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Autenticidad: 1

Pablo Guadarrama González.

Diccionario del pensamiento alternativo. Hugo E. Biagini y Arturo A. Roig (directores). UBA.
Buenos Aires, 2009. pp. 58-60.

Se considera que algo es auténtico cuando es posible precisar su


identidad, origen y condición real, por lo que se puede certificar su certeza,
validez o propiedad.
Existencialmente, lo mismo que su contrario la inautenticidad, se
concibe como una de las condiciones básicas del hombre cuando este no deja
de ser lo que es (Ortega y Gasset) y se enfrenta a la alienación (Heidegger).
Se identifica también como lo más profundo en oposición a lo superficial
(Jasper).
El problema de la autenticidad y la originalidad de la filosofía, la
literatura, el arte, la cultura en Latinoamérica tomó fuerza a partir de la década
del cuarenta del siglo XX en los momentos del auge por los estudios sobre la
historia de las ideas en esta región.
En el pensamiento latinoamericano se ha vinculado la autenticidad,
-aunque se le diferencia- al concepto de originalidad en relación a la
existencia y cualidades de la filosofía y la cultura propias de esta región.
Si la cultura expresa el grado de dominio que posee el hombre en una
forma histórica y determinada sobre sus condiciones de existencia y
desarrollo, este se ejecuta de manera específica y circunstanciada, por lo
que puede ser considerada de manera auténtica cuando se corresponde con
las exigencias de diverso carácter que una comunidad histórica, pueblo o
nación debe plantearse.
El grado de autenticidad no debe ser confundido con formas de
originalidad, pues lo determinante en la valoración de un acontecimiento
cultural no es tanto su novedad o irrepetibilidad, sino su plena validez.
Siempre que el hombre domina sus condiciones de existencia lo hace de
forma específica y en una situación espacio-temporal dada. En tanto no se
conozcan estas circunstancias y no sean valoradas por otros hombres, tal
anonimato no le permite participar de forma adecuada en la universalidad. A
partir del momento que se produce la comunicación entre hombres con
diferentes formas específicas de cultura, esta comienza a dar pasos cada vez
más firmes hacia la universalidad. La historia se encarga después de ir
depurando aquellos elementos que no son dignos de ser asimilados y
"eternizados". Solo aquello que trasciende a los tiempos y los espacios es lo
que más tarde es reconocido como clásico en la cultura, independientemente
de la región o la época de donde provenga.
La creciente standarización que produce la vida moderna, con los
adelantos de la revolución científico-técnica, no significa que todas sus
expresiones deban ser consideradas como manifestaciones auténticas de
la cultura.
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Pablo Guadarrama González. Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Santa Clara. Cuba.

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Auténtico debe ser considerado aquel producto cultural, que se
corresponda con las principales demandas del hombre para mejorar su
dominio sobre sus condiciones de vida, en cualquier época histórica y en
cualquier parte, aun cuando ello presuponga la imitación de lo creado por
otros hombres. De todas formas la naturaleza misma de la realidad y el curso
multifacético e irreversible de la historia le impone su sello distintivo.
La cultura auténtica es siempre específica y por tanto histórica. Debe
ser medida con las escalas que emergen de todos los demás contextos
culturales, pero, en primer lugar, con las surgidas del mundo propio.
El hecho de que unos pueblos aprendan de otros y se intercambien
sus mejores valores alcanzados constituye una premisa inexorable del
desarrollo de la cultura.
En la medida en que un hecho cultural cualquiera, como la filosofía,
satisfaga exigencias y requisitos circunstanciales y epocales que posibiliten
un mayor nivel de humanización de las relaciones sociales cumplirá con el
requisito preliminar de lograr su especificidad auténtica y se asegurará un
lugar en la cultura universal. Varios pensadores latinoamericanos
contemporáneos se han planteado exitosamente la tarea de hacer filosofía
auténtica (Zea, Miró Quesada, Roig).
Incluso la repercusión de los productos culturales dignos de ser imitados
no necesariamente se producen en aquellos pueblos que pueden desempeñar
cierto tutelaje en el proceso histórico mundial por factores coyunturales
hegemónicos de carácter económico o político. En el proceso de
realización de acciones culturales auténticas se forja la identidad cultural de
una nación, pueblo o región, que aunque puede ser manipulada con los
fines ideológicos más disímiles, en definitiva sobrevive y se regenera dando
lugar a su distintivo propio ser.

Bibliografía

Biagini, H. Filosofía americana e identidad. EUDEBA. Buenos Aires. 1989.


Colectivo de autores. América Latina: identidad y diferencia. Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez. Ciudad Juárez. 1992.
Miro Quesada, F. Despertar y proyecto del filosofar latinoamericano. Fondo de
Cultura Económica. México. 1974.
Roig, A.A.
Zea, L. América como conciencia. Universidad Nacional Autónoma de México.
México. D.F. 1972.