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DE GUADALAJARA

COLECCION:

CUADERNOS

SERIE:

COMUNICAC~ON, EDUCACION

DE DIFUSION

CIENTIFICA

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y SOCIEDAD (111)

D.R. @ 1986,Universidad de Guadalajara Departamento de Investigación Científica y

SuperaciónAcadémica, Edificio Cultural y Administrativo, Av. Juárez y Tolsá 80. piso,

44100

Guadalajara, Jalisco, México. Impreso y hecho en MéxicojPrinted and made in Mexico.

Apdo. Postal2-751 C.P.

ISBN-968-895-O23-8I!

INDICEII

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INTRODUCCION

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La vision económicadifusionista:

9

modernizandoal Tercer Mundo

La visión sociológicade la modernización

15

Modernizaciónpor diferenciaciónsocial

15

Modernizaciónindividual psicológica

18

Desarrollo y comunicaciónsocial

22

Evaluacióndel enfoquede la modernización por difusión

25

La crisis del modelo comunicativo de la modernización

29

REFERENCIAS

35

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INTRODUCCION

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Gran parte del contenido de las teorías del desarrollo que se han generado tanto en los países industrial izados como en el llamado Tercer Mundo ha

respondido, en alguna medida, a la dinámica de los sucesoshistóricos que han ocurrido durante lo que va de este siglo. Sin embargo, al mismo tiempo, estasmismas teorías han sido expresionesideológicas de visiones económico- políticas diversas (cfr. Therborn, 1980; Cardoso y Weffort, 1979; Sunkel,

1979; Bambirra, 1978).

Esto es inevitable, puesto que el estudio del cambio

social, y aun más en el caso de estudios con cierta probabilidad de influir

directamente

imagen de la "buena sociedad" que tienen los investigadores, en lo indivi- dual y como parte de comunidades científicas más amplias. Esta imagen a la vez es influida y delimitada ("determinada") por el entorno económico- institucional, cultural e incluso "geopolítico" en el que tales investigadores laboran (cfr. González Casanova, 1977). El propósito de este escrito es resumir críticamente los elementos bási- cos de una de las aproximaciones existentes al estudio del desarrollo y del cambio social: lo llamamos globalmente "el enfoque de la modernización por difusión" (de capital, de tecnología, de instituciones y valores, según sea el acercamiento disciplinario del estudioso). Las teorías económicas y sociológicas del desarrollo que aquí revisamos tienen en común el conside- rar que los procesos de desarrollo nacional dependende la difusión, desde un cierto tipo de sociedadesa otro, de determinados factores, o de ciertas características, que las constituirán en sociedades"modernas", y en conse- cuencialas ubicarán en el camino del desarrollo capitalista. Este acercamiento desembocó en algunas teorizaciones y estudios empíricos que atribuían a los medios masivos de comunicación y a la educación un papel importante para impulsar procesosde cambio, a partir de ciertas premisasneo-idealistas.Una

en la implantación de políticas, se guía necesariamentepor la

hipótesis principal de este autor es que la teoría o, para ser más exactos, el grupo de teorías que se examinan como formando parte de esta' 'tradición de investigación" (Laudan, 1981) son de hecho, ademásde resultados de

investigación teórica y empírica, el reflejo ideológico de una visión etno- céntrica desde las metrópolis del sistema mundial. El enfoque ideal para es- ta t,areahubiera sido un tipo de sociología del conocimiento que diera cuen- ta, ademásde los contenidos de las teorías revisadas, de sus circunstancias históricas, de los procesoseconómicos, políticos y culturales, globales y par- ticulares, que han interactuado con su generación y cambio. Sin embargo, dada la magnitud de esa tarea, aquí nos limitaremos a analizar las teorías de la modernización y la difusión, el tipo de programas de investigación que han constituído y algunasevidencias históricas, empíricas y analíticasde que esta tradición investigativa se encuentra en "crisis" en el sentido de Tho-

acento en los estudios sobre el papel

atribuído a la educación y en particular a la comunicación social en los pro- cesosde modernización, el análisis cubre principalmente los programas de

(economía,

.), porque aquellos emergeny se conforman teó-

rica, metodológica e ideológicamente a partir de éstos. En este sentido, da-

efectivamente, hay un cierto' 'paradigma" o "progra- más general compartido por las ciencias sociales de

los paísescentrales, que ha guiado investigaciones más particulares, y que ha ejercido influencias directas e indirectas sobre los estudios y sobre los

procesos estudiados, de la comunicación social y la educación y su papel en los procesos de desarrollo en el Tercer Mundo. Es imposible en un escrito de esta naturaleza, fundamentalmentecrítico, sertotalmenteimparcial y objetivo. Por un lado, consideramosnecesarioacla- rar que, aunque como se verá aquí, el programa de investigación de la mo- dernización por difusión está claramente en una etapa "degenerativa", en términos de Imre Lakatos (1.980),hay en ésteciertas aportaciones al conoci- miento de suobjeto, por ejemplo en el nivel descriptivo, incluyendo algunas

tecnologías de investigación. Sin embargo, como severá, el valor explicati- vo y praxeológico de estegrupo de teorías seencuentra en franca crisis. Por

otro

con el enfoque que se revisa críticamente. Tal enfoque alternativo, que se basa en los conceptos de explotación, desarrollo desigual, lucha de clases y dependencia-imperialismo, ha sido descrito por el autor enotro lugar (Sán- chez Ruiz, 1983). Consideramos que este resumen crítico del enfoque de la modernización puede ser de utilidad para estudiosos del cambio social y del papel de la comunicación y la educación en el desarrollo.

mas Kuhn (1970). Si bien hay un cierto

investigación más globales de las ciencias sociales "oficiales"

sociología,ciencia política

remos cuenta de que, ma de investigación"

lado, el ideal hubiera sido presentar una alternativa viable, confrontada

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del contexto de la Guerra Fría. El éxito del Plan Marshall y la necesidad percibida en los centros metropolitanos de que los paísesque habíanlogrado su independenciapolítica sedesarrollaraneconómicamente,antesde que "ca- yeran en el comunismo", impulsaron la preocupación en aquellos por pro- ducir una teoría del desarrollo. Ha~talo~ año~cuarenta, la economía neoclá~icaproveía el único marco influyente en la mayor parte del mundo occidental para el estudio de la eco- nomía capitalista y de las relaciones económicasentre naciones: la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo, reformulada por los neoclási- cos con la inclusión de costos de factores de la producción adicionales al trabajo, era la basedel pensamientosobre el comercio internacional. Sepre-

suponía que la especialización por

de ciertos productos, de acuerdo a los costos comparativos, llevaría a largo plazo a la igualación relativa, entre países,de la remuneración de los facto- res (Cardoso, 1977b: 9-10). "Los beneficios de la especialización y de la

ventaja comparativa", indica Osvaldo Sunkel (1979: 22), en los países primario-exportadores, "se difundirían del sector exportador al resto de la sociedad y el desarrollo llegaría eventualmente". En 1948 y 1949, dos in- fluyentes artículos de Paul Samuelsonproponían la teoría de que, bajo cier- tos presupuestos, por ejemplo homogeneidadde funciones de producción en todos los países que comerciaran entre sí, el intercambio no sólo llevaría a todos los paísesa beneficiarse mutuamente, sino a la "igualación comple- ta y absoluta de la remuneración de los factores" (ibid). Es decir, la exten- sión de Samuelsonde la teoría de la ventaja comparativa apuntabahacia el comercio internacional entre exportadoresprimarios e industriales como una "fuerza potencial hacia la igualaciónde ingresosalrededordel mundo" (Hirs- chman, 1977: 68). Sunkel (1979: 22) ha apuntado que esta teoría, ya sea en su formulación relativa, o en la propuesta más absoluta de Samuelson, fue un importante baluarte ideológico de los defensoresdel' 'viejo orden" en América Latina (las oligarquías), así como en los países capitalistas avanzados. Por el mismo tiempo, Raúl Prebisch, de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), y Hans Singer, economistade la ONU, publica- ron independientementeevidencia que mostraba que, por un largo período de tiempo, la tendencia histórica real había sido hacia la deterioración de

países en la producción y la exportación

los términos de intercambio

expectativa optimista de los neoclásicos. El artículo de Prebisch, publicado en 1949 y 1950 por la CEPAL, inició una nueva era de discusiones y deba- tes teóricos sobre el proceso de desarrollo capitalista en Latinoamérica (cfr. Hirschman, 1971; Cardoso, 197Th). Suexplicación, enpocaspalabras,apun-

para los exportadores primarios, en lugar de la

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11

El "pensamiento de la CEPAL" ha atravesado por algunas modificacio- nesdurante la décadapasada, incorporando elementosde análisis de las dis- cusiones mundiales acerca de .'otro desarrollo"', la propuestade un "nuevo orden económico internacional", de la controversia de los "estilos de desa-

rrollo",

etcéter&, tendencias que se han reflejado

en la Revista

de

la

CEPAL.~in embargo, el énfasis en la industrialización, en la planificación

y programación nacionales y en la integración regional hanpermanecido co-

mo constantes y como las implicaciones de política económica más impor- tantes del enfoque de esta institución hacia el desarrollo latinoamericano. Por otra parte, en los paísesindustrializados, especialmente en Estados

Unidos, las contribuciones al "pensamiento del desarrollo" en los años 50

dado el descrédito en

que cayó la doctrina neoclásica a raíz de la Gran Depresión y la emergencia 'dela "revolución keynesiana", que aparentementeproveyó a los economis- tas con una nueva perspectiva para lidiar con una economía caracterizada

por un desempleo considerable (Hirschman, 1980: 78). Los modelos de cre-

cimiento proliferaron y "la acumulación de capital sevolvió, si no la condi- ción necesaria y suficiente del desarrollo, de cualquier manera la principal

variable estratégica, y la propensidad al ahorro

to se convirtieron en el equipo principal de los analistas, planificadores del

desarrollo y funcionarios de agencias de asistencia" (Streeten, 1979: 24). La crítica de Paul Baran (1957) a la teoría del crecimiento económico fue uno de los pocos intentos serios de introducir variables políticas y de tomar una perspectiva socialista dentro del pensamiento estadounidensesobre el desarrollo en los años cincuenta. La mayoría de las teorías neokeynesianasdel desarrollo, producidas en

el centro, eran compatibles con los análisis de la CEPAL, de tal manera que

algunos elementos de ellas se incorporaron al bagaje de herramientas analí- ticas y de planeación de la agencia (Hirschman, 1971). Estas aproximacio- nes aportaban una ::acionalización para el papel activo del Estado: para las.

políticas proteccionistas e inversiones estatalesen infraestructura y

nos casos directamente

postulada en todas ellas como la base del crecimiento económico y ésteúlti- mo como la clave para el desarrollo. El rápido éxito del Plan Marshall para

la reconstrucción de la Europa occidental de postguerra apoyó la expectati-

va de que inyecciones masivas de capital y planificación adecuadaresolve- rían los problemaseconómicos-y en sudebido tiempolos políticos también- del Tercer Mundo. El desarrollo de las naciones atrasadasera solamente un problema de difusión de capital, instituciones y valores, y "know how" tec- nológico. Los problemas distributivos no tenían relevancia aparente, o se

y 60, provinieron de economistas "no ortodoxos",

y la relación capital/produc-

en algu-

en las manufacturas; la acumulación de capital fue

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históricas tan diversas como las tribus bosquimanas,la India o México). Me- diante un proceso de "seguir a los líderes", las sociedadestradicionales fi- nalmente llegarían a la etapa del "despegue", umbral crucial para lograr la madurez industrial y la era del consumo masivo. Las críticas a la teoría de Rostow, que se han centrado principalmente en el que hubieseestadoba- sadaenuna "ficción histórica", hansido copiosas y devastadoras(cfr., e.g., Baran y Hobsbawn, 1961; Frank, 1969; Streeten, 1979; Hirschman, 1980). Pero el hecho es que fue una teoría económica influyente, especialmenteen- tre científicos sociales no economistas y en la política exterior estadouni- dense, en particular con los presidentes Kennedy y Johnson. Si bien la ac- tual política económica norteamericana hacia el Tercer Mundo parece ba- sarsemás en otro tipo de premisas ante la reemergencia del neo-clasicismo, no es imposible encontrar elementos de la visión lineal rostoviana. Cuando los economistas se dieron cuenta en los años 50 de que los insu- mos capital y trabajo explicaban una muy pequeñaparte de la tasa de creci- miento de un país, voltearon hacia otras variables para la explicación, tales como tecnología, la calidad del capital y factores culturales, volviendo a con- siderar la~apacidad empresarial o "entrepeneurship" de Schumpeter, el con- cepto de '-'capital humano", etcétera (Carnoy, 1977: 428; Papanek, 1977:

270). Un pionero entre los economistas que buscaron factores culturales y variables "no económicas", Bert F. Hoselitz (1960), revivió la noción schum-

peteriana"de "entrepeneurship"

palmente en términos de la propensidad a innovar) y tomó las' 'variables

patrón"

del procesQde desarrollo y modernización de un país: se supuso entonces

(pattern variables) de Parsons como determinantes fundamentales

(capacidad empresarial, entendida princi-

que, en naciones subdesarrolladas(tradicionales), los roles o papeles socia-

o adquiridos), b)

les son a) predominantemente adscritos (y no "logrados"

funcionalmente difusos y c) orientados hacia fines estrechos y particularis-

taso Por el contrario,

suponían: a) adquiridos por criterios de logro o mérito, b) específicos, cla- ramente delineados y c) orientados hacia normas universales (Portes, 1.976:

62; Hoselitz, 1960: 28-42). Tales patrones de acción se suponíanentonces funcionales al desarrollo capitalista ya la modernización. Las ideas deHo- selitz tuvieron mayor impacto entre sociólogos y politólogos que entre eco- nomistas, y fueron incorporadas a las teorías de la modernización que en breve revisaremos. Tendríamos que apuntar que .loseconomistas del desa- rrollo, si bien hanpuesto alguna atención en la educacióncomo variable im-

portante (aunque más bien dentro del paradigma neoclásico, con la noción de "capital humano"), no la han prestado mucho al papel de la comunica- ción, masiva o no, en los procesos de desarrollo (Oshima, 1976: 77). Sin

en las sociedadesdesarrolladas los roles sociales se

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Las sociedadessecaracterizandentrode estavisión enténninosde su "autonomía sistémica:",es decir, del rangode problemasque puedenen- frentar exitosamente(EisenStadt,1978:31). Las sociedadesmodernasre- renciacióninstitucionale suelvenconéxito susproblemas,sedice, integración(Portes, envirtud 1976:61-63): de sualto gradodedife- '

Dado que sepresuponía(como estabaimplícito en las teoríasde la "conver- gencia") quebásicamenteexistesólounamanera"buena" o "vefdádera" de enfrentaresosproblemas,sededucíaque existíasólo uno -o a lo másunos

pocos- modos"naturale~" mediantelos cualestalesorganizacionespodrían

o deberíanfuncionar (Einsestadt,1978: 32).

Juntoconlas instituciones,seesperaqueconjuntosapropiadosde valo- res proveanla basecultural paraque ocurranla modernizacióny el "pro-:

greso". De hecho,en el enfoqueweberiano-parsonianodelasvariablespa:-~

trón (patternvariables),lasinstitucionesson,consideradasconcretizaciones

o materializacionesde conjuntosde valores(Levy, 1972). Los presupuestosbásicosde la aproximaciónde la diferenciaciónsocial

a la modernizaciónson: a)la sociedades un sistemade roles, instituciones y complejosdevaloresinterrelacionados(un"tejido sinpuntadas"-Higgins, 1977); b) auncuandosepresumequetodaslassociedadestienenalgúngra- do de complejidad,el continuumtradicionalismo-modernidadseconsidera comouno de menora mayorcomplejidad(Portes,1976:63); c) el cambio social,particulannentela modernización,es un procesosuavey unifonne, dadaslas compactasinterrelacionesde los subsistemassociales(Almond y

Powell, 1966;Bodenheimer,1971);d) entonces,sepresumequeexisteuna "casi total covarianza" de las tasasde cambiode "casi todoslos as~ctos principalesdel' desarrollo', en todaslas principalesesferasinstitucionales de la sociedad" (Eisenstadt,1978:33); e) sin embargo,la mayoríade las teoríasen estatradiciónusualmenteidentificanuna "fuerza motriz", "sol- vente", quedebería"propulsar el 'des~gue' haciala modernidad" (ibid:

34): la secularización(Germani, 1969), la "institucionalizaciónde la ra- cionalidad" (Moore, 1977),la urbanización(Lerner, 1958;Gennani,1973),

la tecnología(Levy, 1972),la industrializaciónmisma,etcétera.De hecho,

aunqueno existaun acuerdogeneralsobrecuál seríala fuerzamotriz de la modernización,todoslos factores-mencionadostiendena mencionarsey a relacionarseentre sí enlos modelosexplicativospropuestospor los autores que trabajandentrode estatradición. Una vezquelos meollosinstituciona- les de la modernidadsehan establecido,seasegurael caminoirreversible hacia el crecimientoeconómicoy la modernidad,siguiendoalgunadirec-

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Cualquiera que seala fuente primaria de cambio escogida dentro de esta tradición, que est\lvo en boga en los años 60 y 70, el acuerdo general es que, si una sociedad se ha de modernizar, los valores, funciones e institu- ciones modernas ~ienenque reemplazar a todas sus contrapartes tradiciona- les dentro del sistema social. Esto se conceptúa en términos de procesos de cjifusi6n de tales rasgos modernos, de las sociedadesmodernas a las tradi- cionales. Los medios masivos de difusión y la educación son considerados

importantes elementospropagadoresde las ideas y valores que eventualmente se traducirán en roles e instituciones sociales. Por ejemplo, e,nla aproxima- ción funcionalista del "sistema político" y la "cultura política" al "desa-

rroHp político",

los medios de comunicación y la educaciónformal soncon-

sideradoscomo parte fundamentalde un complejo sistemapolítico, en el que cumplen funciones de socialización política, así como dentro de los proc~- sos de "agregación de intereses" y "articulación de intereses". Todo esto, desde la perspectiva de que el desarrollo político es el paso de un sistema, político simple a uno complejo (McCrone y Cnudde, 1967). Este último es definido en términos de las democracias burguesasoccidentales, y es el que se propone que .lasnaciones "tradicionales" adopten, si se han de desarro- llar políticamente (cfr. Nun, 1979).

La perspectiva de la modernización por diferenciación social ha sido la base teórica de una gran cantidad de estudios norteamericanos sobre Lati- noamérica (Valenzuela y Valenzuela, 1979: 39-42). Entre los científic<>:sso- ciales latinoamericanos, el trabajo de Gino Germani (1969; 1971; 1973) ha sido el más importante y coherente dentro de esta tradición.

El desarrollo

de la modernización

individual

psicológica

La visión psicologista dentro de la perspectiva de la modernización es la que ha tenido una mayor influencia directa en el estudio del papel de la comuni- cación y la educación en el desarrollo. Aunque sebasa en una versión parti- cular de la tesis principal de Max Weber en La Etica Protestantey el Espíri- tu del Capitalismo, es decir, que las ideas mueven la historia, veremos que esta aproximación va más allá, pero en el sentido de simplificar el análisis

más estructural y cultural de Weber (Portes, 1976: 68-69).

.

i

Estaconcepcióndel cambio sociales, como semuestraabajo, lineal, aditiva

 

y

psicologizante. Suspresupuestosbásicos pueden ser resumidos en los tér-

minos de tres de sus más conocidos proponentes. Por una parte, el cambio

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Variable,

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Educación

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Fábricas

Medios Masivos

Variables

lntervinientes

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Mod.ernidad

PsicológicaIndividual

Conductas modernas

Agregadas

Variable

Dependiente

Desarrollo Nacional

urbanización crearán

las condiciones propicias para que los individuos vayan a la escuela, vean

televisión y trabajen como obreros, lo que modernizará susactitudes y hábi-

tos hasta alcanzar el desarrollo nacional o la participación económica y polí-

tica masivas, gracias a la suma de las conductas individuales modernas. Lo

que nunca queda claro dentro de esta perspectiva es cómo se inician o se logran la industrialización y la urbanización. Aun cuando hemos incluído en este modelo "compuesto". intentando complejizarlo, variables que di-

consideran en sus

respectivos modelos, habría que tener en cuenta que de cualquier manera simplificamos un tanto susargumentosexplicativos. Sinembargo, auncuando,

por ejemplo, en los estudios individuales las listas de variables explicativas

o "independientes"

cluído son las que la investigación empírica de estos autores ha mostrado las más importantes. Las variables que hemos situado como "contextuales" estánmás bien implícitas en el estudio de Inkeles y Smith (1974). mientras que en los de Lerner (1964) y Kahl (1968) están explícitas. El punto que habría que enfatizar aquí esque las variables que seconsidera determinantes directas de la modernidad individual tienen un carácter" educativo", ya se trate de la educación formal, de la no formal o de educación informal. No- sotros hemos mostrado en otro lugar (SánchezRuiz, 1985a)que la investi-

gación sobre las consecuenciassocializadoras y culturizadoras de los me- dios de difusión masiva los encuentra como importantes aparatosde educa-

versos autores importantes de esta tradición investigativa

La línea causal es clara: la industrialización y la

son más largas, no hay duda de que las que hemos in-

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1977: 203-214).

Desarrollo

y Comunicación

Social

l

Elliot y GoldÍng (1974) identificaban ~resprinclpal~s e~~oquesen el estudio -,-

del desarrollo y

del papel de los medIos de comurncacIon en este proceso,

como los predominantes en los dos últimos decenios: a) la "teoría de los índice~ del desarrollo y la teoría de la correlación entre los medios y el cam- bio"; b) la "teoría de la diferenciación y los enfoques psicológicos delós

medios"; y finalment~, c) las "teorías del cambio exógenamenteproducido y las aproximaciones difusionistas al papel de los medios" (ibid: 230). De

acuerdo a nuestra revisión previa, los tres enfoques discutidos por los

auto-

res ingleses estarían resumidos por lo que nosotros hemos llamado el enfo- que de la modernizaciónpor difusión, que tendríasimplementediversospuntos de vista y niveles de generalidad para relacionarse con la realidad histórica concreta. Estos mismos autores parecen reconocerlo así, en particular con

 

respecto al papel de la comunicación en el desarrollo, ante la presuposición

compartida pe que este p~pel sería el de "iluminar"

individuos mediante

la difusión de valores y actitudes modernas: "

todas ellas están basadas

en teorías p~icológicasdel cambio. El desarrollo es concebido como un pro- ceso de iluminación individual [individual enlightenment], un agregado de ajustes de personalidad que produciría nuevos tipos de gente" (ibid: 233). Esta visión difusionista, que como hemos visto ha sido predominante en divers~sciencias sociales de lo~países centrales, seconvirtió en un tra~fon- do teórico ad hoc para la proliferación de estudios empíricos y análisis teóri- cos sobre los medio~ de difusión masiva y los procesosde d~sarrollo y cam- bio social. Reflexionando sobre la complementariedad 9ue se I?resumíaen:' tre la difusión de capital y tecnología con la de ideas, actitudes y valores, Wilbur Schramm (1979: 7) indicaba que:

estaban;relacionadosdemanerainteresante,porque~uchosobservadorescon-

'l

cluíanque el modelode la difusión económicano funcionaríabien, a menos

r

quesepudi,eraelevarla productividady afluenciadela gentedel medio rural,

y secontabaconel modelodedifusi61\dela comunicaciónparacambiarel de- sempeño'económicoa nivel rural.

Parece haber acuerdo en que el trabajo de Daniel Lemer, The Passing ofTraditionalSociety, publicado por primera vez en 1958, fue el principal punto de partida de la visión optimista sobre el papel de la comunicación

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~

m(~o de vida tradicional a un estilo de vida más complejo, tecnológicamente avanzado y rápidamente cambiante (ibid: 4).

 

Este autor

ha cambiado

ya en mucho

sus

concepciones de

los años 60

\

Y

70 (Rogers,

1978; 1976).

Sin embargo,

sus publicaciones

de

los años se-

\

sentacontinúan circulando en varios idiomas y siguensiendo muy influyen- -' teso Por otra parte, autores como Lerner (1977) y McClelland (1977) han

continuado insistentementecon sulínea básicade razonamiento.Hemos apun- tado ya que la comunicación masiva era consideradadentro de estaperspec-

tiva como un "multiplicador mágico" de esasideas, actitudes, conocimien-

tos y aspiraciones nuevas que cambiarían

los modos de vida de los indivi-

:

duos. Es importante recalcar que en esta tradición no se puso en cuestión el.quién poseía o contr~laba lo~ medios y, en consecuen~ia,.s~~?nsid,~raba ,'. que todos los mensajes de estos eran' 'pro-modernlzaclon o pro- desarrollo": "Mucho del contenido en todos los medios, incluyendo la pu- blicidad, es informativo, educativo o propagandístico por naturaleza, dise- ñado para informar o persuadir a la gente acercade varios tipos de moderni- zación" (McNelly, citado por Rogers y Svenning, 1969: 99). Es decir, no

importando quiénesfueran los que controlaran y sebeneficiaran directamente de los medios, se suponía que en última instancia su actuación social como

irradiadores de mensajes era

benéfica para el desarrollo-modernización.

Para los intelectuales que trabajaban dentro de esta línea de investiga- ción era tan importante el papel de la comunicación en el cambio de ideas,

expectativas y valores, que durante los años sesentaestaría tomando forma una nueva concepción, que despuésserviría como explicación ad hoc de la falla de la modernización individual para producir cambios económicos, po- líticos y sociales: los medios masivos -entre otros factores- habíanestado

provocando una "revolución

a rigideces políticas, tales como "líderes carismáticos" y "gobiernos no de-

mocráticos" (Lerner, 1963; 1977), la realidad misma del mundo tradicional habría producido una "revolución de frustraciones crecientes" (ibid; Ro- ; gers, 1969: 12-13). Lerner añadiría después un "estadio" final, "común

a todas las experiencias de desarrollo del del poder por militares (1977: 291). Las

las etap~sde Rostow, pura ficción histórica. En la sección siguiente hare-

de las expectativas crecientes"; pero debido

último cuarto de siglo":

la toma

.l

tres etapas de Lerner son, como

r

mos una crítica más amplia de la teoría de la modernización y de la difusión.

El clímax del optimismo

de la década del sesentatuvo su mejor expre-

sión en el libro de Lerner y Schrarnm (1967) Communication and Change in the Developing Countries (que incluía un prólogo de Lyndon Johnson). Este libro, compuesto por las ponencias de una conferencia internacional, j

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,

i

~Z

(especialmente petróleo) crecer a tasas de 10% o más, con exportaciones

frecuentemente excediendo e120% de crecimiento anual (Ranis, 1977: 255).

Sin embargo,

los mercados

internacionales

de materias primas

-el

de hi-

drocarburos en primera línea- han presentado variaciones drásticas desde

en detrimento de los

países exportadores. Por otro lado, la vasta mayoría de países en vías de desarrollo, incluyendo algunos de los más grandes y más pobres, no han ex-

fines de la década de 1970 y principios de la actual,

perimentado

ninguna

mejoría

real,

constituyendo

lo que ahora es llamado

el "Cuarto

Mundo".

Más de la mitad de la población

del mundo subdesa-

rrollado se incluiría en esta categoría, que' 'ha experimentado un virtual es-

tancamiento

año"

a niveles de ingresos per cápita por debajo de 100 dólares al

(ibid.):

se incrementd, el número de analfabe-

tas también creció, había más niños fuera de las escuelas que dentro de ellas,

los objetivos de salud no se lograron, y la desigualdad en la distribución del ingreso empeoró como nunca (Higgins, 1977: 100)

el

número de personasdesnutridas

Aún más, algunos países éomo Brasil y México,

que llegaron a presentar

tasas promedio

un proceso de polarización,

(cfr. Cardoso, 1973: González Casanova, 1981: 11-27):

del 6% o más, han sufrido

de crecimiento

con altas tasas de desempleo,

simultáneamente

inflación,

etcétera

Ya escojamos el coeficiente de Gini o el índice favorito de McNamara con rela- ción a la proporción del ingreso total que llega a los cuartiles más bajos y más altos, la distribución del ingreso en México, Brasil, en Filipinas, de hecho, en la mayoría-de los países en vías de desarrollo, ha estado empeorando durante la década pasada (Ranis, 1977: 264).

Durante

los primeros

años del decenio de 1970, las tasas de crecimiento

fueron más altas que nunca (Ohlin, 1979: 135-139), pero los resultados ge- nerales fueron igualmente desesperanzadores. Después de 1973, el crecimiento s.edetu.v,° y ocurrió el esta~camiento con i~flación ~ ni.vel mundial: "la insa- 1 tIsfacCIon con las fluctuacIones y tendencIas economIcas fue más profunda que nunca" (Higgins, 1977: 100). Durante los años ochenta, el vertiginoso crecimiento de la deuda externa seha agregado a la suma de males que aquejan al mundo subdesarrollado capitalista, siendo los países más afectados por el problema de la deuda algunos de los que supuestamente iban por un "ex- celente" camino de desarrollo capitalista y modernización, corno Argenti- na, Brasil y México.

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ner, 1964). Las concepcioneslineales, como la de Rostow, fueron confron-

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tadas y refutadas no solamente en su base histórica, sino también en térmi- nos lógicos, morales, políticos y económicos (Streeten, 1979; 26-27). El en-

\

foque general de la modernización fue duramente criticado porque, partien- do de una identificación etnocéntrica de la etapa [mal de la modernidad con la realidad cultural, económica, política y social de los paísesindustrializa- dos (Smith, 1873: 89; Nash, 1977: 17-18), les "atribuiría una historia" a éstos, negandotoda dinámica histórica a los paísessubdesarrollados(Frank, 1970: 40). Se produciría entonces un "extravío conceptual" (Portes, 1976:

67). Aun más, la evidencia histórica mostró que, por ejemplo, Inglaterra,

Japón y Estados Unidos no "despegaron"

hacia la modernidad en virtud de

sus características originalmente modernas (como presume el modelo de di- fusión que sucederá con las sociedadestradkionales, una vez que sus rasgos

tradicionales son substituídos por rasgosmodernos). Por

el contrario,

como

lo ha mostrado un anterior defensor de la visión lineal (Eisenstadt, 1973:

117-193), fue más bien la "din,árnica de la tradición"

en esospaísesla que

llevó a su posterior trasformación (cfr. Portes, 1973; 1976). En suma, como

lo ha observado Osvaldo Sunkel (1979: 29), esta tradición investigativa de-

seabaexplicar el proceso a partir de sus consecuencias, en lugar de por

sus

antecedentesy circunstancias históricas. La teoría evolucionista se mostró,

 

entonces, tautológica, fallando en diferenciar los elementos de sus defini- ciones, de los factoresinvocados en susexplicaciones(Smith, 1973: 89; Nash,

1977: 17). La variabilidad

misma de las sociedadestradicionales y "transi-

cionales" "gradualmente minó el modelo paradigmático de la moderniza- ción" (Eisenstadt, 1978: 34).

Por otra parte, un presupuesto frecuente en este paradignia es que las naciones son sistemas relativamente cerrados de producción, descuidando ~u articulación al sistema capitalista mundial (Wallerstein, 1979) o, como

'

apunta Alejandro Portes (1979: 66): "No se comprende la introyección de la economía y política de algunas sociedadesdentro de la estructura interna de otras y el dinamismo supranacional de una economía mundial organiza-

!i

da". Otro

mación general es que, aun cuando no se olvida completamente de las rela- ciones internacionales, el análisis de las mismas es muy reducido y suacen- to es usualmente en el lado del contacto positivo, beneficioso, entre socieda- des modernas y tradicionales a través de los procesos de difusión (Boden-

heimer, 1971: 23-33; Rubinson, 1976: 638-639).

problema importante al que apuntan los críticos de esta aproxi-

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podido desarrollar una medida universalmente válida de modernidad apare- ce como falsa" (ibid).

Por otra parte, los teóricos de la modernidad individual se hanpreocupa- do por puntualizar con precisión los principales rasgoscaracterológicos del "hombre moderno" y, mediante evidencia correlacional, las "fuentes" de tales rasgos, pero no de sus consecuenciassociales reales. A este respecto,

no tiene que

ser necesariamenteun "hombre desarrollista" (Wells, 1972: 36-37; Portes, 1973; 1976). Armer e lsaac (1978) aplicaron la escala de modernidad de lnkeles a una muestra de sujetos costarricenses, para ver si, como lo estipu- laba la teoría, la modernidad psicológica llevaría a la presencia de "conduc- tas modernas", las que a su vez se esperaba llevaran a la "modernización social". Usando técnicas complejas de regresión múltiples, análisis de flu- jos (path ana1ysis)y un modelo de ecuacionesestructurales, estos investiga- dores descubrieron que, "para la mayoría de las conductas modernas [un conjunto de 15 conductas, las más citadas en la literatura], la modernidad psicológica tiene poca o ninguna influencia independienteo mediadora" (ibid:

324). Es decir, de la secuenciacausalhipotetizada se encontró que un esla- bón importante no existía:

algunos estudiosos han apuntado que el "hombre moderno"

los

resultados minan la confianza en la tesis de la modernidad con respecto

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;

a la importancia de las actitudes y valores modernos para producir una conduc-

ta identificada com<)instrumental para la modernización de la sociedad (ibid:

331).

Esta conclusión concuerda con algunas críticas a esta aproximación al nivel conceptual, en el sentido de que "sin importar lo que los psicólogos puedan pensar, las sociedadesno sonla simple suma 'aditiva' de sus miem- bros individuales" (Portes, 1976: 71; cfr. Lee, 1980: 20). Recordemos, por otra parte, que un resultado del desarrollo económico y la "modernización", como son la industrialización y la urbanización, son tomadas como fuentes , importantes o variables contextualesy/o antecedentespara el procesode mo-

dernización (del cual son resultado), llevando a una aporía del tipo de "qué

fue primero:

I

¡

el huevo o la gallina".

Los problemas y anomalíasde la tradición investigativa de la moderniza-

ción por difusión hacentransparenteslos problemas que enfrentaron los es- tudios sobrela comunicación, la educacióny el desarrollodentro de estamisma tradición. En los años sesentay setenta,la evidencia comenzó a acumularse, mostrando que la característica imputada a los medios de comunicación co- mo "multiplicadores mágicos" de la modernidad y del desarrollo no esta-

30

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empíricos han mostrado que, en países con grados avanzadosde industriali-

Comounaalternativaal retratodramáticode unnuevosistemadepersonalidad

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zación y urbanización como Brasil y México, proliferan individuos que pue-

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den caracterizarse como "modernos", y que hay individuos más modernos

I

que otros. La posición socioeconómica (de la cual la educación y el ingreso

¡

sonconsiderados indicadores) y la exposición a los medios de comunicación se han encontrado muy altamente correlacionadas con la modernidad. Reco- nozcamos, entonces, que el concepto de modernidad individual pueda tener un valor descriptivo. Sin embargo, por ejemplo Alejandro Portes ha comen- tado que las motivaciones de logro y la modernización individuales pueden ser relativamente absorbidas a nivel social, sin cambiar una situación básica de subordinacióny de desigualdad.El argumentoexplicativo, entonces,tendría que cambiar. El mismo autor citado ofrece un explicación alternativa' a la existencia de la modernidad individual:

queemergeespontáneae independientementeendiferentescontextossociales, me gustaríaproponerla explicaciónde quela universalidadde la modernidad esunaconsecuenciaobviadela universalidaddela difusióndevaloresy patro- nesde comportamientomodernos,i.e., occidentales.Muchagenteenmuchos paíseshantenido la oportunidadde socializarseen, esencialmente,el mismo

conjuntode sión cultural orientaciones.El en Occidentegarantizanque podery la eficienciade sumensajeno los mecanismosde llegará en la forma difu- r--

de rasgosaislados,sino como un todo consistente

(Portes,1973:271).

El "síndrome de la modernidad" esentoncesmuy probablementeun rasgo

 

psicosocial que constituye un correlato del proceso de transnacionalización cultural, que a su vez corresponde al proceso de internacionalización del ca- pital que ha ocurrido intensivamentedurante el presentesiglo (Schiller, 1976; Sunkel y Fuenzalida, 1979; Reiffers et al, 1982). Quizá dentro de un enfo- que explicativo más global, que tuviera en cuenta esto~procesos, los apor-

tes descriptivos de las

investigaciones recién reseñadas adquirirían mayor

¡

significación teórica y práctica (SánchezRuiz, 1985a; .1986b). El hecho es que se han acumulado las anomalías en el pensamiento del desarrollo que se ha centrado en la modernidad por difusión. En el campo de la comunicación y el desan:ollo, el clima festivo y optimista de los 60 dio paso a un ambiente sombrío, que se mostró por ejemplo en el encuentro de Hawaii, al que nos referimos en la sección anterior, seguimiento de uno habido en el mismo lugar diez años antes, que reunió a algunos de los más renombrados expertos internacionales en la materia (Schrarnm y Lerner, 1978). Las palabras de uno de los organizadores del evento muestran el "es-

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