Sunteți pe pagina 1din 5

Nina tiene 28 años que se dedica al ballet clásico.

Forma parte de una prestigiosa


academia de danza en Nueva York. Vive con su madre Erika, quien debió retirarse del
ballet a los 28 años cuando quedó embarazada de Nina. Esto fue producto de una
relación sentimental con un director de su academia. Cabe mencionar que en ningún
momento de la historia aparece alguna cuestión relacionada al padre (solo la madre
comenta que fue un error).

Thomas es el director de la academia y dirigirá el ballet de El Lago de los Cisnes. En la


obra, la protagonista principal (reina cisne) deberá interpretar tanto al cisne blanco
como al cisne negro. La dualidad del personaje simboliza el conflicto psíquico de la
bailarina entre el deber ser (Superyó) contra los impulsos sexuales (ello).

Hay un trasfondo que sostiene a la psicosis y se despliega en Nina el Complejo de


Edipo  La relación de Nina con Erika es una relación completamente dual, sin cabida
para un tercero. Nina tiene la certeza de ser todo para su madre, aquello que completa la
falta de la madre. Además, es su objeto de goce: a través de Nina, la madre obtiene
satisfacción pulsional. Esto se puede observar en el modo en el que Erika manipula el
cuerpo de Nina a su antojo, vistiéndola y desvistiéndola a pesar de que Nina le diga que
puede sola, le sigue cortando las uñas y la acosa con llamadas aún a sus 28 años.
Sumado a esto, la madre presenta una obsesión con el rostro de su hija, del cual hace
pinturas de forma compulsiva y llenó todo un cuarto de la casa.

Por un lado, Odette (la reina de los cisnes y el cisne blanco) es la heroína de la historia.
Es una hermosa princesa, que se ha transformado en un cisne blanco durante el día y
toma su aspecto humano durante la noche. Por otro lado, Odile (el cisne negro), es la
malvada hija del brujo Rothbart, y al igual que Odette se ha enamorado del príncipe
Sigfrido. Odile se transforma en Odette con la ayuda de su padre para que el príncipe se
enamore de ella. Thomas invita a las bailarinas a hacer una interpretación “visceral y
real.” Nina aspira al papel principal, quien debe interpretar tanto al cisne blanco como
al negro. Thomas describe a Nina como la intérprete ideal para interpretar al cisne
blanco: “bella, frágil, perfecta en sus movimientos”. Busca constantemente la
perfección en su baile, se muestra como una persona dócil y sumisa frente a figuras que
considera de autoridad. Pero también se muestra completamente inocente y “carente” de
cualquier manifestación de sexualidad.

El director del ballet, le hace una invitación a su casa a Nina, a fin de poder interpretar
adecuadamente al cisne negro. En diferentes momentos, Thomas la expone frente a su
sexualidad, de la cual ella no se ha cuestionado nunca cual le dice:

Pierde el control y a ti misma, déjate llevar, sorprende y sorpréndete, sé seducida y


seduce…

Ve a casa y tócate, vive un poco.

¿Te follarías a esta mujer? Nadie lo haría. (Refiriéndose a Nina) Siente mi tacto y
responde a él.

Es en ese momento, se empiezan a manifestar fenómenos característicos de la psicosis.


Nina es llamada a ocupar un lugar que no puede representarse. Por una parte, pasar de
tener un rol secundario a uno protagónico. Mientras que también, debe interpretar dos
personajes opuestos en una sola obra, manteniendo su parte cisne blanco “virginal”, y
dejando surgir su cisne negro “seductor”. Esta exigencia adquiere cualidad de
mandato. Se vuelve un imperativo que ella debe cumplir en lo real, y no únicamente
como una representación.

Thomas enfrenta a Nina con un deseo enigmático para ella, por lo que se coloca frente a
él como objeto de goce pasivo, al igual que con Erika. Pero Thomas exige otra cosa, que
cuestiona su sexualidad, su deseo y su identidad de “ser bailarina” que hasta ese
momento la habían sostenido. (Nina responde que es bailarina antes de decir su nombre
cuando un chico le pregunta quien es en un bar) Al no soportar la incertidumbre, y
potenciado por el modo seductor de Thomas, Nina lo coloca en el lugar de amo con
una demanda clara: déjate llevar, disfruta de la sexualidad, vive, y te convertirás en el
cisne negro que estoy buscando. Thomas no se caracteriza por tener métodos muy
ortodoxos y todo el tiempo coloca a Nina en un lugar en el que ella no tiene con qué
responder. Ella debe ser el cisne negro, no sólo en la danza, sino en su vida.

La relación especial que Nina tiene con el lenguaje y el cuerpo, influyen para que
este mandato retorne desde lo real en forma de alucinaciones. Ante la ausencia del
soporte simbólico, Nina es incapaz de metaforizar, y se queda en la literalidad del
mandato, sufriendo en su cuerpo una metamorfosis. En ella, progresivamente, y luego
de sus intentos de masturbarse, Nina tiene la percepción de que su cuerpo se fragmenta,
de que empiezan a salirle plumas y patas, y a cambiarle el color de los ojos. Esto la
deja perpleja y la angustia, ya que no hay una representación de un cuerpo
unificado que le pertenece, más bien le es extraño. Nina no reconoce que esto está es
su mente, y lo experimenta como si fuera completamente real. ¿Cómo se las arregla con
esto? Freud decía que en estos cuadros hay un abuso del mecanismo de proyección y lo
“malo” siempre tiene que estar afuera. Como a Nina encarnar estos rasgos en su interior
le resulta amenazante para su integridad psíquica, los deposita en el afuera; el cisne
negro se le impone por vía de las alucinaciones: se le aparece desde el exterior con la
imagen de su propio doble además de producirle una metamorfosis en el cuerpo.

El principal objeto persecutorio para ella es Lilly, una bailarina nueva en la


academia. Thomas describe a Lilly como “imperfecta, natural y que no finge”, es
seductora, pasional y espontánea. Para él ella sería el perfecto cisne negro. Nina
comienza a obsesionarse con la idea de que Lilly está conspirando contra ella para
desplazarla y representar el papel protagónico. Entonces nos preguntamos ¿por qué
Lilly? Puede ser porque ella está significada por Thomas como la sensualidad y la
femineidad que a Nina le faltan.

Inicia para Nina la búsqueda de una “nueva perfección” asociada ahora con la
sensualidad y no con la técnica. Primero roba artículos personales de Beth, quien es la
antigua estrella de la academia y consentida de Thomas. Por otro lado, se articula una
fantasía homosexual con Lilly. A través de este vínculo, trata de descubrir algo de lo
que para ella es un misterio: la femineidad y sensualidad. Ambos aspectos que se
desbordan en Lilly y de los que Nina carece.

Durante el brote psicótico el sufrimiento de Nina es avasallador. La angustia es


causada por una madre demasiado absorbente, y por ese agujero en lo simbólico
ante el cual no puede responder. Esto se observa en una escena en la cual Nina se
empieza a masturbar en su habitación y la madre irrumpe. Nina busca poner un límite a
la madre en la realidad, tratando de poner una vara para evitar que se abra la puerta de
su habitación. La madre sigue del otro lado de la puerta gritando y llorando, negando
ese espacio de privacidad a su hija. Cabe mencionar que aquí podemos ver como la
prohibición que en un principio es externa, se interioriza. También podemos decir que
Nina está envuelta en el puro goce materno. Al no haber un padre o alguien que
mínimamente haya cumplido esa función, no existe un corte para frenar la demanda de
su madre. Ante esa imposibilidad de realizar un corte simbólico con este vínculo
enfermizo, a la protagonista sólo le queda la opción de cortar y lastimar su cuerpo,
como forma de acotar y tramitar algo que la asfixia.

Nina comienza a verse a sí misma en Lily y al final de la película, durante la función,


mata a Lily pensando que quería robarle su papel protagonista mientras que en realidad
se estaba hiriendo a sí misma con un vidrio. Sólo cae en cuenta cuando Lilly entra a su
camerino para felicitarla, y lo real se le presenta de frente. Su cuerpo estaba
desconectado del dolor físico y vuelve al escenario para culminar con la función. Es
entonces cuando finaliza la escena y literalmente muere recibiendo por fin el anhelado
reconocimiento materno y el amor por parte de Thomas, quien logra cubrir la carencia
paternal. Una vez resuelto el complejo Edípico, ella muere con el alivio de que por fin
su actuación fue perfecta.

El suicidio de Nina es contundente, ya que no hay un llamada a un otro ni una


intención de enviar un mensaje. Sus últimas palabras dirigidas a Thomas: “lo sentí,
me sentí perfecta, fue perfecto”. Una vez más se confirma cómo esta mujer no podía
tomar el sentido metafórico. La única forma de tener una interpretación magistral, y de
acabar con sus alucinaciones y angustia paralizante, era muriendo al igual que Odette.

El ELLO

En la psique de Nina, el Ello es simbolizado en sí misma, interpretando el papel del


Cisne Negro, y la representación o proyección se da Lily.

Lily se entrega a los placeres sin sentir culpa, se le puede encontrar comiendo sin
medida, teniendo sexo promiscuo, mintiendo, consumiendo drogas, siendo descuidada e
impuntual. Una escena clave es cuando Lily interrumpe el casting de Nina, mientras
interpreta la Coda del Cisne negro, provocando que ésta se equivoque. Esta escena
simboliza la lucha interior de Nina al tratar de controlar sus tendencias agresivas sin
éxito, ya que terminan por sabotearla. Esta disputa entre el ello (pulsiones) y el superyo
(perfección) se nota de igual manera en la necesidad de la protagonista en ser
reconocida y admirada, especialmente por el director de la compañía, quien también
representa un rol parental dentro de la trama, un conflicto edípico del cual hablaremos
posteriormente.

En la psique de Nina, el Ello es simbolizado en sí misma interpretando el papel del Cisne Negro, y la
representación o proyección se da en la bailarina y rival Lily.
Lily es un personaje que no tiene una excelente técnica como bailarina, es sincera, libre
y espontánea. Su soltura y seducción natural hacen que el Director la considere para
interpretar al cisne negro, haciendo a un lado sus deficiencias al bailar, lo que hace que
Nina, quien posee técnica perfecta, se sienta rechazada y su esquema de valores se vea
cuestionado. Durante la trama, Nina detesta la personalidad de Lily, y al mismo tiempo
desea ser como ella. Algunos mecanismos de defensa que el Yo utiliza para evitar la
confrontación de sus necesidades son: la proyección (atribuir cualidades propias en los
demás) y la formación reactiva (hacer o decir lo opuesto a lo que se desea). Esto se
confirma al avanzar la película cuando Nina, en su estado psicótico, se confunde a sí
misma con Lily y termina por suicidarse, después de una pelea alucinatoria entre ella y
su rival.

El YO

El Yo está representado por Nina en su estado natural en los momentos en los que se ve
ensayando, discutiendo con su madre, o realizando acuerdos con Lily, el director y la
bailarina Beth.

En la historia, el verdadero protagonista es el Yo, que se ve envuelto en varias


contiendas por tratar de regular sus necesidades básicas contra las exigencias del
Superyó.

Durante el filme se puede ver cómo Nina trata de evadir las alucinaciones, que van
creciendo gradualmente hasta terminar por escindir al yo, extinguiendo el objetivo
principal, que es conservar el principio de realidad para no enloquecer.

La psicosis es el peor de los escenarios, y es el resultado de que las obsesiones de


perfección y castidad logran reprimirla de tal manera; la culpabilidad hace que sus
impulsos se tornan agresivos contra sí misma, resultado de la culpabilidad.

La identificación con su madre y un ambiente agresivo contribuyen a la formación del


Yo. Al inicio de la película, vemos una Nina que parece estar cómoda al ser tratada
como una niña, obteniendo mediante este sometimiento el afecto de su madre a cambio,
claro, de entregarle su autonomía o su Yo.

Erica, su madre, es una ex bailarina que dejó su carrera al tener a Nina. Durante la
película nunca se menciona al padre, por lo que se infiere que es madre soltera. Haber
renunciado a su carrera provoca un rechazo hacia Nina, manifestándose un apego
ambivalente descrito por Bowlby (1979) donde por un lado vemos a una madre
proporcionándole cuidados y apoyo para su carrera, percibiendo a Nina como una
extensión de su Yo que se forma de acuerdo a las expectativas frustradas de ser una
bailarina destacada, y por otro lado le corta la autonomía o castra, para que se perciba a
sí misma indefensa, dependiente e inútil, donde se somete o se priva de su afecto. La
ambivalencia genera en Nina una personalidad insegura.

La frustrada autonomía hace que Nina construya un Yo no funcional percibiéndose,


como mencionamos anteriormente, indefensa al ambiente y sin una satisfacción
pulsional; llevándola a presentar malestares neuróticos como la somatización (vómitos,
dolores musculares) que avanzan hasta la psicosis.