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Pablo en

Atena

Este folleto contrasta la presentación de Pablo de la


resurrección a los griegos en Hechos 17 con aquellos en la era
moderna que quieren ubicarla en un marco filosófico ajeno.

Pablo En Atena
Cornelius Van Til
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Cuando Pablo y Bernabé llegaron a Listra y realizaron el milagro de curación del hombre
invalido desde el nacimiento, los habitantes querían adorarlos como dioses. Ellos llamaron a
Bernabé, Júpiter, y Pablo, Hermes, pues éste era el orador principal. Entonces " Cuando lo
oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud,
dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres
semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo,
que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha
dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin
testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de
sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron
impedir que la multitud les ofreciese sacrificio. Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y
de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera
de la ciudad, pensando que estaba muerto. "(Hch 14.14-19).

Tenemos aquí un verdadero contraste entre ser adorado como un dios y ser apedreado hasta
ser dado como muerto. ¿Qué preferirías? Pablo preferiría ser apedreado hasta la muerte, si
es necesario. Él estaba dispuesto, por lo menos, a seguir el camino necesario, en vez de ser
adorado como dios.

Pablo conocía sólo dos clases de personas: los que adoran y sirven al Creador y los que
adoran a la criatura y le sirven más a ella que al Creador. Hubo un tiempo en que adoró a la
criatura y la sirvió; sin embargo, en el camino hacia Damasco, aprendió a adorar y servir al
Creador. En eso residía su conversión. Hacer que los hombres adoren al Creador y le sirvan a
él en lugar de la criatura - en eso residía su misión post-conversión. Él conoció el odio de los
que adoraban y sirven a la criatura, contra los que adoraban al Creador y le servían. Este
odio lo impulsó a ir a Damasco a encontrar y arrestar a quien pertenecían al "Camino", los
siervos del Creador. Él estaba preparado ahora para ser víctima, si es necesario, en vez de
perseguidor. Es necesario, a toda costa, demostrar a los hombres la tontería de adorar a la
criatura; la cuestión entre los dos tipos de adoradores no debe ser confundida.

En cierto sentido, la historia de la predicación de Pablo en Listra puede ser considerada típica
de todo su método y de su actitud cuando predicaba el evangelio a los adoradores de la
criatura. Él se encontraba con ellos dondequiera que fuera: sinagogas, el mercado, los
templos, entre religiosos e irreligiosos, instruidos y no instruidos, epicureos y estoicos, así
como entre los hombres en las calles: naturalistas y sobrenaturalistas igualmente.

Pablo apelaba al corazón del hombre natural, independiente de la máscara que ellos
utilizaran, exigiendo que se arrepintieran de la futilidad de la adoración a la criatura en favor
de la riqueza de la adoración del "Dios vivo". El Dios vivo había aparecido a él en el camino a
Damasco. Él le apareció como la segunda persona de la Trinidad, por medio de quien el
mundo fue creado y aún era sostenido. Él, el Dios vivo, se apareció a Pablo como quien vino
al mundo para morir por los pecados de los hombres, a causa de la adoración que ellos
prestaban a la criatura, y no al Creador. Él aprendió que nadie era capaz de adorar al
Creador y servirle a menos que adorase y sirviese solo a Jesucristo como Señor. Este Jesús era
Dios. Él era el Creador y el gran benefactor al conceder a los hombres el perdón de los
pecados por haber adorado a la criatura. Así, Pablo estaba decidido a no hacer nada conocido
entre los hombres a no ser Jesucristo, y éste crucificado. Y ese Jesucristo crucificado fue
resucitado de entre los muertos por el poder de Dios, el Creador. Siendo Dios, Jesús poseía
poder para entregar su vida y también para retomarla. En resurrección, por medio del poder
del Creador, él presentó ante los hombres la evidencia más clara posible de que, quien
continuase sirviendo a la criatura y la adorase sería, finalmente, condenado por el Creador
que se había convertido en su Juez (Hch 17.31). ¿Los hombres han de negar y desafiar la obra
del Hijo de Dios en su muerte y resurrección? Si lo hacen, ellos se encontrarán con él como
su Juez. ¿Se rehusarán a arrepentirse de su pecado de adoración de la criatura cuando son
convocados al arrepentimiento? Sepan entonces, que su juicio y su condena se acercan tan
seguro como que su conciencia los condena cuando sirven a la criatura. Nadie puede ser
confrontado con la realidad de Cristo y su resurrección y no tener la propia consciencia
afirmando estar cara a cara con su Juez.

Habiendo meditado en todo esto en el largo período de su preparación para la obra


apostólica, el apóstol Pablo estaba plenamente determinado a nunca entregar su mensaje
entrelazado de modo sutil con las de los adoradores y siervos de las criaturas. Él prefería ser
apedreado, no adulado. Él rasgaría sus vestiduras y diría a los hombres que no confundieran
su mensaje con el de los sacerdotes de Júpiter, con el Ser Supremo de Platón, o el
"Pensamiento que piensa en sí mismo" de Aristóteles.

¿Pero en qué momento Pablo se refirió al dios de Platón o al dios de Aristóteles? ¿No era él,
hasta donde sabemos, más favorable al, "Monoteísmo" de los griegos que al politeísmo de las
religiones populares? ¿En cualquier caso, no estaba más dispuesto y favorable al
"monoteísmo" de los estoicos encontrado en Atenas? ¿No había suavidad en el discurso de
Pablo No parecía rasgar, aunque en su interior, sus ropas al mismo tiempo que pedía que los
hombres no hicieran esas cosas? ¿Su mensaje en el Areópago no fue más blando que a las
personas comunes en el mercado? ¿O se encontraba temeroso de las autoridades que
podrían prohibir su predicación o incluso lanzarlo en la cárcel? La respuesta es que la actitud
de Pablo al respecto de los adoradores de la criatura fue, en Atenas, la misma de Listra.
Además, para él, el "monoteísmo" de los filósofos griegos, incluso de los estoicos, aún
significaba adorar más a la criatura que el Creador, Pablo vio las muchas futilidades de
Atenas, la ciudad de los filósofos. Él se turbó en su espíritu porque la ciudad estaba
totalmente entregada a la idolatría. Y cuando se le pidió hablar ante la inteligencia de la
ciudad, él no dijo que lo veía como un pueblo común de la ciudad que era un tanto religioso o
supersticioso - el pueblo que jamás había oído hablar del Pórtico, o de la Academia, y nada
sabía sobre él, "Principio racional" que, de acuerdo con los estoicos, permeaba a todo el
mundo. Él sabía que todos los hombres son, por haber sido creados por Dios, bastante
religiosos, y que todos los hombres son, por causa del pecado, muy supersticiosos. Pablo
sabía que esto ocurría entre instruidos e iletrados. Él sabía que incluso los epicúreos, que
profesaban la incredulidad en cualquier dios y probablemente rechazaban la idea de erigir un
altar a algún dios -al dios supuestamente conocido o reconocido como desconocido-, no
obstante, podrían ser representados1 por ese altar al dios desconocido.

De modo independiente de la razón de Pablo destacar el altar al Dios desconocido (y no los


altares de los dioses conocidos) como evidencia de la religiosidad de esos hombres, con
certeza él no lo hizo por apegarse al sistema de pensamiento que algunos de ellos
profesaran.

En particular, desde el punto de vista de Pablo, sería tan imposible apegarse a la doctrina del
dios desconocido tanto como a la doctrina de los dioses por ellos conocidos. Y eso por el
hecho de que la doctrina del dios desconocido también está involucrada en las doctrinas de
los dioses conocidos.

La esencia del pensamiento griego era la suposición de que todos los entes son, en el fondo,
un solo ser; todo cambio procede de alguna forma de emanación de ese ser único y es, por lo
tanto, último como el Uno; y que de alguna forma toda la multiplicidad final existe debido al
cambio final del nuevo retornar, al final, al Uno. Por lo tanto, todos ellos eran monistas;
hablaban del todo de la realidad sin distinguir al Creador de la criatura. Todo es agua, todo es
aire, todo es cambio o nada cambia. Toda verdad acerca del mundo era, para ellos, también
verdad para el dios o dioses más allá del mundo. Sin embargo, ellos también eran, al mismo
tiempo, pluralistas en sentido final. En la medida en que accedía a cualquier cambio, ese
cambio era definitivo. Si hubiera alguna libertad, esa libertad era del mismo tipo para dioses
y hombres; si hubiera acaso, dioses y hombres estaban igualmente sujetos a él.

En su modo de pensar, por lo tanto, no había lugar para lo sobrenatural - en el sentido del
término para Pablo. La manera de pensar de ellos era exclusivamente inmanentista;
siguiendo a Adán y Eva, ellos buscaban actuar sin Dios; en su sistema de pensamiento, no
había lugar para Dios, el Creador.

Ellos estaban seguros de que el Dios predicado por Pablo no existía, ni podría existir. Como
consecuencia, también estaban seguros de que Pablo no podía "anunciar" ese Dios a ellos.
Nadie podría conocer a un Dios como el creído por Pablo.

Pero el apóstol sabía que, por el contrario, todos los hombres en el fondo conocen a Dios, el
Creador. Todos los hombres se reconocen criaturas de Dios, violadores de la ley. En el fondo
saben que sus sistemas, según los cuales Dios no puede existir, son racionalizaciones para
buscar suprimir el hecho de su responsabilidad como criaturas de Dios. Los propios sistemas,
por lo tanto, no pueden satisfacerlos. Sin embargo, como pecadores, no pueden abandonar
estos sistemas. Los sistemas son como máscaras que necesitan poner en la cara no sólo para
la "noche de presentación”, sino que la han puesto de modo que nunca más sean capaces de
quitárselas. Así, ellos intentan pulir y remodelar esas máscaras de forma consecutiva; había
ajustes de varios tipos. Y el estilo particular de máscaras en uso en el tiempo en que Pablo
llegó a Atenas, por lo que pudimos aprehender con los historiadores seculares de la filosofía,
era una bella mezcla de todas las escuelas filosóficas anteriores. En la mezcla había una
generosa tolerancia para lo que consideraban "lo divino" y "lo sobrenatural". Los hombres
eran muy religiosos. Los epicúreos, sin duda, eran considerados extremistas. Incluso entre
los instruidos era de buen tono reconocer que había más cosas en el cielo y en la tierra de las
que ellos soñaban en su filosofía. Creían en el "universo misterioso"; por lo tanto, estaban
dispuestos a abrir un lugar para "lo desconocido". Pero, "Desconocido" debe considerarse
extremadamente incognoscible e indeterminado.

Según los griegos había dos conceptos acerca de lo "sobrenatural", uno de ellos era
reconocido de buen grado, de acuerdo con la costumbre y el estilo del tiempo; el otro
concepto, a su vez, no era reconocido ni podría serlo. Ellos se alegraban en reconocer el
hecho de que el universo es misterioso, que la "ciencia" no cubre toda la realidad. Incluso
estaban dispuestos a reconocer que eso es tan misterioso que nadie puede saber su
significado.

Llegaron a la conclusión de que el hombre, siendo finito, no puede conocer el universo


infinito (incluyendo el propio hombre). El infinito, concluyeron, era "totalmente diferente"
de cualquier cosa hasta entonces conocida. El infinito no poseía calidad. Si no fuera
desprovisto de calidad, no sería infinito. La idea del infinito como ápeiron - totalmente
privado de calidad -, consistió en la concomitancia necesaria de la idea del universo conocido
por el hombre en términos humanos.

Por lo tanto, había también dos tipos de autoridad: uno reconocido con alegría y uno que no
podrían relacionarse ni lo haría, sobre la base de su sistema.

Ellos reconocían con alegría la autoridad de los expertos, en cualquier campo, que habían
participado en experimentos especiales y realizaron investigaciones especiales en una región
u otra; ellos oirían a Pablo de buen grado hablar también sobre religión, como se alegrarían
en escuchar a Einstein disertar sobre la relatividad. Si quisiera hablar con ellos sobre alguna
experiencia con el "reino noumenal", o si deseaba contarles de algún Einfühlung2 [empatia]
por las Heilige 3 [lo Sagrado], ellos estaban perfectamente dispuestos a la audición; de todos
modos, ellos se sentían fatigados y no tenían esperanza que nada realmente nuevo surgiera.
Pero ellos no oirían a Pablo si se acercaba con autoridad absoluta y alegaba hablar de lo que
sabían ser inherentemente incognoscible. ¿Quién pensaba que era? ¿Acaso no era un ser
humano como ellos mismos? ¿No estaba sujeto a las mismas limitaciones?

Ellos estaban un poco dudosos, digamos, por lo que oyeron decir a Pablo, en el mercado (á
ágora), sobre Jesús y la resurrección. Sin embargo, no se trataba de un predicador avivalista
común; por lo tanto, querían oírlo. Vamos a llevarlo lejos de la muchedumbre y pedir que
nos esclarezca lo que quiere decir con Jesús y resurrección. Quién sabe si la resurrección
existe. Después de todo, Aristóteles nos habló de monstruosidades, ¿no? Aparentemente hay
una medida de azar (accidental) en la realidad. Y si hay estos accidentes en algún lugar, la
historia es el reino en que se asoman. Así, puede ser que ese hombre tenga algunas cosas
extrañas para contarnos. Tenemos un auditorio en el que hay un espacio vacío. Sin embargo,
Pablo les habla sobre Jesús y la resurrección de una manera que no esperaban. Él estaba
decidido a no saber nada salvo Jesucristo y este crucificado. El apóstol quería hablar sobre el
Dios vivo, el Creador y gobernante del universo y de la humanidad. Él quería que fueran
convertidos del culto al hombre, hacia el culto a Dios; quería que se hicieran cumplidores del
pacto, no transgresores. Así, Pablo hizo lo equivalente a lo que había hecho en presencia de
los hombres en Listra. Una vez más rasgó las vestiduras, pero ahora en sentido figurado.

Nuevamente dijo con efecto: "Señores, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué buscan tejer la
resurrección de Jesucristo en el patrón de su forma de pensamiento inmanentista? He venido
para anunciaros que se vuelvan de esas vanidades hacia el Dios vivo. Ustedes mismo
admiten que la realidad es misteriosa. Poseen muchos altares a dioses que imaginan conocer
y, entonces, tienen un altar a un dios que dicen desconocer. ¿Pueden mostrarme cómo hacen
que este tipo de visión sea inteligible para sí mismos? ¿Cuál es la relación entre los dioses
que dicen conocer y el dios o dioses que no conocen? ¿No es la misma realidad, el mismo
universo que dicen al mismo tiempo ser totalmente incognoscible y también totalmente
cognoscible? Si hay algo en el universo que, en su sistema, es totalmente incognoscible, y si
eso es totalmente incognoscible ¿tiene influencia para el bien o mal sobre lo que dicen
conocer, entonces ustedes conocen algo de hecho? ¿Por qué no destruir todos los altares a los
dioses que, según afirman, no pueden ser conocidos? Bajo su base, es imposible saber algo a
menos que sepan de todo, y puesto que admite no saberlo todo, deberían admitir que toda su
actividad religiosa es un procedimiento irracional. Y lo que es verdad con respecto a su
religión es verdad también con respecto a su ciencia. Usted no sabe lo que es el agua, la
tierra, el aire y el fuego. Apelan a un principio común por encima de todos ellos, del cual
proceden como una fuente común. Pero entonces, que es una fuente común, como
Anaximandro dijo, no tiene ninguna calidad positiva.4 Debe ser desprovista de calidad a fin
de estar verdaderamente más allá y, por lo tanto, común (a todos los demás elementos); y
cuando está verdaderamente más allá y, por lo tanto, sin cualidades, no puede servir como la
explicación de cualquier cosa que posea calidad en el mundo que ustedes sostienen conocer.

Su adoración es, por lo tanto, pura ignorancia, una ignorancia mucho más profunda de lo
que están dispuestos a admitir y son capaces, sobre la base de sus presupuestos. Con base en
su sistema, no hay conocimiento alguno; no hay nada, sino ignorancia.

Pero peor que eso, la ignorancia de ustedes es más profunda de lo que imaginan; es de un
carácter totalmente diferente de lo que suponen. Es ética, y no metafísica, en el carácter.
Ustedes se excusan por la ignorancia basada en el hecho de que son seres finitos y el mundo,
infinito. Y erigir un altar a un dios que describen como desconocido. Bien, Dios, el verdadero
Dios, no es, en modo alguno, desconocido al hombre. No es desconocido de ustedes. No es
más es que falsa modestia cuando hablan de inclinarse con reverencia ante el universo
misterioso. Por supuesto, el hombre finito no puede conocer todas las obras maravillosas de
Dios. Pero el hombre puede saber, y de hecho sabe, que Dios, su Creador, existe. El hombre
puede saber, y de hecho sabe, que Dios es el Dios vivo - no sólo el Creador originario, sino
también el controlador y benefactor generoso de la humanidad. Él no está lejos de ninguno
de nosotros, sus criaturas. ¿No nos hizo él conscientes de nosotros mismos sólo en la medida
que estamos conscientes de él como nuestro Dios y Juez? Su propia conciencia responde "sí"
a lo que dije.

Admitan que es sólo porque buscan esconder el verdadero estado de las cosas acerca de sí
mismos que ustedes erigieron ese altar al dios desconocido.

Están tratando de convencerse a sí mismos de que han hecho justicia a las demandas de Dios
por haber reconocido sólo vagamente que hay algo que les es superior, que Dios es mayor y
mejor que ustedes. Pero cuando reconocen de esta manera a Dios como mayor y mejor,
todavía lo traen al nivel de la criatura. Todavía adoran a la criatura y sirven a ella más que al
Creador. El Dios que adoran se encuentra envuelto así mismo en el cosmos y es, por lo
tanto, dependiente de sus leyes. Él necesita su adoración; no es soberano sobre todos, pero
dependiente de todos. ¡Qué ignorancia, qué ignorancia culposa, que ignorancia increíble para
los que se dicen filósofos y pretenden saber lo que la gente no sabe!

Pero hay esperanza; hay esperanza por medio del arrepentimiento. Estoy aquí para decirles
del camino de escape; no soy un filósofo. No estoy hablando de monstruosidades y cosas
inconcebibles cuando hablo de la resurrección. Hablo del Dios Creador que, en Jesús de
Nazaret, vino a la tierra para morir por los pecados de los hombres, y fue resucitado para su
justificación. Por medio de él hay perdón para los pecados de ustedes, para los hombres de
todas las clases, para hombres comunes, para filósofos y sabios, también. Sin embargo, para
recibir este perdón, deben aceptar este mensaje bajo la autoridad de Dios mismo. Por tanto,
vengo a decir lo que, por medio de su sistema, jamás Sabrían. He venido para decirles que
sus sistemas no sólo son inadecuados en el sentido de que no cubren todas las cuestiones
que los hombres deben indagar, sino que son pecaminosos porque excluyen a Dios. La ira de
Dios está sobre ustedes, filósofos, sobre ustedes, científicos, sobre ustedes, hombres
monoteístas así como sobre ustedes que son pluralistas, sobre ustedes que reconocen lo
sobrenatural así como quienes no lo reconoce, sobre ustedes que erigieron el altar a los
dioses desconocidos y sobre ustedes que levantan altares a los dioses conocidos. Ustedes me
oyeron anunciar a Jesús y a la resurrección en el mercado (ágora). En este momento, su
petición, presento el contexto de esta predicación. Y este contexto es de absoluta
importancia. Proporciona sentido para el hecho de la resurrección. Sin el contexto, la
resurrección sería una monstruosidad que ustedes podrían entretejerse en el patrón de sus
perspectivas inmanentista. Por favor, no interpreten, de este modo, la resurrección. Yo les
enseño una filosofía de la historia en la que no hay monstruosidades. El Jesús que murió y
resucitado de entre los muertos murió para quitar los pecados de los hombres que en él
creen y confían. Naturalmente, los que no creen ni confían en él serán, más tarde, castigados.
Porque Él es Dios, él es el Creador y el Controlador de las leyes del universo; es el Dios vivo
para siempre. El regresara de nuevo, de modo especial, para juzgar, cómo vino una vez en el
pasado, para redimir. Él vino al mundo para que pudieran ser salvos los que debían creer en
él, y pudieran ser condenados los que no debían creer en él; por lo tanto, vendrá de nuevo
como prometió a los apóstoles cuando ascendió al el cielo; vendrá, por segunda vez como
Juez de los hombres, para juzgarlos por medio de la verdad que es él en sí mismo.

Por lo tanto, ¿No te arrepentirás y te inclinarás a él ahora? Besa al Hijo para que no se enoje
contigo en el día del juicio. En ese momento, los hombres que oyeron a Pablo sabían que él
no quería decir la misma cosa que sus poetas cuando afirmaron que los hombres viven, se
mueven y existen en Dios, y que los hombres son la generación de él. Los estoicos querían
con tales expresiones afirmar que los hombres eran esencialmente parte de una pieza con
Dios: los hombres son, en virtud de sus intelectos, participantes en la deidad, dijeron. El
intelecto del hombre como participante en la deidad no puede pecar. El intelecto del hombre
puede cometer errores porque es finito, pero no puede estar equivocado en sus propósitos.
Así, Pablo les anuncia que si sus poetas dijeron algo cierto, al menos en una medida relativa a
las palabras; sin embargo, deberían haber colocado en esas palabras un significado diferente.

Si han dicho algo verdadero y correcto, lo han dicho a pesar de que sus sistemas no son
correctos. Ellos no podrían decir lo que es correcto de acuerdo a sus sistemas, pero sólo a
pesar de ellos.

Esto ocurrió cuando Pablo proclamaba la estructura del universo y les anunció el Dios
conocido en su conciencia, pero desconocido según los sistemas por ellos profesados: el
Creador y Gobernador del universo. Ellos podrían incluso afirmar la verdad acerca de partes
del mundo o de todo el mundo. Pero esto podría decirlo sólo de forma accidental. Dicho de
otro modo, estaría en conformidad con lo que ellos, bien en el fondo de su corazón, sabían
que era verdad a pesar de sus sistemas. Era la verdad que ellos buscaban encubrir mediante
los sistemas que profesaban, que les permitía, como filósofos y científicos, descubrir la
verdad. ¿Se apegó Pablo, por un instante siquiera, a lo que los estoicos querían decir cuando
hablaban del hombre como generación de Dios? No más de lo que se apegaría, a aquello que
pretendían, los constructores del altar al dios desconocido. Si él se apegara a uno también se
apegaría al otro.

Ambos estaban involucrados entre sí, y si Pablo se apegara a uno, ya no podía anunciar a
Jesús y la resurrección.

Jesús y la resurrección presuponen la doctrina de la Creación. Jesús y la resurrección


implicaban la doctrina del juicio futuro. El Hijo de Dios que creó el mundo, que murió y
resurgió de entre los muertos en su naturaleza humana, que había de venir como juez de los
hombres al final de la historia del mundo. No sería este Jesús ni esta resurrección que Pablo
predicaba si lo predicaba ( a Cristo) en conformidad con el sistema de origen o destino
sostenido por cualquiera de las formas de la filosofía helenista de la época. ¿Como la
resurrección podría ser predicada como evidencia de la venida del juicio y, por lo tanto, como
evidencia de la condenación futura de los que no creyeron ni confiaron en él, si el universo es
completamente uno y los dioses y los hombres están sujetos a sus leyes? ¿Cómo Pablo podría
comunicar a los griegos la resurrección de Cristo si no ponía la resurrección ante ellos en la
estructura teísta de referencia presentada en la Biblia a fin de distinguirla de las
"monstruosidades" de la filosofía griega?

Entonces, debemos concluir que, incluso en Atenas, Pablo hizo casi lo mismo que había
hecho en Listra: desafió la sabiduría del mundo. Él lo hizo más tarde en la Primera Carta a
los Corintios cuando dijo: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el
disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la
sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a
los creyentes por la locura de la predicación."(1 Corintios 1:20-21).
¿La Iglesia de Cristo procede así hoy, y actuamos de esa forma en la actualidad? ¿Estamos
realmente deseosos de nada saber a no ser Jesucristo y este crucificado? ¿Estamos realmente
ansiosos de anunciar a Jesús y la resurrección y el Dios vivo a los hombres? ¿Queremos
instar a todos los hombres en todas partes a que se arrepientan y vean en la resurrección la
evidencia de su condenación eterna a no ser que se arrepientan?

Así, sin duda, debemos hacer lo que Pablo hizo, rasgar nuestras vestiduras cuando los
hombres tejen nuestros mensajes en los sistemas de pensamiento idealizados por ellos.
Debemos situar el mensaje de la cruz en la estructura en que Pablo la colocó. Si no lo
hacemos, entonces no estaremos anunciando de modo real y pleno a Jesús y la resurrección.
Los hechos sobre Jesús y la resurrección son lo que son sólo en la estructura de las doctrinas
de la creación, providencia y consumación de la historia en el juicio final. Nadie es capaz de
encontrar esa estructura, a menos que sea convertido de otra estructura por medio del
propio hecho de la muerte y resurrección de Jesús ser aplicado a sí mediante el Espíritu
Santo y su poder regenerador. Es necesario el hecho de la resurrección para percibir la
referencia apropiada, y es necesaria la referencia para percibir el hecho de la resurrección;
ambos son aceptados bajo la autoridad exclusiva de las Escrituras y por medio de la obra
regeneradora del Espíritu Santo. Por lo tanto, las medidas incompletas no son suficientes; el
único método satisfactorio es el que desafía la sabiduría del mundo a través de la sabiduría
divina.

Volvamos a algunos que afirman creer o traer el mensaje cristiano a los hombres de hoy,
pero que todavía desean vincular el mensaje de Cristo y la resurrección a la estructura
general de la especulación filosófica en la que no encaja.

El reciente folleto titulado Cristianismo y razón5 es similar a otro pequeño libro, de hace unos
años, llamado The Christian Answer [La respuesta cristiana]. El objetivo de los dos libros es
hacer aceptable el cristianismo a sus despreciadores culturales. Uno de ellos, de acuerdo con
el dr. Theodore M. Greene, es el profesor Walter Stace que escribió un artículo en el Atlantic
Monthly de septiembre de 1948 con el título "Man Against Darkness" ("El hombre contra las
tinieblas"). De acuerdo con Stace, está comprobado que el universo no tiene sentido. La
ciencia demuestra que el hombre no necesita más construir ningún altar para el dios
desconocido. Él sabe que los dioses no existen, por lo menos no hay dioses buenos que
recompensan el bien. En contra de esta tesis, Greene intenta probar que "la ciencia, en su
sentido estricto, no puede probar ni desaprobar a Dios, la bondad o la belleza. Ella no tiene
nada que decir sobre estas cuestiones".6Si la asunción de Stace fuera verdadera -toda
experiencia es de naturaleza sensorial-, entonces su conclusión sería correcta.

"Pero lo que nos impide ser realmente empíricos y, al mismo tiempo, creer que las
experiencias morales y religiosas del hombre -que no son menos coercitivas, vívidas,
compartidas y racionalmente interpretables que sus experiencias sensoriales - proporcionan
contactos adicionales con la realidad e indicaciones adicionales a su naturaleza".7 Greene
argumenta sobre la posibilidad plena de alcanzar la "dimensión moral y religiosa de la
realidad "por medio del método verdaderamente científico. Él considera posible abogar con
inteligencia que "el hombre puede, en alguna medida, conocer a Dios".8 Y también justifica el
concepto de autoridad en la religión como totalmente apropiada al asunto. Pero en todo esto
es muy cuidadoso en mantener los pies en el suelo a medida que piensa. Concuerda
totalmente con Stace que la ciencia no dice nada sobre Dios. E insiste con cuidado que
cualquier cosa que el ministro religioso pueda desear decir acerca de Dios y de la religión
debe concordar con lo que la ciencia ya declaró al respecto del universo, aunque la ciencia no
diga nada sobre Dios. "Por lo tanto, la posición que defiendo no es anticientífica; se
compromete a confiar en las evidencias científicas y en la plena incorporación de
interpretaciones de la naturaleza científicamente probadas y aceptadas.9 De ese modo, por lo
tanto, el presunto defensor de la religión se certifica que no habrá ningún anuncio de Jesús y
de la resurrección a la manera de Pablo, al menos en la medida en que pueda evitarlo.
Aunque se predique el hecho de la resurrección, él debería ser reducido, de acuerdo con
Greene, al ejemplo repetible de una ley con la que el científico puede trabajar con base
apenas en los principios inmanentistas. Es un predicador laico de la religión, aunque afirma
"no hay necesidad de que el hombre vacile en el crepúsculo", deja el hombre sin ningún
llamado al arrepentimiento, sin ninguna confrontación con Jesús y la resurrección. El
adorador de la criatura se deja sin un desafío.

John Wild, en el mismo libro, trata sobre la presente relevancia de la teología católica,
sostenida por teólogos de la tradición anglicana. Él habla de un.

"Fuerte sentido de la realidad trascendente". De la misma manera, discurre acerca del Dios
absconditus [Dios oculto], pero, nuevamente, el Dios absconditus debe cerciorarse de no
afirmar nada desconforme con el realismo desarrollado por el naturalismo pautado en el
método aristotélico. Jesús y la resurrección - piensan ellos -, sin duda debemos tenerlos por
todos los medios, pero por todos los medios sólo como una monstruosidad, no como algo que
requiere conversión por parte del enfrentamiento con eso. George F. Thomas, profesor del
área del Pensamiento Religioso en la Universidad de Princeton, desea defender la idea de la
religión y el conocimiento de Dios. Sin embargo, busca hacerlo valiéndose del empirismo
que, en cierto modo, es más suave y modesto en sus alegaciones que el teísmo de Tomás de
Aquino. Este profesor anhela construir un altar al Dios desconocido, pero insiste, como Wild,
que ese Dios jamás debe presumir en hablar con absoluta autoridad a los hombres. En el
máximo, debe utilizar la autoridad del especialista.

En el caso concreto, los escritores de ese volumen, como los autores de The Christian
Answer, tienen el cuidado de sostener que sus afirmaciones acerca de Jesús y de la
resurrección deben ser analizadas por una estructura no teísta que destruye su sentido y el
sentido desafío a la conversión. Al oír lo que dicen estos hombres, nadie se sentirá obligado a
indagar a sí mismo si está listo para el encuentro con su juez.

¿Qué decir entonces de los teólogos dialécticos? ¿No presentan el hecho de Jesús y de la
resurrección como un desafío a la conversión? ¿Barth no rechazó con vigor la idea de
Brunner - cuando éste sugirió que el cristiano debe hacer su religión inteligible para la
conciencia del tiempo? ¿Él no escribió el panfleto Nein [No] y afirmó que los cristianos
deben vivir pautados por el primer mandamiento?

Por extraño que parezca, Barth es quien más demuestra la imposibilidad de presentar a Jesús
y la resurrección a no ser que lo haga en la estructura presentada por Pablo. ¿Por qué
sucedió? Barth aparentemente proclama a Jesús y la resurrección como un hecho y bajo la
autoridad absoluta de Cristo mismo. Y el teólogo dice a los hombres que no hay condenación
para los que están en Cristo Jesús, los cuales no andan de acuerdo con la carne, sino con el
Espíritu. Sin embargo, añade que todos los hombres están en Cristo Jesús y, por lo tanto,
todos ellos caminan según el Espíritu. Después de todo, ¿de que otro modo podrían ser
hombres? Ningún hombre puede ser consciente de sí mismo sin la conciencia del perdón de
sus pecados en Cristo. La autoconciencia y la conciencia de Cristo están envueltas una en la
otra.

El "no" de Dios, la condenación, por parte de Dios, de los injustos, no puede, en modo
alguno, consistir en su palabra final. Antes, su "sí" es la palabra final.

La negación de Dios -el pecado del hombre contra Dios- es una "posibilidad imposible". Los
hombres pecan contra Dios - por supuesto que pecan contra Dios, todos los hombres lo
hacen -, pero, al pecar contra Dios, ellos están en Dios; ¿de qué otro modo los hombres
podrían estar presentes para Dios? ¿De qué otro modo el niño podría desobedecer al padre
que le da órdenes a no ser en la ¿casa de su padre? ¿Y de qué otra manera podría un niño
dar una tapa en la cara del padre a menos que esté sentado en sus rodillas?

De acuerdo con Barth, la resurrección de Jesucristo garantiza el hecho de que todos los
hombres, a fin de ser hombres, deben estar en él. Así, para Barth, la resurrección testimonia
el hecho de que no habrá juicio venidero en el sentido en que Pablo utiliza la palabra. Él usa
los hechos de Jesús y de la resurrección como evidencias de que los hombres no necesitan
conversión en el sentido mencionado por Pablo; los hombres ya son convertidos cuando son
conscientes de sí mismos como hombres. Y todo esto porque Barth, una vez más, intenta
encajar los hechos de Jesús y de la resurrección en la estructura aceptada por la filosofía
imanentista. Los adoradores y siervos de la criatura no se convocan a servir al Creador y
adorarlo; antes, se les dice que lo que adoran es el objeto apropiado de adoración.

Por lo tanto, ¿cómo el ministro reformado se esquivará de anunciar a Cristo y su


resurrección a partir del modernismo antiguo y nuevo que acabamos de mencionar? ¿Puede
él unirse a los "evangelicos" en esta cuestión? ¿No son la divinidad y la resurrección de
Cristo doctrinas con las cuales todos los cristianos evangélicos y reformados concuerdan?

Para responder a esta pregunta afirmamos, en primer lugar, que todos los cristianos
verdaderos creen en su corazón en la resurrección. Pero no es verdad que todos los
predicadores cristianos verdaderos predican la resurrección de Cristo de la misma manera.

En particular, hay una gran diferencia entre el estilo evangélico y el reformado de anunciar la
resurrección. Los evangélicos acordarán en silencio que los científicos y filósofos no
cristianos interpretan el "reino fenomenal" con corrección mediante sus principios
exclusivamente imanentistas. Ellos, de hecho, lo hacen al decir que quien cree en la
resurrección de Cristo ve más que los científicos y filósofos pueden descubrir. Dicen que la
resurrección apenas abre "los grandes panoramas de la verdad", no incurriendo en los
campos de la ciencia.

En segundo lugar, los evangelistas anunciarán la resurrección no como un hecho


indiscutible, sino como algo creído por los cristianos y algo en que apuestan por la vida, por
razones no objetivas.

En estos dos puntos, los evangélicos, como es su costumbre, hacen concesiones al sentido de
autonomía del hombre natural. En los dos casos, los evangelistas buscan un "terreno común"
con los incrédulos para vencerlos. En ambos casos, los evangelicos comprometen el evangelio
y, en la medida en que lo hacen, frustran sus propios esfuerzos. No puede haber predicción o
discurso pleno sobre la resurrección a menos que toda la estructura del pensamiento no
cristiano sea desafiada. Los cristianos reformados están condenados a ser tentados a la
cooperación con los evangélicos en la exposición de doctrinas que, según dicen, todos los
protestantes tienen en común. Sin embargo, su sistema teológico debe llevarlos a seguir a
Pablo a toda costa.