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Clasificación de los bioelementos

Según su cantidad en la constitución de las biomoléculas, los bioelementos se clasifican


como primarios, secundarios y oligoelementos (Rastogi, 2003).

1- Bioelementos primarios

Los bioelementos primarios son aquellos que se encuentran en mayor cantidad


(aproximadamente 96% de la materia viva) y son los que conforman las mayor parte de
las biomoléculas orgánicas (carbohidratos, lípidos, proteínas y ácidos nucleicos).

Estos elementos se caracterizan por ser livianos (bajo peso atómico) y abundantes. Los
bioelementos primarios son el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el
fósforo y el azufre.

Carbono (C)

Es principal bioelemento que constituye las biomoléculas. Tiene la capacidad de


ensamblarse para formar grandes cadenas carbono-carbono por medio de enlaces
simples, dobles o triples, así como estructuras cíclicas.

Puede incorporar una variedad de grupos funcionales como oxígeno, hidróxido, fosfato,
amino, nitro etc., lo que resulta en una enorme variedad de moléculas diferentes.

El átomo de carbono probablemente sea uno de los bioelementos más importantes


puesto que todas las biomoléculas contienen carbono. Uno puede encontrar, por
ejemplo, lípidos sin fosforo o nitrógeno (por ejemplo el colesterol) pero no hay
biomoléculas sin carbono.

Hidrógeno (H)

Es uno de los componentes de la molécula de agua, que es esencial para la vida, y es


parte de los esqueletos de carbono de las moléculas orgánicas.
Mientras mayor cantidad de moléculas de hidrógeno tenga una biomolécula, esta
estará más reducida y tendrá mayor capacidad de oxidarse produciendo más energía.

Por ejemplo los ácidos grasos poseen mayor cantidad de electrones que los
carbohidratos por lo que tienen la capacidad de producir más energía al degradarse.

Oxígeno (O)

Es el otro elemento que compone la molécula de agua. Es un elemento muy


electronegativo que permite una mayor producción de energía mediante la respiración
aeróbica.

Además, los enlaces polares con hidrógeno, dando como resultado radicales polares
solubles en agua.

Nitrógeno (N)

Elemento que está presente en todos los aminoácidos. A través del nitrógeno, los
aminoácidos tienen la capacidad de formar un enlace peptídico para producir
proteínas.

Este bioelemento también se encuentra en las bases nitrogenadas de los ácidos


nucleicos. Es eliminado por el organismo en forma de urea.

Una de las primeras biomoléculas en formarse fue el ATP, esto debido a la abundancia
de nitrógeno en la atmosfera terrestre. El nitrógeno forma parte de la adenosina del
ATP.

Fósforo (P)

Grupo se encuentra principalmente como fosfato (PO 43-) que forma parte de los
nucleótidos. Forme enlaces ricos en energía que permitan una fácil compartición (ATP).

También tiene importancia en la estructura del ADN puesto que forma enlace
fofodiester con los nucleótidos para formar esta molécula.
Azufre (S)

Bioelemento que se encuentra principalmente como grupo sulfhidrilo (-SH) que forma
parte de aminoácidos como la cisteína, en las que los enlaces disulfuro son esenciales
para crear estabilidad en la estructura terciaria y cuaternaria de las proteínas.

También se encuentra en la coenzima A, esencial para diversas vías metabólicas


universales, como el ciclo de Krebs (Llull, S.F.). Es el bioelemento primario más pesado
que existe puesto que su peso atómico es 36 g/mol.

2- Bioelementos secundarios

Estos tipos de elementos también están presentes en todos los seres vivos pero no en
las mismas cantidades que los elementos primarios.

No conforman las biomoléculas sino que se usan en gradientes de concentración


celular, señalización dieléctrica de las neuronas y neurotransmisores, estabilizan
biomoléculas cargadas como el ATP y forman parte del tejido óseo.

Estos bioelementos son el calcio (Ca), sodio (Na), potasio (K), magnesio (Mg) y cloro
(Cl). Los más abundantes son el sodio, el potasio, el magnesio y el calcio.

Calcio (Ca)

El calcio es esencial para los seres vivos ya que las plantas requieren calcio para
construir paredes celulares.

Forma parte del tejido óseo de los vertebrados en forma de hidroxiapatita (Ca3 (PO4)
2) 2, Ca (OH) 2 y su fijación está relacionada con el consumo de vitamina D y la luz
solar. El calcio presente en forma iónica, sirve como un importante regulador de
procesos en el citoplasma celular.

El calcio afecta la excitabilidad neuromuscular del músculo (junto con los iones K, Na y
Mg y participa en la contracción muscular.) La hipocalcemia conduce a cólicos-tetania.
También participa en la regulación de la síntesis de glucógeno en riñón, hígado y
músculo esquelético.

El calcio disminuye la permeabilidad de la membrana celular y la pared capilar, lo que


resulta en sus efectos antiinflamatorios, antiexudativos y antialérgicos. También es
necesario para la coagulación de la sangre.

Los iones de calcio son importantes mensajeros intracelulares, que influyen en la


secreción de insulina en la circulación y la secreción de enzimas de digestión en el
intestino delgado.

La reabsorción de calcio se ve afectada por la relación mutua de calcio a fosfatos en el


contenido intestinal, y por la presencia de colecalciferol, que regula la reabsorción
activa de calcio y fósforo.

El intercambio de calcio y fosfatos se regula hormonalmente con la hormona


paratoidea y calcitonina. La hormona paratoidea libera el calcio de los huesos en la
sangre.

La calcitonina promueve la deposición de calcio en los huesos, lo que disminuye su


concentración sanguínea.

Magnesio (Mg)

El magnesio es un bioelemento secundario que forma parte de las biomoléculas puesto


que es un cofactor de la clorofila. El magnesio es un catión intracelular típico y es una
parte esencial de los tejidos y fluidos corporales.

Está presente en el esqueleto (70%) y en los músculos de los animales y entre sus
funciones está la de estabilizar la carga negativa de los fosfatos de la molécula de ATP.

Sodio (Na)

Es un catión extracelular importante, participa en la homeostasis del organismo.


Protege al organismo de pérdidas de agua excesivas mediante los canales de sodio y
participa en la propagación de la excitación nerviosa.
Potasio (K)

Participa en la homeostasis del organismo y en la propagación de la excitación nerviosa


mediante canales de potasio. La deficiencia de potasio puede conducir a un paro
cardíaco.

Cloro (Cl)

Un halógeno del grupo VII de la tabla periódica. Está presente en el organismo de los
seres vivos principalmente como ion cloruro el cuál estabiliza la carga positiva de los
iones metálicos (Biogenic elements, S.F.).

Importancia de los Bioelementos


Las células de los organismos vivos tienen un
funcionamiento que solamente puede comprenderse si
atendemos a sus estructuras fundamentales, las moléculas
o bioelementos. Los bioelementos más conocidos son los
ácidos nucleicos, los carbohidratos, los lípidos y las
proteínas. Todos ellos están formados por átomos, que son
todos los elementos de la tabla periódica.
En otras palabras, un bioelemento es una combinación de
átomos y dicha combinación es la que permite que los
seres vivos puedan realizar sus funciones vitales.

Las reacciones metabólicas de los organismos vivos se


producen por la interacción de los bioelementos
primarios y los secundarios

El carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el fósforo, el azufre y el


hidrógeno están en la categoría de primarios porque su
presencia es muy común en las estructuras celulares. Los
mismos constituyen más del 95% de la materia viva. Son
imprescindibles para la vida porque permiten las funciones
básicas, como la respiración de los animales,
la fotosíntesis en las plantas o la trasmisión de energía.
Aquellos Secundarios son también importantes, ya que sin
ellos las células de los organismos dejarían de funcionar
correctamente (algunos de los más significativos son el
magnesio, el calcio, el hierro, el sodio y el potasio). Si
tomamos como referencia el calcio, aplicado en nuestro
organismo es lo que permite la formación de la estructura
ósea y de los dientes y, al mismo tiempo, interviene en la
contracción muscular y en la presión sanguínea.

La interacción de ambos tipos de bioelementos es lo que


posibilita el correcto funcionamiento del metabolismo

Los humanos podemos digerir los alimentos correctamente


cuando los primarios y secundarios se encuentran en las
proporciones adecuadas en nuestro organismo.
Los bioelementos llegan a las estructuras celulares
mediante la alimentación, ya que estas moléculas también
constituyen los nutrientes integrados en los alimentos. En
este sentido, conocer estas sustancias es una cuestión
fundamental para llevar una vida sana.
El conocimiento de estos agentes permite dar una
respuesta a ciertas preguntas fundamentales para
comprender la vida

Desde los tiempos más remotos los seres humanos nos


hemos preguntado de dónde surge la vida o de qué
estamos hechos los seres vivos. Las respuestas a estos
planteamientos se encuentran precisamente en el
funcionamiento de los bioelementos. Gracias a ellos
podemos diferenciar la materia viva de la materia
inanimada.
Clasificación y funciones de las
biomoléculas
Las biomoléculas son diversas en tamaño y estructura, lo que les
confiere características únicas para el desempeño de las distintas
funciones necesarias para la vida. Así, las biomoléculas actúan como
almacenamiento de información, fuente de energía, soporte,
metabolismo celular, entre otros.

Las biomoléculas se pueden clasificar en dos grandes grupos, basándose


en la presencia o ausencia de átomos de carbono.

Biomoléculas inorgánicas

Son todas aquellas moléculas que están presentes en los seres vivos y
que no contienen carbono en su estructura molecular. Las moléculas
inorgánicas también pueden encontrarse en otros sistemas (no vivos) de
la naturaleza.

Los tipos de biomoléculas inorgánicas son los siguientes:

Agua

Es el componente principal y fundamental de los seres vivos, es una


molécula formada por un átomo de oxígeno unido a dos átomos de
hidrógeno. El agua es esencial para la existencia de la vida y es la
biomolécula más común.
Entre el 50 y el 95 % del peso de cualquier ser vivo es agua, ya que es
necesaria para llevar a cabo varias funciones importantes, como la
regulación térmica y el transporte de sustancias.

Sales minerales

Son moléculas simples formadas por átomos con carga opuesta que se
separan completamente en el agua. Por ejemplo: el cloruro de sodio,
formado por un átomo de cloro (cargado negativamente) y un átomo de
sodio (cargado positivamente).

Las sales minerales participan en la formación de estructuras rígidas,


como los huesos de los vertebrados o el exoesqueleto de los
invertebrados. Estas biomoléculas inorgánicas también son necesarias
para llevar a cabo muchas funciones celulares importantes.

Gases

Son moléculas que se encuentran en forma de gas. Son fundamentales


para la respiración de los animales y la fotosíntesis en las plantas.

Ejemplos de estos gases son: el oxígeno molecular, formado por dos


átomos de oxígeno unidos entre sí; y el dióxido de carbono, formado por
un átomo de carbono unido a dos átomos de oxígeno. Ambas
biomoléculas participan en el intercambio gaseoso que realizan los seres
vivos con su ambiente.

Biomoléculas orgánicas

Las biomoléculas orgánicas son aquellas moléculas que contienen


átomos de carbono en su estructura. Las moléculas orgánicas también
se pueden encontrar distribuidas en la naturaleza formando parte de
sistemas no vivos, y constituyen lo que se conoce como biomasa.

Los tipos de biomoléculas orgánicas son los siguientes:


Carbohidratos

Los carbohidratos son probablemente las sustancias orgánicas más


abundantes y extendidas en la naturaleza, y son componentes
esenciales de todos los seres vivos.

Los carbohidratos son producidos por las plantas verdes a partir del
dióxido de carbono y el agua durante el proceso de fotosíntesis.

Estas biomoléculas están formados fundamentalmente por átomos de


carbono, hidrógeno y oxígeno. También se les conoce como hidratos de
carbono o sacáridos, y funcionan como fuentes de energía y como
componentes estructurales de los organismos.

– Monosacáridos

Los monosacáridos son los carbohidratos más simples y a menudo se


llaman azúcares simples. Son los bloques de construcción elementales a
partir de los cuales se forman todos los carbohidratos más grandes.

Los monosacáridos tienen la fórmula molecular general (CH2O)n, donde


n puede ser 3, 5 o 6. Así, los monosacáridos se pueden clasificar según
el número de átomos de carbono presentes en la molécula:

Si n = 3, la moléculas es una triosa. Por ejemplo: el gliceraldehído.

Si n = 5, la molécula es una pentosa. Por ejemplo: la ribosa y la


desoxirribosa.

Si n = 6, la molécula es una hexosa. Por ejemplo: la fructosa, la glucosa


y la galactosa.

Las pentosas y las hexosas pueden existir en dos formas: cíclicas y no


cíclicas. En la forma no cíclica sus estructurales moleculares muestran
dos grupos funcionales: un grupo aldehído o un grupo cetona.
Los monosacáridos que contienen el grupo aldehído se denominan
aldosas, y los que tienen un grupo cetona se llaman cetosas. Las aldosas
son azúcares reductores, mientras que las cetosas son azúcares no
reductores.

Sin embargo, en el agua las pentosas y las hexosas existen


principalmente en forma cíclica, y es en esta forma en la que se
combinan para formar moléculas de sacáridos más grandes.

– Disacáridos

La mayoría de los azúcares que se encuentran en la naturaleza son


disacáridos. Estos se forman mediante la formación de un enlace
glicosídico entre dos monosacáridos, a través de una reacción de
condensación que libera agua. Este proceso de formación del enlace
requiere energía para mantener juntas las dos unidades de
monosacáridos.

Los tres disacáridos más importantes son la sacarosa, la lactosa y la


maltosa. Se forman a partir de la condensación de los monosacáridos
apropiados. La sacarosa es un azúcar no reductor, mientras que la
lactosa y la maltosa son azúcares reductores.

Los disacáridos son solubles en agua, pero son biomoléculas muy


grandes para atravesar la membrana celular por difusión. Por esta
razón, se descomponen en el intestino delgado durante la digestión para
que sus componentes fundamentales (es decir, los monosacáridos)
pasen a la sangre y a las demás células.

Los monosacáridos se usan muy rápidamente por las células. Sin


embargo, si una célula no necesita la energía inmediatamente puede
almacenarla en forma de polímeros más complejos. Así, los
monosacáridos se convierten en disacáridos mediante reacciones de
condensación que ocurren en la célula.
– Oligosacáridos

Los oligosacáridos son moléculas intermedias formadas por tres a nueve


unidades de azúcares simples (monosacáridos). Se forman
descomponiendo parcialmente carbohidratos más complejos
(polisacáridos).

La mayoría de los oligosacáridos naturales se encuentran en las plantas


y, a excepción de la maltotriosa, son indigeribles por los seres humanos
porque el cuerpo humano carece de las enzimas necesarias en el
intestino delgado para descomponerlos.

En el intestino grueso, las bacterias beneficiosas pueden descomponer


los oligosacáridos mediante fermentación; así se transforman en
nutrientes absorbibles que proporcionan algo de energía. Ciertos
productos de degradación de los oligosacáridos pueden tener un efecto
beneficioso en el revestimiento del intestino grueso.

Ejemplos de oligosacáridos incluyen la rafinosa, un trisacárido de las


leguminosas y algunos cereales compuestos por glucosa, fructosa y
galactosa. La maltotriosa, un trisacárido de glucosa, se produce en
algunas plantas y en la sangre de ciertos artrópodos.

– Polisacáridos

Los monosacáridos pueden sufrir una serie de reacciones de


condensación, agregando una unidad tras otra a la cadena hasta que se
forman moléculas muy grandes. Estos son los polisacáridos.

Las propiedades de los polisacáridos dependen de varios factores de su


estructura molecular: longitud, ramificaciones laterales, plegamientos y
si la cadena es “recta” o “enrrollada”. Existen varios ejemplos de
polisacáridos en la naturaleza.

El almidón a menudo se produce en las plantas como una forma de


almacenar energía, y está compuesto por polímeros de α-glucosa. Si el
polímero es ramificado se le llama amilopectina, y si no es ramificado se
le llama amilosa.

El glucógeno es el polisacárido de reserva energética en los animales y


está formado por amilopectinas. Así, el almidón de las plantas se
degrada en el cuerpo para producir glucosa, la cual entra a la célula y se
usa en el metabolismo. La glucosa que no es utilizada polimeriza y forma
glucógeno, el depósito de energía.

Lípidos

Los lípidos son otro tipo de biomoléculas orgánicas cuya característica


principal es que son hidrofóbicas (repelen el agua) y, en consecuencia,
son insolubles en agua. Dependiendo de su estructura, los lípidos
pueden clasificarse en 4 grupos principales:

– Triglicéridos

Los triglicéridos están formados por una molécula de glicerol unida a tres
cadenas de ácidos grasos. Un ácido graso es una molécula lineal que
contiene en un extremo un ácido carboxílico, seguido por una cadena
hidrocarbonada y un grupo metilo en el otro extremo.

Dependiendo su estructura los ácidos grasos pueden ser saturados o


insaturados. Si la cadena hidrocarbonada contiene solo enlaces simples,
se trata de un ácido graso saturado. Contrariamente, si esta cadena
hidrocarbonada posee uno o más enlaces dobles, el ácido graso es
insaturado.

Dentro de esta categoría están los aceites y las grasas. Los primeros son
la reserva energética de las plantas, poseen insaturaciones y son
líquidos a temperatura ambiente. En contraste, las grasas son las
reservas de energía de los animales, son moléculas saturadas y sólidas a
temperatura ambiente.
Fosfolípidos

Los fosfolípidos son similares a los triglicéridos en cuanto a que poseen


una molécula de glicerol unida a dos ácidos grasos. La diferencia está en
que los fosfolípidos poseen un grupo fosfato en el tercer carbono del
glicerol, en vez de otra molécula de ácido graso.

Estos lípidos son muy importantes debido a la forma en que pueden


interactuar con el agua. Al tener un grupo fosfato en un extremo, la
molécula se vuelve hidrofílica (atrae el agua) en esa región. Sin
embargo, sigue siendo hidrofóbica en el resto de la molécula.

Por su estructura, los fosfolípidos tienden a organizarse de tal manera


que los grupos fosfato queden disponibles para interactuar con el medio
acuoso, mientras que las cadenas hidrofóbicas que organizan en el
interior están lejos del agua. Así, los fosfolípidos forman parte de todas
las membranas biológicas.

– Esteroides

Los esteroides están formados por cuatro anillos de carbono fusionados,


a los cuales se les unen distintos grupos funcionales. Uno de los más
importantes es el colesterol, pues es imprescindible para los seres vivos.
Es el precursor de algunas hormonas importantes como el estrógeno, la
testosterona y la cortisona, entre otras.

– Ceras

Las ceras son un pequeño grupo de lípidos que poseen función


protectora. Se encuentran en las hojas de los árboles, en las plumas de
las aves, en el oído de algunos mamíferos y en lugares que necesitan ser
aislados o protegidos del ambiente externo.

Ácidos nucleicos

Los ácidos nucleicos son las principales moléculas transportadoras de


información genética en los seres vivos. Su función principal es dirigir el
proceso de síntesis de proteínas, las cuales determinan las
características heredadas de cada ser vivo. Están compuestos por
átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y fósforo.

Los ácidos nucleicos son polímeros formados por repeticiones de


monómeros, llamados nucleótidos. Cada nucleótido consiste en una base
aromática que contiene nitrógeno unida a un azúcar pentosa (cinco
carbonos), que a su vez está unida a un grupo fosfato.

Las dos clases principales de ácidos nucleicos son el ácido


desoxirribonucleico (ADN) y el ácido ribonucleico (ARN). El ADN es la
molécula que contiene toda la información de una especie, por lo cual
está presente en todos los seres vivos y en la mayoría de los virus.

El ARN es el material genético de ciertos virus, pero también se


encuentra en todas las células vivas. Allí desempeña funciones
importantes en ciertos procesos, como la fabricación de proteínas.

Cada ácido nucleico contiene cuatro de cinco bases posibles que


contienen nitrógeno: adenina (A), guanina (G), citosina (C), timina (T) y
uracilo (U). El ADN posee las bases adenina, guanina, citosina y timina,
mientras que el ARN posee las mismas excepto la timina, la cual es
sustituida por el uracilo en el ARN.

– Ácido desoxirribonucleico (ADN)

La molécula de ADN está compuesta por dos cadenas de nucleótidos


unidos por unos enlaces llamados enlaces fosfodiéster. Cada cadena
tiene una estructura en forma de hélice. Las dos hélices se entrelazan
para dar una doble hélice. Las bases están en el interior de la hélice y
los grupos de fosfato están en el exterior.

El ADN se compone de una cadena principal de azúcar desoxirribosa


unida a un fosfato y de las cuatro bases nitrogenadas: adenina, guanina,
citosina y timina. En el ADN de doble cadena se forman pares de bases:
la adenina siempre se une a la timina (A-T) y la guanina a la citosina (G-
C).
Las dos hélices se mantienen juntas emparejando las bases de los
nucleótidos mediante enlaces de hidrógeno. La estructura a veces se
describe como una escalera donde las cadenas de azúcar y fosfato son
los lados y los enlaces base-base son los peldaños.

Esta estructura, junto con la estabilidad química de la molécula, hace


que el ADN sea el material ideal para transmitir de información genética.
Cuando una célula se divide, su ADN se copia y pasa de una generación
de células a la siguiente generación.

– Ácido ribonucleico (ARN)

El ARN es un polímero de ácido nucleico cuya estructura está formada


por una sola cadena de nucleótidos: adenina, citosina, guanina y uracilo.
Al igual que en el ADN, la citosina siempre se une a la guanina (C-G)
pero la adenina se une al uracilo (A-U).

Es el primer intermediario en la transferencia de la información genética


en las células. El ARN es esencial para la síntesis de proteínas, pues la
información contenida en el código genético generalmente se transmite
desde el ADN al ARN, y de este a las proteínas.

Algunos ARN también cumplen funciones directas en el metabolismo


celular. El ARN se obtiene copiando la secuencia de bases de un
segmento de ADN denominada gen, en una porción de ácido nucleico
monocatenario. Este proceso, llamado transcripción, es catalizado por
una enzima llamada ARN polimerasa.

Hay varios tipos diferentes de ARN, principalmente son 3. El primero es


el ARN mensajero, que es el que se copia directamente desde el ADN
mediante la transcripción. El segundo tipo es el ARN de transferencia,
que es el que transfiere los aminoácidos correctos para la síntesis de
proteínas.
Finalmente, la otra clase de ARN es el ARN ribosómico que, junto con
algunas proteínas, forma los ribosomas, organulos celulares encargados
de sintetizar todas las proteínas de la célula.

Proteínas

Las proteínas son moléculas grandes y complejas que desempeñan


muchas funciones importantes y hacen la mayor parte del trabajo en las
células. Son necesarias para la estructura, función y regulación de los
seres vivos. Se componen de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno y
nitrógeno.

Las proteínas están formadas por unidades más pequeñas llamadas


aminoácidos, unidas entre sí mediante enlaces peptídicos y formando
largas cadenas. Los aminoácidos son pequeñas moléculas orgánicas con
propiedades fisicoquímicas muy particulares, hay 20 tipos diferentes.

La secuencia de aminoácidos determina la estructura tridimensional


única de cada proteína y su función específica. De hecho, las funciones
de las proteínas individuales son tan variadas como sus secuencias
únicas de aminoácidos, las cuales determinan las interacciones que
generan estructuras tridimensionales complejas.

Funciones variadas

Las proteínas pueden ser componentes estructurales y de movimiento


para la célula, como por ejemplo la actina. Otras funcionan acelerando
las reacciones bioquímicas dentro de la célula, como la ADN polimerasa,
que es la enzima que sintetiza el ADN.

Hay otras proteínas cuya función es transmitir un mensaje importante


para el organismo. Por ejemplo, algunos tipos de hormonas como la del
crecimiento transmiten señales para coordinar procesos biológicos entre
diferentes células, tejidos y órganos.
Algunas proteínas se unen y transportan átomos (o moléculas pequeñas)
dentro de las células; tal es el caso de la ferritina, que se encarga de
almacenar hierro en algunos organismos. Otro grupo de proteínas
importantes son los anticuerpos, que pertenecen al sistema inmune y se
encargan de detectar toxinas y patógenos.

Así, las proteínas son los productos finales del proceso de decodificación
de la información genética que comienza con el ADN celular. Esta
increíble variedad de funciones se deriva de un código
sorprendentemente simple que es capaz de especificar un conjunto
enormemente diverso de estructuras.
Importancia de los biomoléculas:
Las Biomoléculas son el principal constituyente de todo ser vivo. Compuestas por 6
elementos que son: Carbono (C), Hidrógeno (H), Oxígeno (O), Nitrógeno (N), Azufre (S),
y el Fósforo (P), estos también son llamados bioelementos primarios, que constituyen
más del 95% de los tejidos vivos y forman el 99% de su peso
Al igual encontramos los bioelementos secundarios que proporcionan del 1 al 0.005%
de la materia viva, estos son: Magnesio (Mg), Sodio (Na), Potasio (K), Hierro (Fe), Calcio
(Ca), Cloro (Cl). Y por último algunos micro-componentes que se encuentran pero en
cantidades mínimas, entre ellos tenemos: Cobre (Cu), Boro (B), Silicio (Si), Manganeso
(Mn), Flúor (F), y el Yodo (I).

La importancia de las Biomoléculas es fundamental para los seres vivos ya que sin estas
no podríamos formar las Biomoléculas Orgánicas (Glúcidos, Lípidos, Proteínas, Ácidos
Nucleicos) que forman las bases de la materia viva, y gracias a estas podemos realizar
los complejos procesos funcionales que caracterizan a los seres vivos como por
ejemplo: la digestión, respiración, reproducción entre otras.