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No hay paz sin justicia, y no hay justicia sin perdón

Para un proceso de paz exitoso es importante la inversión en las


infraestructuras psicológicas y sociales que permitan las transformaciones
culturales necesarias para una paz duradera.

La inversión en la reconstrucción psicológica y social supone trabajar sobre la


reparación del daño individual, familiar, comunitario y social ocasionado.
En un estado de derecho, la justicia siempre debe hacerse prevalecer, pues es el fin supremo
de los derechos que como seres humanos tenemos, pero avivando a la divinidad, el acto de
perdonar es el que más cuesta, pues involucra los sentimientos de la persona.

Pero que realmente te libera de las culpas, rencores, remordimientos y demás cosas, es el
perdón. Si las personas perdonáramos más y odiáramos menos, quizás nuestra sociedad sería
más humana, más nombre y más sensible

n proceso de paz sostenible requiere un conjunto de transformaciones


sistémicas, sostenidas en el tiempo de orden psicológico y social, que
implican el desarrollo de investigación e intervención en procesos
psicológicos y sociales como el perdón restaurador y sanador; la
reconciliación orientada a la convivencia ciudadana; la participación, el
empoderamiento, la solidaridad y las competencias prosociales que
permitan la solución pacífica de conflictos, la tolerancia y la inclusión; la
construcción de una idea de justicia que busque restaurar más que vengar; el
diálogo y la movilización social no violenta; el rescate de la memoria en un
sentido transformador del dolor y orientado a la no repetición y la
transformación de discursos mediáticos polarizantes y guerreros en discursos
pacíficos. Solo el trabajo sistemático y diferencial en estas dimensiones
puede llevarnos a consolidar una cultura de paz.
Tanto el perdón como la reconciliación han demostrado favorecer el bienestar psicológico de
las víctimas; dentro de los principales efectos positivos se encuentran la generación de
nuevas redes sociales, el restablecimiento de otras, la superación de sentimientos de rencor
o venganza, entre otros.

La dimensión de la justicia también tiene un papel importante en escenarios de perdón y


reconciliación. Para las personas es fundamental que ante un hecho violento se haga justicia;
una situación se percibe como justa cuando sus resultados son equitativos y se generan, en
consecuencia, emociones favorables (Hill, Juola y Cohen 2007). En este sentido, ante
situaciones justas se favorecen escenarios de perdón y reconciliación. Worthington (2009) se
refiere al concepto brecha de la injusticia para describir la discrepancia entre cómo deberían
ser las cosas si fuesen justas y cómo son en realidad. Sin duda, la noción que un individuo
pueda tener sobre lo que es justo y lo que no lo es tiene que ver con la forma en que el acto
victimizante pueda ser reparado o no en el futuro. Mientras más amplia sea la distancia, más
difícil será resolver los sentimientos negativos generados por el hecho violento; cuanto más
severa e intencional sea la falta, más difícil será perdonar. De esta forma, para poder reducir
dicha brecha es pertinente que a las víctimas se les den garantías, se cumplan sus derechos
y se implemente un modelo de justicia transicional de manera eficiente y eficaz (Uprimny,
Sánchez y Sánchez 2014).