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DÍA 23

VIDA Y UNIÓN INTERIOR CON MARÍA (LECCIÓN MUY IMPORTANTE)

Lectura del día: Juan 19, 25-27.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás,
y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice
a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

En estas bellas páginas, sin duda alguna, nos uniremos en gran medida a nuestra
muy amada Madre María Santísima. En esta parte se sintetiza toda la esclavitud
que propone Montfort: “Coordinan en nuestro interior su fuerza y su suavidad para
nuestra santificación. El esclavo de Amor, es esencialmente un alma obediente,
filialmente sumiso en todas sus obligaciones: alma que no se resiste, que nunca se
opone a la gracia, que no obstaculiza la dirección de su Soberana. El Santo Espíritu
de María, viene a ser progresivamente, el propio Espíritu del Esclavo de Amor”

Toda la esclavitud Mariana se resume de la siguiente manera: “Obrar por María,


con María, para María y en María” si se actúa de esta manera viviremos la
autentica esclavitud Mariana. Y así: Obrar por Jesucristo, con Jesucristo, para
Jesucristo y en Jesucristo”

Montfort argumenta que el Espíritu Santo obró sin obstáculos en María Santísima,
él se valió de ella para que se hiciera efecto el plan de salvación.

Ella es portadora del Santo Espíritu y en consecuencia nuestra unión con ella nos
garantiza semejante dicha.

OBRAR POR MARÍA.

Significa Obedecer a María Santísima y conducirse según el Espíritu de Dios.


La preposición “POR” en este caso denota el medio de ejecutar algo, el modo de
ejecutar algo, también indica a favor o en defensa de alguien o de algo.

Por consiguiente, obrar por María quiere decir que ella será el medio con que
ejecutemos todo, y al tiempo el modo con que se ejecuten todas nuestras acciones.
Obrar por María significa que ella será mi razón de ser y en esclavitud de amor todo
lo hago por amor ella, no tengo voluntad, todo le pertenece por eso actúo a su favor
y a su defensa. Es el esclavo fiel obediente el que mantiene la docilidad en todo.

El libro de la esclavitud Mariana propone ciertas condiciones indispensables para


que el alma se adiestre dócilmente a María, estas son: “Continua renuncia,
abandono. Renuncia propia, abandono en María.

 Continúa renuncia.

La renuncia es el punto de partida que nos propone nuestro Señor para avanzar en
el camino espiritual, Debido al obstinado apego a nuestra personalidad. Por eso,
debemos recurrir a la renuncia, porque esta va en contra del deseo desordenado
que tenemos dentro. Esto potencia las virtudes.

Actuar “Por María” desde el comienzo de cada acción, exige la renuncia a todo
movimiento natural que se opone a la gracia.

Esta renuncia debe ser inmediata, y sin vacilación. La fuerza de voluntad ha de


aprovechar la gracia de tal forma que pueda captar la luz interior y las santas
inspiraciones que nos llevan hacer el bien. Darle espacios a la tendencia de la
naturaleza sería retroceder en el camino de perfección.

Montfort responde de esta manera «Porque las tinieblas de nuestro propio espíritu
y la malicia de nuestra voluntad, si los seguimos, se opondrían al Santo Espíritu de
María». Humildemente aceptemos este argumento de un maestro en la santidad;
diariamente podemos comprobar interiormente ¡Cuántas cosas, que nos
Avergüenzan y humillan, vamos secretamente de los bajos abismos de nuestra
naturaleza, aún en nuestras mejores acciones!

Nuestra experiencia personal lo confirma diariamente. Es necesario ahogarlos


desde el principio. ¡Qué perjuicio para nuestra alma una mala intención!, si es el
único motivo que nos hace obrar, corrompe totalmente una buena acción. Mezclar
a nuestras acciones sobrenaturales intenciones más o menos contrarias a la gloria
de Dios, es privarnos parcialmente de muchos méritos.

Renuncio a todo por mi Señor, por mi Dios, y en efecto de eso por mi Reina de la
cual soy esclavo y lo hago por amor.

 Entrega y abandono

El abandono es el complemento de la renuncia, entregarse a María es someterse


al Espíritu Santo que habita en ella, que la hace desbordar de gracia. En el espíritu
ella nos moverá según su agrado.

Debe haber alegría al renunciar y al abandonarse, no se debe hacer por molestia


sino por amor. Sería triste actuar de esta manera.

Hacerlo por amor y sin interés nos lanzaría al corazón inmaculado de María, es
preciso entregarse y abandonarse en sus manos virginales, como un instrumento
en manos de un obrero; hay que perderse y abandonarse en Ella, como un bebé
en manos de su madre, el cual depende por completo de ella.

Qué comparaciones tan hermosas y consoladoras, con razón dice el Padre Jorge
Gonzales en su libro: “Nuestra unión, nuestro confiado abandono en Ella, nos hace
sus instrumentos vivos, inteligentes, amorosamente dóciles. Ya no estamos solos
en nuestra acción, la Virgen obra sobre nosotros como Dueña y Señora; le
ofrecemos nuestra perfecta obediencia de esclavos y por ella nos mueve y nos
conduce el Espíritu Santo, el amo interior siempre presente. Su acción y nuestro
consentimiento se fusionan.

Este acto de abandono se hace en un instante y de manera sencilla: por una sola
mirada del espíritu, o un pequeño esfuerzo de voluntad, o aún verbalmente diciendo
por ejemplo: «Renuncio a mí y me entrego a ti Madre querida»” (Esclavitud Mariana
Cap. 6)

Obrar por María quiere decir: obedecerla en todo sin vacilaciones dejarse guiar en
todo por ella, según su agrado confiando absolutamente.

VENTAJAS según Montfort:

1.Conducción por Espíritu Santo: Porque ponerse bajo el Espíritu de María


no es otra cosa que ponerse bajo la dirección de Espíritu de Dios. Este
Espíritu al reinar inmediatamente sobre Ella, reina por medio suyo, sobre
nosotros.

2.Don de la santa Sabiduría: Esta buena Madre presta a los esclavos las
disposiciones de su alma para glorificar a Dios y su espíritu, para regocijarse
en Él. (Esclavitud Mariana Cap. VI).

OBRAR CON MARIA

Significa la imitación; la reproducción del modelo virginal, por eso es necesario


actuar con María, recordemos que la esclavitud nos impulsa a ser como niños
incapaces de valerse por sí mismos. Es preciso actuar con María, declara Montfort,
es sensato en nuestros actos, mirar a María como modelo acabado de toda virtud
y perfección, para así imitarle según nuestra pequeñez.

En consecuencia de esto, obrar con María consiste en la imitación de María, es la


obra perfecta de Dios, modelo virginal hecho para nosotros, la cual nuestra alma es
atraída en amor desbordado por semejante belleza y perfección.

María es imagen perfecta de Jesucristo. Se desprenden dos componentes muy


importantes

1. La imitación de María.

2. La unión de María con nuestros esfuerzos.

 imitación de las virtudes de María

María Santísima es la obra acabada y perfectísima de Dios, es natural que este


modelo de perfección y de seguimiento a Jesucristo sea imitado. Así como un niño
ve en su madre un modelo perfecto de imitación.

Aquellos que miran a María como modelo en la práctica de todas las virtudes, están
seguros de:
Alcanzar la perfección cristiana y Cumplir la voluntad divina. En efecto, María que
es nuestra Madre es capaz de avivar en nosotros, ese efecto de admiración que
nos lleva a imitarla en todo, ya que por el bautismo fuimos llamados a la vida
sobrenatural y confirmados en la gracia; María obra mejor en nosotros que las
madres naturales.

Es conveniente analizar en cada acción, cómo lo hizo María o cómo lo haría si


estuviese en nuestro lugar. En ese sentido, es beneficioso ofrecer en todo acto sus
mismas intenciones sobrenaturales.

En síntesis, se deben imitar todas las virtudes de María, especialmente las que
propone Montfort:

"Su Humildad profunda, Fe viva, Obediencia ciega, Oración continua, Mortificación


universal, Pureza divina, Caridad ardiente, Paciencia heroica, Dulzura angelical y
Sabiduría divina. Estas son -dice Montfort- las diez principales virtudes de la
Santísima Virgen" (TVD 108).

 Humildad Profunda: María Santísima es la creatura más humilde que ha


existido en toda la historia, su humildad es tan profunda que llega a ser la
esclava del señor.

Su conturbación ante el saludo del ángel es propia de los humildes, su silencio y su


vida oculta demuestran su extrema humildad.

 Fe Viva: Le dice Santa Isabel a María Santísima “Dichosa tu que has creído”
no necesito de pruebas para creer, solo le bastó la palabra, ante las
tremendas dificultades que iban a ocasionar aceptar la propuesta de Dios,
no vaciló se mantuvo firme, confío ciegamente.

Además no aparece en los relatos de la resurrección, con esto se concluye que la


fe de la virgen es demasiado grande.

A razón de eso Abraham que es el padre de la fe fue a entregar a su hijo Isaac


como prueba de confianza, dice la carta a los hebreos (11) que el sabia que Dios
tiene el poder para resucitarlo; ahora bien, María sí vio morir a su hijo, en cambio a
Abraham se lo impidió el ángel.

La ausencia de María en los relatos de la resurrección nos confirman que al igual


que Abraham creyó en la resurrección de su hijo; eso explica por qué no fue en la
mañana al sepulcro siendo esto un deber de las madres.

 Obediencia ciega: La Virgen al decirle a Dios que es su esclava y que se


haga en ella su palabra, es una prueba de obediencia absoluta, un esclavo
no tiene voluntad, la voluntad del esclavo es la de su amo; por tal razón,
María es la obediencia extrema, lo contrario de Eva que desobedeció.

 Oración continua: María es toda una maestra de oración, los relatos que
aluden a que todo meditaba y lo guardaba en su corazón, es una prueba
contundente de la oración profunda de esta mujer. El estar con Jesús
contemplarlo y dialogar es la oración más perfecta que jamás se haya visto.

A María Santísima se le conoce en la iglesia como la omnipotencia suplicante, la


fuerte intersección en las bodas de Caná dan prueba de esto.

¡Debemos de ser orantes como la santísima Virgen María!

 Mortificación Universal: María Santísima no tuvo una vida fácil, sus siete
dolores superan el martirio de los primeros cristianos. La virgen es un modelo
de mortificación que nos da ejemplo para ayudar a salvar las almas.

 Pureza Divina: No ha habido creatura más pura que María. Ser preservada
del pecado original y adornada de las más excelentes virtudes es la
evidencia perfecta de su corazón purísimo.

María Santísima es comparada con el arca de alianza, el relato de la anunciación


muestra claramente su pureza divina; veamos:

— El ángel le dice que el altísimo la cobijará con su sombra, esto es


incomprensible, nadie puede soportar la presencia de YAHVEH. Que
Dios la cubra con su sombra y que el Espíritu Santo venga sobre ella
es muestra que es el nuevo tabernáculo sagrado donde habitará el
Santo de los santos.

— Jesús es él tres veces Santo, los Serafines que son los espíritus más
puros se cubren su rostro con un par de alas (Isaías 6) porque la
santidad de Dios es irresistible. En cambio, aquí el tres veces Santo
se encarna en ella. Con esto podríamos pensar que en María su
pureza excede a los mismos serafines, porque en su vientre está el
“Kadosh” el Santo de Israel que no se puede definir y en el cual se
tiembla ante su santidad.

— Esta arca es intocable, su castidad y virginidad son adornos de la


gracia que desborda sobre ella. San José que es hombre justo sabe
todo esto y por eso María es la siempre virgen e inmaculada.

Imitemos la pureza de María en lo que pensamos decimos y hacemos. La pureza


brilla todas las virtudes.

 Caridad Ardiente: Es la más grande de todas las virtudes, el amor es


lo más hermoso y sublime que puede existir.

Definitivamente María cumplió a cabalidad el más grande mandamiento de la ley


de Dios, “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con
todas tus fuerzas y con todo tu espíritu” la entrega a Dios fue absoluta, ser su
esclava, aceptar su voluntad, es la prueba más grande de amor. Aceptar la cruz en
el “Fiat” es la compañía en el dolor de su Hijo en la cruz. La espada en el corazón
de María es la entrega de María a toda la humanidad, es amarnos con un amor de
Madre que no se puede explicar, era nuestro beneficio y salvación, su dolor en la
cruz colabora con esto. Por eso su amor es ardiente.

 Paciencia heroica: La Santísima Virgen María es modelo de paciencia;


Decía san Francisco de Sales que la respuesta de Jesús en las bodas
de Caná "Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti?" aquella respuesta no parecía
tener en cuenta su súplica: precisamente para darnos ejemplo de la
paciencia de su Madre.

Toda la vida de María fue un ejercicio continuo de paciencia. María creció en este
mundo en medio de muchas tribulaciones. La sola compasión ante las penas del
Redentor bastó para hacerla mártir de la paciencia. Lo que sufrió en el viaje a Egipto
además de todo el periodo que duró, como todo el tiempo que vivió en el humilde
hogar de Nazaret, sin contar sus dolores de los que ya se ha hablado
abundantemente. Lo más extraordinario es la presencia de María ante Jesús
muriendo en el Calvario justamente para darnos a conocer cuán excelsa y constante
fue su paciencia. "Estaba junto a la cruz de Jesús su Madre" (Juan 19). Con el mérito
de esta paciencia, dice san Alberto Magno: “se convirtió en nuestra Madre y nos dio
a luz a la vida de la gracia”

Esta consagración de amor nos propone que tratemos de imitar a la Santísima


Virgen en su paciencia heroica. Dice san Cipriano: “¿Qué cosa puede darse más
meritoria y qué más nos enriquezca en esta vida, y más gloria eterna nos consiga
que sufrir con paciencia las penas, que es la que hace a los santos” . San Gregorio
magno expresaba jubiloso: “Nosotros podemos ser mártires sin necesidad de
espadas; basta que seamos pacientes”
 Dulzura Angelical: Nadie es más dulce y tierna que la Santísima virgen
María, ni los serafines más hermosos del cielo, ni el vanidoso Luzbel
antes de revelarse superaría en hermosura a la Santísima Virgen
María.

Se lee en el Cantar de los Cantares, refiriéndose a la Asunción de María, los ángeles


preguntaron por tres veces: "¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita
de humo? ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta
que sube del desierto rebosando en delicias?" (Ct 3,6; 6,9; 8,5). Pregunta Ricardo
de San Lorenzo: "¿Por qué los ángeles preguntan tantas veces el nombre de esta
Reina?" Y él mismo responde: "Era tan dulce para los ángeles oír pronunciar el
nombre de María, que por eso hacen tantas preguntas".

Qué hermoso es pronunciar el Nombre de María. Nada más se pronuncia, y se


siente algo más dulce que la miel. Con razón en la liturgia bizantina le llaman dulzura
de los ángeles.

Pensar en ella endulza el alma, sentirla, estudiar su vida, cualquier acto que
hagamos en ella, con ella, por ella y para ella, endulza la vida.

 Sabiduría Divina: Con razón las letanías llaman a nuestra Madre


Santa, trono de sabiduría, aunque no escribió los proverbios de
Salomón, María supera en sabiduría a todos los ángeles y santos;
precisamente porque en ella se encarnó la sabiduría divina, Jesús la
sabiduría encarnada en María.

La Iglesia venera a María como “Trono de la Sabiduría” por eso lo pregona en una
antífona de la Liturgia: “Dichosa eres, santa María, Virgen sabia, que mereciste
llevar en tu seno la Palabra de la verdad; dichosa eres, Virgen prudente, que has
elegido la parte mejor”, “Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían
los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”
(Lucas 2,19).

Es sabio aquel que juzga rectamente sobre las cosas divinas. La sabiduría humana
se logra por el estudio. Pero también existe la sabiduría como don del Espíritu
Santo; un saber sobre Dios que brota. Este favor emana del amor, el cual nos une
a Dios. En la Santísima Virgen María notamos manifestada esta sabiduría que brota
de la experiencia de Dios y de la intimidad en el amor con Él.

 Asociación de María a nuestros esfuerzos

“La maternidad de María con respecto a nosotros y nuestra filiación respectiva, son
plenamente conscientes.
La semejanza que nos imprimirá y que recibiremos, será el fruto de su actividad
esclarecida y voluntaria y de nuestra correspondiente y exquisita docilidad.

Algo muy diferente acontece en la maternidad ordinaria: la semejanza (de la madre


en el hijo) se imprime sin el consentimiento de la madre ni del hijo, y por
consiguiente, no se da una verdadera colaboración.

María obra en nosotros y nos sometemos amorosamente a su acción. Ella es el


molde divino, propio para deificarnos en poco tiempo y con poco sacrificio. El
trabajo de María consiste en retocarnos para que nos asemejemos a Jesús, su Hijo
Divino. Nuestro trabajo consiste en dejarnos rehacer y transformar según este
divino molde. La realización práctica de esta colaboración, está muy bien descrita
por el R. P. Lhoumeau:

"Mirad como procede una madre con su hijo cuando le enseña a dar los primeros
pasos o a orar. No sólo ella lo anima con su gesto y con su voz, sino que obra con
él dándole ejemplo y ayudándole en su debilidad e inexperiencia. Por su parte, el
niño obra con su madre, pues él la mira, se muestra dócil a su dirección y no se
separa de ella.

Para obrar con María debo, después de obedecer a su impulso, permanecer bajo
su acción e influencia, fijarme en ella para imitarle y en caso de necesidad, para
levantarme; en fin, debo seguirla sin anticiparme ni retardarme". (Esclavitud
Mariana)

OBRAR PARA MARIA:

Esto quiere decir al Servicio "Para” es una preposición que denota el fin o término
a que se encamina una acción. Es decir nuestras acciones deben ser encaminadas
a los fines de María.

Para poder comprender esta afirmación, recordemos lo que significa una esclavitud
de amor. El esclavo no se pertenece, él pertenece a su dueño.

“Todos los bienes de fortuna que poseía antes de caer en la esclavitud Y todos los
que pueda obtener, pasan a ser propiedad de su soberano y asimismo, todo el
futuro de sus labores, se da en beneficio de su propietario” (Esclavitud Mariana
Cap. 8)

Como esclavos de María hemos reconocido libre y amorosamente las cadenas que
nos unen a Ella. Le pertenecemos tan plenamente, que aún en el caso de que Dios
no le hubiese concedido este absoluto dominio sobre nosotros, se lo habríamos
otorgado por nosotros mismos y con todo amor. Es justo entonces que realicemos
para Ella todos nuestros actos naturales y sobrenaturales. ¿No son ellos el fruto de
nuestra actividad?, y esta actividad ¿no debe fructificar para nuestra buena Reina
y Señora? Este pensamiento de que nada nos pertenece de lo que adquirimos por
nuestras obras, no debe desalentarnos; al contrario: como buenos esclavos no
estaremos ociosos; sino que apoyándonos en la protección de María,
emprenderemos grandes cosas por esta augusta Soberana. Particularmente
trataremos de atraer a todo el mundo a su servicio y aun trataremos de ganar todos
los corazones hacia esta verdadera y perfecta devoción. Y después de todo, no
pretenderemos de nuestra Dueña, en recompensa de nuestro servicio, sino el honor
de pertenecerle y la dicha de estar unidos mediante Ella a Jesús, su hijo bendito,
por lazos indisolubles en el tiempo y en la eternidad.

Para afianzarnos en esta práctica debemos renunciar a nuestro amor propio, que
tan a menudo vicia nuestra mejor acción. Al efecto, debemos repetir en el fondo del
corazón frecuentemente: "Por ti María mi dulce y buena Madre, vengo aquí o voy
allá; hago esto o aquello, sufro tal pena o tal injuria".

No se trata de acciones extraordinarias, sino de las que llenan las horas de nuestro
diario vivir, y por eso, esta perfecta devoción se ajusta a todos los estados y a todo
género de vida. Ella no consiste en acciones mismas, sino en el espíritu que las
anima y que les da, si lo queremos, un valor nuevo y una mayor riqueza.

Y este Espíritu, no es otro que el de María Reina del Cielo y de la Tierra y


especialmente, Reina de los elegidos o mejor Reina de los corazones de los
elegidos; Él invade a los esclavos de amor y los somete plena y espontáneamente
a todas las exigencias del dominio de María, a todas las delicadas insinuaciones de
su dirección sabia y maternal.

María acepta este imperio, sin falsa humildad. Lo ejerce sin desfallecimiento,
consciente de cumplir, en esta forma, la misión que Dios le confió de santificar a las
almas que se abandonan o se entregan a Ella. Nada se apropia para sí; no busca
sino el llevar esas almas a su divino Hijo yeso con un amor y un desinterés
admirables. (Esclavitud Mariana Cap. 8)

Esta fórmula indica el fin próximo de la perfecta devoción: el honor de servir a la


Santísima Virgen y de glorificarla. Montfort lo explica inmediatamente "no es que
tomemos a María por fin último de nuestros servicios, el cual es Jesucristo
únicamente, pero sí como fin próximo, como medio fácil para ir a Él" (TVD 265).

El obrar para María, implica dos cosas: 1. Gran pureza de intención. 2. Espíritu de
celo.

PUREZA DE INTENCIÓN: El menor pensamiento de interés personal, se


desechará absolutamente. Es el desprendimiento completo de sí mismo, la
renuncia de todo espíritu de propiedad. Uno se fatiga, trabaja, sufre, soporta todo
lo que se presente, en provecho de María.

Se ganan méritos y se depositan entre sus manos muchísimas oraciones y


sacrificios, para que Ella .sea más conocida y mejor amada en el mundo entero.
Como, a pesar de todo, el amor propio se desliza imperceptiblemente hasta en las
mejores obras, será bueno -como aconseja Montfort-, repetir frecuentemente en el
fondo del corazón: "iOh mi Dueña querida! Por Ti emprendo esta labor, acepto este
apostolado, ejerzo este ministerio, acepto esta prueba, soporto esta contrariedad,
sufro esta pena o esta injuria; por Ti este día que comienzo, por Ti esta Misa, esta
Comunión, el recogimiento de esta acción de gracias; por Ti esos casos
imprevistos, esos estorbos, esos retardos de un trabajo urgente; por Ti esta
enfermedad ... "

ESPIRITU DE CELO: Un celo ilustrado y santamente audaz. En el punto en que


estamos, un esclavo de María no puede contentarse con servir y glorificar a su
Soberana como si estuviera solo en el mundo. Él debe irradiarla lo más que pueda
en torno suyo.

"No hay que permanecer ociosos, recomienda Montfort, sino que apoyados en la
protección de María, es preciso emprender y realizar grandes cosas para esta
augusta Soberana". (Esclavitud Mariana Cap. 8).

OBRAR EN MARIA.

Quiere decir: Íntima Unión, y de esta manera el Santo Espíritu obrará mejor en
nosotros y reproducirá la imagen de Jesús. Para explicar esta práctica interior, es
oportuno considerar una frase que tiene el Tratado de la Verdadera Devoción a la
Santísima Virgen (No. 20) y que puede darnos mucha luz; dice así:

"Cuanto más encuentre el Espíritu Santo a María, su querida e indisoluble esposa,


en un alma, tanto más actúa y se manifiesta poderoso, para producir a Jesucristo
en ella"

Esta práctica, habla de la presencia de Jesús y de María en las almas; la de María,


como una condición necesaria para que la acción del Espíritu Santo sea más
fecunda. Por esta nueva infusión de gracia, el Espíritu Santo nos hace más
semejantes a Jesús y nos incorpora más a Él, como un miembro a la cabeza de un
mismo cuerpo místico. (EM Cap. IX).

Puesto que la Virgen es el medio, por el cual, el Espíritu Santo quiere valerse, -
aunque hablando absolutamente, no tiene necesidad de Ella, es lógico que María
deba encontrarse en el alma, para que el divino Paráclito pueda obrar en Ella.

En resumidas cuentas, para hablar del obrar en María o íntima unión con Ella, es
preciso recordar:

1. Que la Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrenal del nuevo Adán. El


antiguo paraíso era solamente una figura de éste.
Hay en este paraíso riquezas, hermosuras, maravillas y dulzuras inexplicables,
dejadas en él por el nuevo Adán, Jesucristo. Allí encontró Él sus complacencias
durante nueve meses, realizó maravillas e hizo alarde de sus riquezas con la
magnificencia de un Dios.

Este lugar santísimo fue construido solamente con una tierra virginal e inmaculada,
de la cual fue formado y alimentado el nuevo Adán, sin ninguna mancha de
inmundicia, por obra del Espíritu Santo que en él habita.

En este paraíso terrenal se halla el verdadero árbol de vida, que produjo a


Jesucristo, fruto de vida; el árbol de la ciencia del bien y del mal, que ha dado la luz
al mundo.

Hay en este divino lugar, árboles plantados por la mano de Dios, regados por su
unción celestial y que han dado y siguen dando frutos de exquisito sabor.

Hay allí jardines esmaltados de bellas y diferentes flores de virtud, que exaltan un
perfume que embalsama a los mismos ángeles.

Hay en este lugar, verdes praderas de esperanza, torres inexpugnables de


fortaleza, moradas llenas de encanto y seguridad, etc.

Sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer la verdad que se oculta bajo estas
figuras de cosas materiales. Se respira el aire incontaminado de pureza sin
imperfección; brilla el día hermoso y sin noche, de la santa humanidad; irradia el
sol hermoso y sin sombras, de la divinidad; arde el horno encendido e inextinguible
de la caridad en el que el hierro se inflama y transforma en oro; corre tranquilo el
río de la humildad, que brota de la tierra y, dividiéndose en cuatro brazos, riega todo
este delicioso lugar: son las cuatro virtudes cardinales.

2. El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a MARIA:
'' La Puerta Oriental, por donde entra al mundo y sale de él el Sumo Sacerdote,
Jesucristo: por ella entró la primera vez y por ella volverá la segunda.
' El Santuario de la Divinidad, la mansión de la Santísima Trinidad, el trono de Dios,
el altar y el templo de Dios, el mundo de Dios.

Epítetos y alabanzas son ciertos, cuando se refieren a las diferentes maravillas y


gracias que el Altísimo ha realizado en MARIA.

¡Qué riqueza! ¡Qué gloria! ¡Qué placer! ¡Qué dicha! Poder entrar y permanecer en
MARIA, en quien el Altísimo colocó el trono de su gloria suprema.

Pero, qué difícil es, a pecadores como nosotros, obtener el permiso, capacidad y
luz suficientes para entrar en lugar tan excelso y santo, custodiado ya no por un
querubín como el antiguo paraíso terrenal, sino por el mismo Espíritu Santo, que
ha tomado posesión de él y dice: «Un jardín cercado es mi hermana, mi esposa;
huerto cerrado, manantial bien guardado».

¡MARIA es jardín cercado! ¡MARIA es manantial sellado! Los miserables hijos de


Adán y Eva, arrojados del paraíso terrenal, no pueden entrar en este nuevo paraíso,
sino por una gracia excepcional del Espíritu Santo, que ellos deben merecer.

Después de haber obtenido, mediante la fidelidad, esta gracia insigne, es necesario


permanecer en el hermoso interior de MARIA con alegría, descansar allí en paz,
apoyarse en él confiadamente, ocultarse allí con seguridad y perderse en él sin
reserva, a fin de que, en este seno virginal:

— Te alimenten con la leche de la gracia y misericordia maternal de MARIA.


Te liberes de toda turbación, temor y escrúpulo.

— Te pongas a salvo de todos tus enemigos: demonio, mundo y carne, que


jamás pudieron entrar en MARIA. Por esto dice Ella misma: «Los que
trabajan en mí no pecarán», esto es, los que Permanecen espiritualmente
en la Santísima Virgen, no cometerán pecado considerable.

— Te formes en Jesucristo y Él sea formado en ti.


Porque, el seno de MARIA, dicen los Padres, es la sala de los sacramentos divinos,
donde se ha formado Jesucristo y todos los elegidos: «Uno por uno, todos han
nacido en Ella» (TVD 261-264).

Ventajas del obrar en María:

 Sentimiento de paz y seguridad: Evidentemente, hay una gran diferencia


entre el hijo que reside real y corporalmente en el seno de su Madre y el
esclavo de amor que reside moral y espiritualmente en MARIA.

Las ventajas que se desprenden para el primero son de certeza física; pero el
esclavo de amor, sólo goza de certeza moral, y eso, en el supuesto que persevere
en esta dependencia, a la cual es fácil sustraerse por infidelidad a la gracia.

Pero dada esta fiel dependencia, el alma puede morar placenteramente en el seno
de MARIA, reposar ahí en perfecta paz, apoyarse con confianza y ocultarse con
seguridad y perderse ahí sin reserva.

Cuatro efectos:

1. El alma es alimentada copiosamente por MARIA, con la leche de su gracia y


misericordia maternal.

2.El alma se verá libre de turbaciones, temores y escrúpulos, que son absolutamente
incompatibles con el estado de infancia espiritual así comprendido.
3.El alma gozará de completa seguridad contra todos sus enemigos: el mundo, el
demonio y el pecado, que jamás tendrán cabida en MARIA.

4.El alma, ahí, en MARIA, es formada en Jesucristo y Él en ella. (EM Cap. IX. Lit.B).

Práctica día 23. HACIA EL CIELO: A imitación de San Luis Gonzaga, santifica tu
tiempo preguntándote en las ocupaciones y descansos. ¿De qué me sirve esto para
la eternidad? Aviva la rectitud de intención en todo, haz todo por María, para María
en María y con María. Que cada respiración sea por ella.