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CLASE 01

CONCEPTOS DE ÉTICA Y MORAL


Las palabras “ética” y “moral” tienen un significado etimológico semejante en sus raíces griega y latina. En
el uso común se emplean casi siempre indistintamente y, a veces, conjuntamente, aunque quienes las usan así
probablemente no serían capaces de decirnos con precisión si significan lo mismo o se refieren a algo
diferente. De todos modos, quizás para dar mayor énfasis retórico al discurso, parece que suena bien reforzar
a la “ética” con la “moral”, aun a riesgo de incurrir en una redundancia, como ocurre si nos atenemos al
significado etimológico de los términos.
En el lenguaje filosófico contemporáneo se han estipulado, sin embargo, dos distinciones y dos clases de
definiciones diferentes de estos términos. En un primer sentido se comprende a lo moral como una dimensión
que pertenece al mundo vital, …, y que está compuesta de valoraciones, actitudes, normas y costumbres que
orientan o regulan el obrar humano.
Se entiende a la ética, en cambio, como la ciencia o disciplina filosófica que lleva a cabo el análisis del
lenguaje moral y que ha elaborado diferentes teorías y maneras de justificar o de fundamentar y de revisar
críticamente las pretensiones de validez de los enunciados morales. Por eso, “coincidiendo con un uso
lingüístico no del todo desacostumbrado en filosofía, se puede usar el término Ética como sinónimo de
“filosofía de lo moral” (N. Hoerste, Texte zur Ethik). Conforme a este uso del lenguaje, la ética puede
considerarse entonces como una ciencia que pertenece al campo de la filosofía, como la metafísica o la
epistemología, mientras que “lo moral” es, en general, el objeto de esta ciencia, es decir, lo que ella estudia.
DIFERENCIA ENTRE ÉTICA Y MORAL
Hay otra manera de definir y diferenciar los términos “ética” y “moral”, que se ha planteado a partir de la
crítica de Hegel a la ética de Kant, y de su fuerte diferenciación entre “moralidad” y “eticidad”. Este otro uso
de los términos se ha generalizado recientemente fuera del contexto sistemático de la filosofía hegeliana.
En los escritos de ética de los filósofos modernos y contemporáneos encontramos planteadas dos clases de
cuestiones:
a. La cuestión de lo que es bueno para mí como persona y para nosotros como comunidad;
b. La cuestión de lo que es correcto o de lo que es justo en las relaciones con los otros (incluso especialmente
con otros grupos humanos y culturas diferentes), cualesquiera sean los bienes que cada uno se proponga
alcanzar como fin.
Los distintos autores se han ocupado preferentemente de alguna de estas dos clases de cuestiones. Pero
también puede considerarse que ambas, tanto las preguntas y las discusiones acerca del bien, como las que
están centradas en el tema de la justicia, pertenecen al campo disciplinario de la ética, no obstante que se trata
de cuestiones distintas, y que quizás tengan que ser tratadas con métodos diferentes. Esta diferencia, que
estaba implícita en Kant, comienza a hacerse reflexiva a partir de Hegel. En la filosofía de Hegel, esta
distinción que él marca muy fuertemente no tiene, sin embargo, la intención de oponer de manera excluyente
la “ética” contra la moral sino de eliminar la confusión, y de estudiar la relación dialéctica entre ambas.
Distinguir para unir. Al comienzo de su Filosofía del derecho introduce Hegel esta distinción terminológica,
en los siguientes términos: Moralidad y eticidad, que corrientemente valen como sinónimos, están tomados
aquí como esencialmente diferentes entre sí. Por otra parte, incluso la representación [el lenguaje no
filosófico] parece distinguirlas.
El lenguaje kantiano usa con preferencia la expresión moralidad y, en realidad, los principios prácticos de su
filosofía se limitan completamente a este concepto y hacen imposible el punto de vista de la eticidad, a la que
incluso expresamente aniquilan y subvierten. Aunque moralidad y eticidad sean sinónimos según su
etimología, esto no impide usar estas dos palabras diferentes para conceptos diferentes.
Mediante la introducción de esta convención terminológica quería marcar Hegel la diferencia entre la
“eticidad” concreta realizada como una forma de vida y como el ethos de una comunidad, que es lo que había
sido tematizado en la filosofía griega antigua de Platón y de Aristóteles, y el concepto moderno de la
“moralidad” como un orden de principios universales, producto de la reflexión de la conciencia sobre la ley
moral y el deber de la voluntad autónoma, que es el punto de vista de la ética kantiana.

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Hegel comprende la eticidad concreta como esencialmente histórica y piensa que recién en el sistema de las
instituciones del Estado de derecho y de la sociedad civil moderna se ha alcanzado una eticidad que respeta
y realiza, en principio, las exigencias de la moralidad. Por eso para Hegel no se pueden ya contraponer
moralidad y eticidad. El uso de los términos “moralidad” y “eticidad” en el lenguaje filosófico post-hegeliano
ha asociado algunas veces el punto de vista de la eticidad con el historicismo y el relativismo ético, y, por
otro lado, en cuanto este punto de vista se remite a las costumbres e instituciones de una tradición, presenta
un sesgo que se ha considerado también como conservador. El término “moralidad” se asocia en cambio con
la pretensión de fundamentación filosófica de principios morales igualmente válidos para todos los seres
humanos, es decir, con una posición filosófica racionalista y universalista. El punto de vista de la moralidad
se ha considerado también como una orientación más crítica y progresista. Es claro que los calificativos
“conservador” o “progresista”, aso-ciados a la ética de la eticidad y de la moralidad, respectivamente, son
valoraciones relativas y polémicas. Si se atiende a las orientaciones más recientes del pensamiento
posmoderno puede decirse que estas valoraciones tienden a invertirse.
Los ensayos de síntesis o de unificación de estas dos instancias de la “ética” y la moral (como el que llevó a
cabo Hegel en su sistema) así como el abandono de alguna de ellas, o el reduccionismo de la una a la otra, se
han mostrado, sin embargo, como operaciones inconsistentes en la teoría y de alto riesgo en la praxis. Parece,
por lo tanto, que en la situación posmoderna debiéramos mantener o acentuar más bien esta diferencia y
contar, al mismo tiempo, con Aristóteles y con Kant como dos fuentes complementarias e irreductibles del
pensamiento ético, renunciando al proyecto de una teoría unificada. Algunos filósofos contemporáneos (como
Paul Ricoeur, Jürgen Habermas, Ronald Dworkin, Richard Rorty, B. Williams, etc.) han retomado esta
diferencia independientemente de los presupuestos sistemáticos de la filosofía de Hegel, en-tendiendo en
general a la moral como la tematización de los principios universales de la moralidad y a la “ética” como la
tematización del ethos histórico particular de cada comunidad. “Moralidad” alude a la forma incondicionada
del deber, de la obligación, de la rectitud, la justicia y la solidaridad en las relaciones con los de-más; al
respeto de la dignidad de la persona, de la pluralidad de las culturas, de las formas de vida y de los derechos
humanos fundamentales. (Esta es la dimensión de lo moral que ha sido especialmente puesta de relieve y
estudiada por Kant y por las teorías éticas de orientación kantiana).
El ethos, en cambio, en cuanto tema de la “ética” en el sentido al que nos estamos refiriendo, se puede
describir como un conjunto de creencias, actitudes e ideales que configuran un modo de ser de la persona, o
la “personalidad cultural básica” de un grupo humano, tal como la conciben los antropólogos. Por eso la
“ética” alude en este sentido a una concepción de la buena vida, a un modelo de la vida virtuosa y a los valores
vividos de una persona o de una comunidad, encarna-dos en sus prácticas e instituciones. La “ética” así
entendida se interesa ante todo por el sentido o la finalidad de la vida humana en su totalidad, se interesa por
el bien o el ideal de la vida buena y de la felicidad. Estos otros son los temas en los cuales se han centrado
las teorías éticas de orientación aristotélica y hermenéutica. En la “ética” se revelan o se encuentran ya dados
incluso los fines más elevados que orientan la existencia del hombre o de los miembros de una comunidad
en cuanto tales, y a través de los cuales ellos creen poder alcanzar la felicidad o el bien supremo. Así
entendida, la “ética” se vincula íntimamente, casi siempre, con la religión.
Otros filósofos actuales han redescubierto por su propia cuenta esta diferencia entre la “ética” y la moral,
independientemente de la tradición del debate de la moralidad y la eticidad en la filosofía continental. Michel
Walzer alude a esta diferencia con los términos thick y thin. Toma la idea de densidad (thickness) como “un
tipo de argumentación moral referencialmente rica, culturalmente resonante y ligada a un sistema o red
simbólica de significados locamente contextualizada”: esto es la “ética” en el sentido en que se usa el término
en este libro. “Thin, tenue, es simplemente el término de contraste” (la moral). John Rawls trabaja en cambio
con la diferencia y el solapamiento de las “doctrinas comprensivas” de las diferentes comunidades y los
principios universalizables de la justicia como equidad que conforman la estructura de una sociedad bien
ordenada. Esta diferenciación, que es tan importante en Rawls, es también básicamente equivalente. El núcleo
de unas “doctrinas comprensivas”, en la terminología rawlsiana, es una “ética”; y la “teoría de la justicia” de
este autor es una teoría sobre la moral pública de una sociedad pluralista y democrática.
La ética que ha de regir las relaciones en el ámbito intercultural e internacional no puede tener un contenido
mucho más rico que el de los principios de justicia y de solidaridad humana; es una ética mínima, tenue o
delgada, que carece de la densidad sustantiva de las valoraciones fuertes y de los modelos de vida virtuosa
propios de cada comunidad. En este contexto, no quiere decir sin embargo débil, aclara Walzer, sino que, por

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el contrario, es como la escueta y descarnada estructura ósea del esqueleto que sostiene desde dentro las bellas
formas del cuerpo humano. La metáfora del esqueleto no es de Walzer, pero me parece útil para representar
las relaciones de la “ética” y la moral. La moralidad universalista se ha comprendido a veces como un corsé
impuesto desde fuera a la vida “ética” por una racionalidad abstracta que niega las diferencias. Pero este sesgo
de la moralidad universalista queda enteramente disuelto si se abandona el método kantiano del
construccionismo racional a priori y se lo reemplaza por un procedimiento hermenéutico reconstructivo que
busca explicitar y fundamentar los principios básicos de la moral a partir de las experiencias de la vida buena
y del ethos vivido, como las condiciones normativas necesarias de su propia existencia, o como la gramática
universal de la interacción humana con sentido.
Esta es la diferencia que ha dado lugar a la formación de las teorías éticas rivales que mencionábamos al
comienzo: 1) ética deontológica, formal o de normas, o ética de la justicia; y 2) ética teleológica, material, de
los valores y de las virtudes, o ética del bien. Sin embargo, la aparente oposición de estas teorías éticas que
se presentan como alternativas, debería resolverse en alguna forma de integración o de complementariedad,
por cuanto se trata en realidad de una diferencia que no es meramente teórica, sino que pertenece al campo
objetivo de los fenómenos morales y, en consecuencia, tanto las teorías éticas como la educación deberían
trabajar con esta diferencia. La búsqueda de la integración y de la articulación de la moralidad universalista
con los valores e ideales de la vida buena de los grupos y culturas históricas particulares y con la problemática
de las identidades y de las diferencias es uno de los temas más significativos de las reflexiones éticas con-
temporáneas. Esta distinción entre lo “ético” y lo moral se reencuentra en ambos lados: tanto en el campo
objetual, de los fenómenos morales, como en el campo epistémico de la Ética como disciplina filosófica (que
debería estudiar por separado estos dos temas de la “ética” y la moral), o de las teorías éticas, que se
concentran muchas veces en uno solo de estos campos.
ÉTICA, MORAL Y EDUCACIÓN
Quiero proponer ahora esquemáticamente algunas aplicaciones de estos conceptos de la “ética” y de la moral
en el campo de la educación. Estas consideraciones acerca de cómo se opera la diferencia que he explicado
en este campo privilegiado de su aplicación permitirá terminar de aclarar los conceptos y comprender la
importancia de trabajar con su diferencia. Las dificultades e interrogantes globales que se han planteado sobre
la educación “ética” y moral han sido diferentes en las distintas épocas de la historia. Podríamos rememorar
esos problemas de manera elemental a través de tres preguntas.
1. En la filosofía griega antigua se había planteado un tipo de preguntas como éstas: ¿Puede enseñarse la
ética?, ¿cómo es posible enseñar la virtud? o ¿cómo se lleva a cabo la educación del comportamiento
moral? Este primer grupo de preguntas alude a la cuestión pedagógica y metodológica de la formación
ética o moral de los jóvenes.
2. Aunque aquellos problemas clásicos sigan ocupando todavía hoy a la pedagogía y a la psicología, en la
época moderna se han planteado otras preguntas nuevas y más álgidas: ¿Tiene derecho el maestro a
inculcar a los alumnos su concepción “ética” de la vida buena o su escala de valores? ¿Es compatible con
el principio liberal de la tolerancia y de la neutralidad del Estado con-cederle la atribución de diseñar
planes de formación moral? ¿Cómo se puede legitimar la educación en determinados valores y principios
morales sin violar la autonomía y la libertad de conciencia, respetando las propias creencias y el modelo
de vida adoptado por el grupo social de pertenencia? ¿Quién está autorizado para establecer fines y
objetivos iguales para la educación que se imparte a grupos, comunidades y culturas diferentes? Este
segundo grupo de interrogantes alude al problema de la legitimidad de la educación moral en la escuela
pública.
3. Por otra parte, y no obstante la relevancia que han cobrado las cuestiones de la Ética en la sociedad actual,
este fenómeno no se refleja, sin embargo, en un incremento de la demanda educativa en esta línea. Se ha
llegado a decir incluso que las preguntas centrales que se plantean ahora en nuestra época al respecto no
son ya las clásicas preguntas antiguas y modernas, citadas más arriba, sino preguntas más pragmáticas
como estas otras: ¿Vale la pena insistir hoy en la educación moral? ¿Cómo es posible conciliar la
educación en valores y principios ideales con el desarrollo de las aptitudes y competencias para el éxito
en las condiciones reales de la sociedad moderna? ¿Qué resultado cabe esperar de una educación “ética”
y moral en contradicción o a contrapelo de las prácticas sociales y modelos imperantes que el niño
encuentra fuera de la escuela? El tercer grupo de preguntas plantea los problemas pragmáticos de la

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utilidad y la eficacia de la educación moral en la sociedad moderna. Ya en la época de la formación de
esta sociedad advertía I. Kant 11sobre el olvido (entrañado en la concepción pragmática de la educación)
de la formación del juicio acerca del valor de los fines, o de la cuestión esencial del sentido, la racionalidad
y la rectitud moral de las acciones humanas. Esta tendencia se ha acentuado con la importancia creciente
de la formación cien-tífico-tecnológica y el predominio de una racionalidad puramente instrumental que
se impone cada vez más a través de la modernización de las sociedades.
ÉTICA Y SOCIEDAD CIVIL
Para una comprensión más adecuada del juego de los conceptos que estoy explicando en el contexto de las
sociedades multiculturales del mundo contemporáneo, me parece necesario introducir todavía algunas
precisiones de la teoría política más reciente, que permitan evitar malentendidos. Ronald Dworkin ha
reconocido que la concepción liberal de la separación o de la “discontinuidad” de la “ética” y la moral es
insostenible. Si bien su pretensión de universalizar una “ética” liberal para la sociedad moderna es discutible,
y no será aceptada por quienes prefieren otra forma de vida y otros valores diferentes a los del liberalismo,
tiene razón este autor, sin embargo, al cuestionar la asimilación de esta distinción con la diferencia de las
esferas de lo público y lo privado, porque no se podría prescindir de las normas universales de la moralidad
en la vida privada, y tampoco podría hacerse abstracción del ethos de las personas y de las comunidades, en
el espacio público de la sociedad. La concepción que reduce los valores fuertes y los contenidos sustantivos
de la “ética” a la esfera privada tiende a generar individualidades esquizofrénicas, con una doble personalidad,
las cuales vivirían en las pequeñas comunidades privadas de la familia, de los amigos “éticos”, de las
diferentes identidades culturales, de las congregaciones religiosas, etc., como personas motiva-das por las
convicciones y valores del propio ethos, pero al mismo tiempo debe-rían actuar en el espacio público
poniendo entre paréntesis aquellas vidas, como ciudadanos sin identidad, miembros de un Estado neutral.
Aparentemente el liberalismo nos pide que ignoremos los instintos y los afectos en ocasiones políticas que
son centrales para el resto de nuestras vidas. Insiste en que distribuyamos nuestra solicitud con exquisita
igualdad, que no nos ocupemos más de un hermano que de un extraño, que desterremos las fidelidades
especiales que todos sentimos respecto de la familia o de nuestras particulares comunidades, vecindario e
instituciones. Nos pide que anestesiemos nuestras convicciones más profundas y potentes acerca de la fe
religiosa, de la virtud “ética” y de cómo vivir. El liberalismo parece en este sentido una política de la
esquizofrenia “ética” y moral; parece pedirnos que nos convirtamos, en y para la política [o en y para la vida
pública], en personas incapaces de reconocernos como propias, en criaturas políticas especiales enteramente
diferentes de las personas ordinarias que deciden por sí mismas, en sus vidas cotidianas, qué quieren ser, qué
hay que alabar y a quién hay que querer (Dworkin, citado por Garzón, 2005, pp. 57 - 57)
NATURALEZA Y OBJETO DE LA ÉTICA
El problema de la ética no se instaura con la filosofía. El primer acercamiento al fenómeno de la moralidad
ocurre en la vida práctica, que es una esfera pre-filosófica y refiere a la vida moral misma. Nuestra propia
experiencia nos muestra que solemos expresar valoraciones morales ante determinadas circunstancias. Así
hablamos de actos nobles, buenos y desinteresados, o de actos malos y egoístas; y todo ello mucho antes de
estudiar alguna teoría moral específica. A este ámbito pre-teórico o pre-filosófico se le denomina
conocimiento moral como opuesto a la ciencia moral que, situada en un plano de reflexión distinto, intenta
estudiar los fenómenos más importantes dentro del ámbito correspondiente a la evaluación moral y a la
moralidad de las acciones.
La ciencia moral tiene por objeto el ámbito de la moralidad, incluido el del conocimiento moral.
Se define la ética como la ciencia que se refiere al estudio filosófico de la acción y la conducta humana,
considerada en su conformidad o disconformidad con la recta razón (razón que se dirige a la verdad). O,
dicho de otro modo, la ciencia que ordena los actos libres del hombre en cuanto se encaminan a su fin último,
que es la felicidad.
Por recta razón entendemos el medio a través del cual se descubre la moralidad.
Pero, ¿a través de qué medio conocemos si una acción es o no conforme al verdadero bien de la naturaleza
humana? La respuesta es la inteligencia, en cuanto es quién advierte lo adecuado o inadecuado de una acción
en orden al verdadero bien de la naturaleza humana.

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Si la inteligencia alcanza esa comprensión sin error, se le denomina recta razón.
Así, la ética estudia la moralidad en cuanto cualidad del acto humano que le pertenece de manera exclusiva
por proceder de la libertad en orden a un fin último; determinando, por tanto, que se le considere bueno o
malo.
La ética, entonces, refiere al acto perfecto en cuanto conviene al hombre como
hombre y en cuanto lo conduce o no a realizar su último fin.
Lo éticamente bueno depende de la relación con el fin último del hombre.
El fin último del hombre es el deseo natural de ser feliz, es el bien perfecto
Por felicidad entendemos la obtención estable y perpetua del bien totalmente
perfecto, amable por sí mismo, que sacia todas las exigencias de la naturaleza humana y calma todos sus
deseos.
Explicado de un modo más sencillo, es la inteligencia quien advierte de modo
natural la bondad o maldad de los actos libres. Todos tenemos experiencias de satisfacción o remordimiento
frente a determinadas acciones realizadas. A partir de ellas es que surge la pregunta acerca de la calificación
de la conducta. ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿Por qué esto es bueno y aquello malo?
Precisamente, la respuesta a estas interrogantes es lo que nos lleva al estudio
científico de los actos humanos en cuanto buenos o malos, estudio que denominamos ética.
Así, resulta aquella parte de la filosofía que estudia la moralidad del obrar humano; es decir, considera los
actos humanos en cuanto son buenos o malos.
1.1. OBJETO FORMAL Y MATERIAL DE LA ÉTICA
Toda ciencia tiene un objeto material y un objeto formal. Objeto material es aquello que estudia la ciencia
de que se trate; objeto formal es el punto de vista desde el cual se estudia el objeto material.
Así, el objeto material de la ética son las acciones humanas en cuanto obrar y/o
actuar.
Ahora bien, dado que no todo lo que el hombre hace ni lo que en él ocurre modifica su ser, es necesario
determinar qué tipo de acciones son correctamente objeto de la ética. La distinción básica es entre actos
humanos y actos del hombre.
Los actos humanos son aquellos que el hombre es dueño de hacer o de omitir, de hacerlos de un modo o de
otro. Son actos libres y voluntarios en los que interviene la razón y la voluntad. Ejemplos: hablar, trabajar,
golpear. Si un acto no es libre (por ignorancia, por mandato, etc.) no es susceptible de calificación ética, es
decir, de ser bueno o malo.
Los actos del hombre son aquellas acciones que no son libres ya sea porque falta el necesario conocimiento
o voluntariedad (como los actos de un demente) o porque son procesos sobre los que no se posee un dominio
directo (el desarrollo físico, la circulación de la sangre, la digestión, etc.).
En el acto humano el hombre tiene conciencia de ser él mismo el autor: la causa de tal o cual acontecimiento
soy yo; yo soy el agente activo y responsable. En el acto del hombre, el sujeto tiene conciencia de que algo
ocurre en él, pero es simplemente un sujeto del cambio.
De lo anterior se concluye que sólo las acciones libres de la persona humana, sólo aquellas que presuponen
la actuación de la razón y voluntad –es, decir los actos humanos son objeto material de la ética.
Por su parte, el objeto formal de la ética tiene que ver con el punto de vista desde
el cual se estudian los actos humanos, que en su caso refiere a la rectitud o moralidad (a su bondad o maldad).
Es decir, la ética estudia los actos humanos en cuanto a si éstos están o no conformes al verdadero bien de la
naturaleza del hombre y, por tanto, de su fin último que es la felicidad.

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El objeto formal de la ética es aquello según lo cual los actos humanos, considerados formalmente en cuanto
tales (y no desde un punto de vista particular o con relación a una finalidad restringida, como los actos de un
artista o un pianista), son calificados como buenos o malos.
A su vez, la moralidad no se identifica formalmente con las cualidades naturales que pone en juego la persona
al momento de obrar, como serían la mera astucia mental, la habilidad o la fuerza física, puesto que éstas son
neutras y se pueden utilizar tanto para bien como para mal. Así, por ejemplo, la astucia mental la podemos
utilizar para planear un robo como para proponer la verdad de un modo convincente.
Por tanto, los calificativos morales se reservan para enjuiciar los actos de la voluntad deliberada por los que
la persona se autodetermina hacia el bien o el mal; y no se confunden con las cualidades que pueden tener
ciertas acciones humanas con relación a una finalidad restringida, como sería la perfección técnica en la
consecución de objetivos particulares o en la realización de determinadas obras.
El sentido común distingue el uso técnico del uso ético, aplicando para el primero el calificativo de perfecto
y para el segundo el de bueno. Así, por ejemplo, la habilidad de un artesano se dice que es una perfección
relativa, es decir, que el artesano es perfecto como artesano, pero no necesariamente es bueno como persona,
pues aquella perfección no lo implica.
El bien y el mal moral afectan a la persona en cuanto tal y en su totalidad; es decir, hacen al hombre bueno o
malo en su totalidad, sin restricciones.
Esta referencia al bien integral de la persona, considerada en su unidad y totalidad, distingue la dimensión
propiamente moral de la artística o mecánica, y explica que ésta sea juzgada por aquélla. Por ejemplo: Todos
nos hemos arrepentido alguna vez de ejecutar un proyecto operativo que, con todo, resultó eficaz. Nos
remuerde la conciencia y nos arrepentimos no por deficiencias técnicas sino porque, aunque se alcanzó con
éxito el objetivo prefijado, su consecución nos significó más una pérdida que una ganancia, reconociendo
que nos habíamos puesto como fin algo que sólo aparentemente era un bien.
A un nivel más profundo, lo anterior se explica porque la atracción que ciertos bienes nos producen aquí y
ahora no coinciden con un “algo” que necesaria, irrenunciable y permanentemente deseamos, advirtiendo que
una acción realizada en pos de ellos no es congruente, en definitiva, con ese algo mucho más precioso y
querido.
A partir de Aristóteles, la filosofía ha llamado a este algo el fin último, vida feliz o felicidad, y que alude al
ser perfecto de la persona: a la plenitud de sentido de la condición humana.
2. NIVELES DE REFLEXIÓN ÉTICA
Puesto que la filosofía no es la única ciencia que reflexiona sobre la ética –otras también lo hacen e, incluso
y como señalábamos antes, como en un nivel pre-científico también se reflexiona sobre la ética, intentaremos
determinar aquí en qué nivel teórico nos situamos
cuando buscamos una fundamentación filosófica de la ética.
Desde un punto de vista científico, se distinguen tres niveles de reflexión: la ética descriptiva, la ética
normativa y la metaética.
La ética descriptiva es la investigación empírica de los sistemas de normas y creencias morales existentes.
Este tipo de investigación apunta a inventariar los sistemas de normas éticas, sin preguntarse por la validez
de los mismos. Así, da cuenta de los tipos de sistemas morales que hay, de las normas que contienen y cómo
están estructurados
internamente, esto es, qué cosas funcionan en ellos como principios y qué cosas se derivan de dichos
principios. Las preguntas que cabe hacer aquí son todas de alcance puramente descriptivo, y el objetivo no
es evaluar los sistemas sino, como se dijo, describirlos.
Ejemplo de ética descriptiva es la labor que realizan los etnólogos al estudiar una determinada cultura; donde
el dato relevante será el sistema de creencias morales de dicha cultura, que el etnólogo se encargará de
describir.
La ética normativa, a diferencia de la ética descriptiva, no trata de identificar qué sistemas de normas hay
sino establecer ciertos sistemas de normas y principios como válidos. Junto con ello, intenta proveer un

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fundamento a dicha validez. Un ejemplo sería la validez de la norma occidental que dice “no matar”, respecto
de la cual se trataría de justificar por qué es válida y, atendiendo a ello, concluir si se puede o no justificar
esa validez.
La meta ética no se ocupa de fundamentar la validez de un determinado sistema de creencias si no que se
concentra en el análisis lógico y semántico de los enunciados mediante los cuales expresamos evaluaciones,
creencias o imperativos morales. Por ejemplo, cuando decimos que algo es bueno, ¿qué significa el predicado
bueno? ¿Indica una cualidad de las cosas, cómo el color “rojo”, o tiene otro correlato semántico, otra
estructura? Pregunta compleja, cuya respuesta no es fácil.
Los tres niveles de reflexión anteriormente mencionados son importantes en filosofía, pero de diferente
manera. Aunque la discusión propiamente filosófica en torno a la ética se sitúa principalmente en el nivel
normativo, ello no significa que lo que pase en los otros niveles no tenga consecuencias. Incluso para lo que
se plantea en la propia ética normativa.
LA ÉTICA COMO CIENCIA
Vamos a iniciar el año, conociendo a nuestra materia: la Ética, que es la ciencia que estudia el comportamiento
humano; en base a ello, elabora un conjunto de reglas de conducta que son consideradas como correctas, y
aceptadas socialmente como tales. Por eso, desde sus inicios se la denomina también la ciencia que estudia
el deber ser del hombre; estas conductas son consideradas, en síntesis, ideales para la convivencia social.
1. La Ética es una ciencia porque posee autonomía didáctica, doctrinaria y normativa, es decir, tiene sus
principios; se la estudia en forma independiente de otras ciencias que tienen por objeto el estudio de la
conducta humana y posee sus propias normas; es más, la ética formula reglas ideales incluso para cada
profesión; además, es una disciplina racional, parte de los actos humanos. Explica las cosas por sus causas.
2. La Ética se capta con la razón; tiene como órgano básico a la razón. Esto significa que la Ética no es un
producto de la emoción o del instinto, tampoco es el resultado de instrucción del corazón, ni mucho menos
de la intención.
3. Es un conjunto de conocimientos sistemáticos, metódicos, racionales basados en las experiencias y
fundados en principios.
4. La Ética es una ciencia práctica porque está hecha justamente para realizarse en la vida diaria.
5. La Ética es una ciencia normativa porque establece leyes, normas para que el hombre sepa elegir entre el
bien y el mal.
De la espiritualidad de la persona humana derivan sus rasgos característicos: La persona es un ser individual
separado de los otros, irrepetible, gracias a su espíritu. La persona es libre y responsable de sus propios actos
debido a su inteligencia, mediante la cual es capaz de entender no sólo las cosas sino el fin de éstas, sus actos
y el sentido de su propia vida; es capaz de dirigir su comportamiento a un objetivo determinado: lo bueno o
lo malo.
LA ÉTICA COMO PRÁCTICA
La acci6n profesional puede adquirir: diferentes matices éticos. De acuerdo a Friedlander y Apte, "el
profesional tiene la responsabilidad moral de trabajar contra todo tipo de discriminaci6n... El derecho civil
de los clientes (usuarios) servidos por los trabajadores sociales, y aquellos que el mismo trabajador social
tiene como persona, deben ser protegidos para preservar la dignidad humana y el auto respeto. Bajo estas
condiciones, el Trabajo Social combina esto en lo concerniente a los usuarios en el desarrollo de la acci6n
para el cambio social".
El trabajador social labora con personas para ayudarles a una mejor comprensión de sus necesidades,
problemas y al reconocimiento de potencialidades y limitaciones en su lucha por hacer un mayor ajuste de su
ambiente y resolver la satisfacción de sus necesidades y problemas; pero para hacer esta labor eficientemente
no bastan solamente los conocimientos profesionales. Es necesario valerse de destrezas y habilidades que
permitan hacer mejor uso del potencial profesional.
En el quehacer del Trabajo Social es posible reconocer y distinguir formas tradicionales de ofrecer ayuda, y
también se conocen las consecuencias y alcances de una acción social correcta e incorrectamente encaminada:

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aconsejar, decir qué hacer, juzgar, hacer un juicio bueno o malo, prestar excesiva atención a la historia social
o longitudinal relevando la importancia del problema inmediato del usuario, prestar más importancia al
método de investigaci6n para efectos de diagnóstico y pronóstico situacional que a la acción a seguir. Si se
analizan con detenimiento estas formas de tratar de ayudar, se encuentra que es poco o nada el crecimiento
personal, grupal o comunitario que se logra; pues la ayuda prestada es escasa y probablemente los cambios
en el usuario del servicio sean pasajeros. En el proceso de ayuda es indispensable demostrar la competencia
profesional; y no es posible escaparse de elegir la modalidad de pensamiento ético a utilizar.
Independientemente de cuál ética se use, lo importante es estar claros y definidos en la relación ética que
establezcamos con el usuario.
El determinar el tipo de ética produce efectos positivos, demostrando capacidad y competencia profesional;
por ello, el trabajador debe determinar en el proceso de ayuda la ética que seguirá. Así planteado, la
intervención del trabajador social puede estar orientada por una ética al respecto o una de protección; de esta
manera, la acción social se puede diferenciar aún en una misma situación. Para clarificar esto a continuación
se presentan dos formas de actuación ética en el contexto de una misma situación.
RELACIÓN DE LA ÉTICA CON LAS OTRAS CIENCIAS
Ya que se tiene definido lo que es la Ética, ahora hay que decir lo que es la ética, o sea, aclarar los límites de
esta ciencia y mostrar los terrenos más allá de sus fronteras.
1. Relación de la Ética con la Psicología. La Psicología se parece a la Ética en cuanto a que también estudia
los actos humanos, pero ésta los explica en el aspecto del hecho y la Ética solo se interesa en las normas
de derecho de ese acto, es decir la psicología solo estudia el acto como objeto material, el por qué ocurre.
La Ética en cambio estudia la bondad o maldad de dichos actos y dicta normas de cómo deben estos.
2. Relaciones entre la Ética y la Sociología. La sociología surgió en el siglo XIX gracias a las aportaciones
de Augusto Comte y de Karl Marx. Estudia el comportamiento del hombre en forma global, es una ciencia
de hechos, mientras que la Ética es una ciencia de derechos.
3. Relaciones entre la Ética y el Derecho. El derecho es un conjunto de normas que rigen la conducta
humana y en esto se parece a la Ética, sin embargo, difieren entre las normas propias de cada una. Existen
cuatro diferencias principales:
a. Las normas de la Ética son autónomas (cada individuo debe darse sus normas propias) y las del
Derecho son heterónomas (las normas provienen de una autoridad diferente al individuo).
b. Las normas de la Ética rigen aspectos internos y las del Derecho aspectos externos.
c. Las normas de la Ética son unilaterales (el cumplir una norma no implica el surgimiento de un derecho
o una obligación por parte de otras personas), y las del Derecho son bilaterales (una obligación implica
un derecho y viceversa).
d. Las normas de la Ética son incoercibles (aun cuando tienen un carácter obligatorio, generalmente no
conllevan un castigo explícito en el caso de no cumplirlas) y las del Derecho son coercibles (la
autoridad que ha establecido ciertas normas civiles, tiene la facultad de exigir los cumplimientos de
ellas, y para llevar a cabo dicha tarea, impone vigilancia, fiscalización, sanciones, etc.).
4. Relaciones entre la Ética y la Economía. La Economía es la ciencia que trata de la producción,
distribución y consumo de los bienes materiales. Sus temas son, el trabajo, la mercancía, el dinero, la
ganancia, la utilización del trabajo, el comercio, etc. La Ética relacionada con esta ciencia en el aspecto
de la vida del ser humano: su subsistencia, sus problemas pecuniarios, su lucha diaria por el alimento, la
vivienda y la ropa. Todo esto está afectado por la explotación del asalariado, la injusticia en el pago de
sueldos, la falta de higiene en las fábricas, la falta de esmero en el trabajo del obrero o la responsabilidad
de los empleados. También como la Economía presenta un modelo ideal que hay que cumplir, como si
fuera un proyecto que seguir -como la ley de la oferta y la demanda- aquí entra también la Ética ya que en
más de una ocasión el modelo económico es el relato de una serie de abusos, como suele ser en la ley
citada anteriormente. Los dos modelos, el económico y el Ético tienen que ir entrelazados para así evitar
la explotación del trabajador, la marginación del asalariado, la usura en los intereses cobrados a los países
del Tercermundistas, la colonización del trabajo, la producción y el gobierno de los países débiles. En fin,
la Ética tiene mucho que hacer en el campo de la Economía.

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5. Relaciones entre la Ética y la Pedagogía. La Pedagogía es el estudio de la educación, el significado de
la palabra educación proviene del vocablo educere, que significa conducir, guiar y también sacar hacia
fuera, desarrollar lo que está implícito. También consiste en lograr que una persona haga, por sí misma,
lo que debe hacer. En sí la educación es una disciplina que complementa a la Ética y viceversa. La Ética
dicta que es lo que hay que hacer, en tanto que la educación muestra el modo en que podemos lograr lo
propuesto por la ética. La educación es un arte en tanto que la Ética es una ciencia. De acuerdo a los
diferentes significados que puede tener la educación se puede decir que:
a. Cuando educación significa conducir o guiar, la Ética muestra un modelo de conducta a seguir y la
educación dice como conducir al niño dentro de ese modelo.
b. Cuando educar significa saca hacia fuera, desarrollar lo que está implícito, se da a entender que el
mismo educando (la persona a educar) es la causa principal de su educación, pues contiene en sí
mismo las potencialidades que se van a actualizar. En este caso la Ética proporciona el modelo o guía
de conducta humana buena, en tanto que la educación proporciona las reglas prácticas para enseñar u
orientar al educando dentro de esa guía general.
c. Cuando educar significa lograr que una persona haga, por sí misma, lo que debe hacer, la educación
dicta cómo se debe proceder con el educando a fin de lograr su autonomía, la madurez y la toma de
responsabilidad por parte de éste. La Ética nos dice el qué hacer, mientras que la Pedagogía nos dice
el cómo.
d. Educar es actuar de tal manera que el educando capte un sentido personal en la realización de
valores, obligaciones y virtudes, los cuales constituye la Ética como un conjunto de principios y
conceptos abstractos sin ninguna aplicación práctica.
6. Relaciones entre la Ética y la Metafísica. La Metafísica contiene el fundamento de toda ciencia; ella nos
dice tienen tanta validez la matemática y la física, la Psicología y la Ética por supuesto. La Metafísica nos
proporciona y explica nociones y conceptos indispensables para entender la Ética, tales como el de ser,
bien, valor, acto, potencia, sustancia, accidente, materia, forma, etc. Mismo que nos sirve como
instrumentos mentales para captar el fondo de la temática de la Ética. La relación Ética – Metafísica es la
misma que la de ciencia y su fundamento definitivo.
7. Relaciones entre la Ética y la Teología. La Teología en este caso la teología Moral trata de la valoración
moral de los actos humanos, mismo tema que el de la Ética, pero esta última utiliza la razón como
instrumentos de su estudio y la Teología Moral además de la razón utiliza los datos de la fe como la Biblia
y fuentes afines.
8. Relaciones entre la Ética y la Religión. La religión es la relación entre el hombre y Dios. Es un contacto
íntimo de la persona con un Ser infinito, del cual procede y ante el cual puede ponerse gratificante y
reconfortante. La Ética se relaciona con la religión en la siguiente manera:
a. Una persona que mantiene un contacto íntimo con Dios, normalmente obtiene en ese contacto la guía
personal de su conducta correcta, se contacta simultáneamente el Ser absoluto, el terreno de los
valores y la fortaleza de conducirse en la vida cotidiana.
b. La Religión institucionalizada contiene una serie de preceptos, la mayoría de ellos con un alto valor
moral, como son la caridad, la humildad, el sentido comunitario, la compasión, la piedad, etc.

Es por esto qué la Ética y la Religión guardan una muy estrecha relación, pero la Ética científica y la
filosófica procuran mantener su autonomía con respecto a las normas morales que pueden surgir, y de
hecho han surgido, a partir de la Religión, sea esta última, una vivencia o una institución.

REFERENCIAS

- Calero, M. (2001) Ética profesional, Editorial San Marcos, Lima.


- García, J. (2005). Ética profesional: parte fundamental. ISBN Number: 9789686101928, ISBN Number:
9781449204303. https://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliounachotasp/home.action

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CLASE 02
Deontología profesional
Fuentes y contribuyentes del artículo Deontología profesional Fuente:
http://es.wikipedia.org/w/index.php?oldid=49796818 Contribuyentes: A ver, Argenz, BlackBeast, C5pm,
Dreitmen, Emilio Juanatey, Grillitus, Isha, Jaginus, Lucien leGrey, Luis Felipe Schenone, Manuelt15,
Mcapdevila, Raimundo Pastor, Roberpl, UC3MAmnm, UC3VERDEGUER, Uc3 JLHP, Uc31 logos,
Uc31adriandc, Uc31bgc, Uc31champi, Uc31eva, Uc31lorenapg, Uc31lucia, Uc31mso, Uc31mvo,
Uc31pma, Uc31rodri, Uc31ru, Uc3LauraMerino, Uc3albertopiñeiro, Uc3david, Uc3daviniasuarez,
Uc3jbrubia, Uc3laurahm, Uc3m.evalopez, Uc3m31millan, Uc3mariajose, Uc3msergiov, Uc3mvigil,
Uc3pmolina, Uc3raquelen, Uc3vmrobledo, 63 ediciones anónimas
El término deontología profesional hace referencia al conjunto de principios y reglas éticas que regulan y
guían una actividad profesional. Estas normas determinan los deberes mínimamente exigibles a los
profesionales en el desempeño de su actividad. Por este motivo, suele ser el propio colectivo profesional
quién determina dichas normas y, a su vez, se encarga de recogerlas por escrito en los códigos deontológicos.
A día de hoy, prácticamente todas las profesiones han desarrollado sus propios códigos y, en este sentido,
puede hablarse de una deontología profesional periodística, de una deontología profesional médica [1],
deontología profesional de los abogados [2], etc. Es importante no confundir deontología profesional con
ética profesional. Cabe distinguir que la ética profesional es la disciplina que estudia los contenidos
normativos de un colectivo profesional, es decir, su objeto de estudio es la deontología profesional, mientras
que, tal como se apuntaba al comienzo del artículo, la deontología profesional es el conjunto de normas
vinculantes para un colectivo profesional. Introducción A lo largo de la historia ha habido diversas maneras
de entender la ética y distintas propuestas morales orientadoras de la vida humana. Es posible decir que la
Ética es una parte de la Filosofía Práctica que se ocupa del hecho moral y de los problemas filosóficos que
nacen de la conducta humana. La ética se dedica al estudio de los actos humanos, pero aquellos que se realizan
por la voluntad y libertad absoluta, de la persona. Todo acto humano que no se realice por medio de la
voluntad de la persona y que esté ausente de libertad, no forma parte del campo de estudio de la ética. La
ética, por tanto, no inventa la vida moral, sino que reflexiona sobre ella. Desde la perspectiva del discurso
moral existe la presunción, además, de que el ser humano es en cierto modo libre. Esta consideración deja
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abierto el campo de posibilidades de actuación de los seres humanos. En el ejercicio de esa libertad se
producen conflictos que constituyen la clave de la vida moral y sobre los que la ética, como reflexión teórica,
trata de dar luz, para encauzar adecuadamente la praxis, la acción humana. La propia discusión de una ética
profesional ya implica la idea de la existencia de un código moral colectivo con un cierto grado de
intersubjetividad y con un carácter vinculante entre sus miembros, y no sólo un mero conjunto de normas
apelativas a la intuición, a la emoción o al extremo del relativismo de la moral individual.
Las normas deontológicas son incomprensibles sin la referencia al contexto o grupo social en el que son
obligatorias. La obligación se circunscribe a ese grupo, fuera del cual pierden la obligatoriedad.
Origen del concepto El término deontología procede del griego: to deon (lo conveniente, lo debido) y logía
(conocimiento, estudio…); lo que significa, en términos generales, el estudio o la ciencia de lo debido. El
objeto de estudio de la Deontología son los fundamentos del deber y las normas morales. El concepto de
deontología fue acuñado por Jeremías Bentham en su obra Deontología o ciencia de la moral, donde ofrece
una visión novedosa de esta disciplina. Para Bentham, la deontología se aplica fundamentalmente al ámbito
de la moral; es decir, a aquellas conductas del hombre que no forman parte de las hipótesis normativas del
derecho vigente, aquellas acciones que no están sometidas al control de la legislación pública. Esto sugiere
una de las intenciones de la redacción de los códigos deontológicos: explicitar la dimensión estrictamente
moral de una profesión, aquellos comportamientos exigibles a unos profesionales, aunque no estén
delimitados jurídicamente, o quizá, por ello mismo.
La primera alusión al término deontología la hizo Bentham en su obra Science de la Morale (París, 1832).
Con ella quería dotar de un enfoque algo más liberal al concepto ética y convertir en un concepto laico el
término, hasta entonces religioso, moral. En otras palabras, pretendía lograr la fórmula kantiana, esquivando
la carga de subjetividad de la moral y la ética. En "Deontología o ciencia de la moral" busca el racionalismo,
con un mecanicismo casi matemático con el que valorar los comportamientos por su utilidad. Sin embargo,
el intento de Bentham por cambiar el contenido de la moralidad por un concepto más “aséptico” y menos
valorativo, no logró esa transformación por el mero hecho de acuñar un nuevo término. Es decir, aun hoy,
cuando nos referimos al término deontología, seguimos relacionando está con la ética y/o la moral.
Bentham considera que la base de la deontología es el utilitarismo, lo que significa que los actos de las
personas se consideran buenos o malos en función de la felicidad global que puedan generar. Según este
marco teórico, el fin de una acción debe ser conseguir la máxima felicidad para el mayor número de personas.
De este modo, toda acción que conduzca a ese fin, será aceptada como moralmente correcta
¿Qué es aquello a lo que podemos denominar bien en sí o bien incondicional? En nuestro contexto
sociocultural actual, es la dignidad de cada persona, que debe ser admitida y garantizada jurídicamente y
defendida políticamente. La dignidad es aquello que debe constituir el núcleo principal de toda ética filosófica
y de toda deontología profesional que se precie.
Emmanuel Derieux sostuvo que, gracias a la deontología, la ética profesional adquiere un reconocimiento
público; y es que la moral individual se hace trascendente en el campo de la profesión. La deontología surge
como una disciplina que se ocupa de concretar normas en el ámbito profesional para alcanzar unos fines.
Como dice P.Barroso en el Diccionario de ciencias y técnicas de comunicación, “Ética es la ciencia filosófico-
normativo y teórico-práctica que estudia los aspectos individuales y sociales de la persona a tenor de la
moralidad de los actos humanos, bajo el prisma de la razón humana, teniendo siempre como fin el bien
honesto, la honestidad”. A partir de esta definición se deduce su:
Objeto material: realidad que constituye el objeto de estudio. En ética es la persona, el ser y la configutración
virtuosa o viciosa que se dé a sí o cada uno a través de las acciones. Son susceptibles de calificarse como
éticas pues, las acciones humanas que son libres (dependen de la voluntad de la persona). Formal. Punto de
vista según el cual las acciones son calificadas como buenas o malas. Se denomina moralidad y se basa en
valores y normas.
Conocimiento (Ciencia): Aquello que se sabe de manera cierta y sus causas. Doctrina ordenada que constituye
una rama particular del saber humano. Disciplina filosófica. La ética como disciplina filosófica intenta a
través de métodos de análisis y experiencia propios de la filosofía, elaborar los conceptos y argumentos para
comprender la dimensión moral de la persona.

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La moral se puede justificar desde tres perspectivas: la Metaética (viendo qué son los juicios morales como
juicios de valor), la Ética normativa y mediante la propuesta de unas reglas práctias para la discusión,
escapando del "todo vale".
Metaética: Con este término se designa al estudio sobre la significación, el sentido y la evolución histórica
de los conceptos éticos. En un principio se distinguen dos grandes grupos de teorías: Las Cognoscitivistas o
Descriptivistas (dicen que podemos conocer la ética o moral en términos de conocimiento verdadero) y las
No cognoscitivistas o no descriptivas (en las que no cabe conocimiento propiamente dicho). Dentro de las
Descriptivistas, distinguimos las naturalistas (sostienen que los términos éticos describen propiedades
observables de las cosas); con el utilitarismo como ejemplo. Y, por otro lado, las teorías no naturalistas (creen
que los juicios de valor son verdaderos o falsos, pero las características de las cosas no son observables por
la experiencia); con el intuicionismo como ejemplo. Dentro de las teorías No Descriptivistas, podemos
encontrar el Emotivismo (que sostiene que con afirmaciones morales no expresamos conocimiento, sino
emociones con las que intentamos influir o incidir en las emociones y comportamientos de los demás); y el
Prescriptivismo (que enuncia que al hacer juicios morales no describimos las cosas "que son", sino "las que
deberían ser"; es decir, expresamos imperativos, enunciamos normas).
Ética normativa: Distinguimos las teorías Deontológicas y Teleológicas; incluyendo un tercer grupo: la Ética
de la virtud. A grandes rasgos, exponemos las principales diferencias. Las Teorías Deontológicas que tienen
como concepto principal el "deber previamente establecido", están inspiradas en Kant. Las Teorías
Teleológicas se basan en las consecuencias, y su corriente principal es el utilitarismo. Y, la Ética de la virtud
se basa en las actitudes de las personas, con la corriente de Aristóteles como base teórica
Podemos señalar una serie de características que conforman la Ética de la Virtud según Aristóteles. Para
Aristóteles, el orden social en los modos de vida está directamente ligado con el orden natural de los mismos.
Aristóteles considera que, lo bueno es hacia lo que tienden las cosas de forma natural. Dicho de otra forma,
todo aquello que es natural es, según este autor, bueno.
Sin embargo, esta teoría no está libre de crítica. Es, precisamente, la absolutización de su postura la que
genera más desacuerdo, ya que no podemos probar, a ciencia cierta, que lo natural puro exista. Por otra parte,
muchas cosas de las que consideramos "naturales", nos vienen dadas por la cultura. Además, no podemos
olvidar el hecho de que la naturaleza evoluciona, no es estática, por lo que si ésta es susceptible de cambio,
lo bueno también se vería afectado.
Propuesta intermedia: La vía intermedia se basaría en una idea prescriptivista y también en una perspectiva
deontologista. Pero esto no significa que sea incompatible con otros puntos de vista. Es una propuesta teórica,
a la par que práctica. Sus principales características serían: un punto de vista moral, el diálogo, la racionalidad
práctica y la coherencia y universalidad (relacionadas con la idea de imparcialidad).
Podemos señalar una serie de características que conforman la deontología kantiana.
Kant, al definir la deontología, hace referencia al deber y a las obligaciones, no nos habla de una ética
relacionada con el porvenir del hombre, de sus objetivos o de sus aspiraciones en la vida, más bien, enfoca la
ética a una ética del deber, la cual establece pautas de comportamiento que se deben seguir o leyes que regulan
a los ciudadanos.
Se podría considerar como una ética independiente y formal si tenemos en cuenta que no ofrece contenidos,
no establece pautas para llevar una vida que se pueda considerar “buena" o “mala”.
Mencionar por último, su implicación con el criterio de capacidad de universalización, que posibilita
diferenciar entre máximas de tipo moral y las que no lo son.
Al igual que sucede con la teoría de Aristóteles, la teoría de Kant también es objeto de crítica: En primer
lugar, a Kant se le puede criticar que, al relacionar la ética con cómo deben hacerse las cosas, está
universalizando el concepto, porque presupone que todos debemos entenderla del mismo modo.
No obstante, la ética está ligada a la moral, y ésta también es particular a cada persona. Por lo tanto,
probablemente el deber, no es visto igual por todos.
En segundo lugar, Kant establece cómo hay que actuar, pero no nos dice si eso es bueno o no. La ética no se
refiere sólo a la forma, sino también al fondo de las cosas.

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Por último, Kant olvida por completo el sentimiento humano: según él tenemos que actuar en base al deber
y no en base a lo que de verdad queremos hacer. En este sentido, actuar conforme al deber nos aleja de la
felicidad.
Objetivos
Todo profesional está y debe estar sometido a controles sociales más o menos rigurosos que permitan exigirle
responsabilidades de muy diversa índole en relación con sus actos, de ahí la necesidad de establecer unos
principios éticos. Independientemente de la propia conciencia, que debiera ser quién más rigiera el
cumplimiento de los códigos morales, existe la figura de los colegios profesionales para mantener, promover
y defender la deontología. Éstos vigilan el cumplimiento de determinados niveles de exigencia, de
competencia y de calidad en el desempeño del trabajo de sus colegiados.
El Estado, al convertir a los colegios profesionales en corporaciones a través de mecanismos legales, propicia
el modo de mantener la deontología profesional. Les encarga funciones públicas y les dota de la potestad de
imponer una determinada disciplina a todos los profesionales pertenecientes a este colectivo.
Para que se pueda pedir responsabilidad por actuaciones profesionales se precisan dos requisitos: la
independencia y la libertad. El profesional debe ser independiente en el momento de tomar decisiones y debe
ser enteramente libre de ejecutarlas.
La deontología es de sumo interés para el mundo profesional, y en concreto, para profesiones que comportan
una elevada responsabilidad social (médicos, abogados, docentes, psicólogos, periodistas…). Esa deontología
busca un equilibrio entre un determinado estilo de vida moral (lo que antes denominábamos êthos o carácter
moral) y un alto nivel de profesionalidad técnico-científica. Esta doble dimensión ha de tratarse con armonía
y equilibrio para una mayor dignificación de cualquier actividad laboral.
Deontología y Ética profesional
Estos dos términos suelen usarse como sinónimos, pero no lo son. Es importante destacar las principales
diferencias entre ellos:
Una de las diferencias cuando hablamos de "ética" y "deontología" es que la primera hace directamente
referencia a la conciencia personal, mientras que la segunda adopta una función de modelo de actuación en
el área de una colectividad. Por ello, con la concreción y diseño de códigos deontológicos, además de
autorregular esta profesión, se invita al seguimiento de un camino muy concreto y a la formación ética de los
comunicadores.
De forma teórica, podríamos diferenciar dos grandes grupos: la ética social y la ética individual. Dentro de la
ética individual se diferencia, también, una ética interpersonal que es la que rige el comportamiento que
tenemos en relación a otros individuos. Aquí se puede situar la ética profesional ya que rige el
comportamiento del profesional en su actividad laboral. Los principios que rigen la profesión se obtienen a
través de métodos similares a los de la ética general: dialógico, inductivo y deductivo. Para conocer el
fundamento ético y moral de un código ético, se requiere el estudio de la actividad profesional en sí misma y
no es suficiente la labor de un filósofo que desconozca la profesión.
La ética de las profesiones se mueve en el nivel intermedio de las éticas específicas o “aplicadas”. El
profesional se juega en el ejercicio de su profesión no sólo ser un buen o mal profesional sino también su ser
ético. No acaba de ser considerada una persona éticamente aceptable quien en todos los ámbitos actuase bien
y cumpliese con sus deberes menos en el ejercicio de sus responsabilidades profesionales. La ética general
de las profesiones se plantea en términos de principios: el principio de beneficencia, el principio de
autonomía, el principio de justicia y el principio de no maleficencia El deontologismo plantea los temas éticos
en términos de normas y deberes.
Los principios se distinguen de las normas por ser más genéricos que éstas. Los principios ponen ante los
ojos los grandes temas y valores del vivir y del actuar. Las normas aplican los principios a situaciones más o
menos concretas, más o menos genéricas. Las normas suelen hacer referencia a algún tipo de circunstancia,
aunque sea en términos genéricos. Pero también los principios se hacen inteligibles cuando adquieren
concreción normativa y hacen referencia a las situaciones en las que se invocan y se aplican. En términos
generales un principio enuncia un valor o meta valiosa. Las normas, en cambio, intentando realizar el
principio bajo el que se subsumen, dicen cómo debe aplicarse un principio en determinadas situaciones.

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Tanto las normas como los principios son universales aun cuando el ámbito de aplicación de los principios
sea más amplio y general que las normas específicas que caen bajo dicho principio.
Desde la perspectiva de la ética profesional, el primer criterio para juzgar las actuaciones profesionales será
si se logra y cómo se logra realizar esos bienes y proporcionar esos servicios (principio de beneficencia).
Como toda actuación profesional tiene como destinatario a otras personas, tratar a las personas como tales
personas, respetando su dignidad, autonomía y derechos sería el segundo criterio (principio de autonomía).
Las actuaciones profesionales se llevan a cabo en un ámbito social con demandas múltiples que hay que
jerarquizar y recursos más o menos limitados que hay que administrar con criterios de justicia (principio de
justicia). Y, en todo caso, habrá que evitar causar daño, no perjudicar a nadie que pueda quedar implicado o
afectado por una actuación profesional (principio de no maleficencia).
La deontología como ética profesional
Según José María Barrio, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid: en un sentido vulgar se
habla de deontología en referencia al buen hacer que produce resultados deseables, sobre todo en el ámbito
de las profesiones. Un buen profesional es alguien que, en primer lugar, posee una destreza técnica que le
permite, en condiciones normales, realizar su tarea con un aceptable nivel de competencia y calidad. Las
reglas del buen hacer –perfectum officium, acción llevada a cabo conforme a los imperativos de la razón
instrumental– constituyen, sin duda, deberes profesionales. Y esto no es en modo alguno ajeno al orden
general del deber ético. Aún más: las obligaciones éticas comunes para cualquier persona son, además,
obligaciones profesionales para muchos.
En definitiva, cuando nos refiramos a una profesión determinada, podemos hablar de la existencia de una
ética y de una deontología determinada.
La primera se podría centrar en determinar y perfilar el bien de una determinada profesión (aportación al bien
social) y la deontología, por su parte, se centraría en definir cuáles son las obligaciones concretas de cada
actividad.
La conciencia profesional
La conciencia humana es individual, pero tiene varias dimensiones: la conciencia reflexiva (porque es
consciente de sí misma) y la conciencia ética, que añade a la conciencia individual la condición de ser,
además, una conciencia responsable. Es decir, que con la primera cada persona se relaciona con las demás,
pero la conciencia ética nos responsabiliza en la forma de trato hacia esas otras personas. Además de estas
dos hay una clase de conciencia más, constituida como un concepto muy importante relacionado con la
deontología profesional: la conciencia profesional.
La conciencia profesional (Véase Teoría de Parsons) es una dimensión esencial de la conciencia ética, a la
que añade la responsabilidad que cada persona tiene. Se manifiesta en un comportamiento socialmente
responsable acerca de los deberes específicos de una profesión después de haber interiorizado, asumido y
personalizado un código de valores referentes a dicha profesión, para después analizar, aplicar y resolver
problemas específicos de la profesión con la mejor competencia y rectitud posibles y socialmente exigibles.
Se puede hablar de cuatro niveles de la conciencia profesional:
1) La conciencia profesional es intransferible e individual, nadie es responsable por ninguna otra persona.
2) Nivel de los deberes específicos, aprendidos, asumidos y personalizados por socialización ética. Cada
persona tiene que haberse socializado en el código deontológico de su profesión.
3) Nivel de madurez y equilibrio psíquico. Para que la conciencia profesional pueda funcionar hay que gozar
de un grado de madurez mínimo.
4) Aptitud profesional para el ejercicio digno de una profesión
La costumbre y la responsabilidad profesional
La costumbre son normas que crean una sociedad y que le dan un hecho jurídico palpable. Tienen al igual
que ocurre con las leyes, consecuencias cuando son violadas. El profesional debe regirse por su código de
ética propio, pero también tiene que tener en cuenta un marco de costumbre.

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La gran mayoría de los autores coinciden al señalar que el fundamento de la responsabilidad es la libertad de
la voluntad.
El sentimiento de responsabilidad también se puede ir desarrollando a lo largo de la trayectoria vital y
profesional de una persona.
Una profesión cualquiera debe tener un periodo de aprendizaje, una preparación previa especializada y casi
siempre formal, que se debe completar con una formación permanente que se completa con el paso del tiempo
y la vivencia de distintas situaciones en la vida profesional a las que enfrentarse.
Colegios profesionales
Los Colegios Profesionales, tal como los define la ley, “son corporaciones de derecho público, amparadas
por la ley y reconocidas por el Estado, con personalidad jurídica propia y plena capacidad para el
cumplimiento de sus fines, entre los que se encuentra la ordenación del ejercicio de las profesiones”. Además,
son las corporaciones que elaboran los códigos deontológicos.
Los códigos deontológicos cumplen una triple función:
a. Fijar una serie de criterios de carácter científico-funcional para el ejercicio de la profesión, con el objetivo
de dar operatividad y eficacia a las actividades ejercidas en el ámbito cubierto por las normas establecidas.
b. Refundir orientaciones éticas para el ejercicio de la profesión y plasmarlas en códigos de deontología
profesional.
c. La posibilidad de imponer sanciones disciplinarias a los colegiados que incumplan los dictados de los
códigos deontológicos. Esta función tiene la singularidad de conferir a éstos relevancia jurídica estatal, lo
que otorga a la deontología ciertas coincidencias con el Derecho en lo que se refiere a la utilización de un
procedimiento judicial.
Una diferencia importante entre la deontología profesional y el derecho reside en el origen de estos dos
órdenes normativos reguladores del ejercicio de una profesión. La fuente del derecho es el poder legislativo
del Estado -que emana del ejercicio de la Soberanía Popular-, mientras que el origen de la deontología
profesional no es "estatal", sino que emana del propio colectivo profesional, y desde una labor de
autorregulación. En casos excepcionales, la iniciativa de un código deontológico puede partir del Estado o de
una entidad supraestatal, como él, es caso paradigmático del Código deontológico de los periodistas del
Consejo de Europa, aunque es una condición necesaria que el colectivo profesional lo incorpore a su actividad
y ejerza una labor de autorregulación. Sin estas dos condiciones, este código normativo se convertiría en
derecho y no en deontología profesional. Por lo tanto, no es necesariamente excluyente de la deontología
profesional un código de origen externo a la propia profesión, si pasa por el filtro de la autorregulación.
En el caso de las profesiones que requieren colegiación profesional, como la psicología, abogacía y la
medicina, existe una institucionalización de la sanción. Sin embargo, hay profesiones como el periodismo,
que se ejercen sin colegiación obligatoria. En estos casos, el incumplimiento de las normas deontológicas
lleva aparejada una sanción similar a la que corresponde a la vulneración de las normas morales: mala imagen
pública, reproche, expulsión del grupo, etc. Esto las diferencias de las profesiones de colegiación obligatoria,
caracterizadas por la institucionalización de la sanción. Pero no implica falta de gravedad. Un profesional
puede considerar que una sanción por infracción del código de deontología profesional tiene más importancia
que una sanción administrativa.
Retomando la idea de que la deontología profesional es uno de los órdenes reguladores del ejercicio de una
profesión, en una situación intermedia entre el derecho y la moral, es necesario hacer una serie de precisiones.
Las normas de la deontología profesional, aun sentidas como vinculantes entre los miembros del colectivo,
se alejan del carácter coercitivo del derecho. El derecho es siempre coactivo, y la deontología profesional
puede o no imponer sanciones y, en el caso de aplicarse, son menos graves que las impuestas por el derecho.
La sanción más grave que puede imponer la deontología profesional es la exclusión de la profesión.
Por otro lado, las sanciones de la deontología profesional en aquellas profesiones que no exigen para su
ejercicio la colegiación obligatoria son sanciones sociales difusas; es decir, que aparte de no llegar al grado
de gravedad de la sanción jurídica, no tienen por qué estar necesariamente institucionalizadas. Un ejemplo
de sanciones sociales difusas -en este sentido de informalidad, cercanas a la moral- emitidas por la

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deontología puede ser la consideración de exclusión del colectivo profesional de un miembro, sin llegar ésta
a ser una sanción no formalizada.
No obstante, la deontología profesional tiene un mayor grado de institucionalización que la moral general, de
tal modo que, para hablar de deontología profesional, es necesario un grado de institucionalización normativa
-inferior a la del derecho pero superior a la de la moral. La moral, aunque es de carácter social, tiene un
componente último que es individual, mientras que la instancia última de la deontología profesional es
colectiva, común a todo el grupo profesional. Igual que se da el conflicto entre moral y derecho, cabe la
confrontación del individuo con la deontología profesional a la que está sometido.
Autorregulación
La deontología es uno de los tres órdenes normativos que regulan el ejercicio de las profesiones, junto al
Derecho y la moral. Cabe señalar que las normas deontológicas se encuentran a medio camino entre los otros
dos órdenes normativos.
Una característica fundamental de la deontología profesional es que tiene un fuerte componente de
autorregulación, entendida en un sentido colectivo. Se trata de una interiorización de las normas propias de
la profesión. Se diferenciaría del Derecho en que éste es creado por el Estado, y de la moral en que la
deontología tiene un carácter colectivo, no se basa en los principios individuales. Otra diferencia clave frente
al Derecho, es que éste tiene un marcado carácter coactivo, impone sanciones al incumplimiento de sus
normas. La deontología, por su parte, puede o no incluir sanciones, y siempre serán menos graves que las
relacionadas con el Derecho (surgidas de instituciones jurídicas).
No obstante, la deontología puede institucionalizarse a través de los Códigos Deontológicos, la colegiación...
(instrumentos o mecanismos que dotan de más efectividad a la deontología), pero siempre presenta una
institucionalización mucho menor a la del Derecho. Las normas del Derecho son "ajenas" al mismo, junto al
frentes extremas, mientras que lo característico de la deontología profesional es la autorregulación. Los
profesionales son creadores, sujetos y objetos de las normas deontológicas de su profesión correspondiente.
Participan (a través de sus asociaciones, por ejemplo) en la creación de los códigos deontológicos que, a su
vez, deberán aplicar.
La autorregulación es necesaria porque delimita campos de actuación, alerta sobre conductas alejadas del
bien común y puede invitar al profesional a dirigir sus acciones por el fomento de valores que promuevan
una vida más humana.
La deontología se sitúa en la senda que camina entre la ética personal y las normas legales.
Hay actitudes y comportamientos éticos que, siendo consustanciales y exigibles a una determinada profesión,
nunca serán objeto de la legislación ordinaria.
La justificación social de un código de deontología y la prerrogativa de autorregulación por los colegios
profesionales radican en el servicio al paciente y a la comunidad.
Es necesario que los colegios profesionales cumplan su función social ejerciendo la vigilancia deontológica
con rigor y credibilidad.
El moderno profesionalismo se compone de los principios éticos y deontológicos que configuran el
compromiso profesional con la sociedad.
Fundamentar la regulación pública de la profesión en el moderno profesionalismo no significa crear un
espacio protegido, en realidad supone someterse a un mayor nivel de exigencia.
La bioética es una disciplina que debe trabajar en alianza con la ética del profesional, la deontología y el
derecho, cooperando en su adecuado desarrollo y aprendizaje.
En el lenguaje coloquial se pueden escuchar expresiones como las siguientes: «¡esta persona no tiene ética!»,
«considero que esta conducta es éticamente aceptable», «¿qué dice la ética profesional sobre este problema?»,
«¡no me parece una sentencia justa!». Son frases en las que se emplea el concepto «ética» por analogía, es
decir, con significados parecidos, pero a la vez diferentes. Es importante clarificar a qué se refiere o de qué
se habla cuando se trata sobre estas cuestiones, pues si no se maneja un esquema conceptual bien definido,

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se genera confusión y se hace difícil dialogar o deliberar de manera provechosa sobre cuestiones éticas.
Conviene diferenciar estas tres acepciones del concepto «ética»:
Bases teóricas de la ética
La ética es fundamentalmente teórica, aunque está orientada a dotar al hombre de unas pautas concretas e
comportamiento, mientras que la moral es más práctica, puesto que detalla unas normas que se encuentran
fundamentadas en la reflexión ética.
“Moral es el conjunto de comportamientos y de normas que tú, yo y algunos de quienes nos rodean solemos
aceptar como válidos; ética es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras
morales diferentes” (Fernando Savater, Ética para Amador)
Una teoría ética es una teoría filosófica que intenta fundamentar la moral, es decir, justificar su validez y
legitimidad. Como toda moral, consiste en una serie de preceptos o normas (busca el término medio, haz lo
que beneficie a la mayoría...) y una serie de valores (templanza, utilidad, felicidad…), la teoría deberá
justificar precisamente estas normas y valores. Según el tipo de fundamento que proporcione, hablaremos de
un tipo de teoría ética o de otro. Así, serán teorías distintas las que conciben y defienden la moral como
una búsqueda de la vida buena o como el cumplimiento del deber.
Las distintas teorías éticas que se han dado a lo largo de la historia pueden dividirse en varios tipos, no sólo
por el fundamento concreto que dan de las normas morales, sino también por el modo particular de darlo. A
continuación, ofrecemos una serie de preguntas, cuya respuesta puede servir para clasificar la diversidad de
teorías existentes.
PREGUNTA RESPUESTA TIPO ETICA TEORIA ETICA
¿Quién puede decirme lo Yo mismo Autónoma Formalismo
que debo hacer? Ética discursiva
La naturaleza, Dios, la autoridad Heterónoma Estoicismo
legal Intelectualismo moral
Iusnaturalismo ético
Utilitarismo
Hedonismo
¿Qué debo hacer? Debo actuar de acuerdo con una Formal Formalismo
norma que pueda convertirse en Ética discursiva
ley universal
Debo hacer esto, porque esto es Material Eudemonismo
lo bueno Hedonismo
Estoicismo
Utilitarismo
Iusnaturalismo ético
¿Cuáles son las acciones Las que tienen buenas Teleológica Eudemonismo
correctas? consecuencias, es decir, las que Hedonismo
se acercan al bien
Iusnaturalismo ético
Utilitarismo
Las que son correctas en sí Deontológica Formalismo
mismas, al margen de sus Ética discursiva
consecuencias, pues cumplen con
el deber
¿Puedo conocer lo que Si Cognoscitiva Intelectualismo moral
está bien y lo que debo Eudemonismo
hacer?
Hedonismo

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Utilitarismo
Formalismo
Ética discursiva
No No cognoscitiva Emotivismo

Enlaces externos
 Libros relacionados con la deontología profesional, en sus diferentes vertientes, que oferta la web
eclesiástica [3]
 Código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia [4]
 Código de Deontología Médica. Guía de Ética Médica de la Organización Médica Colegial de España
(2011). [5]
Referencias
 López, P. y Iturmendi, J. (2008). Deontología y autorregulación en el ciberespacio. Universidad
Complutense de Madrid. https://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliounachotasp/home.action
 Ramírez, F. (2014). Ética y Deontología Profesional. Ediciones Jurídicas. Lima Perú.
 Vila, V. (2013). Deontologia Profesional. ISBN number: 9788490316016, ISBN Number:
9788490316702. https://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliounachotasp/home.action
[1] http://www.cgcom.es/deontologia
[2] http://www.avogacia.org/w3/IMG/_article_PDF/article_72.pdf
[3] http://www.conelpapa.com/libro/deontologia.html
[4] http://www.cuatro.com/static/autorregulacion/Codigo_y_criterios_calificacion.pdf
[5] http://www.actasanitaria.com/fileset/doc_65737_FICHERO_NOTICIA_59946.pdf

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