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La Liga Comunista 23 de Septiembre
Cuatro décadas a debate:
historia, memoria, testimonio y literatura

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Universidad Nacional Autónoma de México

Dr. José Narro Robles


Rector

Dr. Eduardo Bárzana García


Secretario General

Dr. Francisco José Trigo Tavera


Secretario de Desarrollo Institucional

Dr. César Iván Astudillo Reyes


Abogado General

Dra. Estela Morales Campos


Coordinadora de Humanidades

Dr. Juan Pedro Laclette San Román


Coordinador de Estudios de Posgrado

Dra. Imelda López Villaseñor


Secretaria Académica de la Coordinación de Estudios de Posgrado

Programa de Posgrado en Estudios latinoamericanos

Dra. Guadalupe Valencia García


Coordinadora del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos

Dr. José Guadalupe Gandarilla Salgado


Secretario Académico del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos

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La Liga Comunista 23 de Septiembre
Cuatro décadas a debate:
historia, memoria, testimonio y literatura

Rodolfo Gamiño Muñoz • Yllich Escamilla Santiago


Rigoberto Reyes Sánchez
Fabián Campos Hernández
(coordinadores)

Universidad Nacional Autónoma de México


Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos
Universidad Autónoma de Tlaxcala
México, 2014

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La Liga Comunista 23 de Septiembre: cuatro décadas a debate: historia, memoria, testimonio
y literatura / Rodolfo Gamiño Muñoz, Yllich Escamilla Santiago, Rigoberto Reyes Sánchez,
Fabián Campos Hernández (coordinadores). – Primera edición
250 páginas

ISBN 978-607-02-6322-4

1. Liga Comunista 23 de Septiembre – Historia. 2. Comunistas – México – Historia – Siglo


XX I. Gamiño Muñoz, Rodolfo, editor de la compilación. II. Escamilla Santiago, Yllich,
editor de la compilación. III. Reyes Sánchez, Rigoberto, editor de la compilación. IV. Campos
Hernández, Fabián, editor de la compilación
HX113.5.L54 2014
LIBRUNAM 1693709

Primera edición: noviembre 2014

D.R. © Universidad Nacional Autónoma de México


Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos
  Unidad de Posgrado, Edificio H, 1er. Piso, Circuito de Posgrados, Zona Cultural,
  Ciudad Universitaria
  Coyoacán, México, 04510, D. F.
  www.latinoamericanos.posgrado.unam.mx

© Universidad Autónoma de Tlaxcala


  Av. Universidad No. 1
  Colonia La Loma Xicohténcatl
  Tlaxcala, Tlaxcala, C.P. 90000

Responsables del cuidado de la edición: Rodolfo Gamiño Muñoz, Yllich Escamilla Santiago,
Rigoberto Reyes Sánchez y Fabián Campos Hernández
Diseño de portada: Alberto Saldaña Trujillo

ISBN: 978-607-02-6322-4

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del
titular de los derechos patrimoniales

Impreso y hecho en México


Printed and made in Mexico

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Contenido

Presentación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
rodolfo gamiño, yllich escamilla,
rigoberto reyes y fabián campos

1
américa latina. guerra fría
y conflicto armado

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
fabián campos hernández

El Frente mexicano de la guerra fría. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21


lorenzo meyer

Cuba; revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina y el Caribe. . . . . . . 43


ricardo domínguez guadarrama

La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre. . . . . . . . . . 73


fabián campos hernández

2
méxico: quiebre generacional,
violencia y resistencia

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
yllich escamilla

Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109


yllich escamilla santiago

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Contenido

Historia, movimientos sociales y participación política-juvenil


en Monterrey (1968-1972). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
edna ovalle

Ayer y hoy. La vida por un ideal (Testimonio). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157


antonio orozco michel

Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre


en Guadalajara, Jalisco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
laura g. gómez santana y bertha lilia gutiérrez campos

Grupo Los Lacandones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183


carlos salcedo garcía

Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense


en los años setenta: el movimiento de Los Enfermos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
héctor a. ibarra chávez

3
historias de la liga comunista 23 de septiembre

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 231
rodolfo gamiño

La piel de la memoria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233


fritz glockner corte

Crónica del mar-23 de Septiembre. Origen, evolución y proceso


de incorporación a la Liga Comunista 23 de Septiembre . . . . . . . . . . . . . . . . . 251
hugo esteve díaz

La Brigada Roja: Comité regional de la Liga Comunista 23 de Septiembre. . . . . . . 283


josé luis moreno borbolla

Una guerrilla en orfandad y contra el mundo.


Conversación con Gustavo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 317
hirales morán, rodolfo gamiño, yllich escamilla,
rigoberto reyes y fabián campos

Violencia, memoria, historia y tabú en torno a la


Liga Comunista 23 de Septiembre. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 343
adela cedillo

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Contenido

4
alcances y límites de la fiscalía especial para los
delitos federales cometidos directa e indirectamente
por servidores públicos en contra de personas vinculadas
a movimientos sociales y políticos del pasado (femospp)

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 373
rodolfo gamiño

Verdad, Justicia y Reparación contra el Terrorismo de Estado


en México durante La Guerra Sucia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 375
verónica oikión solano

La memoria ante las políticas de olvido. Los informes de la


femospp según ex militantes del movimiento armado socialista. . . . . . . . . . . 401
rodolfo gamiño muñoz

El país del olvido: la historia de la Liga Comunista 23


de Septiembre dentro del informe femospp. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 433
héctor moreno soto

Los abusos de la historia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447


ángeles magdaleno

5
literatura y memorias de la liga

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 455
rigoberto reyes sánchez

La Liga Comunista 23 de Septiembre en la literatura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 457


patricia cabrera lópez

Con el puño crispado: la poesía carcelaria de los presos políticos


de la guerrilla. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 481
aurelia gómez unamuno

“La clase obrera va al paraíso”. El recuerdo en obreras de la


maquiladora sobre su militancia en la Liga Comunista 23
de Septiembre. Ciudad Juárez, Chihuahua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 503
alicia de los ríos merino

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Contenido

Imágenes del pasado presente. Un panorama de memorias


en y sobre la Liga Comunista 23 de Septiembre. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 517
rigoberto reyes sánchez

10

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Presentación

L os días 14 y 15 de marzo del año 2013 se llevó a cabo en la Ciudad de México


el Coloquio La Liga Comunista 23 de Septiembre a 40 años de su fundación:
memoria, archivo y balance histórico, auspiciado por el Posgrado en Estudios
Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam).
La gestación, coordinación y convocatoria del evento se hizo a través de Yllich
Escamilla Santiago y el naciente grupo de investigación sobre movimientos
armados, violencia política y memoria en México y América Latina.
Producto de ese encuentro los coordinadores nos dimos a la tarea de im-
pulsar el libro que el lector tiene ahora en sus manos, publicado por la Univer-
sidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
Para ello invitamos a algunos de los participantes y a otros investigadores con
el ánimo de que no se publicara una memoria del evento, sino como una obra
colectiva especializada que pretende llenar un vacío historiográfico significativo
sobre un fenómeno que resulta ser fundamental para el análisis del Estado, la
democracia, la justicia, los derechos humanos, el estado de derecho, los movi-
mientos sociales y la violencia política.
Los coordinadores de este libro consideramos importante reflexionar sobre
los movimientos armados en México durante la década de los setenta, particu-
larmente, sobre la Liga Comunista 23 de septiembre a la luz del contexto reciente
de México. Máxime, cuando los enclaves del poder político del régimen que
perpetuó los delitos de lesa humanidad en el pasado nunca se fueron y siguen
teniendo presencia en la escena política nacional, a pesar de las alternancias
políticas. Este grupo ha regresado a la presidencia de la república con un nuevo
conjunto de partidarios del olvido y el borrón y cuenta nueva. Perpetuando
así la impunidad que durante décadas han gozado aquellos que asesinaron en
nombre de su régimen.
Es necesario analizar esta organización y las formas de violencia política
con la que fue combatida para mostrar a la sociedad que ha vivido ante un

11

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Presentación

efecto de impostura y de una mentira oficial, que durante generaciones ha sido


trasmitida.
Estamos asistiendo a la conformación de una sociedad que ha negado
el crimen y la impunidad, una sociedad que sabe de los transgresiones que se
comenten, que sabe de los horrores ejecutados por el Estado mexicano en de-
trimento de la ciudadanía, pero que no los admite porque persiste la idea de la
inocencia y de la buenaventura por el porvenir, aun cuando es consciente que
no se puede dar vuelta a la página y borrar el pasado. Estamos ante una socie-
dad que ha padecido una trasmisión activa de la negación, de la trivialización
y naturalización de la violencia, el crimen y el horror, ese que muchos conocen
desde la cotidianeidad y del que nadie quiere hablar.
Seguimos viviendo y escuchando cada vez más cercanos los ecos de aquello
que Walter Benjamin aludió en torno a los soldados de Verdún: el espanto de la
guerra no produce experiencia, sino silencio. Los soldados de Verdún volvían
mudos de la guerra, no traían experiencias que pudieran ser compartidas. In-
discutiblemente, analizar a la Liga Comunista 23 de Septiembre desde su historia,
sus testimonios, sus memorias, sus relatos y sus novelas es necesario no sólo
para recordar, reconstruir el pasado y fincar públicamente esas memorias, sino
para construir futuros saludables tanto individual como comunitariamente. En
este sentido, nos resultan aleccionadoras las palabras de Marcelo Viñar, cuando
se trata de exhumar los restos del pasado nos alerta: “no es tiempo de rencores
ni de venganzas, pero la justicia ante la ley y sobre todo ante la memoria, es un
requisito ineludible para revertir el pesimismo, la amargura y la desidia que
impregnaba nuestra convivencia reciente; para lograr tejer un lazo social que
nos habilite a volver a ser una comunidad orgullosa de su pasado y anhelante
de su porvenir”.1
Los coordinadores de este libro invitamos al afable lector a elaborar una
reflexión conjunta, atentamente sobre ¿Cómo los olvidos y silencios del ayer
nos cobran réditos hoy?
Para incentivar la reflexión, este libro fue dividido en cinco apartados,
cada uno de ellos fue escrito por diversos especialistas en el tema, académicos
que han analizado el fenómeno armado y los problemas sociales y políticos del
México contemporáneo, así como también novelistas, ensayistas y ex militantes
del movimiento armado socialista, los cuales contribuyeron a enriquecer los
debates a través de sus testimonios y escritos. La compilación de este vasto ma-
terial fue ordenado a partir de temáticas, a decir: El contexto de la guerra fría y

1
Pérez-Sales, Pau y Susana Navarro García. (2010). Resistencias contra el olvido. Trabajo psico-
social en procesos de exhumaciones. Barcelona: Gedisa.

12

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Presentación

su efecto en México, los movimientos armados latinoamericanos y su relación


con la Liga Comunista 23 de Septiembre; México y el quiebre generacional y
la emergencia de la movilización juvenil-estudiantil y las historias que se han
tejido sobre la Liga Comunista 23 de Septiembre. Posteriormente, los temas de
la verdad y la justicia ante el terrorismo de Estado durante la guerra sucia así
como los alcances y límites de la Fiscalía Especial para los Delitos Sociales y
Políticos del Pasado (femospp). Por último, la Liga Comunista 23 de Septiembre
a través de la literatura y la memoria. El lector encontrará en cada uno de los
apartados una breve introducción.
Vaya nuestra gratitud a cada una de las autoras y autores que confiaron
en este proyecto y de manera desinteresada nos permitieron plasmar sus ideas
y reflexiones en este libro.
Es menester hacer un reconocimiento también a todas y todos los colegas
y personas cercanas que con generosidad y nobleza nos ayudaron de muchas
maneras en la ardua tarea de coordinar este trabajo. Esperamos haber alcanzado
el objetivo prometido.
Para llevar a buen puerto la publicación del libro se requirió también del
apoyo institucional del Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Univer-
sidad Nacional Autónoma de México a través de su coordinadora la Doctora
Guadalupe Valencia García y de la Facultad de Ciencias para el Desarrollo
Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala a través del maestro Raúl
Jiménez Guillén. Para ambos nuestro testimonio de agradecimiento por confiar
en la validez y en la importancia de la publicación de la obra.

Tlaxcala. Tlax., a 08 de octubre de 2014.


(Coordinadores)

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1

américa latina.
guerra fría y conflicto armado

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00A-Completo LC23S.indb 16 02/03/2015 03:33:58 p.m.
Introducción

Fabián campos hernández 

A mi padre

D esde 1492, año de la invención de América según O’Gorman, la Historia del


continente no puede desligarse de los procesos mundiales. Su Historia es
una historia entretejida de mutuas correspondencias. Es, en muchos sentidos,
una historia global de la cual no escapa ninguno de los aspectos de la actividad
latinoamericana. Por lo tanto, cualquier intento de hacer la historia de un grupo
revolucionario latinoamericano no puede dejar de lado su estrecha vinculación
con el mundo. Estos son los principios de los cuales partimos para proponer
un apartado exclusivamente al “contexto internacional” en el que se desarrolló
la actividad armada de la Liga Comunista 23 de Septiembre durante los años
setenta del siglo pasado. Concebido de esta manera el “contexto internacional”
deja de ser un mero referente temporal o procesos que no tienen una repercusión
práctica en la historia de la Organización sino que aporta elementos sustanciales
para entender, problematizar e, incluso, cuestionar dicha historia.
En el primer artículo Lorenzo Meyer nos presenta nuestra guerra fría,
proponiéndonos entender que el discurso anticomunista —propio de ella—
tuvo una forma concreta y específica en nuestro país, que sirvió de legitima-
ción ideológica a la guerra sucia que el Estado desató en contra de los grupos
revolucionarios y que cumplió ampliamente su objetivo. Al bombardear a la
sociedad mexicana con un discurso maniqueo, esquizoide y hasta caricaturesco,
el gobierno mexicano consiguió que la persecución, desaparición y asesinato de
los revolucionarios mexicanos fueran vistos con indiferencia por la mayoría de
la población y aplaudidos por los sectores más reaccionarios. La Liga Comunista
23 de Septiembre fue aislada y aniquilada con la aquiescencia de aquellos de
los que sus militantes decían ser su vanguardia. Meyer nos advierte sobre que
nuestra guerra fría, lejos de ser un suceso en el pasado, presenta consecuencias

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Fabián Campos Hernández

muy contemporáneas y llega más lejos al afirmar que pasará mucho tiempo
antes de que logremos como sociedad erradicar el discurso contrainsurgente
de los años setenta.
El segundo artículo es el de Ricardo Domínguez quien nos da un docu-
mentado recorrido por la política cubana respecto a los grupos revolucionarios
latinoamericanos, o como él la llama su diplomacia alternativa. El contagio
cubano fue reiteradamente utilizado por los Estados Unidos como la justifica-
ción de la externalidad de los movimientos revolucionarios latinoamericanos
y presentado como un proceso sin rupturas ni discontinuidades. Esta falsa idea
la destruye completamente en su artículo. Cuba, afirma el autor, no exportó
ni dirigió la revolución latinoamericana ya que, desde su postura, no puede
señalarse un intervencionismo en asuntos internos de los países de la región,
sino que la diplomacia alternativa cubana fue una forma defensiva del Estado
cubano y siempre respetuosa de los propios procesos locales. Pero, además
—y en la idea de cómo concebimos el “contexto internacional”— nos muestra
claramente una coincidencia temporal fundamental. Mientras en México la
Liga Comunista 23 de Septiembre se gestaba y alcanzaba el punto más álgido de
su actividad armada (1968-1974), en Cuba se había producido un cambio en
su diplomacia alternativa: la Isla redujo su apoyo a los movimientos armados
y centró su apoyo a los movimientos de frente amplio y a los gobiernos enca-
bezados por los militares progresistas en el subcontinente. Lo que nos ayuda a
problematizar a la LC23S como una organización a contrapelo de la coyuntura
latinoamericana.
En cierta manera la contribución de Fabián Campos completa lo pre-
sentado anteriormente. Partiendo de señalar que hubo una mitificación de la
estrategia armada triunfante en Cuba, su artículo nos propone concebir una
estrategia revolucionaria latinoamericana, constituida por un debate intenso
—aunque no tan explicito— entre las distintas organizaciones revolucionarias
y del que formó parte la Liga Comunista 23 de Septiembre. Preguntarse los por
qué de decidirse por la lucha urbana, por la insurrección, y por su concepción
de las alianzas le permite señalar dos temas que cuestionan la historia de la
LC23S: ¿Estaban realmente dadas las condiciones objetivas y subjetivas para la
lucha armada en el país? ¿Era posible tener un movimiento armado fuerte y
con capacidad de tomar el poder sin alianzas internacionales? La respuesta es
negativa para ambas. La capacidad de hegemonía del Estado mexicano hizo de
la LC23S una organización muy sola al interior del país. Por otro lado, el acuerdo
entre el gobierno cubano y el mexicano en contra de apoyar a los revoluciona-
rios mexicanos —a lo que se sumó la radicalidad del planteamiento de la Liga
respecto a la Revolución Cubana— la aislaron internacionalmente. Tanto el

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Introducción

aislamiento interno como externo son elementos fundamentales para entender


el desarrollo de la LC23S y la forma en cómo concluyó.
Obviamente los elementos aportados en los tres artículos de este apartado
no son todos con los que se entrelaza la historia de la Liga Comunista 23 de
Septiembre y el “contexto internacional”. Pero, en correspondencia con la idea
general del libro, deben de servir al debate y a la posibilidad de una historia
crítica de la LC23S y su impacto en la actualidad de nuestro país. Completarlos,
profundizarlos y sobre todo entrelazarlos con los trabajos de las demás secciones
del libro será tarea de ustedes, con una idea en mente, que se pueda hacer una
historia de la LC23S que nos permita como sociedad valorar su impacto en nuestra
actualidad. La historia de la Liga Comunista 23 de Septiembre es fundamental
para entender al México contemporáneo.

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El frente mexicano de la guerra fría

Lorenzo Meyer* 

En contexto. La gran confrontación

E n los años finales del decenio de 1950 e inicio del siguiente, era común
encontrar en pequeños engomados fijados en las puertas de las casas o en
las ventanas de colonias de clase media de las ciudades mexicanas este lema:
“cristianismo si, comunismo no”. Detrás de ese peculiar esfuerzo por deslegitimar
a las corrientes políticas de izquierda usando a la religión mayoritaria, estaban
el Secretariado Social Mexicano y la Conferencia de Organizaciones Nacionales,
dos organizaciones católicas a través de las cuales la jerarquía de esa iglesia se
empeñaba en movilizar a sus miembros para neutralizar los esfuerzos políticos
de la izquierda por ampliar su base social, caracterizando a esa corriente como
el instrumento de un movimiento internacional comunista —una fuerza atea,
enemiga de la propiedad privada— cuyo objetivo era implantar ese sistema en
México y en el mundo.1 Y es que la iglesia católica en México hacía su parte en
una campaña que era parte de otra mucho más amplia.
En México el esfuerzo anticomunista de la jerarquía católica era sólo uno
de los más notorios de una gama que en diferentes grados y con diferentes ins-
trumentos, participaban lo mismo los aparatos de seguridad de los gobierno
federal y local, que el partido de Estado —el pri— y otros partidos menores,
las organizaciones empresariales, los sindicatos, las universidades, los medios

* Historiador y analista político del México contemporáneo. Egresado de El Colegio de México,


donde obtuvo la licenciatura y un doctorado en relaciones internacionales. Posteriormente,
realizó estudios de posdoctorado en ciencia política en la Universidad de Chicago. Su publi-
cación más reciente es el libro: (2013) Nuestra tragedia persistente. La democracia autoritaria
en México. México: Random House Mondadori.
1
Pacheco, María Martha. (2002). “¡Cristianismo sí, comunismo no! Anticomunismo eclesiástico
en México” en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México. Vol. 24. México:
unam- Instituto de Investigaciones Históricas. pp. 143-170.

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Lorenzo Meyer

masivos de comunicación y personajes del mundo intelectual. Pero eso no era


todo, lo que entonces tenía lugar en México era sólo un capítulo, y relativamente
secundario, de otros muchos que entonces se escribían en los cinco continentes.
Se trataba de escenarios nacionales o regionales de lo que era una enorme pugna
política, económica, militar y cultural entre las dos superpotencias nucleares
de la época —Estados Unidos y la Unión Soviética— y sus respectivos sistemas
políticos e ideológicos: el capitalismo y el socialismo. Ese antagonismo mundial,
que se desarrolló entre el final de la ii Guerra Mundial —las semillas se habían
sembrado desde antes— y la caída del “Muro de Berlín” en noviembre de 1989,
es lo que conocemos como la Guerra Fría, en realidad una peculiar iii Guerra
Mundial, que si bien no llegó al choque directo entre las superpotencias sí se
prolongó por casi nueve lustros y en ciertos escenarios nacionales adquirió el
carácter de guerra abierta, civil o internacional. En tales casos se trató de guerras
en países que conformaban la ancha periferia del sistema mundial y que, en
ciertas coyunturas, corrieron el riesgo de rebasar el ámbito nacional o regional
y derivar en la temida, por lo inimaginable de sus consecuencias, tercera gran
guerra global del siglo xx. Justo porque un nuevo conflicto armado mundial
tendría que ser atómico, la Guerra Fría nunca se transformó en guerra clásica.
En 1945, cuando George Orwell publicó una de las obras que le harían
mundialmente famoso —Rebelión en la granja—, también publicó un artículo
donde sostuvo que debido a la existencia de la bomba atómica, las condiciones
en que se iban a desarrollar las relaciones futuras entre las potencias habían
cambiado de raíz. Para Orwell, era inevitable que en poco tiempo la urss desa-
rrollara su propia arma nuclear y que, a partir de ese momento, la guerra entre
las dos grandes potencias vencedoras de el Eje sería imposible, pero tan peculiar
circunstancia daría lugar a la existencia de “dos o tres estados monstruosos”
que concentrarían el poder mundial, los pueblos de los Estados no atómicos
serían tratados como subordinados y, finalmente, la humanidad viviría “una
paz que no sería paz”.2 Como en otras cosas, Orwell, que moriría cuatro años
más tarde, fue un auténtico visionario.
La Guerra Fría resultó ser una donde el objetivo inmediato de las dos
superpotencias nucleares sería confrontarse a lo largo y ancho del globo para
contenerse mutuamente usando todos los medios disponibles salvo los nuclea-
res, pues en tal caso no podría haber un ganador sino sólo diferentes grados
de perdedores. Sin embargo, la meta última de cada superpotencia siempre fue
lograr echar abajo el proyecto mundial de la otra.

2
Orwell, George. (1945).“You and the atomic bomb”. The Tribune. Londres: 19 de octubre.

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El frente mexicano de la guerra fría

Las Etapas de la Guerra Fría

Una tesis muy extendida sostiene que las semillas del magno conflicto que marcó
toda la segunda mitad del siglo xx, se sembraron justamente al negociarse la
Paz de Versalles en 1918 y los términos en que operaria el sistema internacional
a partir de entonces.3 La transformación de Rusia en la Unión Soviética signi-
ficó un desafío al sistema capitalista centrado en Estados Unidos y la Europa
Occidental y donde el resto del mundo era la gran periferia.
El historiador estadounidense Ronald Steel advirtió que desde el inicio
de la Guerra Fría esa lucha por el poder mundial se convirtió para Estados
Unidos en una cruzada moral. Es más, “[c]onvencidos de la justicia de nuestra
causa, [los estadounidenses] nos intoxicamos con el descubrimientos de nuevas
responsabilidades a las que consideramos un mandato para lograr un mundo
mejor que tanto deseábamos”. Esa sensación de haber asumido una “responsa-
bilidad mundial” llevó, dice Steel, a que Estados Unidos instaurara una política
de intervencionismo global a la que muy pronto se llegó a considerar no como
un peso sino como un gusto, al punto que se llegó a disfrutarla.4
Thomas J. McCormick, otro estudioso estadounidense del tema, divide el
período que corre entre 1945 y 1989 en dos grandes etapas. La primera va de
la derrota de Alemania a la intervención estadounidense en Vietnam; en ese
período la fuerza dominante en el escenario internacional fue Estados Unidos,
la única potencia que salió fortalecida de la ii Guerra Mundial y a cuyas po-
líticas respondía la Unión Soviética. El inicio de la segunda etapa lo marcó el
descalabro estadounidense en la antigua Indochina, (1961-1973). En esta etapa,
tanto Estados Unidos como la urss empezaron a perder poder relativo en el
sistema internacional. Para la urss la derrota de su intervención en Afganistán,
(1979-1989) fue equivalente a la estadounidense en Vietnam. Para entonces la
dinámica del sistema internacional la marcaba cada vez menos al choque Es-
tados Unidos-Unión Soviética y más la aparición de una pluralidad de actores
con independencias relativas. La hegemonía de los dos súper poderes en sus
respectivas zonas de hegemonía y en sus intersticios, encontró resistencias e
iniciativas independientes que terminaron por dar forma a un sistema inter-
nacional con mayor pluralidad.5

3
Judt, Tony. (2011). Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. México: Taurus. pp. 164-
165.
4
Steel, Ronald. (1967) Pax Americana. (1967). Nueva York: Viking Press. p. 5.
5
McCormik, Thomas J. (1995). America´s half-century. United States Foreign policy in the Cold
War and after. Baltimore: The Johns Hopkings University Press. p. 1.

23

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Lorenzo Meyer

La primera de las dos etapas se puede subdividir según las variaciones


en la intensidad del choque Este-Oeste. De 1947 a 1953 tuvo lugar la conso-
lidación soviética en la Europa del Este y la estadounidense en la occidental,
el bloqueo de Berlín (1948-1949), la creación de la otan, (1949), la guerra en
Corea (1950-1953), el desarrollo de la bomba de hidrógeno por las dos poten-
cias rivales (1952-1953) y el Pacto de Varsovia (1955). A este período le siguió
otro de deshielo y coexistencia relativamente pacífica que sin embargo tuvo un
momento de gran peligro durante la confrontación de las dos superpotencias en
Cuba (la crisis de los misiles de octubre de 1962). Superada esa crisis, el sistema
bipolar entró de nuevo en un período de distención.
La segunda y última etapa de la Guerra Fría se inició con los acuerdos
soviético-americanos de limitación de armas estratégicas de 1972 (salt), y
que significó la aceptación formal de la paridad de armas nucleares entre los
dos súper poderes. El final de la Guerra Fría fue precedido por un deterioro de
todo el sistema económico soviético y por una agresiva política armamentista
estadounidense —la Iniciativa de Defensa Estratégica de 1983— que llevó a
que Washington se desvinculara en 1986 de los acuerdos salt y calificar a
la Unión Soviética como “El Imperio del Mal”. Para entonces era evidente el
deterioro interno de la urss, en buena medida producto de su enorme gasto
en armamentos. El esfuerzo de Mijail Gorvachov a partir de 1985 por llevar
adelante la renovación del sistema soviético (la Glásnost [apertura] y la Peres-
troika [transformación de la economía]) terminó por acelerar el deterioro y
desembocar en el desmembramiento del bloque socialista del Este de Europa
y la disolución de la urss.
La Guerra Fría concluyó con la sorprende victoria estadounidense. Lo
sorprendente fue que ese triunfo no implicó el temido choque nuclear con la
urss sino el desmoronamiento interno de ésta. Lo anterior no significa que ese
tercer gran choque mundial fuera realmente “frío”, es decir, incruento; la parte
“caliente” de la Guerra Fría tuvo lugar en el ancho mundo periférico, donde
murieron millones en combate, asesinados en “guerras sucias” o en las prisiones.
Hasta hoy, el costo total en recursos y vidas de la Guerra Fría resulta muy difícil
de estipular pero, vale la pena destacar que sólo en gasto militar, Estados Unidos
invirtió en promedio anual entre 1948 y 1989, 168 mil millones de dólares a
precios de 1982.6 Podemos suponer un costo similar para los soviéticos, más
los gastos de los aliados de ambas potencias. Y por lo que se refiere al costo en
vidas, si sólo se toman en cuenta once de los principales conflictos ligados a la

Higgs, Robert. (1994). “The Cold War economy. Opportunity costs, ideology, and the politics
6

of crisis” en Explorations in Economic History. V.31. julio. pp. 283-312.

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El frente mexicano de la guerra fría

pugna Estados Unidos-urss que tuvieron lugar entre 1945 y 1989 en Europa,
Asia, África y América Latina, la cifra estimada de muertes es de 10 millones,
772 mil.7

El escenario mexicano

La lucha antisoviética y anticomunista conducida por Estados Unidos fue


secundada con mayor o menor enjundia y efectividad por los gobiernos y las
élites del poder del mundo occidental y de sus zonas de influencia. En este
sentido se trató de un conflicto más extendido que las dos anteriores del siglo
xx y que afectó a todos los países latinoamericanos, aunque con diferentes
grados de intensidad.8
A partir de mediados del siglo xix y a querer que no pero como resul-
tado inevitable de su localización geográfica, México se convirtió en parte del
subsistema político informal pero efectivo creado por Estados Unidos en la
América del Norte.9 A inicios del siguiente siglo y a partir de la confrontación
entre Estados Unidos y las potencias europeas en torno a cómo enfrentar los
efectos sobre sus respectivos intereses de la Revolución Mexicana, el gobierno de
Washington logró subordinar la acción política en México de los países europeos
a la definición de lo que en cada coyuntura fuera el interés estadounidense. Con
el carácter de gran potencia que Estados Unidos adquirió en las negociaciones
de Versalles en 1918, esa misma subordinación se exigió a cualquier otro posible
actor internacional con intereses en México, ya firmemente encuadrado en su
zona de influencia exclusiva.10 Al entrar Estados Unidos a la ii Guerra Mundial,

7
Los conflictos son la guerra civil en Grecia, la guerra civil en China, las diferentes fases de
la guerra de Vietnam, la de Corea, las guerras civiles de Cambodia, Angola, Guatemala, El
Salvador, Nicaragua, la represión en Argentina, la invasión soviética a Afganistán y la lucha
contra “Sendero Luminoso” en Perú, Piero Scaruffi, “Wars and casualties in the 20th and 21st
centuries”. en: http://www.scaruffi.com/politics/massacre.html, consultado el 18 de febrero,
2014.
8
Brands Hal. (2010). Latin America´s Cold War. Cambridge, Mass: Harvard University Press.
9
García Sudo, Alejandro. (2010). Origen y consolidación de dos sistemas internacionales ame-
ricanos: una propuesta para replantear el estudio de las relaciones políticas en América durante
el siglo xix, tesis de licenciatura, México: El Colegio de México, Centro de Estudios Interna-
cionales.
10
La literatura en este campo es basta, al respecto pueden verse: Katz, Friedrich. (2000). La
guerra secreta en México: Europa, Estados Unidos y la Revolución Mexicana, 2ª. ed., México:
Ediciones Era; Meyer, Lorenzo. (1991). Su Majestad Británica contra la Revolución Mexicana,
1900-1950: el fin de un imperio informal. México: El Colegio de México.

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Lorenzo Meyer

México no tuvo, como en el conflicto anterior, la opción de permanecer neutral


sino que formalmente se convirtió en un aliado de Estados Unidos.11
México, como parte histórica de un subsistema internacional de facto,
dominado dese el siglo anterior por la influencia estadounidense y situado en
la zona geográfica de seguridad inmediata de Estados Unidos, simplemente no
tuvo alternativa y fue arrastrado a la Guerra Fría desde el inicio. Sin embargo,
la clase política mexicana intentó mantener un cierto grado de independencia
relativa frente a su poderoso vecino, especialmente en asuntos que le resultaron
relativamente secundarios a los formuladores de la política de Washington pero
que fueron presentados como prioritarios para los dirigentes mexicanos.12 El
examen de cómo, cuándo, por qué y con qué resultados jugó sus cartas la élite
política mexicana —y la élite del poder en general— frente a Estados Unidos,
frente a los varios actores organizados internos y frente la sociedad en general
la Guerra Fría, hace que el enfoque que liga el examen de los procesos internos
con externos de la época, provea una explicación parcial pero importante, del
desarrollo político, económico, social y cultural de México en la segunda mitad
del siglo xx.

El Frente Mexicano. La Etapa Inicial: la Guerra Fría estalla


en la frontera sur y el Caribe

Winston Churchill dio un discurso el 5 de marzo de 1946 en el Westminster


College en Estados Unidos, donde el ex primer ministro británico anunció
que los soviéticos habían hecho caer una “cortina de hierro” desde Szczecin
en el Báltico hasta Trieste en el Adriático para dividir a Europa y construir su
esfera de influencia. Si se toma ese discurso como la declaración del inicio de
la Guerra Fría, entonces resulta que ese arranque coincidió casi exactamente
en México con la elección de Miguel Alemán —ex secretario de Gobernación
y encargado del control político del país— como presidente, con el fin de la
Revolución Mexicana y con el inicio de la postrevolución.
El sexenio de Alemán se significó, entre otras cosas, por la marginación
de las diversas corrientes de izquierda, especialmente la cardenista, dentro del

11
Torres, Blanca. (1979). México en la segunda guerra mundial. Historia de la Revolución Mexi-
cana. México: El Colegio de México.
12
Una elaboración teórica sobre el grado de independencia que México tuvo frente a Estados
Unidos durante la Guerra Fría se encuentra en: Ojeda Gómez, Mario. (1976). Alcances y límites
de la política exterior de México. México: El Colegio de México.

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El frente mexicano de la guerra fría

aparato de gobierno y del partido de Estado —el pri— y por un acercamiento


notable entre los gobiernos de México y Estados Unidos pero ya no en función
del esfuerzo bélico contra el Eje, sino de la Guerra Fría, de una estrecha relación
económica y por una aceptación y puesta en práctica en el plano interno mexi-
cano de la política de neutralización de cualquier manifestación significativa
de la izquierda.13
Fue en este sexenio de 1946 a 1952 cuando la reforma agraria empezó a
revertirse en favor de dar seguridad a la propiedad privada, el pri se declaró
abiertamente anticomunista, la Confederación de Trabajadores de México ex-
pulsó de sus filas a su ex dirigente, Vicente Lombardo Toledano —a quien los
estadounidenses consideraban agente soviético— y el aparato de seguridad del
Estado —básicamente la Dirección Federal de Seguridad— se dedicó a vigilar
y actuar en contra del Partido Comunista Mexicano y de otras organizaciones
o intentos de organización, de la izquierda.
La coyuntura electoral de 1952 permitió el surgimiento, desde dentro del
propio grupo gobernante, de un movimiento de oposición electoral como no
se volvería a ver en los siguientes 35 años: el encabezado por el general Miguel
Henríquez Guzmán o henriquismo. No se trató de una oposición de izquierda
pero si contó con el apoyo de una parte de la izquierda y de lo que quedaba del
cardenismo. Una combinación de buen manejo de las bases masivas priístas,
fraude y represión, puso fin al desafío henriquista.14 La derrota del henriquismo
consolidó la naturaleza presidencialista y autoritaria del México postrevolucio-
nario, y en ese proceso colgarle la etiqueta de izquierda a los opositores, le resultó
útil a Alemán y al candidato oficial, el ex secretario de Gobernación Adolfo Ruiz
Cortines. La Guerra Fría se convirtió así en una muy efectiva justificación del
autoritarismo presidencial.
Ruiz Cortines pronto tomó distancia de Alemán y movió la naturaleza de
su gobierno un tanto al centro, pero justo entonces la Guerra Fría llegó abrup-
tamente a la frontera sur de México. Y ahí se iba a instalar como respuesta al
proyecto nacionalista y populista de la llamada “Revolución del 20 de Octubre”
de Guatemala.
Los gobiernos guatemaltecos que siguieron a la caída del dictador Ubico
en 1944 —los presididos por Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz sucesivamen-
te—, se embarcaron en una política democrática, nacionalista y reformista en

13
Torres, Blanca. (1984). Historia de la Revolución Mexicana, 1940-1952. Hacia la Utopía indus-
trial, V.21. México: El Colegio de México.
14
Servín, Elisa. (2001). Ruptura y oposición: el movimiento henriquista, 1945-1954. México: Cal
y Arena.

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Lorenzo Meyer

materia social —derecho de huelga, legalización del Partido Comunista (pgt),


reforma agraria—, que llevó a que Washington los considerara inaceptables
y echara a andar secretamente un golpe en su contra. Ese golpe implicó una
intervención poco velada y decisiva de la Agencia Central de Inteligencia (cia)
y del Departamento de Estado, que culminó en 1954 con una invasión de mer-
cenarios encabezada por el coronel Carlos Castillo Armas, el derrocamiento de
Árbenz, su exilio en México y la instauración al sur de Suchiate de una dictadura
de derecha, abiertamente anticomunista y dependiente de Estados Unidos.15
Para el gobierno mexicano la acción de Estados Unidos en Guatemala
implicó, entre otras cosas, el fin definitivo de la política de “Buena Vecindad” y
no intervención de la época de Franklin D. Roosevelt, —una de las bases fun-
damentales de la política exterior mexicana de la post revolución—, el uso de la
Organización de Estados Americanos (oea) como un instrumento estadouni-
dense de la Guerra Fría. Para el gobierno mexicano lo aconsejable para evitar
las presiones de unos Estados Unidos completamente determinados a juzgar
cualquier proceso político en América Latina en función de su conformidad o
desvío respecto de la política anticomunista de Washington, era mantener un
bajo perfil internacional y un gran control sobre los actores políticos internos,
especialmente los de izquierda: el cardenismo, el Partido Popular de Lombardo
Toledano, el Partido Comunista Mexicano (pcm) y, naturalmente, las moviliza-
ciones de organizaciones campesinas, estudiantiles y sindicales que pudieran
ser vistas no como reclamo a agravios concretos sino como pretextos para que
“el comunismo internacional”, una “ideología exótica” echara raíces en México.
El inicio de la segunda mitad del siglo xx en México significó, en términos
políticos, el afianzamiento del presidencialismo y el inicio del “período clásico”
del autoritarismo mexicano. El control presidencial de los sectores de masas
del pri, la ilegalización de lo que quedaba del henriquismo y la represión en
contra de los movimientos estudiantiles y sindicales, resultaron acciones acordes
con el papel que Estados Unidos deseaba que los gobiernos latinoamericanos
desempeñaran como responsables del control de los actores y movimientos de
centro e izquierda locales.16 La designación del secretario del Trabajo, Adolfo

15
Valdés Ugalde, José Luis. (2004). Estados Unidos: intervención y poder mesiánico. La guerra
fría en Guatemala, 1954. México: unam.
16
La bibliografía en torno al surgimiento y represión del sindicalismo independiente en un ambien-
te anticomunista es abundante. Entre estas investigaciones destacan la de Loyo, Aurora. (1979).
El movimiento magisterial de 1958 en México. México: Era, y la de Alonso, Antonio. (1979). El
movimiento ferrocarrilero en México, 1958-1959. México: Era; Reyna, José Luis. (1978). Historia
de la Revolución Mexicana. El afianzamiento de la estabilidad política. T.22. México: El Colegio
de México. La obra de Poniatowska, Elena. (2006). El tren pasa primero. México: Alfaguara,

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El frente mexicano de la guerra fría

López Mateos como presidente para el sexenio 1958-1964, mantuvo la nor-


malidad autoritaria pero debió enfrentar de nuevo las turbulencias que trajo
el surgimiento de otro escenario externo pero muy cercano de la Guerra Fría,
similar en su origen al de Guatemala aunque con consecuencias más profundas
y duraderas: la Revolución Cubana, cuyo triunfo en 1959 desembocó en 1960
en un choque abierto con Estados Unidos y que Washington intentó resolver al
estilo Guatemala, pero sin éxito. La invasión de contrarrevolucionarios cubanos
organizada por la cia en 1961 fracasó rotundamente y el régimen cubano se
proclamó socialista y obtuvo el apoyo de la Unión Soviética.
Al inicio de 1960, el gobierno mexicano, con la ya habitual mezcla de
cooptación y represión, mantuvo el control sobre los movimientos que en
diferentes grados representaron un desafío para la disciplina del autoritarismo
presidencial y que tenían connotaciones de izquierda: los ferrocarrileros, elec-
tricistas, petroleros, maestros, estudiantes, agraristas, más el Movimiento de
Liberación Nacional, de corte cardenista y antiimperialista con participación
del pcm.17 Sin embargo, en México como en otros países latinoamericanos, “el
factor cubano” alentó las posibilidades de la oposición revolucionaria, aunque
la estabilidad mexicana se mostró mucho más fuerte que en otros países del
hemisferio para enfrentar el desafío.
Fue en el plano internacional más que en el interno donde la Revolución
Cubana representó un reto mayor pero, a la vez, una oportunidad de ganar
apoyo local para el sistema político mexicano. López Mateos debió hilar muy
fino para que Washington comprendiera y aceptara que el grupo en el poder
en México requería mostrarse relativamente independiente de la dura política
estadounidense hacia Cuba para reafirmar su legitimidad interna —la que
generaba el “nacionalismo revolucionario”— pero sin interferir seriamente e
incluso colaborar discretamente con Estados Unidos en su política anticubana
y anticomunista. Así, México en la oea mantuvo una posición diferente de la de
Washington y del resto de la región, no rompió con el gobierno revolucionario
cubano y sostuvo el principio de no intervención. Sin embargo, en la práctica
puso en prisión a miembros de la izquierda —notablemente al muralista David

es otra forma, muy efectiva, de explorar el tema de la lucha social de 1958 en el ámbito del
sindicato ferrocarrilero: el de la novela histórica.
17
El asesinato del líder agrarista y por un tiempo guerrillero, Rubén Jaramillo y su familia en
Morelos, fue el caso extremo de represión más notorio del gobierno de López Mateos, Gloc-
kner, Fritz. (2010). Sembrar las armas. La vida de Rubén Jaramillo. México: Fundación Rosa
Luxemburgo. El ambiente de protesta, cooptación, control y represión de los movimientos
independientes durante el gobierno de López Mateos está bien captado en la crónica de esos
años elaborada por Agustín, José. (1991). Tragicomedia mexicana. V. 1. México: Planeta.

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Lorenzo Meyer

Alfaro Siqueiros— y acató el bloqueo económico de la isla y durante la “crisis


de los misiles” de 1962 apoyó el bloqueo naval estadounidense para impedir
el ingreso de nuevos cohetes soviéticos a Cuba y exigir el retiro de los que ya
estaban ahí. Se trató, como lo señalara Mario Ojeda, de una política que se arries-
gaba a disentir de Estados Unidos en temas importantes para México —temas
simbólicos— pero sin contrariarle en asuntos sustantivos y que Washington
considerara centrales para su interés nacional.18
Al final, para el gobierno de López Mateos y para el sistema político
mexicano, la relación con Cuba arrojó más beneficios que costos. Y es que el
presidente pudo ganar estatura como estadista ante una parte del público mexi-
cano e internacional, por haber resistido la presión de Washington en torno a
la ruptura diplomática con Cuba y sostenido la validez del principio central de
la política exterior mexicana, el de no intervención. Por otra parte, el gobierno
cubano nunca dio ayuda material a quienes en México quisieron seguir su
ejemplo, lo que constituyó un apoyo importante al régimen mexicano. Además,
no fue poca cosa que en plena Guerra Fría, el gobierno mexicano se hubiera
atrevido a declararse de “extrema izquierda dentro de la Constitución”.19 Para
Estados Unidos, esas formas del gobierno del país vecino del sur de emplear su
política exterior para legitimarse no eran los ideales y por ello México recibió
muchas y duras críticas en la prensa de aquel país,20 pero finalmente resultaron
tolerables para quienes tomaban las decisiones en Washington en la medida que
las autoridades mexicanas controlaban con efectividad a la izquierda radical y
garantizaban la estabilidad interna.21 Durante la visita del presidente John F.
Kennedy a México en julio de 1962 —visita muy bien orquestada por el gobierno
de López Mateos—, el invitado llegó a contrastar a la Revolución Mexicana con
la cubana y puso a la primera como un ejemplo a emular en América Latina. Es
difícil exagerar el éxito de López Mateos en el uso de la Guerra Fría para hacer
pasar por nacionalista a un sistema que tenía las características propias de uno
dependiente y por democrático cuando en la práctica era autoritario.

18
Ojeda, Mario. (1984). Alcances y límites de la política exterior de México. 2a. ed. México: El
Colegio de México. pp. 93-94.
19
Revista Política. 15 de julio 1960.
20
Ver al respecto el análisis de la prensa estadounidense en Aguayo, Sergio. (1988). El panteón
de los mitos. Estados Unidos y el nacionalismo mexicano. México: Grijalbo. Revisar particu-
larmente el capítulo 10.
21
Un buen análisis de la manera como el gobierno mexicano jugó sus cartas para lograr más
beneficios que costos frente a Estados Unidos en el caso de Cuba, ver a Pellicer, Olga. (1972).
México y la Revolución Cubana. México: El Colegio de México, y Covarrubias Velasco, Ana.
(1994). Mexican-Cuban relations, 1959-1988. Tesis doctoral. Inglaterra: Universidad de Oxford.

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El frente mexicano de la guerra fría

Tlatelolco o la Guerra Fría como Justificación


de la Represión Autoritaria

El siguiente gobierno, el de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) ya no supo ni


quiso hilar tan fino como el de su antecesor. La manera tan innecesariamente
dura como Díaz Ordaz enfrentó en 1964-1965 las demandas de los médicos que
laboraban en el sistema estatal de salud —rechazó negociar y terminó echando
mano de la represión— sólo fue el inicio de un capítulo que terminaría con una
tragedia mayor tres años más tarde.22 El inesperado surgimiento a mediados
de 1968 —año en que México sería sede de los juegos olímpicos y mostraría
ante el mundo su progreso y capacidad de organización— de un movimiento
estudiantil que persistió pese a la represión inicial y que terminó cuestionando
el carácter antidemocrático de un sistema de partido de Estado y presidencia
sin contrapesos, concluyó con la matanza de estudiantes y simpatizantes la tarde
del 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco en el centro mismo de la capital.23
La justificación oficial de la matanza del 68 —hasta ahora el número de
víctimas sigue sin establecerse— y la represión que le siguió, se centró en la
teoría de la conspiración comunista que usó al movimiento estudiantil para
dar un golpe al gobierno de Díaz Ordaz. Desde esta perspectiva, expresada
públicamente por las dos cámaras en el Congreso, la Guerra Fría había llegado
directamente a México y la drástica acción gubernamental fue la respuesta dura
pero necesaria para salvar de una conspiración comunista a las instituciones
democráticas mexicanas.24 La oficina de la cia en la Ciudad de México dio su
aval a esta interpretación: los estudiantes estaban armados, era el principio de
una insurrección. Ahora bien, esa información inicial de la inteligencia esta-
dounidense provenía de las fuentes gubernamentales mexicanas, lo que años

22
El estudio clásico del movimiento médico es el de Pozas Horcasitas, Ricardo. (1993). La de-
mocracia en blanco: el movimiento médico en México, 1964-1965. México: Siglo xxi.
23
La literatura sobre la represión del movimiento estudiantil de 1968 es abundante. En esa bi-
bliografía destacan las obras de Poniatowska, Elena. (1971). La noche de Tlatelolco: testimonios
de historia oral. México: Era; Carrión, Jorge. (1969). Tres culturas en agonía, México: Nuestro
Tiempo; Álvarez Garín, Raúl. (1998). La estela de Tlatelolco: una reconstrucción histórica del
movimiento estudiantil del 68, México: Grijalbo; González de Alba, Luis. (2008). Los días y los
años. México: Planeta; Monsiváis, Carlos y Julio Scherer. (1999). Parte de guerra. Tlatelolco,
1968. México: Aguilar; Aguayo, Sergio. (1998). 1968: los archivos de la violencia. México:
Grijalbo. Desde el lado estadounidense un esfuerzo temprano por explicar el movimiento de
1968 por la naturaleza misma del régimen y no como producto de maquinaciones externas
ligadas a la Guerra Fría se encuentra en Stevens, Evelyn P. (1974). Protest and response in
Mexico. Cambridge. Mass: mit Press. pp. 185-262.
24
El Día, 4 y 5 de octubre, 1968.

31

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Lorenzo Meyer

después llevó a un estudioso de la cia en México a concluir que los agentes de esa
famosa agencia de espionaje ¡fueron manipulados por el gobierno mexicano!25
En la oficina central de la cia en Virginia, los encargados de evaluar los datos
provenientes de México sometieron a crítica la interpretación de su agente en
México y tres días después de la represión, el presidente Lyndon Johnson recibió
un memorándum de su consejero de seguridad que decía:

El análisis adjunto de la cia (anexo 1) concluye que las manifestaciones estudian-


tiles tuvieron su origen en problemas políticos locales, no fueron resultado de
maquinaciones cubanas o soviéticas. El papel de éstos [cubanos o soviéticos] se
concretó a proporcionar algún dinero a grupos estudiantiles.26

Una semana más tarde, el 12 de octubre, un cable de la embajada Estados Unidos


en la Ciudad de México sostenía ya el punto de vista anterior: la izquierda está
en el corazón del movimiento pero no Cuba o la urss. El embajador Freeman
hizo ver que era habitual que las autoridades mexicanas culparan a fuerzas
externas de problemas que tenían un origen interno.27
Con el paso del tiempo la documentación mostró que lo sucedido en el 68
no fue resultado de acciones llevadas a cabo por la izquierda —nacional o inter-
nacional— sino de una operación político-militar del gobierno para terminar de
tajo con un movimiento de protesta inaceptable para un régimen autoritario en
cualquier momento pero aún más al convertirse en un proceso prolongado que
amenazaba con interferir con el desarrollo de los juegos olímpicos que, como
se ha dicho, se habían planeado como una muestra del desarrollo material y
madurez política y social del México post revolucionario.28 Como quiera, para
el momento, la mano del comunismo internacional, es decir, la Guerra Fría, fue
la justificación aceptada de la represión.

25
Morley, Jefferson. (2008). Our man in Mexico. Winston Scott and the hidden history of cia.
Lawrence, Kansas: University of Kansas Press. pp. 266-271.
26
Memorándum del consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, Walt Rostow al presi-
dente Johnson, 5 de octubre, 1968, Kate Doyle, National Security Archive Electronic Briefing
Book. No. 10 en http://www2.gwu.edu/~nsarchiv/nsaebb/nsaebb10/intro.htm
27
Memorándum de S.W. Lewis al consejero de seguridad nacional Walt Rostow con copia del
cable de la embajada en México, 12 de octubre, 1968. Ibíd.
28
Los documentos publicados por Monsiváis y Scherer, provenientes de los archivos del secre-
tario de Defensa en 1968, general Marcelino García Barragán, son una de las pruebas docu-
mentales más claras del cómo y por qué el Estado Mayor Presidencial organizó la represión
de Tlatelolco, Op. Cit. Un trabajo con amplia documentación sobre el 68 es el de Aguayo.
(1998). Op. Cit.

32

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El frente mexicano de la guerra fría

A la matanza de estudiantes de 1968 le siguió otra, la de la marcha de los


estudiantes en la Ciudad de México el 10 de junio de 1971. Quienes organiza-
ron la movilización confiaron en que “la apertura democrática” anunciada por
el presidente Luis Echeverría (1970-1976) realmente significaba un cambio
en la esencia del sistema político. Se equivocaron trágicamente. La lógica de
esta segunda represión estudiantil, llevada a cabo ya no por el ejército sino por
un grupo paramilitar —los Halcones—, fue la misma que la del 68: el sistema
autoritario no podía permitir movilizaciones políticas independientes y donde
la cooptación no pudiera operar. Ahora bien, en 1971 ya no se recurrió a la
Guerra Fría como explicación, a la defensa del gobierno frente a la subversión
comunista, sino a un conflicto entre grupos “civiles”.
Un resultado de lo ocurrido en 1968 y 1971, fue que a la izquierda mexi-
cana le quedó claro que insistir por la vía de la protesta pública y ciudadana
ya no era viable si es que alguna vez lo había sido. A partir de entonces, los
“revolucionarios profesionales” optaron por la vía armada.29

La guerra sucia

Tras las represiones de 1968 y 1971, la oposición radical, cada vez más confinada
a la izquierda revolucionaria, decidió que no había más camino para enfrentar al
régimen que el de las armas: la fórmula cubana o una variante inspirada en China,
Argelia o Vietnam.30 En realidad, la opción guerrillera se inició desde antes pero
aquella ligada al entorno de la confrontación Este-Oeste, socialismo-capitalismo,
se puede datar a mediados de 1960 o más exactamente el 23 de septiembre de
1965, cuando una docena de profesores, estudiantes y campesinos que formaron
el Grupo Popular Guerrillero encabezado por el profesor rural Arturo Gámiz,
atacó, sin éxito, el cuartel militar en Ciudad Madera, Chihuahua.31 Poco después,
en Guerrero, y también conformado por profesores rurales como dirigentes y
campesinos como base, se formaron y empezaron a actuar como guerrilla —en
realidad como auto defensas— entre 1967 y 1968, los grupos encabezados por

29
Ortega, Orlando. ed. (2011). Jueves de Corpus. México: Diógenes; Ortega, Joel. (2013). 10 de
junio: ¡ganamos la calle!. México: Ediciones de Educación y Cultura; Cano, Arturo. (2011).
Los Halcones, nunca más. Memoria contra la impunidad. México: Porrúa.
30
Herrera Calderón, Fernando y Adela Cedillo. eds. (2012). Challenging authoritarianism.
revolutionary struggles and the dirty war, 1964-1982. Nueva York: Routledge. p. 6.
31
Carlos Montemayor, que conoció a los miembros del grupo que atacó el cuartel de Ciudad
Madera, recreó los hechos en una novela que es, también, una de las mejores explicaciones
de ese arranque de la guerrilla revolucionaria. (2003). Las armas del alba. México: Mortiz.

33

00A-Completo LC23S.indb 33 02/03/2015 03:34:02 p.m.


Lorenzo Meyer

Lucio Cabañas Barrientos —Partido de los Pobres— y Genaro Vázquez Rojas


—Asociación Cívica Nacional Revolucionaria. La etapa más violenta de la lucha
en la sierra de Guerrero —la guerra sucia rural—, se desarrolló de fines de 1960
a inicio de 1970. La muerte de Vázquez Rojas en 1972 y de Cabañas Barrientos
en 1974 y la dureza de la campaña antiguerrillera llevada a cabo por el ejército
en la sierra de Guerrero, significó el fin de ambos movimientos.32
Las acciones guerrilleras rurales en Chihuahua y Guerrero pronto tuvieron
su contraparte urbana en 1970, donde básicamente estos movimientos se nutrie-
ron de estudiantes universitarios con programas ideológicos más acusadamente
comprometidos con la detonación de un movimiento revolucionario antiim-
perialista y anticapitalista. El Movimiento de Acción Revolucionaria se formó
a finales de la década de los sesenta con estudiantes mexicanos en la urss que
luego buscaron entrenamiento militar en Corea del Norte porque los soviéticos
no se los proporcionaron. Sin embargo, el grupo más importante apareció en
1973: La Liga Comunista 23 de septiembre, conformada muy señaladamente
pero no exclusivamente, por estudiantes universitarios y en buena medida del
occidente y norte de México. Esta organización operó entre 1973 y los primeros
años de la década de 1980.33
La guerra sucia mexicana llevada a cabo por el régimen contra la oposi-
ción armada de izquierda, básicamente durante los años setenta, implicó una
represión donde las fuerzas policíacas y militares del Estado mexicano tuvieron
carta blanca respecto de los métodos que emplearon para terminar con el reto
de esa oposición frontal y donde la justificación principal de la violación de
los derechos humanos fue la lucha contra la subversión comunista. El costo
humano que pagó entonces la oposición se ha calculado en tres mil ejecutados
y desaparecidos y más del doble de capturados y torturados.34 Esta fase arma-
da de lo que fue una mezcla de elementos de la Guerra Fría con la defensa del
autoritarismo mexicano, concluyó con un triunfo del aparato de seguridad del
régimen sobre la oposición radical, aunque sus rescoldos permanecieron. Uno de

32
Carlos Montemayor vuelve a recrear mediante la novela histórica, la naturaleza de la guerra
sucia en Guerrero, (2009). Guerra en el paraíso. México: De bolsillo. Un análisis más socio-
lógico y una bibliografía adecuada se encuentra en Aviña, Alexander. (2012). “Seizing hold of
memories in moments of danger”, en Herrera y Cedillo, Op. Cit., pp. 40-59.
33
Uno de los estudiosos que primero tuvo acceso a los documentos del cisen sobre la represión
a la Liga 23 de Septiembre y elaboró un estudio al respecto fue Aguayo, Sergio. (2001). La
charola. Una historia de los servicios de inteligencia en México. México: Grijalbo. Estudios más
recientes son los de Herrera Calderón, Fernando. “From books to bullets” y Robinet, Romain.
“A revolutionary group fighting a revolutionary state” en Herrera y Cedillo. (2012). Op. Cit.
34
Herrera y Cedillo. (2012). Op. Cit. p. 8.

34

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El frente mexicano de la guerra fría

esos rescoldos se iba a refugiar en Chiapas y resurgiría en un ambiente donde ya


no había Guerra Fría y de forma espectacular, con el levantamiento del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (ezln) en enero de 1994.
La insurgencia neozapatista ya no recurrió al discurso tradicional de la
izquierda porque tuvo lugar en un contexto mundial donde el “socialismo real”
había fracasado. El discurso de los nuevos insurgentes dejó de lado el lenguaje
del marxismo-leninismo para adoptar uno donde la inspiración provenía de
los revolucionarios populares nacionales de inicios del siglo y la lucha contra el
sistema político y económico se legitimó a través de la lucha por los derechos
de las comunidades más pobres y explotadas: las indígenas. Ese cambio de
estrategia y de las condiciones internacionales, hizo imposible que el gobierno
pudiera volver a emplear la justificación del anticomunismo como defensa y
justificación para el uso a fondo de la fuerza para suprimir a los rebeldes.35 Esas
condiciones también permitieron que muy pronto surgiera una fuerte corriente
de simpatía nacional e internacional por la causa del ezln. Todo lo cual llevó
primero y en pocos días a una tregua y posteriormente a la negociación entre
los rebeldes y el gobierno con intervención de mediadores, notablemente la
Iglesia Católica. El resultado ha sido una prolongación indefinida de la tregua
inicial y a la aceptación de la legitimidad del reclamo del ezln y a la institucio-
nalización —y encapsulamiento— de su presencia armada en una parte de la
geografía chiapaneca.36

De nuevo Centroamérica

A partir de la disminución hasta casi la desaparición del desafío guerrillero,


para México la guerra fría volvió a asumir básicamente el carácter que tuvo
en los 1950 y 1960: los efectos disruptivos del enfrentamiento en su entorno
internacional inmediato. De nuevo el foco de tensión fue Centroamérica.
Para el gobierno mexicano la prolongada y brutal guerra civil que tenía
lugar en Guatemala desde 1960 y que sólo se daría por concluida tras los

35
El discurso neozapatista fue abundante y muy bien registrado, véase: sin autor. (1995). La
palabra de los armados de verdad y fuego. Entrevistas, cartas y comunicados del ezln. 3 Vols.
México: Editorial Fuenteovejuna.
36
La bibliografía nacional, norteamericana y europea sobre el movimiento insurgente del ezln
es abundante, un ejemplo de cada uno de ellos se tiene en: Montemayor Carlos. (1997). La
rebelión indígena de México. México: Mortiz; Harvey, Neil. (2000). La rebelión de Chiapas.
Chiapas la lucha por la tierra y la democracia. México: Era y Vázquez Montalban, Manuel.
(2000). Marcos: el señor de los sueños. México: Aguilar.

35

00A-Completo LC23S.indb 35 02/03/2015 03:34:03 p.m.


Lorenzo Meyer

acuerdos de 1996, se complicó con las que estallaron en Nicaragua tras la


caída del gobierno dictatorial de Anastasio Somoza Debayle, (1979-1990) y
en El Salvador, (1979-1992). El gobierno estadounidense, en particular tras la
llegada al poder de Ronald Reagan y los republicanos, definió los conflictos
centroamericanos como parte de la Guerra Fría y dio un apoyo abierto y sus-
tantivo a los contrarrevolucionarios nicaragüenses y al gobierno salvadoreño
y guatemalteco. Formalmente, en 1977 el presidente Jimmy Carter había sus-
pendió la ayuda militar estadounidense a El Salvador por sus violaciones a los
derechos humanos, aunque disminuida y por otras vías, Reagan hizo que esa
ayuda volviera a fluir.37
En términos generales, la política mexicana al sur del Suchiate buscó la
solución negociada de los conflictos civiles auspiciando los contactos entre las
partes para evitar la prolongación de guerras civiles que aumentaban la inter-
vención de los gobiernos estadounidense y cubano en la región —una situación
que minaba el principio fundamental de la política exterior mexicana— y que,
además, podían extender el conflicto al sur de México. De ahí el empeño del
gobierno de López Portillo por apoyar y moderar a los sandinistas tras su triunfo
en 1979, involucrar a Francia en una fallida mediación entre el gobierno y la
guerrilla salvadoreña y, finalmente y a pesar de su crisis económica, el esfuerzo
del presidente Miguel de la Madrid por convocar en 1983 al “Grupo de Conta-
dora” —México, Venezuela, Colombia y Panamá— para intentar la mediación
colectiva entre las posiciones de Washington, los gobiernos centroamericanos
y los insurgentes revolucionarios y contrarrevolucionarios. En 1985 se unieron,
como apoyo a este grupo, los gobiernos de Brasil, Argentina, Perú y Uruguay.38
Para Estados Unidos, en particular para la derecha, la posición mexicana resultó
inaceptable, pues pretendía evitar la aniquilación de la izquierda, un objetivo
posible y deseable para los radicales de la Guerra Fría. Para esa derecha, la
posición mexicana sólo se podía explicar como un esfuerzo del gobierno de
De la Madrid para mantener la política cubana de no apoyar a una izquierda
mexicana que, aunque por el momento bajo control, con ayuda externa podría
reanimarse y prosperar, dadas las condiciones de crisis y descomposición del

37
Smith, Christian. (1996). Resisting Reagan. The U.S. Central America Peace Movement. Chicago:
The University of Chicago Press. Véanse particularmente los capítulos 2 y 3. pp. 18 y ss.
38
Ojeda, Mario. (2007). Retrospección de Contadora. Los esfuerzos de México para la paz en
Centroamérica, 1983-1985. México: El Colegio de México. Una visión desde dentro del
aparato diplomático mexicano de los esfuerzos de la cancillería por actuar en el conflicto
centroamericano de 1970 y 1980, se tiene en: Toussaint, Mónica. (2013). Diplomacia en
tiempos de guerra. Memorias del embajador Gustavo Iruegas. México: Instituto Mora-cialc-
La Jornada.

36

00A-Completo LC23S.indb 36 02/03/2015 03:34:03 p.m.


El frente mexicano de la guerra fría

sistema político mexicano.39 El surgimiento del ezln en enero de 1994 en Chia-


pas, mostró que los temores del gobierno mexicano sobre un posible “contagio”
centroamericano, no estaban totalmente equivocados: las raíces históricas y el
atraso en las condiciones sociales y políticas del sur mexicano no eran muy
diferentes de las que existían al sur de la frontera.
El gobierno de Ronald Reagan concluyó justo cuando cayó el Muro de
Berlín y uno de los efectos de las reverberaciones de tan monumental hecho fue
hacer posible que las guerras civiles en Centroamérica concluyeran mediante
negociaciones y que, finalmente, la Guerra Fría se convirtiera en historia para
la agenda internacional del gobierno mexicano.
Un área latinoamericana, pero mucho más al sur, donde la Guerra Fría
también se dejó sentir y tuvo efectos sobre la política exterior mexicana, fue
Chile. El gobierno de Luis Echeverría, tan duro con la izquierda revolucionaria
mexicana, se mostró muy cercano a la izquierda chilena que se proponía llegar
y sostenerse en el poder por la vía electoral e institucional y no por la armada ni
por la dictadura de clase, es decir, la izquierda encabezada por Salvador Allende y
la Unidad Popular. El gobierno mexicano tuvo gestos de apoyo político e incluso
material para la presidencia de Allende no obstante que era evidentemente que
ese gobierno no contaba con la simpatía estadounidense por su identificación
con un proyecto socialista. En septiembre de 1973, Washington echó todo su
peso en apoyo del golpe que dio el ejército chileno y que acabó con ese novedoso
intento latinoamericano de construir una opción de izquierda caminando por
el sendero de las urnas y no de las armas.40 Echeverría se sirvió muy bien del
derrocamiento y muerte de Allende para mostrar la solidaridad de su gobierno
con el exilio chileno y, sin gran costo político, marcar de nuevo, como lo hiciera
López Mateos en 1960, una independencia relativa frente a Estados Unidos
mientras, dentro de México, la guerra sucia iba en ascenso.41

39
Un buen ejemplo de esta posición intransigente y absolutamente contraria a la del gobierno
mexicano se tiene en Menges, Constatine C. (1988). Inside the National Security Council. The
true story of the making and unmaking of Reagan’s foreign policy. Nueva York: Simon & Schuter.
p. 118.
40
Harmer, Tanya. (2011). Allende’s Chile and the Inter-American Cold War. Chapel Hill: University
of North Carolina Press.
41
La política del gobierno mexicano ante el golpe militar que derrocó a Salvador Allende, fue
examinada por un testigo privilegiado: el embajador mexicano en esa época en Chile, Martínez
Corbalá Gonzalo. (2003). La historia que viví. México: Colegio Mexiquense.

37

00A-Completo LC23S.indb 37 02/03/2015 03:34:03 p.m.


Lorenzo Meyer

La Herencia

Oficialmente la Guerra Fría inició su proceso de conclusión con la caída del


Muro de Berlín la noche del jueves 9 de noviembre de 1989 y ese proceso llegó
a su fin con la disolución de la urss entre marzo de 1990 y diciembre de 1991,
aunque sus reverberaciones aún no cesan en el sistema internacional o al interior
de ciertos países. Y esas persistencias se pueden comprobar lo mismo en la divi-
sión de la península de Corea que en lo áspero de las relaciones políticas entre
Estados Unidos y la Federación Rusa, en la tensión entre la República Popular
de China y Taiwán, en el mantenimiento del bloqueo económico de Cuba por
parte del gobierno estadounidense o en el conflicto interno de Ucrania.
En el caso de México es evidente que, al final de cuentas, su sistema au-
toritario surgido de la Revolución Mexicana y consolidado a partir de 1940, se
benefició por una doble vía de ese prolongado conflicto Este-Oeste. La estabi-
lidad lograda por una presidencia fuerte montada en un partido de Estado —el
pri— resultó funcional para la política estadounidense posterior al final de la ii
Guerra Mundial, al asegurarle la estabilidad política en su frontera sur y el com-
bate por medios legales e ilegales a la izquierda radical mexicana. Washington,
pese a definirse como el líder de las democracias en una lucha global contra el
totalitarismo soviético, nunca hizo hincapié en la naturaleza antidemocrática
del sistema del país vecino del sur sino que, al contrario, lo avaló como una de-
mocracia bona fide. Por otro lado, ese papel de garante de la estabilidad política
a lo largo de los tres mil kilómetros de la frontera México-Estados Unidos, le
permitió al grupo gobernante mexicano disentir públicamente en varias oca-
siones de los lineamientos de Washington sin pagar un gran costo a cambio de
ganar en legitimidad interna explotando los sentimientos nacionalistas y externa
mostrando rasgos de independencia y soberanía. Esos rasgos de independencia
también le ganaron al gobierno mexicano la neutralidad del cubano en relación
a los movimientos guerrilleros mexicanos. Finalmente, ese apoyo o tolerancia
de Washington a un autoritarismo mexicano muy funcional para su política de
Guerra Fría, fue un factor en el retraso del cambio político mexicano y de la
mala calidad de ese cambio.
Obviamente, el desarrollo de la izquierda en México, parte de una zona
dominada por el enorme peso de la hegemonía estadounidense, resultó un factor
decisivo, aunque no el único, en la explicación de la debilidad de esta corriente
política. Pese a que el Partido Comunista Mexicano dejó de existir en 1981
para fusionarse con otras organizaciones, el anti izquierdismo sigue siendo un
elemento que explica en buena medida porque una sociedad tan inequitativa
y desequilibrada como la mexicana, mantiene una cultura cívica notablemen-

38

00A-Completo LC23S.indb 38 02/03/2015 03:34:04 p.m.


El frente mexicano de la guerra fría

te conservadora. El éxito de Carlos Salinas en consolidar su gobierno con el


apoyo de la derecha mexicana y del gobierno estadounidense (el Acuerdo de
Libre Comercio de la América del Norte) pese a lo cuestionado de su supuesta
victoria sobre Cuauhtémoc Cárdenas en la elección de 1988, tiene un compo-
nente anti izquierdista arraigado en el anticomunismo de la Guerra Fría. Y lo
mismo se puede sostener en relación al eslogan que contribuyó a la derrota de
Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda no revolucionaria
en la elección presidencial del 2006 al ser calificado por sus adversarios como
un radical y “un peligro para México”.
Para concluir, aún deberá correr el tiempo antes de que las herencias po-
líticas, económicas y culturales de la Guerra Fría queden superadas en México
y en el sistema internacional.

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00A-Completo LC23S.indb 42 02/03/2015 03:34:05 p.m.
Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla)
en América Latina y el Caribe

Ricardo Domínguez Guadarrama*

E l triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, tuvo diversos


impactos en la región. Entre ellos, la definición de una larga disputa de
liderazgo entre comunistas y nacionalistas, y entre reforma o revolución. Al
mismo tiempo, planteó diversas aristas jurídicas, al inaugurar el debate sobre
los compromisos del Estado Cubano como sujeto de derecho y su relación con
grupos revolucionarios que actuaban al margen de la ley. De hecho, el gobierno
cubano amplió el ejercicio diplomático a espacios no convencionales y mucho
menos reconocidos, al institucionalizar el ejercicio oficial de su política exterior
con grupos no reconocidos por el derecho, en lo que se ha llamado diplomacia
guerrillera, informal o alternativa.1
La Revolución Cubana mostró las posibilidades de lograr una recomposi-
ción de las relaciones sociales de producción, a partir de la organización popular,
la defensa de sus derechos y la lucha social frente a los factores de poder que
habían dominado el escenario nacional sobre los intereses del pueblo. El movi-
miento revolucionario cubano, incentivó también a la sociedad latinoamericana

* Investigador de la Unidad Académica de Estudios Regionales de la Coordinación de Huma-


nidades, unam. Doctor en Estudios Latinoamericanos. Correo electrónico: rdominguez@
humanidades.unam.mx
1
Cabe como acotación el hecho de que históricamente diversos países desarrollados han brin-
dado apoyo o bien han creado movimientos en distintos países para provocar el derrumbe
de gobiernos contrarios a sus intereses. Por ejemplo, en la actualidad el apoyo de Estados
Unidos y Francia a grupos contrarios al gobierno de Libia, ha sido manifiesto. Así, queda
claro que la diplomacia informal o alternativa ha sido una práctica constante en las relaciones
internacionales, sólo que en el caso de Cuba ha sido abierta y en el de los países desarrolla-
dos clandestina. Además, entre la práctica diplomática cubana y la de Estados Unidos las
diferencias son abismales; Cuba no participa sin invitación, no lidera y no interviene en los
asuntos internos de los grupos que piden su apoyo, su interés es la defensa de los derechos de
los pueblos. Estados Unidos, por su parte, actúa en favor de sus intereses y pasa por encima
de derecho de la sociedad.

43

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Ricardo Domínguez Guadarrama

a enfrentarse a los poderes extranjeros, particularmente, a los estadounidenses,


asociados fuertemente con los nacionales.
Pero los efectos de la Revolución Cubana en la región, pueden dividirse en
tres etapas bien diferenciadas entre 1959 y 1975. Entre 1959 y 1961, el gobierno
revolucionario practicó dos de sus premisas históricas aprendidas en un largo
proceso de lucha por su independencia. Mostró su compromiso internacional
apegado a derecho, al promover relaciones formales de cooperación y amistad
con los veinte países de América Latina y el Caribe que entonces formaban
parte de la Organización de los Estados Americanos (oea) y que reconocie-
ron al nuevo gobierno y, por otro lado, promovió el respeto a los pueblos, a
sus demandas y su derecho de emancipación. El gobierno de Cuba también
anunció desde muy temprano la búsqueda de la reciprocidad en las relaciones
internacionales, a fin de combatir la preponderancia de unas pocas potencias
en el concierto de naciones.
Entre 1962 y 1967, la política exterior cubana vivió la etapa de mayor
apoyo a los movimientos sociales en la región, con características muy parti-
culares para cada caso. No sólo por el hecho de que en esos años, el gobierno
cubano había ya transitado hacia la transformación política, económica y social
en su territorio, sobre la base de la justicia social, conveniente y fuertemente
identificada con el socialismo, sino porque institucionalmente el gobierno
estaba más consolidado, que en los primeros tres años. No está claro si todos
los movimientos sociales armados que se conocieron en la década de los años
sesenta del siglo veinte en la región latinoamericana y caribeña contaron con
la ayuda cubana, pero lo que sí es un hecho, es que el apoyo cubano dependía
de diversos factores, tales como el cumplimiento de las condiciones objetivas y
subjetivas en cada país, el grado de unidad entre los distintos movimientos y la
vinculación que tenían con el resto del pueblo. En esta etapa, también se da el
mayor aislamiento político-diplomático de Cuba, pues sólo México mantuvo
sus vínculos con la Isla. Esa situación, obligó realizar ajustes al ejercicio de su
diplomacia, aunque no los principios, valores e intereses de su política exterior
que han sido permanentes en el tiempo. La diplomacia alternativa cubana pri-
vilegió la cooperación hacia los pueblos de América Latina y el Caribe —como
lo había hecho José Martí a partir de 1892—, pero contrastó con la relación
oficial que mantuvo con México todo el tiempo.
Entre 1968 y 1975 la situación regional observó cambios trascendentales
que incidieron en la diplomacia cubana. La muerte del Che Guevara en Bolivia
en octubre de 1967 terminó con la estrategia de la lucha guerrillera del foquis-
mo e inauguró una etapa de lucha por el poder desde el gobierno, encabezado
en algunos casos, incluso, por militares nacionalistas. Las armas no serían más

44

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

la única vía para transformar las relaciones sociales en los países de la región,
sino que a partir de entonces podrían provocarse desde el gobierno, a través de
elecciones y al lado de los militares y no contra ellos. Se abrió así una etapa de
reformismo a la que Cuba debió también sumarse, sobre todo porque inició un
periodo de restablecimiento de relaciones diplomáticas de varios países con la
Isla, que se ampliaría con la resolución de la oea en 1975, al dejar en libertad
a los países de establecer relaciones con Cuba de acuerdo con sus intereses. El
papel jugado por México entonces había sido de importancia para ese cambio
regional.

Objetivos y principios de la política exterior cubana; aspectos generales

Al triunfo de la Revolución, los principios, objetivos e intereses de la política


exterior quedaron definidos en tres vertientes; a) reflejaron la experiencia secular
de la historia cubana; b) adquirieron jerarquía constitucional, y c) situaron a
Cuba a la vanguardia de los principios que enarbolan los pueblos en demanda
de sus derechos. De tal manera, dichos principios fueron: 1) el respeto a la
soberanía territorial entre Estados independientes; 2) la igualdad soberana o
igualdad jurídica de los Estados; 3) la libre autodeterminación de los pueblos; 4)
la no intervención en los asuntos internos de los Estados; 5) solución mediante
negociaciones de los litigios internacionales y en la coexistencia pacífica con
todos los países.2
Cuba se comprometió a colaborar, además, activamente en la Organización
de las Naciones Unidas (onu) para promover la paz mundial, sobre la base del
respeto mutuo y del derecho inalienable de cada Nación a decidir libremente
su propio camino político, económico y social. Rechazó el desarrollo econó-
mico desigual, factor de inestabilidad. Promovió la cooperación económica y
la asistencia técnica para superar el subdesarrollo.3

2
“Nota del gobierno de Cuba al gobierno de los Estados Unidos, 19 de julio de 1963”. en
D´Estéfano Pisani, Miguel A. (1988). Cuba en lo internacional. La Habana: Editorial de Ciencias
Sociales. p. 258.
3
“Respuesta a EE.UU Cuba es soberana por derecho no por merced”, Departamento de Rela-
ciones Públicas, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, 1960, pp. 6-10.
Ver específicamente: “Declaración del presidente de la República, doctor Osvaldo Dorticós
Torrado, en respuesta al presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, formula-
das el 27 de enero de 1960”. Tomado de Bell, José, Delia Luisa López y Tania Caram. (2007).
Documentos de la Revolución Cubana 1960. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. pp.
147-151.

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Ricardo Domínguez Guadarrama

Las relaciones internacionales con la Unión de Repúblicas Socialistas


Soviéticas (urss) y sus aliados, por un lado, y los conflictos con Estados Uni-
dos y los suyos, por el otro, representaron factores reales de incidencia en la
definición de la estrategia que permitiría el despliegue de la política exterior
cubana,4 algo que por cierto fue motivo de equivocadas lecturas. La enemistad
con los Estados Unidos y la alianza con la urss fueron interpretadas como ele-
mentos determinantes del quehacer internacional cubano, aunque lo cierto es
que mantuvo signos de autonomía, si bien limitada, también propia de acuerdo
a sus intereses. La búsqueda del equilibrio de las fuerzas mundiales, ha sido
para la política exterior cubana una condición que le ha otorgado márgenes de
negociación y que, al mismo tiempo, favorece a los países subdesarrollados en
defensa de su soberanía y libre determinación.
Si bien la política exterior mantuvo su continuidad, la diplomacia se adecuó
como consecuencia de los cambios en las relaciones internacionales de la Isla.
Las formas de lograr los objetivos internacionales cubanos más que cambiar se
adicionaron; al quehacer oficial se sumó el quehacer alternativo, la diplomacia
alternativa, es decir; el apoyo institucional a los movimientos revolucionarios
y sociales en América Latina y el Caribe. El quehacer internacional de Cuba,
entonces, mantuvo sus propósitos políticos de cooperación internacional oficial
y extraoficial; propaganda, ayuda militar, logística y asesoría a los movimientos
sociales y nacionalistas.
La diplomacia cubana aceptó la dialéctica como método de acción en
sus relaciones internacionales; mantener relaciones diplomáticas, de amistad,
colaboración y entendimiento con cualquier gobierno sobre la base del respeto
a la soberanía, la libertad de decisión, la igualdad jurídica y la no injerencia,
por un lado; y alentar el equilibrio en el mundo a través de promover la
ruptura de los lazos de dominio y control de las naciones tercermundistas
o subdesarrolladas que ejercen en su contra las potencias, por el otro. Aquí
se pueden rescatar un par de elementos de la política exterior cubana: 1) su
sentido de autodefensa a través de la liberación nacional en el tercer mundo
y 2) su idealismo inscrito en la promoción de la justicia social para dar fin al
sistema capitalista.
Tal como lo dijo el director de la Oficina de Inteligencia e Investigación del
Departamento de Estado de Estados Unidos, Thomas Hughes, “Fidel Castro y
sus compañeros eran revolucionarios dedicados, enteramente convencidos de

4
Fabbri, Carlos Andrés. (2006). “La Política Exterior de Cuba hacia América Latina. Reflexiones
en torno a la exportación del Comunismo”. Nueva Sociedad. Venezuela. octubre-diciembre,
pp. 39-44.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

que algún día pueden llevar un cambio radical a América Latina y que deben
hacerlo”.5

Primera Etapa; 1959-1961

Entre 1920 y 1960 fueron reiteradas las manifestaciones de la izquierda en


América Latina, incluso a través de las armas, para promover cambios políticos
y sociales aunque sólo fueran reformistas y no necesariamente de estructura
como en la URSS y Cuba. En esos años, las contradicciones entre comunistas
y popular-nacionalistas fueron profundizándose a tal grado de disputarse el
proceso de la lucha social; ¿que debía prevalecer; las armas o las elecciones?
¿Qué era lo fundamental, promover los cambios sociales desde el poder o fuera
de él? El tema fundamental, en todo caso, era resolver la disputa; la jerarquía, la
igualdad-conflicto o colaboración entre las fuerzas de la izquierda.6 La Revolu-
ción Cubana resolvió esa disputa teórica y práctica con el triunfo de las armas.
Una segunda consecuencia del triunfo revolucionario, fue demostrar que el
objetivo de toda revolución era promover un cambio estructural en las relacio-
nes sociales y no sólo un esfuerzo reformador. Al mismo tiempo, fue evidente
la importancia de las alianzas de todas las fuerzas progresistas en la lucha por
alcanzar el poder y que en aras de conseguir su objetivo, debía necesariamente
aprenderse que a mayor radicalización en el discurso, menores las posibilidades
de alcanzar la victoria.
Parte de esta otra dimensión de la diplomacia cubana era, entonces, ir
descubriendo o estimulando estos lineamientos entre los distintos sectores
sociales latinoamericanos; su recepción, sus opiniones y sus compromisos con
las causas nacionales.7 Un elemento adicional para la diplomacia alternativa
fue el aislamiento cubano. En realidad muchas de las tácticas y estrategias de
esta diplomacia fueron definiéndose a partir de las circunstancias regionales y

5
Department of States, Policy Planning Council, “Caribbean: Cuba”, 13 de febrero de 1964, p.
6, nsfc, caja 26/29, lbjl, citado por Gleijeses, Piero (2004). Misiones en conflicto. La Habana,
Washington y África. 1959-1976. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. 2 ed., p. 72. De
hecho el texto es un ejercicio fundamental que da claves insoslayables para conocer las motiva-
ciones de la política exterior cubana, especialmente documentado a partir de la participación
de Cuba en África.
6
Castañeda, Jorge. (1995). La utopía desarmada. México: Joaquín Mortiz. 2 ed., pp. 25-28
7
Para conocer las bases del método de análisis cubano, ver Piñeiro Losada, Manuel. (2008). “La
crisis actual del imperialismo y los procesos revolucionarios en América Latina y el Caribe”,
en Contexto Latinoamericano Revista de Análisis Político. No. 10. Ocean Sur. pp. 47-74.

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Ricardo Domínguez Guadarrama

de las valoraciones que de ella hacía la dirigencia, de lo cual dependía el éxito


de ese ejercicio internacional.
Para el despliegue de la diplomacia alternativa, el gobierno creó en 1959
el Departamento M, dirigido por el colaborador más cercano al Che Guevara,
Manuel Piñeiro Losada, quien sería también el director de la Dirección Gene-
ral de Inteligencia (g2), que de hecho, fue el órgano de espionaje y seguridad
nacional reestructurado que venía fungiendo en la Isla desde hacía muchos
años, creado al amparo y semejanza de los órganos de seguridad y espionaje
de Estados Unidos. El g2 fue remozado en 1962 y encargado de la seguridad
interna y externa de Cuba, subordinada al Ministerio del Interior, creado éste
último en 1961. El Departamento M, que se encargaba específicamente del apoyo
a las guerrillas revolucionarias de América Latina y el Caribe, fue absorbido
por el Ministerio del Interior el 6 de junio de 1961, para llamarse, a partir de
entonces, Dirección para las Relaciones con los Movimientos Revolucionarios de
América Latina y África.8
La diplomacia alternativa no obstante, no sólo cubría la parte de apoyo
militar, logístico o de otra índole que Cuba prestaba, también comprendía el
ejercicio de sus agentes desde las embajadas cubanas. Al igual que la diplomacia
formal u oficial, la alternativa tenía sus propios colaboradores cuyos cuadros
contaban con una instrucción específica, cuyas características debían pasar por
la tolerancia, la convicción y el compromiso solidario con sus contrapartes.
Un principio era evitar el mercenarismo; Cuba no pagaba por la información
obtenida ni intervenía para la mejora laboral de sus informantes, quizá porque
tampoco podía hacerlo. Ayudar a Cuba era ayudar a la liberación nacional de los
países y de la región. Además de dotes diplomáticas y de conocimientos teóricos
sobre la región, los agentes cubanos debían tener instrucciones psicológicas, de

8
Piero Gleijeses. (2004). Misiones en conflicto. La Habana, Washington y África. 1959-1976.
La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. p. 55. También entrevista del autor con el Dr. Luis
Suárez Salazar (2010), La Habana, Cuba, 22 de diciembre. Algunos datos biográficos de Manuel
“Barbarroja” Piñeiro Losada: Piñeiro llegó a la Sierra Maestra en mayo de 1957 donde integró
la columna 1 comandada por Fidel Castro. En marzo de 1958 pasó con Raúl Castro al ii Frente
Oriental “Frank País”, donde le asignaron la Dirección de Personal e Inspección Territorial, la
del Servicio de Inteligencia y la Policía Rebelde. Luego del triunfo de la Revolución, participó
en la fundación del Ministerio del Interior (minin) en 1961 al que perteneció hasta 1975 como
Viceministro Técnico y luego como Director de la Dirección General de Liberación Nacional.
De manera paralela a esos cargos, fue miembro del Comité Central del Partido Comunista
desde 1965. A partir de 1975 fue director del Departamento América del Partido Comunista de
Cuba. Sobre la fecha de su muerte existen diversas versiones desde las que señalan que murió
el 12 de marzo de 1998, otras marcan el 2001 y unas más el 2003, aunque la más recurrente
es la primera.

48

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

espionaje y militares. Generalmente eran adscritos como funcionarios de las


embajadas cubanas, una práctica clásica en la diplomacia de cualquier país.9
El espectro de los contactos cubanos se fue ampliando con el paso del
tiempo en cada país, incluyó a obreros, estudiantes, profesionistas, ejecutivos,
empresarios y funcionarios de casi todos los niveles, en fin, se convirtió en una
red de contactos amplia y efectiva en muchos de los casos. Por otro lado, los
agentes adscritos a la Dirección para las Relaciones con los Movimientos Revo-
lucionarios de América Latina y África, actuaban generalmente bajo los prin-
cipios y mandato de la dirección cubana, que los colocaba bajo los límites que
las organizaciones de terceros países les imponían, aunque por su experiencia,
su participación era requerida de manera mucho más activa de la que quizá
muchos hubieran querido.
Hasta la fecha, los archivos cubanos no se han abierto sobre esta diploma-
cia, pero se puede suponer que entre 1959 y 1961 vivió un proceso de definición
tanto institucional como humana, cuya actividad se puede reducir para estos
años a los casos de Nicaragua y República Dominicana, cuyos revolucionarios
viajaron expresamente a Cuba para recibir apoyo de ese gobierno, ocasión en
la que seguramente el Departamento M, tuvo sus primeras actividades.

A partir de 1959, los movimientos armados contra el régimen de Luis Somoza


se intensificaron. El triunfo de la revolución cubana alentó y estimuló las luchas
populares y revolucionarias en Latinoamérica. En Nicaragua surgió el movimiento
reformista conservador, inspirado por el carácter antidictatorial de la revolución
cubana (…) La incursión en territorio nicaragüense se realizó a través de dos
frentes... De manera simultánea se gestó otro movimiento guerrillero en la región
del Chaparral, dentro del territorio hondureño, que contó con el apoyo cubano y
la aceptación secreta de Villada, entonces presidente de Honduras. En los últimos
días de junio de 1959, la columna recibió armas provenientes de Cuba…el movi-
miento fue aniquilado el 23 de junio con un saldo de nueve muertos, doce heridos
y la aprehensión de algunos rebeldes. Entre los herido se hallaba Carlos Fonseca,
quien fue hospitalizado en Honduras, donde posteriormente escapó hacia Cuba.
Al año siguiente creció el clima de efervescencia insurgente.10

9
De acuerdo con la práctica diplomática, los agentes que pertenecen a los aparatos de la segu-
ridad del Estado son nombrados por lo general como agregados diplomáticos, comerciales,
políticos o culturales, con niveles de primer, segundo o hasta tercer secretario y actúan de
manera independiente dentro de las embajadas, guardando toda apariencia en la cotidianidad.
10
Monroy, Juan. (1997). “La insurgencia democrática en Nicaragua: conservadores, liberales
y maristas”. en Sosa, Ignacio. Insurrección y democracia en el Circuncaribe. México: unam.
pp-143-144.

49

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Ricardo Domínguez Guadarrama

En el resto de los países, más que el ejercicio directo de los agentes diplomá-
ticos alternativos cubanos fue el efecto psico-social del triunfo revolucionario lo
que impactó en la sociedad y política latinoamericana. Incluso, el argumento se
puede sostener si consideramos que Cuba para estos primeros años no contaba
ni con los recursos humanos o financieros, ni con una estructura institucional
definida para impulsar de lleno su actividad de apoyo a los movimientos sociales,
revolucionarios o no. Además, las condiciones objetivas y subjetivas en la región
pudieron no ser tan claras en los primeros años de la Revolución.

Con frecuencia se señala que en los ocho meses posteriores al triunfo de la revo-
lución, veintenas de cubanos se unieron a las expediciones que salieron de Cuba
para derrocar a los gobiernos de Panamá, República Dominicana y Haití, así como
para invadir Nicaragua a través de Honduras. Solo las expediciones contra Trujillo
en Dominicana y Somoza en Nicaragua contaron con el apoyo de Fidel Castro.11

Un factor adicional que limitó la acción de la diplomacia alternativa cubana en


esta primera etapa, fue el reconocimiento oficial que recibió de los veinte países
de la región que participaban en la Organización de los Estados Americanos
(oea) y que por consiguiente establecieron relaciones diplomáticas con Cuba. En
atención a ello, el gobierno cubano realizó declaraciones y llevó a cabo diversas
acciones que no dejarían duda de su apego al derecho internacional.
En principio reafirmó que el gobierno promovería relaciones con todos
los países bajo los principios del derecho internacional y cooperaría con la
Organización de las Naciones Unidas (onu) en todo proyecto que coadyu-
vara al desarrollo de los pueblos. En ese sentido, el entonces Comandante de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Fidel Castro Ruz, visitó Venezuela en
enero de 1959 para agradecer el envío de armas, que en octubre de 1958 había
hecho llegar el presidente interino Wolfang Larrazábal a los revolucionarios
cubanos. El mismo Fidel Castro ya en su carácter de Primer Ministro, realizó
una visita a Estados Unidos en abril de 1959, donde destacó al Vicepresidente
Richard Nixon las intenciones cubanas de mantener relaciones cordiales con
Estados Unidos, sobre la base de la igualdad de las naciones y el respeto a la
soberanía de los países.
Adicionalmente, el Gobierno de Cuba propuso, a finales de 1959 ante la
onu, realizar una “Conferencia de Países Subindustrializados”. Para ello, varios
funcionarios cubanos realizaron una gira por todo el mundo a fin de promover

Suárez Salazar, Luis. (1999). Barbaroja: selección de testimonios y discursos del Comandante
11

Manuel Piñeiro Losada. La Habana: Editorial Tri-continental Si-mar. p. 23-47.

50

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

el evento. De la misma manera, se registró la primera gira internacional de un


presidente de Cuba a distintos países de América Latina. Entre el 23 de mayo
y el 14 de junio de 1960, Osvaldo Dorticós visitó Argentina, Uruguay, Brasil,
Perú, Venezuela y México, en respuesta a las invitaciones que le giraron los
gobiernos de esos países.12

En los primeros meses del triunfo revolucionario, Cuba dio a conocer a través
de sus legaciones y embajadas en América Latina el significado de la Revolución
y sus proyecciones para estimular el respeto mutuo, su amistad, reciprocidad y
solidaridad con la causa de los pueblos y gobiernos de la región. Paralelamente,
se dio a la tarea de estimular, conformar o reforzar los comités pro-Cuba en la
región. El ejercicio diplomático cubano también se dio a la tarea de contrarrestar
la información negativa sobre el proceso revolucionario en los medios de comu-
nicación de Estados Unidos y los regionales.13

La gira del presidente de Cuba sirvió para calibrar el estado de presión que
existía por parte de Estados Unidos sobre los países visitados, y para evaluar
cómo andaban las confrontaciones entre los diversos sectores en cada país. Un
par de cosas quedaron claras; la presión de Estados Unidos en contra de esos
países se incrementaría, prueba de ello fue que en medio de la gira presidencial
los gobiernos de Nicaragua y Panamá rompieron relaciones diplomáticas con
Cuba, ambos el 1 de junio de 1960. Esa acción dejó en claro que el margen de
acercamientos oficiales posibles era poco y se reduciría aún más; la segunda
es que, en efecto, la Revolución había reavivado los sentimientos de liberación
nacional de parte de diversos sectores de la sociedad latinoamericana; comu-
nidad estudiantil, obrera, campesina, intelectual y política, ahí estuvo, quizá, el
escenario propicio para la defensa de la Revolución, por un lado, y las posibili-
dades de contrarrestar la hegemonía estadounidenses, por el otro.
Esa situación, seguramente valorada por los dirigentes cubanos, fue de-
finiendo los niveles de actuación diplomática que estableció hacia la región,
guardando, por un lado, los compromisos oficiales y formales que había anun-
ciado como objetivos, sobre todo con respecto al derecho internacional y a los
países del Tercer Mundo y, por el otro, fijar la postura que asumiría frente a los

12
Domínguez, Ricardo. (2014). Revolución cubana; política exterior hacia América Latina y el
Caribe. México: cialc-unam. pp. 59-63.
13
Allende karam, Isabel. (2009). “La vigencia de los principios en la política exterior y la actuación
de la diplomacia revolucionaria 50 años después”. Política Internacional. No. xiii. La Habana:
Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Julio-diciembre. p. 66.

51

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Ricardo Domínguez Guadarrama

pueblos que habían encontrado en la Revolución un nuevo aliciente de lucha.


La disyuntiva diplomática quizá, se antojó en ese momento no muy fácil de
descifrar; ¿cómo combinar los dos compromisos internacionales cubanos; uno
con los gobiernos, otro con los pueblos?
La concreción de sus compromisos en términos de táctica y estrategia se
fueron resolviendo al paso de las circunstancias internacionales/nacionales,
por cierto, en el muy corto plazo. Habría que recordar que dos meses después
de la gira cubana por América Latina se llevó a cabo la Séptima Reunión de
Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en San José, Costa Rica (22 de
agosto de 1960), donde se revisó el tema de “La intervención del comunismo
internacional en América Latina”. Como resultado, se emitió una declaración
de condena contra Cuba que contó con el apoyo de 17 países. Venezuela no la
suscribió. Cuba la rechazó por supuesto. México, si bien la apoyó, puso una
reserva en el sentido de que dicha declaración no representaba la libertad para
invadir a Cuba.
Ante esa situación, la Primera Declaración de La Habana —2 de septiem-
bre de 1960— fue contundente sobre la conducción que tendría la diplomacia
cubana hacia la región; Cuba refrendó entonces su compromiso con la lucha
revolucionaria. Como una reacción a la declaración, los gobiernos de Paraguay y
Perú anunciaron la ruptura de relaciones con Cuba el 30 de diciembre de 1960.
Esos países se unieron a Nicaragua, Guatemala, Panamá, Haití y República Do-
minicana. El Salvador lo hizo el 1 de marzo de 1961 y Honduras el 25 de abril de
ese año, en un contexto en que dominaban las aspiraciones centroamericanas
por su integración económica bajo la cooperación financiera de Estados Uni-
dos.14 A estos países les siguieron, Venezuela el 11 de noviembre y Colombia
el 9 de diciembre de 1961.

Colombia, alumno ejemplar de la Alianza para el Progreso; Colombia, el socio


preferido por los bancos de desarrollo para el financiamiento de la moderniza-
ción, el partenaire solidario de los Estados Unidos en las disputas contra la Unión
Soviética y Cuba”.15

La actuación de México en la oea fue congruente con lo manifestado durante la


visita del Presidente Dorticós en junio de 1960. El presidente mexicano Adolfo
López Mateos en su discurso de bienvenida, señaló que México saludaba a Dor-

14
Puig, Juan Carlos. (1984). América Latina: Políticas Exteriores Comparadas. T II. Argentina:
Grupo Editorial Latinoamericano. p. 294.
15
Ibíd. p. 323.

52

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

ticós, al representante de una nación amiga con la que se estaba vinculado no


sólo por lazos históricos, sino por una comunidad de aspiraciones nacionales;
México sería respetuoso del derecho de autodeterminación de los pueblos y
miraba atenta y compresivamente, con interés fraternal, los acontecimientos en
Cuba, cuya suerte no le podría ser extraña. El presidente remató diciendo que
confiaba en que hallarían los mejores caminos para conseguir las aspiraciones
nacionales en medio de la mutación inevitable que significaba la Revolución, a la
que deseó se convirtiera, como la Revolución Mexicana, en un paso de la gran-
deza americana. La respuesta del presidente cubano fue más que esclarecedora
de lo que serían las relaciones entre México y Cuba; “nuestra Revolución, por
la profundidad de su calado y sus hondas y vastas proyecciones americanistas,
será hermana de la Revolución Mexicana de 1910”.16
Además de distintas muestras de respeto y apoyo a Cuba, la visita fue
ampliamente difundida en la prensa mexicana y en toda Latinoamérica. Aun-
que nadie supuso que durante la estancia en México del mandatario cubano,
se definió la regla de oro que, sin ser formal en ningún sentido, condujo las
relaciones bilaterales entre México y Cuba hasta la década de los años noventa
del siglo pasado; Cuba no entrenaría a guerrilleros mexicanos en su territorio
ni estimularía la guerrilla en el país, tampoco criticaría las relaciones con Es-
tados Unidos, mientras que México no criticaría el acercamiento de Cuba con
la urss y se pronunciaría en todos los foros regionales e internacionales contra
la injerencia en los asuntos internos de los Estados y a favor de la libre autode-
terminación de los pueblos. Incluso, para la delegación cubana había quedado
clara una cosa: “sabía que en el pleito histórico con los Estados Unidos, visible,
profundo y presente, México sería hermano. Sería el único Estado Latinoame-
ricano que en la hora de los hornos no nos diera la espalda”.17
De los 20 países de la región que participaron en la oea entre 1959 y 1961,
sólo siete mantuvieron relaciones diplomáticas con Cuba después de 1961.
De ellos, sólo cinco mostraron voluntad política de mantener una relación de
acercamiento relativo y en distintos grados con Cuba: Argentina, Brasil, Chile,
Uruguay y México; es decir, sólo el 25% del total de países de la región. El 60%
de los países rompieron relaciones diplomáticas con Cuba en este periodo de
tres años, y de estos, el 58% lo hizo antes que Estados Unidos, la mayoría con
regímenes dictatoriales o muy comprometidos con los intereses de Washington
y dependientes de sus finanzas a través de préstamos o de inversiones.

16
Buch Rodríguez, Luis M. y Reinaldo Suárez S. (2002). Otros pasos del gobierno revolucionario
cubano. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. pp. 448­-449.
17
Ibíd. p. 454.

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Ricardo Domínguez Guadarrama

Segunda Etapa; 1962-1967

El 31 de enero de 1962 se realizó en Punta del Este, Uruguay, la Octava Re-


unión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la oea, en la que
se condenó al comunismo y se destacó que la adhesión de cualquier miembro
de la organización al marxismo-leninismo era incompatible con el Sistema
Interamericano, y el alineamiento de tal gobierno con el bloque comunista
quebrantaba la unidad y solidaridad del hemisferio, por tanto, el gobierno de
Cuba quedó excluido de participar en él.18
La resolución fue adoptada por catorce países, uno en contra (Cuba) y seis
abstenciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México), seis de los
siete países que en ese momento mantenían relaciones diplomáticas con Cuba.
Uruguay, a pesar de mantener vínculos diplomáticos con la Isla, votó a favor de
la expulsión. Por su parte, el 8 de febrero de 1962, el gobierno argentino enca-
bezado por el presidente Arturo Frondizi se vio obligado a romper relaciones
diplomáticas con Cuba, y dos meses después, sufrió un golpe de Estado. Ecuador
rompió relaciones con la Isla el 4 de abril de 1962.
Dos años después la posición contra Cuba fue más allá de la expulsión
del Sistema Interamericano. En la Novena Reunión de Consulta de Ministros
de Relaciones Exteriores, realizada en julio de 1964 en Washington —previa
acusación de Venezuela contra Cuba por actos de intervención y agresión—
Estados Unidos logró una resolución por la que se comprometieron los Estados
miembros a romper relaciones diplomáticas con la Isla, a no comerciar con ella y
a prohibir los embarques hacia territorio cubano. Además, la misma resolución
advirtió que en caso de que Cuba persistiera en actos como los de Venezuela,
los Estados Americanos actuarían contra la Isla, individual o colectivamente,
incluso, empleando la fuerza armada.19

Ante la proximidad de las elecciones del 1 de diciembre de 1963, el Partido


Comunista de Venezuela (pcv), considera que una crisis política vendría como
resultado de las elecciones y opta por la abstención militante. Prepara una huelga

18
En medio de la invasión estadounidense a Cuba el 16 de abril de 1961, Fidel Castro declaró
el carácter socialista de la Revolución. Véase el Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz
en las honras fúnebres de las víctimas del bombardeo a distintos puntos de la república, efec-
tuado en 23 y 12, frente al cementerio de Colón, el día 16 de abril de 1961. http://www.cuba.
cu/gobierno/discursos/1961/esp/f160461e.html
19
S. A. (1962). “La Farsa de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este”, Cuba
Socialista, año 2. no. 6. Marzo. Sección “Comentarios del mes”, pp. 91-102. La Habana. Cuba
socialista era el Órgano Oficial del Partido Socialista Unido de Cuba.

54

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

general que impediría las elecciones, elabora el llamado “Plan Caracas”, que con-
sistía en un levantamiento general y el ataque a las principales tropas del gobierno
en la capital. Contaba para ello con el suministro de armas de alto poder, pero el
gobierno venezolano las descubre y comprueba que provienen de Cuba. A raíz
de la acusación derivada de ello, la oea, expulsa a Cuba de su seno.20

Dicha resolución no fue acatada por Chile, Bolivia, Brasil, México y Uruguay. La
fuerte presión de Estados Unidos, sin embargo, provocó que los países sudame-
ricanos cortaran sus lazos diplomáticos con La Habana; sólo México mantuvo
su posición. Estados Unidos, por su parte, cumplió la resolución extendiendo
el bloqueo contra Cuba a medicinas y alimentos.
El gobierno de Cuba fijó su postura política en la Segunda Declaración de
La Habana (4 de febrero de 1962)21 y definió los lineamientos de su diplomacia
alternativa en la conferencia que el Che Guevara ofreció el 18 de mayo de 1962
a los miembros del Departamento de la Seguridad del Estado (g2) y a los miem-
bros de la Dirección para las Relaciones con los Movimientos Revolucionarios de
América Latina y África.22 La región fue dividida en subregiones con distintas
características que propiciaban también distintas estrategias de acercamiento
con los distintos grupos de izquierda y liberación nacional, sobre la base de las
siguientes premisas:

Existe una unificación total del dominio económico de América Latina, que ha
provocado una tendencia a la unidad entre las fuerzas que luchan contra el im-
perialismo; la necesidad de estar hermanados en la lucha, porque es una lucha
común que se expresa en la solidaridad de todos los pueblos con respecto a Cuba,
y hay un solo enemigo que es el imperialismo norteamericano.

De acuerdo con el análisis, se reconoce que la Revolución Cubana había tenido


una influencia enorme en América, aunque no en la misma medida en cada
país, por lo que uno de los trabajos de la Seguridad del Estado era analizar en
cada uno de los casos por qué se daba ese nivel de receptividad, para lo cual
se requería analizar la vida política de cada país y la actitud de los partidos

20
Retana Ramírez, Ruperto. (1997). “De la críticas de las armadas a las armas de la crítica: la
insurrección en Venezuela”. en Sosa. Op. Cit. pp. 125-126.
21
Bell. (2007). Op. Cit. pp. 506-532.
22
Guevara Ernesto (2007). “La influencia de la Revolución Cubana en la América Latina”, Confe-
rencia ofrecida el 18 de mayo de 1962 a miembros del Departamento de Seguridad del Estado.
e Ibíd. pp. 486-505. En adelante las siguientes citas fueron extraídas de este documento.

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progresistas, sin inmiscuirse en los asuntos internos de cada uno de ellos. El


Che Guevara agrupó a los países de la región en tres bloques de acuerdo con
la influencia que la Revolución Cubana había tenido en ellos: 1) en los que se
agudizaron las luchas populares; 2) en los que la lucha popular se frenó, y 3) en
los cuales Cuba era símbolo de un movimiento liberador.
En el primer grupo estaban Argentina, Uruguay y Chile, donde se contaba
con un gran predominio de la clase obrera que se había planteado más o menos
directa y explícitamente la toma del poder en un futuro inmediato mediante
elecciones o en una forma pacífica. La situación creada por los golpes derechis-
tas y la filosofía de la toma del poder mediante frentes populares y elecciones,
provocaba cierta apatía frente a la Revolución Cubana.
En los países, en cambio, donde se había decidido tomar el poder mediante
las armas, la Revolución Cubana tenía más simpatía, sin embargo, por directriz
del gobierno revolucionario no se debía tener una participación directa.

Cada país y cada partido dentro de su país, debe buscar las fórmulas de lucha
que la experiencia histórica le aconseje. En esos países la ultraizquierda trata de
implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar
adecuado, lo que provoca fricciones con otras fuerzas de la izquierda. En ese caso
Cuba se ha visto mezclada sin pretenderlo, en el medio de la polémica. Cuba
no debe aspirar nunca a dirigir en cada país la política y la forma de realizar las
revoluciones, la forma de llegar al poder.

Así, en un segundo grupo de países, donde la revolución cubana fue un faro


para los pueblos, se destacaron las siguientes características:

Paraguay, un país muy pobre donde hay guerrillas, es un lugar idóneo para la
guerra de guerrillas, donde se mantiene una dictadura, donde están todos los gér-
menes de una lucha popular que puede realizarse intensamente en el corto plazo.
Perú es un país que tiene una gran extensión agrícola donde los partidos de iz-
quierda tienen una influencia decisiva. Es una de las zonas donde hay esperanzas
de una revolución en América. Los Andes de extrema pobreza y opresión están
intensamente poblada y es también un factor de conducción de la revolución.
Perú, Bolivia, Ecuador, comparten nacionalidades étnicas que llegan hasta
Colombia y las condiciones que padecen son factores para la lucha armada. En
Colombia ya hay experiencia desde hace algunos años, pero carece de conducción
ideológica, hay una dispersión de las guerrillas. No obstante, el movimiento gue-
rrillero en ese país ha vuelto a surgir bajo la influencia absoluta de la Revolución
Cubana. Líderes de Ecuador y Colombia han estado ya en Cuba. El problema,

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

principalmente en Colombia es la tendencia al reformismo y a la lucha electoral,


totalmente absurda para tomar el poder.
En Venezuela la situación es mucho más activa, el Partido Comunista y el Mo-
vimiento de Izquierda Revolucionario, están a la cabeza de un movimiento de
liberación por las armas y prácticamente la guerra civil está establecida. Nos debe
interesar mucho el movimiento venezolano, verlo con mucha atención y simpatía.
El problema sin embargo, es la tendencia de ciertos sectores de la izquierda a
aplicar reformas y en esas condiciones no se puede hacer una revolución. Brasil
vive una situación parecida entre reformismo y revolución.

Para el Che Guevara se estarían dando las condiciones subjetivas para el desa-
rrollo de la Revolución.

Esas condiciones subjetivas son dos fundamentalmente: la conciencia de la nece-


sidad de realizar un cambio social, urgente, para liquidar la situación de injusticia,
y la certeza de la posibilidad de realizar ese cambio. Todo el pueblo de América
se está entrenando para realizarlo.
Un tercer grupo lo conforman los países centroamericanos. Centroamérica es
un solo país, donde la lucha popular ha alcanzado ya un clímax, pero donde los
resultados son difíciles de precisar y no se ven muy halagüeños en el corto plazo,
por el dominio tan grande de Estados Unidos. En Guatemala se ha visto un rela-
tivo fracaso de las fuerzas progresistas y México está cayendo a pasos agigantados
en una colonia yanqui. Es un país difícil que ha sido profundamente maleado
por la llamada Revolución mexicana y en el cual no se puede prever acciones
importantes contra su Gobierno.

En el análisis citado destaca la valoración sobre la atención diferenciada que


aplicó el gobierno cubano:

Nosotros hemos centrado nuestra atención sobre los países que han entrado en
contradicciones con nosotros más abruptamente y en los cuales se han creado
condiciones especiales para la lucha. Hemos respondido a la agresión con nuestros
medios de difusión, hemos explicado a las masas lo que pudimos con nuestro
lenguaje, lo que se podía hacer y estamos esperando. El destino de las revoluciones
populares en América está íntimamente ligado al desarrollo de nuestra Revolu-
ción. Ante las presiones de Estados Unidos, es muy importante luchar contra
eso, porque nuestro contacto con América depende también de la forma en que
el pueblo de América reaccione frente a los ataques del imperialismo, y de esta
forma de reacciones depende una buena parte de nuestra seguridad.

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Ricardo Domínguez Guadarrama

Para entonces se decía que en Cuba todo el mundo conspiraba. La ayuda


a los movimientos de liberación constituía la política oficial del gobierno. Cuba
era el vórtice del movimiento revolucionario latinoamericano, pero esa Cuba
revolucionaria tenía sus principios hacia la libre determinación y las decisiones
soberanas; nunca participaron los cubanos si no era una solicitud expresa, era
una clara determinación de Fidel Castro que fue inamovible.23
De acuerdo con esta caracterización de la región y las valoraciones
que había hecho el gobierno cubano, sobre las condiciones económicas y de
consciencia social que se habían alcanzado, la Dirección para las Relaciones
con los Movimientos Revolucionarios de América Latina y África diseñó, como
lineamientos de sus relaciones con los grupos insurreccionales de la región tres
premisas teóricas, a decir de Jorge G. Castañeda: las armas, la unidad y las masas,
de las que derivaban la consideración de que la lucha armada era crucial para la
revolución latinoamericana; que era necesaria la estrecha cooperación de todas
las fuerzas revolucionarias bajo un solo mando como garantía del triunfo, y que
las alianzas internas y externas, así como los términos de los pactos, eran fun-
damentales para la lucha.24 “Sin el apoyo de amplios sectores de la clase media,
de una parte del sector privado y de la comunidad internacional, la revolución
en Latinoamérica era imposible”.25
No está claro, sí todos los grupos revolucionarios o todas las luchas so-
ciales que se dieron en la década de los sesenta del siglo pasado, fueron una
creación de la Dirección para las Relaciones con los Movimientos Revolucionarios
de América Latina y África, pero lo cierto es, que en esos años, según Jorge
Arboleya “Se entrenaba a combatientes de casi todos los países de la región y
para mediados de la década existían movimientos guerrilleros en Venezuela,

23
Marambio, Max. (2008). Las Armas de ayer. La Habana: Editorial José Martí p. 84. El autor
fue guerrillero preparado en Cuba.
24
Esta caracterización de los lineamientos cubanos para América Latina en los años sesenta
puede ser confrontada con la posición de Fabián Campos expresada en este mismo libro. Él
afirma que “el modelo cubano” durante los años sesenta sostenía que la Dirección Revolucio-
naria estaba conformada solamente por los guerrilleros y que se rechazaban expresamente
las alianzas con otros sectores políticos. Por lo tanto, Campos arguye que la caracterización
hecha en este artículo es posterior al triunfo sandinista.
25
Castañeda. (1995). Op. Cit. pp. 74-75. El autor no especifica el órgano interno dentro del Mi-
nisterio del Interior cubano que se encargó del apoyo a las guerrillas y asume que en general
la Dirección General de Inteligencia conocida como G2, fue la que organizó, administró y
envió agentes para apoyar a los guerrilleros latinoamericanos. No obstante, se asume que
hace referencia a la Dirección para las Relaciones con los Movimientos Revolucionarios de
América Latina y África.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

Perú, Colombia, Ecuador y Guatemala”.26 De hecho, esta aseveración encuen-


tra respaldo en informaciones de la cia, que señalan que entre 1961 y 1964 al
menos de 1,500 a 2,000 latinoamericanos recibieron entrenamiento de guerra
de guerrillas o adoctrinamiento político en Cuba.27 La tesis que se desprende
al respecto por algunos autores es, que realidad muy pocos cubanos se unieron
a las guerrillas latinoamericanas para no atizar el fuego en la confrontación
con Estados Unidos y darle un pretexto para una intervención armada; la
presencia de guerrilleros cubanos sería una provocación mucho mayor que la
llegada de cientos de latinoamericanos para que se entrenaran en la Isla, por
ello, “sólo dos cubanos combatieron en América Latina entre 1961 y 1964,
ambos en Argentina”.28
Lo cierto es que, a pesar de este apoyo y del impulso que por sí misma
había dado la Revolución, los distintos grupos de la izquierda latinoamericana
sufrieron en el primer quinquenio de los años sesenta fuertes derrotas.29 Durante
este periodo, las luchas populares se caracterizaron por su desenvolvimiento en
las zonas rurales en los países señalados, a los que habría que añadir a Nicaragua,
República Dominicana, Argentina, Paraguay, Brasil y Chile. Aunque, a decir
verdad, los primeros eran los casos más representativos, porque en el resto de
la región se observaban acciones intermitentes de insurrección. El fracaso más
notable fue sin duda el de Venezuela, país en donde de acuerdo con el análisis
del Che, la izquierda y los movimientos revolucionarios tenía amplias posibili-
dades de avanzar de manera importante, sin embargo, no pudieron ni siquiera
desestabilizar el proceso electoral de diciembre de 1963.
A pesar de esas derrotas, las condiciones creadas por los gobiernos dic-
tatoriales con políticas económicas orientadas a la penetración de capitales
extranjeros, que en realidad fueron los que aprovecharon la política de la sus-
titución de importaciones, y que provocaron el cierre de pequeñas y medianas
empresas, desempleo y grados agudos de explotación de la mano de obra,
las luchas sociales aparecieron, reaparecieron o se fortalecieron a partir de la

26
Arboleya Cervera, Jesús. (2008). La Revolución del otro mundo. Un análisis histórico de la
Revolución Cubana. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. pp. 186-187.
27
cia. “Actividades subversivas cubanas en América Latina, 1959-1968”, feb 16, 1968. Expedientes
de Seguridad Nacional del País (nsfcf), box 19, lbjl. Citado en Gleijeses, Piero. (2009). La
epopeya cubana. La visión de mundo de Fidel Castro. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
p. 14. El mismo dato lo destaca Gleijeses. (2004). Op. cit. p. 40.
28
Mercier Vega, Luis. (1969). Las guerrillas en América Latina: La técnica del contra-Estado.
Buenos Aires: Editorial Paidós. pp. 153-164.
29
Blanco Muñoz, Agustín. (1981). La lucha armada: hablan 6 comandantes. Caracas: Universidad
Central de Venezuela. p. 349.

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segunda mitad de los años sesenta, ahora mediante la lucha armada urbana o
rural, combinada con otras formas.
La protesta social también encontró apoyo intelectual en Cuba a partir de
la Conferencia Tricontinental, que se celebró en La Habana en enero de 1966,
en la que se reunieron representantes de los movimientos revolucionarios de
todo el mundo. Entre sus acuerdos estuvo: la creación de la Organización de
Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (ospaaal) y la
Organización Latinoamericana de Solidaridad (olas). En esa misma reunión,
el entonces Senador Salvador Allende propuso realizar en agosto de 1967, en
La Habana, la primera Conferencia de Solidaridad con los Pueblos de América
Latina. Tanto en la Tricontinental como en la Conferencia de Solidaridad se
expresaron, no obstante, diversas contradicciones entre Rusia y China, así como
entre las plurales organizaciones populares acerca de la estrategia y la táctica
de las luchas revolucionarias en los distintos países; la ecuación se diluyó entre
las armas o las vías pacíficas para obtener el poder, reformas o transformación
estructural, quizá el eterno problema latinoamericano de las guerrillas y mo-
vimientos de izquierda.
La falta de compromiso de los comunistas soviéticos en las luchas re-
volucionarias en América Latina, por ejemplo, y la posición pacífica de los
comunistas en su lucha contra las dictaduras, llevaron a un nuevo distancia-
miento de Cuba con la urss y con los comunistas,30 aunque para estimular la
unidad y las alianzas entre las distintas izquierdas y guerrillas, Cuba se avocó
a disipar las diferencias entre los grupos latinoamericanos a través de olas,
en particular con aquellas organizaciones que desarrollaban las formas más
radicales de lucha, como el Ejército de Liberación Nacional (eln) de reciente
creación en Bolivia, comandado por el Che Guevara, quien habría instado a los
guerrilleros a crear “dos, tres, muchos Vietnam”31 en la región para enfrentar al
imperialismo a través de la estrategia del foco que se había practicado en Cuba
y que se desarrollaba en Bolivia.

30
El primer enfriamiento entre Cuba y la urss fue provocado por el resultado de las negocia-
ciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos en octubre de 1962, para dar fin a la crisis
de los misiles. Una nueva confrontación política entre cubanos y rusos se registró en los años
setenta, pues Cuba optó por instrumentar su propio socialismo, alejado de la ortodoxia rusa a
pesar de haber recibido apoyo técnico y financiero de la Unión Soviética. Finalmente, en 1986
Fidel Castro manifestó su desacuerdo con las reformas de Mijail Gorvachov, que llevaron a la
desaparición de la urss.
31
Guevara, Ernesto. (1985). “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”.
Escritos y Discursos. T., ix. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales. p.355.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

En esta etapa, la tesis guevarista de crear uno, dos muchos Vietnam, desempeñó
un importante papel. El imperialismo fue considerado el enemigo común y las
luchas nacionales se escalaron en nivel internacional. Desde esta perspectiva,
no se trató ya de pequeños grupos, en alejadas regiones, con demandas locales.
Todo se hizo aparecer como un movimiento orquestado y, por tanto, la caída
de uno de los escenarios locales repercutiría, inevitablemente, en los restantes.
La internacionalización de la represión, de los argumentos y de los escenarios
dominó los procesos.32

La táctica y estrategia del guevarismo sufrieron un duro golpe el 9 de octubre


de 1967 cuando fue asesinado el Comandante Ernesto Guevara en La Higuera,
Bolivia. Según la cia entre 1966 y 1967, Cuba realizó su más fuerte intento de
promover la lucha armada en el hemisferio, concentrada en: Venezuela, Guate-
mala, Colombia y Bolivia. La Habana inició una nueva estrategia de enviar un
grupo selecto de cubanos a los países con mayores posibilidades de acciones
revolucionarias, los cuales servirían como cuadros para el desarrollo de movi-
mientos guerrilleros. En ese sentido:

Cuatro oficiales cubanos desembarcaron en Venezuela en julio de 1966; siguieron


otros en mayo de 1967. Eran los primeros cubanos que combatían en América
Latina después de la fallida operación en Argentina, a principios de 1964. Y die-
ciséis cubanos fueron a Bolivia con el Che”.33

Para 1968, sin embargo, las guerrillas habían sido derrotadas en Bolivia, Gua-
temala, Colombia y Venezuela.

En estas circunstancias, la muerte del Che en Bolivia, que simbólicamente cerraba


el ciclo de la revolución castrista en Latinoamérica, no fue una gran sorpresa para
los comunistas de Venezuela; algunos interpretan el hecho como una confirmación
de que el movimiento guerrillero no era capaz de crearlo todo.34

Por otra parte, la idea que tenía el gobierno cubano sobre México, no sólo estaba
mediada por la imposibilidad de una insurrección de gran calado en el país, a
pesar de que las condiciones económicas habían provocado una crisis de repre-

32
Sosa. (1997). Op. Cit. p. 14
33
Gleijeses. (2004). Op. Cit. pp. 339-340. Para estos datos, el autor cita a Báez, Luis. (1996).
Secretos de generales. Desclasificado. La Habana: Editorial Si-Mar. pp. 107-109 y 498-499.
34
Petkoff. (1976). Op. Cit. p. 64.

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sentatividad, credibilidad y legitimidad en el gobierno, y con ello la creación


de diversos movimientos de lucha social, incluida la guerrilla, los secuestros y
los bombazos en la capital del país,35 sino que también influía sobre manera el
mantenimiento de relaciones diplomáticas y oficiales con Cuba.
La represión del gobierno mexicano contra esos grupos y contra las ma-
nifestaciones pacíficas como fue el caso del movimiento de 1968, dejó en claro
la falta de condiciones subjetivas prevalecientes en México que imposibilitaban
el estímulo y apoyo de los distintos frentes de lucha latinoamericanos, parti-
cularmente de Cuba. Por otro lado, si bien el gobierno había demostrado su
eficacia para controlar y combatir la inestabilidad política, por cierto, que nunca
corrió un riesgo serio, mantuvo como táctica y estrategia no romper con Cuba,
no sólo como un elemento que le permitía mantener vigente el principio de la
no intervención en los asuntos internos de los estados, cosa muy conveniente
para la situación nacional, sino porque de esa manera se seguía garantizando el
acuerdo no escrito con los cubanos, que en los hechos significaba una posición
neutral de parte de ambos países; sobre la actuación de Cuba en la región y sobre
los acontecimientos en México.

No es casual en este sentido, que durante el gobierno de Gustavo Días Ordaz


(1964-1970) las relaciones entre México y Cuba registraran la actitud más fría
desde el triunfo revolucionario, y es que los movimientos sociales en México
hacían peligrar al régimen en momentos en que la efervescencia social (crisis de
representatividad política sufrida por el partido y el gobierno frente a la sociedad)
podía fácilmente encontrar eco tanto en Cuba, en su calidad de promotor de la
liberación nacional, como en el resto de las naciones latinoamericanas y caribe-
ñas que estaban viviendo brotes de emancipación. Además, el autoritarismo y la
represión utilizada por el gobierno mexicano en contra de los movimientos estu-
diantiles, obreros y campesinos, comulgaban poco con el régimen de La Habana.
El necesario acercamiento de la clase revolucionaría en México con la burguesía
financiera del país, ante la crisis del modelo de sustitución de importaciones y del
desarrollo estabilizador, imponía también sus propias condiciones a la política
exterior mexicana.36

35
Un resumen sintético sobre la problemática en México en los años sesenta del siglo xx, se
encuentra en González Gómez, Francisco. (1990). Historia de México 2. Del Porfirismo al
Neoliberalismo. México: Ediciones Quinto Sol. pp. 150-157.
36
Domínguez Guadarrama, Ricardo. (2007). La nueva política exterior de México y el cambio en
las relaciones bilaterales con Cuba. México: Tesis de Maestría, fcpys, unam. pp. 79-80.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

Existen, sin embargo, suposiciones contrarias sobre la actuación del go-


bierno cubano frente a los acontecimientos en México, aunque nada escrito que
las respalde. Dichas versiones sostiene que, bajo suma discreción, varios líderes
sociales fueron apoyados por Cuba para salir de México e instalarse en territorio
de la Isla bajo la figura de asilo político o bien llevados de manera clandestina
a ese país. Otros autores también han sugerido cierta participación cubana en
los movimientos guerrilleros en México.

En México también ha hecho su aparición el fenómeno de la guerrilla inducida


y estimulada a control remoto desde La Habana…Sin embargo, México ha sido
tan aislacionista y a ratos tan altanero, que ha considerado siempre que es una
buena posición dada la estabilidad de sus instituciones, mantenerse al margen de
la acción interamericana en defensa de las instituciones y de los gobiernos, frente
a las agresiones procedentes de La Habana.37

Un elemento adicional que mantuvo intacto el acuerdo informal entre los


gobierno de Cuba y México, fue la defensa del derecho internacional a favor
de Cuba que constantemente promovió México ante los foros internacionales,
aún cuando había una sana y fría distancia, y hasta confrontación entre Fidel
Castro y Gustavo Díaz Ordaz, particularmente entre 1968 y 1970.38 El gobierno
cubano fue también constante en reconocer la actitud del gobierno mexicano
frente a las presiones recibidas en el marco de las reuniones de consulta de los
cancilleres de la oea. Por ejemplo, al hacer referencia al rechazo de México de
suscribir una nueva resolución de condena contra Cuba durante la Décimo
Segunda Reunión de Consulta de Cancilleres de la oea (septiembre de 1967),
Fidel Castro reiteró que México, una vez más, “fue el único que tuvo una acti-
tud digna…Es por eso que el gobierno mexicano es el único Estado por cuyos
gobernantes el gobierno de nuestro país siente un profundo respeto”.39
Sin embargo, no debe dejarse de anotar, que si bien las relaciones de Cuba
con México observaron la actitud ya destacada, lo cierto es que entre 1968 y
1970 las relaciones bilaterales pasaron por uno de los momentos de mayor

37
Ojeda, Mario. (2008). México y Cuba revolucionaria: cincuenta años de relación. México: El
Colegio de México. p. 81.
38
La neutralidad Cubana, incluso, que puede verse como cierta indiferencia a la masacre de
estudiantes mexicanos en 1968, quedó demostrada cuando Cuba envió a su delegación de-
portiva para participar en los Juegos Olímpicos inaugurados días después de la matanza de
Tlatelolco. Tampoco se tiene conocimiento de que Cuba haya siquiera brindado apoyo moral
al movimiento estudiantil. Ojeda. Ibíd. p.80.
39
El día, 29 de septiembre de 1967. Primera plana.

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confrontación política que pudo canalizarse a través de la vía diplomática.


No sólo estaba el frecuente secuestro de aviones comerciales mexicanos que
eran desviados hacia La Habana por luchadores sociales mexicanos —si bien
México solicitaba la extradición, Cuba no siempre la concedió otorgando asilo
político— sino también está el caso de la supuesta red de espionaje de la cia
que existía en la Embajada de México en Cuba, denunciada por el gobierno de
la Isla y escasamente atendida por el gobierno mexicano.40

Tercera Etapa; 1968-1975

El arribo al poder gubernamental de militares nacionalistas a partir de 1968,


por ejemplo en Perú y Panamá, luego Bolivia y otros países, dejaron renovada
la posibilidad de que las revoluciones populares y antiimperialistas en América
Latina y el Caribe pudieran desarrollarse con el ejército y no al margen del ejér-
cito ni contra el ejército;41 una transformación o avance novedoso en la lucha
de liberación nacional en la región que marcaría los próximos años.

Poco tiempo después, en una alusión que parecía dirigida al nuevo gobierno
militar revolucionario peruano, Castro declaró que el apoyo cubano no necesa-
riamente tenía que ser en favor de los movimientos guerrilleros y que cualquier
gobierno latinoamericano que esté sincera y consistentemente comprometido
con el desarrollo económico y social de su país y con su liberación del yugo del
imperialismo yanqui, podrá contar con el apoyo de nuestro pueblo y nuestra
Revolución.42

El triunfo en estos países de las fuerzas progresistas significó también una rei-
vindicación de la Revolución Cubana, en tanto que sus programas contenían
aspiraciones promovidas por Cuba y otros grupos nacionalistas. Por ejemplo,
Cuba prestó ayuda hasta en cuestiones de seguridad personal al presidente
electo en Chile en 1970, Salvador Allende, hasta que en 1973 fue derrocado por
un golpe de Estado organizado por Estados Unidos y ejecutado por el General
Augusto Pinochet de las Fuerzas Armadas chilenas.
Hay que destacar que si bien los esfuerzos cubanos por apoyar a los gru-
pos revolucionarios fue importante, aunque selectiva con el paso del tiempo,

40
Ojeda. Op. Cit. pp. 79-89.
41
Martínez, José de Jesús. (1987). Mi general Torrijos. La Habana: Casa de las Américas. pp. 35-41.
42
Ojeda. (2008). Op. Cit. p. 78.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

ello respondió no sólo al cúmulo de problemáticas propias de cada sector de


la izquierda y su actividad efectiva, sino además, a las circunstancias propias
cubanas, sobre todo a su dinámica política y económica, así como a la latente
preocupación en su confrontación con Estados Unidos. Incluso, las agencias
de seguridad nacional estadounidenses destacaron que

Castro era suficientemente astuto para mantener sus riesgos a la mínima expresión
en el traspatio estadounidense. Ello responde a que menos de cuarenta cubanos
hayan peleado en América Latina en los años sesenta y porque Cuba era demasiado
cautelosa en el envío de armas a los rebeldes latinoamericanos”.43

Para otros analistas, sin embargo, el fracaso de las luchas guerrilleras en América
Latina fue rotundo y se debió a las divisiones internas, a errores políticos en su
concepción y en su aplicación o a la escasa madurez y las vacilaciones de sus
dirigentes, enfrentados a una intensa y globalizada ofensiva contrainsurgente
estadounidense. Como consecuencia de esos resultados se puso en duda la
efectividad de la estrategia del foquismo y la ola revolucionaria fue decreciendo
hasta tener su peor momento con la muerte del Che.

La tercera etapa (de las insurrecciones) 1967-1980, se caracterizó por la respuesta


de distintos grupos a los severos fracasos de las ideas foquistas y a su descuido en la
organización popular. El foco guevarista y su tesis de vía única cedieron su lugar a
un complejo organizacional de múltiples variantes: estudiantil, obrero, campesino
y popular que incluían en algunos casos alianzas con sectores de la burguesía.44

Una respuesta al retraimiento guerrillero que la diplomacia informal cubana


observó luego de la muerte del Che Guevara, fue su expansión ideológica a
partir de un renovado acercamiento con la intelectualidad latinoamericana.
Varios fueron los factores que retroalimentaron esta simbiótica relación entre
Revolución y pensamiento. Por un lado, las visitas constantes a Cuba por parte
de los pensadores de izquierda de los más diversos campos, sirvió para constatar
no sólo los objetivos sociales, nacionalistas, independentistas y de participación

43
Especial nie, “Cuba: los problemas y perspectivas para el año próximo”, 27 de junio de 1968,
nsf, nie, box 8/9, lbjl. Citado en Gleijeses. (2009). Op. Cit. p. 21. En cambio, en África par-
ticiparon entre 12 y 15,000 combatientes cubanos Para un recuento detallado de la política
exterior de Cuba en África véase a Gleijeses, Piero, Jorge Risquet y Fernando Ramírez (2008).
Cuba y África. Historia común de lucha y sangre. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
44
Sosa. Op. Cit. pp. 14-15.

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Ricardo Domínguez Guadarrama

de las masas en la toma de decisiones de la más variada circunstancia cubana,


sino para avanzar en la escala social de sus respectivos países a partir de las
aportaciones teóricas o de la expansión de la idea revolucionaria en escenarios
de corrupción, autoritarismo, represión, injerencia, dominio económico ex-
tranjero y violación constante a las más mínimas garantías de libre expresión,
participación política y reparto de las riquezas en sus respectivos países.
Una de las instituciones de mayor importancia para la difusión sobre la
producción intelectual progresista y que ha sido una de las de mayor relevancia
para construir conocimiento sobre la realidad latinoamericana y caribeña, fue la
Casa de las Américas, creada en La Habana el 28 de abril de 1959, dependiente
del Ministerio de Cultura, junto con su principal órgano de difusión desde 1960,
la Revista Casa de las Américas, que se publica hasta la fecha. Otro órgano pro-
motor, difusor y de educación revolucionaria fue la revista Pensamiento Crítico,
creada en 1967 y cerrada en 1971. Un tercer componente de esta estrategia, fue
el Instituto de Amistad con los Pueblos creado el 7 de octubre de 1960 y que ha
mantenido lazos culturales con la región, desde donde también se hacían sentir
las directrices de la Diplomacia Alternativa cubana.
La caída del Che Guevara y la consecuente desmoralización de las fuerzas
revolucionarias en la región, la llegada de gobiernos progresistas y nacionalis-
tas, la crisis económica y productiva que se vivía en Cuba a finales de los años
sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, más la recuperación de los
lazos diplomáticos con diversos países latinoamericanos y caribeños, obligaron
a la diplomacia alternativa cubana a vivir un nuevo periodo de replanteamiento.
Diversos acontecimientos de orden mundial fueron fundamentales para que
las posiciones de los gobiernos nacionalistas lograran en conjunto modifica-
ciones importantes en las relaciones interamericanas a partir del enfoque de la
Seguridad Económica Colectiva y del Pluralismo Político Ideológico, promovido
por México en el seno de la oea, una lucha política y diplomática que se dio
precisamente entre 1973 y 1975, y que derivó en una resolución de la oea en la
que se dejó en libertad a todos los países de la región de conducir sus relaciones
con Cuba de acuerdo con sus intereses, es decir; se levantó la prohibición de
mantener relaciones diplomáticas con la Isla.
Para ese momento (1973-1975), la región podía dividirse en dos bloques:
en el primero estaban los gobiernos con dictaduras militares; Argentina, Bolivia,
Brasil, Chile, Haití, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y
República Dominicana; 11 en total. En el segundo con tendencias nacionalistas,
tercermundistas y anti injerencistas, militares o civiles; México, por un lado, y
en Centroamérica Honduras y Panamá, por el otro. En el Caribe estaban Tri-
nidad y Tobago, Granada, Guyana, Surinam, Jamaica y Barbados. En América

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

del Sur Venezuela, Ecuador, Perú (que sufrió un golpe de la derecha en 1975)
y Colombia. 13 en total.
Cabe destacar también que entre 1972 y 1975, año en el que la oea aprobó
la resolución que permitió el restablecimiento de relaciones diplomáticas con
Cuba, once países ya lo habían hecho: en América del Sur Argentina, Chile
—que las rompió nuevamente en septiembre de 1973—, Colombia, Perú y
Venezuela (50%); en el Caribe cuatro de los nueve independientes (43%); y en
Centroamérica sólo Panamá.
Ese hecho implicó modificar las relaciones de Cuba con las fuerzas re-
volucionarias. Con los países que restablecieron relaciones diplomáticas con
la Isla, el gobierno privilegió el contacto con funcionarios, líderes políticos y
empresarios, y multiplicó las visitas de diversos funcionarios a universidades
para dictar conferencias y explicar el proceso interno en la Isla, entre otras
formas de acercamiento con los gobiernos y las sociedades.
Ese quehacer político tenía amplias ventajas, porque había organizacio-
nes civiles pro cubanas no necesariamente insurreccionales, que apoyaban la
Revolución por medio de manifestaciones sociales. Muchas de ellas fueron
establecidas con el apoyo de la Dirección para las Relaciones con los Movimien-
tos Revolucionarios de América Latina y África hasta 1974, cuando sus labores
fueron absorbidas por el Comité Central del Partido Comunista (ccpcc), órgano
que estableció dos unidades: el Departamento de América, dedicado a estrechar
las relaciones del Partido con sus similares latinos y caribeños, y por el otro, la
Dirección General de Liberación Nacional.45 Otros investigadores, como Mario
Vásquez de la unam, han destacado que el ente principal cubano que dio apoyo
a los grupos guerrilleros en los años ochenta fue precisamente el Departamento
América. De la Dirección General de Liberación Nacional poco se sabe.46 Otros,
incluso, han señalado que en realidad el Ministerio del Interior continuó al
frente de las acciones de apoyo a los grupos insurreccionales en la región y no
el Comité Central del Partido.47
Lo cierto es que, mientras el estatus quo en algún país no implicó una
ruptura constitucional, la diplomacia cubana siguió una estrategia de acerca-
mientos oficiales.48

45
Entrevista del autor con el Dr. Luis Suárez Salazar. La Habana, Cuba. 22 de diciembre de 2010.
46
Entrevista del autor con el Mtro. Mario Vázquez Olivera. cialc-unam. Ciudad de México. 24
de febrero de 2012.
47
Intervención del Consejero Político de la Embajada de Cuba en México, diciembre de 2011.
48
Suárez Salazar, Luis. (1986). “La política de la Revolución Cubana hacia América Latina y
el Caribe: notas para una periodización”. Cuadernos de Nuestra América. no. 6. La Habana.
julio-diciembre. p. 170

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Ricardo Domínguez Guadarrama

En aquellas circunstancias en que la conflictividad de los procesos internos pueda


colocar en cuestión el respeto de Cuba a las normas del derecho internacional,
Cuba se ha abstenido de establecer vínculos oficiales. La formalización de los
mismos, por demás, siempre ha estado condicionada a la convivencia de los
procesos de cambio interno y externo que desarrollan los países en cuestión.49

En ese sentido, el apoyo de Cuba a los grupos revolucionarios tuvo mayor


importancia para el caso de Nicaragua, Granada, El Salvador y Guatemala. De
hecho, toda esta política y diplomacia cubana quedó claramente establecida
en la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba —diciembre de
1975—, adoptada durante su Primer Congreso y contenidos en la Constitución
de la República a partir de 1976.

Se declara el propósito de Cuba de participar en la lucha contra el imperialismo


y de contribuir a eliminar todas las formas de colonialismo, neocolonialismo y
otras manifestaciones de opresión y sojuzgamiento de los pueblos y los hombres
así como el de unir a todas las fuerzas que combaten por el logro de similares
objetivos.50

A finales de la década de los años setenta y durante la primera mitad de los


años ochenta, cuando las condiciones económicas en la región y la política
estadounidense agudizó sus acciones represivas contra los grupos de oposi-
ción y de izquierda, se dinamizó la lucha armada en la región y abrió nuevos
espacios para la cooperación cubana. Aunque su apoyo se enfocó a Granada,
El Salvador y Guatemala, relajando su actividad en Argentina, Uruguay y Bra-
sil, mientras que su apoyo al gobierno revolucionario de Nicaragua continuó
dinámicamente.51
En el caso de las relaciones de México con Cuba, a partir de 1971 se inició
un periodo de “desenfriamiento”. Ambos países firmaron un acuerdo aéreo en
1971 y suscribieron otros acuerdos en materia de intercambio de información
financiera y de reparación de barcos pesqueros cubanos en astilleros en Vera-

49
bíd. El mismo autor utiliza el concepto de “Triángulos Dinámicos”, EU, América Latina y Cuba;
“en la medida que América Latina y el Caribe se acercan a la política de Estados Unidos hay
un distanciamiento de sus relaciones con Cuba y viceversa”. Entrevista con el Dr. Luis Suárez
en las instalaciones del Instituto Superior de Relaciones Internacionales del Ministerio de
Relaciones Exteriores, La Habana, Cuba, 21 de diciembre de 2010.
50
Rodríguez, Rodríguez, Carlos R. (1981). “Fundamentos estratégicos de la política exterior
cubana”. en Cuba socialista. No. 1. La Habana. Diciembre. pp.13-14.
51
Castañeda. (1995). Op. Cit. pp. 71-72.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

cruz. Además, diversos funcionarios mexicanos visitaron la Isla. Incluso, por


petición de México en 1971 el gobierno de Cuba recibió bajo la figura de asilo
político a un grupo de revolucionarios mexicanos que estaban encarcelados y
que pertenecían al movimiento guerrillero de Genaro Vázquez. La demanda
la hicieron sus copartidarios, quienes habían secuestrado al Rector de la Uni-
versidad. Sin embargo, no fue la única ocasión en que militantes mexicanos
buscaron asilo político en Cuba, incluso, a través del secuestro de aeronaves,
lo que derivó en la renovación del acuerdo de extradición que ambos países
habían suscrito en 1925.
En resumen, las relaciones entre México y Cuba, mejoradas sustancialmen-
te a partir de la llegada al gobierno de Luis Echeverría (1970-1976), siguieron
su curso cálido y de cooperación hasta por lo menos la década de 1990, cuando
México observó cambios en su política hacia Cuba y que, a la postre, terminaron
con el acuerdo informal pactado en la década de los años sesenta.

Conclusiones

El apoyo de Cuba a los movimientos revolucionarios en América Latina y el


Caribe, forma parte de los principios, objetivos e intereses de su política exterior
antiimperialista, anticolonialista y antidictatorial. Por otro lado, esa misma po-
lítica exterior ha estado circunscrita a los principios del derecho internacional,
de ahí que unas de las primeras acciones cubanas luego del triunfo de la Revo-
lución fue confirmar su propósito de cooperación, amistas y reciprocidad. Las
circunstancias regionales derivadas por la confrontación con Estados Unidos,
llevaron al gobierno de Cuba a diseñar nuevas formas de defensa, que incluyó
el despliegue de un ejercicio internacional con los pueblos de la región, más
allá de las relaciones con los gobiernos.
En ese sentido, a mayor distanciamiento de los gobiernos, mayor acerca-
miento con los pueblos, nada nuevo para Cuba si se atiende a su experiencia
internacional independentista. La diplomacia alternativa, al igual que la oficial,
debió irse definiendo con el paso de los años y la adquisición de experiencia. De
ahí que se observen etapas bien diferenciadas en su ejercicio, y que en realidad
es una historia de apoyo revolucionario que terminó prácticamente en 1990,
cuando la Revolución Sandinista fue derrotada electoralmente. Lo destacable
es el hecho de que las dos diplomacias cubanas han sido claras y abiertas. Ex-
puestas a su sociedad y a los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe.
Los ideales cubanos que impulsaron su apoyo a las guerrillas no han su-
cumbido, por el contrario, parecen tener amplia permanencia ante la llegada de

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Ricardo Domínguez Guadarrama

gobiernos progresistas en los que distintos países de América Latina y el Caribe,


en los que hay una lucha importante por conquistar el poder una vez logrado el
gobierno. No obstante, la misma Cuba se encuentra en un importante y cons-
tante proceso de transformaciones para perfeccionar su socialismo; el término
de una nueva etapa que provoca expectación internacional.
Por otro lado, el gobierno revolucionario de Cuba mantuvo intacto su
compromiso con el derecho internacional, al mantener relaciones oficiales
con los países que respetaban su derecho a la libre determinación. En el caso
de América Latina y el Caribe, resalta México, cuyo gobierno dejó claramente
establecida su posición de respeto a la soberanía cubana. Las relaciones oficiales
entre Cuba y México fueron, más allá de signos de hermandad y fraternidad
entre los pueblos de ambos gobiernos, políticamente muy útiles para ambos. A
Cuba le permitió mostrar su firme convicción de conducirse bajo los cánones
oficiales sin importar las diferencias ideológicas o de sistemas entre los go-
biernos; a México, le permitió mantener siempre vigente los principios de su
política exterior, particularmente el de la no injerencia en los asuntos internos
de los Estados. Ambos propósitos se inscriben entre los objetivos, principios e
intereses de sus respectivas políticas exteriores.
Finalmente, la relación que se dio entre Cuba y los movimientos populares
y revolucionarios mexicanos entre 1960 y 1970, es un tema del que poco se sabe,
y del que por supuesto muy poco o casi nada se ha escrito. No sería extraño que
en algún momento de la historia salga a la luz, el vínculo que para muchos sí
existió entre luchadores mexicanos y agentes cubanos adscritos a su embajada
en México. El tipo de apoyo que recibieron entonces es difícil saberlo, pero, lo
más probable es que por lo menos recibieron asesoramiento logístico, psico-
lógico, político, táctico y estratégico. No resultaría extraño tampoco, conocer
el probable apoyo tradicional que el gobierno de Cuba habría ofrecido a los
luchadores sociales mexicanos para, incluso, liberarlos y ofrecerles estancia en
la Isla. Podría ser igualmente probable que exista hoy un consenso de que no
es el momento de abrir los viejos expedientes, entre el gobierno de Cuba, los
distintos revolucionarios e integrantes de movimientos populares mexicanos
que recibieron apoyo cubano, así como para los funcionarios que han apoyado
a la Revolución Cubana de distintas maneras. Este mutuo acuerdo, también
tácito y no escrito entre los mexicanos que han apoyado la Revolución y que
han recibido de Cuba sus enseñanzas, ha sido fundamental para no entorpecer
los vínculos entre ambos gobiernos y no obstaculizar los beneficios que de ello
deriva para ambos países.

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Cuba; Revolución, diplomacia (y guerrilla) en América Latina

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La revolución latinoamericana
y la Liga Comunista 23 de Septiembre*

Fabián Campos Hernández**

Introducción

E n el presente trabajo haremos un primer acercamiento a las relaciones


existentes entre la teoría militar revolucionaria latinoamericana y la estra-
tegia militar de la Liga Comunista 23 de septiembre, partiendo de que la forma
específica, es decir, la estrategia militar con que la Liga tomó las armas en su
búsqueda por construir una sociedad socialista en México, fue parte de un debate
subcontinental. Esta posición ha sido soslayada o minimizada en lo que hasta
ahora se ha escrito respecto a la Liga, dándole prioridad a otros aspectos, como
la memoria de los sobrevivientes de esa experiencia guerrillera.
La primacía en la vivencia, el recuerdo, la memoria ha permitido resca-
tar voces que han sido silenciadas por la historia oficial, incluso en la historia
oficial de la izquierda, por lo que ha cumplido un papel fundamental en cómo
se está construyendo la historia de la Liga. Sin embargo, estas no alcanzan un
nivel explicativo de sí mismas ni del proceso. De ahí la necesidad e importancia
de leerlas desde los planteamientos estratégicos de tipo político-militar de la
organización y sus relaciones con la teoría y la práctica revolucionaria latinoa-
mericana. Sólo así podremos hacer nuevas preguntas a esas fuentes y avanzar
en el conocimiento histórico con el objetivo de encarar el debate en torno al

* Este artículo fue realizado en el marco del Proyecto papiit ir400512 “México ante el conflicto
centroamericano, 1976-1996. Una perspectiva histórica” de la Dirección General del Personal
Académico, que se desarrolla en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe
de la unam.
** Licenciado y Maestro en Estudios Latinoamericanos por la unam. Actualmente cursa el
Doctorado en Estudios Latinoamericanos en la misma institución. Sus líneas de investiga-
ción son: Relaciones internacionales latinoamericanas, guerra sucia y movimientos armados
centroamericanos en el siglo xx. Correo electrónico: fabiancamposh@gmail.com

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Fabián Campos Hernández

significado histórico de la Liga para la izquierda revolucionaria, el resto de la


izquierda y la sociedad mexicana en su conjunto. Para alcanzar este objetivo
hemos dividido el trabajo en tres apartados: 1. El triunfo de la revolución cubana
y la conformación de ella como modelo de revolución para América Latina. 2.
Definiciones estructurales para entender la lucha armada en México entre 1959
y 1982. 3. La teoría política militar de la Liga en debate con el modelo cubano.

La revolución cubana y la versión de Ernesto Guevara “El Che”

El triunfo de la revolución cubana

Uno de los errores más comunes que se comenten al hablar de la revolución


cubana es asimilar el movimiento antidictatorial con el Movimiento 26 de Julio.
A partir de 1952 en Cuba gradualmente se consolidó un amplio movimiento
político con el objetivo de derrocar al gobierno de Fulgencio Batista,1 el cual
fue considerado doblemente ilegítimo, primero por asumir al poder a través
de un golpe de Estado y porque en las elecciones de 1954 fue nombrado presi-
dente en un escenario donde la oposición fue anulada de la contienda electoral.
Ante estos sucesos, el Movimiento 26 de Julio representaba sólo una vertiente
de las múltiples resistencias, pues existían otras organizaciones, por ejemplo:
la Acción Nacional Revolucionaria dirigida por Frank País, el Directorio Revo-
lucionario comandado por José Antonio Echeverría, el Movimiento Nacional
Revolucionario dirigido por Rafael García Barcena y la Organización Auténtica
de Carlos Prío Socarras.
Otro de los errores consiste en afirmar que el único movimiento arma-
do conspirativo contra el régimen de Batista fue el dirigido por Fidel Castro.
Ante tal aseveración es importante recordar que durante siete años —de 1952
a 1958— hubo intentos por derrocar a Batista a través de una acción militar,
entre ellos destacó la acción realizada el 26 de julio en 1953 bajo la dirección
de Fidel Castro Ruz.2 El ataque al Cuartel Moncada estuvo diseñado bajo una
concepción putchista, es decir, una acción armada organizada por un pequeño

1
Fulgencio Batista fue presidente de Cuba en tres ocasiones. Primero de manera constitucional
entre 1940-1944. En 1952 dio un golpe de Estado previo a las elecciones asumiendo el poder
de facto hasta 1954 cuando fue electo presidente.
2
Entre los intentos que habría que destacar están los realizados por el Directorio Revolucionario
(dr). El dr realizó durante el periodo diversas acciones armadas y en diciembre de 1956 llevó
a cabo una huelga azucarera que golpeaba el sector económico estratégico del régimen y que
obligó a Batista a ceder ante las demandas laborales.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

grupo dirigente que buscaba alzamientos locales con el apoyo de un reducido


número de participantes de las masas locales como vía para conseguir la caída
del régimen.3 Este ataque no era único, sino que se completaba con otra em-
bestida, aquella que fue realizada contra cuartel “Juan Manuel de Cespedes”.
En la estrategia diseñada en esa ocasión la incorporación e insurrección de
las masas de las dos ciudades, Santiago de Cuba y Bayamo, eran el elemento
definitorio para conseguir el derrocamiento del gobierno. Después de fracasar
el ataque, Fidel Castro y otros integrantes del 26 de Julio fueron encarcelados y
posteriormente exiliados. Ante tal situación, los exiliados asumieron que la única
forma en que podían retornar a la isla y reiniciar la lucha armada era a través
de un desembarco, alternativa empleada el 2 de diciembre de 1956 a través del
conocido desembarco del Granma. Este suceso a pesar de haber inaugurado un
breve periodo —dos años— cambió la correlación al interior del movimiento
antidictatorial cubano.
Durante el primer semestre del año de 1957, el movimiento antidictatorial
en la ciudad fue el encargado de organizar y coordinar acciones en contra Batista.
En ese movimiento, que estaba conformado por distintos grupos con ideologías
divergentes, y en algunos casos contradictorias entre sí respecto a lo que debería
seguir una vez derrocado el gobierno, el Movimiento 26 de julio no era el grupo
dominante. Incluso, al interior del mismo había posiciones encontradas. Por
un lado, Frank País, dirigiendo al movimiento en las ciudades, apostaba por
una huelga general como el elemento definitorio de la crisis nacional, mientras
que Fidel Castro pugnaba por el fortalecimiento de su guerrilla y por asumir el
control desde la sierra del grueso del M-26-7.

Es que, desde el primer día, Fidel impuso una clara estrategia, aún más clari-
vidente porque las fuerzas del 26 de Julio eran mucho más numerosas y mejor

3
Los elementos definitorios del putsch fueron tomamos del escrito de Mao Tse Tung (1968),
Obras Escogidas. Tomo I. Pekín: Editorial de Lenguas Extranjeras. “Sobre la rectificación
de las ideas erróneas del Partido”, en el cual señala “durante un breve período después de la
derrota de la revolución en 1927 surgió en el Partido Comunista una tendencia putchista
de “izquierda”. Considerando que la revolución china era, por su carácter, una “revolución
permanente”, la cual que se encontraba en una situación de “ascenso ininterrumpido”, los
putchistas se negaron a organizar una retirada ordenada, adoptando métodos autoritarios y
confiando sólo en un pequeño número de miembros del Partido y un pequeño sector de las
masas, trataron erróneamente de realizar en todo el país una serie de levantamientos locales
que no tenían perspectiva alguna de éxito. Tales acciones putchistas se extendieron a fines
de 1927, pero fueron cesando hacia comienzos de 1928, aunque entre algunos militantes
subsistieron sentimientos en favor del putchismo.” p. 113.

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Fabián Campos Hernández

organizadas en las ciudades (Santiago, La Habana) que en la Sierra, en esa época


de lucha. El acento principal debía ponerse en la consolidación de la guerrilla
rural, en el Ejército Rebelde; a éste correspondía la dirección del Movimiento,
aquí estaba la cabeza de todo el país. Después del desembarco, Fidel delegó en
Faustino Pérez la reorganización del Movimiento en La Habana, dándole plenos
poderes para ponerlo bajo la dirección de una fuerza que, como se sabe, reunía
20 hombres (enero del 57). Todas las armas disponibles debían ser enviadas a la
Sierra Maestra y ni un solo fusil distraído para la resistencia urbana, directiva que
podía parecer escandalosa, dado el desarrollo de esa resistencia y sus reales nece-
sidades en armas; directiva que engendró más de un conflicto con el ala urbana
del Movimiento, más de un resentimiento, pero que permitió en un mínimo de
tiempo la constitución de “la fuerza móvil estratégica”, el Ejército Rebelde, en el
primer frente de la Sierra Maestra.4

En otras palabras, la guerrilla rural y Fidel Castro no tenían el control del


movimiento. En ese ambiente sucedió el debate sobre el llamado a la Huelga
Nacional; fue con el fracaso de la huelga y la muerte de Frank País, ocurrida el
30 de julio de 1957 y en medio de las protestas urbanas que Fidel Castro inició
su ascenso como dirigente máximo de la lucha armada.

Los resultados de Frank en la labor de reorientar a los grupos de acción del movi-
miento así como la lucha en el sector obrero y la estructuración de la resistencia
cívica fueron óptimos. Una de las prioridades de la actividad de Frank durante las
últimas semanas de su vida fue el impulso de la sección obrera del Movimiento, la
cual, dentro de nuestra concepción revolucionaria, cuando el ataque al Moneada
debía ser la estocada final contra la tiranía después que levantáramos y armáramos
la ciudad de Santiago de Cuba. La guerra en las montañas sería la alternativa si
el llamado a la huelga no tenía éxito.5

Después del fracaso de la Huelga General, el ejército batistiano inició una


ofensiva en contra de la guerrilla. El hecho de hacer fracasar la ofensiva gu-
bernamental, en lo que Fidel Castro llamó la victoria estratégica, llevó a un
cambio sustancial en la dinámica del conflicto armado cubano, el paso en muy
poco tiempo de la lucha de guerrillas a la guerra de posiciones con un ejército
en conformación con un aumento considerable de sus efectivos: el Ejército

4
Debray, Regis. (1967). ¿Revolución en la Revolución?, Cuba: Casa de las Américas. p. 62.
5
Castro, Fidel. (2010). La victoria estratégica. Por todos los caminos de la sierra. Cuba: Consejo
de Estado. p. 2.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

Rebelde. Éste fue acompañado por una intensa movilización social así como
de acciones armadas en las urbes. Ambos despliegues asfixiaron el gobierno a
grado tal hacerlo insostenible para Batista, orillando a que éste huyera de la isla
el 31 de diciembre de 1958.

La mitificación de El Che sobre el triunfo armado

A partir de 1959 Ernesto Guevara de la Serna empezó a realizar su propia lec-


tura del triunfo armado en Cuba. Esta versión se fue construyendo a partir de
numerosos artículos publicados en revistas y en las pláticas sostenidas por el
Che con numerosos latinoamericanos que desde enero de ese año, arribaron a
la isla y consolidada en dos libros: Pasajes de la guerra revolucionaria y Guerra
de guerrillas. Un método. En ambos textos, Ernesto Guevara postuló al foco
guerrillero como el elemento central de la estrategia triunfante en Cuba y como
el método ideal para hacer triunfar otras revoluciones en América Latina. En
esta versión se destacan dos elementos: a. Coloca como un momento funda-
cional de la lucha armada y como foco guerrillero el desembarco del Granma.
Ello reduce y oculta las amplias movilizaciones sociales y políticas acaecías en
Cuba antes de aquel 2 de diciembre de 1956. b. Minimiza el trabajo urbano del
propio Movimiento 26 de Julio y el papel de desventaja que en ese momento
tenía la dirigencia guerrillera al interior del M-26-7.
¿Qué motivos tenía Ernesto Guevara para hacer estas elecciones en su
narración? Para Juan Duchesne los motivos fueron estratégicos:

El lector se extraña de las reiteradas referencias despectivas al Movimiento 26


de Julio que hace Guevara en sus escritos sobre la experiencia cubana. A veces
parecería que habla de una organización ajena, en vez del movimiento creado
por el propio Comandante en Jefe de la guerrilla. El Che expresa confianza sólo
en gente muy cercana a Fidel, como Celia Sánchez, y registra una admiración
reservada hacía Frank País. Ni que decir de su recelo hacía otros actores insurgen-
tes ajenos tanto a la guerrilla de la Sierra como al M-26-7: es transparente. Pero
ello responde al entendido del autor de Pasajes, de que la misma amplitud que
potenciaba la insurrección general, también amenazaba con diluir su capacidad
para forzar un cambio radical. Aparte de la guerrilla de la Sierra, ninguna de
las entidades insurgentes, incluyendo a los núcleos urbanos del propio M-26-7,
demostraba poseer motivaciones más profundas que el simple derrocamiento de
la dictadura y la captura continuista del régimen neocolonial; las más amplias,
como el Directorio, ni siquiera eran claramente reformistas, ni que decir revolu-

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Fabián Campos Hernández

cionarias. Guevara anticipa el efecto retardatario que el pluralismo liberal puede


ejercer contra el cambio profundo en las etapas definitorias de una revolución. En
consecuencia, por razones estratégicas de largo alcance, él repudia la autonomía
y el pluralismo político manifestado por el M-26-7 en sus instancias urbanas y
propugna el desarrollo de la empresa guerrillera fidelista como núcleo dirigente
de la revolución cubana tal cual su narrativa lo configura.6

Para completar el análisis que Duchesne hace sobre las elecciones de Ernesto
Guevara habría que decir que estas tienen un referente concreto, las dificultades
del joven gobierno revolucionario. Los libros de el Che fueron escritos mientras
se iban decantando las fuerzas que habían derrocado a Batista, el abandono del
gobierno y del país de organizaciones y personalidades no revolucionarias y re-
formistas —como Hubert Matos en 1959—, el origen de la oposición antifidelista
en Florida, Estados Unidos, el combate a los guerrilleros del Escambray y las
continuas acciones organizadas desde Estados Unidos en contra del gobierno.7 Es
decir, que las elecciones narrativas de el Che tienen un origen histórico concreto
y estratégico para la revolución cubana en vías de su institucionalización. Poner
en el centro de su narración el triunfo de la guerrilla de la montaña, minimizó
el trabajo en las ciudades realizado por el Movimiento 26 de Julio y obscureció
las acciones emprendidas por movimiento antibatistiano, y su ausencia fungió
como factor de legitimidad al gobierno de Fidel y sus allegados, pues estos eran
los únicos dirigentes de la revolución, y por ende, los únicos capaces de llevar
a cabo las transformaciones radicales planteadas.
El tema se complica cuando los factores que legitimaron al gobierno de
Castro en la isla fueron adoptados como una ruta que forzosamente debían
tomar otros países latinoamericanos que comenzaban sus propias moviliza-
ciones armadas.
Al respecto, Ernesto Guevara postuló tres grandes enseñanzas de la Revo-
lución Cubana a los revolucionarios latinoamericanos: 1. Las fuerzas populares

6
Duchesne, Juan. (2010). La guerrilla narrada: acción, acontecimiento, sujeto. Puerto Rico:
Ediciones Callejón. pp. 23-24.
7
Para dar una idea de la cantidad de recursos humanos y materiales que tuvo que invertir
el gobierno cubano para combatir a las guerrillas que se levantaron en contra de él, habría
que considerar los datos que aporta Elizabeth Burgos: durante los primeros cinco años del
gobierno revolucionario se movilizaron a 100 mil hombres para combatir a los 200 grupos
contrarrevolucionarios, ocasionándoles 3000 bajas entre muertos, heridos y fusilados con un
costo de mil millones de dólares. Burgos, Elizabeth. (2005-2006). “Plantados: el cuerpo como
territorio de resistencia y afirmación” en Encuentro de Cultura Cubana. Núm. 30. (invierno).
p. 170.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

podían ganar una guerra contra el ejército; 2. No siempre había que esperar a
que se dieran todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional
podía desarrollar las condiciones subjetivas sobre la base de condiciones ob-
jetivas dadas; 3. En la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada
debía ser fundamentalmente el campo.8
Estas lecciones se volvieron piedra de toque para la lucha ideológica dentro
de las filas revolucionarias y guía práctica para deslindar a los revolucionarios
de los reformistas.
Siguiendo con este análisis, es importante decir que los anteriores postu-
lados son reflexiones propias de el Che Guevara y no necesariamente corres-
pondieron con los sucesos históricos ocurridos en la lucha armada cubana.
En efecto, la lucha armada cubana demostró que las fuerzas populares podían
ganar una guerra contra el ejército gubernamental. Empero, la veracidad de
esta afirmación no se extiende a las dos siguientes.
La segunda afirmación fue rechazada, en su momento, por los comunistas
de vieja cepa, y fue considerada como un voluntarismo o aventurerismo. Más
allá de esta categorización, habría que recordar que las condiciones subjetivas
en el caso cubano ya estaban dadas. Como ya dijimos, durante el periodo que
va entre 1952 y la primera mitad de 1957 el movimiento urbano era mucho
mayor en su número, más combativo y con altas perspectivas de conseguir el
derrocamiento de Batista. Las condiciones subjetivas ya estaban dadas, no fueron
creadas por el foco guerrillero y el paso del foco guerrillero al Ejército Rebelde
fue posibilitado por los ánimos insurreccionales en las ciudades.
La tercera afirmación se desecha con lo anteriormente aludido. Gran parte
del desgaste del régimen de Batista fue generado por las estructuras urbanas.
Aunque militarmente la derrota al ejército batistiano fue en el campo, su derrota
política se llevó a cabo en las ciudades. A esto último habría que añadirle algo
que tuvo un peso fundamental: el desgaste político y el aislamiento militar que
los diplomáticos del movimiento antidictatorial consiguieron al lograr que el
gobierno estadounidense dejara de apoyar al que hasta ese momento era su
testaferro. Todos estos sucesos relativizan las afirmaciones de el Che.
Pero el aporte de el Che al pensamiento revolucionario latinoamericano
no se quedó solamente en el plano estratégico sino que también fue llevado al
terreno de la táctica. Es el caso de las llamadas “7 reglas de oro de la guerrilla”:

• No dar un combate que no se gane.


• El continuo movimiento, muerde y huye.

8
Guevara, Ernesto. (2009). La guerra de guerrillas. Cuba: Editorial de Ciencias Sociales. p. 6.

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• El principal abastecedor de armas es el enemigo.


• El movimiento oculto.
• La sorpresa de las acciones.
• La formación de nuevas columnas, una vez alcanzado un poderío
respetable.
• Debe tener, en general, tres momentos: defensiva estratégica, equilibrio
entre las posibilidades de acción del enemigo y de la guerrilla y por
último el aniquilamiento total del adversario.9

Hasta aquí se puede argumentar que el planteamiento del foco puede ser
leído como un proyecto personal emanado de un actor principal del proceso
revolucionario, lo cual generó un amplio convencimiento entre sus lectores
y escuchas, pero no podemos sostener que se trate de un planteamiento
institucional que fuera respaldado por la totalidad del gobierno cubano. Sin
embargo, esto mismo no se puede decir después de la Segunda Declaración
de La Habana.

El llamado a la revolución continental y la radicalización


del foco guerrillero

La Segunda Declaración de La Habana

A la toma del poder el 1 de enero de 1959 siguieron tres años de intensos cam-
bios sociales en Cuba. La instauración de reformas como la agraria y la urbana
se correspondían con un modelo reformista liberal y de un profundo carácter
nacionalista. En el plano internacional el gobierno cubano comenzó a apoyar
a grupos latinoamericanos, en especial a los caribeños en sus intentos por de-
rrocar a sus respectivos gobiernos tiranos. Empero, algunas reformas afectaron
directamente los intereses estadounidenses en el país y el apoyo cubano a otros
revolucionarios les hicieron prever una posible regionalización: el peligro del
contagio. Por lo que el gobierno y la sociedad estadounidenses, que hasta el
triunfo habían mostrado simpatías y apoyo a los revolucionarios cubanos fueron
cambiando su posición y empezaron a agredir al naciente gobierno.
Respondiendo a las agresiones, en especial a la invasión mercenaria de
Playa Girón, el gobierno cubano decidió declarar el 4 de febrero de 1962 que
la revolución cubana era socialista, apostándole su sobrevivencia a una alianza

9
Villegas, Harry Pombo. (2009). “Prologo” en Guevara. Op. Cit. p. 13.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

con la Unión Soviética. Una vez más un acto que respondía a las condiciones
políticas internas se convirtió en un elemento de gran impacto en América La-
tina. Ahora de manera abierta los planteamientos hechos por Ernesto Guevara
se unieron al discurso gubernamental de cómo se tenía que hacer la revolución
en el subcontinente, trocándose en los ejes de acción y concepción política para
las jóvenes generaciones latinoamericanas.
La primera referencia en el discurso de Fidel Castro hacía América Latina
fue que la lucha debía de ser antiimperialista en su sentido mundial, antiesta-
dounidense por su concreción latinoamericana.

Ya los Estados Unidos no podrán caer jamás sobre América con la fuerza de
Cuba, pero en cambio, dominando a la mayoría de los demás Estados de América
Latina, Estados Unidos pretende caer sobre Cuba con la fuerza de América. ¿Qué
es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de
América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia
de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel
del imperialismo en el mundo entero?10

Si la lucha no tenía estas características era imposible el desarrollo económico


y social de los pueblos latinoamericanos y estaban condenados al atraso, a la
miseria y a la ausencia de cualquier dignidad nacional. Pero además, decía Fidel
Castro, estaba demostrado que las burguesías nacionales eran incapaces de hacer
la revolución democrático burguesa por sus lazos dependientes con el impe-
rialismo, la lucha era también contra las burguesías y las oligarquías cipayas.11

Cuba duele de manera especial a los imperialistas. ¿Qué es lo que se esconde tras
el odio yanqui a la Revolución Cubana? ¿Qué explica racionalmente la conjura
que reúne en el mismo propósito agresivo a la potencia imperialista más rica y
poderosa del mundo contemporáneo y a las oligarquías de todo un continente,
que juntos suponen representar una población de trescientos cincuenta millones
de seres humanos, contra un pequeño pueblo de sólo siete millones de habitan-
tes, económicamente subdesarrollado, sin recursos financieros ni militares para
amenazar ni la seguridad ni la economía de ningún país? Los une y los concita el
miedo. Lo explica el miedo. No el miedo a la Revolución Cubana; el miedo a la

10
Castro, Fidel. (1962). Segunda declaración de La Habana, en: http://www.ciudadseva.com/
textos/otros/2declara.htm
11
Este término hace referencia a los indios que participaban en los gobiernos bajo el dominio
inglés en la India.

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Fabián Campos Hernández

revolución latinoamericana. No el miedo a los obreros, campesinos, estudiantes,


intelectuales y sectores progresistas de las capas medias que han tomado revo-
lucionariamente el poder en Cuba; sino el miedo a que los obreros, campesinos,
estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias tomen re-
volucionariamente el poder en los pueblos oprimidos, hambrientos y explotados
por los monopolios yanquis y la oligarquía reaccionaria de América; el miedo a
que los pueblos saqueados del continente arrebaten las armas a sus opresores y
se declaren, como Cuba, pueblos libres de América.12

Para el dirigente cubano las condiciones objetivas para la revolución latinoa-


mericana estaban dadas, de hecho, era inevitable e históricamente parte de la
lucha final contra el imperialismo

En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho


no lo determina la voluntad de nadie. Está determinado por las espantosas
condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la
conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el
movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados…
Y ¿qué enseña la Revolución Cubana? Que la revolución es posible, que los pue-
blos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de
impedir el movimiento de liberación de los pueblos.13

Ante esta situación sólo podía haber, desde la perspectiva cubana, un impera-
tivo categórico: El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución. Y así lo
entendieron los jóvenes revolucionarios latinoamericanos: tenían que hacer la
revolución tal como la postulaban los comandantes Castro y Guevara.

La Tricontinental y la radicalización del foco guerrillero

Bajo el mandato emanado desde la comandancia cubana se realizaron varios


intentos de instalar focos guerrilleros en diversas partes de América Latina,
todos fracasados. Régis Debray nos proporciona una lista parcial de ellos:

El levantamiento de los Uturuncos en Argentina (diciembre 1959); el aniquila-


miento del 14 de Mayo en Paraguay (noviembre 1959); el exterminio del 14 de

12
Ibíd.
13
Ibíd.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

Junio en República Dominicana (verano de 1960); la derrota del Movimiento


Obrero Estudiantil Campesino en Colombia (principios de 1962); fin fatal del
Frente Unido de Liberación Nacional en Paraguay (principios de 1962); captura
de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (marzo de 1962); derro-
ta de primeros núcleos guerrilleros en Mérida y Yaracuy, en Venezuela (marzo
de 1962); desaparición del Ejército Guerrillero del Pueblo, en Salta, Argentina
(marzo de 1964)14

A las consideraciones realizadas por la comandancia cubana a partir de los


fracasos iniciales del foco guerrillero se sumó una nueva experiencia que estaba
siendo incorporada al pensamiento militar revolucionario latinoamericano, la
lucha vietnamita y su teorización realizada por el General Vo Nguyen Giap, la
guerra del pueblo. Ambos elementos se cristalizaron en una nueva etapa del
pensamiento militar revolucionario cubano para América Latina. Para Ernesto
Guevara los aportes de los vietnamitas pueden resumirse de la siguiente manera:

la factibilidad de la lucha armada, en condiciones especiales en que hayan fraca-


sado los métodos pacíficos de lucha de liberación; el tipo que debe tener ésta, en
lugares con grandes extensiones de terreno favorable a la guerra de guerrillas y
con población campesina mayoritaria o importante…Era una guerra de caracte-
rísticas campesinas, por los lugares fundamentales de acción y por la composición
fundamental del ejército, pero estaba dirigida por la ideología del proletariado,
haciendo válida una vez más la alianza obrero-campesina como factor funda-
mental de la victoria. Aunque en los primeros momentos, por la característica
de la lucha anticolonialista y antiimperialista, era una guerra de todo el pueblo
y una gran cantidad de gentes cuya extracción no respondía exactamente a las
definiciones clásicas de campesino pobre o de obrero, se incorporaba también
a la lucha de liberación, poco a poco se definían los campos y comenzaba la
lucha antifeudal, logrando entonces su verdadero carácter de antiimperialista,
anticolonialista, antifeudal, dando como resultado el establecimiento de una
revolución socialista15

Guevara recuperaba así la estrategia vietnamita en aquella parte que concor-


daba con sus propias aseveraciones iniciales y establecía un elemento nuevo:

14
Debray, Regis. (1967). El Castrismo: la larga marcha de América Latina. Montevideo: Editorial
Sandino. pp. 15-19, citado por Duchesne. (2010). Op. Cit. pp. 32-33.
15
Guevara, Ernesto. (1971). “Prologo”, en Vo Nguyen Giap. (1971). Guerra del Pueblo, Ejército
del Pueblo (Dien Bien Fu). México: Era p. 10.

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la alianza obrero-campesina como el sujeto de la revolución en medio de otros


sectores.
En enero de 1966 se llevó a cabo la Primera Conferencia de la Organización
de Solidaridad de los Pueblos de Asía, África y América Latina, mejor conoci-
da como la Tricontinental. A ella acudieron dirigentes y representantes de los
movimientos de liberación nacional y organizaciones guerrilleras que luchaban
en los tres continentes. Las discusiones se centraron en la coyuntura que vivían
en cada continente las luchas por lograr la independencia de las metrópolis, y,
en el caso de América Latina, si la lucha armada era el camino para lograr la
plena independencia y el desarrollo de los países y las sociedades.
Dentro de los resolutivos más importantes de esa conferencia podemos
señalar los siguientes: 1) el mundo vivía una época de liberación respecto a los
imperialismos; 2) ante la lucha de los pueblos por su liberación, los imperialis-
mos se encontraban en retirada y en algunos casos derrotados militarmente;
3) como lo demostraba palpablemente los casos de la resistencia vietnamita y
cubana, el imperialismo no iba a permitir el triunfo de los pueblos sin luchar
por lo que había que prepararse para la intervención militar directa o indirecta
en una lucha prolongada en el tiempo y costosa en vidas y materialmente; 4)
ante la agresión imperialista la respuesta debía de ser la solidaridad política
y material de los pueblos, incluida la ayuda militar. Estos resolutivos estaban
respaldados por el Estado cubano.

Desgraciadamente, las fuerzas de Cuba son limitadas. Pero en la medida de esas


fuerzas, y de la manera óptima posible, y de la manera más decidida, a la vez que
más adecuada a las circunstancias, presta y prestará a la Revolución su máximo
apoyo.16

Y se reflejaban en la consigna lanzada por El Che en esa oportunidad, crear


dos, tres Vietnam. El momento de la ofensiva de los pueblos había llegado, pero
resultaba necesario un replanteamiento crítico del foco guerrillero.
Dicho replanteamiento tuvo como autor a Regis Debray, aunque en la
discusión participaron múltiples dirigentes revolucionarios latinoamericanos,
entre ellos Ricardo Ramírez de León y el propio Ernesto Guevara. En el libro
¿Revolución en la Revolución? editado en enero de 1967 por Casa de las Américas,
se nota un endurecimiento y radicalización de los planteamientos estratégicos

Castro, Fidel. (1966). “Discurso pronunciado en el Teatro Chaplin durante la clausura de la


16

Tricontinental” en Rodríguez, Armando. (1984). Guatemala 1966: Troskismo y revolución.


(Teoría y práctica del aventurerismo político). p. 64.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

respecto a lo escrito por el Che anteriormente y una crítica a lecturas simples a


lo que fue históricamente la Revolución Cubana.

El desconocimiento de la Revolución Cubana ha podido desempeñar también su


papel; revolución de la cual se ha tomado la envoltura externa, pero cuyo conte-
nido no ha sido estudiada todavía suficientemente. La formación de un ejército
popular en el campo, a fin de cercar y galvanizar las ciudades, ha cometido tal vez
el error de ligarse al nombre de foco. Una especie de interpretación biológica ha
ligado espontáneamente a la idea de foco las de contagio: propagación espontánea,
irradiación microbiana en los tejidos sociales vecinos por simple efecto mágico de
contacto o vecindad. Un centenar de hombres inflama la montaña de discursos; el
régimen, aterrorizado, se desploma bajo los gritos, y las aclamaciones populares
reciben a los barbudos. Se habría confundido así foco militar —motor de una
guerra total— y foco de agitación política.17

Entre los elementos de esta radicalización a destacar con fines de estrategia y


táctica armada están: 1) no era necesaria, como condición previa, la existencia
de un partido comunista que dirigiera la revolución, el foco guerrillero era el
germen del verdadero partido comunista. Esto en reacción a las posiciones
antiguerrilleras de la mayoría de los partidos comunistas latinoamericanos
y que no se comprometían a la lucha armada como el único camino para la
revolución socialista; 2) la conducción del proceso revolucionario tenía que
ser político-militar. Esto para salir de la dicotomía existente entre los pc’s y el
movimiento armado, en la cual la política dirigía la guerra pero los políticos
no eran militares. En el libro se llegó a sugerir que la situación ideal era que la
conducción político-militar recayera en un solo hombre, teniendo como ejemplo
paradigmático y obvio a Fidel Castro; 3) la lucha armada debía tener un carácter
eminentemente ofensivo, por lo que se reducía o eliminaba el periodo defensivo
estratégico; 4) la guerrilla debía de ser completamente clandestina, incluso de
la población civil que habitaba el área de operaciones. Esto era una respuesta
a que varios de los intentos de foco fueron frustrados y aniquilados por una
delación de los lugareños; 5) como desprendimiento de lo anterior, se declaraba
a la propaganda armada como una táctica antirrevolucionaria. Obviamente, esto
fue respuesta a que durante las propagandas armadas, la población —y por lo
tanto, también los agentes del gobierno y el ejército— obtenían información
sobre la situación real del foco guerrillero. Por lo tanto, además de delatar su
presencia, se exponía a los simpatizantes y redes de apoyo locales a la represión

Debray. (1967). Op. Cit. p. 47.


17

85

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gubernamental; 6) pasó de señalar al campo como el lugar fundamental de la


lucha revolucionaria, a señalar a la ciudad como la tumba de los revolucionarios.
“La ciudad —dice Fidel— es un cementerio de revolucionarios y recursos”18 y,
aún más, el verdadero revolucionario era aquel que se encontraba en la montaña,
por encima del que hacía trabajo en la ciudad o en el extranjero.

El terrible abandono en que han tenido que vivir numerosos focos durante meses,
a veces años, no se explica tanto por el sabotaje larvado, el desinterés o la traición
de sus aparatos de superficie como por una diferencia irreductible de condiciones
de vida, luego de pensamiento y comportamiento, entre unos y otros. El mejor
de los camaradas, en la capital o en el extranjero, aun destacado en misiones im-
portantes, dedicado a su trabajo, cae bajo el golpe de esa diferencia, que vale por
una “traición objetiva”. Muchos de ellos lo saben. Cuando una guerrilla habla con
sus responsables urbanos o en el extranjero, trata con “su” burguesía. Aun si tiene
necesidad de una burguesía —como de un pulmón artificial para los momentos
de asfixia—, no puede perder de vista esa diferencia de intereses y de medio: los
dos no respiran el mismo aire. Fidel Castro ha tenido la experiencia de ello y no
ha vacilado, aun a riesgo de quedar solo en momentos muy difíciles, en condenar
y repudiar a “su” burguesía, inclinada a hacer alianzas sin principios.19

Consolidación y fin del modelo militar cubano de revolución


para América Latina

A manera de resumen, durante el periodo que va de 1959 a 1967 se constituyó


un modelo de revolución con una estrategia y tácticas para América Latina
que puede sintetizarse de la siguiente manera: En el Tercer Mundo, y con ello
en América Latina, estaban dadas las condiciones objetivas para la revolución;
condiciones mismas que se veían fortalecidas por el hecho de que el imperia-
lismo se encontraba en retirada. Era el momento de la ofensiva de los pueblos
para conseguir su liberación definitiva. La revolución tenía que ser socialista en
sus fines y materialista histórica en sus fundamentos, misma que se tenía que
hacer a pesar y contra las posiciones de los Partidos Comunistas nacionales y
de la propia política de la Unión Soviética, que en ese momento mantenía la
posición de la Entente y de la coexistencia pacífica. La lucha debía de empezar
mediante la instalación de un foco guerrillero en el campo —de manera prefe-

18
Ibíd. p. 56.
19
Ibíd. p. 58.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

rente en las montañas inaccesibles de cada país—, la montaña era el espacio de


la revolución, de ahí surgiría la dirección revolucionaria, se sumaría el pueblo
a una lucha armada prolongada y se podría constituir el ejército popular.
A estas sentencias afirmativas se deben de sumar algunas que estipulaban
como no debía de hacerse la revolución y quienes no cumplían con las carac-
terísticas del revolucionario: La lucha armada no podía llevarse a cabo en las
ciudades, la ciudad era un espacio de retaguardia donde acechaban peligros que
podrían hacer fracasar la revolución. En la ciudad se encontraban los burgueses,
los políticos y los aliados de la guerrilla, pero ellos no eran revolucionarios,
ellos eran traidores o potencialmente traidores de la revolución. En la ciudad el
movimiento popular no podía ser considerado como un actor de la revolución,
inmerso en lógicas economicistas de demandas concretas, su valor estratégico se
veía reducido o eliminado; con ese movimiento, en el mejor de los casos, habría
que esperar a que el foco estuviera consolidado para iniciar el trabajo con ellos.
En el campo la cosa, según este planteamiento radicalizado, no era diferente. El
foco debía de estar aislado de los mismos campesinos, renunciando a la propa-
ganda armada. Sería en etapas superiores en el que el trabajo semiclandestino
con la población abierta sería posible. Este punto resulta sorprendente por ser
uno de los aspectos que introdujo el pensamiento militar vietnamita. Según el
propio Ernesto Guevara la experiencia vietnamita

en ciertos momentos, las nuevas guerrillas, alzadas bajo la dirección del partido
estaban todavía en lugares en los cuales la penetración francesa era muy fuerte
y la población estaba aterrorizada; en esos casos, practicaban constantemente
lo que los vietnamitas llaman la “propaganda armada”. La propaganda armada
es simplemente la presencia de fuerzas de liberación en determinados lugares,
que van mostrando su poderío y su imbatibilidad (sic), sumidas en el gran mar
del pueblo como el pez en el agua. La propaganda armada, al perpetuarse en la
zona, catalizaba las masas con su presencia y revolucionaba inmediatamente la
región, agregando nuevos territorios a los ya obtenidos por el ejército del pueblo.
Es así como proliferaron las bases y las zonas guerrilleras en todo el territorio
vietnamita.20

Con este modelo en mente el gobierno cubano apoyó el 8 de mayo de 1967


un intento de desembarco desde Cuba en Machurucutu, estado de Miranda
Venezuela. En ese intento participaron junto con los revolucionarios vene-
zolanos oficiales del ejército cubano, uno de los cuales fue apresado y cuyo

20
Guevara. “Prologo”. en Giap. Op. Cit. p. 13.

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Fabián Campos Hernández

testimonio sirvió de base para las denuncias hechas por Venezuela contra la
intervención cubana en el subcontinente. Este fue el modelo de revolución que
se aprobó en la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad de
los Pueblos, olas, sección latinoamericana de la Tricontinental realizado en La
Habana en julio de 1967. Estas fueron las ideas con las que el Che se dirigió a
Bolivia en lo que se concibió como el inicio de una ofensiva continental contra
el imperialismo.
En parte por el enorme costo político que el incidente de Machurucutu
representó, y en parte por la muerte misma de Ernesto Guevara de la Serna,
fue que el gobierno cubano decidió dar marcha atrás en su apoyo a la revolu-
ción latinoamericana. Por lo menos entre 1968 y 1972 Cuba no brindó apoyo
a ninguna experiencia guerrillera en América Latina y durante ese periodo
el gobierno cubano retiró todas las publicaciones de el Che de las bibliotecas
cubanas, al mismo tiempo canceló las cátedras en la Universidad de La Habana
sobre su pensamiento.

Dos elementos estructurales para estudiar la guerrilla


en México entre 1959 y 1982

En el apartado anterior describimos la forma en cómo se fue conformando el


modelo cubano de revolución. Este modelo, debemos aclarar, no fue impuesto
por el gobierno cubano a los revolucionarios latinoamericanos ni tampoco la
necesidad de transformaciones en el subcontinente fue inventada por ellos. Es
decir, Cuba no exportó la revolución. Sin embargo, la aureola de triunfo de los
barbudos de la Sierra Maestra, significó para los revolucionarios latinoameri-
canos una fuerte impronta a la hora de decidir entre las posibles estrategias de
la lucha armada, por otro lado, es comprensible que aquellos que mostraban
mayor afinidad ideológica con ellos tuvieran un mejor recibimiento.
Pero, cada guerrilla se enfrentó a problemas concretos que eran difí-
cilmente equiparables a los que tuvieron los cubanos. Cada grupo tuvo que
lidiar con las características especiales de su propia organización, de su propia
historia y de su país. En este sentido, creemos que para estudiar la actividad
guerrillera en México entre el periodo de 1959 a 1982 es necesario tener en
cuenta dos cuestiones: 1. La capacidad real del gobierno mexicano para lo-
grar construir una hegemonía sobre la sociedad mexicana y por lo tanto para
contener las posibilidades de una guerra civil generalizada y, 2. La relación
establecida entre el gobierno cubano y el mexicano respecto a las actividades
guerrilleras en el país.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

Estos elementos fueron aspectos estructurales que determinaron el pro-


ceso de la lucha armada en general y de la Liga Comunista 23 de Septiembre
en particular.

¿Hacer la revolución contra un Estado revolucionario?

El ideario de la revolución mexicana, vuelto casi religión laica por parte del
binomio gobierno-partido de Estado, es sin duda, uno de los primeros pun-
tos a señalar. Desde los años cincuenta, ya la izquierda había cuestionado la
vigencia misma de la revolución mexicana, señalando las traiciones hechas
desde el poder a las corrientes más radicales del periodo armado y advirtien-
do el cambio el cambio estructural que representó el llamado “Desarrollo
estabilizador”: La corrupción creciente en los aparatos estatales y lo venial se
sus funcionarios.
¿Acaso la Revolución Mexicana había muerto y era hora de hacer otra
revolución? En 1947 Daniel Cosío Villegas concluía que la crisis de México era
mortal, debido al agotamiento de las metas de la Revolución, afirmando que
el término mismo carecía ya de sentido.21 Silva Hérzog confirmaba lo anterior.

Hace algo más de seis años escribí que la revolución, uno de los tres acontecimien-
tos de mayor profundidad en la historia del México independiente, sufría una
crisis moral e ideológica de suma gravedad. Creía entonces que podría salvarse
y continuar su marcha hacia adelante en provecho del pueblo mexicano. Ahora,
después del tiempo transcurrido, pienso con cierta tristeza y siento con claridad
que la Revolución Mexicana ya no existe; dejó de ser, murió calladamente, sin que
nadie lo advirtiera; sin que nadie, o casi nadie lo advirtiera todavía.22

Era cierto que las metas de la revolución mexicana en su vertiente más radical
fueron abandonadas, que bajo el amparo del discurso se estaba implementando
en muchos sentidos una contrarrevolución. Sin embargo, el discurso no estaba
aún hueco, aglutinaba y daba sentido a una buena parte de la población sobre la
base de la capacidad estructural del Estado para ampliar el Estado de bienestar.

21
Cosio Villegas, Daniel. 1978). “La crisis de México”, Cuadernos Americanos, xxxii, marzo-abril
1947, en R. Ross Stanley (Compilador). ¿Ha muerto la revolución mexicana? México: Premia
Editora. p. 95.
22
Silva Hérzog, Jesús (1978). “La Revolución mexicana es ya un hecho histórico”, Cuadernos
Americanos, xlvii, septiembre-octubre 1949 en Ross. Op. Cit. p. 113.

89

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Fabián Campos Hernández

Muchos de los que se rebelaron contra del Estado fueron en buena medida
estudiantes, muchos de ellos pertenecientes a la primera generación de familias
emergentes del milagro mexicano, por ende, con posibilidades económicas que
facilitaron la asistencia de sus hijos a la universidad. Esos jóvenes eran benefi-
ciarios directos y a la vez producto del sistema que estaban cuestionando. En
último de los casos, aceptando que el modelo económico priísta del desarrollo
estabilizador estaba llegando a sus límites estructurales muy rápidamente, un
diagnóstico acertado de aquellos que se incorporaron a la lucha armada, no fue
sino a partir de 1982, con el cambio de modelo y el posterior desmantelamiento
del sistema de bienestar, que esto fue perceptible para la mayoría de la población.
Aquellos que se lanzaron a las armas buscando radicalizar las contradic-
ciones, no sólo dejaron de lado el análisis de las capacidades reales del Estado
para hegemonizar la idea social de transformación y lograr consensos en la
sociedad,23 sino que incluso desconocieron la premisa de Ernesto Che Guevara:

claro está que, en los países en que todas las condiciones estén dadas, sería hasta
criminal no actuar para la toma del poder. En aquellos otros en que esto no ocurre
es lícito que aparezcan distintas alternativas y que de la discusión teórica surja
la decisión aplicable a cada país. Lo único que la historia no admite es que los
analistas y ejecutores de la política del proletariado se equivoquen.24

¿Hacer la revolución sin alianzas con otras organizaciones revolucionarias?

Los pueblos deciden entrar a la lucha armada cuando las condiciones internas
de sus países no dejan otra opción para lograr transformaciones de sus estruc-
turas. En este sentido, las revoluciones no se exportan ni pueden surgir, crecer
y consolidarse únicamente por la idea y los intereses de otros países. Pero ¿Era
posible hacer crecer y consolidar un proyecto armado sin alianzas internacio-
nales? Las capacidades técnicas y tecnológicas del ejército mexicano, el apoyo
constante y el giro contrainsurgente que le imprimió el gobierno estadounidense
mediante sus planes de modernización, tanto al ejército como a las policías hacen
que la respuesta sea un no rotundo. Los proyectos revolucionarios latinoame-

23
Como bien lo señaló Gramsci en Cuadernos de la cárcel, el dominio del Estado sobre la socie-
dad es producto de la coacción, pero, también de la generación de consensos. La ausencia de
la capacidad de generar consensos por parte de la Sociedad Política es uno de los elementos
centrales para posibilitar una situación revolucionaria.
24
Guevara. Op. Cit. p. 156.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

ricanos que alcanzaron en el siglo pasado los más altos niveles de capacidad
técnica y tecnológica, mismos que se tradujeron en una mayor capacidad de
enfrentamiento con los ejércitos nacionales y como en el caso nicaragüense,
la posibilidad real de tomar el poder, contaron con el apoyo material de otras
organizaciones. En este sentido, resulta particularmente importante establecer
el papel que desempeñó el gobierno revolucionario y socialista de Cuba en la
historia de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Desde el año de 1959 el gobierno revolucionario apoyó a una considerable
cantidad de movimientos armados latinoamericanos, brindó entrenamiento a
jóvenes de distintos países en instalaciones militares cubanas, los capacitó en
técnicas de inteligencia, contrainteligencia y en fuerzas especiales, también for-
mó combatientes y oficiales. Apoyó con armamento, dinero y oficiales cubanos
diversos intentos de lucha armada en el continente. Brindó su territorio como
retaguardia, en donde dirigentes podía encontrar refugio y apoyo para desarro-
llar sus proyectos revolucionarios e incluso replantearlos. Su territorio fue lugar
de encuentro entre los distintos movimientos revolucionarios latinoamericanos
y de éstos con otros movimientos y gobiernos revolucionarios en el mundo. En
Cuba estaba la meca de la revolución continental. Pero estos apoyos no se los
brindó a los revolucionarios mexicanos, mucho menos a la Liga Comunista 23
de Septiembre. ¿Por qué?
Es de sobra conocida la historia de los exiliados del cuartel Moncada
en México. Fue en territorio mexicano donde Fidel Castro pudo aglutinar,
entrenar y pertrechar a la fuerza expedicionaria del Granma. Fue en México
donde Fidel Castro volvió a caer preso junto con los otros integrantes del grupo
expedicionario. Fue en esa ocasión que el Comandante entabló amistad con
Fernando Gutiérrez Barrios, el hombre fuerte de los servicios mexicanos de
inteligencia y, por ende, uno de los responsables de la lucha contrainsurgente.
Paradójicamente, Gutiérrez Barrios fue la puerta a los revolucionarios cubanos
con el gobierno mexicano y les garantizó poder continuar los preparativos que
llevaron al desembarco del Granma.
Es conocida también la postura del gobierno mexicano de defensa de la
revolución cubana ante los embates de los Estados Unidos. Es recordada con
respeto la negativa reiterada de los gobiernos mexicanos a romper relaciones
con la isla, lo que les permitió tener un respiro casi único en el subcontinente
durante las más de cinco décadas que ha durado el embargo estadounidense a
la economía cubana. Uno de los acuerdos de la real-politik fue que el gobierno
revolucionario cubano se comprometió a no apoyar movimientos armados en
México.

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Fabián Campos Hernández

Pero había otras posibilidades. México desde el triunfo de la revolución


en 1921 se convirtió en referente de los revolucionarios latinoamericanos.

México es la gran tribuna del Continente en donde tradicionalmente se ha acogido


a los hombres libres, de ideas libres, perseguidos por los déspotas de sus patrias;
y ellos siempre se sintieron seguros al amparo del respeto que involucran los
principios revolucionarios de este país, al que siempre hemos considerado como
una segunda patria.25

Al territorio nacional llegó un permanente flujo de exiliados latinoamericanos,


buena parte de ellos ligados a los procesos armados en sus países. En especial
para los centroamericanos de los años sesenta, México fue un lugar de refugio
pero también de avituallamiento, organización y preparación de los intentos
revolucionarios. ¿Por qué teniendo posibilidades de contactos con aquellos
revolucionarios latinoamericanos que contaban con el apoyo cubano no se
vieron reflejadas en el desarrollo de las capacidades bélicas de los revoluciona-
rios mexicanos?
Obviamente que los contactos entre revolucionarios mexicanos y lati-
noamericanos en territorio nacional sí existieron. El papel desempeñado por
el guatemalteco José María Ortiz Vides en la conformación de la Unión del
Pueblo (1972) es un ejemplo de ello. Pero los revolucionarios latinoamericanos
estaban muy conscientes de los límites de la relación sí querían mantener un
bajo perfil ante la seguridad mexicana. Por ejemplo, Sebastián —responsable
de la sección en México del Ejército Guerrillero de los Pobres de Guatemala— al
respecto arguyó:

Pero además, la problemática interna, me impidió dedicarme al trabajo de preparar


el boletín, y entonces pensé completarlo con otros materiales que yo mismo había
escrito antes con propósitos de esclarecimiento interno de la militancia. Pero yo
mismo advertí que el material sobre los sandinistas debía redactársele de nuevo
en una versión de boletín y no en una de esclarecimiento interno y que para dar
un panorama de área, habría entonces que redactar, algo relativo a la lucha en El
Salvador. Y entonces pensé también en completar el material sobre Cabañas, aún

25
Carta de Juan José Meza al presidente Manuel Ávila Camacho, en Archivo General de la Na-
ción. Galería 3, dgipys, caja 784, expediente 5. Juan José Meza fue el tesorero de la Unión
Democrática Centroamericana en los años cuarenta en México. Bajo las siglas de la udc se
agrupaban todos los centroamericanos que buscaban derrocar a sus respectivos regímenes y
eran la sección en México de la Legión del Caribe.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

con la aprehensión de que aquí casi siempre toleran, o por lo menos no persiguen
intensamente las publicaciones revolucionarias de otros países, siempre que no
se metan en nada de este país.26

Todavía más, cuando llegaron a existir contactos entre las guerrillas latinoameri-
canas y las mexicanas, los primeros fueron presionados por el gobierno cubano
para desistir en la relación. El 8 de enero de 1975 Manuel Piñeiro, Comandante
Barbarroja, encargado cubano de la relación con los movimientos revolucio-
narios latinoamericanos vino a México a entrevistarse con el responsable de
la sección en México del egp, “en esa ocasión (J) me advirtió que si me estaba
relacionando con los residentes, acabarían partiéndome el trasero”.27
Es difícil establecer la existencia de contactos entre la Liga Comunista 23 de
Septiembre y revolucionarios latinoamericanos radicados en México, pero en todo
caso estos no se tradujeron en un robustecimiento de las estrategias políticas o
militares de la Liga o de otros grupos armados locales. El acuerdo pactado entre
el gobierno cubano y el gobierno mexicano en relación al apoyo de las moviliza-
ciones armadas arrojó importantes resultados, obviamente a favor del gobierno
mexicano. Posteriormente, ya en el periodo de la descomposición de la Liga el
apoyo por parte del gobierno cubano fue prácticamente imposible. Cuba no
rompería el acuerdo con el gobierno mexicano, no apoyaría ninguna guerrilla,
que a sus ojos, no tuviera ninguna posibilidad de éxito.
Por otro lado, las guerrillas centroamericanas, que durante la segunda
mitad de los setenta tuvieron su momento de auge y mayores posibilidades de
triunfo, estaban más interesadas en aprovechar la puerta abierta por José López
Portillo para que vieran en sus gobierno un aliado internacional, que apoyaba
fuertemente sus posibilidades de triunfo, reeditando el papel asumido con la
revolución cubana, teniendo en mente reeditar el acuerdo. Desde 1977, con
matices y altibajos, las guerrillas centroamericanas también ayudaron a guardar
a México del contagio guerrillero.
Si hasta 1979 el interés de los guerrilleros centroamericanos estuvo
centrado en obtener un modus vivendi que les permitiera tener una base de
retaguardia y logística y el apoyo político de parte del gobierno mexicano,
después del triunfo sandinista en Nicaragua, cuando se generalizó el imagina-
rio de un triunfo rápido y que se sintetizó en Si Nicaragua venció, El Salvador

26
Sebastián. “Opiniones ante la Comisión Ejecutiva sobre el Boletín de Bethania”. 25 de mayo
de 1975. Archivo personal del autor.
27
Sebastián. “Carta de Sebastián a Casimiro y Compañeros de la Comisión Ejecutiva”. 20 de
enero de 1975. Archivo personal del autor.

93

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Fabián Campos Hernández

vencerá y Guatemala le seguirá, empezó a gravitar en los dirigentes guerrilleros


la posibilidad de tener en México un gobierno que respaldara políticamente a
los próximos gobiernos revolucionarios, que fuera un dique ante la previsible
intervención estadounidense y el respaldo económico de la potencia petrolera,
que para consolidar su proyecto sub-imperial buscaba garantizar los mercados
centroamericanos. En aras del juego costo-beneficio quedo sacrificada la so-
lidaridad proletaria y el internacionalismo revolucionario, por lo menos con
respecto a los revolucionarios mexicanos.
Por lo tanto, en cualquier intento de hacer la historia de la guerrilla en
México de los años sesenta y setenta, debe, de tomarse en cuenta tanto las
capacidades estructurales y sobre el imaginario de la sociedad mexicana del
gobierno para garantizar cierto nivel de bienestar económico y su representación
como gobierno revolucionario, como los acuerdos que éste estableció con los
movimientos revolucionarios latinoamericanos. Estos dos elementos son fun-
damentales para entender los límites de la actividad guerrillera mexicana. No
tomarlos en cuenta implica un serio riesgo de distorsión y limita la capacidad
de análisis y comprensión. Obviamente, estos dos elementos no se presenta-
ron, ni influyeron de la misma manera todo el tiempo ni en todos los casos. El
examen detallado de las interrelaciones entre estos elementos estructurales y
los movimientos armados es todavía, en buena parte, un vacío en la historia de
la guerrilla mexicana.

La Liga Comunista 23 de Septiembre ante el debate


y la práctica revolucionaria latinoamericana

El modelo militar cubano establecido entre 1959 y 1967 fue una heterodoxia
respecto al pensamiento militar marxista y a las definiciones de la lucha por
el socialismo establecidas por la urss. El traslado de la ciudad al campo del
lugar de la lucha armada, el señalar al campesino y, posteriormente a la alianza
obrero-campesina como el sujeto de la revolución y el rechazo a la insurrección,
primordialmente urbana, representaban heterodoxias a la ortodoxia militar
marxista. Además, preconizar la lucha armada inmediata, el paso mediato
de sociedades semicoloniales, subdesarrolladas y dependientes a sociedades
socialistas eran heterodoxias a las etapas históricas definidas por el marxismo
clásico y se contraponían a la política global de la Unión Soviética de la co-
existencia pacífica.
Por lo tanto, analizar la construcción del modelo militar cubano para Amé-
rica Latina tiene que partir de considerarlo una heterodoxia del pensamiento

94

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

marxista en múltiples aristas, que sin embargo no se presentó como un debate


teórico sino como una práctica que buscaba y construía su teoría en su desarro-
llo mismo, constituyéndose en una ortodoxia. Y en esos mismos términos fue
cuestionado. Por razones de argumentación hemos presentado la construcción
del modelo cubano como una práctica lineal, sin embargo, este modelo, salvo
los primeros intentos que ya hemos enlistado, no fue seguido a pie juntillas por
los jóvenes revolucionarios latinoamericanos. El debate latinoamericano sobre
el camino de la revolución se construyó en la práctica realizando heterodoxias
a la ortodoxia cubana.
Distintos grupos latinoamericanos fueron cuestionando partes o la totali-
dad del modelo cubano que tenía en el foco guerrillero su núcleo principal. Se
cuestionó al campo como el lugar de la revolución implementando guerrillas
urbanas, como los Tupamaros en el Uruguay; se cuestionó que los citadinos,
burgueses y pequeño burgueses no tenían espacio en las organizaciones político
militares, como los mismos Tupamaros o los Terceristas del Frente Sandinista
de Liberación Nacional de Nicaragua; se negó que las armas fueran el único
camino para la instauración de un gobierno socialista, con la elección de la
Unidad Popular en Chile; se negó que la guerrilla tuviera que estar aislada de
las masas, como las Fuerzas Populares de Liberación de El Salvador y se incluyó
a los cristianos en la revolución. Estos ejemplos son indicadores de un intenso
debate práctico que cuestionó el modelo militar cubano para América Latina.
¿Por qué debatieron con el Che? La razón fundamental fue la imposibilidad
fáctica del traslado literal de las ideas. Si en un debate exclusivamente teórico
esto resulta difícil por la imposibilidad de que dos personas lean exactamente
igual un texto debido a sus distintas experiencias de vida, esto es mucho más
evidente cuando se trata de poner en práctica un modelo en una realidad dis-
tinta o, incluso, en el mismo espacio pero en una temporalidad diferente. Los
revolucionarios latinoamericanos tuvieron, al tratar de implementar la lucha
armada según los planteamientos cubanos, que enfrentarse con realidades
totalmente distintas que los llevaron a hacer ciertas adecuaciones o de plano
negar la ortodoxia de la Isla.
Esto es lo que configura lo que nosotros llamamos el debate latinoameri-
cano sobre la estrategia revolucionaria y su análisis debe de ser en tres planos:
debate latinoamericano-definición político militar de cada organización-práctica
político-militar de la misma. Y, por su naturaleza dialéctica, regresar al inicio:
cada definición de las distintas organizaciones político-militares latinoameri-
canas, plasmada teórica y prácticamente, nutrió el debate latinoamericano. Y
es en este modelo de análisis que postulamos que debe de estudiarse a la Liga
Comunista 23 de Septiembre y sus definiciones estratégicas.

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Fabián Campos Hernández

Los materiales teóricos de la Liga no fueron numerosos, no así las reflexio-


nes teóricas y las prácticas de las distintas organizaciones que la conformaron.
He aquí una veta descuidada hasta el momento: la teoría política militar de la
Liga y las distintas prácticas de ella según cada organización que la conformó,
misma que es posible verla analíticamente sólo a partir de nuestra propuesta
metodológica. De tal manera, que para elaborar la historia de la Liga el méto-
do seleccionado quedó de la siguiente manera: Modelo cubano de revolución,
debate latinoamericano, teoría político militar de la Liga, prácticas de cada
organización adherida a la Liga, teoría político militar de la Liga y debate lati-
noamericano.
En esta ocasión, por tratarse apenas de una propuesta en construcción
y por las limitaciones de espacio, privilegiaremos el análisis de dos partes:
el modelo cubano de revolución y la estrategia político militar escrita de
la Liga Comunista 23 de Septiembre. Además, en este primer intento, nos
centraremos en Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario o
Manifiesto al Proletariado, escrito por Ignacio Salas Obregón (Oseas), que, a
decir de los propios exmilitantes, fue el documento teórico más importante
de la organización.

El foco desde la perspectiva de la Liga 23 de septiembre

Como ya hemos dicho, el papel de Cuba fue fundamental en las posibilidades


de consolidación de la Liga. La ausencia de apoyo de la isla a la organización
limitó sus posibilidades en múltiples aspectos. Empero, esta relación no fue
responsabilidad única de Cuba, los dirigentes de la Liga se separaron drásti-
camente de la ortodoxia cubana criticándola fuertemente, reduciendo así las
posibilidades de un acercamiento.
La Liga negó tajantemente que fuera el foco guerrillero el método para
conseguir el triunfo armado: “La huelga política y no el ‘foco’, es lo que crea
condiciones para el desarrollo de la lucha guerrillera”.28 Definirse en sentido
contrario a la ortodoxia cubana y la idea que en buena parte generaba consenso
en América Latina implicó un fuerte aislamiento para la Liga, pero también
generó la necesidad de apostar por una estrategia político militar diferente, la
insurrección mediante la huelga política.

Salas Obregón, Ignacio. (2003). Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario.


28

México: Huasipungo. México. p. 67.

96

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

La huelga política

Los teóricos de la Liga eligieron la insurrección y la huelga política, entre otras


razones, por la propia historia de la cual eran deudores: las experiencias gue-
rrilleras previas y el movimiento de 1968.

La huelga política que alcanza su expresión más desarrollada en el 68, es el medio


a través del cual, las masas se colocan en condiciones de movilizarse. Cuando el
más simple paro de actividades se transforma en actividad política intensa, las
masas se colocan en condiciones de movilizarse. Cuando el simple paro de activi-
dades, se transforma en actividad política intensa, las masas cumplen vastas tareas
ligadas al desarrollo de la lucha revolucionaria; durante el 68 la huelga política
permitió un despliegue gigantesco de la actividad de agitación y propaganda, los
nuevos sectores que se incorporaban a la lucha asumían y desarrollaban estas
tareas; pero también y en la medida en que las simples manifestaciones daban
paso a las ofensivas de hostigamiento al Estado burgués, en éste último sentido la
huelga política se convierte no sólo en el principal instrumento para la extensión
y generalización de la agitación y propaganda, sino también, en el principal ins-
trumento para el desarrollo del hostigamiento; es por estas razones que la huelga
política aparece como preludio de la insurrección armada.29

Pero también respondía a una visión más clásica del marxismo y de la estrategia
militar de los partidos comunistas en el mundo. En la 10 Sesión Plenaria del
Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, celebrada en París en julio
de 1929 se definió como el objetivo central a las grandes huelgas políticas, cuya
organización, según decisiones adoptadas,

ayudará a los partidos comunistas a unificar más las intervenciones económicas


dispersas de la clase obrera, a operar una amplia movilización de las masas pro-
letarias y a enriquecer su experiencia política, conduciéndolas así hasta la lucha
inmediata por la dictadura del proletariado.30

La decisión político-militar-estratégica de percibir a la huelga política como


el motor de la revolución, en contraposición al foco guerrillero, implicó una
decisión acertada. Como ya vimos, la revolución en Cuba no triunfó por el foco
guerrillero sino que el foco estaba inmerso en un amplio movimiento social
y político que, en su parte urbana, puede definirse como huelga política que

Ibíd. p. 63.
29

Nueberg. (1973). La insurrección armada. México: Ediciones de Cultura Popular. p. 7.


30

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Fabián Campos Hernández

preparó las condiciones subjetivas para la insurrección y el triunfo militar del


ejército popular formado en el campo.

El sujeto revolucionario

No adscribirse al modelo foquista y decidirse por la huelga política y la insurrec-


ción implicó —además de cambiar el lugar fundamental de la guerra pasándola
del campo a la ciudad— construir un sujeto revolucionario completamente dis-
tinto. Como hemos dicho, el modelo cubano de revolución en América Latina
postuló al campesino como el sujeto de la revolución, después vinieron críticas
que reivindicaron a la ciudad y sus pobladores como sujetos revolucionarios y
en el extremo se encontraron aquellos que le asignaron un papel revolucionario
a algunos sectores de las clases medias de la burguesía. Por su parte, la Liga
Comunista 23 de Septiembre asumió como una postura teórica que guiaba su
práctica el concepto de Universidad-fabrica.
La Tesis de la Universidad-Fábrica fue un documento elaborado por Fran-
cisco Rivera “el Chicano”, Salvador Corral y Sergio Hirales “el Pachis”, militantes
de los Enfermos de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que hacía un análisis
marxista del papel de la Universidad y de quienes la conforman dentro del sistema
capitalista. La idea principal del documento es que concibe a la universidad como
un espacio donde se genera el conocimiento técnico necesario para la reproduc-
ción del capital y, como consecuencia de esto, concibe al estudiante como un
generador de plusvalía y por lo tanto un obrero. Si la lucha era proletaria, la Liga
había construido a su proletario particular. Enmarcado en las luchas estudiantiles,
el documento impulsó a la Liga a considerar que en ellos tenían al sujeto revolu-
cionario y que estaba ya dispuesto a pasar a la lucha armada. A sus ojos, estaban
dadas las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución socialista en México.

Sentadas estas premisas nada más natural que de ellas se dedujeran concepciones
como la que caracterizaba al movimiento estudiantil del 68 como una lucha cuya
fuerza principal, su carácter y contenido eran proletarios, una lucha revolucionaria
del proletariado que solo el oportunismo, la miopía y la cobardía de los demócratas
había impedido que se proyectara a sí misma de acuerdo a su verdadera naturaleza
y, por tanto, que se convirtiera en una insurrección armada por la destrucción
del poder burgués.31

Hirales Morán, Gustavo. (1977). La Liga Comunista 23 de Septiembre. Orígenes y Naufragio.


31

Citado por Esteve Díaz, Hugo (2013). Amargo lugar sin nombre. Crónica del movimiento armado
socialista en México (1960-1990). Guadalajara: Taller Editorial la Casa del Mago. p. 463.

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

Pero la Liga no fue una organización político militar exclusivamente urbana ni


estudiantil, aunque estas pueden señalarse como características de la mayoría de
sus militantes. La Liga tuvo como sujeto revolucionario teórico la alianza obrero-
campesina, en este sentido mucho más cercana a la postura china o vietnamita
y en concordancia con lo postulado por Cuba después de la Tricontinental.
A lo largo de Cuestiones fundamentales, Oseas postula la alianza obrero
campesina como el sujeto revolucionario, además de que es conocido el frus-
trado intento de establecer una alianza con la guerrilla campesina de guerrero.
¿Qué entendía Oseas por campesino? Salas Obregón era una persona urbana
por excelencia y en ello puede que hayan radicado varias de sus definiciones
al respecto. Para él, el campesino de la alianza era el obrero agrícola, funda-
mentalmente, y el campesino pobre. Es por ello que ve en sus posibles aliados
a aquellos campesinos de las zonas más industrializadas del campo mexicano,
el del centro-norte del país. Eso nos lleva a considerar dicha definición como
central en la capacidad real de generalizar la huelga política y la insurrección.
Oseas no presentó un discurso sobre los indígenas mexicanos, muy cercano a
los planteamientos marxistas clásicos podríamos inferir que para él, las nacio-
nalidades era un problema que se iba a resolver con el socialismo instaurado
y, más aún, a que podría considerar a los indígenas como sujetos ahistóricos
incapaces de desarrollar la revolución. Norteño, urbano, moderno y marxista,
no resulta extraño que su planteamiento estuviera dirigido al centro-norte del
país y que en él el centro-sur no tuviera un peso específico en su planteamiento
político y militar.

Las alianzas

Ligado al concepto de sujeto revolucionario se encuentra el tema de las alian-


zas con otras clases y segmentos. Como vimos, durante la radicalización del
modelo cubano se postuló al citadino, pequeño burgués como un traidor o un
traidor en potencia. Uno de los referentes de esos años respecto a la práctica
y la teoría de la política de alianzas en una coyuntura determinada fueron los
vietnamitas. Además del análisis de el Che al respecto, misma que citamos más
arriba, Trouh Ching señaló:

en cuanto a la política de alianzas, hay alianzas duraderas para toda una etapa
estratégica de la revolución y alianzas temporarias para un período determinado
de una etapa revolucionaria. Hay también alianzas para la acción y alianzas para
la neutralización.

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Fabián Campos Hernández

El frente nacional unido antiimperialista en nuestro país es una forma de unión


de las fuerzas revolucionarias y al mismo tiempo una forma de alianza duradera
entre las diversas capas de la población, los diferentes partidos democráticos, las
organizaciones de masas y personalidades democráticas para la realización de la
unidad de acción sobre la base del programa político del frente.
La experiencia de nuestra revolución demuestra que es mejor tener un amplio
frente nacional unido; pero lo esencial es que el frente disponga de un programa
político explícito y sea capaz de realizar la unidad de acción entre sus diversos
miembros para poner en práctica ese programa, y que tenga que apoyarse sobre
una sólida alianza obrero-campesina y someterse a la dirección estrecha del Par-
tido marxista-leninista. Sólo con esas condiciones es posible asegurar la victoria
de la revolución.32

El Frente Nacional vietnamita partía de un análisis marxista de las relaciones de


clase en un momento determinado de la lucha armada. Así por ejemplo, en su
etapa anticolonial la alianza con sectores inconformes de los señores feudales
era una alianza temporal de neutralización que usaba a favor de la lucha las
pugnas entre señores feudales y poder colonial. Una vez conseguida la derrota
de los franceses dicha alianza se redujo a aquellos señores feudales que mantu-
vieron una posición nacionalista, utilizando las pugnas interfeudales en la etapa
antifeudal de la lucha armada.
De lo anterior, puede deducirse que este modelo de alianzas operó durante
la lucha armada en Cuba. Distintas clases sociales dispuestas a luchar en contra
de un dictador sobre la base de las pugnas al interior de las clases dirigentes y de
la burguesía nacional, sin embargo no hay constancia de que los revolucionarios
cubanos hayan partido de ese análisis. Y, como ya vimos, durante el periodo de
1959 a 1967 se negó esta conformación de los sectores antibatistianos. Los que
de manera intencional aplicaron dicho modelo fueron los que consiguieron la
segunda llegada al poder de una guerrilla en América Latina, los terceristas del
Frente Sandinista de Liberación Nacional.
En el caso concreto de la Liga Comunista 23 de Septiembre y, en particular
de Oseas, se realizó un análisis marxista que les permitió ver las contradicciones
interburguesas.

Los distintos grupos monopólicos nacionales, en combinación y competencia con


los grupos monopólicos extranjeros, se reparten el territorio nacional, la tierra,
los recursos naturales (directamente o a través de un conjunto de concesiones del

32
Troug, Ching. (1972). El marxismo vietnamita. México: Grijalbo. pp.89-90.

100

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

Estado), las áreas de influencia, las distintas ramas de la producción, el mercado


nacional y el mercado de exportación… Las “diferencias” políticas entre los re-
presentantes de tales intereses, son de manera principal, la manifestación de las
pugnas intermonopólicas a las que nos referimos.33

A pesar del análisis realizado, la Liga no pudo ver en las pugnas intermo-
nopólicas una posibilidad de diezmar a la gran burguesía ni al Estado mexicano.
Antes bien, en concordancia con la radicalización del modelo cubano, plantearon
la necesidad de separar en dos bloques a la sociedad mexicana, burguesía-Estado
contra la alianza obrero-campesina.34 Y más aún, antes que una alianza con
sectores democráticos de la pequeña y mediana burguesías, los constituyeron
en su principal e inmediato enemigo. Al referirse a las tareas fundamentales de
la lucha armada Salas Obregón escribió: “En segundo lugar, va dirigida a dar
muerte a los ‘agentes’, ‘orejas’, ‘charros’, y funcionarios que permiten el desarrollo
de la labor de la policía política. Y junto a ello, a liquidar directamente a los
cuerpos militares de la burguesía.”35
De tal manera que, para la Liga 23 de Septiembre la política de alianzas
fue muy restringida. Buscando el purismo de la victoria propuso un sujeto
revolucionario que en la práctica sólo existía en la mitad del país, permitió que
la burguesía y el Estado se unieran en contra de un enemigo plenamente identi-
ficado —superando parcialmente sus pugnas—, que ellos mismos consolidaran
su dominio sobre la pequeña y media burguesía y obtuvo la imposibilidad de
llevar a cabo su propia definición estratégica de lucha armada: la huelga política
y la insurrección que llevaran a la generalización de la guerra en México.

33
Salas. (2003). Op. Cit. p. 23.
34
Para Ignacio Salas Obregón “El desarrollo del aparato burocrático y militar, el crecimiento
cada vez más complejo de las tareas de dirección técnica y despótica del capital en el proceso
productivo, la necesidad política de consolidar su dominio sobre el proletariado, asegurando
la alianza de un puñado de obreros aristocratizados que devienen en pequeña burguesía
en sentido estricto; la posibilidad que el desarrollo monopólico le da a la burguesía para
obtener ganancias extraordinarias, una parte de las cuales puede destinar a la corrupción
de una amplía capa de burócratas, obreros aristocratizados, funcionarios, administradores y
gerentes, todo esto hace crecer incesantemente a una capa pequeñoburguesa, que se somete
incondicionalmente a la política de la burguesía financiera. Claro está que al mismo tiempo,
por su ubicación en las relaciones de producción se encuentra en peligro de ser desplazada;
aunque lo anterior, más que impulsarla a la lucha contra la burguesía, la condiciona a una
sumisión cada vez más servil. Se trata de las más serviles y reaccionarias capas de la pequeña
burguesía, de ahí salen los charritos y los capataces”. Ibíd. p. 24.
35
Ibíd. p. 76.

101

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Fabián Campos Hernández

Pero, además, logró su aislamiento internacional. Cuba, por su acuerdo


con el Estado mexicano y por las diferencias de concepción político-militar, no
apoyó el esfuerzo de la Liga. Pero, es importante subrayar que la Liga también
se aisló de otras organizaciones armadas latinoamericanas con las cuales podría
poner en práctica el internacionalismo proletario.
Pero para aquellos grupos latinoamericanos en los que el pobre y el
campesino era el sujeto revolucionario concebir —como lo hacía la Liga— al
estudiante como proletario y sujeto revolucionario no era más que un intento
revolucionario de pequeños burgueses aventureros que no llegarían a ser au-
ténticos revolucionarios. Por tanto, no se arriesgarían a tener algún vínculo con
ellos. Para otros, como las FPL de El Salvador, quienes desarrollaron un trabajo
intenso en las ciudades y entre los estudiantes, estos eran un aliado pero no el
sujeto revolucionario. Ni entre los menos ortodoxos existió una posibilidad de
acercamiento ideológico que posibilitara el afincamiento de relaciones político-
militares.
Además, como correlato de su negativa a usar las pugnas interburguesas
nacionales y a concebir a la pequeña y mediana burguesías como objetivos de
guerra, también se negaron la posibilidad de utilizar las pugnas interimperia-
listas y las alianzas con movimientos democráticos en el mundo. Factor éste
fundamental en el triunfo vietnamita contra Francia y Estados Unidos, en el
triunfo en Cuba contra Batista y, finalmente, en el triunfo sandinista. La Liga
Comunista 23 de Septiembre nació y murió muy sola.

A manera de cierre

Evidentemente que faltan muchos elementos a analizar en lo que se refiere al


debate entre el modelo cubano de revolución y la teoría político militar de la
Liga. Además de que faltaría el análisis entre el debate latinoamericano y la
Liga, la relación entre teoría militar y práctica revolucionaria de las distintas
organizaciones que la conformaron. Sin embargo, creemos que con lo expuesto
aquí es posible trazar tres importantes líneas: 1) el estudio de las definiciones
estratégicas de la LC-23S abren una veta de análisis que enriquece la historia al
posibilitar otro tipo de dialogo con los testimonios de los exmilitantes y con
los documentos producidos por la organización. 2) un estudio de esta manera
permitiría un debate sobre la naturaleza misma de la guerra sucia en México
y, 3) implicaría la necesidad de una revisión histórica sobre la importancia de
la organización en el periodo mismo de sus actividades y de su impacto en la
conformación del México actual. Si nuestra propuesta se traduce en un debate

102

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La revolución latinoamericana y la Liga Comunista 23 de Septiembre

entre los exmilitantes de esta organización, entre los académicos especialistas


en su historia y, finalmente, entre la sociedad mexicana, habremos cumplido
nuestro objetivo.

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presentado ante la Tricontinental, en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/
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00A-Completo LC23S.indb 103 02/03/2015 03:34:21 p.m.


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00A-Completo LC23S.indb 104 02/03/2015 03:34:21 p.m.


2

méxico: quiebre generacional,


violencia y resistencia

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Introducción

Yllich escamilla santiago

C omo el titulo lo refiere, la juventud rebelde de finales de los sesenta fue un


verdadero quiebre generacional, el cual puso al límite al régimen autori-
tario del Partido Revolucionario Institucional (pri); estos jóvenes, habidos de
democracia y con el hartazgo de la cultura autoritaria ejercida por el gobierno,
buscaron abrir canales de participación social, los cuales fueron taponados
violentamente por los gobiernos priístas.
La represión a los movimientos estudiantiles de aquella época, lejos de
sofocar la resistencia, avivó el fuego de la lucha armada, larvado desde media-
dos del siglo xx. Algunos jóvenes radicalizados por los agravios del régimen
decidieron tomar las armas en busca de un ideal socialista. A la variable de la
juventud rebelde se añadió otro elemento fundamental, el espacio geográfico;
la modernidad violenta, junto con los cacicazgos emanados de la Revolución
Mexicana y la formación de nuevas élites posrevolucionarias, provocaron que
los principales centros de desarrollo del país —Ciudad de México, Jalisco, Si-
naloa y Nuevo León—se convirtieran en los epicentros de la guerrilla urbana.
Sucesos como las masacres de Tlatelolco y San Cosme en el DF, fueron una
lección para algunos estudiantes, el camino de la política legal estaba cerrado,
había que abrirlo con el fusil en la mano; el uso de la violencia de Estado no
fue privativo para movimientos estudiantiles como el de 1968 y 1971, también
el régimen aplicó la violencia institucional contra todo tipo de organización
que mostrara algún tipo de independencia o autonomía. Tal fue el caso de los
Vikingos, pandilla barrial de San Andrés, Guadalajara, quienes ante la constante
violencia del grupo gansteril de la Federación de Estudiantes de Guadalajara
(feg), se vieron obligados a la autodefensa, transitando por lucha política
mediante el Frente Estudiantil Revolucionario (fer), hasta ser empujados a la
lucha armada.
Mientras que en el noroeste de México, la pugna por los espacios de go-
bierno y de representatividad de la Universidad Autónoma de Sinaloa llevaron

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Yllich Escamilla Santiago

a la polarización y radicalización del Frente de Estudiantil Universitarios de


Sinaloa (feus), no sólo contra los grupos de choque del pri, sino entre la mis-
ma izquierda. Los Enfermos fueron resultado de la álgida disputa por el poder
dentro de la universidad, la expresión más radical de esa lucha fue la toma de
las armas y la clandestinidad.
Nuevo León era sede de un nuevo modelo de industrialización, también
fue la cuna de una oligarquía de mano de hierro. Monterrey fue escenario de
luchas obreras y estudiantiles, la radicalidad de la lucha de clases era cuestión
de tiempo. La sublevación y la rebeldía no se gestaron al interior del proleta-
riado, sino de los estudiantes universitarios, en algunos casos, jóvenes radicales
provenientes del seno de la pequeña burguesía regiomontana.
El trabajo realizado en este capítulo por las y los autores —la mayoría
testigos y protagonistas de los hechos—, coadyuva a la comprensión de las
circunstancias y contextos que dieron surgimiento a la guerrilla urbana, y en
específico, el de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

Yllich Escamilla Santiago*

D espués de la Segunda Guerra los sistemas mundiales tuvieron dos décadas


de estabilidad y crecimiento a través de una economía liberal o dirigida,
situación que favoreció el desarrollo de las clases medias y con ello su acceso
a la educación profesional. Los paradigmas culturales estructurados de la pos-
guerra no pudieron contener la constante pujanza de una generación de jóvenes
más preparados que demandaban inclusión política y social. El devenir del
movimiento de 1968 implica la elaboración de una lectura global del mismo,
ya que, éste formó parte de un fenómeno mundial. En el artículo se concebirá a
los movimientos del 68 como revoluciones, ya que, transformaron la política, la
cultura, el arte y la sociedad, no sólo en los lugares en los que se desarrollaron,
sino en todo el mundo.
El siguiente trabajo presenta un esbozo de los contextos internacionales,
los cuales directa e indirectamente, impactaron en el movimiento estudiantil
de 1968 en México. Al mismo tiempo, se muestra la respuesta autoritaria del
Estado mexicano a la movilización estudiantil, derivando en constantes usos
desmedidos de la fuerza pública, lo cual obligó a los estudiantes a crear estrategias
de autodefensa, y en algunos casos, desplegar acciones clandestinas y armadas
contra la policía y el ejército.
El movimiento estudiantil del 68, en este trabajo, será entendido como
un proceso histórico-político-coyuntural más que una categoría temporal. Por
lo tanto, el artículo parte del año 1966, particularmente, con el descontento
de los jóvenes comunistas hacia el burocratismo del Partido Comunista de la
Unión Soviética (pcus) y su política de coexistencia pacífica, y culminando con
la represión del Estado mexicano a la movilización estudiantil de 1971.

* Doctorante del Posgrado en Estudios Latinoamericanos unam; Maestro en Estudios Lati-


noamericanos unam; Licenciado en Ciencia Política Universidad Autónoma Metropolitana-
Iztapalapa. Líneas de investigación: Movimientos armados, violencia y memoria.

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Yllich Escamilla Santiago

Contradicciones en el bloque comunista

Brézhnev tomó el timonel de la urss en los años 1964-1982, su gestión no sólo


fue la del estancamiento económico, sino la de una nueva era oscurantista en
la filosofía marxista, el proyecto soviético estaba en franca crisis.1 De hecho,
la URSS asumió como “razón de Estado” la invasión a países satélite si éstos
desplegaban una política independiente. La relaciones exteriores de la Unión
Soviética con las naciones del Pacto de Varsovia2 se redujeron a un llano ex-
pansionismo; a esas alturas de la guerra fría ya no había tanta diferencia entre
imperios capitalistas y “comunistas”.
En 1966, en Moscú hubo una rebelión intestina en la Universidad Patricio
Lumumba. Una marcha organizada por los becarios internacionalistas contra
la invasión a Vietnam que se dirigiría a la embajada de Estados Unidos, fue
reprimida por la caballería e infantería del Ejército Rojo; la reacción exacerbó
la protesta y los enfrentamientos contra la burocracia del pcus y su política de
coexistencia pacífica, es decir: se volvió una pequeña —pero significativa— re-
belión antisoviética protagonizada por los jóvenes becarios comunistas.3
En ese mismo año, Mao Tse-tung inició la Revolución Cultural China
(1966-1969), estrategia ideológica y política para radicalizar la revolución y
apropiarse de los aparatos ideológicos del Estado burgués, con la finalidad de
evitar el regreso del capitalismo; también fue una política internacional para
disputarle la hegemonía a la urss, y lograr ser el nuevo paradigma del comu-
nismo internacional. Estas vertientes impactaron y dividieron a la izquierda en
dos grandes bloques: pro-soviético y pro-Chino.4

1
La crisis del paradigma soviético comenzó con la muerte de Stalin en 1953. A su muerte le
sucedió NIkita Kruschev -1955- quien inició un proceso de desestalinización e impulsó la
coexistencia pacífica como su política internacional. La debacle de su gobierno inició posterior
a la crisis de los misiles en 1962, hasta llegar a su remoción en el año de 1964.
2
El Pacto de Varsovia, contra parte de la otan fue firmado en 1955 y era una política inter-
nacional de defensa militar de países comunistas pro-soviéticos, los cuales, en caso de una
agresión a cualquier país miembro responderían en bloque. Se encontraba conformado por
Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, República Democrática de Alemania,
Rumania, y por supuesto, la urss.
3
Algunos estudiantes de la Juventud Comunista Mexicana inconformes con la política del pcus
decidieron tomar partido ideológico por China, Corea del Norte y Albania. Algunos de estos
jóvenes se adiestrarían militarmente en Corea del Norte, para formar un grupo guerrillero
llamado Movimiento de Acción Revolucionaria (mar). Castañeda, Salvador. (1980). ¿Por qué
no lo dijiste todo?. Grijalbo. México. pp. 42-46.
4
La pugna chino-soviética comenzó con la gestión de Nikita Kruschev a principios de la década
de los sesenta. El proceso de des-stalinización y la coexistencia pacífica fueron motivos ideoló-

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

De la Primavera de Praga, al otoño rojo mexicano

El año de 1968 puede ser resumido en cuatro eventos significativos: la ofensiva


del Tet, la Primavera de Praga, el Mayo Francés y las Olimpiadas en México.
Eventos por cuya importancia impactaron a nivel global. El 68 se conformó
como una revolución cultural y juvenil en contra de valores conservadores y
autoritarios. Una de las razones principales de estas rebeliones, se debió a la
crisis del modelo económico e ideológico-cultural emergido de la segunda
posguerra.
La guerra de Vietnam fue un conflicto que se generó en el siglo xviii
como parte del colonialismo francés asentado en la península de Indochina
(Vietnam, Laos y Camboya).
Después de la Segunda Guerra Mundial, los territorios ocupados por los
franceses comenzaron un proceso tortuoso de descolonización, para 1950, el
ejército galo ya no pudo contener la resistencia guerrillera del Viet Minh —en-
cabezada por Ho Chi Minh— por lo cual, comenzó a recibir apoyo financiero y
bélico por parte de Estados Unidos. Tras constantes derrotas y errores militares,
y a pesar del apoyo estadounidense, en 1954 se firmaron los acuerdos que le
dieron independencia a Camboya y Laos, mientras que Vietnam fue dividido
en dos: en Norte y Sur.
En Vietnam del Sur siguió asentado el dominio colonial francés, con la
salvedad de llevar a cabo un referéndum en 1958: unificación o división. Sin
embargo, en 1955 se instauró una dictadura militar en el territorio del sur,
apoyada por Estados Unidos. Cada vez era mayor la injerencia estadouniden-
se, para 1959 comenzó a actuar la guerrilla comunista llamada Viet Cong, la
polarización de la guerra interna llevó a Washington a tomar una decisión en
1965: la ocupación.
A finales de enero de 1968, el Viet Cong decidió emprender una opera-
ción militar a gran escala, la ofensiva del Tet, la cual fue una compleja acción
táctica y estratégica de engaños y oportunismos militares. La celebración del
Tet es la fiesta del año nuevo vietnamita, por lo cual el Viet Cong declaró una

gicos para el rompimiento entre ambas potencias, aunque también hubo razones pragmáticas,
por ejemplo: la negativa de la Unión Soviética a compartir los secretos de la bomba atómica
con sus “camaradas” chinos. Esto desencadenó varias disputas y desencuentros: apoyo de la
urss a la India por una franja tibetana; acusaciones de Mao Tse-tung hacia el pcus y Kruschev
de ser revisionistas y capitulacionistas, tras su papel en la crisis de los misiles; hasta su punto
cúspide en 1969, los incidentes armados fronterizos en el río Ussuri, los cuales estuvieron a
punto de desatar una guerra entre ambas naciones cual estuvo a punto de desatar una guerra
entre ambas naciones comunistas.

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Yllich Escamilla Santiago

tregua en las vísperas, ante ello, muchos soldados del Ejército Vietnamita del
Sur les fue otorgado permiso de descanso; el Viet Cong rompió la tregua el 21
de enero, comenzó así el sitio a Khe Sanh. Esto fue parte de una estratagema,
ya que semanas previas, el Viet Cong había infiltrado Hanói.
El 30 de enero comenzó la ofensiva de más alta escala hasta ese momento.
La guerra en Vietnam se volvió un baño de sangre; los horrores de la guerra, los
llamados “excesos” y la violencia tuvieron una caja de resonancia, la televisión.
El conflicto en Vietnam fue la primera guerra televisada, el poder adquisitivo
de las clases medias europeas y americanas les permitió tener acceso a la televi-
sión; la educación superior también fue una constante en dicho estrato, lo cual
convirtió a muchos televidentes en férreos críticos contra la guerra. Estados
Unidos comenzó a ser derrotado moralmente.
En esos mismos días, pero en Checoslovaquia, llegó a la dirección del
Partido Comunista el eslovaco Alexander Dubcek, éste emprendió una serie de
reformas graduales de corte económica, política e internacional, distanciándose
de la férrea política soviética. De esta forma, comenzó el periodo conocido como
la Primavera de Praga, en la cual las medidas adoptadas por Dubcek pretendían
crear un socialismo con rostro humano.
En marzo, el gobierno checoslovaco quitó la mordaza a los medios de
comunicación y fueron aprobadas las reformas en un compendio llamado Plan
de Acción, que entre sus objetivos estaban: crear partidos políticos, siempre y
cuando éstos tuvieran como plataforma política e ideológica el socialismo;
igualdad entre checos y eslovacos; liberación de presos políticos; derecho a
huelga y libertad religiosa.5
La Primavera de Praga duró hasta el 20 de agosto, esa noche las fuerzas
del Pacto de Varsovia ocuparon Checoslovaquia, la entrada de tanques fue algo
más que el lenguaje del poderío soviético, fue el aplastamiento simbólico que
el socialismo real hizo al socialismo con rostro humano. La resistencia callejera
de los jóvenes fracasó, más no su sentencia histórica. Sus proclamas en los
muros señalaron para siempre la ilegitimidad de sus invasores, dictando una
sentencia histórica: ¡Americanos abandonen Vietnam, soviéticos, abandonen
Checoslovaquia!; no se construye el socialismo con tanques; Lenin, despierta,
Brézhnev se ha vuelto loco.6
También en Francia los jóvenes se encontraban activos, críticos e influidos
no sólo por el marxismo clásico, sino también por las propuestas de la intelec-

5
femospp. (2008). Informe Histórico presentado a la Sociedad Mexicana. Fiscalía Especial México:
femospp. p 91.
6
Hobsbawm, Eric. (2007). Historia del siglo xx. Barcelona: Crítica. pp. 397-399.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

tualidad contemporánea como las de Sartre, Foucault, Althusser. Estas corrientes


de pensamiento crítico y ruptura epistemológica, chocaron directamente contra
el conservadurismo de la época y con el estilo personal de gobernar de Charles
De Gaulle, cuyas mieles de la Segunda Guerra Mundial comenzaron hacerse
hieles. El 68 francés desembocó en una crisis institucional y un conflicto social
que rebasó, por mucho, cualquier cálculo político.
El origen del Mayo Francés se incubó desde noviembre de 1967 con la
huelga estudiantil de la Universidad de Nanterre, a la que se sumaron más de
10 mil universitarios. Las manifestaciones siguieron hasta iniciado el año de
1968. En este tenor, la protesta del 22 de marzo fue determinante para el rumbo
del movimiento, pues estudiantes de la misma universidad exigieron acceso a la
representación política en los órganos de gobierno universitario, los manifes-
tantes fueron agredidos por un grupo fascista y posteriormente por la policía,
como respuesta, los agredidos, tomaron la universidad. Esta acción bautizó al
Movimiento 22 de Marzo.7
La guerra de Vietnam fue otro de los fenómenos que impactaron en el
movimiento francés. Durante el mes de abril las protestas contra las atrocidades
cometidas por el ejército de ocupación estadounidense, alimentaron la rabia
e indignación de la juventud que manifestó su descontento a través de boicots
y sabotajes a negocios estadounidenses. Estos sucesos desencadenaron agudos
enfrentamientos entre estudiantes y cuerpos policiacos, dejando como saldo
varios heridos y detenidos; debido a esto, el día 2 de mayo la rectoría de la Uni-
versidad de Nanterre optó por cerrar la universidad, acción que desencadenó
otro enfrentamiento entre la policía y los estudiantes.8
El 3 de mayo el conflicto se trasladó de Nanterre a la Sorbona, estudian-
tes refugiados en la universidad intentaron participar en las manifestaciones
obreras programadas para ese día; ante dicha situación, el rector de la Sorbona
mandó desalojar a los estudiantes con el uso de la fuerza pública. A partir de ese
momento, se sucedieron enfrentamientos en las calles parisinas, especialmente
en el barrio latino.
El movimiento generó simpatías en amplios sectores, en las barricadas
estaban estudiantes, obreros y sectores progresistas de la pequeña burguesía,
además de contar con el apoyo moral de los intelectuales, también afectados
por la represión. Los jóvenes no fueron apoyados por el Partido Comunista
Francés, lo cual le dio peculiaridad al movimiento. La filosofía de su 68 se podía

7
Bartra, Armando. (2001). 1968 el mayo de la revolución. México: Fundación Rosa de Luxem-
burgo- Stiftung. Para leer en libertad A.C. p.21.
8
Ibíd. 25.

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Yllich Escamilla Santiago

leer claramente en sus consignas: La imaginación al poder; ¡Abajo el realismo


socialista!, ¡Viva el surrealismo! y; Diga no a la Revolución con corbata.9
Tras dos días de enfrentamientos contra la policía, el 13 de mayo la
Confederación General del Trabajo y la Confederación Francesa Democrática
de Trabajadores emplazaron a la Huelga General, el punto neurálgico de los
manifestantes fue la Sorbona, así comenzó una nueva etapa del movimiento
estudiantil-juvenil en Francia. La Huelga General tuvo tanta fuerza que entre
los días 13 y 20 de mayo, París quedó paralizado, provocando la escases de
productos de primera necesidad, incluso se llegó a hablar de una insurrección
y la deposición de De Gaulle.
El sistema político francés entró en crisis, el vacío de poder fue gradual-
mente ocupado por el Primer Ministro Goerges Pompidou, quien negoció
con las cúpulas sindicales ciertas concesiones laborales. Para el 27 de mayo se
desarticuló el apoyo de las centrales obreras al movimiento, dos días después,
mientras las bases obreras y los estudiantes luchaban en las barricadas, De Gaulle
dejó París, disolviendo la Asamblea Nacional para llamar a nuevas elecciones.10
La revolución francesa del 68 fue tan rápida y vertiginosa que para finales
de mayo comenzó a notarse un desgaste. En junio la represión siguió, el día 10
cayó en combate un estudiante, a causa de ello, los enfrentamientos se recrude-
cieron. El 12 de junio, De Gaulle declaró ilegales las protestas y a los grupos de
“extrema izquierda”. Las elecciones realizadas a finales de mes arrojaron resul-
tados diferidos: la Asamblea para los partidarios de De Gaulle y la presidencia
para Pompidou. El movimiento poco a poco perdió fuerza, las polarizaciones
al interior y el desgaste de la sociedad parisina dieron por concluido el movi-
miento más transgresor y radical hasta ese momento; la influencia de los jóvenes
franceses llegó a todas partes del planeta, hablar de cualquier movimiento del
68 tiene que referirse por fuerza a lo sucedido en París.
Llegó un momento de calma, era tiempo de voltear a otro lado, los ojos
del mundo veían hacia México, sede de las Olimpiadas. Las cuales fueron la
vitrina ideal para mostrar los logros y la justicia de la revolución instituciona-
lizada, oportunidad para presentar al mundo los alcances de la modernidad y
presumir el milagro mexicano. La Ciudad de México, lugar cosmopolita y reflejo
del alemanismo consumado, presumía la Villa Olímpica, sus rascacielos, sus

9
Consultado en: http://enriquegri.blogspot.mx/2007/03/frases-del-mayo-frances-1968.html
10
El viaje de Charles de Gaulle fue hacia Alemania Occidental, ahí se entrevistó con el general
de las fuerzas galas, se especuló un posible golpe militar. A su regreso, el día 30 de mayo,
Gaulle anunció que en un periodo mayor de 40 días se realizarían las elecciones, no dimitió
formalmente.

114

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

grandes complejos habitacionales como la Unidad Tlatelolco, el Multifamiliar


o la Unidad Latinoamericana. Todo, bajo una retórica modernizadora.
Atletas, políticos y turistas pudieron constatar los logros de la modernidad,
la cultura y educación, contemplaron una Ciudad Universitaria, nueva sede de
la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), cubierta de murales
de Diego Rivera, Siqueiros y O´ Gorman, entre otros. Ciudad Universitaria era
la joya de la corona del sexenio de Miguel Alemán, pero la Ciudad de México
contaba con otro centro educativo que formaba a especialistas técnicos, el Ins-
titutito Politécnico Nacional (ipn), obra del cardenismo. Ambas instituciones
educativas nacionales se disputaban el prestigio e influencia social, generando
una fuerte rivalidad, muchas veces avivada por intereses ajenos a los educativos.
La unam y el ipn antagonizaron en todo. La primera al sur y la segunda al
norte de la ciudad, competían en el nivel educativo, profesionalización y sobre
todo en lo atlético. El deporte fue la arena para dirimir la supremacía de una u
otra institución, situación que se trasladó hasta las porras.11 Estas rivalidades
se daban desde los altos estratos, hasta en un simple juego callejero, pretextos
sobraban para liarse a puños en “defensa” de los colores de su alma mater.
Una de esas tantas riñas tuvo lugar el 22 de julio. La Ciudadela, tristemente
celebré por la Decena Trágica, fue escenario del inicio del 68 mexicano, el más
sangriento de todos los movimientos de ese año. En dicho lugar, se encontraban
tres escuelas de nivel media superior: las Vocacionales 2 y 5, adscritas al ipn;
y la preparatoria Isaac Ochoterena, que no era propiamente de la unam, pues
sólo incorporaba su plan de estudios. Una mezcla de rivalidades estudiantiles
y pandilleriles desataron una gresca entre los Ciudadelos, las Arañas y alumnos
de los tres planteles; los preparatorianos sacaron la peor parte, su recinto fue
apedreado por los politécnicos, pero la gresca no terminó ahí.
Al día siguiente, alumnos de las preparatorias 2 y 6 de la unam apedrearon
las vocacionales, la plaza de la Ciudadela fue un campo de batalla, todo ante
los ojos complacientes del cuerpo de granaderos. Una vez culminada la gresca,
cada grupo se replegó a su escuela de procedencia; fue en ese momento en
que la policía arremetió contra los alumnos de la Vocacional 5, dicho cuerpo
policiaco se ensañó con la represión, golpeando en el interior a alumnos, pro-

11
Los grupos de animación de una y otra institución se les conoció como porras, y a sus integran-
tes como porros. En un sistema autoritario ninguna participación puede ser independiente,
por lo cual, el Partido Revolucionario Institucional (pri) comenzó a cooptarlas. Las porras
degeneraron su objetivo inicial, convirtiéndose en grupos de choque del pri a cambio de tener
cierta permisividad para controlar escuelas y cometer actos delincuenciales; estos grupos,
asentados en el sector popular del partido, controlaban e impedían cualquier otro tipo de
organización independiente, fuera de izquierda u otras denominadas democráticas.

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Yllich Escamilla Santiago

fesores y personal administrativo, quienes ni siquiera habían intervenido en


los enfrentamientos antes señalados. La actuación desmedida de este cuerpo
policial, personificó la violencia institucional del pri como forma de gobierno.12
La represión y el autoritarismo no pudieron contener la fractura que pro-
vocó un choque generacional entre la juventud rebelde y contestaría, y el orden
conservador y autoritario de la sociedad mexicana. Los jóvenes y estudiantes,
así como algunos sectores de la izquierda radical, respondieron al agravio pri-
mero con la protesta callejera y posteriormente con la autodefensa en contra
de los abusos policiales; el movimiento del 68 es la crónica de más de 150 días
de violencia de Estado, cuya cúspide fue el 2 de octubre.
Debemos comprender que la masacre de Tlatelolco no fue un hecho aisla-
do, producto de un trauma psicológico derivado de la fealdad de Gustavo Díaz
Ordaz,13 sino un conjunto de hechos, resultado de una serie de violencias siste-
matizadas de un régimen autoritario y cerrado, que impondría a sangre y fuego
de ser necesario, el principio de autoridad del partido y del presidencialismo.

El movimiento estudiantil del 68 y los límites del régimen

El movimiento estudiantil de 1968 ¿antisistema o reformista? ¿cuál era su verda-


dera peligrosidad? ambas interrogantes son pertinentes. Partamos del hecho que
un movimiento social, por esencia, es la protesta organizada, y por ende, chocará
con una serie de estructuras gubernamentales establecidas, estas expresiones
de inconformidad cuestionan la legitimidad del Estado. Rudolf Heberle define
a los movimientos sociales como: “intentos colectivos por lograr un cambio en
ciertas instituciones sociales o por crear un orden [social] enteramente nuevo”.14

12
Condés Lara, Enrique. (1998). “Recuento”. en Arechiga Robles, Rubén et.al. Asalto al cielo. Lo
que no se ha dicho del 68. México: Océano. p. 69.
13
Enrique Krauze en su libro, La presidencia imperial hace más de veinte referencias a su fealdad,
por ejemplo: “Era como si por su complejo de fealdad, por sus inseguridades […] pusiera
siempre la voz por delante” (281); “En la Cámara de Senadores, Díaz Ordaz formó un dúo con
un hombre que parecía su reverso exacto: Adolfo López Mateos. Uno era feo, hosco, cerrado
[…] El otro era guapo, simpático, abierto” (286); “Soy lo suficientemente feo como para que
me tengan miedo” (291); “Alguien dijo que los poblanos teníamos fama de ‘dos caras’ a lo que
contestó: ¿usted cree que si yo tuviera otra cara saldría a la calle con ésta?” (293); “las frases e
imágenes crueles, que multiplicaban hasta el infinito la llaga mayor, original: la fealdad per-
sonal del Señor Presidente” (328). Krauze, Enrique. (1997). La presidencia Imperial. México:
Tus Quets Editores.
14
Meyer, Lorenzo. (2013). Nuestra tragedia persistente. La democracia autoritaria en México.
México: Debate. p. 207.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

El movimiento del 68 y sus demandas plasmadas en el pliego petitorio,15


trataron de impulsar reformas políticas, democráticas y jurídicas moderadas.
Dichas peticiones no pretendían trastocar el modo de producción o transformar
la superestructura del Estado. Sin embargo, un movimiento con los estandartes
que enarbolaban los jóvenes estudiantes de 1968, sin lugar a dudas, era per se
anti-sistema, al menos para un régimen autoritario;16 en ese sentido, para el pri
y su sistema de partido único —con democracia de forma, pero no de fondo—
era obvia la amenaza latente que representó ver a miles de estudiantes tomando
las calles increpando a las figuras de autoridad.
El 68 mexicano fue un movimiento que lo motivó la violencia del sistema y lo
cerró la violencia del Estado. A partir, no de esa represión policial, sino de la orga-
nización de la protesta a esa violencia se proponen cuatro etapas del movimiento:

• Gestación: Que va del 26 de julio, fecha en que estudiantes de la unam,


ipn y de la Escuela Normal se organizaron para protestar por la repre-
sión, hasta el día 29, cuando el ejército intervino en el conflicto y cuyo
primer acto de poder fue volar de un bazukazo la puerta colonial de la
Escuela Nacional Preparatoria número 1.
• Consolidación: Legitimización del movimiento a raíz de la marcha del
primero de agosto, encabezada por el rector Barrios Sierra. Creación
del Consejo General de Huelga (cnh); concluye con el desalojo de
campistas en Zócalo por parte del ejército el día 28 de agosto.
• Cerco al movimiento: del informe presidencial, pasando por la ocu-
pación militar de Ciudad Universitaria y del Instituto Politécnico
Nacional, hasta la matanza de Tlatelolco.
• Invisibilización del movimiento: del silencio del 2 de octubre, cruzando
por las Olimpiadas, y culminando en diciembre con la formal desapa-
rición del cnh.

15
Los puntos del pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga fueron: 1.-Libertad de todos
los presos políticos; 2.-Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal; 3.-Des-
aparición del Cuerpo de Granaderos; 4.- Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl
Mendiolea y A. Frías; 5.-Indemnización a todos los familiares de fallecidos y heridos desde el
inicio del conflicto; 6.-Deslindamiento de responsabilidades de funcionarios públicos culpables
de hechos sangrientos.
16
Mario Stoppino define autoritarismo como un sistema político donde se “privilegian el aspecto
del mando y menosprecian de un modo más o menos radical el del consenso, concentrando el
poder político en un hombre o en un solo órgano y restando valor a las instituciones represen-
tativas”. En Bobbio, Norberto, Nicola Matteucci y Gian Franco Pasquino. (1998). Diccionario
de política. México: Siglo xxi Editores. p. 125.

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Yllich Escamilla Santiago

Gestación

Derivado de los sucesos de la plaza de La Ciudadela, la fnet17 organizó una


marcha en protesta por la represión policiaca el 26 de julio. Esta moviliza-
ción coincidió con la manifestación a favor de la Revolución Cubana. Ambas
marchas tenían rutas distintas, la fnet se dirigió hacia la zona politécnica del
Casco de Santo Tomás; mientras que la marcha procubana se encaminó hacia
el Hemiciclo a Juárez.
Muchos de los asistentes en la marcha convocada por la fnet no se sentían
representados, ni identificados con dicha organización porril, por lo que un
contingente se desprendió para realizar una movilización rumbo al Zócalo.18 A
los alumnos del ipn les fue cerrado el paso en las calles de Palma y 5 de Mayo,
desatando el primer enfrentamiento entre estudiantes y granaderos con saldo
rojo: muertos, heridos y detenidos.19
Los estudiantes del ipn se replegaron hasta la concentración del Hemi-
ciclo, los jóvenes comunistas, en su mayoría de la unam, se solidarizaron con
los agredidos. Nació ahí la unidad estudiantil y el 68 mexicano. Paralelamente,
a partir de este suceso, comenzó también a propagarse la teoría y el discurso
de la conjura comunista, cuyo “objetivo” era desestabilizar la realización de las
Olimpiadas. Este movimiento espontáneo alimentó la exacerbada paranoia
anticomunista del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Dicho conjunto de elementos fueron capitalizados por el pragmático y
utilitario secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. El movimiento
fue re-dimensionado por la Secretaría de Gobernación y colocado como un
asunto de Seguridad Nacional; ello produjo que los órganos de seguridad, tanto
mexicanos como extranjeros, centraran su atención al desarrollo de los hechos
violentos.20

17
fnet: Federación Nacional de Estudiantes Técnicos. Organización nacida en el ipn y afiliada
al partido oficial, pronto funcionó como órgano de control interno al servicio del pri y de los
intereses de los directores de cada escuela; la fnet sigue siendo un grupo porril que se encarga
de golpear, amedrentar, extorsionar y sobre todo, de bloquear la participación democrática o
política ajena a la Federación, al Partido o los interese políticos de los gobernantes en turno.
18
Cabe destacar que hasta el año de 1968 no se podían realizar manifestaciones en la Plaza de la
Constitución, sí no se contaba con la avenencia del gobierno. Actualmente hay una tendencia
regresiva a los preceptos autoritarios y antidemocráticos en el gobierno capitalino encabezado
por el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera.
19
Martínez, Arturo. (2013). El 68. Conspiración Comunista. México: unam. p. 47-48. femospp.
(2008). Op. Cit. pp. 93-96.
20
El embajador estadounidense Winston Scott aseguraba que los estudiantes estaban montan-
do desordenes gracias a “la capacidad de los comunistas para convertir una manifestación

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

El conflicto escaló el 27 de julio. Durante el transcurso del día hubo múl-


tiples enfrentamientos entre policías y estudiantes, aumentando las detenciones
arbitrarias y “preventivas” de aquellos que el gobierno consideraba cabecillas
comunistas.21 Un día después, representantes de las escuelas del ipn, unam, la
Normal de Maestros y la Nacional de Agricultura (Chapingo) se reunieron en
la Escuela Superior de Economía del ipn para planear una Huelga General.22
Los días 29 y 30 de julio fueron, probablemente, las fechas cruciales
para el desarrollo del movimiento y la subsecuente respuesta del gobierno.
Principalmente por dos eventos: los combates callejeros, que se extendieron
desde Tlatelolco hasta la Viga; y la intervención directa del ejército. El punto
neurálgico de los enfrentamientos siguió siendo el primer cuadro de la ciudad.
La policía fue replegada y prácticamente neutralizada hasta la llegada de los
miembros del ejército. Los estudiantes al percibir la intervención de las fuerzas
castrenses optaron por parapetarse en la Escuela Nacional Preparatoria, en
San Idelfonso.
En la madrugada del día 30, elementos del Batallón de Fusileros Paracai-
distas apostados a las afueras de San Idelfonso, recibieron órdenes de entrar a
cualquier costo. Con el disparo de una bazuca se destruyó una puerta colonial
con más de dos siglos de existencia. Lo cual fue reflejo simbólico de la lógica del
régimen. En protesta por la violación a la autonomía universitaria el rector de la
unam, Javier Barros Sierra izó la bandera a media asta en Ciudad Universitaria.

Consolidación

La intervención del ejército no inhibió los enfrentamientos, por el contrario,


se recrudecieron. La Ciudadela volvió a ser testigo de enfrentamientos entre

pacífica en disturbio.” En Morley, Jefferson. (2010). Nuestro hombre en México. Wisnton Scott
y la historia oculta de la cia. México: Taurus. p. 352.
21
Las detenciones preventivas tuvieron su origen durante la presidencia de Adolfo López Mateos
(1954-1960). Esta estrategia tenía como objetivo encarcelar a aquellos personajes considerados
incómodos durante las visita de algún mandatario extranjero al país. Ver Montemayor, Carlos.
(2010). La violencia de Estado en México. Antes y después de 1968. México: Debate. pp. 24,25.
22
También se plantearon demandas que posteriormente fueron matizadas en el pliego petitorio
del Movimiento. En esta asamblea, se propuso la desaparición de la fnet, la expulsión de
alumnos priístas, el pago de una indemnización a los familiares de los heridos o muertos,
libertad a los detenidos por el conflicto, desaparición del Cuerpo de Granaderos y la deroga-
ción del delito de Disolución Social, tipificado en el artículo 145 y 145 bis del Código Penal.
Poniatowska, Elena. (2001). La noche de Tlatelolco. México: era. p. 276.

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Yllich Escamilla Santiago

estudiantes, policías y ahora, militares.23 Esto orilló a que los estudiantes de la


unam se adhirieran a la huelga del ipn, y junto con ellos, un actor no contem-
plado, el cual dotó de legitimidad a los jóvenes movilizados: el rector Javier
Barros Sierra. El 1 de agosto, el rector encabezó una marcha, secundado por
universitarios y politécnicos; desde Guadalajara, Díaz Ordaz declaró que tenía
la mano tendida a los estudiantes, la respuesta de estos últimos fue organizar
y unificar la lucha. El 4 de agosto se dieron a conocer los seis puntos del pliego
petitorio y para el día 8 se formalizó el Consejo Nacional de Huelga (cnh).24
A la huelga estudiantil se unieron las universidades de Chapingo, Nuevo
León, Sinaloa, Baja California, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, entre otras; fue sig-
nificativa la adhesión al movimiento de algunas escuelas que albergaban a la
pequeña burguesía y a las nuevas élites culturales, como El Colegio de México
y la jesuita Universidad Iberoamericana. El espacio público bajo el régimen
priísta no era tal, éste era monopolizado por el Partido para demostrar su
fuerza corporativa. Esos usos y costumbres fueron desconocidos por el cnh el
13 de agosto; por primera vez en la historia del México contemporáneo, una
movilización multitudinaria (se manejan cifras desde 150mil hasta 200mil)
ajena al pri, tomó el Zócalo, lo cual representó un novedoso ejercicio político
de ciudadanía y democracia.
Fue en esta etapa que el cnh y los comités de lucha de cada escuela
institucionalizaron su participación política, ello redujo los enfrentamientos,
más no la persecución del régimen. Los activistas dieron prioridad al trabajo
político y a la difusión de su lucha, las células de información a través de los
mítines relámpago fueron efectivas, produciendo simpatías por el movimiento
a niveles micro-locales. Entre el 23 y 26 de agosto la fuerza del movimiento
estudiantil forzó al gobierno a buscar una interlocución; el cnh pidió un
diálogo directo y público, el gobierno comenzó a desplegar otro tipo de es-
trategia, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, ofreció una ambigua
disposición al diálogo.
El cnh llevaba una dinámica constante. La marcha del 27 de agosto fue
paradigmática para la legitimidad de su movimiento; la gran marcha, que partió
del Casco de Santo Tomás, aglutinó aproximadamente 400mil personas, lo cual
fue un golpe mediático contundente a legitimidad e imagen del gobierno. Dicho
logro duró hasta que se hilvanaron tres elementos anómalos —a los cuales puede
dárseles una lectura de provocaciones e infiltraciones del gobierno— que son
señalados en el informe de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Polí-

femospp. (2008). Op. Cit. pp. 99-102.


23

Ibíd. pp. 107-108.


24

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

ticos del Pasado (femospp): el izamiento de una bandera rojinegra en el asta del
Zócalo; el toque de campanas en la catedral metropolitana; y la acampada en la
Plancha de la Constitución, cuyo fin era presionar a Díaz Ordaz para que dialo-
gara con los estudiantes el día de su informe de gobierno, el 1 de septiembre.25
Detengámonos un poco para entender la implicación de estos tres hechos,
los cuales “legitimaron” al gobierno para emprender acciones contra los “albo-
rotadores”, mismas que fueron aplaudidas por la opinión pública. Lo sucedido
esa noche en la plancha del Zócalo, fueron elementos que simbólicamente
transgredieron los límites permitidos en la cultura política de entonces: la igle-
sia, la bandera y la figura presidencial —que fungía como una figura simbólica
macropatriarcal— eran temas tabús.
El repique de campanas, exaltado por los medios de difusión, provocó un
efecto negativo en un país donde la gran mayoría de su población se adscribía
como católica. La iza de bandera rojinegra alimentó las teorías conspiracionistas
del comunismo, eso sin soslayar que para ese entonces, la bandera mexicana era
tan intocable como la Virgen de Guadalupe.26 La provocación más artera fue la
de Sócrates Campus Lemus — hoy señalado como infiltrado—, aprovechando el
ánimo de la multitud “propuso” pernoctar en la plancha de la Constitución hasta
que el presidente diera su informe de gobierno. En la cultura política mexicana,
todavía hasta hace unos sexenios, el día del Informe era considerado el día del
presidente, así que la respuesta obvia fue la represión.
En la madrugada del 28 de agosto nuevamente la fuerza del Estado se hizo
presente. El ejército, la policía y hasta los bomberos, procedieron al desalojo
violento de los estudiantes, mientras tanto, la lista de heridos y detenidos se
engrosaba cada vez más. Al amanecer, ya limpio el Zócalo, el Departamento
del Distrito Federal (hoy el Gobierno de la Ciudad de México) convocó a su
burocracia a realizar un acto de “desagravio” a la bandera. Pero debido a que
la represión ya había tocado a los hijos de la extensa plana burocrática, éstos
respondieron con un acto de desobediencia, inesperado en los tradicionalmente
dóciles trabajadores del Estado. Ello derivó en un nuevo enfrentamiento, ahora
con su propia planta laboral.

25
Ibíd. pp. 116-188.
26
La primera plana del periódico El Sol de México del 28 de agosto nos muestra rasgos de la
cultura política de la época, ahí se lee: “Profanaron el Asta de la Enseña Patria”; “Invadieron
Catedral y Tapizaron Palacio con la Efigie del Che”; “Deportistas e intelectuales Condenan
con Energía la Agitación Entre los Estudiantes”. en Del Castillo, Troncoso, Alberto. (2012). La
fotografía y la construcción de un imaginario. Ensayo sobre el movimiento estudiantil de 1968.
México: Instituto Mora. p. 109.

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Yllich Escamilla Santiago

Cerco al movimiento

El IV Informe de Gobierno de Díaz Ordaz fue dedicado en gran parte a increpar


las peticiones del cnh, así mismo, la teoría de la conspiración fue el leitmotiv de
su discurso.27 De esta manera, justificó la imposición del principio de autoridad,
para poder mantener ese “islote” intocable llamado México. El cnh, a través
de un Manifiesto a la Nación, mostró disponibilidad al dialogo para resolver
el conflicto. Entre sus peticiones se encontraban el retiro del ejército de las ca-
lles, además de la resolución del pliego petitorio, diálogo entre el gobierno sin
intermediarios y el cual debería ser televisado. Demandas elocuentes para un
ejercicio democrático, pero poco realista solicitarlo en un régimen autoritario.
El día 13 de septiembre Díaz Ordaz inauguró el Palacio de los Deportes,
el hecho fue intrascendente, ya que la noticia que acaparó la atención fue la
convocatoria a la denominada marcha del silencio. Movilización motivada por
la negativa del gobierno al dialogo, esta marcha fue simbólicamente la más
representativa del movimiento. Como presagio de la próxima tempestad, el
silencio calló la algarabía de las marchas anteriores, se calcula que fueron 250mil
asistentes; un día después, el rector Barros Sierra exhortó a los huelguistas a
regresar a clases, pues a mayor cercanía de las Olimpiadas, mayor sería el riesgo
de que el Estado incrementara sus estrategias represivas.
La lucha simbólica de los jóvenes del 68 puso en crisis los paradigmas de
la cultura política mexicana. El 15 de septiembre el representante de la Nación,
desde el palco presidencial, llevó a cabo el ritual litúrgico de cada año, para
celebrar a los héroes de la independencia; mientras que en la unam y en el ipn
se celebraban verbenas populares y noches mexicanas, el desgaste y la represión
no les habían robado la alegría, aún.

“El Ejército, creado para la salvaguarda de nuestra independencia, nuestra soberanía y nuestra
27

integridad territorial, cumple también, con eficacia, la importante tarea que la Constitución le
asigna de conservar la paz y el orden […] Los desórdenes juveniles que ha habido en el mun-
do han coincidido con frecuencia con la celebración de un acto de importancia en la ciudad
que ocurren: en Punta del Este, Uruguay, ante el anuncio de la reunión de los presidentes de
América, se aprovechó la juventud estudiantil para provocar conflictos; la Bienal de Pintura
de Venecia, muy reciente, de la que estaba pendiente el mundo de la cultura, fue interrumpida
con actos violentos; las pláticas de París, para tratar de lograr la paz en Vietnam, que habían
concentrado las miradas del mundo entero, fueron oscurecidos por la llamada ‘revolución de
mayo’ […] Habíamos estado provincianamente orgullosos y candorosamente satisfechos de
que, en un mundo de disturbios juveniles, México fuera un islote intocado”. IV Informe de
Gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. en: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1968_87/
Mensaje_del_Cuarto_Informe_que_rindi_al_H_Congreso_293.shtml

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

El día 18 de septiembre la bota militar pisó Ciudad Universitaria, la entra-


da del ejército al campus se realizó en relativa calma por dos factores: no tuvo
ninguna resistencia y fue silenciosa, ya que la Villa Olímpica, se encontraba a
no más de 2 km de distancia. Tras la ocupación militar de la unam, el rector
Barros Sierra presentó su renuncia y a su vez, Chapingo entregó las instalaciones
a las autoridades ante la inminente entrada del ejército.
Tras la toma del campus universitario regresaron los enfrentamientos ca-
llejeros, entre el 19 y 23 de septiembre se dieron fuertes choques en las afueras
de la Vocacional 7. En Tlatelolco los estudiantes fueron apoyados no sólo por
los vecinos de la unidad habitacional, sino también por barrios aledaños como
Tepito y Peralvillo.28 La embestida del gobierno rayó en lo criminal el día 23 de
septiembre, cuando elementos del Batallón Olimpia29 ametrallaron la Vocacional
7, lo cual mostró una coordinación entre aparatos represivos legales y de facto.
Al mismo tiempo, en los alrededores del Casco de Santo Tomás, se preparaban
para comenzar una batalla contra el cuerpo de granaderos.
El ipn, nacido bajo una concepción de clase trabajadora, siempre hizo
parte de su historia la resistencia y en muchos casos el enfrentamiento contra
agravios de las autoridades. El 23 de septiembre no fue la excepción, la batalla
del Casco de Santo Tomás comenzó desde las primeras horas, los alumnos del
Politécnico enfrentaron a policías de diferentes corporaciones; durante horas
el cuerpo de granaderos fue rechazado y replegado con barricadas, bombas
molotov, cohetones y todo tipo de objetos usados como proyectil. Por lo cual,
le fue cedido el turno al ejército.
La entrada del ejército al Casco de Santo Tomás no fue tan fácil como en
Ciudad Universitaria, los enfrentamientos siguieron las primeras horas del día
24 de septiembre, esto en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. Hubo
saldo rojo: una ejecución extrajudicial, un fallecido por los combates, así como
una lista indeterminada de heridos; del lado de las autoridades se reportaron
gravemente heridos un capitán y dos granaderos.30 Los combates se extendieron

28
Martínez, Arturo. coord. (2014). La izquierda mexicana del siglo xx. Libro 1. “Cronología”.
México: unam-Gobierno del Estado de Morelos. p 315.
29
Grupo especial encargado del resguardo de la seguridad de las Olimpiadas, procedió a
actuar como un grupo paramilitar. El Batallón Olimpia fue creado por Gutiérrez Barrios
y estaba integrado, según la femospp, por miembros de diferentes agrupamientos del
ejército, de la dfs, Policía Judicial Federal y del df e Inspección Fiscal Federal. Informe.
Op.Cit. 150.
30
femospp. (2008). Op .Cit. pp. 138-139.

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Yllich Escamilla Santiago

hasta la unidad de Zacatenco,31 al final también cayó y la suerte estaba echada


para el cnh y el movimiento en su conjunto.
Así se leía en la prensa nacional mexicana al otro día de la refriega: “No-
che de Violencia y Terror en Santo Tomás”, “Cunden los Desmanes y los Actos
de Provocación Armadas”, decía El Sol de México; “corrió sangre”, “temor
en la ciudad”, publicó La Prensa; “En Nada Dañan los Conflictos al Prestigio
Mundial de México”, tituló Excélsior.32 El clima de linchamiento mediático, la
manipulación informativa y el ocultamiento de hechos prepararon las condi-
ciones para el acto final; el día 25 el Consejo Universitario rechazó la renuncia
de Barros Sierra, a su vez, comenzó el proceso de entrega de escuelas a las
autoridades universitarias.
La rabia, el ultraje, el valor, pero también la falta de lectura política impi-
dieron salir al movimiento de la inercia en que lo metió el gobierno, ahora era
el régimen quien marcaba los tiempos. El cnh convocó a un mitin en un lugar
que se había convertido representativo y estratégico: La Plaza de las Tres Cul-
turas. La cita sería el 2 de octubre, sólo faltaban diez días para la inauguración
de los Juegos Olímpicos; el gobierno jugó uno de tantos comodines, plasmó un
espejismo de diálogo con los estudiantes, situación la cual el cnh no previó, la
marcha de Tlatelolco-Casco de Santo Tomás se canceló en aras de propiciar un
clima para el dialogo.
Durante toda la mañana de ese 2 de octubre hubo movimientos militares,
sobre todo en la avenida Manuel González, La Raza y Buenavista, al norte de la
ciudad.33 Gente ajena a los condóminos de Tlatelolco merodeaba y se apostaba
en lugares altos de los edificios, así como en la ermita de la plaza; alrededor
de las 18 horas, él helicóptero que sobrevolaba la zona arrojó dos bengalas, lo
cual dio señal a los militares para avanzar. Inició la Operación Galeana, cuya
finalidad era desmantelar la organización del cnh y apresar a sus principales
dirigentes.
Un segundo par de bengalas cayeron, y con ello un hecho desconcertante,
tanto para los asistentes al mitin como para los propios militares, el inicio del
tiroteo en la plaza. El responsable del operativo fue el general Hernández Toledo,
quien tenía órdenes estrictas:

31
La toma del Casco de Santo Tomás. Muñoz, Evangelista. (2011). Agustín. p. 6. en, re-incidente.
Historia, Sociología, Ciencias y otras cosas. N° 22. segunda quincena de septiembre.
32
Del Castillo. Op. Cit. pp. 237,239, 241 y 242.
33
Montemayor, Carlos. (2000). “Rehacer la historia. Análisis de los nuevos documentos de 1968
en Tlatelolco”. México: Planeta. p. 14.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

1.-Actuar con suma prudencia al contacto con las masas; 2.-Si el ataque es con
piedras, varillas o bombas molotov, buscar el combate cuerpo a cuerpo sin emplear
bayoneta; 3.-Aunque haya disparos de parte de los estudiantes, no se hará fuego
hasta no tener 5 bajas causadas por bala; 4.-Si atacaran con fuego aislado y sin
consecuencias, contestar solamente al aire, solamente oficiales; 5.- Si la situación
lo requiera, contestar como sea necesario.34

El ejército no sólo fue recibido a tiros, sino que fue agredido por el propio
Estado Mayor Presidencial, quienes en coordinación con el Batallón Olimpia,
generalizaron el fuego. La tropa en la plaza no sólo tuvo cinco bajas, sino que el
propio general Toledo fue herido, el ejército sin mando disparaba a los balcones
de los edificios tratando de ubicar al agresor; por el lado del Batallón Olimpia,
ellos de civiles —la única forma de identificarse fue por medio del famoso
guante blanco— disparó indiscriminadamente contra todo lo que se moviera.
Minutos después, al grito de ¡Somos Batallón Olimpia, No disparen!, se
identificaron con el ejército, coordinaron el operativo y capturaron a todos
los líderes del cnh, sin embargo, el fuego de algunos francotiradores siguió
durante la noche. La matanza de Tlatelolco fue la punta cúspide de la violencia
del Estado, cuerpos sanguinolentos y sin vida de mujeres, niños y hombres
yacían esparcidos por toda la plaza, la fuerte lluvia que caía en ese momento
nunca borraría la sangre derramada; hubo toque de queda en la zona, cientos
de detenidos en los ministerios públicos y en el Campo Militar N°1, decenas
de heridos y un número indeterminado de muertos.35

Invisibilización del movimiento

Nada, no había pasado nada, Televisa calló, la radió calló, los medios impresos
tergiversaban los hechos,36 la clase política aplaudió la determinación del Sr.

34
Scherer García, Julio y Carlos Monsiváis. (1999). Parte de Guerra. Tlatelolco 1968. Documentos
del general Marcelino García Barragán. Los hechos y la historia. México: Aguilar Nuevo Siglo.
p. 41.
35
Algunas versiones indican hasta 350 muertos, Gutiérrez Barrios sólo reportó 26, entre ellos
el de un soldado. femospp (2008). Op. Cit. p. 164.
36
El contenido de las notas periodísticas al día siguiente de los sucesos del 2 de octubre sostenían:
“Recio Combate al Dispersar el Ejército un Mitin de Huelguistas”, Excélsior; “Balacera entre
Francotiradores y el Ejército en Ciudad de Tlatelolco”, Novedades; “Muchos Muertos y Heri-
dos; habla García Barragán”, “Durante Varias Horas Terroristas y Soldados Sostuvieron Rudo
Combate”, El Universal; Muchos Muertos y Heridos; habla García Barragán”, en Poniatowska.

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Yllich Escamilla Santiago

Presidente y el ejército custodió los lugares públicos en los cuales pudieran


reorganizarse el cnh. Una facción del Consejo buscaba aún el dialogo, el 9 de
octubre se confirmaron encuentros entre las partes y se establecieron tres con-
diciones: Libertad a los presos políticos; salida del ejército del Casco de Santo
Tomás; y el cese a la represión.37
Las Olimpiadas celebradas en la Ciudad de México fueron las primeras
en realizarse en América, otra peculiaridad de estos juegos fue que el fuego
olímpico lo encendió Norma Enriqueta Basilio Sotelo, la primera mujer en
hacerlo en toda la historia de las Olimpiadas modernas. El 12 de octubre de
1968, Díaz Ordaz inauguró en tiempo y forma la justa atlética, el mundo era
testigo de tan magno evento, lo de Tlatelolco no empañaría la fiesta deportiva.
Ese mismo día, fue dictado auto de formal prisión a quienes fueron detenidos
el 2 de octubre.
La masacre de Tlatelolco no pudo ser escondida del todo, muchos noticie-
ros mundiales, a través de sus corresponsales enviados para cubrir las Olimpiadas
transmitieron imágenes de lo sucedido, situación por la cual el embajador de
México en la India, Octavio Paz, presentó su renuncia a la Secretaria de Rela-
ciones Exteriores, esta fue concedida el día 18 de octubre. Semanas después,
declaró al periódico Le Monde: “Se trató de un acto de terrorismo puro y simple
del Estado”.38
Al término de octubre el cnh discutió sobre levantar formalmente la huel-
ga. Aunque el ejército retiró a sus elementos del ipn, la represión e intimidación
siguió en las calles. La policía amedrentó un acto luctuoso llevado a cabo el 1 y
2 de noviembre (día de muertos) en la plaza de Las Tres Culturas.
Para finales de noviembre el movimiento se encontraba maltrecho,
desgastado y dividido. El dilema era regresar a clases hasta ser cumplidas
las demandas del pliego, frente a los que optaban por la opción de regresar a
clases y desde ahí reorganizarse. El 21 de noviembre, Barros Sierra llamó a la
reintegración de la vida académica para el día 25 de noviembre; la discusión
entre mantener al cnh siguió, pero cada vez predominaba la tendencia de
regresar a las aulas.

Op. Cit. pp. 164-165. En días posteriores aparecieron publicados encabezados en los diarios
que eran subsecuentes con la visión conjurista promovida por Díaz Ordaz: “Preso el que
Armó a los Terroristas”, El Sol de México; “conjura contra los mexicanos. terroristas
extranjeros los culpables”, ¡Extra!; “terroristas extranjeros”, La Prensa. Del Castillo.
Op Cit. pp. 268, 269,301.
37
Condés. (2001). Op. Cit. pp. 90,91.
38
Ibíd. 94.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

El día 4, en la unidad Zacatenco del ipn, se leyó la Declaración de Tlatelol-


co. Dos días después, en la asamblea llevada en la politécnica Escuela Superior
de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (esime), la mayoría votó por la disolución
del cnh, el sueño había terminado.39

De la noche de Tlatelolco al jueves de corpus,


la reafirmación de las armas

Para la izquierda mexicana el año de 1969 fue un periodo de shock, mientras


que para la clase política fue de cambios y reacomodos, era el año del “dedazo”
presidencial.40 Como es sabido, la competencia por la presidencia no se daba por
vía electoral, sino a través de un ritual a manera de pasarela de los funcionarios
del gabinete del presidente en turno; entender este entramado de golpes bajo la
mesa, nos permite dar ciertas lecturas de lo sucedido el 2 de octubre.
Los presidenciables dentro del pri eran: General Alfonso Corona del
Rosal, Jefe del Departamento del Distrito Federal de 1966 a 1970; Emilio Mar-
tínez Manatou, Secretario de Presidencia; Antonio Ortiz Mena, Secretario de
Hacienda y Crédito Público de 1958 a 1970; Alfonso Martínez, diputado de la
xlvi Legislatura —1964-1967— y designado en febrero de 1968 como presidente
del pri; y Luis Echeverría, Secretario de Gobernación, el cual fue postulado por
el sector campesino del pri el 8 de noviembre.41
El movimiento del 68 estaba aplastado, gran parte del cnh purgaba penas
en prisión, otros vivían escondidos por temor a represalias y otros tantos se
exiliaron. La única forma de reactivar al movimiento era desde la cárcel, el
10 de diciembre, los presos políticos recluidos en Lecumberri iniciaron una
huelga de hambre, entre ellos estaban: José Revueltas, Raúl Álvarez Garín,
Luis González de Alba y Gilberto Guevara Niebla.42 El 1 de enero de 1970,
varios presos comunes agredieron a los huelguistas, esto era una estrategia de
ablandamiento aplicada a todos los presos políticos.
Una reforma electoral publicada el 29 de enero, redujo la mayoría de edad,
de los 21 a los 18 años. El mensaje era muy sutil, otorgar la facultad a los muy

39
Martínez. (2014). Op. Cit. pp. 316-317.
40
Sergio Zermeño lo definió como un rito disciplinario del partido al presidente, que le daba la
autoridad para decidir quién sería su sucesor. en (1998). México: Una democracia utópica. El
movimiento estudiantil del 68. México: Siglo xxi. 1998. P. 83.
41
Castañeda, Jorge G. (1999). La herencia. Arqueología de la sucesión presidencial en México.
Alfaguara. México: pp. 27-65.
42
Martínez. (2014). Op. Cit.

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Yllich Escamilla Santiago

jóvenes de participar por canales electorales, o en su defecto, poder ser sujetos


a normas punitivas de derecho penal, pues muchos jóvenes del movimiento no
fueron encarcelados por ser menores de edad.
El año de 1970 representó para México un año clave en dos sentidos: la
realización del Mundial en los meses de mayo y junio, y las elecciones presi-
denciales en julio. El Mundial México 70 fue todo un éxito, bajo el mando del
Rey Pelé la selección brasileña se coronó campeona. En terreno de la política
interna, las elecciones en realidad sólo eran un trámite burocrático, sin embar-
go, la crisis de legitimidad expuso al régimen y a su candidato; Echeverría fue
postulado por una coalición electoral entre el pri, el Partido Popular Socialista
(pps) y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (parm) y cuyo único
contrincante fue Efraín González Morfín de Acción Nacional. Los resultados
de esa elección arrojaron un descenso en la preferencia electoral por el pri, y
en contraparte la oposición ganaba espacios.43
Entre tanto, el centro del país seguía aletargado por aquella ignominiosa
noche de Tlatelolco, en otros espacios nacionales comenzó un hervidero po-
lítico. En Jalisco, por ejemplo, emergió una organización independiente, que
hizo frente al yugo gansteril de la Federación de Estudiantes de Guadalajara
(feg), esta fue el Frente Estudiantil Revolucionario (fer); rumbo al noroeste,
las cosas estaban a punto de estallar en la Universidad Autónoma de Sinaloa,
la Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa (feus) fue protagonista
de las disputas políticas dentro de la universidad, y más al norte, el movimiento
estudiantil en Monterrey tomó fuerza, la Universidad Autónoma de Nuevo León
fue el punto neurálgico post 68.
Como cada seis años, el ritual de la figura omnipotente del presidencialis-
mo mexicano se refrendó el 1° de diciembre. Luis Echeverría se presentó como
un personaje progresista, en su toma de poder pronunció un discurso renovador
en el sentido de alianzas internacionales, lanzó un proyecto latinoamericanista
que, a la postre, cerró a la izquierda local cualquier apoyo internacional. En con-
tra posición a Díaz Ordaz y su visión del islote mexicano, Echeverría presentó
un discurso en el cual México no era un país amurallado.44

43
De 1946 a 1961 el pri tuvo un crecimiento del 266%; de 1964 a 1976 sólo creció un 65%. En
ese mismo periodo, la oposición creció un 77%. En 1964 el pri obtuvo el 86.3% de los votos
para diputados, mientras que el pan sólo el 11.5%. En las elecciones de 1970, el pri alcanzó
el 80.1%, mientras que el pan llegó al 13.9%. Molinar Horcasitas, Juan. (1993). El tiempo de
la legitimidad. Elecciones, autoritarismo y democracia en México. México: Cal y Arena. pp.
129,163.
44
Discurso de toma de protesta de Luis Echeverría Álvarez como presidente de los Estados Unidos
Mexicano. En: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1970_85/Discurso_de_Toma_de_

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

Para 1971 se conjugaron varios factores para que el movimiento estu-


diantil del 68 comenzara a reorganizarse: el discurso de la aparente “Apertura
democrática” de Echeverría; la salida gradual de los presos políticos; el regreso
de exiliados; y la reactivación del Comité Coordinador de Comités de Lucha
(CoCo), órgano sucesor del cnh.
Sí el antiguo Consejo Nacional de Huelga había sido de masas, ecléctico
y horizontal, el CoCo era una organización de cuadros, militante e ideológica-
mente más definido. Las discusiones en torno al papel del Partido Comunista
Mexicano (pcm) comenzaron a generar rupturas entre las izquierdas; los Comités
de Lucha suplieron la doctrina del partido por círculos de estudio, donde se
discutía sobre marxismo y revolución.
El resurgimiento del movimiento estudiantil no se dio en el centro políti-
co del país — ya que ahí se concentró la represión— sino en el industrializado
Nuevo León, situación que dio cierto margen de movilidad a los CoCo en el
interior de la uanl. El conflicto en la universidad neoleonesa se venía gestando
desde 1969 con el tema de la autonomía, misma que la comunidad universitaria
se proponían profundizar a través de un proyecto democrático de Ley Orgánica.
La llegada de Héctor Ulises Leal Flores como rector fue un punto con-
trovertido, propuso una Ley Orgánica centralista, antidemocrática y poco au-
tónoma, la cual facultaba a una Asamblea Popular de Gobierno Universitario
para destinar recursos y personal a discreción. Dicha Asamblea estaba colocada
jurídicamente por encima del Congreso Universitario, la Junta de Gobierno y
del mismo rector. Bajo ese régimen, el gobernador Elizondo Lozano y el presi-
dente Echeverría, podían tener injerencia directa en las decisiones de la uanl.
El régimen priísta reaccionó fiel a su naturaleza. A partir de marzo co-
menzaron las movilizaciones y concentraciones, lo que provocó la destitución
del rector Ulises Leal, siendo designado desde el centro —es decir, por Eche-
verría— el Coronel Treviño Garza. Entre abril y mayo, el ex rector de la uanl
pidió apoyo a la Asamblea Universitaria, para que la unam y el ipn apoyaran
las demandas estudiantiles; la exigencia de democracia de los CoCo en Nuevo
León comenzó a generar muchos adeptos, el 31 de mayo se tomó la Rectoría y
se expulsó al rector-coronel Treviño.45
Los primeros días de junio fueron parte de un capítulo en la dolorosa
historia del México contemporáneo. El 4 de junio, el Congreso de Nuevo León
aprobó una nueva Ley Orgánica en la cual facultaba a la Junta de Gobierno para

Protesta_de_Luis_Echeverr_a_lvarez_como_Presidente_de_los_Estados_Unidos_Mexicanos.
shtml
45
femospp (2008). Op. Cit. pp. 204-206.

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Yllich Escamilla Santiago

elegir rector y directores, en consecuencia, el coronel Treviño “renunció”. Ante


la crisis generada, el día 5 el gobernador Elizondo Lozano presentó su renuncia
ante el Congreso local; Luis Echeverría había echado mano de mecanismos
políticos para desactivar el resurgimiento del movimiento estudiantil, y en
cierta medida estaba funcionando. Dos posiciones se confrontaron al interior:
los que vieron esta situación como el triunfo del movimiento y por lo tanto,
marchar sería una provocación; y los que querían tomar las calles como un acto
reivindicativo post-68. Ganó la segunda postura.46
¿Y qué era propiamente tomar las calles? Después del 2 de octubre, cual-
quier tentativa de marcha fue reprimida, la lucha de los CoCo en el ipn, la unam
y la ibero se reorganizó y se reconstruyó alrededor de la solidaridad con las
demandas del movimiento de la uanl:

1.-Apoyo a la Ley Orgánica de alumnos y maestros de la uanl; 2.-Democratiza-


ción de la enseñanza (dicho punto era petición especifica del ipn); 3.-Contra la
reforma educativa antidemocrática; 4.-Democracia sindical; 5.-Libertad a todos
los presos políticos.47

A pesar que el eje de lucha era la solidaridad con la uanl y que lo sucedido
en dicho estado era considerado un triunfo, en el df, el CoCo tenía demandas
de índole general y local que debían ser exigidas, ello significó una prueba a la
apertura democrática de Echeverría. El 68 volvió a ser visible, era hora de tomar
las calles nuevamente, era el momento de hacer valer el derecho a la protesta,
esa lucha tuvo una fecha con la historia: 10 de junio, jueves de corpus.
La marcha del Casco de Santo Tomás con destino al Zócalo salió aproxi-
madamente a las 17:00 horas. El contingente estuvo nutrido por estudiantes del
ipn, la unam, la ibero y el colmex. Desde 1968, era la primera vez que una
marcha tomaba las calles. Al salir el contingente a la avenida Maestro Rural,
fue bloqueado en un primer momento por el cuerpo de granaderos; entre ul-
timátums y amenazas de represión a los manifestantes les fue abierto el paso,
en medio de un ambiente enrarecido llegaron a la Avenida México-Tacuba,
donde un bloque de cientos de hombres apareció corriendo con kendos y palos
en dirección a la marcha. Al grito unísono de ¡Che, Che-Guevara!, iniciaron la
agresión contra la manifestación, eran los Halcones.48

46
Ortega Juárez, Joel. (2013). Libertad de manifestación: movimiento del 10 de junio de 1971.
Testimonios de un hecho histórico. México: unam. p. 31.
47
Condés Lara, Enrique. (2001). 10 de junio, ¡No se olvida! México: Buap. p. 18.
48
Ortega. (2013) Op. Cit. pp. 33-36. Los Halcones fueron un grupo paramilitar entrenado por
la Defensa Nacional y conformado por jóvenes con perfil delincuencial, porros y algunos ex

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

El primer contingente en enfrentar a los Halcones fue el de Economía de


la unam, la arremetida contra periodistas y transeúntes fue brutal, sin embar-
go, en un primer momento la batalla fue equilibrada. Los estudiantes lograron
replegar a los agresores, hasta que estos contraatacaron con armas de grueso
calibre. El combate se transformó en una nueva masacre; decenas de muertos
y cientos de heridos por parte de los estudiantes quedaron en las calles de San
Cosme, los hospitalizados fueron sustraídos o rematados en los nosocomios.
Las reacciones de los actores, ante esta experiencia, fueron diversas: mu-
chos siguieron luchando en organizaciones políticas o sindicales, otros tantos se
desentendieron de la política estudiantil o se incorporaron a la burocracia y una
gran franja se enfrasco en el movimiento hippie, las drogas y la contracultura.
Unos pocos, una minoría, con rabia acumulada, con el duelo de sus compañe-
ros caídos, decidieron optar por la política, pero por otros medios: la guerra.
Para ellos, el halconazo del 10 de junio fue la confirmación de que en México,
los cauces legales estaban cerrados, el único camino para ellos fue la guerrilla.

A manera de conclusión: Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

Carlos Montemayor, destacado estudioso del tema, hizo aportaciones muy


valiosas para el debate en torno a la guerrilla en México. Una de sus últimas
hipótesis se centró en explicar el surgimiento y las diferencias entre la guerrilla
urbana y rural.49 Dicho postulado menciona que la motivación de la guerrilla
urbana es una radicalización ideológica; mientras que la guerrilla rural, es una
necesidad contextual. Esto no es del todo cierto, o al menos no homogéneamente.
La hipótesis de Montemayor aplicaría a ciertos grupos como la Asociación
Cívica Nacional Revolucionaria (acnr) encabezada por Genaro Vázquez y el
Partido de los Pobres (pdpl) de Lucio Cabañas, en lo rural, y el Movimiento
Acción Revolucionaria (mar) en lo urbano; también es cierto que no todos
los grupos armados en México respondieron a esta fórmula, de hecho, en esta

militares. Los Halcones ya habían actuado con anterioridad: en el 68 fue el grupo que ametralló
la Vocacional 7, en Tlatelolco; el Casco en 1968 y 1969, así lo documenta Condés Lara en su
libro (2001). Op. Cit. pp. 30-31. El sacrificado político fue el jefe del Departamento del Distrito
Federal, Alfonso Corona del Rosal, otrora competidor de Echeverría en la sucesión de 1969;
a pesar de que la “justicia” mexicana exoneró de toda responsabilidad a Luis Echeverría por
los sucesos del 10 de junio, el juicio de la historia dio su veredicto: ¡Culpable!
49
Montemayor, Carlos. (1999). La guerrilla recurrente. México: Universidad Autónoma de Ciudad
Juárez. pp. 9-10.

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Yllich Escamilla Santiago

segunda oleada guerrillera,50 la mayoría respondieron a agravios locales y


violencias del régimen, sólo algunos cuadros ya ideologizados decidieron irse
a la lucha armada.
Los combates callejeros del 68 mexicano fueron los más violentos de
todos los movimientos de ese año, los estudiantes respondieron eficazmente a
la violencia institucionalizada, logrando organizar resistencias prolongadas y
mantener a raya al cuerpo de granaderos, a tal grado, que el ejército tuvo que
hacerse cargo del conflicto. Los jóvenes combatientes del movimiento del 68
lograron convertir escuelas en verdaderos fuertes, las barricadas fueron muchas
veces infranqueables, las bombas molotov y todo tipo de proyectiles replegaron
a la policía.
La autodefensa causo un ambiente de insurrección popular, incluso logran-
do articular resistencias barriales, recordemos el caso de Tlatelolco, donde a los
combates se sumaron la gente de los barrios aledaños. La idea de la insurrección
iba cada vez más de la mano con algunos estudiantes movilizados, comenza-
ban abiertas simpatías entre grupos guerrilleros y activistas, así lo muestra un
impreso de la Preparatoria 6 fechado en agosto:

Pueblo de México. A la verdadera Revolución…Analiza la situación de explotación


que había sufrido el pueblo durante siglos, por lo que “hay que hacer una verdadera
revolución derrocando al gobierno”. Da como ejemplo a Genaro Vázquez Rojas
y al grupo guerrillero “Arturo Gamíz” de Chihuahua”.51

En ese sentido, también hubo simpatía de la guerrilla de Genaro Vázquez al


movimiento, como lo menciona en el comunicado del 1° de septiembre de 1968:

El Movimiento Estudiantil está vinculado a la Lucha de Clases en el País, siendo


obligación de los revolucionarios alertarlos acerca del camino correcto a seguir
[…] la conducta de los revolucionarios ante el combate de los estudiantes,
asuma un criterio analítico y de mayor atención […] tres fueron en esencia
las directivas propuestas por nuestra fuerza revolucionaria, a saber: primera:
profundizar la lucha estudiantil e integrarla con el Movimiento Revolucionario
Popular. segunda: Deslindar los campos de lucha e integrar una Dirección Po-

50
La primera ola guerrillera mexicana de la segunda mitad del siglo xx estuvo conformada por
el Grupo Popular Guerrillero encabezado por Pablo Gómez y Arturo Gámiz, 1964-1965; la
acnr de Genaro Vázquez, 1968-1972; y el pdpl de Lucio Cabañas, 1967-1974.
51
Olivera, Luis. comp. (1992). Impresos sueltos del movimiento estudiantil mexicano, 1968. México:
unam. pp. 26-27.

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

lítica común a las fuerzas revolucionarias, y tercera: Crear una organización


de Combate Armado.52

La idea de la autodefensa en el 68 generalmente era de los grupos políticos más


organizados y radicales, caso concreto el de los Lacandones, un desprendimiento
de la Liga Comunista Espartaco. Su trabajo político nació en el ipn y se extendió
en la unam, así como con algunos ferrocarrileros y obreros de la Olivetti. Uno
de sus dirigentes, Carlos Salcedo, testimonió que sí comenzaban estar armados,
aunque tenían la orden estricta de no hacerlo en actos públicos.53 Jorge Poo,
miembro de la organización, mencionó que: “Hay brigadas que buscan como
responder, se consigue una pistola y con ella se llevan a cabo requisas de armas
entre aquellos tradicionales veladores”.54
Si bien es cierto que con la violencia desatada en ese año influyó para que
algunos núcleos radicales se fueran a la guerrilla, también es cierto que hay una
sentencia simplista al decir que con el 68 nació la guerrilla en México. El germen
de la lucha armada ya estaba en el país, recordemos los casos de Chihuahua
y Guerrero. El caso del mar es paradigmático, la idea de las armas se dio dos
años antes del 68; e incluso, previo al movimiento ya había la intención latente
de usarlas, en algunos impresos de la Facultad de Ciencias Políticas, a través de
un “Comité Coordinador para las Acciones Revolucionarias”, expresaba:

comité coordinador para las acciones revolucionarias. ¡Romper con el


legalismo! Nuevas formas de lucha para los estudiantes revolucionarios, abril de
1968 […] Avisa que en caso de represión se actuaría de acuerdo a la concepción
guerrillera que da Mao.55

Decir que con el 68 nació la guerrilla también es caer en esa visión centralista de
la historia, la cual desdeña contextos locales y regionales, que sin necesidad de un
movimiento venido del centro, algunos se lanzaron a las armas, casos concretos
los de Jalisco y Sinaloa. El control absoluto de la Federación de Estudiantes de
Guadalajara impidió que el 68 tuviera eco en la entidad, y sin embargo nació
el Frente Estudiantil Revolucionario (fer); en el caso de los Enfermos, ellos
respondieron armadamente a la violencia interna desatada en la Universidad
Autónoma de Sinaloa.

52
Aranda Flores, Antonio. (1979). Los Cívicos Guerrerenses. México: s.e. pp. 129-132.
53
Entrevista con Carlos Salcedo, México DF, 6 de septiembre de 2013.
54
Poo, Jorge. (1998). “Los protagonistas olvidados” en Arechiga. Op. Cit. p. 129.
55
Olivera. (1992). Op. Cit. p. 43.

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Yllich Escamilla Santiago

El nacimiento de la guerrilla en México no fue un acto reflejo de lo suce-


dido a lo largo del 68, el nacimiento de las guerrillas en México respondieron
a agravios locales y a necesidades específicas. Los agravios locales de la capital,
sobre todo después de Tlatelolco, dieron nacimiento al Frente Urbano Zapatista,
al Comando Armado del Pueblo y término de empujar a los Lacandones.
La gente de Monterrey fue muy activa en el cnh, por ello, Tlatelolco y
en sí, todos los hechos del 68 si les provocaron un agravio directo. El papel de
la izquierda moderada (incluido el pcm), conllevó a organizaciones como los
Procesos, el Movimiento Estudiantil Profesional (mep) y las Fuerzas de Liberación
Nacional (fln) a una redefinición política y de estrategia de lucha.
Las dos figuras más emblemáticas de la Liga Comunista 23 de Septiembre,
Raúl Ramos Zavala56 e Ignacio Salas Obregón (Oseas)57 hicieron un análisis
sobre la necesidad de la revolución armada, con base a la experiencia del 68,
ambos pensamientos fueron plasmadas en dos textos: El tiempo que nos tocó
vivir, escrito en 1970 y Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario,
escrito en 1974. En su origen, ambas visiones son convergentes, pero conforme
se desarrolla el análisis, podemos darnos cuenta que se distancian, Raúl enfatiza
la necesidad de la autodefensa, de la politización de la masa a través del núcleo
armado y de la necesidad de un órgano de unidad revolucionaria; en cambio en
Oseas, su visión del 68 es militarista, ya que esta se refuerza por la experiencia
del 10 de junio, para él la insurrección estaba germinada.
En El tiempo que nos tocó vivir, Raúl escribió que los combates en los que se
vieron inmersos los estudiantes brindaron una gran experiencia revolucionaria
sensibilizadora, sin embargo, no se planteó, ni en la izquierda, ni en el pcm, el
“qué hacer” ante la represión; la crisis al interior de la izquierda, derivada de las
posturas en los grandes bloques comunistas, generaron en las organizaciones
una incapacidad de revolución sólida, siendo el espontaneísmo y la explosividad
del movimiento su mayor defecto.58
Posteriormente, en su análisis resalta la sorpresiva aparición del movi-
miento, situación que tomó desprevenidos al gobierno y a las izquierdas, por

56
Raúl Ramos Zavala no fue propiamente miembro de la LC23S, murió en un enfrentamiento
el 6 de febrero de 1972, casi un año antes de la fundación de la organización. Sin embargo, su
papel para la unificación de los grupos armados en el país le fue reconocida.
57
Ignacio Salas Obregón provenía de la vertiente católica militante, se circunscribió a los Procesos.
Tras la muerte de Raúl, David u Oseas asumió la dirección de la organización, primero como
la Partidaria y después como la LC23S; fue apresado y desaparecido en 1974.
58
Ramos Zavala, Raúl. (2003). “El tiempo que nos tocó vivir” en Ramos Zavala, Raúl y Arturo
Gámiz García. El tiempo que nos tocó…y otros documentos de la guerrilla en México. México:
Huasipungo-Editorial Tierra Roja. pp. 12-14, 28.

134

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

lo cual: “la acción de las masas en México deberá encontrar entre los grupos
revolucionarios a un conductor y orientador de sus luchas”.59 Raúl Ramos deja
ver la crítica y ruptura con el pcm, va implícita la afirmación de la construcción
de un nuevo organismo revolucionario, en ese tránsito, la autodefensa es me-
nester, pero el núcleo de éste debe estar inserto en el movimiento de masas.60
El núcleo de autodefensa se encuentra dentro de la masa, según su visión,
debía ser un detonador de la conciencia política, para que el núcleo fuese una
“avanzadilla armada del movimiento revolucionario”.61 Al cierre de su texto se
hilvana la necesidad de la guerrilla, como parte fundamental para la existencia
de la Liga y su perfil ideológico, de examinar, redefinir y unificar.
El examinar y redefinir implicaba un tránsito de la lucha política a la lu-
cha armada, esto como consecuencia de la burocratización del pcm. Para Raúl
el punto auténtico de los cambios al interior era la decisión colectiva; para él
existía la necesidad de la redefinición política, de las formas de lucha y de la
instrumentalización de la autodefensa.62 La perspectiva de Raúl Ramos Zavala
iba contra el dogmatismo y la ortodoxia de los partidos comunistas, ello le
permitió una visión frentista, por decirlo de algún modo:

Existe en el país una clara tendencia unificadora de opiniones. Para ello tenemos
como indicadores suficientes, tales como el Grupo Comunista Internacional (tros-
kista): así como los católicos que sostienen un proyecto revolucionario autentico
(camilistas, guevaristas, etc.) […] Este proceso de afirmación revolucionaria no
ha sido sencillo. Todo lo contrario; ha sido resultado de luchas internas y aproxi-
maciones sucesivas hacia planteamientos comunes, derivados de la necesidad de
operar cambios reales de acción y concepción de la izquierda revolucionaria en
México. El efecto catalizador de este proceso es indudablemente, lo ha sido, la
acción de 1968.63

En Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario, (también llamado


Manifiesto al proletariado. Liga Comunista 23 de septiembre), Salas Obregón vio
al movimiento del 68 como una huelga política y una ofensiva no generalizada
contra la burguesía, con tendencias a la guerra civil.64 Los enfrentamientos de

59
Ibíd. 52.
60
Ibíd. 55.
61
Ibíd. 56.
62
Ibíd. 58.
63
Ibíd. 61.
64
Salas Obregón, Ignacio Arturo. (2003). Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario
o el Manifiesto al Proletariado. México: Huazipungo. pp.53-57.

135

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Yllich Escamilla Santiago

los estudiantes contra la policía y el ejército, fueron muestra que la huelga po-
lítica del 68 —tal y como lo dice el propio Oseas— era el embrión de la huelga
general y de la guerra de guerrillas.65
Sí el movimiento del 68 era una huelga política, sus protagonistas eran
proletarios, de acuerdo con la teoría de la universidad fabrica, lo que sentaría
las bases para generalizar los hostigamientos al Estado burgués.66 Oseas pone
énfasis en los combates callejeros, para él, lo vivido en ese año eran actividades
militares de una guerra de guerrillas embrionaria:

En éste contexto la manifestación política se convierte indefectiblemente en cada


vez más en una actividad militar. Es de éste modo que la manifestación pacífica, se
transforma en combate de calle, el mitin masivo da paso a los mítines relámpagos,
las operaciones militares defensivas a las operaciones militares ofensivas y a las
operaciones militares como actividad de agitación y propaganda (propaganda
armada en el sentido vietnamita).67

La estrategia comunicacional de los mítines relámpago del 68 fueron el referente


de Oseas para la estrategia que aplicó la Liga en su propaganda armada deno-
minada repartizas, que fue el modo de dar a conocer su órgano de difusión, el
periódico Madera. La huelga política que Oseas vio en el movimiento fue la de
una posible insurrección general, esquema militar que se trató de implementar
en 1974 en Sinaloa durante el llamado Asalto al Cielo.
¿Desde dónde escribían Raúl Ramos e Ignacio Salas?, Raúl se encontraba
en un proceso político post-68 semiclandestino, pero con cierta posibilidad
para discutir y consensar con otras organizaciones que habían experimentado
la represión. En cambio, Salas Obregón escribió desde la clandestinidad de la
guerra, desde el encierro, desde una organización que a un año de fundada,
había sido golpeada duramente, los contextos espacio/temporales fueron fun-
damentales para el desarrollo de dichos pensamientos.
Para concluir, hablar del 68 representa un gran problema, la idolatría
y el culto a una lucha presentada como políticamente correcta. La memoria
histórica del movimiento ha sido reproducida con una pureza moral, dando
la impresión de que los estudiantes sólo fueron jóvenes eufóricos, una masa
inerte sin posibilidad de autodefensa, nos muestran un 68 con vocación al
martirologio.

65
Ibíd. 59.
66
Ibíd. 63.
67
Ibíd. 65.

136

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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

En los debates de la memoria se encuentran dos vertientes: ¿qué queremos


recordar? y ¿qué queremos olvidar? La visión ciudadanizada del 68 —que incluye
a los partidos de la izquierda electoral, las instituciones educativas e incluso al
propio gobierno— evidentemente quieren olvidar y extirpar la parte subversiva
del movimiento que de él emanó. La parte “incomoda” del movimiento, ha sido
colocada por la historia oficial del 68 en la memoria subterránea, en una me-
moria silenciada por la historia de bronce. Una historia que ha sido silenciada
hasta por la propia izquierda que reniega de su pasado.
Entender que el movimiento del 68 fue un catalizador de la lucha armada
en ciertos contextos geográficos y entender al halconazo como la reafirmación
general de la guerrilla en los años setenta, es reiterar que la violencia del régimen
ha sido una constante, olvidar es repetir. Como conclusión cito a Vidal Naquet:
“Los asesinos de la memoria han elegido bien su objetivo: quieren golpear una
comunidad sobre las mil fibras aún dolorosas que la ligan a su propio pasado”.68

Referencias

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68
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Tlatelolco, San Cosme y la guerrilla urbana

Electrónicas

Si lo queréis no será más que un Blog…“Frases del mayo francés (1968)”. en: http://
enriquegri.blogspot.mx/2007/03/frases-del-mayo-frances-1968.html (24 de abril
de 2014).
Biblioteca Garay. 500 años de México en documentos. “Cuarto informe de Gobierno
del presidente Gustavo Díaz Ordaz”. en: http://www.biblioteca.tv/artman2/pu-
blish/1968_87/Mensaje_del_Cuarto_Informe_que_rindi_al_H_Congreso_293.
shtml (23 de mayo de 2014).
Biblioteca Garay. 500 años de México en documentos. “Discurso de toma de protesta
de Luis Echeverría Álvarez como presidente de los Estados Unidos Mexicanos”.
en: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1970_85/Discurso_de_Toma_de_
Protesta_de_Luis_Echeverr_a_lvarez_como_Presidente_de_los_Estados_Uni-
dos_Mexicanos.shtml (29 de mayo de 2014).

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Historia, movimientos sociales y participación
política juvenil en Monterrey (1968-1972)

Edna Ovalle Rodríguez*

Introducción

E n este trabajo se realiza un sintético recorrido por momentos claves de la


historia de la ciudad de Monterrey. En él se destacan las especificidades
de esta ciudad que favorecieron el desarrollo de los movimientos sociales y las
opciones políticas que tuvieron los jóvenes regiomontanos entre los años de
1968 y 1972. Se plantea que la historia y la economía regiomontana, así como
los movimientos sociales que se registraron en esta ciudad en estos años, influ-
yeron de forma importante en la configuración ideológica y el accionar político
militar de los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Como muchos regiomontanos, estudié durante los años setenta en la
Universidad de Nuevo León, formé parte de los movimientos sociales de
aquellos años, cuya huella quedó en los participantes con diferentes niveles
de profundidad. Estos movimientos constituyeron un antecedente importante
para algunos miembros de las organizaciones político-militares que actuaron
en México desde mediados de los años sesenta del siglo pasado.
La historia, la ideología y las acciones que desarrollaron estas organizacio-
nes hoy forman parte de la realidad latinoamericana. Se trata de un fenómeno
que se ha presentado a nivel mundial, pero que en México ha sido recurrente,1
al tiempo que en varios países de América Latina ha permanecido por décadas.
Por su importancia, permanencia y consecuencias, se trata de un fenómeno que
debe ser estudiado en todos sus aspectos, más allá de cualquier filiación política.
Para realizar este trabajo retomé algunas reflexiones de Marc Bloch,2
particularmente, el planteamiento de que un fenómeno histórico nunca puede
ser explicado en su totalidad y fuera de su momento histórico. Por ello, consi-

1
Montemayor, Carlos. (2007). La Guerrilla Recurrente. México: Debate.
2
Bloch, Marc. (1990). Introducción a la historia. México: fce. p.31.

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Edna Ovalle Rodríguez

dero que la fundación y el accionar de la Liga Comunista 23 de Septiembre no


puede ser comprendida ampliamente si no se toma en cuenta que dos de los
fundadores de la organización: Raúl Ramos Zavala3 e Ignacio Salas Obregón4
así como algunos de sus primeros militantes, vivieron, participaron y se for-
maron profesionalmente en Monterrey, ciudad industrial en la que durante la
mayor parte del siglo xx predominó la industria pesada. Ciudad que posee una
historia peculiar, por ser sede y origen de “una burguesía militante”,5 así como
el escenario en el que se desarrollaron intensas luchas obreras y movimientos
sociales en los cuales participaron estos fundadores.

Monterrey Preindustrial: Exterminio, Frontera y Cacicazgo

La historia de las regiones del país tiene variantes. Si bien existen procesos his-
tóricos nacionales, éstos se manifiestan en cada región a partir de su realidad
concreta. La historia local genera una identidad particular, una forma de ver y
transformar el mundo. Desde esta perspectiva, considero que en la historia de
Monterrey se encuentran presentes algunos rasgos particulares que señalaré
de forma sintética.
Uno de estos rasgos tiene que ver con la aparente ausencia del elemento
étnico indígena, hecho que encubre el exterminio del cual fueron objeto sus
habitantes originarios durante la colonización española. La encomienda signi-
ficó la captura, esclavización y venta de sus habitantes originarios para trabajos
forzados en las minas. Los más de 250 grupos nómadas y seminómadas que
habitaron la zona, fueron beligerantes y reacios a ser esclavos de los españoles,
por lo que se optó por importar indígenas tlaxcaltecas para trabajar e influir en
la sedentarización, sin éxito, de los nativos. En la zona la conquista espiritual
resultó ineficaz para los fines de los conquistadores, por lo que decidieron ex-
terminar a los aborígenes.6

3
Nació en Torreón, Coahuila, en 1945 o 46, estudió en la secundaria no. 1 de Monterrey, en la
Preparatoria no. 1 y en la Facultad de Economía de la unl. Miembro de la Juventud Comunista.
Fue maestro adjunto en la Facultad de Economía de la unam y en la Universidad Autónoma
de Puebla. Datos de Benjamín Hernández Palacios.
4
Nació en Aguascalientes en 1948, estudió la preparatoria y la carrera de Ingeniería Civil en el
Tecnológico de Monterrey donde participó activamente.
5
Nuncio, Abraham. (1982). El Grupo Monterrey, Monterrey: oidmo.
6
Borrados, mezcaleros, huachichiles, hualahuises, agualeguas y otros grupos más fueron ex-
terminados.

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

Otro rasgo importante de la zona tiene que ver con su ubicación geográfica.
A mediados del siglo xix los tratados de Guadalupe-Hidalgo (1848) —resultado
de la guerra contra Estados Unidos— hicieron que Nuevo León ocupara un
espacio geográfico casi fronterizo, acercándolo a Estados Unidos. Esta cercanía
generó en la élite la búsqueda e imitación de un modelo de desarrollo y pro-
pició que la ciudad se convirtiera en un centro de comercio e introducción de
contrabando fronterizo al interior del país.7
A finales del siglo xix se “logró exterminar a los bárbaros”, a los que se
consideraban como un obstáculo al progreso de la región. Las élites norteñas
en la llamada “Guerra Viva” combatieron a los nativos que aún quedaban,
apaches y comanches que merodeaban las llanuras norteñas empujados por la
colonización estadounidense. Con el exterminio de los moradores originales
se estableció la creencia de que ese territorio se encontraba despoblado hasta
antes de la llegada de los españoles.8
La Guerra de Secesión en Estados Unidos (1861-1866) trajo importantes
ganancias a los hombres de negocios norteños. Ante el bloqueo marítimo
que impedía el comercio de algodón de los sureños con Europa, los comer-
ciantes de los estados del noreste mexicano, a pesar de que México se opuso
a la esclavitud, comerciaron con los esclavistas y les brindaron una salida al
Golfo para el comercio del algodón —su principal producto— a través de la
ruta Monterrey-Matamoros por el río Bravo, que entonces era navegable. Los
historiadores coinciden en que este comercio generó considerables fortunas
a algunos miembros de lo que años después se conocería como el Grupo
Monterrey.9
La Invasión Francesa a México se vivió de otra forma para la élite local.
Santiago Vidaurri, Gobernador del Estado de Nuevo León entre 1855 y 1864,
fue un importante miembro de la naciente burguesía y suegro del inglés Patricio
Milmo. Además de establecer un cacicazgo en la zona, decidió anexar Coahui-
la a Nuevo León. Este personaje se convirtió en aliado de los invasores galos,
incluso llegando a formar parte del gabinete de Maximiliano. Con la expulsión
de los franceses, el gobierno de Benito Juárez mandó fusilar a Vidaurri por el
cargo de traición a la patria en 1867.10

7
Cerutti, Mario. (1984). Burguesía y capitalismo en Monterrey 1850-1910. México: Claves
Latinoamericanas. p. 17.
8
Ibíd. pp. 37-41.
9
Ibíd. pp. 30-32.
10
inehrm. Expedientes Digitales: “Espinosa de los Monteros, Roberto, Santiago Vidaurri. Ca-
cique del Noreste”.

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Edna Ovalle Rodríguez

El historiador Mario Cerutti11 sostiene que entre 1850 y 1890, un reduci-


do grupo de familias asentadas en Monterrey: los Milmo, Madero, Zambrano,
Hernández, Armendaiz, Belden, Calderón-Muguerza, Ferrara, Rivero, Sada-
Muguerza gozarían de enormes fortunas que posteriormente serían invertidas
en la industria. La formación de estos capitales se logró por medios legales e
ilegales: el comercio, préstamos especulativos, préstamos onerosos al gobierno,
apropiación de tierras, contrabando de mercancías, entre las principales.
Un momento clave en la circulación de capitales y su orientación hacia
la industria fue el establecimiento de las líneas ferroviarias (1882), las cuales
reforzaron el acercamiento de Monterrey con Estados Unidos e intensificó sus
intercambios. Paradójicamente, el ferrocarril hizo entrar en crisis el comercio
local, lo que permitió orientar los capitales hacia nuevas actividades que podrían
resultar más redituables, como la industria.

La Ciudad Metalúrgica

Monterrey creció y se industrializó aceleradamente entre 1890 y 1910, especial-


mente bajo el gobierno de Bernardo Reyes, fiel representante de Porfirio Díaz. En
este proceso industrial adquirió especial importancia la industria metalúrgica,
debido a la gran demanda mundial de metales industriales y al impuesto Mac
Kinley que estableció el gobierno de Estados Unidos a la importación de meta-
les. Esta política favoreció a las familias pudientes de la ciudad que invirtieron
sus capitales a través de sociedades anónimas,12 en la instalación de empresas
metalúrgicas que les garantizaron ganancias a sus inversionistas, fueran locales
o extranjeros. A partir de 1890 la producción industrial regiomontana empezó
a predominar sobre cualquier otra.13 En la ciudad se instalaron además de las
dos plantas de la Cervecería Cuauhtémoc y 150 industrias14 del área de servi-
cios, la Gran Fundición Mexicana llamada posteriormente American Smelting
and Reffinning Co. (asarco),15 la Compañía Minera Fundidora y Afinadora
Monterrey (después Compañía Peñoles S.A.), la Nuevo León Smelting cono-
cida como la Fundición “Juárez” o Número 1. Finalmente, en 1900 se fundó
la primera siderúrgica de América Latina: La Compañía Fundidora de Fierro

11
Cerutti. (1984). Op. Cit. p. 14-17.
12
Ibíd. 42.
13
Ibíd. 11.
14
Ibíd. 119.
15
Ibíd.

144

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

y Acero Monterrey, S.A. donde en 1903 se realizó la primera colada de acero


a nivel industrial. En 1905 Nuevo León ocupó el primer lugar en producción
industrial seguido del Distrito Federal y el Estado de México.
La burguesía regiomontana se protegió y consolidó mediante inversiones
conjuntas y conservando sus fortunas a través de enlaces matrimoniales. La
revolución los encontró poderosos y nucleados. Las fortunas y empresas de
este grupo de comerciantes, banqueros e industriales no fueron afectadas por
los revolucionarios, a excepción de la Cervecería Cuauhtémoc.
Esto fue posible gracias a los acuerdos y negociaciones que sostuvieron
con los “vencedores”, ya que ambos consideraban que el empresario era el motor
creador de riqueza y que la industria generaría progreso y desarrollo del país. Así,
este grupo nacido y enriquecido durante el porfiriato, sortearía la turbulencia
revolucionaria gracias a sus fortunas y a su capacidad de negociación con los
representantes del nuevo régimen.

Monterrey, ciudad proletaria

Con la industrialización, la ciudad se fue convirtiendo en una ciudad proletaria.


Numerosos barrios obreros surgieron a la par de las industrias. Desde 1850 se
unieron a los artesanos, los obreros textiles, cerveceros, ferrocarrileros, metalúr-
gicos y acereros. A la estación de tren de la ciudad llegaban diariamente cientos
de futuros proletarios provenientes de San Luis Potosí, Durango, Coahuila y
Zacatecas, los cuales se empleaban al lado de numerosos técnicos extranjeros
contratados para hacer funcionar la moderna maquinaria y capacitar a los
nuevos obreros.16
Con una robusta burguesía en ascenso y ávida de ganancias, las luchas
proletarias iniciaron temprano. Se sabe que desde 1903 circuló en medios
obreros el periódico Regeneración; también en ese año se registró una de las
primeras huelgas, esta fue en la fábrica de cristal en la que laboraban obreros
alemanes para producir botellas para la Cervecería Cuauhtémoc. La empresa
incumplió el contrato prometido a los obreros y éstos se declararon en huelga.
En respuesta la empresa cerró, los trabajadores y sus familias tuvieron que
regresar a Alemania. Entretanto, la empresa reabrió sus puertas sólo cuando
pudo sustituir la mano de obra por la máquina Owens, que fabricaba botellas
y de la cual adquirió la patente. Este fue un ejemplo temprano de la actitud

Ovalle, Edna. (1994). La Formación de la clase obrera en Monterrey. Tesis de licenciatura.


16

México: enah.

145

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Edna Ovalle Rodríguez

empresarial frente a las demandas obreras, que caracterizó la política laboral


de los empresarios regiomontanos en el futuro.
Los años revolucionarios fueron aprovechados por los obreros para or-
ganizarse al interior de las fábricas. Abundaron mutualidades, cooperativas,
organizaciones de oficio y sindicatos. También formaron partidos como el
Obrero-Estudiantil que luchaba por la Autonomía de la Universidad, el Partido
Socialista, el Partido Comunista (1919), las logias masónicas y organizaciones
políticas de diverso tipo.
En la ciudad se construyó una fuerte solidaridad obrera. Existieron orga-
nizaciones que agruparon a varios sindicatos de diferentes empresas como la
Federación de Sociedades Gremiales Ferrocarrileras y la Federación Regional
de Sociedades Obreras de Nuevo León, las cuales protagonizaron entre 1918
y 1923 tres huelgas generales en las que participaron más de 12 mil obreros.
Sus demandas centrales eran materializar los derechos obtenidos en el artículo
123 Constitucional, a los cuales los empresarios locales se mostraban reacios a
ceder.17 En estas luchas se obtuvieron victorias y reveses, pero lo más importante
fue el protagonismo obrero que quedó inscrito en acuerdos, contratos y mejora
de los niveles de vida.18
En la ciudad existieron células del Partido Comunista casi desde su fun-
dación en 1919, éstas operaron en diversas fábricas. El Partido fue muy activo
en la zona, destacándose la figura de Valentín Campa, comunista originario de
la ciudad, el cual fue obrero de Fundidora Monterrey y luego de Ferrocarriles
Nacionales.
Con una clase obrera a la ofensiva, la burguesía regia también creó sus
organizaciones: la Cámara de Comercio (1908), la Cámara Nacional de Comer-
cio, Industria y Minería del Estado de Nuevo León (1921) y la Confederación
Patronal de la República Mexicana (1929). Ésta última fue prácticamente un
sindicato patronal que nació en oposición a la Ley Federal del Trabajo que
reglamentaba el artículo 123.
La temprana articulación de estas organizaciones permitió que la fracción
regiomontana de la burguesía encabezara el primer paro patronal que hubo en
el país (1936) contra el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas. En un choque
frontal entre la gran burguesía regiomontana y el gobierno de Cárdenas sur-
gieron los 12 puntos que establecerían a futuro las relaciones entre el gobierno
y los empresarios.19

17
Ibíd.
18
La Ley reglamentaria del artículo 123 y la Ley Federal del Trabajo se publicaron hasta 1931.
19
Nuncio. (1982). Op. Cit. pp. 79-86.

146

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

Los empresarios garantizaron el control de sus trabajadores mediante la


creación de sindicatos blancos o patronales en cada una de sus empresas. Los
sindicatos blancos crecieron incesantemente y en 1936 fundaron la Federación
de Sindicatos Independientes de Nuevo León, la cual hoy es nacional y agrupa
a más de 350 mil trabajadores en 14 estados. En 1936, ante la emergencia de
los llamados Sindicatos Rojos (ctm), los empresarios impulsaron la creación
de grupos paramilitares llamados Asociación Cívica Nacionalista, para luchar
contra el movimiento obrero local con una estructura cercana a la falange
española.
Es muy conocido que hijos de esta élite estudiaban carreras gerenciales
en universidades estadounidenses, mientras que para sus técnicos medios y
cuerpos directivos a menor escala crearon el Tecnológico de Monterrey en 1943,
fundado por el empresario Eugenio Garza Sada.
Los empresarios, con un discurso paternalista intervinieron en todos los
espacios de la ciudad. Siempre anhelaron que las empresas fueran consideradas
por sus trabajadores como una extensión de la familia. Este grupo, en alianza
con la jerarquía católica, en los años sesentas llegó a reunir a más de 25 mil
manifestantes en una marcha de La Unión de Padres de Familia en contra de
los libros de texto gratuitos. Algunos de sus miembros invirtieron fortunas en
nuevas empresas, tal es el caso de la familia Milmo, que incursionó en los me-
dios de comunicación: periódico, radio y televisión llegando a tener un gran
dominio en los medios.

Los años sesentas y setentas del siglo xx

Para la década de 1960 México era un país predominantemente urbano. En


1966 Monterrey tenía casi un millón de habitantes y era la segunda ciudad
industrial del país, producía más del 10% de la industria nacional, el 36% de
la población se ocupaba del sector manufacturero, 17% del comercio y el 31%
del sector servicios. El destacado economista Jesús Puente Leyva,20 sostiene en
su libro Distribución del Ingreso en Monterrey, que cerca del 40% de los traba-
jadores no recibían ni siquiera el salario mínimo y que cerca del 68% de los
habitantes de la ciudad no consumían el mínimo recomendable de nutrientes.
Existía una distribución sumamente inequitativa del ingreso y la peor parte era
para los sectores más humildes de la población. El año de 1970 fue de recesión

20
Catedrático de la Facultad de Economía de la unam cuyo profesor adjunto fue Raúl Ramos
Zavala.

147

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Edna Ovalle Rodríguez

económica y alza de precios, el déficit de vivienda obrera era muy elevado y la


ciudad crecía desordenadamente.
En ese tiempo los jóvenes creían tener un futuro. La educación universitaria
se extendía y aún funcionaba como mecanismo de ascenso social, al tiempo
que también se manifestaba un replanteamiento de papeles y responsabilidades
laborales, sociales y familiares, se empezaba a hablar del control natal, de la
píldora anticonceptiva, el rock se popularizaba a través de la radio y la televi-
sión que era cada vez más común. Los jóvenes conocían del campo socialista
como una forma alternativa de sociedad, ya que existía en la ciudad el Centro
Cultural Cubano José Martí, el cual difundía los logros de la Revolución y una
sede de la Embajada Rusa que hacía lo propio, al tiempo que los militantes del
Partido y la Juventud Comunista organizaban actividades proclives a difundir
la existencia del campo socialista.
En aquellos años, los jóvenes que pretendían un cambio social se ubicaban
sobre todo en la Universidad, aunque también en la Normal Básica y Superior,
estos fueron centro de discusión y organización opositora. En las diferentes
escuelas y facultades de la Universidad coexistían las mesas directivas estu-
diantiles de carácter oficial y los comités de lucha estudiantiles opositores a las
autoridades. En éstos últimos se agrupaban los jóvenes de izquierda.
Los jóvenes universitarios que querían transformar la realidad tenían
varias opciones de participación política organizada: la Juventud Comunista,
el Movimiento Espartaquista Revolucionario (una escisión del pc), el Partido
Socialista, la Obra Cultural Universitaria de tendencia cristiana, las logias ma-
sónicas y algunos grupos de protestantes, entre las más conocidas.
En el medio universitario era frecuente la participación en los aniversa-
rios de la Revolución Cubana, en las marchas de protesta por la Guerra de Viet
Nam (1964-1975) y en apoyo a la lucha por los derechos civiles que enarboló
Martin Luther King. Estos hechos inquietaron profundamente a los jóvenes y
a los partidos de la izquierda tradicional.
Al interior de los partidos de izquierda, el levantamiento de Arturo Gámiz
y de Oscar González en Chihuahua (1965) obligaron a la militancia de estas
organizaciones a discutir en torno a tres ejes fundamentales: cuál sería el ca-
rácter de la revolución, (socialista, democrático burguesa, antifeudal); cuáles
serían las vías de la revolución (la guerra popular prolongada, la vía electoral,
la huelga general, la insurrección armada); y cuál sería el sujeto central de la
misma (el campesino, el obrero, el proletario agrícola). Estas discusiones, al
calor de los movimientos sociales y estudiantiles celebrados a nivel nacional
derivarían en escisiones.

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

1968: La izquierda revolucionaria no pudo contestar.

Los acontecimientos sucedidos en 1968 con el movimiento estudiantil-popular


en la Ciudad de México, constituyeron un parteaguas en la definición de muchos
futuros militantes de las organizaciones político-militares que cuestionaron a
sus direcciones de la vieja izquierda. El 68 hizo entrar en crisis a las organiza-
ciones políticas de izquierda. Raúl Ramos Zavala como militante de la Juventud
Comunista fue uno de los primeros en cuestionar al partido.

Actuamos en la gran convulsión sin tener un sentido realista del destino de ésa
insurgencia esencialmente estudiantil. Luego se culpó de todo a la represión y
al reflujo del movimiento sin reconocer la incapacidad para definir los linea-
mientos para la acción y las perspectivas a seguir. Nuevamente se ignoraron las
preguntas que lanzó el movimiento, que fueron las mismas que el movimiento del
56-59. La izquierda revolucionaria no pudo contestar. No había una concepción
consecuente para la acción de masas en México ni tampoco la consciencia de
que son éstas y no las vanguardias y pre-vanguardias las que marcan el ritmo
de la acción.21

Poco tiempo después del 2 de octubre, entre fines de 1968 y 1972, en Monterrey
se registraron intensos movimientos sociales que se caracterizaron por su inicial
espontaneísmo, su radicalidad, organización y articulación los que sustentaron
los cuestionamientos de los disidentes e hicieron pensar a muchos jóvenes que
la revolución no sólo era posible, sino necesaria.
Los actores centrales de estos movimientos fueron los estudiantes de
la Universidad de Nuevo León y del Tecnológico de Monterrey, los maestros
y estudiantes de la Escuela Normal Superior del estado, los profesores de la
Sección 50, el sindicato de trabajadores de la Universidad de Nuevo León, los
mineros de las secciones 66 y 67 (Aceros Planos y Fundidora Monterrey), los
ferrocarrileros de la Sección 19, los posesionarios de las colonias proletarias de
la ciudad y los cristianos que apoyaron las causas de los pobres. Las demandas
centrales se pueden resumir en: autonomía, autogestión, democracia sindical,
cese a la represión, paridad, justicia, vivienda y trato y salario digno.

Ramos Zavala, Raúl. (2003). “El tiempo que nos tocó vivir” en Ramos Zavala, Raúl y Arturo
21

Gámiz García. El tiempo que nos tocó…y otros documentos de la guerrilla en México. México:
Huasipungo-Editorial Tierra Roja. pp. 12-13.

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Edna Ovalle Rodríguez

Los universitarios

El apoyo al movimiento estudiantil de la Ciudad de México convocó masivamen-


te a los universitarios regiomontanos desde el 26 de julio de 1968. Se apoyaron
sus demandas sin dejar de reivindicar la problemática local. En particular se
rechazó el Plan Elizondo que planteaba el aumento de cuotas en los estudios
universitarios. Entre las más activas participaciones estuvieron las de los mili-
tantes de la Juventud Comunista, la ocu y el Movimiento Espartaquista, quienes
formaron, junto con estudiantes de base, brigadas estudiantiles que informaban
a la población de las acciones de los estudiantes de la unam y pedían su apoyo
para sus propias demandas. Estas brigadas fueron las encargadas de enlazar al
movimiento estudiantil con las luchas de los maestros, los obreros, empleados
y posesionarios de la ciudad.
El movimiento estudiantil adquirió estructura propia y al aumentar la
represión en el df el Consejo Estudiantil de la Universidad cambió de tono
y reivindicaciones: se denunció la represión del Estado, la antidemocracia
económica existente en el país y se convocó a obreros y sectores populares de
Monterrey a unirse en defensa de las libertades democráticas. A partir de ese
momento, entraron en paro general la Escuela Normal Superior del estado,
los estudiantes y trabajadores de la Universidad de Nuevo León. Por primera
vez marcharon juntos maestros, estudiantes y sindicalizados de la unl con los
estudiantes del Tecnológico de Monterrey, escuela que se consideraba elitista
formadora de cuadros para el grupo empresarial regiomontano.
Miles de universitarios tomaron las calles de la ciudad y el movimiento
adquirió múltiples formas de lucha: brigadas a barrios y colonias, tomas de es-
cuelas y de camiones, mítines, manifestaciones, charlas, asambleas permanentes
y volanteo en fábricas. La protesta por la represión al movimiento estudiantil
de la Ciudad de México fue lo que unió por primera vez a los estudiantes y tra-
bajadores de la Universidad, del Tecnológico y de la Normal Superior. En este
movimiento, varios fundadores y militantes de la Liga Comunista participaron
activamente.
Después de la masacre del 2 de octubre de 1968, el Consejo Estudiantil
de la unl publicó un desplegado en el que planteó que “se requiere cambiar de
métodos de lucha, se acerca una nueva etapa y el movimiento no es exclusivo
de los estudiantes”.
En el año de 1969 inició el movimiento por la Autonomía de la Universidad.
Por esta demanda los universitarios realizaron huelgas de hambre, establecieron
campamentos afuera de edificios públicos y realizaron brigadas de servicio social
en las comunidades pobres del estado.

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

Mientras se discutía la iniciativa de Ley para la Autonomía que envió el


gobernador, el movimiento demandó paridad en la representación y en la toma
de decisiones. Los estudiantes solicitaron el apoyo de los obreros para que la
universidad fuera reformada y puesta al servicio del pueblo, al mismo tiempo los
universitarios integraron una comisión encargada de redactar la Ley Orgánica
de la Universidad. En la elaboración de este escrito participaron estudiantes y
profesores universitarios, por ejemplo: Nora Rivero, Alfonso Reyes Aurrecochea,
Horacio Salazar y Miguel Capó, entre otros.
El clímax se presentó en los primeros meses de 1971, cuando el gobernador
Eduardo Elizondo —fiel representante de la burguesía regia— promulgó una Ley
Orgánica de la Universidad encabezada por una Asamblea Popular de Gobierno
integrada por 31 miembros: 8 representantes de los medios de comunicación,
10 representantes de obreros y empleados organizados, 4 representantes de las
Ligas de Comunidades Agrarias, 1 representante del Patronato pro-laboratorios,
3 alumnos, 3 profesores, 1 representante de la industria y 1 del comercio.
La posición estatal se endureció cada vez más, mientras la Junta de Go-
bierno, inédita en la vida universitaria del país, nombró como rector a un mi-
litar: el coronel Arnulfo Treviño Garza. Entretanto, la policía tomó por asalto
la preparatoria 1 en la que golpearon y detuvieron a numerosos estudiantes.
La situación se agudizó cuando los estudiantes optaron solidarizarse con la
huelga sostenida por trabajadores universitarios, los cuales protestaban por el
retraso hasta por dos meses de su sueldo. Las fuerzas policiales intervinieron
para establecer el “orden” y tomar el control de las escuelas, arrojando un saldo
de cientos de detenidos y golpeados.
Al día siguiente, los diputados federales en el Congreso de la Unión denun-
ciaron la represión universitaria, acción que crispó los ánimos de la sociedad e
inspiró a la elaboración de una marcha multitudinaria de estudiantes, profesores,
obreros y padres de familia. Ante la presión y el descontento intervino el secre-
tario de Educación Pública y se reformó la Ley Orgánica. Hecho que orilló al
gobernador del estado a renunciar, ya que se negó a la aprobación de dicha ley.
Entretanto, los estudiantes de la Ciudad de México no escatimaron soli-
daridad a los estudiantes de Nuevo León, organizando una marcha de apoyo el
10 de junio. La marcha de la Ciudad de México fue reprimida con un saldo aun
no establecido de muertos y heridos. En Monterrey, a pesar de los problemas
y la represión estatal y no sin altibajos, el movimiento se mantuvo siempre a
la ofensiva y ejercitando variadas formas de participación, la cual permitió el
apoyo de los obreros, empleados, maestros y población en general, por lo que
se podría afirmar que los saldos del movimiento no fueron negativos.

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Edna Ovalle Rodríguez

Los Sindicatos

En este movimiento también resultó fortalecido el Sindicato de la Universidad


de Nuevo León, un sindicato unitario y horizontal que siempre apoyó al movi-
miento estudiantil y mantuvo el paro. En los hechos, los trabajadores ejercieron
coadministración en varias actividades que les fueron otorgadas.
Un logro también fue la alianza que sostuvieron los estudiantes con los
ferrocarrileros de la sección 19 y los mineros de las secciones 67 de Fundidora
Monterrey y 66 de Acero Planos. Esta alianza se vio reflejada en la formación
del Frente Democrático Obrero Estudiantil (fdoe), cuya tarea fue la coordina-
ción y apoyo mutuo en las luchas por la democracia y el mejoramiento de las
condiciones de vida de los trabajadores.
Los frutos de este frente se vieron reflejados en 1971, cuando se evitó un
reajuste de personal que dejaría sin trabajo a más de 500 siderúrgicos. En las
elecciones fueron derrotados los charros y ganó las elecciones la planilla demo-
crática “Regeneración”, convirtiéndose la sección 67 de Fundidora Monterrey
en la primera sección democrática del sindicato minero.
A fines de abril de 1971 se integró el Movimiento Sindical Ferrocarrilero
de la sección 19, con Demetrio Vallejo a la cabeza, demandando la reincorpora-
ción de 40 trabajadores despedidos en las huelgas de 1959. Vallejo fue detenido
y en respuesta los trabajadores de muchas secciones tomaron las instalaciones
sindicales.
En Monterrey el 7 de enero de 1972, 800 trabajadores ferrocarrileros,
apoyados por estudiantes de la Normal Superior y de la Universidad, tomaron
la instalación sindical de la Sección 19. Convocaron a una asamblea a la que
asistieron 3 mil ferrocarrileros. En esa asamblea fue electo un comité ejecutivo
democrático. El 10 de marzo de 1972 el local fue atacado por miembros del
grupo Halcones que fueron llevados desde la Ciudad de México. Los obreros
resistieron y como resultado de los enfrentamientos murieron 3 personas: un
obrero, un halcón y un estudiante preparatoriano. Además de 50 heridos de
bala, 65 trabajadores fueron detenidos.
También los estudiantes se vincularon con choferes de varias rutas
de camiones de la ciudad, los cuales eran tradicionalmente explotados. Lo
mismo sucedió con los posesionarios, pobladores pobres llamados también
paracaidistas, con los cuales se entró en contacto a través de las brigadas
universitarias. Con ellos se inició un trabajo de organización en varias co-
lonias de la ciudad, que con el tiempo dio píe a la creación del campamento
“Tierra y Libertad”.

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

Los cristianos progresistas

Raúl Macín en su ensayo sobre “Las luchas de los Cristianos en los Movimientos
Sociales de Monterrey 1968-1983”, informa que en esta ciudad fue el Secreta-
riado Social —fundado en 1962— una de las organizaciones católicas que más
se preocuparon por los problemas sociales.
Explica que entre 1969 y 1973 se crearon secretariados sociales en 20
diócesis que se convirtieron en organizaciones de apoyo a las luchas populares
de colonos, sindicatos, posesionarios, cooperativas y comunidades cristianas de
base. Incluyendo en este campo a la organización laboral Frente Auténtico del
Trabajo y a la Escuela de Trabajo Social “Pablo Cervantes”, que bajo la dirección
de la religiosa Beatriz de la Vega, formó trabajadoras sociales con materias como
el materialismo dialéctico y marxismo.
En esa época hubo también organizaciones católicas estudiantiles muy
activas, entre las que estaba la Obra Cultural Universitaria (ocu), apoyada por
jesuitas, donde se sabe que militaron Ignacio Salas Obregón, Ignacio Olivares
Torres y José Luis Sierra Villareal, quienes mediante la Federación de Estudiantes
del Tecnológico, encabezaron la primera huelga estudiantil en el Tecnológico
de Monterrey.
Los cristianos protestantes no se quedaron atrás, ellos, a través del
Movimiento Estudiantil Cristiano —movimiento ecuménico fundado en
1895— tuvo un desarrollo paralelo a las iglesias, trabajaron intensamente
entre 1967 a 1971 con el apoyo de la Iglesia metodista “La Trinidad”, entre
cuyos dirigentes estaban el propio Raúl Macín, José Antonio Gutiérrez, José
Reyna, Julia Teresa Zamarrón y los hermanos Aguirre que después optarían
por la lucha armada.
Entre estos grupos se menciona también al Movimiento de la Iglesia y la
Sociedad en América Latina (isal), que inició sus trabajos en Monterrey en
febrero de 1970. En 1969 se publicó en la revista isal-México el artículo: “San
Ché Guevara”, del sacerdote episcopal Sergio Carranza. Este autor también
señala que adquirieron notoriedad e influencia a nivel de personas y familias
la “Conferencia Cristiana por la paz”, un movimiento ecuménico promovido
por las iglesias cristianas de los países socialistas de Europa.
En aquellos años, numerosos estudiantes cristianos establecieron un com-
promiso moral con los pobres de la ciudad. Formaron brigadas de atención mé-
dica y asesorías legales, sanitarias, psicológicas, técnicas, entre otras, lanzándose
a los lugares más pobres de la ciudad y del estado, en apoyo de sus pobladores.
Fue una manera de llevar la universidad al pueblo, de transformar la sociedad

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00A-Completo LC23S.indb 153 02/03/2015 03:34:34 p.m.


Edna Ovalle Rodríguez

Algunas Conclusiones

La historia de la ciudad de Monterrey resulta peculiar, ya que en cierta medida,


comparte la historia del norte de México, pero su desarrollo económico basa-
do en la industria metalúrgica y siderúrgica la hace diferente al resto de los
estados norteños. Esa historia la convierte en sede de una burguesía local de
cuño porfirista, cuyo modelo de desarrollo es el de Estados Unidos. También,
es sede de una antigua clase obrera industrial con gran tradición de lucha, pero
controlada por el corporativismo de la ctm-crom y por los Sindicatos Blancos
de las empresas de la burguesía local.
En esta ciudad la polarización de las luchas es algo común y corriente,
debido a que la negociación de los conflictos no es una práctica muy socorrida.
No obstante, en los años sesenta y setenta, los maestros normalistas, algunas
secciones siderúrgicas y los trabajadores universitarios, lograron escapar al
control corporativo, coordinaron sus luchas y ejercieron con creatividad otras
iniciativas.
Los movimientos sociales que se registraron en esos años, configuraron
una coyuntura que generó movilizaciones en amplios sectores de la población. El
movimiento fue encabezado inicialmente por los estudiantes de la Universidad,
se les sumaron los del Tecnológico y la Normal Superior del estado, después el
movimiento se convirtió de trabajadores por la democracia sindical y poste-
riormente de pobladores por mejores condiciones de vivienda.
En este movimiento se implementaron diferentes formas de vinculación
con la población y se lograron alianzas nunca antes establecidas. La movilización
social permitió un encadenamiento de objetivos y logros como nunca antes.
Se trató de una especie de “insurrección” estudiantil, seguida de una obrera
que sorprendió a todas las organizaciones por su inicial espontaneísmo. Con
la caída del gobernador del estado, el movimiento universitario mostró que a
pesar de la represión fue posible mantener las movilizaciones y las demandas
incluso durante años y que la alianza entre los diferentes sectores resultó clave
en ese avance.
Estos movimientos politizaron a muchos de sus participantes, y a los que
ya eran militantes, les proporcionaron elementos de reflexión, particularmente,
en la importancia de la movilización social, en específico, las formas de brigadas,
el papel de la huelga de masas, la importancia de las alianzas entre diferentes
sectores de la población para la satisfacción de las demandas, principalmente la
alianza obrero-estudiantil y la alianza estudiantil-popular. Por otro lado, tam-
bién fue evidente la necesidad de ejercitar la autodefensa de las masas ante la
represión gubernamental. Al respecto, Raúl Ramos Zavala, escribió: “No había

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Historia, movimientos sociales y participación política juvenil en Monterrey

una concepción consecuente para la acción de masas en México, ni tampoco


la conciencia de qué son éstas y no las vanguardias o “prevanguardias” las que
marcan el ritmo de la acción”.22

Referencias

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Ramos Zavala, Raúl y Arturo Gámiz García. (2003). El tiempo que nos tocó vivir…y
otros documentos de la guerrilla en México. México: Editorial Huasipungo/Edi-
torial Tierra Roja.

22
Ramos Zavala. (2003). Op. Cit. p.13.

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00A-Completo LC23S.indb 155 02/03/2015 03:34:34 p.m.


Edna Ovalle Rodríguez

Ruiz Cabrera, Carlos. (1990). Poder y lucha sindical en la uanl, 1949-1971. Monterrey.
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Salas Obregón, Ignacio Arturo. (2003). Cuestiones Fundamentales del Movimiento
Revolucionario. México: Huasipungo-Tierra Roja.
Vizcaya Canales, Isidro. (1988). Un siglo de Monterrey. Desde el Grito de Dolores hasta
el Plan de San Luis. Monterrey: Tiempo-Región.

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Ayer y hoy. La vida por un ideal
(Testimonio)

Antonio Orozco Michel*

E ste testimonio tiene por objetivo explicar porqué los jóvenes de las décadas
de 1960 y 1970 asumimos una posición política radical y porqué, poste-
riormente, conformamos organizaciones guerrilleras, como la Liga Comunista
23 de Septiembre. Para hacerlo, es menester situarse en ese contexto histórico y
enumerar, aunque sea sólo de manera general, algunos elementos que incidieron
en nosotros para llegar a la conclusión de que la toma de las armas constituía
el único camino posible en la dirección para lograr un cambio en las injustas
estructuras económicas, políticas y sociales en que nos encontrábamos.
Primeramente, es importante tener presente que en nuestro país el modelo
de Estado benefactor, surgido de la revolución mexicana, había llegado a su fin.
Que terminado el régimen cardenista y con la llegada de Ávila Camacho al go-
bierno de la república, se dio marcha atrás a un conjunto de reformas y decretos
gubernamentales, que en cierta medida habían beneficiado a amplios sectores
de la población. Por ejemplo, el reparto de tierras y junto con ello, la institu-
cionalización de la propiedad comunal mediante la forma de ejido. Al mismo
tiempo, la propia expropiación petrolera sufrió un retroceso cuando el gobierno
en turno, decidió restituir una parte de las áreas de explotación y producción
petrolera a las grandes compañías extranjeras y aumentar significativamente la
indemnización económica de aquellas empresas que efectivamente se habían
expropiado y de las que el Estado mexicano se hacía cargo a través de Pemex.
Aunado a esto, la creciente tendencia de la burguesía mexicana a invertir
sus capitales en la gran industria, significó un paulatino abandono del campo,

* Ex miembro del grupo de los Vikingos, del Frente Estudiantil Revolucionario (fer) y de la
Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Actualmente es miembro y cofundador del Co-
lectivo Rodolfo Reyes Crespo en Guadalajara. Es además autor del libro La fuga de oblatos.
Una historia de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Publicado por el Taller Editorial La casa
del Mago. Guadalajara. 2009.

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Antonio Orozco Michel

y por consiguiente, un deterioro de las condiciones de vida de millones de


campesinos que optaron por emigrar hacia las grandes ciudades o hacia Esta-
dos Unidos. Conformando en las primeras cinturones de pobreza y miseria,
en asentamientos urbanos carentes de los más elementales servicios; y en el
segundo de los casos, dando inicio al vía crucis del migrante, que en busca de
mejores condiciones para sostener a su familia llega al “otro lado”, sólo para
ser sometido a condiciones de vida y de trabajo absolutamente degradantes y
esclavizantes.

El control gubernamental de las organizaciones obreras,


campesinas y populares

Con la anuencia y hasta cierto apoyo de parte del gobierno se permitió la crea-
ción y conformación de sindicatos, confederaciones campesinas y centrales de
trabajadores, todo ello bajo el argumento de crear condiciones para plantear
de forma más ordenada y concreta las diversas demandas y peticiones de los
sectores de trabajadores hacia la clase patronal, aderezado desde luego en una
cantaleta machacona que exhortaba a mantener un clima de armonía social y
entendimiento entre los diferentes sectores de la producción y, desde luego,
dentro del marco estricto de lo que permitía la ley. Pero, al mismo tiempo, con
el propósito de la clase en el poder de mantener un absoluto control y dominio
político e ideológico sobre tales organizaciones, primero a través de la imposi-
ción de sus dirigencias, y posteriormente, incorporándolas a la estructura del
partido oficial, primero Partido Nacional Revolucionario (pnr), Partido de
la Revolución Mexicana (prm) y, posteriormente, al Partido Revolucionario
Institucional (pri).
A lo anterior se sumó, sin lugar a dudas, que en el plano internacional
y en un ambiente de preguerra ante la amenaza que significaba el fascismo, la
Tercera Internacional, por medio de su dirección, orientó e instruyó a todos los
partidos comunistas del mundo a establecer pactos y alianzas con los sectores
de las burguesías nacionalistas y progresistas para enfrentar dicha amenaza,
lo que tomó cuerpo en los Frentes Populares. En los hechos esto se tradujo
—cuando menos en México— en el abandono de las consignas y demandas
centrales contra el sistema capitalista y la entrega en brazos de la burguesía de
varios dirigentes, líderes y camarillas de partidos de izquierda. Situación que
evidentemente favoreció a la burguesía, que mediante la utilización demagógica
del discurso de la revolución mexicana, logró afianzarse aún más en el dominio
ideológico y político sobre las masas campesinas, obreras y populares del país.

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Ayer y hoy. La vida por un ideal (Testimonio)

Es importante subrayar que desde entonces la clase en el poder y todo


tipo de corifeos repetían hasta el hartazgo que los intereses de los patrones
y de los trabajadores eran exactamente los mismos. Por lo tanto, el discurso
oficial consistió en pregonar el progreso y el desarrollo del país, así como la
modernización a través de la industrialización, lo cual, en conjunto, generaría
mejores empleos.
Lo anterior sirvió de argumento a líderes oportunistas y convenencieros
que junto con sus partidos supuestamente de izquierda, conformaron corrientes
de apoyo a personajes pertenecientes al gobierno y al pnr, dado que, según ellos,
representaban el sector revolucionario dentro de éstos y por lo tanto habría que
brindarles todo el apoyo.

El contexto internacional

A todo lo anterior se sumó, sin lugar a dudas, que el Partido Comunista de la


Unión Soviética entre los resolutivos más importantes de su xx Congreso cele-
brado en febrero de 1956, presentó una nueva tesis en torno a la lucha de clases
en los países capitalistas, planteando la “Tercera Vía” (es decir la vía electoral)
como una alternativa más para la toma del poder por el proletariado y demás
sectores explotados, transitando pacíficamente del sistema capitalista al sistema
socialista. Además, concluyó que en esos contextos era posible la coexistencia
pacífica con los países imperialistas, abocándose pues a distender el conjunto
de contradicciones que provocaban constantes choques y confrontaciones en
varias regiones del mundo.

El carácter represivo y autoritario del régimen

El resultado de la aplicación de un conjunto de medidas gubernamentales re-


caló de forma directa en las condiciones de vida de amplios sectores del pueblo
trabajador endureciendo además el carácter autoritario del régimen.
La respuesta del gobierno hacia las justas y legítimas demandas obreras,
campesinas y estudiantiles no fue otra que, primero: la complicación de los
trámites burocráticos y la dilación por años de la resolución y respuesta de las
distintas dependencias gubernamentales hacia tales demandas. Y cuando esto ya
no fue suficiente para frenar y acabar con las luchas, protestas y manifestaciones
populares, entonces descargó de manera directa y brutal la represión policial y
militar en varios estados de la república mexicana, para ilustrar lo anterior sólo

159

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Antonio Orozco Michel

enumeraré las más significativas: La huelga de los estudiantes del Politécnico


y otras universidades del interior del país en el año de 1956; la huelga de los
trabajadores ferrocarrileros que demandaban mejores condiciones de trabajo,
particularmente el aumento salarial y la posibilidad de conformar un sindicato
independiente, alejado del corporativismo; la luchas de los maestros en 1963,
las de los médicos en 1965 y en ese mismo año el incremento de las luchas
campesinas contra los latifundistas, terratenientes y caciques sobre todo en los
estados de Guerrero y Chihuahua. Por último, la generalización de las luchas
estudiantiles tanto en el DF como en varias universidades, movimientos que
fueron sofocados y paralizados en la masacre del 2 de octubre en la plaza de las
Tres Culturas en Tlatelolco y el 10 de junio de 1971 en la Escuela Normal de la
Ciudad de México, represión conocida como halconazo.
A esto último, es necesario agregar que los regímenes burgueses imple-
mentaron y aplicaron una campaña sistemática y permanente de persecución
encarcelamiento, asesinatos y desapariciones forzadas contra un gran número
de líderes y luchadores sociales, por ejemplo: Rubén Jaramillo, líder histórico
que fue integrante del Ejercito de Sur comandado por Emiliano Zapata y du-
rante las últimas décadas de su vida se puso al frente de las luchas campesinas
y comunitarias, unas veces en el plano legal y otras con las armas en la mano.
Incluso en el momento de su asesinato había sido indultado por el gobierno
de Adolfo López Mateos, y sin embargo, fue detenido junto con su familia por
elementos castrenses disfrazados de campesinos en un operativo planeado y
coordinado (después se supo) por la policía judicial del Estado de Morelos,
para posteriormente, ser ultimados a un costado de las ruinas arqueológicas
de Xochicalco.
Carlos Ríos y Francisco Luján Adame, líderes de las luchas campesinas y
estudiantiles del Estado de Chihuahua, encabezaron junto con Arturo Gámiz
García y Pablo Gómez las luchas y demandas agrarias en el marco legal, durante
años acumulando expedientes tras expedientes en las oficinas de la reforma
agraria; cuando llevaron a cabo tomas de tierra para ejercer presión, ambos
fueron asesinados por pistoleros pagados por terratenientes y caciques de la
familia Ibarra, obviamente, en complicidad con el gobernador Giner Duran.
Genaro Vázquez Rojas, de igual manera dirigió durante años una lucha
en estricto apego a los marcos jurídicos y legales a través de la Asociación Cí-
vica Guerrerense (acg), demandó mejores precios en la compra de productos
agrícolas en la región, los terratenientes e intermediarios trataron de eliminarlo.
Caballero Aburto, gobernador del estado, aprobó la aniquilación del movimiento
a través del plomo —con la venía de los gobiernos de Adolfo López Mateos y
Gustavo Díaz Ordaz— desatando así una masacre en contra una manifestación

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Ayer y hoy. La vida por un ideal (Testimonio)

de ciudadanos desarmados en la Ciudad de Iguala. Mediáticamente, el gobierno


local responsabilizó de los hechos a los dirigentes de la acg, consecuentemente,
las policías locales los persiguieron y encarcelaron, principalmente a su gran
líder: Genaro Vázquez Rojas.
Por otra parte, la actitud de la izquierda reformista y tradicional ante
tales hechos, principalmente el Partido Comunista Mexicano (pcm), el cual
como consecuencia de las nuevas tesis emitidas en el xx Congreso del pcus,
asumió una actitud capitulacionista y de conciliación de clases con la burguesía
mexicana, renunciando a la instauración del socialismo a través de la lucha
revolucionaria, es decir, por la vía armada.
Todo lo anterior fue absolutamente inaceptable y ello quedó expresado
claramente en los análisis y conclusiones a las que llegaron los dirigentes revo-
lucionarios del momento: Arturo Gámiz García, Pablo Gómez, Genaro Váz-
quez Rojas, Raúl Ramos Zavala, Diego Lucero, Oscar González, Ignacio Salas
Obregón, Ignacio Olivares Torres, David Jiménez Sarmiento, Miguel Corral
García y Miguel Ángel Barraza, por citar a algunos de los más representativos
de quienes militamos en la Liga Comunista 23 de Septiembre y reivindicamos
como herederos y continuadores de sus planteamientos y posiciones políticas
e ideológicas.
Consecuentemente, el proyecto de la Liga Comunista 23 de Septiembre al
conformarse en marzo de 1973 como resultado de la fusión de diferentes grupos
político militares, se planteó superar la dispersión de los revolucionarios y con-
vertirse en el embrión del Partido y el Ejército Revolucionario del Proletariado,
el cual constituye un instrumento absolutamente indispensable y necesario en
la lucha de los explotados para derogar la dominación de la clase burguesa y
para la transformación revolucionaria de la sociedad.
Sin embargo, a 40 años de su constitución, la Liga Comunista 23 de Sep-
tiembre y, en concreto, los que pertenecimos a la tendencia de la Brigada Roja,
organización que a la postre sostuvo la actividad de la organización durante
ocho años, así como la publicación del Periódico Madera —propaganda con
tiraje de aproximadamente 40 mil ejemplares—, los cuales se distribuían en
diversos estados de la república y, cuya repartición costó la muerte de varios
compañeros, pocos tenemos la oportunidad de contarlo.
Algunos de los sobrevivientes (muy pocos por cierto) que no terminamos
como renegados, ni arrepentidos, ni mucho menos del lado del enemigo, somos
los que de alguna u otra manera hemos llevado a cabo un balance general del
proceso que nos tocó vivir como participes directos en la experiencia armada.
Algunos hemos elaborado ciertos análisis reflexivos y autocríticos con el propó-
sito fundamental de aportar nuestra experiencia, nuestras enseñanzas de dicho

161

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Antonio Orozco Michel

periodo a las luchas revolucionarias de nuestro pueblo y a los luchadores sociales


y militantes revolucionarios actuales y futuros. Ello, convencidos plenamente
de que no somos pasado y, sobre todo, seguros de que no tuviéramos nada que
aportar si no hubiéramos recorrido ese camino (solamente no se equivoca quien
no hace nada), sólo en la mente obtusa y estrecha de los arrepentidos y quebrados
cabe la idea de que la sangre vertida por cientos de compañeras y compañeros
en las calles y montañas de nuestra patria fue en vano.
Por lo anterior, reclamamos nuestro lugar en la historia como parte de
las luchas de nuestro pueblo por su liberación definitiva, lugar que nos ha sido
negado y no sólo por los representantes de los intereses de los poderosos, sino
además, por algunos intelectuales y distorsionadores de la historia quienes
obligados por las pruebas de los crímenes cometidos por el régimen burgués en
contra de las luchas populares de entonces, sólo aceptan mencionar la masacre
del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971 y eluden referirse a la lucha
armada que como resultado de tales acciones desarrollamos miles de jóvenes
revolucionarios a lo largo y ancho del país por un poco más de dos décadas.
Primeramente, quiero subrayar que la utilización de la violencia por
parte de la izquierda revolucionaria de entonces y de la Liga Comunista 23
de Septiembre, en particular, está absolutamente legitimada ante las acciones
criminales de los regímenes priístas como anteriormente se aludió. Represión
ejercida contra las justas luchas y demandas de los oprimidos, respondiendo
con la misma estrategia represiva: asesinatos, cárcel y desapariciones.
Sin embargo, tuvimos y tenemos que reconocer que en el análisis de la
situación de la lucha de clases en México, del nivel que habían adquirido las
luchas de los diversos sectores y movimientos, del estado de ánimo que privaba
al seno de tales luchas, que fue apreciado de manera errónea como una situación
pre-insurreccional, producto de una visión subjetiva y por lo tanto irreal, sobre
todo en la correlación de fuerzas entre la burguesía y sus aliados por un lado,
y las masas proletarias y sus aliados por el otro.
Lo anterior nos condujo de forma directa al diseño y elaboración de una
táctica y una estrategia totalmente errónea, al abocarnos a la consolidación
del Partido y el Ejército Revolucionario del proletariado, a la par que nos
planteamos desarrollar una actividad militar de vanguardia mediante un
hostigamiento y un desgaste del estado burgués y en particular de sus cuerpos
policiacos y militares. Lo que nos plantó de inmediato en choque frontal con
dicho aparato.
Los errores y desviaciones en que (reconocemos) incurrimos como or-
ganización no podemos atribuirlas a otro factor que no sea a la incomprensión
y escasa asimilación de la teoría marxista-leninista, al de haber interpretado a

162

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Ayer y hoy. La vida por un ideal (Testimonio)

esta de manera dogmática y sobre todo, el de haber querido trasladar y aplicar


de manera mecánica las experiencias de otras revoluciones y las situaciones de
las luchas de otros pueblos a la situación del país, el de haber tomado como
elementos generales y dominantes en nuestro análisis, factores aislados y par-
ticulares para concluir de manera equivocada que la guerra civil revolucionaria
la teníamos a la vuelta de la esquina.
Cierto fue que nuestro mayor esfuerzo como organización estuvo dedicado
a mantener con vida y circulando el periódico Madera, que éste como nuestro
órgano central lo consideramos un instrumento, propagandístico, agitador y
organizador colectivo. Sin embargo, el contenido de sus artículos y el carácter
de nuestras consignas y orientaciones hacia los trabajadores y nuestras acciones
militares no fueron en su mayoría aceptadas y por lo tanto acatadas por los
trabajadores, que éstas en lugar de generar conciencia política, conciencia de
clase como ingenuamente lo esperábamos, generaron recelo y desconfianza y,
en no pocas ocasiones, un absoluto rechazo.
A poco tiempo de habernos conformado como organización guerrillera y
de haber expuesto más o menos de manera ordenada y sistematizada nuestros
planteamientos y objetivos, nos vimos aislados y al margen de las luchas de las
masas. En lugar de abocarnos a una labor de construcción organizativa al seno
de ellas y en lugar del desarrollo de una actividad dirigida a elevar de manera
efectiva su nivel de conciencia política, en otras palabras, en lugar de ganarnos
el corazón y la mente de nuestro pueblo, que de lograrlo se hubiera traducido
realmente en una fuerza invencible.1
Quedamos expuestos ante una contraofensiva rabiosa e implacable del
régimen burgués que aplicó una guerra de exterminio total en contra de la Liga
Comunista 23 de Septiembre, que hoy se le conoce como operación “Rosa de
los vientos”. Estrategia militar que siguió los lineamientos del imperio estado-
unidense, desencadenando así, un genocidio en contra de las luchas sociales y
revolucionarias del continente. Decisión y acción violatoria de los tratados y
compromisos contraídos en el plano internacional en materia de respeto a las
garantías individuales —respaldadas por la propia constitución— y la violación
sistemática y generalizada de los derechos humanos de los guerrilleros detenidos,
de sus familiares y amigos. Una estrategia en donde decenas y decenas de com-
pañeras y compañeros fueron torturados hasta la muerte y cientos más fueron
mantenidos prisioneros durante años en cárceles clandestinas, por ejemplo, los

1
En este aspecto no podemos dejar de reconocer que los compañeros de las fln tenían razón
cuando rechazaron ser parte del proyecto y se abocaron a la construcción en silencio de su
fuerza.

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Antonio Orozco Michel

sótanos del campo militar número uno, lugar al que después de ingresar fueron
desaparecidos. Otros fueron aventados al mar desde el conocido “avión de la
muerte”, cuya base se encontraba —según testimonios militares— en la base
militar de Pie de la Cuesta en Acapulco, Guerrero.
Sin embargo, es importante puntualizar que a pesar de los errores cometi-
dos por causas concretas tienen una explicación. La inmensa mayoría de jóvenes
que integramos las filas de la guerrilla y en particular las de la Liga Comunista
23 de Septiembre fuimos y algunos seguimos siendo hombres y mujeres abso-
lutamente íntegros y revolucionarios, seguimos al lado de las luchas de nuestro
pueblo, tratando de aportar y seguir aprendiendo de tales luchas.
Que nadie, absolutamente nadie nos puede regatear que surgimos rom-
piendo y deslindando campos políticos e ideológicos con aquellos que desde
entonces propugnaban la nauseabunda conciliación entre los antagónicos inte-
reses entre los explotados y los explotadores, entre la burguesía y el proletariado.
Algunos de los cuales, siguen ahí autonombrándose luchadores de izquierda,
siendo en los hechos, aliados de la oligarquía y vendiendo sus servicios por un
plato de lentejas.
Nadie puede negar que en diversos enfrentamientos militares en con-
tra de los cuerpos policíacos y castrenses, en los momentos de agonía en las
mesas de tortura a manos de nuestros verdugos cientos de compañeras y
compañeros, fuimos consecuentes hasta el final, es decir, fuimos consecuentes
con nuestras planteamientos radicales y nos morimos en la raya convencidos
plenamente de nuestros ideales y reafirmando nuestra determinación de no
ceder ante el enemigo ni un centímetro, y no porque no apreciáramos la vida
y nos influenciara una mentalidad de mártires, como algunos historiadores
identificados con el sistema nos han querido atribuir, sino, nuestra firmeza
y convencimiento pleno de que la lucha de clases entre los que se encuentra
arriba y los que nos encontramos abajo es definitivamente a muerte, muy a
pesar de los cantos y rezos de la lucha pacifista y electorera que se repitieron
y se siguen repitiendo en la actualidad, llegando incluso a la desfachatez de
reivindicarse como admiradores de Ricardo Flores Magón.
Los enemigos de nuestro pueblo, nuestros enemigos y verdugos de entonces
siguen ahí y solamente los muy miopes o ciegos intencionales pueden dejar de
atribuirles la total responsabilidad en la catástrofe y tragedia económica política
y social en la que nos encontramos como sociedad y como país.
Nadie puede negar que esos son los responsables del saqueo y entrega de
las riquezas nacionales a los intereses extranjeros de las transnacionales, y que a
la par, han conducido a amplios sectores de la población a la pobreza y miseria
más indignante y, que además algunos de aquellos que estuvieron al frente de las

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Ayer y hoy. La vida por un ideal (Testimonio)

grupos paramilitares como la Brigada Blanca y la dfs, terminaron vinculados a


los carteles del narcotráfico o actividades delictivas como el robo de vehículos
en Estados Unidos para venderlos aquí en nuestro país.
Finalmente, no puedo dejar de mencionar y destacar que efectivamente,
entramos a un juego de suma cero, lo queríamos todo o no queríamos nada.
Entendimos que la búsqueda de una transformación revolucionaria tenía y tiene
que ser a fondo y que no queríamos, como tampoco hoy lo queremos, algunos
de quienes seguimos respirando de aquella experiencia, un remozamiento del
sistema capitalista que deje intactas las injustas estructuras de explotación y
de injusticia que lo caracterizan, lo que no vamos a poder desmantelar sino
es con la participación de millones o lo más seguro de cientos de millones de
habitantes de los pueblos hermanos del continente dado que nuestro principal
enemigo es el imperialismo estadounidense y los gobernantes lacayos que
mantiene a su servicio.
Que en la realidad que vivimos como país en medio de la tragedia eco-
nómica y social en que vivimos la inmensa mayoría, se agrega un terrorífico
clima de violencia e inseguridad creado y promovido de manera intencional por
los actuales gobiernos tanto panistas como priistas que fieles a los dictados del
imperialismo gringo bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico y las
organizaciones criminales que lo controlan aplican e implementan a diario un
plan de contrainsurgencia diseñado y financiado casi en su totalidad por este.
Que nadie que tenga un mínimo de capacidad de razonamiento puede
dejar de ver que el gobierno títere en turno, impone de forma cínica y autoritaria
las actuales contrarreformas a la constitución para abrir totalmente las puertas
al saqueo y la depredación por parte de la empresas transnacionales, de lo que
queda de nuestras riquezas naturales y energéticas comprometiendo gravemente
con el propio futuro como nación.
Quienes seguimos reivindicando la posibilidad de un mundo nuevo, que
a pesar de las amargas experiencias en el plano internacional, seguimos con-
vencidos del ideal socialista. Que tendrá que ser un socialismo a la mexicana,
apegado a nuestras condiciones y nuestra idiosincrasia y cultura como pueblo.
Que en ese cometido junto con otras y con otros dedicamos nuestro
esfuerzo en el presente a la construcción y conformación de una fuerza po-
pular organizada de izquierda anticapitalista y desde abajo, es decir en cada
comunidad, en cada fabrica, en cada escuela en cada barrio y colonia buscando
coincidir y converger con todos aquellos arroyuelos de lucha de nuestro pueblo
que estamos convencidos plenamente que cuando este adquiera las dimensiones
de un verdadero caudal de conciencia y digna rabia nada ni nadie lo detendrá.

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre
en Guadalajara, Jalisco

Laura G. Gómez Santana


Bertha Lilia Gutiérrez Campos*

E l Movimiento Estudiantil de 1968 en México tuvo como resultado la apari-


ción de grupos armados en diversos lugares del país, algunos jóvenes respon-
dieron a la violencia del Estado y sus instituciones con acciones violentas. Fue
así que el 15 de marzo de 1973 se fundó la Liga Comunista 23 de Septiembre en
la ciudad de Guadalajara, la cual congregó a distintas agrupaciones de izquierda
y de corte político-militar, procedentes de Chihuahua, Durango, Jalisco, Nuevo
León y Sinaloa, entre otros estados.
En este artículo se pretende reconstruir la memoria de una sobreviviente
de la guerra sucia de los años setenta, con el objetivo de comprender el papel
de las mujeres en la lucha, que generalmente ha sido invisibilizado, debemos
considerar que sin ellas no hubiera sido posible ningún movimiento social.
Para explicar la decisión y la acción de ella hay que partir del entorno familiar
y barrial, posteriormente, revisar su formación profesional. Ello nos permite
explicar el por qué de su participación en una de las agrupaciones clandestinas
que surgieron en el México hace 40 años: la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Recuperar desde el quehacer cotidiano de las exguerrilleras sus aporta-
ciones al movimiento social es importante, no sólo aquellas narraciones de los
relatos oficiales, sino también sus actitudes profundas y afectuosas; es necesario
conocer las narraciones de esos seres humanos íntegros.1 Este es el caso de Ber-
tha Lilia Gutiérrez Campos, exmiembro de la Liga —coautora de este escrito—.
Estamos seguras que su testimonio nos dará la pauta para rescatar cómo fue la
inclusión de las mujeres en la lucha social de los años setenta, con base en sus
relaciones más íntimas y significativas.

* Universidad Pedagógica Nacional-Unidad Guadalajara, Jalisco.


1
Stanley, Jo. (2008). “Incluir los sentimientos: darse a conocer a uno mismo”. en Necoechea
Gracia, Gerardo y Pablo Pozzi. (2008). Cuéntame cómo fue: Introducción a la historia oral.
Buenos Aires: Imago Mundi. p. 120.

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

A través de su testimonio político-personal pretendemos rescatar una parte


de la historia, porque es importante dar a conocer desde otra óptica la actuación
de las mujeres en la guerrilla urbana, y más aún, romper con los estereotipos y
estigmatización que se han forjado alrededor de ellas.
Por lo tanto, es necesario ampliar la visión que se tiene de las exguerri-
lleras para entender la pluralidad y la diversidad de estratos sociales a los que
pertenecían y de los roles que tuvieron las mujeres en esa época; ellas procedían
de diferentes contextos, ya que provenían tanto de la clase media como de la
trabajadora, algunas eran estudiantes universitarias, otras, profesoras norma-
listas, y otras más eran recién egresadas de la secundaria o estaban cursando
la preparatoria. Asimismo, se entiende que eran madres, esposas, hermanas,
hijas, tías o primas. A todas ellas dedicamos este artículo para reconocerlas y
honrarlas.

Las mujeres en el Frente Estudiantil Revolucionario (fer)

A partir de la matanza de 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, se dio un cambio


en la constitución de los movimientos estudiantiles, en las instituciones de
educación media y superior, así como la proliferación de partidos políticos de
izquierda.
El contexto internacional permeó a las organizaciones estudiantiles y lo-
cales. Miguel Topete en “Origen y desarrollo del fer” menciona que “las ideas
revolucionarias (…) en síntesis se resumían en el planteamiento de la lucha
armada como única alternativa para la liberación de los pueblos”.2
No es raro que muchos de los que no vivieron ese momento histórico
piensen que las acciones de estos jóvenes eran ingenuas, temerarias o románticas,
producto de la visiones que tenían de las revoluciones de Cuba, urss y China
que recientemente habían triunfado; sin embargo, fue más que eso, las ideas
revolucionarias fueron retomadas como resultado de la represión militar que
vivieron los estudiantes y de la muerte de sus compañeros. “Esta era la única
alternativa de participación política para los movimientos revolucionarios en
aquel momento”. ¿Por qué tendrían que llegar los jóvenes a las armas y a la clan-
destinidad para defender sus ideales? como bien apunta Miguel Topete sobre lo
que en realidad significó el movimiento del 68: “sacudió a un país autoritario,
hipócrita, mortecino y encerrado en sí mismo”.

2
Topete, Miguel. (2012). “Origen y desarrollo del fer”. en Topete, Miguel, et.al. coords. Memoria
Guerrillera, represión y contrainsurgencia en Jalisco. Guadalajara: Grietas Editoriales. p. 27.

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

Estos cambios sociales y políticos de la década de los setena provocaron


que participaran más activamente las mujeres. Con base en el análisis socio-
histórico, se puede saber sobre la diversidad de roles que jugaron en esta época.
Como refiere Macrina Cárdenas, las mujeres en los setentas dieron la batalla
desde diferentes trincheras, ya fuera aquellas que “rompieron los esquemas
tradicionales de la sociedad y se incorporaron a los movimientos armados
luchando hombro con hombro en el mismo plano que los hombres”3 y las
que posteriormente se organizaron en comités para la defensa de los derechos
humanos de los presos políticos y su liberación; asimismo para la búsqueda de
los militantes desaparecidos.4
Antonio Orozco sostiene que en esta tarea:

fueron determinantes nuestras madres, la de Enrique Pérez Mora, doña Mariquita y


la mía, y aquí quiero hacer un paréntesis para referirme no sólo a ellas, sino a todas
aquellas madres de revolucionarios que sufrieron la pérdida de sus hijos muertos
en combate, o lo que es peor, desaparecidos o torturados hasta morir. Solamente
una madre que ama a sus hijos puede imaginar el enorme sufrimiento que ellas
sintieron durante toda su vida, por esa pérdida, que por lo general eran los mejores
hijos, los más estudiosos, los más trabajadores, los más cariñosos, los más humanos.5

Las madres en el barrio con sus familias tenían la ilusión de que sus hijos se
prepararan en la escuela y asistieran a la universidad. Sin embargo, esas ilusiones
se convirtieron posteriormente en la angustia de encontrar a sus hijos y esposos,
asesinados o detenidos-desaparecidos.
Estas madres cuestionaron al Estado y enfrentaron al poder autoritario,
“Doña Chavelita” Cuevas, madre de Efraín González Cuevas, “El Borrego”,
cuenta que al reclamar el cadáver de su hijo, asesinado por el ejército, un fun-
cionario de la pgr le dijo: “no sé qué decirle señora, me avergüenza estar frente
a usted, siquiera su hijo tenía un ideal, pero nosotros cuál, ni eso tenemos”. A lo
que Chavelita repuso: “claro que si licenciado: el de matar”.

3
Cárdenas Montaño, Macrina. (2006). “La participación de las mujeres en los movimientos
armados” en Movimientos armados de México, siglo xx, vol. II, El Colegio de Michoacán,
ciesas, p. 613.
4
Queremos hacer una mención especial a las Señoras: María Isabel Román de Mayoral quien
falleció el 26 de agosto de 2012. Ella fue una “doña”, guerrera y digna, ejemplo de lucha. Otra
mujer sobresaliente fue Doña Mariquita Mora de Pérez, madre de Enrique Pérez Mora, quien
murió recientemente, la lista es muy amplia, sería imposible nombrarlas a todas.
5
Orozco Michel, Antonio. (2009). La fuga de Oblatos. Una historia de la LC23 de Septiembre,
Guadalajara, Taller Editorial Casa del Mago. p. 86

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

Imposible referir anécdotas de cada una de ellas en este escrito. Fueron


muchas las tareas y roles que asumieron, las constantes visitas a la cárcel, tal
como lo narra Toño Orozco:

así las veía en la fila para ingresar a la Penitenciaría de Oblatos, con sus bolsas
de comida, solidarias, porque no sólo era la comida para el hijo, sino además para
compartir, hasta donde su precaria situación económica les permitía. La ropa
limpia, el libro encargado y muy oculta entre sus pertenencias la carta del correo
clandestino, incluyendo de vez en cuando el último periódico Madera y en una
ocasión muy especial, con la osadía de que sólo el amor incondicional es capaz:
las pistolas que habrían de contribuir a la fuga de esa prisión, al fondo de una
olla de pozole o de caldo de res.6

¿Cómo negar al hijo esa oportunidad de liberarse para continuar con su lucha?
Al respecto Bertha Lilia recuerda:

En el barrio de San Andrés recreó la manera en que nos ofrecían algo de comer, el
vaso de agua, sus buenos deseos, su afecto y su apoyo permanente. Con ese ejemplo
crecimos. De la niñez a la juventud el barrio cobijó amistades y amores. Algunas
mujeres nos involucramos, en mayor o menor medida en ese movimiento, ¿quién
puede calificar grados, cuando el riesgo era casi el mismo? Advertimos, cómo se iba
gestando la inconformidad, la exclusión, la represión, la injusticia. Con Los Vikingos
conocimos la osadía, el temple del guerrero y no sólo aprendimos de ellos, sino que
hicimos nuestras propias aportaciones como mujeres.
Recuerdo con tristeza que esos espacios que debieran ampliarse en la participación
política, por el contrario, se fueron restringiendo. Los Vikingos, en un claro intento
por sacudirse la etiqueta de pandilleros, se asumieron como Juventudes Juaristas,
organizaron campañas de alfabetización, reforestación, etc., pero todo fue en vano,
resultaron excluidos de la política partidista local.7

En cuanto al ámbito universitario, muchos de Los Vikingos eran estudiantes


de preparatoria y se perfilaban como opositores del grupo hegemónico, la Fe-
deración de Estudiantes de Guadalajara (feg):

6
Orozco Michel, Toño. (2009). La Fuga de Oblatos. Guadalajara: Taller Editorial la Casa del
Mago. p. 29
7
Para distinguir en el texto los fragmentos del testimonio de la Maestra Berta Lilia Gutiérrez
Campos hemos optado por señalarlos con una sangría y en cursivas. En adelante, todos los
testimonios tendrán el mismo formato. Las autoras.

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

hubo varias compañeras que participaron con Los Vikingos en algunas prepara-
torias donde hubo candidatos a presidentes o vicepresidentes de las sociedades de
alumnos: Rosa María González Carranza y Martha Estrella Macías Rivera, entre
otras, en la Prepa 4.

Pese a que Los Vikingos buscaron un espacio, éste no fue posible, ya que el siste-
ma de candidato único de la feg no permitía la menor negociación. Asimismo,
ellos se habían ganado el rechazo de una gran parte del estudiantado por sus
prácticas gansteriles empleadas para ejercer el control absoluto. Como producto
de lo anterior, el fer nació con el propósito de democratizar la Universidad de
Guadalajara. Retomamos las palabras de Ramón Gil Olivo para describir cómo
estaba integrado el fer:

Eran Los Vikingos, junto con otras pandillas o grupos de barrios como: Analco,
Santa Teresita, San Onofre, las colonias Morelos y del Fresno, incluso la colonia
Chapalita que era residencial, etc. Todos con experiencia en autodefensa de su
territorio. Otro grupo importante era llamado “El Núcleo”, encabezado por los
hermanos Campaña López, provenientes de la Juventud Comunista (Derecho),
con René Delgado (Ciencias Químicas), Manuel Rodríguez Moreno “Clark”
(Administración y Comercio) y Felipe Zermeño (Economía).

Gil Olivo describe un hecho que sería decisivo:

El 28 de septiembre de 1970, el Comité Coordinador del fer decidió que al día


siguiente (29), harían una marcha- mitin en el campus conocido como Politécnico.
Recorrieron varias escuelas y en la última, repentinamente irrumpieron varios
automóviles con miembros de la feg, encabezados por su presidente, disparando
hacia los congregados en el mitin. Hubo varios heridos y tres muertos. Entre los
heridos se encontraba Medina Lúa, quien fue llevado por miembros del fer a una
clínica médica, (debido a que sus compañeros lo abandonaron). A petición del go-
bernador Medina Ascencio, el presidente Díaz Ordaz envió un avión especial para
trasladarlo al Hospital Militar de la ciudad de México, donde murió un mes después.
Es necesario recordar que la Universidad de Guadalajara fue la única del país que
no manifestó su apoyo al movimiento estudiantil en la Ciudad de México, después
del 2 de octubre de 1968, ya que fueron reprimidas violentamente las iniciativas
que surgieron en torno a ese acontecimiento.

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

Al respecto Bertha Lilia nos dice:

La primera guardia ante el ataúd (del presidente de la feg) fue montada por dos
jefes militares, el gobernador y el rector de la Universidad de Guadalajara, Ignacio
Maciel Salcedo, lo que da una idea de las fuerzas coludidas en apoyo a la “mafia”
fegista, que se desataron en contra del fer. La prensa tergiversó los hechos (las
víctimas quedaron como victimarios y viceversa). Dio inicio una cacería contra los
miembros del fer y tuvimos así los primeros presos políticos. Muchos compañeros
se vieron obligados a dejar la ciudad, mientras que otros se reorganizaron en la
clandestinidad. Se intensificaron las razzias en los barrios y los enfrentamientos
(armados) fueron constantes en las calles de la ciudad.

El Comité Coordinador del fer se mantuvo activo desde la clandestinidad,


llevando a cabo una intensa actividad de propaganda. Organizó brigadas que
tapizaron la ciudad con el símbolo de la organización: un puño rojo y un lema
“Donde hay opresión hay resistencia”, y otro, con una mano señalando al lector
con el reclamo: “¿Tú qué has hecho por defender los ideales por los que tus
hermanos han dado la vida?”
Un líder de Los Vikingos fue aprehendido y otros se alejaron del mo-
vimiento. Quedó en ese lugar Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, de 19 años,
dirigente natural, de gran claridad política. Con él a la cabeza y los dirigentes de
“El Núcleo” antes mencionados, rápidamente el fer cobró fuerza, pero también
conciencia de que estaban enfrentando a un enemigo mayor: al Estado con
todos sus aparatos represivos.
En un manifiesto el fer denunció la persecución encarnizada a sus diri-
gentes, tortura y secuestro para sus militantes, en las propias oficinas de la mafia,
además se ametrallaban domicilios de estudiantes. La feg actuaba como grupo
paramilitar, con toda impunidad. Producto de esa situación fue el asesinato de
Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, el 23 de noviembre de 1970. Hecho que vino
a radicalizar ese movimiento que paulatinamente dejaba de ser estudiantil para
convertirse en movimiento armado con tendencia socialista.
Con una gran cantidad de militantes etiquetados como “fuera de la ley”,
el fer inició una dinámica de la cual ya no habría retroceso. Para entonces el
fer disponía de más de sesenta células ubicadas en los sectores estudiantil,
obrero y popular a las que faltaba organizar y dar preparación. Una sed de
lectura contagiaba a la mayoría de sus elementos. En ese momento, se pasa de
los volantes sueltos a formas de propaganda más formales, en un esfuerzo por
desarrollar y difundir la teoría.

172

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

A estas alturas, ustedes se preguntarán: ¿y las mujeres del fer cómo par-
ticipaban?

Permanentemente las mujeres estábamos en la elaboración de propaganda, con


mucha iniciativa y creatividad: redacción y transcripción de volantes en hojas de
papel cebolla (copias al carbón), engomados de cinta canela, plantillas para pintar
con spray, marcador para escribir en espejos, baños y butacas, asientos de camiones
y aparadores”.

En los momentos de repliegue, que fueron muchos, las mujeres encabeza-


ron algunas actividades: por las noches, con los compañeros al volante, pintaban
bardas que previamente habían sido detectadas durante el día,

Íbamos a las gaseras a pintar camiones urbanos que circulaban por toda la ciudad y
fueron nuestros mejores propagandistas de muy diversas consignas para reivindicar
el movimiento: “feg asesina”, “fer =dignidad”.

La compañera Rosa María González Carranza dice que

De pronto la vida ya no volvió a ser la misma, porque nuestros amigos ya no


podían ir a la escuela y nuestros enemigos ahí estaban y se habían multiplicado…
En el ambiente estudiantil nos quedamos solas, Oli, Estrella y yo, tres amigas
que ahora teníamos el deber de seguir la lucha en nuestro ámbito, de visitar a los
compañeros que teníamos en el penal de Oblatos y sobre todo de aprender a hacer
volantes, pintas, mítines relámpago, e incluso enfrentarnos con ‘los Gorilas’, los
cuales bajo los zarapes tenían las metralleta.
Creo que ya habíamos aprendido de nuestros compañeros a ser valientes. En
estos momentos fue necesario que las mujeres asumieran un papel protagónico
y fue así, cuando apareció la figura de Bertha Lilia Gutiérrez Campos en el fer
ante el desconcierto del asesinato de uno de sus dirigentes, Arnulfo Prados
Rosas, quien también fuera su novio. Fueron estos tiempos difíciles para todos
y todas, las madres de nuestros compañeros también participaban en activi-
dades como pintas, elaboración de propaganda y correo con los compañeros
presos políticos.8

8
González Rosa, María. (s.f.). “Una historia de vida envuelta en color Azul”. en. Aguilar Terrés,
María de la Luz. ed. Memorias del Primer Encuentro Nacional de Mujeres Ex guerrilleras.
México: s/e. p. 60.

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

En las universidades se dieron cuenta de la eficacia de la difusión política


de sus demandas a través de brigadas estudiantiles, y a partir de los mítines re-
lámpago, la creación de comités de lucha en el que asumían la representatividad
del movimiento estudiantil y del magisterio.9
La lucha abierta del fer fue muy efímera, pronto entró en una etapa de
repliegue, luego de que la represión marcara esa pauta. Entonces, dio inicio
el paso a la clandestinidad, donde sólo podía saber de la brigada a la cual se
pertenecía y de su responsable, quien mantenía el contacto con otras células y
con la dirección.

Conocí dos o tres brigadas de mujeres, supongo que había más, principalmente
integradas por hombres y algunas debieron ser mixtas. La nuestra se llamaba
Mujeres Proletarias.

Las Brigadas Femeniles, en particular la de Mujeres Proletarias, integrada por


cuatro o cinco jovencitas, organizaban tardeadas para recabar fondos para los
gastos de la propaganda del fer:

Antes de los eventos, vendíamos casi todos los boletos de entrada; las hacíamos por el
rumbo donde vivíamos todos, en el sector Libertad o Reforma, en casas grandes que
nos prestaba gente conocida; el día de la tardeada se bailaba, se vendía la bebida;
empezaban a las 5 de la tarde y terminaban entre 10 y 11 de la noche.

Con ese dinero se compraba papel imprenta por kilos y esténciles, tinta para el
mimeógrafo, rollos para engomados, hojas de papel cebolla y papel carbón para
diseñar volantes en el que se difundían los hechos de represión hacia el fer:

la prensa desinformaba o mal informaba, nosotros dábamos nuestra versión de los


acontecimientos.

Además las mujeres realizaban funciones de correo entre los presos políticos y
los compañeros del exterior:

En una ocasión, junto con los compañeros, nosotras nos encargábamos de reunir
material hemerográfico para formar un expediente, muy amplio, de todos los hechos

9
Flores, Óscar. (2006). “Del movimiento universitario a la guerrilla”. En Oikión Solano, Verónica
y Marta Eugenia García, Ugarte. (coord.). Movimientos armados de México, siglo xx. vol. II.
Zamora: El Colegio de Michoacán-ciesas. p. 463

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

delictivos llevados a cabo por la feg, para lo cual acudimos a la hemeroteca de la


Biblioteca Pública del estado de Jalisco.

Este expediente se conformó con transcripciones de las notas policíacas de los


periódicos de mayor circulación en Guadalajara:

Revisábamos El Informador, El Occidental y sobre todo el Sol de Guadalajara,


considerado un periódico amarillista. Esta documentación era solicitada por com-
pañeros que tuvieron que salir a la capital del país; tenía el propósito de demostrar
la impunidad de la feg y la falsedad de lo que circulaba en la prensa, pese a “que
la feg era una agrupación de socialismo teórico y pistolerismo práctico”.

En los momentos de mayor repliegue del movimiento estudiantil, las mujeres


se convirtieron en la cara visible del fer: “había tal activismo que todas las
iniciativas eran bienvenidas y nosotras también participábamos en la toma de
decisiones, no sentí ninguna desventaja de género”.10

¡No los podemos dejar abajo!

En el barrio de San Andrés creció Bertha Lilia Gutiérrez Campos, exguerrillera


que participó en La Liga Comunista 23 de Septiembre en la década de los setena.
Esta zona albergaba a migrantes del campo, principalmente por su ubicación en
la periferia de la capital de Jalisco. En esa zona se instalaron familias de obreros
y comerciantes porque las rentas eran bajas.11 En ese entonces, se vivía en un
entorno de apoyo y solidaridad entre los vecinos:

A los más pobres ¡No los podemos dejar abajo!, cuándo se podía compartíamos la
comida, los quehaceres cotidianos y hasta los viajes y paseos.

En un ambiente de tranquilidad se desarrollaron los primeros años de Bertha,


o “Tita” como su familia y amistades la llaman, quien recuerda que “todos nos
cuidábamos”. La convivencia entre los habitantes de San Andrés era de fami-
liaridad y hospitalidad, lo que nos da la idea de que los valores de la casa: el

“Intervención de Bertha Lilia Gutiérrez Campos”. en. Aguilar. Terrez- (s.f). Op. Cit. pp. 72-73.
10

Gamiño Muñoz, Rodolfo y Mónica Patricia, Toledo González. (2011). “Origen de la Liga
11

Comunista 23 de Septiembre”. en Revista Espiral. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.


vol. XVIII. No. 52. septiembre-diciembre. p.3.

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

respeto, el aprecio y el apoyo, trascendieron sus muros. De esta manera se fue


construyendo una identidad con base en el espacio y las relaciones más cercanas,
como el entorno familiar y con los vecinos. La vida de los niños trascurría en
la casa, las calles, la escuela, la plaza y la iglesia.
Los padres de Bertha provenían del medio rural: su mamá de El Teúl,
Zacatecas y su papá de Arandas, Jalisco, quien fue obrero de la fábrica cydsa
(Celulosa y Derivados S.A.), a quienes recuerda como unos padres cariñosos.
También convivía con sus hermanos, primos y amigos, practicaban juegos de
mesa, alquilaban cuentos comics y pagaban por ver la televisión:

El barrio era muy seguro. La gente muy hospitalaria, tenían valores del medio rural,
cuidaban las casas y a los niños que jugaban en la calle. Era un ambiente muy cálido
y entre los vecinos nos sentíamos cobijados.

La escuela era un lugar que a Bertha le gustaba mucho, “era mi mundo


feliz”. Este espacio tenía una estructura que le permitía sentirse segura, y en el
que podía socializar, jugar y aprender:

Me gustaba mucho la escuela, había que aprobar, para lo que tenías que aprender,
era muy esmerada, mi mamá se refería a mí como que me gustaba leer.

En su casa no había libros:

los cuentos del puesto de revistas eran el material al que teníamos acceso, leíamos
de todo tipo, esta fue mi primera incursión a la literatura, ya que en casa sólo había
libros técnicos de mi papá y revistas de mi mamá.

En los barrios las festividades escolares eran eventos muy importantes. La


escuela era un espacio de convivencia de los maestros, alumnos y padres de
familia, en estos eventos los niños eran preparados en declamaciones y bailes
tradicionales.
A los 12 años, Bertha asistió a la Secundaria para señoritas No 1, en el
turno vespertino, ahí coincidió con una amiga de San Andrés que provenía de
la misma escuela del barrio; esta muchacha siempre la incluía en actividades
escolares fuera del aula: la banda de guerra y en las actividades deportivas.
Un suceso significativo fue cuando en la secundaria un grupo de mucha-
chas acosaron a una de las compañeras en el baño, por primera vez escuchó la
palabra comunista, “¿qué es eso?”, se preguntó. Sólo entendía que era algo que
se debía de rechazar y atacar:

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

Existía un prejuicio sobre los seguidores de esta ideología, creo que había un prejuicio
sobre el mismo término, dudo mucho que ellas supieran qué significaba”. Posible-
mente porque Xóchitl, la joven que fue atacada, era hermana de Cuauhtémoc, quien
había estudiado en Rusia, en la Universidad Patrice Lumumba: a ella asistía gente
de América Latina, se estudiaban ciencias, humanidades, letras, etc. Además de la
carrera que cursaban también los formaban ideológicamente.

El Gobierno de la Unión Soviética en 1960 fundó la Universidad de la Amistad


de los Pueblos Patrice Lumumba en honor del luchador social por la libertad
de los pueblos africanos y héroe de la independencia del Congo Belga. Esta
institución tenía como objetivo albergar y educar gratuitamente estudiantes
internacionales en ciencias exactas y sociales, especialmente provenientes de
países del Tercer Mundo: África, Asia y América Latina. A partir de 1991 se
denomina Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos.
Desde los años sesenta el Tercer Mundo se convirtió en la esperanza de
quienes seguían creyendo en la revolución social, porque “parecía un volcán
esperando a entrar en erupción o un campo sísmico cuyos temblores anunciaban
el gran terremoto que habría por venir”.12
Al término de la secundaria decidió inscribirse en la Escuela Normal de
Jalisco. Su interés por ser maestra se debió a que

Admiraba a mis maestras, era una imagen ideal. Todas eran buenas maestras,
revisaban las tareas, nos llamaban por nuestros nombres, era una relación más
cercana.

Sin embargo, en la Normal, la política estaba en las manos de los hombres, la


participación de las mujeres se restringía a buscar alianzas y votos para sus pa-
rejas, amigos o familiares como representantes estudiantiles. En ese entonces,
los miembros del comité pactaban con el gobierno del estado y la feg, con el
objetivo de obtener plazas de maestros para los egresados a cambio de mantener
el control de los alumnos.
El paso por la Normal, más que la participación política:

Me dejó la necesidad de servir, creíamos lo que nos enseñaban nuestros maestros:


que teníamos un deber con nuestros alumnos, pesé a que yo casi tenía la misma
edad que algunos de ellos.

Hobsbawn, Eric. (1998). Historia del Siglo xx. Buenos Aíres: Grijalbo-Mondadori. p. 435.
12

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

La reforma educativa de los años setenta estuvo basada en fuertes contra-


dicciones, por una parte estaba la formación crítica y analítica del educando
desde la primaria, supuestamente para favorecer una mayor participación
popular en el desarrollo de la Nación y en segundo el control impuesto por
el Estado a las instituciones que formaban parte de la estructura del poder.13
En los jóvenes y niños se depositó el compromiso revolucionario “de
formar hombres libres para hacerlos dueños conscientes de los pasos de su
historia” y al mismo tiempo se pretendió incorporar a los escasos intelectuales
críticos a las órdenes del Estado convirtiéndose en “intelectuales orgánicos”.
Así pues, en esta década, la participación de este pequeño grupo se redujo a las
actividades burocráticas institucionalizadas y a la elaboración de libros de texto
que se distribuyeron en todas las escuelas del país.

El paso a la Liga Comunista 23 de Septiembre

Todos éramos amigos, compañeros, teníamos una historia común, pero ya habíamos
comprendido que la lucha rebasaba la democratización de la universidad. Aunque
anteriormente había ideas de revolución, eso se veía a más largo plazo, algún día
nuestro movimiento llegaría a ser más radical. Pero eso se aceleró con la represión
y la persecución de los militantes. Por eso en el año de 1973 se da la transición y el
grupo se fusionó a la Liga Comunista 23 de Septiembre.

La Liga absorbió a una parte importante del fer, en cada escuela había gente
que no se sometía a la feg. A este proceso se le conoce como “la transformación
de los movimientos universitarios y sociales en guerrilla”, como Gamiño refiere
en Del barrio a la guerrilla.14
La Liga tenía como principal objetivo consolidar la guerrilla, “crear una
estructura desde la clandestinidad”, ya que sus miembros operaban principal-
mente en las ciudades y carecían de una base social amplia que los protegiera
y los apoyara. Se organizaban a través de células que realizaban actividades de
propaganda, reclutamiento y vinculación con la población.
A partir de la Guerra Fría en México se crearon dos discursos ideológi-
cos-políticos, por un lado el que legitimó a los grupos que desde el Estado se

13
Robles, Martha. (2009). Educación y sociedad en la historia de México. México: Siglo xxi
Editores. p. 220.
14
Gamiño Muñoz, Rodolfo. (2006). Del barrio a la guerrilla. cedema. en http://www.cedema.
org/ver.php?id=1442

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

dedicaron al combate y aniquilamiento físico de las organizaciones rurales, y


urbanas que operaban en diferentes regiones del país. Por una parte, estaban
la Dirección Federal de Seguridad (dfs) y sobre todo, la Brigada Blanca, arro-
pados por el manto de la Guerra Fría, bajo el cual justificaban sus acciones de
contención y neutralización del “enemigo”.15 A partir del perfeccionamiento
de su “maquinaria de guerra” para combatir el expansionismo rojo y que no
se hacía sólo con las armas, sino a través de los medios de comunicación y los
documentos oficiales en los que se vertieron estos imaginarios.
Cuenta Rosa González que su mamá le decía que Fidel Castro era un
hombre muy malo, que mataba a los niños:

No puede ser que un señor tan famoso se haya vuelto famoso por malo, y empecé
a investigar quien era Fidel Castro. En ese inter descubrí también quién era el
(Ernesto) Che (Guevara). Cuando estaba en la secundaria, un día llegué a casa y
le reclamé a mi mamá por mentirosa sobre Fidel Castro, si era todo un señor.16

Muchos de los miembros del fer pasaron a la Liga, que a nivel nacional hizo el
mayor intento por aglutinar algunos grupos que estaban dispersos. Los líderes
de esos grupos negociaron su inclusión en este movimiento armado y cuando
lograban gestionar la unión de sus fuerzas, sus miembros siempre tuvieron la
posibilidad de continuar o apartarse de este conglomerado.

La represión y la persecución por parte de la policía federal y estatal, así como la


feg, eran uno solo por la forma en que reprimían, todo eso te daba conciencia de
la situación pero, además, contábamos con las lecturas. Los de la Liga decían que
había que leer los clásicos del marxismo: El 18 brumario, El origen de la familia,
la propiedad privada y el Estado, etc. estos libros circulaban entre nosotros y había
que leerlos y socializarlos.

En ese entonces ya había recursos económicos, cuando vivían en la clandesti-


nidad, para rentar casa y alimentación. En ese momento cambió su identidad
personal, con el seudónimo de “Ramona”, también habría que desligarse de
las relaciones familiares, sólo se trataba con las relaciones políticas para saber
quiénes se sumaban a la causa, “pero casi nadie quería dejar su casa”.

15
Sánchez Parra, Sergio Arturo. (2012). Estudiantes en Armas. Una historia política y cultural
del movimiento estudiantil de los Enfermos (1972-1978). México: Universidad Autónoma de
Sinaloa. pp. 292-293.
16
González. (s.f). Op.Cit. p. 83.

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Laura G. Gómez Santana y Bertha Lilia Gutiérrez Campos

En las brigadas o los pequeños círculos de estudio se discutía alguno de los diversos
textos marxistas básicos como El Manifiesto del Partido Comunista, el ¿Qué hacer?
o algún documento de los elaborados por la Liga. Posteriormente surge el órgano
informativo Madera, era nuestro periódico. En éste se comentaban temas que se
estaban presentando en ese momento por ejemplo, era la posición del grupo respecto
al 1 de mayo, qué significa mundialmente, ciertos antecedentes históricos, y cuáles
eran la condiciones de los obreros en el país, eran llamamientos a adherirse al gru-
po y a la revolución. Los Maderas se distribuían entre los miembros de los círculos
de estudio o brigadas, les preguntaba cuántos necesitaban para distribuir, si ellos
estaban en la escuela, podían decirme: dame 2 o 3 para mis amigos.
En las escuelas de humanidades la gente eran más sensible, en la Facultad de Filo-
sofía y Letras había algunas brigadas y un grupo de simpatizantes. Cada brigada
no se comunicaba con otra, pero todas tenían un coordinador o representante y ellos
tenían el vínculo con la dirección.
Ya después entendimos que la feg era un brazo armado del Estado que servía de
control para el estudiantado. Me costó mucho trabajo entender eso porque yo nada
más quería limitar mi participación al ámbito universitario, pero cuando te explican,
no te puedes sustraer de esa realidad.
Si estabas contra la feg, estabas en contra de todo lo que ellos representaban, o sea
el sistema. Lo comprendí gracias a algunas lecturas marxistas. Mis compañeros
eran muy pacientes, me explicaban las cosas, una y otra vez; algunos de ellos for-
maban parte de la Juventud Comunista y tenían muchos años leyendo marxismo,
no sólo te daban la lección, sino que te prestaban algún libro y te decían que luego
lo comentábamos, cuando nos volvíamos a ver preguntaban qué me había parecido
el libro, a lo que yo contestaba que tenía algunas preguntas, esa era otra forma
de analizar y de estudiar de manera informal, fuera de la brigada, porque era la
iniciativa de cada quien, según lo que tú leyeras y según tu compromiso, porque
había quienes leían mucho, otros que leían menos y gente que de plano nunca le
interesó leer.

El trabajo político sobre todo la propaganda, cada vez se tornaba más difícil para
la difusión, se arriesgaba la vida en esa tarea. Algunos de los presos políticos
leían mucho durante su encarcelamiento.

Eso lo aprendimos del Che Guevara, de los Tupamaros, de Fidel Castro, ellos decían
que el tiempo de la cárcel era tiempo para prepararse, no para lamentarse, ni estar
descansando, era tiempo para fortalecerse.

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Mujeres en la Liga Comunista 23 de Septiembre en Guadalajara

En 1974, ya se habían infiltrado a la Liga oportunistas y agentes policíacos:

De igual manera los errores personales y de la misma organización, cobraron el costo


de muertes, desapariciones y encarcelamiento. Entonces me convertí en presa política.

Referencias

Aguilar Terréz, María de la Luz. (s,f.). Memorias del Primer Encuentro Nacional de
Mujeres Ex guerrilleras. México: s.e.
De Dios Corona, Sergio René. (2010). La historia que no pudieron borrar. Guadalajara:
Taller Editorial la Casa del Mago.
Gamiño Muñoz, Rodolfo (2006), Del barrio a la guerrilla, cedema. http://www.cedema.
org/ver.php?id=1442
y Mónica Patricia Toledo González. (2011). “Origen de la Liga Comunista 23
de Septiembre” en Espiral, Guadalajara: Universidad de Guadalajara. vol. XVIII.
No. 52. septiembre-diciembre.
Hobsbawn, Eric. (1998). Historia del Siglo xx. Buenos Aires: Grijalbo-Mondadori.
Necoechea Gracia, Gerardo y Pablo Pozzi. eds. (2008). Cuéntame cómo fue: Introduc-
ción a la historia oral. Buenos Aires: Imago Mundi.
Oikión Solano, Verónica y Marta García Ugarte. (2006). Movimientos armados de
México, siglo xx. vol. II. Zamora: El Colegio de Michoacán-ciesas.
Orozco Michel, Antonio. (2009). La fuga de Oblatos. Una historia de la LC23 de Sep-
tiembre. Guadalajara: Taller Editorial Casa del Mago.
Robles, Martha. (2009). Educación y sociedad en la historia de México. México: Siglo
xxi Editores.
Sánchez Parra, Sergio Arturo. (2012). Estudiantes en Armas. Una historia política y
cultural del movimiento estudiantil de los Enfermos (1972-1978). México: Univer-
sidad Autónoma de Sinaloa.
Topete, Miguel, et.al. coords. (2012). Memoria Guerrillera, represión y contrainsurgencia,
en Jalisco. Guadalajara: Grietas Editoriales.

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Grupo Lacandones

Carlos Salcedo García*

A l momento de ser aprendido el primer grupo de militantes de una organiza-


ción político militar el mes de febrero de 1972,1 la policía política descubrió
que su brazo militar estaba constituido principalmente por tres comandos, que
se autonombraban: “Lacandones”, “Arturo Gámiz” y “Patria y Muerte”. Como la
organización aún no tenía un nombre oficial, la policía política decidió por razo-
nes prácticas llamarla Lacandones o Grupo Armado Lacandones, el cual dejaría
de existir como tal cuando se integró a la Liga Comunista 23 de Septiembre.
El que la organización como tal no tuviera un nombre determinado dice
mucho de su formación, pero desde luego que no fue por apatía o incongruencia.
Muchos de los militantes fundadores tuvieron una práctica y militancia política
en las filas de la Liga Comunista Espartaco,2 grupo que se formó después de
muchos cambios por militantes del Distrito Federal, que fueron expulsados
del Partido Comunista Mexicano.3 Algunos de ellos fueron Martín Reyes
Vayssade, Eduardo Lizalde, Guillermo Russet, Carlos Félix y Carlos Mallén,
quien ya con anterioridad, en 1960, había sido expulsado junto con José Re-
vueltas, quienes ponían en entredicho la autenticidad del Partido Comunista
como verdadero partido de la clase obrera. Por lo que la primera consecuencia
sería la construcción del verdadero partido, y esto sería posible no sólo por la

* Escritor e Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de los Movimientos Sociales


en México y fundador del Grupo Armado Lacandones.
1
agn. dfs 1-III-73 Forma C.6 2-A. Expediente 28-15-1-73-L-4-H-30-38., y en los principales
periódicos del país, como El Universal, La Prensa y Excélsior del día 28 de febrero de 1972, se
da amplia información de la detención de este primer grupo de detenidos.
2
Fernández Christieb, Paulina. (1978). El Espartaquismo en México. México: Ediciones el
Caballito. pp. 133-136. La Liga Comunista Espartaco se funda como tal, en 1966.
3
Peláez, Gerardo. (1982). “Para documentar nuestro marxismo”, en. Revista Nexos. No. 54.
junio 1982. p. 5. Se hace referencia a lo publicado en periódico La Voz de México. No. 1723.
3 de mayo de 1962. p.7.

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Carlos Salcedo García

nomenclatura, práctica frecuente en aquel entonces de la izquierda mexicana,


en que los membretes sobraban, hacerse llamar partido cuando no tenían ni
la estructura, la militancia y el número de afiliados, la presencia política y una
auténtica representación de la clase trabajadora, de acuerdo a la teoría leninista.
Sobre este aspecto, José Revueltas hizo una importante contribución con su libro
Ensayo sobre un proletariado sin cabeza.4
La organización se planteó que para constituirse como entidad política
necesitaba hacerlo en una amplia reunión de militantes, en donde se discutiría
su línea política, sus estatutos, se definiría su estructura, se elegiría su cuerpo
directivo y se definiría su nombre, dadas las características represivas del Estado
y el carácter político militar de la organización, es decir, ser una agrupación
clandestina pero a la vez con un trabajo abierto que se vinculara a la lucha de
los trabajadores, requería de un fuerte apoyo económico, el cual se obtendría de
las expropiaciones. De ahí que el tiempo y la necesidad exigían la creación de
los comandos y una coordinadora, de todos estos propósitos sólo los últimos se
llevaron a cabo; el trabajo con los obreros fue limitado, la labor política con los
estudiantes fue limitada, aunque fue la base de alimentación de los integrantes
de los Lacandones, principalmente del Instituto Politécnico.
Los fundamentos políticos e ideológicos que sostuvo el Grupo Armado
Lacandones, tuvieron su base en los postulados de la Liga Comunista Esparta-
co, éstos quedaron plasmados en el documento Nuestro Camino elaborado por
sus militantes durante los años 1968 y 1969. Reconstruyendo sus postulados
(atrevimiento que reproduzco por haber sido uno de sus creadores) estos es lo
que groso modo se planteaba:
La primera parte consistió en un análisis económico-político de la situación
nacional, en donde en base a cifras de autores de libros de todo tipo de tendencia,
no necesariamente de izquierda, y a cifras proporcionadas por los organismos
del gobierno mismo, como censos, estadísticas, y otros, se hacía hincapié en
el desarrollo desigual de nuestro país, prevaleciendo una gran pobreza en la
mayoría de la población, siendo sectores especialmente golpeados, los obreros,
los indígenas, los campesinos. Se afirmaba que en el país prevalecía fundamen-
talmente el modo de producción capitalista, que lo constituían zonas de alto y
mediano desarrollo, como en la industria en la ciudad de México, Guadalajara,
Monterrey, y en la producción agropecuaria, como Sonora, Sinaloa, pero con-
juntamente con ello, el gran atraso de algunas zonas como Chiapas, Guerrero,
Oaxaca, en donde se identificaban incluso modos de producción feudales.

4
Revueltas, José. (1982). Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. Obras completas. Tomo 17.
México: Ediciones Era.

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Grupo Lacandones

Pero esos modos atrasados de producción no eran los que le daban la ca-
racterística fundamental a la economía del país, que aquellos eran subsumidos
por el modo capitalista de producción, fundamentalmente por su comercializa-
ción. Que la burguesía mexicana se había consolidado a la sombra de un Estado
protector y con el apoyo del imperialismo, desarrollando incluso un sector
financiero. Que el gobierno estaba al servicio de la burguesía y el imperialismo
a través de las instituciones creadas por los gobiernos del pri.
La crisis social del país se debía al cada día mayor empobrecimientos de la
mayoría de la población, las capas medias se estaban adelgazando, de ahí que el
estudiantado, capa de la pequeña burguesía en lo fundamental, se incorporara
a la lucha.
La segunda parte del documento analizaba la situación internacional,
un mundo dividido en dos partes, con un bloque socialista dirigido por la
Unión Soviética, con un país como China que venía empujando fuerte, y un
imperialismo decadente, aferrado a sus intereses mezquinos y explotadores.
La gran experiencia y el ejemplo que ponía Cuba al establecer el socialismo a
unos cuantos kilómetros de los Estados Unidos, la lucha heroica de Vietnam,
y la situación explosiva de varios pueblos que luchaban con gobiernos títeres,
algunos incluso ascendidos al poder por un golpe de Estado, como sucedió
en: Argentina, Uruguay, Perú, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Brasil, entre
muchos otros. La situación imponía luchar contra el imperialismo combatiendo
el capitalismo en el país, haciendo la revolución.
El documento manifestaba de cómo la revolución de 1910 fue usurpada
por Carranza y tuvo una definición democrático burgués, de la larga lucha de
la clase obrera y la larga trayectoria del gobierno burgués en reprimir al pueblo,
no se creía en la existencia de una burguesía nacionalista y antiimperialista, que
en el fondo toda la clase burguesa era pro estadounidense, de cómo el Estado
había impedido el desarrollo de la organización proletaria, arrojándola a la
clandestinidad y la proscripción, haciéndola víctima de la represión. Por tal
razón, el documento llamaba a luchar contra todo oportunismo de izquierda
que buscará aliarse a “sectores de burguesía nacionalista”, como lo proclamó
abiertamente el Partido Popular Socialista con Vicente Lombardo Toledano, y
en su momento los bandazos políticos del Partido Comunista.
Que el Estado burgués mexicano había mediatizado a los obreros y
campesinos mediante la corporativización de sus sindicatos, imponiéndoles
dirigentes espurios y traidores a los intereses de su clase, los líderes charros
que estaban al servicio del Estado. Situación que así mantenía y conservaba a
través de guardias blancas o por el apoyo policiaco-militar que se requiriera en
determinado momento.

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Carlos Salcedo García

La única opción para lograr la transformación de la sociedad, era cons-


truir una organización de carácter marxista, que conjugara tanto el aspecto
de partido del proletariado, única clase verdaderamente revolucionaria por
su posición ante la producción, que podía conducir el proceso revolucionario,
conjugada con la creación de su brazo armado, que sustentaría las necesidades
de sus militantes y desarrollaría actividades de autodefensa ante la agresión
militar o policíaca del gobierno.
Los objetivos políticos eran derrocar al gobierno burgués y establecer un
gobierno socialista, que planificara la economía eliminando la propiedad privada
sobre los medios de producción, que bajo el concepto de a cada quien según sus
necesidades y a cada quien según su capacidad, se repartiría la riqueza social
con justicia e igualdad, establecer la educación gratuita, científica y laica para
todos, derecho de todos a la salud y el esparcimiento.
La organización partidaria estaría compuesta por militantes, simpatizantes
y periféricos, regidos por un Comité Central que aplicaría ejecutivamente la
línea política, así como aplicaría el centralismo democrático. Sería un partido
de militantes, por lo que las actividades de educación, análisis, organización y
difusión, serían las principales.
En cuanto a la actividad política con las masas se planteaba unirse con
todo aquel desposeído a partir de sus propias demandas, independientemente
de su nivel de conciencia, es así que se proponía desarrollar un intenso trabajo
de penetración organizativa y propaganda en todo aquel lugar que manifes-
tara un conflicto social y político, solidarizarse con su lucha y reclutar a los
elementos más avanzados para integrarlos en células de estudio, agitación y
propaganda. Las demandas fundamentales eran ampliar el espectro demo-
crático para evidenciar la antidemocracia del régimen, luchar por mejoras
económicas y sociales como vía de educación de las masas e identificación de
la lucha de clases, educación, salud y vivienda como elementos que permitieran
la toma de conciencia revolucionaria. Desde luego, se sostenía que el trabajo
fundamental del partido debería estar dirigido a los trabajadores de la gran
industria, tanto privada como estatal, porque eran la base y motor verdadero
del partido del proletariado.
El brazo armado estaría compuesto por grupos pequeños o comandos,
dependiendo del organismo coordinador entre el partido y el brazo armado, la
organización militar se desarrollaría piramidalmente, con una estricta compar-
timentación entre los comandos, así como de estrictas medidas de seguridad,
como eran los códigos de la clandestinidad, seudónimos, casas de seguridad,
citas, vestido, estudio, ejercicio, prácticas, etcétera. En el documento se exponían
incluso algunos diagramas de organización y seguridad.

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Grupo Lacandones

Era necesario desarrollar tanto la lucha en la ciudad y el campo, en este


último, por la larga tradición del pueblo mexicano, el que de hecho nunca
ha tenido paz y tranquilidad en sus tierras, en la sierra, perseguidos como
guerrilleros o como bandoleros, como fueron los casos de Villa y Zapata en la
revolución de 1910, y los múltiples casos de rebeldía por la injusticia y la pobre-
za. En las ciudades era necesaria porque ahí se concentraba la clase obrera, el
proletariado que debería dirigir la revolución y había que desarrollar la guerra
de guerrillas urbana.
La lucha revolucionaria se concebía a largo plazo, por lo que la estrategia
tenía como fundamento la resistencia, la paciencia, la autodefensa. Esto con
base a la inferioridad en la correlación de fuerzas.
La expropiación es el nombre que se le dio a la acción revolucionaria por
medio de la cual se arranca a la burguesía, un poco de dinero, de capital, y se
pone al servicio del proletariado para sus fines revolucionarios. Las expro-
piaciones y demás acciones revolucionarias tenían como finalidad fortalecer
a la organización partidaria en lo económico, para cumplir en sus tareas de
organización, agitación y propaganda y en determinados momentos apoyar la
propaganda armada.
Toda acción revolucionaria, en particular las expropiaciones y demás ac-
ciones militares, deberían de llevarse a cabo con un amplio margen de seguridad
y triunfo, ya que la vida de un sólo militante de la organización, valía más que
cualquier cantidad de dinero que se recuperara. Por lo que los objetivos deberían
de ser perfectamente estudiados y militarmente ejecutados.
Ante la represión se insistía en contar con coartada creíble y bien funda-
mentada, pasar por delincuentes comunes, tener papeles con otra personalidad,
y en última instancia, soltar información después de 24 horas de detenidos.
En el documento también se instruía a los militantes, como armar y des-
armar sus pistolas, el cuidado permanente que deberían de tener y la manera
más discreta de portarlas. También se agregaba el cómo hacer bombas molotov
con mecha y sin mecha, por reacción química, además de consejos para el
acondicionamiento físico.
La práctica fue otra cosa, los comandos conformados para constituir lo
que sería el brazo armado tomaron la cabeza de la organización, integrados
por lo mejor de los militantes, operativamente se les extrajo de la lucha abierta,
cuando en ella se habían formado y eran sostenedores del vínculo del grupo a esa
actividad, se trató de formar líderes a larga distancia, cuando se decía “el nivel
superior de lucha es la armada”, cada vez fue más urgente integrar compañeros
a los comandos y estimular la actividad de los mismos. Las tesis se fueron radi-

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Carlos Salcedo García

calizando y ponderando la actividad armada, envuelta en una rígida estructura


vertical, políticamente poco propicia para la discusión y formación política.
Los Lacandones desarrollaron actividad abierta en el estudiantado,
principalmente en el Politécnico y la Universidad, lugares de donde provenían
la mayoría de sus integrantes,5 en las Normales de la Ciudad de México, en
ferrocarrileros, electricistas, telefonistas, tranviarios, costureras, con algunos
campesinos en Topilejo y Tepoztlán, la mayoría de veces se participaba formando
células, pequeños grupos que se reunían para discutir y producir propaganda
en la que se expusieran algunos problemas locales, pero no se estimuló la par-
ticipación directa ni se fomentaba liderazgos.
El vínculo con los trabajadores y otros sectores de la población, en los
cuales se tenía una actividad de educación y discusión de los problemas locales,
se fue adelgazando, primero: por las difíciles condiciones para la actividad po-
lítica y la propaganda, por el grado de represión y control; segundo: no se tenía
clara una línea de masas, por lo que las luchar reivindicadoras por lo general
se rechazaban por su limitación de las demandas, (aumento de sueldo, mejoras
laborales, democracia sindical, mejoras sociales); tercero: el convencimiento
de que lo que se requería era una revolución socialista, así que el trabajo de
convencimiento se dirigía a radicalizar las luchas; y cuarta: cuando se iniciaron
las represiones y el encarcelamiento de militantes, entorpeció grandemente la
labor que se realizaba.
El Grupo Armado Lacandones incrementó su actividad de comandos, para
obtener experiencia, primero fueron expropiaciones a comercios pequeños, ya
que la mayoría de los miembros jamás habían actuado en actos violentos, con
excepción de las acciones represivas del Estado en manifestaciones y mítines.
Así que se inició con gasolineras y farmacias, robando autos para esas acciones
o para lecciones de manejo, después fueron las empresas importantes en que se
realizaron acciones espectaculares, así fue la Dina Nacional, a una camioneta del
banco del Atlántico que recogía la cuenta del metro Gómez Farías, así como a la
misma taquilla, a la armería Armas y Deportes que se encontraba a media cuadra
del Zócalo capitalino, de ahí se extrajeron todas las armas, la caja recaudadora
de la Unidad Habitacional de la ctm, la zapatería Tres Hermanos, la Goodrich
Euskadi y panificadora Bimbo.6 El dinero recaudado se utilizó fundamentalmente
para el sostenimiento de los comandos, compra de armas y equipo, entrenamien-
to y apoyo a la labor de propaganda de las brigadas y células de trabajo abierto,
como también apoyo a otros grupos guerrilleros del norte del país.

5
agn. dfs 1-III-73. Forma C.6 2-A. Expediente 28-15-1-73-L-4-H-30-38. Citado.
6
agn. dfs. Expediente 29-15-1-73-H-225-L-2.

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Grupo Lacandones

Esta intensa labor de expropiaciones trajo como consecuencia la persecu-


ción y aprensión de muchos militantes de la organización, los cuales cayeron en
manos de la policía en tres grupos en diferentes fechas. El primer grupo detenido
por la Policía Judicial del Distrito Federal fue presentado el día 28 de febrero
de 1972, estaba integrado por Yolanda Casas Quiroz, Jesús Torres Castrejón,
Paulino Olvera Morales, Fabio Julio Dávila Ojeda y otros dos compañeros que
no tenían relación con el grupo armado. El segundo grupo, constituido por
los fundadores y numeroso fue presentado el 7 de noviembre de 1972, al día
siguiente los diarios informaron:

Explicaron que los comandos de ataque tienen como misión la de consumar asaltos
y atentados en contra de instituciones oficiales. Los otros están integrados por
personas que se filtran en sindicatos con el fin de repartir propaganda subversiva
y de agitar durante mítines y manifestaciones.7

En esta ocasión fueron detenidos Miguel Domínguez Rodríguez y sus dos her-
manos menores, José y Alberto, así como Benjamín Pérez Aragón, Joel Chávez
Treviño, Carlos Jiménez Sarmiento, Valente Irena Estrada, Salvador Alfaro
Martínez, Olivia Ledesma Flores, Isaías Ench Fregoso, María América Villavi-
cencio Salgado, Roberto Ench Fregoso, Concepción Hinojosa Carrillo, Javier
Hernández Espejo, Armando Ramírez Coronado, María Esther Acosta Díaz y
Ernesto León Zempoaltecalt. La detención fue realizada por la Dirección de
Policía y Tránsito, a través de la División de Investigaciones para la Prevención
de la Delincuencia (dipd).
El tercer grupo, conformado por María Eugenia Calzada Flores, Javier
Núñez Navarrete, Sergio Villalobos Navarrete, Jesús Calderón Esquivel, Víctor
Manuel Velasco Damián, David Vásquez Flores, Heriberto Días Coutiño, Ro-
lando Morán, Ismael Díaz Coutiño y Raúl Fabela Guerrero señalado como el
proveedor de armas. Este grupo fue presentado a la prensa el día primero de
febrero de 1973, la prensa de la ciudad apuntaba en sus notas:

Agregaron que el producto de las expropiaciones era utilizado para la causa y que
la mayoría del dinero se ocupó en la adquisición de departamentos, automóviles y
la compra de armas y parque. Una mínima parte era usada por ellos para subsistir,
empleado en comida y habitación.8

7
El Heraldo de México. México. DF. 8 de noviembre de 1972.
8
El Universal. México DF. 1 de febrero de 1973.

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Carlos Salcedo García

Cabe aclarar que todas estas detenciones fueron realizadas de diez a


quince días antes de su presentación a la prensa, mientras tanto, los detenidos
estuvieron secuestrados en casas de seguridad y cárceles clandestinas y fueron
sometidos a torturas. El cautiverio de estos detenidos fue coordinado y dirigido
por la Procuraduría General de la República; la Procuraduría General Judicial
del df; la Dirección de Policía y Tránsito del df; la Dirección de Investigaciones
y Prevención de la Delincuencia (dipd); y la Dirección Federal de Seguridad
(dfs). Esta última coordinaba la acción antisubversiva, bajo la comandancia
de Miguel Nazar Haro.
Los integrantes de los Lacandones que quedaron libres se dieron a la
tarea de reorganizar al grupo, es así que en un aula de la esime del Politécnico,
se reunieron Alfonso Rojas Díaz, David Jiménez Sarmiento, José Luis Moreno
Borbolla, Juan Escamilla Lira, Trinidad León Zempoalteca, Jorge Torres Cedillo
y otros compañeros.9 Desde principios de 1972 se tenían vínculos con los grupos
Los Procesos, Los Guajiros y Los Macías, principalmente por los compañeros
que estudiaron en el Politécnico, destacándose Miguel Domínguez y Alfonso
Rojas que fueron condiscípulos de algunos de los integrantes y fundadores de
esas otras organizaciones, por lo que la relación se incrementó y apenas un
mes después, en la ciudad de Guadalajara, en una reunión de representantes de
distintos grupos armados, el 15 de marzo de 1973 fundaron la Liga Comunista
23 de Septiembre,10 siendo Los Lacandones uno de los grupos fundadores.
El dinero para llevar a cabo la reunión en Guadalajara lo aportó el Grupo
Lacandones a través de Arturo Alejandro Rivas Jiménez, quien se coordinó
con Gustavo Hirales Moran. Los ochenta mil pesos salieron del asalto a la
Panificadora Bimbo.11
Durante los años de 1971 a 1973 cayeron varios grupos en manos de la
policía, por lo que el Estado se formó una idea de las características de este
movimiento. En 1971 fueron detenidos varios militantes del Movimiento de
Acción Revolucionaria (mar); el 21 de julio de 1971, fueron presentados a la
prensa los militantes de los Comandos de Acción y Enlace con la acnr; el 17
de septiembre fueron presentados los elementos de los Comandos Armados
del Pueblo; en diciembre de 1971 después de ser secuestrados por la policía y

9
Moreno Borbolla, José Luis. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista en diciembre de
2004.
10
De Dios Corona, Sergio René. (2004). La historia que no pudieron borrar. Guadalajara: Taller
Editorial La Casa del Mago. p. 71.
11
Rivas Jiménez, Arturo Alejandro. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista en diciembre
de 2004.

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Grupo Lacandones

el ejército fueron presentados a la prensa Carmelo Cortés, Carlos Cevallos y


otros militantes mas; en ese año fue asesinado Raúl Ramos Zavala; en octubre
detienen a miembros del grupo Unión del Pueblo, fueron detenidos también de
manera momentánea algunos militantes de la Liga de Comunistas Armados en
Monterrey, pero, en una acción espectacular secuestraron un avión y lograron
salir a Cuba; el 26 de abril de 1973 presentaron a miembros del Partido de los
Pobres que asaltaron un banco en la sep; el 9 de octubre de 1973 en un enfren-
tamiento con la policía y miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre
resultó muerto Alfonso Rojas Díaz, de origen Lacandón.
Los miembros de Los Lacandones detenidos por la policía fueron remitidos
a la cárcel de Lecumberri, llamado El Palacio Negro, edificio que hoy es ocupado
por el Archivo General de la Nación. Ahí continuaron las sesiones de tortura y
amenazas a estos militantes y otros grupos de oposición, a algunos incluso se
les asesinó y otros fueron secuestrados y hasta la fecha siguen desaparecidos.
Esta prisión estuvo bajo el resguardo de militares y de la Dirección Federal de
Seguridad, al ingresar a los detenidos primeramente se les mantenía en com-
pleta incomunicación, para después ser enviados a diversas crujías de presos
comunes, en donde delincuentes incondicionales de las autoridades sometían a
aberrantes torturas a los presos políticos, para después de varios meses enviarlos
a las crujías confinadas para este tipo de detenidos, que eran la Crujía “M” y la
Crujía “O”, a la mayoría de Los Lacandones se les envió a la primera.
Por la amenaza constante a los militantes detenidos, es que se creó en
mayo de 1973 el Comité de Defensa Física y Moral de los Presos Políticos,12
presidido por la cantante Judith Reyes y familiares de los detenidos. Después
de esta organización se crearon diversos comités de familiares y amigos que
fueron cobrando una importancia insospechada por los guerrilleros, y que
fueron levantando la bandera por el cumplimiento de las leyes y la defensa
de los derechos humanos. Su labor fundamental fue denunciar el cúmulo de
violaciones al Estado de Derecho que estaban llevando a cabo las policías y el
Ejército en todo el país. Así surgió el Comité de Defensa de los Presos Políticos,
Detenidos, Perseguidos y Desaparecidos que después sería el Comité Eureka,
la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos (afadem) y la Fun-
dación Diego Lucero, entre otras más.
Es curioso observar como algunos movimientos vieron transformarse
los objetivos de su lucha por otros que le son totalmente contrarios, sin que
signifique que son antagónicos, como es el caso de la lucha por el respeto de
los derechos humanos, los guerrilleros perseguían una revolución socialista a

12
El Universal, México, DF. 2 de mayo de 1973.

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Carlos Salcedo García

través de la lucha armada. Los familiares, amigos y una parte de la sociedad, se


organizaron en su defensa esgrimiendo el derecho existente y expresado en las
leyes; derecho y leyes que los guerrilleros consideraban amañados y al servicio
de la burguesía y el Estado represor.
Aún recuerdo que la primera declaración de Los Lacandones detenidos en
el segundo grupo, al presentarse ante el juzgado, rechazaron cualquier beneficio
legal a su situación, por manifestar su rechazo a las leyes burguesas. Fue tan
poderosa la lucha de estos comités de defensa, que fueron uno de los instru-
mentos efectivos para la democratización y garantizar el respeto a los derechos
humanos, en parte, a partir de ellos el país se ha transformado.
La represión fue desmedida por parte del Estado, la vigilancia en las
cárceles fue extrema, las visitas eran rigurosamente vigiladas, eran sometidas a
tratos vejatorios en las revisiones, e incluso en algunos casos secuestro, como
fue el caso de las esposas de compañeros en el Reclusorio Preventivo Oriente,
Teresa Ulloa y Blanca Hernández, secuestradas por la Brigada Blanca,13 orga-
nismo de élite creado por la policía política. Ambas fueron liberadas después
de varios días y de haber sufrido maltrato y vejaciones. La compañera Teresa
Estrada Ramírez que fue secuestrada en los vestíbulos de Lecumberri y que a la
fecha es una de las desaparecidas, el compañero Pedro Miguel Morón Chiclayo
asesinado en la Crujía “G”14 el 24 de mayo de 1974; Wenceslao García José fue
sacado de la crujía “O” por la dfs y nunca más se ha sabido de él. Los presos
políticos fueron tratados por el Estado como rehenes, cada vez que había alguna
acción de los diferentes grupos guerrilleros en el exterior, la policía se lanzaba
contra los detenidos para tratar de saber algo.
La represión violó las leyes vigentes del país, esta es una característica de
la Guerra Sucia que ejecutó el gobierno en contra de los disidentes. Por ejem-
plo, en el estado de Guerrero se desarrolló contra la guerrilla de Lucio Cabañas
una estrategia de aislamiento y aniquilación de comunidades; el ejército y la
policía aisló, golpeó, torturó, asesinó y despareció no sólo a integrantes del
movimiento armado, sino a familiares y ciudadanos que tuvieron la desgracia
de estar cerca de la guerrilla. La dirección de esta guerra recayó en los altos
mandos del Ejército y en la Dirección Federal de Seguridad de la Secretaría de
Gobernación, destacando personajes como Fernando Gutiérrez Barrios, Javier
García Paniagua, Luis de la Barreda Moreno y desde luego Miguel Nazar Haro,
avezado torturador y organizador de represores.

13
Ulloa Bornemann, Alberto. (2004). Sendero en tinieblas. México: Ediciones Cal y Arena. pp.
240-246.
14
García, José Luis. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista el 6 de mayo de 2005.

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Grupo Lacandones

Nazar Haro comenzó coordinando a las diferentes policías de la ciudad y


de todo el país, orientando la represión y participando en los interrogatorios,
es decir, en las sesiones de tortura, hasta formar en 1976 la llamada Brigada
Blanca, grupo antiguerrillero que reunía a los más incondicionales del gobierno,
a los más sádicos e inmorales de los elementos de diferentes cuerpos policiacos
y del ejército, de este último destacan los generales Quiroz Hermosillo y Acosta
Chaparro, que tuvieron a su disposición el Campo Militar número uno para
utilizarlo como centro de tortura y campo de concentración para los disidentes.
La Brigada Blanca dejó de existir como brigada especial cuando sus prin-
cipales integrantes y bases se convirtieron en delincuentes comunes, ligados a la
delincuencia organizada, narcotráfico, secuestros, robo, extorsión y homicidio.
Mismo fin tuvo la dfs, su principal componente, ya que los dos últimos direc-
tores, Miguel Nazar Haro y Antonio Zorrilla Pérez resultaron temibles “pájaros
de cuenta”, el primero, dirigente de una gran banda de policías delincuentes de
robo de autos en Estados Unidos y México, el segundo, resultó ser el responsa-
ble del homicidio del periodista Manuel Buendía y de otorgar protección a los
narcotraficantes Rafael Caro Quintero y a Ernesto Fonseca Álvarez “Don Neto”.15
Los Lacandones que se unieron con otros grupos guerrilleros y confor-
maron la Liga Comunista 23 de Septiembre, se incorporaron a la Brigada Roja,
la cual estuvo integrada además por militantes que provenían de los grupos
constituyentes de la Liga, los Lacandones fueron la base de la organización.
Ente los líderes destacan: David Jiménez Sarmiento, Alfonso Rojas Díaz, Arturo
Rivas Jiménez, José Luis Moreno Borbolla, Teresa Hernández Antonio, Mario
Domínguez Ávila, Jorge Torres Cedillo, Trinidad Zempoaltecalt y Juan Escamilla.
Poco a poco se fueron integrando otros miembros después de salir de la
cárcel, ya que habían sido detenidos por la policía en el segundo grupo, gente
como Salvador Alfaro Martínez y Olivia Ledesma Flores, ésta última llegó a
sostener el comité editorial que publicó el periódico Madera, hasta que fue
encontrado y destruido por la policía.
Durante las acciones de Los Lacandones como tal no hubo bajas, hablando
de muerte de sus militantes, estas acontecieron cuando ya estaban adheridos
a la Liga. Fueron ejecutados: Salvador Alfaro Martínez en un enfrentamiento
con soldados en Guadalajara; Olivia Ledesma Flores al asaltar la policía la casa
en donde se imprimía el periódico Madera, en la colonia Reforma Iztlacihualt
en el df; David Jiménez Sarmiento fue baleado en el intento de secuestro de la
hermana del presidente electo López Portillo; Rafael Domínguez Rodríguez fue
victimado por el ejército en la sierra que une Chihuahua, Sonora y Durango;

15
De Dios Corona. (2004). Op. Cit. pp. 299-300.

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Carlos Salcedo García

Miguel Domínguez Rodríguez, fundador y líder de Lacandones, murió por su


propia mano al frustrarse el intento de fuga de la cárcel de Lecumberri; Carlos
Jiménez Sarmiento, victimado en la carretera a Querétaro; Teresa Hernández
Antonio fue baleada por la policía junto con otro compañero en Las Islas de
Ciudad Universitaria; Alfonso Rojas Díaz fue muerto en un enfrentamiento con la
policía al ser descubierta una reunión de militantes en una cabaña de Popo Park.
Tres elementos del grupo se vieron obligados a emprender el exilio. Jorge
Poo Hurtado fue excarcelado de Lecumberri y enviado a Cuba como parte de la
demanda exigida por las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (frap)
al tener secuestrado al cónsul estadounidense en Guadalajara, Terrence George
Leonhardy, permaneciendo en Cuba cinco años. Encarnita Morales Salamanca
y Raúl Irena Estrada lograron asilarse en Chile, pocos meses después, cuando
el 11 de septiembre de 1973 Pinochet ejecutó el golpe de Estado que derrocó al
gobierno de Salvador Allende, los dos lacandones fueron detenidos y torturados
en el Estadio Nacional de Santiago, convertido en campo de concentración; fue-
ron rescatados por organismos internacionales de derechos humanos, iniciando
así un largo exilio por varios países Europeos.
La situación de los guerrilleros en exilio fue difícil, porque el discurso del
gobierno priísta de la época pregonaba ser democrático y antiimperialista, por
lo que a amplios sectores de la izquierda y simpatizantes les era complicado
entender cómo era posible que en México se reprimiera a los movimientos
sociales, cuando el gobierno abrió las puertas a muchos sudamericanos perse-
guidos por los militares, y que militaban en organizaciones guerrilleras. Para
algunos era difícil entender cómo el supuesto líder del “Tercer Mundo” reprimía
y mataba estudiantes y guerrilleros. En México se conocía muy bien esta doble
cara, de esencia populista y demagoga, para ello es necesario recordar cómo el
Estado mexicano durante el año de 1968 reprimió fuertemente el movimiento
estudiantil, dejando un saldo considerable de muertos y mostrando su necio
autoritarismo, unos días después se mostraba como un gran benefactor al efec-
tuarse los juegos olímpicos de la “paz”.
Para poder explicar aún más los motivos y el accionar de la guerrilla en
México, es necesario ubicarla en su tiempo, espacio y circunstancia, de otra
manera es difícil entenderla. Destaca recordar que se vivía intensamente la
Guerra Fría entre las dos grandes potencias del mundo, Estados Unidos y la
Unión Soviética, capitalismo y comunismo, choque de dos concepciones y de
dos formas de vida. Al respecto Enrique Condés Lara sostiene:

Durante más de cuatro décadas los principales esfuerzos económicos, tecnoló-


gicos, científicos y militares, así como la política exterior y alianzas de Estados

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Grupo Lacandones

Unidos y de la Unión Soviética estuvieron determinados por la evolución y


necesidades de un conflicto cuya particularidad fue la posibilidad de emplear
armamento nuclear a gran escala por cualquiera de los bandos en pugna, ello en
cualquier parte del mundo.16

La lucha de los comunistas por realizar la revolución socialista era una pre-
misa, México estaba gobernado por un régimen autoritario, presidencialista,
dominado por un solo partido, el pri, que la disidencia que se permitía era la
perfectamente controlable, aliado a los Estados Unidos, vecino y socio principal,
gobierno que en foros internacionales sostenía un discurso pretendidamente
independiente y hasta antiimperialista, pero en los hechos, incondicional al
imperialismo que mantenía a los sectores de la sociedad organizados bajo su
tutela, sometiendo a sindicalizados y representaciones de trabajadores a una
efectiva corporativización al Estado, ya fueran campesinos, obreros, burócratas,
vendedores, comerciantes, estudiantes, reprimiendo cualquier manifestación de
autonomía. Los medios y el poder estatal mantenían una constante campaña
de desprestigio y satanización sobre todos aquellos que pretendieran reformas
democráticas efectivas y desde luego transformadoras del país.
Las principales luchas por mejoras económicas y democratizadoras en las
décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, fueron reprimidas, fueron constantes
las intervenciones de la policía y el ejército para disolver protestas, desalojar
huelguistas de sus centros de trabajo o a estudiantes de sus escuelas, o a cam-
pesinos de sus campos y parcelas, estas acciones del Estado fueron dejando sus
secuelas en golpeados, lesionados, presos políticos y desde luego muertos. El
gobierno se esforzaba por desprestigiar a los movimientos lo que contribuía a
sentir aún más un clima de control y de opresión.
En México casi todos los movimientos guerrilleros tuvieron una inspira-
ción socialista, profesaron fervientemente el marxismo y estudiaron acuciosa-
mente a los ideólogos comunistas, el gobierno priísta combatió con extensas e
intensas campañas anticomunistas contra los subversivos y opositores, a veces
con argumentos infantiles, pero que utilizados masivamente contribuyeron a
desprestigiar a los luchadores sociales, como: los comunistas no creen en Dios,
quieren cerrar las iglesias, “Cristianismo Si Comunismo No”, quieren quitarte y
educar a tus hijos, los comunistas no creen en la libertad, quieren abolir la libre
empresa, no creen en la democracia, detrás de los comunistas mexicanos están

Condés Lara, Enrique. (2007). Represión y rebelión en México (1959-1985). La guerra fría en
16

México. El discurso de la represión. T. I. México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla


y Miguel Ángel Porrúa. p. 41.

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Carlos Salcedo García

los soviéticos y los chinos que quieren invadir nuestro país, quieren prohibir la
religión y la adoración a la Virgen de Guadalupe. La campaña anticomunista
no tuvo límites.
El “Cuerpo”17 del Estado hizo sentir su materialidad sobre todo aquel ciu-
dadano que fuese capaz de desafiarlo y exigirle justicia y democracia; acorraló
en lo fundamental a los jóvenes activistas, de los que se apoderó la impotencia
y la frustración, tomaron conciencia de la abyección y la ignominia y se llena-
ron de indignación. A los jóvenes guerrilleros no les bastó estudiar y discutir
la situación del país, sus principales contradicciones y el carácter del Estado,
ellos entendieron que había que ser consecuentes y responsables, creyeron en
su esencia en las famosas Tesis de Carlos Marx sobre Feurbach escritas en la
primavera de 1845:

II. El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad


objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica
donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío,
la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad del
pensamiento que se aísla de la práctica es un problema puramente escolástico.
XI. Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo,
pero de lo que se trata es de transformarlo.18

Los jóvenes tomaron las armas por una gran indignación, por el “pathos de
la indignación”, llevaron su crítica a la práctica, desde luego con pasión, lo
arriesgaron todo, no se trató de una crítica de salón de clase o de café de in-
telectuales, sino de transformar a la sociedad. Dice el filósofo argentino José
Pablo Feinman que:

17
“Entre cada punto del cuerpo social, entre un hombre y una mujer, en una familia, entre un
maestro y su alumno, entre el que sabe y el que no sabe, pasan relaciones de poder que no
son la proyección pura y simple del gran poder del soberano sobre los individuos; son más
bien el suelo movedizo y concreto sobre el que ese poder se incardina, las condiciones de
posibilidad de su funcionamiento. La familia, incluso, hasta nuestros días, no es el simple
reflejo, el prolongamiento del poder del Estado, no es la representante del Estado respecto a
los niños, del mismo modo que el macho no es el representante del Estado para las mujeres.
Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del
adulto al niño relaciones de dominación bien específicas que tienen su configuración propia
y su relativa autonomía”. Foucault, Michel. (1992). Microfísica del poder. España: Ediciones
La Piqueta. p. 157, 158.
18
Marx, Carlos. (1980). Tesis sobre Feurbach. Obras escogidas, Carlos Marx y Federico Engels.
T. I. Moscú: Edición Progreso. pp. 2-3.

196

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Grupo Lacandones

En la introducción a la filosofía del derecho de Hegel, Marx habla de la crítica


como denuncia. Es decir, la crítica dice “eso está mal”, esa es su denuncia. De-
nuncia una injusticia. Marx va hablar del pathos de la crítica. El pathos vendría
a ser la pasión que alimenta a la crítica. La crítica no es algo desapasionado, no
estamos en el quirófano, no estamos en un mundo aséptico, no contaminado o
sin pasiones. Por el contrario, esta es una filosofía pasional, entonces, lo que va a
decir Marx es que el pathos de la denuncia es la indignación. ¿Qué es el pathos
de la indignación? El pathos de la indignación es que en el momento en que
descubrimos nuestra situación de ignominia, no tenemos que descubrirla como
un sabio descubre algo en su laboratorio. La descubrimos y ese descubrimiento
nos llena de indignación.19

Los guerrilleros convocaron al pueblo hacer la revolución, llamaron a los obre-


ros y trabajadores a la insurrección, llamaron a tomar las armas y derrocar al
gobierno, pero el pueblo no hizo la revolución, no se levantó en armas y no
derrocaron al gobierno. Los guerrilleros se plantearon construir el verdadero
partido revolucionario de la clase trabajadora, no lo pudieron hacer. También
pretendieron desarrollar la teoría revolucionaria en base al examen de la realidad
vivida en el país y en el mundo, tampoco lo lograron.
Las organizaciones guerrilleras ante sus limitaciones para desarrollarse
como organizaciones que pudieran conducir al pueblo al triunfo y poder
derrocar a la burguesía que se enseñoreaba en el poder, cayó en desviaciones
fundamentalmente militaristas, que no le permitieron enfocar correctamente
la lucha política contra el Estado. Esta limitación no sólo fue de los guerrilleros,
sino de toda la izquierda en general, fue incapaz de interpretar correctamente
lo que pasaba, gran parte de ella se refugió en las viejas tesis de desarrollar la
democracia, en medio del dominio del autoritarismo y el control con visos dic-
tatoriales, insistieron y creyeron en supuestas reformas democráticas, que sólo
condujeron a ser víctimas de nuevas represiones y formas de control. No hubo
una línea con futuro, de parte de nadie, porque las posiciones de los demócratas
tampoco fueron correctas, siempre a la cola del gobierno.
La guerrilla ha sido criticada desde distintas posiciones, con las que en
general algunos exmilitantes no coincidimos, criterios que van desde el rechazo
absoluto del poder, o aquellas que la subestiman y desprecian por el método
empleado, otras veces por las desviaciones teóricas y prácticas, y otras, por no

19
Feinman, José Pablo. Programa de Filosofía por Televisión “Aquí y Ahora”. Encuentro 9. La
Modernidad Desbocada. I.- ¿Qué es el pathos de la indignación? Canal Encuentro. Ministerio
de educación de la Nación. República de Argentina. www.encuentro.gov.ar/filosofía.

197

00A-Completo LC23S.indb 197 02/03/2015 03:34:45 p.m.


Carlos Salcedo García

entender su manifestación como un brote social en circunstancias particulares


que son determinantes.
El gobierno y las esferas de poder, ya sea en los años setentas o hasta
nuestros días, la catalogan como actos de delincuentes, de ladrones, negán-
doles totalmente su contenido político y su base social, así en aquel entonces
Cuenca Díaz, secretario de la Defensa Nacional afirmó que “eran unos vulgares
delincuentes”, el procurador Ojeda Paullada al negarse el gobierno a negociar
un secuestro manifestó que “el gobierno no pacta con criminales” y Luis Eche-
verría Álvarez externó su famosa y absurda tesis de que se trataba de jóvenes
desequilibrados, hijos de matrimonios deshechos, drogadictos y adictos al sexo,
es decir; el poder negó a la guerrilla su carácter político e invisibilizó sus causas
sociales y económicas.
Otra posición es la de ciertos intelectuales que se consideran cerca de
la izquierda como Mario Huacuja, José Woldenberg,20 Jorge Castañeda21 y
Alfonso Tecla Jiménez.22 Los últimos sostienen que la guerrilla fue creada por
una minoría vanguardista, desesperada y por jóvenes propensos a la violencia,
que fueron manipulados por las fuerzas oscuras del imperialismo, la cia, y por
grupos reaccionarios que se oponen al desarrollo del país. Mientras que Huacuja
y Woldenberg sentenciaron que:

El Estado y el imperialismo yanqui, a través de la cia, han implementado nue-


vas tácticas para golpear al movimiento revolucionario. Esta táctica consiste en
aprovechar la “lumpenización” que se da en los grupos guerrilleros que, con una
fraseología seudorevolucionaria, sirvan como agentes de la provocación o el ataque
directo. Por las tácticas que adoptan, puede entreverse que ya no se trata de la
acción de grupos o individuos aislados, sino de instrumentos de una estrategia
global del imperialismo, de los grupos más reaccionarios en el país.23

Estas afirmaciones no tienen fundamentación alguna, ya que son apreciaciones


de quienes tienen una posición contraria a la guerrilla, que se basa más en su
acomodo en las esferas gubernamentales o académicas, que en una demostración
y argumentación de sus apreciaciones.

20
Huacuja, Mario y José Woldenberg. (1976). Estado y lucha política en el México actual. México:
Ed. El Caballito. Ver sobre todo capítulo vi. “Las guerrillas y el Estado”. pp. 135-152.
21
Castñeda, Jorge. (1995). La utopía desarmada. El futuro de la izquierda en América Latina.
México: Joaquín Mortíz. 1995.
22
Tecla Jiménez, Alfonso. (1976). Universidad, burguesía y proletariado. México: Ediciones de
Cultura Popular.
23
Huacuja y Woldemberg. (1976). Op. Cit. p. 149.

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Grupo Lacandones

Otra posición es la sostenida por Gustavo Hirales Morán, ex militante de


la Liga Comunista 23 de Septiembre y quien ha publicado varios libros sobre el
tema, él, junto con otros presos políticos, aun estando en la cárcel de Topo Chico
en Monterrey, rectificaron posiciones y en lo fundamental sostuvieron que la
guerrilla fue una manifestación del “radicalismo pequeño burgués” y no dudaron
en calificarla de ultraizquierdismo, dentro de los mejores cuadros del leninismo.
La rechaza bajo el viejo lema de que un flanco a la izquierda es lo mismo que
tres flancos a la derecha, posición muy parecida a la de Heberto Castillo. Lo que
supone que ellos son poseedores de la izquierda atinada, central, la verdadera.

Es evidente, por ejemplo, que los ultraizquierdistas coinciden en los hechos


con la actual campaña reaccionaria que persigue expulsar a los comunistas y a
otras fuerzas de izquierda de las universidades. Unos buscan someter de nuevo
al conjunto de éstas a la férula ideológica y política de la burguesía y del pri; los
otros piensan que los comunistas son el obstáculo principal para que las univer-
sidades, sean por fin, verdaderas plazas fuertes de la revolución proletaria. Pero
en política, como en otros terrenos, suelen confundirse las buenas con las malas
intenciones; y el resultado objetivo de una eventual expulsión de los comunistas
de las universidades solo puede ser uno: su entrega a manos de la reacción y del
pri. La ultraizquierda siguió el juego de la derecha y del régimen, entre otras
cosas, porque carece de un proyecto estratégico propio y porque su política se
determina de un día para otro, de acuerdo a las “circunstancias”; lo cual no obsta
para que en determinadas situaciones, ellos también sean blancos de la represión.24

En los últimos treinta años el estudio e investigación del movimiento armado en


México en la década de los setenta, se ha incrementado de manera considerable,
no suficiente y además bajo un velo de omisión y rechazo para su difusión y
discusión en foros más amplios, sino es que francamente omitidos por el gran
aparato de control cultural, de educación y de difusión, entre este último, la
llamada industria editorial. Los escritores y los investigadores tienen que em-
prender una difícil tarea para la realización de sus trabajos, para su difusión y
para su publicación. Aun así, hay muestras que sorprenden y rompen la regla.
Distingo tres ramas de este tipo de trabajos: la investigación en diferentes ramas
sociales y culturales, el testimonio proporcionado por los ex combatientes y la
novedosa aportación de la literatura, en particular la novela, con aportaciones
al relato realista.

Hirales, Gustavo, Liberato Terán y Humberto Sotomayor. (1978). El radicalismo pequeñobur-


24

gués. Sinaloa: Universidad Autónoma de Sinaloa. pp. 46.

199

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Carlos Salcedo García

El análisis de este universo de creación y estudio y de cada una de estas


ramas excede los márgenes de este trabajo, sólo me atrevo a recomendar el
trabajo de Sergio Arturo Sánchez Parra25 y su balance historiográfico, y la in-
vestigación de Patricia Cabrera López y Alba Teresa Estrada26 sobre la guerrilla
y la literatura, una muestra de lo que aquí señalo, lo cual nos permite afirmar
que hoy contamos con más elementos para interpretar el papel jugado por la
guerrilla en aquellos años de la insurrección.
Esto nos ayuda a destacar que el movimiento armado de las décadas de
los sesenta y los setenta, si bien fue derrotado en sus objetivos y propósitos,
en parte por sus propios errores y deficiencias, fue un movimiento social que
respondió plenamente a las condiciones existentes de autoritarismo, antidemo-
cracia y control del gobierno en esa época, coincidente con una mundo bipolar
que exigía definiciones a los participantes políticos, que los guerrilleros antes
de serlo participaron en el combate por reivindicaciones políticas, sociales
y económicas junto con obreros, estudiantes, profesionistas y campesinos,
aspecto señalado enfáticamente en el caso del Grupo Lacandones, que la
respuesta represiva del gobierno fue orillando a los grupos, sobre todo a los
que alcanzaban a analizar la situación, como militantes políticos, estudiantes
y profesionistas a considerar que el desarrollo de la lucha estaba madura para
el asalto al poder.
Los hechos han demostrado que la crisis del capitalismo en México, en
los años setenta fue coyuntural, que el Estado fue capaz de reaccionar a la avan-
zada de los movimientos sociales, ya que tenía elementos para hacerlo, tanto
económica, social y políticamente, así como por la crisis del campo socialista
que culmina en 1989 con la desintegración de la urss. El empuje de la guerrilla
con su radicalidad y violencia armada, pero sin la organización partidaria que
pudiera canalizar el descontento del pueblo permitió que el gobierno pudiera
modificar poco a poco su vocación autoritaria y represora, no fue el único factor,
pero si uno importante, como para obligarlo a buscar caminos que eludieran
el cambio social radical.
Otro elemento que impulsó la guerrilla sin ser su intención, fue la lucha
de los comités de familiares y sociedad civil pro defensa de los derechos huma-

25
Sánchez Parra, Sergio Arturo. (2006). La guerrilla en México: un intento de balance historiográ-
fico. Publicado en Clío, Revista de la Facultad de Historia de la uas. Culiacán-. Nueva Época.
Vol. 6, núm. 35. Pp. 123-146.
26
Cabrera López, Patricia y Alba Teresa Estrada. (2012). Con las armas de la ficción. El imaginario
novelesco de la guerrilla en México. (Vol. I). México: Centro de Investigaciones Interdiscipli-
narias en Ciencias y Humanidades. unam.

200

00A-Completo LC23S.indb 200 02/03/2015 03:34:46 p.m.


Grupo Lacandones

nos y la vigencia y respeto a la legalidad, movimiento que logró avances en la


democratización de algunas instituciones.
Las organizaciones guerrilleras como Lacandones o como la Liga 23 de
Septiembre, una vez emprendida la violencia, no pudieron dirigirla o someterla
a lo estrictamente político, primeramente, porque las fuerzas principales de la
transformación social no se unieron a la subversión, los trabajadores en su gran
mayoría fueron espectadores; no se desarrolló la fuerza organizadora partidaria
que generara vínculos estructurales con el pueblo y canalizara su descontento,
por lo que no hubo desarrollo de la teoría revolucionaria que condujera co-
rrectamente las acciones. Esto no fue posible por falta de inteligencia de los
guerrilleros, la mayoría estudiantes y profesionistas destacados de su generación,
poseedores de una ética muy por encima de sus contrincantes, pero esto no fue
suficiente sin las premisas que se han plantado.
Aun así, el movimiento guerrillero produjo grandes cambios en el país,
que resultan una paradoja, no logró la revolución pero, impulsó la reforma. En
el último párrafo de su tesis doctoral Lucio Rangel Hernández, asevera:

Pese a su derrota, el movimiento armado socialista contribuyó, más como efectos


indirectos de su lucha que por sus planteamientos concretos, a la incipiente de-
mocratización que se operó en el sistema político mexicano desde entonces. No
fue el movimiento estudiantil de 1968 el que finalmente logró la apertura política
sino las acciones violentas de las organizaciones armadas clandestinas rurales y
urbanas; aunque no fue el propósito de la gran mayoría de éstas democratizar el
Estado mexicano sino su destrucción. Es decir la reforma política fue pensada
para institucionalizar el conflicto social y dotar el espacio legal a las corrientes
políticas opositoras, pero sobre todo respondió a la necesidad de detener el peligro
de un cambio radical.27

Referencias

Cabrera López, Patricia y Alba Teresa Estrada. (2012). Con las armas de la ficción. El
imaginario novelesco de la guerrilla en México. (Vol. I). México: Centro de Inves-
tigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. unam.

27
Rangel Hernández, Lucio. (2011). La Liga Comunista 23 de Septiembre. Historia de la orga-
nización y sus militantes. Tesis para obtener el grado de Doctor en Historia. Morelia, Mi-
choacán: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo e Instituto de Investigaciones
Históricas.

201

00A-Completo LC23S.indb 201 02/03/2015 03:34:46 p.m.


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Castañeda, Jorge. (1995). La utopía desarmada. El futuro de la izquierda en América


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202

00A-Completo LC23S.indb 202 02/03/2015 03:34:46 p.m.


Grupo Lacandones

El Heraldo de México. México, D. F., 8 de noviembre de 1972


El Universal. México D. F., 1 de febrero de 1973.
El Universal. México, D. F. 2 de mayo de 1973.

Archivos

agn. dfs 1-III-73 Forma C.6 2 A. Expediente 28-15-1-73-L-4-H-30-38.

Entrevistas

García, José Luis. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista mayo de 2005.


Moreno Borbolla, José Luis. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista diciembre
de 2004.
Rivas Jiménez, Arturo Alejandro. Ex guerrillero y ex preso político. Entrevista diciem-
bre de 2004.

203

00A-Completo LC23S.indb 203 02/03/2015 03:34:46 p.m.


00A-Completo LC23S.indb 204 02/03/2015 03:34:47 p.m.
Surgimiento, auge y debacle del movimiento
estudiantil sinaloense en los años setenta:
movimiento de “los Enfermos”

Héctor A. Ibarra Chávez*

E n México la política del desarrollo estabilizador (1952-1970) coincidió con


la guerra fría. Estrategia diseñada por los Estados Unidos para disputar-
le la hegemonía a la Unión Soviética. Lo primero posibilitó un crecimiento
económico anual del 7%, con precios a un promedio del 3%; mientras que, lo
segundo, provocó un abandono de la política del nacionalismo-revolucionario
con fines de involucrar a México en la política imperialista del anticomunismo
y la seguridad nacional que respondía a los intereses estadounidenses.
En este período se consolidaron las grandes ciudades como el Distrito
Federal, Guadalajara y Monterrey, lugares en los que floreció la industria de-
bido a las amplias inversiones estatales en infraestructura para la industria,
el comercio y los servicios, aunque también es importante decir que creció la
agricultura intensiva y de exportación en algunos estados del noroeste como
Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California. Este desarrollo desigual generó amplias
desigualdades sociales, debido a que la mayoría de la población del campo se vio
obligada a emigrar hacia las ciudades o a los Estados Unidos. Estas condiciones
de desigualdad, además de polarizar a la sociedad, generaron inconformidad en
diversos sectores sociales y en múltiples ámbitos. Un sector que expresó públi-
camente su inconformidad y cuestionamiento fue el de los jóvenes. El espacio
de manifestación fueron las escuelas y los espacios públicos, por tal motivo,
es imperante preguntarnos cómo es que se radicaliza la lucha estudiantil en
Sinaloa. Camilo Valenzuela sostiene:

Esto tiene sus antecedentes en una tradición de la lucha del pueblo sinaloense que
deviene desde la Revolución Mexicana… lucha que sus orígenes y causas contra

* Ex combatiente en El Salvador con el grado de Mayor del Frente Farabundo Martí de Libera-
ción Nacional. Actualmente logró el grado de Doctor por la Escuela Nacional de Antropología
e Historia. Dentro de sus publicaciones destacan: Pensar la guerrilla en México y Juventud
Rebelde e Insurgencia estudiantil.

205

00A-Completo LC23S.indb 205 02/03/2015 03:34:47 p.m.


Héctor A. Ibarra Chávez

el latifundismo y en favor del reparto agrario, entendiendo que en esos años la


fuente principal de ingresos de la población radica en el trabajo del campo… a
partir de los años cincuenta se produce la primera crisis, a medida que se cierra
la brecha del reparto agrario y se le da mayor prioridad a los grandes capitales.
Este problema particularmente se agrava en Sinaloa porque se produce un cam-
bio drástico en la vida del campesino, a partir de que se consolida el capitalismo,
Y es que ya para el problema de alimentación la gente comenzó a depender del
mercado y no de la tradicional capacidad de autoconsumo basada en los cultivos
de granos básicos que posibilitaban cubrir las necesidades del año, y permitían
guardar para la siguiente temporada. Es decir, que se comenzó a priorizar en los
cultivos para la industria y la alimentación del ganado, lo que provocó un cam-
bio en los patrones culturales de la vida campesina, porque comenzaron a darse
cambios en la dieta alimenticia, en la forma tradicional de cocinar los alimentos
con leña, para en su lugar usar gas, cambios en el transporte de los productos y
las personas, en el tipo de vestido, etcétera. Cambios que mayormente afectaron
a la juventud, ya que ésta sintió más violentada su realidad debido que hasta
entonces se había tenido la perspectiva de integrarse a los trabajos del campo
apoyando a los padres en labores… pero a medida que se cerró la brecha del
reparto agrario, muchos de estos jóvenes que aspirábamos a tener una parcela
propia, ya no pudimos lograrlo.1

En términos de las condiciones objetivas y subjetivas, el proceso de industrializa-


ción que vivió el país cambió de muchas formas la vida en el campo y la ciudad,
toda vez que se modificaron las oportunidades económicas de subsistencia. En
el terreno de las condiciones objetivas, crecieron en las ciudades los cinturones
de miseria debido a la fuerte emigración de la población campesina, a la vez
que en el campo se amplió la desigualdad social, la pobreza, la marginación y
la injusticia; mientras que las condiciones subjetivas provocadas por estos pro-
cesos de “modernización” económica generaron nuevas necesidades y cambios
en los patrones culturales de la población. De esta manera, la sociedad afectada
buscó la organización para la solucionar las nuevas necesidades y promovieron
luchas reivindicativas para el logro de sus objetivos. El Estado respondió con
sus tradicionales métodos autoritarios que se expresaron siguiendo la lógica de
encierro, destierro o entierro.
Los ejemplos más fehacientes de estas políticas autoritarias fue la represión
contra las ocupaciones de tierras en la Sierra Madre Occidental, promovidas por

1
Entrevista a Camilo Valenzuela (octubre de 2013) realizada por Héctor Ibarra en el Distrito
Federal. p.1.

206

00A-Completo LC23S.indb 206 02/03/2015 03:34:47 p.m.


Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

la ugocem en 1952, donde intervino el ejército; la represión contra los mineros


de Cleote y Nueva Rosita y su famosa “Caravana del hambre; la ocupación del
internado del ipn en 1956 por el ejército y el encierro de uno de sus principales
líderes, como Nicandro Mendoza por más de un lustro; y la represión contra la
huelga de los ferrocarrileros en 1958-1959, y el encarcelamiento de sus princi-
pales líderes (Demetrio Vallejo y Valentín Campa) por casi una década. Otras
manifestaciones de esta política represiva fueron: el asesinato de Rubén Jaramillo
y su familia en Morelos en 1962; las masacres contra los cívicos guerrerenses en
Chilpancingo (1960) e Iguala (1962); la masacre de los atacantes del cuartel de
Ciudad Madera en 1965, etcétera. Hechos que provocaron la radicalización de
estos movimientos y el surgimiento de las organizaciones guerrilleras rurales
con los profesores Genaro Vásquez Rojas y Lucio Cabañas.
La síntesis de esta política de terrorismo de Estado se evidenció en las ma-
sacres del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971 contra el Movimiento
Estudiantil.

El movimiento estudiantil sinaloense

Hacía los años sesenta, los valles del noroeste eran los más productivos del
país, ya que contaban con tierras de primera clase y de alta productividad. La
productividad se debía principalmente al apoyo que estos capitalistas recibieron
del Estado, principalmente, inversión en sistemas de riego, tecnificación de la
agricultura y exención en pago de aranceles.
En este contexto, los valles del noroeste se convirtieron en la “la joya de
la corona” de la oligarquía terrateniente y de inversionistas extranjeros, que
hicieron de esas tierras un vergel. Sólo que este objetivo se logró a base del aca-
paramiento de amplias extensiones de tierra y una explotación indiscriminada
de la mano de obra campesina.
Por esta situación, la lucha por la tierra adquirió en Sinaloa una intensi-
dad especial debido a que este movimiento se enfrentaba a un régimen muy
atrasado, sustentado por un lado en la política autoritaria del pri-Gobierno y
a la ideología anticomunista y macarthista que se promovió desde los Estados
Unidos; mientras que, en las ciudades se comenzó a articular un importante
movimiento estudiantil que pugnó por cambios democráticos en las universi-
dades, así como un movimiento urbano-popular y sindical que se enfrentó a
las tradicionales organizaciones empresariales y oficiales como la ctm y la cnc.
En este contexto, iniciaron las luchas estudiantiles en la Universidad Autónoma
de Sinaloa, así lo relata Camilo Valenzuela:

207

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Héctor A. Ibarra Chávez

En los primeros años de los sesenta en que da inicio la lucha por la reforma
universitaria (1966), yo estudiaba secundaria en la prepa de Guasave. Esto me
parece fue en tiempos del rector priísta Julio Ibarra. Y es que en estos años
coinciden dos importantes procesos: la lucha por la Ley orgánica y la demo-
cratización de las estructuras estudiantiles y académicas, ya que se inicia la
lucha por la reforma universitaria y una disputa por el control de la Federación
de Estudiantes Universitarios de la uas, porque en esos años estas estructuras
estaban bajo el control corporativo del pri. Y en esa lucha hay un cierto prota-
gonismo del pcm y de las pandillas. Porque este movimiento nace muy ligado a
las pandillas de los “rebeldes sin causa” que vienen de la influencia gringa de los
años sesenta, y son estas bandas de barriada las más organizadas y aguerridas
en esos años al ser las únicas que actúan con espíritu de cuerpo y con capacidad
de reaccionar contra los grupos de porros organizados y controlados por los
gobiernos de los estados.
Son entonces estos grupos los que se enfrenta a los porros y logaran ganarle la
dirección de La feus al pri. Y fíjate, irónicamente el primer presidente demo-
crático de la feus era un muchacho medio lumpen y de una familia burguesa,
jefe de una de estas pandillas, que conocíamos como “el Hitler”. Y que luego fue
un compa abogado de los primeros defensores de los Derechos Humanos de
Sinaloa… Entonces yo llego a Culiacán en 1969, y cuando entro a la feus ésta se
ha democratizado y hay toda una acumulación importante de experiencias con
influencia de las corrientes marxistas. Porque ahí estaban las corrientes comunistas
del pcm, de los “espartacos” y de otras tendencias pro-cubanas ligadas a los comités
de solidaridad con Cuba, además de otra raza muy académica encabezada por
José Luis Ceceña Cervantes que era director de la Facultad de Economía de la uas
y muy metidos en la línea de la teoría de la dependencia. [Es ahí cuando Camilo
Valenzuela se inicia como activista estudiantil]… Efectivamente, cuando llegó a
la Casa de Estudiantes “Rafael Buelna” en 1969. Un año en el que la raza ya estaba
muy involucrada en un activismo en torno a la feus y muy ligados a las tendencias
marxistas que te mencioné. Además que el movimiento estudiantil sinaloense
estaba ya muy ligado al movimiento nacional, porque teníamos representantes en
la cned que era la organización nacional que se constituyó al calor de las luchas
por la reforma universitaria y la defensa del rector por Eli de Gortari en Morelia
en los años 60 y además estuvimos ligados y representados en el movimiento
estudiantil nacional que surge en 1968. Porque ahí tuvimos representatividad en
el Consejo Nacional de Huelga a través de compañeros como Eduardo Valle “el
Búho” y Gilberto Guevara Niebla que fue gente nombrada en asamblea general
para el cnh y además hubo otra raza sinaloense destacada como Salvador Martínez
de la Roca “el Pino”, el “Flaco Osuna” y Pedro Castillo. Entonces estas influencias

208

00A-Completo LC23S.indb 208 02/03/2015 03:34:48 p.m.


Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

acentuaban el carácter combativo de la uas y un activismo solidario que desde


Sinaloa se mantuvo muy ligado al movimiento nacional.

Es importante destacar que ante la efervescencia estudiantil, la respuesta del


Estado fue muy práctica, la expulsión de los estudiantes que mantenían una
postura reivindicativa y radical. Es significativo recordar que el eslogan del
gobierno de entonces era: “encierro, destierro o entierro”:

Las expulsiones se dieron en 1972, cuando expulsan a Antonio Medina de Anda,


Antonio Pacheco y otra raza que eran de los más aguerridos en esos años, y que
eran miembros de la pcm. Sólo que estas expulsiones se dan ya durante la huelga
en la que se toman los autobuses.2

La relación de la jc y pcm con los movimientos estudiantiles en la uas datan de


finales de la década de los años sesenta, particularmente, cuando la dirección
de la Casa del Estudiante estaba en manos del pcm. Dirección que no estuvo
exenta de problemas:

El director era Rito Terán que pertenecía a la jc, y su hermano Liberato era el
presidente de la feus. Pero esa era un tipo de dirección con una orientación
muy pequeño-burguesa que mantenía una dinámica muy conservadora, porque
además no atendían los problemas concretos de la raza estudiantil. Entonces
en las casas había problemas urgentes como el del subsidio y la alimentación y
había necesidad de formar brigadas para salir a pedir apoyo a los mercados para
cubrir las necesidades de alimentación. Entonces, viendo que ellos no atendían
esos problemas, en 1970 convocamos a la elección de una nueva dirección para
la Casa del Estudiante, ahí se inicia un primer enfrentamiento con la jc, porque
les ganamos la dirección con una planilla independiente a cuya cabeza iba un
compa de Mazatlán y un buen número de guasavenses que éramos los más nu-
merosos en la casa. En esta planilla yo iba como tesorero, sólo que el problema
de esa planilla es que la raza que queda en los cargos directivos es medio lum-
pen, entonces, luego hubo que destituirlos porque hacían mucho desmadre y
no dejaban estudiar a la raza, y ese fue otro enfrentamiento donde a mí me tocó
encabezar la lucha. Entonces ganamos esas primeras batallas internas, y luego
llegué a ser director de la Casa del Estudiante, ya en ese proceso nos volvimos a
aliar con la raza de la jc porque ellos se comprometieron a entrarle a las tareas,
y fue así como se volvieron a reivindicar con la raza. Y ya en ese proceso se dio

2
Ibíd.

209

00A-Completo LC23S.indb 209 02/03/2015 03:34:48 p.m.


Héctor A. Ibarra Chávez

un puente con la jc en un momento en que la uas se estaba popularizando y


perdía su carácter elitista.3

Para los primeros años 1970, la Universidad Autónoma de Sinaloa se


encontraba aún en la lucha por la reforma universitaria y la democratización
de los órganos de gobierno, por lo cual convocó al Primer Congreso Estudiantil
Universitario Sinaloense. Congreso en el que se asumió la línea del Movimiento
Estudiantil de 1968, de luchar por una educación “al servicio del pueblo”. Pro-
ceso que se traduce en una elevación de la matricula estudiantil a más de 10
mil universitarios, en donde destacó el ingreso de hijos de obreros, campesinos
y pescadores en las aulas universitarias. Implicando una mayor vinculación y
compromiso del estudiantado con las luchas populares, a la vez se declaró a la
universidad como “independiente, antigobiernista y antiimperialista”.
Como puede apreciarse, el motor principal del movimiento de los años
setenta fueron los estudiantes de la uas. El movimiento inició en 1966 cuando
se da la lucha por democratizar las estructuras universitarias y la propia feus,
organización controlada por el pri. Por ello, Pablo Quiroz subraya que:

Para 1967 se dan otras luchas populares contra el alza al transporte público y por
otros servicios. Todo esto al amparo de la cned que en ese momento está jugando
un papel protagónico en el movimiento estudiantil nacional y que desaparece tras
de la represión generalizada contra el movimiento estudiantil de 1968 cuando
surgen otros actores con propuestas más radicales y consecuentes en la lucha por
los cambios. Para 1969 se dan luchas estudiantiles y populares como la reforma
universitaria encabezada por la feus, y se toman tierras encabezadas por el Frente
de Defensa Popular pero contando con el apoyo del estudiantado, a la vez que da
inicio la lucha por la caída del rector Gonzalo Armienta Calderón que se prolonga
por varios meses en 1970, porque éste es un rector impuesto por el gobernador
del estado (Valdés Montoya), y que es además un sinaloense desarraigado del
Estado y que desconoce la problemática universitaria. Particularmente la lucha
se radicaliza porque se opone a la aprobación de la Ley orgánica y porque impone
una especie de estado de sitio en el Estado, en lugar de buscar una solución po-
lítica al conflicto. En fin, el gobierno del Estado abre la vía de la represión contra
el estudiantado apoyándose en grupos de porros al servicio de funcionarios del
gobierno. Grupos paramilitares que por cierto eran entrenados en el Pentatlón.
Y eso provocó una despiadada represión que en marzo de 1971 nos obliga a

3
Ibíd.

210

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

declarar la huelga estudiantil. Huelga que por cierto estalla unos pocos meses
antes de la masacre del 10 de junio en San Cosme. Entonces, estamos frente a
un gobierno federal y estatal represivo, y un movimiento estudiantil nacional en
efervescencia. Y en esta lógica, el estudiantado sinaloense se está radicalizando.
Luego viene el intento del gobierno del Estado y de una parte de la izquierda tibia
por darle entrada a Luis Echeverría a la universidad, y quiero hacerlo lanzando
como punta de lanza a Víctor Bravo Aguja, en los momentos en que Echeverría
acababa de ordenar la masacre estudiantil en San Cosme. Y ese intento de meter
a Bravo Aguja a la universidad polarizó a las fuerzas del movimiento estudiantil
universitario. Y es que por un lado estaba el enfrentamiento contra el Estado y
sus grupos paramilitares, y por otro con la izquierda “tibia”, dentro de los cuales
destacaba el grupo José María Morelos, “los chemones” y el Partido Comunista
que estaban en la lógica “aperturista” de Echeverría, y éstos apoyaban la entrada
del secretario de la sep a la universidad; mientras que la mayoría de la base estu-
diantil representada en la feus nos oponíamos a esto...4

En ese año se inició una lucha contra el alza de las tarifas del transporte público,
la uas se convirtió en la cabeza de la movilización popular, a la vez que se exigía
la renuncia de un rector espurio (Gonzalo Armienta Calderón), impuesto por
el gobernador del estado. Movimiento que se prolongó por seis meses, con sus
respectivas secuelas represivas por parte del gobierno estatal y federal.5

Por una Educación Crítica, Científica y Popular

En esta lógica de polarización y enfrentamiento generado desde el Movimien-


to Estudiantil de 1968, el estudiantado universitario sinaloense se radicalizó,
teniendo como punto álgido de esas luchas el llamado “ensayo insurreccional”
del 16 de enero de 1974, promovido y encabezado por el movimiento de los
Enfermos y la Liga Comunista 23 Septiembre.

4
Entrevista a Pablo Quiroz (septiembre de 2006) realizada por Héctor Ibarra en Ciudad Madera
Chihuahua. p.1
5
Durante esta coyuntura, Luis Echeverría había asumido la presidencia de la república y pro-
movía una supuesta “reconciliación” con el estudiantado, así como una “reforma educativa” y
“apertura democrática”, a la vez que desplegaba la llamada “guerra sucia” contra el emergente
movimiento armado urbano, así la política de contrainsurgencia de factura estadounidense en
las zonas rurales donde ya operaban las guerrillas de los profesores Genaro Vázquez y Lucio
Cabañas.

211

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Héctor A. Ibarra Chávez

Movimiento que se dio en el marco de las políticas de terrorismo de Estado y


Guerra Sucia desplegadas por el gobierno federal-estatal, que se tradujo en exilio,
persecución, encarcelamiento y asesinato de líderes estudiantiles y populares,
así como ocupación de las instalaciones universitarias por parte del ejército,
policías estatales, porros y halcones.6
Como anteriormente se anotó, estos acontecimientos y diversas coyunturas
internas de la uas radicalizaron al estudiantado y obligaron a la feus modificar
sus estrategias de lucha. Por ejemplo:

La recuperación de la uas de manos de las fuerzas de derecha, da inicio un pro-


ceso de proletarización de las escuelas y casas de estudiantes, donde comienzan a
ingresar a la uas, prioritariamente hijos de campesinos, pescadores y obreros que
éramos una bola de parias, pero que comenzamos a hegemonizar las estructuras
democráticas de la feus.

Recordemos que el fenómeno de proletarización en las instituciones de nivel


medio y superior sucedió después del movimiento estudiantil de 1968. Co-
menzaron a llegar muchos jóvenes de las barriadas que por cierto fueron los
que dieron las primeras batallas contra los porros en la unam y el poli. Cabría
preguntar si en Sinaloa se dio este mismo fenómeno:

Algo parecido, pero no tanto de las barriadas, sino de raza que venía del campo
y que se caracterizaba por una disciplina de trabajo, aunque si había una buena
raza de urbanos que principalmente eran de Culiacán, Mazatlán y de la fronte-
ra norte de Baja California y Sonora. Entonces, con este nuevo contingente se
comienza a reestructurar la feus, y se constituyen el Consejo Estatal de Sinaloa
con las escuelas, donde ya están los Comités de lucha y las brigadas estudiantiles
que son uno de los grandes aportes del Movimiento Estudiantil de 1968. Por otro
lado, se crean otras dos casas de estudiantes y dos prepas populares ya durante la
lucha de los años setenta. Porque surge la preparatoria diurna “Emiliano Zapata”
creada por la raza de la jc y la raza de economistas de que te hablaba, que dirigía
José Luis Ceceña y Burgueño Lomeli quien después fue director de esa prepa, y
también estaba la prepa nocturna que había sido creada por los espataquistas.

6
Una modalidad de esta política de terrorismo de Estado es la cancelación de los derechos y
las garantías constitucionales que se traduce en la ocupación del recinto universitario por las
fuerzas públicas el 30 de marzo de 1972, el asesinato de dos estudiantes preparatorianos a las
puertas de la máxima casa de estudios el 7 de abril del mismo año, y una “cacería de brujas”
contra el estudiantado que irónicamente se radicaliza frente a esta política represiva.

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

Es importante aclarar si estos procesos de radicalización facilitaron la


ruptura con la línea reformista del pcm e inició la propuesta armada. Camilo
Valenzuela al respecto comenta:

Bueno, eso fue poco antes de mi primera entrada a la cárcel, cuando se realiza en
1972 el Foro Estudiantil en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, donde
nos re-contactamos con los compas de Nuevo León que venían trabajando un
proceso de coordinaciones con otros proyectos armados en otros estados. Y que
era un proyecto que se había iniciado en Monterrey durante el Congreso de la jc
de 1970 donde se encontraba a la cabeza Raúl Ramos Zavala. Porque acuérdate
que antes de 1972 se dieron acontecimientos que influyeron mucho en el desarrollo
de ese movimiento armado. Como fue el surgimiento de diversas organizaciones
armadas urbanas y rurales, y luego a inicios de 1972 mueren en combate Diego
Lucero, Genaro Vázquez Rojas y Raúl Ramos Zavala. Ejecuciones que se dan en
el transcurso de un mes (enero y febrero). Y aunque menos conocida la figura
de Raúl, éste encabezaba desde 1969 un proceso de discusión y elaboración
teórica para construir los cimientos de un proyecto armado nacional, que luego
desemboco en la Liga Comunista 23 de Septiembre. Y aunque era gente muy
joven, eran ya militantes políticos y revolucionarios con mucha experiencia y
con un gran potencial. Desafortunadamente, la represión de ese año de 1972 los
alcanzó, como también alcanzó a otros núcleos revolucionarios en Chihuahua,
Durango y Aguascalientes.
Entonces, mientras se viven todos esos proceso yo llego a Culiacán en 1969 y
asumo la dirección de la Casa del Estudiante, y luego los compas de la jc se rein-
tegran al activismo con nosotros, y ahí se restablece la relaciones con ellos. Pero
la relación no se da con la anterior dirección de la jc donde dominan los Terán,
sino con otros compas que vienen de la UdeG como Antonio Pacheco y Antonio
Medina de Anda que habían salido huyendo de Guadalajara ante el peligro que
los matara el grupo porril de la feg, y ésta era raza experimentada, porque Me-
dina de Anda había sido presidente de la Escuela de Agricultura en la UdeG, y la
dirección del pc lo trasladó a la uas para darle seguridad y para que apoyara el
activismo estudiantil sinaloense que estaba en ascenso en ese momento. Entonces,
esta gente llegó con otra actitud, y con ellos logramos reactivar la relación con
la raza del pc, porque ellos llegaron con una gran disposición de incorporarse a
las lucha por la tierra durante el movimiento contra una Ley de Catastro que en
esos días era encabezada por el pan, y la que participaban compas como “el viejo”
Alfonso Barraza. Este compa, era un cuadro histórico del pcm que había sido
expulsado del Estado en los años 40 por grupos de esquiroles de los tiempos en
que se comenzaba a consolidar el “charrismo” de la ctm en el Estado. Entonces el

213

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Héctor A. Ibarra Chávez

viejo regresó al Estado con una enorme acumulación de experiencias y una gran
capacidad política, porque había andado por diferentes estados y había pasado
cursos en las escuelas de cuadros de la urss. Entonces él nos ayudó a arrebatarle
la dirección de ese movimiento a los panistas, porque además representaba el ala
izquierda del pcm que planteaba una vinculación del partido con el sector más
radicalizado del Movimiento Estudiantil Sinaloense. Entonces yo me integro por
esa vertiente que es una corriente crítica que cuestiona las posiciones conservado-
ras y quietistas del pcm, porque en ese tiempo la jc estaba controlada por la clase
media acomodada. Y ellos lo que hacían era imprimirle una posición pequeño-
burguesa al movimiento. Entonces, Barraza que era un hombre muy irónico, les
daba una lucha ideológica con un lenguaje muy popular —les decía- “Con esta
dirección cuando vamos a hacer la revolución… salen a repartir un volante y se
les ruedan las lágrimas”. Y con ese discurso el viejo nos ganó al pcm, y fue como
algunos nos integramos a la jc.7

Luis Echeverría: la “apertura democrática” y las “reformas con represión”.

Durante el sexenio de Luis Echeverría surgieron diversos movimientos indepen-


dientes al régimen de partido de Estado. Movimientos que se orientaban por una
línea más radical, en la que se expresó un tipo de “insurgencia obrera, campesina,
estudiantil y popular”. Insurgencia que tenía como punto de arranque diversas
huelgas obreras, como las encabezadas por la Liga de Soldadores desde 1968,
durante la ocupación del Polifórum Cultural Siqueiros por los trabajadores o
las huelgas de paileros y soldadores de la Refinería de Tula Hidalgo en 1975; las
huelgas obreras del Estado de México en Naucalpan, Vallejo y Ecatepec como
la de Hilados y Tejidos «Lido» en Naucalpan en 1974, Duramil y Morganite del
Caribe en 1975 en Vallejo, etcétera; mientras que en los cinturones de miseria lo-
calizados a las periferias de las principales ciudades surgieron diversas invasiones
de tierra por solicitantes de vivienda como el “Campamento 2 de octubre” en el
Distrito Federal y la colonia proletaria “Rubén Jaramillo” en Morelos, así como
otros movimientos populares en Nuevo León, Zacatecas, Durango y Chihuahua
por parte de los respectivos frentes populares. Movimientos que de forma re-
gular fueron acompañados y apoyados por el movimiento estudiantil y objeto
de fuertes ofensivas represivas por el gobierno federal y los gobiernos estatales.
En el campo, desde 1970, proliferaron las invasiones de tierra por grupos
de campesinos pobres en estados como Puebla, Veracruz, Tlaxcala y Oaxaca;

7
Entrevista a Camilo. Citada. pp. 2-3.

214

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

mientras que en el norte se evidenciaron las invasiones del Valle del Mayo y
Yaqui, así como sus secuelas represivas como la masacre de Río Muerto en las
inmediaciones del Valle de Guaymas. Movimientos a los que de forma regular
confluyó la solidaridad del movimiento estudiantil. En dicho contexto se dio
la lucha por la tierra en los valles de Mazatlán, Culiacán y Guasave, cuya causa
principal fue el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías pobres de
la ciudad y el campo; traduciéndose en luchas por tierras, mejoras salariales y
más y mejores servicios. Específicamente en los campos agrícolas de Sinaloa se
dio la lucha contra la explotación indiscriminada y abuso de mujeres por parte
de los patrones, capataces y autoridades venales.
Se ha tenido la impresión de que el movimiento de Los Enfermos fue un
movimiento al margen de la lucha social y que incluso la llamada “izquierda
civilizadora” los acusó de “porros” y “provocadores”. Eleazar Salinas ha sostenido
que ello es falso, ya que el movimiento de los Enfermos:

Contó con un amplio apoyo de masas a diferentes niveles de la sociedad. Sólo


en algunas colonias populares como la Hidalgo y la Coloso la participación del
estudiantado fue decisiva para lograr la tierra, y en la colonia industrial realizamos
una campaña de alfabetización. En el campo al apoyo fue mayor, porque el estado
de Sinaloa era un Estado rural cien por ciento. Entonces la lucha en el campo fue
uno de los pilares del movimiento de los Enfermos. Sólo en la toma del ejido del
Tajito, que fue una de las tomas de tierra más importantes de esos años en el Estado,
logramos levantar a varios miles de familias campesinas de la región, porque el
propietario de esas tierras era el “Loco Ramos”, que era uno de los terratenientes
más poderosos del noroeste con miles de hectáreas en Sinaloa y casi medio Estado
de Sonora, y ahí hubo una amplia participación de la población en la toma de
la tierra y durante el cerco militar que le puso el ejército al ejido. Porque hubo
un momento en que los niños se estaban muriendo de hambre y de sed debido
al cerco militar, y ahí nosotros nos mantuvimos junto a los campesinos todo el
tiempo defendiendo la tierra y las trincheras que habíamos construidos como
autodefensa. Y es que fíjate, el Tajito contó con una de las dirigencia más claras y
experimentadas de la lucha por la tierra, porque ahí encabezaron el movimiento
dirigentes como Marcelo Loya que era el líder más importante de esa toma de
tierras, y que era un líder nato, muy valiente y decidido; lo mismo estuvimos en el
ejido de la California, donde tomamos la tierra con los campesinos, y aguantamos
represión con ellos; en la zona de los Tanques de la Cruz de Elota; y como último
dato: teníamos influencia en 30 ejidos y nuevos centros de población e hicimos
siete tomas de tierras y cuatro eran campamentos armados. Y en todos estos
procesos se dio una fuerte disputa de la base social con los priístas y panistas que

215

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Héctor A. Ibarra Chávez

controlaban esos ejidos. Y eso no era todo, porque además teníamos influencia
en el movimiento obrero que yo atendía, donde me tocaba asesorar a la sección
14 del Sindicato de Ferrocarrileros donde teníamos experimentados dirigentes
como José Rodríguez, a quien usted conoció después en Nacozari ¡Que esos
eran luchadores sociales que venían desde la huelga del 58!, y también teníamos
una importante influencia entre los trabajadores de la construcción ligados a
la ctm. Y entre los jornaleros estábamos trabajando por crear un sindicato de
obreros agrícolas de los cortadores de la flor y jitomate, y en esa lucha llegamos
a constituir por vía de los hechos el sindicato, porque hicimos todos los trámites
legales, solo que la represión nos alcanzó y ya no pudimos legalizarlo. Y fíjate,
en el momento más intenso de la lucha, se organizó un paro en todo el Valle de
Culiacán, que se inició en el campo del Toro por los frecuentes abusos cometidos
por los patrones y capataces contra las compañeras trabajadoras. Y en ese mo-
vimiento llegamos a parar a 15 mil cortadores que afectó la producción de 150
mil trabajadores del campo. Ahora fíjate: una de las acciones más radicales que
se hicieron por la Comisión Coordinadora Clandestina de la feus fue en 1972,
cuando quemamos la oficina de caades y del pri en Culiacán, y esto se hizo
para aflojar el cerco militar del Tajito en un momento en que los niños se estaban
ya muriendo de hambre y sed. Entonces la raza indignada salió en una marcha
hacia esas oficinas y las quemó. Y eso fue de cierta forma el primer experimentó
de ensayo insurreccional, de lo que sería el llamado “Asalto al cielo” de enero de
1974 convocado y protagonizado después por la feus.8

¡No queremos apertura, queremos revolución!

No fue sólo la política demagógica propalada por Luis Echeverría la causa de


la radicalización del movimiento estudiantil, sino, fundamentalmente, la ins-
trumentación de políticas represivas que se expresaban en un tipo de Guerra
Sucia y planes de contrainsurgencia de factura estadounidense.
La muestra más tangible de esta política rapaz fue el surgimiento de
diversos procesos de radicalización en diversos estados de la república tras la
masacre del 10 de junio de 1971:

La izquierda se preparaba para dividirse; una nueva izquierda se prepara para


emerger, dura, intransigente, insurreccional, radical y enferma… En mayo de

8
Entrevista de Héctor Ibarra a Eleazar Salinas, Ciudad Madera Chihuahua, septiembre de 2006.
p. 3.

216

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

1972 se realiza en la unam el Primer Foro Nacional de Estudiantes; ahí, grupos


estudiantiles cuestionan el reformismo, el foro se divide entre los que plantean
“democratización universitaria y cogobierno” y quienes afirman “No queremos
apertura, queremos revolución”. Esta tendencia daría meses después nacimiento
a una ala radical del movimiento estudiantil, de entre ellos los grupos de mayor
peso: “Los galácticos en la uap; el fer en la udeg, el cer en la uanl, “Los coyotes”
de la uabjo, y “Los enfermos” en la uas.9

En Sinaloa la oligarquía terrateniente y el estado se habían caracterizado por su


política de terror contra cualquier expresión de oposición al régimen. Política
que se traducía en persecución, exilio, cárcel, asesinato y desaparición de líderes
de oposición y activistas del movimiento popular. Política que al confluir con la
represión nacional contra el movimiento estudiantil, propició hacia la segunda
mitad de 1972 que un sector del estudiantado universitario sinaloense le de-
clarara la guerra al Estado, pasando a la clandestinidad al constituir grupos de
autodefensa armada, que a saber se dio en llamar Movimiento de Los Enfermos:
“Si estamos enfermos, pero del virus rojo del comunismo”.10 De esta manera,
un sector de estudiantes radicalizados optó por la vía armada, principalmente,
cuando en 1972 se reconectaron con gente de Monterrey. Eleazar Salinas re-
cuerda que en ese periodo iniciaron:

Las redadas brutales y sangrientas del gobierno del Estado… Porque ya por esas
fechas nos vimos obligados a pasar a la clandestinidad y constituimos en la Co-
CoClan de la feus e hicimos la declaración aquella de ¡Sí estamos enfermos del
virus rojo de la revolución comunista! De ahí nos vino el mote de “Los enfermos”. Y
fue por ese mismo tiempo que se sacaron las tesis de la Universidad-Fábrica, que
fue un documento elaborado por Francisco Rivera “el Chicano”, Salvador Corral
y el “Pachis”, pero que era un documento en proceso de elaboración. Porque no
era algo muy acabado, sólo que mucha raza lo adoptó de manera cuadrada. Y lo
que pasó es que por esos años, a nosotros nos sacó la Liga del Estado y todos los
primeros dirigentes naturales del movimiento de los enfermos fuimos descentra-
lizados. A mí la organización me mandó como responsable del Comité Militar a
Chihuahua, porque, además, era uno de los dos responsables más importantes
del movimiento de los Enfermos ante la Coordinadora Nacional Guerrillera, y

9
Reyes Peláez, Juan Fernando, Ensayo para el Asalto al cielo: notas sobre el Movimiento Re-
volucionario en Sinaloa, Revista Expediente Abierto (Para romper el Silencio), diciembre de
1984-Enero de 1995. pp. 8-9.
10
Ibíd. p.11.

217

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Héctor A. Ibarra Chávez

como ya era perseguido pase a la clandestinidad. En ese momento mi nombre en


la Liga era Ramón. Ramón era mi nombre de guerra en la Organización. Aunque
ya estábamos integrados a la Liga, la línea armada de Los Enfermos apareció desde
fines del 72 y formalmente nosotros entramos a la Liga en marzo de 1973 durante la
reunión de Guadalajara. Porque nosotros habíamos establecido una comunicación
previa con los compañeros de grupo Proceso que venían de Nuevo León y Baja
California Norte, y desde ese tiempo nos enviaron como responsables a Sergio
Hirales “El Pachis”, que es cuando la dirección de la Liga nos acusó de algunas
desviaciones pequeño-burguesas, y por esos nos enviaron a Gustavo Hirales
“Fermín” (hermano del “Pachis) y al “General” disque pa’ corregir la línea política.
Como representantes de Los Enfermos nosotros asistimos a la reunión de Gua-
dalajara (marzo de 1973), y fuimos una de las seis primeras organizaciones ar-
madas que entran a la Coordinadora Guerrillera, pero en esa reunión quien nos
representó fue Francisco Rivera “el Chicano”, y ya después participamos otros en
otras reuniones. Porque a mí me tocó representar al movimiento de Los Enfermos
en el Comité Militar.11

En los hechos, este sector radical e intransigente del estudiantado sinaloense


asumió la línea insurreccional en 1972, al momento en que se abre la fase de
terrorismo de Estado por el gobierno estatal. Política que se expresó en una
“cacería de brujas” con expulsados del Estado, perseguidos, presos y asesinados.
Ya para fines de ese mismo año se constituyeron las “brigadas de auto-defensa
armada” y se buscaron las coordinaciones con otras agrupaciones armadas.

Auge y declive del movimiento estudiantil sinaloense


de Los Enfermos

El movimiento de Los Enfermos surgió en Sinaloa entre los años de 1972 a 1974
en una coyuntura histórica de efervescencia revolucionaria del movimiento
estudiantil nacional, así como en el marco de una represión encabezada por el
Gobierno del estado. Esto significa que entraron al proyecto armado antes de
crearse la Liga:

En efecto, porque nosotros comenzamos a coordinar con la raza del norte cuan-
do aún no había una coordinación nacional. Y lo que paso es que la entrada
a la Liga coincidió con la represión y la radicalización del movimiento en el

Entrevista a Eleazar. Citada. p.4.


11

218

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

Estado, porque en octubre, por ejemplo, cae nuevamente preso Camilo; a mí


la Liga me saca del Estado y me envía como responsable militar a Chihuahua;
a Mendivil lo envían al comando de la guerrilla rural de Sonora; al Chicano lo
sacan a coordinar tareas de nivel nacional y es como toda la primera y segunda
generación de dirigentes sale del Estado, porque también salen compas como
Pablo Orozco que es enviado a Durango y Jorge Luna que anda ya en tareas de
organización nacional y son compas de la segunda generación de dirigentes. O
sea, que sale prácticamente toda la raza que tenía experiencia, y llegó raza de
otros estados a suplirnos. Raza que desconocía la situación política local y no
tenía autoridad ni entre el estudiantado ni en el trabajo popular, porque ade-
más no conocían el estado de ánimo de la raza. Y el otro problema es que estos
compas que llegaron de afuera comenzaron a aplicar métodos de conducción
incorrectos, que ya la raza que quedó no pudo controlar, porque eran dirigentes
de una tercera generación y era raza que carecían de la experiencia necesaria ni
estaba compenetrada con el trabajo obrero y campesino que nosotros atendía-
mos. Porque por ejemplo, yo era el responsable del trabajo obrero y me tocaba
atender a los ferrocas y a los obreros de la construcción y al llegar los compas de
fuera no logran el liderazgo ni la autoridad moral necesaria porque desconocía
la idiosincrasia de esta raza proletaria. Y pues sí, al solo llegar esta raza de fue-
ra con la línea de la Dirección Nacional de la Liga, se sobrepone a los compas
locales que no tenían ni la experiencia ni la autoridad suficiente para controlar
estas políticas erróneas.

En este sentido, fue preponderante cuestionar a Eleazar Salinas qué pasó con
la gente después del Asalto al cielo:

Eso no lo sé. Eso requiere un trabajo de investigación para analizar los errores
que se cometieron. Pero por ejemplo, el “Asalto al cielo” fue dirigido casi pura
gente de fuera, y fue un fracaso, porque fue una derrota militar aplastante
contra uno de los movimientos de masas más importantes que tenía la Liga, ya
que muchos compas fueron capturados y algunos desaparecidos en esa acción.
Entonces al desarticularse este movimiento que era uno de los más organizado
y radicales del país, la Liga sufre un gran golpe. Porque luego de eso empezó la
debacle no sólo de los Enfermos sino también de la Liga. Se podría decir que ahí
comenzó la metamorfosis hacia el militarismo, sino es que un poco antes. Porque
todavía en el 73 yo participé en la primera Reunión del Comité Militar donde
se discutieron aspectos generales de línea militar, en la que se dieron algunas
conferencias sobre las experiencias de procesos revolucionarios como la Guerra
Popular Prolongada de los Chinos o la Guerra Revolucionaria del Pueblo de los

219

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Héctor A. Ibarra Chávez

vietnamitas, aunque también se discutieron las experiencias de la Revolución


Mexicana y de otros movimiento armados del continente. Y en ese momento
no se expresaba todavía una línea militarista, porque lo que ahí se analizó fue
la teoría general de la guerra, sobre táctica y estrategia y se planificaron algunas
de las primeras acciones militares. Lo otro, todavía hacía un énfasis en la pre-
ponderancia de la política sobre los militar, ya que se tenía claro que toda acción
militar tenía un propósito político —Según como lo expone Klausewitz—. Y de
esa reunión considero que salieron directrices muy buenas.
Esa reunión fue convocada por la Dirección Nacional, pero quien llevó la con-
ducción de toda la reunión fue “José Luis” u “Oseas” (Ignacio Salas Obregón),
aunque también había otra raza experimentada como Pedro Orozco Guzmán
del fer de Jalisco y el “Tenebras” (Enrique Pérez Mora) que era aún un cuadro
medio; creo que también llego el “Sam” y David Jiménez Sarmiento “el Chano”
que aunque éste no era un compa con gran nivel teórico, tenía una gran capaci-
dad militar y era uno de los compas más temerario de la organización. Porque
fíjate, que en esa reunión recuerdo que se le hizo una crítica por algunas acciones
donde se dijo que actuaba de forma infantil, porque en las acciones actuaba
como si fuera chamaco, y lo que pasa es que tenía una habilidad extraordinaria
con las armas…
[Aquí es importante mencionar quiénes elaboraban la línea política y los planes
militares]
Los principales documentos teóricos fueron supuestamente elaborados por
“Oseas”, como las Cuestiones fundamentales eran un resumen de los primeros
Madera que en buena parte fueron elaborados por Raúl Ramos Zavala, aunque
también había documentos de Juan Manuel Gámez como “A la luz de esta histo-
ria de batallas”, y algunos otros artículos de Salvador Olivares y Gustavo Hirales
Morán. O sea, que no todo fue elaborado por “Oseas”. De hecho el movimiento
de los Enfermos de Sinaloa surge con redoblada radicalidad entre el año de 1973
y tiene su punto clímax en el llamado “Asalto al cielo” de enero de 1974. Y esta
tendencia a la radicalidad y a las políticas militaristas comienzan a evidenciarse
poco después de darse a conocer el Programa denominado Cuestiones fundamen-
tales del movimiento revolucionario,12 ya que es en este mismo período cuando se
pública a través del periódico Madera el documento donde se establece la línea
de “lucha a muerte contra el oportunismo”. Definición que según la terminología
leninista, los sectores de la pequeña-burguesía son lugartenientes de la burguesía,

12
Este programa de lucha es la síntesis de los Periódicos Madera 1,2.3, 3 bis y 4 (primera épo-
ca) que luego fueron plasmados por Ignacio Salas Obregón en el documento de Cuestiones
fundamentales del movimiento revolucionario.

220

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

infiltrados en el movimiento obrero y, como tales, deben ser aniquilados al ser


considerados “traidores”.13
El abandono de la lucha de masas fue marcado por el ritmo de los acontecimientos,
porque primero tuvimos que irnos a la clandestinidad a causa de la represión, y ya
luego que nos integramos a la Liga fuimos trasladados a otros estados y regiones
del país, porque ya en ese entonces se comenzó a hablar de la “huelga general” y a
la “insurrección armada”, a la vez que se comenzaron a hacer algunas operaciones
militares de envergadura como algunos secuestros en Monterrey y Guadalajara
que fueron un fracaso y que tuvieron altos costos de valiosos compañeros. Después
de eso ya no hubo vuelta atrás. Entonces el punto culminante de esa vorágine fue
enero de 1974 con el llamado Asalto al cielo, que es cuando se da el enfrentamiento
frontal y violento contra el Estado, y después vino la “cacería de brujas” por parte
del Estado contra todo el movimiento armado.

En este tenor, resultó imperante cuestionar a Eleazar Salinas qué pasó con la
gente después del Asalto al cielo:

Lo que pasó fue que en esa acción se desbordó la violencia, porque el ejército
primero se dejó ir contra los paros en los campos del Valle de Culiacán que estaban
ya insurreccionándose, y luego se dejaron venir contra el movimiento estudiantil
en el que se incluía un contingente como de 600 obreros de la construcción que
participaron en las acciones de la ciudad. Y fíjate, en esas acciones fueron cientos
los detenidos, se calculan en varias decenas los desaparecidos y muertos. Después
de eso, se dio la dispersión del movimiento porque también vino la debacle de
la Liga en 1974. Esta, es una parte de la historia muy crítica y muy triste para
mí… —Se le cortó el habla y después de un rato continuo su narración— No me
siento todavía muy capacitado para hablar de eso. Pero voy a contarte algunas
cosas: …después de eso se dio la dispersión del movimiento porque también vino
la debacle de la Liga que se inició en abril de 1974 tras de aquella última reunión
de la dirección Nacional “histórica” cuando es capturado y desaparecido Salas
Obregón (Oseas) en el Estado de México. Y fíjate lo irónico del caso, es que la
debacle de la Liga no comenzó sólo por la persecución del Estado que en esos
días se hizo feroz, sino que mucho antes nosotros mismos fuimos artífices de esa
debacle. Y pienso que la mayor causa de esa debacle fue cuando comenzamos a
aislarnos del movimiento de masas y comenzamos a ver enemigos entre nuestros

Esta línea política comenzó a ser instrumentada tras de la publicación del periódico Madera
13

No 3 de junio de 1973 y supuestamente fue elaboradas por Ignacio Salas Obregón “Oseas”
bajo el título de Del desarrollo de la lucha teórico e ideológica.

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Héctor A. Ibarra Chávez

propios compañeros. Puede haber muchas explicaciones sobre eso: la persecu-


ción, la clandestinidad, los peligros de la infiltración del enemigo, etcétera. En
fin, todas las que quieras, pero lo cierto es que la persecución enemiga nos llevó
a una paranoia que permeó toda la militancia, y luego nuestro sectarismo y mi-
litarismo nos llevó a ver enemigos de nuestros propios compañeros. Ese fue uno
de nuestros mayores errores. No se puede decir que haya sido la línea militarista
la que nos llevó al fracaso, eso habría que investigarlo más a fondo. Lo que sí sé es
que las condiciones nos llevaron a acciones desesperadas y cometimos errores, y
lo que te comentaba antes, que eso no lo he hablado con nadie porque lo quiero
sacar cuando escriba mis memorias… Pero fíjate, cuando fui parte de la Coor-
dinadora Guerrillera y jefe del Comité Militar de Chihuahua, lo que yo vi y oí
en esa última reunión fue muy duro de asimilar y hasta traumático para mí. Por
ejemplo, en la última reunión de la Dirección Nacional “histórica” que se realizó
en abril de 1974 sucedieron cosas que ya mostraban signos de la descomposición
de la Liga. Lo primero es que me di cuenta que en aquella casa de seguridad
tenían en un cuarto aparte al compañero Juan Manuel Gámez “Julio”, y quien lo
tenía bajo custodia era Rodolfo Gómez “el viejito” y otro compa. Recuerdo que
en esa reunión en la que sólo estábamos Oseas y yo, éste me estaba deslindando,
porque comenzó aquella reunión cuestionando mi ausencia en la reunión de la
Dirección Nacional que se realizó en una población del sureste que no recuerdo
el nombre. Entonces, cuando estaba aclarándole mis razones por las cuales no
asistí a esa reunión entró el “Viejito” al cuarto y, —le dijo— ¿Que procede jefe?
¡Pues ya sabes! Y le entregó un arma. Luego, prosiguió sus cuestionamientos, y
—me preguntó—: ¿Qué piensa sobre el Estado compa? Entonces yo me remití a
exponerle mi versión a partir de lo que conocía por los textos clásicos de Marx y
Lenin. —Y me dijo— ¡No compa usted anda perdido, y eso es lo que lo ha hecho
caer en desviaciones pequeño-burguesas! Luego comenzó a descalificar mis po-
siciones refutando todas mis propuestas argumentando que estaba elaborando
una nueva concepción sobre el Estado. Algo así como que él estuviera elaborando
una tesis superior a la planteada por Marx y Lenin… ¿Cómo un Estado proletario
de nuevo tipo? En eso estábamos cuando llegó otra vez el “viejito” y le devolvió
el arma y, —le dijo— ¡Misión cumplida!
De hecho yo creo que en esa reunión descartaron a “Julio”, y a mí me estaban
“deslindando”. Porque además como rebatirle teóricamente a ese compa ¡Estaba
bien cabrón! Porque era un teórico brillante, que además el resto de la militancia
como podíamos argumentarle en contra, si pasaba más tiempo estudiando que
todos nosotros que andábamos en la operatividad militar, además era jefe máxi-
mo de la organización. Yo creo que el único que tenía capacidad de refutarle era

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

“Julio” y por eso le dieron piso. El caso es que en esa reunión a mí me deslindó,
y de no ser porque salió en ese momento a una cita “muy importante” de la que
ya nunca regresó, no te estaría contando el cuento. Me hubieran dado piso tam-
bién. Porque lo que recuerdo, es que a mitad de la reunión salió y suspendimos
la reunión, y como ya nunca regresó, después el comité de redacción se tomó la
conducción de la organización sin que nadie los nombrara, a manera como de un
golpe de Estado. Porque para nombrar esa dirección no se consultó a la dirección
histórica, no hubo consultas a los comités regionales, y prácticamente el Comité de
Redacción se auto-designó como relevo de la anterior Dirección Nacional donde
la mayoría de compas habían caído, estaban presos o habían sido deslindados.
Así que al caer Oseas se perdió del todo el rumbo de la organización y se entró
en un proceso acelerado de descomposición interna, porque de ahí se profundi-
zaron las líneas militaristas, donde ya lo más importante era vengar a los compas
caídos ejecutando militares, policías y esbirros, y luego se entró en una lógica de
deslindes contra el “oportunismo” donde se sentenciaba a la muerte a cualquier
compañero por la simple sospecha de mantener relaciones con alguna instancia
institucional, dígase sindicato, organización campesina o de cualquier otra tipo de
organización legal que no residiera en el trabajo de la Liga. La cosa es que de ahí
vinieron los deslindes a diestra y siniestra. En ese momento, los dirigentes de Los
Enfermos ya no estábamos en el Estado, algunos estaban presos, porque Camilo
que era parte de esa dirección estaba preso junto a otros dirigentes; el “Negro”
Mendivil habían sido trasladados a la guerrilla rural de Sonora; Guangorena ya
se había ido del Estado por la represión; y Francisco Rivera “el Chicano” que
fue uno de los dirigentes más destacados del movimiento enfermo había sido
capturado junto a Gustavo Hirales cumpliendo tareas para la organización. Y
el caso del Chicano es bien jodido porque al ser capturado, Nazar Haro lo dejó
ir sin motivo alguno, pero con la idea de que los compas desconfiaran de él y
creyeran que era un infiltrado. ¿Al menos esa es la versión que yo tengo? Habrá
que investigar más los detalles del caso, porque eso requiere consultar algunas
fuentes de la dfs o de algún compa sobrevivientes que estuvieron con él en los
días de su vida… Lo que sé es que al final el compa andaba escondiéndose en la
sierra a la altura de Guasave, pero ya su vida se había convertido en un infierno
(se le cortó el habla y se le nublaron los ojos)… El problema es que lo buscaban
los compas y el enemigo para matarlo… Al final no se supo quién lo mató, porque
despareció, y no se sabe si lo mató el enemigo o lo mataron los mismos compas…
Porque después sólo despareció14

14
Entrevista a Eleazar. Citada. p.4.

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En los últimos meses de 1973 (noviembre-diciembre), la Liga Comu-


nista 23 de Septiembre planificó un ensayo de insurrección en Culiacán, por
considerar ese proyecto armado como el más propicio para una insurrección
armada. Acciones en las que la participación del estudiantado universitario
fue decisiva a la hora de montar barricadas en puntos clave de la ciudad, como
en la campaña de agitación y propaganda que se desplegó entre las masas con
vistas a “prepararlas para las acciones insurreccionales futuras”. Andrés Ayala,
uno de los que encabezaron la operación político-militar del 16 de enero de
1974, sostuvo que esa operación no fue dirigida por Los Enfermos, sino por la
Liga Comunista:

A mí me asignó el Comité Regional de la Liga el que me asignó esa misión, porque


yo en realidad no pertenecía al grupo de “Enfermos”, sino a Los Macías, que fue
uno de los últimos grupos que se integraron a la Liga. Nuestro grupo devenía del
espartaquismo norteño, y nuestro trabajo principal era en el movimiento obrero
y no en lo estudiantil. De hecho era el responsable regional del Comité Obrero de
la Liga, porque el jefe político-militar en ese momento era Salvador Corral “Ro-
berto”, y a nivel local Guadalupe Yáñez Ocaña. Efectivamente hubo un alzamiento
popular, pero muy parcial y mal coordinado porque los únicos que se integraron
al planteamiento insurreccional fueron los estudiantes y algunos obreros de la
construcción, que era un trabajo que nosotros atendíamos del otro lado del río,
por el lado de la infonavit. Aunque también hubo un alzamiento por el lado de
los obreros agrícolas de los campos del Valle de Culiacán, sólo que el problema
es que los compas encargados de alzar a los obreros agrícolas tuvieron proble-
mas para coordinar ese alzamiento, porque los obreros agrícolas se le salieron
de control, y la raza proletaria comenzó a destruir la maquinaria, y pues todo
fue algo muy espontáneo donde no hubo un plan bien coordinado para avanzar
en una sola dirección de ataque. De hecho, de los dos objetivos principales que
llevábamos (educar a las masas para las acciones revolucionarias y una acción
táctico-estratégica para desgastar al enemigo), sólo se cumplió la primera, ya que
sólo se alzó esa agente que te digo, y nos fuimos en caravana desarmando chotas
de algunas oficinas de gobierno, y ocupamos el centro histórico y tomamos un
banco de armas en la sarh. A este apoyo de la gente se sumó el de aquella se que
integró durante la arenga que iniciamos como desde 8 hasta las 12 de la mañana,
y cuando al final aquello no se concretó la gente se asustó. Lo otro es que los obre-
ros agrícolas estaban más imbuidos en una conciencia economicistas y ellos iban
en una onda casi reivindicativa y no de toma del poder. Y aunque la vanguardia
estudiantil mostró mucha disposición de lucha, audacia y valor porque se hicieron
barricadas en la ciudad, al fin se tuvo que dar la retirada.

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Surgimiento, auge y debacle del movimiento estudiantil sinaloense

Por ejemplo, de los obreros de la construcción se integraron a las acciones unos 300
que fuimos arrastrando durante las arengas y eran obreros conscientes de info-
navit, porque ahí teníamos una célula que dirigía a esa raza, y esos nos siguieron
hasta el centro donde hicimos algunas tomas y requisamos armas y recuperamos
dinero de las casetas. Pero de ahí no pasó. Como íbamos a insurreccionar a las
masas así con unos cuanto mosquetones y sin experiencia militar alguna. Lo otro
es que el compa que iba como mando militar (Guadalupe Yáñez) se jaló, porque
por puro sentido común ordenó el repliegue al momento que vio que aquello iba
a ser una masacre, a lo que en ese momento yo me opuse y hasta lo amenacé con
la pistola, pero que sin embargo hoy entiendo que fue lo mejor. Nos hubiera ido
peor, porque para la una de la tarde ya estaba el ejército madreando a los obreros
agrícolas en el Valle y los helicópteros nos rondaban y ya nos tenían ubicados,
el ejército se hubiera dejado venir en contra nuestra con todo. Entonces, tras de
ese repliegue ordenado, la raza se dispersó y al final dimos la orden de retirada,
aunque hubo como a unos 20 obreros que se quedaron con nosotros hasta el final.
Pero al menos fuimos los dueños de la calle durante unas 5 horas. ¿Cuándo se
ha vuelto dar eso en la historia de este país? Algunos consideran que eso no fue
un ensayo de insurrección, si acaso una incipiente operación militar sobre una
dirección de ataque. Pues si vato… Pero se le llamó “Ensayo de Insurrección”…
Que no vez que luego llegó el ejército y comenzaron las capturas y la mayoría de
los que dirigimos esa acción fuimos a parar a la cárcel.

Bajo este contexto fue ineludible cuestionar a Andrés Ayala sí la Liga no lo


deslindó por desobedecer la orden de un líder máximo. Al respecto comenta:

Sí, claro que nos deslindaron y en la cárcel nos hicieron un juicio donde unos
pedían nuestra cabeza y compas como Camilo nos pedían un “arrepentimiento”
por haber desobedecido la orden. Pero pues yo al menos no les di ese gusto.
Porque a pesar de haber desobedecido la orden dada por la dirección nacional,
hoy creo fue lo mejor. Tan nos deslindaron que a mí me expulsaron, para no
ajusticiarme dentro de la cárcel. Si hasta el mismo Oseas hizo una carta que dio
en llamar “Carta al Movimiento Revolucionario en Sinaloa” o “Carta Enferma”,
en el que nos tachaba de agentes infiltrados del Estado Burgués y de lo menos que
nos acusaba era de pequeños-burgueses. Pero en ese tiempo ¡Eso era suficiente
para que te dieran mecha!15

Entrevista a Andrés Ayala Nevares (octubre de 2013) realizado por Héctor Ibarra en el Distrito
15

Federal. p.1.

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Héctor A. Ibarra Chávez

Tras del fracaso del “Asalto al cielo” y la derrota militar de la Liga Co-
munista 23 de Septiembre, el Estado desplegó una persecución contra todo el
movimiento armado y muy particularmente contra la Liga. En el caso específico
de Sinaloa, una vez pasadas las “acciones insurreccionales” de enero de 1974,
desapareció prácticamente el movimiento de Los Enfermos a medida que se
instrumentaron los planes de contrainsurgencia como “el Cóndor” y “Canador”.
Planes que se desplegaron so pretexto del “Combate al narcotráfico”.
Ante todo lo expuesto, es imperante realizar un balance sobre los saldos que
quedaron del movimiento de Los Enfermos. Camilo Valenzuela al respecto externó:

Bueno, fue un problema del movimiento armado en general. Porque debe tomarse
en cuenta que éste surge en momento histórico concreto de enrarecimiento de la
política nacional debido a la instrumentación del terrorismo de Estado. Ambiente
que coincide con un proceso de radicalización que se está dando en varios esta-
dos de la república y particularmente en Sinaloa donde nosotros ya estábamos
operando como comités de autodefensa armada con alguna raza de la sierra que
era diestra en el uso de armas, y donde la propuesta armada una vez que llega
nos viene como mandada a hacer. Pero sin esa insurgencia y esa radicalidad que
adquirió el movimiento nunca hubiera habido reforma política en este país, ni la
oposición democrática hubiera podido trascender hacia la vida política nacional.
Porque después de la Ley de amnistía de 1978, fue cuando se dio el registro al
Partido Comunista que siempre estuvo en la ilegalidad y que por primera vez en
la historia la izquierda pudo participar en un proceso electoral. Y que el fracaso
de la opción armada no lo fue tanto desde el punto de vista político, porque sin
ella no hubiera sido posible la reforma política y la entrada de la oposición a la
vida política nacional. Aunque en la estrategia militar se hayan cometido varios
errores: uno de ellos fue que hicimos una análisis subjetivo de las condiciones
reales que prevalecían en el país en un momento en que la represión arreciaba y
se profundizaba la política de terrorismo de Estado, como fue el hecho de haber
asumido que en el país existía una situación pre-insurreccional que nos llevó a
plantear líneas que no correspondían con el ánimo de las masas. Posición que
además nos fue apartando poco a poco de ese movimiento que habíamos cons-
truido durante los años sesenta y parte de los setenta, y lo otro fue haber caído