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Shanzhai: diseño e innovación en China

En noviembre de 2016, Apple lanzó el libro “Designed by Apple in


California”, un lujoso volumen de 300 páginas con 450 fotografías de los
productos de la empresa californiana, disponible en edición limitada. Esta vistosa
publicación celebra el diseño de los productos de Apple y proclama en su título la
vinculación de la empresa con la región geográfica en la que nació y que
es conocida mundialmente por las innovaciones creadas en Silicon Valley. Con
todo, el título olvida la segunda parte del proceso de producción de los iPhones,
iPads, iMacs y la extensa familia de dispositivos diseñados por Apple: “Assembled
in China” es la frase que sigue al famoso “Designed by Apple in California” y ha
sido conscientemente eliminada, siguiendo la habitual separación que, como
señalan Silvia Lidtnet, Anna Greenspan y David Li, se establece entre la fase de
diseño y la de producción industrial:

“[existe] una muy difundida concepción de la producción tecnológica que divide


la fabricación y el diseño según líneas geográficas: la tecnología se concibe y
diseña en Occidente, y posteriormente se produce en regiones con salarios bajos
y regulaciones medioambientales laxas.” (Lindtner et al., 2015)
China es actualmente el país que concentra la fabricación de los dispositivos
tecnológicos que comercializan las grandes marcas en el mundo entero. Es
vista comúnmente como una región en la que se concentran numerosas
fábricas que ofrecen una producción a coste muy bajo gracias al pago de salarios
muy reducidos y a no tener que invertir en controlar la contaminación generada
por sus procesos de manufactura. Pero China no es sólo el lugar de las industrias
baratas, sino que también alberga su propio centro de innovación, que se ha
llegado a denominar “el Silicon Valley del hardware” (Li, 2014): la ciudad de
Shenzhen.

DE LA COPIA A LA INNOVACIÓN

Shenzhen está situada en la provincia de Guangdong, al norte de Hong Kong, y es


una de las cinco ciudades más prósperas de China. En apenas tres décadas, esta
ciudad pasó de tener 50.000 habitantes en 1979 a 10 millones en 2010 (Lindtner
et al., 2015), gracias a que fue declarada “zona económica especial”, permitiendo
a las empresas extranjeras localizar su producción allí con reducciones de
impuestos y otros beneficios, justo cuando la industria tecnológica en Estados
Unidos y Europa empezaba a buscar centros de producción a bajo coste en países
en vías de desarrollo. Gracias a estas inversiones, se desarrollaron las fábricas en
las que se han ido produciendo todos los nuevos dispositivos de las grandes
marcas. Alrededor de los proveedores de estas marcas, se ha ido formando una
densa red de pequeñas empresas que fabrican productos para marcas menos
conocidas o clientes que hacen pedidos más pequeños. En conjunto, esta red de
producción que se cuela entre los intersticios de las grandes fábricas se ha
denominado shanzhai, una palabra que designa una fortaleza en las montañas y
hace referencia a los bandidos que se ocultan en las montañas, por tanto
evocando una idea de independencia, de supervivencia y cierto desprecio por las
normas. Los productos shanzhai han sido desde los años 50 en China aquellos
enseres domésticos producidos por pequeñas empresas locales que
habitualmente tienen poco valor y escasa calidad. Posteriormente, en el contexto
de la industria tecnológica, las fábricas de la red shanzhai se han centrado en
producir teléfonos móviles baratos, frecuentemente copias de modelos
conocidos, pero también otros dispositivos centrados en los gustos o las
necesidades de un sector minoritario de consumidores (Mengoni, 2015).

La producción de dispositivos shanzhai se basa en dos elementos principales:


los gongban, circuitos impresos listos para ser usados en smartphones, tablets,
relojes inteligentes y un largo etcétera; y las gongmo, carcasas compatibles con
los circuitos impresos que diseñan diferentes empresas para dar forma a sus
productos (Lindtner et al., 2015). Esta forma de producción distribuida entre
diferentes fabricantes, con componentes compatibles y una estrecha colaboración
entre ellos, permite el desarrollo de todo tipo de productos a una gran velocidad:
un teléfono móvil puede pasar del diseño conceptual al producto final en apenas
29 días. Esta rapidez da a las pequeñas empresas de Shenzhen la capacidad de
reaccionar rápidamente a las demandas del mercado y experimentar con
productos inusuales, que no necesitan pasar por largas fases de prototipado y
aprobación. De esta manera, en Shenzhen no sólo se copia, también se innova:
productos como Chromecast podían conseguirse en China tres años antes de su
lanzamiento por Google (Li, 2014). Esta capacidad de producción ha permitido
también que entren en el mercado nuevas empresas de tecnología que ofrecen
productos a bajo precio y centrados en las necesidades de un sector de los
consumidores: este es el caso de la francesa Wiko, que se ha centrado en el
público adolescente. Según David Li, el proceso es sencillo:

Hoy, con una inversión de 300.000 dólares, puedes desarrollar tu propia marca
de teléfonos móviles. Sólo tienes que seguir estos pasos: lleva tu diseño a
Shenzhen, encuentra una fábrica que lo produzca y encarga una partida de
10.000 teléfonos a 30 dólares la unidad. (Li, 2014)
La aparente facilidad con la que se puede producir un nuevo dispositivo atrae sin
duda a muchas empresas occidentales, y es frecuente que las startups que lanzan
sus prototipos en Kickstarter y otras plataformas de crowdfunding para financiar
su producción acudan a Shenzhen con el dinero recolectado para encargar las
partidas que esperan ansiosamente sus patrocinadores. Pero esto se convierte en
un arma de doble filo, puesto que la red Shanzhai puede producir por su cuenta
el mismo producto, a veces sólo con la información que pueden consultar el
página del proyecto en Kickstarter, y lanzarlo al mercado (Horwitz, 2016). Es lo
que le ha sucedido a proyectos como Fidget Cube o Stikbox. Las copias a
menudo son de la misma calidad que el producto original, y suelen hacerse en
muchas más variedades, con lo cual pueden atraer a un mayor número de
consumidores. Ante esta situación, las empresas (y en particular los diseñadores
y startups que intentan comercializar una nueva idea) deben asumir que las
fábricas chinas pueden apropiarse de su invención y que la única manera de
evitarlo es diseñar productos que no sean fáciles de reproducir, además de
procurarse contratos con los fabricantes que aseguren que la propia fábrica no
producirá más productos de los solicitados para venderlos como “copias” a otro
distribuidor.

Con todo, un aspecto destacado de la industria shanzhai es su capacidad para


producir productos con poca demanda o un diseño muy particular, que se aleja
de la tibia uniformidad de los dispositivos que se emplean en Occidente. Como
hemos señalado en otro post, los smartphones, tablets y ordenadores que
empleamos a diario tienden a reducirse a una pantalla con múltiples funciones y
centran su atractivo en las especificaciones del hardware y las innovaciones que
se introducen en el sistema operativo. Los dispositivos, en sí, son meros
rectángulos con los bordes redondeados, que los consumidores se aprestan a
personalizar con carcasas y fundas protectoras. En Shenzhen, las numerosas
pequeñas empresas que comercializan teléfonos móviles no se limitan a copiar a
las grandes marcas, sino que crean sus propios modelos, a menudo con formas
atractivas o funciones especiales: teléfonos con forma de fresa, de cajetilla de
tabaco, de coche o incluso un diminuto teléfono que puede ser de gran utilidad a
un jefe mafioso para seguir controlando sus negocios desde la cárcel. Algunos de
estos extraños modelos han sido recopilados por los artistas Nicolas
Maigret, Clément Renaud & Maria Roszkowska(Disnovation.org) en su
proyecto Shanzhai Archeology, que plantea una reflexión acerca de cómo nos
hemos acostumbrado a una estandarización de los dispositivos digitales, fruto de
una visión igualmente homogeneizada del mundo impuesta por las empresas de
Silicon Valley.
SHANZHAI Y EL MOVIMIENTO MAKER

Más allá del fenómeno de las copias de productos occidentales y la producción de


dispositivos propios, diversos analistas coinciden en señalar el interés de la red
shanzhai en su relación con los principios del movimiento Maker. Fruto de la
cultura del “hazlo-tú-mismo”, el movimiento Maker se desarrolla en torno a
2004-2005 en Europa y posteriormente llega a Estados Unidos (Li, 2014). El
software y hardware open source, el crowdfunding y la impresión 3D son los tres
factores principales que facilitan su desarrollo. No obstante, mientras los
integrantes de esta comunidad de desarrolladores, diseñadores e
inventores principalmente pueden elaborar sus proyectos gracias al software de
código abierto, placas Arduino y las cada vez más comunes impresoras 3D,
creando a pequeña escala, en Shenzhen trabajan directamente con las fábricas.
En este sentido, shanzhai ofrece un ejemplo a seguir en su integración del diseño
y la producción, por tanto puede verse no ya como un simple conjunto de fabricas
de copias baratas, sino como una red de diseñadores y fabricantes cuyas
dinámicas conviene explorar y aplicar en Occidente.

Esta nueva versión del shanzhai, denominada New Shanzhai, quiere alejarse de
la idea de la copia barata y centrarse en la innovación y la customización.
Actualmente se venden 400 millones de teléfonos customizados (Li, 2014), que
se dirigen a un sector del mercado ignorado por las grandes marcas. Esta
capacidad de producción centrada en nichos de mercado es posible debido al
peculiar ecosistema que forman las empresas shanzhai. Según señala Guy Julier,
esta red se rige por una serie de estructuras y normas:

 Una serie de sistemas de conexiones sociales que se mantienen por


medio de regalos y favores.
 Una manera ambigua, múltiple y compleja de tratar con los
derechos de autor y la autoría en general (en China, el concepto de
originalidad no tiene el mismo valor que en Occidente, y se
considera igualmente digna de admiración una copia bien hecha,
así como el aprendizaje por medio de la copia y repetición).
 Una noción de “éxito distribuido”, que fomenta los negocios y la
innovación.
 Estrechas relaciones ente el Estado local y los emprendedores.
(Julier, 2017)

En esta red de diseñadores y fabricantes se diluye la separación entre diseño y


fabricación tan claramente expresada por el libro de Apple (si bien la empresa
californiana tiene a diseñadores trabajando directamente con las fábricas en
Shenzhen). Este factor, unido a la cercanía entre los diseñadores y el propio
mercado (los consumidores a los que ofrecen sus productos), son los que
favorecen su sorprendente capacidad de innovación. Con todo, como afirma
Julier, no se puede replicar la estructura de esta red, no es posible crear nuevos
shanzhai en otros países, pero sí se puede aprender de su ejemplo. En particular,
las lecciones que da shanzhai se resumen en:

 Una ética de innovación abierta, compartida, que trabaja a nivel


local, a través de sistemas de reciprocidad informales, sin
complejos acuerdos legales.
 Un énfasis en el desarrollo iterativo en lugar de las innovaciones
disruptivas.
 Un entorno en el que la innovación se da junto a las
infraestructuras de producción y en la que los recursos materiales
están a mano.
(Julier, 2017)

El fenómeno shanzhai se ha transformado a medida que los consumidores en


China han dejado de interesarse por los productos baratos y han optado por
marcas que ofrecen calidad, ya sean chinas o extranjeras (Wessler, 2013). Su valor
principal, por tanto, ha pasado a ser el de ejemplificar un modelo diferente de
enfocar la producción y la innovación, que atiende a un mercado cada vez más
conectado, acelerado y diverso en su demanda.

Referencias

Horwitz, Josh (2016, 17 octubre). Your brilliant Kickstarter idea could be on sale
in China before you’ve even finished funding it. Quartz.

Julier, Guy (2017, 6 mayo). From shanzhai to social innovation via


makerspaces?. China’s Creative Communities.

Li, David (2014, 24 diciembre). The new shanzhai: democratizing innovation in


China. Paris Innovation Review.

Lindtner, Silvia et al. (2014). Designed in Shenzhen: Shanzhai Manufacturing


and Maker Entrepreneurs. Aarhus Series on Human Centered Computing, Vol.
1, No.1. DOI: http://dx.doi.org/10.7146/aahcc.v1i1.21265

Mengoni, Luisa (2014, 24 mayo). From Shenzhen: Shanzhai and the Maker
movement. Victoria and Albert Museum.
Wessler, Rainer (2013, 6 abril). Shanzhai’s Role in Innovation Strategy. Design
Mind.

Autor catedratelefPublicado el23 Mayo, 2017Categoríasartículos

http://catedratelefonica.uoc.edu/2017/05/23/shanzhai-diseno-e-innovacion-en-china/