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en conceptos desarrollados por Bourdieu; para el sociólogo francés el prestigio puede medirse a
partir de unas reglas de mercado invertidas: las obras canónicas ofrecen un capital cultural al que
las conoce, pero el significado de estas obras varía dependiendo de las nuevas estructuras de
significación y de los posicionamientos de los agentes dentro de estas. Vélez-Sainz aplica los
conceptos bourdieanos a los textos analizados a lo largo de la monografía, en unas páginas que
concluyen con la esperanza de haber demostrado que diseccionar el Parnaso español nos otorga
un catalejo desde el cual desenterrar un sistema cultural en constante proceso de mutación. El
Parnaso y el sistema de producción cultural con el que se le asociaba no murieron con el Siglo de
Oro, sino que se mantuvieron presentes en el colectivo imaginario occidental como utopía, como
topos, como topografía de la fama, como lugar de invocación y apoteosis; igualmente siguió como
motivo de mecenazgo y de propaganda política. Con el avance de los siglos, sin embargo, la
convención fue perdiendo su capacidad de comunicación, lo que se constata mediante la alusión
de Lord Byron a los malos tiempos que corrían para la lírica ya en el x i x contenida en un texto
reproducido al final de este lúcido y meditado trabajo de Vélez-Sainz.
El autor examina meticulosamente cuatro periodos históricos a la luz de su literatura
parnasiana, analizando con sabiduría textos y motivos recurrentes enlazados con suma precisión
para que ningún elemento quede suelto. Quizás, en ocasiones, se peque de un cierto
fragmentarismo, pues esta concepción estructural conlleva, en no pocos momentos, avances
reiterativos del objetivo a tratar en cada uno de los capítulos. Esta división esconde, no obstante,
un trabajo escrito con la paciencia y el entusiasmo de muchos años dedicados a investigaciones
relacionadas con asuntos de carácter semejante (aun cuando se note algún que otro lapsus
temporal, como la referencia a la edición crítica en curso, según Vélez-Sainz, de la musa Clío,
trabajo con el que ya contamos desde hace seis años). Estos insignificantes deslices, junto con
algunas mínimas erratas, no aminoran, en ningún caso, la calidad, precisión y conocimiento con
que se construye este trabajo. Una investigación innovadora sobre el motivo del Parnaso y su
reflejo literario que combina a la perfección la historia con el texto literario, el estudio sincrónico
y el diacrónico con la introducción final del modelo teórico ideado por Pierre Bourdieu. Resulta
imprescindible, por tanto, elogiar estudios como el de Vélez-Sainz en los que, sin perder el rigor
filológico, se da un paso más allá en los estudios socio-culturales aportando una nueva visión de
un motivo —el Parnaso—, un modelo de sistema literario, de creación literaria, un tópico que
nació, creció y se reprodujo no sólo en la literatura, sino en sentido amplio en el mundo de la
cultura y sus diversas manifestaciones.

Alejandra ULLA LORENZO


(Universidad de Santiago de Compostela)

La hermosura de Angélica. Poema de Lope de Vega Carpió. Ed. Marcella Trambaioli, Pamplona/
Madrid/Frankfurt, Universidad de Navarra/Iberoamericana/Vervuert, 2 0 0 5 . 802 p.
(ISBN: 84-8489-137-2; Biblioteca Áurea Hispánica, 32.)

En el estado actual de los estudios áureos, sobre todo en el panorama internacional, el trabajo
de Marcella Trambaioli suma a sus valores intrínsecos el carácter de un triple recordatorio. La
primera realidad que la edición pone sobre la mesa es la nada satisfactoria distancia que media
entre la celebración crítica y canonizadora de Lope de Vega y las lagunas existentes en cuanto a
posibilidad de acceso a algunos de sus textos para un lector actual distinto al especialista. En
segundo término nos encontramos ante una sólida afirmación de que la a veces vertiginosa
dinámica renovadora o revisionista de teorías y metodologías críticas no impugna en ningún caso
la inveterada disciplina filológica; es más, la reclama, en una imperiosa necesidad de contraste de

CRITICÓN. Núm. 97-98 (2006). Marcella TRAMBAIOLI (ed.). La hermosura de Angélica. Poema de Lope de Vega Carpio.
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los discursos críticos con la realidad de los textos. Finalmente, Trambaioli devuelve la mirada del
estudioso y del lector en general sobre un género tan postergado como el de la épica, respecto al
cual ninguna pretendida dificultad de lectura actual puede justificar su olvido, dada su
importancia editorial desde mediados del siglo xvi al ecuador del siglo siguiente y, en particular,
por su lugar de privilegio en el debate de las ideas poéticas del momento y su dinámica de
desarrollo.
Comenzando por esta última cuestión, el texto de Lope representa en varios sentidos el punto
culminante en el camino de recepción y acomodación en España del legado ariostesco, tan bien
estudiado por Máxime Chevalier en todas sus vertientes. Junto a las traducciones, imitaciones y
ecos que desbordan los límites estrictos del poema heroico, la materia resultante del
aggiornamento de la tradición carolingia iniciado por Boiardo dio origen a algunas importantes
realizaciones, de las que a veces no tenemos más noticia que su aparición en el benemérito
catálogo de Pierce. La segunda parte de Orlando (1555), de Nicolás Espinosa, el Roncesvalles de
Garrido de Villena en el mismo año, la Angélica (1586) de Barahona de Soto y la de Lope (1602)
forman, junto a eslabones menores, una cadena de realizaciones que, sobre el modelo ariostesco
del romanzo, ofrecieron una vía de desarrollo de la poesía épica culta alternativa a la representada
por la materia estrictamente histórica y nacional o la desbordante epopeya religiosa. Sin embargo,
de esta hispanización del canon de Ferrara que Antonio Prieto definiera con justeza no existe un
panorama crítico conjunto y específico, que reúna los textos y su adecuada valoración, salvo los
estudios y edición de Lara Garrido para el poeta de Lucena. Las obras en la senda del Furioso
ofrecen, sin duda, un interés intrínseco por la modernidad de su materia, donde la conjunción de
armas y amores ofrece, junto con la épica de los sucesos más recientes (conquista de América,
Lepante..), un atractivo mayor para la lectura que los áridos temas teológicos o los conocidos
argumentos del pasado nacional. Incluso es así para un lector actual, de nuevo familiarizado con
una narración fragmentaria y enrevesada, la mezcla de los registros más dispares, los vuelos de la
fantasía y, como comprobamos por los más recientes éxitos de ventas, las grandes sagas de
interminables episodios; es más, no sería descabellado postular que, salvo por el distanciamiento
del verso, este género de relatos sería uno de los de mayor vigencia del panorama áureo en estos
tiempos posmodernos. El verso, justamente, con su persistencia en el modelo consagrado por
Boiardo y Ariosto, nos sitúa en la dimensión histórica del género y en su destacado lugar en el
debate teórico del momento, cuando creadores y preceptistas se enfrentan, en la segunda mitad del
siglo xvi y los primeros años de la siguiente centuria a dos problemas fundamentales o, quizá
mejor, a dos vertientes decisivas de una cuestión básica: la acomodación del modelo de la épica
clásica.
En el fondo, y con el verso como clave, se encontraba la empresa de asentar las bases de lo
novelesco en su camino hacia la construcción de un género específico; sin menoscabo de la
relación genética de la novela con la historia, apuntada por Senabre, y sin profundizar en la
lectura luckasiana de la filiación edípica de la novela con la épica, este camino tomó en más de
una ocasión la referencia de raíz aristotélica de la posibilidad de una épica en prosa, como
recordaba el Pinciano mencionando al autor de las Etiópicas. Y la obra de Heliodoro, como muy
atinadamente recuerda Trambaioli, es uno de los ingredientes básicos en la adaptación lopesca de
las posibilidades abiertas por Ariosto. Y no está de más recordar que Cervantes, a través del
canónigo quijotesco, incipiente escritor de libros de caballerías, insiste en los mismos términos en
el camino de definición de un género que en su pluma tanto debe al Furioso, como recordara
Thomas R. Hart. La insistencia en el modelo ariostesco es sobradamente significativa, máxime con
las características de sus dos cultivadores más destacados, tan atentos a las innovaciones estéticas:
Barahona desde la perspectiva de una poética cultista y Lope desde una aguzada sensibilidad hacia
las demanadas y posibilidades del mercado.

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En una dimensión más específica, la recepción del Furioso, como más tarde ocurriera con la
Gerusalemme, motivó un amplio y profundo debate teórico en Italia con una onda expansiva que
no dejó de llegar a España, sobre todo cuando, a finales del siglo xvi, y junto a la polémica en
torno a otros textos renovadores en su hibridismo, como // pastor Fido de Guarini o el Aminta de
Tasso, se centra el debate en torno a los límites del modelo más clasicista. En concreto, la última
década del siglo, en la que Lope está gestando su poema, es el escenario de la confrontación, a
partir de las propias vacilaciones de Tasso, entre su modelo, basado en la recuperación de un
clasicismo no exento de una renovación de corte manierista, y las posibilidades del romanzo, con
su deriva a las libertades novelescas. Es por este motivo por el que no resulta demasiado
satisfactorio el modo en que Trambaioli resuelve, en un cortante párrafo, la relación del texto de
Lope con este marco: «Con respecto a la Gerusalemme del Tasso, por la cronología no cabe
establecer paralelo alguno con La hermosura, y sólo más tarde Lope la tomará como modelo para
la composición de su Jerusalén conquistada» (p. 7 7 ) . Sorprende que, tras sus ajustadas páginas
sobre el proceso de redacción de La hermosura, cuyo origen remoto sitúa en torno a 1 5 8 8 , pero
con una trayectoria de redacción en tres fases hasta su edición, Trambaioli coloque por una
cuestión de cronología a Lope como completamente ajeno a un poema que, desde su aparición en
1580, tuvo un gran impacto y generó constantes discusiones que mantuvieron la atención centrada
en su propuesta. Si la materia y las intenciones tassescas no tienen una relación directa con el
poema que Lope publica en 1 6 0 2 , tampoco puede colocarse éste completamente al margen del
horizonte teórico-crítico que generó la Gerusalemme ni debe prescindirse de contrastar con sus
postulados las soluciones propuestas por un poema épico en estas fechas cruciales.
Quizá sea éste el único lugar en que quepa proponer una vía de profundización no definida o
no plenamente recorrida por el impecable estudio preliminar de la editora. Como corresponde a la
naturaleza del texto y al nivel de sus estudios, Trambaioli plantea su acercamiento crítico con la
solidez del modelo tradicional, abarcando en su lectura desde la revisión del estado de la cuestión
al acercamiento a los rasgos elocutivos. Merece especial atención su desentrañamiento de la
dispositio del poema, uno de los aspectos más problemáticos de su realización y de sus análisis, así
como la naturaleza misma de su inventio, aspectos ambos en que la editora mantiene el equilibrio
entre su voluntad reivindicadora de la escritura lopesca y el adecuado rigor crítico, con las dosis
justa de erudición y de finura analítica. Muy atinadas y valiosas son sus páginas sobre el proceso
de hibridación que Lope potencia en el ya fértil campo ariostesco, lo que permite encuadrar con
exactitud y productividad crítica La hermosura en el escenario de renovación genérica que
representa toda la primera década del siglo x v n y sus distintas realizaciones de «artes nuevos».
Igualmente valiosas son sus observaciones sobre la naturaleza esencialmente lírica de esta
narración, ofreciendo una perspectiva novedosa en el análisis de la dinámica de renovación del
modelo épico, donde tiene adecuado encaje otro elemento bien resaltado en el estudio preliminar:
el de la relación con el romancero, en especial en lo tocante a la renovación «artística» en la que el
propio Lope tuvo tan destacado protagonismo; además de los elementos ariostescos
específicamente resaltados por Chevalier, el género desarrollado en estricta contemporaneidad con
el debate sobre la Gerusalemme conectaba con la propuesta lopesca en su fusión de épica y lírica
y, también presente en la fase antigua del género, las posibilidades de su carácter fragmentario
para la recomposición de un ciclo narrativo cuya complejidad se basa en la virtual imbricación de
elementos episódicos, técnica que no resultaba ajena a la de los cantambanchi estilizados en el
canon de Ferrara. Muy oportuno, en especial en la escritura de Lope, es la bien traída relación
entre ciertos rasgos de la actualización del romanzo y los propios del modelo de la comedia ya
impuesto en estos años, si bien se podría haber recogido, al menos, la línea de análisis de las
relaciones entre comedia y novela, formulada por el propio Lope y explorada en los trabajos de
Morínigo (1957) y Baquero Goyanes (1983).

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Ello nos lleva directamente al aparato bibliográfico de la edición, que siempre es uno de los
aspectos más susceptibles de cuestionamiento, sobre todo para lucimiento del reseñista. Tratando
de sortear tal riesgo y desde el mayor aprecio del amplio y valioso instrumental crítico
proporcionado por esta edición, creo que puede ser de interés para su futuro lector actualizar
algunas de las referencias, subsanar alguna carencia o errata y plantear una adecuada
discriminación. Las ediciones de Aldana por Lara Garrido, de Garcilaso por Morros (o incluso la
maior de Rivers), de los romances de Góngora por Carreira o de la Filosofía antigua poética en la
reciente y remozada edición de la Fundación Castro, entre otras, merecen ser citadas, al menos,
junto a las recogidas, algunas con más de medio siglo de existencia; de igual modo, podría citarse
la clásica obra de Seznec por la traducción española en lugar de hacerlo por la francesa. En cuanto
a entradas que podrían incrementar la riqueza de esta bibliografía desde una relación directa sobre
el tema, cabría citar estudios clásicos como los de Pierce, Cirot, Durling o Richtofen, el artículo de
Antonio Prieto sobre el «ritual introductorio de la épica culta», centrado de manera expresa en el
canon de Ferrara, o, en el panorama más reciente, los estudios de Lara Garrido sobre la épica
áurea recogidos en su volumen Los mejores plectros; en otro orden de cosas, también es
susceptible de actualización la bibliografía sobre libros de caballerías y relatos sentimentales. Sin
duda es errata tipográfica la indistinción, por efectos del orden alfabético, entre las obras de
Amado y Dámaso Alonso, que aparecen atribuidas exclusivamente al primero de ellos.
Finalmente, habría que hacer alguna mención al orden o las diferencias internas introducidas en la
exposición de la bibliografía; siempre es una decisión discutible, pero en casos como éste, de tan
notable abundancia de referencias, creo que hubiera sido prefrible introducir, cuando menos, una
distinción entre textos y estudios, e, incluso, dentro de éstos, entre estudios críticos, generales o
específicos, y obras de teoría e instrumentos filológicos para la anotación. Sin duda, meras notas
de un lector interesado por el tema y estimulado por el rigor de la propuesta crítica de esta
edición.

En lo que toca a las cuestiones ecdóticas y de edición, Trambaioli ratifica la importancia de la


labor filológica y la eficacia con que la desarrolla en este trabajo. Los criterios editoriales, según
las normas propugnadas por el GRISO, son los adecuados para este tipo de texto y para una
edición que no quiera circunscribirse al ámbito estrecho de los especialistas, ofreciendo un estado
actualizado del poema en grafía y, sobre todo, en puntuación, uno de los aspectos más delicados
en la edición del verso áureo; frente a otros criterios, más literalistas, y con el apoyo en la relativa
falta de dificultad de la poesía lopesca, el lector no se ve agobiado por signos de puntuación que
cortan la respiración del verso y puede afrontar la lectura sin barreras interpuestas por el tiempo;
al mismo fin responde una anotación bastante ajustada, en la que no aparecen en demasía
aclaraciones innecesarias, en una serie en que se combinan apuntes léxicos o idiomáticos,
interpretaciones de pasajes oscuros e información erudita, pero siempre sin exceso. El completo
aparato crítico que, con buen criterio, se coloca al final del texto y el útilísimo índice de notas
completan una edición modélica en la que se muestra que el trabajo filológico no sólo no es un
lastre, sino que es una necesidad para el adecuado acercamiento de los textos a quienes siguen
siendo sus verdaderos destinatarios, los lectores.
Los lectores en general, pero también los críticos e investigadores, agradecerán, en fin, el
acceso que el trabajo de Marcella Trambaioli y la colección que acoge su edición han
proporcionado a un texto de Lope tan ignorado como necesitado de atención crítica. De ella
depende su adecuada valoración y, con ella, el conocimiento del perfil exacto de un autor que
cultivó prácticamente todos los géneros literarios vigentes en su momento, sin que ninguno deba
ser eclipsado en su recepción por el mayor acierto en otros campos o la vigencia más continuada
de los mismos. La consagración del autor hace aún más ostensible y paradójica la distancia con la
falta de disponibilidad de todos sus textos, y en tal caso se hace más necesaria, si cabe, una labor
editorial como la aquí emprendida, una labor que es la base y el comienzo de una adecuada tarea

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crítica, más allá de modas teóricas o manierismos metodológicos: siempre los textos y, a ser
posible, en ediciones tan ejemplares como ésta.

Pedro RUIZ PÉREZ


Universidad de Córdoba

Daniel NAHSON, Amor sensual por el cielo. La «Exposición del Cantar de los Cantares» de
Fray Luis de León. Madrid/Frankfurt am Main, Iberoamericana/ Vervuert, 2 0 0 6 . 4 5 5 p.
(ISBN: 84-8489-212-3 [Iberoamericana] ; 3-86527-223-1 [Vervuert].)

El reciente estudio por el hispanista hebraísta Daniel Nahson de la traducción glosada al


castellano por Fray Luis de León del texto hebreo del Cantar de los Cantares de Salomón (1561)
es obra imprescindible para cuantos se interesan por la exégesis bíblica hebrea y cristiana en la
España del siglo x v i , y para los amantes de la prosa poética religiosa. Gracias a dicho estudio
podrán conocer textos del legado hebreo, generalmente poco conocidos de los hispanistas, textos
que emanan de la tradición masorética y de la hermenéutica de Ibn Ezra, y que nutren esta
primera obra literaria que Fray Luis de León escribió teniendo delante el propio comentario del
eminente hebraísta Arias Montano y recordando las enseñanzas de su maestro y preceptor de
hebreo, el monje cisterciense Cipriano de la Huerga.
Digamos primero que, al escoger este texto como objeto de un exigente y minucioso análisis
filológico, Daniel Nahson se beneficiaba de un soporte idóneo para abrir el hispanismo al
hebraísmo, en la línea del joven y atrevido fraile agustino que había traducido el texto hebreo al
castellano, a pesar de la prohibición vigente, en su época, de trasladar la Biblia a las lenguas
vernaculares.
Consciente de la valiosa oportunidad que le brindaba uno de los textos más difíciles y
enigmáticos de la Biblia, «texto sagrado entre sagrados» (p. 2 2 ) , Daniel Nahson emprende la
ardua labor de cotejar el texto hebreo del Cantar bíblico (según los documentos qumránicos,
aprox. 2 0 0 a. C.) con el texto latino de la Vulgata de san Jerónimo (siglo iv) y con los textos
castellanos de las traducciones glosadas por Arias Montano y por Fray Luis, añadiendo su propio
comentario, interesantísimo y fino, reflejo de su alto nivel de hispanista hebraísta.
Más allá de la mera constatación de que la tarea proyectada por Fray Luis de volver el hebreo
al castellano «palabra por palabra» era «virtualmente imposible» (p. 27) debido a la dificultad de
traducir una lengua semítica a una lengua latina, Daniel Nahson trata de mostrar cómo la sintaxis
del hebreo y su plurisemia engendraron en Fray Luis una escritura despojada, escueta y fluida, con
elevada carga simbólica. Según él, estas características de los versos y de la prosa del fraile
agustino no se relacionan con ninguna preferencia de tipo estética sino que se forjaron al traducir
el hebreo literalmente, y fueron el fruto de una sensibilidad afinada por el trato con los
comentaristas hebreos. Esta primera hipótesis lleva a Daniel Nahson a descubrir la existencia, en
la Exposición del Cantar en castellano de Fray Luis, de una auténtica matriz generadora de toda
su obra futura en versos y en prosa.
Para probarlo científicamente, Daniel Nahson empieza, en una copiosa introducción (pp. 19-
6 2 ) , por hacer el estado de la cuestión en lo que atañe a las diversas interpretaciones y
traducciones del texto del Cantar en hebreo y en castellano, poniendo de manifiesto la presencia
de «legados múltiples que convergen en la obra» (p. 60) de Fray Luis, desde los modelos paganos
de la Antigüedad clásica hasta los comentaristas judíos del Medioevo, pasando por doctores de la
Iglesia e intérpretes cristianos. Pero Daniel Nahson, deseoso de situarse en una perspectiva distinta
a la de los estudiosos que le antecedieron y de diferenciarse de sus preocupaciones «por reclamar a
Fray Luis desde el humanismo renacentista español, para una o varias tradiciones, lo cual acarrea

CRITICÓN. Núm. 97-98 (2006). Marcella TRAMBAIOLI (ed.). La hermosura de Angélica. Poema de Lope de Vega Carpio.