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LA CORRUPCIÓN NOS CUESTA MUCHO MÁS DE LO QUE CREEMOS

En el contexto de las definiciones, existe un dilema referente a si el término


‘corrupción’ es aplicable únicamente al sector público o también puede hacer referencia al
sector privado. Etimológicamente hablando, el término proviene del latín corruptus que
significa descompuesto o estropeado, lo cual en ese contexto equivale al deterioro moral.

Sin embargo, para muchos economistas se hace más sencillo llegar al consenso de la
corrupción como coyuntura que va desde la violación o el abuso de un poder público
hasta llegar al beneficio privado o individual de quien –o quienes- lo ostentan. Por lo que
se hace necesario aclarar que dada la característica económica de este artículo, se
abordará la corrupción entendida como “actos en los que el poder del cargo público se usa
para beneficio personal de una manera que contraviene las reglas del juego” (Jain, 2001).

Considerando lo anterior, hay en economía muchísimos elementos que resultan


vulnerables y sensibles ante las diversas formas de corrupción (peculado, cohecho, tráfico
de influencias, entre otros) y que representan un costo económico enorme para las
sociedades y evidentemente para las arcas públicas.

Por ejemplo, para el año 2013 según un estudio realizado por la Universidad de Las
Palmas, se estimaba en 40.000 millones de euros el costo social de la corrupción en
España, considerando el impacto que esta tiene sobre la calidad de vida de los
ciudadanos, pero además también teniendo en cuenta elementos como la reducción de la
inversión extranjera, algunos casos que no han podido ser probados judicialmente y la
disminución de proyectos personales o profesionales por parte de los ciudadanos.

Asimismo, en México, la OCDE y la UNAM mediante la elaboración de los estudios


pertinentes llegaron a coincidir en que los actos de corrupción le costaron al país un 10%
de su Producto Interno Bruto (PIB) en el año 2018, lo que se traduce en la pérdida de 21.9
millones de pesos anuales cuyo destino inicial eran obras de carácter público e inversión
para el bienestar y el desarrollo, pero terminaron siendo parte del capital económico de
particulares.

Los dos casos expuestos anteriormente representan solo una pequeña muestrade
cómo la corrupción afecta al mundo entero, generando costos sociales increíbles y costos
económicos tan elevados que se hace difícil siquiera pensarlo. Aunado a esto, los actos
ilícitos provenientes de la corrupción también pueden afectar gravemente el crecimiento
sostenible de los países, la capacidad de los Estados para cumplir sus funciones básicas,
reducir la eficiencia del gasto público, condicionar los procesos de privatización y hasta
desalentar al contribuyente, lo cual es causa de la desconfianza en las instituciones y
además tiene como consecuencia principal la disminución de los ingresos fiscales que
obtienen los Estados; convirtiendo todo este proceso en una especie de círculo vicioso.