CONFECH (Confederación
de Estudiantes de Chile) el 2011 pedía cosas, pero pedía
diálogo y en el diálogo quería acuerdos paritarios, el go-
bierno no los tomo en cuenta y se fue refugiando en mani-
festaciones callejeras y en subrayar las demandas “Educa-
ción gratuita, Pública y de Calidad”. Pero no se logró pasar
a una fase superior de propuesta: pensar sobre la política
que queremos, la escuela que queremos, el curriculum que
queremos, etc.
Esta juventud está en proceso de búsqueda hacía
la autonomía. Lo ha logrado en gran parte porque ya no
le pide al Estado, lo ha logrado porque en las poblaciones
hay autonomía, está esa experiencia instalada. En las po-
blaciones se controla la cultura y la vida cotidiana fuera de
la legalidad, por tanto existen cuotas de poder. Esta misma
autonomía la está viviendo la ciudadanía de provincia en
las asambleas territoriales de Magallanes, Aysén, Freirina,
Calama, Calbuco, de los mapuches, etc.
La autonomía es un camino difícil de transitar y
tiene muchas fases de desarrollo, una es simplemente la
protesta negativa y ahí está toda la cultura marginal de los
encapuchados, los traficantes, ladrones, delincuentes, etc.
Luego está la autonomía que implica manejar cuotas de
poder popular con un sentido de autonomía política y eso

Diálogos con Gabriel Salazar 47


está ocurriendo muchísimo en las poblaciones, ahí apunta
el MPL (Movimiento de Pobladores en Lucha). Y en un ni-
vel superior están las asambleas territoriales de provincia,
porque si estudiamos lo que hizo Magallanes, fue suspen-
der el poder del Estado, mandó a cambiar al intendente, al
gobernador, al alcalde y la asamblea provinciana de Ma-
gallanes gobernó por unas cuantas semanas y luego que
obtuvo lo que quiso, devolvió la autoridad a la “autoridad”,
entonces fue un ejercicio de poder, de autogobierno, inédi-
to en el último siglo de la historia de Chile.
Lo que pasó en Aysén, lo que ocurrió en Freirina,
en Huasco, en Pascua Lama, etc. son manifestaciones de
poder popular en términos de autogobierno local.
Entonces la autonomía que se está desarrollando
en las juventudes poblacionales y provinciales está avan-
zando lentamente a fases superiores de desarrollo de po-
der popular.

4- El Estado Chileno de constitución centralista y man-


to capitalista.

El Estado es ilegítimo, las tres veces que se ha


construido en Chile. La estabilidad no es por tanto una
cuestión de legitimidad sino una cuestión de la fuerza que
lo respalda, que ha intervenido 23 veces violentamente en
contra del pueblo. Este Estado que se ha reconstruido tres
veces ilegítimamente, las tres veces ha privilegiado el cen-
tralismo total, privilegiando lo que Santiago necesitaba
para ser hegemónico, y las tres veces implicó en doscien-
tos años de historia el empobrecimiento de las provincias
con respecto a Santiago, el despoblamiento de las provin-
cias y la enorme migración campo-ciudad.

48 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Por lo tanto, las provincias se fueron despoblan-
do, empobreciendo y eso significó al mismo tiempo que lo
local, la comunidad local, fue perdiendo también autono-
mía, riqueza, valor, la vida local fue desapareciendo, eso
fue muy potente hasta los años de Allende e incluso des-
pués con la dictadura.
La política de Pinochet, que era descentralizar el
Estado, que en rigor era desconcentrar que no es lo mismo,
en el fondo lo que hizo fue descargar los costos sociales del
Estado a los municipios para que el municipio se llevara
los costos y el desprestigio político de la salud y la edu-
cación especialmente. Recordemos además que el Estado
con Pinochet desindustrializó el país, en esta dictadura
no se resolvió el problema del centralismo económico, no
resolvió el problema del centralismo político, solamente
alivió la situación de centralismo en término de descargar
los costos sociales hacia los municipios, con lo cual instaló
bombas de tiempo en estos, ninguno de los municipios sal-
vo Las Condes y Providencia, tienen la solvencia económi-
ca para hacer bien lo que les corresponde hacer. Entonces
el problema del centralismo no está resuelto porque en el
fondo se ha acentuado.
Hoy día lo que domina el capitalismo chileno es
el capital comercial, no el industrial. Y el comercial opera
a través de las grandes redes, Cencosud, Jumbo, Falabella,
Ripley, todas estas cadenas son totalmente comerciales. Si
hoy en día se recorre Chile desde Arica a Punta Arenas van
a ver, que todos los centros han cambiado con respecto a
40 años atrás, son todos iguales el día de hoy, están todos
modernizados y todos tienen los malls por supuesto. Este
capital comercial ha matado más el bolicherío que era de
los barrios locales y de la comunidad.

Diálogos con Gabriel Salazar 49


Entonces en lo que estamos viviendo hoy en día
es un centralismo acentuado, pero como ahora los jóve-
nes profesionales con contrato precario están por todas
partes trabajando, en los municipios, en las escuelas, en
las Universidades, todos se están dando cuenta de estos
problemas.

5- Juventud y violencia política, una estrategia contra


el Estado centralista.

La juventud delictual en Chile es numerosa, vas


a Paz Ciudadana y saben perfectamente que es numero-
sa. La juventud delictual es importante no es sólo porque
roba, es que ha generalizado los métodos de acción direc-
ta. La molotov hoy en día -en mis tiempos del MIR era un
secreto-, pero hoy día todo el mundo maneja esa cuestión;
las armas es normal que las manejen en las poblaciones,
los delitos hoy en día se comenten a balazo limpio, los en-
cuentros con los pacos son como los chicanos. ¿Qué sig-
nifica eso? Que los métodos de acción directa son de esta
para actuar contra el sistema, los sectores populares tie-
nen a la mano métodos incendiarios, molotov, armas, etc.
y los mapuche están dando ejemplos respecto a eso, y los
freirinos están orgullosísimos de lo que hicieron y los de
Aysén también.
Entonces estamos en presencia de una rebelión
de las comunidades locales en contra del centralismo in-
édita en nuestra historia, existió algo parecido en el si-
glo XIX, después nunca tuvimos algo igual. Entonces qué
significa esto, significa que en la medida que se potencia
la comunidad local se reacciona contra el Estado, el Esta-
do aparece hoy día absolutamente debilitado frente a la

50 La Revolución de los Jóvenes en Chile


propia sociedad civil y esto es un fenómeno mundial. En
Chile esto es muy notorio, entonces paralelamente surge
la idea de ¿por qué pedirle al Estado? y ¿por qué no me-
jor construir un Estado?, en este sentido está toda la idea
de la asamblea constituyente, del poder constituyente, del
poder popular constituyente.
Entonces los jóvenes están buscándose cada vez
más en esa línea y esos son procesos en que los jóvenes
están involucrados, es un proceso de desarrollo cultural,
entendiendo por desarrollo cultural algo muy distinto al
aprendizaje de la ideología de los años 60, los jóvenes de
esa época actuamos en función de libros, leyendo libros a
Lenin, a Marx, a Chomsky, a Mao, etc. de cuanto revolucio-
nario del mundo había, pero los jóvenes actuales no están
muy inclinado a leer, más bien a construir su propia cultu-
ra rebelde, contestataria y ahora propositiva, eso es lo que
les falta, para allá van. Estas especies de movilizaciones,
por ejemplo, todas terminan con propuestas de ese tipo,
porque estamos en presencia de procesos de rebelión o de
rebeldía que no sólo es de la juventud si no que es de las
comunidades locales, regionales, que van atacando el cen-
tralismo, y por ende, al Estado centralista de Santiago y
esto implica la búsqueda de otro tipo de Estado. Entonces
no es extraño que se plantee simultáneamente el tema de
la asamblea constituyente.

Diálogos con Gabriel Salazar 51


6- La juventud en tiempos de la transición política.
Concertación: “Consolidación del neoliberalismo”.
Proceso de re-construcción de la identidad y rebeldía
popular.

Después del 90, a los dos o tres años que se insta-


ló la Concertación, se produjo una especie de apagón en el
movimiento juvenil que tuvo que ver con el desconcierto
que provocó la actitud de la Concertación -que en el fondo,
recordemos que la Concertación estaba constituida por la
Democracia Cristiana, que en los años 60 con el gobierno
de Frei Montalva planteó un socialismo comunitario; es-
taba formado por el Partido Socialista, que con el partido
de Allende planteó un socialismo revolucionario; formado
por el Partido Radical, que en esos años planteó un so-
cialismo republicano-, o sea, todos pensaron que la Con-
certación con esos partidos iban a reproducir sus viejas
convicciones políticas y se confiaban en ellos. Pero a los
dos o tres años quedó en evidencia que no iban hacer lo
que se esperaba que iban hacer, y que por el contrario iban
adoptando claramente un rumbo neoliberal, cosa que se
fue confirmando con el tiempo, pero quedó en evidencia
por diversas razones en el año 93: ya que quedó claro a
esa altura que no habría un juicio formal contra los tortu-
radores, segundo, que no habría una nueva constitución,
tercero que el Estado chileno comenzó a dejar sin apoyo a
las ONGs.
Las ONGs en los años 80 se jugaban por la autono-
mía de la sociedad civil, incluso apoyando a los cabros que
estaban en la lucha armada. Las ONGs eran representantes
de la sociedad civil frente al Estado, pero las ONGs depen-
dían económicamente de la ayuda extranjera, y las agen-

52 La Revolución de los Jóvenes en Chile


cias internacionales creyeron que ya no se necesitaba más
ayuda y el Estado no hizo ninguna política tendiente a for-
talecer la ONGs y menos a fortalecer la sociedad civil, por-
que si seguía esa línea, entonces se llegaba al planteamien-
to que habíamos hecho nosotros con el MDP (Movimiento
Democrático Popular) que tendía a desarrollar el poder
popular llevándolo al Estado y que yo planteé en el libro
de la “Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas”.
Quedó en evidencia que nada de eso habría, se produjo la
dispersión de la ONG, el quiebre de la ONG, que cambian,
de ser autonomista y defensora de la sociedad civil se pasa
a trabajar para el Estado y adoptan la política neoliberal.
Eso generó, lo que se habló en ese tiempo, el año del des-
encanto por partida doble: desencanto de la concertación,
desencanto de los partidos comunistas y socialistas. Los
jóvenes dejan de militar y pasan a llevar una vida social de
rebeldía, es el año donde “no están ni ahí”.
Entonces, los estudiantes en los años 93, 94, 95,
96, no tenían ideas claras, no sabían qué hacer, no estaban
ni ahí, estaban desilusionados de todo, además la Unión
Soviética se pasó al campo neoliberal, China lo mismo,
fueron años terribles para la juventud. Por eso fue el año
en que yo me aburría más haciendo clases, porque no en-
contraba eco en nada, lo cabros no traían nada por dentro,
entonces fue un período muy difícil, fue un período en que
los chiquillos tuvieron que reconstituir sus identidades
por sí mismos. Fue un período lindo por la dialéctica que
eso implicaba, reconstitución de identidades, y la gran re-
constitución que encontraron los jóvenes en ese periodo
fue reconstituir una identidad rebelde que tenía como in-
terlocutor al Estado y como vía de expresión el partido,
entonces de esa identidad de la cual se desilusionan pasan

Diálogos con Gabriel Salazar 53


a constituir una identidad que se basa precisamente en
potenciar lo social y lo cultural, y por tanto, lo poblacional.
Yo lo viví, porque todos los alumnos cuyas tesis
dirigí en ese periodo -95, 96, 97-, eran cabros que habla-
ban de su crítica al FPMR, crítica al Partido Comunista, crí-
tica a la Iglesia y como buscaban nuevos caminos y otras
formas de expresión en lo social, descubren la educación
popular. Muy lindas las tesis de ese periodo porque hablan
de la transición de los cabros, de su transformación inter-
na. Entonces, al transformarse y volver a lo social -96, 97,
98-, eso ocurre en paralelo con la crisis asiática en el 97 y
ese año repercutió inmediatamente en la economía chile-
na y eso generó todo un descontento social generalizado
por cuestiones económicas, entonces los cabros encuen-
tran ahí mayores fundamentos para potenciar su opción
por lo social en la lucha autónoma.

7- La juventud a partir del 2000: desarrollo de una


“cultura autónoma” con desplazamientos hacia la mo-
vilización social.

Los jóvenes han ido potenciando una cultura de


autonomía basada en su experiencia frustrante frente a
los 80 y los 90. Entonces, lo nuevo es que el movimiento
estudiantil está dotado de esta cultura, pero para mi gusto
es mucho más potente en las bases que en la confedera-
ción misma o que en la cúpula.
Pero falta mucho para que toda esta cultura po-
tente en las bases se exprese como un proyecto político a
nivel de la cúpula de la CONFECH. Por eso el movimiento
estudiantil surge con mucha fuerza el 2005, pero sustenta-
do en esta cultura de bases, no es porque sí, y la generación

54 La Revolución de los Jóvenes en Chile


2006 secundaria, aparece el 2010 ya en la universidad en
la misma línea, y como están en la línea de la autonomía
han descubierto hacia atrás -para eso sirve la historia so-
cial- todas las manifestaciones de poder popular que han
habido en Chile, la de la época de Allende, más atrás la de
la época de Recabarren. Entonces, el movimiento estu-
diantil viene con esta transición que no termina, todavía
le queda mucho por delante, de la cáscara que lo aprisionó
en los años 60, cuando era movimiento de masa no movi-
miento social, movimiento de masas peticionista, no mo-
vimiento social autónomo, con propuesta y con capacidad
de imponer su propuesta, lo que está aprendiendo ahora.
Pero yo creo que este movimiento social estudiantil, que
se trancó un poquito el 2012, recién comenzó a sopesar
toda la riqueza que trae por dentro y que todavía no en-
cuentra plenamente su salida hacia afuera. Yo creo que
está en un período de introversión del movimiento estu-
diantil, es un silencio potente como decíamos, pero lo que
aparece al lado con mucha más fuerza, con mucho más po-
tencial de desarrollo rápido a corto plazo es el movimiento
de las comunidades locales, lo que decíamos recién, van
más rápido, con la gran ventaja de que ellos nacieron des-
embarazados del tema político.
Porque es un tema a analizar, fíjate, el vecindario
en la medida que se aboca en los problemas reales que
afectan a todos, no tiene por qué organizarse en función
de ideologías, se organizan en función de problemas reales
y soluciones reales, es por eso que las divisiones partida-
rias esfuman. Eso queda clarito en Magallanes. Me decían,
por ejemplo: “oiga profe, si los primeros días de la moviliza-
ción la gente salía a la calle con banderas de partido, pero
cuando controlamos la situación, gobernamos esta región

Diálogos con Gabriel Salazar 55


por dos semanas, mandamos a cambiar la autoridad, salie-
ron puras banderas negras, desaparecieron las banderas de
partido”. Entonces es un tema a estudiar, cómo la solida-
ridad se constituye mucho mejor en el vecindario de una
comunidad real que en un gremio como son los estudian-
tes, y eso implica también por qué la CUT, la ANEF, todos
los gremios están atrasados con respecto a la CONFECH
y con respecto a las asambleas territoriales. Entonces yo
creo que hablando de movimiento social hay tres canales
o actores:
a) El movimiento social de los vecindarios que al reapare-
cer en Chile después de 200 años es un arma política de
mediano alcance.
b) Están los movimientos sociales de tipo gremial, que
están todos atrasados, la CUT en especial, la ANEF está
dividida en dos, los trabajadores de la salud que son una
cantidad enorme están dividido como en 3 o 4, y el gran
problema de fondo que lo atraviesa, que los tiene parali-
zados, es que un grupo, generalmente una minoría o por-
centaje mayor quiere hacer lo mismo que los estudiantes,
que la asamblea mande, todo el poder a las bases, no a los
dirigentes, sí a los voceros, pero eso implica una revolu-
ción interna y les cuesta mucho hacer eso porque los vie-
jos siguen manipulando a los gremios, los dirigentes que
duran 30 o 40 años no se van nunca, el mismo dirigente
de la ANEF lleva cuánto tiempo, y casi todo los gremios es
lo mismo, entonces que se revolucione internamente para
que manden las bases, mande la asamblea y se pongan a
tono con los estudiantes o con los vecinos, eso es lento y
eso está frenando el proceso conjunto del movimiento.
c) Y el otro tipo de movimiento social es de la juventud,
porque los jóvenes son siempre los que inician las pe-

56 La Revolución de los Jóvenes en Chile


loteras, inician el cambio, pero sólo la inician; nunca en
la historia de Chile los jóvenes han finiquitado han sido
derrotados todo el tiempo. Pero si lo han iniciado todo el
tiempo, entonces esta vez lo ideal es que lo que iniciaron
lo terminen, pero para terminarlo creo yo no pueden ter-
minarlo si no asociado a otros movimientos, si no se asocia
conjuntamente con los movimientos territoriales, si no se
asocian conjuntamente los tres actores juntos, los tres mo-
vimientos juntos, esa sociedad soberana civil no impacta.
Pero todavía yo creo que van en esa dirección, pero yo creo
que falta, y el principal es esta cultura sindicalista antigua,
la de las cúpulas, la de los partidos, la de las ideologías y de
los viejos que quieren rejuvenecerse y eso es lo que está
pasando en los gremios.

8- Movimientos populares en Latinoamérica: “Emer-


gencia del caudillismo v/s el poder constituyente.”

Yo creo que hay dos cosas que son entretenidas


en ese sentido. Primero que en casi todos los países de
América Latina ha habido movimientos populares, con un
mayor sentido de autonomía que acá en Chile, porque en
Chile el movimiento popular quedo en el siglo XX atrapado
totalmente en un sistema de partidos políticos que ope-
raban de acuerdo a la ley y a la constitución que a su vez
era ilegítima. Entonces fue el movimiento popular chileno
que quedó muy metido en la retaguardia del partido, de un
sistema de partido políticos que a su vez estaba el partido
liberal de Estado liberal, y eso claro convirtió a Chile en
los años 40, 50 o 60 para mucha gente un modelo de país
muy avanzado políticamente, todos seguían a los partidos
políticos y aceptaban las reglas de la democracia liberal,

Diálogos con Gabriel Salazar 57


etc.
Pero en los otros países no ocurrió lo mismo, por
eso es que en los demás países los movimientos popula-
res se mantuvieron alejados de los partidos políticos o a lo
más siguieron a ciertos caudillos, caso del peronismo, en-
tonces no tuvieron cierta condición de masa de un sistema
partidario ideologizado. En ese sentido los movimientos
populares del resto de América Latina en México, en Bra-
sil, Ecuador, Colombia, Guatemala, Nicaragua, etc. están
mucho más avanzados en términos de autonomía que el
chileno. En ese sentido en Chile estamos atrás como mo-
vimiento popular, subordinado como masa en su sistema
partidario, es políticamente una situación de atraso por-
que no son ciudadanos autónomos, en cambio un movi-
miento cultural autónomo, étnicamente autónomo como
lo fue cualquiera de los otros en América Latina es una
ventaja con respecto al chileno, por eso se produjo Chia-
pas en México, por eso apareció el MST en Brasil y no en
Chile, etc.
Pero por otro lado le debemos a Pinochet el fa-
vor de haber destruido esa cultura política popular. Nos
guste o no nos guste, el viejo destruyó una política que
era siniestra para la clase popular en términos de que la
convertía en una masa sin autonomía, sin soberanía, sin
capacidad de liberación, sin capacidad de propuesta y sólo
era una masa peticionista, mendigante. Entonces al des-
truir ese sistema se abrieron las puertas para que el movi-
miento popular Chileno se autoeducara, yo creo que es eso
lo que se ha estado haciendo, desde que comenzaron los
pobladores a tomarse las tierras contra la ley, hasta ahora
lo que los jóvenes han estado desarrollando, todo ha cons-
truido un poder constituyente.

58 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Entonces en ese sentido ahora estamos en ven-
taja con respecto a los movimientos populares del resto
de América Latina, porque en el resto de América latina si
tú te fijas un poco -salvo el MST brasileño- los movimien-
tos populares de este tipo al radicalizarse han terminado
apoyando a caudillos, se han “caudillizado”, se han perso-
nificado en un líder: Sandino, Ortega, Fidel Castro, Chávez,
hasta cierto punto Evo Morales, Perón, Correa. Los argen-
tinos hasta el día de hoy no han logrado superar el caudi-
llismo, la ventaja nuestra en estos momentos es que esta-
mos construyendo una autonomía popular, poder popular,
con tendencia a un poder constituyente que de partida va
a obviar el tema del partido político y por la misma razón
va obviar el tema del caudillismo.
Chile no ha sido nunca país de caudillos, ni Ibañez
fue caudillista como perón, ni Allende, ni Frei, nadie. Ba-
chelet puede haber sido, si Bachelet no asume la dirección
de los movimientos sociales va a bajar del 58% al 27%
igual que Piñera. Entonces la ventaja nuestra en estos mo-
mentos es que este movimiento social emergente que par-
tió más atrasado que los movimientos sociales de Chiapas,
está en condiciones de llegar más lejos, porque en Colom-
bia el movimiento social no logró ejercer el poder consti-
tucional totalmente, se lo atraparon los partidos y al final
resulto en un caudillismo, en Ecuador lo mismo, Bolivia lo
mismo. Acá en cambio todavía estamos peleando y yo creo
que la cosa va ahí, va hacia el poder constituyente. Yo por
lo menos y todos lo que estamos de acuerdo en esta línea
vamos a pelear porque ese poder constituyente lo ejerza
la ciudadanía y la clase popular por sí mismo, sin partido
político, ni ley, ni nada entremedio, o si no va al fracaso.
Tenemos la posibilidad de llegar más lejos, eso es

Diálogos con Gabriel Salazar 59


lo que quiero decir y en ese sentido tenemos la ventaja so-
bre el resto de América Latina.

60 La Revolución de los Jóvenes en Chile


El nuevo escenario político de los movimientos
sociales en el Chile actual: La necesidad de un
proceso constituyente en la convergencia de los
movimientos sectoriales y territoriales.

Diálogos con
Mario Garcés.
Por Paloma Rivas Díaz
SEDEJ-PMSS

Doctor en Historia, Pontificia Universidad Católi-


ca de Chile. Licenciado en Historia, Pontificia Universidad
Católica de Chile. Magíster Artium en Historia, Universi-
dad de Santiago de Chile. Se ha destacado como un educa-
dor e investigador de los procesos populares y de la me-
moria histórica de trabajadores y pobladores de Santiago.
Actualmente es profesor de la Universidad de Santiago de
Chile y Director de la organización ECO, Educación y Co-
municaciones.
Dentro de sus publicaciones destacan: “El desper-
tar de la Sociedad”. “Los Movimientos Sociales de América
Latina y Chile.”

Diálogos con Mario Garcés 61


1. Dinámicas que revisten al movimiento juvenil; nive-
les de organización, su integración con los movimien-
tos sociales y su relación con el Estado.

La percepción más general es que las dinámicas


juveniles se han formado en una evidente distancia con
la política, con el Estado, en un sentido amplio. Han sido
en muchos casos beneficiarios de políticas públicas pero
más que nada en el campo de la asistencia, del joven que
consume, del que estuvo preso, del que está en situación
crítica de pobreza, con los distintos planes que el gobierno
ha generado en ese campo; pero como identidad juvenil,
como posicionamiento de los jóvenes, en general hay un
distanciamiento con el Estado.
Yo diría que en el campo estrictamente popular
eso se tradujo en los años 1990 y 2000 en muchas diná-
micas de organización pero muy locales, muy de la pobla-
ción, del barrio y centrado a veces en la música, en las to-
catas, en el hip-hop, a veces en actividades culturales, en
la organización de preuniversitarios populares y en otros
casos en dinámicas de educación popular, pero en gene-
ral todos estos grupos bastante desconectados entre sí o
con algunas instancias un poco más informales pero no
significa que establezcan alianzas permanentes, coordina-
ciones permanentes, etc. Este era el panorama dominante
hasta el 2010, y también con relación a otros movimien-
tos sociales, probablemente la situación era semejante. El
sindicalismo era un movimiento débil, relativamente arti-
culado en la CUT, pero una CUT donde hay un número de
afiliados relativamente bajo, la sindicalización en Chile no
supera el 10% de la fuerza de trabajo, por lo tanto es un
movimiento estructuralmente debilitado.

62 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Y después hay otros movimientos sociales como
el mapuche, que en realidad es un movimiento que se em-
pieza a notar a mediados de los 90 sobre todo a partir del
97, en un momento en que la Concertación favorece la in-
versión hidroeléctrica sobre todo con la represa de Ralco
y hay un momento en que se quiebra la CONADI, que era
el organismo desde el Estado para los asuntos indígenas
y para mediar con las empresas y todo eso. El gobierno
quiebra la CONADI para favorecer a las empresas y, por lo
tanto, la política pública que se había generado hacia los
mapuches colapsa y las desconfianzas que también tenían
los mapuches en el Estado ahora se radicalizan y comien-
zan a surgir una serie de nuevas organizaciones como la
Coordinadora Arauco Malleco y actualmente organizacio-
nes más territoriales que toman posturas más radicales y
que más bien confrontan al Estado y que han sido víctimas
de una criminalización impresionante. Se les aplica la Ley
Antiterrorista, Ley de Seguridad del Estado, etc. y se con-
sidera que constituyen asociaciones ilícitas.
Yo diría que hasta el 2010 el panorama general
de los movimientos sociales era de mucha fragmentación,
mucha dispersión y la novedad del 2011 es que empie-
zan a emerger distintas expresiones de acción colectiva y
sobre todo distintas expresiones públicas, al principio de
tipo regional, como la protesta de Punta Arenas del verano
del 2011, después las protestas de los ecologistas del pro-
yecto de Hidroaysén, después las minorías sexuales, etc.,
Y, por lo tanto, comienzan a haber signos en la sociedad
de malestar, de expresión pública de diversos sectores y a
partir de mayo empiezan las primeras marchas estudian-
tiles y se empieza a configurar un movimiento estudiantil
inusitado desde el punto de vista de su expresión pública

Diálogos con Mario Garcés 63


y de la masividad que alcanza.
A mí me parece el movimiento estudiantil tiene
un amplio impacto en un doble sentido. Por un lado, por-
que reconfigura, al actor juvenil como estudiante, secun-
dario o universitario y, por lo tanto, de alguna manera la
cuestión juvenil emerge no sólo como una cuestión gene-
racional sino que como una acción colectiva que interroga
y cuestiona al sistema educativo nacional. Y por otra par-
te, este movimiento cuenta con tal apoyo en la sociedad
que todo el mundo comienza a hablar de el “movimiento
social”, pero que en realidad no es que sea un movimiento
sino que es el apoyo masivo y activo que los estudiantes
encuentran en la sociedad y por eso es que se habla del
“despertar de la sociedad”, es decir, como que el movi-
miento estimula a la sociedad a que tome postura, a que
delibere, a que piense, etc.
Se produce entonces un cambio muy fuerte en la
política chilena, en el sentido de las inercias neo-liberales,
del dominio del Estado, del ejercicio de una política públi-
ca de tipo estatista, tecnocrática, asistencial, etc., Todo eso
empieza a ser puesto en cuestión y sobre todo empieza a
ser puesta en cuestión la institucionalidad en un sentido
más amplio.
Pero este cuestionamiento a la institucionalidad,
proviene por un lado, de las desconfianzas anteriores, de
la transición más en general, pero se radicalizan cuando
el movimiento estudiantil, que tiene amplio apoyo en la
ciudadanía, se da cuenta que no puede producir cambios
en el sistema educativo si no se modifica el sistema polí-
tico. O sea, en el fondo el sistema político está hecho para
bloquear, por decirlo así, las demandas ciudadanas, por-
que es un sistema de tipo conservador, autoritario, que

64 La Revolución de los Jóvenes en Chile


no permite la expresión de las minorías, que está lleno de
complicaciones para no producir reformas, es decir, las
reformas significativas en Chile suponen unos quórums
casi imposibles de obtener, como el de dos tercios, de tres
quintos, etc., y con un sistema binominal que con un 30%
la derecha tiene la mitad del parlamento y, por lo tanto, la
reforma es imposible. Efectivamente se trata de un siste-
ma que está bloqueado.
Creo que el movimiento estudiantil percibe este
bloqueo y además son víctimas del mismo y este bloqueo
institucional refuerza la desconfianza respecto de la ins-
titucionalidad. Entonces en este sentido vivimos una
contradicción: en la medida en que se configura un mo-
vimiento estudiantil que cuestiona el sistema educativo,
es un movimiento que ingresa al campo de la política y a
disputar las políticas públicas, pero al mismo tiempo la
disputa con las políticas públicas se hace tremendamente
compleja porque el sistema está pensado para bloquear
los procesos de reforma que afecten de modo sustantivo
las políticas públicas.
Entonces, esta desconfianza del mundo juvenil es
muy razonable, porque en el fondo no es que no quieran
nada con la política pública, sino que cuando ingresan a las
luchas por el sistema educativo, ingresan directamente a
una política pública y a una política pública central, sobre
todo para las nuevas generaciones. Pero ese ingreso se en-
cuentra con un sistema que bloquea y, por lo tanto, partici-
par en la política pública en Chile, o modificar las políticas
públicas en Chile no significa un acto puramente de parti-
cipación, de juntar firmas, no, prácticamente equivale a un
acto revolucionario o a un proceso revolucionario o a un
proceso de transformación relevante del sistema público.

Diálogos con Mario Garcés 65


La particularidad en el caso chileno es que no son
viables reformas en la política pública simplemente por la
vía del lobby, la acción parlamentaria, juntar firmas para
ciertas reformas, hacer visibles ciertos malestares, no, no
alcanzan. Modificar las políticas públicas significa modifi-
car el sistema político y eso es lo que funda entonces las
posturas más radicales y las complejidades del propio mo-
vimiento estudiantil. Tanto en sus orientaciones políticas
como en el hecho de que si para producir reformas hay
que modificar el sistema político, no alcanza únicamente
la expresión de los estudiantes, se requiere sumar a otros
y mi hipótesis es que el movimiento estudiantil tocó techo
en agosto del año pasado, en el momento en que se convo-
ca a un paro nacional y ni los sindicatos ni los pobladores
se movilizan en el grado que se hubiese requerido (Paro
Nacional 2011, convocado por la CUT el 24 y 25 de agos-
to).
Entonces, en ése contexto en el que el gobierno
apuesta al desgaste, es decir, no sólo bloquea sino que
comienza a dividir y genera algún tipo de reforma, todas
muy parciales, y que en el fondo más bien perfeccionan
el sistema neo-liberal y atienden parcialmente a las clases
medias que son los sectores que están de alguna manera
más cerca del movimiento estudiantil. Y este es otro ele-
mento también interesante porque desde el punto de vista
de clase, el movimiento estudiantil tiene más apoyo en los
sectores medios que en las clases populares en el sentido
más tradicional.
Es decir, no es que las clases populares no estén
implicadas, lo están, pero están mucho más implicados los
sectores medios porque ellos han accedido en mayor gra-
do al sistema educativo y les afecta el sistema de endeu-

66 La Revolución de los Jóvenes en Chile


damiento de manera más radical e, incluso, los sectores
populares más pobres o no han ingresado al sistema edu-
cativo o ingresan pero ingresan todavía pudiendo acceder
a algún tipo de beca, que significa un endeudamiento rela-
tivo. Pero en el caso de la clase media se trata de un endeu-
damiento con el sistema bancario y con tasas de interés
usureras y es mucho más fuerte la crisis en este campo y el
gobierno ha buscado orientarse en esa dirección, de bajar
la tasa de interés bancaria.

2. Estrategias de control social desarrolladas por el


Estado en relación a los jóvenes y a los movimientos
sociales.

El control puede tomar distintas formas, proba-


blemente la más explícita es: que en Chile cualquier mo-
vimiento social que se expresa públicamente tiene que
solicitar permiso a la autoridad para poder manifestarse,
tiene que cumplir las normas que la policía establece y si
no, vive los efectos de la represión, tenemos policías alta-
mente especializadas en disolver manifestaciones, la ex-
presión ciudadana está bloqueada. Esas son las expresio-
nes más manifiestas.
Por otro lado, las formas de criminalización son
variables pero tampoco en Chile es difícil ser procesado, y
la experiencia de los mapuches es clara en esto, con com-
ponentes racistas, autoritarios, etc., es decir, un Estado de
derecho que funciona a medias o que funciona con crite-
rios definitivamente autoritarios.
La forma de control social más sutil y que ha
afectado más a los jóvenes durante todo este tiempo fue
el empequeñecimiento del Estado y la naturalización del

Diálogos con Mario Garcés 67


mercado como forma de desarrollo, como forma de desa-
rrollo social. En el fondo no es que en Chile tú no puedas
estudiar, el mercado le dice a todo el mundo que sí puede
hacerlo, pero todos pagan y, por lo tanto, si tú tienes me-
nores recursos o estás en sectores medios que no califican
para el apoyo estatal, bueno, toma préstamos. Y la socie-
dad chilena vive de préstamos no sólo en la educación sino
con préstamos de consumo, préstamos hipotecarios, tar-
jetas de crédito y por lo tanto, se vive endeudado y éste
al mismo tiempo es una nueva forma de negocio, o sea,
prestar dinero en Chile es un negocio lucrativo y rentable.
En educación prácticamente no hay ninguna re-
gulación, las universidades fijan sus aranceles libremen-
te; el Estado financia a los sostenedores y éstos pueden
proponer financiamiento compartido y fijar libremente
con los padres cuánto podían pagar. El lucro formalmente
estaba prohibido pero las universidades crearon la figura
de lo que se llamó empresas gemelas, empresas inmobilia-
rias que forman parte de los mismos dueños y que presta
servicios a la universidad y entonces ésta formalmente no
hace lucro, pero lucran a través de sus empresas gemelas
que son las que “arriendan” las salas, prestan los servicios
y de este modo se transfieren las platas, etc. Todo eso no
tiene regulación.
Por lo tanto, a mi juicio el tema del control social
no es sólo el del control visible respecto de cómo mani-
festarte, la libertad de organizarte, etc., o las formas que
puedas tener de expresión, sino que son, por un lado, los
bloqueos institucionales y por otro lado, la naturalización
del mercado como forma de producir participación y de-
sarrollo de la sociedad y donde el Estado cumple un rol
secundario.

68 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Esto también es lo que refuerza la desconfianza
respecto del Estado, que es en el fondo el distanciamiento
que el Estado tiene con la sociedad y desde el punto de vis-
ta del modelo neo-liberal esta es una bendición porque así
el Estado gasta poco y por eso basta el cobre y algún sis-
tema de impuestos relativamente bajo que permite que el
Estado funcione y que lo haga con relativos buenos recur-
sos, porque es un Estado que no garantiza ni salud pública,
ni educación pública, ni vivienda popular digna. Incluso la
construcción vial se concesiona, todos los puentes, túne-
les, caminos, etc., se concesionan y se paga peaje o tag, por
lo tanto, este Estado desde el punto de vista liberal es el
Estado ideal.
Y para efectos de la cuestión pública, se muestra
como un Estado que gasta mucho en lo social, pero gas-
ta mucho en un presupuesto global que en relación al PIB
(Producto Interno Bruto) no tiene nada que ver con otros
países, porque es un Estado pequeño.

3. Los jóvenes de hoy, sus demandas, su articulación y


su protagonismo en la reivindicación social. ¿Por qué
los estudiantes y no otros sectores de la sociedad en
su conjunto?

Como dicen los teóricos de los movimientos so-


ciales, algunos teóricos norteamericanos, siempre hay ra-
zones para el malestar pero no siempre hay movimientos
sociales. Entonces la pregunta es ¿Qué es lo que cambia,
qué se modifica que en algún momento el malestar toma
forma pública?. Y en el caso chileno, un país relativamen-
te pobre históricamente hablando, de grandes tradiciones
clasistas, discriminadora, autoritarias, etc., tiene razones

Diálogos con Mario Garcés 69


para la existencia del malestar y eso desde los tiempos de
la colonia. La república aquí fue una república que se va-
lidó como “democrática” pero en forma muy autoritaria,
desde los orígenes, una democracia más bien oligárquica
durante todo el Siglo XIX. Por lo tanto, razones para el ma-
lestar hay muchas.
Pienso que hay un tema probablemente de tipo
generacional, en el sentido de que son las nuevas genera-
ciones que frente a las promesas del mercado, de felicidad,
consumo, títulos profesionales, etc., comienzan a percibir
que ésta tiene demasiados costos, por un lado para los es-
tudiantes y para sus familias y por otro lado, que no está
asegurada la calidad de los títulos profesionales. O sea,
que el mercado opera como un negocio tan desregulado
que no asegura que el periodista que egresa de una escue-
la de periodismo, va a saber hacer reportajes y escribir, o
el que egresa de otra carrera va a saber investigar, o el que
egresa de un grado técnico va a tener capacidad efectiva
de gestionar y de administrar proyectos técnicos. Hay in-
terrogantes fuertes respecto del endeudamiento, respecto
de la calidad y respecto del mercado laboral de mañana.
O sea, hay varias razones que creo van interpelando a los
jóvenes y haciéndoles visible que no está clara su inser-
ción ni su desarrollo en una sociedad neo-liberal como la
chilena. O sea que la promesa del mercado no parece ser
tan eficiente y tan viable para las nuevas generaciones.
Es decir, aparentemente esta educación mer-
cantilizada ofrece o hace la promesa de una mayor inte-
gración, de un mayor desarrollo. Los datos estructurales
de desigualdad también el mercado los reproduce y por
lo tanto, se van a crear más universidades, pero vamos a
tener universidades de primera y de segunda y hasta de

70 La Revolución de los Jóvenes en Chile


tercera, vamos a tener universidades donde acceden los
chicos que vienen de colegios pagados, privados y donde
la calidad está relativamente asegurada y vamos a tener
universidades que acogen a los más pobres y a los cuales
les vamos a sacar dinero y les vamos a crear la ilusión de
profesionalización pero la verdad es que no los vamos a
hacer avanzar mucho respecto de sus saberes, ni tampo-
co les aseguramos que el mercado profesional de mañana
los vaya a integrar en igualdad de condiciones como a los
sectores altos o medios altos de la sociedad. Entonces, hay
varios factores estructurales que los jóvenes comienzan a
procesar.
Curiosamente, donde esto se hace más visible
probablemente más que en el mundo universitario se da
en la escuela secundaria. En la escuela secundaria la des-
igualdad es más visible y es más radical, es más manifiesta
y, por lo tanto, de alguna manera en la escuela secundaria
ya se empieza a prescribir el futuro y se hace visible que
por más que exista oferta universitaria, de profesionaliza-
ción, etc., los que vienen de la secundaria pública –que en
Chile es municipal, la administran los municipios- la ver-
dad es que van en condiciones bastante precarias.
Y estos temas asociados a la calidad de la educa-
ción son brutales, y están relativamente estudiados y hay
muchos indicadores que los vienen poniendo de mani-
fiesto desde hace mucho tiempo. El 40% de los chicos que
salen de colegios municipales, de secundaria pública mu-
nicipal, más o menos el 40% sale de la educación media y
leen, pero no entienden lo que leen, o sea, tienen proble-
mas de lectura y tienen problemas de lectoescritura. Quie-
nes hemos trabajado en universidades en sectores popula-
res, quienes hemos sido profesores, sabemos que muchas

Diálogos con Mario Garcés 71


veces las universidades tienen que generar lo que se llama
estrategias remediales, es decir, talleres de lectoescritura
o talleres de reforzamiento que permitan salvar estos défi-
cit de escolarización con que los estudiantes pobres llegan
a la universidad.
Todos estos datos sobre la juventud influyen y de
hecho, antes del 2011, el movimiento juvenil más radical
y más visible fue el de los secundarios, en los años 2000 y
2001, con Lagos como presidente, y durante el año 2006
durante la presidencia de Bachelet. Y, de hecho, incluso
en las movilizaciones del año 2011 quienes se mantenían
en las posturas más radicales y de permanecer en las lu-
chas e incluso en disposición a perder el año escolar eran
especialmente los estudiantes secundarios, es decir, los
adolescentes. Y esta es una contradicción brutal de nues-
tra sociedad, de que en el fondo el rechazo o la crítica, la
contestación al neoliberalismo se produzca en las nuevas
generaciones y en su versión más elemental, más inicial,
prácticamente son los adolescentes los que perciben más
radicalmente la desigualdad y que comienzan a hacer visi-
ble su descontento con la sociedad en la que vivimos.
Ahora, uno después, cuando estudia el desarrollo
mismo de los movimientos se da cuenta que hay ciertos
factores que ayudan. El movimiento por ejemplo de Los
Pingüinos se da en un contexto de prosperidad chilena,
con un precio del cobre muy alto y cuando el debate pú-
blico se plantea el qué hacer con esta riqueza, entonces los
estudiantes responden: bueno, que nos sea útil a nosotros
y por eso una de las consignas del Movimiento Pingüino
cuando se inicia el 2006 es El cobre por el cielo y la educa-
ción por el suelo. Esto es lo que algunos analistas llaman
estructura de oportunidades políticas, es decir, hay ciertos

72 La Revolución de los Jóvenes en Chile


elementos de coyuntura que a veces tienden a gatillar o a
favorecer la protesta social.
Creo que en el caso del 2010 el hecho de que es-
tábamos frente al retorno de la derecha al Estado y al go-
bierno, también fue un factor y la mala gestión además de
la derecha fue también un factor que ayudó a que se arti-
culara un movimiento más fuerte. Es decir, hay elementos
de coyuntura o factores políticos más estructurales que de
cierta manera colaboran a generar un contexto favorable
para la irrupción del movimiento estudiantil.
Y creo que el otro elemento que tampoco respon-
de al porqué sino que al cómo lo hacen los estudiantes,
tiene que ver con que éstos fueron capaces de operar en
un contexto distinto al de dispersión y fragmentación que
es el que existía antes, apelando a los medios tecnológicos
y a las redes sociales y a todos estos elementos nuevos de
comunicación. De hecho ya en el 2006 el celular, el fotolog,
la página, etc., eran elementos que colaboraban al movi-
miento y en esta fase el twitter, el facebook también han
operado como nuevos repertorios de acción, como nuevos
recursos para la acción colectiva y los estudiantes los han
utilizado con mucha genialidad.
En agosto del 2011 cuando hubo dos manifesta-
ciones, mañana y tarde, prohibidas por el Estado, prime-
ro los secundarios y después los universitarios, y se vino
una fuerte represión sobre el movimiento y Camila Valle-
jo como dirigente pone en su facebook que toquemos las
cacerolas a las 20:00 y se produce una manifestación en
los barrios y en distintos sectores de clases populares y
medias, donde la gente toca las cacerolas y apoya mani-
fiestamente al movimiento, es una convocatoria que opera
desde el Internet, o sea que no estaba prescrita, que no

Diálogos con Mario Garcés 73


estaba elaborada previamente sino que se constituye en el
momento mismo de la acción.

4. Luchas regionales; aprendizajes para la moviliza-


ción social. La creación de una estrategia contra los
abusos del sistema capitalista neo-liberal.

Yo ahí me hago parte de una tesis o de una per-


cepción de mi amigo Gabriel Salazar, quien acaba de es-
cribir un libro bastante poderoso, importante, sobre los
movimientos sociales. Tiene que ver con la distinción de
los lugares en donde se constituye el movimiento social
en Chile y él distingue que hay movimientos que se cons-
tituyen desde el campo sectorial (la CUT, los estudiantes,
los trabajadores de la salud, etc.), y movimientos más bien
de carácter territorial y creo que esto no es nuevo pero es
relativamente novedoso en la reflexión política chilena.
Y lo anterior no es nuevo porque en realidad en
los años 60 nosotros teníamos movimiento sindical, cam-
pesino, y también teníamos movimiento de pobladores y
éste último era de carácter territorial, o sea, el problema
de los pobres de la ciudad es que no tenían casa e hicieron
tomas de terrenos, formaron poblaciones, tomaron deci-
siones sobre sus barrios, etc., y todo eso era un movimien-
to territorial.
Lo que pasa es que como vivíamos pensando en
el campo de la producción, el socialismo, etc., esos movi-
mientos aparecían en un lugar secundario, pero hoy día
los movimientos territoriales adquieren mucha fuerza y
mucha importancia y esto por varias razones, de las cua-
les hay algunas fundamentales: por una parte los movi-
mientos territoriales son los que colocan de manera más

74 La Revolución de los Jóvenes en Chile


manifiesta los problemas relativos a la ecología y al medio
ambiente. Es decir, los movimientos territoriales saben
de qué manera, por ejemplo, las empresas forestales o las
empresas mineras ocupan los recursos hídricos y, por lo
tanto, los campesinos en el sur y los mapuches en el sur
saben que no pueden sembrar porque se secan las napas
subterráneas o las vertientes y los del norte saben que se
van a quedar sin agua porque las empresas mineras les
están ocupando todas las aguas y además van a tener sus
aguas de uso cotidiano totalmente contaminadas, es decir,
saben que están amenazados de manera brutal.
Por lo tanto, para los movimientos territoriales
creo que la cuestión ecológica es fundamental y la cues-
tión ecológica, siguiendo ahora a otro autor, Buenaventu-
ra Do Souza, él dice: “cuando el capitalismo se globaliza y
conquistó el planeta ya no hay zonas nuevas por descubrir
y, por lo tanto, los debates giran en torno a qué hacemos
con los recursos existentes, los recursos que ya conoce-
mos y de este modo el tema de la defensa de los recursos
por parte de las comunidades locales o territoriales se
convierte en una contradicción fundamental para el capi-
talismo y esto ocurre en cualquier lugar del planeta”, don-
de sabemos que además esto tiene efectos sobre el calen-
tamiento global, sobre distintas cosas y, por lo tanto, sobre
los recursos, sobre la energía, sobre los recursos hídricos,
sobre la vida cotidiana de las personas, etc.
Entonces estos temas tienen manifestaciones
muy concretas y creo que de eso tenemos aún mucho que
aprender. Pero eso está insinuado, está planteado. Y de al-
guna manera se hace visible en el tema del gas en Punta
Arenas, porque ese tema ¿qué es en realidad? Es una pro-
puesta de subir el precio a los consumidores para garan-

Diálogos con Mario Garcés 75


tizar a otras empresas; es decir, en el fondo es la disputa
por la energía. Y si Punta Arenas es fuente de energía, en-
tonces tienen razón los puntarenenses para discutir que
quieren ejercer soberanía sobre sus recursos.
El segundo problema es que los movimientos re-
gionales o territoriales lo que han puesto es la cuestión de
la soberanía, es decir: ¿Quién decide sobre nuestros desti-
nos? ¿Vamos a estar supeditados eternamente al gobierno
central, al Estado central y a la lógica autoritaria de San-
tiago? o ¿Tenemos derecho en zonas apartadas a tomar
decisiones sobre nuestros recursos, sobre los sistemas de
prestación social, sobre las políticas públicas?
Son preguntas que estos movimientos hacen y
cuando emergen como tales, en Punta Arenas, en Freirina,
en Aysén, en Calama o donde sea, lo que hacen es disputar
con el Estado el ejercicio de políticas públicas, pero no la
política pública asistencial, parcial, sino que en aspectos
relevantes como energía, servicios fundamentales, efectos
medioambientales, como el tema ocurrido en Freirina, la
crianza de cerdos y los olores y los efectos sobre la salud
de las personas.
Todo eso en Chile coloca una dimensión muy im-
portante porque nosotros, salvo en el período 1823-1829,
es decir, en la primera etapa de la independencia, tuvimos
discusión constituyente y sobre soberanías locales y regio-
nales, pero después nunca más y aquí predominó siempre
y en todas las constituciones, el Estado autoritario y cen-
tralista. La Constitución de 1925 consideraba la constitu-
ción de algunos órganos de poder regional pero que nunca
se implementaron, nunca se dictaron las leyes específicas
ni los reglamentos para que eso fuera una realidad. Por lo
tanto, el tema del gobierno local y del gobierno regional

76 La Revolución de los Jóvenes en Chile


democrático gestado de manera democráticamente parti-
cipativa es un tema importante e interesante. Y es curioso
porque –y esta es otra distinción- los movimientos secto-
riales enfrentan mucho más fuertemente el problema de
las asociaciones políticas, de las disputas de poder y los
movimientos territoriales parecieran tener más frescura
en este campo, porque son problemas de nuevo tipo, por-
que son actores muy diversos los implicados. Por lo tan-
to, los movimientos territoriales trabajan mucho más en
coordinaciones, en asambleas, en generar los consensos
que les permita enfrentar al poder central, hay elementos
novedosos que hay que observar.
Y en el caso de los mapuches, que tienen un com-
ponente también territorial pero a la vez sectorial, de au-
tonomía nacional -entonces es mucho más complejo como
conflicto y como movimiento- los mapuches saben mejor
que nadie del control territorial porque además parte de
su disputa es territorial, es recuperar las tierras usurpa-
das y saben lo que significa la usurpación de tierras, y la
usurpación de recursos, de poder y, por lo tanto, de su so-
beranía y es por eso que están reclamando justamente re-
cursos, poder local, soberanía local. Y por eso la demanda
mapuche tiene ese componente autonomista, de nación,
ellos dicen: “estas son nuestras tierras, esta es nuestra
cultura que está vinculada a la tierra”. Y por eso es tan po-
tente el movimiento, y a la vez complejo porque también
tienen muchas divisiones internas, el Estado criminaliza y
coopta, juega a las dos estrategias, es más complejo.

Diálogos con Mario Garcés 77


5. Relevancia de los movimientos sociales en la diná-
mica geopolítica de la región Latinoamericana.

Desde el punto de vista geopolítico, el mayor pro-


blema de Chile ha sido su aislamiento de América Latina.
Se celebraba el triunfo de Lugo, de José Mujica, las inicia-
tivas de Kirchner, el fin de la etapa de Lula, el triunfo de
Dilma y, por lo tanto, una cierta mirada a favor de una nue-
va etapa, marcada por la superación del neo-liberalismo
más extremo y de iniciativas de democratización de las so-
ciedades del MERCOSUR y el establecer vínculos además
con Chávez, con Evo Morales, con Correa, y en estas dos
dinámicas del tipo ALBA y de los Países Andinos o del tipo
MERCOSUR, Chile está fuera o tiene un papel irrelevante
–en el caso del MERCOSUR-.
Creo entonces que la dinámica de los movimien-
tos sociales en Chile podría modificar este aislamiento,
generar otras zonas de conversaciones, de intercambio,
de aprendizajes colectivos, por ejemplo, en el campo de
la educación. Porque efectivamente también, por más que
sean distintos los países como Argentina, Brasil o Colom-
bia, en sus sistemas educativos, enfrentan también dificul-
tades en cómo se acogen y cómo se favorece el desarrollo
de las nuevas generaciones; es decir, el tema juvenil es un
tema más transversal en este sentido y que puede produ-
cir estos intercambios y alertar, además, a otros sobre las
propuestas de la derecha en América Latina, porque Chi-
le ha sido un laboratorio extremo de la derecha y, por lo
tanto, conocemos y sabemos muy bien a qué conducen las
políticas y el sistema de la derecha mundial y Latinoame-
ricana.
En otros planos políticos más estructurales, es

78 La Revolución de los Jóvenes en Chile


más complejo, porque sobre todo la economía chilena es
una economía tan abierta que hace inviable la integración
de Chile con las economías latinoamericanas, a pesar de
que por otro lado, hay que tener en cuenta que para cier-
tos segmentos de la burguesía chilena el mercado chileno
es muy estrecho y se han visto en la obligación de salir e
invertir en Argentina, Perú y Colombia. Esos son los tres
países donde los capitalistas chilenos más han invertido, y
eso también hay que observarlo, porque aquello que no se
produce en el campo político a lo mejor se empieza a pro-
ducir en otro sentido, en el campo económico y donde las
mismas empresas en Chile operan con libertades muy am-
plias en estos países están obligados a operar con mayores
regulaciones, sería interesante conocer eso, cómo operan
las inversiones chilenas en los países vecinos.
Los movimientos sociales tienen efectos en el
mediano plazo sobre el orden regional. Yo con optimismo
sostengo que probablemente estemos ingresando a una
fase post-neoliberal, pero lo digo con cierto optimismo
porque modificar el neoliberalismo chileno está probado
que va a ser un camino largo.
Es decir, en el caso de Argentina o de Brasil, o de
Perú, Bolivia y Ecuador, son muy paradigmáticos respecto
de que si bien en todos esos países hay prácticas y orien-
taciones neoliberales que han sido importantes, están de
alguna manera sopesadas o se tienden a compensar con
otras tradiciones de mayor responsabilidad social del Es-
tado, de mayor participación política, de partidos que re-
fieren sus acciones más a las dinámicas populares, como
partidos nacionales o partidos populistas o como se lla-
men, pero que en el fondo establecen relaciones más flui-
das con las clases populares, eso en Chile está pendiente.

Diálogos con Mario Garcés 79


Lo que pasa es que en esos países el neolibera-
lismo fue de alguna manera contrarrestado, o sea, las po-
líticas de Kirchner son políticas que devuelven al Estado
un rol más activo. Y hay que discutir cuán democráticas
son esas políticas públicas que se generan en países como
Argentina o Brasil, y yo creo que ahí está mucho el papel
de los movimientos y de las ONGs, en colaborar para que
esa mayor responsabilidad social del Estado implique al
mismo tiempo mayor participación social y la generación
de instituciones democráticas, porque nuestras propues-
tas populistas en América Latina tienen también un fuerte
componente clientelar, entonces es interesante abrir esos
debates.
O sea, que en el fondo el contrapeso al neolibe-
ralismo permita que las propuestas políticas progresistas
o socialistas o populistas o como se las quiera llamar, fa-
vorezcan al mismo tiempo una mayor participación de las
clases populares en el ejercicio del poder político.
Nosotros estamos un poco huérfanos de proyecto
político con capacidad de influir sobre el Estado, más bien
estamos en la necesidad de recrear esas formas políticas y
es por eso que, quizás, las ideas de constituyente y poder
constituyente hacen fuerza porque en el fondo permitirían
generar condiciones para que emerjan esas orientaciones,
esas propuestas de Estado más social, más democrático,
de una mayor responsabilidad social del Estado, de una
mayor regulación sobre la actividad económica.

80 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Diálogos con Mario Garcés 81
La situación actual del movimiento social juvenil
en Chile: Participación, políticas públicas y exclu-
sión social.

Diálogos con
Miguel Fonseca.
Por Nicolás Quiroz Sandivari
SEDEJ-PMSS

Trabajador Social de la Pontificia Universidad Ca-


tólica de Chile. Académico Universitario en Universidad
Central, Universidad Andrés Bello y Universidad ARCIS.
Magister en docencia para la educación superior. Área de
especialización: políticas públicas y sociales e investiga-
ción social. Dirigente social, miembro del comité por la jus-
ticia de Manuel Gutiérrez y activista en temas relacionados
con los Derechos Humanos en Chile.

82 La Revolución de los Jóvenes en Chile


1- La situación actual de los jóvenes y su participación
en los movimientos sociales. El componente de estra-
to social en la participación política.

Hay una relación inversamente proporcional en-


tre la politización de los jóvenes y el estrato social, a me-
nor estrato social menor politización y, por lo tanto, mayor
desorganización y mayor desinterés por lo que implican
las temáticas sociales y lo que pasa es que los gobiernos
de la Concertación implementaron políticas de acogida,
de integración juvenil, ya sea, a través de la capacitación
laboral o de la acogida desde iniciativas culturales y que
eso fuera financiado a través de los municipios y de otros
programas, como el FOSIS y todo eso; eso fue generando
toda una forma de organización bajo el alero de las políti-
cas y programas.
Ahora, en los jóvenes hay un nivel importante de organi-
zación juvenil y eso lo ha demostrado el movimiento estu-
diantil, pero que hay que colocarle la variable estrato para
mirar las cosas más complejamente.
Alguien me decía: ¡ojo! Los jóvenes de elite, y
cuando hablo de elite hablo de las elites intelectuales, de
las familias intelectuales, que están vinculadas a las capas
medias, entonces los jóvenes de las elites intelectuales se
han organizado de manera importante, pero los jóvenes
de los estratos vulnerables están absolutamente al mar-
gen de esto. No es raro que los liceos que han tenido mayor
influencia sean los liceos donde estudian los jóvenes de las
elites, de las capas medias.
Entonces hoy día un 54% de los habitantes de los
últimos dos estratos no se identifican ni con la izquierda ni
con el centro ni con la derecha y no les interesa lo que pasa

Diálogos con Miguel Fonseca 83


en el país, esa es la respuesta que da un estudio que hace
la UDP (Universidad Diego Portales). Ese 54% aumenta a
dos tercios si solamente se trata de los jóvenes o más. Un
70% de los jóvenes no les interesa lo que pasa en el país,
no les interesa el movimiento estudiantil, no les interesa
quién gobierne y, por lo tanto, menos les podría interesar
ser parte de alguna organización. Por lo tanto, la partici-
pación juvenil hoy día está en un buen pie y en un mal pie
simultáneamente, si se divide el análisis por estratos.
Hay un nivel admirable de organización juvenil
hoy en los sectores medios, está presente en las universi-
dades y en los colegios de elite, pero a nivel de los estratos
más pobres hay un nivel preocupante de desorganización.
Los jóvenes de la elite están vinculados a la tradi-
ción, y los jóvenes de la elite intelectual y que hoy lideran
el movimiento estudiantil, universitario y secundario, es-
tán simultáneamente y son parte de la tradición, están en
conflicto también con la tradición, porque la mayoría o un
porcentaje importante vienen de familias que son familias
de la izquierda histórica, es decir, se ha transmitido la tra-
dición pero también han roto con esa tradición ya que esta
izquierda histórica aceptó la transición pactada.
Ahora, igual no hay que ser tan rigurosos en el
análisis, porque hay varias cosas que lo explican, pero
efectivamente también pasa que esos jóvenes son parte y
estos otros jóvenes no son parte de esa tradición, entonces
no es lo mismo si yo fui formado en una familia donde la
política fue siempre un tema de conversación y se trata de
una familia que se identifica con un proyecto de izquierda
histórico a una familia que no tenía esa identidad.
Y lo que pasa también es que la identidad de iz-
quierda durante la dictadura militar se traslada de las ca-

84 La Revolución de los Jóvenes en Chile


pas poblacionales y obreras hacia las capas medias, enton-
ces efectivamente las familias de izquierda son familias de
clase media en el día de hoy.
Ahora ¿Qué pasa con los jóvenes pobres? ¿Qué es
lo que les importa a estos jóvenes? Mi pregunta es ¿cómo
construyen identidad los jóvenes pobres? Porque eso
igual ayuda a entender la participación actualmente. Los
jóvenes pobres en la actualidad construyen una identidad,
dicho de otro modo: Los jóvenes de estratos más bajos es-
tán tremendamente integrados y ahí creo que se da una
paradoja, porque el concepto de la desviación y la anomia
son conceptos poco complejos, donde incluso se podría
pensar, claro, el joven que incurre en el delito ¿es anómico
o está integrado? No es anómico, está integrado, está inte-
grado a nivel valórico. Porque ¿Cuáles son los principales
valores que defienden los jóvenes de sectores vulnerables
y los que cometen delitos? Es el éxito, el ascenso social,
el poseer bienes materiales, el arribismo, y lo que pasa es
que si yo deseo eso, que es lo que el sistema promueve,
porque en el fondo yo estoy aceptando los valores hege-
mónicos: bienestar material, éxito, ascenso social, carrera
de oficio, etc., pero si no lo puedo hacer por la vía formal,
lo hago por la vía informal y el delito es una vía informal
de éxito, puedo llegar a tener una mansión, puedo llegar
a tener un auto, puedo tener las mejores mujeres, puedo
tener la mejor ropa.
¿En qué instancia el joven se vincula con un otro?
¿En qué instancia el joven construye colectividad? En esta
instancia grupal vinculada al carrete y donde, además, va-
rios plantean que las tendencias musicales son fundamen-
tales para entender este tipo de comunicación y el raegge-
tón es una fuente de construcción de identidad delictual,

Diálogos con Miguel Fonseca 85


desde ese punto de vista te ofrece un cúmulo, la codicia
por las grandes mansiones, la codicia de las joyas, el deseo
del éxito, el machismo, todos esos elementos son elemen-
tos propios de la cultura vinculada al delito, entonces es
un tema.

2- Relación entre Estado y juventud popular durante


la dictadura y la transición política. La influencia de
los partidos políticos en los movimientos sociales.

Por una parte hay un Estado ausente, por tanto,


no hay ni políticas ni programas de apoyo social a los jó-
venes, pero los jóvenes perciben al gobierno, lo que pasa
es que más que concepto de Estado existe el concepto de
Pinochet; Pinochet sintetiza todo, es el Estado, es el go-
bierno, es el poder, es el enemigo. Entonces, a nivel de re-
presentación social Pinochet es el que sintetiza todos los
componentes de lo que es Estado-gobierno y, por lo tanto,
para los jóvenes poblacionales de los 80 es una relación
compleja ya que el Estado se le ve como un enemigo.
Sin embargo, los partidos políticos cuentan con
legitimidad porque son los partidos y en quienes lideran
los partidos los que tienen el apoyo de la sociedad; en el
fondo está el Estado –que es un enemigo, representado
por Pinochet- y, por otra parte, están los partidos políticos
que están apuntando a volver a la democracia y esos parti-
dos, por ejemplo la JDC yo creo que es lejos la juventud que
logra tener mayor adhesión a fines de la dictadura militar,
sobre todo los jóvenes vinculados a la iglesia, pero frente
al Estado hay desconfianza porque éste representa al ene-
migo.
Durante los 90s, lo que yo percibo de la Concerta-

86 La Revolución de los Jóvenes en Chile


ción es que tiene políticas que quieren vincularse más con
el joven individuo que con el joven en movimiento. Porque
la primera gran política social fue la Tarjeta Joven, que la
sacó el INJUV (Instituto Nacional de la Juventud) y que fue
en el Estadio Nacional y hacíamos colas para obtenerla,
esa fue la política emblemática del gobierno de Patricio
Aylwin, la Tarjeta Joven como una forma de que tú acce-
das a beneficios dentro de los bienes y servicios y es una
forma de poder acrecentar la oportunidad de los jóvenes,
la política fue una política individual hacia los jóvenes, se-
lectiva.
Ahora, los jóvenes organizados en las universida-
des tenían las mismas tendencias políticas que el gobierno,
por eso es que la Concertación gobernó con una tremenda
gobernabilidad. Y una variable que facilitó la estabilidad
democrática de la Concertación fue justamente provenien-
te del mundo social, ya que éste tenía los mismos referen-
tes políticos que los de la institucionalidad concertacionis-
ta, son idénticos y eso va a durar toda la década de los años
90 y recién en la década del 2000 empieza a debilitarse.
Frente al joven obrero no calificado, bueno, lo que
pasa es que ahí viendo al joven como individuo a éste se
le apoyó individualmente y ¿cómo se le apoya individual-
mente? Generándole oportunidades, entonces ahí aparece
inmediatamente el fenómeno del empleo, porque el prin-
cipal problema del adulto joven, que ya cumple mayoría
de edad, es que no esté inserto en el mundo del estudio o
del trabajo y por lo tanto en ese caso la prioridad son las
políticas de capacitación laboral y ahí yo observo la exis-
tencia de la oferta de la capacitación en empleos de baja
instrucción, de corta capacitación y de inserción laboral
relativamente fácil. Pero los planes eran débiles, porque

Diálogos con Miguel Fonseca 87


eran tan acotados los oficios que era muy endeble la in-
serción laboral. Después, en el año 1996, empieza a apa-
recer el problema de la juventud relacionada con la droga,
juventud pasta base, juventud-marginalidad-pasta base y
todo eso está asociado, por tanto el CONACE, que se forma
en el año 94 aparece implementando políticas juveniles y
antidroga. Esta asociación entre juventud y droga es muy
de los años 90. No sé si viene como herencia de la década
de los 80.
En el año 95 cuando ya está instalado el discurso:
juventud-drogas-delincuencia-marginalidad. Y las políti-
cas sociales son: juventud-droga; juventud-capacitación
laboral y ahí también comienza a aparecer el tema de ju-
ventud y tiempo libre, y ahí aparece la tercera pata que es:
iniciativas juveniles (deportes, tocata, taller, etc.) pero en
el fondo para ocupar el tiempo libre y no importa el conte-
nido. Ahí aparecen los PDJ, del FOSIS.
Yo veo una continuidad. Y yo tengo la tesis, o más
bien la hipótesis de que no existen políticas para la juven-
tud en Chile; políticas de infancia sí existen, porque para
que haya política tiene que haber 3 elementos: un marco
de tipo político, tiene que haber un fundamento de tipo
político que oriente el diseño de la política, por ejemplo,
en el caso de la infancia es la Convención Internacional de
los Derechos del Niño, ese es un marco de tipo político que
te da la base para poder pensar el diseño; Como segundo
elemento tiene que haber una oferta programática cohe-
rente con ese marco de tipo político y, por último, tiene
que haber un diagnóstico del grupo objetivo de acuerdo
a ese marco de tipo político y eso está en infancia pero no
está en jóvenes, no existe.
Ahora, lo que uno podría hacer es lo siguiente:

88 La Revolución de los Jóvenes en Chile


podría operar a la inversa: si vemos lo que se ha ofertado
a nivel de política pública hacia los jóvenes en las últimas
dos décadas, podemos leer que detrás de eso hay un para-
digma, detrás de eso hay un marco de tipo político que es
el discurso de la marginalidad y del joven como un peligro,
eso es lo que está en la base.

3- Los movimientos sociales actuales: El movimiento


estudiantil y la relación con el gobierno.

En el año 2006 la Revolución Pingüina cuenta con


menos consentimiento de los adultos y de las familias que
con la que cuenta la explosión del año 2011 y tiene que
ver con que las familias de los jóvenes del año 2006 están
más identificadas con quien gobierna que las familias ac-
tuales. Ahora, en el año 2011 los jóvenes secundarios han
contado con un alto consentimiento de parte de sus fami-
lias y que son familias vinculadas a la izquierda histórica,
vinculada a la tradición, y que se identificaban de alguna
manera con el gobierno anterior, por lo menos lo tolera-
ban, pero que son desde el principio oposición al gobierno
actual.
Los jóvenes de la izquierda chilena contemporá-
nea son jóvenes que se están constituyendo desde otra
identidad y en ruptura con quienes son de la generación
anterior. Estos jóvenes estaban esperando su oportunidad
y no se equivocaron, muchos de estos jóvenes apostaban
porque así fuera, de que mientras gobernara la Concerta-
ción iba a ser un obstáculo para poder levantar los movi-
mientos sociales y desde ese punto de vista aparece otra
variable: El cambio de gobierno y que no sea la Concerta-
ción quien gobierne también les ha dado un contexto y la

Diálogos con Miguel Fonseca 89


oportunidad a este mundo juvenil. De hecho se habla de la
revolución de la “clase media” y eso es, y son los jóvenes
de clase media los que hoy día están levantando este mo-
vimiento social.

4- Las demandas regionales en las movilizaciones ac-


tuales.
El estallido de Magallanes creo tiene un com-
ponente clientelar importante, en el sentido de que son
las personas que luchan por derechos, por servicios y lo
pueden reivindicar. Ahora, en esos movimientos regio-
nales, por ejemplo, de Magallanes y de Aysén el concepto
de lucha de clases queda pobre para analizarlo, creo que
hay que incorporar el concepto de movimiento ciudadano
y del cliente organizado. Llama la atención el tema de la
asamblea como espacio principal de organización, lo que
implica que, a diferencia de la década del 80, los partidos
hoy no son protagonistas y en cambio sí lo son las organi-
zaciones ciudadanas o los ciudadanos o las personas que
se organizan en el espacio colectivo llamado asamblea,
eso demuestra un cambio de panorama. Los partidos polí-
ticos ya no tienen ni credibilidad ni liderazgo y es por eso
que hoy día la asamblea reemplaza al partido político y
en ambos casos es interesante la forma de organizarse y
donde la asamblea ciudadana es la nueva gran forma para
enfrentar las contingencias.
Las regiones construyen siempre identidad des-
de la exclusión. De hecho, por ejemplo, en un tema mu-
cho más global, de cómo se fue construyendo la sociedad
moderna, siempre la modernidad es sinónimo del centro
y la premodernidad asociada a la periferia, entonces siem-
pre la región se autopercibe en una posición de desmedro,

90 La Revolución de los Jóvenes en Chile


de exclusión, entonces instalar en regiones el discurso de
la exclusión social es muy sencillo porque está histórica-
mente construido desde la ahí y mirando al centro como
la oportunidad, la modernidad, etc. Para poder articular
centro y periferia o centro-región, también pasa por cómo
se constituyen identitariamente ambos focos.

Diálogos con Miguel Fonseca 91


Las juventudes cuestionando el modelo políti-
co-económico: protagonismo de estudiantes se-
cundarios, deconstrucción de mentiras sociales,
lucha contra la adultocracia y centralidad del te-
rritorio en la organización.

Diálogos con
Claudio Duarte.
Por René Maluenda
SEDEJ-PMSS

Sociólogo de la Universidad de Chile, con estudios


doctorales en el Programa Procesos Sociales y Políticos
en América Latina, en la Universidad de Artes y Ciencias
Sociales, ARCIS; Profesor Asistente del Departamento de
Sociología y desde junio del 2006, Director del Departa-
mento de Sociología. Coordinador Académico del Magíster
en Ciencias Sociales con mención en Sociología de la Mo-
dernización y del Diplomado de Postítulo en Investigación
y Acción en Mundos Juveniles, de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Chile.
Coordina el Núcleo de Investigación en Juventu-
des del Departamento de Sociología. Participa del Núcleo
de Investigación en Género y Sociedad.

92 La Revolución de los Jóvenes en Chile


1- Características relevante del movimiento Juvenil en
Chile de 2011: una mirada histórica.

Yo diría que uno de los elementos relevantes del


movimiento juvenil en Chile, tanto el del 2006, el de los
Pingüinos, como el del 2011, tienen una característica y
que a mi juicio sería la más relevante y es que son el pri-
mer movimiento social post-dictadura que pone en discu-
sión los temas estructurales en Chile, o sea, ellos van a uno
de los pilares de las transformaciones que hizo la dictadu-
ra militar.
Si uno mira a la sociedad chilena como una socie-
dad que tiene un cierto proceso de desarrollo, éste tuvo un
giro importante a fines de los 70 con las llamadas 7 Mo-
dernizaciones. De ahí en adelante Pinochet, José Piñera y
todo su equipo echaron a andar un proceso de transforma-
ción tanto en el aparato productivo como en los sistemas
educacionales, de salud, de pensiones, etc., y lo cierto es
que Chile cambió.
Y de ahí, el eje central del movimiento juvenil du-
rante el tiempo de la lucha contra la dictadura tuvo una
tensión entre no más dictadura y lo que se llamó, el regre-
so a la democracia, y algún otro sector que planteaba la
importancia de ir más allá de la lucha por el retorno a la
democracia y que la lucha era por el tipo de sociedad que
se quería construir.
Yo comparto la tesis de Víctor Muñoz en el sentido
de que una de las derrotas del 11 de septiembre de 1973
es también la derrota del movimiento juvenil que venía
impulsando primero la Revolución en Libertad con Eduar-
do Frei y la Democracia Cristiana y las transformaciones
más radicales con Salvador Allende y la Unidad Popular.

Diálogos con Claudio Duarte 93


No son los mismos actores pero son fuerzas juveniles las
que estaban expresándose.
De un sujeto juvenil que todavía era bastante par-
cial en la sociedad chilena y que la sociedad chilena re-
conocía como jóvenes y se auto-reconocían como jóvenes
quienes eran estudiantes de clase media y media alta y es-
tudiantes universitarios y más bien varones, entonces no
había una juventud en todos los sectores sociales como la
que tenemos hoy día en el 2012.
Ese movimiento juvenil es derrotado. O sea, la
derrota de la Unidad Popular es una derrota que alcanza
a varios sectores y uno de ellos es el movimiento juvenil
que había encarnado y que había tenido incluso espacios,
había ministros bastante jóvenes para ese tiempo, el lide-
razgo juvenil de ese tipo de joven de la época estaba muy
arraigado en distintos espacios sociales, etc.
Cuando vienen las siete modernizaciones lo que
se hace ahí es que se instala un nuevo paradigma en la
sociedad chilena, bueno, no hay que dejar de decir toda
la represión y todo lo que impactó. Los primeros que se
levantan contra la dictadura son las mujeres, las organiza-
ciones de mujeres a nivel barrial, a nivel poblacional, y los
jóvenes. Empieza a aparecer el joven que con las protes-
tas se llamó el joven urbano-popular, que no es una figura
anterior sino que es una figura de ese tiempo, de los años
80 con las protestas, pero son también las organizaciones
juveniles las que empiezan a activarse como oposición a la
dictadura militar, y un caso también muy potente es el de
la ACU, Agrupación Cultural Universitaria, que es la que
empieza a fines de los años 70 y a principios de los 80 con
los festivales de teatro, de música, de poesía, etc., a pro-
ducir a través del discurso artístico-cultural una veta de

94 La Revolución de los Jóvenes en Chile


oposición a la dictadura militar.
Pero el contenido de su discurso no es un conte-
nido que apele a las transformaciones estructurales, sino
que era principalmente a la posibilidad de decir, de expre-
sarse, a que no hubiera represión, etc.
Y lo mismo pasa con el movimiento juvenil de fi-
nes de los años 80, se activa en función del plebiscito y que
también es, y sigo la tesis de Víctor Muñoz, derrotado. Es
la segunda derrota, la primera fue en 1973 y la segunda
sería con el tipo de salida pactada a la dictadura que or-
ganizó la Concertación y que implicó el repliegue de parte
importante del movimiento juvenil barrial, el movimiento
juvenil universitario, acuérdense de la crisis de la FECH
años después, la baja votación que había para elegir direc-
tivas de federaciones, en fin, y el repliegue del mundo po-
blacional que perdió buena parte de la organización social
juvenil. Porque aparecieron los adultos que vinieron del
exilio y de una manera que yo llamaría adultocéntrica se
reposicionaron en sus cargos directivos y sacaron a toda
esa generación de jóvenes que se había organizado en tor-
no a ejes territoriales como el COJUCO, la Caro Ochagavía,
y estoy pensando en la zona sur, pero que es más amplio
que eso, en varios sectores de Santiago y en otras regiones.
El contenido que empieza a elaborar el movimien-
to juvenil, que no es un movimiento muy masivo, que no
aparece en el escenario público nacional, es un discurso
principalmente de desacuerdo y desaprobación del modo
de hacer política de los gobiernos de la Concertación, ese
es el elemento central.
Eso empieza a tomar un tono distinto cuando
aparecen los estudiantes secundarios en la calle en el año
2001 a propósito del primer Mochilazo; el Mochilazo del

Diálogos con Claudio Duarte 95


2001 instala una discusión sobre una cuestión que ellos
plantearon como un derecho, y es el tema del pase escolar,
la gratuidad del pase escolar. No sé si se acuerdan ustedes
que ahí era que le querían pasar a Marinakis y a toda la
coordinación de microbuseros de aquel tiempo la gestión
del pase escolar y los chicos lo plantearon como un dere-
cho regulado por el Estado y ganaron su pelea. Esa fue la
primera aparición en la calle. Fueron las primeras mani-
festaciones en la Alameda que, por supuesto, la autoridad
de la época, y digo por supuesto porque es una tendencia
recurrente, lo trató como vandalismo y le quitó todo el
contenido político que podía haber tenido y lo redujo a un
acto criminal.
Pero ahí hay un fenómeno interesante que ocurre
en esa coyuntura y que hay que observar y es que aparece,
por primera vez, en escena una organización de jóvenes
de tipo asamblea, como organización horizontal y que
es la ACES. Lo que nosotros conocemos como Asamblea
Coordinadora de Estudiantes Secundarios, aparece en ese
contexto y viene a contradecir y a ponerse a contrapelo de
lo que en ese momento existía como el Parlamento Juve-
nil y que era dirigido por un estudiante secundario de La
Serena, de apellido Manucelli, y que era militante de la Ju-
ventud Socialista. Y el Parlamento Juvenil era igual que el
parlamento adulto pero en chico, con las mismas lógicas,
es decir, una cuestión bastante poco juvenil, para decirlo
rápidamente.
Yo diría que ese movimiento juvenil del año 2001
está lleno de una suerte de memoria de lo público que se
venía transmitiendo, es decir, de la generación anterior y
ese movimiento juvenil es el que vuelve a emerger el 2003,
otra vez por el tema del pase escolar, otra vez por el Mo-

96 La Revolución de los Jóvenes en Chile


chilazo y se consolida durante el 2005 con el pliego que le
entregan a Bitar, en noviembre del año 2005; Bitar sale del
Ministerio de Educación y entra la Hornkholn, y ninguno
de los dos les da respuesta y el 2006 cuando gana la Ba-
chelet se lo entregan a Zilic en marzo y éste tampoco les da
respuesta, entonces empiezan las movilizaciones, en abril
del 2006.

2- El gran aporte de esta generación: inicio de la pues-


ta en cuestión de lo estructural.

Y esas nuevas movilizaciones tienen una caracte-


rística muy importante. A mí me tocó participar en el año
2005 en un proceso formativo que se hizo, durante el se-
gundo semestre, para dirigentes estudiantiles de centros
de alumnos de la Provincial Santiago Centro. Y ahí esta-
ba César Valenzuela, la Delfino, la generación que al año
siguiente explotó públicamente y uno de los debates que
teníamos ahí y que a mí por lo menos me tocó escuchar
de parte de ellos, es la pregunta que nos venimos hacien-
do desde los primeros gobiernos de la Concertación sobre
¿hacia dónde nos lleva toda esta activación juvenil barrial?
¿Qué poderes estamos poniendo en discusión? Es, decir, la
pregunta era cuál era el poder que se podía construir des-
de esta movilización juvenil, eso era lo que nosotros que-
ríamos discutir, pensando en mi experiencia en el Newen-
che, en la década de los 90.
Yo rehice esa pregunta, y era una pregunta de ori-
gen barrial, que tenía que ver con la relación con la junta
de vecinos, la relación con las organizaciones territoriales,
con las municipalidades que es una relación muy utilitaria.
El INJ ofrecía personalidades jurídicas para poder postu-

Diálogos con Claudio Duarte 97


lar a fondos a través de los municipios y las organizaciones
tomaban esa personalidad jurídica pero sólo para sacar la
plata, no se adherían a la lógica organizativa de los proyec-
tos, había toda una perversión de por medio.
Rehaciendo la pregunta con los estudiantes, el
tema quedó instalado como: ¿qué poder es el que nosotros
estamos cuestionando? Y ellos tenían una reflexión bas-
tante avanzada respecto de que esto no era una cuestión
solamente de una demanda puntual o del pase escolar o
por mejores becas de alimentación o por mejores becas
para estudiantes técnico-profesionales, sino que lo que
había aquí se refería a la LOCE, que era lo que ellos esta-
ban analizando y eso era lo que sostenía un engranaje, un
sistema, que era excluyente y que reproducía la lógica de
desigualdad en el país.
Creo este movimiento es paradigmático en Chile
y lo es porque es el primer movimiento social en Chile que
después de la dictadura pone en discusión las bases es-
tructurales de la sociedad que ésta había impuesto y que,
a mi juicio, había administrado la Concertación. Esa es mi
percepción.
O sea, el movimiento de profesores, los subcon-
tratistas, los mapuches, los pobladores, los adultos -para
decirlo rápido-, en sus distintas facetas de movilización
habían apelado a demandas puramente específicas, pun-
tuales, algunas directamente económicas, reducidas a lo
económico, como salarios, y una vez que una parte de
eso se obtenía se acababa la movilización. Los profesores
nunca pusieron en discusión la LOCE y en tiempos de la
dictadura los profesores discutieron mucho acerca de la
municipalización, pero sin tener una propuesta concre-
ta, porque la Unidad Popular en una de sus 40 primeras

98 La Revolución de los Jóvenes en Chile


medidas tenía la descentralización de la educación y ésta
llegaba a los niveles locales, ¿entonces por qué la munici-
palización no? Claro, porque es la dictadura y porque la ló-
gica de ésta es la de deshacer el Estado. La Unidad Popular
proponía la descentralización pero con un Estado docente
muy fuerte, que trabajaba muy codo a codo con los muni-
cipios, y ahí hay una lógica distinta, pero aquí la discusión
era sobre la desterritorialización.
Entonces, el tema es que los adultos nunca pu-
sieron en discusión el modelo de desarrollo y, en cambio,
los estudiantes, sin decirlo así, lo estaban poniendo en
discusión y eso viene a generar un remezón en la socie-
dad chilena en el siguiente sentido: estos jóvenes que se
suponían que “no estaban ni ahí”, que no les interesaba
nada, que la imagen que más cundía era la imagen del jo-
ven como la maldad evidente o la otra, la del joven como la
pureza misma, la esencia pura, el voluntario. Aparecieron
estos jóvenes que hablaban de corrido, que tenían ideas
interesantes, que le podían discutir a las autoridades, que
les discutían a los periodistas, que les discutían a los adul-
tos cuando se encontraban. Claro, el mundo adulto quedó
todo desconcertado y no sabían qué hacer.
Brünner, uno de los padres de la Reforma Educa-
cional de 1994, dice que estos jóvenes son así porque son
fruto de esa reforma, o sea, trata de sacarle partido a la
cuestión, pero es que no haya qué hacer, no haya qué decir,
está “desconcertado”.
Los propios estudiantes universitarios hablaban
de estos hechos y no sabían cómo intervenir en la situa-
ción. Por un lado, sentían que el movimiento era potente
y que estaban logrando una solidaridad social súper rica,
y ellos no sabían cómo ubicarse y también tenían que to-

Diálogos con Claudio Duarte 99


marse las universidades y entrar a aparejar el movimien-
to, pero tampoco querían pasar por encima de los otros
porque eran más chicos. Aquí hubo un debate interesante
entre los propios estudiantes respecto de cuál era su rol.
Finalmente ganó un rol que a mí me parece sen-
sato pero que también da cuenta de que fueron sorprendi-
dos por lo que ellos llaman, y que es un término bastante
adultocéntrico, “pendejos”, para nombrar a los más chicos,
y que salieron a la calle, se movilizaron e instalaron en la
sociedad chilena una pregunta que es una pregunta que
se mantiene hasta el día de hoy y que se refiere al tipo de
sociedad que estamos construyendo.
Es decir, no se trata sólo del pase escolar ni sólo
becas. Y creo que ahí Bachelet y su gobierno tuvieron una
posibilidad histórica, de haber hecho una cuestión potente
y se la perdieron, se la farrearon. Y se la farrearon por-
que…, en fin, ya sabemos cuál es el derrotero de ellos.

3- Fortalezas y debilidades del movimiento juvenil del


2006.

Qué es lo que a mi juicio no incorporó este mo-


vimiento estudiantil, creo que no incorporó suficiente
alianza con otros movimientos, cuestión que en el 2011 sí
vimos.
Yo insistiría mucho en elaborar una mirada de los
movimientos juveniles no como una cuestión presentista,
sino como una cuestión que viene acumulando, o sea, el
movimiento juvenil en Chile es acumulativo, tiene un sus-
trato histórico, una memoria –diría Salazar-, una memoria
por debajo y que se va de alguna manera transmitiendo,
que va emergiendo lentamente en estas cuestiones.

100 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Y lo segundo es que creo que –esto en una voz de
analista- lo que no se incorporó necesariamente en este
movimiento del 2006 fue una auto-reflexión, y también
porque el tema estaba muy candente, una auto-observa-
ción sobre sus propias prácticas e iniciativas al interior.
Si bien había un funcionamiento en la dirigencia,
un funcionamiento bastante horizontal, que tendía a lo
democrático y que en ese sentido supera a varias de las
prácticas que nosotros conocimos en los tiempos de dicta-
dura y en los primeros gobiernos de la Concertación, ellos
consiguieron mantener a raya a los partidos, para que los
partidos no se metieran a liderar el proceso y pasaran por
encima del movimiento social, que es una de las situacio-
nes que vivimos todo el tiempo durante la dictadura, per-
manentemente el movimiento juvenil fue frenado por los
partidos. Por ejemplo el COJUCO tenía su mesa de las or-
ganizaciones sociales y una mesa política al lado y estaban
los representantes de cada una de las juventudes políticas
y esto trataban de imponerles a todos qué es lo que ha-
bía que hacer y cada organización tenía ya una banderita
puesta encima respecto de a qué partido correspondía,
entonces había muy poca autonomía de los movimientos
sociales respecto de los partidos políticos.
Esa tensión respecto de la militancia en dictadura
no se resolvió nunca de una manera virtuosa, esa es mi
percepción con el tiempo. Entonces, el 2006 creo que no
se logró avanzar mucho más en que el modo de hacer or-
ganización juvenil, organización estudiantil creciera, se
consolidara y lo único que se logró fue parar esta cosa de
los partidos, de hecho el mundo adulto –si uno revisa la
prensa de la época- hubo un momento, un período, unos
diez días de esas 6 ó 7 semanas donde trataron de enca-

Diálogos con Claudio Duarte 101


sillar a cada uno de los dirigentes con algún partido, cada
uno parecía que tenía que tener una militancia, si no la
tenía aparecía como una cosa rara y los cabros se reían
de eso porque eran asuntos mediáticos que a ellos no les
interesaban.
Y por otro lado, hice observación en las tomas,
llegué un día al colegio de mi hija, que estaba en Cuarto
Medio, y participaba en la toma de su liceo en La Florida,
fui a dejar azúcar, té y me encuentro con que estaban las
mujeres en la cocina lavando la loza, a las tres de la tarde,
recién habían almorzado, les pregunté: ¿por qué están us-
tedes lavando la loza? “Porque a nosotros nos toca lavar
la loza”. Y pregunto: ¿y dónde están los hombres de este
lugar? “Están en una reunión”. Me voy al salón y, claro, 40
hombres estaban en reunión y las chicas estaban lavando
la loza.
Lo que quiero ejemplificar es que esa lógica pa-
triarcal no se pone en cuestión, es un dato no para hablar
mal del movimiento estudiantil sino que para mostrar lo
humano-social que éste tenía, para no esencializarlo como
algo perfecto, pero sí creo que este movimiento del 2006
tiene que ser enseñado en la historia de Chile como un mo-
vimiento que marcó un antes y un después de ella.

4- La crisis se mantiene en el sistema educacional, aún


no alcanza al modelo.

El movimiento reflota durante el año 2011. Hay
por ahí unos conatos durante el 2008 cuando se impone
la Ley General de Educación (en reemplazo de la LOCE)
pero no hubo suficiente fuerza para retomar la activación
social. Y entonces yo me saltaría directamente al 2011, y

102 La Revolución de los Jóvenes en Chile


creo que lo que se genera en el año 2011 yo no estaría tan
de acuerdo con que tiene que ver solamente con que haya
habido un gobierno de derecha. Si hubiese sido un gobier-
no de la Concertación no sé si hubiese ocurrido lo mismo,
pero sí habríamos tenido activación estudiantil, porque el
sistema de educación superior está en crisis, no creo que
sea una crisis superficial, no obstante no creo que haya su-
ficiente corrosión en su base como para decir que cae el
modelo, eso sería ser demasiado optimista y un optimis-
mo infundado, a mi juicio.
Para decirlo como conversación social, tal como
lo mostró Bofill, Villegas y Fernando Paulsen, en un pro-
grama de Tolerancia Cero cuando discutieron con Mayol,
no hay ningún argumento para decir que el modelo está
derrumbándose; lo que hay es un cuestionamiento y uno
no tiene que confundirse porque de otro modo se empieza
a sugerir, como analista social, a la gente, que estamos en
un proceso en el cual en realidad no estamos; entonces, lo
que hay efectivamente es un cuestionamiento y cada vez
más profundo, cada vez más intenso; hay un malestar cada
vez más creciente, pero de ahí a que el modelo se esté de-
rrumbando…, no.
Lo que pasa, y creo que ahí sí puede haber una
confusión, es que el engranaje del sistema de educación
superior, que tiene que ver con su financiamiento, con las
matrículas, con los ingresos y egresos, con las permanen-
cias, con la calidad de la educación, etc., etc., eso está en
crisis, eso ya no se sostiene más, se tensiona cada vez más
la situación si aparecen nuevas universidades, si se abren
nuevas carreras, si se ofrecen más beneficios mercantiles
en torno a la educación.
Ésa es la situación, pero eso no significa que el

Diálogos con Claudio Duarte 103


sistema de educación superior se vaya a caer, no se va a
caer porque es un negocio, es como si se cayera la banca,
la banca no se cae porque es un negocio y ellos están dis-
puestos a retirarse a través de la rebaja del 6% al 2% del
CAE, están dispuestos a retirarse porque prefieren dejar
de percibir una ganancia pero mantener el sistema.
O sea, cuando uno se pregunta: ¿cómo es que Pi-
ñera logra lo que la Concertación no logró? Claro, porque
Piñera les pide directamente a los banqueros que acepten
esto porque de otro modo aquí entramos a una explosión
social que no sabemos para dónde va. “Ok”, dicen los ban-
queros, lo aceptamos. Y conceden por un lado y ganan por
otro. Es una concesión que no les saca del negocio, porque
quedan con el 2% todavía. Es menos ganancia, pero ganan
igual. El capitalismo viene mutando desde sus inicios,
desde siempre, y lo de Pinochet fue una mutación y lo de la
Concertación es otra mutación. Pero son mutaciones den-
tro de una misma lógica.
Hay un cuestionamiento, esto se tambalea pero
no va a caer, no hay fuerza social que permita hoy día lle-
var adelante y no basta con el discurso que lo cuestiona,
no basta con eso, porque de otro modo la dictadura no hu-
biese durado 17 años y no habríamos tenido que llegar al
plebiscito, había un clamor, un clamor popular de que esto
debía terminarse y no bastó con eso.
De hecho la dictadura terminó porque Pinochet
hizo entrar en su carril y terminó como él quiso que se ter-
minara, salió como el gran demócrata y terminó instalado
en el Congreso, entonces no basta con eso. Yo creo que ahí
hay una confusión. Y es una confusión de muchos analistas
que a veces nos pasa que queremos ver en la sociedad lo
que nosotros queremos que pase, más en lo personal, y no

104 La Revolución de los Jóvenes en Chile


nos conectamos con lo que está pasando para poder dar
cuenta de manera más precisa.

5- Los grandes aciertos de movimiento juvenil 2011.

Ahora bien, el movimiento estudiantil del 2006


gana la instalación en el país de la discusión sobre el tema
de la educación, y Chile es un país muy formalista, muy le-
galista y ser educado y ser bien educado es una necesidad
y es una cuestión que en el imaginario aparece como un
desafío que todo el mundo quiere cumplir. Todo el mun-
do “quiere ser alguien” y “para ser alguien” hay que tener
educación y en eso hay un documental del CIDE que se lla-
ma Todos Íbamos a Ser Alguien que es muy bueno e ilustra-
tivo, y es del año 2005. Es muy bueno porque condensa y
muestra claramente el peso que tiene en Chile el educarse,
entonces cuando se juega con esa pretensión, con esa ex-
pectativa, se está jugando con una cuestión que es muy im-
portante para la cultura nacional y es un tema que en Chile
es más importante que la salud, genera más movilización,
más demanda y más conversación social. ¿Quiénes se mo-
vilizan por la salud? Sólo los trabajadores de la salud, úni-
ca y exclusivamente. Los usuarios de la salud no nos mo-
vilizamos por la salud y deberíamos hacerlo ya hace rato,
porque nos están robando un montón de plata desde ya
hace muchos años, nos maltratan en los hospitales, en fin.
Y no nos movilizamos por eso.
Es así como el tema educativo sigue siendo fun-
damental porque en el imaginario existe la idea de que si
uno se educa y gana en educación, luego lo que va a tener
es más posibilidades de acceso al mercado del consumo y
consumir –como lo muestra Tomás Moulian en su libro El

Diálogos con Claudio Duarte 105


Consumo Me Consume, de fines de los 90- es vital. Para ser
alguien en esta sociedad es vital consumir, tener acceso al
consumo. Entonces, hay que tener educación para poder
ser exitoso y para ser exitoso hay que consumir de manera
opulenta, ese es el mandato del sistema.
Estos jóvenes ponen en discusión uno de los ele-
mentos pilares de este sistema y que es el elemento de ac-
ceso y calidad de la educación y ponen en discusión otros
elementos que son internos de este sistema y que creo
también son importantes, por ejemplo el tema de la de-
mocracia. Yo diría que la educación pública en Chile es uno
de los espacios más autoritarios, donde más se agraden
derechos y no sólo en la compra-venta del objeto educa-
ción sino que en las relaciones que se dan al interior del
espacio educativo. Y lo veo desde mi situación de acadé-
mico, esto es tan autoritario como un liceo, claro aquí no
hay inspector general, pero en la buena onda, en el tuteo,
en que nos vamos a fumar un cigarrillo al pasto o nos va-
mos a tomar una cerveza después de clase, etc., hay unas
prácticas maltratadoras muy violentas y que están muy
naturalizadas y se deja fuera la posibilidad de tomar deci-
siones, que son relevantes, al conjunto de los estudiantes,
no se les considera, se reproduce la lógica adultocentrista.
Creo que los jóvenes ponen también ese tema, el de la de-
mocracia, que es un tema que ha tenido menos impacto en
la discusión, pero que tiene mucha relevancia.
Una de las principales diferencias de este mo-
vimiento estudiantil 2011 con el del 2006 es que logran
construir alianzas con los movimientos sociales, cosa que
el 2006 no ocurrió, pero ahora hay un aprendizaje en eso
y se abre esta perspectiva a la articulación con otros secto-
res de la sociedad.

106 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Y una cuestión que me parece muy interesante, y
que también creo que es un aprendizaje, es que mantie-
nen la idea de que los liderazgos no son unipersonales y
que los liderazgos son representaciones de un colectivo,
yo creo que ese es un mensaje otra vez muy importante,
que no lo podemos encontrar hoy día ni en los candida-
tos a concejales ni en los candidatos a alcaldes necesaria-
mente. O sea, esta idea de la Camila Vallejo o de Jackson y
los otros, Ballesteros, etc., de insistir en decir que ellos no
están tomando las decisiones sino que éstas pertenecen a
un colectivo que ellos representan creo que es una señal a
la sociedad chilena que algún sustrato va a dejar y que en
algún momento eso nos debiera hacer volver sobre esta
lógica.

6- Práctica estatal frente a las movilizaciones.

Es que el Estado, desde el principio de la dictadu-


ra hasta nuestros días, ha utilizado primero la estrategia
de la desconfianza respecto de las jóvenes y los jóvenes
como actores sociales validados. Se les niega toda posibili-
dad de aportar ahora, se les pretende postergar al futuro,
se les desconocen sus capacidades porque se les asume
desde una perspectiva biologicista, como sujetos inmadu-
ros, incompletos, por lo tanto incapaces. Releyendo en los
discursos mal habidos de la psicología del desarrollo y mal
habidos porque no son necesariamente de la psicología
del desarrollo sino que son tomados por partes, mal usa-
dos, y se construyen una serie de estigmas que, por una
parte, los transforma en sujetos incompletos, que ya no
son niños pero que todavía no son adultos y por lo tanto lo
que son es nada y eso mismo invalida su palabra.

Diálogos con Claudio Duarte 107


Por otro lado los jóvenes son criminalizados cons-
tantemente, los hace cometedores de delitos y por tanto el
Estado transforma en delito sus manifestaciones políticas
y sociales y los convierte en terroristas, los acusa de gene-
rar terror social.
Y con toda esta maquinaria estigmatizadora en
marcha, lo que hace el Estado es, primero, no tomar en
cuenta ninguno de los contenidos de este actor social
juvenil porque no los reconoce como tales y lo que se va
instalando como sociedad es la idea de que esta es una
sociedad de adultos, en ese sentido estamos en presencia
de una sociedad adultocrática, gobernada por los adultos.
El adulto-centrismo tiene una expresión política que es la
adultocracia, en esta lógica de cómo se toman las decisio-
nes y cómo se ejerce el poder.
Esto también lo vemos en las familias, en la es-
cuela, en la universidad y, sin embargo, nuestros jóvenes
no se rebelan contra eso necesariamente, no aparece en
su discurso porque, creo yo, está lo suficientemente inter-
nalizado, está aprendido desde el colegio, desde la familia,
desde los medios de comunicación, hasta en el fútbol se
da esto. En lo más cotidiano está instalado, ya lo tenemos
metido debajo de la piel, entonces no aparece como una
consigna de demanda.
Por ahí encontramos algo, yo tengo guardada una
foto que me envió un estudiante, la foto de un cartel de una
toma del 2006 que decía: NO MÁS ADULTOCENTRISMO EN
LA ESCUELA.
¿Pero qué es eso? Eso aparece como no político,
como no demandable. La defensa que los propios dirigen-
tes estudiantiles hacen de su carácter de dirigente, de su
palabra, de su opinión, de lo que ellos puedan aportar, etc.,

108 La Revolución de los Jóvenes en Chile


etc., no incorpora este elemento necesariamente.
Pero, en definitiva, la estrategia del Estado sigue
siendo la estrategia de la negación de la posibilidad de
aportes juveniles, la represión como principal instrumen-
to y la postergación hacia un futuro, que es un futuro in-
cierto.
No puedo hablar mucho de la estrategia de Frei
Montalva y de Salvador Allende, pienso que trataron de
ser más inclusivos pero no sé si es una inclusión con pro-
tagonismo juvenil, me atrevería a sospechar de una inclu-
sión con cooptación.
La dictadura, en cambio usó una imagen de los
jóvenes: esta procesión de los 77 subiendo Chacarillas.
Chacarillas es la imagen más fuerte de la dictadura militar
en eso, pero claro, eran los jóvenes ordenados, limpios y
estudiosos y por lo tanto todos los otros aparecían como
una desviación de aquello, entonces la dictadura reforzó
mucho la polaridad, esta polaridad entre la maldad y la
pureza.
Creo que la Concertación cometió un error origi-
nal en su diseño de gobierno y fue el plantearse esto de
que el Estado tenía una deuda con los jóvenes, porque al
asumirlos como deudores los pone en un lugar pasivo y
no ve en ellos actores con capacidad de ejercer protago-
nismo y ciudadanía ante el propio Estado. Entonces toda
la política pública del gobierno de Aylwin, del gobierno de
Frei y de Lagos y la Bachelet está instalando la idea de los
jóvenes como receptores pasivos de la política pública y
de una política pública que apunta fundamentalmente a la
inserción en el mercado de trabajo y, por lo tanto, se centra
todo en capacitación laboral.
Y en los primeros años de la Concertación, cuando

Diálogos con Claudio Duarte 109


existieron los CDJ, Centros de Desarrollo Juvenil, que eran
espacios que supuestamente iban a instalar unas lógicas
más participativas, pero funcionaron siempre como un
programa que ofrece servicios para jóvenes, nunca un pro-
grama que se desarrolla desde los propios jóvenes, salvo
en algunas experiencias muy particulares en que alguna
ONG se hizo cargo de algún CDJ o algún equipo que tenía
ahí un liderazgo muy particular en esta perspectiva traba-
jó desde la lógica del protagonismo. Estoy pensando, por
ejemplo, en la experiencia del CDJ de Huechuraba, donde
estaba Marisol Castillo, que es una compañera que tuvo
mucha militancia en temas juveniles durante la dictadura
entonces venía con todo un aprendizaje de educación po-
pular y ella instaló durante 3 ó 4 años una lógica distinta,
hasta que la sacaron porque los jóvenes metían demasiada
bulla.
Lo otro que se instala en la sociedad chilena des-
de el primer gobierno de la concertación es el discurso de
la seguridad ciudadana. Lo que devela el libro llamado La
Guerra de la Paz Ciudadana, es que empieza a imponerse
un discurso de desconfianza hacia ciertos tipos, tipos no
ideales en la sociedad chilena y entre esos los jóvenes y
en particular de los sectores pobres y empobrecidos que
calzan perfectamente en este discurso y son concebidos
como un peligro para la paz social.
Diría que el Estado chileno, sus gobiernos y la
clase política, han perdido una oportunidad histórica que
teníamos de dar un salto, no he visto en América Latina
que se haga de otra manera, distinta a la chilena, de in-
corporar la palabra y la voz de los jóvenes de modo pro-
tagónico. Quizás en Bolivia hubo algún intento pero creo
que mientras no haya una fuerte sensibilización respecto

110 La Revolución de los Jóvenes en Chile


de los temas de las relaciones generacionales, que hoy son
adultocéntricas, a mi juicio, difícilmente se va a avanzar.
En Ecuador sí se hizo un avance legal importante,
se incorporó en la constitución un artículo que reconoce la
condición de joven como sujeto de derecho, pero los pro-
pios jóvenes señalan que a 5 años de la incorporación en la
Constituyente, no ven que en la práctica eso esté derivan-
do en programas, en políticas. Porque los que siguen ha-
ciendo las políticas de juventud siguen siendo los adultos
que desde fuera piensan para otros y sin los jóvenes.

7- ¿Qué permite que los jóvenes sean los que reclamen


demandas sociales y no otros sectores de la sociedad?

Tengo la siguiente interpretación, creo que llega


un momento en el ciclo vital, y no veo el ciclo vital como
línea recta ni como una campana, sino que veo el ciclo vital
como una espiral ascendente, por lo tanto me salgo de las
ideas de las etapas sucesivas, una detrás de otra, sino que
estoy pensando en la niñez, juventud, adultez y vejez son
construcciones sociales y por lo tanto pueden existir en la
simultaneidad de los roles y experiencias sociales que se
dan, y al pensarlo así, sin embargo, me doy cuenta que en
el tipo de sociedad en la que nosotros somos socializados
ocurre que hay un juego muy perverso que se consuma
durante la niñez y que se devela y que queda en evidencia
durante lo que denominamos juventud y que es el tema
de la mentira social y que construye en el imaginario de
niños y niñas unas ideas respecto de cómo funciona la so-
ciedad.
Y cuando digo esto no estoy pensando en la sú-
per-estructura de la sociedad sino que también en las re-

Diálogos con Claudio Duarte 111


laciones familiares, en la afectividad, en la explicación de
ciertos personajes míticos, que cuando se empieza a cre-
cer y a darse cuenta de que el viejito pascuero no existe,
por lo tanto hay una lógica de consumo, etc., etc., de que
Arturo Prat no saltó sino que lo empujaron o qué sé yo; es-
toy poniendo ejemplos, de cómo se empiezan a derrumbar
ciertas construcciones sociales mitológicas pero mentiro-
sas, que empiezan a desarmar el mundo.
En ese sentido creo que la canción de Sui Generis
La Primera Mentira es muy potente, porque son dos jóve-
nes, argentinos, que nos están diciendo que la sociedad
en la que han vivido es una sociedad de mentira y de esa
mentira se empiezan a dar cuenta en un determinado mo-
mento de su vida y ese momento es el de la juventud y ése
es uno de los factores gatillantes de la activación juvenil,
no es la pubertad, no son las hormonas, ni es el ser joven
en sí mismo. Porque de otro modo todos los jóvenes serían
revolucionarios, creo que ahí Allende se equivoca, yo estoy
en desacuerdo con su discurso de Guadalajara en el año
1971, yo no creo que ser joven y no ser revolucionario sea
una contradicción hasta biológica, no es ninguna contra-
dicción.
De hecho, se puede ser joven y estar en contra de
un proceso de transformaciones y de cambios sociales,
puede estar a favor del statu quo. De hecho conocemos a
los jóvenes de derecha, Allamand era dirigente estudiantil
secundario de derecha en el tiempo de la Unidad Popular
y estaba en contra de las transformaciones sociales. Era jo-
ven en ese tiempo. Me parece que ahí la izquierda, la ideo-
logía de izquierda, se pasa de revoluciones al pensar que
usted por ser joven es en esencia un agente transformador
de la sociedad.

112 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Entonces, eso no tiene que ver con ser joven sino
que tiene que ver con la biografía y cómo usted lee su pro-
pia historia y ahí hay algunos elementos que son gatillado-
res. ¿Por qué esto no se gatilló a principios de los años 90
sino después? ¿Por qué no se gatilló durante el gobierno
de Frei? Porque había aún un compás de espera, una suer-
te de: a ver si llega la alegría que prometieron. Todavía se-
guíamos saliendo de la dictadura. Sin embargo, 20 años
después hay un hartazgo, hay un malestar, un cansancio, la
gente está harta, está cansada, está aburrida, la gente está
chata, entonces el contexto es distinto.
No es la edad, no es el movimiento de las hormo-
nas, sino que es el contexto social unido a la biografía de
los sujetos. Los jóvenes y las jóvenes comienzan a darse
cuenta —lo uso casi en el sentido de la concientización—
que esto no está bien, que les han mentido, que las cosas
no son como dicen que eran, que mi papá no es tan dere-
cho, cómo me obliga a respetar valores y la moral social,
que mi mamá tampoco… Y se empieza a caer un poquito el
mundo.
Yo no creo que eso sea un proceso natural, yo creo
que es un proceso históricamente condicionado, que de-
pende del tipo de familia, depende del tipo de biografía.
Aquí se producen dos procesos en las y los jó-
venes que responden a esto. Por una parte, ponerse al
margen: no estoy de acuerdo con esto, esto no me gusta,
con esta mentira no comulgo. Y ponerse al margen signi-
fica empezar a contradecir, a no aceptar, a sospechar de
ti, adulta, aunque seas la mejor mamá, la vieja más buena
onda, porque igual sospecho de ti.
Por otro lado, que para poder reafirmar persona-
lidad necesito también tomar distancia, diferenciarme, y

Diálogos con Claudio Duarte 113


empiezo a diferenciarme de los que son cercanos a mi fa-
milia, en la escuela también.
Y además, por otro lado, en esto de ponerse al
margen hay un proceso que comienza a provocar lo social,
lo social entendido como norma social, a provocar la nor-
ma, con cuestiones tan sencillas como: hay que ir con el
pelo corto, voy con el pelo largo; no hay que usar arete,
uso arete; el jumper no puede estar más de cuatro dedos
por sobre la rodilla, me lo pongo más arriba, me pongo un
alfiler cuando salgo del colegio y me lo subo bien arriba,
en fin.
Todas esas prácticas, que son prácticas juveniles
de oposición y resistencia, las llamaría así, empiezan a dar
cuenta de un malestar creciente en este sector de la socie-
dad que no está de acuerdo con cómo se le está tratando, y
ahí entonces vamos a encontrar que eso gatilla, aporta ele-
mentos para que se genere un proceso social de este tipo.
Pero no sólo de este tipo, y ahí es donde está de nuevo la
confusión, porque ahí uno se preguntaría por qué eso que
está pasando no pasó antes, pero lo que pasa es que antes
estaban pasando otras cosas: dejaron de inscribirse en los
registros electorales —esto tiene que ver con el malestar
con la clase política, lo vienen diciendo cualitativamente
hace mucho rato—; empezaron a conformar organizacio-
nes de un tipo distinto al que tradicionalmente existía;
aparecieron los colectivos, en tiempos de dictadura casi no
se usaba la palabra colectivo, uno decía colectivo y estaban
pensando en el taxi que lleva cuatro personas; la FECH por
ejemplo, que es de la U de Chile, empieza a tener tensiones
porque ya no son sólo las juventudes políticas las que pos-
tulan sino que empiezan a aparecer unas movidas juveni-
les que son colectivos y que comienzan a ganar posición.

114 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Aquí, el otro día un estudiante hacía el recuento,
creo que en los últimos quince años, en el Centro de estu-
diantes de Ciencias Sociales hemos tenido sólo una vez un
partido político; un año, los otros catorce han sido colecti-
vos. Es un dato, un dato no menor, no en toda la Universi-
dad de Chile, pero un dato no menor en Ciencias Sociales.
Empezaron a producir todo el arte circense calle-
jero, lo que llaman el circo contemporáneo en Chile sur-
ge aquí, y surge como una manifestación de “queremos
una cosa nueva”, “queremos una cosa distinta”. Surge en
la calle, detrás del Museo de Bellas Artes y surge en las
esquinas. No surge al amparo de los CDJ ni de una polí-
tica pública, nada de eso. Lo mismo las batucadas, en fin.
Eso también es expresión de esta cuestión que va contra
corriente, el hip-hop, todas estas expresiones de los que
algunos llaman tribus urbanas y yo diría que son más sub-
culturales o contraculturales, van manifestando esta ten-
dencia a ponerse al margen y a provocar a la sociedad.
Así me explicaría esta irrupción, esta emergencia.
Y por supuesto, son distintos planos en los que estos jóve-
nes se manifiestan y uno de estos planos es el político. Ahí
tenemos entonces el Mochilazo del 2001, la movilización
del 2003, la del 2006, la del 2011. Son lo mismo, no son
novedad en ese sentido. Para mí son novedosas siempre
porque, como decíamos con Gabriel Salazar en un progra-
ma radial alguna vez, siempre estas movilizaciones como
que refrescan el ambiente, un cambio de aire, como que
traen nuevos temas, enriquecen mucho la vida ciudadana.

Diálogos con Claudio Duarte 115


8- Distinguir para comprender: “movida”, “moviliza-
ción” y “movimiento”.

Pero digo que no son novedad en el sentido que
para mí, como analista de lo social y particularmente de
lo juvenil, yo me las espero. Creo que son parte de los pro-
cesos que los movimientos juveniles van viviendo, y ahí
hay que hacer una distinción que propone Oscar Aguilera
entre “movida”, “movilización” y “movimiento”.
Yo creo que la movida juvenil ha sido permanen-
te. Ahí uno podría hablar de los últimos cuarenta años o
cincuenta años sin problemas, de un actor social que tie-
ne en Chile menos de 150 años -o sea, jóvenes no ha ha-
bido siempre en este país-. Y las movilizaciones como un
momento en que empiezan a aparecer algunos tipos de
demandas que logran unas articulaciones mínimas, unas
expresiones puntuales, una suerte así como de aparición
de emergencia y luego se sumergen rápidamente, no se
quedan como procesos. Y están los movimientos, que son
aquellas expresiones que logran articulación, proyectos,
que constituyen identidad, etc.
A mi juicio, lo del 2006 y lo del 2011 alcanzan
la estatura de movimiento, hay otras que llegan hasta la
movilización. La movida juvenil la encuentro permanente,
cuando vas a los rincones del país vas a encontrar movida
juvenil por todos lados.

9- Comunidades en resistencia: la conformación de


identidades en lucha en base al territorio.

Por ejemplo, lo del sur y lo del norte con respecto


al asunto de la hidroeléctrica, toda esa unión comunitaria

116 La Revolución de los Jóvenes en Chile


que se dio, sujeta a demandas, cabe dentro del concepto
de movilizaciones, siguiendo a Oscar Aguilera. Por ende,
no se prevé que pueda tener continuidad y un impacto
más a mediano plazo. Si es que son movilización solamen-
te y no movimiento.
Ahora, no es necesariamente una escala de valor,
sino que son momentos distintos que la activación social
tiene. Hay organizaciones que no van a llegar a “movi-
mientar”, no se van a articular con otras, no van a cons-
truir un proyecto identitario de su accionar colectivo, con
un horizonte de esperanza, con un proyecto de sociedad,
que es lo que caracteriza a los movimientos. Pero la movi-
lización tiene mucho de reivindicativo, mucho de deman-
da específica, que puede ser la antesala de un movimiento,
por supuesto.
Ahora, una idea conceptual primero. A mí me pa-
rece que lo territorial, y esto lo vengo planteando desde
principios de los años ’90 —desde mi propia experiencia
territorial en la parte sur de Santiago durante la dictadura
y después—, juega un rol vital para la movilización juvenil.
El territorio no entendido administrativamente,
sino que simbólicamente, culturalmente. Lo territorial
empieza a complementar la clase. Lo que antes era la cla-
se, lo que otorgaba el ser hijo de obrero, lo que eran los jó-
venes pobres yo diría que hasta las Protestas Nacionales,
o ser estudiante, que era como la posición en la estructu-
ra de clase, empieza ahora a tener un peso mucho menor.
Ahora los jóvenes comienzan a tener una auto-referencia
de lo territorial como lo central, el territorio pasa a ser el
punto de referencia de su identidad.
Durante la dictadura militar se comienza a cons-
tituir mucha coordinación territorial de jóvenes y si bien

Diálogos con Claudio Duarte 117


yo creo que no hay mucho trabajo teórico sobre eso, los
testimonios de lo vivido en aquella época hacen mucha re-
ferencia. En el libro “Juventud Chilena, Razones y Subver-
siones”, de 1985, ECO-Jurídico SEPADE, los textos que hay
allí hacen mucha referencia a la cuestión territorial.
Cuando uno mira la emergencia de las barras del
fútbol, por ejemplo. Cuando se podía ir con lienzos al esta-
dio, los lienzos tendían a hacer referencia a una combina-
ción entre el equipo y el territorio, no era una referencia a
un ídolo, no era una referencia a un gran jugador de fútbol
necesariamente, sino que era “Los Peña Azul”, digo Azul
porque soy de la U, “Los Granja Azul”, toda la referencia
tenía que ver con esta lógica territorial. Y el piño que va
a la barra, la barra son muchos piños, el piño se despla-
za —es toda una liturgia— desde el territorio el domingo
en la mañana para llegar el domingo en la tarde al estadio
y vuelve al territorio, y durante la semana se activa en el
territorio. Esta lógica de pertenecer, de dar pertenencia,
tiene un valor muy interesante.
En ese sentido, en las luchas territoriales que ha
habido en Chile en el último tiempo, que son más bien de
corte ambientalista, en la mayoría, ha habido mucha ac-
tivación juvenil. No, lo voy a decir de otra manera. Hay
mucha activación de jóvenes, pero no necesariamente eso
hace juvenil la movilización, yo creo que el componente
propiamente juvenil, lo que estos jóvenes podrían insta-
lar, es tanto demanda por un presente y por un futuro a
propósito del medio ambiente pero no aparece expresado
de esa manera. Es muy parecido a lo que nos pasaba en
tiempos de la dictadura militar –ésta es una hipótesis-, en
el sentido de que desarrollábamos rápidamente el tema
de no más dictadura, democracia ahora, el tema de cons-

118 La Revolución de los Jóvenes en Chile


trucción de una sociedad socialista, pero el componente
juvenil en aquello no aparecía, no digo que esto otro no sea
juvenil, pero había un montón de demandas propiamente
juveniles que no estaban: el cuerpo, sexualidad, educación
autoritaria, la recreación, lo cultural, etc. Todo eso se pos-
tergaba.
Me preocupa en esta demanda territorial cómo
aparece el componente generacional ahora, se desdibuja
y aparece mucho más el tema medio ambiente y éste po-
dría ser enriquecido con la mirada generacional, porque
cuando, por ejemplo, en los temas ambientales decimos
que nos preocupa el medio ambiente por el tipo de eco-
sistema que le vamos a dejar a las futuras generaciones.
Pero si las futuras generaciones están aquí. Las futuras ge-
neraciones somos nosotros mismos.
Es así como también ese discurso reproduce esta
lógica de postergación al futuro, a un futuro por lo demás
incierto, siendo los discursos muy buena onda, muy res-
petuoso de los jóvenes, etc., pero en esa buena onda se-
guimos con la matriz adulto-céntrica que reproduce esta
lógica. Hay un desdibujamiento de lo propiamente juvenil,
pero hay harta presencia de jóvenes.
Lo que leo de los jóvenes en América Latina, cuan-
do me ha tocado ir a diversos países, es que la moviliza-
ción sigue estando muy anclada en el paso entre la movida
y la movilización, creo que ahí está el juego todavía, y la
movilización territorial es una movilización muy hacia el
territorio en específico y no necesariamente con una mi-
rada estructural, por eso creo en la potencia y en la rele-
vancia del movimiento estudiantil chileno del 2006 y del
2011, porque va más allá del territorio ocupacional, va a la
mirada estructural.

Diálogos con Claudio Duarte 119


10- ¿Qué impacto cree que puede tener la moviliza-
ción juvenil a mediano plazo?

Esa pregunta se ha ido mejorando desde que nos


la planteábamos a comienzos de los gobiernos de la Con-
certación, a comienzos de los 90, sobre el tema del poder.
Yo creo que se ha ido mejorando la pregunta, y se ha ido
mejorando en el sentido de que ha habido avances, yo
creo que estos movimientos juveniles que uno mira hoy
día, si uno mirara comparativamente con los movimientos
juveniles que había contra la dictadura y los de principios
de gobiernos de la Concertación, los discursos son distin-
tos, los elementos que están incorporados en los discursos
son distintos.
Creo que hoy día hay más claridad respecto de
una preocupación por la organización de la sociedad,
como estructura, no son sólo demandas específicas, ni
sólo una cuestión puntual.
Yo creo que habría que buscar si un factor que
está influyendo sea el de cómo está circulando la infor-
mación y el rol que está jugando toda esta cuestión de la
tecnología en los procesos de activación juvenil, las redes,
los facebook, los blog, el twitter, es decir, todo lo virtual,
eso permite un dinamismo que no conocíamos. La co-
municación es instantánea. O sea, hacer un panfleto con
mimeógrafo en los años 88 u 89 era un trabajo… era en-
tretenido pero era todo un trabajo y hoy día tú lo diseñas
aquí y no sólo lo diseñas sino que en un par de minutos lo
vas a tener circulando por el planeta, entonces eso da po-
sibilidades distintas, pero también les ha permitido mane-
jar información rápidamente, y esto a pesar de los cercos
comunicacionales. Las redes virtuales permiten que nos

120 La Revolución de los Jóvenes en Chile


enteremos igual de cosas que están pasando aquí, afuera,
etc., y estamos permanentemente conectados, pudimos
seguir la invasión a Irak en directo.
Yo diría que la capacidad de tener impacto tiene
que ver con cómo los jóvenes se hagan la pregunta res-
pecto de la realidad en la cual están viviendo, porque po-
demos conseguir articulaciones, hay experiencias al res-
pecto, pero si no hay buenas preguntas, o sea, si no hay
una reflexión que vaya a las cuestiones estructurales, de
fondo, y que busquen alternativas desde esas preguntas yo
creo que vamos a seguir repitiendo la lógica. Quiero decir
que la diversidad y la amplitud en sí misma no nos garan-
tizan nada. Yo ahí me pondría bien freiriano y diría: ¿qué
preguntas nos estamos haciendo? ¿Sobre qué estamos
conversando? Porque eso nos puede ayudar a definir si
aquello que nos proponemos hacer se va a lograr o no y si
va a tener una incidencia y un impacto mayor. Por supues-
to creo que en continentes tan masivos como el nuestro
la articulación cada vez más amplia de jóvenes podría dar
buenas señales, pero me sigue preocupando el tema de los
contenidos y cómo se trabajan los contenidos.
Una de las cuestiones en que nosotros hemos he-
cho harto énfasis, y yo trabajo, por ejemplo, en el diplo-
mado, módulo de acción comunitaria con jóvenes, insistir
en que estos procesos de movilización y de movimientos
juveniles son también procesos educativos. Como volver
a la lógica de Recabarren, pero tiene que constituirse en
una experiencia, como una vivencia reflexionada que otor-
ga aprendizajes. Ese es el proceso que hay que tratar de
activar y motivar porque permite aterrizaje. Porque los
proyectos con jóvenes hacen muchas cosas y disponen de
mucha energía, pero a la hora de la reflexión, del lengua-

Diálogos con Claudio Duarte 121


jear, para decirlo con Maturana, no necesariamente lo con-
sideran.
Asimismo creo que la virtuosidad que tuvo la
movilización del 2006 es que hubo ahí una generación de
jóvenes, que lograron hablar de esta cuestión y lograron
ir en una reflexión más profunda que otras generaciones
anteriores, lograron llegar a la pregunta por la estructura,
y cuando llegaron a la pregunta por la estructura se dieron
cuenta que su planteamiento tenía que ir hacia allá, eso
es lo que uno lee de sus demandas. Hay un juego entre no
querer ser más maltratados como alumnos, que se nos tra-
te como estudiantes, está el tema de las becas alimenticias,
pero también está el tema acerca del cambio de la Ley Ge-
neral de Educación y ellos ya habían discutido que ése era
un pilar de este país. Es decir, se trataba de cambiar una
ley constitucional y no se trataba de cambiar cualquier ley.
Si en estos momentos se logra ir instalando ese
tipo de reflexión se va a alcanzar profundidad y densidad
y creo que así un movimiento podría lograr tener impacto
importante.

122 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Movimientos juveniles interpelando a la socie-
dad: cuestionamiento de la política tradicional,
enfoque hacia los problemas estructurales y
prácticas de organización local.

Diálogos con
Raúl Zarzuri.
Por René Maluenda
SEDEJ-PMSS

Sociólogo, Magíster en Antropología y Postítulo


en Investigación Cuantitativa y Cualitativa aplicada a la
Educación y las Ciencias Sociales ambos realizados en la
Universidad de Chile. Investigador del Centro de Estudios
Socioculturales (CESC, Santiago de Chile) en el área de Es-
tudios Culturales, Medios y Culturas Juveniles. Investiga-
dor del Grupo CLACSO Juventud y nuevas prácticas políti-
cas en América Latina.

Diálogos con Raúl Zarzuri 123


1- Cuatro segmentos juveniles se decantan en el pro-
ceso chileno.

La Federación de Estudiantes de la Universidad


de Chile (FECH) se origina en Chile a partir de 1905, y ahí
hay toda una línea de continuidad en el tema estudiantil,
pero que ha tenido sus bemoles en el sentido de que la
conceptualización de la juventud en Chile, por lo menos
hasta el año 1979-1980, no se podía mantener sólo como
jóvenes que estudiaban en la universidad; en los años
1979 y 1981 hay un proceso súper interesante producto
de la nueva gestión cultural que se realiza en la Universi-
dad de Chile, la ACO, y que particularmente provoca una
relación no intencionada con otros segmentos juveniles
que, en ese momento, no habían aparecido en Chile.
La Juventud Urbano Popular, que se da a cono-
cer a partir de los estudios de ECO Comunicaciones. Ahí
se estructura otro sujeto, particularmente participativo y
de organizaciones que tienen su peak básicamente en las
protestas nacionales del año 1983 hasta el año 1985.
Las Tribus Urbanas. Luego aparece una tercera
que va a ser la juventud más asociada al tema cultural, a
las prácticas culturales, y que van a ser identificadas y mal
denominadas como “tribus urbanas”.
Y la juventud más tradicional y que se mueve en el
tema del voluntariado, que no está en grupos culturales ni
actividades políticas, etc.
Diría que la participación juvenil siempre ha sido
más o menos similar, no es que sea distinta a la que noso-
tros estamos viviendo en la actualidad, manifiesta interés
por la política también. Cuando uno estudia y lee los textos
de Mattelart de 1972, particularmente uno encuentra ahí

124 La Revolución de los Jóvenes en Chile


también una cierta disposición de los jóvenes a mirar la
política como algo que tampoco es de mucho interés en
ese sentido, entonces esta no es una cuestión tan relativa-
mente nueva.

2- Los costos de la transición a la democracia: El mo-


vimiento popular desalojado de la actualidad política.

Ahora, lo que es nuevo son las formas de organi-


zación que se están estructurando y en el tema de contex-
to diría lo siguiente: creo que para poder responder a la
pregunta que ustedes hacen habría que entender básica-
mente el contexto de la transición que nosotros tuvimos,
es decir, la transición es un proceso en el cual todo el mo-
vimiento popular se ve desalojado de la actualidad política
por los actores políticos, y esto por la transacción que se
hizo, como la negociación de traspasar la conducción des-
pués de las protestas nacionales a los partidos políticos, y
ahí está todo el Modelo Fresno, del cardenal, etc., etc.. Lo
que supuso la denegación de la actoría del movimiento po-
pular y eso se vio fuertemente reflejado después cuando
se negocia la transición en los años 1988 y 1989, precisa-
mente para mantener esta democracia frágil y donde no
había que tener movilizaciones sociales y un actor social
fuerte.
Y esta democracia de la política de los consensos,
en el sentido más lato del concepto, un consenso entre al-
gunos como fue lo que se negoció y no un consenso en-
tre todos, porque si el consenso hubiese sido entre todos
tendríamos una mayor representatividad respecto de las
cosas que se están trabajando.
Entonces, en ese contexto lo que se hace es una

Diálogos con Raúl Zarzuri 125


administración de lo que define la Constitución del 80. No
se estructura una nueva constitución, no se estructura una
nueva democracia. Chile es el único país de América Latina
que después de regímenes dictatoriales no construye y no
elabora una nueva constitución. Y eso marca también todo
este tipo de cosas.

3- Consecuencias para la movilizaciones.

El primer período 1991-94 donde tenemos conti-


nuidad todavía de ciertos grupos armados de jóvenes, por
ejemplo donde el Movimiento Juvenil Lautaro se desarma
en 1994, lo mismo con parte del Movimiento Autónomo
Manuel Rodríguez y parte del Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR) que estaba funcionando en el sur,
toda esa gente es detenida y son todos jóvenes, estudian-
tes universitarios.
Segundo período: que va desde 1994 hasta el
2000 es un período de bastante “tranquilidad”, no hay ma-
yor movilización social juvenil, salvo alguna que otra cosa
en lo estudiantil-universitario, pero muy reivindicativa,
hasta el año 2000 y 2001 con el famoso Mochilazo de los
estudiantes secundarios.
Para mí, ése es el hito central para poder enten-
der las movilizaciones estudiantiles hoy en día y no sólo
las movilizaciones estudiantiles de ahora, sino también
las movilizaciones que ha tenido el país en los últimos 22
años.
Entonces, si ustedes se dan cuenta el mundo adul-
to no se ha movilizado y si lo ha hecho ha sido en térmi-
nos muy reivindicativos, particulares y específicos. Pongo
el caso, en el año 2007, de las movilizaciones y protestas

126 La Revolución de los Jóvenes en Chile


de los trabajadores subcontratistas del cobre, donde se
quemaron alrededor de 10 buses, cortaron carreteras, ais-
laron pueblos, ciudades, etc., y lo que hizo ahí el gobier-
no fue asumir la integración a la planta de CODELCO y el
conflicto se solucionó, y después tuvimos por esas mismas
fechas el paro de los camioneros donde el gobierno echó
mano al Fondo de Estabilización del Combustible y sacó
2.200 millones de dólares y resolvió ese asunto. Lo mismo
con el tema de los trabajadores de la salud.
Pero siempre se trató de movilizaciones sociales acotadas,
reivindicativas respecto de la especificidad de cada gre-
mio.
En el año 2001, el año del Mochilazo, también se
estructura como algo reivindicativo, de gremio, en parti-
cular es el caso del pase escolar y también con el tema de
las becas de alimentación. Pero en ese proceso uno obser-
va ya las nuevas formas de organización de los jóvenes y
que se retrotraen a ciertas formas de organización que ya
se venían dando en los años 80 y que tenían ciertas raíces
en lo que había sido el movimiento anarquista en general,
esta idea del asambleísmo, esta idea de la horizontalidad,
etc.
Uno vislumbra ahí ciertos elementos y que desco-
locan al gobierno y descolocan, en ese caso, a la Ministra
de Educación que era Mariana Aylwin, y la descoloca com-
pletamente porque en general lo que había anteriormente
eran vocerías, por primera vez aparece este concepto en-
tre los estudiantes, y lo que decía la ministra en esa época
era que ella conversaba un día con uno y al otro día lle-
gaban otros distintos, entonces no sabía a qué atenerse, y
ella esperaba todavía la presencia de una organización je-
rarquizada, con presidente, vicepresidente, etc., y eso ahí

Diálogos con Raúl Zarzuri 127


ya no aparece . En cambio, aparece otra forma de organi-
zación y de interpelación y de relacionarse con el aparato
del Estado y, por lo tanto, las negociaciones suponían una
bajada a la base y una conversación con la base, cosa que
antes no se había visto, aunque de alguna manera siempre
lo hubo entre los estudiantes universitarios y después en-
tre los secundarios, por ejemplo a partir del 1995 cuando
la Federación de Estudiantes Secundarios vuelve a sus di-
ferentes ramificaciones -lo que se ve muy bien reflejado
en el documental Actores Secundarios- pero se da con ma-
yor fuerza en el 2001.
Y hay un trabajo del 2001 al 2005 del que noso-
tros no tenemos registro y yo estoy metido ahora en una
investigación porque en el 2005 aparece la generación que
es más conocida de estudiantes secundarios, César Valen-
zuela, Karina Delfino, etc., y que ya viene con otra estruc-
tura de pensamiento y de acción, siendo ahora más políti-
co y donde el tema reivindicativo, nuevamente está el pase
escolar y todo eso, pero además ahora hay una preocupa-
ción y comienzan a aparecer ahí conceptualizaciones más
complejas que tienen que ver con el sentido de la educa-
ción en el país, con la sociedad que se quiere construir.
Y ése es un salto cualitativo muy grande, reflexivo,
que realizan los estudiantes secundarios. Y ¡ojo! Lo hacen
los estudiantes secundarios y no los estudiantes universi-
tarios; es decir, los estudiantes universitarios no existie-
ron hasta las marchas y protestas a las que se suman a lo
que hace la ACES particularmente en el año 2006. Pero no
fueron los universitarios los que generaron toda esta lógi-
ca de nuevas estructuras.
Y lo anterior se ve minimizado y nuevamente, al
igual que en los años 1985, 1986 y 1987, el control de la

128 La Revolución de los Jóvenes en Chile


movilización se pasa a los actores políticos y ahí tenemos
la comisión que comienza a generar un cierto tipo de ne-
gociación y se pone sobre la mesa nuevamente el tema de
los consensos, y además se bypassean a los estudiantes se-
cundarios, es decir, no sólo a los estudiantes universitarios
sino también a los secundarios, siendo que habían sido los
estudiantes secundarios los que habían llevado toda la
carga del proceso.
Y lo anterior se puede entroncar nuevamente con
las movilizaciones de finales del 2010 y principios del
2011. Ahora, hay una línea en el 2010 que tiene que ver
con el tema medioambiental que entra muy fuerte; entra
muy fuerte en particular con Punta de Choros, Patagonia,
etc., que genera un tipo de movilización, a finales del 2010,
y que provoca las marchas que tuvimos acá en el centro y
que son masivas. Pero en conjunto con eso los estudiantes
secundarios ya estaban organizando nuevamente la vuel-
ta a la carga con el tema de la educación, el lucro, y que
son cosas que instalan los estudiantes secundarios y no
los universitarios y justamente comienzan a generar mo-
vilizaciones y adquiere cierto sentido para los estudian-
tes universitarios. Estos nuevamente se suman y agarran
la conducción de las movilizaciones, se la llevan para su
lado y, claro, ahí se nota la diferenciación entre el movi-
miento secundario y el universitario y hay una distinción
importante. Hemos escuchado en alguna oportunidad a
los estudiantes universitarios decir que ellos son los adul-
tos y los secundarios son los niños, y estamos hablando
de dirigentes, de Jackson, etc., y se nota ahí de qué manera
funcionan los imaginarios también dentro de los mismos
universitarios.
Y eso se vio también en la capacidad que tienen

Diálogos con Raúl Zarzuri 129


los secundarios de resistencia, por ejemplo, que fueron ca-
paces de soportar y llegar hasta las últimas consecuencias
y por lo menos repetir sus cursos, unos 40 mil repitieron y,
sin embargo, nadie repitió de los universitarios, ellos cui-
daron muy bien sus semestres, salvaron su año, sin ningún
problema. En cambio, los secundarios han llevado el peso
de todo este movimiento.
En resumen, esto que estamos viendo ahora es
algo muy nuevo, creo que si uno lo centra en el movimien-
to universitario tenemos que rastrearlo desde el año 1905
hacia delante, que fue la preeminencia de los movimientos
universitarios hasta el año 1981-82; después aparece la
juventud urbano-popular que tiene su propio tema y des-
pués aparecen los estudiantes secundarios, que son jus-
tamente los que han puesto los temas de país, o sea, aquí
el mundo adulto no ha hecho nada, nada, nada, solamente
colgarse del movimiento estudiantil para poner siempre
sus temas.

4- El gran aporte del movimiento estudiantil secunda-


rio: instalar los temas de país.

Y esto es muy interesante porque aquí el sujeto


que está denostado por el mundo adulto, por el imaginario
adultocentrista y de todos lados, denostado como apolíti-
co, como que no está “ni ahí”, denostados como amorales,
incultos, etc., etc., y sin embargo son los que han puesto
los temas de país y han hecho que hagamos la reflexión
sobre lo que nosotros somos como sociedad y sobre lo que
quisiéramos ser como sociedad y además haciendo plan-
teamientos de hacia dónde podríamos caminar. Y eso es
súper interesante, son precisamente los jóvenes los que

130 La Revolución de los Jóvenes en Chile


han dado esas respuestas, no han sido los universitarios y
menos ha sido el mundo político, de la política tradicional,
el que ha puesto esto.
Mi tesis y percepción sobre los movimientos so-
ciales es que acá en Chile, desde mediados del año 1989
en adelante no existe movimiento social en el país, o sea,
si ustedes me preguntan sobre la existencia de los movi-
mientos sociales en Chile durante estos 22 años, yo diría
que el único movimiento social es el de los estudiantes se-
cundarios, en cuanto tienen una misión que escapa más
allá de la reivindicación gremial, específica, localizada, y
que se preocupa y se interroga por un sentido de país.
Y esa interrogación por sentido de país yo la de-
finiría como uno de los ejes para poder hablar de movi-
miento social, eso solamente lo tiene el movimiento de los
estudiantes y particularmente el de los secundarios, y que
ahora ha sido asumido también por el movimiento univer-
sitario y uno nota hoy día las diferencias existentes entre
ellos, como que la ACES llamó a funar las elecciones y los
universitarios no compartieron eso. Hay una forma ahí, y
que no se trata de funar en el sentido de tomarse los es-
pacios ni las escuelas, etc., no, tiene que ver con otra cosa,
tiene que ver con el tema del voto, es decir, la utilidad o no
del voto.
Es así como yo diría que, en ese sentido, Chile ha
adolecido desde el 89 en adelante de movimientos socia-
les. Lo que hemos tenido han sido movimientos más gre-
mialistas, de carácter gremial, específicos y por lo tanto no
estas nuevas formas de pensarse y de interrogarse sobre
el país. Cosa que habla bien de los chicos porque, en reali-
dad, una sociedad uno ve que avanza cuando se interroga
sobre sí misma, aquí nosotros no habíamos tenido interro-

Diálogos con Raúl Zarzuri 131


gaciones sobre nosotros mismos y primó el discurso de la
medida de lo posible y de la política de los consensos que
además generó la anulación de cualquier interrogación.
Ese es todo un tema.
Por lo tanto, todos los temas que han puesto los
jóvenes, especialmente los estudiantes secundarios, en
el sentido de que éstos son temas país y que por lo tanto
suponen otro tipo de organización política, suponen otro
tipo de organización normativa, entra en conflicto con el
Estado y sus instituciones, y por lo tanto con las institu-
ciones de la sociedad -porque precisamente habría que
considerar, en términos de contexto, las instituciones de
la modernidad: la escuela, la familia, la religión, la política,
etc.-, también están en crisis y el Estado mismo entra en
crisis.
Y la constitución de 1980 lo que hace es trasla-
dar la responsabilidad al sector privado y disminuir al
máximo la injerencia del Estado. De este modo es el sector
privado quien debe llevar la carga de la educación, de la
salud, del tema social de las jubilaciones, etc., etc., y desde
ese foco es evidente que los jóvenes estudiantes han co-
nectado con el tema de que todo esto es un problema que
tiene que resolverse no, por ejemplo, por la vía de ajustes
tributarios como el que acaba de implementarse, sino que
realmente llevar a cabo reformas. Pero las reformas supo-
nen pensar críticamente lo que queremos como sociedad
y como Estado y ahí entonces tenemos un problema y ahí
está centrado todo eso porque, y nuevamente volvemos a
lo mismo: la constitución de 1980 para cambios que sean
trascendentales como los que tienen que ver con modifi-
caciones sustanciales a la misma constitución, etc., requie-
ren de un quórum demasiado alto en el congreso y que

132 La Revolución de los Jóvenes en Chile


son imposibles de conseguir hoy en día en un sistema que
está estructurado precisamente para que eso no se pueda
realizar, un sistema de dos bloques –binominal─ y que van
a tender siempre al empate y donde la minoría tiene un
poder igual al de la mayoría, es decir, un absurdo.
Por lo tanto, cualquier cosa que se haga y se inten-
te –y en ese sentido el diagnóstico de los jóvenes es súper
acertado- se entra en un cuello de botella que es insalva-
ble, y de ahí viene lo de funar las elecciones y el voto por-
que no se saca nada con votar si al final uno sabe cuáles
van a ser los resultados de quienes van a ganar y no se
puede introducir ningún actor distinto, aunque hay excep-
ciones; pero, en general, no.

5- La estrategia del Estado: control social y “seguridad


ciudadana”.

El control social siempre ha existido, la sociedad


tiene que estructurar mecanismos de control social, o sea,
cualquier anomalía del sistema tiene que ser controlada
y los controles pueden ser diversos, desde la estigmatiza-
ción de aquellos que se están enfrentando al sistema, a la
norma, y la estigmatización. Si uno recurre a los clásicos
de la sociología, tiene que ver un poco como las marcas
que se hacen sobre los cuerpos simbólicos y físicos de los
sujetos que están siendo considerados un peligro y desvia-
dos de la norma, y eso siempre ha sido así.
No es lo mismo estar en el siglo XX que hoy en
día, y esto porque existen procesos que no teníamos an-
tes como, por ejemplo, la masificación de la educación. Y
nosotros tenemos cerca del 99,2% de los jóvenes en edu-
cación media y en educación básica será el 96% aproxi-

Diálogos con Raúl Zarzuri 133


madamente, y es una masificación que se ha venido dando
en los últimos 15 años, entonces uno puede decir que la
población chilena es cada vez, no sé si más educada o más
instruida, es decir, tiene mayor instrucción, para separar
el concepto de instrucción al de educación, respecto de
hace 30 ó 40 años atrás, y donde el discurso del sistema ha
sido uno que se estructura como exitista.
El punto era que antes nuestros padres nos de-
cían: yo les puedo dejar a ustedes la educación y ésta a no-
sotros nos aseguraba un puesto, un lugar en la sociedad;
hoy en día la educación –a pesar de tener estudios univer-
sitarios- no asegura un lugar en la sociedad y eso se ve,
por ejemplo, por la inversión en que han debido incurrir
los hogares, con una primera generación de estudiantes
universitarios. Y eso impacta en los jóvenes, en una gran
mayoría de ellos, que no ven que los esfuerzos que hace la
familia de inversión se traduzcan en una inserción adecua-
da en la sociedad. A lo más en algunos casos hay insercio-
nes muy precarias, bajos sueldos, con poca seguridad, etc.
Ante este estado de cosas el sistema, la sociedad,
el Estado, tienen que generar mecanismos de control y
uno de los más suaves es este tema del estigma, con la
construcción de imaginarios sobre este sujeto rebelde:
que es inculto, amoral, etc., hasta la utilización de meca-
nismos de control directamente represivos, la cárcel y el
hospital psiquiátrico que son las formas últimas mediante
las cuales el sistema genera control. Y esto ha atravesado
toda la historia de Chile, tanto a través de políticas sociales
focalizadas en el tema del trabajo, que nosotros ya hemos
perdido en parte pero que fue el boom desde el 95 en ade-
lante.
Esto hace que, a partir de ese concepto de seguri-

134 La Revolución de los Jóvenes en Chile


dad ciudadana–y donde en realidad la seguridad nunca es
en un 100% alcanzable─ se comienzan a construir ciertos
sujetos, ciertos individuos, como sujetos de inseguridad.
Cuando construyes monstruos sociales puedes
hacer cualquier cosa con esos monstruos sociales y eso lo
hemos visto en diferentes momentos de la historia, desde
las cámaras de gas en los campos de concentración nazis,
como Auschwitz, hasta todos los mecanismos más puni-
tivos como puede ser la cárcel, y la cárcel vista como un
botadero de monstruos sociales.
En definitiva, las estrategias de control han sido
esas y además las políticas tienen que ver con eso: con
la negociación, los consensos, siempre estar negando, no
enfrentando los problemas de fondo ni los problemas
centrales y tratando de minimizar costos políticos. Todo
se hace “en la medida de lo posible”. Todo esto porque en
Chile no ha habido reformas, son sólo ajustes los que se
han hecho al modelo de dominación.

6- ¿Crisis del modelo?

Yo no comparto la tesis de Alberto Mayol, porque


todos los indicadores señalan otra cosa. Si tú vez lo que
señala, por ejemplo, la últimas encuestas y el Informe de
Desarrollo de las Naciones Unidas, el último que salió, so-
bre el tema de la felicidad y todo eso en relación con los
chilenos, tú vas a ver esos indicadores y constatas que la
gente está diciendo que no quiere un cambio del sistema,
sino que lo que quiere es mayor integración al sistema. En
ese sentido , el sistema está ya instalado, eso que Hobs-
bawm denomina la estructuración de ciudadanos acorde
al modelo. Hay un texto de Katia Araujo que sacó este año

Diálogos con Raúl Zarzuri 135


con Danilo Martucelli, que son dos tomos y que se llama
Desafíos Comunes: Retrato de la Sociedad Chilena y sus In-
dividuos y donde ella habla de cómo se estructura el homus
neoliberal.
Lo que nosotros hemos llegado a pensar es que la
gente sólo quiere correcciones al sistema, porque está in-
ternalizado el tema del exitismo que se vendió desde 1983
en adelante y que la Concertación no corrigió nunca. La
Concertación no corrigió nada de esto sino que se sumó
al modelo, claro, hizo algunas correcciones muy menores,
más bien de mero maquillaje, no hizo ninguna corrección
en profundidad, así como no hizo correcciones de profun-
didad al tema político que tenía que ver con la constitu-
ción, tampoco hizo correcciones en profundidad en el mo-
delo económico.
A partir de lo anterior cabe señalar que, en el fon-
do, el modelo económico se sustenta en un modelo polí-
tico, en una forma de constituirse y de vivir la política, o
sea, si tú analizas la constitución del año 1980 verás que
ésta, como órgano político rector de la institucionalidad
chilena estructura una forma de pensarse, de ver el país
y la economía, pero eso a su vez se sustenta en un mode-
lo político e ideológico. Entonces no es que sea al revés,
para mí el problema es político y no del sistema neolibe-
ral, porque en el fondo si nosotros pudiésemos cambiar la
constitución podríamos poner en una nueva constitución
la posibilidad de dejar fuera el modelo neoliberal o la eco-
nomía neoliberal y a lo mejor poner otro tipo de econo-
mías y abrir el abanico de economías posibles dentro del
sistema. Pero, en este momento, la única forma de estruc-
turarse económicamente es a través del sistema neoliberal
y todo eso es política, no es un tema primero económico,

136 La Revolución de los Jóvenes en Chile


sino que está en el ADN de la institucionalidad que organi-
za y estructura nuestra sociedad. En ese sentido los datos
nos señalan que la tesis de Mayol es errónea.
La mayor queja en estos momentos de todo el
mundo es la queja de que los políticos y la política no están
haciendo nada para cambiar esto y que al final de cuentas
los políticos y la política lo que hacen es dar continuidad
al sistema impuesto. El punto central está puesto ahí, de
cómo la vieja manera de hacer política, esta política gran-
dilocuente, es la que ha mantenido y sigue manteniendo
el sistema. Es decir, si quisieran cambiar el sistema lo ha-
brían hecho.
Esto es transversal, no hay voluntad. Y aquí se han atra-
vesado cosas, la Mariana Aylwin tiene N colegios, es due-
ña de colegios, Camilo Escalona es dueño de colegios, su
hermano; entonces aquí hay gente de todos lados que han
hecho usufructo del sistema y de la forma en la cual está
estructurado el sistema, así de simple.
Lo que hay entonces es que las instituciones de
la modernidad –la familia, la religión, la política, la edu-
cación, etc.- han entrado en crisis y particularmente en el
caso de la política, la crisis los ha llevado a desconectar-
se de la vida cotidiana de los sujetos, a no tener ninguna
conexión. Y que es lo que le pasa también a la religión, o
sea, hoy en día tenemos un descenso, se está llegando a
un 60% de personas que se declaran católicos y todo in-
dica que vamos a seguir bajando, pero cuando tú ves los
indicadores de práctica religiosa ahí notas que nadie va a
misa, no se están casando por la iglesia, etc., entonces, es
evidente que la crisis, por ejemplo, en el caso de la políti-
ca es que no hay conexión con la vida cotidiana y con el
mundo de la mayoría de las personas. La política habla un

Diálogos con Raúl Zarzuri 137


lenguaje que es distinto, el lenguaje de los especialistas, se
hace en un espacio que es distinto (Congreso, La Moneda,
etc.) y esto hace que la gente no se conecte con la política
porque además ésta tampoco habla sobre las cuestiones
de la vida cotidiana, que es lo que a la gente le importa.
Hoy día, lo que uno observa es que la política se hace en
la calle, ahí está el espacio de la política para un segmen-
to importante de la población. Es decir, la política de los
de abajo es en la calle. La política de los de arriba sigue
siendo en los espacios institucionalizados y entre esos dos
ámbitos no hay ninguna conexión, de otro modo uno no
podría entender cuando analiza los datos que, por ejem-
plo, los políticos son los que tienen menos valoración por
parte de la ciudadanía.
Hay gente que está pensando –y yo no critico eso-
que, por ejemplo, Camila Vallejo, ella es del PC, y el PC en
estos momentos es de la Concertación; ellos están pen-
sando en entrar al sistema y eso lo está haciendo Balleste-
ros y todos esos. Yo creo que esa es una línea, y mi mayor
preocupación con esa línea y lo que está haciendo también
Jackson, y que me parece bien, yo no tengo problemas con
eso, el tema es que de repente el sistema es tan fuerte que
hace que los sujetos entran con muy buenas razones y con
otra ética al final cambien, te absorben, y esto es porque el
sistema es pesado.

7- Partidos políticos de otro cuño.

Está esa línea tradicional de incorporarse al sis-


tema y hay una línea intermedia que se ha salido, pero yo
creo que tiene que haber instituciones políticas, aunque
no creo en estas instituciones políticas, en estas formas en

138 La Revolución de los Jóvenes en Chile


que se estructuran, por ejemplo, los partidos políticos.
Yo creo que hay que formar partidos políticos de
otro cuño, que tengan otra lógica, que son las lógicas que
han empezado a estructurar los jóvenes a partir del año
2001 y ya no son los comités centrales ni las directivas
y todo ese cuento, no; son más asambleístas, e implican
discusiones largas, etc., eso es lo que está pasando. Pero a
pesar de todas las movilizaciones en los hechos todo este
movimiento hasta ahora no ha logrado cambios significa-
tivos.
Claro, se han conseguido mil millones para la edu-
cación, sí, pero se sabe que con mil millones no se hace
nada porque lo que se necesita es alrededor de 9 mil millo-
nes, todos los economistas dicen eso, entonces hay ahí un
tema complejo, es decir, ¿cuánta presión uno puede ejer-
cer?
Es complicado entonces, se ejerce presión pero
ésta no logra generar cambios importantes, y menos cam-
bios en los sujetos en manos de los cuales está hoy día la
política; la política de los secundarios va por otro lado,
porque plantean que la política se estructura desde la
vida cotidiana y porque solo así se puede lograr provocar
cambios.

8.1- Las movilizaciones en regiones.

Las movilizaciones en comunidades como Freirina, Aysén,


etc., también son sobre temas de reivindicaciones locales.
Ahora, creo que son interesantes en cuanto uno puede de-
cir: aquí estamos también frente a una toma de conciencia
de lo local, estructuración también de poder local, y que
genera y ha generado algún tipo de cambio.

Diálogos con Raúl Zarzuri 139


Ahí hay una línea bastante incipiente todavía y
donde, por ejemplo, el caso de Castilla, es decir, un pueblo
de no más de 120 personas y no todos estaban de acuerdo
en oponerse a Castilla, pero un gran porcentaje sí y llevó
eso adelante y llevó a que ahora Castilla esté detenida.
Hay un tema mayor, el que la ciudadanía o cierta
ciudadanía ha tomado el toro por las astas y se ha empode-
rado un poco más -aunque no me gusta mucho ese concep-
to- para poder generar a nivel local políticas y pensarse a
nivel local como comunidad y poder enfrentarse entonces
al Estado que funciona con una lógica centralizada y cen-
tralista y con poca preocupación o con poco interés en las
regiones.
Eso sí me parece interesante. Estaría de acuerdo
con eso, hay ahí una línea pero que todavía es muy inci-
piente, no es una cosa internalizada y de cada comunidad.
Es el caso de Freirina, Calama, y aparecen como cosas in-
teresantes, con capacidad de recoger demandas locales y
éstas enfrentarlas con el Estado en general y a la sociedad
en su conjunto.

8.2- Estrategia del Estado.

El Estado no se puede modificar con estas lógi-


cas. El Estado juega nuevamente con sus aparatos de con-
trol y extendiendo las negociaciones y ese es otro tipo de
control, el cansancio. Porque no es fácil sostener un mo-
vimiento, para los estudiantes no es fácil sostener desde
abril del año pasado sus movilizaciones y mantener todo
el peak que consiguieron tener durante el 2011, eso es
complejo. Y ellos han entendido esto, que los frutos que
puedan recoger no son de corto plazo.

140 La Revolución de los Jóvenes en Chile


En la medida en que la gente que esté en el go-
bierno y controle el Estado se mantenga, yo creo que se
pueden lograr cambios, porque en ese sentido a Bachelet,
que creo que si viene va a ganar, no le va a ser fácil soste-
ner un gobierno si es que no introduce reformas que son
las más sentidas por la gente y sustanciales, por lo menos
3 ó 4 tipos de reformas.
Otra cosa son los cambios constitucionales, claro
que, en el Estado y particularmente en el gobierno, esto
se ve sólo como cambios del sistema político y lo reducen
sólo a eso, en este caso lo reducen al sistema binominal,
cuando obviamente no es sólo eso.
En el fondo, creo que generando algunos cambios,
a la mayoría de la gente le puede dar lo mismo el gobierno
que esté arriba, mientras te asegure las cosas mínimas. O
sea, la gente que piensa estos temas y que hace una opción
entre la izquierda y la derecha somos los menos. Y los em-
presarios también, ¿qué buscan? Cierta estabilidad, que
las reglas del juego estén más o menos claras., que todos
los problemas que tienen se vayan resolviendo.
Uno tiene que reconocer que, desde 1990 hasta
ahora, el avance que hemos hecho en términos de políticas
sociales es grande. Se puede decir que la pobreza era de un
38% ó de un 40% y se ha reducido a un 15%. Hace 20 años
tú veías niños a pata pelada en todos lados o veías niños
pidiendo o familias pidiendo en las calles, en las esquinas,
eso se sigue viendo; pero, no es una mayoría. El otro día
estaba hablando con los coleros, antes ésta era gente que
estaba sin empleo, hoy día te encuentras con que los cole-
ros es gente que tiene empleo; pero, que éste, si no les al-
canza, se van a la cola de la feria, entonces tienes otro tipo
de colero, porque antiguamente el colero era el que estaba

Diálogos con Raúl Zarzuri 141


desempleado absolutamente, ahora éste utiliza el trabajo
como algo complementario como para sus ingresos, un in-
greso precario.
Hoy día, toda la gente tiene 2 televisores en su
casa, tiene lavadora eléctrica, y eso no lo tiene nadie en
América Latina, yo salgo fuera a conversar de repente
cuando me toca viajar, por evaluación de proyectos y otras
cosas, y la gente se queda asombrada.
Sin embargo, tenemos que modificar los instru-
mentos para medir la pobreza, porque antiguamente la
gente escondía sus cosas, 20 años atrás la gente escondía
sus cosas, pero hoy día está asumido que todo el mundo
tiene eso, salvo las 700 mil y tantas personas que todavía
tenemos en campamentos y que deberían salir de aquí a 3
años máximo.
Ahora, algo que hace una distinción es el tema de
la educación…toda la gente está con “cuarto año medio”.
La mayoría de la gente que tenemos en la educación de
adultos son los desertores que están entre 18 y veintitan-
tos años, pero es educación de jóvenes. Todavía quedan
adultos, evidentemente, pero la tendencia va a ser que la
educación sea de jóvenes. Y todos ésos cambios suponen
otros cambios también. Hoy día, por ejemplo, la gente
quiere consumo, quiere pagar por una entrada a un recital
y se endeuda por 10 meses y por 5 mil pesos mensuales
compra una entrada de 40 mil pesos ó de 30 ó de 20.
Ahora, mantener todo eso ahí, supone que de no
mediar cambios estructurales gruesos, cualquier gobier-
no que esté arriba se verá enfrentado a estas demandas y
exigencias, la sociedad está siendo cada vez más exigente,
la gente dice: quiero que mis hijos vayan a la universidad,
eso ya está instalado.

142 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Y hoy día cualquier joven puede entrar a la uni-
versidad, el problema es que dada la precariedad de los
ingresos un segmento importante de las familias, más de
un 40%, no tienen ingresos como para financiar eso, aún
cuando tengan crédito con aval del Estado, porque, en ge-
neral, el crédito con aval del Estado no te da el 100%. Si te
da el 100, a lo mejor tienes que pagar 20 mil pesos; pero,
a eso le tienes que agregar la locomoción, por lo menos
15 mil pesos y tienes que agregar alimentación, es decir,
por lo menos otros 20 mil pesos y le tienes que agregar
la compra de fotocopias, entonces cuando tú sumas todo
eso por lo menos te llega a 60 mil pesos que la familia tie-
ne que poder costear, y estamos hablando de familias con
ingresos de 300 mil pesos promedio y entonces para esos
ingresos 60 mil pesos es un monto muy alto, entonces esas
familias no tienen el dinero para financiar.
Y lo que tenemos hoy es que las tasas de deser-
ción universitaria, además focalizando las características
de los desertores, del 100% de esos desertores, el 70% co-
rresponde a jóvenes de primera generación de estudian-
tes universitarios en la familia. Ahí tenemos un problema:
masificamos la educación universitaria, igual como masifi-
camos la educación básica y media; pero, ahora tenemos el
problema de la deserción. Y un chico que sale con segundo
año de universidad, esos años de universidad práctica-
mente no le sirven de nada, es como si no hubiese hecho
nada y además sale endeudado. Ahí hay un tema fuerte.
Antiguamente, estudiar te aseguraba un lugar
de trabajo; ahora ese lugar no lo tienes asegurado. Y ahí
está el problema, porque la concepción que hay es esa, hay
que competir. El Estado tiene un buen margen de movi-
miento porque la economía crece. Lo raro con Chile, por-

Diálogos con Raúl Zarzuri 143


que al contrario del resto de las economías, salvo Brasil,
Chile viene creciendo al 5% y generando cerca de 650 mil
empleos mensuales, pero eso macro no se traduce en lo
micro, no hay ninguna conexión y correspondencia con lo
micro; ese exitismo macro-económico no se corresponde
con la realidad porque hay un problema de redistribución.
Las inequidades existentes ahí tienen que ver con un pro-
blema de redistribución. Mucha gente te dice: mira, si en
realidad yo no quiero cambiar el sistema sino que quiero
que todos partamos de la misma forma, que las condicio-
nes iniciales de la competencia sean para todos iguales y
no sean distintas. Y para todos iguales significa, por ejem-
plo: tener mejor educación. En el fondo da lo mismo cómo
llegues.

9- Opciones frente al sistema.

Cuando uno construye tipologías éstas tienen ese


problema, que no son tan claras. Porque dentro del mis-
mo movimiento estudiantil hay gente que está más en la
mirada tradicional, otros en la mirada intermedia y otros
más radicalizados. Y en los segmentos sindicales te vas a
encontrar con lo mismo.
Hay gente que está por mantener el sistema y
otros que no. Y ahí la pregunta que hay es la pregunta
acerca del orden, están los viejos que quedaron trauma-
dos con el 73, por el desorden existente, etc., etc., y de unos
que estuvieron arriba en el poder y de otros que vivieron
la experiencia de la persecución, de los asesinatos, etc., etc.
Uno no puede entender a Camilo Escalona y las cosas que
dice si es que no lo entiende desde la lógica de lo que está
pensando desde el orden: no me vengan a desordenar esto

144 La Revolución de los Jóvenes en Chile


que tanto nos costó construir y todo este cuento y que cos-
tó sangre, etc. Un discurso entendible; pero; para mí no
aceptable.
Después hay otro segmento que es el de la gente
más joven, que está entre los 35 y los 40 años y hasta 50
años que vivió el poder de la Concertación y que se sin-
tió estable por lo menos durante 20 años, entonces ellos
dicen: no me vengan a cambiar de nuevo, no, ahora va a
volver la Bachelet y otra vez vamos a estar nosotros insta-
lados , también es el tema del orden.
Y otros que piensan que este orden hay que des-
ordenarlo para construir otro orden, otra forma de estruc-
turación de lo social, lo político, lo económico, otra cosa.
La fuerza mayoritaria estaría más concentrada
en mantener el sistema porque el orden te da seguridad.
En el fondo lo que está pidiendo mucha gente es más segu-
ridad y por lo tanto no está pidiendo que se cambie todo.
Lo que hay que hacer son correcciones al modelo econó-
mico. Para que nos permita acceder a todos.

10- Geopolítica en América del Sur y los jóvenes.

El caso de Brasil es raro porque ha generado po-


líticas de juventud y que de alguna manera se han man-
tenido; pero, también hay un tema de política social que
está bastante conectado con las ONGs, el traspaso de fi-
nanciamiento. Brasil es raro, en ese sentido, donde tanto
el Estado como el mundo privado han generado traspaso
de ayudas hacia la sociedad civil, lo que no ocurre en el
resto de los países de América Latina, particularmente en
el cono sur.
Ahora, hay que señalar que en el caso de Brasil,

Diálogos con Raúl Zarzuri 145


tiene un fuerte movimiento social histórico instalado,
Movimiento de los Sin Tierra, comunidades cristianas de
base, etc., son cosas importantes; el mismo Partido de los
Trabajadores que nace desde la base social, entonces hay
un tema fuerte.
Hay movimientos sociales de peso en Bolivia,
Perú, Venezuela, Argentina, Ecuador y Uruguay, ahí hay
movimiento social fuerte y han logrado construir nuevas
constituciones, en el caso de Bolivia y en el caso de Ecuador
y en el caso venezolano también, pero hay otras formas de
estructuración de la sociedad y de país que emanan desde
la base, dependiendo de los prejuicios que uno tenga de
lo que está haciendo Evo Morales, de lo que está haciendo
Correa, de lo que está haciendo Chávez, esos son núcleos
distintos dentro del cono sur. Una dinámica geopolítica es
la de Ecuador-Bolivia-Venezuela, porque hay ahí una ges-
tación propia y que viene desde abajo.
Chile es estable dentro de América Latina. Salvo
que haya un consenso a nivel político nosotros manten-
dremos las mismas estructuras políticas. Chile se separa
política y económicamente al asumir una línea más neo-
liberal.
Argentina tiene un fuerte movimiento social his-
tórico instalado. Va a entrar en una crisis pesada, en una
crisis de cesación de pagos, una crisis tremenda, eso ya
está ad portas.
Uruguay se separa políticamente, aunque hoy día
está llamando a plebiscito para dirimir la edad punible de
los jóvenes, y en todo el resto de América Latina eso se ha
determinado entre cuatro paredes, en Uruguay no. Tam-
bién han decidido legalizar la marihuana. Ahí tienes un
tipo de política distinta al resto de los otros países.

146 La Revolución de los Jóvenes en Chile


Colombia y Paraguay. Paraguay vuelve a las lógi-
cas más similares con las de Colombia, sobre todo después
del golpe de Estado.

Diálogos con Raúl Zarzuri 147