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MARCO CONCEPTUAL DE LA LACTACNCIA MATERNA

La Lactancia Materna es la forma más adecuada y natural de proporcionar aporte nutricional,


inmunológico y emocional al bebé, ya que le aporta todos los nutrientes y anticuerpos que lo
mantendrán sano, sin olvidar que le permitirá crear fuerte lazo afectivo con la madre, además
constituye una base biológica y psicológica única para el desarrollo del niño. (Borda C., Benavente
L., Gonzales J. & Chein S.; 2004) . Es por esto que la Organización Mundial de la Salud (2002),
recomienda que se alimente a todos los lactantes con leche materna de forma exclusiva, durante
los 6 primeros meses de vida y que después se continúe amamantando, mientras se añaden
alimentos apropiados.

La leche humana (LH) no es una simple colección de nutrientes sino un producto vivo de gran
complejidad biológica, activamente protectora e inmunomoduladora que estimula el desarrollo
adecuado del lactante.

En cuanto al neurodesarrollo se refiere, La leche materna contiene ácidos grasos poliinsaturados


de cadena larga (L-PuFA, long-chain polyunsaturated fatty acids),éstos que se depositan
especialmente en el cerebro y en la retina, y son requeridos para una adecuada neurotransmisión,
además de estar involucrados en la arborización dendrítica y la reparación neuronal posterior a
una lesión celular (Pereira F., Gonzales M., Marcela D. & Villamil V.; 2014). Dentro de este grupo,
sus dos principales exponentes son el ácido araquidónico (AA) y el ácido docosahexaenoico (DHA),
los cuales, en lo que corresponde a la vida intrauterina, se obtienen a través de la placenta,
encontrando una concentración elevada de estos ácidos grasos en el tejido nervioso fetal; sin
embargo, después del nacimiento, estas reservas tienden a disminuir, predominantemente el
DHA. (Gil M., 2010a). El DHA no es un nutriente esencial en el adulto, debido a que el cuerpo
humano lo puede sintetizar endógenamente a través del ácido linoleico. En el lactante, no
obstante, se conoce como un nutriente esencial, ya que no lo puede sintetizar endógenamente de
forma eficiente, dada la inmadurez enzimática que este presenta en el inicio de su vida, por lo
tanto, debe recibirlo de una fuente exógena, siendo la leche materna la principal fuente de éste.
(Gil M., 2010b)

Rioux F. et al (2011), afirman que dentro del grupo de los micronutrientes de la leche materna,
encontramos al hierro, el cual afecta de manera directa el neurodesarrollo, ya que participa en la
replicación celular, el metabolismo y la mielinización del sistema nervioso central, al igual que en
la síntesis de los neurotransmisores. Así mismo, el hierro es requerido por los oligodendrocitos
para una adecuada mielinización, así como también juega un papel dentro de procesos de los
sistemas sensoriales como la vista y el oído.

Makrides et al. (1994) analizaron la corteza cerebral de 35 infantes a término, y encontraron en los
niños alimentados con lactancia materna un incremento a las 48 semanas del 10 %, en relación al
nacimiento (7%). Los niños alimentados con fórmula no mostraron ningún incremento.

Rodriguez J. (2014) afirma que el calostro como la leche materna son una excelente fuente de
bacterias comensales, mutualistas y potencialmente probióticas. De hecho, la leche humana es
uno de los factores clave en la iniciación y el desarrollo de la microbiota intestinal del neonato ya
que este fluido garantiza un aporte constante de bacterias durante todo el periodo de lactancia.
Penders J, Thijs C, et al (2006), nos dicen que la población de bacterias del intestino del recién
nacido se origina en la microbiota vaginal y perianal de la madre, así como de la leche humana,
donde se ha demostrado su presencia.

Se entiende como microbiota al conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, arqueas, virus y


parásitos) que reside en el cuerpo humano (Mansilla E. ;2016). Las propiedades de la microbiota
serían la activación en sinergia con los oligosacáridos, mejorando la función de la barrera intestinal
epitelial; el fortalecimiento del eje intestino- cerebro; síntesis de cobalamina ; entre otros. (Larguia
M. 2018).

Según Pérez I. (2018) ,el Sistema Nervioso Entérico (SNE) es parte del sistema nervioso y
comprende los ganglios entéricos y una red compleja de más de 500 millones de neuronas,
neurotransmisores, neuromoduladores y otras células extendidas por todo el aparato digestivo. Es
autónomo, controla el tracto gastrointestinal, es sensible a las hormonas y se comunica con el
sistema inmune y con el Sistema Nervioso Central al enviar información sobre el contenido
intraluminal, la pared intestinal (tensión o relajación) y condiciones como inflamación, pH, frío,
calor, defecación y salivación. Allí se producen, por ejemplo, la serotonina, dopamina, la hormona
liberadora de gonadotropina, entre otras sustancias.

Según Zamudio V. et al. (2017), el eje cerebro - intestino consiste en una comunicación
bidireccional entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico, lo que permite ligar
los estado emocionales y cognitivos del cerebro con las funciones intestinales. El rol principal de
este eje es monitorizar e integrar las funciones del tracto gastrointestinal y relacionarlas con los
estados emocionales, los centros cognitivos del cerebro, con las funciones periféricas del intestino,
así como la activación del sistema inmune, la permeabilidad intestinal, los reflejos entéricos y la
señalización enteroendocrina. Todo esto es debido a la presencia de la microbiota gastrointestinal,
dada la acción de las diferentes bacterias que regulan actividades metabólicas, tróficas e inmunes.
(Caraborri M, y Scirocco A. ;2015)
Referencias:

Borda C, Benaventte L., Gonzales J. & Chein S. (2004). Beneficios de la leche y la lactancia materna
como factor del creciemiento y desarrollo del niño y su relacion con el órgano de la boca.

Caraborri M, y Scirocco A. (2015) El eje gut-cerebro: Interacciones entre microbiota entérica,


nervio central y entérico. Anales de Gastroenterología. 2015; 28: 1-7.

Cercenado E. (2016). Recomendaciones de la Sociedad Española de nfermedades Infecciosas y


Microbiologia Clinica. EIMC .España

Gil M. (2010). Importancia del ácido docosahexaenoico (DHA): funciones y recomendaciones para
su ingesta en la infancia. Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Pediat
2010;73(03):142.

Hernández M., Aguayo J., Gómez A. (2008).Toma de decisiones informadas sobre la alimentación
del lactante. En: Manual de Lactancia Materna. De la teoría a la práctica. Asociación Española de
Pediatría. Editorial Médica Panamericana; 2008. p. 41-47.

Organización Mundial de la Salud (2002). Estrategia mundial para la alimentación del lactante y
del niño pequeño. Ginebra Suiza OMS. Recuperado de:
https://www.who.int/topics/breastfeeding/es/

Penders J, Thijs C, et al. (2006). Factores que influyen en la composición de la microbiota intestinal
en la infancia temprana. Pediatrics. 2006; 118:511-21.

Pereira F., Gonzales M., Marcela D. & Villamil V.(2014). La lactancia materna y su relación con el
neurodesarrollo. Recuperado de : https://www.elsevier.es/es-revista-pediatria-213-pdf-
S0120491215301282

Rioux F., Bélanger-Plourde J., Leblanc C., Vigneau F.(2011). Relación entre el DHA materno y el
estado de hierro y desempeño cognitivo de los bebés. Can J Diet Pract Res 2011; 72(2):76.

Rodríguez J. (2014). Microbiota de la leche humana; implicaciones para la salud materno infantil.
En AEPap ed. Curso de Actualización Pediatría 2014. Madrid: Exlibris Ediciones; 2014. p. 41-51.
REcuperado de : http://cursosaepap.exlibrisediciones.com/files/49-240
fichero/Microbiota%20de%20la%20leche%20humana.pdf

Zamudio V., Ramírez J., Toro E., Cervantes R., Zárate F., Montijo E. et al. (2017). Importancia de la
microbiota gastrointestinal en pediatría. Acta. Pediatr Mex. 2017; 38(1):49-62.