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PROYECTO DE PUBLICACIÓN

(Cualquier comunicación con Joel Iparraguirre. WhatsApp +51 943 098 670)

1. IDENTIFICACIÓN DEL PROYECTO


1.1 TÍTULO DEL PROYECTO
El evangelio, el juicio y la salvación

1.2 RESPONSABLE/S
Autor: Jiri Moskala, decano y profesor de Antiguo Testamento en el Seminario
Teológico Adventista de la Universidad Andrews (EE. UU).
Editor y traductor: Joel Iparraguirre, estudiante de teología en la Universidad Peruana
Unión, y traductor para la Inter-American Division Publishing Association (EE. UU.)
y la Adventist Theological Society (EE. UU.).

1.3 PATROCINADOR
Por definir

1.4 DESCRIPCIÓN Y RESUMEN DEL PROYECTO


Este es un libro que tendría no menos de 150 páginas a un tamaño de 14x21 cm.
Dividido en 4 capítulo con una posible conclusión general (el editor definirá este detalle
ya que cada capítulo ofrece una conclusión), el primer capítulo se centra en qué es el
pecado y cómo entró a este mundo, cuáles fueron sus consecuencias y cómo Dios
solucionaría este problema. Los siguientes dos capítulos se centran en el juicio. El autor
aclara algunos conceptos erróneos que se han introducido en nuestra Iglesia y además
proporciona la idea de que el juicio no debe ser considerado como malo para quienes
se han mantenido fieles al Señor; el juicio debe ser visto como una esperanza. Sin
embargo, este juicio se ha de desarrollar en siete etapas. En el último capítulo, el autor
se centra en presentar cuál es el rol del ministerio sumosacerdotal de Cristo en el
santuario celestial. Este capítulo es importante porque responde a la pregunta de si
viviremos o no en el tiempo del fin con un intercesor, además de proporcionar la
evidencia bíblica de lo que no significa el ministerio de Cristo. Finalmente, como
apéndice, el autor señala cuál es el rol y cuál es la importancia de nuestras buenas obras
y si estas nos salvan o no.

1.5 PRESUPUESTO
Para el desarrollo global del trabajo, se estima el siguiente presupuesto en dólares. Si
el PATROCINADOR considera que el diseño de tapa y la maquetación del libro son
más baratos en Bolivia, entonces estas actividades pueden hacerse allá.

Para tener una idea, también se ha considerado la actividad posproducción de acuerdo


a lo que cobra Ediciones Nuevo Tiempo. Esto, por supuesto, es solo un aproximado y
puede variar. Además, es posible que también puedan imprimir en otro lado.

Actividad preproducción Costo


Traducción 500.00
Corrección 150.00
Edición final 150.00
Diseño de tapa 80.00
Maquetación 120.00
Total 1000.00

Actividad posproducción
Impresión x 500 ejemplares 1050.00
Impresión x 1000 ejemplares 1600.00
Presentación 100.00

1.6 DISTRIBUCIÓN
El Dr. Jiri Moskala estará en Bolivia para el Simposio sobre Hermenéutica que está
organizando la Facultad allí este 1 y 2 de noviembre. Por lo tanto, allí sería una buena
oportunidad para presentar el libro (previa coordinación con los organizadores del
evento) y también para venderlo.

Haciéndose una idea del cambio de dólares a bolivianos, podría ser que el costo de
producción del libro sea 20 Bs, por lo tanto, este podría vendérselo a 60 Bs o más. Los
alumnos pueden ayudar con la venta del libro y tendrían que recibir una gratificación
cuyo monto debería ser considerado por el PATROCINADOR.

1.7 RESPECTO A LA PUBLICACIÓN


Antes de que el libro sea impreso, el PATROCINADOR deberá enviar una copia en
.pdf del libro al EDITOR para que este le de una revisión final (sin costo) en caso de
que el diseño exterior e interior sea hecho en Bolivia.

Asimismo, el libro debería tener un sello editorial. Este puede ser de Nuevo Tiempo o
CEAB. Sin embargo, se recomienda que sea un sello de una institución/empresa
dedicada al área de publicaciones y que por supuesto esté relacionada de forma directa
o indirecta a la Iglesia Adventista. En caso de que el PATROCINADOR no pueda
proveerlo, este deberá comunicarse con el EDITOR para que provea uno. También se
podría solicitar a la Facultad de Teología de la UAB que nos apoye con su sello
editorial.

1.8 RESPECTO AL COPYRIGHT Y LAS REMUNERACIONES


Los derechos de autor (copyright) quedan a nombre del autor. Esto significa que el
AUTOR tiene la libertad de vender su libro a otra institución o editorial si así lo deseara.
Sin embargo, esto bajo ninguna circunstancia no deberá limitar al PATROCINADOR
a imprimir más de 1,000 copias si este lo deseara. Si ese fuera el caso, el
PATROCINADOR deberá contactarse con el EDITOR.

En cuanto a las remuneraciones, al EDITOR se le paga por su trabajo de preproducción


por una sola vez y deberá recibir no menos de 04 ejemplares del libro como cortesía.
En cuanto al AUTOR, este no ha de recibir honorarios. Lo único que deberá recibir el
AUTOR es no menos de 08 ejemplares de cortesía para su uso personal.

1.9 ANEXOS
Se anexa la tabla de contenido del libro y un capítulo de muestra (sin editar).

El evangelio, el juicio y la salvación


Jiri Moskala
Editado y traducido por Joel Iparraguirre

Tabla de contenido
1. Génesis y el pecado
1.1. El pecado original y la tentación
1.2. Definición de pecado
1.3. Génesis 3 y las consecuencias del pecado
1.4. La solución divina

2. ¿Cuál es el significado del juicio?


2.1. Juzgar significa justificar
2.2. Juzgar significa salvar
2.3. Juzgar significa liberar
2.4. Juzgar significa vindicar
2.5. Observaciones fundamentales

3. Hacia una teología del juicio (7 etapas)


3.1. #1. Juicios previos a la cruz
3.2. #2. El juicio en la cruz
3.3. #3. El juicio durante nuestra vida
3.4. #4. El juicio preadvenimiento
3.5. #5. El juicio en la segunda venida de Cristo
3.6. #6. El juicio durante el milenio
3.7. #7. El juicio final

4. Cristo, nuestro Salvador


4.1. Un rompecabezas difícil
4.2. La afirmación bíblica
4.3. El modelo popular de salvación
4.4. Lo que no significa el ministerio intercesor de Cristo
4.5. Un prerrequisito necesario
4.6. El doble ministerio de Cristo
4.7. Lo que realmente significa el ministerio intercesor de Cristo

5. Conclusiones
6. Apéndice—¿Cuál es la importancia de nuestras obras?
CAPÍTULO DOS
¿Cuál es el significado del juicio?1
Jiří Moskala

Introducción
Cuando presento el tema del juicio de Dios, regularmente le pregunto a mi audiencia: «¿Cuál
es su primera reacción, pensamiento o sentimiento cuando escucha que Dios le juzgará?» He hecho
esta pregunta en todos los continentes (excepto en la Antártida) a personas de diversas edades,
grupos políticos, sociales, religiosos, étnicos, educativos, y la respuesta es siempre unánime:
«¡Miedo!» En el pasado, pensaba que era principalmente mi problema, porque crecí en un régimen
comunista totalitario; y cuando escuchaba la palabra juicio, inmediatamente me imaginaba a un
juez con ropas oscuras, con una expresión severa en su rostro, señalando a alguien con su dedo y
condenando a esa persona a prisión o muerte. Sin embargo, he encontrado que en todas partes las
impresiones de la gente sobre el juicio divino son notablemente oscuras y extremadamente frías.
Piensan que Dios es como un policía celestial que espera que la gente cometa errores para
castigarlos. Sienten que están bajo la lupa del Juez celestial, y por lo tanto, se llenan de ansiedad.
Mi comprensión distorsionada estuvo fuertemente influenciada por algunos predicadores
que usaron el juicio divino como una «herramienta pedagógica» para motivar a los creyentes a la
obediencia, para «animarlos» a ser buenos. Pensaron que asustar y amenazar a las personas con el
juicio les ayudaría a seguir a Dios fielmente (¡al contrario de lo que dice Rom. 2: 4!). 2 Ellos
construyeron su concepto en una traducción errónea de Judas 23: «Mas haced salvos a los otros
por temor» (como se lee en algunas traducciones antiguas, en este caso, la RV1909), 3 y así
presentaron el juicio divino negativamente. Estas interpretaciones me preocuparon
profundamente; y desde mi infancia en adelante, tuve una imagen sobre el juicio que era sombría
y hostil y que jugó un papel terrible en mi mente. Como resultado, temía a Dios y estaba desnudo

1
Lo que sigue es una versión reducida y revisada de Jiří Moskala, «The Gospel according to God’s Judgment:
Judgment as Salvation», Journal of the Adventist Theological Society 22, no. 1 (2011): 28-49. En adelante JATS.
2
«¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y generosidad, ignorando que su benignidad te guía al
arrepentimiento?» (Rom. 2: 4). Las citas bíblicas son de la RV1995 a menos que se indique lo contrario.
3
Por ejemplo, la Biblia Kralická (traducción checa del año 1613) y la traducción rusa de 1876 la traducen de manera
parecida. La traducción apropiada de este versículo debe decir: «A otros, salvadlos arrebatándolos del fuego; y de
otros, tened misericordia con temor, desechando aun la ropa contaminada por su carne».
ante sus ojos expectantes. Me sentí perdido, solo y abandonado con un agudo sentimiento de culpa.
No percibía nada favorable en el juicio divino.
El miedo como reacción humana universal hacia el juicio divino es comprensible, porque
sabemos que Dios es santo (Lev. 11: 44-45; 19: 2; 1 Ped. 1: 15-16), un fuego consumidor (Isa. 30:
27; Heb. 12: 29) y nosotros somos pecadores (Sal. 51: 5; Ecl. 7: 20; Jer. 17: 9; Rom. 3 23; 1 Juan
1: 8). Por consiguiente, no podemos estar de pie ante el imponente Juez de todo el universo (Gén.
18: 25; Jue. 11: 27; 2 Tim. 4: 8).4 Nuestra típica respuesta es descrita acertadamente por Asaf:
«¿Quién podrá estar en pie delante de ti […] Desde los cielos hiciste oír tu juicio; la tierra tuvo
temor y quedó en suspenso» (Sal. 76: 7b-8). En la origen de nuestros pensamientos negativos yace
la convicción de nuestra insuficiencia y pecaminosidad.
De acuerdo con el entendimiento popular, juzgar significa «condenar, castigar y destruir».
Es por ello que las personas tienen miedo, están llenas de ansiedad y evitan hablar sobre un juicio
divino. Las personas comparan el juicio de Dios con la condena, el castigo y la destrucción (y tal
5
significado puede ser claramente atestiguado en la Biblia). De ese modo, no debería
sorprendernos que aquellas personas no experimenten gozo y seguridad de la salvación en Cristo
Jesús. Esta amenaza, del juicio divino, les quita el agradecimiento, y su mundo se divide entre la
redención asegurada en la cruz y el temor al juicio divino. Así, viven en una esquizofrenia
espiritual. Por un lado, saben que son salvos en Jesucristo, pero, por otro lado, entienden que habrá
un juicio (Rom. 14: 10; 2 Cor. 5: 10; 2 Tim. 4: 1; Heb. 9: 27; 10: 30). No saben cómo unir estas
dos realidades. Por lo tanto, pierden la paz y certeza. ¿El miedo y la desesperanza son inherentes
al concepto de juicio? ¿Son la incertidumbre y la sobriedad sus compañeras necesarias?
Mientras estudiaba cuidadosamente las Sagradas Escrituras, tuve que desaprender esta
interpretación equivocada respecto al juicio divino. Estas definiciones e interpretaciones
unilaterales del juicio divino son el verdadero problema. Este nuevo proceso de pensamiento sobre

4
La autoridad de Dios para juzgar se origina en el hecho de que él es el Creador. Steven J. Keillor argumenta bien
este hecho: «Varios pasajes del Antiguo Testamento presentan la creencia de que el acto de creación le da a Dios el
poder de juzgar después de la Caída». J. Keillor, God’s Judgments: Interpreting History and the Christian Faith
(Downers Grove, Ill: IVP Academics, 2007), 65.
5
Ejemplos de juicios negativos incluyen Génesis 3: 23-24; 4: 11-12; 6: 13; 19: 24-25; Éxodo 12: 29-30; Salmo 143:
2; Ezequiel 7: 1-4; 8: 6; Daniel 5: 25-30; Malaquias 3: 5; Juan 5: 29; 2 Tesalonicenses 1: 6-7; 2:8; Hebreos 13: 4;
Apocalipsis 14: 9-10; 19: 19-21, etc. Es verdad que la ira de Dios está dirigida contra el pecado, pero los pecadores
tercos que se asocian con el pecado también la experimentan (Prov. 28:13; Eze. 18: 23, 31-32; Mal. 4: 1; Mat. 25: 41-
46; Juan 3: 36; Rom. 2: 4-5; 1 Tes. 1: 10; 2 Tes. 1: 8-10). Permanecer en pecado ante el Santo Dios resulta en
desesperanza y muerte (Rom. 6: 23; Gál. 5: 21).
el juicio divino no es fácil, porque la negatividad trata de volver a filtrarse. En este estudio subrayo
una dimensión positiva del juicio divino y su papel principal (sin negar que también hay un lado
negativo, muy serio y trágico del juicio de Dios, es decir, la condena, el castigo y la destrucción,
pero únicamente como un propósito secundario) al proporcionar una valiosa muestra de
esplendorosos ejemplos bíblicos.6 Quiero subrayar que para los autores bíblicos, el juicio divino
es algo que deseaban y esperaban con gran anticipación: «Levántate, Dios, juzga la tierra» (Sal.
82: 8). El juicio juega un papel vital en el plan de salvación de Dios y es una parte central del
evangelio eterno (Rom. 2: 16; Apoc. 14: 6-7).7 Si eso es así, la pregunta fundamental es: ¿Cuál es
el significado primario del juicio divino? Aqúí procuro dar cuatro respuestas.

El significado del juicio divino

Juzgar significa justificar


De acuerdo con la comprensión bíblica, «juzgar» significa «justificar», lo cual es una acción
legal que tiene un impacto impresionante en nuestras vidas.8 Cada vez que confesamos nuestros
pecados y somos perdonados, pasamos por el juicio escatológico de Dios que se abre paso en
nuestra vida, y somos justificados por su gracia, es decir, hemos sido declarados justos. El juicio

6
Hay un patrón consistente en el juicio de Dios con aspectos positivos y negativos aún en medio de la transgresión y
en el establecimiento de la condenación. Considere, por ejemplo, los siguientes juicios divinos: 1) La caída de Adán
y Eva. Positivo: la gracia divina intervino y Adán y Eva no murieron inmediatamente. Dios prometió la simiente
venidera para vencer a Satanás. Negativo: condenación por la transgresión, la expulsión del huerto del Edén y
finalmente la muerte. 2) Caín después de haber matado a su hermano Abel. Positivo: se le da una señal de protección.
Negativo: se convierte en un fugitivo. 3) El diluvio. Positivo: la salvación de Noé y su familia. Negativo: la destrucción
de la población/mundo malvado antediluviano. 4) La construcción de la torre de Babel. Positivo: Abraham ha sido
llamado a ser el mensajero de Dios para el mundo. Negativo: la dispersión de la gente y la confusión de los idiomas.
5) Sodoma y Gomorra. Positivo: la salvación de Lot y su familia cercana. Negativo: la destrucción de las ciudades
malvadas, etc. Como muestran los ejemplos, los juicios positivos se entremezclan con los negativos. Parece que solo
unos pocos casos excepcionales (como Lev. 10: 1-2; 2 Sam. 6: 6-7; 2 Rey. 2: 23-24; Hch. 5: 3-11; 12: 21-24) y el
juicio final (Apoc. 20: 7-10) son juicios puramente negativos (aunque la erradicación del mal trae resultados positivos).
Dios salva a las personas arrepentidas, pero también castiga el pecado (Éxo. 20: 5-6; 34: 6-7). Estas dos características
fundamentales de Dios constituyen una unidad indisoluble e inseparable.
7
J. Gordon McConville: «La idea de Dios como juez es una de las metáforas más penetrantes aplicadas a Dios en el
Antiguo Testamento». J. Gordon McConville, «The Judgment of God in the Old Testament», ExAud 20 (2004): 25.
8
Sobre el concepto de juicio y su diverso vocabulario (shapat, din, rib, paqad, tsadaq, yashab, anakrino, diakrino,
etc.), véase, por ejemplo, Leon Morris, The Biblical Doctrine of Judgment (London: Tyndale Press, 1960), 7-43; R.
Laird Harris, Gleason L. Archer Jr. y Bruce K. Waltke, eds., Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago:
Moody Press, 1980), 1:188, 414-416; 2:731-732, 752-755, 845-846, 947-949; C. U. Wolf, «Judge», en The
Interpreter’s Dictionary of the Bible, ed. George Arthur Buttrick (Nashville, TN: Abingdon Press, 1985), 2:1012-
1013; J. C. Moyer, «Judging, Judge», International Standard Bible Encyclopedia, ed. Geoffrey W. Bromiley (Grand
Rapids: Eerdmans, 1979–1988), 2:1161-1162; Temba L. J. Mafico, Yahweh’s Emergence as «Judge» Among the
Gods: A Study of the Hebrew Root Špt (Lewiston, NY: Mellen Press, 2007).
es la justificación: Dios, como verdadero Juez, justifica a los pecadores arrepentidos (Rom. 3: 22-
26; 5: 6-11) y somos limpiados y absueltos de toda culpa (Sal. 51: 1-2; Isa. 6: 7; Zac. 3: 4). Él hace
eso y puede hacerlo, ¡porque es nuestro Juez celestial! De esta manera, por ejemplo, Abraham fue
juzgado por Dios y declarado justo porque creyó en él (Gén. 15: 6); y Josué, el sumo sacerdote,
fue proclamado justo (Zac. 3: 3-5). Isaías ha declarado audazmente: «En Jehová será justificada y
se gloriará toda la descendencia de Israel» (45: 25). De esta manera, juzgar significa «limpiar»
(Sal. 51: 7-10; Job 4: 17; Isa. 1: 18; Dan. 8: 14). Y los pecadores justificados han de permanecer
en una relación restaurada y correcta con su Señor. Esta proclamación positiva de Dios a nuestro
favor nos da plena seguridad de la salvación, nuevo valor para vivir, trae verdadera paz y alegría
festiva a nuestras vidas.
David afirma alegremente: «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y
cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo
espíritu no hay engaño» (Sal. 32: 1-2). Es por eso que Pablo aclara sin ambigüedades: «Ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Rom. 8: 1). Jesús también lo
asegura claramente: «De cierto, de cierto os digo, el que oye mi palabra y cree al que me envió
tiene vida eterna y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida» (Juan 5: 24).
El transgresor perdonado no entra en el juicio de condenación y no experimentará la desaprobación
de Dios.9 Ninguna de nuestras actuaciones (por nobles que sean), grandes logros o buenas obras
pueden ayudarnos a ganar el reino divino.10 ¡Recibimos la salvación como un don puro únicamente
por medio de y en Cristo! No es de extrañar que a Jesús se le diera autoridad para pronunciar el
juicio (Juan 3: 17-18; 5: 22-23, 27, 30; 6: 37-40, 44; 8: 16; 9: 39; cf. Dan. 7: 13-14), y toda la gloria
le pertenece (Sal. 34: 2; Jer. 9: 23-24; 1 Cor. 1: 29-31; 10: 31; Col. 1: 27; Jud. 24-25; Apoc. 5: 12-
13).
El primer juicio registrado en la Biblia es sobre Adán y Eva después de que rompieron su

9
La frase clave en Juan 5: 24, «no vendrá a condenación», puede ser traducida de una manera diferente: «no vendrá
a juicio» (Traducción propia). El ambiguo término griego krisis se usa intencionalmente aquí con un doble significado
para aludir a dos términos complementarios (es decir, condenación y juicio) donde ambos son correctos. Los que creen
en Cristo no serán condenados en ningún juicio (Rom. 8: 1; 14: 10; 2 Cor. 5: 10) y no serán llevados al juicio final de
condenación de los impíos porque en ese momento los justos ya serán habitantes de la Nueva Jerusalén (véase Apoc.
20: 7-21: 4).
10
Las buenas obras tienen una triple función: 1) no son importantes para nuestra salvación pero sí para la salvación
de los demás (Mat. 5: 16; Rom. 10: 14; Gál. 5: 6; Efe. 2:10; 1 Ped. 2: 9); 2) demuestran que nuestra fe está viva porque
sin obras nuestra fe está muerta (Sant. 2: 26) y 3) revelan nuestra salvación que es un don 100% de Dios (Juan 14: 15;
1 Juan 4: 19).
relación de amor y confianza con su Creador y comieron el fruto prohibido (Gén. 3: 6).11 En lugar
de ser destruidos como Dios dijo inicialmente –«pero del árbol del conocimiento del bien y del
mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Gén. 2: 17)–, por la gracia
divina sus vidas fueron salvadas, e incluso Dios los buscó (Gén. 3: 9). El llamado de Dios
(«¿Dónde estás?») fue una expresión de su profundo amor en busca de la humanidad y así reveló
el juicio y la gracia divina al mismo tiempo. A causa de la gracia que venía del Cordero, quien fue
inmolado antes de la creación del mundo (Apoc. 13: 8; 1 Ped. 1: 20; Efe. 1: 4), se le dio vida a
Adán y Eva. El protoevangelio anunció el amor divino a favor de los pecadores porque únicamente
Dios podía proveer una solución para nuestra situación pecaminosa y derrotar a Satanás (Gén. 3:
15).12 Cuando estamos en Cristo, somos hijos e hijas de Dios y herederos de su reino. En Cristo
tenemos todo (Gál. 3: 29; 4: 7; Rom. 4: 13-16; 8: 32; 1 Juan 3: 1) y podemos cubrirnos
completamente en su perdón divino.13
George Ladd explica correctamente: «La doctrina de la justificación significa que Dios ha
pronunciado el veredicto escatológico de absolución sobre el hombre de fe en el presente, antes
del juicio final […] Así que el hombre en Cristo es realmente justo, no éticamente sino de manera
forense, en términos de su relación con Dios».14

Juzgar significa salvar


Dios salva a los creyentes de la segunda muerte,15 el pecado, la culpabilidad, el poder del
mal y les da vida eterna (Juan 1: 12; 3: 16; 10: 28; Rom. 6: 5-9, 23; 8: 1-4). El rey David primero
ha descrito un aspecto negativo del juicio divino en términos de destrucción y extinción, pero luego
subraya el juicio como salvación: «Pero todos los pecadores serán destruidos; el porvenir de los
malvados será el exterminio. La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en
tiempos de angustia» (Sal. 37: 38-39). Asaf subraya que el hecho de que Dios se levante para
juzgar, significa que viene «para salvar a todos los mansos de la tierra» (Sal. 76: 9). Así, estos

11
Claus Westermann, Genesis 1-11: A Continental Commentary (Minneapolis: Fortress Press, 1994), 252-255.
12
Afolarin O. Ojewole, The Seed in Genesis 3:15: An Exegetical and Intertextual Study, Adventist Theological
Society Dissertation Series (Berrien Springs, MI: Adventist Theological Society, 2002).
13
Peter Brunner, «The Forgiveness of God and the Judgment of God», Word & World 21, no. 3 (2001): 288. Respecto
a la importancia del perdón, véase Donald E. Gowan, The Bible on Forgiveness (Eugene, OR: Pickwick, 2010);
McConville, «Judgment of God in the Old Testament», 32-38.
14
George Eldon Ladd, A Theology of the New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1974), 446.
15
La primera muerte es una muerte natural como resultado de nuestra naturaleza pecaminosa, pero la segunda muerte
es una muerte eterna como consecuencia de nuestra vida pecaminosa y la condenación de Dios en su juicio (Rom. 6:
23; Apoc. 14: 13; 20: 6).
textos bíblicos declaran explícitamente que juzgar, para Dios, significa salvar a su pueblo. El juicio
divino es salvación y viene únicamente del Señor (Sal. 62: 1; 118: 14; Isa. 12: 2; Jon. 2: 9). Dios
es el Salvador y Redentor (Deut. 32:15, 36, 43; 2 Sam. 22: 3; Job 19: 25; Sal. 18: 46; 19: 14; 43:
5; Isa. 44: 6; 48: 17; 59: 20; 63: 8-9; Jer. 14: 8; Ose. 13: 4). La palabra hebrea yasha’ «denota la
obra salvífica de Dios a pesar de una condena que está legalmente libre de reproche». 16
Cuando Dios envía su mensaje de juicio a las personas, este es un mensaje de gracia, una
oportunidad para arrepentirse; véase la experiencia de los ninivitas (Jon. 3: 6-10) o los mensajes
de Daniel a Nabucodonosor (Dan. 4: 27-33). El relato bíblico del diluvio (Gén. 6-9) es otro buen
ejemplo de salvación en medio de la actividad que tiene Dios de juzgar. Toda esta historia está
escrita en una estructura quiástica con una declaración culminante: «Entonces se acordó Dios de
Noé» (Gén. 8: 1).17 Este clímax no significa que Dios tuvo falta de memoria y de repente recuerda,
sino que intervino a favor de Noé en medio del juicio para salvarlo a él, a su familia y a los animales
en el arca. Además, Noé recibió la gracia divina (Gén. 6: 8). Es importante observar que el término
«gracia» (khen) aparece por primera vez en la Biblia en la narrativa del diluvio.
Sorprendentemente, la gracia divina que interviene en los asuntos humanos es la cúspide de la
historia, pues de ella fluyen todas las acciones salvíficas para la humanidad.
La gracia divina no era únicamente para Noé, sino también para el pueblo antediluviano.
Génesis 6: 3 revela que el Espíritu de Dios estaba contendiendo con la gente llamándola al
arrepentimiento. Sin embargo, Dios tuvo que proclamar tristemente: «No contenderá mi espíritu
con el hombre para siempre» (Gén. 6: 3). En este versículo aparece la palabra hebrea din, «juzgar»,
y los traductores están desconcertados porque no están seguros de qué hacer con este concepto.
No intentan ocultar la dificultad de este versículo y proponen varias soluciones.18 ¿En qué sentido
el Espíritu del Señor ya no podía «juzgarlos»? Dios quiso justificar y salvar al pueblo
antediluviano, pero debido a su terquedad, su negativa a escuchar la palabra divina, a seguir sus

16
Gerhard Kittel Y Gerhard Friedrich, ed., Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids, MI:
Eerdmans, 1971), 7:977. En adelante TDNT.
17
William H. Shea, «The Structure of the Genesis Flood Narrative and Its Implications», Origins 6 (1979): 22-23.
18
Véase Francis Brown, S. R. Driver, y Charles A. Briggs. A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament
(Oxford: Clarendon Press, 1907), 192. En adelante BDB. Emil Kautzsch, ed., Gesenius’ Hebrew Grammar, trad.
Arther E. Cowley, 2da ed. (Oxford: Clarendon, 1910), 199. Para una perspectiva general de las diferentes opiniones,
véase Richard M. Davidson, «The Nature of the Human Being from the Beginning: Genesis 1-11», en “What Are
Humans Beings That You Remember Them?” Proceedings of the Third International Bible Conference Nof Ginosar
and Jerusalem, June 11-21, 2012, ed. Clinton Wahlen (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2015), 33-36.
Compárense diferentes traducciones de este versículo, por ejemplo, NVI, RVC, y RV1995.
instrucciones, y por sus malos pensamientos, Dios no pudo juzgarlos favorablemente. No obstante,
aún en una situación tan extraña, Dios les dio 120 años de gracia adicional para que pudieran
arrepentirse y volver a él (Gén. 6: 3b). Desafortunadamente, la maravillosa gracia divina no fue
recibida generosamente, y el resultado se describe en un lenguaje que indica un estado total de
depravación humana: «Vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo
designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal» (Gén. 6: 5; véase también
8: 21). Noé era un predicador de justicia para ellos (2 Ped. 2: 5), pero sus palabras y su ejemplo de
piedad no fueron tomados en serio.
Dios tenía que detener el incremento del mal, pero estuvo esperando hasta el último segundo.
Cuando Dios intervino con su juicio negativo, en realidad intervino en su gracia, porque ya no
podía seguir viendo la destrucción, la perversión, la violencia, la tortura y la explotación del mundo
antediluviano. Destruyó lo que ya había sido destruido por los mismos humanos (Gén. 6: 11-13).19
Dios, como el cirujano, ¡corta el cáncer del pecado! Si Dios no hubiese intervenido, lo más
probable es que con el tiempo la plaga del pecado hubiera invadido incluso a este fiel remanente.
La simiente prometida de Dios no habría tenido un lugar para nacer, su palabra no habría sido
cumplida (Gén. 3: 15) y la venida del Mesías habría sido obstaculizada. Así, el cáncer del pecado
habría envuelto completamente al mundo, el mal habría ganado, Satanás habría triunfado, ¡la causa
de Dios habría sido derrotada y la humanidad se habría perdido!20 ¡Sin embargo, la gracia divina
prevaleció incluso en este trágico evento (Rom. 6: 20b-21)!
El versículo más significativo con respecto al juicio salvífico de Dios está en Isaías 35: 4.
Dios instruye a Isaías para que anime a la gente: «Decid a los de corazón apocado: “¡Esforzaos,
no temáis! He aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y os

19
En el diluvio, Dios no destruyó algo que era bueno, bello, significativo y tenía potencial para crecer. Él puso fin a
la corrupción humana y a la destrucción. El autor de la narrativa del diluvio juega con la palabra hebrea shakhat, que
tiene un doble significado: 1) «destruir» y 2) «corromper». El juego de palabras en Génesis 6: 11-13 es sorprendente
(se usa cuatro veces la palabra shakhat): ¡Dios ha destruido lo que los humanos ya habían destruido! Así, el juego de
palabras revela la reacción real de Dios a la consumación del mal. En otras palabras, en el diluvio Dios destruyó un
gran «campo de concentración» de maldad. Destruir no es su naturaleza, porque él es el Creador, Dador y Sustentador
de la vida. Sus juicios negativos son su «extraña obra» y «extraño trabajo» (Isa. 28: 21), y no le agrada la muerte de
los malvados (2 Sam. 14: 14; Eze. 18: 23, 32; 33: 11). Cuando el Señor tuvo que aniquilar a los malvados, «se
arrepintió» y «le dolió en su corazón» (Gén. 6: 6). Esto está en gran contraste con las historias extrabíblicas del diluvio
donde los dioses enojados destruyen a los seres humanos debido al bullicio que hacían (como por ejemplo, en la Épica
de Atrahasis) Juan en el libro de Apocalipsis conecta sabiamente el juicio de Dios en la segunda venida de Jesús con
Génesis 6 al señalar que Dios destruirá «a los que destruyen la tierra» (Apoc. 11: 18).
20
Según la declaración del Génesis, «Engrandezca Dios a Jafet, que habite [Elohim] en las tiendas de Sem» (Gén. 9:
27), el Mesías debe venir de la posteridad de Sem, uno de los hijos de Noé. Para un análisis detallado de este pasaje,
véase Walter C. Kaiser, Jr., The Messiah in the Old Testament (Grand Rapids: Zondervan, 1995), 42-46.
salvará”» Esta es la noticia que necesita ser predicada y difundida ampliamente.

Juzgar significa liberar


Dios, como nuestro Juez, nos libra de la condenación y de la tiranía del pecado porque él es
el verdadero Libertador (Juan 8: 32, 36; Rom. 8: 2; 2 Cor. 3: 17; Gál. 5: 1, 13). Él es el vencedor
en el gran conflicto contra Satanás (Juan 12: 31-32; 14: 30; 16: 11), por lo tanto, él es capaz de
librarnos de diferentes adicciones al pecado. Él es el Dador de la libertad. Aunque estamos en
peligro de ser esclavos del pecado (Rom. 6: 11-18), nuestro Juez nos libra del poder del maligno
(Mat. 6: 13). «A lo largo de la Biblia, aquellos que han experimentado la liberación por parte de
Dios lo hacen por medio de su juicio».21 Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto, y lo
liberó por medio de su juicio contra los dioses egipcios y sobre aquellos que se asociaron con ellos
(Éxo. 3: 8; 5: 2; 6: 6; 7: 5; 12: 12). Esta liberación es aún más profunda; ser libre del pecado
significa ser sanado (Sal. 41: 4). La salvación, en última instancia, significa la liberación del poder
sobre el pecado y un completo bienestar o sanidad. La palabra griega soteria abarca este abundante
significado.22
Dios nos ayuda a entender la naturaleza de su juicio a través del libro de Jueces. ¿Cuál era
la función principal de estos jueces? ¿Condenar, castigar o destruir al pueblo de Dios? Por el
contrario, los jueces fueron enviados por Dios para liberarlos de la opresión y devastación de sus
enemigos. Fueron llamados a proteger, cuidar, salvar y liberar al pueblo de Dios de sus enemigos.
¡Estaban allí para dar y asegurar la libertad! Este libro debería llamarse el «Libro de los
libertadores». ¡El juicio para Dios es su manera de demostrar su actitud positiva hacia los
oprimidos, su venida para rescatarlos (Sal. 9: 7-10)!

Juzgar significa vindicar


Dios está siempre a nuestro favor. Como el gran Juez, él vindica a su pueblo contra las
acusaciones de Satanás, quien está contra nosotros. El salmista ha hecho bien en expresar que
«Jehová juzgará [heb. din] a su pueblo y se compadecerá de sus siervos» (Sal. 135: 14). La historia

21
James M. Hamilton, Jr., «The Glory of God in Salvation through Judgment: The Center of Biblical Theology?»
Tyndale Bulletin 57, no. 1 (2006), 62.
22
Véase TDNT, 7:965-998; Frederick W. Danker, Walter Bauer, William F. Arndt, y F. Wilbur Gingrich, Greek-
English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. 3ra ed. (Chicago: University of Chicago
Press, 2000), 801; Ceslas Spicq, Theological Lexicon of the New Testament (Peabody, MA: Hendrickson, 1994),
3:344-357.
de Job revela esta verdad. En el tribunal celestial, Satanás acusó a Job de motivos egoístas impuros:
«¿Acaso teme Job a Dios de balde?» (Job 1: 6, 9) El término clave en esta pregunta diabólica es la
palabra hebrea khinnam («de balde»).23 En este contexto judicial, Dios está del lado de Job aunque
no pueda responder directa e inmediatamente a la acusación de Satanás, porque el acusador
únicamente puede ser derrotado por alguien que es más débil que él y no por la argumentación o
el poder de Dios. Al final, Dios logra la victoria moral cuando se revela el amor desinteresado, la
confianza y el servicio de Job. En última instancia, el amor, la verdad y la justicia de Dios
conquistan todo y prevalecen (Sal. 100: 5; 101: 1; 103: 8-11; 117; Efe. 1: 10; Fil. 2: 9-11),24 y Dios
es justo mientras justifica a los pecadores (Sal. 51: 4; Rom. 3: 4, 26).25 Esta teodicea es el corazón
de la guerra espiritual.26
Daniel 7: 22 describe el aspecto de vindicación/justificación del juicio celestial
preadvenimiento (véase Dan. 7: 9-10,13-14). El texto arameo debe traducirse con mayor precisión
de la siguiente manera: «Hasta que vino el Anciano de Días y el juicio se pronunció a favor de los
santos del Altísimo» (Traducción propia).27 ¡Qué hermosa imagen de Dios. Él está por nosotros y
nunca contra nosotros!28 Varias veces David ora: «¡Júzgame, Jehová!» (Sal. 7: 8; 26: 1; 35: 24; cf.
Sal. 43: 1).29 El contexto explica claramente que David necesita la vindicación divina de las falsas
acusaciones de sus enemigos, y muchas versiones modernas traducen como «¡Vindícame,

23
Este es un término importante en el libro de Job que ocurre cuatro veces y es expresado por diferentes personas: Job
1: 9 (Satanás), 2: 3 (Dios), 9: 17 (Job) y 22: 6 (Elifaz). Esta palabra tiene muchos significados: «sin razón», «gratis»,
«en vano», «sin propósito», «inmerecidamente», «desinteresadamente». Véase BDB, 336.
24
Muchos eruditos abogan por la unidad entre el amor y la justicia en el juicio ya que es la naturaleza misma de Dios
(Éxo. 34: 6-7). Véase, por ejemplo, James P. Danaher, «Forgiveness, Mercy and Judgment», Modern Believing 48,
no. 4 (2007): 30-39; Randall C. Zachman, «The Unity of Judgment and Love», Ex Auditu 20 (2004): 148-161.
25
Sobre cómo Dios se justifica ante las naciones, véase Ezequiel 28: 22, 25; 36: 23; 38: 16, 23; 39: 7. La frase «cuando
sea santificado en ti» únicamente se usa en Ezequiel 36: 23 y 38: 16.
26
Para un estudio más detallado del caso de Job, véase mi artículo «The God of Job and Our Adversary», JATS 15,
no. 2 (2004): 104-117.
27
Richard M. Davidson provee apoyo exegético para esta traducción, especialmente el inglés. Véase Richard M.
Davidson, Song for the Sanctuary: A Graduate Textbook on the Biblical Doctrine of the Sanctuary (Berrien Springs,
MI/Silver Spring, MD: Andrews University Press/Biblical Research Institución, de próxima publicación), capítulo 20.
La mayoría de las versiones bíblicas modernas reconocen un «dativus commodi» en el uso de la preposición hebrea le
sobre la cual una acción recae. En este contexto se ha de traducir «a favor de» los santos. Véase NVI, RVC, NTV,
NBLH.
28
Para una mayor discusión del significado positivo de Daniel 7: 22, véase el capítulo 20 de Davidson, Song for the
Sanctuary.
29
Los primeros tres de estos salmos son explícitamente davídicos, de acuerdo a su sobrescrito o encabezado. El cuarto
tiene la inscripción «Una contemplación de los hijos de Coré», pero esto puede referirse a la melodía y no a la letra.
Elena G. de White atribuye a David las palabras del Salmo 42 (y por lo tanto también el Salmo 43, que está íntegra,
estructural y temáticamente relacionado con el Salmo 42). Véase Elena G. de White, La educación (Doral, FL:
IADPA, 2009), 148. Véase Elena G. de White, Obreros evangélicos (Buenos Aires: ACES, 1997), 270; Elena G. de
White, Testimonios para la iglesia (Doral, FL: IADPA, 2007), t. 4, 526.
Señor!».30
Juan declara que Jesús silenció las acusaciones de Satanás debido a su victoria en la cruz:

«Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su


Cristo, porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba
delante de nuestro Dios día y noche. Ellos lo han vencido por medio de la sangre del
Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, que menospreciaron sus vidas hasta la
muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores
de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo
que tiene poco tiempo» (Apoc. 12: 10-12).

Satanás acusa, pero Dios defiende y vindica (Zac. 3: 1-4; Dan. 12: 1; Rom. 8: 31-39; Heb.
7: 25).

El testimonio rabínico
Apoyo esta dimensión positiva del juicio de Dios con las fuentes rabínicas antiguas, porque
según su entendimiento, el Yom Kippur (el día de la expiación), tradicionalmente conocido como
el día del juicio, es en realidad el día de la salvación. La naturaleza paradójica del Yom Kippur está
bien expresada por Naphtali Winter: «A pesar del arrepentimiento y la abstinencia practicados en
el Yom Kippur, nunca fue un día triste. Su atmósfera era solemne, pero siempre estuvo acompañada
por la confianza y la alegría de encontrar la expiación».31 Esta imagen afirmativa del juicio divino
está documentada en la Mishná, donde el rabino Simeón ben Gamaliel describe el día de la
expiación (Yom Kippur) como un día de alegría: «No había días más felices para Israel que el 15
de Ab y el día de la expiación, porque en ellos las hijas de Israel solían salir vestidas de blanco
[…] para danzar en las viñas».32 El Talmud de Jerusalén afirma acertadamente:

«Normalmente, alguien que juzgaba se vestía sombríamente, se vestía con ropas negras y no
se cortaba la barba. Después de todo, él no ha de saber el resultado. Sin embargo, Israel es
diferente. Nos vestimos de blanco y nos cubrimos de blanco y nos cortamos la barba y

30
Al parecer, solo las versiones inglesas han captado bien esta idea. Entre ellas, véase, por ejemplo, NASB, NIV,
NET. Entre las versiones españolas para los Salmos 7: 8, 26: 1 y 35: 24, están, por ejemplo, la NTV (“declárame
justo”, 7: 8); LBLA, DHH, NBLH, NVI, RVC (“Hazme justicia”, 26: 1), NTV, TLA (“Declárame inocente”, 26: 1);
NBV, NTV (“Declárame inocente”, 35: 24), RV2015 (“Hazme justicia”, 35 :24).
31
Naphtali Winter, ed., The High Holy Days, Popular Judaica Library (Jerusalem: Keter Books, 1973), 64. El talmud
babilónico declara: «Se ha enseñado: “Todos son juzgados” en Año Nuevo y su condenación es sellada en el día de la
expiación» (Rosh HaShanah 16a). Philip Birnbaum señala: «En Rosh Hashanah su destino está inscrito, y en Yom
Kippur está sellado». Philip Birnbaum, High Holiday Prayer Book: Yom Kippur (New York: Hebrew Publishing Co.,
1960), 508.
32
Ta’anith 4.8 (traducción de Herbert Danby).
comemos y bebemos y estamos alegres porque sabemos que Dios hará milagros por nosotros.
Ser juzgado por Dios es a la vez algo asombroso: Él lo sabe todo, pero es un Dios
misericordioso. Incluso el juicio mismo no tiene por qué estar desprovisto de alegría». 33

El rabino Akiva nos recuerda que «el mundo es juzgado por la bondad [divina]… el juicio
es un juicio verdadero, y todo está preparado para el banquete». 34

Observaciones fundamentales
Las personas que están en el senda de la muerte se regocijan por la noticia de que habrá un
juicio que se ocupará de su situación. Esta noticia significa una nueva esperanza para su caso.
Cuando hayamos aceptado que estamos condenados a la muerte eterna debido a nuestros pecados,
entonces podremos regocijarnos por la noticia de que habrá un juicio divino. ¡Este juicio es nuestra
única esperanza! Es una oportunidad para que los pecadores sean salvos. Sin embargo, ¡en este
juicio todo depende de nuestra relación con nuestro Señor y Salvador Jesucristo!
Tenemos que darnos cuenta de que el sistema judicial en el antiguo Israel era diferente si lo
comparamos con nuestro sistema de justicia occidental. En el sistema judicial de nuestra sociedad,
tenemos principalmente dos individuos (además del fiscal y el jurado), cada uno con una función
diferente para asegurar la justicia en nuestro caso (y en nuestra cultura tenemos buenas razones
para hacerlo). Estos dos personajes principales son el juez (cuya función principal se entiende que
es sentenciar o condenar a las personas) y un abogado (para defender a los acusados). ¡Pero en el
antiguo Israel no había abogados! Solamente se necesita una persona en los procedimientos
legales, un juez que sea al mismo tiempo un abogado. Un individuo cumplía ambas funciones. ¡El
juez era percibido como el salvador! Únicamente él puede liberar y vindicar a un acusado de la
injusticia. Si alguien necesitaba ayuda, solo un juez podía intervenir y traer una solución al
problema (Luc. 18: 2-8).35
Hoy en día asociamos el juicio con el miedo, pero los autores bíblicos conectaron el juicio
con un gozo superior. Considere los verbos en el siguiente pasaje bíblico que describe una actitud
hacia el juicio: «Alégrense […] gócese […] brame […] regocíjese […] delante de Jehová, que

33
Rosh HaShanah 1:3.
34
Hayim N. Bialik y Yehoshua H. Ravnitzky, The Book of Legends: Legends from the Talmud and Midrash (New
York: Schocken Books, 1992), 561:237.
35
Para más detalles sobre el papel del juez en los tiempos bíblicos, véase C. Brown, «Judge», en The Zondervan
Encyclopedia of the Bible, rev. ed. (Grand Rapids: Zondervan, 2009), 3:838-839; Keillor, God’s Judgments, 65-66;
Roland de Vaux, Ancient Israel: Its Life and Institutions (London: Longman & Todd, 1961), 143-163.
vino, porque ha venido a juzgar la tierra» (Sal. 96: 11-13; recitado en 1 Cro. 16: 31-36).
La única manera en que podemos estar ante el Dios santo es por su gracia. Somos salvos por
la gracia de Dios por medio de la fe en Jesucristo (Gén. 15: 6; Hab. 2: 4; Rom. 1: 16; 3: 22-31;
Efe. 2: 4-10; Gál. 2: 16; Tito 2: 11-14). Él está más que dispuesto a salvarnos; caminando con un
Dios tan misericordioso, es más fácil salvarse que perderse (Rom. 8: 35-39; Efe. 1: 9-10; 1 Tim.
2: 3-4; 2 Tim. 1 :9-10; 2 Ped. 3: 9). ¡Tenemos vida eterna no porque la sintamos, sino porque Dios
así lo ha dicho (Sal. 10: 12; Isa: 1: 18; 38: 17; Miq. 7: 18-19; 1 Juan 1: 7-9; 3: 20)!
La proclamación del juicio en el contexto de Apocalipsis 14 es una muy buena noticia y es
parte del evangelio eterno. La indicación del evangelio de que «la hora de su juicio ha llegado»,
brota del imperativo: «Temed a Dios y dadle gloria […] adorad al que hizo» todo (Apoc. 14: 7).
¡El evangelio es una proclamación de las buenas nuevas acerca de Dios como nuestro Juez!36
El juicio tiene que ver con restaurar la justicia.37 El salmista exclama: «Engrandécete, Juez
de la tierra […] ¿Hasta cuándo, los impíos, hasta cuándo, Jehová, se gozarán los impíos?» (Sal.
94: 2-3; cf. Sal. 74: 10; Isa. 51: 4-5; Hab. 1: 2-3; Apoc. 6: 10). La verdadera justicia no corrompida
únicamente puede ser institutida por Dios; ¡su amor, verdad y justicia prevalecerán! La única
solución a nuestra situación pecaminosa y para no estar bajo condenación es aceptar y conocer
personalmente a nuestro Juez, ¡porque en el rostro de nuestro Juez podemos reconocer el rostro de
nuestro Salvador! (Gén. 3: 9, 15, 21; Isa. 63: 6-9).38
¿Podemos escondernos de la ira de Dios? David ha proclamado que Dios está en todas partes
y que no hay lugar para ocultarnos de él (Sal. 139). Pero, aun así, hay un lugar especial donde el
Padre Celestial no puede «encontrar» a los que le siguen. Este único escondite está en la persona
de Jesús. Es por eso que debemos aceptarlo como nuestro Salvador personal. David ora: «Tú eres
mi refugio; me guardas de la angustia» (Sal. 32: 7; 143: 9; cf. Sof. 2: 3). El motivo «en Cristo»

36
Apocalipsis 14: 7-8 revela dos tipos de juicios: el primero es positivo (vers. 7) y el segundo, el juicio sobre Babilonia,
es negativo (vers. 8), como lo demuestra el contexto.
37
Para más estudios respecto a la justicia de Dios, véase Enrique Nardoni, Rise Up, O Judge: A Study of Justice in the
Biblical World (Peabody, MA: Hendrickson, 2004); Oliver O’Donovan, The Ways of Judgment (Grand Rapid:
Eerdmans, 2005); Chris Marshall, The Little Book of Biblical Justice (Intercourse, PA: Good Books, 2005), N. T.
Wright, Evil and the Justice of God (Downers Grove, Ill: InterVarsity, 2006); Stephen H. Travis, Christ and the
Judgment of God: The Limits of Divine Retribution in New Testament Thought (Peabody, MA: Hendrickson, 2008).
38
Esta verdad se explica elocuentemente en la siguiente cita: «Haz amistad con Cristo hoy. Pon tu caso en manos del
gran Abogado. Él defenderá tu causa ante el Padre. Aunque hayas transgredido la ley, y debas declararte culpable ante
Dios, Cristo presentará su preciosa sangre por ti, y por medio de la fe y la obediencia, y la unión vital con Cristo,
podrás ser absuelto ante el Juez de toda la tierra, y él será tu amigo cuando suene la trompeta final, y las escenas de la
tierra no sean más». Elena G. de White, Signs of the Times, 27 julio de 1888, parr. 11.
significa que el Padre celestial nos mira y ve a su Hijo amado Jesucristo. Cuando estamos en Cristo,
todo lo que es suyo nos es dado como un don gratuito, el resultado de su asombrosa gracia. Su
pureza es nuestra pureza, su justicia es nuestra justicia, su perfección es nuestra perfección, su
carácter es nuestro carácter, y somos aceptados por nuestro Padre celestial como si nunca
hubiéramos pecado.
¡Alabado sea el Señor porque Dios es nuestro Juez!

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