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FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

CARRERA PROFESIONAL DE HISTORIA

Historia de la Época Primitiva: “La Edad de los Metales”

CURSO “ : Historia de la Época Primitiva

DOCENTE : MGT. Cristóbal Triveños Zela

ALUMNOS :

SEMESTRE : 2015 - 2

CUSCO-PERU

2015
Edad de los Metales
La Edad de los Metales es una de las dos grandes etapas tecnológicas en las que
tradicionalmente se ha subdividido la Prehistoria euroasiática. Por definición, es el período que
siguió a la Edad de Piedra y durante el cual el hombre empezó a fabricar objetos de
metal fundido. La existencia de procesos metalúrgicos es indispensable para establecer la
adscripción de una cultura arqueológica a esta etapa, ya que los metales nativos eran trabajados
por martilleado desde las fases iniciales del Neolítico. Siguiendo este criterio, la Edad de los
Metales comenzaría con las primeras evidencias de fundición del cobre, que son del VI
milenio a. C. (en Anatolia y los montes Zagros) y acabaría con la progresiva entrada en
la Historia de cada región (en Europa esto se produjo durante el I milenio a. C.).
En Mesopotamia y Egipto coincide ya con el desarrollo de la escritura y por tanto la metalurgia allí
es plenamente histórica.

Los primeros indicios de metalurgia en Europa proceden del área de los Balcanes, a mediados del
V milenio a. C. y son de origen autóctono. Para el resto del continente las evidencias aparecen
durante la segunda mitad del IV milenio a. C., aunque su generalización y el consecuente
abandono de la piedra como elemento básico para la fabricación de artefactos solo se materializó
con la llegada del hierro. Debido a la escasez de materia prima, en el Egipto faraónico esta
sustitución nunca se llegó a producir.

Dado que no existen rupturas en el desarrollo de las tecnologías metalúrgicas entre la Prehistoria,
la Protohistoria y la Historia, en este artículo se incluyen procesos que se dieron en periodos
claramente históricos.
El cobre fue uno de los primeros metales que usó el hombre, utilizándolo inicialmente en su estado natural,
el cobre nativo, ya que desconocía los mecanismos por los cuales se podía fundir el mineral. En estos
primeros tiempos lo moldeaba gracias a las técnicas del martillado y/o del batido en frío, por lo que esta
fase no es considerada todavía calcolítica sino neolítica. El perfeccionamiento de las técnicas cerámicas le
permitió la experimentación con los procesos metalúrgicos, comenzando así a comprenderlos. Cuando ya
los controlaba empezó a realizar diversas aleaciones con otros minerales, siendo las más habituales la
mezcla con arsénico, primero, y la posterior con estaño, la cual dio lugar al bronce.

En América hay constancia de la fundición del cobre desde principios del I milenio a. C., en los altiplanos
boliviano y peruano, realizándose aleaciones con plata y oro desde el 500 a. C. en las actuales Colombia y
Perú. Casi siempre sirvió para fabricar objetos rituales o de prestigio, siendo pocos los artefactos utilitarios
encontrados. Solo a partir de la fase Chimú se comenzó a usar el cobre arsenicado

El cobre comenzó a ser fundido en el sur de Anatolia durante el VI milenio a. C. para realizar adornos y/o
complementos mientras se seguían utilizando las mismas herramientas líticas (o de otros materiales) del
Neolítico, ya que los artefactos fabricados en este metal (sin ningún tipo de aleación) eran menos eficaces
que los de sílex u obsidiana. Las primeras evidencias proceden de Çatalhöyük, pero en niveles
correspondientes a los años centrales del milenio aparecen también en Hacilar algunas piezas de cobre
fundido como punzones, agujas y adornos.

En Mesopotamia la metalurgia del cobre (y del plomo) se detecta en las culturas de Samarra (Irak) y Tell-
Halaf (Siria), hacia mediados del VI milenio a.C. En ambas se había empezado a practicar la agricultura de
regadío y se elaboraron cerámicas hechas a mano de alta calidad, sobre todo los grupos halafienses, que
construyeron santuarios, realizaron pequeñas esculturas y utilizaban sellos. En el sur mesopotámico
destaca el yacimiento de Eridu (para los sumerios la ciudad más antigua, con estratos pertenecientes al
principio del V milenio a. C.) que participó inicialmente de las anteriores culturas y donde se construyó un
templo de pequeño tamaño. De la misma época El Obeid nos ha legado cerámica hecha a torno, armas y
adornos de metal, así como templos monumentales que anticipaban el posterior zigurat.

Desde el 5000 a. C. en Ugarit (Siria) y desde el 4500 en Palestina y Biblos (Líbano) comenzaron a
manufacturarse pequeñas cantidades de objetos metálicos que en el caso de Biblos no solo fueron de
cobre sino también de oro y plata.
En el valle del Nilo se desarrolló a partir del 4000 a. C. la cultura de Nagada, correspondiente al período
predinástico y conocedora ya de la metalurgia, aunque la mayoría de los objetos encontrados se fabricaron
en piedra. Ha sido considerada un protoestado, con agricultura de regadío y una extensa necrópolis con
claras diferencias sociales. Durante esta época aparecieron las convenciones artísticas y los signos
religiosos (de inicial carácter totémico) que estructuraron posteriormente el Egipto faraónico. Asimismo, se
desarrolló una importante artesanía que utilizó de manera limitada los minerales de cobre, oro y plata
(procedentes seguramente de la península del Sinaí) para crear alfileres, amuletos y otros adornos.

El bronce es el resultado de la aleación de cobre y estaño en una proporción variable (en la actualidad se le
añaden otros metales como el zinc o el plomo, creando los llamados bronces complejos). La cantidad de
estaño podía variar desde un 3% en los llamados «bronces blandos», hasta un 25% en los llamados
«bronces campaniles» (a mayor cantidad de estaño, más tenacidad, pero también menos maleabilidad): en
la Prehistoria la cantidad media suele rondar el 10% de estaño. Se supone que fueron los egipcios los
primeros en añadir estaño al cobre, al observar que éste le daba mejores cualidades, como la dureza, un
punto más bajo de fusión y la perdurabilidad (ya que el estaño no se oxida fácilmente con el aire y es
resistente a la corrosión). Además el bronce es reciclable, pudiéndose fundir varias veces para obtener
nuevos objetos de otros ya desechados.

En América la metalurgia no parece haber tenido implicaciones socio-económicas, solamente


técnicas, y su datación también está sujeta a controversias.

Algunos investigadores afirman que durante todo el Horizonte Medio andino se usó el cobre
arsenical y que en la cultura Tiahuanaco ya se utilizaba ampliamente (hacia el 600 d. C.) una
aleación de cobre, arsénico y níquel, considerada por tales autores bronce, que habría sido
sustituida hacia sus fases finales por el bronce auténtico (sobre el 800 d. C.).Otros, en cambio,
retrasan hasta la época Chimú (a partir del 900 d. C.) la utilización del cobre arsenicado,
siendo para ellos los Incas los que generalizaron en sus dominios el uso del bronce.

La posterior aparición de una limitada producción metalúrgica de bronce en el oeste de


México sugeriría la existencia de contactos con las regiones andinas o un descubrimiento
tardío de tal tecnología.
El empleo del bronce se inició en Mesopotamia. Coincidiendo con la transición del III milenio a.C. al II
en el Próximo Oriente se implantó la aleación de bronce y se establecieron las bases de las primeras
sociedades estatales complejas, que comenzaron a generar una gran demanda de estaño. Los
metalúrgicos de estas áreas, para satisfacer ésta y la de otros metales preciosos, debieron de
convertirse también en exploradores (a la búsqueda de minas) y comerciantes (que ofrecían sus
productos a cambio de las preciadas materias primas). Los sumerios (y sus sucesores), por ejemplo,
carecían por completo de minerales metálicos y se sospecha que los importaban de los montes Zagros
(donde se había desarrollado el imperio Elamita, con capital en Susa) y del Cáucaso (donde abundan la
malaquita y la casiterita).

Los antiguos egipcios obtenían la mayor parte del cobre de las minas de Timna, en Aravá, junto al
desierto del Néguev, aunque sus relaciones comerciales se extendieron por algunas regiones africanas
y por todo el Egeo, penetrando en Europa (piezas de procedencia egipcia aparecen por todo este
contiente evidenciando algún tipo de intercambio).

Los habitantes de Siria, Palestina, Anatolia y el Egeo dirigieron sus expediciones hacia Europa,
remontando el Danubio en busca del estaño de Bohemia y Hungría; o bordeando el Mediterráneo
hasta el sur de la península Ibérica, donde obtuvieron el cobre argárico. Es posible que siguieran por el
Atlántico hasta alcanzar las islas Británicas, en busca del cobre y el estaño de Cornualles y el oro de
Irlanda. Así, en el segundo milenio antes de nuestra era, casi toda Europa entró en la Edad del Bronce.
El bronce europeo se caracteriza, en un principio, por una gran varidad de culturas, algunas de las
cuales comparten denominadores comunes, como la construcción de túmulos funerarios.

Por lo que respecta a Asia central, se ignora si la metalurgia del bronce fue inventada allí
independientemente o fue una importación desde Mesopotamia. En Pakistán, la Edad del Bronce se
inició con la cultura del valle del Indo (desde mediados de III milenio hasta mediados del II milenio a.
C.), que carecía por completo de fuentes de abastecimiento mineral. De hecho, se sospecha —por la
escasez de objetos de bronce y cobre hallados en yacimientos como Harappa o Mohenjo-Daro, y por
el retraso en las fechas respecto a otros pueblos del oeste— que —a pesar de su alto grado de
desarrollo— dependían de sus contactos con los elamitas del oeste y, a través de ellos, con los
mesopotámicos.

El proceso peor conocido es el de China: se sabe que desde fines del IV milenio a. C. fundían cobre
arsenical, aunque las piezas eran extremadamente raras (de hecho, no se considera una Edad del
Cobre en China, sino que se pasaría directamente del Neolítico al Bronce). Aunque la metalurgia llegó
con varios milenios de retraso al extremo Oriente se sospecha que pudo ser inventada
independientemente de la del Próximo Oriente, por la originalidad de las técnicas, a veces muy
diferente a las de los pueblos del oeste.
Metal de transición es el cuarto elemento más abundante en la corteza terrestre, representando un
5 % y, entre los metales, solo el aluminio es más abundante; y es el primero más abundante en masa
planetaria, debido a que el planeta en su núcleo, se concentra la mayor masa de hierro nativo
equivalente a un 70 %. El núcleo de la Tierra está formado principalmente por hierro y níquel en forma
metálica, generando al moverse un campo magnético. Ha sido históricamente muy importante, y un
período de la historia recibe el nombre de Edad de Hierro.

Nunca hubo una Edad de Hierro propiamente dicha en América, ya que en esta región las tecnologías
para trabajarlo fueron introducidas por la colonización europea.

El hierro sólo era conocido a través de meteoritos y era utilizado en forma de esquirlas, como si fuesen
lascas, por parte de los indígenas de América del Norte. Otro uso común del hierro precolombino es
como colorante de cerámica, una vez pulverizado y añadido antes de la cocción.

Su utilización práctica comenzó 7000 años más tarde que el cobre y 2500 años después del bronce.
Este retraso no se debe al desconocimiento de este metal, puesto que los antiguos conocían el hierro
y lo consideraban más valioso que cualquier otra joya, pero se trataba de «hierro meteórico», es decir,
procedente de meteoritos.

Por textos escritos en tablillas cuneiformes se sabe que los Hititas fueron los primeros en controlar e,
incluso, monopolizar los productos de hierro fabricados a mediados del 2º milenio. Enviaban sus
objetos a los egipcios, sirios, asirios, fenicios. Pero su producción nunca fue abundante. De hecho,
muchos de los envíos eran regalos con finalidad diplomática, pues el hierro era diez veces más valioso
que el oro y cuarenta veces más costoso que la plata. Cuando el Imperio Hitita fue destruido por los
Pueblos del mar, hacia el 1200 a. C., los herreros se dispersaron por Oriente Medio, difundiendo su
tecnología de este modo comienza la Edad del Hierro en el Próximo Oriente.

El hierro es más abundante que el cobre y, por supuesto, que el estaño y, una vez dominada la técnica,
más barato que el bronce. Cuando los hititas desaparecieron y sus artesanos se dispersaron, la
producción de este metal aumentó considerablemente en todo el Próximo Oriente y los centros
siderúrgicos se extendieron hasta el Egeo, Egipto e incluso Italia por el oeste; hacia Siria y
Mesopotamia por el sur, hacia Armenia y el Cáucaso por el norte, y hacia las grandes civilizaciones
asiáticas por el este.
Se considera actualmente que la Edad del Hierro en el Antiguo Oriente Medio comenzó con el
descubrimiento de las técnicas de fundición y forja del hierro en Anatolia o el Cáucaso a finales del
siglo XIII a. C. De ahí se extendió con rapidez a lo largo de Oriente Medio a medida que las armas de
hierro sustituían a las de bronce a principios del primer milenio a. C. Se considera que el uso de armas
de hierro por parte de los hititas fue uno de los factores más importantes en el auge de su imperio.

La tecnología del hierro se propagó al mismo tiempo por Asia y por Europa, ya que se desarrolló por
primera vez cerca del Egeo. Se suele asociar a los Pueblos del Mar y los filisteos con la introducción de
la tecnología del hierro en Asia, así como a los dorios por hacer lo mismo en la Grecia Antigua.

En el periodo que va del siglo XII a. C. al siglo VIII a. C., la región más rica en restos arqueológicos de
hierro es el Levante mediterráneo (Siria y Canaán). El bronce era mucho más abundante entre los
siglos XII y X a. C., y autores como Snodgrass sugieren que, debido a una escasez de estaño como
resultado de cortes en el comercio en el Mediterráneo, las civilizaciones de la época tuvieron que
buscar una alternativa al bronce. Esto parece confirmado por el hecho de que, durante un tiempo, los
objetos de bronce fueron reciclados de forma extensiva, refundiendo todo tipo de objetos para
producir nuevas armas, justo antes de la introducción del hierro.

También vale la pena resaltar que las primeras instancias del Imperio asirio tenían contactos
comerciales con el área en la que se estaba desarrollando la nueva tecnología del hierro.

En América, se desarrolló la metalurgia del oro, la plata, el cobre y el bronce; pero, en ningún caso,
esta tecnología incidió decisivamente en las economías precolombinas. Las pepitas de cobre nativo se
conocían desde antiguo en varias regiones de América, por ejemplo en la región de los Grandes Lagos,
donde abundaban los yacimientos de cobre nativo, desde el 4000 a. C. los pueblos locales
acostumbraban a golpearlas hasta darles forma de punta de flecha, aunque nunca llegaron a descubrir
la fusión.

Las primeras pruebas encontradas hasta ahora de la metalurgia del cobre corresponden a los inicios
del I milenio a. C., en los altiplanos boliviano y peruano. También se efectuaron aleaciones de este
metal con plata y oro a partir del 500 a.C. en las actuales Colombia y Perú. Sólo a partir de la fase
Chimú se comenzó a usar el cobre arsenicado. El metal casi siempre sirvió para fabricar objetos
rituales o de prestigio, siendo pocos los artefactos utilitarios encontrados.

En los Andes, el punto de partida de este desarrollo tecnológico son las láminas de oro nativo
asociadas a martillos y yunques de piedra pulimentada descubiertos en el departamento de Apurímac,
concretamente en Huayhuaca, datados en el 1800 a. C. Sin embargo, la primera gran cultura
metalúrgica del continente fue la de Chavín de Huantar, que, desde, al menos el 800 a. C. elaboraba
objetos de oro en forma de placas martilleadas y repujadas. Incluso llegó a unir varias placas para
formar estatuillas de chapa de oro.
Más tarde, en torno al siglo IV a. C. la cultura Moche incorporó la plata y el cobre ya refinado a partir
de la malaquita y otros carbonatos cupríferos; la metalurgia se enriqueció notablemente con nuevas
técnicas, como el repujado en caliente. La incrustación de gemas y, en especial el baño de plata y el
baño de oro: el baño de plata consistía en sumergir un objeto de cobre en una solución de plata
pulverizada y sales corrosivas, el cobre reaccionaba ionizándose y absorbiendo parte de la plata,
posteriormente se calentaba el objeto para mejorar la adherencia y se bruñía para darle brillo. El baño
de oro consistía en calentar un objeto de cobre con polvo de oro hasta su oxidación, ésta implicaba la
absorción del polvo de oro, pero después era necesario retirar la capa externa, oxidada, por medio de
ácido, para que el oro saliese a la superficie, después se bruñía, también. Un excelente ejemplo de las
capacidades metalúrgicas mochicas son las más de 400 joyas halladas en la tumba del Señor de Sipán.
Hay noticias, asimismo, de que los mochicas usaban, a menudo, para utensilios prácticos, un cobre con
un fuerte contenido en arsénico.

No se conoce con seguridad cuándo y dónde apareció el bronce auténtico (aleación de cobre y
estaño): unos investigadores creen que su uso se inició en los Andes centrales, en el valle del Lurín en
torno al año 850, mientras que otros aseguran que en la cultura Tiahuanaco ya se usaba ampliamente.
Se supone que se difundió rápidamente, de modo que antes del año 1000 ya se había desarrollado su
tecnología en toda la cordillera, desde Chile hasta Colombia. Para la época Inca el uso del bronce ya se
había generalizado.

Los americanos conocieron otros metales; por ejemplo:

El platino lo usaron mezclado con el oro: aunque nunca consiguieron una auténtica aleación de estos
metales dado el alto punto de fusión del platino. El compuesto (oro blanco) se obtenía martilleando el
oro con polvos de platino (a menudo en caliente), hasta conseguir una pasta uniforme a la que se
podía dar la forma y ornamentación deseada (esta técnica sigue usándose a escala industrial con
aleaciones que requieren elevadísimas temperaturas de fusión, como el tungsteno o el titanio y recibe
el nombre de pulvimetalurgia).

El hierro sólo era conocido a través de meteoritos y era utilizado en forma de esquirlas, como si fuesen
lascas, por parte de los indígenas de América del Norte. Aunque el ejemplo más interesante es la
explotación del meteorito mexicano llamado «Descubridora» (en Charcas, San Luis Potosí), que aún
conserva un trozo de cincel precolombino de cobre clavado. Otro uso común del hierro precolombino
es como colorante de cerámica, una vez pulverizado y añadido antes de la cocción.