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Güemes y sus gauchos detuvieron otras seis poderosas invasiones al mando de destacados jefes

españoles. La primera fue la del experimentado mariscal José de la Serna e Hinojosa, el cual, al
mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Buenos
Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los coroneles Manuel Ascensio Padilla e
Ignacio Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos y Rosario de Lerma. Pero
Güemes lo dejó incomunicado con sus bases ocupando Humahuaca, venció a uno de sus
regimientos en San Pedrito y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna tuvo que
retirarse, hostigado todo el tiempo por las partidas gauchas.

Meses después, el general Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y
capturó al más importante de los segundos de Güemes, el general Juan José Feliciano Alejo
Fernández Campero, popularmente conocido como el Marqués de Yavi, jefe de la defensa de la
Puna. Pero no pudo pasar más allá de Jujuy.

Toda la población participaba en la lucha: los hombres actuando como guerreros, mientras que las
mujeres, los niños y los ancianos lo hacían como espías o mensajeros. Las emboscadas se repetían
en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de
aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o a una hacienda, los habitantes
huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Esta clase
de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares.
Jamás obtuvo apoyo económico del gobierno del Directorio y la ayuda que le prestó el Ejército del
Norte fue muy limitada, por lo cual, decidiría legalizar monedas privadas locales circulantes desde
1817 que se extendían por todo el noroeste argentino1

El área patriota del noroeste incluía los territorios de Atacama (desde hacía un año), Tarija desde
el 15 de abril de 1817, luego de la derrota realista en la batalla de La Tablada de Tolomosa, siendo
el comandante independentista Gregorio Aráoz de Lamadrid, apoyado por las fuerzas gauchas
locales comandadas por Francisco Pérez de Uriondo, Eustaquio Méndez y José María Avilés, y
desde el 11 de junio de este último año, también al territorio de Chichas. Aunque poco después
sufrirían una nueva invasión realista desde el norte en 1818, dirigida por Olañeta y Valdés, y otra
más en 1819, mandada por Olañeta.2

La más importante fue la que mandó el segundo de De la Serna, general Juan Ramírez Orozco que
en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder
después de haber tomado Salta y Jujuy.
Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes
contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban Fernández Campero, el
coronel Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija, el coronel Manuel Arias, a cargo de Orán,
y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en
Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el teniente
coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José
Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una
extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de San Ramón de la
Nueva Orán, y se conoció como Línea del Pasaje.

El papel de Güemes en el conjunto era el de organizar la estrategia general y financiarla. Pero


tenía un detalle curioso: sus hombres se hubieran hecho matar por él, pero él mismo nunca
entraba en combate. En realidad nunca se lo reprocharon ni le exigieron que los acompañara. Por
esta causa es que sus enemigos y los historiadores del siglo XIX lo acusaran de cobarde, no
siéndolo, ya que era hemofílico. Cualquier herida le hubiera causado la muerte, de hecho, una
herida sin importancia lo haría perecer desangrado.3

El último año de Güemes[editar]

Güemes había conversado con San Martín sobre las ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San
Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta,
para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para
dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de
Observación. El salteño estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en
la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el
Alto Perú.

Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al
mando del coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en
Tucumán. Pero éstas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para
tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.4

A principios de 1821, el gobernador de Santiago del Estero, Juan Felipe Ibarra, pidió auxilio a
Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por
solidaridad. La expedición salteña se componía de 2.000 hombres provenientes de Salta, San
Carlos y Rosario de la Frontera, saliendo rumbo a Tucumán en febrero; por la amenaza realista, las
milicias de Jujuy no participaron en la acción.4 Pero el ejército salteño y santiagueño, al mando de
Heredia (tucumano) e Ibarra, fue derrotado por el tucumano al mando de Manuel Arias (salteño) y
Abraham González en la batalla de Rincón de Marlopa (3 de abril). Otra columna salteña tuvo éxito
en expulsar a los partidarios de Aráoz de Catamarca, aunque el tucumano la recuperaría poco
después su República de Tucumán desaparecería definitivamente en agosto.

El cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones
forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo
declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general español
Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y
perdonó a los revolucionarios. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada,
dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria
Vieja", es decir, al partido de Güemes.

Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho”
Valdez por un camino desierto de la Puna, acompañado por miembros de la familia realista
Archondo. El coronel Valdez era un español nativo de Valencia, radicado desde hacía décadas en la
región y con experiencia en arriar y robar ganado, oficios que le permitieron conocer múltiples
senderos poco transitados.

La muerte de Güemes por Antonio Alice, 1910)

El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta, y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una
bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad. Pero su herida —como
cualquier herida profunda de un hemofílico— nunca cicatrizó.

Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a los 36 años de edad. En el momento de su
muerte, en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta, yacía a la intemperie, en un catre
improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, luego su cadáver fue inhumado en la Capilla
del Chamical. Martín Miguel de Güemes fue el único general argentino caído en acción de guerra
exterior.

Desde que supo de la muerte de su esposo, Carmen Puch se encerró en su habitación, y se cree
que se dejó morir de hambre.5