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La naturaleza puede explicar el enigma del


asteroide que parece una nave espacial
Casi dos años después de su descubrimiento, Oumuamua sigue planteando muchas
incógnitas sobre los visitantes interestelares

Reconstrucción del asteroide Oumuamua ESO

NUÑO DOMÍNGUEZ

2 JUL 2019 - 08:06 CEST

El 19 de noviembre de 2017 un telescopio en la cima de un volcán hawaiano detectó un visitante


inesperado. Era un cuerpo estrecho y alargado que viajaba a unos 95.000 kilómetros de velocidad
dando vueltas como si fuera una hélice. Era el primer cuerpo llegado de fuera del sistema solar del que
se tenía constancia. Dos años después, un equipo de 14 astrónomos de varios países ha recopilado
todos los datos existentes sobre este objeto en un estudio que intenta aclarar su origen.

“Nunca hemos visto nada parecido a Oumuamua en el sistema solar y el cuerpo sigue siendo un
misterio”, reconoce en una nota de prensa Matthew Knight , astrónomo de la Universidad de Maryland
y coautor del estudio, publicado hoy en Nature Astronomy.
El apodo de este objeto interestelar significa explorador en hawaiano. Tres días antes de ser
descubierto, alcanzó su punto más cercano a la Tierra, unos 23 millones de kilómetros. Venía en la
dirección de Vega, la quinta más brillante en el cielo nocturno, y debido a su velocidad y trayectoria
solo se lo pudo observar durante unos días. Esto fomentó las especulaciones de varios astrónomos, que
propusieron que tal vez Oumuamua era un objeto fabricado por una civilización alienígena más allá de
nuestro sistema solar y enviado en una misión de reconocimiento.

Oumuamua es un cuerpo alargado y estrecho como un misil, de unos 200 metros de largo por 40 de
ancho, y de color rojo, como otros asteroides o cometas conocidos dentro del sistema solar.
Presentaba algunas otras características nunca vistas a las que se aferraban aquellos que querían darle
un origen sobrenatural. La más llamativa era que parecía estar aumentando de velocidad a medida que
recorría su órbita. Esto es común en los cometas, pero ninguno de los telescopios que lo observó captó
rastros de una cola o estela de gases. Un año después de su paso, dos astrónomos del Centro de
Astrofísica Harvard Smithsonian especularon que Oumuamua era una vela solar de fabricación
alienígena.

“La hipótesis de la nave extraterrestre es interesante”, dice Knight, “pero nuestro análisis sugiere que
todas sus características pueden explicarse por fenómenos naturales”. El principal impedimento para
que el cuerpo sea una vela solar es que este tipo de objetos deben ser planos y permanecer orientados
al Sol, lo que no se cumple en este caso, según el nuevo estudio.

Lo más probable es que Oumuamua sea un objeto “joven” que se formó hace menos de 2.000 millones
de años, resalta el nuevo trabajo. En comparación, nuestro sistema solar se formó hace unos 4.500
millones de años. Para los autores del estudio lo más plausible es que este cuerpo sea un amasijo de
polvo, hielo y roca formado en el disco protoplanetario que existe en torno a muchas estrellas. En el
sistema solar este tipo de fragmentos se fueron juntando para formar planetas, pero también es
probable que alguno salga despedido por la atracción gravitatoria de otra estrella cercana o el empuje
de planetas gaseosos del tipo de Júpiter. A pesar de que su origen alienígena es descartable, los
autores del trabajo reconocen que Oumuamua deja muchas preguntas por responder, entre ellas cuál
es el sistema solar del que procede.

“Yo apostaría a que este objeto se creó por procesos naturales que aún necesitamos entender y que
difícilmente podamos desentrañar con los pocos datos obtenidos”, opina Javier Licandro, investigador
del Instituto de Astrofísica de Canarias. “Una posibilidad es que se trate de un objeto con una densidad
media inusualmente baja, que por tanto pesa poco y presenta un área grande de exposición a la luz
solar. En ese caso la presión de la propia radiación solar podría darle el empuje necesario para producir
una aceleración como la observada. No conocemos objetos naturales de este tipo con densidades tan
bajas como las que se requieren, pero eso no quiere decir que no existan”, detalla.

Los autores del estudio señalan que parte de las dudas pueden quedar despejadas cuando se
descubran nuevos visitantes interestelares gracias a instrumentos como el Gran Telescopio para
Rastreos (LSST, en inglés), que comenzará a operar desde Chile dentro de tres años. “Es posible que
entonces comencemos a ver un objeto de este tipo cada año”, razona Knight. “Si vemos 10 o 20 objetos
y ninguno se parece a Oumuamua, entonces tendremos que reconsiderar nuestras hipótesis”, concluye.

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