Sunteți pe pagina 1din 20

Comentario

comparado

Romina Moreno.
2° año profesorado de Historia.
CeRP del Este – 2016.
Historia Regional Rioplatense hasta 1830.
Prof. /Mag. Andrés Noguez Reyes.
Introducción:

En este trabajo se llevará acabo el análisis de dos obras distintas, por un lado el excelente
trabajo realizado por varios historiadores uruguayos, compilado dirigido por José Pedro Barrán,
Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski titulado “Historias de la vida privada en el Uruguay. Entre
la honra y el desorden 1780 – 1870”. Y por otro lado, “La Banda Oriental en la lucha de los
imperios 1503 - 1810” realizada por José Claudio Williman (hijo) y Carlos Panizza Pons. Al finalizar
dichos análisis, se realizará el comentario comparado de dos capítulos, uno de cada libro, y un
estudio profundo sobre los mismos.
Ambos libros mencionados refieren a historia americana, exclusivamente a lo que
sucedía en la región durante los siglos en los que todavía dicho territorio se encontraba bajo
dominio del imperio español.
La obra “Historias de la vida privada en el Uruguay. Entre la honra y el desorden 1780 –
1870” es el primer tomo de tres. En él, a su comienzo, se intenta establecer una diferencia entre
la vida pública y privada para luego adentrarse y profundizar en el ámbito privado en el período
de tiempo antes mencionado. Se muestra como convergen y la dualidad que existe entre estos
dos ámbitos y qué define a cada uno. Como capítulos individuales y muy interesantes se pueden
encontrar el de la vida privada de los Comerciantes en el Montevideo Colonial, escrito por Arturo
Bentancur. Otro importante capítulo es la dimensión de lo privado en tiempos revolucionarios
de la autoría de Ana Frega. Y quizás aparezca como uno de los capítulos más interesantes dentro
de la obra el realizado por Aníbal Barrios Pintos titulado: Historias privadas de la esclavitud: un
proceso criminal en tiempos de la Cisplatina.
En cuanto al otro libro mencionado, en el mismo se trabaja a partir del proceso
fundacional que establece el imperio español en América a lo largo de tres siglos, pasando por
dos dinastías con los mismos fines pero metodologías diferentes. En dicha obra se muestra
también cómo el Río de la Plata hacia fines del siglo XVIII comienza a tomar protagonismo, cosa
que hasta ése momento no había sucedido, ya que la mirada de los españoles y las potencias
que amenazaban constantemente sus dominios y su poder estaba centralizada en otras zonas
del continente americano como lo fueron México y Perú por sus riquezas naturales. Según los
autores, reconocen que la Banda Oriental aborda otra postura debido a que ocupa otro lugar en
los mercados internacional gracias a la altísima producción y calidad de sus cueros y
posteriormente su carne salada.
En ambos textos se plantean temas diferentes, enfocados desde posturas
historiográficas distintas. Unos autores presentan una visión más tradicional de la historia y los
hechos ocurridos; mientras que otros seleccionan una temática a tratar que es propia de la
postura historiográfica de la nueva historia postulada por historiadores franceses en las primeras
décadas del siglo XX.
Contexto histórico de las obras:

El contexto histórico de las obras trabajadas en este texto de carácter monográfico es


bastante amplio en lo que refiere a la historiografía americana. Partiendo por el libro más lejano
en el tiempo, comienza en 1503, con la llegada de españoles a territorios americanos y va hasta
el año 1830 en el que todavía se está en pleno auge de los períodos revolucionarios en América
Latina. En este siglo XVI es el auge del mercantilismo europeo y del capitalismo como tal,
haciendo a su vez, partícipe a América, ya que se extraían materias primas de nuestro continente
para importarlas al suyo y realizar productos manufacturados que luego volverían a América
para ser vendido a los nativos a precios realmente impensables. España, que es la potencia que
principalmente nos importa en este trabajo, implementa lo que fue el régimen indiano, para
poder sacar un mayor rédito a sus colonias y mantener un mayor control sobre la región, algo
que en la teoría parecía eficiente, pero que realmente en la práctica nunca lo fue. España
durante los siglos XVI y XVII, realiza una repoblación del territorio americano, pero con gente
blanca perteneciente a la península. Cualquier aventurero que quisiera ser dueño de tierras y
trabajar en ellas, podía sumarse a las embarcaciones y terminar en América.
No sólo gente blanca llegaría a América durante estos siglos. A partir del siglo XVII los
holandeses e ingleses se encargarán del tráfico negrero, es decir, negros extraídos de África, que
vendrán en calidad de esclavos a trabajar en pésimas condiciones a los grandes y vastos sectores
productores que América ostentaba, y que estaban siendo explotados por la Corona española
mayoritariamente. España regida por la dinastía de los Habsburgo, intentaba mantener un
“control” en el territorio que era verdaderamente nefasto, y esa situación, las demás potencias
económicas europeas lo intentaron aprovechar, entre ellos, los ingleses, quienes finalizaron con
un alto porcentaje del oro hispano gracias a actos de piratería respaldado por sus propios reyes.
Esta situación se iba a intentar revertir recién en el siglo XVIII con la llegada al trono español de
los Borbones, de la mano de Felipe V. Durante la dinastía Borbona se intentaría modificar las
estructuras gubernamentales y administrativas que regían en América para que fueran más
eficientes. Se establecen diversos tratados internacionales para moderar el comercio de las
otras potencias con las colonias españolas en América que sólo tenían permitido el comercio
con la metrópoli. Uno de los considerados mayores fracasos de la dinastía anterior había sido la
permisión que sugería el mercado ilegal que practicaban las colonias, que nunca habían podido
solucionar.
A partir de la llegada de los Borbones al trono español, las colonias podrían comercializar
entre ellas y además se le concedió a Inglaterra que pudiera acceder a colonias bajo dominio
español con sus productos, en especial el comercio negrero, con determinadas condiciones las
cuales Inglaterra había aceptado. Esto posteriormente le traería problemas a España, ya que con
los ingleses en los puertos coloniales, se desarrollaría lo que conocemos como el mercado
“paralegal” que rompía el acuerdo firmado previamente.
Luego, el libro se centra en describir qué sucedía para ese entonces en el Río de la Plata.
El cual se encontraba en una lucha constante entre los puertos de Buenos Aires y Montevideo,
siendo el primero el principal importador y exportador. Buenos Aires es el puerto por excelencia
por donde se retira la mercadería y la materia prima producida en las provincias del litoral y el
interior, como Córdoba, mientras que el puerto de Montevideo se encargaba de exportar
materias primas producidas en la Banda Oriental, aun así, fue muy importante para el
crecimiento de la misma como Montevideo ciudad-puerto. La zona del Río de la Plata después
de haber sido descuidada durante casi doscientos años por la Corona española, ahora, pasó a
tener relevancia. Principalmente la Banda Oriental toma dicha importancia, por la gran
producción de cueros que tenía y su carne salada. Dicha importancia la va a seguir teniendo
hasta años posteriores a la revolución e independencia.

En el segundo libro, “Historias de la vida privada en el Uruguay. Entre la honra y el


desorden 1780 – 1870”, como ya lo indica su título, abarca desde el período colonial hasta un
país consolidado como independiente (ya desde 1830) a finales del siglo XIX. Durante el siglo
XVIII, la Banda Oriental era todavía un territorio bastante despoblado, con poca población en su
ciudad principal que era Montevideo, la ciudad-puerto, mientras que la campaña también
contaba con pocos hombres y mujeres viviendo en ella. Se calcula que había más ganado que
pobladores. Las familias más ricas se encontraban instaladas en el Montevideo, los cuales eran
criollos (hijos de españoles nacidos en territorio americano) o propios españoles residentes en
América. En realidad, se especula que había un bajo índice de mestizaje, y los negros esclavos,
en comparación con la población blanca, no eran muchos. En la campaña, sin embargo, existía
un elevadísimo número de hombres, la mayoría de ellos representados por la figura popular del
gaucho, mientras que las mujeres eran muy escasas en esa población, por eso es que era tan
común y consecuente el “robo de mujeres” para satisfacción de necesidades básicas del
hombre.
Esos gauchos y esos criollos, tomando en cuenta las nuevas ideas que habían surgido en
ese siglo y se habían propagado por el mundo, comienzan a gestar a principios del siglo XIX
ciertas ideas de autonomía. Uno de los puntos de inflexión que se da que marca un quiebre en
el comienzo de las revoluciones latinoamericanas, exclusivamente aquí en el Río de la Plata, y el
cambio de las mentalidades que esto produjo fueron las invasiones inglesas de 1806 a Buenos
Aires, en la cual la conquistan, Montevideo logra su reconquista posteriormente, y en 1807 es
atacado y sitiado por unos cuantos días. En este momento, se dan cuenta de que pueden hacerle
frente a fuerzas extranjeras, pero en el momento, que más necesitaron las colonias apoyo de la
Corona española, la misma, no se encontraba a disposición ya que estaba siendo atacada por el
tropas napoleónicas que amenazaban con derrocar la monarquía y destituir al rey para imponer
el suyo propio, que definitivamente se terminará destituyendo a Fernando VII para coronar
como nuevo rey a José I, hermano de Napoléon. Debido a estos sucesos acontecidos en el Viejo
Continente, las colonias del Río de la Plata tuvieron que solucionarlo por su propia cuenta, y
lograron expulsar a los invasores ingleses.
Fue una gran victoria acontecida entonces… es ahí, cuando logran darse cuenta de que
quizás ya no es necesario tener que seguir jurándole fidelidad y soberanía a España, que quizás,
acomodando ideas, se podría llegar a ser repúblicas independientes.
En este marco histórico, se dan diversas luchas por los intereses que tiene Buenos Aires, algunos
conservadores quieren seguir perteneciendo a España, otros liberales como Mariano Moreno
querían la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y se opuso fervientemente
al Carlotismo (proyecto por el cual se pretendía crear una monarquía independiente en la región
que estuviera comandada por Carlota, la hermana del rey destituido en España), entre otros. Y
de este lado del río, teníamos el proyecto del Federalismo Artiguista, planteando ser
independiente de cualquier poder extranjero. Por tanto, las sociedades de ambos lados del Plata
tuvieron que convivir con estas ideas revolucionarias que fueron el quiebre de una sociedad que
venía siendo fiel seguidora de España, a querer proclamarse como naciones independientes y
formar nuevos estados.
“La Banda Oriental en la lucha de los imperios.
Primera parte, 1503 – 1830.”:

Esta obra es realizada por los historiadores José Claudio Williman y Carlos Panizza Pons.
Es el primer tomo de la obra completa, que abarca el período colonial de la Banda Oriental.
El libro comienza con el primer capítulo titulado El sistema económico mundial de los
siglos XVI Y XVII, los cuales refiere a la finalización de la Edad Media, y los inicios del capitalismo
como tal. Se establecen las bases de la reconstrucción del poder real y el enriquecimiento que
logran los comerciantes mercantilistas al ser parte de esta nueva modalidad de producción y
manejo del mundo. Hablan y refieren de la importante relación que se va a establecer entre los
monarcas y la burguesía: “Se produce una clara alianza entre los monarcas y la nueva clase social
de los burgos, en el cual ambas partes buscarán mutuos beneficios”. 1 Se define cómo el
capitalismo comienza su expansión, que no es una simple expansión a nivel territorial hacia el
Atlántico por parte de Europa, sino que al lugar que van, llevan su mercado, buscan expandirlo,
intentando crear por tanto, una América capitalista.
En el capítulo dos titulado La doctrina mercantilista, se explica el pensamiento que
tenían los comerciantes europeos en busca de ese mercantilismo que se había formado y que
se perpetuaría hasta el siglo XVIII. Según los autores los principios básicos del mercantilismo son
el metalismo, es decir, la búsqueda principalmente de oro y plata, y el poblacionismo, ya que la
política mercantilista consideraba que el aumento de población era un factor fundamental para
el crecimiento de un Estado. El industrialismo, creen necesario el desarrollo de la industria para
la sustentación del Estado y su población. El dirigismo, debe existir alguien que controle la
entrada y salida del capital. Y por último la obtención de la balanza favorable y el carácter
nacional que debía tener la doctrina mercantilista.
El capítulo tres, titulado La España de la Conquista, nos trae como consiga el por qué
España llega a tierras americanas y cómo esa ambición mercantilista se lo permite. Aparece el
régimen indiano como forma administrativa y de ejercer control político y económico sobre el
territorio conquistado. “Como no podía ser de otra manera este régimen respondía a las ideas
mercantilistas de la época y procuraba ajustarse a lo que hemos estudiado como “pacto
colonial”. 2 Se especifican las vías de comercio exclusivo con América que partían desde las
ciudades de Sevilla o Cádiz, para luego desembarcar en cualquiera de los tantos puertos que
tenían en América, especialmente los del Caribe y Centroamérica.
En el capítulo tres del libro denominado La población de América, refiere en primera
instancia a la cantidad de gente que había hasta el momento de la llegada de los españoles. Se
explicita además de cómo se da el proceso posterior a la Conquista, cómo es el trato que se les
da a los nativos, la migración blanca perteneciente de la Península Ibérica que luego se va a
instalar en América y va a crear nuevas relaciones y nuevas sociedades. También se toma en
este capítulo un apartado sobre los negros, qué sucedía con ellos y cuánta cantidad
aproximadamente llegaron a América. Continuando con la secuencia hablan sobre el aumento

1
Williman, José Claudio; Panizza Pons, Carlos. – “La Banda Oriental en la lucha de los Imperios 1503 –
1830”. Tomo 1, primera parte. Ediciones Banda Oriental, Montevideo, 2006.
2
Ídem p. 1. (pág. 35).
poblacional que vive América debido a las diferentes migraciones, y por ´´ultimo hacen un
apartado referido al mestizaje, la forma en la que se dan los diferentes cruces entre las distintas
etnias que se encontraban en el territorio. “El mestizaje acompañaba así, en su expansión, el
crecimiento general de la población de América en esta etapa final de la colonización hispánica”.3
En el capítulo quinto, titulado Gobierno y administración de las Indias, se trabaja sobre
cómo España buscó las formas de administrar y controlar tan vasto territorio. Implementando
el Consejo Real y Supremo de las Indias, el cual era el órgano supremo para todos los asuntos
que tuvieran que ver con lo que sucedía en las colonias en América. “Se instala en los primeros
años de la Conquista. Adjudicadas a la Casa de Contratación de Sevilla las tareas referentes a los
problemas mercantiles y económicos en América, los asuntos administrativos eran despachados
por un delegado del Rey (…)”.4 También se destaca a la Casa de Contratación de Indias como el
segundo organismo en importancia con sede en la Península Ibérica, pero con jurisdicción sobre
toda la América hispana. Era el organismo que se encargaba del comercio entre España y las
colonias. Y por último se destacan las autoridades residentes en América. En principal
importancia estaba el virrey, como delegado político-administrativo del Rey. Era quien regía el
Virreinato, haciendo cumplir las órdenes del Rey, aunque por lo general, eran las propias. Luego
se encuentran los Capitanes Generales, eran quienes se encontraban al mando de las capitanías
generales que eran territorios que pertenecían al virreinato pero cumplían funciones
específicamente militares. En tercer lugar se encontraban las Audiencias, que eran organismos
creados para la administración de la justicia del Rey, que ya se realizaban en Europa, pero fueron
trasladadas a América para ejercer un mayor control. En cuarto lugar, ubican a los
Gobernadores, los cuales eran funcionarios que se encontraban al frente de las gobernaturas,
que eran jurisdicciones políticas sometidas a la jerarquía de los virreyes o capitanes generales,
ya que las gobernaturas tenían menor extensión territorial que las capitanías. En quinto lugar
sitúan a los Cabildos que eran organismos municipales de gobierno. En sexto lugar, entrar los
Corregidores, quien también es denominado Alcalde Mayor, tiene un grado menor al de
gobernador. Y por último las Reducciones, que eran pequeños poblados de nativos en los que
eran obligados a vivir en su “reducción” aislados de los españoles para que mantuvieran su vida
comunitaria.
El sexto capítulo titulado El siglo XVIII, nos habla de la reconquista administrativa que se
plantea por parte de los nuevos reyes españoles, los Borbones, hacia las Indias, con el afán de
reorganizar el territorio y las riquezas obtenidas del mismo y reforzar su fiscalización. Se crean
las Intendencias, y se intentan colocar peninsulares a su mando o gente de confianza de la
Corona para así, evitar revueltas de los criollos. En este siglo también se crean dos nuevas
unidades administrativas en América, una es el Virreinato de Nueva Granada y el otro, el del Río
de la Plata en 1776. Se realizan diversas reformas administrativas en España, que repercuten en
América. Se firman el Tratado de Utrecht en 1713, y el Tratado de Asiento en el mismo año, en
los cuales se establecen las diversas formas de comercializar con América.
Las compañías comerciales que tuvieron su glorificación en el siglo XVIII van a buscar la
dominación del comercio de las colonias de todas formas, en el caso de Inglaterra, Francia y
Holanda. A fines del siglo XVIII, se produce la quiebra del pacto colonial, lo que permitía el libre
comercio de las colonias españolas.
En este capítulo también existe un apartado realizado exclusivamente hacia las Ideas de la
Ilustración, cómo se plantean en Europa y cómo se implementan en América de forma
satisfactoria.

3
Ídem anterior. (Página 64).
4
Ídem anterior. (Página 67).
El último capítulo de este tomo del libro titulado El ordenamiento comercial español en
el Río de la Plata nos habla de la importancia que comienza a tomar estar región para España
durante el último tiempo. Nos habla sobre las diferentes regiones que existían en el Virreinato
del Río de la Plata, y lo distintas que eran entre sí. La rivalidad existente con Buenos Aires y
culmina con el proteccionismo y el libre comercio que se establece.
En lo que refiere al aporte que realiza esta obra a la construcción del conocimiento
histórico, si bien es una obra que presenta características historiográficas tradicionales, ya que
mayoritariamente refleja una historia política y económica, pero también tiene matices sociales
que nos ayudan a compren de mejor manera la situación vivida en las colonias. Toma en cuenta
crónicas y documentos oficiales de la época para ilustrarnos sobre lo acontecido. Es una obra
que parte desde la construcción de la Banda Oriental como tal, y lo amenazado que siempre
estuvo este territorio, ya sea por el Imperio español, que era quien lo controlaba desde un
principio, como también del Imperio inglés, quienes quisieron apoderarse de estas tierras por
su productividad a inicios del siglo XIX, pero que no pudieron lograr gracias a la lucha que dieron
los criollos en defensa de sus tierras y de la Corona.

Biografía de los autores:

José Claudio Williman, nace en Montevideo un cinco de enero de 1925, fue abogado,
historiador, docente uruguayo de diversas facultades y político. Nieto del presidente Claudio
Williman. Tiene un doctorado en Leyes en la Facultad de Derecho de la UdelaR y fue docente
fundador del IPA (Instituto de Profesores Artigas). Además, fue el primer decano de la Facultad
de Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1991 y 1994. Fue decano suplente
de la Facultad de Arquitectura durante 1990. Y ocupó un puesto en el Codicen desde 1995 al
2000. Muere en el año 2006, y hasta el momento de su muerte dictó clases.

Carlos Panizza Pons, historiador uruguayo. (No logré encontrar más datos referentes a
su biografía u obras publicadas).
“Historias de la vida privada en el Uruguay.
Entre la honra y el desorden 1780 – 1870.”:

Esta obra, como ya mencioné antes, es realizada por varios historiadores de renombre
en nuestro país como José Pedro Barrán, Gerardo Caetano, Aníbal Barrios Pintos, Ana Frega, y
otros colaboradores licenciados en otras ciencias sociales como la antropóloga Teresa
Porzecanski. En dicho trabajo se pretende buscar otra perspectiva y buscar nuevas historias en
torno al ámbito privado. Se realizan investigaciones partiendo desde el paradigma de la nueva
historia, que se despega de la historia oficial de los Estados vinculado a lo político o económico,
y se centra en la historia de la sensibilidad y vida privada. Está focalizada en el análisis desde una
perspectiva meramente histórica pero tiene matices de otras disciplinas sociales que atraviesan
y enriquecen la investigación y la recopilación de relatos.
En el primer capítulo que es introductorio a la obra, se plantea la dicotomía de la
delimitación de lo público y lo privado. En esta parte del libro es citado un importante
medievalista como Georges Duby, el cual en su libro de Historia de la vida privada, realiza una
definición de lo que es “lo privado”: “Hay un área particular (…) asignada a esa parte de la
existencia que todos los idiomas denominan como privada, una zona de inmunidad ofrecida al
repliegue, el retiro, donde uno puede abandonar las armas y las defensas de las que le conviene
hallarse provisto cuando se aventura al espacio público, donde uno se ‘distiende’, donde uno se
encuentra a gusto (…) libre del caparazón con que nos mostramos y nos protegemos hacia el
exterior. Es un lugar familiar. Doméstico. Secreto también. En lo privado se encuentra encerrado
lo que poseemos de más precioso, lo que sólo le pertenece a uno mismo, lo que no concierne a
los demás, lo que no cabe divulgar, ni mostrar, porque es algo demasiado diferente a las
apariencias cuya salvaguarda pública exige el honor”. 5 También en este mismo capítulo se
explica que el buscar contar relatos de historia privada no se debe confundir con relatos de la
vida cotidiana, si bien un relato puede ser ambas cosas, no significa que estos dos términos
refieran a lo mismo. Los autores lo definen como “se trata de una Historia que pasa del análisis
exclusivista de las estructuras económicas y sociales al estudio de la intimidad y de lo oculto de
los hombres concretos”.6 Esta forma de hacer Historia es considerada como que toda situación
es digna de ser historizada.
Como la obra misma lo indica, las prácticas domésticas suelen trascender en el tiempo
por medio de las costumbres que se consolidan en ámbitos privados, para convertirse en
normativas culturales de un grupo o comunidad que puede extenderse a otras.
Muchos autores indican que la delimitación entre lo que es la esfera pública y la privada se
construye históricamente, lo que da lugar a las posibles variaciones culturales, siempre viéndolo
desde una perspectiva o lógica binaria. Dentro de la esfera de lo privado se genera otro
problema que es el de la intimidad, qué lugar toma dentro de lo que no es visible a los demás.
Como lo explican muy bien los autores: “Es entonces con el nacimiento de la subjetividad, que

5
Duby, Georges, ‘Prefacio a la Historia de la vida privada’, Ariès, Philippe y Duby, Georges, “Historia de la
vida privada” tomo I, “Imperio romano y antigüedad tardía”. Editorial Taurus, Madrid, 1992.
6
Barrán, José Pedro; Caetano, Gerardo; Porzecanski, Teresa; entre otros, “Historia de la vida privada en
el Uruguay. Entre la honra y el desorden 1780 – 1870”. Tomo I, Editorial Taurus, Ediciones Santillana SA.,
1996, Montevideo.
aparece y se lleva a cabo un quiebre radical en el seno de la esfera privada, lo que genera en su
interior la distinción de un espacio aún más defendido y todavía más ligado a los impulsos y
emociones inconfesables: el espacio de la intimidad”.7 Al hablar de las transformaciones
radicales de la intimidad se trata de la democratización de la intimidad, como lo explica Giddens,
para referirse a lo que sucede en las sociedades del siglo XX.
Como conclusión de la díada de lo público y lo privado, puedo decir que es una
concepción que no siempre tuvo el mismo significado. Si bien, de forma persistente, existió esa
binariedad y la connotación de que lo que es privado es totalmente opuesto a lo público, esto
no es del todo comprobable. Más bien, lo privado se ve muchas veces entrelazado o solapado
en los dominios públicos.
Según los autores, durante el siglo XVIII y buena parte del siglo XIX, la vida privada en el
Uruguay abarcaba en su mayor parte a la familia, y poco al individuo. Las escenas de lo que era
la vida privada se desarrollaban en la propia casa. Pero en la sociedad del novecientos estas
costumbres han cambiado, la vida privada no sólo comprende a la familia y las relaciones entre
sus integrantes, sino que también comprende al individuo en sí mismo en lo que implica serlo
en base a la ideología de la modernidad. Las escenas de la vida privada entonces pasaron a
desarrollarse en los dormitorios, exclusivamente, a puertas cerradas que se describen en los
diarios personales. Lo que significa todo este cambio, es que ya no sólo se refiere a lo privado,
sino que se infiere en el campo de la intimidad, ya no es el nosotros como ámbito familiar sino
que ahora es el yo, es decir, que prima la individualidad. “El crecimiento ininterrumpido de la
esfera de lo personal implicó el retroceso progresivo en ese mismo ámbito de los poderes
manifiestos de la sociedad uruguaya: la Iglesia Católica y el Estado”.8
En el Uruguay de 1700, no se percibía en los componentes de su sociedad que hubiera una nítida
distinción de lo público y lo privado sino que intervenían uno en la esfera del otro con total
naturalidad. El concepto clave que debía regular la vida privada y su moral era la honra, el honor,
que era vinculado con la esfera de lo público, suponía como parte de su estructura, la devoción
individual por la aprobación social de conductas personales. Dicho “honor” en el hombre
implicaba la sumativa de variadas cualidades, entre ellas, la valentía, el respeto por las
tradiciones familiares, el rango social que ocupaba o la adhesión y lealtad a la divisa a la cual
pertenecía. En el caso de la mujer, las virtudes que debían tener eran referidas a la sexualidad,
su comportamiento previo al matrimonio manteniendo su virginidad y posterior al mismo,
siéndole fiel y leal a su esposo. Éstas cualidades hacían a la “honra” femenina. Por tanto,
podemos deducir que este concepto de “honor” analizado desde el punto de vista de la relación
entre los valores personales con lo colectivo, se le da un significado opuesto al de intimidad,
valor que predominará en el Uruguay a partir del novecientos. La honra era símbolo de
aceptación social.
La importancia que en ésa época y en esas sociedades toman la “reputación” y el “qué
dirán” es decir, la opinión que forma el otro sobre nosotros, en las culturas en las que predomina
el “honor” revela sociedades integradas por familias y no por individuos que movilizan parte del
control social y que debido a factores demográficos no han sido sustituidos por el anonimato
que impera en las sociedades de masas en los siglos XX y XXI. En el Uruguay del novecientos el
ámbito privado tiene a ser protagonizado por individuos que rechazan el juicio colectivo y
reafirman las decisiones personales que toma el individuo, acciones que anteriormente se
consideraban como subversivas e inmorales.

7
Ídem p. 3. (pág. 25).
8
Ídem p. 3. (pág. 37).
Los autores señalan especialmente lo que significaba la agonía y la muerte, si se trata de
un acto público, privado o puede llegar a existir matices entre estas dos esferas. Según ellos,
estas dos situaciones eran actos plenamente íntimos en la sociedad uruguaya del novecientos y
sólo podían ser comparables en la privacidad con el ejercicio de la sexualidad. Mientras que en
la sociedad “tradicional” uruguaya estos actos eran meramente públicos, en los cuales
participaban la familia, los allegados, dirigentes eclesiásticos como el sacerdote o el párroco de
la ciudad, entre otros. La agonía en presencia de amigos y familiares más cercanos es el
momento que es considerado en dicha época como privado. Lo que se procuraba en esos
momentos era no dejar a nadie solo, y lo que definía a esa cultura, era que en sí, nadie quería
estar en soledad en esas situaciones. “Las ‘buenas muertes’, en paz, en familia y en comunidad,
a veces parecen ser modelos idealizados que, emergentes de la documentación, sólo reflejan
deseos de aquella cultura. Pero en otras oportunidades evidencian algo así como una aceptación
confiada, tanto de parte de los deudos, como de parte del enfermo en sí mismo”.9 La muerte era
tomada como un acontecimiento de la privacidad que al hacerlo colectivo, la comunidad tenía
participación y le otorgaba sentido.
Al hablar sobre el recato como mencionan los autores en el libro, destacan que en la
sociedad del ochocientos, había ciertas actividades como lo eran orinar o defecar en la vía
pública que se hacía sin ningún tipo de pudor o vergüenza. Por este hecho, fue que en 1855 la
Junta de Higiene tuvo que proponer una medida para frenar estas acciones que estaban
contaminando la comunidad. El recato que sería muy utilizado por el “burgués” del novecientos
para poder preservar su intimidad y su poderío, era endeble y constantemente se le ignoraba.
Los escándalos familiares a menudo estallaban en la esfera pública ya que eran publicados en
los diarios en forma de cartas y muy frecuentemente eran correspondidos por la otra parte. Si
los involucrados exponían sus problemas personales, la prensa de la época los comentaba con
total descaro. Los periódicos del interior del país, perduró hasta fines del siglo XIX exponiendo
públicamente lo que se suponía que eran circunstancias personales y privadas, en ellos se
encuentran varios y claros ejemplos de revelaciones escandalosas.
En el apartado que realizan denominado la construcción de la intimidad, concluyen que
“En el novecientos, la vida privada comienza a transformarse en intimidad y en derecho
individual que se reclama a los mismos poderes que antes la desconocían y violaban con el
beneplácito de todos: la Iglesia, el Estado, la sociedad.” 10 Como las constituciones
latinoamericanas están basadas en la Constitución que se plantea en la Revolución Francesa, en
la cual su ideario está basado en las libertades y los derechos que presenta un individuo,
principalmente a la inviolabilidad de su hogar, la casa del ciudadano entonces se convierte en
un lugar “sagrado” y por lo tanto se encuentra en privacidad. Entre 1870 y 1900 podemos
evidenciar que existe una mentalidad alerta a la preservación de los secretos del hogar e
individuales. De aquí en más, nace la intimidad como un hecho y un derecho. Uno de los
primeros signos de este radical cambio fue la privacidad con la que se toma un momento como
la agonía o los momentos previos a la muerte, en la cual participaban solamente los familiares y
personas más cercanas al moribundo. La muerte de una persona pasó a ser un asunto médico y
clínico, mientras que antes era algo espiritual y meramente religioso que debía ser llevado a
cabo por un sacerdote. Esta transformación respecto al comportamiento colectivo frente a tan
grande e influyente suceso como es la muerte se logró de forma temprana en el Uruguay en
comparación con los demás países de América Latina, aunque es tardía si lo vemos en contraste
con la modernidad europea.

9
Ídem p. 3. (Página 41-42).
10
Ídem p. 3. (Página 44).
En el Uruguay del novecientos la muerte siguió ocurriendo en el seno familiar y ya no en el de la
colectividad. La concurrencia de la misma se limitaba al velorio y entierro, en los que de todas
formas se exigían lazos de amistad y fraternidad, y no vecinales, por ejemplo. El entierro
entonces, pasó a ser la única ceremonia en la cual se admitía un vasto nivel de concurrentes y
seguía siendo parte de lo público. En el Tratado de Urbanidad de 1890 recomendaba acotar y
restringir las visitas a las familias durante el duelo, ya que los extraños se sentían como intrusos
al violar la privacidad de la familia en ese momento de dolor.
Respecto al apartado el secreto y la ley, se establece que en la Constitución uruguaya de
1830 se reconoció el derecho de los hombres a sus acciones privadas siempre que no irrumpiera
el orden público o a terceros.
En el apartado resistirse, rebelarse y revelarse, se hace alusión por ejemplo, a la
progresión que tiene la laicidad en el Uruguay, eso se podía ver reflejado en el ámbito privado
en la resistencia que oponían principalmente los hombres a confesión frente a un cura según lo
indica el rito católico. Antiguamente dialogar y redimir los pecados frente al sacerdote o párroco
mediante la confesión era una exploración del alma que realizaba cada individuo y era una forma
de construir la intimidad, mientras que después de que se instalara la intimidad casi como un
valor ético la confesión de “pecados” se veía como un atentado a la misma. Según el ex
presidente Máximo Santos y su ministro Juan Lindolfo Cuestas la idea de confesión católico en
ése Uruguay moderno era “deprimente a la libertad de conciencia, a los respetos de los hombres
entre sí, y a la dignidad humana”. 11 Según los hombres de la época, especialmente, los
burgueses, necesitaban de la intimidad y privacidad que ahora gozaban. La intimidad protegía
el hogar, la familia, su matrimonio, entre otras cosas. Y ahora importaba no sólo su “honor”
como hablé en reiteradas ocasiones, sino también sus bienes, sus secretos, lo que legitima su
poder. La confesión católica molestaba porque obligaba a confesar todas esas cuestiones que
rompían con la privacidad. La intimidad, nace en el hogar, para luego pasar a centrarse
plenamente en el individuo. La idea de intimidad se vinculó en algún sentido a la defensa de la
propiedad privada, el hecho de proteger los secretos de la vida sexual de la familia que
preservaban su honor y reputación, también se le sumaba los secretos económicos en lo referido
a las finanzas familiares.
La intimidad a su vez, implicaba el pudor por los sentimientos personales y la negación que
existía a exhibirlos debido a que eso violaba la “discreción”. En los hombres ese pudor se había
originado, en el respeto al valor de lo que era la virilidad, algo muy respetado en esa sociedad
tan atravesada por la esfera militar. La exhibición de los sentimientos exponía a la persona.
En el apartado una nueva mentalidad habla de que no sólo se ocultaban los sentimientos
por preservar los secretos de la personalidad individual, sino que se les ocultaba porque la
mentalidad moderna se avergonzaba de demostrar y denotar las emociones existentes en cada
ser humano. No era socialmente correcto demostrarse débil, vulnerable o frágil frente a
determinada situación. El ascenso del racionalismo y el empirismo caracterizarían la nueva
manera de interpretar el mundo. La sociedad uruguaya de la época acató los cánones del
pensamiento social europeo. “Mientras tanto, en lo que refiere a la secularización y a las
relaciones entre la Iglesia y el Estado, ambos procesos se asociaron con una fuerte radicación
privatizadora del ‘lugar de lo religioso’ en la sociedad uruguaya, de acuerdo a lo que podríamos
calificar como una emulación radicalizada del modelo laicista francés. La secularización de las
mentalidades y costumbres se constituyó tempranamente en uno de los síntomas culturales más

11
Ídem p. 3. (Página 48).
precisos de la modernidad uruguaya, lo que derivó rápidamente en la tendencia a ‘marginar
institucionalmente a la religión, radicándola estrictamente en la esfera privada’”.12
Esto se ve reflejado en nuestra sociedad cuando a comienzos del siglo XX con el batllismo se
ordena retirar cualquier símbolo religioso, por ejemplo, de hospitales públicos. Es recién con la
Constitución de 1919 que se logra la secularización de la Iglesia con el Estado, pasando a ser de
esta manera, un Estado laico.
En el primer capítulo del libro “Las formas de las Venus” escrito por el propio Barrán y
Alfredo Alpini, nos explicitan que la sexualidad estuvo siempre en el centro de la personalidad
del hombre como tal, y era la parte más secrete e íntima de su vida privada. Debía ser la
conducta más regulada de la moral. Según explican los autores, la sexualidad fue un tema que
atañó siempre a la Iglesia Católica, la cual intentaba ejercer control sobre la misma, eso lo
lograba mediante la confesión. En el caso del Estado, debía controlarla mediante la legislación
que imponía como lo era por ejemplo, el matrimonio monógamo e indisoluble. Y a los Cabildos
y los Municipios interesaba simplemente por el hecho que debían vigilarla para que no
sucedieran en los sectores populares los “excesos”.
“La percepción que tuvieron los sectores dominantes acerca de la sexualidad de los pobladores
de la campaña oriental fue moralizante y hostil pero también descriptiva de ciertos hábitos”.13
Según los españoles que escribieron sus memorias sobre cómo veían a la Banda Oriental y
especialmente sus pobladores, cómo vivían la sexualidad, la describieron como seres paganos,
que no conocían ni practicaban los valores cristianos, sino que actuaban mayoritariamente por
un impulso instintivo, como si fuera el ser humano en su más puro estado animal.
Los niveles elevadísimos que existía de masculinidad en la campaña eran demasiado notorios.
Esto producía el rapto o “robo” de mujeres, violaciones repetidas a ambos sexos, y zoofilia, esto
denota la variabilidad de conductas que la cultura procuró. El robo de mujeres lo clasifican como
típico de la época (fines de 1700) y de esta economía sexual de la escasez, que era una práctica
común y generalizada en el medio rural, y muchas veces suponía ser una fuga amorosa acordada
previamente. La práctica del robo de mujeres era penalizada radicalmente por las leyes de las
Siete Partidas que establecía la pena de muerte. La virginidad y la honestidad de la mujer eran
factores determinantes a la hora de condenar al raptor. Los raptos se producían cuando los
padres o los esposos de las mujeres eran obstáculos para la relación. Los raptores eran peones
de la misma estancia o de estancias vecinas en la que se hallaba la mujer. Tenían la mala fama
de ser vagos, borrachos o delincuentes.
El hecho del rapto como mecanismo, indicaba una violación al orden social que estaba
establecido. Una persona de una clase inferior se atrevía a arrebatar a otra persona que sin ser
por ese método no llegaría nunca a acercársele en el ámbito privado, por ser de una clase social
superior. Mientras que cuando se trataba de una mujer en una posición social similar a la del
raptor se asociaba que era debido a la escasez del sexo femenino que existía en la campaña.
La sociedad parece blanda en su percepción de las transgresiones importantes al severo código
católico que regía la sexualidad. En algunos bailes y tertulias se les permitía a las parejas el
contacto físico, se lo veía como un acto normal, algo prohibido terminantemente desde fines
del siglo XIX.
Los autores creen que “La Nomenclatura y Apología del Carajo” de Francisco Acuña de
Figueroa expresa lo que se pensaba de la sexualidad en la época. Los códigos de lo que puede
ser considerado grosero o indecente eran más permisivos. En el caso del lenguaje corporal, los
gestos o alusiones desvergonzadas, la exhibición del cuerpo en actos que suponían que eran

12
Ídem p. 3. (Página 62).
13
Ídem p. 3. (Página 75).
íntimos eran reprimidos, por ejemplo, en los edictos policiales, ya que causaba pudor y
vergüenza ajena que se los anduviera mostrando.
En el segundo capítulo titulado Vida privada de los comerciantes en el Montevideo
colonial escrito por Arturo Bentancur, se esfuerza por reconstruir lo que fue la vida personal de
dichos comerciantes asentados en Montevideo durante la época colonial, reducido al ámbito
urbano. La vida privada de aquella gente fue atravesada (como la de mayoría de las personas)
por la muerte, era algo muy habitual por las calles de Montevideo y en el ámbito social hizo
estragos en las familias. La presencia de la muerte fue mucho más notoria cuando se sufrieron
las consecuencias de las guerras, por ejemplo, del sitio que se le realiza a Montevideo.
El autor señala también la dificultad que se tenía para transitar las diferentes etapas de la vida,
como lo era la niñez, que se veía amenazada constantemente por diversas enfermedades.
Estadísticamente no hubo matrimonio o pareja prácticamente que no perdiera al menos un hijo
en la época. La viudez también fue huella en el matrimonio producida por la desprotección
frente a las enfermedades y la exposición a toda clase de riesgos. Según el autor, era realmente
sorprendente la cantidad de viudas que existían en Montevideo en la época y a su vez, lo rápido
que volvían a casarse. No así sucedía en el caso de los hombres, y esto se debía a la superioridad
demográfica que había del sexo femenino. En lo que refiere a las viudas, el hecho de volver a
casarse muchas veces era por una necesidad meramente económica encontrar a alguien que le
ayudara a mantener la casa y sus hijos nuevamente, mientras que el hombre no tenía necesidad
de esto, porque de todas formas, el Estado contribuía con ellos.
Respecto a la vida hogareña y de familia, el patriarca seguía teniendo la autoridad neta
en la casa y todos los integrantes de la familia debían acatar ciega y fielmente sus órdenes. La
consideración por la esposa fue siempre un tema de debate. Por lo que dejan a entrever las
evidencias que tenemos, la mujer no parece que hubiera tenido o ejercido poder dentro de su
casa o dentro de la propia iglesia.
Otro punto a destacar que también hacía al hombre de la época eran los hijos naturales que no
sólo se vinculó con los indígenas o negros, sino que también sucedía en las altas esferas sociales.
Gracias a varios casos de testimonios que aparecen redactados en el libro, y muchos casos más
de los que se sabe con certeza que sucedieron, se estipula que hubo un alto índice de hijos
naturales, pese al prestigio que tenía el matrimonio religioso, se siguieron otros caminos ya que
primaron los instintos por sobre lo ideológico. Además, se le suma como posible causa, que
debido a la época (el Uruguay de comienzos de siglo XIX) fue una propia limitación impuesta por
la precariedad tecnológica que impidiera de forma artificial la concepción.
El autor realiza un apartado sobre la vida privada de los curas en nuestra sociedad del
ochocientos y dice que la vida privada de los sacerdotes estuvo siempre presidida por los
idearios propios de su religión (Iglesia Católica). Como lo cuentan los testimonios, muchos de
ellos no daban indicios sobre su vida terrenal pero algunos, cometían ciertos actos que no eran
lo ideal de lo que su fe profesaba. Por ejemplo, algunos casos de sacerdotes negociantes que
contrabandeaban alimentos que provenían de Brasil. También se dedicaron a ser financistas,
prestaban dinero a comerciantes necesitados del mismo, ya que sus capellanías se hallaban
financiadas.
Fue la analizada una sociedad de comerciantes en la que era muy difícil encontrar a alguien que
no negociara en cierto sentido. Es seguro que era un tema muy recurrente en la vida familiar el
tema mercantil. El comercio resultó ser la ocupación casi por excelencia de la mayoría de los
inmigrantes españoles que en territorios fuera de la Península Ibérica, en la segunda mitad del
siglo XVIII. Esto explica el por qué la escasa participación que tuvieron los criollos en el ámbito
mercantil y la gran demanda europea que existía por las materias primas que se podían extraer
de las colonias. Tomando el ejemplo de Montevideo, la exclusividad en el terreno mercantil la
tuvieron principalmente los peninsulares y constituyó la principal tarea que estos desarrollarían.
Como era una ciudad todavía en formación el predominio europeo fue evidente. Se explica que
la aventura mercantil transatlántica se era iniciada en forma individual y exclusivamente por
hombres jóvenes. Es impactante el número de muertos solteros de procedencia gallega que se
registra. Muchos otros que aparentaban ser solteros en América en realidad tenían familia en la
península, algo de lo cual se beneficiaba debido a las lentas y demoradas comunicaciones de la
época. La posibilidad de que pudieran tener dobles vidas fue causa de preocupación de la realeza
española, ya que se estaba violando uno de sus pilares fundamentales que era el catolicismo
puro. Posteriormente, Bentancur realiza una descripción de tres testimonios de la época que
era comerciantes mercantiles españoles que vinieron a Montevideo y se asentaron allí mismo y
transcurrió su vida. Sostuvieron relaciones afectivas complementarias a la tradicional, entre
otras. Esas tres personas fueron Mateo Magariños, José Batlle y Carreó y Francisco Juanicó.
Para finalizar el capítulo se hace una reseña de que la niñez siempre fue atacada y seguía
manteniéndose tan vulnerable como siempre; mientras que la inestabilidad de la pareja y el
matrimonio en general indica las heridas que produjo éste en el ámbito familiar. Era una
sociedad meramente patriarcal, la mujer casi no tenía poder de decisión, ni siquiera en los
ambientes más privados como lo era su casa. El hombre condicionaba la vida de sus hijos y la de
su esposa.
Como bien explica el autor, el puerto de Montevideo fue lo que permitió que se desarrollara el
terreno mercantil en la Banda Oriental y fue lo que le permitió el crecimiento en dicho sector.
No sólo dinero y bienestar fue lo que conquistó este grupo de trabajadores sino que también
llegó a arañar las cúpulas del poder. En 1810 cuando muchos revolucionarios luchaban por ser
independientes, este grupo, quería que se formara una especie de protectorado español que los
permitiera seguir avanzando en lo que venían desarrollando. Fueron conservadores pero con
amplio sentido de la realidad que vivían. El impulso materialista generado por el desarrollo de
la actividad mercantil en Montevideo hizo que no sólo los comerciantes se dedicaran a ella sino
que otras personas que se encontraban volcados a otros sectores de la sociedad también se
interesaran en ella. Muchos clérigos se adhirieron a actividades mercantiles apartándose
prácticamente de lo tradicional de su profesión o vida.
En el tercer capítulo del libro titulado Velas blancas en el Atlántico Sur realizado por
Ruben Cotelo, se describe cómo veían los exploradores españoles a la Banda Oriental en tiempos
de la colonia. Describen los viajeros que hacia finales de 1700 Montevideo transitaba entre la
condición de aldea joven a ciudad pequeña. Según se cuenta en los relatos, hay un objeto que
se convirtió en folclórico que perdura desde aquella época hasta hoy, y es el mate encima de la
mesa en casi cualquier casa del lugar, demostrando símbolo de hospitalidad para quien llegara.
Bien podríamos decir que era una costumbre que pertenecía a la esfera de lo privado pero que
con el correr del tiempo su práctica terminó siendo pública, y hoy en día es prácticamente un
patrimonio de los uruguayos como tal. Se tomaba incluso (como lo seguimos practicando en la
actualidad) en verano con agua caliente, ya que se le atribuían propiedades diuréticas,
refrescantes y era un muy buen auxiliar para realizar el proceso de digestión. Un muy buen
acompañamiento del mate, según los locales era el tabaco, alimentando así el “doble vicio”.
“Yerba mate y tabaco integraron los primeros rubros históricos de nuestras importaciones, junto
con vinos alcoholes y maderas. De esta suerte, la Banda Oriental fue insertándose en la economía
colonial y luego en la mundial”.14 El despilfarro que existía en la campaña debido a la cantidad
de animales que se mataban para simplemente quitarles el cuero y comer muy poca carne del
animal mientras que se desperdiciaba la mayor parte del mismo, fue por décadas el asombro de

14
Ídem p. 3. (Página 124-125).
los viajeros que llegaban a estas tierras. Se habla también que en las calles de los pocos centros
poblados existían más caballos que personas.
La comida servida por lo general era carne roja preparada de diferentes maneras, en menor
cantidad carnes blancas como el pescado, las aves no eran muy frecuentes. Y algunas
leguminosas para acompañar los platos. En lo que respecta a las tareas del hogar, eran realizadas
por negros esclavos quienes debían encargarse de cocinar, limpiar y atender a sus amos y sus
invitados. Luego de realizadas todas esas tareas, todos disfrutaban de una siesta después de
almorzar (blancos y esclavos por igual), algo que se notaba claramente en la escasa producción
local, lo que después hacía más caro el producto que se creaba ya que era una costumbre
impuesta en la mayoría de la sociedad. Una descripción que se realiza sobre la Banda Oriental:
“El cielo era hermoso y los calores no eran excesivos. No había bosques que sólo se encontraban
a lo largo de los ríos. En esos campos desiertos la tierra era negra, fuerte y producía con
abundancia cuando se la cultivaba. ‘Sólo faltan agricultores para convertir esa tierra en el mejor
país del mundo’.” 15 En el correr de los años, las casa-quintas que se encontraban en los
alrededores de la ciudad pasaron a convertirse en prados, parques y paseos, en lugares de
esparcimiento para la recreación y el ocio.
En lo que refiere a la mujer española en Montevideo, según las describe el autor en el
libro, se trataban de mujeres de buena figura, lucían bien y la mayoría de ellas presentaba un
cutis moreno, no tenían la dentadura muy blanca y cubrían sus hombros y cabellera con un
rebozo. La tertulia española arraigó como forma de sociabilidad hogareña.
Respecto a lo erótico de la danza, por ejemplo, realizaban un baile llamado calenda, que
consistía en danzas de origen africano practicada por esclavos en la Banda Oriental, pero que
también los españoles no opusieron resistencia y la bailaban con fervor. Intervenían
instrumentos musicales, voces y diferentes movimientos entrelazados dos personas, las cuales
por lo general terminaban besándose sin perder la candencia.
En lo que refiere al escenario rural de la Banda Oriental, como ya lo mencioné antes era
un total descontrol y despilfarro de las materias primas. La ganadería no existía como tal sino
que se encontraba en su etapa más primitiva. “Los niños en el campo se criaban en condiciones
naturales. Veían a sus mayores correr a caballo, semidesnudos, detrás de los ganados; después
de aprender a caminar, aprendían a montar en un petiso manso, festejados por los adultos.
Desde pequeños manejaban diestramente el cuchillo, y sabían degollar una res, con lo cual se
tornaban indiferentes ante la sangre, el dolor ajeno y el propio.”16 Con esto podemos evidenciar
cómo era la infancia en la campaña, y cómo luego crecerían esas personas hasta convertirse en
lo que eran y la herencia cultural que nos dejaron. Esa crianza sin escuela ni religión cercana
que marcaran y delimitaran el camino de ese niño, hacía que se transitara rápidamente desde
la niñez a la adultez y la dureza de la vida. Los niños, mejor dicho adolescentes, se emancipaban
a muy temprana edad de la tutela de sus padres.
Dedica un apartado exclusivo a la figura del gaucho como tal. Lo define como un ser
desarraigado, sin familia propia, un trabajador poco frecuente, más bien errante, hombre
totalmente libre, entre otras características. Lo que definiríamos hoy como un marginal de la
época. Se le atribuye también a esta figura una atracción pasional por el juego de cartas y los
alcoholes, lo que denominaban en ciertos ámbitos como gustosos de la “mala vida”. Se solía
jugar en las pulperías y también en el descampado; también en este lugar se hacía música y se
podía disfrutar de bailes “clandestinos”. En lo que comprendía su dieta, era un ser que comía
exclusivamente carne que mataba cuando sus necesidades biológicas así lo requirieran, por eso

15
Ídem p. 3. (Página 125).
16
Ídem anterior. (Página 130).
es que había tanto desperdicio de carne vacuna en todo el territorio. Realizando un análisis más
profundo, la figura del gaucho, no hubiera sido quizás tan importante si no hubiese sido por
tener otra figura relevante a su lado, como lo era el caballo, el cual era su medio de transporte,
y en general, el medio de transporte de casi toda la población. Era impensable que existiera un
gaucho sin su caballo.
“Muebles y utensilios domésticos eran también insignias de pobreza: un barril para traer agua
del arroyo cercano, un cuerno de vaca para beberla, asadores de palo para la carne y un
recipiente destinado a calentar agua para el mate” 17 eran cosas que no podían faltan en las
precarias viviendas rurales. Dormían en el suelo, muchas veces sobre cueros, por lo que la
vivienda rural se convertía en un simple refugio de la intemperie.
La religiosidad rural no era lo que más importaba, el gaucho, podía vivir sin ello. Según Azara,
las capillas rurales eran construcciones modestas en las que faltaban tanto fieles como
dirigentes eclesiásticos.
Respecto a su indumentaria y la higiene personal de los paisanos, se expresa de que
generalmente no les faltaba su atuendo completo incluyendo poncho, sombrero, chiripá,
calzoncillos largos, entre otros, pero no siempre disponían de una segunda muda para
cambiarse. Por lo que muchas veces les tocaba soportar las inclemencias del tiempo, y debían
permanecer con la misma indumentaria pegada al cuerpo o impregnada en humo. Mientras que
a las mujeres se las trataba como ser inferior y normalmente andaban descalzas y más
desalineadas que el gaucho. Las ocupaciones que le incumbían era barrer el rancho, mantener
el fuego encendido y realizar la comida, es decir, el asado. Azara da por sentado en sus
testimonios que las mujeres parían y criaban a sus hijos como podían.
En conclusión de este interesante capítulo podemos deducir que las familias orientales
eran verdaderamente hospitalarias, tanto en la ciudad como en la campaña. Sus casas estaban
abiertas a extranjeros y gente desconocida.
En el cuarto capítulo, escrito por la historiadora uruguaya Ana Frega, titulado La
dimensión de lo privado en tiempos revolucionarios, nos explica que durante la época de
revoluciones en el Río de la Plata, hubo rupturas de costumbres sociales, aunque también
existieron continuidades, que ellas se dan muchas, en el ámbito de lo privado. En este proceso
revolucionario las delimitaciones de lo público y lo privado se vuelven difusas. Lo público
pretendía fiscalizar de alguna manera las prácticas privadas y actitudes particulares. Y quienes
pretendieron quedar al margen de toda esta situación fueron interpelados por la misma.
La revolución en sí misma era pensada como una oportunidad de cambio radical y la formación
de una sociedad idealizada, lo que denotaba las influencias del pensamiento ilustrado propio
del siglo XVIII. Si bien en este período hablamos de revolución, el período colonial no había sido
nada tranquilo en la campaña.
Ana Frega nos destaca en este capítulo la necesidad de fijar el instante en que se vive, el diario
era un registro de acontecimientos fundamental. La ruptura del orden colonial no había sido
sucedida por una imposición de un nuevo orden sino que más bien pasó a ser “tierra de nadie”.
Lo cual era una situación confusa para la población ya que existían dudas sobre las conductas
permitidas y castigadas por ambos bandos. En esos momentos, es cuando cobra real
importancia las escrituras autobiográficas de las que la autora hace referencia, en las cuales se
justificaba el papel de testigo de la persona en cierto acontecimiento, y por lo general excluían
todo lo que tuviera relación a su vida íntima o privada.
Respecto a la familia y su conformación, la revolución trajo consigo rupturas de índole
casi irreparables. Creaba diferencias entre la autoridad paterna y los hijos, es decir, mucho de

17
Ídem anterior. (Página 136).
los padres todavía de tradición españolista, enfrentados a hijos plenamente criollos, nacidos en
este territorio, defendiendo sus ideales. Las actividades clandestinas fueron muy ocurrentes en
la época. El control de la información se vinculaba estrechamente con la existencia misma del
Estado. La intimidad del hogar, en cierto modo, se vio invadida por los aires revolucionarios, la
privacidad de la familia, en parte, fue violada.
El papel que representó la cultura caudillesca durante la revolución fue muy relevante ya que se
convirtió en una mezcla del ámbito público, con las creencias vinculadas a la vida privada.
La cultura cívica posteriormente instaurada, es la memoria colectiva educada por el patriotismo
de los actuales estados, es la construcción de la vida pública, pero que responde a cada persona
individual, con esto quiero decir, que se la esfera de lo público y lo privado sigue siendo
indefinida.
El quinto capítulo de la obra escrito por el historiador uruguayo Aníbal Barrios Pintos y
titulado Historias privadas de la esclavitud: un proceso criminal en tiempo de la Cisplatina, nos
habla del lugar que toma la esclavitud en el perímetro de lo privado y cómo afectaba a la
sociedad uruguaya. El capítulo lo inicia con una noticia de dos esclavas que mataron a la esposa
de su amo y lo que debe de haber impactado esa situación a la sociedad montevideana de aquél
entonces. Para 1819 Montevideo tenía una población de unos 7116 habitantes, de los cuales
5371 eran blancos, y 1745 negros esclavos. Los esclavos que residían en Uruguay estaban mejor
alimentados y vestidos que los de Brasil además de presentar un aire de libertad que claramente
los otros no gozaban. Los negros se entregaban a sus bailes de forma fervorosa y genuina. Los
esclavos en Brasil, por ejemplo eran utilizados de forma brutal para el trabajo forzado hasta su
muerte, luego se remplazaba, como si fuera un objeto, esto sucedía al interior de Brasil. En la
parte de la costa, era más común que fueran sirvientes, aunque de todas formas, recibían peores
tratos que los esclavos en nuestro país. En cambio, en Uruguay, la mayoría de los esclavos era
utilizados para el servicio doméstico, a eso hacía referencia anteriormente cuando hablaba de
que gozaban cierta libertad. Si bien, ciertas veces eran obligados a realizar trabajos forzados en
sí, tampoco se desarrollaba una gran industria del mismo. Secuestrados y extraídos de la región
de Angola, Mozambique y el Congo ubicados en África Occidental, los esclavos que llegaban a
Montevideo eran pertenecientes a los grupos lingüísticos bantú y yoruba, las cuales centran sus
costumbres religiosas en una fuerte tradición oral e importante culto a los antepasados.
Un personaje típico que se destaca en el Montevideo colonial era el vendedor de escobas, la
mayoría de las veces era un negro esclavo que las vendía en beneficio de su amo. En cambio la
tradición de la mujer negra esclava, era la de encargarse de las tareas domésticas como el lavado
de la ropa en el curso de agua más cercano o si no ella misma debía trasladar agua hacia la casa
de sus amos para poder realizar su tarea. Además de encargarse de la limpieza diaria del hogar
y de los cuidados de las mujeres de la casa.
En el aspecto cultural, realizaban los denominados batuques, que eran distintas modalidades de
“bailes de negros” y se caracterizaban por el uso de tambores. Algo de después derivaría en el
candombe, conocido en sus primeros tiempos como candomblé, que era un término con el que
designaban las danzas religiosas africanas en las que se establecía comunicación con los espíritus
a través del estado de trance.
En el sexto capítulo titulado Producción iconográfica y vida privada en el Montevideo del
Ochocientos (1830-860) escrito por Gabriel Peluffo Linari, nos cuenta el desarrollo de la cultura
urbana del Uruguay en el siglo XIX. Dentro de estas características iconográficas podemos
distinguir por ejemplo el auge de las pinturas familiares, o personales, las cuales están
estrechamente vinculado con la vida pública aunque son de calidad íntima. Por ejemplo en los
cuadros, se busca resaltar la virilidad y virtud del hombre, como patriarca, y personaje
respetado, su solemnidad y sobriedad debían percibirse a primera vista; mientras que a la mujer
se le da el papel de exaltación de lo maternal, siempre representando su femeneidad regido
principalmente por la disciplina familiar.
El tratar al individuo como un canon, y ubicarlo en su lugar en la memoria social, el autor destaca
que: “A pesar de que la familia asumía, ahora, una renovada dimensión como célula matriz y
motriz de las relaciones sociales, los retratos rara vez describen en conjunto a sus integrantes; la
tipología retratística de familia numerosa será frecuente recién a partir de la década del sesenta
hasta fines de siglo”. 18
En el último capítulo de este primer tomo del libro titulado Las fronteras de lo privado
en el espacio comunitario de la fiesta escrito por la historiadora Milita Alfaro, nos explica cómo
nace una fiesta como el carnaval en su versión más clásica y tradicional apegada a esa sociedad
de las últimas décadas del ochocientos. En primer lugar nos refleja una sociedad en la que las
cosas ocurren en la calle y en la plaza pública y donde no hay rupturas entre lo privado y lo
público, lo que hace a la comunidad. A su vez intenta buscar una explicación al por qué el
imaginario carnavalesco trasciende a las personas y a una sociedad en general. Entre los
diferentes factores que confluyen para crear el especio festivo cabe destacar el contacto con el
aire libre, en el contexto abierto de ciudad. Se pasa de un carnaval “bárbaro” a uno “civilizado”.
Durante la primera mitad del siglo XIX, este carnaval bárbaro no representa frontera alguna y es
todo parte de un encuentro abierto y sumamente espontáneo al aire libre, que se puede dar a
lo largo de toda la ciudad. En cambio, cuando se lo intenta estructurar y establecer ciertos
patrones de orden, se lo denomina que ha progresado a un carnaval civilizado. Se necesitará
para eso, preparar un ámbito exclusivamente para que se desarrolle el mismo, por lo tanto, se
empiezan a utilizar las calles montevideanas como escenario del mismo, se comienza a realizar
un desfile de modo más ordenado que como se lo conocía anteriormente, y el espectáculo
puede ser observado desde los costados con vistas a la calle, en modalidad de gradas o simples
asientos. “El Universo de lo carnavalesco toma un espacio de lo real y lo resignifica con fines
culturales.”19
En conclusión, es un libro muy interesante debido a los aspectos que toca, más allá de
la constante división de lo público y lo privado, cuándo se diversifican y cuándo convergen, es
positivo darse cuenta de que nos deja mucho más que eso. Como el título lo indica, es una
historia de la vida privada, por lo tanto nos está abriendo un espectro de diferentes aspectos
que suceden en la vida cotidiana de las personas o que en este caso, aspectos que atravesaron
la sociedad uruguaya en determinado período de tiempo y que constituyen en parte, lo que hoy
somos como sociedad. Nos permite ver las rupturas que existieron mediante, por ejemplo, la
época de la revolución, pero también, podemos observar todas las continuidades que se
producen y que aún hoy en día las seguimos percibiendo, es decir, los fenómenos de larga
duración en términos braudelianos.
Su importancia en la construcción del conocimiento histórico es justamente estudiar la historia
de las mentalidades, y no sólo quedarnos con documentos oficiales y suposiciones de cómo
pudo vivir una persona es cierta época, y guiarnos mediante otros signos para caracterizar y
definir cierto perfil. La misma relevancia opino que tiene en su utilización en cursos tanto de
secundaria como terciaria. Es muy productivo para la formación de ciudadanos y de
profesionales de la enseñanza media en el Uruguay que se analicen y trabajen las diferentes
dimensiones que atraviesan una sociedad, para poder comprender también, qué sociedad es la
que conformamos hoy en día.

18
Ídem anterior. (Página 202).
19
Ídem anterior. (Página 217).
Biografía de los autores:

José Pedro Barrán, profesor e historiador uruguayo, nacido el 23 de febrero de 1934 en Fray
Bentos, departamento de Río Negro. Es uno de los principales intelectuales del siglo XX
uruguayos. Egresó en el año 1958 del IPA (Instituto de Profesores Artigas). Fallece en 2009 en
Montevideo.
En conjunto con Benjamín Nahúm (nacido en 1937, profesor de Historia, uruguayo) publicaron
diversas obras contribuyendo a la Historia Nacional y Regional. Entre ellas se encuentran:

- “Bases económicas de la Revolución Artiguista” (1964).


- “Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904” (1967).
- “Historia rural del Uruguay Moderno”, 7 volúmenes (1967 – 1978).
- “Batlle, los estancieros y el Imperio Británico”, 8 volúmenes (1979 – 1987).

Obras personales de José Pedro Barrán:

- “Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco” (Ediciones de la Banda Oriental,


Montevideo. 1974)
- “Iglesia Católica y burguesía en el Uruguay de la modernización 1860-1900” (Facultad
de Humanidades y Ciencias, Montevideo. 1988).
- “Historia de la sensibilidad en el Uruguay” (Ediciones de la Banda Oriental,
Montevideo. 1989-1990) 2 tomos.
- “Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos”. (Ediciones de la Banda Oriental,
Montevideo. 1992-1995). 3 tomos.

- “La espiritualización de la riqueza. Catolicismo y economía en Uruguay.1730-


1900” (Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo, 1998).
- “Amor y transgresión en Montevideo: 1919-1931” (Ediciones de la Banda Oriental,
Montevideo. 2001)
- “Los conservadores uruguayos (1870-1933)” (Ediciones de la Banda Oriental,
Montevideo. 2004)
- “Intimidad, divorcio y nueva moral en el Uruguay del novecientos” (Ediciones de la
Banda Oriental, Montevideo. 2008)

Benjamín Nahúm, por su parte, fue colaborador de la Colección de “Historia Uruguaya”


de Ediciones de la Banda Oriental, para la cual escribió el tomo 6: “La época batllista, 1905-1929”
(1975). Dentro de sus obras se encuentran:

- “La evolución de la deuda externa del Uruguay: 1875-1939” (1995)


- “La crisis de 1890” (1998).
- “Breve historia del Uruguay independiente”. (1999).
- “Colección El Uruguay del siglo XX” (recopilador y editor) (2001)
Comentario comparado:

Para comparar elegí el capítulo del libro de Williman y Panizza que refiere a la población
de América Latina, mientras que del libro de Barrán y Nahúm escogí el capítulo que habla sobre
historias privadas de la esclavitud. Al escoger estos capítulos me centré más en la posición
historiográfica de la nueva historia, direccionada al ámbito social. Consideré interesante ver que
en un capítulo al hablarse de la esclavitud que formó parte de esa población de América, está
demás aclararlo que fue una población forzada de su parte, se expresara y refiriera la mayor
parte del capítulo a un acto criminal que se había dado por parte de una esclava que había dado
muerte a la esposa de su amo, y no se centrara en investigar y recopilar los pocos datos que
existen sobre cómo vivían los esclavos durante el período de la Provincia Cisplatina. Mientras
que el capítulo del otro libro, hace un comentario más amplio y abarcativo sobre la situación de
los negros esclavos en América. Según estos autores, los negros en ciertos puntos de América
(no exclusivamente en la Banda Oriental, ni en Buenos Aires) eran la mayoría de la población.
En el caso de nuestra región, Aníbal Barrios Pintos (autor de este capítulo del libro), nos explica
que en Uruguay la mayoría de su población era blanca, criolla, o directamente española. En
comparación con la cantidad de negros esclavos que había, seguía existiendo una supremacía
blanca, por tanto, la sublevación de la clase oprimida sería más escasa. Lo que podemos concluir
de estos dos capítulos es que si bien Latinoamérica tuvo una fuerte migración negrera
potenciada a través del tráfico y el mercado que tenían especialmente Inglaterra y Holanda, lo
que para ése entonces era la Banda Oriental no tuvo una gran explotación sobre los mismo. El
esclavo en nuestras tierras, era utilizado para fines domésticos y serviciales como cuidar de las
tareas del hogar y realizar mandados. Algunos fueron utilizados para trabajos forzados, pero
eran los menos. Mientras que en otros territorios de nuestra América, como lo fue, Brasil, o las
zonas caribeñas, donde se necesitaba mano de obra esclava para la extracción de metales
preciosos, semipreciosos y trabajos muy duros como lo era la cosecha de la caña de azúcar o el
algodón, su trato fue totalmente diferente.

En conclusión, eso lo podemos ver en las sublevaciones que luego se van a dar en las
cuales en lo que después sería la República Oriental del Uruguay, al hablarse de hombres libres,
se respetó su derecho en la mayoría de los casos, mientras que en otros países que también se
tornaron independientes y se liberó a los hombres de la esclavitud siguieron teniendo
marginación, que claramente, era más social que jurídica.