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Una de las historia favoritas de mi hija es la narracion de David y Goliat, para ella ser como

David el valinete es uno de los deseos de su corazón descubrimos junto con mi esposo que
enseñarle a ser valiente como David para vemncer el temor de habalr nen pulibo o de participar
en algun evento de la escuela, es por esto que se muy bien el poder que tiene una palabra sobre
la vida de nuestros, la palabra hace eco en nuestros cprazn independienmteente de la condicon
edad situacion doctrina o enfermedad, la palabra jamas queda hechada por tierra , e suna
semilla òderosa en la vida de los que amamos.

Esto me llevo a estudiar la vida de David y pese a que siempre se le reconoce por la forma en la
que vencio al gigante gubieron otros gigantes que David tuvo que vencer ggantes muchos mal
altos y fuertes que Goliat, gogantes que no aparecian en la escenas donde puedes ser mas
vsaliente, gigantes que vivian comian y domrian con el

sintió profundamente el rechazo de su padre, quizá había calado más de lo que imaginamos.
Aun durante los últimos años de su vida luchó con la indiferencia de su familia. Como adulto
escribiría: Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá (Sal. 27:10).
El conflicto entre su familia nunca salió de su mente. Quizá cuando Samuel regresó a Ramá
especuló acerca del porqué los otros hermanos, más idóneos, fueron ignorados. Si cualquiera de
ellos se hubiera convertido en rey, sencillamente habría sido un doble del vacilante Saúl, quien
aparentemente impresionaba, pero tenía un corazón egoísta y desobediente. El texto dice
explícitamente que cuando Saúl se paraba entre el pueblo, desde los hombros arriba era más
alto que todo el pueblo (1 S. 10:23). Sí, aunque Saúl era alto y bien parecido, interiormente
estaba lleno de podredumbre. ¡Las apariencias engañan!
Realmente, mucho antes que Samuel ungiera a David en Belén, Dios había dicho: .. . Jehová se
ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe
sobre su pueblo. . . (1 S.13: 14). En el plan de Dios David ya había sido elegido como rey; el
cumplimiento de su designación era sólo cuestión de tiempo. Un pastorcito "conforme al corazón
de Dios" fue escogido por encima de quienes parecían más calificados para la posición.
¿Por qué Dios rechazó siete hijos fuertes, y llamó al último de la familia? La respuesta está en el
primer libro de Samuel, capítulo 16, versículo 7, el cual vale la pena citar de nuevo: Y Jehová
respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho;
porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus
ojos, pero Jehová mira el corazón. Dios estaba dejando en claro que un hombre puede ser
imponente por su altura, y sin embargo tener marchita el alma. Un hombre puede reunir todas
las calificaciones necesarias para el liderazgo, pero si le faltan las cualidades que Dios valora,
será rechazado por el único de quien su opinión cuenta al máximo.
El anciano profeta escribió: Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su
poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él...(2 Cr. 16:9). Continuamente el
Todopoderoso nos hace un inventario individual, y sería innecesario decirlo, Él tiene acceso a
información a la que el resto de nosotros no. Cuando Dios mide al hombre le pone la cinta
métrica alrededor del corazón y no de la cabeza. David, como veremos, estaba lejos de ser
perfecto. De hecho, con frecuencia se le recuerda por sus notorias debilidades. Sin embargo fue
usado por Dios a pesar de esas faltas, porque El necesitaba un hombre con el corazón
quebrantado para enseñarle a las futuras generaciones cómo ser consolados en medio del dolor.
David fue usado por Dios, no a pesar de las debilidades, sino ¡por ellas! ¿Cómo podía Dios
mostrar su gracia de mejor manera, que manifestando su poder en las vidas de aquellos que
tienen las más profundas necesidades? Si sólo miráramos las áreas fuertes de David, no
veríamos la gracia de Dios.
¿Qué clase de corazón tenía David que atrajo la atención del Todopoderoso? ¿Por qué David y no
Eliab?

El rey Saúl pensó que no tenía el potencial de campeón


Cuando el rey Saúl escuchó que había alguien en el campamento que estaba deseando pelear
con Goliat, lo mandó a buscar. Sin duda, esperaba a un curtido veterano que se enfrentara al
guerrero filisteo de casi tres metros de altura. Quien entró fue nada más que un muchacho
pastor, diciendo:

"¡Nadie tiene por qué desanimarse a causa de este filisteo! Yo mismo iré a pelear contra él".

La respuesta de Saúl revela su escepticismo: "¡Cómo vas a pelear tú solo contra este filisteo! —
replicó Saúl—. No eres más que un muchacho, mientras que él ha sido un guerrero toda la vida"
(1 Samuel 17:32-33). Saúl pensó que David no tenía madera de campeón, que no estaba apto
para esa tarea. Para compensar los defectos que percibía el rey en David,

Saúl trató de ponerle a David su armadura real. (Por qué no, ¡Saúl no la usaba para nada!)
Aunque, por supuesto, la armadura de un hombre alto y maduro guerrero como Saúl no le
servía a un muchacho como David y se la tuvo que quitar. David no le permitió a Saúl que lo
detuviera por sus pocas expectativas ni por su voluminosa armadura. Se enfrentó a Goliat tal y
como era.

Goliat pensó que no tenía el potencial de oponente

La afrenta final para David vino cuando Goliat lo vio avanzando para encontrarse con él en la
batalla. El inmenso filisteo le echó un vistazo al muchacho y reaccionó negativamente. Las
Escrituras dicen:

“[El filisteo] le dijo: ¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y maldiciendo a
David en nombre de sus dioses, añadió: ¡Ven acá, que les voy a echar tu carne a las aves del
cielo y a las fieras del campo!" (1 Samuel 17:43-44).

Goliat despreció a David e incluso creyó que el muchacho no era digno de un entierro adecuado
y, con esas palabras, lo atacó. Uno puede con facilidad determinar el calibre de una persona a
través de la cantidad de oposición que le hacen para desalentarla. David enfrentó una gran
oposición. Todo el mundo le dijo a David que no tenía potencial, pero él fue capaz de:

superar a su familia (limitaciones de relaciones)


superar a los «reyes Saúl» (limitaciones de liderazgo)
superar a los «Goliat» (limitaciones de habilidades)
Se quitó de encima todas las limitaciones que otros le pusieron y mató a Goliat. Y cuando lo
hizo, des- pojó al ejército de Israel de sus barreras y derrotaron al ejército filisteo. ¡Su victoria
personal se tornó en victoria para toda la nación!

Mientras él les preguntaba cómo les iba, Goliat tomó su posición y levantó su voz en
desafío al ejército israelita. Cuando David expresó interés en esto, e hizo preguntas acerca
de aquel asunto a los hombres que estaban parados allí, Eliab estalló en cólera.—1 Sam.
17:20-28.
Dirigiendo sus palabras a David, Eliab dijo: “¿Para qué es que has bajado? ¿Y a cargo de
quién dejaste aquellas pocas ovejas allá atrás en el desierto? Yo mismo bien conozco tu
presuntuosidad y la maldad de tu corazón, porque has bajado con el propósito de ver la
batalla.” (1 Sam. 17:28) Eliab no trató de asegurarse de los hechos, sino que sacó una
conclusión apresurada y no bien meditada respecto a su hermano. Dio a entender que a
David no le importaban las pocas ovejas, cuando hasta la pérdida de una sola de ellas
hubiera sido un golpe serio para la familia. Pero nada pudiera haber estado más lejos de la
verdad. En defensa del rebaño de su padre, David había dado muerte anteriormente tanto
a un oso como a un león. (1 Sam. 17:34, 35) Al expresar su interés en las ovejas, Eliab
también manifestó una actitud desequilibrada. Estaba encolerizándose acerca de un
asunto de poca importancia cuando se le comparaba con la cuestión mucho mayor que
Goliat había presentado. El filisteo estaba de hecho arrojando oprobio sobre Jehová, el
Dios de Israel... algo que David reconoció claramente.

Eliab, basándose en simple suposición, fue hasta más allá de esto. Acusó a David de ser
presuntuoso, de adelantarse arrogantemente a venir a la escena de la batalla. También
juzgó a David como persona que tuviera motivos incorrectos, como individuo que tuviera
mal corazón. La razón que presentó Eliab para esto fue: “Porque has bajado con el
propósito de ver la batalla.” Esto da a entender que Eliab creía que su hermano joven
deseaba huir de su trabajo para ver algo emocionante.

Defendiéndose contra las falsas acusaciones, David respondió: “¿Qué he hecho yo ahora?
¿No era nada más una palabra?” En otras palabras, David dijo: ‘¿Qué base hay para tus
acusaciones? ¿Qué he hecho yo, realmente? ¿No tengo derecho a hacer preguntas, a
averiguar lo que está pasando?’ Con esto terminó el asunto. David siguió preguntando y al
fin pasó a mostrar profunda fe en Jehová y ganó la victoria sobre Goliat.—1 Sam.
17:29, 36-51.