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Santiago Quintero Mususué – 000177778

Historiografía II – Juan Fernando Duarte.

EL HISTORICISMO

A medida que el tiempo pasa y las condiciones humanas cambian, los hombres han
tenido tendencias o preferencias para escribir lo que ocurre. Sea porque escriben lo que ven,
lo que quieren ver, mostrar o admirar. O porque escriben lo que creen, escucharon o creyeron
haber oído y leído. Estas tendencias siempre mutan, son cambiantes y nunca hay una
establecida en particular, sino que hay una que es fuerte durante un momento específico, y
por esto es la más sencilla de rastrear en los vestigios y pistas que nos deja el hombre a lo
largo de los años.

Incluso cuando se investiga y se escribe historia, estas tendencias siempre están


presentes, éstas nos predisponen y nos limitan nuestra capacidad de análisis frente a las
fuentes, gracias a que nos proponen una metodología para trabajar frente a las fuentes. Es
decisión de cada historiador definir por cual tendencia decantarse, que regularmente es una
tendencia hecha con trozos de todas las tendencias ya existentes, y una metodología que cada
individuo considere como la mejor y la mas completa, gracias a estas ambigüedades, es que
las diferentes tendencias de escritura de la historia han evolucionado y se han transformado,
hasta crear corrientes diferentes que hasta se contraríen, pero que enriquecen el análisis en el
estudio histórico.

En este caso puntual, el historicismo surge como una ruptura de la escritura


tradicional de la historia. Leopold Von Ranke (1795-1986) propuso abandonar la idea de que
la historia sea escrita para ser interpretada por el contexto. O sea, aquellos que pueden
entender los documentos son los que vivieron en el contexto en el que fueron escritos, porque
serán capaces de interpretar estos conocimientos bajo la misma lupa. Este aporte fue
fundamental porque propuso que la verdadera historia debía ser explicativa. El historiador,
según él, debía tomarse el tiempo de estudiar el contexto, para luego explicar tanto el contexto
como el problema que se estaba estudiando históricamente. Este pensamiento es un síntoma
del siglo XIX, ya que gracias a la constante paz con la que se contaba, no existían
acontecimientos importantes dignos de ser contados, sino que todo era ordenado, tal y como
buscaba la idea de orden del Estado Prusiano.

Gracias a la idea ordenada del Estado Prusiano es que le historicismo tomó forma y
planteó su principal postulado, en que la historia tiene un sentido, y se encuentra cuando se
entiende que hace parte de un proceso histórico continuo (hace parte del devenir). Por esto,
la historia estudiada desde una perspectiva historicista plantea que existen unas causas que
crean un hecho, y de este siguen unas consecuencias. Estas tres partes de la historia con
tendencia historicista son rastreables en los vestigios del pasado de manera que se puede
reconstruir y explicar los porqués gracias al estudio del contexto.

El historicismo tuvo adeptos (y aún los tiene) en todo el mundo, sobre todo en los
países que hacían la historia en el siglo XIX. Los más importantes van a ser la escuela
francesa y la alemana. La francesa va a tener una fuerte preocupación política, la idea de
escribir y mostrar las corrientes políticas de su estado, Francia. Por otro lado, la corriente
alemana rechaza parcialmente esta idea de intención política para quedarse con que la historia
es un recorrido lineal ordenado, y que simplemente van apareciendo y desapareciendo
personas como si fueran actores, y los verdaderos protagonistas son las instituciones, como
la iglesia y el estado.

Los historiadores de esta corriente, como la mayoría de los del siglo XIX, se
caracterizaban por una cosa: su erudición. A erudición nos referimos como esa capacidad de
retener y memorizar información, además de ponerla en contexto para analizar las fuentes
historiográficas, aunque la rigurosidad de ésta sea muy distinta entre los historicistas. Por
ejemplo, Ranke, quien es uno de los padres del historicismo y precursor del positivismo,
consideraba que las fuentes eran de suma importancia para la investigación histórica, por
esto, se puede evidenciar en sus textos la cantidad tan abismal que hay de citaciones y notas
al pie en las cuales muestra de donde recolecta la información que nos está presentando,
como también hace aclaraciones importantes para el entendimiento del texto en concreto.

Las fuentes se convierten para él en su más grande amiga. Recurrir a estas es, en
efecto, acudir a la ‘verdad’ para saber con seguridad lo que ha ocurrido. Aunque esta forma
de investigación es muy fuerte hoy en día, ya que las fuentes son la base de la investigación,
hay autores que estudian rigurosamente las fuentes, pero no las tienen en cuenta a la hora de
escribir los textos. Caso puntual a esto, el del historiador y Premio Nobel Theodor Mommsen
(1817 - 1903), quien criticaba la intensa devoción de Ranke a las fuentes, pero gozaba de
muchísima erudición a su favor, la cual le permitió tener una obra de más de 1500 piezas.

Su obra es fluida, sencilla de leer. Incluso llega a ser casi literaria. En esto se contraria
de Ranke, quien pensaba que se debía explicar al detalle el proceso para entender el
fenómeno, y para esto no había cabida de la imaginación literaria, sino que había que ser
tajantes ante la escritura. Mommsen, por el contrario, usa la literatura como su as bajo la
manga, la utiliza como medio para ejercer juicios sobre las figuras políticas que estaba
estudiando, así, hace mejor el trabajo al lector, pero también envía mensajes que sesgan el
análisis autocrítico de las obras, por esto, fue bastante criticada su obra sobre la historia de
Roma.

Tanto para Ranke como para Mommsen la escritura es un arma también para dar paso
a la opinión o postura personal. Ranke muestra las evidencias con citas y a su vez da su
postura crítica de la situación, Mommsen con su análisis literario muestra lo que sucede, lo
narra y también emite un juicio de valor que aclara que es personal. Jacob Burckhardt (1818-
1897) no opinó lo mismo, para él la escritura de la historia debía ser desde las fuentes, no
rechazaba el método historicista pero tampoco lo abrazaba, consideraba que las fuentes eran
un síntoma de otra cosa, que luego habría que revisar si esto, en efecto, era verdaderamente
así o no.

Por esto, la obra de Burckhardt es detallista, minuciosa, estudia todo tipo de obras
literarias, todo tipo de fuentes. Esto resultó fuertemente criticado en su metodología, porque
el uso de poemas para reconstruir el pasado puede ser bastante bueno para hacer una historia
de las mentalidades, pero no tanto para explicar los fenómenos, que era lo que buscaba el
historicismo. También hablaba de tres protagonistas en la historia, los cuales son la iglesia,
el estado y la cultura. Consideraba que estos tres términos unidos eran esenciales para
explicar el paso de los tiempos, y no hacía falta de razón para esto, porque tanto Mommsen
como Ranke consideraban, sin decirlo explícitamente, lo mismo.

Es por esto por lo que estos autores pueden entrar en el historicismo fácilmente,
porque todos hablan acerca de el tiempo como máquina imparable, y este tiene unos
protagonistas oficiales (las instituciones), pero también tienen otros transitorios (hombres)
que modifican a los primeros a su antojo, pero por un tiempo determinado. Aunque su
metodología sea diferente, los tres llegan a la conclusión de que el tiempo es lineal y el
historiador es el encargado de descifrar el entramado que dejaron los ancestros para
explicarlo, tal y como pasó, dentro de su contexto temporal.