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Literatura del naturalismo

Atendiendo a criterios puramente semánticos, el Diccionario de la lengua española, elaborado por la Real
Academia Española, define naturalismo, en su tercera acepción, como la "corriente literaria del siglo XIX que
intensifica los caracteres del realismo inspirándose en la ciencia experimental y en la concepción
determinista de las actitudes humanas". El corpus teórico del naturalismo literario fue establecido por É. Zola
(prólogo a la segunda edición de Thérèse Raquin, 1868) como resultado de la conjugación de la literatura
realista (Balzac, Stendhal, Flaubert) con el cientificismo positivista (Comte, Taine, C. Bernard). Aplicando a la
literatura métodos científicos, el naturalismo pretendía reproducir la realidad con la máxima objetividad y en
todos sus aspectos, incluso en los más vulgares.

Sin embargo, en la literatura y las artes visuales naturalistas, el realismo se lleva más allá. Los protagonistas
son principalmente personas de origen humilde, y las tribulaciones de las clases bajas son el punto focal. El
naturalismo recibió una fuerte influencia del marxismo y la Teoría de la evolución.
Intentaba aplicar el rigor científico y las ideas de esas dos teorías sobre la representación artística de la
sociedad. Por otra parte, el impacto que esta corriente ha dejado en el ámbito de la literatura y las artes
visuales es enorme. En gran medida, este contribuyó a la evolución del movimiento moderno.
Las obras naturalistas exponen aspectos oscuros de la vida, como el prejuicio, el racismo, la pobreza y la
enfermedad. Fue un medio eficaz para criticar la organización social de fines del siglo XIX.
Por su pesimismo y contundencia, las obras suelen recibir críticas; a pesar del pesimismo, los naturalistas
generalmente se preocupan por mejorar la condición humana.

Base teórica y manifiesto


El naturalismo en el arte se originó en Francia, y tuvo su base teórica directa en el enfoque crítico de
Hippolyte Taine. Este crítico e historiador francés buscaba desarrollar un método científico para el análisis de
la literatura.
En su crítica literaria Historia de la literatura inglesa (1863-1864), Taine intentaba demostrar que la cultura y
el carácter de una nación son productos de causas materiales, y que el arte es producto de tres factores:
raza, época y entorno.
Ahora bien, el principal exponente del naturalismo fue Émile Zola, quien usaba la filosofía naturalista como
base para crear personajes. Su ensayo La novela experimental (1880) se convirtió en el manifiesto literario
de la escuela.

Según Zola, el novelista ya no era un mero observador, contento con registrar fenómenos. Este debía
convertirse en un experimentador distante que somete a sus personajes y sus pasiones a una serie de
pruebas.
Siguiendo el ejemplo de Zola, el estilo de naturalismo se generalizó y afectó en diversos grados a la mayoría
de los principales escritores de la época.

Características de naturalismo literario


El naturalismo aplicó a la ficción ideas y principios científicos, como la teoría de la evolución de Darwin. Las
historias describían personajes que se comportaban de acuerdo con los impulsos e instintos de los animales
en la naturaleza.
En cuanto al tono, este es generalmente objetivo y distante, como el de un botánico o biólogo tomando
notas o preparando un tratado.

Asimismo, los escritores naturalistas creen que la verdad se encuentra en la ley natural, y como la naturaleza
opera de acuerdo con principios, patrones y leyes consistentes, entonces la verdad es consistente.
Además, el enfoque del naturalismo es la naturaleza humana. Por lo tanto, las historias en este movimiento
están basadas en el carácter de los personajes y no en la trama.

En su doctrina naturalista fundamental, Zola afirma que los escritores naturalistas someten a los personajes y
eventos creíbles a condiciones experimentales. Es decir, los escritores toman lo conocido y lo introducen en
lo desconocido.

Por otra parte, otra característica de esta corriente es el determinismo. Según esta teoría, el destino de una
persona está determinado únicamente por factores y fuerzas que van más allá del control personal de un
individuo.

Émile Zola
Este novelista y dramaturgo francés se identifica como la génesis del movimiento naturalista. Su contribución
más famosa al naturalismo fue Les Rougon-Macquart, cuya acción se desarrolla durante el reinado de
Napoleón III.
Se trata de extensa colección de 20 novelas que siguen a dos familias a lo largo de cinco generaciones. Una
de las familias es privilegiada y la otra empobrecida, pero cada una tropieza con la decadencia y el fracaso.
Al igual que en las novelas, en esa época de gran incertidumbre para el pueblo francés, el ambiente en París
era de terror e incertidumbre.
Para su epopeya, Zola fabrica más de 300 personajes. No obstante, su preocupación no son los personajes,
sino cómo estos reaccionan a las circunstancias.

Tras la publicación en 1867 de su terrible pero poderosa novela Thérèse Raquin,2 Émile Zola (1840-1902)
proyectó, con su energía característica, algo más importante: la creación de un mundo propio, como el de La
comedia humana de Balzac: la historia de una familia en sus diversas ramificaciones durante el Segundo
Imperio. La historia de esta familia, los Rougon-Macquart, era narrada en una serie de novelas que contenían
un estudio científico de la herencia ―la ciencia siempre fue el ignis fatuus de Zola― y un cuadro de la vida y
la sociedad francesas. La primera novela de la serie, La Fortune des Rougon (La fortuna de los Rougon),
apareció en formato de libro a finales de 1871. Fue seguida por La Curée (La jauría, 1874), Le Ventre de Paris
(El vientre de París, 1874), La Conquête de Plassans (La conquista de Plassans, 1875), La Faute de l'Abbé
Mouret (La culpa del abate Mouret, 1875), Son Excellence Eugène Rougon (Su Excelencia Eugène Rougon,
1876), libros todos ellos indiscutiblemente de una inmensa capacidad, y en cierta medida exitosos, pero no
grandes éxitos populares. Después vino L'Assommoir (La taberna, 1877), la epopeya de la bebida, y el autor
hizo fortuna. Zola se convirtió en el novelista más discutido, más leído y más vendido en Francia: las ventas
de La taberna fueron incluso superadas por las de Nana (1880) y La Débâcle (El desastre, 1892). Desde La
fortuna de los Rougon hasta Docteur Pascal (El doctor Pascal, 1893) hay aproximadamente una veintena de
novelas en la serie de los Rougon-Macquart, cuya segunda mitad incluye las poderosas novelas Germinal
(1885) y La Terre (La tierra, 1888).2 El conjunto es una obra gigantesca, fruto de una inmensa labor, de una
tenacidad admirable ―tantas páginas escritas, mañana tras mañana, sin interrupción, durante unos treinta
años―.

Zola era un idealista, pero mientras que otros idealistas idealizan los elementos más nobles de la naturaleza
humana, así él, en su mayor parte ―sus libros tardíos, sin embargo, muestran una mejoría―, ha idealizado
los elementos que resultan brutales. Veía la lujuria, la codicia y la gula del hombre, como en una visión,
magnificada, abrumadora, portentosa. Y lo que veía lo presentaba con formidable poder. Es posible que su
estilo carezca de las cualidades clásicas de la prosa francesa: luminosidad, delicadeza, lustre; ciertamente no
tiene el colorido y la felicidad del tacto de Daudet. La primera impresión que produce puede ser de pesadez;
pero para representar el sombrío horror de los temas en los que más se deleita ―acumulando detalle sobre
detalle hasta que el resultado sea abrumador―, Zola no tiene quien le supere. Algunas de sus descripciones
de muchedumbres en movimiento nunca han sido superadas.

La fortuna de los Rougon (1871)


Es la primera novela de la serie Les Rougon Macquart, de Émile Zola.
Génesis
Desde 1868, Zola venía proyectando la redacción de un vasto fresco de la sociedad francesa enmarcado en el
seguimiento de la evolución de una familia durante el segundo imperio francés (desde el golpe de estado de
Napoleón III en 1851 hasta la derrota francesa frente a los prusianos en Sedán en 1870). El propio Zola señala
en el Prefacio de la primera novela de la serie lo siguiente: "Quiero explicar cómo una familia, un pequeño
grupo de seres humanos, se comporta dentro de una sociedad, desarrollándose para dar nacimiento a diez, a
veinte individuos que parecen, a primera vista, profundamente diferentes, pero que el análisis los muestra
íntimamente ligados unos con otros. La herencia tiene sus leyes, igual que la gravedad". Para ello se basará
en una familia formada por dos ramas muy distintas: los Rougon y los Macquart. Los primeros son unos
ambiciosos comerciantes de provincias, algunos de los cuales llegarán a convertirse en personajes
influyentes del II Imperio. En cambio, los Macquart son una rama de contrabandistas sometidos al influjo del
alcohol. La fortuna de los Rougon comenzó a publicarse por entregas en el periódico "Le Siècle" (El Siglo) en
junio de 1870 y apareció en volumen en octubre de 1871.

Argumento
La historia comienza con Adelaida Touque, hija de campesinos acomodados, que vive en una ciudad de la
región de Provenza llamada Plassans (trasunto de Aix-en-Provence y de Lorgues). Adelaida se casa con un
jardinero empleado de la familia, Rougon, con quien tiene un hijo, Pierre. Viuda muy joven, se convierte
(ante la incredulidad y el rechazo de la sociedad de su entorno) en la amante de un cazador furtivo y
contabandista, Macquart, con el que tendrrá dos hijos bastardos, Úrsula y Antonio. A la muerte de su
amante, Adelaida caerá en una especie de abandono y semilocura. El hijo mayor de de Adelaida, Pierre, que
va a personificar la ambición y el ansia de poder, reniega de su condición de campesino y se convierte en un
pequeño comerciante burgués gracias al matrimonio interesado con Felicidad Puech. Ambos conspirarán
para hacerse con el poder en Plassans con ocasión del golpe de Estado de Napoleón III que acaba con la I
República francesa e instaura el llamado II Imperio. De la hija bastarda, Úrsula, se cuenta poco en la novela:
se casa con un carpintero, Mouret, y la pareja vive en Marsella. Un hijo de Úrsula, Silverio, regresará a
Plassans, vivirá con su abuela Adelaida y será el héroe de una emotiva historia de amor con Miette, una
campesina pobre y sin familia. Los dos muchachos idealistas morirán defendiendo la república contra los
soldados de Napoleón III. Esta historia entre Silverio y Miette será un oasis de pureza e inocencia entre
personajes dominados por pasiones egoístas. El hijo menor de Adelaida, Antonio, vuelve a Plassans después
de haber hecho el servicio miliar e intenta en vano que su hermanastro mayor, Pierre, le entregue el dinero
que le corresponde. Por esa enemistad se convierte en fervoros (pero, a la vez, interesado) republicano,
aunque al final de la novela, por dinero, traiciona su causa y contribuye al triunfo de Pierre. Antonio es
perezoso, vago y, sobre todo, alcohólico como lo había sido su padre. En la novela intervienen también los
tres hijos del matrimonio Pierre Rougon y Felicidad Puech: Eugenio, conspirador en París a favor de
Napoleón III; Pascal, médico y científico, que vive en Plassans ajeno a las ambiciones familiares; y Arístides,
resentido y maniobrero, que, ya en París, será el protagonista principal de la siguiente novela de la serie La
jauría.

Significación La fortuna de los Rougon es la novela generadora de toda la serie. Bastantes de los personajes
que solo aparecen aquí citados se convertirán en los protagonistas de las novelas siguientes. En la novela
aparecerán ya retratados los prototipos de las dos tendencias dominantes en la familia: de los Rougon se
destaca la ambición, el afán de poder, la codicia por el dinero, la ausencia de cualquier tipo de solidaridad
humana. En cuanto a los Macquart, también son visibles sus caracteres familiares: la pereza, el despotismo
sobre los débiles, el resentimiento y el alcoholismo, verdadera señal de identidad de esa rama. Pero no
debemos ver esta novela solo como un retrato de familia. Zola se sirve de estos y otros personajes para
ofrecernos una crítica acusadora de los vicios que definen el II Imperio: Napoleón llega al poder traicionando
a los suyos, el dinero y la especulación se convierten en los pilares de una sociedad injusta y desigual y,
finalmente, los ideales sucumben siempre ante al interés y el engaño.

Les Rougon-Macquart
Los Rougon-Macquart agrupa un conjunto de 20 novelas, escritas por Émile Zola entre 1871 y 1893. Lleva
como subtítulo Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio. Este conjunto de novelas
marcan el triunfo del movimiento literario llamado «naturalismo», del que Zola, junto a Edmond y Jules
Goncourt y Guy de Maupassant, es el principal representante.

Novelas
La Fortune des Rougon (1871) / La fortuna de los Rougon (1886)
La Curée (1871-2) / La jauría (1882, La ralea)
Le Ventre de Paris (1873) / El vientre de París (1886)
La Conquête de Plassans (1874) / La conquista de Plassans (1887)
La Faute de l'Abbé Mouret (1875)/ El pecado del Abate Mouret (1886)
Son Excellence Eugène Rougon (1876) / Su excelencia Eugenio Rougon (1886)
L'Assommoir (1877) / La taberna (1880)
Une Page d'amour (1878) / Una página de amor (1880)
Nana (1880) / Nana (1880)
Pot-Bouille (1882) / Miseria humana (1883)
Au Bonheur des dames (1883) / El paraíso de las damas (1885, A la dicha de las damas)
La Joie de vivre (1884)/ La alegría de vivir (1887)
Germinal (1885) / Germinal (1885)
L'Œuvre (1886) / La obra (1886)
La Terre (1887) / La tierra (1887)
Le Rêve (1888) / El sueño (1888, El ensueño)
La Bête humaine (1890) / La bestia humana (1890)
L'Argent (1891) / El dinero (1891)
La Débâcle (1892) / El desastre (1892)
Le Docteur Pascal (1893) / El Doctor Pascal (1893)

Thérèse Raquin
Es una obra de el famoso Émile Zola escrita en el año 1867, escritor perteneciente al naturalismo.

Argumento
Una joven llamada Thérèse, se casa con su primo, con el que vive, junto a su tía, condenada a una existencia
monótona. Poco tiempo después de la boda, Camille lleva a su casa a un amigo llamado Laurent, por el que
Teresa se siente atraída, comienzan una relación y esto les lleva a cometer un crimen, y por tanto a terribles
remordimientos. La obra puede dividirse en tres partes.

Primera parte
La primera parte relata los orígenes de la familia y se centra sobre todo en el carácter febril de Camille y en el
afán de su madre por alejarlo de las garras de la muerte. La llegada de Thérèse a la familia le obliga a sufrir
con su primo todos los tormentos de su enfermedad, llevándola a dormir junto a él, a pasar tardes enteras
en silencio para evitar que enfermara, y de forma general, reduciéndola a un estado de inopia y de apatía
frente a los placeres de la vida. La vida en común lleva a plantearse a la señora Raquin un matrimonio entre
ambos que se realiza cuando Thérèse alcanza la mayoría de edad. La vida parisina en pareja les va a llevar a
integrarse en esta y a organizar veladas los jueves por la tarde en compañía de viejas amistades de la
campaña.

Segunda parte
Una vez conocida cierta libertad en París, se ve resignada a la oscuridad de una tienda, solo acompañada de
unas personas que se reúnen allí periódicamente para cenar, allí aparece Laurent, siente una sensación de
pasión tan fuerte que arriesga todo lo que tiene, sin importarle la posibilidad de un descubrimiento, y ante el
crimen cometido, permanece impasible.

Tercera parte
Se relatan los sentimientos de remordimiento de los asesinos tras cometer el crimen, la pasión de los
amantes se convierte en rechazo, odio y miedo.

Nana
Es una de las obras más representativas del escritor Émile Zola, autor francés del siglo XIX, padre del
movimiento naturalista y mayor exponente de este. Nana fue publicada en 1880. El título de la obra hace
referencia al apelativo que se le da a la protagonista, Anne Copeau, descendiente de la línea familiar de los
Macquart, perteneciente a la rama bastarda de la familia, que se ve influenciada por las taras y defectos de
la herencia genética, tal como indica el pensamiento determinista. Esta novela pertenece a la serie Les
Rougon-Macquart, conjunto que agrupa 20 obras de este autor, de las cuales las más destacadas son, junto a
ésta, La Bestia Humana y Germinal.
La obra pertenece a una serie de tres libros que comparten personajes y también miseria de las clases
pobres de la época:
Naná.
La taberna.
Germinal.
El tema fundamental de la obra son las aventuras que la protagonista en la cual predomina una gran
personalidad que vive ejerciendo la prostitución. El autor trata de trasmitir la situación de la época a través
de la obra y la importancia para la protagonista del dinero en vez de un amor verdadero a través del
personaje principal.

Argumento
La obra trata de la vida de Nana (Anne Copeau), de la rama familiar de los Macquart afectada por las taras
genéticas.
Nana es una actriz de variedades que logra suscitar el interés de todo hombre, haciéndole caer en sus redes
y en sus encantos. Nana usa su belleza para conseguir lo que desea del sexo masculino, al que luego
abandona a su suerte. Es así como Zola da la imagen de una mujer bella, pero corrupta por su genética, que
muestra la degradación que puede alcanzar el ser humano por causas deterministas y superiores a él.
La protagonista es una chica muy pobre, pero muy bella, que decidió un día marcharse de casa para abrirse
paso como bailarina para el cual no poseía apenas cualidades. Consigue un empleo como bailarina
mostrando en él casi todo su cuerpo y de esta manera cautiva a todo su público, en concreto a los hombres,
y por ello se hace muy popular. De esta manera los hombres comienzan a satisfacerle en todos sus caprichos
e incluso a empobrecerse por culpa de ella.
Naná llega a tener muchos amantes que le proporcionan lujos y fortuna pero aun así no es capaz de
encontrar la felicidad. Un día se enamora de un chico pobre y deja toda su vida de riquezas por él; pero la
relación dura poco porque ella no es capaz de adaptarse a esta vida tan diferente a la de antes por lo que no
tarda mucho en abandonar la relación y volver a su antigua vida de lujos. Ella es una persona de muchos
vicios, egoísta, ambiciosa; le importa más el dinero y los lujos que pueda llegar a tener con él que el amor
verdadero.

La taberna
Es una novela de Émile Zola publicada en forma de folletín desde 1876 en Le Bien public, luego en La
République des Lettres,1 antes de publicarse en forma de libro en 1877 editado por Georges Charpentier. Es
el séptimo volumen de la serie Les Rougon-Macquart. Es una obra totalmente consagrada al mundo obrero
y, según Zola en el prefacio, "la primera novela sobre la gente, que no miente y que tiene el olor de la
gente".2 El autor reconstruye la lengua y los modales de los obreros, todo esto mientras describe los
estragos causados por la miseria y el alcoholismo. En el momento de su aparición, la obra suscitó vivas
polémicas porque se la consideraba demasiado cruda. Pero es justamente este realismo el que, sin embargo,
provoca que sea todo un éxito, asegurando al autor fortuna y celebridad.

Germinal (1885)
Es la decimotercera novela de los veinte volúmenes que Émile Zola escribió dentro de la serie Les Rougon-
Macquart. La novela es una dura y realista historia sobre una huelga de mineros en el norte de Francia en la
década de 1860. Ha sido publicada y traducida en más de cien países y ha servido para inspirar cinco
adaptaciones cinematográficas, dos producciones de televisión y un musical.

Argumento
La historia se desarrolla en Francia, en un pueblo donde la vida gira en torno a las minas de carbón, lugar de
donde la mayor parte de las familias obtienen sustento de éstas; cada miembro de las familias que ahí
trabajan se vuelve virtualmente esclavo de la mina, obteniendo salarios de miseria, desgastándose y
corriendo el riesgo de no volver a casa en cada momento del día.. Hartos de esta situación, habiendo incluido
en su estilo de vida el hambre y la enfermedad, indispuestos a continuar con esta “vida” que al haber
perdido ya toda esperanza había dejado de serlo, se organizan para iniciar una huelga, pidiendo un aumento
que les permitiera por lo menos salir un poco del estado de hambre en el que vivían.
Comienza la huelga, todos con una nueva esperanza, mejorar su estilo de vida, hacer algo por sus familias. La
familia Maheu junto con Etienne son los líderes, e intentan hacer un arreglo con los patrones, pero al verse
negado este aumento toman acciones y van a las minas de los poblados contiguos para evitar que también
trabajen, y lo logran, pero también logran que ahora la policía resguarde las minas, que comienzan a ser
trabajadas por extranjeros, principalmente de Bélgica.
Al querer nuevamente intervenir en la mina trabajada por nuevos contratados, la policía los enfrenta, y en la
confusión disparan al ser agredidos por los huelguistas y un tiro mata a Toussiant Maheu, líder moral de la
causa huelguista.
Viendo perdido al líder moral, junto con otros miembros, la huelga se debilita y muchos piensan volver a
trabajar, aunado al hecho que tampoco tenían dinero ya, y habían perdido ya miembros de la familia por
enfermedades.Regresan a trabajar, con las cabezas gachas, debido a todas las situaciones infortunadas que
habían atravesado, y debido a estas tragedias, sabotean la mina, lográndose salvar algunos, pero perdiendo
la vida en el rescate el hijo mayor de los Maheu, quedando ahora Maheude con su hijo de brazos y el abuelo,
quien perdería después los estribos y mataría a la hija de uno de los patrones.
Al final de la historia vuelven a trabajar, se pierde la esperanza, pero lo único que queda, es la semilla que
algún día germinará, ellos la sembraron con su valor y con su sangre, y algún día, en búsqueda del sol y de la
libertad, germinará.

OTROS AUTORES EN FRANCIA


El periodista y escritor Jules Vallès (1832-1883) volvió a publicar en 1866 gran parte de su obra periodística
en Refractaires, formando el volumen una novela de la cara sórdida de la vida parisina.3 En 1878 comenzó en
el Le Siècle la publicación por entregas de su principal obra, Jacques Vingtras, una extensa novela
autobiográfica.3

Escribiendo siempre conjuntamente, hasta la muerte del más joven, la ambición de los hermanos Goncourt
―Edmond (1822-1896) y Jules (1830-1870)― era no ser meramente novelistas, inventando un nuevo tipo
de novela, sino historiadores.4 Son sus novelas la obra por la cual pervivirán como artistas. Aprendiendo algo
de Flaubert, y enseñándole casi todo a Zola, inventaron un nuevo tipo de novela, y sus novelas son el
resultado de una nueva visión del mundo, en la que el elemento mismo de visión se descompone, como en
un cuadro de Monet.4 Una novela de los Goncourt se compone de un número infinito de detalles, colocados
uno al lado del otro, cada detalle igualmente destacado.4 Una novela de los Goncourt está escrita en breves
capítulos, en ocasiones de no más de una página, y cada capítulo es una notación separada de algún
acontecimiento significativo, alguna emoción o sensación que parece proyectar una súbita luz sobre la
imagen de un alma.4

Amigo íntimo de Edmond de Goncourt (que murió en su casa), de Flaubert, de Zola, Alphonse Daudet (1840-
1897) pertenecía esencialmente a la escuela de ficción naturalista. Sus propias experiencias, su entorno, los
hombres con los que había estado en contacto, varias personas que habían desempeñado un papel, más o
menos público, en la vida parisina: todos entraron en su arte. Pero él vivificaba los materiales suministrados
por su memoria. Su mundo posee el gran don de la vida.5 En 1872 produjo el famoso Aventuras prodigiosas
de Tartarín de Tarascón.5 Pero Fromont jeune et Risler aîné (Fromont hijo y Risler padre, 1874) conquistó el
mundo de inmediato. El libro exploró una vía, no ciertamente nueva en la literatura inglesa, pero
relativamente nueva en la francesa. En él aparecía un escritor que poseía el don de la risa y las lágrimas, un
escritor no solo sensible al patetismo y al sufrimiento, sino también a la belleza moral.5 Sus personajes eran
reales y también típicos.5 El libro estaba vivo. Daba la impresión de un mundo real. Jack, la historia de un hijo
ilegítimo, mártir del egoísmo de su madre, que siguió a aquél en 1876, solo sirvió para profundizar la misma
impresión. Desde entonces en adelante su carrera fue la de un muy exitoso hombre de letras, publicando
novela tras novela ―Le Nabab (1877), Los reyes en el exilio (1879), Numa Roumestan (1881), Safo (1884) , El
inmortal (1888)―.5

Aunque Daudet se defendió a sí mismo de la acusación de imitar a Dickens, resulta difícil creer por completo
que tantas similitudes de espíritu y maneras no fueran buscadas. Sin embargo, lo que era puramente suyo
era su estilo. Es un estilo que con razón puede llamarse "impresionista", pleno de luz y colorido, no
descriptivo según la moda antigua, sino que destella su efecto deseado mediante una yuxtaposición
magistral de palabras que son como pigmentos. Tampoco transmite, como el estilo de los Goncourt, por
ejemplo, una constante sensación de esfuerzo. Está lleno de felices ocurrencias y de encanto ―"un
encantador", lo llamaba Zola―.5

Desde finales de la década de 1870, Joris-Karl Huysmans (1848-1907) produjo una serie de novelas de la vida
cotidiana, como Les Sœurs Vatard (1879), En Ménage (1881) y À vau-l'eau (1882), en las que superó a Zola en
su realismo minucioso y sin concesiones. Sin embargo, fue influido más directamente por Flaubert y los
hermanos Goncourt que por Zola.6 À Rebours (1884), la historia de los morbosos gustos de un aristócrata
decadente, Des Esseintes, causó sensación en el ambiente literario, encubriendo su caricatura del
simbolismo literario y artístico buena parte de las creencias reales de los líderes de la revuelta esteticista. En
Là-Bas hace su aparición el héroe más característico de Huysmans, Durtal.6

En Bola de sebo (1880), el joven y desconocido autor Guy de Maupassant (1850-1893) se reveló a sus
atónitos colaboradores y al público como un admirable prosista y un consumado maestro del cuento. Tal vez
no haya otro ejemplo en la historia literaria moderna de un escritor que comience, como un artista
completamente pertrechado, con una genuina obra maestra. Este éxito temprano fue seguido rápidamente
por otro. El volumen titulado La casa Tellier (1881) confirmó la primera impresión, y doblegó incluso a
aquellos a quienes repugnaba la elección de temas por parte del autor.7 Al año siguiente decidió intentar
escribir, por primera vez, algo más ambicioso. Escogiendo retratar la vida de una joven irreprochable,
desgraciada en su matrimonio, desgraciada con su hijo, constantemente desgraciada en cada circunstancia
de su existencia, el autor la abandona, arruinada y prematuramente vieja, aferrada a la trágica esperanza
―que el tiempo, como se percibe, defraudará― de que podrá encontrar la felicidad en su nieto. Maupassant
tituló Una vida (1883) este retrato de una mujer mediocre que experimenta la agonía constante de la
desilusión.7 Su siguiente publicación sería Cuentos de la becada (1883), una colección de relatos tan
indecorosos como inteligentes.7 Otras tres colecciones de relatos breves, tituladas Contes et nouvelles,
Monsieur Parent y Contes du jour et de la nuit, publicadas en 1885, demostraron que si bien la visión del
autor era tan incomparable como siempre, su fecundidad no mejoraba su impecable forma. A 1885
pertenece también una elaborada novela, Bel-Ami, la cínica historia de un canalla particularmente detestable
y brutal que se abre camino en el mundo por medio de su bello rostro.7 Aunque la novela Mont-Oriol (1887)
muestra al autor aparentemente en posesión absoluta de sus facultades, El Horla (1887) sugiere que ya
estaba sometido a alarmantes alucinaciones.7 Volvió a los relatos breves en Le Rosier de Madame Husson
(1888), un estallido de humor rabelaisiano similar a todo lo que había escrito. Sus novelas Pierre et Jean
(1888), Fort comme la mort (1889) y Notre Coeur (1890) son penetrantes estudios tocados de una
compasión más profunda de la que hasta entonces lo había caracterizado.7 Tras su muerte, entre sus
documentos se encontraron los capítulos iniciales de dos novelas proyectadas, L'Angélus y L'Ame
étrangere;8 éstas, junto con dos colecciones de cuentos, Le Père Milon (1898) y Le Colporteur (1899), han
sido publicadas póstumamente.8

Maupassant comenzó como seguidor de Flaubert y de Zola;8 el discípulo es el último de los "naturalistas":
incluso destruyó el naturalismo, pues hizo todo lo que se puede hacer en ese sentido.8 No es una paradoja
decir que sus acusadas limitaciones lo convirtieron en el artista incomparable que fue. Sin ser perturbada por
ninguna influencia externa, su maravillosa clarividencia le permitió convertirse en un observador supremo y,
dado su sentido literario, el resto era sencillo. Se enorgullecía de no inventar nada; no describía nada que no
hubiera visto. Los campesinos que él había conocido de niño figuran en una veintena de cuentos; lo que vio
en los despachos gubernamentales está puesto por escrito en L'Héritage; de Argel acopia el material para
Maroca; bebe las aguas y construye Mont-Oriol; se introduce en el periodismo, construye Bel-Ami, y, en aras
de la precisión, hace que su hermano, Hervé de Maupassant, pose para el retrato del héroe infame; observa
a la sociedad mundana y, aunque le aburría intensamente, transcribe su vida en Fort comme la mort y Notre
cœur.8 Su estilo es sumamente sencillo y sumamente sólido; no utiliza palabras raras o superfluas, y se
contenta con usar la palabra más humilde si únicamente esa transmite la imagen exacta de la cosa vista. En
diez años produjo unos treinta volúmenes. Con la excepción de Pierre et Jean, sus novelas, excelentes como
son, apenas lo representan en su máxima expresión.8

En 1884, Paul Bourget (1852-1935), novelista y crítico francés, rindió una larga visita a Inglaterra, y allí
escribió su primera historia publicada (L'Irréparable). Cruelle Énigme la siguió en 1885; y André Cornelis
(1886) y Mensonges (Mentiras, 1887) fueron recibidas muy favorablemente. Le Disciple (El discípulo, 1889)
mostraba al novelista en una actitud más grave.9 En 1891 apareció la novela Cœur de femme (Corazón de
mujer).9 Sus posteriores novelas incluyen La Terre promise (La tierra prometida, 1892); Cosmopolis (1892),
novela psicológica con Roma como trasfondo; Une Idylle tragique (Un idilio trágico, 1896); La Duchesse bleue
(La duquesa azul, 1897); Le Fantôme (El fantasma, 1901); Les Deux Sœurs (Las dos hermanas, 1905),9 etc.
El triunfo del naturalismo francés se alcanzó con La taberna, pero aproximadamente una década después la
mayoría de los escritores (incluido Zola) habían abandonado los principales principios programáticos de la
escuela.

Novela naturalista en Inglaterra


Un gran novelista, contemporáneo de Meredith aunque algo más joven, que llegó a ser considerado como su
rival en la novela inglesa de finales del siglo XIX, es Thomas Hardy (1840-1928). El público de éste, como el
de Meredith, estará formado siempre por un círculo selecto, pero por otras razones. Aunque ambos
admiten, por un lado, los progresos científicos de la época, y temen, por otro, que la tecnología aniquile la
personalidad del hombre, Meredith y Hardy son novelistas muy distintos en filosofía y estilo: si el primero
confía en que la evolución conducirá a una superación del hombre orientada por el espíritu, el segundo
siente que a lo largo de su historia el hombre está dominado por la fatalidad. Ambos son poetas, y esta
condición se plasma en la narración y en las descripciones, y se refleja en el optimismo y en el inspirado y
brillante estilo de Meredith, y en el pesimismo de la prosa concreta y vigorosa de Hardy. Por su realismo
regionalista y su poderosa facultad de crear personajes que son víctimas de un destino fatal ineludible,
Thomas Hardy es mucho más conocido y apreciado por el público actual que Meredith. Por otra parte,
llamarlo pesimista sería quizás injusto en vista de su propia convicción de que la misión del artista es
representativa. En la medida en que el pesimismo es una filosofía, cae fuera de su misión como escritor; en
cuanto tal, ésta consiste en ver la vida y en consignar sobre el papel lo que ha visto. Pero esa visión era
uniformemente sombría en Hardy. El pesimismo envuelve todas sus novelas con la misma fuerza con que
Housman lo distribuye por sus poemas. Y el de Hardy es aún más profundo.
Es difícil clasificar a Thomas Hardy, en parte porque no sigue en absoluto la línea de mayor realismo que
iniciaron George Eliot y Trollope. Hasta cierto punto parece que vuelve a Scott, por la sensibilidad que
demuestra por los entornos naturales, que en sus novelas ocupan un lugar aún más importante. Sin
embargo, se parece poco a Scott en lo que a la descripción de la comunidad se refiere. Hay otros aspectos
que nos recuerdan al siglo XVIII: la libertad con que utiliza el azar y la casualidad; los argumentos fuertes.
Pero tampoco tiene el optimismo que caracterizaba al novelista del XVIII, esa sensación de frescura ante las
posibilidades que ofrece la vida. Hardy es en muchas cosas un autor singular. Criado en un entorno rural y
provinciano (en el condado de Dorset), tuvo por ello materia suficiente para conocer y comprender el
paisaje, la vida y el modo de ser de los individuos y grupos de una sociedad rural. Este arraigo a la tierra
explica por qué Dorset no iba a ser tan solo el escenario geográfico de su obra (reconvertido en el imaginario
condado de Wessex), sino que se tenía que convertir en un elemento que influiría sobre el autor y los
personajes y situaciones de sus novelas y poemas. Hardy creó una obra literaria cuya belleza poética está
impregnada de mitos, supersticiones y leyendas trágicas de los habitantes de esta parte del suroeste de
Inglaterra; con la combinación de estos elementos alcanza este novelista sus momentos más inspirados. La
creación de Wessex fue un gran servicio que Hardy prestó a las letras inglesas. Trollope había creado el
modelo de una población catedralicia inglesa en su Barchester, con familias, edificios, relaciones y todo; pero
Hardy sacó su Wessex del suelo. Es Dorset, principalmente, con algunos puntos extraños pertenecientes a los
condados vecinos; pero sus características más importantes consisten en que es todo lo inglés que se puede
concebir y que está bastante lejos de las metrópolis para ser eterno.

Como intérprete de la naturaleza y de las características de su región, Hardy es poco menos que inimitable.
Nadie antes que él supo personificar con tanta fuerza el escenario rural y hacerlo sentir ―hosco y
amenazador, o abierto y sonriente― como ente vivo que condiciona a sus personajes. Su conocimiento de la
vida rural daba vida a los detalles de sus relatos, llenos de colorido y de atractivo por sí mismos, al margen de
la importancia que revistieran en la cuidada estructura del argumento.
El escenario puede variar, a veces predominan las áreas de cultivo, otras las pequeñas ciudades, o los
interminables e inhóspitos brezales. Pero para Hardy el lugar siempre forma parte de lo esencial.14 En sus
libros nos evoca una Inglaterra rural perdida en lo más recóndito de la memoria.14 Y estas evocaciones las
hace de manera inigualable. En sus representaciones de la naturaleza, sin embargo, evita los
sentimentalismos y la mera complacencia; Hardy no cierra los ojos ante la crueldad del mundo natural. En
The Return of the Native (El regreso del nativo) es evidente desde todo punto de vista que Egdon Heath, el
escenario en que se desenvuelven los hechos, representa la fuerza principal de la novela, una fuerza poco
benefactora, potente, absorbente, desagradable.
Hardy divide su producción novelística en tres secciones: novelas ingeniosas15 (Remedios desesperados,
1871; La mano de Ethelberta, 1876); de amor y fantasía15 (Unos ojos azules, 1873; Trumpet-Major, 1880; La
bien amada, 1897); y de desarrollo del carácter de los personajes en un determinado marco ambiental.15 Su
mejor producción corresponde al último grupo.15
Publicada anónimamente, Remedios desesperados utiliza muchas de las estrategias de Collins, aunque
mucho menos eficazmente: "asesinato, chantaje, ilegitimidad, suplantación, espionaje, múltiples secretos,
una bigamia insinuada y detectives aficionados y profesionales",20 todo ello está presente.21
Los descubrimientos científicos produjeron euforia en las décadas de 1850 y 1860, y a la vez que el progreso
y la técnica transformaban la concepción tradicional del universo, Hardy expresaba con su primera novela de
carácter y ambiente su rechazo de este mundo que la imaginación científica había creado. Bajo el árbol de
Greenwood (1872) es un idilio rural en el que dos jóvenes encuentran el camino del verdadero amor después
de muchas dificultades, que parecen absolutamente inevitables. Superior fuerza dramática presenta Lejos
del mundanal ruido (1874), novela en la que Hardy se reveló como un gran escritor. El tema ―muy
característico del autor― lo constituye el contraste entre dos clases de amor: el egoísta, violento y sin
escrúpulos, y, sin embargo, peligrosamente fascinante, el amor sometido, humilde y desinteresado.22
Con El regreso del nativo (1878), la más sombría de sus novelas,16 Hardy alcanza la cima de su capacidad
creadora y de su reputación como novelista. Asimismo se acentúa su tendencia al pesimismo y su sensación
de que el hombre es víctima de fuerzas ocultas que rigen su fatal destino. La obra constituye una pintura, tan
poética como cruel, de la vida rural inglesa de una época en una determinada comarca. El regreso del nativo
es una de las grandes novelas de Hardy.23 Comparados con la inmensidad inerte, empequeñecedora, del
páramo, los personajes se ven diminutos; los viajes que emprenden resultan lentos, difíciles, son viajes que
les obligan a atravesar paisajes hostiles; y los deseos a los que aspiran quedan absolutamente desinflados
por el entorno.19 De Hardy podemos afirmar que es el único novelista capaz de captar al ser humano en su
auténtica dimensión universal: insignificante. Sin embargo, ésta es una posición muy arriesgada para los
novelistas. El regreso del nativo consigue salir del todo airosa, pero el éxito que consigue es por naturaleza
esporádico. La ficción exige reconocer que el hombre, sus preocupaciones y las relaciones que entabla son
de sumo interés y por eso en novelas posteriores Hardy no deja que la naturaleza usurpe este protagonismo.

George Gissing (1857-1903)


no se puede comparar, como novelista, con George Eliot o con Hardy, pero estudió como ellos varios
aspectos de la realidad de su tiempo, y los reveló con apasionamiento, aunque sin alcanzar altas metas
artísticas.31 Su propia experiencia lo había preocupado por la pobreza y sus efectos embrutecedores sobre el
carácter.32 Llevó una vida de las más desdichadas y no estaba suficientemente armado contra los dardos de
la desgracia para dominar la depresión que impregna casi todos sus escritos.33 Sus obras son más bien
reportajes o relatos biográficos novelados, en los que se descubren sus sufrimientos y los de tantos
contemporáneos suyos aplastados por la losa de un sistema social injusto. Su afán de justicia y su deseo de
que los humanos disfruten de un poco de felicidad se reflejan en todos sus libros.34 Ningún novelista inglés
se enfrentó a los males de su siglo con un realismo más sincero.35 No hizo ninguna tentativa en la literatura
popular, y durante mucho tiempo la sinceridad de su obra fue apreciada solo por un público limitado.32 En
sus principales novelas describe la corrupción de la sociedad y le niega al lector la primicia de una solución
fácil;35 la nota predominante de sus obras es la de la vida luchadora de las clases depauperadas y bajas y el
conflicto entre la educación y las circunstancias.
Sus novelas suelen ser hasta cierto punto autobiográficas. Workers in the Dawn (1880), la primera que
escribió, relata cómo el protagonista se casa con una chica de la calle, tal como había hecho el propio autor,
y describe circunstancias de su vida que le llevan a perder la fe en los ideales de progreso y superación. En La
marginada (1884) insiste en que una mujer de mala vida puede permanecer pura en el fondo de su corazón y
ser capaz de realizar actos de auténtico altruismo.34 Sin embargo, la primera que llamó la atención fue
Demos (1886), una novela que trata sobre ideas socialistas.32 Demos es la novela en que el autor se vuelca
con mayor intensidad hacia los humildes, al mismo tiempo que manifiesta su desconfianza más absoluta por
los procedimientos democráticos, tanto políticos, como sociales y educativos. Sus novelas posteriores, El
bajo mundo (1889), Nacido en el exilio (1892) y Mujeres sin pareja (1893), como indican sus títulos, son
respectivamente: una descripción de los bajos fondos sociales al estilo de Víctor Hugo; un relato de la lucha
de un hombre de origen humilde que busca la perfección humana y social; y una galería de caracteres
femeninos que han fracasado en el matrimonio, que están contra el matrimonio por principio, o que por
alguna circunstancia no llegan a casarse. Entre lo mejor de Gissing está New Grub Street (1891), novela semi-
autobiográfica en que se describe la penuria de un escritor en la sociedad londinense de entonces.34 Una
atmósfera más amable se encuentra en Los documentos privados de Henry Ryecroft (1903), y es posible que
sea eso lo que haya convertido este libro genial en la más popular de sus obras.35 Última de sus novelas
completas, esta obra de recuerdos meditados expuestos rudamente en forma novelesca33 parecía anunciar
el nacimiento de una perspectiva algo más luminosa,36 alejada del realismo pesimista y deprimente de sus
anteriores trabajos. Revela la felicidad del autor al poder escapar al cautiverio de la vida de ciudad tras años
de pobreza y de escribir para procurarse el sustento.33 La pobreza de Gissing y sus matrimonios
desgraciados frustrarían en cierta medida su genio.

Novela naturalista en España


En España el naturalismo se introdujo tardíamente con La desheredada de Pérez Galdós (1881). La crítica
que Clarín escribió a esta novela suscitó una corriente de interés naturalista que se tradujo en discusiones
públicas y diversos escritos; el más polémico fue, sin duda, el de Pardo Bazán (La cuestión palpitante), que
rechazaba el determinismo y el positivismo zolescos. Hacia 1890 el interés de los novelistas españoles se
desplazó hacia la literatura de base psicológica y espiritualista, por lo que en rigor no puede hablarse de un
naturalismo español y sí de una influencia puntual del naturalismo francés. Destacan, sin embargo, Galdós,
Pardo Bazán, Clarín y N. Oller, que adoptaron con originalidad los métodos de la escuela francesa.

Poesía y teatro
El naturalismo en Alemania
El alemán Arno Holz (1863-1929) comenzó su carrera poética interesándose por algunos de los poetas líricos
más modernos. Pero no quedó muy satisfecho con ellos, ya que deseaba desentrañar científicamente el
fundamento del arte, y recurrió a una forma extrema de naturalismo bajo la influencia de Zola y otros
modernos. Das Buch der Zeit. Lieder eines Modernen (El libro del tiempo: canciones de un moderno, 1885)
mostraba esta tendencia, que el autor convirtió en una teoría positivista conjuntamente con Johannes Schlaf.
Durante los años 1887-88 estos dos hombres trabajaron juntos asiduamente.43 En su drama Familie Selicke
(La familia Selicke, 1890) sacrificaron todo a su principio fundamental del naturalismo.43

Holz continuó trabajando en solitario, con mucha seguridad en sí mismo, en sus teorías artísticas, y después
trató de ponerlas en práctica43 en obras como la comedia Die Sozialaristokraten (Los aristócratas sociales,
1896); el poemario Phantasus (1899);43 Dafnis, Lieder auf einer alten Laute (Dafnis, canciones con un viejo
laúd, 1903-04); el drama Traumulus (1904), y la tragedia Ignorabimus (1913). Se le debe a Holz una posición
importante entre los escritores que influyeron en el curso de los acontecimientos literarios en Alemania en
las últimas décadas del siglo XIX. Solo es necesario mencionar su influencia sobre Hauptmann y Sudermann.
No produjo ninguna obra de arte perdurable y en este sentido sus admiradores lo han sobrevalorado en
demasía, pero como fuerza estimuladora, como generador de nuevas ideas sobre el arte, tiene asegurado un
lugar en la historia literaria.43

Desde mediados de la década de 1880, Gerhart Hauptmann (1862-1946) se dedicó por entero a la labor
literaria, y pronto alcanzaría una gran reputación como uno de los principales representantes del teatro
moderno.44 El primer drama de Hauptmann, Vor Sonnenaufgang (1889), inauguró el movimiento realista en
la literatura alemana moderna; fue seguido por Das Friedensfest (1890), Einsame Menschen (1891) y Die
Weber (1892), un poderoso drama que describe la insurrección de los tejedores de Silesia en 1844. De la
obra posterior de Hauptmann cabe mencionar las comedias Kollege Crompton (1892), Der Biberpelz (1893) y
Der rote Hahn (1901),44 y el drama histórico Florian Geyer (1895). También escribió dos tragedias sobre la
vida campesina en Silesia, Fuhrmann Henschel (1898) y Rose Berndt (1903).44

Hermann Sudermann (1857-1928), dramaturgo y novelista alemán, ejerció como periodista, fue editor del
Deutsches Reichsblatt (1881-82), y después se dedicó a escribir novelas.45 A pesar de su enorme talento
como narrador, sintió que su destreza como dramaturgo era mayor, y en 1889 (año del inicio del movimiento
realista en el teatro alemán) fue representada, el 27 de noviembre, su primera obra, Die Ehre (Honor), en el
Teatro Lessing de Berlín. Esta obra, que originalmente pretendía ser una tragedia,46 era un pseudo-
nietzscheano ataque a la moral de los humildes, y tuvo un gran éxito.46 Die Ehre inauguró un nuevo período
en la historia de la escena alemana.45 Fue seguida por Heimat (7 de enero de 1893), en la que Sudermann
enfatiza de nuevo el derecho del artista a una vida moral más libre que la de la pequeña burguesía, y que
está construida con un efecto dramático tan contundente que ha llevado la reputación de Sudermann por
todo el mundo.46 Hay en esta obra algo de la tendencia moralista y didáctica de los dramaturgos franceses
posteriores, especialmente de Dumas hijo, y toda su delicadeza técnica.46 De sus restantes dramas, cabe
destacar los siguientes: Die Schmetterlingsschlacht (1894), Das Glück im Winkel (1895), Morituri (1896),
Johannes (1898), Die drei Reiherfedern (1899), Johannesfeuer (1900), Es lebe das Leben! (1902), Der
Sturmgeselle Sokrates (1903) y Stein unter Steinen (1905).