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PILARES ÉTICO POLÍTICOS CONSTITUCIONALES PARA LA FORMACIÓN EN COMPETENCIAS


CIUDADANAS EN COLOMBIA: FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LO EXIGIDO EN LA EDUCACIÓN
SUPERIOOR Y EVALUADO EN LAS PRUEBAS DE ESTADO RESPECTIVAS (SABER PRO)

INTRODUCCIÓN

Uno de los asuntos más importantes en la medición de la calidad de la educación impartida en


las Universidades hace referencia a los resultados obtenidos por los estudiantes de las
universidades en la prueba SABER PRO, en cuanto ella se ha convertido en una medida de
comparación y de control del nivel de formación que imparten las instituciones de educación
superior. Entre las partes que evalúa la prueba tenemos las competencias genéricas y entre ellas
las competencias ciudadanas. Ahora bien, para el ICFES, la prueba evalúa dos cosas, a saber: por
un lado, conocimiento y comprensión y, por el otro, habilidad para enfrentar y analizar
problemáticas sociales, pero no de cualquier forma, sino “de manera constructiva y
responsable”. En efecto, señala:

El Módulo de Competencias Ciudadanas evalúa, en primer lugar, el conocimiento y


comprensión de conceptos básicos de la Constitución Política de Colombia. La
razón principal de esto es que ella enmarca la convivencia social en nuestro país y
provee los fundamentos de la ética pública y política. En segundo lugar, evalúa las
habilidades necesarias para enfrentar y analizar problemáticas sociales de una
manera constructiva y responsable. (ICFES-MEN, 2017, p. 45).

Esta formulación supone que el parámetro crítico y reflexivo de un buen ciudadano lo dan los
principios y los valores constitucionales, no las perspectivas morales (o de “vida buena” -Rawls-)
particulares de cada una de las personas que conviven en un territorio. De esta manera, la
respuesta debe ser producto de una aplicación de los valores y principios prescritos en la
Constitución Política a casos singulares problemáticos, que tienen, por ello, una respuesta
correcta.

Se trata, entonces, de evaluar la capacidad del estudiante para responder de determinada forma
preguntas que muestren que ha construido (a través de la actividad de enseñanza y aprendizaje
llevada a cabo o realizada en la Institución de Educación Superior) adecuadamente “los marcos
de comprensión del entorno” necesarios para promover “(…) el ejercicio de la ciudadanía y la
coexistencia inclusiva”, todo ello “(….) dentro del marco que propone la Constitución Poli ́tica de
Colombia”. (ICFES-MEN, 2017, p. 42)

Ahora bien ¿En qué consiste el ejercicio de la ciudadanía? ¿Quién es un ciudadano competente,
según el Ministerio de Educación Nacional y según la prueba Saber Pro? La respuesta es la
siguiente: Aquella persona que demuestra que tiene el marco de comprensión del entorno
adecuado, lo cual significa que:
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1. Conoce su entorno social y político.


2. Tiene presentes sus derechos y obligaciones.
3. Es capaz de reflexionar (de la forma correcta) sobre problemáticas sociales.
4. Se interesa por los asuntos propios de su colectividad.
5. Participa en la búsqueda de soluciones a problemas sociales.
6. Busca el bienestar de su comunidad.

Para ello debe demostrar también que reconoce y valora:


1. El contexto.
2. La diversidad cultural.
3. Los derechos individuales y colectivos.

En palabras del ICFES:


El ejercicio de la ciudadanía se entiende no solo como el ejercicio de derechos y
deberes, sino también como la participación activa en la comunidad a la cual se
pertenece. En esta medida, un ciudadano competente es aquel que conoce su
entorno social y político; tiene presentes sus derechos y obligaciones; posee la
capacidad de reflexionar sobre problemáticas sociales; se interesa por los asuntos
propios de su colectividad; participa en la búsqueda de soluciones a problemas
sociales; y busca el bienestar de su comunidad.
Se espera que el egresado se desempeñe profesional o académicamente, en el
trabajo por cuenta propia o al servicio de una empresa, reconociendo y valorando
el contexto, la diversidad cultural, los derechos individuales y colectivos, asi ́ como
entendiendo los grandes problemas contemporáneos”. (ICFES-MEN, 2017, p. 42).

De manera específica, la prueba Saber Pro en el ámbito de las competencias ciudadanas, examina
cuatro competencias, saber: conocimientos, argumentación, multiperspectivismo y pensamiento
sistémico. En el caso relacionado con este trabajo investigativo el asunto a revisar hace referencia
a la competencia de conocimientos. En relación a ella se busca saber tres asuntos críticos:
primero, si el estudiante comprende lo que es la Constitución Política del país y sus principios
fundamentales; segundo, conoce los derechos y deberes consagrados en ella y; tercero, tiene un
conocimiento suficiente de la organización del Estado que establece la Carta.

En este sentido, en relación con la competencia de conocimiento que se evalúa en el ámbito de


las competencias ciudadanas el módulo del MEN-ICFES establece unas afirmaciones y evidencias,
las cuales se resumen de la siguiente manera:

Competencia Afirmación Evidencias


• Conoce las características básicas de la Constitución.
• Comprende qué es • Reconoce que la Constitución promueve la diversidad étnica y
la Constitución cultural del país, y que es deber del Estado protegerla.
Política de Colombia • Comprende que Colombia es un Estado social de derecho e identifica
y sus principios sus características.
fundamentales.
• Conoce los derechos fundamentales de los individuos.
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• Conoce los • Reconoce situaciones en las que se protegen o vulneran los derechos
Conocimientos derechos y deberes sociales, económicos y culturales consagrados en la Constitución. 

que la Constitución • Conoce los derechos colectivos y del ambiente consagrados en la
consagra. Constitución. 

• Conoce que la Constitución consagra deberes de los ciudadanos.
• Conoce las funciones y alcances de las ramas del poder y de los
• Conoce la organismos de control. 

organización del • Conoce los mecanismos que los ciudadanos tienen a su disposición
Estado de acuerdo para participar activamente en la democracia y para garantizar el
con la Constitución. respeto de sus derechos.
Fuente: (ICFES-MEN, 2017, p. 43).

Ahora bien, uno de los asuntos problemáticos más importantes de la enseñanza y el aprendizaje
de la competencia de conocimientos hace referencia, precisamente, a la dificultad general, por
parte de los estudiantes, de comprender el fundamento filosófico político de los valores y
principios constitucionales que establecen los criterios de definición de lo correcto en casos
concretos de la vida social. En el caso de la prueba Saber Pro, uno de los problemas radica,
específicamente, en el desconocimiento de los criterios constitucionales que deben aplicar los
estudiantes que se enfrentan a una situación hipotética que deben resolver.

Así las cosas, la pregunta que se formula esta investigación es la siguiente: ¿Cuáles son los pilares
ético políticos sobre los cuales se sustentan el alcance y el sentido de los valores y principios
constitucionales fundamentales en la formación en competencias ciudadanas en el ámbito de la
educación superior en Colombia, que es evaluada por la prueba Saber Pro?

Con el fin de resolver esta pregunta, se ha dividido este trabajo investigativo en tres partes, a
saber: 1. Se hará una reflexión sobre los fines ético políticos que orientan la visión del
ordenamiento jurídico como transformador de la realidad social. 2. Se señalarán los valores y
principios consagrados en la Constitución. 3. Se estudiarán sentencias importantes de la Corte
Constitucional en donde se especifiquen los fundamentos filosófico políticos de los valores y
principios constitucionales aplicados a asuntos de esencial importancia para la formación en la
competencia de conocimiento en el módulo de Competencias ciudadanas, tales como: el Estado
social de derecho; el respeto por la dignidad humana y; la democracia y la participación. 4. Se
señalarán algunas reflexiones a partir del trabajo investigativo desde una visión de pedagogía
constitucional, teniendo en cuenta lo exigido en el art. 41 de la Constitución.
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1. FINES ÉTICO-POLÍTICOS DEL ORDENAMIENTO JURÍDICO DESDE UNA PERSPECTIVA DE


TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Por la importancia que ha tenido Carlos Gaviria en las discusiones sobre el papel de los principios
y valores constitucionales, es clave señalar, a manera de introducción a este acápite, las líneas
fundamentales de su propuesta ético política, expresadas en su conferencia “Fundamentos
éticos de la democracia”, pues revelan los marcos interpretativos generales dentro de los cuales
ha girado la significación del orden constitucional y jurídico nacional. En efecto, para explicitar su
propuesta de transformación democrática, el exmagistrado de la Corte Constitucional recurre al
mito planteado por Platón en el Gorgias, según el cual Prometeo, a través de su hermano
Epimeneo regaló a la humanidad la sindéresis, esto es, la capacidad de establecer por sí mismos
cuándo una acción es correcta y cuándo incorrecta, diferenciando la maldad de la bondad. Este
presupuesto es fundamental por cuanto, como su corolario, se puede postular la capacidad de
participación democrática de cada una de las personas en el debate y la decisión sobre los
asuntos relativos a la vida y la convivencia social: “En las asambleas cualquier persona puede usar
la palabra con el objeto de comunicar la idea que tiene de la justicia, de una sociedad justa”.
(Gaviria, 2012: 12).

Ahora bien, dado el hecho de que la democracia en Colombia es profundamente deficitaria, el


magistrado Gaviria opina que en el país el pueblo no está preparado para ejercer de forma
consciente y real esta actividad de ejercicio de sindéresis y por lo tanto la tarea política, social,
jurídica y moral es construir el sujeto de la democracia: “Pasamos, entonces, a preguntarnos: y
eso de la propuesta democrática, ¿en qué consiste? Recuerden que en el discurso de Gettysburg
de Abraham Lincoln (…) se dice: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para
el pueblo”.” (Gaviria, 2012: 12-13) Esta pregunta conecta con el principio de autonomía
rousseauniano según el cual sólo debo obediencia a las reglas que yo, en el proceso
constituyente, me he impuesto a mí mismo. Aunque el magistrado no lo traiga a colación en su
conferencia, este principio es también propio del concepto contemporáneo de democracia
deliberativa, según el cual, en el proceso del diálogo social y político legislativo, solamente obliga
al ciudadano respetar aquellas normas a las que él mismo (haciendo uso de su capacidad de
sindéresis) ha dado, de forma libre e informada, su propio consentimiento (Billigung)i. En estas
asunciones axiológicas y deontológicas se encuentra también fundamentada la posibilidad
misma de la prevalencia del bien común sobre el beneficio privado en una democracia, pues para
Gaviria, si la gente no es manipulada, si la capacidad de pensar por sí mismos no está coartada
por los mecanismos propios del engaño político, entonces, la gente decidiría y actuaría conforme
al bien de la comunidad: “(…) si a la gente no se la manipula, si se la deja (…) con su propia
capacidad de discernimiento, con su propia sindéresis, entonces los intereses comunes se suman
en tanto que los intereses particulares se anulan mutuamente. Por lo tanto, lo que triunfa es el
interés común (…)”. (Gaviria, 2012: 14). Como, además, en un régimen democrático, las
decisiones populares se definen a través del voto y éste es particular, sólo se actualiza el voto
que propugna por el interés colectivo cuando el fin que persigue cada uno coincide con el de
todos los demás. En este caso se logra el objetivo material que busca realizar la democracia, a

i
Ver al respecto: Habermas, 2005.
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saber: el interés colectivo. Es en este sentido que deben entenderse los principios
constitucionales consagrados en el artículo 3 y 1 de la Carta Política que consagran la soberanía
popular como fuente exclusiva del poder público y el republicanismo democrático, participativo,
pluralista, fundado en el respeto por la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la
prevalencia del interés general. Así, el magistrado afirma:

El pueblo, entonces, somos todos, independientemente de las creencias religiosas,


de la lengua que hablemos o de la cultura de la que seamos tributarios (…) la
Constitución de 1991, que es una Constitución pluralista, [fundamenta la
nacionalidad] (…) sobre las diferencias: que los indígenas preserven sus lenguas;
que los afrodescendientes preserven su cultura, sus costumbres; que no haya
religión oficial. Todo bajo la premisa de que somos colombianos (…) se construye
la nacionalidad no sobre la base de identidades sino sobre la base de diferencias.
Gaviria, 2012: 15).

Este trasfondo axiológico “admirable” es el que a su vez sustenta el establecimiento de derechos


como el libre desarrollo de la personalidad (autonomía personal), la igualdad material (no
solamente la formal), la libertad y el catálogo de derechos económicos, sociales y culturales, pues
de lo que se trata es de crear las condiciones reales del ejercicio de la sindéresis. En efecto, afirma
el excongresista y expresidente de la Corte Constitucional, Gaviria, la Constitución de 1991 obliga
al Estado y lo compromete a crear las condiciones materiales que hagan posible que las personas
puedan ser realmente iguales y libres, pues cuando una persona es discriminada no tiene acceso
a los bienes necesarios y básicos para desarrollar adecuadamente su vida social, no es libre. Si
alguien no tiene que comer, no tiene satisfechas sus necesidades de vivienda, educación, salud,
es un individuo manipulable, comprable, y sujeto a los intereses particulares de los políticos de
turno. Por ello, el Estado social de derecho debe ser entendido como una propuesta que “(…)
tiende a darle contenido, a darle sustancia a la sociedad democrática para que los ciudadanos
puedan ser ciudadanos autónomos.” (Gaviria, 2012: 17).

En este sentido, la propuesta democrática que subyace a la axiología y deontología propia de la


Constitución de 1991 tiene un profundo sentido utópico, entendiendo como utopía no el
producto de un sueño irrealizable, descabellado, quimérico, sino el resultado de una acción
conjunta que propende hacer realidad “(…) cosas que no hemos logrado pero que podemos
lograr”. (Gaviria, 2012: 18). Se trata, entonces, de lograr una sociedad en la que no exista, por
ejemplo, la miseria absoluta, en la que no se discrimine a los seres humanos por sus condiciones
particulares: una sociedad “mejor que la que tenemos”.

El proyecto político implícito en la axiología y deontología constitucional colombiana consiste,


entonces, según Gaviria, en hacer que los ciudadanos tengan la capacidad de ejercer de forma
plena su sindéresis, es decir, su capacidad de discriminar lo que es socialmente correcto o
incorrecto. De esta manera se lograría una democracia en la que ciudadanos autónomos y
conscientes vote por aquellos y elija aquello que beneficie el interés general de la comunidadi.

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“Para eso se requiere de ciudadanos autónomos y conscientes. En Colombia y en muchas sociedades parecidas a la
nuestra la gente vota precisamente (y extrañamente) por aquellos que van en contravía de sus intereses. Es decir,
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En Colombia, este proyecto político supone, finalmente lograr que en el país las personas puedan
vivir y ser de manera veraz, esto es, como realmente son y piensan, sin necesidad de mentir, por
miedo, sobre su forma de vida o sus convicciones éticas y políticas. En palabras del exmagistrado:
“(…) la veracidad debe ser un valor esencial, lo cual se traduce en que se puede discrepar de la
propuesta oficial y nada va a pasar (…) La sociedad democrática es una sociedad que convoca a
la veracidad, a no escamotear la autenticidad, a manifestarse como se es y no como los demás
quieren que se sea”. (Gaviria, 2012: 20). Reconociendo, entonces, que en Colombia no existen
las condiciones de ejercicio real de la sinderesis, de la veracidad y de la vergüenza que ello
provoca, se hace necesario asumir el reto de construir un sociedad verdaderamente democrática,
“(…) de ciudadanos conscientes que estén en condiciones de decidir y una sociedad que cumpla
con una promesa tan bella como que yo pueda invitar al otro a que sea auténtico, a que se revele
como es, a que no se disfrace y a que sea veraz, con la certeza de que (…) nada malo nos va a
suceder (…)”. (Gaviria, 2012: 20). Se trata entonces de construir la democracia “de verdad”,
aquella en la que los valores y principios constitucionales se hagan realidad.

Esta idea combina entonces diferentes elementos de la teoría constitucional vigente que
pretende transformar la realidad social, política, económica y cultural del país:

1. Soberanía popular
2. Desarrollo del Estado social de derecho (garantía de los derechos fundamentales,
sociales, económicos y culturales, colectivos y de los pueblos, ecológicos)
3. Fundamento en la idea kantiana de dignidad humana y garantía de la autonomía
individual (libre desarrollo de la personalidad)
4. Principio de democracia participativa

De esta manera, a partir de la interpretación del proyecto político que orienta la interpretación
del texto constitucional, el Estado colombiano tiene como fin el desarrollo real de la idea de
Estado social de derecho, que siguiendo al precursor de la misma H. Heller pretende, en sentido
revolucionario someter la economía capitalista mundial, manejada por el mercado, a un
comando jurídico político nacional. Esto implica el paso de un Estado liberal a un Estado socialista
en el cual todos los ámbitos de la vida deberían estar programados a través de una legislación
planeadora, al mismo tiempo que el Estado y la sociedad se convierten, mediante la voluntad
política del pueblo soberano, en una unidad efectiva (“Wirkungseinheit”) que traslapa y
compenetra al Estado y la sociedad. De esta manera el concepto de democracia se extiende a la
totalidad de las condiciones de existencia bajo la pretensión de ordenar y reglar todas las
necesidades materiales y culturales de los seres humanos. (Cfr.: Vesting, 1992: 178)

En este mismo sentido, A. Mockus, referente moral y legal en Colombia, se propuso una utopía
realizable en el ámbito local y nacional que puede considerarse como un patrón moral de
constitución de un ciudadano consciente, solidario y respetuoso de las normas. Su propuesta

no se explica cómo personas que tienen en mente proyectos políticos tan distintos a aquellos de conformar una
sociedad incluyente, obtengan amplias mayorías en las elecciones apoyados precisamente en los damnificados.”
(Gaviria, 2012: 19)
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constituye un faro axiológico y deontológico sobre el cual puede pensarse la interpretación del
ordenamiento constitucional. Su iniciativa de intervención política se fundamenta en la idea de
la necesidad de que los colombianos aumenten de forma voluntaria su capacidad para: el
cumplimiento de las normas, celebrar y cumplir acuerdos y ayudarse mutuamente. Se trata
fundamentalmente de que el ciudadano colombiano sea capaz de actuar según su propia
consciencia (de forma veraz, diría Carlos Gaviria), de forma armónica con la ley y solidariamente,
participando en el diálogo público de forma crítica, reflexiva y propositiva. (Mockus, 2003)

Es claro, entonces, que el espíritu constitucional se funda en una propuesta política que intenta,
como diría Mockus, armonizar los tres sistemas reguladores de nuestros actos (el legal, el cultural
y el moral). Se trata fundamentalmente de transformar la cultura política colombiana (mediante
un “mutuo esculpirse de la sociedad”) afectada por el uso indiscriminado y frecuente de la
violencia, un alto grado de intolerancia y una desbordada corrupción que carcome las
posibilidades de transformación social: “(…) es fundamental continuar transformando la
definición cultural de lo aceptable para que coincida con la ley”. (Mockus, 2003: 108).

Siguiendo la reflexión del profesor Mockus y aplicándola al asunto del que trata esta
investigación, existe una coincidencia en la doctrina constitucional del país acerca de que la
Constitución política de Colombia tiene una finalidad política consistente en una “transformación
colectiva” en aras de lograr hacer realidad la garantía de la dignidad humana mediante la
definición y aplicación de todo el ordenamiento constitucional y legal a la realización de los
valores y principios que en ella se consagran. Esto implica construir comunidad. En efecto, la
garantía de los derechos fundamentales, por ejemplo, exigen la transitividad, esto es: el hecho
de que “(…) una persona tiene derechos con otra en la medida en que esta otra tiene un deber
con la primera, pero a su vez esta última tiene el beneficio de exigirle a la primera su derecho,
entonces, el deber y los derechos son bidireccionales (…) La transitividad de los derechos hace
que los sujetos, como portadores de los mismos, se piensen en comunidad.” (Vanegas, 2010:80).
En este sentido, entonces, “(…) la pregunta de la labor de los seres humanos en los derechos
fundamentales tiene que dejar de ser por el origen y hay que pasar a preguntar por el escenario
que cada sujeto ayuda a construir y constituir como futuro posible de nuestros descendientes”.
(Vanegas, 2010: 80).

En síntesis, la Constitución política colombiana se funda en una visión antropológica y valorativa


del ser humano como agente productor de su propia realidad y generador de las condiciones de
su existencia, creador y realizador de utopías realizables. El Estado y el ordenamiento jurídico son
parte fundamental de esta autoproducción de la vida social en la medida en que orientan su
acción a la realización de los valores (fines), principios y derechos consagrados en la Constitución,
bajo control judicial.
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2. VALORES Y PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES

Una vez establecidos el sentido, objeto y proyección política del ordenamiento constitucional es
necesario considerar los valores y principios constitucionales y sus especificidades y relaciones
mutuas, realizando, en aras de una mayor claridad, una referencia a los derechos
constitucionales.

En este orden de ideas es importante señalar las diferencias entre valores, principios y derechos,
pues si bien están íntimamente relacionados difieren en su significado, su alcance, su contenido
y su aplicación legal.

2.1 Valores y principios constitucionales: especificidad y diferencias

2.1.1 Valores constitucionales

En un primer momento es necesario tener claro que existe un consenso general en la dogmática
contemporánea, liderada por la corriente neoconstitucionalista según la cual “(…) la Constitución
política no es solo norma de normas sino que representa una primacía política y axiológica”.
(Estrada, 2011: 51). Esta primacía político axiológica se expresa en la búsqueda de la realización
de unos valores, que establecen los fines y objetivos que tanto el Estado como la sociedad buscan
realizar: “(…) constituyen ideas que orientan nuestra existencia y nuestras acciones, y nos
permiten dar sentido a la vida (…)” (Sánchez G., 2015: 642-643). De esta manera, el valor
representa un criterio de definición y diferenciación de lo que es correcto o incorrecto hacer y,
en este sentido, los valores tienen una objetividad práctica en la medida en que establecen
esquemas morales que orientan y justifican los diferentes cursos de acción que se toman en una
sociedad.

Que los valores se manifiesten en un plano axiológico quiere decir, además, que solo se traducen
en el ámbito normativo a través de normas que tienen como mandato realizarlos en el más alto
grado posible y tienen como corolario la consagración de tantas normas como sean necesarias
para lograr su realización en las distintas situaciones relevantes en la vida social y la acción
estatal. De esta manera, del valor se desprende un principio “abstracto y amplísimo” que ordena
realizar una determinada conducta orientada a crear un específico estado de cosas en el mundo
considerado como valioso. En este sentido Sánchez afirma inclusive que “(…) puede afirmarse
que no existe norma alguna de conducta que no se inspire en un “principio”, y por tanto en un
“valor”.” (Sánchez G., 2015: 644). Así lo establece la Corte Constitucional al señalar: “Los valores
representan el catálogo axiológico a partir del cual se deriva el sentido y la finalidad de las demás
normas del ordenamiento jurídico, pueden tener consagración explícita o no; lo importante es
que sobre ellos se construya el fundamento y la finalidad de la organización política”. (Sentencia
T-406 de 1992)

Así las cosas, para la Corte, con el establecimiento de valores constitucionales no se trata de la
simple enunciación de deseos de carácter simbólico sino de la proclamación de finalidades con
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esencial incidencia normativa que estructuran las relaciones entre quienes gobiernan y quienes
son gobernados e “irradian todo el tramado institucional” en el marco de una sociedad que se
propone superar sus limitaciones. Ahora bien, como los valores tienen una “textura
interpretativa abierta” y una eficacia interpretativa el legislador tiene la tarea de fijar sus sentidos
y establecer sus concreciones y alcances a través de leyes. Ahora bien, en casos concretos la Corte
tiene la potestad y el deber de recurrir a ellos en el caso que sean necesarios para “resolver una
situación específica o para valorar otras normas o instituciones”, en la medida en que interpreta
globalmente el derecho en relación con hechos específicos sin pretender fundarse por sí sola en
ellos para “fundamentar una decisión judicial”. (ver: Sentencia T-406 de 1992).

Es precisamente en cuanto todas las instituciones estatales están permeadas por la axiología
fundada en los valores constitucionales que una Constitución Política como la colombiana puede
ir más allá de ser un mero instrumento de control y limitación del poder político y garantía de
derechos constitucionales para convertirse en un instrumento de modelación y transformación
de las relaciones sociales. Los valores constitucionales se convierten así en faros guías objetivos
del esfuerzo del legislador y del Estado en general, quienes deben estar obligados a realizarlos
en su más amplia extensión posible. Vistos de esta manera, los valores se convierten en
verdaderos “(…) fines supremos del ordenamiento totalmente considerado, metas que el
Constituyente busca establecer en la realidad en toda circunstancia, y lleva a que tengan eficacia
en toda situación jurídica en que intervengan de algún modo (…) constituyen (…) “líneas
directivas” y sobre todo “impulsos”; obligan fundamentalmente a su respeto, protección y
promoción, debiéndose adoptar medidas adecuadas”. (Sánchez G., 2015: 650)

Se tiene entonces que los valores son el fundamento axiológico político de la relación entre el
sistema político (rama legislativa), la administración pública (Gobierno-Rama ejecutiva) y la
administración de justicia (Rama judicial) en cuanto son el sustento interpretativo de todo el
ordenamiento jurídico y le dan el sentido legal a los complejos tejidos relacionales que tienen
lugar en una sociedad frente a unos hechos específicos. De igual forma, constituyen la utopía
axiológica realizable, la idea regulativa, a cuya óptima realización debe aspirar todo el entramado
jurídico político de una sociedad.

2.1.2 Principios constitucionales

Con respecto a los principios, la Corte Constitucional ha establecido que ellos establecen
“prescripciones jurídicas generales que suponen una delimitación política y axiológica reconocida
y, en consecuencia, restringen el espacio de interpretación, lo cual hace de ellos normas de
aplicación inmediata, tanto por el legislador como por el juez constitucional” (Sentencia T-406 de
1992). De esta forma, los principios definen y estructuran la entidad política y organizativa del
Estado y la forma como se deben desplegar las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. No
son, en este sentido objetivos futuros como los valores, sino mandatos para el presente, sin los
cuales la Constitución misma perdería su naturaleza axiológico-jurídica. Se trata entonces, para
expresarlo en forma heurística, de aquello que se concreta en el ordenamiento jurídico para el
presente de los valores-objetivos avizorados en el futuro: representan la encarnación hic et nunc
de aquello quo effectum est, ut de los fines programáticos. Como ellos hacen parte de la
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Constitución y están dotados de fuerza legal (art. 4 C. Pol.) son pauta obligatoria de interpretación
legal que jamás pueden ser obviados en la fundamentación de una decisión judicial (Ver:
Sentencia T-406 de 1992). De esta manera, según la Corte, los principios se diferencian de los
valores no en cuanto a su naturaleza normativa sino en cuanto a su eficacia: “Los valores son
normas que establecen fines dirigidos en general a las autoridades creadoras del derecho y en
especial al legislador; los principios son normas que establecen un deber ser específico del cual
se deriva un espacio de discrecionalidad legal y judicial”. (Sentencia T-406 de 1992). Los
principios son más específicos que los valores y “(…) tienen una mayor capacidad para ser
aplicados para ser aplicados de manera directa e inmediata, esto es, mediante una subsunción
silogística. Los valores, en cambio, tienen una eficacia indirecta, es decir, sólo son aplicables a
partir de una concretización casuística y adecuada de los principios constitucionales.” (Sentencia
T-406 de 1992)

Existen diferentes formas de sistematizar las diferencias entre valores y principios. Para los
objetivos de este trabajo se pueden sistematizar en el siguiente cuadro, teniendo como
referentes las propuestas de Estada y Velasco.

VALORES PRINCIPIOS
Establecen fines Establecen un deber ser específico.
Norma de textura abierta de aplicación mediata o Norma de textura abierta de aplicación inmediata
indirecta. o directa, aplicables mediante subsunción de la
regla adscrita derivada de cada principio.
Base axiológica del ordenamiento, que otorga el Base axiológica y jurídica del ordenamiento que
fundamento y finalidad de las normas y la determina la naturaleza de la Constitución Política
organización política. y la organización del Estado.
Es el propósito que guía relaciones entre Son deberes específicos que limitan relaciones
gobernantes -gobernados. entre gobernantes -gobernados
Su alcance y aplicación lo determina Su alcance y aplicación está a cargo del legislador
principalmente el legislador y del juez constitucional
Solo tienen eficacia interpretativa. Exigen de su Tienen eficacia directa sin necesidad de regla que
concreción en principios o reglas los concrete. Son pautas de interpretación con
fuerza normativa
No sirven por sí solos para resolver situaciones Sirven para resolver situaciones concretas
específicas.
Expresan fines jurídicos para el futuro. Expresan normas jurídicas para el presente. Su
aplicación obliga a todo el aparato judicial y
político.
Sirven para la hetereointegración del Sirven para la autointegración del ordenamiento
ordenamiento jurídico jurídico
No son fuente de derechos fundamentales De ellos se derivan derechos fundamentales
Fuente: (Estrada, 2011: 68; Velasco, 2013: 89).
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Independientemente de los debates sobre si la diferenciación entre valores y principios que


realiza la Corte Constitucional es completamente adecuado, para los fines de este estudio es
importante señalar con Valencia que: “(…) la Corte Constitucional colombiana ha considerado
tanto a los valores jurídicos como a los principios criterios de interpretación de la ley, así como
normas jurídicas que determinan la validez de las restantes del ordenamiento jurídico”.
(Valencia, 2007: 67). En este mismo sentido, Freixes y Remotti afirman, en el contexto español,
que, al hacerse positivos, los valores y principios se convierten en normas supremas del
ordenamiento que obligan al operador a realizar una determinada interpretación valorativa,
ajustando la aplicación de la norma a un orden axiológico preestablecido. Así las cosas, los valores
y principios deben impregnar de forma estructural y funcional la totalidad de las reglas jurídicas”.
(Ver: Freixes & Remotti, 1992: 98)

Ahora bien, en este contexto debemos hacer alusión los derechos constitucionales, pues estos,
cuyo estudio no es parte de este trabajo, son el desarrollo de los principios que a su vez expresan
en el presente los fines (valores) que guían el futuro del ordenamiento jurídico. En efecto, según
la Corte Constitucional (Sentencia T-406 de 1992), los derechos como concreción de principios y
valores constituyen también son un sistema axiológico, lo cual impide su taxatividad. Esto implica
que a pesar de que los derechos están consagrados en la parte dogmática de la Carta (limitados
en su aplicación inmediata en el art. 85 constitucional), el juez puede proteger otros derechos,
resultado de una interpretación sistemática del texto constitucional. ( Cfr.: Daza & Quinche, 2013:
19-20).

De esta manera tenemos que los valores y principios constitucionales constituyen el eje
articulador y el horizonte de comprensión de toda actividad del Estado, de la sociedad y de los
ciudadanos y son el norte axiológico que permite orientar las acciones tendientes a transformar
y hacer del país un mejor espacio de vida y de existencia común. Son la idea regulativa que
permite coordinar el esfuerzo conjunto en pro de hacer del futuro un campo abierto que define
los cursos de acción del presente social y político. Así lo expresa, por ejemplo, Javier Valencia al
analizar la dogmática los derechos colectivos y ambientales. Para él, estos derechos constituyen
“(…) una nueva forma de construir sociedad y país, a partir de la prevalencia de lo público, lo
colectivo, lo que es de todos; de ahí que el valor solidaridad sea el eje sobre el cual se reivindican
y defienden estos derechos”. (Valencia, 2007: 108).

2.2 Valores y principios en la Constitución colombiana

La Constitución política colombiana ha establecido en su preámbulo los valores que irradian el


ordenamiento jurídico. De igual manera, los principios constitucionales están establecidos en los
artículos 1 a 10 del texto constitucional. De su desglose tenemos el siguiente resultado.

2.2.1 Valores constitucionales

Como se ha señalado anteriormente, la Corte Constitucional establece que los valores “(….)
representan el catálogo axiológico a partir del cual se deriva el sentido y la finalidad de las demás
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normas del ordenamiento jurídico, pueden tener consagración explícita o no; lo importante es
que sobre ellos se construya el fundamento y la finalidad de la organización política”. (Sentencia
T-406 de 1992)

El texto del preámbulo de la Constitución en donde se instituyen los valores constitucionales reza
lo siguiente:

“El pueblo de Colombia (…) con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar
a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el
conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y
participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y
comprometido con impulsar la integración de la comunidad latinoamericana (…)”.

De este postulado se extraen los siguientes valores constitucionales, a partir de la formulación


de la finalidad que persigue el pueblo colombiano al darse la Constitución:

 Asegurar (a los integrantes de la nación):


a. La vida
b. La convivencia
c. El trabajo
d. La justicia
e. La igualdad
f. El conocimiento
g. La libertad
h. La paz
 Consolidar un marco jurídico, democrático y participativo que garantice:
 Un orden político, económico y social justo

Estos tres grupos de valores deben, entonces, permear y fundar todo el orden jurídico del Estado
y la sociedad de Colombia y todas las formas de interacción e interrelación de los habitantes del
territorio entre sí y con las instituciones creadas para hacer efectivos los objetivos del Estado y
del gobierno.

La Corte Constitucional, en su revisión y explicación jurisprudencial amplía, por su parte, los


valores constitucionales de la siguiente manera:

“De este tipo son los valores de convivencia, trabajo, justicia, igualdad,
conocimiento, libertad y paz plasmados en el preámbulo de la Constitución.
También son valores los consagrados en el inciso primero del artículo 2 de la
Constitución en referencia a los fines del Estado: el servicio a la comunidad, la
prosperidad general, la efectividad de los principios, derechos y deberes, la
participación, etc. Todos ellos establecen fines a los cuales se quiere llegar”.
(Sentencia T-406 de 1992 -Subrayado propio).
13

El texto del inciso primero del art. 2 constitucional reza los siguiente:

Los fines esenciales del Estado son:

a. servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad


de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución;
b. facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida
económica, política, administrativa y cultural de la Nación;
c. defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar
la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo.

Como se puede observar este nuevo grupo de valores constitucionales no representan en


realidad una ampliación de los valores establecidos en el preámbulo sino su concreción a la
manera de principios en relación con el Estado. De esta manera se enfatiza, se hace explícita la
voluntad del constituyente originario, de que el Estado tiene como norte, aspiración y
fundamento de su quehacer y funcionamiento los valores constitucionales establecidos en el
preámbulo de la Constitución. De esta manera queda clara la intención de instituir los valores
constitucionales como faros que irradian de su luz y su fuerza esencial a todo el andamiaje
estatal.

Este decálogo de fines últimos del ordenamiento jurídico ha permanecido desde la promulgación
del texto constitucional hasta el día de hoy, pues, por ejemplo en la Sentencia C-027 de 2018 se
afirma lo siguiente:

La Constitución Política establece que son fines esenciales del Estado -valores
constitucionales-, asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia pacífica, la paz,
dentro de un marco jurídico, democrático y participativo, que garantice un orden
político, económico y social justo[78]. Así mismo, la Carta instituye principios
fundamentales partiendo de reconocer que Colombia es un Estado social de
derecho, democrático, participativo, pluralista, fundada en el respeto de la
dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia del interés general.
(Sentencia C-027 de 2018)

Más aún, a partir de todos los desarrollos constitucionales llevados acabo durante los últimos
casi treinta años, la Corte Constitucional ha cristalizado los siguiente dos ejes axiológicos,
deontológicos e interpretativos que le permiten fundar su tarea de control constitucional. El
texto jurisprudencial establece lo siguiente:

A partir de estos derroteros constitucionales y el precedente constitucional (…) la


Corte ha ido identificando algunos ejes fundacionales de la Constitución al
momento de resolver asuntos propios del control abstracto, a saber: (i) el sistema
político democrático, participativo y pluralista (C-1040 de 2005), para en la
sentencia C-577 de 2014 derivar el marco democrático participativo y la
participación política; y (ii) el Estado social y democrático de derecho define
nuestro diseño constitucional (C-551 de 2003), para en la sentencia C-579 de
2013[83] desprender el compromiso del Estado social de derecho de respetar,
14

proteger y garantizar los derechos de la sociedad y de las víctimas[84].” (Sentencia


C-027 de 2018 -Subrayado propio)

Como se verá más adelante, son precisamente estos dos ejes los que marcan la comprensión
general del orden constitucional. Este estudio agrega un tercero, por cuanto, según la misma
Corte, debe ser el límite y sustento último de toda actividad pública y privada, a saber, el respeto
por la dignidad y la autonomía humanas.

2.2.2 Principios constitucionales

La Constitución señala en 10 de sus artículos, de forma positiva, expresa, taxativa, el decálogo de


mandatos para el presente que configuran su naturaleza axiológica y jurídica. En el Título I de la
Constitución (“De los principios fundamentales) están especificados en forma analítica de la
siguiente manera:

Art. 1. Colombia es un Estado social de derecho organizado en forma de República unitaria y


descentralizada:

2. Con:
a. autonomía de sus entidades territoriales,
b. democrática,
c. participativa y
d. pluralista.
3. Fundada en:
a. respeto por la dignidad humana,
b. el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y
c. la prevalencia del interés general

Art. 2. Finalidad del Estado y las autoridades de la República

Inciso primero: hace parte, según la jurisprudencia de la Corte Constitucional, del grupo
de los valores, como se observo anteriormente cuando se hacía mención a ellos.
Inciso segundo: Fines de las autoridades de la República:

a. proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes,


creencias y demás derechos y libertades;
b. asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.

Art. 3. Soberanía popular

Art. 4. Supremacía normativa de la Constitución

Art. 5. Primacía de los derechos de la persona y protección de la familia


15

Art. 6. Responsabilidad jurídica de los particulares y servidores públicos


a. Los particulares son responsables por infringir la Constitución y las leyes.
b. Los servidores públicos son responsables por infringir la Constitución y las leyes y por
omisión o extralimitación en el ejercicio de sus funciones.

Art. 7. Reconocimiento y protección de la diversidad étnica y cultural por parte del Estado.

Art. 8. Obligación por parte del Estado y de los particulares de proteger las riquezas culturales y
naturales.

Art. 9. Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en:

a. la soberanía nacional
b. el respeto a la autodeterminación de los pueblos
c. el reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia
d. La integración latinoamericana y del Caribe.

Art. 10. Idioma oficial

a. En Colombia el idioma oficial es el castellano.


b. En los territorios oficiales de los grupos éticos el idioma oficial son sus lenguas y
dialectos.
c. La enseñanza que se imparta en las comunidades con tradiciones lingüísticas propias
debe ser bilingüe.

Este catálogo de principios constitucionales ha configurado el fundamento que legitima todo el


andamiaje jurídico político que se ha venido desarrollando a través de los años en Colombia.
Constituyen la plataforma sobre la cual se sostiene la red de interacciones que constituyen la vida
política y social del país.

Ahora bien, esos diez artículos del título I de la Constitución se pueden agrupar, teniendo en
cuenta los mismos señalamientos de la Corte Constitucional en tres principios que funcionan
como ejes sobre los cuales gira o debe girar todo el andamiaje institucional colombiano. Estos
tres principios serán estudiados a continuación, a la luz de algunas sentencias clave de este
órgano colegiado.
16

3. LOS VALORES Y PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES A LA LUZ DE LA JURISPRUDENCIA DE LA


CORTE CONSTITUCIONAL

Luego de señalar los valores y principios constitucionales establecidos en la Constitución Política,


es esencial, para su cabal comprensión, explicar sus fundamentos teóricos, esto es, los elementos
filosóficos que los sustenta. Para ello se va a traer a colación la voz de la Corte Constitucional
pues ella, atendiendo al postulado del art. 4 es la intérprete legítima del sentido, alcance y límites
del ordenamiento constitucional.

Para ello se ha tenido en cuenta los dos ejes interpretativos establecidos en la Sentencia C-027
de 2018, adicionando, como se ha expresado anteriormente, un tercer eje, a saber, la dignidad y
la autonomía de los seres humanos. En este sentido, las reflexiones siguientes se dividirán en tres
acápites en los que se tratará sobre el Estado social y democrático de derecho, el sistema político
democrático, participativo y pluralista y la dignidad y autonomía humanas.

3.1 Estado social de derecho como pilar constitucional

Para el desarrollo de este acápite se va a dividir la temática en tres partes: 1. El significado de


Estado social de derecho y la importancia de su introducción en el texto constitucional y su
17

concreción legal. 2. La relación con los derechos humanos y la justicia. 3. El nuevo papel de los
jueces y, en general, de la administración de justicia.

3.1.1 La importancia de la consagración del Estado social de derecho

La Corte Constitucional señala que la palabra social no representa tan solo una “muletilla
retórica” que da elegancia filantrópica al texto constitucional, sino que hace referencia a
transformaciones institucionales complementarias de tipo cuantitativo y cualitativo a nivel
internacional. En lo cuantitativo se refiere a la ampliación de los derechos y su garantía en
relación con el llamado Estado de bienestar y en lo cualitativo con el llamado Estado
constitucional de derecho. (Ver.: Sentencia T-406 de 1992).

El Estado de bienestar, en efecto, es visto por la Corte como la transformación del Estado liberal
en un aparato político y administrativo que pretende jalonar toda la dinámica social y puede ser,
entonces, definido como “el Estado que garantiza estándares mínimos de salario, alimentación,
salud, habitación, educación, asegurados para todos los ciudadanos bajo la idea de derecho y no
simplemente de caridad (H.L. Wilensky, 1975).” (Sentencia T-406 de 1992). Por su parte, el Estado
Constitucional democrático representa el cambio jurídico-político correspondiente a la
implementación de ese Estado de bienestar, en cuanto el nuevo orden se funda en “(…) en
nuevos valores-derechos consagrados por la segunda y tercera generación de derechos humanos
y se manifiesta institucionalmente a través de la creación de mecanismos de democracia
participativa, de control político y jurídico en el ejercicio del poder y sobre todo, a través de la
consagración de un catálogo de principios y de derechos fundamentales que inspiran toda la
interpretación y el funcionamiento de la organización política. (Sentencia T-406 de 1992). Ver
también al respecto la Sentencia T-622 de 2016.

Se tiene así, una nueva concepción de la función y fin del Estado y su complejo entramado
institucional que busca la garantía de amplios derechos teniendo como faro orientador los
valores y principios de una sociedad democrática y justai.

3.1.2 Estado social de derecho, derechos humanos y justiciaii

En la Sentencia T-622 de 2016 la Corte Constitucional realiza el despliegue del concepto de Estado
social de derecho en diferentes niveles y concreciones que contribuye a comprender la fórmula

i
En la Sentencia C-699 de 2015 la Corte aclara el concepto de Estado social de derecho de la siguiente manera: Se
trata no solamente de que“(…) el ser humano se erija en razón, fin último y límite al ejercicio de las competencias
de las autoridades públicas, sino aceptar que sobre éstas recaiga el cumplimiento de un conjunto de deberes
positivos de actuación (…) La cláusula del Estado Social de Derecho comporta un cambio de paradigma que
instrumentaliza la democracia hacia un ámbito mucho más incluyente, denominado democracia social. En esa
dirección lo que garantiza la democracia no sólo es el contenido de las normas, sino el procedimiento mediante el
cual éstas son diseñadas, esto es, que la condición esencial de la democracia sustancial está dada porque todos los
sectores sometidos a una regla de convivencia, efectivamente participen en su estructuración.” Ver también las
sentencias C-551 de 2003, C-288 de 2012, C-010 de 2013.
ii
Ver: Sentencias: T-426 de 1992, T-505 de 1992, SU-747 de 1998 y C-1064 de 2001.
18

de Estado social de derecho en relación con la garantía de un amplio catálogo de derechos y de


la justicia social. La constitucionalización del modelo del Estado social de derecho supuso que el
Estado y las instituciones asumieran la responsabilidad de satisfacer las necesidades individuales
que no eran resueltas en las transacciones de la sociedad civil. Se trata entonces de buscar la
igualdad material en la sociedad, corrigiendo las desigualdades existentes, promoviendo políticas
públicas de inclusión, participación y el goce de derechos. Mediante estas medidas se haría
posible el logro efectivo de la misma libertad: “De esta forma, el Estado social de derecho busca
realizar la justicia social y la dignidad humana mediante la sujeción de las autoridades públicas a
los principios, derechos y deberes sociales de orden constitucional” (Sentencia T-622 de 2016).

La Sentencia T-406 de 1992 aclaró, en este contexto interpretativo, la naturaleza y alcance de los
derechos fundamentales y el sentido de su conexidad con los derechos económicos, sociales,
económicos y culturales y colectivos y del medio ambiente (arts. 42-82), lo que permitía su
protección, al mismo tiempo que señalaba la integración del bloque de constitucionalidad (art.
93) al catálogo de derechos. De igual forma, se señalan los mecanismos de protección y aplicación
de los derechos (arts. 83-94), dentro de los cuales se señala la acción de tutela y la acción de
cumplimiento, entre otros.

En este orden de ideas, como desarrollo de la jurisprudencia a través de los últimos casi treinta
años, la Corte ha señalado, en la Sentencia T-622 de 2016 los mandatos y obligaciones
constitucionales del Estado social de derecho:

(i) el compromiso por la defensa de los principios y derechos fundamentales y el


acatamiento de los principios rectores de la actividad estatal; (ii) el dirigido a
promover la igualdad real y efectiva mediante la adopción de medidas en favor de
los grupos marginados o discriminados (cláusula de erradicación de las injusticias
presentes) ; (iii) la protección especial a las personas que por su condición social,
económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta;
(iv) la necesidad de adopción, por parte del Congreso, de medidas legislativas que
permitan la construcción de un orden político, económico y social justo; (v) la
garantía de los derechos que permitan el disfrute de condiciones básicas para
mantener o mejorar la calidad de vida de las personas de manera digna; (vi) la
promoción y defensa del pluralismo y de la diversidad étnica y cultural de la nación;
(vii) el respeto por los principios fundantes de la solidaridad y la dignidad humana;
(viii) el interés superior en la protección del medio ambiente a través de la
denominada “Constitución Ecológica”; (ix) la prevalencia del interés general ; y (x)
la priorización sobre cualquier otra asignación al gasto público social para la
solución de las necesidades insatisfechas de salud, educación, saneamiento básico
y agua potable, entre otras, en los planes y presupuestos de la nación y de las
entidades territoriales. (Sentencia T-622 de 2016)

Esta misma sentencia caracteriza algunos principios que fundamentan el Estado de derecho
colombiano, los cuales revisten una importancia especial, de la siguiente manera:
19

a. Justicia entendida en sentido material y no solamente formal: Se trata en términos generales


del compromiso del Estado y las instituciones con la protección de los derechos de los más pobres
y necesitados de la ayuda social, esto es: “(…) la necesaria exigencia de un trato favorable
traducido en acciones afirmativas y recursos para quienes se encuentran en situación de
discriminación. (Sentencia T-622 de 2016i).

b. Justicia social y distributiva: En relación con la justicia social se exige al Estado intervenir, de
acuerdo a los preceptos constitucionales, con el fin de crear las condiciones para las personas
puedan llevar una vida digna, en el marco de una sociedad solidaria que propugna por que los
derechos humanos logren una plena efectividad. De esta manera, las autoridades deben asumir
un rol activo y comprometerse en forma permanente con “(…) la promoción de la justicia social
y en la creación de condiciones generales de equidad a través de políticas públicas y planes de
desarrollo incluyentes y efectivos”. (Sentencia T-622 de 2016). En relación con la justicia
distributiva se estable la obligación de intervención económica de Estado con el fin de garantizar
la igualdad de oportunidades, la prosperidad general y la efectividad de los derechos, deberes y
principios constitucionales. De esta manera, “(…) la asignación de los recursos económicos de
una sociedad se deberá tender a privilegiar a los sectores menos favorecidos y, que este principio,
sirve de fundamento al diseño y ejecución de un régimen impositivo, a las reglas de elaboración
presupuestal, a la jerarquización del gasto y a la fijación de prioridades en materia de prestación
de los servicios públicos”. (Sentencia T-622 de 2016). Este interés esencial por transformar la
realidad social en pro de resolver los graves problemas que aquejan al país en materia de justicia
social está en el trasfondo de introducir el catálogo de derechos económicos, sociales y culturales
(arts. 42-77 de la Carta) y colectivos y medio ambiente (arts. 78-82 de la Carta) y mecanismos de
protección y aplicación de los mismos (arts. 83-94). En este sentido la búsqueda de la justicia
social representa un claro proyecto de transformación política y social en Colombia:

“(…) sin la satisfacción de unas condiciones mínimas de existencia (…) sin el respeto
"de la dignidad humana" en cuanto a sus condiciones materiales de existencia, toda
pretensión de efectividad de los derechos clásicos de libertad e igualdad formal (…)
se reducirá a un mero e inocuo formalismo (…) Sin la efectividad de los derechos
económicos, sociales y culturales, los derechos civiles y políticos son una
mascarada. Y a la inversa, sin la efectividad de los derechos civiles y políticos, los
derechos económicos, sociales y culturales son insignificantes. (Sentencia T-406
de 1992)

Por ello, la Corte ha señalado que en últimas la obligación que tiene el Estado de crear las
condiciones económicas y sociales en las cuales reine la justicia social no es un problema de
generación de recursos, sino fundamentalmente un problema de justicia distributiva, es decir,
político. Se trata de la manera como se reparten los beneficios y cargas sociales y de cómo se

i
Con respecto a la igualdad como un pilar estructural de la Constitución ver las sentencias C-588 de 2009, C-490 de
2011, C-249 y C-296 de 2012, y C-220 de 2017.
20

subsanan los desequilibrios sociales que aquejan a la sociedad colombiana. (ver: Sentencia T-406
de 1992)i.

c. Autonomía de las entidades territoriales: Dado que los entes territoriales son fundamentales
para el logro de la plena efectividad de los derechos humanos, el art. 288 de la Carta Superior
ordena la coordinación, concurrencia y subsidiariedad de todas las autoridades administrativas
en el ejercicio de las competencias atribuidas a los distintos niveles territoriales y entre estas y la
nación.

d. Pluralismo: A este respecto, el Estado debe proteger los derechos de las diferentes razas,
etnias, lenguas, sexos y creencias de tal manera que se den las condiciones para la tolerancia y la
convivencia pacífica, según lo establecido en “(…) el Preámbulo y en los artículos 1º (democracia
participativa y pluralista), 5º (supremacía de los derechos inalienables de la persona), 13
(igualdad de derechos, libertades, oportunidades), 16 (libre desarrollo de la personalidad), 26
(libertad para escoger profesión u oficio), 27 (libertad de enseñanza), 67 (derecho a la educación),
70 (acceso a la cultura), 71 (libertad en la búsqueda del conocimiento) y 72 (protección del
patrimonio cultural).” (Sentencia T-622 de 2016).

e. Diversidad étnica y cultural de la nación: ya no se concibe a la nación desde una perspectiva


monolítica, que privilegia una sola manifestación cultural sino como un conjunto de personas
autónomas y libres que se toleran y sienten un profundo respeto por la diferencia dentro de una
sociedad que “fortalece la diversidad” y que reconoce a cada individuo como sujeto único con
derecho a desarrollar su propio y auténtico proyecto de vida. La nación colombiana se reconoce
a sí misma como pluriétnica y multicultural, por lo que el Estado debe garantizar la conviencia
pacífica de “todas” las formas de ver el mundo que coexisten en su territorio, sin imponer a los
ciudadanos una concepción especial de mundo o desarrollo personal. En relación con las
comunidades étnicas, este principio se concreta en: derecho a la subsistencia (protección a la
vida) (art. 11); derecho a la integridad étnica, cultural y social (arts. 1º y 7º); prohibición de toda
forma de desaparición y desplazamiento forzado (art. 12); derecho a la propiedad colectiva de la
tierra (arts. 58, 63 y 329); y, derecho a participar y a ser consultados de las decisiones relativas a
la explotación de recursos naturales en sus territorios (derecho a una consulta previa, libre e
informada). (Ver: Sentencia T-622 de 2016).

i
Frente al criterio de justicia distributiva a seguir en cada caso la Corte señala lo siguiente: “En ocasiones la norma
constitucional proporciona este criterio (…) Sin embargo, es posible que ella no sea lo suficientemente iluminadora
para resolver el caso sin llegar a consecuencias inaceptables o imposibles de llevar a cabo. En consecuencia, es
necesario que el juez haga uso de la "lógica de lo razonable" de tal manera que la solución final que adopte sirva,
ante todo, para proteger el derecho violado, y además tenga en cuenta las condiciones financieras de los entes
públicos. Si fuese necesario dar elementos de juicio en abstracto sobre la justicia distributiva (…) se podría recurrir
al principio de igualdad (…) a partir del cual toda distribución de recursos, para ser justa, deba mejorar al menos la
condición de los más desfavorecidos (…) Esta interpretación, por lo demás se encuentra en plena armonía con lo
prescrito en el artículo 13 inciso segundo (…)”. (Sentencia T-406 de 1992).
21

f. Dignidad humana: Dada su importancia como principio articulador de todo el ordenamiento


territorial, se tratará, como se ha señalado anteriormente, en un acápite independiente (3.3 de
este texto)

g. Solidaridad: Como postulado esencial del Estado de derecho colombiano el principio de


solidaridad es definida por la Corte como “(…) aquella comunidad de intereses, sentimientos y
aspiraciones, de la cual emana, un acuerdo de mutua ayuda y una responsabilidad compartida
para el cumplimiento de los fines propuestos: la satisfacción de las necesidades individuales y
colectivas”. (Sentencia T-622 de 2016). De esta manera, se interpreta el principio de solidaridad
como una obligación del Estado y la sociedad en el mejoramiento de las condiciones sociales,
económicas y culturales de toda la población y la superación de los desequilibrios y injusticias,
desigualdades que persisten en la vida y las relaciones de los ciudadanos. En conclusión, afirma
la Corte: “En cuanto a su contenido, esta Corporación lo ha definido como un deber, un impuesto
a toda persona por el solo hecho de su pertenencia al conglomerado social, consistente en la
vinculación del propio esfuerzo y actividad en beneficio o apoyo de otros asociados o en interés
colectivo”. (Sentencia T-622 de 2016).

h. Prevalencia del interés general: En la medida en que un interés particular “(…) no se encuentre
amparado por un derecho fundamental” (Sentencia T-622 de 2016), las autoridades del Estado
deben preferir la consecución de intereses comunes.

i. Bienestar general: Las autoridades del Estado deben priorizar la financiación de políticas, planes
y proyectos tendientes a satisfacer las necesidades en servicios públicos como salud, vivienda,
educación, agua potable, trabajo, infraestructura vial, ciencia y tecnología, etc. Este mandato se
expresa concretamente en los arts. 366 y 288 de la Constitución. Para la Corte, el principio del
Estado social de derecho implica buscar que todos los ciudadanos gocen de las condiciones
materiales y espirituales que hacen su vida sea digna, lo cual implica que el concepto de bienestar
comprenda tanto el material (“(…) entendido como calidad de vida en términos de buena
alimentación, educación y seguridad, e ingreso digno, basado en la garantía de un trabajo
estable”) (Sentencia T-622 de 2016), como el físico, sicológico y espiritual (“(…) representado por
el acceso a la salud, a la cultura, al disfrute del medio ambiente y la legítima aspiración a la
felicidad; y en todo caso, a la capacidad y también a la posibilidad de participar en la sociedad
civil a través de las instituciones democráticas y el imperio de la ley”). (Sentencia T-622 de 2016).
En este sentido se cita a N. Bobbio y M. G. Villegas para quienes de lo que se trata es de que el
Estado haga efectivos los derechos humanos y reduzca la brecha entre los ideales establecidos
por la norma y la realidad social. (Ver: Sentencia T-622 de 2016).

Enfatizando lo señalado sobre la relevancia del principio del Estado social de derecho la Corte en
la Sentencia C-027 de 2018 señala que éste irradia todo el ordenamiento jurídico y por lo tanto
obliga a que cuando se interprete la Constitución esta interpretación deba hacerse de forma
sistemática y teleológica, en aras de lograr proteger los derechos de los menos favorecidos de la
sociedad. En este sentido, el Estado hace efectivos los derechos humanos cuando: “(i) los respeta
absteniéndose de interferir en su ejercicio o de adoptar medidas discriminatorias que lo
condicionen; (ii) los protege cuando evita intromisiones de terceros; y (iii) los garantiza a través
22

de autoridades públicas e instituciones organizadas para asegurar su ejercicio, adoptando


medidas razonables y procedimientos que permitan investigar, juzgar y sancionar las graves
violaciones a los DDHH e infracciones al DIH”. (Sentencia C-027 de 2018)i.

3.1.3 Estado social de derecho y nuevo rol de los jueces

El principio de Estado social de derecho supone también un cambio en los ámbitos funcionales
del Estado, de tal manera que ya no mantiene una separación entre ellos sino un control activo
entre los mismos. Lo esencial de esta transformación consiste en que el juez se convierte en una
garantía de protección efectiva de los derechos “(…) un instrumento de presión frente al
legislador, de tal manera que este, si no desea ver su espacio de decisión invadido por otros
órganos, adopte las responsabilidades de desarrollo legal que le corresponden y expida las
normas del caso.” (Sentencia T-406 de 1992). Esta nueva función del juez se funda en los arts. 2,
5, 13 inc. 2, 228 y 4 en los cuales se establece frente al Estado que: tiene como fin servir a la
comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios,
derechos y deberes consagrados en la Constitución; reconoce la primacía de los derechos
inalienables; promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva; considera que
el derecho sustancial debe prevalecer sobre los procedimientos; y respeta que la Constitución es
norma de normas, y prevalece sobre cualquier otra ley o norma jurídica. Así las cosas, afirma la
Corte: “Si la responsabilidad de la eficacia de los derechos mencionados estuviese sólo en manos
del legislador, la norma constitucional no tendría ningún valor y la validez de la voluntad
constituyente quedaría supeditada a la voluntad legislativa.” (Sentencia T-406 de 1992).
En este contexto, la acción de tutela, consagrada en el art. 86 de la Carta, adquiere una
importancia fundamental por cuanto representa el medio a través del cual los jueces hacen
efectivos los derechos. Con la nueva estrategia se otorga “(…) de manera prioritaria al juez, y no
ya a la administración o al legislador, la responsabilidad de la eficacia de los derechos
fundamentales (…) los derechos son aquello que los jueces dicen a través de las sentencias de
tutela.” (Sentencia T-406 de 1992)

Por ello, afirma la Corte, frente al problema ya planteado por Aristóteles, según el cual es
necesario que el juez con su intervención adapte, corrija y acondicione la aplicación de la norma,
en el marco del Estado social de derecho el juez al ejercer su función se convierte en “(…) un
elemento indispensable para mejorar las condiciones de comunicación entre el derecho y la
sociedad, es decir, para favorecer el logro del valor justicia (de la comunicación entre derecho y
realidad), así ello conlleve un detrimento de la seguridad jurídica.” (Sentencia T-406 de 1992). En
esta medida, se da importancia al contenido material de la norma sobre la importancia formal de
la misma. Es precisamente ésta nueva forma, sistemática y teleológica, de afrontar la
hermenéutica del texto constitucional que permite entender la lógica de los fallos favorables de
la Corte Constitucional en relación con la paz y la tutela de los derechos de segunda, tercera y
cuarta generación.

i
En este contexto la Corte remite a la sentencia C-579 de 2013, reiterada en la C-577 de 2014.
23

Como conclusión se puede traer entonces a colación la síntesis que realiza la Corte de lo expuesto
en la Sentencia T-460 de 1992, según la cual:

“ (…) la Constitución está concebida de tal manera que la parte orgánica de


la misma solo adquiere sentido y razón de ser como aplicación y puesta en
obra de los principios y de los derechos inscritos en la parte dogmática de la
misma. La carta de derechos, la nacionalidad, la participación ciudadana, la
estructura del Estado, las funciones de los poderes, los mecanismos de
control, las elecciones, la organización territorial y los mecanismos de
reforma, se comprenden y justifican como transmisión instrumental de los
principios y valores constitucionales. No es posible, entonces, interpretar
una institución o un procedimiento previsto por la Constitución por fuera de
los contenidos materiales plasmados en los principios y derechos
fundamentales”.

3.2 Dignidad humana como quicio del ordenamiento jurídico colombiano

Par la Corte, el principio del respeto por la dignidad humana es tanto un valor superior, como un
principio fundante del Estado social de derecho y un derecho fundamental autónomo (Cfr.:
Velasco, 2013: 83-84). En efecto, la jurisprudencia establece que la dignidad humana “(…) es el
presupuesto esencial de la consagración y efectividad de todo el sistema de derechos y garantías
contemplado en la Constitución. De esta manera, la dignidad se erige como un derecho
fundamental de eficacia directa cuyo reconocimiento general compromete el fundamento
político del Estado colombiano”. (Sentencia T-622 de 2016).

Ahora bien, el principio de dignidad humana constituye el eje fundante del Estado social de
derecho en la medida en que no se entiende de forma abstracta sino en su dimensión material y
concreta, en la medida en que, entendida en sus dimensión sistémica, humanista y teleológica
“para nuestro constitucionalismo no basta simplemente que la persona exista, es necesario que
exista en un marco de condiciones materiales, culturales y espirituales que permitan vivir con
dignidad”. (Sentencia T-622 de 2016). Esto conecta el concepto de dignidad humana con el de
justicia social y distributiva, solidaridad, prevalencia del interés general, etc., con los que los une
un mismo objetivo: la creación de las condiciones para el ejercicio pleno de los derechos
consagrados en la Constitución.

En el proceso de construcción de una línea jurisprudencial permanente, considerada como


“centro axiológico” del orden jurídico nacional, el principio de la dignidad humana como entidad
normativa se ha presentado de dos maneras: desde el objeto concreto de protección y desde su
funcionalidad normativa-

a. Desde el objeto concreto de protección se ha desglosado analíticamente en tres


componentes:
24

“(i) la dignidad humana entendida como autonomía o como posibilidad de diseñar


un plan de vida y de autodeterminarse de acuerdo a las preferencias propias, esto
es, vivir como se quiera o se escoja; (ii) la dignidad humana entendida como ciertas
condiciones materiales concretas de existencia, es decir, vivir bien o en condiciones
de bienestar; y (iii) la dignidad humana entendida como intangibilidad de los bienes
no patrimoniales, como la integridad física, moral, espiritual, lo que significa vivir
libre de cualquier clase de vejaciones”. (Sentencia T-622 de 2016)

Ya en la Sentencia T-881 de 2002, que establece el horizonte de comprensión del enunciado


normativo constitucional de la dignidad humana, se había analizado cada uno de estos tres
componentes como líneas jurisprudenciales independientes, que son desarrollados de la
siguiente forma: Frente a la línea de comprensión de la dignidad humana como autonomía
individual se agruparon las sentencias: T-532 de 1992, C-542 de 1993, C-221 de 1994, T-447 de
1995,T-472 de 1996, C- 239 de 1997 y T-461 de 1998, en las cuales este valor, principio y derecho
constitucional sirve de sustento para decidir, entre otras cosas, lo siguiente: que los intereses
generales no deben anteponerse a los derechos fundamentales, especialmente el ejercicio de la
libertad individual; que la dignidad humana debe entenderse como libertad personal de elegir el
propio destino cuando no esta elección no vaya en detrimento de los derechos de los demás; que
el individuo es libre de escoger su orientación sexual e identidad de género; que las personas
jurídicas no son titulares de derechos fundamentales a la honra y buen nombre; que debe
introducirse una causal de eximente de responsabilidad social en el caso del homicidio pietístico
y; que no debe limitársele al trabajador acudir a su lugar de trabajo o impedírsele desarrollar las
actividades laborales para las cuales ha sido contratado. En relación con la línea que interpreta
la dignidad humana como la existencia de condiciones materiales de existencia, la Corte trae a
colación las siguientes sentencias: T-596 de 1992, T-124 de 1993, T-239 de 1997, T-296 de 1998,
C-521 de 1998, T-556 de 1998, T-565 de 1999 y C-012 de 2001, en las cuales se deciden asuntos
atinentes a la garantía de los derechos ligados a la efectividad de los derechos económicos,
sociales y culturales en casos específicos. Con relación a la línea que interpreta la dignidad
humana como intangibilidad de los bienes patrimoniales, integridad física y moral la Corte agrupa
las sentencias T-401 de 1992, T-402 de 1992, T-123 de 1994, T-036 de 1995, T-645 de 1996, T-
572 de 1999 y T-879 de 2001, en las que establece la obligación de no someter a las personas a
tratos crueles , inhumanos o degradantes, a violencia intrafamiliar, a trabajos forzados, a
circunstancias que conlleven poner en riesgo la integridad física, etc.

b. Además, en la misma sentencia la Corte considera que, desde el aspecto funcionali, la dignidad
humana es entendida desde tres perspectivas: “(…) como principio fundante del ordenamiento
jurídico y por tanto del Estado, y en este sentido la dignidad como valor (…) como principio
constitucional. Y (…) como derecho fundamental autónomo”. (Sentencia T-881 de 2002) Esta
triple función de la dignidad humana representa su importancia en los diferentes planos de

i
A este respecto la Corte desarrolla una aclaración sobre cada una de las perspectivas de este aspecto funcional, que
para los fines y dentro de la delimitación del problema de investigación de este trabajo, no viene al caso afrontar,
por lo que se remite al lector a los señalado en esta sentencia.
25

aplicación de los derechos fundamentales y estable su relevancia fundamental en la


interpretación y garantía real de los derechos humanos.

El rol fundamental de la dignidad humana en el ordenamiento jurídico del Estado de derecho


colombiano se revela también teniendo en cuenta los criterios señalados por la jurisprudencia a
la hora de establecer cuando un derecho adquiere reconocimiento como fundamental. La Corte,
en la Sentencia C-018 de 2018 (remitiendo a las sentencias T-002 de 1992 y T-406 de 1992)
establece que si bien el legislador tiene la potestad de definir derechos fundamentales y sus
contenidos esenciales, en el marco del principio democrático, la Corte Constitucional ha fijado
unos criterios para fijar cuando existe un derecho fundamental autónomo, a saber: 1. su conexión
con un principio; 2. la eficacia, esto es, la posibilidad de su efectividad a partir del texto
constitucional sin intermediación legal; y 3. la existencia de, en el derecho, de un contenido
esencial, independientemente de las mayorías políticas. (Sentencia C-018 de 2018).

La misma sentencia cita la Sentencia C-313 de 2014, la cual, al referirse al primer criterio, afirma
que dado que el principio de la dignidad humana es uno de los pilares que irradian el
ordenamiento jurídico, para que un derecho sea tenido como fundamental autónomo debe
poderse vincular con él. Esta vinculación se traduce en derechos subjetivos (expectativas
positivas), independientes de la particular coyuntura política nacional. (Esta misma línea puede
constatarse en la Sentencia C-288 de 2012)

3.3 Democracia y participación como bisagras de la organización política, jurídica y social

Otro de los cambios fundamentales que introdujo la Constitución de 1991 en Colombia hace
referencia a la democracia y la participación ciudadana. En efecto en ella se afirma la necesidad
de que el Estado y las autoridades garanticen el derecho de los ciudadanos a conformar, ejercer
y controlar el ejercicio del poder político (art. 40 constitucional) lo cual supone el deber del
Estado, como uno de sus fines esenciales, “facilitar la participación de todos en las decisiones
que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación” (art. 2
constitucional). De esta manera, para la Corte, el ciudadano tiene derecho a participar
directamente en el ejercicio del poder político, en el marco de una democracia participativa (no
solamente representativa), según lo establecido en el art. 3 constitucional, que reza lo siguiente:
“La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la
ejerce en forma directa o por medio de sus representantes (…)”.

Precisamente, la Sentencia T-358 de 2002 retoma lo establecido en la Sentencia C-585 de 1995,


según la cual:

“(…) la participación democrática no es sólo un sistema de toma de decisiones sino


que es también " un modelo de comportamiento social y político, fundamentado
en los principios del pluralismo y la tolerancia. El concepto de democracia
participativa no comprende simplemente la consagración de mecanismos para que
los ciudadanos tomen decisiones en referendos, consultas populares, revocación
del mandato de quienes han sido elegidos, sino que implica adicionalmente que el
26

ciudadano puede participar permanentemente en los procesos decisorios que


incidirán significativamente en el rumbo de su vida".

En este sentido, para la Corte, si bien la democracia participativa no niega la existencia de la


democracia representativa, sí la envuelve y amplía, reinterpretando de forma diferente la
relación entre la sociedad y el Estado. Se trata de hacer materialmente efectiva la voz del
ciudadano en la determinación de las condiciones de su propia existencia. (Sentencia T-358 de
2002 y Sentencia C-141 de 2010 ).

Por su parte, en la Sentencia T-066 de 2015 la Corte afirma que con la introducción de la
democracia participativa no se pretende “restarle importancia al ejercicio del derecho a elegir a
sus gobernantes”, de lo que se trata es de “darle efectividad a la representación que los
gobernantes ejercen, en la medida en que se crearon mecanismos o de canales que permiten su
control. De igual forma hacen efectiva la garantía a los ciudadanos de que sus representantes van
a ser fieles al mandato y la confianza que a ellos ha sido conferida. En armonía con esta nueva
perspectiva la Sentencia C-150 de 2015 establece que el carácter democrático del orden político,
social y jurídico al que obliga la Constitución implica, entre otras cosas, lo siguiente:

(i) que el Pueblo es poder supremo o soberano y, en consecuencia, es el origen del


poder público y por ello de él se deriva la facultad de constituir, legislar, juzgar,
administrar y controlar, (ii) que el Pueblo, a través de sus representantes o
directamente, crea el derecho al que se subordinan los órganos del Estado y los
habitantes, (iii) que el Pueblo decide la conformación de los órganos mediante los
cuales actúa el poder público, mediante actos electivos y (iv) que el Pueblo y las
organizaciones a partir de las cuales se articula, intervienen en el ejercicio y control
del poder público, a través de sus representantes o directamente. (Sentencia C-
150 de 2015)

La democracia es, entonces, fuente de legitimidad del poder político en cuanto ella es expresión
de la soberanía del pueblo. De igual manera, ella es fundamento de derechos y obligaciones en
la medida en que a través de su desarrollo y realización se reconoce y tutela la participación
ciudadana en la conformación y control del poder político. Finalmente, la democracia es
expresión de la forma como el poder debe operar y de los espacios en los cuales debe hacerse
efectiva en cuanto establecer reglas de funcionamiento y toma de decisiones. (Cfr.: Sentencia C-
150 de 2015)i.

Este fortalecimiento democrático como mandato constitucional se compone en el ordenamiento


superior en diferentes disposiciones:

“(…) la soberanía reside exclusivamente en el pueblo del cual emana el poder


público, pudiendo ejercerla de manera directa o por medio de sus representantes

i
Respecto a la soberanía popular y el sistema político democrático, participativo y pluralista cuya realización manda
la Constitución Política, ver, también las sentencias de la Corte Constitucional: C-1040 de 2005, C-303 de 2010, C-
490 de 2011, C-010 de 2013 y C-579 de 2013.
27

(art. 3º); todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y


control del poder político, pudiendo elegir y ser elegido, tomar parte en elecciones
y otras formas de participación democrática, constituir partidos, movimientos y
agrupaciones políticas, formar parte de ellos y difundir sus ideas y programas (art.
40); formas de participación democrática (arts. 103-106), partidos y movimientos
políticos (arts. 107-111) y estatuto de la oposición (art. 112); conformación de la
organización electoral (art. 120); quienes no podrán ser inscritos como candidatos
a cargos de elección popular, ni designados como servidores públicos (art. 122);
sufragio y elecciones (arts. 258-263), autoridades electorales (art. 264-266), entre
otras. (Sentencia C-027 de 2018i).

La Sentencia C-150 de 2015 cita además otras sentencias de la Corte Constitucional en las que se
expresa y establece como la democracia participativa constituye un eje esencial del ejercicio del
poder político en Colombia, razón por la cual su realización efectiva es un valor, un principio y un
derecho articulador de todo el ordenamiento jurídico y de la vida ciudadana. En este sentido se
anota como la Sentencia T-540 de 1992 indica que sin la participación activa de los ciudadanos el
Estado puede perder su legitimidad en relación con las diferentes y cambiantes necesidades
sociales. Por su parte, la sentencia C-089 de 1994 señala cómo la apertura democrática
constituyó sin equívoco el espíritu que inspiró la Constitución de 1991, hecho positivo en el
mandato de extender y fortalecer la participación ciudadana en todos los espacios esenciales de
definición y toma de decisiones políticas y sociales. Es esta apertura la que posibilitaría, entre
otras cosas, la paz. En la sentencia C-674 de 2008 se establece que cuando se habla de
democracia se debe tener presente tanto su expresión sustantiva o material que comprende el
mandato de realizar principios como “la dignidad humana, libertad, la igualdad y el pluralismo”,
como su significación procedimental o formal (estructural) que comprende el mandato de
garantizar la efectividad de principios como “la participación, la representación, la adopción de
decisiones por mayoría, el respeto por las minorías, la prohibición de la arbitrariedad y el
principio de imparcialidad”. (Citado por Sentencia C-150 de 2015). Estas expresiones sustantivas
y procedimentales de la democracia suponen también, según la Corte, un mandato al legislativo
para que establezca los alcances, límites, formas y modos de la participación ciudadana y las
medidas que hagan que los mecanismos de participación sean realmente efectivos. En la
Sentencia C-490 de 2011 se establece que la democracia constitucional contemporánea permite
al ciudadano participar de una manera más amplia de lo que le era posible en el marco de la
democracia representativa; supera la concepción individualista permitiendo la expresión del
pluralismo y la expresión de las diferentes tendencias ideológicas e identidades sociales y
comunitarias como por ejemplo las relacionadas con las perspectivas de género y étnicasii.

i
Al respecto ver también los cambios constitucionales que en el transcurso de los últimas décadas han tratado de
reformar las reglas constitucionales en diversas materias de organización y estructura de los partidos y
movimientos políticos: actos legislativos 03 de 1993, 01 de 2003, 01 de 2009 y 02 de 2015.
ii
Otras sentencias que menciona la Sentencia C-150 de 2015 son: C-011 de 1994, Sentencia C-180 de 1994, Sentencia
C-179 de 2002, Sentencia C-292 de 2003 y, Sentencia C-862 de 2012.
28

En este sentido, la Corte Constitucional establece que la efectividad de la participación se hace


posible en la medida en que se existen “(…) reglas e instituciones que salvaguarden el pluralismo,
la transparencia y la libertad de los ciudadanos de manera tal que (i) se garantice, en condiciones
de igualdad, la intervención en los procesos democráticos de todos los ciudadanos, grupos y
organizaciones y (ii) se asegure que las manifestaciones de los ciudadanos en todos los
mecanismos de participación sea completamente libre y, en consecuencia, genuina”. (Sentencia
C-150 de 2015).

Actualmente, la Sentencia C-027 de 2018 ratifica lo ya expuesto de la siguiente manera: Los


derechos políticos ensanchados por la Constitución política tiene como objetivo que los
ciudadanos incidan en la estructura y el proceso político, de tal manera que lo conformen,
controlen y ejerzan. Precisamente su importancia esencial radica, en alineación con lo
establecido en la Convención Americana, en que el ejercicio efectivo de los derechos políticos se
considera el fin y el medio para garantizar los demás derechos. Su limitación y reglamentación
debe realizarse observando los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad teniendo
como norte la realización plena de los valores constitucionales y el mandato de optimización de
los principios propios de una sociedad democrática. Estas determinaciones han permitido a la
Corte “(…) determinar como ejes definitorios de la Constitución el “marco democrático
participativo” y la “participación política” (sentencias C-577 de 2014 y C-408 de 2017)”.
(Sentencia C-027 de 2018)i, lo cual implica, como su corolario, entre otras cosas, que el Estado
debe garantizar lo siguiente:

 Ejercicio del sufragio: “(…) las elecciones constituyen un componente esencial de la


democracia –democracia electoral-, la cual debe estar basada en elecciones libres, justas
y competitivas que involucran otros atributos como el que sean periódicas, transparentes
e inclusivas como factores indispensables de una democracia participativa pluralista”
(Sentencia C-027 de 2018).
 Participación en la conformación, ejercicio y control del poder político
 Protección de los derechos de las minorías políticas (lo cual supone las garantías para el
ejercicio del pluralismo y el otorgamiento de condiciones de igualdad, como expresión de
la no discriminación y como la accesibilidad efectiva de aquellos que no conforman las
fuerzas mayoritarias y por eso no están en las mismas condiciones de competir en la arena
política). Ver: Sentencia C-141 de 2010.
 Promoción y garantía efectiva del debate político democrático y pluralista.

Finalmente, la Sentencia C-027 de 2018 resalta la importancia que en todo este tejido
democrático institucional deben jugar los partidos y los movimientos políticos y las agrupaciones
significativas de ciudadanos, en la mediada en que expresan, en el proceso de la configuración
real de la vida democrática, los intereses y exigencias frente a la agenda y las políticas públicas y
canalizan el pluralismo político e ideológico presente en la sociedad (visiones usualmente
contradictorias y juxtapuestas de la realidad social y política). En este orden de ideas, estos

i
Respecto a la participación política de los grupos minoritarios y la paz, la Sentencia C-027 cita también la sentencia
C-579 de 2013.
29

agentes de movilización de las demandas y preferencias electorales deben mantener en su


interior una identidad ideológica y política y unos procedimientos y una infraestructura que le
permitan realizar de forma adecuada la integración del pluralismo ciudadano en planes y
proyectos posibles de realizar una vez se conviertan en actores de la agenda pública.

4. Reflexiones desde una perspectiva pedagógica

El modelo de evaluación, en el que se sustentan las pruebas Saber Pro, parte del supuesto de que
para ser un buen ciudadano un colombiano debe tener la capacidad de pensar lo social teniendo
en cuenta los hechos sociales reales, los discursos y las opiniones diversas y plurales que circulan
al interior del país y el mundo en el marco de una interpretación del texto constitucional que
tenga como su plano de comprensión los fines y principios que rigen el ordenamiento jurídico.

De esta manera se tiene, en primer lugar, tener en cuenta las premisas propias de la sociología
contemporánea de gran impacto en el ámbito académico, asumidas como propias por quienes
han desarrollado la prueba Saber Pro en el MEN. En efecto, para la sociología contemporánea es
fundamental tener en cuenta la relación entre el conocimiento teórico de la sociología y el
conocimiento de los problemas reales de la sociedad y la búsqueda de una solución a los mismos.
En el sentido de Wallerstein: “Ningún científico puede ser separado de su contexto físico y social
(…) la creencia generalizada en una neutralidad ficticia ha pasado a ser un obstáculo importante
al aumento del valor de verdad de nuestros descubrimientos (…)”. (Wallerstein, 1998, p. 82). Esto
significa, entre otras cosas, que cuando se hace sociología se está tomando partido por una
determinada forma de analizar lo que acontece en el mundo social, esto es, desde unos criterios
críticos, que le apuntan a modificar las estructuras sociales consideradas injustas o no apropiadas
en relación con los objetivos de una humanidad que busca la protección del medio ambiente, la
superación de las relaciones de exclusión social y pobreza, la violación de los derechos de
igualdad, libertad y no discriminación y el no cumplimiento de la obligación de solidaridad a nivel
nacional e internacional. Se trata, en últimas, de hacer teoría a partir de la búsqueda de un
mundo en el que los cursos de acción sociales estén dirigidos a lograr la paz, la inclusión y el
mejoramiento de las condiciones de vida de los más pobres o menos privilegiados de la sociedad.
Esta concepción de la sociología encuentra, de esta manera, elementos comunes con los
propósitos ético políticos planteados como fines de la implementación y realización de los
postulados del Estado social de derecho.

Así mismo, en el marco de los canales de comunicación a nivel masivo (radio, prensa en papel y
electrónica, televisión e internet) disponibles en la actualidad, un buen ciudadano debe tener la
capacidad para comprender la lógica de los discursos, de tal manera que pueda encontrar en su
construcción y presentación los sutiles quiebres que permitan escudriñar intenciones, prejuicios
y concepciones de quienes los emiten. En este sentido, el estudiante debe tener la capacidad
para analizar a profundidad el texto que se le presenta y ser capaz de decidir cuál es la respuesta
correcta dada las premisas que se proponen en la formulación de la tarea de evaluación de la
pregunta. Su análisis debe darse trascendiendo niveles metacognitivos como el tácito, el
pensativo, el estratégico, para llegar al reflexivo, en el cual el estudiante no solo comprende la
coherencia y las implicaciones sistémicas y multiperspectivistas de un caso problemático
30

específico sino que debe ser capaz de reflexionar sobre el mismo, jugando de forma abstracta y
descentrada, entendiendo asuntos con los cuales no está familiarizado, con rapidez y eficacia, y
ubicándose en contextos diferentes a los que maneja habitualmente y, finalmente, aplicando el
conocimiento adquirido a casos concretos y en situaciones diversas y complejas.

Finalmente, no se trata solamente de la adquisición de conocimientos sino también


fundamentalmente de la interacción con otros ciudadanos para la trasformación social, se
requiere del estudiante una alta capacidad para desarrollar un pensamiento crítico que,
partiendo de una posición progresista y de una conceptualización política que promueva la
libertad, la pluralidad, la justicia y la inclusión social y la promoción de la diversidad cultural y
social, tenga como propósito el compromiso con el cambio y mejoramiento de las condiciones
de vida de los habitantes del territorio nacional. En este sentido, se trata de realizar un análisis
crítico del discurso entendido como “(…) un tipo de investigación analítica sobre el discurso que
estudia primariamente el modo en que el abuso del poder social, el dominio y la desigualdad son
practicados, reproducidos, y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto
social y político”. (Van Dijk, 1999, p.23).

Así las cosas, los estudiantes deben ser conscientes de que al responder las preguntas están
realizando un ejercicio no neutral, esto es, deben ponerse en situación apropiada para encontrar
la respuesta políticamente correcta, pues de lo contrario van a plasmar sus concepciones
singulares de la sociedad, la política y la convivencia social, y eso es precisamente lo que la prueba
no está pidiendo. Se exige la adopción de una perspectiva de análisis en la cual los valores y
principios constitucionales, expresados en el preámbulo, la postulación de la lista de los derechos
fundamentales, políticos, económicos, sociales, culturales y de los pueblos, además de las formas
de participación política y social y de control del poder político, judicial y administrativo por parte
de la ciudadanía, constituyen el criterio de análisis y reflexión de los casos singulares que en la
prueba se proponen.

Estas tres características las resume el ICFES de la siguiente manera:

Como ejemplos de la estrecha relación entre la formación en ciencias sociales y


ciudadanía, pueden mencionarse los siguientes. Primero, el análisis de discursos y
fuentes, central en las ciencias sociales, es útil para fomentar la capacidad de los
estudiantes de comprender e integrar diversas comprensiones de su realidad,
desarrollar habilidades de interpretación de las situaciones sociales que enfrentan,
y construir argumentos y juicios críticos (…). Segundo, se ha demostrado que la
capacidad de reconocimiento y coordinación de perspectivas a distintos niveles,
fundamental para el reconocimiento de la diversidad y pluralidad en el campo
ámbito ciudadano, se desarrolla a través de ejercicios de análisis propios de las
ciencias sociales (…). Por último, el análisis de problemáticas sociales permite a los
estudiantes desarrollar habilidades de juicio crítico que son fundamentales en su
acción como ciudadanos (…). En efecto, (…) “la democracia requiere de ciudadanos
que tengan una comprensión adecuada de asuntos de lo público. Esta comprensión
adecuada (…) implica, al menos, que el ciudadano esté bien informado acerca de
los asuntos de la vida colectiva de las diferentes comunidades a las cuales se
31

pertenece, a la vez que haya desarrollado un pensamiento crítico que le permita


evaluar y valorar esa información, así como interactuar con otros apropiadamente
en la búsqueda de soluciones a los problemas que surgen en esta vida colectiva
(…).”. (ICFES, 2015, p. 15).

Así las cosas se tiene que:

1. Los conocimientos que evalúa la prueba Saber Pro están relacionados con los valores y
principios constitucionales, por lo que el proceso de enseñanza aprendizaje debe estar asociado
a la reflexión en torno a lo establecido en la Carta política del país, especialmente en lo
establecido como fines de la educación en su art. 67, a saber: “(…) La educación formará al
colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia; y en la práctica del
trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico, tecnológico y para la protección
del ambiente”.

Este precepto constitucional fue especificado en la Ley 115 de 1994, en cuyo artículo 5º se
establecen los siguientes fines de la educación (en el ámbito ético político), en conformidad con
el art. 67 de la Constitución Política:

1. El pleno desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que le


imponen los derechos de los demás y el orden jurídico, dentro de un proceso de
formación integral, física, psíquica, intelectual, moral, espiritual, social, afectiva,
ética, cívica y demás valores humanos.
2. La formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos, a la paz, a
los principios democráticos, de convivencia, pluralismo, justicia, solidaridad y
equidad, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad.
3. La formación para facilitar la participación de todos en las decisiones que los
afectan en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación.
4. La formación en el respeto a la autoridad legítima y a la ley, a la cultura nacional,
a la historia colombiana y a los símbolos patrios (…)
6. El estudio y la comprensión crítica de la cultura nacional y de la diversidad étnica
y cultural del país, como fundamento de la unidad nacional y de su identidad (…)
8. La creación y fomento de una conciencia de la soberanía nacional y para la
práctica de la solidaridad y la integración con el mundo, en especial con
latinoamérica y el Caribe (…)
10. La adquisición de una conciencia para la conservación, protección y
mejoramiento del medio ambiente, de la calidad de la vida, del uso racional de los
recursos naturales, de la prevención de desastres, dentro de una cultura ecológica
y del riesgo y la defensa del patrimonio cultural de la Nación (…)

Además, según la misma Ley 115 de 1994 (art. 13), todos los niveles de la educación en Colombia
deben buscar el desarrollo integral de los educandos mediante acciones estructuradas
encaminadas a:

a) Formar la personalidad y la capacidad de asumir con responsabilidad y


autonomía sus derechos y deberes;
32

b) Proporcionar una sólida formación ética y moral, y fomentar la práctica del


respeto a los derechos humanos;
c) Fomentar en la institución educativa, prácticas democráticas para el aprendizaje
de los principios y valores de la participación y organización ciudadana y estimular
la autonomía y la responsabilidad;
d) Desarrollar una sana sexualidad que promueva el conocimiento de sí mismo y la
autoestima, la construcción de la identidad sexual dentro del respeto por la
equidad de los sexos, la afectividad, el respeto mutuo y prepararse para una vida
familiar armónica y responsable;
e) Crear y fomentar una conciencia de solidaridad internacional;
f) Desarrollar acciones de orientación escolar, profesional y ocupacional;
g) Formar una conciencia educativa para el esfuerzo y el trabajo, y
h) Fomentar el interés y el respeto por la identidad cultural de los grupos étnicos.

Estos artículos señalan con suficiente claridad las características que debe tener la educación en
general en Colombia y establecen la ruta que deben seguir las instituciones educativas a nivel
nacional respecto de la formación ciudadana. En este sentido, no deja la libertad a las
instituciones para impartir cualquier tipo de orientación valorativa de la vida social, sino que las
obliga a educar de acuerdo con unos precisos contenidos y formas de pensar, propios del espíritu
constitucional.

Por su parte, la Ley 30 de 1992, que establece los parámetros organizativos de la educación
superior, postula, en el artículo 6°, algunos objetivos que están directamente ligados con los
niveles inferiores de la educación que se imparte en el país y señalan los parámetros que debe
orientar el aprendizaje de los contenidos propios de las competencias ciudadanas, en el ámbito
universitario, a saber: “d) Ser factor de desarrollo científico, cultural, económico, político y ético
a nivel nacional y regional (…). i) Promover la preservación de un medio ambiente sano y
fomentar la educación y cultura ecológica. j) Conservar y fomentar el patrimonio cultural del
país.”

De esta manera, es necesario que todas las instituciones de educación establezcan estrategias
de enseñanza y aprendizaje que permitan a los estudiantes el conocimiento de los fundamentos
de la vida social colombiana en el marco de un modelo pedagógico que valore y desarrolle el
pensamiento crítico y la capacidad de tolerancia, solidaridad y compromiso social de los
estudiantes. Como marco general, el proceso formativo debe estar orientado a la realización de
los dispuesto en el art. 41 del ordenamiento constitucional el cual señala para todas las
instituciones de educación la obligación de estudiar la Constitución y de fomentar “prácticas
democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana”.

Así se puede concluir que sin el conocimiento de los criterios de valoración establecidos en el
texto constitucional, sin el conocimiento de la estructura básica del Estado colombiano, sin la
comprensión del funcionamiento del andamiaje institucional y sin la interiorización del horizonte
de comprensión político ideológico de la vida social que establece la Constitución Política, no es
posible responder en forma exitosa las preguntas sobre competencia ciudadana formuladas en
las pruebas Saber Pro. Ellas suponen, en efecto, una visión clara sobre la importancia que los
33

principios y valores constitucionales tienen en la transformación de las estructuras sociales y en


la defensa de los derechos fundamentales, económicos, sociales y culturales y la búsqueda de la
paz y la justicia social propios de un contexto constitucional que propone, como horizonte
jurídico político de la sociedad colombiana, la superación del Estado de derecho mediante la
implantación de un Estado Social del Derecho. Cuando se pregunta al estudiante sobre algún
asunto relacionado con la vida social se pide de él una respuesta acorde con los valores
constitucionales progresistas propios de la Constitución de 1991. Dicho en términos más
coloquiales: No se busca que, en ejercicio de la libertad de expresión y del pluralismo liberal, el
estudiante exprese, frente al asunto problemático que se expresa en la pregunta, cuál es la
respuesta que él considera válida desde su propia visión de mundo o, como diría Rawls, desde su
respectiva “doctrina comprensiva”; se trata, por el contrario, de captar con precisión lo que, de
acuerdo con una comprensión progresista del texto constitucional, es lo correcto.

Según la metodología del ICFES, para ser buen ciudadano la persona debe poder comprender y
realizar análisis de las diferentes situaciones que se plantean en las preguntas, remitiéndolas a la
totalidad social, cultural, económica y política del país y relacionándolas con las estructuras que
subyacen a los debates públicos contemporáneos. En efecto, lo que está en el trasfondo es la
idea según la cual el buen ciudadano debe ser capaz de pensar de manera sistémica. La sociedad
no debe ser analizada, por lo tanto, desde una sola y reduccionista visión de mundo sino en su
proceso de transformación y permanente cambio en el marco de patrones que perduran en el
tiempo. De esto se trata entonces la formación universitaria en Colombia, de acuerdo con los
parámetros establecidos por el MEN y el ICFES, que son evaluados en la prueba, Saber Pro, a
saber: de promover factores de cambio dentro del marco de los principios y valores
constitucionales que establecen como fin de la educación la promoción de la libertad, la igualdad,
la participación, la justicia y la paz.

En este sentido, una propuesta pedagógica que tenga como fin desarrollar un proceso de
enseñanza y aprendizaje de los valores y principios constitucionales debe en concreto incluir los
siguientes contenidos:
1. Fundamento en la idea kantiana de dignidad humana y garantía de la autonomía
individual (libre desarrollo de la personalidad)
2. Soberanía popular: participación política ciudadana-estructura del Estado
3. Desarrollo del Estado social de derecho y neoconstitucionalismo (garantía de los derechos
fundamentales, sociales, económicos y culturales, colectivos y de los pueblos, ecológicos);
sistema económico y justicia distributiva.

Es fundamental que se el proceso de enseñanza y aprendizaje de los valores y principios


constitucionales se funde en el estudio de casos de la realidad política, social, económica y
cultural del país tendiendo como faro de iluminación y orientación las sentencias de la Corte
Constitucional respectivas, por cuanto a través de su lectura, análisis y comprensión se puede
aprehender el ejercicio hermenéutico de ponderación realizado por los magistrados de este alto
tribunal y, de esta manera, ejercitar el modus operandi de la interpretación constitucional
aplicada a la realidad nacional.
34

Bibliografía

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sentencia C-579 de agosto 28 de 2013 M. Sustanciador, Jorge Ignacio Pretelt Chaljub
Sentencia T-066 de febrero 16 de 2015 M. Sustanciadora, Gloria Stella Ortiz Delgado
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Sentencia T-622 de noviembre 10 de 2016 M.P. Jorge Iván Palacio Palacio
Sentencia C-018 de abril 4 de 2018 M.P. Alejandro Linares Cantillo
Sentencia C-027 de abril 18 de 2018 M.P. Jorge Fernando Reyes Cuartas