Sunteți pe pagina 1din 5

Ensayo: La democracia es la mejor opción.

Rodrigo Lorduy Calume.

Lic. Eufemia Pestana. Área de Lengua Castellana.

Gimnasio Campestre. Grado 11B Montería, Córdoba.

2018

La democracia es la mejor opción

¿Qué mejor momento que este para hablar de democracia? Se avecinan las elecciones en las que aproximadamente treinta y seis millones de ciudadanos, mediante su legítimo derecho al sufragio, tendrán la oportunidad de decidir quién será el presidente de Colombia durante los próximos cuatro años y sin duda alguna estamos frente a un difícil escenario de polarización política en el que la opinión nacional se encuentra dividida entre dos extremos: La izquierda y la derecha; y es que la gran mayoría de las encuestas electorales, más allá de su cada vez menor grado de credibilidad, nos confirman que se deviene un precario triunfo de una de esas dos tendencias.

Desde el principio quiero aclarar que no siento una fuerte afinidad por ninguno de estos movimientos ideológico-políticos ni mucho menos por alguno de los candidatos que actualmente aspiran al importante cargo, pues ninguno de ellos se presenta, a mi juicio, como el gobernante ideal que el país necesita y que puede lograr lo que históricamente se ha considerado uno de los fines últimos de la política: La felicidad del pueblo. No obstante, y teniendo en cuenta lo que nos indican los resultados de las encuestas, todo parece indicar que la derecha será quien tenga más posibilidades de éxito.

Ahora bien, ¿Qué podría esperar el país con el triunfo de cualquiera de estas dos tendencias?

En caso de que la derecha prevalezca tendría que ocurrir que hiciera un excelente gobierno, en el que se concilien muchos intereses económicos y sociales, mediante el compromiso fundamental de adelantar una serie de condiciones jurídicas para que la corrupción y el narcotráfico se transformen en delitos cuyas penas individuales superen por lo menos 40 años de cárcel. Y en cuanto a los movimientos guerrilleros que subsisten, disponer las condiciones políticas, militares y jurídicas para enfrentarlos de una manera contundente y situarlos en una posición de o se rinden o negocian.

Lo que en Colombia se denomina derecha no contiene lo que tradicionalmente en la historia se ha identificado como tal -Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Franco en España y las dictaduras militares de América Latina-. Lo que hoy se denomina derecha es identificable con la orientación esbozada en su oportunidad por el doctor Álvaro Gómez Hurtado que él mismo denominó el Desarrollismo, corriente que se caracterizó por aprovechar eficientemente la riqueza del país con el objetivo de buscar el beneficio de toda la población brindando efectivas oportunidades de emprendimiento en todos los sectores de la economía con lo cual se logra el fortalecimiento de los ingresos del estado que a su vez generan posibilidades de ampliar la cobertura de servicios esenciales como la salud, la educación, la vivienda y actividades deportivas, recreativas y culturales que contribuyan significativamente al logro del objetivo de buscar el bienestar y la felicidad del pueblo.

Esta concepción política fue manifiesta tanto en declaraciones como en editoriales del periódico El Siglo por el Doctor Álvaro Gómez Hurtado, quien se declaró en esa época como el último liberal.

Mientras tanto, ¿Qué podría esperar el país si ganara la izquierda?

Si el fenómeno político que presenciara la nación en las próximas elecciones fuera el triunfo del sector cuyo líder denomina “La Colombia Humana”, estaríamos frente a la incertidumbre que genera la actividad y el trasegar político del candidato que simpatiza con la orientación de regímenes de países vecinos que, resucitando un sistema decadente y fracasado en otras partes del mundo, pretenden presentarlo como la solución mágica a todos sus problemas, más allá de que la realidad indica todo lo contrario. ¿Será posible que el candidato y los dirigentes de esa facción política no lean la enorme cantidad de libros publicados, la información diaria que aparece en la prensa escrita y en los noticieros de radio y televisión que cuentan cómo ese modelo de régimen se desarticuló y cayó aparatosamente tras el derrumbe del muro de Berlín?

¿Será posible que el pueblo colombiano sea tan ingenuo de creer que esa propuesta obsoleta y retardataria derivará en la solución de los grandes problemas del país, a sabiendas del desastre económico y social que dejó un conflicto de cuarenta o más años padecido por varias generaciones de colombianos, pero especialmente por los compatriotas más vulnerables sometidos por años al despotismo y la arbitrariedad de los grupos armados con los cuales el candidato de la izquierda no oculta su sincera simpatía?

¿Será posible que esos nuevos ideólogos del socialismo no se enteraron quizá por su corta edad o más probablemente porque no han leído la historia- que en el año de 1956 y entre los días 23 de octubre y 10 de noviembre ocurrió lo que la historia ha denominado “la revolución de Hungría”, que fue violentamente aplastada por los tanques soviéticos y que originó una diáspora de húngaros por todo el mundo?

¿Tampoco se enteraron estos nuevos profetas de la revolución que en el año de 1968 y durante todo un semestre la población de Checoslovaquia se levantó heroicamente contra el régimen títere de su país produciendo el episodio histórico denominado la primavera de Praga?, movimiento popular que curiosamente también fue reprimido por el insólito procedimiento que resultó en la invasión del país por parte de la unión soviética ¿Habrase visto?

Sabiendo esto, ¿Por qué debemos optar por la democracia?

Es claro que para que el hombre pueda encontrar su realización plena dentro de una sociedad, es fundamental que el gobierno se muestre como un reflejo de sí mismo y de su pensamiento. Así, la esencia del sistema democrático reside en que las decisiones de la comunidad se toman mediante el sufragio universal con la participación de todos los individuos que la conforman y que reúnen los requisitos exigidos por la ley para ejercer dicho derecho mayoría de edad, ejercicio de derechos civiles, etc.-. Sin embargo, la democracia no sólo se manifiesta con la vigencia del voto, sino que requiere que quien gane proceda dentro del gobierno con la convicción de que al perdedor es necesario respetarle sus derechos como ciudadano, y de ninguna manera disminuir su capacidad de desempeño en la sociedad aun cuando éste ejercite con vehemencia su condición de oponente al gobierno que se hizo al poder.

Vale la pena hacer la aclaración última pues a lo largo del tiempo el concepto de democracia

se ha tergiversado de sobremanera debido a la existencia, en algunas regiones del mundo, de

regímenes que se autodenominan democráticos por el simple hecho de haber llegado al poder mediante el ejercicio del voto popular, pero que una vez instalados resuelven, mediante la coacción, la persecución y la restricción a las libertades de la población, adoptar un sistema que les permite prolongar indefinidamente su permanencia en el gobierno aduciendo que el paternalismo y el populismo sirven de respaldo continuo y justifican su propósito de perpetuarse dirigiendo un estado que en realidad no les pertenece.

No es sino mirar la lamentable situación que vive actualmente el pueblo venezolano, cuyo líder, en nombre de Simón Bolívar a quien evidentemente le tiene un cariño casi paternal-, pretende “liberar” a la nación de los años de auge que vivió y que le permitieron considerársele un país rico en la región, para dar lugar a un estado de emergencia económica y social en el que diariamente se perciben violaciones de varios de los de derechos humanos por parte del régimen autoritario del gobierno de turno.

Y sin embargo existen algunos estudiosos de la historia de la política que, bajo el nombre de

“La Colombia Humana”, buscan imponer esa doctrina en el país. Increíble.

Dicho esto, en el transcurso de la historia se ha llegado a la conclusión de que si bien el sistema democrático no es ni ha sido perfecto, es por lejos el menos malo que ha inventado

la humanidad. De manera persistente y aun cuando en muchos casos la duración en el tiempo

de regímenes autoritarios de derecha o de izquierda han aparentado que superan como modelo a la democracia, se ha visto con posterioridad que dichos sistemas han caído por la fuerza y la contundencia de las circunstancias políticas y sociales que han permitido que se regrese al modelo democrático.

En cuanto a esas dictaduras que logran convencer al mundo que sus administraciones cuentan con el respaldo de la inmensa mayoría de la población en la que han operado, la historia ha demostrado que no es cierto y sólo como ejemplo podemos decir que en la antigua Unión Soviética no vivían mil millones de ciudadanos cuya convicción política era firmemente el sistema comunista, sino que se demostró que una vez ésta y su cortina de hierro fueron desarticuladas por Mijaíl Gorbachov y el Papa Juan Pablo II , los habitantes de todos los países miembros manifestaron su entusiasmo por otros sistemas de gobierno, que fueron puestos en práctica de manera casi inmediata.

La historia ha mostrado que países que son y han sido ejemplo de democracia como los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, la India y los países de la Europa Occidental han tenido altibajos en distintas épocas con respecto a gobiernos que han sido unos más y otros menos, pero todos han tenido el sello indeleble de ser regímenes democráticos.

La historia sencillamente no puede equivocarse, que los regímenes absolutistas y arbitrarios no subsisten indefinidamente y que el ser humano ha sido creado y diseñado para vivir en comunidad y gozar de su libertad logrando el bienestar para él como persona, para su familia

y sus conciudadanos. Esto sólo es posible encontrarlo en el entorno de una sociedad cuya

dirigencia tenga como principal preocupación la convivencia tranquila, que se deriva del

respeto íntegro por los ciudadanos para el logro de sus aspiraciones en todos los sentidos. Ello simplemente se logra si la sociedad elige siempre el sistema político que le garantice el cumplimiento de esas metas, y ese régimen la historia lo enseña- no es otro que la democracia.

Rodrigo Lorduy Calume