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Estudios interdisciplinarios y espacios históricos

La historia dentro de la historia. Tlaxcala y la nación mexicana


Gabriel Martínez Carmona
El Colegio de México

Introducción
Este ensayo pretende dar cuenta de la construcción de un discurso alterno, que no
es el de una historia de México, sino de una parte de él: el estado de Tlaxcala,
cuyo pequeño territorio se ha mantenido casi intacto desde tiempos de la
conquista. Tlaxcala no tuvo propiamente un discurso oficial hasta fechas recientes,
pero ha sabido construirse una identidad que le ha caracterizado y que ha corrido
paralela a la versión centralizadora.
El discurso de la historia oficial del país y el de Tlaxcala, más consolidado el
primero que el segundo, difieren en un aspecto de la historia que se considera
fundacional y que por lo tanto repercute en ambas visiones: la conquista de
México-Tenochtitlán por parte del ejército de la Corona española, con la
participación de diversos grupos indígenas rivales de los mexicas, de entre los que
destacaron los tlaxcaltecas. Habrá que decir que la visión predominante de la
historia de México no ha sido una visión estática, sino que se ha ido construyendo
a lo largo de casi doscientos años a partir de la independencia; sin embargo, ha
creado una idea que tiene un origen bastante temprano y que si bien no podemos
fechar con precisión, parece tener su origen en las primeras décadas posteriores a
la independencia, a saber: al participar como aliados de los conquistadores
españoles, los tlaxcaltecas traicionaron al imperio mexica, que en la historia
“oficial” se ha considerado el imperio de los primeros mexicanos.
Al parecer, la afirmación de que los tlaxcaltecas traicionaron a los primeros
mexicanos, los hizo acreedores al apelativos de “traidores a la patria”. La idea de
la traición tuvo una importancia tal para la construcción del nacionalismo
mexicano, que permeó la sociedad mexicana al punto de que hasta la fecha es
una idea que más o menos prevalece. Frente a esto, los tlaxcaltecas han forjado
un discurso opuesto, que niega la idea de traición para afirmar que Tlaxcala fue

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cuna de la nación. Veremos aquí cómo es que ambos, pero sobre todo los
tlaxcaltecas han ido construyendo ese discurso de defensa y a la vez
autoconfirmación de su ser como entidad parte del Estado-nación mexicano.
El ensayo está dividido en dos grandes apartados. El primer apartado
plantea algunas características que históricamente hicieron de Tlaxcala un caso
especial del resto de las provincias de la Nueva España, que tienen su origen
precisamente en su participación en la conquista de México Tenochtitlán. El
segundo apartado se vale del anterior para plantear cómo fue que hasta años
recientes los tlaxcaltecas han afrontado el mote que el discurso nacionalista les
colocó, para crear una versión propia de su historia y por ende de la de México.

De un gobierno de indios a un gobierno de tlaxcaltecas en México


Para cuando el ejército español comandado por Hernán Cortés llegó a tierras
mesoamericanas, los que conocemos como tlaxcaltecas estaban organizados en
una serie de señoríos de origen mayoritariamente náhuatl y en menor medida
otomí. Hacia el siglo XII d.C., hubo un periodo de bonanza económica que permitió
que se consolidaran estos grupos culturales dentro de lo que actualmente es el
territorio del estado de Tlaxcala; hubo cuatro señoríos que destacaron a partir del
siglo XIV: Tepetícpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán. Para resistir amenazas
externas, tener mejor organización y control interno, los cuatro señoríos
establecieron una serie de acuerdos para confederarse. La organización política
de la confederación, al tiempo de la llegada del ejército español, se basaba en un
consejo supremo, integrado por caciques (tecuhtli) de los cuatro señoríos. La
organización tlaxcalteca fue llamada República por los españoles, y al consejo
supremo se le comparó con un Senado; ambas concepciones de la organización
política tlaxcalteca perduraron en buena medida.
Cuando se dio el primer enfrentamiento violento entre tlaxcaltecas y
españoles, éstos ya habían tenido una serie de batallas con otros indios de las
costas del golfo y del valle poblano-tlaxcalteca, por lo que su ejército estaba
integrado por un fuerte contingente de indios aliados. Tras varias batallas, en que
ambos ejércitos, español y tlaxcalteca, salieron diezmados, se concertó una

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alianza. “El hecho de que los españoles no hubieran tomado las cabeceras de los
principales señoríos significaba que la derrota tlaxcalteca no había sido total, por
lo que su rendimiento no debía ser incondicional. Ofrecieron a Cortés una alianza
amistosa para vencer a los de Tenochtitlan, pero esperaban respeto por aquello
por lo que sentían tanto orgullo: su libertad y su autonomía como nación”.1
La política imperial mexica había significado un impedimento para el
desarrollo de Tlaxcala, pues le habían bloqueado las salidas comerciales, le
arrebataron la mayoría de sus pueblos tributarios, cortando así su expansión, por
lo que la confrontación belicosa fue continua, aunque los mexicas nunca pudieron
someterlos. En el primer enfrentamiento en México-Tenochtitlán las fuerzas
españolas y sus aliados, salieron derrotados. Pero tras la promesa de entregar
parte de los territorios conquistados, se sumaron al contingente militar español al
menos 100,000 guerreros tlaxcaltecas, entre otros muchos aliados indios.
Finalmente la ciudad de México-Tenochtitlan cayó el 13 de agosto de 1521.
El cerco que el imperio mexica impuso a los tlaxcaltecas se había roto
definitivamente, y el precio a pagar por aliarse para derrotar a los mexicas fue
conservar la que se volvió una autonomía intocable, que quedaría sujeta a nuevas
reglas, con lo que su ancestral cultura sería penetrada por los principios
españoles. En primera instancia, los tlaxcaltecas juraron lealtad al rey de España
como suprema autoridad; no obstante, el respeto a la organización tradicional
indígena se combinó con formas de gobierno castellanas. La organización del
gobierno tlaxcalteca se basó en la formación de un cabildo como máxima
autoridad, junto con un gobernador indio y otro español.

Como una prerrogativa, los tlaxcaltecas dependían directamente del rey, y a


esta alta instancia de gobierno tenían derecho de apelar sin que mediara
ninguna otra autoridad de la península ibérica ni de la colonia novohispana.
Esto es, Tlaxcala era una ‘población realenga’. Con base en las ordenanzas
promulgadas por la Corona en 1545 se consolidó jurídicamente la
organización político-administrativa y territorial de Tlaxcala, y, en lo
sustancial, con esa misma estructura permaneció el resto del periodo

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Ricardo Rendón Garcini, Breve historia de Tlaxcala, México, El Colegio de México, Fideicomiso
Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 32.

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virreinal, lo cual dio al pueblo tlaxcalteca una sólida cohesión, una


prolongada permanencia y un alto grado de autonomía.2

Como consecuencia de su alianza con los españoles, los tlaxcaltecas


consiguieron tener un status privilegiados durante la época virreinal. Fue una de
las pocas ciudades de indios, con su gobierno completamente de caciques (lo que
se conoce como república de indios), y la Corona de Castilla le otorgó el título de
Muy noble y muy leal ciudad de Tlaxcala. El gobierno de Tlaxcala tuvo sus
peculiaridades y fue una anomalía en la generalidad de la etapa virreinal. A pesar
de ser una provincia que no quedó sujeta a ninguna jurisdicción más que a la del
virrey y la Audiencia, y de que estaba compuesta por una amplia mayoría
indígena, la nobleza tlaxcalteca no pagaban tributo, como prácticamente todos los
indígenas, sino que cubrían una cuota anual que se llamaba vasallaje.
Un episodio importante en la historia de Tlaxcala fue la participación de
gran número de guerreros tlaxcaltecas en las expediciones militares de los
españoles hacia el norte. Ante la necesidad de poblar el norte de la Nueva
España, el gobierno español intentó llevar un contingente de mil familias
tlaxcaltecas en 1560, pero el cabildo de Tlaxcala no aceptó, puesto que no estaba
claro el proyecto de colonización. Después de tres décadas, el virrey Luis de
Velasco II acordó con el cabildo de Tlaxcala la salida de cuatrocientas familias
tlaxcaltecas para contribuir al poblamiento y “civilización” de la Gran Chichimeca.
Se acordó que las familias se establecerían y tendrían autonomía política y
conformarían un gobierno propio con los mismos privilegios que los tlaxcaltecas
que se quedaron en el territorio. En realidad le costó mucho trabajo a los caciques
de las cuatro cabeceras poder reunir a la gente necesaria; al parecer no lograron
reunir a las cuatrocientas familias, pero las que finalmente salieron fundaron
poblaciones como Nueva Tlaxcala, o Tlaxcalilla, que aún conservan sus nombres.
En la segunda mitad del siglo XVIII hubo una serie de reformas políticas y
económicas en la Nueva España, provenientes de la península y que conocemos
como Reformas borbónicas. Con éstas, se reorganizó territorialmente la Nueva
España con el establecimiento del sistema de intendencias, en el que Tlaxcala fue

2
Rendón, Breve historia, p. 36.

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anexado a la intendencia de Puebla, como un partido de ella, por lo que perdió


todos los privilegios que la Corona le había otorgado y con los que había
funcionado durante cerca de doscientos años. El gobierno de Tlaxcala elevó una
serie de representaciones, primero a la Audiencia, luego al virrey y finalmente al
rey para que no fueran anexados a Puebla, y pudieran seguir conservando su
status de provincia aliada a la Corona. Después de una insistente gestión, lograron
que el rey reconociera los privilegios que sus antecesores le habían otorgado, por
lo que dentro del sistema de intendencias Tlaxcala se convirtió en un Gobierno
militar, sin ningún vínculo de sujeción a la intendencia de Puebla y dependiente
directamente del virrey.
Al comenzar la revolución de independencia, el cabildo de Tlaxcala, con el
respaldo de los caciques de los pueblos, ofreció nuevamente su apoyo al gobierno
virreinal y a la Corona, pues se opusieron a la entrada de las tropas de Napoleón
Bonaparte a la península y condenaron el movimiento insurgente de Miguel
Hidalgo.3
Al parecer, todos estos factores contribuyeron a que Tlaxcala fuera mal
vista al consumarse la independencia, e incrementó una especie de leyenda negra
acerca de la traición de Tlaxcala a la nación mexicana que, en parte, fue
promovida por los grupos emergentes económicamente en Tlaxcala. Cuando se
construyó el orden político de la nueva república, Tlaxcala se encontraba
empobrecida, con una elite indígena en decadencia y nuevos actores económicos
que llevaban décadas tratando de insertarse en los cargos políticos. Un sector
económicamente favorecido por los obrajes y la cría de ganado, provenientes de
cabeceras de segundo orden, y subordinadas al verticalismo político que
representaba el cabildo de la ciudad de Tlaxcala, intentaron separarse en varias
ocasiones a lo largo del siglo XVIII, sin conseguirlo. Por lo tanto, cuando se
3
Véanse los documentos: “Proclama de los tlaxcaltecas, invitando a los indios de la Nueva España
a resistir a Napoleón”; “El ayuntamiento de Tlaxcala ofrece todos sus recursos para combatir la
revolución iniciada por el cura Hidalgo”; “Proclama de los caciques del Ayuntamiento de Tlaxcala
contra la insurrección promovida por el señor Hidalgo”; “El gobernador de Tlaxcala, el 22 de octu-
bre, da parte al virrey de que ha aprehendido a unos emisarios de Aldama, y la contestación de
aquel”, en Hernández y Dávalos, Colección de documentos, tomo II, docs. 18, 73, 93 y 96, respec-
tivamente; “Ofertas de la ciudad de Tlaxcala”; “¡Muera Bonaparte!”, en Guadalupe Nava Oteo, Ca-
bildos y ayuntamientos de la Nueva España en 1808, México, Secretaría de Educación Pública,
1973 (SepSetentas, 78)., pp. 151-155.

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debatía en el Congreso Constituyente si Tlaxcala podía ser o no un estado de la


nueva república, el principal enemigo de los tlaxcaltecas fueron los mismo
tlaxcaltecas. Los opositores enviaron varias representaciones al constituyente, con
la firme intención de que Tlaxcala fuera integrada a su vecino estado de Puebla.
Uno de los argumentos utilizados fue acusar a Tlaxcala por sus servicios a la
monarquía española, además solicitaban:

Ya no debe ser capital, ciudad ni pueblo, ni menos consentirse que abrigue


en sus miserables guaridas la plebe más insolente, viciosa, holgazana e
inmoral del mundo, los delincuentes más escandalosos que de todas partes
allí se refugian para robar impunemente y asolar los caminos, ni las
arbitrariedades más insufribles que se conocen. Sobre los escombros de
tan infame pueblo, debe levantarse un monumento que diga: Aquí fue la
traidora Tlaxcala que vendió su patria al extranjero y que ya no existe, para
que no vuelva a cometer semejante parricidio.4

Finalmente, después de un largo debate, se publicó la Constitución federal


y allí Tlaxcala quedó con el status político pendiente; unos meses después se
declaró que no sería un estado más de la República, sino que tendría el status de
Territorio, y dependería directamente de la federación. Si en ese momento no fue
posible conservar su autonomía, al menos Tlaxcala mantuvo su integridad
territorial, frente a las ambiciones poblanas y de los disidentes dentro del territorio.
La vinculación que se le dio con respecto al poder central de la República se
asemejaba a su condición histórica de cerca de trescientos años como pueblo
“realengo”. No fue sino hasta la Constitución de 1857 que Tlaxcala logró obtener la
categoría de estado de la República.
Fue entonces el desarrollo histórico específico el que dio a Tlaxcala cierta
particularidad dentro de la Nueva España primero, y en la República después. La
profunda cercanía con los conquistadores españoles y posteriormente con el
gobierno de la Corona española fue crucial para mantener su autonomía de
gobierno, además de su integridad territorial, que ha permanecido casi intacta
hasta la fecha. Sin embargo, la misma verticalidad del gobierno creó un
descontento en varios grupos económicos emergentes, que no podían acceder a

4
“Bosquejo estadístico de la celebre ciudad de Tlaxcala y su territorio”, El Sol, (8 dic 1823).

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los cargos de gobierno. Este proceso se gestó durante el periodo virreinal y tuvo
su punto más alto en el proceso de independencia y formación del México
independiente. No tenemos las herramientas suficientes para afirmarlo, pero al
parecer la acusación de traición encajó a la perfección con el proceso de
formación del nuevo Estado-nación, y por lo que sabemos provino de los grupos
disidentes al interior de Tlaxcala. El adjetivo de traidores le vino bien a varios
grupos en el Congreso Constituyente, que no consideraban que Tlaxcala pudiera
ser un estado de la República, por lo que fue repetido al discutirse el status político
de Tlaxcala.5
Tlaxcala fue entonces acusada de traición y el adjetivo se consolidó a lo
largo del siglo XIX. No diremos que fue utilizado de manera permanente, pues
para eso es necesario un estudio detallado que cubra todo el periodo
independiente hasta fecha reciente, pero el adjetivo sigue vigente aunque ahora
su intensidad es casi nula, pues tanto el nacionalismo mexicano como la situación
de Tlaxcala se han modificado con el paso del tiempo. Veamos entonces cómo fue
que los tlaxcaltecas se han enfrentado a esa acusación.

La visión de los aliados. La construcción de la identidad histórica tlaxcalteca


En la década de los años cincuenta del siglo pasado, Desiderio Hernández
Xochitiotzin, un famoso pintor tlaxcalteca plasmó en el palacio de gobierno del
estado un mural de estilo similar a los murales de Diego Rivera. En ese mural
Hernández Xochitiotizin pintó la versión tlaxcalteca de la historia. El proyecto del
mural comenzó por una propuesta del entonces gobernador del estado Joaquín
Cisneros Fernández, con lo que podemos notar la relación entre el pintor y los
miembros del entonces joven Partido Revolucionario Institucional, que gobernó el
estado hasta fechas recientes.
No sabemos cuál fue el acuerdo final al que llegó el pintor y el gobernador,
pero sabemos que el resultado final fue un mural donde podemos ver la
interpretación de la historia según los tlaxcaltecas. En él, observamos la fundación
de lo que hoy es Tlaxcala, con la garza como su símbolo en lugar del águila y la

5
“Bosquejo”, El Sol (8 dic. 1823).

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serpiente mexica. La enemistad con éstos se manifiesta en la representación de


las guerras entre tlaxcaltecas y mexicas. El relato prosigue en el mural con la
llegada de Cortés, el enfrentamiento con las fuerzas españolas y la posterior
alianza para combatir a los mexicas. Es interesante cuando expone la escena de
la toma de México-Tenochtitlán, donde un tlaxcalteca está armado con una
espada y combate junto a un español armado con una lanza. Por otro lado, la idea
del mestizaje es representada por Hernández Xochitiotzin al pintar a una Malinche
embarazada, cuyo hijo con Hernán Cortés nacido en Tlaxcala le otorga al estado
el adjetivo de cuna del mestizaje y por tanto de la nación; a esto se suma la
representación del bautizo de los señores gobernantes tlaxcaltecas, lo que
representa que fueron los primeros en aceptar el mestizaje cultural, y el obsequio
de doncellas a los españoles.6 Por otro lado, se representa a Carlos V y los
privilegios que este les otorgó, así como la salida de las cuatrocientas familias al
lado de los conquistadores para fundar pueblos en el norte, lo que en suma nos
permite observar al menos dos aspectos fundamentales sobre cómo se ve la
historia de Tlaxcala: en primer lugar, en ésta los mexicas son vistos como los
eternos enemigos de los tlaxcaltecas, y en segundo lugar los españoles son
concebidos como sus grandes aliados, aquéllos que les permitieron vencer a su
rival mexica y cuya alianza les permitió seguir conservando su autonomía aunque,
como los demás pueblos que habitaban el territorio, fueron integrados a la
monarquía hispana.
Para finales de la década de los setenta, según relata Hernández
Xochitiotzin, el entonces candidato a la gubernatura a quien entonces apoyaba,
Tulio Hernández Gómez, le preguntó: “¿Qué haremos para contrarrestar esta
calumnia tan injusta y cobarde, que tanto nos cuelgan, especialmente en la ciudad

6
Respecto al bautizo de los señores de las cuatro cabeceras, la narración proviene del Lienzo de
Tlaxcala, que fue realizado por los tlaxcaltecas a sugerencia del Virrey Luis de Velasco para ser
enviado al rey en la segunda mitad del siglo XVI. Sin embargo, un estudioso del periodo afirma que
los folios del Lienzo donde se trata el tema de los bautizos fueron añadidos posteriormente, pues ni
en las cartas de relación de Cortés ni en la historia de Bernal Díaz del Castillo se menciona el
hecho, lo cual difícilmente podría haberse pasado por alto. La hipótesis de Charles Gibson es que
el hecho fue incluido en el Lienzo por Diego Muñoz Camargo, el primer cronista mestizo de Tlaxca-
la, a petición de los principales tlaxcaltecas para reforzar su carácter de aliados. Charles Gibson,
Tlaxcala en el siglo XVI, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala, Fondo de Cultura Económica,
1991, pp. 41-42.

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de México? Pues ya me dicen que seré gobernador de los traidores tlaxcaltecas”. 7


La respuesta del pintor fue no menos interesante:

¿Cómo te llamas? Claro, todos tienen que llamarse José, o José María,
Francisco, Luis […] Todos tenemos raíces católicas, inclusive españolas en
relación con su nombre y aún con su apellido, pues muy poca gente tienen
apellido indígena. Quizá hasta tengan raíces extranjeras. Nuestras raíces
grecolatinas se las debemos a la alianza tlaxcalteca […] y son nuestras
raíces mestizas […] ¡México es un país típicamente mestizo y Tlaxcala lo ha
sido desde el siglo XVI!, con la alianza con Cortés y la culturalización
franciscana.8

Al establecer la discusión, el entonces candidato argumentó que esa


afirmación no sería suficiente, a lo que Hernández contestó: “Díles: hombre, si
hablas castellano es por la alianza hispano-tlaxcalteca. Porque somos mestizos y
en eso los tlaxcaltecas, nuestros antepasados, tuvieron mucho en pro, en plan
positivo […] Colonizando y cristianizando”.9 Nuevamente, durante su campaña,
Tulio Hernández le comentó a Hernández Xochitiotzin que se necesitaba un
discurso con mayor fuerza y énfasis, para dejar en claro la importancia que
Tlaxcala tuvo para la construcción de la nación mexicana. El pintor le contestó:
“Hay que recordarles que los tlaxcaltecas conquistaron, junto con los españoles,
muchísimas tierras de la hoy nación mexicana […] Recordarles que los
tlaxcaltecas colonizaron el norte de la Nueva España –hoy el norte de México y el
sur de Norteamérica–, incluyendo en esta integración el sur: Guatemala, El
Salvador, Honduras”.10
La conversación establecida entre el pintor y el entonces candidato a
gobernador se concretó en la fiesta de la salida de las cuatrocientas familias
tlaxcaltecas a poblar el norte. El guión original de lo que se proyectó como una
representación de teatro de masas fue hecho por el mismo Hernández
Xochitiotzin, además de que contó con la colaboración del gobierno estatal,

7
Desiderio Hernández Xochitiotzin, “Escenificación de la salida de 400 familias de Tlaxcala”, en
Memoria. Coloquio de teatro de Tlaxcala, Tlaxcala, Gobierno del Estado de Tlaxcala, 1996, p. 47.
8
Hernández, “Escenificación”, p. 47.
9
Hernández, “Escenificación”, p. 48.
10
Hernández, “Escenificación”, p. 48.

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particularmente de la Secretaría de Educación de la entidad. Puesto que la salida


de las cuatrocientas familias tuvo lugar el 6 de julio de 1591, para conmemorar los
cuatrocientos años, el mismo día del año 1981 se representó por primera vez la
salida. Sin embargo, se volvió necesario en la representación la explicación del
porqué de la salida de las cuatrocientas familias, lo que remitió a Hernández
Xochitiotzin a desarrollar un acto previo en la representación, que correspondería
a la alianza hispano-tlaxcalteca e incluso a la fundación de la cabecera de
Tizatlán, para ser presentado el año entrante. Así, la representación tuvo que ir
incluyendo pasajes de la historia tlaxcalteca anterior a la conquista, con el fin de
que fuera comprensible la salida de las cuatrocientas familias. La representación
se convirtió en un evento que se incluyó dentro de la agenda de la Secretaría de
Educación del Estado, como una fiesta cívica, a la que asistían los estudiantes de
escuelas públicas.
Ahora bien, debemos tomar en consideración que la salida de las
cuatrocientas familias tlaxcaltecas al norte de Nueva España, como señala
Hernández Xochitiotzin, tiene su razón de ser en la importancia de la alianza entre
españoles y tlaxcaltecas en la conquista de México-Tenochtitlán:

Es muy interesante el tema de la salida de las 400 familias tlaxcaltecas en


el siglo XVI, pero creo que es más interesante el origen de esta
representación. Constantemente, desde principios del siglo XIX e inclusive
a través del liberalismo en boga, siempre se patrocinó el mito ¡de que los
tlaxcaltecas fueron traidores a México! ¿Cuándo México aún no existía?
Este estigma en contra de nosotros, los tlaxcaltecas, esta leyenda
negra que nos molesta constantemente y que se debe a la falta de
información y conocimiento de nuestra historia nacional, nos ocurre con
mucha frecuencia fuera de Tlaxcala e inclusive dentro de nuestra entidad, y
es lanzada por personas que desconocen este pasaje de nuestra historia.
Los tlaxcaltecas no fueron traidores, ¡fueron patriotas que
defendieron con gran valor a su tierra, a su nación, del imperialismo
tenochca, mal llamado azteca!11

La afirmación de Hernández Xoxhitiotzin nos permite analizar varios


aspectos de lo que se ha considerado la traición tlaxcalteca. Por un lado, nos dice

11
Hernández, “Escenificación”, p. 47.

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que el mito de la traición tuvo lugar a principios del siglo XIX y que el entonces
liberalismo en boga se encargó de incrementar. Como señalamos arriba, parece
que una de las primeras acusaciones provino de pobladores de la misma Tlaxcala,
inconformes con la extrema verticalidad del ayuntamiento de la ciudad, y que
aprovecharon la coyuntura específica que significó el Congreso Constituyente de
1823-1824 para acusar de traidora a Tlaxcala. Por otro lado nos dice el muralista
que el liberalismo en boga se encargó de consolidar el mito. Aquí, debemos
remitirnos, más allá de los discursos políticos, a la historiografía misma, que en el
siglo XIX jugó un papel fundamental en la construcción de la idea de nación.12
No podemos aquí hacer un recuento de la historiografía de tintes
nacionalistas que abundó en el siglo XIX, pero podemos dar un ejemplo ilustrativo.
La obra que fue la máxima representante del intento del gobierno por crear una
historia nacional fue la enciclopedia publicada en 1880, México a través de los
siglos. Ésta, publicada en cinco volúmenes, fue dirigida por Vicente Riva Palacio, y
contó con la participación de una serie de personajes especializados en los temas
a tratar. Alfredo Chavero fue quien se encargó del primer volumen que
corresponde a la “Historia antigua y de la conquista”. Pese a que trata de integrar
a México en una historia unificada, la obra tiene la peculiaridad de que da a
conocer toda una serie de datos entonces recientemente descubiertos en archivos
y bibliotecas, sobre todo de la “historia antigua”, pues en esos momentos se
estaban explorando sitios arqueológicos. Veamos entonces qué dice Alfredo
Chavero sobre la postura que tomó Tlaxcala en el siglo XVI con respecto al ataque
español a México-Tenochtitlán:

Decidióse entonces enviar embajada a Tlaxcalla y proponer perpetua y


firme alianza y olvido de los pasados agravios, a condición de unirse todos
para expulsar a los españoles. Los señores de Tlaxcalla oyeron a los
embajadores mexica y después los hicieron salir para deliberar. Cortés, a
su vuelta, había cuidado de ajustar en toda forma alianza con los cuatro
señores Maxixcazin, Xicotecatl, Tzihuacoaatl y Tlahuexolozin. Las bases del
convenio eran: que le diesen socorro y ayuda de gente, armas y comida
para hacer la guerra de México y que él les prometía, en nombre del rey de

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Véanse los dos volúmenes de la colección Historiografía Mexicana, III. El surgimiento y IV. En
busca, publicados por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

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España, darles Chololan con sus pueblos, partir con ellos todo lo que se
conquistase y ganase, que ellos y sus sucesores quedarían para siempre
libres de todo tributo y entregarles la fortaleza que en México se levantara.
Natural era por lo mismo que los señores de Tlaxcalla rechazasen la alianza
de los mexica, a pesar de que la defendió valerosamente el joven
Xicoténcatl Axayacátzin, quien asistía al Consejo como jefe guerrero de los
ejércitos del señorío. Por este motivo es general costumbre acusar a los
tlaxcalteca de traidores. El error ha consistido en tomar por una sola patria
la extensión que forma hoy nuestro actual territorio. En esa tierra había
muchas nacionalidades, si así pueden llamarse, de razas diferentes y sin
ningún punto de contacto entre sí, y en gran número otras, que aunque
procedían de un origen común, constituían gobiernos separados y no pocas
veces enemigos. Tlaxcalla no solamente era una nación completamente
diversa de México, sino contraria constante e incansable de los pueblos del
Anahuac. Llamar a su alianza con los españoles traición, sería lo mismo
que decir traidora a España porque se ligó con los ingleses para combatir a
las huestes de Napoleón, que eran como ella de la misma raza latina.
Confesaremos sí que hubo gran torpeza; los tlaxcalteca debieron
comprender que a la pérdida de los mexica era segura la suya y que las
promesas de Cortés se desvanecerían como el humo, cuando triunfante
conquistador no necesitara ya de ellos: bajo este concepto debemos dar la
razón a Xicotencatl el mozo.13

Aunque en el fondo podemos notar una tendencia a ver la historia de


México como la que devino de la derrota de los antepasados mexicas, Chavero es
claro al decir que “es un error tomar por una sola patria la extensión que forma hoy
nuestro actual territorio”. El error que afirma Chavero sería en realidad tomar por
una sola nación la extensión del actual territorio, si nos atenemos a cómo definen
tanto Lomnitz como Tenorio los conceptos de patria y nación.
Otro aspecto interesante de la narración de Chavero es la comparación que
se hace de la alianza hispano-tlaxcalteca con la hispano-inglesa para combatir a
Napoleón. Pese a la similitud del origen racial latino entre Francia y España, se dio
la alianza latino-anglosajona para combatir a Bonaparte. En el momento que
Chavero escribió su capítulo para México a través de los siglos el tema racial
ocupaba un lugar importante en la discusión de los círculos intelectuales del
porfiriato; la influencia de la obra de Herbert Spencer es una constante en la obra
de autores mexicanos. Por otro lado, la esencia nacionalista del discurso de

13
Vicente Riva Palacio, México a través de los siglos, México, UAM Azcapotzalco, INAOE, 2007,
CD-ROM Tomo I, libro 5, capítulo IX.

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México a través de los siglos se hace manifiesta al reconocer que hubo una gran
torpeza en la decisión de los tlaxcaltecas de aliarse con los españoles, pues su
posterior sometimiento estaba garantizado.
Podemos decir entonces que en Tlaxcala ocurrió un proceso de
construcción de una identidad a lo largo de su historia particular. Siguiendo a
Collin, podemos decir que la identidad es subjetiva, relativa y situacional, y la
subjetividad misma de la identidad le otorga su carácter de estar socialmente
construida. La identidad “selecciona identificadores, diferenciadores y
jerarquizadores” que son constituidos por rasgos diacríticos que son arbitrarios de
por sí, es decir, que se seleccionan solo algunos actos y conductas como propios
y compartidos, mientras se desechan otros, sólo que con el tiempo y la reiteración,
se convierten en condicionantes de la conducta.14

Obviamente [el depositario material de donde se toman estos rasgos


característicos] no radica en los sujetos privados y su individualidad. Es
preciso buscar el material en un progreso común y este remite a la memoria
histórica, que es y siempre será una memoria construida. Memoria que
proporciona héroes, antihéroes, arquetipos y prototipos. En los procesos de
construcción de la identidad social, la reflexión sobre el pasado ocupa un
papel sustantivo. Los identificadores se eligen precisamente, de entre las
conductas compartidas, y estas se vinculan y se justifican casi siempre en
términos históricos.15

Así es como lo tlaxcaltecas, ayudados por figuras como Hernández


Xochitiotzin y diferentes gobernadores de la entidad construyeron una identidad en
contraposición a la identidad nacional, que generalizó la percepción de que
Tlaxcala había participado del lado español en la conquista de México-
Tenochtitlán y por lo tanto no había defendido a los primeros mexicanos.
En 1982, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (CONALITEG),
dependiente directa de la Secretaría de Educación Pública, imprimió monografías
de todos los estados de la República, que se convirtieron en valioso material de
consulta y desembocaron, 20 años después, en la producción de libros de texto

14
Laura Collin Harguindeguy, “Identidad regional y fronteras étnicas: la historia de la conquista
según los tlaxcaltecas”, en Scripta Ethnologica, XXVIII (2006), p. 31.
15
Collin, “Identidad regional”, p. 31.

ISBN: 978-607-9348-75-5
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regionales para cada entidad en las materias de historia y geografía. Este fue el
primer intento oficial de fomentar la historia tlaxcalteca en el estado y, al provenir
la iniciativa del gobierno federal, les permitía a los tlaxcaltecas ofrecer su versión
de la historia en contraste con la historia nacional. Tlaxcala. Antiguos volcanes
vigilan los llanos fue el nombre del primer libro de texto cuya autora fue Mercedes
Meade de Angulo, una historiadora local, pero que contó con la participación de
historiadores locales y de personalidades como Hernández Xochitiotzin. Al narrar
la primera incursión y derrota de los españoles en México-Tenochtitlán, Meade
nos dice:
Los españoles huyeron hacia Tlaxcala y en el camino murieron casi todos
los aliados tlaxcaltecas que los acompañaban. A su llegada fueron bien
recibidos. Allí pudieron reponerse de las heridas y además preparar
minuciosamente la campaña con la que sitiarían y destruirían finalmente
Tenochtitlán. Permanecieron en las casas de Xicohtencatl y Maxixcatzin,
con los que Cortés celebró una alianza militar, haciéndoles muchas
promesas si obtenía la victoria.
Los mexicas, mientras tanto, enviaban embajadores a todos los
pueblos solicitando ayuda y alianza en contra de los españoles. Ofrecían a
cambio perdónales el pago de tributos y devolverles propiedades. Pero
ocurrió que la mayoría de los pueblos se alegraban de contemplar la
desgracia de los aztecas, sus tradicionales enemigos. Conocedores de ese
sentimiento, los jefes de Tlaxcala se reunieron y decidieron apoyar a los
hispanos.16

Para Meade, la alianza no se llevó a cabo sino después de la primera


derrota española, pero en ésta ya había algunos aliados tlaxcaltecas. También
resulta interesante el modo cómo aborda la alianza: para cuando los mexicas
querían aliarse para combatir a los españoles, los demás pueblos estaban alegres
por ver derrotado al imperio mexica, que los tenía sometidos. La autora maneja
cautelosamente la alianza hispano-tlaxcalteca, sin entrar a la discusión de la
traición, pero es muy clara al afirmar que los pueblos, incluido Tlaxcala, estaban
hartos y veían con alegría la derrota de los mexicas. Así, con el proceso de
descentralización educativa que el gobierno federal llevó a cabo, se abrió una
oportunidad para que los tlaxcaltecas se hicieran de los recursos del sistema

16
Mercedes Meade de Angulo, Tlaxcala. Antiguos volcanes vigilan los llanos, México, Secretaría
de Educación Pública, 1982, pp. 59-60.

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educativo nacional, para fomentar la versión de la historia en que sus antepasados


jugaban un papel diferente en la conquista de México-Tenochtitlán, cuyo actuar
fue crucial para el establecimiento de la nación mexicana y de su particular
autonomía histórica.17

Conclusiones
La visión tlaxcalteca de la historia ha estado en construcción de manera paralela a
la historia nacional, aunque no había tenido el apoyo del gobierno estatal sino
hasta mediados del siglo pasado. Tanto Hernández Xochitiotzin como un gran
número de personalidades que colaboraron con los gobernadores priístas del
estado, en la construcción de la identidad tlaxcalteca en contraposición a la
nacional por medio del discurso histórico, participaron de algo que Lomnitz llama
“ideología localista”:

El papel de la ideología es crucial en el proceso de construcción de las


culturas de relaciones sociales y de los grupos de identidad en base a
culturas íntimas.18 La cultura de relaciones sociales no es un idioma o una
mitología que pueda considerarse como separada o separable de las
culturas íntimas, por otra parte, las fronteras étnicas también suelen
construirse sobre la base de culturas íntimas. Al mismo tiempo, y en forma
llamativa, la cultura de relaciones sociales tiende a favorecer el punto de
vista de la clase regional dominante: ello se debe a que dicha clase suele
controlar los marcos de interacción en que se produce la cultura de
relaciones sociales que corresponde a unos intereses de clase contrarios,
en mayor o en menor medida, a los de la cultura íntima. A estas ideologías
que tratan de la naturaleza y de la ubicación de una cultura íntima en la
sociedad, las llamaremos “ideologías localistas”.19

La Representación de la salida de las cuatrocientas familias, así como el


mural de Hernández Xochitiotizin materializaron la ideología localista, y por ende

17
Alberto Arnaut Salgado, La federalización educativa en México: historia del debate sobre la cen-
tralización y la descentralización educativa, 1889-1994, México, El Colegio de México, CIDE, 1998.
18
“Para evitar la confusión que se produce al hablar directamente de culturas de clase, propongo el
concepto de ‘cultura íntima’ como el conjunto de las manifestaciones reales, regionalmente dife-
renciadas, de la cultura de clase. La cultura íntima es la cultura de una clase en un ambiente regio-
nal específico”. Lomnitz, “Conceptos para el estudio de la cultura regional”, en Las salidas del labe-
rinto. Cultura e Ideología en el espacio nacional mexicano, México, Joaquín Mortíz, Planeta, 1995,
p. 46.
19
Lomnitz, “Conceptos”, en, Las salidas del laberinto p. 53.

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plantearon una constante resistencia en contra de las ideologías de centralidad, es


decir, un discurso de historia nacional planteado desde el centro, como lo es la
historia oficial mexicana. Al reelaborar la relación entre Tlaxcala y el centro de
poder, en este caso la nación, la elite tlaxcalteca consiguió consolidar y fomentar
su ideología localista, la de una Tlaxcala como cuna de la nación, partícipe
trascendental del mestizaje y del poblamiento del norte de la entonces Nueva
España.20
Por otro lado es importante hacer énfasis en el medio como se construyó y
reprodujo el imaginario de la versión tlaxcalteca de la historia. Aquí el mural como
lenguaje visual presupone que los significados son creados y negociados dentro
de una comunidad que comparte un sistema público de símbolos. El mural de
Hernández Xochitiotzin se convirtió en una referencia obligada para la historia de
los tlaxcaltecas, por lo que dentro del imaginario social tlaxcalteca, muchos de los
pasajes pintados son dados por ciertos, lo que provee una justificación para la
conducta de los habitantes. La historia en México como nos dice Tenorio, nació
para ser primero exhibida y luego enseñada, dado el conjunto de sociedades
heterogéneas que conforman México, por lo que la narración de la versión
tlaxcalteca de la historia mediante el mural de Hernández Xochitiotzin ha jugado
un papel fundamental en la percepción de la historia tlaxcalteca.
Finalmente, sería la construcción de un discurso más abierto por parte de la
Secretaría de Educación Pública, con la ayuda de las secretarías estatales
mediante la política de descentralización educativa, sumado a la participación de
especialistas de varios estados de la república en la elaboración de los libros de
texto lo que permitiría, desde una perspectiva del centro, ampliar el horizonte de
los hechos históricos a versiones diferentes a las construidas a partir de la
necesidad de inventar y consolidar un discurso nacionalista de la historia de
México. Por otro lado, correspondería a los tlaxcaltecas, en especial a las elites
que conforman esa ideología localista, contribuir desde su trinchera a la
construcción de un discurso sobre la historia de Tlaxcala más acorde a las

20
Lomnitz, “El centro, la periferia y la dialéctica de las distinciones sociales en una provincia mexi-
cana”, en Modernidad indiana. Nueve ensayos sobre nación y mediación en México, México, Pla-
neta, 1999, pp. 151-186.

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necesidades presentes a nivel local, y enmarcados en la inserción de la entidad en


el Estado-nación mexicano. Atrás debería quedar el trauma que provoca la
dicotomía entre conquistadores y conquistados, traidores y leales que sigue
determinando la historia y el devenir del Estado-nación mexicano, para ser
concebido como la nación heterogénea que es.
Fuentes utilizadas:
Hemerografía:
El Sol. El diario Político y Literario, 1823.

Bibliografía:
Arnaut Salgado, Alberto, La federalización educativa en México: historia del
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1994, México, El Colegio de México, CIDE, 1998.

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Lomnitz, Claudio, “Conceptos para el estudio de la cultura regional”, en Salidas del


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Lomnitz, Claudio, “El centro, la periferia y la dialéctica de las distinciones sociales
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Lomnitz, Claudio, Deep Mexico, Silent Mexico. An Anthropology of Nationalism,


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En línea:
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