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¿Qué es un Ministerio de Música?

Cuando se habla de Ministerio de Música a veces no se tiene mucha idea de qué es, o
por qué se usa ese nombre…
Posiblemente estés pensando en el grupo que canta en la Misa los mismos cantos de
siempre… O en los que cantan en las reuniones del grupo de oración de la
Renovación Carismática… O tal vez algunos piensen que ya eso de llamarse Ministerio
de Música es algo anticuado… Y entonces mejor le ponemos otro nombre, algo que
suene “más juvenil”, más moderno…

Por eso es bueno comenzar planteándonos la pregunta con la que titulamos este
párrafo: “¿Qué es un Ministerio de Música?”

Empezaremos entonces dando una definición. Luego la iremos desglosando


en cuatro claves para entender lo que es este Ministerio.

He aquí la definición:

El Ministerio de Música es un servicio en el cual un grupo de hermanos consagrados


a Dios guían al pueblo en la alabanza y la adoración con la mejor música.

Primera Clave: Es un servicio


Empecemos por lo primero: ¡el Ministerio de Música es un servicio!
La palabra ministerio proviene del latín ministrare que quiere decir servir. Por lo tanto
la mentalidad de cualquier hermano que pertenezca o quiera pertenecer a un
Ministerio de Música debe ser la mentalidad de servidor.

¡Qué importante es esto y cuántas cosas cambiarían si todos los hermanos que se
dedican a la música en la Iglesia tuvieran esta mentalidad de servidor! ¿No crees?

Aquí es muy importante que te examines, hermano músico. ¿Eres servidor o quieres
ser servido? ¿Tienes mentalidad de servidor o de estrella de cine? ¿Quieres servir a
Dios y a tus hermanos? ¿O deseas aparecer como el principal, el más importante?

Este es un ministerio a través del cual Dios obra mucho y por eso es muy atacado por
el enemigo. Y es muy grande la tentación del orgullo, de la soberbia, del querer
sobresalir y dominar…

Teniendo en cuenta todo esto, queda claro que el Ministerio de Música deberá estar
sujeto a la obediencia. Siempre deberá depender del Párroco, de los coordinadores de
la Comunidad a la que pertenezca, y sobre todo de la guía del Espíritu Santo.

Segunda Clave: Consagrados a Dios

En segundo lugar, si quieres formar parte del Ministerio de Música es imprescindible


que hayas tenido un encuentro con Jesucristo. ¿Por qué? Porque todos los que han

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tenido esta experiencia han quedado marcados por un profundo deseo de servirle a
Él y a su pueblo. Por eso han respondido a su llamado consagrando su voz, sus
instrumentos y todas sus capacidades para alabar a Dios, guiados por el Espíritu
Santo.

Pero ¿qué significa consagrar? Consagrar es hacer sagrado, separar algo para Dios. Y
eso que está separado ya no se puede usar para otra cosa. Por lo tanto un músico
consagrado es un músico apartado para servir a Dios.

Quizá te espante esta idea de “consagrarte” a Dios. Puedes llegar a pensar que este
estilo de vida es solo para los sacerdotes o los religiosos. Pero para cualquier músico
que se decida a servir a Dios en este Ministerio este es un requisito indispensable ya
que:

 No se puede servir a dos amos (Mt 6,24). Si sirves en la música tienes que entender
que debes renunciar a seguir tus propios gustos. Ahora el Señor te pide que te decidas a
servirlo con un nuevo corazón y un canto nuevo.
 Nadie puede decir “Jesús es Señor” si no es guiado por el Espíritu Santo… (1Co
12,3). La alabanza y la adoración, base de este Ministerio, solo se dan cuando los
miembros están ungidos con el poder del Espíritu. Así cuando cantes, cuando ejecutes un
instrumento, cuando levantes las manos, cuando dejes fluir libremente el canto
inspirado… atraerás la presencia de Dios. Entonces la comunidad podrá sentir claramente
que el Señor está entre ellos. Y que puede suceder algo nuevo y edificante en cada
asamblea.

Si no se da esto, si tú no le has consagrado tu música y toda tu vida al Señor,


entonces podrás cantar y tocar con mucho profesionalismo, pero sin unción.

¿No has experimentado alguna vez esa rara sensación? Estás ante un Coro excelente,
que interpreta una melodía sin desafinar, donde todos los instrumentos suenan a la
perfección… Pero te deja frio el corazón, no te dice absolutamente nada.

Y sin embargo, puede ser que un solo hermano, apenas con una guitarra, cantando
medianamente bien, puede llevar a la presencia de Dios a toda la asamblea. Y el
Señor se derrama, y la gente se encuentra con Él… Y tú sientes que has llegado
fácilmente a la presencia de Dios gracias a ese canto… Porque fue interpretado con
unción.

El secreto está en ser un músico consagrado a Dios.

Tercera Clave: Guían al pueblo en la alabanza y la adoración

Este es el objetivo por el cual fue creado este Ministerio. Es una labor
eminentemente espiritual ya que solo se puede realizar bajo la guía del Espíritu
Santo.

Para poder llevarlo a cabo es necesario que cada uno de los miembros del Ministerio
de Música tenga claro que el único que merece ser alabado y adorado es Dios (Cf. Dt
6,4-6; Mt 22,37). Esto se logra teniendo una constante relación con Él a través de
la oración continua, la lectura de la Palabra y la vida sacramental.

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Para realizar este objetivo el Espíritu derrama dones que deben utilizarse para el
provecho de la comunidad. Es lo que dice San Pablo en lCo 12,7. Estos dones se
pueden clasificar en:

 Naturales: con ellos nacen algunas personas, y pueden utilizarse para el servicio en la
música. Por ejemplo: voz afinada, habilidad para tocar instrumentos, capacidad para
cantar a voces, etc.
 Sobrenaturales: la persona que ha reconocido a Jesús como su Señor y Salvador y se
deja guiar por el Espíritu Santo es una nueva creatura, y comienza a vivir una vida
sobrenatural. En esta nueva vida, el Espíritu derrama algunos dones especiales
llamados carismas, que ayudan a que el Reino de Dios se extienda. Para los músicos
estos carismas son, por ejemplo, el canto en lenguas, el canto inspirado, el canto
profético, la composición de cantos, la dirección de asambleas, etc. Sobre ellos conviene
recordar lo que dice Lumen Gentium nº 12: “…el juicio de su autenticidad y de su
ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales
compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno…”

EI guiar al pueblo en la alabanza y la adoración no es solamente interpretar los


cantos. También debe participar activamente en todos los momentos de la asamblea
y de la liturgia, orar con el pueblo y poner en práctica los dones naturales y
sobrenaturales de los que ya hablamos.

Además hay que tener en cuenta que el Ministerio de Música es parte del pueblo de
Dios, del Cuerpo de Cristo. Por lo tanto debe entrar juntamente con este hasta la
presencia de Dios. No es un grupo animador en donde los miembros buscan su
lucimiento personal. Debe de ser un canal por el cual el Espíritu Santo pueda
manifestar su voluntad al pueblo de Dios.

Cuarta Clave: Con la mejor música


El Señor se merece la excelencia en todo, también en la música. Lo dice el Salmo
33,3: “…Tocad la mejor música en la aclamación…”

Pero ¿cuál es la mejor música?

 La mejor música es la que nace de un corazón humilde (Cf. Sal 51,16-19). Si tienes
un corazón humilde eres capaz de reconocer la grandeza de Dios. Sabes que fuera de Él
no hay otro y lo expresas en cantos de alabanza y adoración.
Los que son guiados por el Espíritu y viven los criterios del Evangelio pueden ofrecer
a Dios la mejor música con su canto, tocando algún instrumento y respaldados con
su testimonio de vida. Porque… “de lo que habla su boca está lleno su corazón…” (Lc
6,45). Por lo tanto es necesario que tengas un estilo de vida congruente con el
Ministerio que ejerces.

La vida en alabanza y adoración debe renovar tu espíritu y tu mente. No puedes


conformarte con lo que ya lograste (Cf. Rm 12,2), tienes que dejarte guiar por el
Espíritu para ofrecer a Dios un culto de adoración donde se manifiesten
continuamente los dones espirituales.

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 La mejor música es la que se hace cuando se ejercitan y se ponen en práctica los
dones naturales. Como vimos anteriormente, existen dones naturales dados por Dios, así
como los dones materiales (instrumentos musicales, equipo de audio, etc.) que Dios da
para el ejercicio del Ministerio. Es necesario que estos dones se desarrollen por medios
del ensayo, el estudio y la práctica.

No todo caerá del cielo. La parte que te corresponde como miembros del Ministerio
está en la superación continua, apoyándote en el estudio de la música. Algo
importante es el definir los días de ensayo y surtirse de material nuevo ya sea de
cantos, arreglos, partituras. Todo esto ayudará al crecimiento técnico del Ministerio.

Cuando se da la armonía de las voces y de los instrumentos y la apertura al Espíritu,


se crea un ambiente tal que se percibe claramente la presencia de Dios. Esto se logra
con músicos y cantores que están dispuestos a poner en práctica los dones que se les
han encomendado.