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Historias DEBIDAS

CESAR GONZALEZ: “Nos hicieron creer que somos monstruos”


por Ileana Manucci - Nov 29, 2015 (Rosario 12)

Aprendió filosofía en la cárcel. Cambió su nombre y


hoy es escritor y cineasta. Estuvo en Santa Fe de
campaña contra la violencia institucional.
La violencia institucional es una de las asignaturas
pendientes de la democracia argentina, las cifras lo
demuestran: en los últimos 12 años murieron 1.893
personas en hechos de violencia institucional con
participación de integrantes de fuerzas de seguridad.
Estos datos los suministra la Campaña Nacional contra
la Violencia Institucional, la cual a través de una red de
abogados, estudiantes de derecho, promotores y voluntarios, atiende consultas y asesora sobre casos de
gatillo fácil, abuso y hostigamiento policial.
Desde su web señalan que “miles de pibes de los barrios más empobrecidos de nuestra Patria fueron y son
víctimas del accionar policial, amparados en la demagogia punitiva que estigmatiza al joven humilde como el
germen de todos los males de la sociedad y que es repetida constantemente por los grandes medios de
comunicación”. En ese marco, y buscando promover la desarticulación de los imaginarios y discursos entorno
al villero, al pibe pobre de los barrios, es que César González, conocido también por su seudónimo Camilo
Blajaquis, tomó la palabra.
“Los discursos siempre son mucho más fáciles que las prácticas, tener un discurso progresista, de Derechos
Humanos, es fácil, pero es muy difícil llevarlo a la práctica, y se cae cuando nos cruzamos de vereda cuando
vemos que vienen dos morochos de gorrita. Pero esto también me pasa a mí, yo también tengo miedo si estoy
solo en una estación a la 1 de la mañana, porque estoy atravesado por la lógica de esta sociedad que dice que
hay que tenerle miedo a alguien, y ese alguien hoy es el pibe chorro, el morocho, un otro, un enemigo”.
César González vive en la villa Carlos Gardel, en Morón, y de sus 26 años, cinco los pasó preso, entre los 14 y
los 21. Ahí, entre institutos de menores y cárceles, nació Camilo Blajaquis. “Yo fui uno de esos pibes que
estando preso pudo, paradójicamente, despertar. Fue el lugar donde nunca imaginé que iba a encontrar la
vida, el amor por la vida, por mí mismo, por el otro, y lo encontré en un lugar donde el amor está prohibido,
donde para sobrevivir hay que odiar. Estuve dos años creyendo eso del odio, agarrándome a palazos y
puñaladas, hasta que un profesor me dio unos libros y eso me cambió la vida. Empecé a darme cuenta de lo
funcional que era al sistema ese odio por mis compañeros, por mis hermanos, porque esos pibes no eran mis
enemigos sino mis hermanos”.
Realidad mediatizada
Al igual que pasa en Santa Fe con muchos barrios del cordón noroeste de la ciudad, las villas y barrios del
conurbano bonaerense son carne de cañón de los grandes medios, quienes encuentran allí el origen de gran
parte de los malos que acosan al resto de los ciudadanos, a la gente de bien. Y cuando no son las noticias del
mediodía las que muestran esta “realidad”, son grandes producciones como El puntero o Elefante Blanco.
Todas hechas en la villa, con villeros, pero para un público muy diferente.
Miles de pibes de los barrios más empobrecidos fueron y son víctimas del accionar policial, amparados en la
demagogia punitiva que estigmatiza al joven humilde y que es repetida por los grandes medios.
“La televisión, cuando muestra la vida de las villas, lo muestra como algo exótico y que poco tiene que ver con
la realidad. Cuando filman ahí le dan trabajo a la gente de la villa, pero no los hacen representarse a sí mismos,
les hacen hacer de un tipo de villero, el que ellos quieren mostrar, el que vende. Yo no niego que en mis
películas muestro cosas parecidas, muestro la violencia, la droga, pibes que hablan con jerga, pero la
diferencia es que yo no lo hago como un fin en sí mismo, yo estoy muy contento de saber que en ninguna de
mis dos películas la violencia sucede y no hay una explicación atrás”. Sobre la violencia agrega: “No es excusa
el contexto, pero sirve para entender. Yo estaba muy resentido con la vida por no haber tenido nada, porque
mi infancia había sido cirujear, tener que usar esa ropa que encontraba, no tener para comer, llegar a la
adolescencia y no tener algo para ponerte cuando ya querés empezar a ganar con las pibas. Ser tan miserable
económicamente me generó mucho resentimiento, y la verdad que yo nunca robé ni por paco ni por otra
droga, yo robaba porque quería pertenecer, entrar a ese sistema que la sociedad, la televisión, me decían que
tenía que vivir”.
A través de sus películas, que ya tiene dos, sus cortos, libros y el ciclo que tuvo en canal Encuentro, César
intenta no sólo mostrar una realidad más cercana, cruda
pero humana, de la vida en las villas, sino utilizar esos
medios para llegar a los pibes que, como él en algún
momento, no ven otra salida más que la droga y la
delincuencia. “A esos pibes, pibes chorros, la gente de mi
mismo barrio los quiere ver muertos. Yo fui uno de ellos y
sé que puedo mostrarles que hay otra cosa. Si yo hoy
estoy acá es porque alguien confió en mi cuando le lleve
mi primer poema y me dijo que era hermoso, una
persona que nunca me hizo sentir un monstruo. Porque
nos hacen creer eso, necesitan que creamos que somos
los malos, y vos te la crees”.
Contextos
“Yo la primera vez que robé, compré un par de pizzas porque en mi casa estábamos cagados de hambre. Hoy
eso ya no es el común, no hay una pobreza extrema como en los 90, hoy los pibes roban porque quieren
pertenecer, yo robaba un auto y lo tenía por 20 minutos y me sentía que pertenecía… Toda la sociedad, la tele,
la publicidad en las calles, dicen que ser es tener, ¿por qué el pibe de la villa no va a tomar ese mensaje
también?”.
Este Tercer Encuentro por una Seguridad Popular y Democrática, organizado por el Inadi Delegación Santa Fe
junto a la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional, el Centro de Acceso a la Justicia, la Secretaría de
Derechos Humanos de la Nación, el Servicio Público Provincial de la Defensa Penal y ATE, se realizó a pocos
días del balotaje y César González no dejó de dedicarle unas líneas al tema: “todos los candidatos, menos el
Frente de Izquierda, plantearon la seguridad desde la mano dura, desde ver quién aumentaba la cantidad de
policías en la calle. Pero yo veo que en mi barrio hay mucha menos delincuencia que en el 98 o el 2001. En esa
época salían a robar casi todos, porque había hambre. Hoy en mi barrio tenemos gas, cloacas, asfalto, se vive
mejor, hoy se ve mucha gente yendo a la universidad, algo que no existía en los barrios hace algunos años
atrás, entonces ¿cómo puede haber más delincuencia? Ahí, en ese discurso, los números no cierran. Y eso, esa
mentira, esa estigmatización, también es violencia”.

1. El texto inicia contando que César fue a Tucumán para participar en una campaña de violencia institucional. A) Buscá la definición
de este concepto de “Violencia Institucional”. B) señala al menos 3 casos que hayan sido resonantes durante el 2017-2018. C) ¿Con
que objetivo César toma la palabra de manera pública?
2. A) César plantea que es más fácil ‘el discurso’ que la ‘practica’ ¿a qué está haciendo referencia? B) ¿Dónde se produce un click en
la vida de César? ¿Qué le sucede?
3. Realidad Mediatizada: César plantea que los medios masivos de (des)información hacen demagogia punitiva, es decir, hacen del
‘mundo villa’ una mercancía para vender y la venden como pescado podrido. ¿Qué significa eso, podés dar ejemplos para explicarlo?
4. A) El plantea que en sus trabajos se muestra también la problemática y la violencia…¿pero cuál es la diferencia con los grandes
medios y sus trabajos? B) Investiga como se llaman sus dos obras audiovisuales.
5. Finalmente Cesar insiste en cambiar la mirada sobre las prioridades de la vida y da el ejemplo de porque roban los pibes. ¿Qué es
lo que se nos mete en la cabeza todo el tiempo, a través de los medios?
6. Este es un articulo de la época de la elección presidencial. ¿Cuál es el aporte que hace Cesar a la cuestión de la violencia política?
¿Qué hay que tener en cuenta al momento de entender objetivamente la paz o la guerra en los barrios.