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INFORME PSICOLÓGICO: APORTES EN LA CONSECUCIÓN DE LOS

OBJETIVOS DE LOS BENEFICIOS PENITENCIARIOS EN CASOS DE DELITOS


VIOLENTOS
PSYCHOLOGICAL REPORT: CONTRIBUTIONS TO THE ACHIEVEMENT OF
THE GOALS OF PENAL BENEFITS IN VIOLENT CRIMES
Nicolás Carboni, Maite Contreras, Adolfo Muñoz, Katherine Sáez
Universidad de Chile, Santiago, Chile, 2016
kathy.saez92@gmail.com

Resumen:
En la legislación de Chile se establece que las penas punitivas deben tener como fin último la
rehabilitación y reinserción social de los infractores de ley. En esta línea, la libertad
condicional se presenta como respuesta al éxito en la rehabilitación, en el marco de
individualización de la pena. Sin embargo, frente a este derecho del convicto se opone el
bienestar común y el deber de proteger a la sociedad ante posibles daños. En este contexto, el
presente informe busca identificar los aportes de las evaluaciones psicológicas en la
consecución de los objetivos de los beneficios penitenciarios, específicamente en delitos
violentos, frente a la necesidad de garantizar la rehabilitación del delincuente.
Palabras Clave: prisión, reinserción social, evaluación psicológica, conducta violenta,
beneficios penitenciarios

Abstract:
In chilean legislation it is established that punitive penalties must pursuit rehabilitation and
social reintegration of law offenders as its ultimate goal. The possibility of an early release
due to parole policies respond to the success of the rehabilitation programs that the convict
had to pass through. However, establish real recovery of the convict requires several
indicators that, even in the add-up, cannot guarantee it. In this context, this paper expects to
establish the effective reach and influence of psychological evaluation in the process of
reintegration through parole, in the specific case of violent crimes.

Keywords: prison, social reintegration, psychological evaluation, violent behavior,


penitentiary benefits
Introducción
En abril del presente año, la resolución de liberar a 788 reos por parte de la Corte de
Apelaciones de Valparaíso causó un gran revuelo. Esta liberación masiva fue producto de una
inédita resolución de la Corte de aprobar el 90% de las solicitudes de libertad condicional,
considerando que el año anterior se aprobó apenas el 7% de las peticiones (El Mercurio,
2016). Durante cinco días, el comité compuesto por cinco jueces revisó 125 informes,
contando con 875 casos propuestos por Gendarmería , en los cuales analizaron los casos
ocupando dos criterios: que estuvieran en la Lista 1 de Gendarmería (buena conducta) y su
tiempo de reclusión, sin considerar la gravedad del delito cometido ni los informes
psicosociales, como se había realizado en años anteriores, argumentando que no querían
dejarse llevar por criterios subjetivos (El Mercurio, citado en Economía y Negocios, 2016).

En concordancia con esta situación, hace años se ha cuestionado a nivel institucional


la relevancia que deberían tener los informes psicosociales para el otorgamiento de beneficios
penitenciarios. Tras el incendio de la Cárcel de San Miguel, se impulsó progresivamente la
entrega de beneficios carcelarios, incrementando desde un poco más del 4% del total de la
población penal en el 2009 a cerca de un 12% al año 2012. Los altos mandos de Gendarmería
señalaron que esta es la única vía para preparar a los reos en su posterior reinserción. En una
conferencia dada el 2013, la subdirectora técnica de Gendarmería de ese entonces, Paula
Espinoza (citado en La Segunda, 2013), señaló que “no existe forma de evaluar el riesgo, la
conciencia del delito ni la motivación al cambio”. Si a eso sumamos la gran cantidad de gente
que hoy día al interior de los establecimientos tienen patologías mentales [...] hace más
cuestionable aún el peso de la mayoría de los consejos técnicos da al informe psicológico”
(citado en La Segunda, 2013).

Sin embargo, no es unánime la opinión respecto al tema. Jorge Cortesse, abogado de


la Universidad Diego Portales, quien trabaja en materias de derechos humanos y reinserción,
señala que “así como el delincuente tiene derecho a reinsertarse en la sociedad, ésta tiene
derecho a que las autoridades garanticen que quienes acceden a dichos beneficios lo hagan en
el marco de controles muy estrictos” (citado en La Segunda, 2013). Señala además, que “si
bien no se puede predecir el comportamiento de una persona, sí es posible tener indicación de
ello” (citado en La Segunda, 2013)

En Chile, los requisitos para obtener beneficios penitenciarios son el mantenimiento


de buena conducta y el cumplimiento de un porcentaje de la condena de acuerdo al delito por
el cual fue enjuiciado, entre otros requisitos, considerándose el examen psicológico como
importante pero no determinante al momento de otorgar el beneficio (Gendarmería de Chile,
s.f.).

Estas situaciones ilustran uno de los grandes problemas a los que se enfrentan las
instituciones de justicia en Chile, , por un lado, proteger los derechos del recluso de
reinsertarse en la sociedad y, por otro lado, proteger el derecho de la sociedad a ser protegida
ante posibles daños, por lo cual se ha buscado la inclusión de otras disciplinas ajenas al
derecho penal que pudieran cooperar en la solución a este problema (Soria & Sáiz, 2006).
Dentro de este contexto, la inclusión de profesionales de la salud mental ha propiciado la
inclusión de diversas herramientas que permitirían evaluar la “aptitud” del recluso para
enfrentarse a la sociedad fuera de las rejas (Jiménez, 2014). Sin embargo, a pesar de que la
disciplina de la psicología, especialmente en su área clínica, ha trabajado en conocimientos
que permitirían establecer patrones de comportamiento de acuerdo a ciertas predisposiciones
individuales, el avance en la predicción de la conducta violenta no presenta un panorama tan
alentador.

La conducta violenta es el resultado, más o menos consciente, de la decisión de una


persona de realizar acciones que pueden verse influidas por diversos factores que en
interacción producen un comportamiento que denominamos violento, los cuales pueden ser
de índole biológico, psicológico y social . Por tanto, un mecanismo de predicción de la
conducta violenta debería concebir la naturaleza multicausal de ésta (Pueyo, 2008). Existen
voces contrarias a esta posibilidad, argumentando en base a la baja eficacia de los
instrumentos y técnicas de evaluación y los problemas éticos que implicaría el tomar
decisiones en el ámbito legal respecto a la posibilidad -o no- de ocurrencia de un
comportamiento futuro (Jiménez, 2004).

Al no existir una visión concluyente respecto a la eficacia de las herramientas para


predecir la conducta violenta, el objetivo de esta revisión es, considerando esta situación,
identificar los aportes del informe psicológico a la consecución de los objetivos que
persiguen los beneficios penitenciarios a personas que cumplen condena por delitos violentos
en Chile, para lo cual necesitaremos por un lado, identificar los objetivos que persiguen los
beneficios penitenciarios y, por otro lado, identificar las saliencias de los informes
psicológicos y cómo éstos podrían ser utilizados en el ámbito de los beneficios penitenciarios.
Así, este artículo se estructurará en torno a dos ejes. El primero, giraría en torno al
sistema penitenciario en Chile, ítem en el cual describiremos su forma de funcionamiento, sus
objetivos y los beneficios penitenciarios que contempla nuestra legislación. Además,
complementaremos esta información con datos estadísticos que muestren cómo se llevan a la
materialidad estos principios. El segundo eje girará en torno a la actividad psicológica en el
ámbito penitenciario, describiendo los roles que cumple, especialmente en la evaluación de
los internos y las herramientas y técnicas más frecuentemente utilizadas, para culminar esta
revisión con el ámbito que nos interesa, que es la predicción de la conducta violenta.

Sistema penitenciario en Chile

El sistema penitenciario chileno se rige por el Decreto Supremo Nº518 [DTO-518],


llamado Reglamento de establecimientos penitenciarios, cuya actividad tendrá como
finalidad la “atención, custodia y asistencia de detenidos, sujetos a prisión preventiva y
condenados, como la acción educativa necesaria para la reinserción social de los sentenciados
a penas privativas de libertad o sustitutivas de ellas” (DTO-518, 1998). Este reglamento se
aplica para todas las personas que se encuentran bajo control de Gendarmería, ya estén en
libertad o privadas de ella. Esta normativa, distingue tres tipos de regímenes penitenciarios,
que se llevan a cabo en distintos establecimientos, los cuales se denominan régimen cerrado,
abierto y semi-abierto (Eurosocial, 2015).
1) Régimen cerrado: constituido por la población que cumple condena privativa de
libertad en establecimientos penales. Se desarrollan actividades educativas, laborales
y de intervención psicosocial (Gendarmería de Chile, s.f.)
2) Régimen abierto: constituido por la población que cumple condena por alguna pena
sustitutiva o alternativa (libertad vigilada, reclusión nocturna y remisión condicional
de la pena). Gendarmería se encarga de controlar y entregar asistencia a dicha
población (Gendarmería de Chile, s.f.).
3) Régimen semi-abierto: corresponde a un tipo de ejecución entre los dos anteriores. se
dan cumplimiento a la condena en un espacio organizado en torno a la actividad
laboral y la capacitación (Eurosocial, 2015). Entran de manera voluntaria a estos
establecimientos que cuentan con seguridad aminorada, basándose la relación en la
confianza y la autodisciplina (Gendarmería de Chile, s.f.)
Los objetivos del Sistema Penitenciario pueden ser variados, pero a nivel
internacional se recalca la importancia de que tenga como fin no sólo el control del individuo,
sino que utilizarlo como instancia que posibilite su reinserción social (Eurosocial, 2015). En
Chile, no existe a nivel constitucional alguna referencia hacia el ámbito penal en este sentido,
sin embargo, se considera dentro de los objetivos de Gendarmería, el “fomentar conductas,
habilidades, destrezas y capacidades que incrementen las probabilidades de reinserción social
de la población penal” (Gendarmería de Chile, s.f.).

Respecto a la población penal, Gendarmería de Chile (s.f.) nos da los siguientes datos
al 30 de junio de este año:

Tipo de Población Hombres Mujeres Total

Total de atendidos 122.320 15.101 137.421 100,0%

- Subsistema cerrado 44.811 3.880 48.691 35,43%

Régimen de control cerrado 39.471 3.382 42.853 31,18%

Régimen de control 649 101 750 0,55%


semiabierto

Régimen de control abierto 4.691 397 5.088 3,70%

- Subsistema abierto 50.027 7.961 57.988 42,20%

Medidas alternativas 10.372 2.009 12.381 9,01%

Penas sustitutivas 39.655 5.952 45.607 33,19%

- Subsistema 27.482 3.260 30.742 22,37%


postpenitenciario

Beneficios penitenciarios

El Derecho penitenciario, en una primera instancia destacaba el concepto de


beneficio, aludiendo a que este se trataba de una concesión discrecional sin obligación de
darse por parte de las autoridades penitenciarias, pudiendo definirse como “aquellas medidas
que permiten la reducción de la condena impuesta o la duración de la misma, como premio al
buen comportamiento del sujeto” (Eurosocial, 2015, pág. 283). Estos beneficios surgen en un
contexto de reforma penitenciaria en los siglos XVIII y XIX, movimiento que exige la
individualización de la pena a fin de orientarla hacia el individuo y cuya finalidad se tornaría
la reeducación y reinserción social del individuo. Hacia la actualidad, se puede observar un
creciente interés por expandir tanto cuantitativamente como cualitativamente los beneficios,
sin embargo, la mayoría de los beneficios se limitan a cambiar las condiciones del régimen
(Eurosocial, 2015).

Ahora bien, es importante considerar si los beneficios penitenciarios son, como se


pensaba en primera instancia, una concesión o un premio, o si es que estos son un derecho al
cual pueden optar los condenados.

Para dar respuesta a esto, debe tenerse en cuenta en primera instancia que el sistema
judicial y, en específico el sistema penitenciario, tiene como finalidad la reinserción social,
como señala en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y políticos (1966), en su art. 10,
inciso 3 “El régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial es la
reforma y la readaptación social de los penados”, dejando atrás el principio clásico de que la
pena tiene un carácter punitivo y castigador. Por lo tanto, el concebir que los beneficios
penitenciarios son un “premio” es considerarlo en base a un sistema que paulatinamente los
países han dejado de lado (Eurosocial, 2015).

Si pensamos los beneficios penitenciarios como un derecho subjetivo al cual pueden


acceder los condenados, lo enmarcamos dentro de un sistema resocializador y respetuoso del
principio de legalidad, lo que concede variadas garantías tales como la apelación en caso de
ser denegado o la obligatoriedad de ser asignado al cumplir los requisitos prescritos por ley
(Eurosocial, 2015). No obstante, esta visión no está ajena a problemas, como es la
consideración de una necesaria ponderación entre las necesidades de seguridad colectiva o
bien común y las necesidades de resocialización del condenado (Eurosocial, 2015).

Como positivación de estos principios, las Naciones Unidas, específicamente en las


Reglas de Tokio (1990), señala en su art. 2 que “a fin de asegurar con mayor flexibilidad,
compatible con el tipo y la gravedad del delito, la personalidad y los antecedentes del
delincuente y la protección de la sociedad y evitar la aplicación innecesaria de la pena de
prisión, el sistema de justicia penal establecerá una amplia serie de medidas no privativas de
la libertad”. Además, se señala en su regla 9 (1990) que “se pondrá a disposición de la
autoridad competente una amplia serie de medidas sustitutivas posteriores a la sentencia a fin
de evitar la reclusión y prestar asistencia a los delincuentes para su propia reinserción social”.

En Chile, la normativa consigna que los beneficios intrapenitenciarios pueden


considerarse como parte de actividades de reinserción social, cuya concesión depende de las
necesidades de reinserción del individuo, la evaluación de su participación en actividades de
reinserción y el “pronóstico” que se tenga de su comportamiento futuro (Gendarmería de
Chile, s.f.). Estos pueden ser:
1) Salida esporádica: permiso para visitar a parientes próximos o personas íntimamente
ligadas en caso de enfermedad, accidente grave o muerte o afecciones de
trascendencia para su vida familiar. No puede ser superior a las diez horas, teniéndose
en cuenta la conducta y confiabilidad del interno y las medidas de seguridad
requeridas. También puede otorgarse en caso de necesidad de presencia personal del
condenado para diligencias y por un tiempo máximo de seis horas. Finalmente, se
puede otorgar este permiso por un máximo de diez horas a los internos que hayan
cumplido un tercio de su pena, a modo de estímulo (Gendarmería de Chile, s.f.).
2) donde esta eso? voy a arreglar arriba mientras
3) Salida dominical: a partir de un año antes del tiempo mínimo para optar a libertad
condicional se puede optar a este beneficio que consta de salidas sin custodia los días
domingo por un máximo de quince horas (Gendarmería de Chile, s.f).
4) Salida de fin de semana: dirigido a los internos que durante tres meses continuos
hayan cumplido totalmente las obligaciones del beneficio de salida dominical. Se
extenderá desde las 18 horas del viernes hasta las 22 del día domingo como máximo
(Gendarmería de Chile, s.f).
5) Salida controlada al medio libre: a partir de los seis meses previos al tiempo mínimo
para optar a libertad condicional, podrán salir los internos durante la semana por un
periodo inferior a las 15 horas diarias, a fin de concurrir a establecimientos de
capacitación laboral o educacional o instituciones de rehabilitación social y de
orientación personal. Deben periódicamente dar cuenta del provecho que les haya
reportado el uso de la salida (Gendamería de Chile, s.f).

Los requisitos para optar a estos beneficios son haber tenido una excelente conducta
en los tres bimestres anteriores (se habla de bimestre ya que los informes de conducta se
hacen con esa periodicidad), además de observación de su conducta histórica a fin de
constatar la existencia de faltas disciplinarias graves anteriores a los tres bimestres, haber
asistido regularmente y de forma provechosa a la escuela del establecimiento (salvo constar
con estudios superiores a los ofrecidos o tener problemas de aprendizaje), participación
activa y constante en actividades de la unidad (capacitación y trabajo, culturales, etc) y tener
la posibilidades de contar con redes de apoyo ya sean familiares o penitenciarias (Ley 19856,
2003).

Libertad condicional
La libertad condicional, entendida como la libertad parcial que se le otorga a aquellos
reos que cumplen una pena mayor a un año y tras la aprobación del alcaide está normada por
el Decreto Ley Nº 321 [DL-312] (1925) y por las modificaciones en su Reglamento Commented [1]: citñemosla como ley en lñinea

establecidas en la Ley Nº20.587 (2012), la cual señala que es un beneficio que no extingue ni Commented [2]: Poder Legislativo de Chile (1925,
10de marzo). Decreto Lei Nª321, que establece la
modifica la duración de la pena, sino que es una forma particular de cumplirla en libertad, libertad condicional para los penados..
En
con el deber de firma semanal en un Centro de Apoyo para la Integración Social. Los Diario
Oficial
requisitos para postular a este beneficio se encuentran consignados en las mismas N°
algo
legislaciones, el DL-312 (1925) en su art. 2 y 3 y en la Ley Nº20.587 (2012) en su art. 4, 15 y [en
línea].
16, los cuales son: Extraída de:
https://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=5979.
1) Que el recluso se encuentre cumpliendo sentencia. Todos tienen derecho a solicitar
este beneficio, determinando el tipo de delito sólo el tiempo mínimo a cumplir para
efectuar la solicitud.
2) Que la pena privativa de libertad del condenado sea superior a un año, a fin de poder
comprobar los efectos de la intervención penitenciaria mediante la liberación a prueba
(Morales, citado en Eurosocial, 2015)
3) Que el condenado haya cumplido un mínimo de la condena impuesta, el cual depende
del delito por el cual fue condenado o de la condena misma. Los plazos son los
siguientes:

Solicitud libertad Plazo Delito Condena


condicional

Regla general Mitad de la condena Resto de delitos

Plazos mayores ⅔ de la condena Parricidio, homicidio calificado, robo


con homicidio, violación de menor de
14 años, infanticidio, abuso sexual
impropio, violación con homicidio,
almacenamiento de material
pornográfico infantil, abuso sexual
calificado menor de 14 años,
favorecimiento de la prostitución
infantil, trata de personas, elaboración
o tráfico de estupefacientes, manejo en
estado de ebriedad causando lesiones
graves, gravísimas o la muerte, delitos
terroristas.

Plazos menores 10 años Condenas superiores a 20 años

3 años Condenas superiores a 6 años por


delitos de hurto o estafa

Plazos especiales 20 años Presidio perpetuo simple

40 años Presidio perpetuo calificado

Resulta importante mencionar, que en el DL-321 señala en su art.1 que la libertad


condicional se establece como “un medio de prueba de que el delincuente condenado a una
pena privativa de libertad y a quien se le concede, se encuentra corregido y rehabilitado para
la vida social” (1925). En tanto, el cumplimiento de los requisitos formales sólo da derecho al
interno a solicitar el beneficio. Mas, su concesión dependerá fundamentalmente de las
necesidades de reinserción social del condenado y de la evaluación que se realice de su
estadía en el centro penitenciario, como medio de presunción de que respetará las normas y
no continuará con su vida delictiva (Gendarmería de Chile, s.f) por lo cual dentro de los
requisitos también se considerará el haber tenido una conducta intachable, haber aprendido
algún oficio si es que hubiese taller para ese fin en el establecimiento penitenciario en que se
hallaba recluso, haber asistido con regularidad y provecho a la escuela del establecimiento
(Gendarmería de Chile, s.f.). Se señala además de que será “el informe social y psicológico
favorable un antecedente indispensable para la obtención del mismo” (Gendarmería de Chile,
s.f.).

Considerando que los requisitos para acceder a los beneficios de reinserción se han
mantenido igual en los últimos años, el otorgamiento de éstos ha registrado un aumento. En
el periodo 2007-2014, pasando de 570 beneficiados con libertad condicional en 2007, a 3146
en 2014 a nivel nacional, y, los beneficiados con salida controlada al medio libre han variado,
pasando desde 715 en 2007 a 1093 durante el 2014 (Gendarmería de Chile, s.f.).
Psicología en el ámbito penitenciario

En Estados Unidos, hacia 1919, aparece por primera vez la función del psicólogo
dentro de un establecimiento penitenciario. Es a partir de ese momento en que se produce un
crecimiento sostenido de la dotación de estos profesionales en la mayoría de los centros
penitenciarios (Soria & Sáiz, 2006), lo cual es concordante con el el derecho que tienen los
reclusos a gozar de una buena salud, tanto física como mental, lo cual debe ser garantizado
por los Estados a través de la implementación de infraestructura adecuada y del personal
médico necesario (Principios básicos para el tratamiento de reclusos, 1990). Dadas las
condiciones en las cuales se realiza el trabajo de estos profesionales, que consisten en
instituciones donde las personas permanecen recluidas las 24 horas del día, se requiere de su
participación con los condenados en múltiples actividades que demande de su experticia en el
ámbito psicológico, que puede ser en tareas de formación y educación de los internos,
orientación laboral, deportivas, de trabajo grupal y, por supuesto, como psicólogos clínicos
(Soria & Sáiz, 2006)

Sin embargo, dados los objetivos del centro penitenciario, las funciones más
importantes a realizar son las de de evaluación y tratamiento. Para ello, deben tener en cuenta
cuatro directrices fundamentales al momento de intervenir en la prisión (Soria & Sáiz, 2006):
1) Respeto a los derechos constitucionales, legales y reglamentarios implicados en el
procedimiento penal.
2) Individualización de la intervención.
3) La propia especialización.
4) Seguir los lineamientos de actuación señalados por las autoridades en materia
penitenciario, en el caso de Chile, Gendarmería.

Según Soria y Sáiz (2006), en la evaluación penitenciaria, las variables importantes a


considerar son la conducta delictiva de cada caso, las variables personales, biográficas y
sociales teóricamente relevantes en la vida del recluso, teniendo las siguientes finalidades:
1) La clasificación penitenciaria, consideran las facilidades y dificultades que puede
tener el reo en el cumplimiento de la pena y en su tratamiento, el medio social al que
retornará una vez cumplida la pena, entre otros.
2) Programación del tratamiento más adecuado a las necesidades del individuo.
3) Evaluación periódica del tratamiento.
4) Realización de informe y pronóstico para el otorgamiento de beneficios
penitenciarios, informes de personalidad o conducta que requieran las autoridades
judiciales.

Evaluación psicológica en el ámbito jurídico-criminal

La evaluación psicológica, a nivel general, trabaja con las características intelectuales,


emocionales, motivacionales, psicopatológicas y comportamentales del individuo, utilizando
diversas técnicas e instrumentos que permitan evaluar cada constructo con mayor precisión
(Soria & Sáiz, 2006). Sin embargo, considerando las diferencias que tiene el contexto jurídico
legal, la evaluación tendrá sus propias particularidades, explorando tanto los aspectos
positivos como negativos del sujeto, con el fin de responder a los requerimientos que se
realicen desde las autoridades judiciales, contribuyendo a la toma de decisiones respecto a la
conducta delictiva y sus implicancias. Así, en las exploraciones de los constructos
psicológicos se utilizan generalmente los instrumentos más conocidos de la evaluación
clínica (Soria & Sáiz, 2006), tales como:
1) Entrevistas: estructuradas, semi-estructuradas o libres.
2) Test o autoinformes:
a) Pruebas de rendimiento: WAIS, WISC, Raven, BENDER, BENTON
b) Cuestionarios y escalas: EPQ, 16-PF, MCMI, MMPI, BDI, STAI
c) Técnicas proyectivas: Rorschach, TAT, CAT, test gráficos
3) Observación: directa o indirecta
4) Registros psicofisiológicos: polígrafo

Se vuelve importante recalcar, como se ha hecho durante todo el desarrollo de esta


revisión, que en el ámbito jurídico las cosas se complican respecto al ámbito clínico, ya que
aunque los psicólogos cuentan con las herramientas y conocimientos adecuados, el sujeto a
evaluar puede colaborar o falsear sus respuestas para su propio beneficio, por lo cual se deben
considerar las ventajas y desventajas de la utilización de estos recursos al momento de tomar
decisiones (Pueyo, 2008).

Psicología forense y predicción de la conducta violenta


Recalcando que el objetivo de esta investigación está circunscrito a la población
condenada por delitos violentos, comenzaremos por señalar qué delitos serán considerados
como tales.

Hart define la violencia como “un conjunto de estrategias por medio del cual los
individuos, a veces en solitario y otras veces en grupo, tratan de imponer su voluntad de
poder y dominio sobre otros, utilizando para ello tácticas comportamentales, que producen
malestar o daño a las víctimas, cualquiera que sean las condiciones personales de las mismas”
(citado en Gómez, 2009, pág. 45). Por otro lado, el Código Penal considera como delitos
violentos aquellas acciones que afectan principalmente la vida, la integridad físico o psíquica
de las personas, la libertad personal o la seguridad individual, y la propiedad (Fiscalía de
Chile, s.f). Los más comunes son: parricidio, homicidio simple y calificado, infanticidio,
secuestro, sustracción de menores, lesiones, robo calificado, robos con violencia o
intimidación, robos en lugar habitado, cuasidelitos cometidos por profesionales de la salud
(Fiscalía de Chile, s.f). Dicho lo anterior, consideraremos como delitos violentos aquellos en
que se infrinja daño deliberado por sobre un otro, además de incluir los delitos sexuales por
considerarlos uno de los tipos delictivos más violentos, ya que afectan al ser humano en sus
múltiples facetas.

Respecto a los delitos que competen la presente revisión, el Compendio Estadístico


2015 (Instituto Nacional de Estadística, 2015), muestra los siguientes índices de personas
puestas a disposición de Tribunales de Justicia por delitos de mayor connotación social
durante el año 2014:

Delito Nº de personas

Delitos sexuales 940

Homicidios 1.010

Lesiones 7.320

Hurto 9.245

Robos 6.174

Violencia familiar 320


Sin embargo, la situación podría ser aún más grave. El Diagnóstico de Víctima de Delitos en
Chile (2015), muestra las siguientes estadísticas de victimización en relación al tipo de delito
para el año 2014

Víctimas % sobre el Casos % sobre el Tasa de no


según total ingresados total denuncia
estadísticas en el (cifra negra)
de denuncia Ministerio
Público

Violentos 269.781 22,6 52%


graves

Robos 277.781 23,3 300.027 23,4 51%

Homicidios 553 0,0 1.342 0,1 20%

Lesiones 120.902 10,1 174.002 13,6 51%

Delitos 10.722 0,9 17.766 1,4 75%


sexuales

Violencia 135.714 11,4 122.615 9,6 70%


intrafamiliar

Cuasidelitos 69.679 5,8 15.878 1,2 51%

Víctimas 1.194.377 100,0 1.283.083 100.0 54%


totales

Partiendo de la premisa de que una intervención eficaz para reducir estas cifras
requiere de conocer sus causas así como los mecanismos que la producen, el trabajo de los
psicólogos forenses en el área penitenciaria implica contribuir en la predicción de la conducta
violenta a fin de intervenir eficazmente en su comisión (Gómez, 2009). La predicción del
comportamiento violento está orientada a discernir la posibilidad de que un sujeto cometa un
delito o reincida en él, y también a determinar el riesgo de peligrosidad o reincidencia de un
sujeto encarcelado al obtener su libertad (Soria & Sáiz, 2006). La posibilidad de predecir el
comportamiento violento ha sido ampliamente discutida, sin embargo Pueyo y Redondo
(2004) señalan que este puede predecirse con un buen grado de precisión si se conocen bien
los determinantes de la conducta. Aunque, como toda predicción, no está ajena a errores en su
sensibilidad (porcentaje de verdaderos positivos, es decir, sujetos predichos como violentos
que se comportan violentamente) y en su especificidad (porcentaje de falsos positivos, es
decir, individuos que siendo predichos como violentos no actúan como tal).

Según Pueyo (2008), en la valoración de violencia existe variedad de métodos y técnicas, los
cuales se pueden clasificar en dos tipos:
1) A criterio libre del profesional (discrecional): no tienen una pauta, estructura ni un
instrumento técnico validado. Como desventajas de estas metodologías, se encuentra
la dificultad de encontrar justificaciones empíricas y sistemáticas, basándose en la
“autoridad del profesional”. Pueden dividirse en:
a) juicio profesional no estructurado: se aborda el problema de acuerdo al libre
criterio de cada profesional.
b) juicio profesional estructurado: incluye un nivel de estructuración al incluir el
estudio de factores de riesgo identificados y conocidos.
c) evaluación por anamnesis: sigue el protocolo propio de las anamnesis
habituales en contextos clínicos.

2) Siguiendo una pauta determinada: se sigue una pauta dada por desarrollos técnicos de
la evaluación psicológica o de otras áreas afines. Estos pueden ser:
a) Test psicológicos: miden ciertos riesgos y atributos, que de acuerdo a
investigaciones en el tema, predicen comportamientos violentos. La fiabilidad
y validez de estos instrumentos permiten obtener información relevante que
permitiría tomar decisiones judiciales mejor fundadas.
b) Test actuariales: diseñados con la finalidad de predecir el riesgo de
comportamiento violento (alta especificidad). Tienen gran fidelidad, ya que
fueron construidos para predecir resultados específicos y concretos, dadas
determinadas condiciones temporales y contextuales.

En el segundo tipo de técnicas, los instrumentos más utilizados son:


1) HCR-20. Guía para la valoración del riesgo del comportamiento violento. Combina
técnicas actuales y clínicas, permite la reducción de la sobre-estimación del riesgo
(Soria & Sáiz, 2006) Utiliza como variables predictoras los factores de riesgo de tipo
histórico (pasado y trastornos mentales), clínico (correlacionados con la violencia en
el presente) y de gestión de riesgo (aspectos situacionales futuros desencadenantes)
(Pueyo, 2008). Presentan un nivel de predicción aceptable (Soria & Sáiz, 2006).
2) PCL:R. Psichopathy Check List. Tiene como variables predictoras los factores que
sugieren explotación de los demás y un estilo de vida históricamente inestable (Pueyo,
2008). Según el coautor de este instrumento Haré citado en (Soria & Sáiz, 2006), la
capacidad de esta versión para predecir es muy elevada en sujetos psiquiátricos
civiles. Las puntuaciones en la escala son los mejores predictores individuales de
violencia, pero no se diseñó con este objetivo y no es aplicable a toda la población
(Pueyo, 2008).
3) SARA. Spousal Assault Risk Assesment Guide. Tiene como variables predictoras el
historial de agresiones en contexto de parejas. Predice el riesgo de reincidencia que
presentan agresores domésticos y otros tipos de violencia en general (Pueyo &
Redondo, 2004)
4) SVR-20. Sexual Violence Recidivism -20. Guía de valoración del riesgo de violencia
sexual, riesgo de reincidencia en agresores sexuales (Soria & Sáiz, 2006)
5) VRAG. Violent Risk Appraisal Guide. Utiliza como variables predictoras el desarrollo
de la personalidad, historial de conductas violentas. Incluye las puntuaciones del
PCL-R. Predice el riesgo de conductas violentas no sexuales dentro de un intervalo de
7 a 10 años. Se aplica sólo a hombres adultos (Pueyo, 2008).
6) SORAG. Sex Offender Risk. Utiliza como variables predictoras el desarrollo de la
personalidad, historia de conductas anormales violentas y preferencias y desviaciones
sexuales. Predice el riesgo de violencia sexual en un intervalo de 7 a 10 años.
7) Suicide Probability Scale. Dedicado a la predicción del riesgo de suicidio, recoge
como variables predictoras la historia del sujeto, la depresión actual y variables
cognitivas. Da puntuaciones de probabilidad de riesgo de conducta suicida, de liminar
a severo (Soria & Sáiz, 2006)

Finalmente, de acuerdo a lo señalado por Gómez (2009), el juicio clínico no


estructurado ha sido bastante criticado, ya que en primer lugar, tiende a la falta de
consistencia entre los evaluadores sobre cómo se deben realizar las evaluaciones y tomar las
decisiones; segundo, existe poca evidencia de la precisión de las decisiones tomadas por el
profesional o las ventajas comparativas sobre otras técnicas y; tercero, como no existe un
protocolo en su aplicación, resulta difícil para otros evaluadores cuestionar los resultados del
proceso. Sin embargo, presenta como ventajas su flexibilidad y la importancia que le da a la
prevención de la violencia. Por otro lado, respecto al enfoque actuarial, Gómez (2009) señala
que éste mejora la consistencia y precisión en la valoración del riesgo. Por tanto, se sugiere la
utilización de ambos enfoques, clínico y actuarial, con el fin de realizar una evaluación
mucho más completa y acertada.

Consideraciones respecto a la predicción de conducta violenta

La violencia es un fenómeno complejo, con distintos matices, por lo cual para


aumentar la precisión de la predicción tenemos que tener en cuenta las distintas
manifestaciones de violencia (Pueyo y Redondo, 2004). A esta dificultad intrínseca que tiene
el fenómeno de la violencia, sus múltiples causas y formas de manifestación, se le adiciona la
escasez de instrumentos y técnicas desarrolladas para prevenir la conducta violenta (Pueyo &
Redondo, 2004). Por este motivo, al momento de intentar predecir la conducta violenta
debemos tener en cuenta estas múltiples facetas, que podemos resumir en: la naturaleza
específica de la conducta violenta (tipo de violencia), gravedad de la conducta violenta
(intensidad de sus efectos), frecuencia, inminencia y probabilidad. Estas características
provienen de tres fuentes básicas de información, que son las fuentes empíricas, que permiten
la precisión predictiva; profesionales, que facilitan la utilidad práctica de la predicción y;
legales, que permiten tomar decisiones razonables en el marco en que estamos realizando la
predicción.
Con el tiempo, se ha variado desde un concepto de “predicción de violencia” al de
“evaluación del riesgo de violencia”, ya que el concepto de riesgo hace alusión a un peligro
que se comprende parcialmente, de modo que su ocurrencia puede predecirse con
incertidumbre y en términos de probabilidades, integrando factores condicionales y
contextuales (Folino y Escobar, 2004).
Los modelos de evaluación y manejo del riesgo de violencia se deben basar en una
investigación y aplicación fundamentada de los factores de riesgo que afectan a una persona
en su potencial de cometer actos violentos y en la determinación de factores protectores que
contribuyan a prevenir estas situaciones y minimizar su impacto negativo (Folino & Escobar,
2004).

Tratamiento y gestión del riesgo de violencia

Como la valoración del riesgo de conducta violenta está supeditada al contexto


penitenciario, es decir, cumplo un rol dentro del cumplimiento de la pena, posterior a
realizarse debe ser utilizado a fin de minimizar dicho riesgo, lo cual se denomina gestión del
riesgo (Folino & Escobar, 2004). Como señala Pueyo (2008, pág. 53), la gestión del riesgo se
basa en “comprender por qué el sujeto eligió actuar violentamente en el pasado, en
determinar si los factores de riesgo/protección que influyeron en su elección siguen presentes
y lo estarán en el futuro, y en promocionar los factores que le pueden llevar a tomar
decisiones no-violentas en tanto que estrategias alternativas de solución de conflictos”. En
otras palabras, dadas las observaciones producto de la valoración del riesgo, se apliquen con
la finalidad de minimizar la frecuencia e intensidad de las conductas violentas y delictivas
(Pueyo, 2008).

La gestión del riesgo de violencia, como señala el mismo autor, consiste en “el diseño
y aplicación individualizada de un conjunto de procedimientos que tienen como objetivo
reducir o eliminar el riesgo existente en un individuo y para el intervalo temporal
inmediatamente posterior a la valoración del mismo” (2008, pág. 54). Este riesgo se reduce al
introducir nuevas habilidades para enfrentarse a los conflictos en vez de recurrir a la violencia
como se hacía con anterioridad, adecuándose a los naturaleza de los factores del riesgo
específico.

Ahora bien, respecto al tratamiento que se realiza en el ámbito penitenciario, si bien


tiene como finalidad la reinserción del individuo, no está exento de críticas. En primer lugar,
el tratamiento penitenciario vulnera la autodeterminación del individuo y su característica de
voluntariedad, especialmente en aquellos convictos que no tienen una personalidad lo
suficientemente estructurada para poder tomar la decisión en libertad (Soria & Sáiz, 2006).
Otra crítica, es que vulnera un principio básico del tratamiento psicológico, que es la
confidencialidad (Soria & Sáiz, 2006).

Más importantes aún, son las críticas que apuntan a la imposibilidad de educar para la
libertad en un medio que priva de ella, por lo cual se plantea aún con más ahínco la necesidad
de tener más permeabilidad en los centros penitenciarios y la necesidad de contacto exterior
del sujeto (Soria & Sáiz, 2006). Finalmente, una crítica más radical es que la reinserción de
los internos de cierto modo priva de la cultura propia al convicto para que acepten de manera
acrítica las reglas de convivencia de una sociedad injusta, la misma sociedad que los ha
vuelto delincuentes (Soria & Sáiz, 2006).

Análisis y discusión
La presente revisión bibliográfica tiene como objetivo identificar los aportes del
informe psicológico a la consecución de los objetivos que persiguen los beneficios
penitenciarios a personas que cumplen condena por delitos violentos en Chile.

Como pudimos evidenciar anteriormente, el Derecho Internacional y nuestro cuerpo


legislativo reconocen como objetivo del sistema penitenciario el posibilitar la reinserción del
individuo en la sociedad, dejando atrás la misión punitiva del mismo. En el mismo sentido,
como ya mencionamos, los beneficios penitenciarios surgen dentro de un movimiento que
que aboga por la individualización de la pena, con miras a orientarla hacia el sujeto con la
finalidad de reeducar y resocializar al individuo (Pacto Internacional de derechos civiles y
políticos, 1990; Gendarmería, s.f.). En este sentido, podríamos señalar que la utilización de
evaluaciones psicológicas en el proceso de otorgar los beneficios penitenciarios tendría un
cierto grado de coherencia, ya que como sabemos los psicólogos trabajan con el individuo y
sus particularidades intelectuales, emocionales, motivacionales, psicopatológicas y
comportamentales (Fernández-Ballesteros, citado en Soria & Sáiz, 2006), cumpliendo a priori
con la visión contemporánea de individualización de la pena. A partir de esto, centraremos el
análisis sobre dos ámbitos: el ámbito técnico y el ámbito político.

Ámbito técnico

Teniendo en consideración el objetivo de las penas punitivas, declaradamente


orientado hacia la labor correctiva y rehabilitadora, cobra sentido el considerar al
otorgamiento de libertad condicional como una prueba de que la pena, así como los
programas orientados a la reinserción social, han cumplido con sus objetivos (DL-321,1925).
Sin embargo, esta concordancia entre el objetivo rehabilitador del acto punitivo y la libertad
condicional, sólo es efectiva si es que esta última se establece en base a criterios que aseguren
que el condenado a pena privativa de libertad se encuentra rehabilitado y en condiciones de
reintegrarse efectivamente a la sociedad. Esta distinción lleva a considerar distintos
indicadores de los convictos que postulan al beneficio de libertad condicional, como
requisitos de buena conducta, cumplimiento de programas para la reinserción social, entre
otros (Eurosocial, 2015). Es justamente en concordancia con la intención de reconocer ciertos
indicadores de rehabilitación y posibilidad de readaptación, es que se aplica la evaluación
psicológica en el ámbito judicial relativo al otorgamiento de libertad condicional.
Respecto a esto, para identificar el aporte que puede realizar la evaluación psicológica
tendríamos que realizar un análisis técnico de dichos instrumentos a fin de comprender su
eficacia como medio probatorio de rehabilitación. Como hemos señalado en páginas
anteriores, como toda herramienta predictiva, no está ajeno a errores en su sensibilidad y en
su especificidad (Pueyo y Redondo, 2004), así como también estar sujeta a la posibles
falseaciones por parte del convicto (Soria & Sáiz, 2006) . Sin embargo, si consideramos que
existe evidencia de que los factores que influyen en la conducta violenta pueden ser de orden
social, psicológico o biológico (Soria & Sáiz, 2006) y requerimos de esta información para
cumplir con la carga de prueba que tienen los beneficios penitenciarios, por lo menos en
materia psicológica somos los psicólogos quienes tenemos una cierta “autoridad disciplinar”
al respecto.

Además, la tecnología en materia psicológica ha conducido a buenos resultados tanto


en fidelidad como en especificidad. Como señalamos anteriormente, los test actuariales
fueron construidos para predecir en forma específica y concreta los constructos que miden
(Pueyo y Redondo, 2004). Así, casos como el HCR-20, PCL-R, SARA, SVR-20, VRAG y
SORAG han mostrado evidencia de tener una predictibilidad de aceptable a alta (Soria &
Sáiz, 2006). Por lo tanto, podemos señalar de que estos instrumentos, si bien no son
concluyentes, permiten obtener información relevante que permitiría tomas decisiones
judiciales mejor fundadas. Entonces, si consideramos que las herramientas utilizadas para
realizar el informe psicológico cuentan con buena evidencia empírica de efectividad, para que
pueda ser utilizado de manera afín con los objetivos de la pena han de adecuarse a las
características particulares de la población a la cual se va a aplicar. No bastaría con adaptar
los instrumentos extranjeros, sino que hay que desarrollarlos acorde a la realidad social y
criminológica de la población penitenciaria chilena, especialmente en el caso de los
instrumentos actuariales que encuentran su fundamentación en base a estadísticas sobre la
población y sus niveles basales de violencia.

Ámbito político

Como apreciamos en Las Reglas de Tokio (1990), otro objetivo importante que
persiguen los beneficios penitenciarios, es ser una asistencia al delincuente para su
reinserción social o, más explícitamente,señala Gendarmería de Chile (s.f.), ser una actividad
para la reinserción social . Respecto a esto, los informes pueden ser de gran aporte, ya que
mediante el conocimiento de los factores desencadenantes de la conducta violenta se puede
predecir la ocurrencia de estos. Como mencionamos en apartados anteriores, la gestión del
riesgo de violencia implica el diseño de procedimientos con el fin de reducir el riesgo
existente en un individuo (Pueyo, 2008), por lo cual estas herramientas podrían ser utilizadas
directamente en la formulación de planes especializados para el trabajo en reinserción.

Sin embargo, esto no está ajeno de limitaciones. Como señalamos anteriormente,


trabajar en un contexto de encierro para preparar una vida en libertad emana de forma
inmediata una contradicción, ya que a pesar de entregar herramientas para “controlar” los
factores de riesgo, no se está preparando para una vida real y la serie de factores
desencadenantes que pueden darse en ella.

Por otro lado, también se hace importante la connotación que se le da a la reinserción.


Como hemos visto, cada vez que se habla de ésta se señala como una situación que se debe
dar en el individuo, y la labor de las instituciones sería cooperar en esto (Gendarmería de
Chile, s.f.). Sin embargo, esto no hace más que enmascarar la exclusión social bajo la cual es
delito es cometido, pasando por algo que en muchas casos el delito se asocia a la pertenencia
a algún grupo social excluido (Velásquez, 2014). Por lo tanto, la incidencia que pueda tener
el informe psicológico en la reinserción del individuo se ve menguada al no hacerse una
crítica estructural del problema de la delincuencia. Citando a Velásquez (2014, pág. 102):

“Da igual si esta evidencia es cierta o mera especulación, lo cierto es que la percepción de los
políticos es que estos “monstruos”, estos sujetos “incorregibles” son una realidad. En efecto,
¿Quién va a prestar su capital político para defender a la población más detestable de
infractores de ley? En otras palabras, el problema reside en que es el aparataje político el que
retoma los discursos peligrosistas que tanto se habían tratado de evitar”.

En este sentido, es importante considerar las consecuencias políticas de individualizar


los aspectos considerados en las posibilidades de rehabilitación, cuando la criminalidad se
vincula necesariamente a condicionantes sociales que superan a la disposición psicologicista
de las evaluaciones.

Conclusiones
Considerando los antecedentes recolectados, respecto a los distintos aportes de la
psicología en materias de reinserción social de los convictos culpables de delitos violentos, se
evidencia que el análisis requiere, antes de generar resoluciones técnicas, el poder considerar
con una visión amplia todos los aspectos que involucran las políticas públicas carcelarias, y la
utilización de instrumentos psicológicos en el ámbito judicial; al respecto lo más claro es que
el análisis supera a lo meramente técnico y se convierte necesariamente en una posición
política.

Sin embargo, lo trabajado nos permite suponer que, dentro de la individualización del
análisis judicial, la utilización de técnicas de evaluación psicológica logra con el objetivo
propuesto: considerar la mayor cantidad de antecedentes que permitan predecir un adecuado
proceso de reinserción de los reclusos que accedan al beneficio de la liberación condicional,
lo que a su vez responde satisfactoriamente a los objetivos declarados de las penas punitivas
en la legislación chilena.

A modo de mejorar la eficacia de dichos instrumentos, consideramos fundamental la


integración de la investigación básica sobre violencia con las necesidades sociales de la
población. De este modo, dichas técnicas aumentarán su utilidad práctica para las
instituciones y los profesionales. Además, considerando que el fenómeno del delito es un
problema social, no sólo individual, debería trabajarse no solo la predicción de la violencia,
sino también la prevención de ella, a través del fomento de políticas públicas encaminadas a
contrarrestar los factores medioambientales, sociales y políticos que crean un ecosistema
propicio para la conducta delictiva.

La identificación de contextos con mayor riesgo de violencia es una condición


necesaria para la aplicación eficaz de elementos de prevención. Los mismos principios o
factores de riesgo constituyen tanto la base de los programas de prevención como los
programas de tratamiento. Sólo resta esperar que la utilización de la consigna de la
rehabilitación no dificulte los análisis que van más allá de lo particular, entendiendo que los
fenómenos de violencia trascienden a la psicologización individualizante a la que refiere la
evaluación psicológica, sin desconocer sus reales aportes a las posibilidades de anticipar el
éxito de la aplicación de programas de libertad condicional.
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