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El territorio barinés estaba habitado por importantes pueblos aborígenes como los Apure, Aiture,

Amaiba, Achagua, Baraure, Barranca, Canaguae, Capa Cúcuaro, Curagua, Caquetío, Curaye, Dásaro,
Durigua, Guahibo, Güero, Orúe, Ticoporo, Michaye, Suripae, Toruno, Tobore, Tucurigua, Puyure y
Variná, los cuales poseían una economía productora de alimentos basada en la agricultura y un importante
desarrollo en el área arquitectónica. Se estima que algunas de estas comunidades, por razones de
adaptabilidad, cruzaron el Piedemonte y se instalaron en territorio del norte del actual estado Mérida,
donde se unieron a los pueblos instalados allí que, según investigaciones, eran “primos” de los Inca del
Altiplano, en Los Andes Centrales. Hoy se sabe que parte de los Capa Cúcuaro de Barinas migraron a Los
Andes.

La mayoría de los pueblos aborígenes de Barinas eran pacíficos, lo que facilitó la conquista española, de
hecho, el fundador se sirvió de mano de obra indígena para levantar un asentamiento colonial en el
territorio, de esta forma los españoles fueron adueñándose del territorio, entonces los dueños de esta tierra
pasaron a ser “invitados” en ellas.

La mayoría de los pueblos aborígenes de Barinas eran pacíficos, lo que facilitó la conquista
española (En la foto, jeroglíficos de Bum Bum)

Precarios inicios

Barinas fue en sus inicios una población de pocos habitantes, tal situación era producto del escaso
desarrollo económico experimentados en aquellas tierras agrestes donde sus pobladores, como señala
Virgilio Tosta, llevaban una vida difícil, “preñadas de peligros”. Estaban cerca de los terribles Aricaguas,
y de los indios que habitaban los Llanos, entre ellos los feroces Jirajaras. Este puñado de hombres,
aprovechando la mano indígena, realizó esfuerzos para mejorar la economía. Además del maíz, iniciaron
el cultivo de algodón para fabricar hilo, telas y mantas. De los ríos vecinos (Santo Domingo y Pagüey)
extraían peces. Tan precarias eran las condiciones de la ciudad que el mismo fundador, el capitán Juan
Andrés Varela (al transcurrir algunos meses), decidió abandonarla y dejar de ostentar el cargo de capitán
general y teniente de gobernador de la Provincia del Espíritu y Alcalde Mayor de la ciudad de Altamira
de Cáceres. De igual modo algunos de los “primeros” pobladores empezaron a abandonar sus encomiendas
como es el caso de Don Francisco de Villalpando, quien el 30 de octubre de 1577, renunció de manera
formal a los derechos que se le habían concedido sobre 17 casas de indígenas. El clima llanero no les
sentaba bien a los nuevos amos, la mayoría migraba a Mérida, que ostentaba un clima más templado y
tierras muy fértiles para la agricultura. Con los años, el mestizaje fue haciendo que las primeras
comunidades indígenas de Barinas fueran desapareciendo, dando paso a un hombre que no era ni español
ni indígena, sino un legítimo llanero barinés. ¡Saludos!