Sunteți pe pagina 1din 13

La homilía de Betania

1.- LOS QUE VIVIMOS EN LA ABUNDANCIA TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE ATENDER


A LOS QUE PASAN NECESIDAD

Por Gabriel González del Estal

2.- ¿CÓMO NOS COMPORTAMOS CON NUESTRO PRÓJIMO SUFRIENTE?

Por José María Martín OSA

3.- EL TRIBUNAL DE DIOS NO ADMITE COMPONENDAS

Por Antonio García-Moreno

4.- DOS OPCIONES TENEMOS: DIOS O NADA

Por Javier Leoz

5. - PACIENCIA Y DELICADEZA

Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

AL FREIR SERÁ EL REÍR…

Por Pedrojose Ynaraja

1.- LOS QUE VIVIMOS EN LA ABUNDANCIA TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE ATENDER


A LOS QUE PASAN NECESIDAD

Por Gabriel González del Estal

1.- Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo
llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que
caía de la mesa del rico. Esta parábola, llamada del rico Epulón y el pobre Lázaro, la conocemos
suficientemente tal como está escrita en el evangelio de Lucas. Yo prefiero olvidarme un poco del
texto y tratar de aplicar la parábola a nuestro tiempo. Porque somos muchos los que vivimos sin
que nos falte físicamente de nada para poder vivir con dignidad. Realmente podemos decir que
vivimos en la abundancia. Lo importante, como cristianos que somos, es que no vivamos sin ver a
los que pasan necesidad. A Lázaros, como el de la parábola, es posible que no veamos ninguno
junto a las puertas de nuestras casas, pero conocer a personas que viven en auténtica necesidad
física seguro que sí conocemos a más de una. Personas o situaciones concretas. ¿Qué hacer?
Ayudarles de la mejor manera que podamos. Seguro que la mayor parte de nosotros sí podemos
ayudar a los necesitados. Si no nos resulta fácil hacer limosna a alguna persona concreta, seguro
que conocemos alguna institución caritativa con la que podemos colaborar. Ya san Pablo nos decía
que si sabemos vivir con sobriedad, seguro que siempre encontraremos algo para dar a los
necesitados. Él se ponía de ejemplo: con mis propias manos, decía, he procurado siempre ganar el
pan que como, y he tenido siempre algo con que he podido ayudar a otros. Después de leer, en este
domingo, la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, todos nosotros debemos hacer el
propósito de ser sobrios con nosotros mismos y generosos con los demás, especialmente con los
necesitados. Yo creo que esa fue la intención que tuvo Cristo cuando puso esta parábola a los
fariseos.

2.- Esto dice el Señor omnipotente: ¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión… se acuestan
en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes…, pero no se conmueven para nada por la ruina
de la casa de José. Estas palabras de profeta Amós, el pastor de Tecoa, escritas unos quinientos
años antes de Cristo, nos mandan a nosotros el mismo mensaje que nos da la parábola de Cristo a
los fariseos sobre el rico Epulón y el pobre Lázaro. Y, desgraciadamente, hoy día, más de dos mil
años después de Cristo podríamos repetirlas nosotros con un lenguaje distinto, pero con el mismo
contenido y mensaje. La sociedad actual sigue poniendo el dinero y la buena vida por encima de
todo lo demás. No es ese el mensaje que vino a traernos Cristo a este mundo, predicando el reino
de Dios. Realmente, ¿los cristianos, en nuestro apego al dinero, en nuestras ganas del bien vivir, y
en nuestra atención a las personas necesitadas, nos parecemos mucho a los “hijos de este mundo”?
A la luz de la parábola del rico Epulón. y el pobre Lázaro y del texto del profeta Amós, debemos
hacer nosotros, hoy, en este domingo, un examen de conciencia sincero y comprometido.

3.- Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. San
Pablo, en esta su epístola a Timoteo, y en otros muchos de sus escritos, nos dice muy bien cuál
debe ser el comportamiento de los cristianos respecto al dinero, a la justicia, a la ambición, y al
comportamiento que debemos tener siempre con las personas necesitadas. Seamos, pues, sobrios
en nuestros gastos personales y generosos en nuestro comportamiento con los demás,
especialmente con los más necesitados.

2.- ¿CÓMO NOS COMPORTAMOS CON NUESTRO PRÓJIMO SUFRIENTE?

Por José María Martín OSA

1.- No hay caridad sin justicia. San Pablo en la Primera Carta a Timoteo anima a la práctica de
varias virtudes: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Es curioso, pero la
primera de todas es la justicia. No hay caridad (amor) sin justicia, la piedad desligada de la justicia
puede ser falsa, la fe que no se traduce en obras está muerta, la paciencia y la delicadeza no son
enemigas de la denuncia y del compromiso solidario con los oprimidos. La parábola llamada del
"Rico Epulón y el pobre Lázaro" es propia de Lucas. Junto a la llamada del "Hijo Pródigo"
constituyen la base de la teología de lucana. Si la parábola del "Hijo Pródigo" pone su acento en la
misericordia de Dios, la de este domingo señala la justicia de Dios, derivada de su misericordia.
En realidad, el rico en la parábola no tiene nombre, el pobre sí: Lázaro. Quizá es una forma de
manifestar que el más importante no es siempre el que se piensa, pues Dios hace una opción por
aquél que lo está pasando mal. El rico no se daba cuenta del sufrimiento de Lázaro aquí abajo. Sin
embargo, lo reconoce en la estancia de los muertos. ¿Es necesario que las cosas vayan mal para
que nos demos cuenta de nuestra ceguera con respecto a nuestro prójimo sufriente?

2.- ¿Qué hacemos nosotros? En las dos ocasiones que el evangelio habla del juicio final se hace
alusión a nuestro comportamiento con el prójimo, no a nuestro cumplimiento de la ley. ¿Cómo
podríamos hacer una adaptación actual de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro? Puede
ser ésta: En un país de África, en una zona devastada por la guerra y la sequía, vivía un pobre
hombre que se moría de sed y de hambre. Su aspecto escuálido apareció un día en el telediario.
Era una imagen desagradable que "estropeaba" la opípara comida que cada día disfrutaba la
familia. Tras las imágenes de la orgía disoluta de la "gente del corazón", parecía de mal gusto que
las agencias internacionales sirvieran esta escena. Nadie sabía dónde estaba exactamente ese país,
pues África es un continente desconocido para la gran masa. Y ya se sabe... lo que no sale en los
medios de comunicación, no existe. Pero ese día la noticia produjo un escalofrío en todos los
miembros de la familia. Pero duró sólo un instante, pues a continuación entraba el presentador de
la sección de deportes comentando la catástrofe que estaba ocasionado en el club más laureado del
siglo XX el mal juego exhibido por el equipo.

Durante más de diez minutos esta noticia y sus comentarios correspondientes ocupó la pantalla del
televisor. La otra imagen, la del pobre desnutrido, pronto se borró de la memoria de toda la
familia. No se volvió a saber nada de aquél hombre, pero la realidad es que murió unas horas
después. Muchas familias lo vieron, pero sólo alguna reaccionó. ¿Qué les dirá nuestro Padre del
cielo cuando lleguen a las moradas eternas? ¿Qué justificación a su indolencia podrán aducir todos
aquellos que vieron el telediario? Seguro que el Padre abriría las puertas de su mansión a aquel
pobre hombre hambriento.

3.- Luchar contra la injusticia y la desigualdad. La parábola no invita a la pasividad, pues al fin y
al cabo algunos dirán que el hombre hambriento será acogido por el Padre. Las lecturas denuncian
la desigualdad y el injusto reparto de las riquezas que es mayor cada día. ¿Cómo puede justificarse
que el 1 % de la población rica posee más que el 57 % restante, o que las 358 personas más ricas
del mundo disfruten de una renta superior a 2.600 millones de personas. Los bienes de la tierra
están mal repartidos y esto es una injusticia sangrante. Dios quiso el destino universal de los
bienes, que han sido creados por Dios para que puedan disfrutarlos todos los hombres. Si en
alguna parte del mundo hay hambre, entonces nuestra celebración de la Eucaristía queda de algún
modo incompleta en todas partes del mundo. En la Eucaristía recibimos a Cristo hambriento en el
mundo. Él no viene a nosotros solo, sino con los pobres, los oprimidos, los que mueren de hambre
en la tierra. Por medio de Él estos hombres vienen a nosotros en busca de ayuda, de justicia, de
amor expresado en obras. Como señaló en cierta ocasión el P. Arrupe, no podemos recibir
dignamente el pan de Vida si al mismo tiempo no damos pan para que vivan aquellos que lo
necesitan, sean quienes sean y estén donde estén. Porque el mundo es, hoy día, una aldea global en
la que todos somos conciudadanos. ¿A qué me comprometo yo cuando recibo la Sagrada
Comunión? Es una pregunta exigente y vital. Y también apremiante…. Quiera Cristo, a quien
recibimos, dar a cada uno de nosotros la valentía para no rehusar este don de nosotros mismos, no
echarnos atrás ante él, no ponerle límites. Ojalá seamos nosotros tan generosos con él, como Él lo
es con nosotros.

2.- ¿CÓMO NOS COMPORTAMOS CON NUESTRO PRÓJIMO SUFRIENTE?

Por Antonio García-Moreno

AUTODESTRUCCIÓN. "Esto dice el Señor Todopoderoso: ¡Ay de los que se fían de Sión,
confían en el monte de Samaría!" (Am 6, 1). La palabra de Amós sigue sonando con rabia. Son
acentos duros, acentos que queman, que escuecen, que hieren en lo más vivo. Hoy su protesta es
contra los que confiaban en Dios, pensando tenerlo propicio por el sólo hecho de que su templo
estuviera sobre el monte Sión en Jerusalén, o sobre el monte Garizim, en Samaría. Se fiaban de
sus prácticas religiosas, creyendo que dando culto a Dios ya se podía faltar, impunemente, a los
más sagrados deberes de justicia y de caridad.

Son situaciones que no han pasado, situaciones que todavía se dan. Sí, hay quienes piensan que
con asistir a Misa, con comulgar de cuando en cuando, con rezar determinadas oraciones o dar
algunas limosnas, ya está todo arreglado. Y viven completamente al margen de lo que es el camino
señalado por Dios, seguros de que al final todo se solucionará, de que habrá tiempo de
arrepentirse. Y mientras llega ese momento, tan lejano al parecer, viven como paganos, sin pensar
más que en sí mismos.

"Os acostáis en lechos de marfil, tumbados en camas; coméis los carneros del rebaño y las terneras
del establo…" (Am 6, 4). Amós es un hombre de campo, rudo y recio, acostumbrado a las
inclemencias del tiempo, curtido por el viento y el sol del desierto. Por eso tiene una sensibilidad
especial para reaccionar contra toda aquella molicie que contemplan sus ojos. Y se querella contra
esa vida fácil y comodona de sus coetáneos, les echa en cara su culto al confort, su vida
aburguesada y muelle.

Son hombres que no luchan, que no se esfuerzan, que no son capaces de enfrentarse con la
dificultad, que la soslayan, escogiendo el camino más ancho... El confort excesivo destruye al
hombre, le corrompe, le pudre. El que no está habituado al sacrificio acaba convirtiéndose en un
hombre inútil, débil, un ser derrotado antes de la lucha. Si no hay esfuerzo, no hay fortaleza. Y sin
fortaleza el hombre no puede realizarse, salvarse a sí mismo. El que no pone empeño en la vida,
acabará prematuramente sumergido en la muerte.

EL MÁS IMPORTANTE AVISO. "Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal…"
(Lc 16, 20). Jesús actuaba y hablaba con plena franqueza, decía con libertad lo que tenía que decir,
tanto a los de arriba como a los de abajo, tanto a los ricos como a los pobres. Tocaba, además,
todos los temas. En muchas ocasiones sus palabras aquietan el alma, en otras inquietan al hombre.
Habla de premio pero también de castigo. Nos refiere cuán grande es el amor y la misericordia del
Padre, pero nos advierte también cuán terrible es su ira y su eterno castigo. Él nos quiere
transmitir la verdad, pero toda la verdad, esa que nos hace libres y nos redime si la aceptamos con
el entendimiento y la acatamos con la voluntad, luchando para que toda nuestra vida se acople a
las enseñanzas del Evangelio.

Hoy nos habla el Señor de aquel ricachón que se daba la gran vida, sin reparar siquiera en el pobre
Lázaro que mendigaba a la puerta de su casa, ávido de recibir unas migajas de las muchas que se
caían de la mesa del epulón. Sólo los perros se le acercaban para lamerle las llagas. El hombre rico
estaba tan abismado en sus negocios y en sus francachelas que no veía, porque no quería ver, la
miseria que rodeaba su grandeza. Pero la muerte iguala al poderoso y al débil. Ambos murieron y
ambos fueron enterrados. El uno con gran pompa y festejos, el otro de modo sencillo. Uno fue a
reposar en un gran nicho de mármol, el otro en la blanda tierra. Sin embargo, tanto uno como otro
fueron pasto de los gusanos y la podredumbre. Sus cuerpos, que sin nada llegaron a la tierra,
despojados volvieron a ella. Pero ahí terminaba su historia, pues, digan lo que digan, en el hombre
hay un algo distinto de los animales, y ese algo se llama alma inmortal.

El tribunal de Dios no admite componendas, no hace distinciones entre el rico y el pobre. Sólo
mira en el libro de la vida donde se hallan escritas las buenas y las malas acciones. Según sea el
balance, así es la sentencia. Aquel que en su abundancia se olvidó de la necesidad ajena fue
arrojado al infierno, el que nada tuvo y aceptó con humildad su pobreza fue llevado por los
ángeles al descanso y la paz. Es verdad que no podemos hacernos una idea clara del infierno, ni
tampoco del cielo. Pero lo cierto es que ambas realidades existen y que en una se sufre lo
indecible y sin remedio, mientras que en la otra realidad se goza plenamente y sin fin. Casi
siempre se habla del fuego, también del llanto y las tinieblas, de la desesperación que hace
rechinar los dientes, de la sed insaciable, de la separación definitiva de la imposibilidad de amar y
de ser amado. Es la más terrible amenaza, el último y tremendo recurso que el Amor, sí el Amor,
tiene para atraernos y salvarnos. Es verdad que la lejanía de ese castigo, aunque quizá sea mañana,
nos puede dejar indiferentes. Peor para nosotros. Luego no diremos que nadie nos avisó.

4.- DOS OPCIONES TENEMOS: DIOS O NADA

Por Javier Leoz

Al hilo del evangelio del domingo pasado, el de este día, nos pone frente a frente con una de las
realidades que más palpamos: nos desenvolvemos con tal facilidad en el mundo postizo, en lo
práctico, en lo que se ve, tan en la fácil sensualidad…que hemos perdido cierta visión de lo divino
o de lo eterno.

Hoy, al meditar la Palabra del Señor, no podemos correr el riesgo de pensar (o reducir la liturgia
de este día) en aquello de “siempre han existido pobres y también ricos”.

Vayamos más al fondo: lo material, el cariño por el capital nos impide llegar a Dios. Cuando el
hombre se empeña en vivir más allá de sus propias posibilidades y a todo tren, se deshumaniza.
Nunca como hoy, el ser humano, ha tenido tanto y nunca, como hoy, -ahí están las estadísticas- las
personas soportan desencanto, ansiedad, depresión o recurren a otras salidas porque, la vida, se les
hace insípida, dura, inmisericorde, tremendamente pesada. ¿Qué hacer?
1.- Es bueno, como nuevos “epulones” mirar al cielo. ¡Mándanos un rayo de tu luz, Señor! Para
que descubramos las sombras, los riesgos, las hipotecas y la oscuridad que brota de la simple
materialidad.

Es bueno, como nuevos “epulones” exclamar a lo más alto del cielo: ¡Mójanos, Señor, el paladar!
Para que podamos saborear de nuevo el gusto de la Eucaristía. Para que no olvidemos que, tu
Palabra, es el mayor tesoro por descubrir en nuestro caminar por la tierra.

Dos opciones tenemos como cristianos: o acoplarnos a Dios o despegarnos de las cosas. Las cosas,
a una con nuestro propio fin, dejan de servirnos. Dios, antes y después de nuestra partida, estuvo,
está y estará esperándonos. ¿Con qué nos quedamos? ¿Con quién nos quedamos?

2. Hoy, ser creyentes, implica el optar. Los escaparates nos seducen, nos anuncian, nos engañan,
nos venden. La fe, por otra parte, nos hace discernir, nos lleva a la verdad, nos enfrenta a nuestro
propio yo. Hay que mirar al cielo aún a riesgo, desde la barrera, de dejar de lado dulces que
embaucan pero que no nos dejan ir al fondo de las grandes verdades.

Hoy, ser creyentes, exige el vivir con las antenas levantadas. ¡Recibimos tantas ofertas! ¡Tenemos
tantas tentaciones de abandonar!

Pero, ahí reside y empieza nuestra grandeza; no hemos visto al Señor pero creemos en El; no lo
hemos tocado, pero lo sentimos cerca; no lo hemos escuchado, pero su Palabra suena con timbre y
nítidamente en muchas circunstancias y en otros tantos momentos de nuestra existencia.

3.- Amigos; no vendamos a Jesús por lo que el mundo, en contrapartida engañosa, nos ofrece.
Entre otras cosas porque, el fiarse hoy del Señor, como lo han hecho miles y miles de hombres y
de mujeres en la historia cristiana, nos abre todo un horizonte en el futuro. Un mañana cierto, una
patria definitiva donde veremos cara a cara lo que celebramos y vivimos hoy en esta Eucaristía.

Que el Señor, riqueza y motor de nuestro existir, nos haga levantar nuestros ojos al cielo aun
teniendo los pies bien asentados en la tierra.

Que nuestra actitud, independiente de la situación económica en la que nos encontremos, sea la de
unas personas abiertas a Dios; solidarias con los más necesitados y conscientes de que, lo efímero,
jamás puede eclipsar el don de la fe.

4.- NO SEA YO, EPULÓN, SEÑOR

Que no me ciegue la riqueza

Que mi existencia no dependa de lo que aparentemente veo

Que no me cierre a tu presencia


Que no viva de espaldas a las necesidades de mis hermanos

Que guarde la actitud del asombro que produce la fe

Que cuide mi riqueza interior más que la exterior

Que no me resista a vivir como quien sabe que es un peregrino

Que no olvide de mirar al cielo todos los días

Que no olvide de volver mis ojos a la tierra, todos los días

NO SEA YO, EPULÓN, SEÑOR

Si estoy frío, calienta mi espíritu

Si vivo de espaldas a tu Palabra, vuélveme en la dirección adecuada

Si soy insensible a tu llamada, háblame de nuevo

Si estoy sordo, ábreme mi oído

Si escucho demasiado al mundo, llévame al oasis del silencio

SI estoy pendiente de los mil tesoros, hazme descubrirte como el más valioso

NO SEA YO, EPULÓN, SEÑOR

Y cuando llegue el día de partir,

encuéntrame dispuesto

Y cuando llegue el momento de morir,

hazme vivir en Ti

Y cuando llegue el instante de dejarlo todo,

que sienta pena de aquello que, por falta de tiempo,


no me dio lugar a poder ofrecer.

Amén.

5. - PACIENCIA Y DELICADEZA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - "Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza",


dice Pablo de Tarso. Hay siempre unos matices de gran relieve en los escritos de Pablo. En la
Segunda Carta a Timoteo, que se lee en este Vigésimo sexto Domingo del Tiempo Ordinario, nos
ofrece todo un programa. Tiene, incluso, mucho sentido consignar de final al principio esas
virtudes. Delicadeza, paciencia, amor, piedad, justicia. San Pablo que era un hombre de
extraordinaria fortaleza y empuje estaba "tocado" por la acción del Espíritu que es quien da esos
brillos importantes a nuestra alma. Necesitamos paciencia y delicadeza para tratar justamente al
prójimo y será nuestro amor hacia él –y, por tanto, a Dios— lo que nos incline a una auténtica
piedad. No es esto un juego de colocación caprichosa de unas mismas palabras. Se trata de un
contenido vital al que se accede tras buscar santidad en nuestras vidas. No solemos situar al
principio de nuestros habituales comentarios las palabras de la Epístola, porque, obviamente,
siempre será más profunda la "lección" del Evangelio, pero no es posible sustraerse a la belleza
espiritual de los textos de Pablo con su concreción en el camino para una mejor conducta nuestra.

2. - Es San Lucas un relator del amor a los hermanos y, por tanto, de la necesidad de una mayor
equidistancia en cuanto a poder y riquezas respecto a ellos. Pero en la parábola del pobre Lázaro
hay mucho más que ese camino de justicia referido a las necesidades de los hermanos que nos
pide el seguimiento de Cristo. Aparece el diálogo entre lo cotidiano y el más allá. El rico Epulón
pide al padre Abraham que descienda un muerto para que convenza a sus hermanos de que tomen
el camino adecuado. Abraham va a contestar que no creerán a un resucitado y, ciertamente, así va
a ser. La Resurrección de Cristo sirvió para impulsar el camino de la Iglesia, la continuidad en la
Redención de sus discípulos. Pero aquellos que le condenaron, le torturaron y le asesinaron iban a
quedar donde estaban. No se convirtieron en su gran mayoría. Es cierto que el Señor no buscó
aparecerse a todos y lograr sobre el Israel de entonces una generalizada y maravillosa
manifestación del poder de Dios. Sin embargo, todo el que quiso creer, creyó. Es decir, las
apariciones de Jesús se multiplicaron dé tal manera que era difícil sustraerse a ellas. Habla Pablo
de que se apareció a más de quinientos, después de personalizar con nombres otro buen número de
apariciones. Más de quinientos testigos en un ambiente tan interrelacionado como podía ser
Jerusalén –incluso toda la Galilea— armarían suficiente "ruido". Pero no sirvió para que muchos
de sus coetáneos cambiaran. Y en cuanto a los signos prodigiosos que Jesús realiza durante su
predicación tampoco sirvieron, aunque ellos produjeron un auténtico clamor popular.

3.- Es también San Lucas el único entre los autores sinópticos de los Evangelios que narra la
parábola del Rico Epulón y el Pobre Lázaro. Su contenido no puede ser más claro. En la vida
futura se premiará la adversidad de los pobres y se castigarán los excesos de los ricos. Todo ello
nos puede parecer excesivo o, incluso, un tanto demagógico. Sin embargo, el amor de Jesús a los
pobres es una clara consecuencia del amor del Padre por los más débiles. A su vez, se presenta
siempre la riqueza como algo repartible. Y en la que es necesaria la acción de compartir. El pobre
Lázaro no tiene más consuelo que el de la caricia de los perros que vienen a lamerle las heridas.
Un poco –muy poco— de lo que sobraba en la rica mesa de Epulón –no conocemos el nombre del
rico vestido de lino y púrpura ya que Epulón significa rico en griego— hubiera servido para
cambiar la vida de Lázaro. No fue así.

4.- Nuestro comportamiento hacia los pobres solo puede estar impregnado en deseos de ayudar
inmediatamente, sin más argumentos. Es frecuente ver en las calles de las ciudades españolas, en
las encrucijadas, donde se detienen los automóviles ante las luces de los semáforos, muchas
personas –diferentes y variopintas— que nos piden algo. Hay desde los jóvenes arruinados por la
heroína hasta emigrantes de los países pobres que piden ayuda incluso con falsos argumentos
políticos. Puede pensarse que el dinero que damos al adicto de la heroína irá a parar a los
traficantes, pero tal vez sirva para comprar un bocadillo. Es igual que cuando rechazamos dar
limosna al "clásico" pobre borrachín. No necesariamente las monedas que damos se han de
convertir en vino. Además, la larga crisis económica que sufrimos y que está a punto de cumplir
siete años –terribles— ha traído muchos deterioros y muchas ruinas. No se trata tanto de
contemplar el buen fin de los donativos, como la urgencia perentoria de ayudar a mucha gente.

5.- Hay otras consideraciones respecto a la pobreza. La acumulación rápida y grande de riquezas
siempre suele responder a prácticas de abuso. La crisis financiera que nos machaca ha sido obra de
la avaricia y esto va mucho más lejos que el deseo de lucro. Puede tratarse siempre de la
explotación del hombre por el hombre y eso es intrínsecamente malo. Se puede, entonces, ser más
pobre porque, mediante el uso de la fuerza, otros han conseguido más riquezas. Y así el castigo del
rico de la parábola no se debe solo al despilfarro y a la falta de ayuda para Lázaro, porque aun
siendo muy importante la base más negativa está en que se ha impedido que Lázaro tuviese acceso
a más bienes.

6.- Entre las gentes que viven en sintonía la Iglesia católica permanecen dos tendencias
contrapuestas, que incluyen algunos excesos. Estaría, de un lado, una especie de adoración
vindicativa de la pobreza que considera que solo se puede ser cristiano "completo" siendo pobre.
Desde la otra orilla aparecerían los enemigos del "pauperismo" los cuales considerarían a los
pobres como unos imbéciles o unos desalmados incapaces de ganarse la vida y alejados de la
lucha por la "sana" competencia. No es eso. Ni por una parte, ni por otra. Hemos oído la misa
dominical de la semana pasada el consejo –claro y directo— de Jesús sobre que no podemos amar
al mismo tiempo a Dios y al dinero. La adoración por el dinero existe y mediatiza todo lo demás.
Por ello, la única posibilidad es compartir y hacerlo activamente.

7.- Siguiendo con actitudes de los cristianos respecto a la pobreza o a la ayuda a los demás hay
otras actitudes que también pueden ser imperfectas si se exageran. Es útil que se ponga a
disposición de la Iglesia –a través de nuestra parroquia o diócesis— de dinero o recursos
suficientes para que ésta cumpla su misión. En este sentido, es posible que la mejor ayuda
destinada a los pobres vaya conducida a través de Cáritas dentro de sus amplios sectores de
actuación. Pero volviendo a lo anterior, tampoco nosotros podemos obviar la ayuda inmediata,
perentoria o aquella que te impulsa a acometer el corazón... o el Espíritu. Y es que no sabremos
nunca bien, si alguno de esos pobres que se nos acercan, aunque algunos tengan un aspecto feo y
despreciable, no sea el mismo Cristo. El remedio "calculador" es dar a todos un poco -un poquito-
de lo que ese día llevamos en el bolsillo.

8.- Como se verá la coincidencia argumental de los textos evangélicos de las últimas semanas nos
llevan a ese camino social y solidario entre hermanos. La idea que se percibe es que un cristiano
convencido debe ir soltando amarra respecto a posiciones egoístas o duras. El hermano no es el
enemigo. Vivimos tiempos difíciles en los que se ha consagrado la idea de una lucha por auparse
por encima de los demás. Y esto no es así. Un buen profesional intentará triunfar. Ser el mejor.
Llegar al reconocimiento de su capacidad por todos. Pero eso no quiere decir que no vaya a
compartir el resultado de su éxito. Y cuando decimos el resultado nos referimos a todo en general.
No solo debe repartir parte de sus ganancias, también sus conocimientos. Hay una frase muy
buena que resume la falta de solidaridad en el triunfo. Es: "morir de éxito". Significa el fracaso por
no haber digerido bien el éxito. En general, esa "digestión pesada" se debe a no compartir, a
elevarse sobre los demás sin razón alguna.

9. - Lo extraordinario –lo milagroso— puede estar cerca de nosotros, más para verlo hemos de
tener los ojos preparados para ello. La fe, el amor, la piedad, la paciencia, la delicadeza abren los
ojos a lo extraordinario. No es que hagamos aquí ningún planteamiento respecto a que nuestras
vidas estén abiertas a los milagros. Nuestras vidas –las de los creyentes— son objetivamente
idénticas a las de cualquiera, pero la cercanía del Señor y la presencia del Espíritu nos pueden
hacer comprender muchas cosas que para otros pueden ser incomprensibles.

10.- ¿Existen los milagros, los prodigios, los hechos maravillosos? Pues, sí; porque cuando un
hombre –o una mujer— joven lo deja todo para dedicarse a cuidar enfermos terminales o ancianos
que ya no quiere nadie, ahí se está operando un milagro evidente. Y tal prodigio no sería nunca
advertido por los hermanos de Epulón aunque volviese a la vida él mismo. Habrá muchos
ejemplos de puros milagros, que lo son si aplicamos la lógica de nuestros días. Es un prodigio
cuando también una mujer –o un hombre— joven se recluye para siempre en un convento para
rezar por quienes nadie reza. Tal vez, no es menos milagro el caso de muchos hombres y mujeres
corrientes que no dejan amilanar o afectar por lo "corriente", por lo "habitual" de este mundo de
hoy pero que conlleva la injusticia, la violencia, el desamor, la opresión de los hermanos. En fin,
tampoco vamos a seguir relatando la especialidad de tales vidas entregadas al seguimiento de
Jesús porque sus protagonistas creen –y tienen razón— que solo están haciendo lo que deben
hacer.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

AL FREIR SERÁ EL REÍR…

…O, dicho de otra manera, también chusca, el que ría el último reirá mejor.
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Inicio este mensaje-homilía con dos dichos populares que parecerían que el mensaje contenido
en el evangelio de este domingo es de risa. Vaya por delante que es todo lo contrario. Su contenido
es duro de pensar y aceptar. Y más duro de cumplir en consecuencia. Voy al grano, es decir, al
texto bíblico. Si os dijera, como os digo, que la situación económica y social del anónimo ricachón
hoy se haría advirtiéndonos que pese a que su domicilio, vivienda unifamiliar de 400 metros
cuadrados por planta doble, más garaje, piscina y extenso jardín, casi nunca estaba ocupada ya que
al propietario le gustaba viajar por el ancho mundo, fuera donde fuese, en crucero o en clase de
lujo de aviones siempre de compañía de bandera y si alguien en algún momento le veía cruzar por
entre las manzanas del distrito, siempre conducía uno de sus dos ferraris, el rojo tradicional y el
que le parecía más distinguido, el de azul turquesa.

2.- Que tenía buenas relaciones sociales, del país y extranjeras, todo el mundo lo sabía por las
matrículas y los lujosos descapotables que de cuando en cuando estacionaban ante el domicilio.
Familia, no, nadie sabía que tuviera. Malas lenguas decían que no quería esposa ni hijos que
creaban dependencias y aumentaban la superpoblación que sufría el planeta, ¿para qué continuar?
Con lo dicho, imaginado o tristemente muy real en algunos sitios, es suficiente…

3.- Apareció un día por el territorio un ser extraño, digo ser sin mala intención, pero por su
apariencia era difícil calcular su edad o sexo. Varón sin duda debía ser, de acuerdo con el viejo
sombrero de fieltro sucio con que se cubría, ya que por el cabello, hoy en día ya nadie se
distingue, y el usar pantalones rotos, tampoco indicaba nada. Miraba y remiraba, abrió un
contenedor público de desechos y tuvo bastante. Se quedo por aquellos contornos. Dormía en un
banco del parque próximo, se cubría de ropa encontrada, siempre selecta, bebía de excelentes
aguas minerales que depositaban los criados del anónimo habitante del que os he hablado,
caducadas eso sí, pero a él eso le importaba muy poco.

4.- Pensaba que mucho más pasada de fecha estaba la de las fuentes públicas que llegaban de
lejanos glaciares, que iban lentamente fundiendo sus hielos antediluvianos…Si alguien sentía
compasión le sonreía y agradecido respondía: mala hierba nunca muere, ya lo sabe usted. Perros
en este caso no, en tiempos de la parábola podían vivir libres. Los del amo del que os estoy
hablando, tenían una habitación reservada exclusivamente para ellos, con mullido sofá y un
televisor funcionando, para que se distrajesen.

5.- El anónimo acaudalado nunca llevaba dinero, podía perderlo, pensaba. Era mejor y más seguro
tener tarjetas bancarias, la aristocrática American Express Platinum y las plebeyas Master Card y
Visa clásica, aceptadas por doquier. Al pobre hombre le gustaba alimentar a los gatitos que se le
acercaban y echar migajas a los gorriones. En algún caso le gusto compartir con algún otro
mendigo que pasó por allí.

“Cuentan de un sabio que un día

tan pobre y mísero estaba,


que sólo se sustentaba

de unas hierbas que cogía.

¿Habrá otro, entre sí decía,

más pobre y triste que yo?;

y cuando el rostro volvió

halló la respuesta, viendo

que otro sabio iba cogiendo

las hierbas que él arrojó.”

Escribió Calderón de la Barca.

6.- Vayamos a lo práctico, dejemos descripciones simbólicas, mis queridos jóvenes lectores. La
riqueza del anónimo personaje de la parábola, suponía carencias de los habitantes de otros
continentes. Sus elegantes muñecas y dedos, que cubrían valiosas joyas, gemelos, reloj de oro,
anillos…Pero estaban vacías del bien obrar, del generosamente dar, del útilmente ayudar, esta fue
su triste realidad, cuando se presentó en la Eternidad Trascendente. Soledad, incomunicación en el
vacío, ausencia de elogios y amor, corazón apretujado … esto era. Y mucho peor.

7.- A Lázaro, a este que se le conocía por su nombre en el Reino de los Cielos, de tan elogiado y
admirado que era, pero que ni siquiera necesitaba apellidos para reconocerlo, a este se le hizo
gozoso recibimiento, se le coronó, alimentó y vistió de Amor. Sus ojos históricos legañosos fueron
ahora ventanas abiertas al paisaje y gozo eterno.

8.- Aterrizo sin preámbulos. A muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os gusta ir a
campos de trabajo de diversos países, arqueología, agricultura ecológica, restauración de
patrimonio etc. etc., en cosa así se ocupan y no son labores malas, muy al contrario. Otros,
acertadamente, dedicáis algún tiempo libre del que disponéis a servir de monitores en colonias de
vacaciones. Que aprendan juegos, convivencia y respiren aire libre, no contaminado, chiquillos de
ciudad. Pensáis así y no pensáis mal. Pero hay algo mejorable. ¿Y si os fuerais de voluntarios a
algún asilo gratuito, a alguna mansión donde se acoge a quien nadie quiere o donde van aquellos a
los que les falta familia, amigos, salud?

9.- Os confieso humildemente, yo viejo sacerdote, que no aparezco en ninguna comisión


comisionada y junta de gobierno que ejerza mando, en el gremio clerical, soy aceptado en el
Cottolengo. Todavía sirvo para celebrarles misa y trasladarme por mis propios medios a una finca
con su casa, iglesia, bosque y torrente de montaña, que recibieron como herencia de una familia
acomodada. Sin que nadie lo sepa, os lo confieso a vosotros, mis queridos jóvenes lectores,
cuando doy la comunión a alguna enferma ciega, o a algún discapacitado intelectual, alguno de
ellos me sonríe, a mí me cuesta evitar las lágrimas.

10.- Pronto me tocará presentarme ante Abraham y ante su Dios. Confío y hasta ahora que os
escribo os lo digo llorando y con sinceridad, espero que me reciban en la Eternidad con ellos en la
Realidad Feliz. Y ya ahora me siento agradecido a esta posibilidad que me brinda la
Congregación.

(Añado, y con esto acabo, que si yo me limito a lo poco que puedo ayudar, un viaje de poco más
de 20Km y la misa y otros sacramentos que me puedan solicitar, cosa de poco rato, me asombra la
colaboración de voluntarios y voluntarias, ellos y ellas sí, ocupan toda la jornada, desde el
amanecer, hasta que ha declinado el día. No sé si han viajado a muchos países y hasta han visto
auroras boreales. Si han comido manjares exóticos y visto monumentos impresionantes. Es una
tontería lo que os voy a contar. Dios me ha concedido sin moverme de mi Burgos de infancia y
juventud, contemplar una de estas auroras, la única que ocurrió por estas tierras y se lo agradezco,
aunque no haya visto ni la estatua de la libertad de New York, ni el Taj Mahal. Pero de aquella
aurora, un precioso caramelito sensorial, también le estoy agradecido. Dios es así de bueno y se ha
adelantado conmigo)

Imprimir

Inicio