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Sobre las ventajas de la Grounded Theory para la construcción de una teoría


sociológica empíricamente informada.

En el reciente Congreso de Sociología de ALAS que se celebró en Agosto de este


año en la ciudad de Guadalajara, constaté con preocupación que la situación del
compromiso metodológico en la sociología se encuentra seriamente en entredicho.
Al participar en las mesas de trabajo sobre la sociología del cuerpo y las
emociones se hizo evidente una presencia contundente de los marcos
conceptuales de los llamados “estudios culturales” en las ponencias presentadas,
y con ello la ausencia de la construcción de problemas sociológicos y de
investigación empírica siendo ésta una de muchas subdisciplinas sociológicas en
la que esto está ocurriendo (sociología del tiempo, del arte, del deporte, de la
juventud, etc) .
De acuerdo con Randall Collins, el término “Estudios culturales” sirve para
referirnos a todo un conjunto de posiciones políticas entre las que los sociólogos
dividen sus lealtades mediante programas de estudios étnicos, estudios de la
mujer, estudios gay, estudios chicanos, etc., que tienen por objeto desarrollar una
ideología o consciencia distintiva y promueven su separación de las disciplinas
tradicionales, entre ellas, la sociología (Collins, 1997). En tanto programas
académicos, surgieron en los años sesentas como consecuencia de los distintos
movimientos sociales que se derivaron de la lucha por los derechos civiles y de
la coalición de oposición a la guerra de Vietnam, entre los que se incluyen
movilizaciones feministas, gays y de migrantes. De tal forma que los ecos de estos
movimientos resonaron en la academia, en donde cobró mucha influencia la obra
de Michel Foucault, se desarrollaron distintas vertientes de pensamiento feminista
y surgieron discursos contestatarios de tipo “posmoderno”. No es el propósito del
presente trabajo cuestionar la validez normativa de dichos discursos, sin embargo,
es fundamental para la sociología, examinar de forma crítica la pertinencia del uso
de éstos como marcos conceptuales en los que se fundan las investigaciones
empíricas que están alimentando esta subdisciplina. El principal problema que trae
consigo la incorporación de dichos marcos consiste en que están conformados
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principalmente por argumentos de carácter normativo que hacen afirmaciones


generales sin el compromiso metodológico que exige una correspondencia con la
realidad social para las llamadas “disciplinas tradicionales”. Es decir, en un
eclecticismo interdisciplinario, los estudios culturales generan sus ideas con
herramientas literarias, históricas y filosóficas, que dan origen a discursos que son
atribuidos a los sujetos de los que hablan y por los que abogan, pero que no han
sido recogidos sistemáticamente, ni construidos ni analizados sociológicamente.
En segundo lugar, esos discursos son inventados en un lenguaje tan particular
que pareciera que hay que ingresar a una membresía selecta de hablantes para
mostrar competencia en cada una de estas subdisciplinas que ya no son más
sociología, sino alguna especialidad distinta con sus propias preguntas y
procedimientos argumentativos. En palabras de Randall Collins:
“Hay un paralelismo irónico entre los investigadores
cuantitativos con su tendencia a internarse en su propio
lenguaje estadístico, y la tendencia de los estudios
culturales a internarse en su propio lenguaje esotérico
generado por sus antecesores y aliados desde la
fenomenología, lingüística y teoría literaria. (Collins,
1997:546)

Pero quizás lo más cuestionable, son las posiciones posmodernas que enarbolan
estas versiones críticas de las ciencias tradicionales. Un ejemplo extremo de todo
esto se encuentra en el escándalo denunciado por Bernard Lahire acerca del caso
Tessier en Francia, donde se acudió a la justificación de una sociología astrológica
para presentar una tesis que consistía en las cartas astrales de los autores
clásicos de la teoría sociológica (Lahire,2003; Farfán:2003).
No obstante, la seducción de los estudios culturales está alcanzando popularidad
entre los estudiantes, quienes están dirigiendo sus intereses hacia esas
subdisciplinas de la sociología que parecen crecer al margen de los clásicos,y
esto se debe, sobre todo, a que la teoría sociológica clásica que aprenden en la
licenciatura y el posgrado, no parece ofrecer herramientas para abordar los
problemas que atraen la atención de las nuevas generaciones.
Sin embargo, quisiera sostener, que dentro de los desarrollos teóricos de la
sociología existen no sólo antecedentes importantes, sino preguntas que no han
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sido agotadas y que permiten la incorporación del estudio del cuerpo, de las
emociones, del tiempo, de la juventud, del deporte, etc. para su avance. Y que por
lo tanto, no hay una justificación válida para abandonar los compromisos
metodológicos y la vinculación entre teoría e información empírica que siguen
siendo la vía más fructífera de comprensión de la realidad. Pero sobre todo, que
mientras dichas investigaciones tengan un lugar dentro de la disciplina sociológica
es preciso retomar el enfoque, hacer las preguntas pertinentes y explorar sus
alcances explicativos.
Por lo cual es importante que tanto como investigadores como docentes podamos
responder a las preguntas que se hacen los estudiantes que formamos cuando
llega el momento de establecer ¿Cuáles son las preguntas sociológicas
pertinentes? Y ¿Cuáles son los caminos para responder a esas preguntas?
Una de las mejores alternativas que ofrece la teoría sociológica para la
aproximación a estos temas, es la metodología cualitativa de la “Teoría
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Fundamentada” . Ésta ha sido definida por sus creadores, Anselm Strauss y
Barney Glaser como la metodología del interaccionismo simbólico (Glaser: )
Aunque debemos aclarar que el interaccionismo simbólico tiene distintas
vertientes y orientaciones, por lo que precisando diremos que la concepción del
interaccionismo simbólico del propio Anselm Strauss, quien fue miembro de la
llamada “Segunda generación de la Escuela de Chicago” (Fine, 1995), discípulo
de Blumer, pero heredero teórico de G.H. Mead (Strauss: ).
En los años 60’s la Teoría fundamentada surgió en medio de un ambiente en el
que una generación de sociólogos compartió intereses teóricos convergentes y
una preocupación central, producto de los tiempos que les tocó vivir: la posición
del individuo frente al orden social aplastante de las instituciones. Por distintos
caminos, investigadores como E. Goffman, Howard Becker y Anselm Strauss
llegaron a la conclusión de que la base de la investigación sociológica era el
trabajo de campo, estructurado en etnografía y a partir del cual se podían generar
afirmaciones teóricas que dieran cuenta desde una perspectiva crítica, de la

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Que ha sido generalmente la traducción empleada en las publicaciones en Español sobre la “Grounded
Theory” cuyo nombre en inglés hace referfencia a la construcción de teoría afianzada en los datos.
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constitución del orden establecido desde el punto de vista de las interacciones


(Fine, 1995:129). De todos ellos, la asociación de Strauss con Glaser, resultó en la
sistematización del análisis de los datos, que en su época tuvo muy poca
popularidad en la Universidad de Chicago (Platt,1995), pero que con el tiempo ha
ido siendo cada vez más reconocida como la forma más organizada de mostrar el
vínculo entre construcción de conceptos y datos empíricos, al grado de que hoy en
día es la base de la elaboración de programas computacionales para las
metodologías cualitativas de sociólogos, antropólogos y psicólogos sociales (vgr.
ATLAS, ETNOGRAPH, NUDIST,etc).
Sin embargo, quiero sostener en esta charla, que las ventajas de la Teoría
fundamentada no tienen que ver exclusivamente con su alto grado de
sistematización, que, aunque es pocas veces visto en otras técnicas de análisis
cualitativo no sería más que una herramienta procedimental, si no permitiera a los
investigadores partir de un enfoque sociológico que cuente con una posición
ontológica, epistemológica, y metodológica, desde la cual se puedan construir
problemas de investigación, revisar la pertinencia de nuestras preguntas desde la
perspectiva disciplinar y cuestionar la solidez de nuestras explicaciones en el
marco de la generación de teoría. De ahí proviene la importancia de la adscripción
de Strauss al Interaccionismo Simbólico.
a) Perspectiva ontológica
De acuerdo con Emilio Lamo (2002), en las teorías sociológicas enfrentamos el
dilema ontológico cuando definimos “ si la sociedad es o no un ser, una cosa, un
ente como son las piedras o los astros cuya sustancialidad le permite ser objeto
de una indagación científica propia”. Y a este respecto, tenemos que Strauss
recupera de una forma muy particular la tendencia realista de G.H. Mead: los
seres humanos compartimos una realidad en la que podemos hablar de la
existencia de hechos que son observables mediante el trabajo de campo. Y sin
embargo, el nivel más fáctico de la investigación no es posible sino gracias a que
para el interaccionismo, la sociedad es un punto de llegada y no de partida. Es
decir, es resultado de la construcción de la realidad a partir de las interacciones.
Esta construcción es posible gracias al lenguaje, que en los términos de Mead
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constituye simultáneamente a los sujetos y al grupo: primero interactuamos y


después pensamos, y los hacemos con las herramientas del entorno social en el
que nos desenvolvemos (Mead,1993).2 Y en tanto que las significaciones son
compartidas en distintas circunscripciones, podemos afirmar que los distintos
niveles de constitución de la realidad dependen en gran medida de los significados
que les atribuimos a los objetos, de los grupos sociales con los que compartimos
esos significados y de la variación de dichos significados en el tiempo y en el
espacio a través de la interacción. De tal forma que el realismo original se
convierte para el interaccionismo simbólico de Strauss en un nominalismo
moderado.
En medio de estos procesos constitutivos de lo social se encuentra la posición del
interaccionismo frente a las respuestas humanas a las restricciones (o el dilema
entre acción y estructura):
“El razonamiento de los interaccionistas más antiguos
(...) se mueve simultáneamente en dos direcciones: en
primer lugar, hacia una imagen de límites fijos a la
actividad, que requieren de acuerdos implícitos o
explícitos sobre la mejor manera de sobrevivir; en
segundo lugar hacia una imagen de estos límites en
tanto son verificables por medio de la interacción de
personas creadoras con aquello que encuentran
establecido” (Fisher y Strauss, 1988:562)

Heredero de la filosofía pragmatista, el interaccionismo de Strauss asume que en


su interacción con el entorno, los sujetos producen dos tipos de respuesta: la
adaptativa y la creativa (Joas, 1996) de tal manera, que uno de los presupuestos
básicos para Strauss consiste en que: “Se asume la creencia de que las personas

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En palabras de Emilio de Lamo: “En primer lugar, que los hombres no vivimos en un mundo de cosas sino
en un mundo penetrado por la palabra y el simbolismo de tal modo que, todo lo que para nosotros existe,
existe en cuanto significa algo. No digo que no hay un mundo de cosas; haberlo, haylo, y negarlo es tanto
como decir que , sin conciencia humana no hay mundo, afirmación rotundamente falsa pues sabemos que
había mundo mucho antes de haber conciencia. Digo sólo que no vivimos ese mundo de cosas, ya que, antes
incluso de que podamos pensar, hemos aprendido que cuanto hay significa algo y ese significado forma parte
esencial de su ser (para nosotros (...) En segundo lugar quiere decir que todo cuanto hay (...) tiene un doble
modo de existir o estar ahí. Por una parte es de algún modo. Y por otra significa algo. (...) y la tercera
consecuencia a extraer (...) es que si las cosas son y significan podemos y debemos estudiar cómo llegan a ser
o cómo llegan a significar. Es decir, debemos y podemos estudiar no sólo la construcción material del mundo,
sino también su construcción simbólica”. (Lamo, 2002:14)
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son actores que toman un rol activo para responder a situaciones problemáticas
(Strauss:1998:9) .

b) Indisolublemente vinculada con la perspectiva ontológica, se encuentra la


perspectiva epistemológica, que “alude, no al ser de lo social, sino al modo de
construir la teoría social” (Lamo, 2002:12). Para la rama del interaccionismo en la
que se sitúa Strauss, los sujetos son portadores y constructores de lo social, de tal
forma que es posible conocer la realidad social a partir de las personas que la
conforman. De tal manera que sus acciones son explicables mediante la
comprensión del sentido, de los significados asociados a ellas y que son
compartidos por un grupo. Esos significados pueden ser explícitos y
comprensibles para los actores sociales, o pueden ser implícitos y asequibles al
investigador por medio del análisis de los discursos y de los hechos. De modo que
es posible objetivar lo subjetivo. Es decir, desentrañar los significados de las
prácticas, las creencias y las valoraciones a partir del entorno cultural en el que se
gestan las situaciones que constituyen el objeto de estudio del sociólogo. La
construcción de las explicaciones que se generan con el análisis, con la
comprensión de los significados, a partir de la relación lógica entre los diferentes
componentes de una situación, constituye la teoría, que para Strauss y Glaser
consiste en :
(...) el acto de construir (...) a partir de los datos un
esquema explicativo que integre sistemáticamente
varios conceptos a través de enunciados de relación.
Una teoría (...) hace posible a sus usuarios explicar y
prever eventos, y proveer guías para la acción.
(Strauss, 1996:25).

Desde esta perspectiva, la teoría es un proceso, es decir, una entidad que


siempre se está creando y no un producto acabado (Glaser, 1999:32). Esta
definición de teoría de Strauss y Glaser, se confronta con otras perspectivas que
consideran que la teoría es el punto más alto de conocimiento comprobable y
axiomático, y que sólo está al alcance de los investigadores más sofisticados. Sin
embargo, dicha confrontación para los autores de la teoría fundamentada no es
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sino una diferencia entre grados de abstracción que les permite distinguir entre la
generación de dos clases de teoría: sustantiva y formal.
Por teoría sustantiva, entendemos el desarrollo de un
área empírica o sustantiva de la investigación
sociológica, tal como el cuidado de los pacientes, las
relaciones de raza, la educación profesional, la
delincuencia o la investigación sobre la organización.
Por teoría formal entendemos el desarrollo de un área
formal o conceptual de la investigación sociológica, tal
como el estigma, el comportamiento desviado, la
organización formal, la socialización, la congruencia del
estatus, autoridad y poder, sistemas de recompensa ó
movilidad social. Ambos tipos de teoría pueden ser
consideradas de “alcance medio”. (Glaser, 1999:32)

La pregunta lógica que se deriva de estas afirmaciones es la siguiente: si la teoría


se deriva de los datos, y ya sea sustantiva o formal sólo puede ser de alcance
medio, ¿Qué lugar ocupa el Interaccionismo simbólico en esta jeraquía de
abstracciones? ¿No es acaso la teoría de la que se deriva la Grounded Theory?
Para responder a estas preguntas abordemos el vínculo de la perspectiva
epistemológica con la metodológica.
c) La perspectiva metodológica asume que el Interaccionismo simbólico es un
paradigma o enfoque filosófico. Es decir, no es una teoría sociológica propiamente
dicha, porque no emerge de los datos, sino que ofrece un conjunto de presupuestos
ontológicos y epistemológicos que constituyen un marco en el que se desarrolla la
investigación. De la misma forma, para otros tipos de investigación el feminismo o el
funcionalismo sirven de presupuesto teórico con sus propios contextos y
metodologías. En síntesis Strauss nos enumera los presupuestos que adopta del
interaccionismo en ocho estatutos:

1º En la investigación sociológica, es necesario hacer trabajo de campo para


descubrir lo que realmente está ocurriendo.
2º Se reconoce la relevancia de la teoría fundada en los datos, para el desarrollo
de una disciplina y como una base para la acción social.
3º Los fenómenos sociales y la acción humana son complejos y variables.
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4º Se asume la creencia de que las personas son actores que toman un rol activo
para responder a situaciones problemáticas.
5º Se asume la conciencia de que las personas actúan con base en significados.
6º Se asume la comprensión de que el significado es definido y redefinido a través
de la interacción.
7º Se manifiesta una sensibilidad hacia el entorno y hacia encontrar la naturaleza
de los eventos (procesos).
8º Se asume la conciencia de la existencia de la interrelación entre condiciones
(estructura), acción (procesos) y consecuencias. (Strauss, 1998:9).

Por otro lado, y a partir de otro supuesto de carácter epistemológico, es importante


explicar que la metodología de la teoría fundamentada ha sido clasificada como
“inductiva” por el hecho de asumir que es el resultado de una abstracción de los
datos particulares. Sin embargo, esto no es del todo cierto, una vez que Strauss y
Corbin (1998) reconocen que la construcción de un problema sociológico nunca se
hace sin precedentes conceptuales, Que en esa medida, tanto el paradigma al
que nos adscribimos, como nuestro conocimiento de conceptos y teorías
sociológicas modelan nuestra capacidad de abstracción y nuestra imaginación
sociológica. En esa medida, la generación de teoría fundamentada se desarolla en
medio de procesos lógicos simultáneos de carácter inductivo y deductivo, teórico y
empírico, etc.
El carácter cualitativo de esta metodología centrado en la comprensión de los
significados y en la constitución simbólica de la realidad, nos permite construir
problemas referentes a la identidad, a los significados del cuerpo y las emociones,
a las nociones de temporalidad y a la construcción social de la memoria, así como
muchos otros temas que se están convirtiendo en el interés de las nuevas
generaciones debido al reconocimiento de su importancia como elementos
explicativos de las acciones sociales. Pero finalmente, es la sistematicidad en la
recolección de datos y en el análisis de los significados lo que permite asumir en
la adscripción disciplinar un compromiso metodológico con la Sociología.
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He señalado que el desarrollo de la metodología de la Teoría


Fundamentada implica fases que se desarrollan conjuntamente. Por lo tanto, al
hablar del análisis de los datos, debo afirmar que se trabaja en él de manera
simultánea a la recolección. No obstante, un momento posterior a la realización
de las entrevistas – y a la transcripción que, en beuna medida también es un
momento del análisis si es realizada por el mismo investigador --, se dedica a la
formalización de este proceso y es llamado por Strauss y Glaser proceso de
codificación.
A grandes rasgos, el proceso de codificación en su conjunto, consiste en
separar, clasificar, agrupar, definir y relacionar los materiales obtenidos en
categorías, dimensiones, propiedades y relaciones, con el objeto de poder
elaborar las conceptualizaciones necesarias – siempre muy fundamentadas en los
datos --, para construir explicaciones acerca del fenómeno que se trata de
comprender.
Específicamente, Strauss y Glaser sistematizaron las etapas de la codificación de
la siguiente manera:
a) Codificación abierta.
b) Codificación axial.
c) Codificación selectiva.
d) Codificación del proceso o ‘línea de la historia’.
e) Matriz condición-consecuencia.
Estas codificaciones sucesivas, tienen el propósito de identificar problemas y
jerarquizarlos, de construir conceptos a partir de dimensiones y propiedades hasta
llegar a una última etapa que consiste en Integrar las categorías para formar la
teoría, buscando la categoría central alrededor de la cual se irán organizando
sistemáticamente las demás categorías o distintos modelos paradigmáticos. Este
procedimiento es una codificación axial de un nivel más alto de abstracción.
La sistematización no garantiza la validez del análisis. La cual es muy difícil de
alcanzar en los términos más positivistas si reconocemos que cada investigador
establecerá análisis distintos, que acentuará unos significados sobre otros y
finalmente con un grado de arbitrariedad que le confiere la construcción del
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problema de investigación y la organización del análisis. Por otro lado, los


métodos que se basan en el discurso de los actores siempre son cuestionados en
términos de su confiabilidad en cuanto a la veracidad de lo que dicen las
personas. A este respecto, el análisis basado en entrevistas en profundidad
sugiere algunas instancias de constatación de los discursos que van desde la
aplicación de preguntas de orden fáctico, hasta el análisis de la coherencia de la
argumentación, como una instancia de control. Sin embargo, las ventajas que
ofrece la sistematización del análisis son, en primer lugar, que el investigador
puede regresar sobre sus propios pasos y reflexionar y someter a cuestionamiento
alguna de las codificaciones construidas. Y por otro lado, que queda al alcance de
todos el proceso de análisis realizado, hasta el punto de que una instancia de
control epistemológico de esta metodología es la existencia de codificadores
ciegos, es decir, la participación de colegas que pueden cuestionar o aportar a
nuestro análisis un punto de vista diferente.
Finalmente, y más importante que todo, creo que el aporte de la Teoría
fundamentada para la investigación sociológica, es el fuerte compromiso que tiene
con respecto a la construcción de la teoría, que está al alcance de todos y que se
resume en la cita de Strauss con la que concluyo:

“(...) La descripción, la etnografía, la verificación, son


realizadas por profesionales de otros campos y por legos
en varias agencias de investigación. Pero esas
personas no pueden generar teoría sociológica de sus
trabajos. Sólo los sociólogos están entrenados para
quererla, buscarla y generarla”.(Glaser y Strauss,
1999:6-7)

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