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ABUELOS, PADRES E HIJOS

La abuelita quedó viuda a una edad muy avanzada. La situación se complicó de un día para
otro ya que no podía vivir sola ni tampoco había posibilidad de que entrara en un asilo de
ancianos. Aunque no era lo que había deseado, su hijo tuvo que llevársela a vivir a su casa,
junto a su esposa y su pequeño hijo.

Aunque al principio todo parecía ir bien, la situación empezó a complicarse a la hora de


comer. Posiblemente debido a su avanzada edad, la abuelita ya no se comportaba bien en la
mesa: empezaba a comer antes que todos estuvieran servidos, ponía los codos sobre la
mesa, jugaba con los cubiertos y con la comida, hacía cualquier cantidad de ruidos y lo que
era peor, de vez en cuando salpicaba los alimentos a todo su alrededor, llegando incluso a
los platos de los demás comensales.

El hijo y la nuera empezaron a preocuparse y a ponerse de muy mal humor cada vez que se
sentaban a la mesa, ya que la forma de comportarse de la abuela era desagradable y un
pésimo ejemplo para el pequeño de la casa. Un día se les ocurrió la idea de comprar una
mesita individual para poner a comer la abuela al final del comedor, en un ángulo que no
permitiera que el niño la viera y lo suficientemente alejada para que si salpicaba la comida
ésta no llegara hasta los demás comensales. Así solucionaron el problema y se sintieron
más calmados.

Pasaron algunos meses y un día, al llegar temprano a la casa, el papá vio a su hijo jugar con
unos tacos de madera que apilaba de forma muy ordenada. En eso le preguntó:

- Hola hijo, ¿Qué hacer?


- Una mesita, papá
-¿Y que vas ha hacer con ella?

- No es para mí, es para ti. Se la estoy haciendo para que cuando seas abuelito y vivas en mi
casa puedas comer en la sala – contestó el niño con mucho orgullo e inocencia.
Tratemos a las personas mayores de la misma manera en que nos gustaría que nos trataran
a nosotros cuando lleguemos a esa edad. Recordemos que todos esperamos llegar a vivir
muchos años y esperamos vivir con dignidad.Los niños no aprenden lo que les dicen, sino
lo que ellos ven. Ellos los tratarán a ustedes, de la misma manera que ellos ven que ustedes
tratan a los demás. No importa cuantas veces ustedes le digan que tienen que ser buenos,
gentiles, justos, amable, educados, solidarios, tolerantes, etc., ellos solo llegarán a serlo si
ven a diario que ustedes también lo son.

Si un niño vive criticado, aprende a condenar


Si un niño vive avergonzado, aprende a sentirse culpable
Si un niño vive entre hostilidades, aprende a pelar por todo
Si un niño vive apreciado, aprende a apreciar
Si un niño vive con seguridad, aprende a tener fe
Si un niño vive con equidad, aprende a ser justo
Si un niño vive animado, aprende a confiar
Si un niño vive con tolerancia, aprende a ser tolerante
Si un niño vive con aprobación, aprende a quererse
Si un niño vive con aceptación y amistad, aprende a hallar amor en el mundo
EN LA CASA DE LOS ABUELOS

Damián pocas veces se quedaba a pasar el fin de semana con sus abuelos. No le gustaba
su casa, decía que se parecía a la de las películas de terror, y que sus abuelos eran muy
extraños. Por la noche, a la hora de dormir dejaba la luz encendida, y no se fiaba de
ningún rincón oscuro, vigilando todo desde la cama. La última vez que fue resultó
realmente aterradora. Vigilaba la vasta habitación desde la cama, cuando un ruido vino
desde el ropero, y Damián volteó hacia él. Algo que estaba adentro, en la base del ropero,
se movía de un lado para el otro. No eran ruidos de patas, más bien parecía rodar por la
madera, lo que descartaba que fuera un animal.

Al borde del terror absoluto, Damián vio que la puerta del mueble se abrió apenas, y en el
interior oscuro creyó ver un ojo que lo estaba mirando.

Gritó desesperadamente, y tras el grito unos pasos presurosos sonaron en el corredor, la


puerta de la habitación se abrió, y el abuelo de Damián entró con cara de preocupado.

- ¿Ese grito fuiste tú, qué pasó? - preguntó el abuelo acercándose a la cama.
- ¡Hay una cosa en el ropero y me estaba mirando! - aseguró Damián.
- No creo que halla algo, te lo habrás imaginado, pero vamos a ver. Puede ser una rata.

El anciano abrió la puerta del ropero y se inclinó hacia el interior oscuro.

- ¡Ah! - exclamó el viejo -. Esto era lo que hacía ruido - y retirándose del interior del
mueble le mostró a Damián lo que tenía en la mano, y era la cabeza de su abuela; la
sostenía del cabello y la cabeza sonreía.

De pronto Damián estaba sentado en la cama y a los gritos, y en la habitación no había


nadie más.

Momentos después su abuelo entró en la habitación y le preguntó qué le pasaba.

- ¡Ay! Tuve una pesadilla horrible abuelo.

- Bueno, bueno, ahora a calmarse que sólo fue un sueño, no tienes que darle importancia,
sólo fue un mal sueño. Tu abuela está bien - dijo el anciano antes de retirarse.
El muchacho quedó mas aterrado todavía: No le había contado ningún detalle de la
pesadilla a su abuelo, ¿por qué éste había mencionado lo de su abuela? ¿Seguía soñando?
Nunca lo supo, pues antes del amanecer volvió a dormirse, y por la mañana ya no sabía
qué había sido sueño y qué había sido realidad.