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NIVEL: CUARTO DERECHO “A”

La democracia es un término utilizado con gran frecuencia y más por los políticos de turno

sin embargo no se le da ni la importancia ni se la utiliza como realmente se lo debería hacer,

a esto se suma el desconocimiento de la población en cuanto a su verdadero significado.

La República del Ecuador se constituyó formalmente en 1830, tras su independencia de

la Gran Colombia. Desde su inicio, los fundamentos de la Revolución Francesa y el modelo

constitucional norteamericano inspiraron la formación del Estado ecuatoriano: un gobierno

democrático, popular, representativo y responsable; la elección de las autoridades a través de

elecciones directas y secretas; el reconocimiento de garantías o libertades individuales; el

establecimiento de tres funciones del Estado: ejecutiva, legislativa y judicial, que en papel al

menos gozan de autonomía.

Desde la interpretación política, económica y social, la democracia por un lado es un

sistema político, una forma de Estado, pero por otro, es una determinada forma de vida civil

y social. Para que ambas concepciones se fundan en una, se requiere que la mayoría de los

miembros de la sociedad se comporten como ciudadanos demócratas, como personas

conscientes de sus derechos, responsabilidades y deberes, como miembros activos de una

sociedad y de un Estado, es decir, que correspondan a valores propios de una cultura

democrática solidaria.

En el mismo sentido se orienta la definición sobre la democracia elaborada por (Bobbio,

1997, pág. 44), al señalar que es: “un conjunto de reglas procesales para la toma de decisiones

colectivas en el que está prevista y propiciada la más amplia participación de los interesados”.

En este sentido, se evidencia las reglas relativas de la democracia que debe garantizar la

participación política del número mayor posible de ciudadanos interesados, la regla de la

mayoría para las decisiones políticas y la protección de la esfera privada.


La democracia proporciona un marco de legitimidad y unas reglas para el ordenamiento

de los conflictos cada sociedad de acuerdo a su particular formación social, económica,

política y cultural, presenta condiciones y modalidades propias de conflicto. La estructura

social, su división de clases, grupos y sectores, sus diferencias y aun desigualdades, ofrecen

las bases y elementos para toda una tipología de conflictos, con sus particulares frecuencias

e intensidades.

Una democracia se construye a través de esfuerzos direccionados a lograr mejores

condiciones de desarrollo para una población. Pero es necesario que se tenga claro, que un

proceso democrático no depende directamente de la legitimidad que el pueblo otorga a un

gobierno pues esto simplemente se convierte en un título.

“La democracia no es sólo un lugar de negociación entre intereses opuestos, un mercado

político; es ante todo el espacio público abierto donde se combina la memoria y el proyecto,

la racionalidad instrumental y la herencia cultural”. (Pasquino, 1988, pág. 29)

Una democracia cuenta con elementos característicos, en primer lugar, su carácter elitista,

que otorga un papel predominante al rol que juegan los grupos dirigentes y, en segundo lugar,

la permanente búsqueda de equilibrio entre la oferta y la demanda del mercado político. El

papel del ciudadano básicamente se centra en la posibilidad de escoger grupos políticos de

manera periódica en el momento de las elecciones. De esta forma el sistema político es

análogo a la lógica del mercado, los votantes son los consumidores que escogen entre un

abanico de posibilidades a los políticos, de acuerdo con la ley de maximizar sus beneficios

según sus intereses, en una circunstancia de libre competencia.

La democracia se presenta como un modo de reunir las preferencias del pueblo en una

voluntad general, la parte pública de la democracia se agota en la reunión de las preferencias

privadas, preferencias que se forman por así decir antes de la democracia y que tienen que
ver según la perspectiva con la selección de élites, el bienestar colectivo o los intereses en

conflicto. La democracia no es otra cosa que un instrumento imparcial, un conjunto de reglas

que permite traducir muchas voluntades en pocas, una función matemática que tiene como

dominio las preferencias de los individuos.

La democracia ya no se define por el contenido de una forma de vida que hace valer los

intereses generalizados de todos los ciudadanos de un Estado; ahora no es más que el método

de selección de líderes y de los aditamentos del liderazgo, ahora no es más que una clave de

distribución de recompensas conformes al sistema, y por lo tanto un regulador para la

satisfacción de los intereses privados. La democracia ya no persigue el fin de racionalizar el

poder social mediante la participación de los ciudadanos en procesos discursivos de

formación de la voluntad; más bien tiene que posibilitar compromisos entre las elites

dominantes.

Si la conclusion que podemos vislumbrar, es que, la democracia se entiende como simple

historia, lo que toca es explicarla o, en todo caso, comprenderla, desde la red de

acontecimientos sociales y morales en la que se inserta; si, por contra, la democracia

simplemente es un conjunto de reglas para tomar decisiones acerca de la vida colectiva, se

justifica como cualquier instrumento desde la finalidad para la cual se construye, y su vida

se agota en la medida en la que otra herramienta la sustituya de un modo más eficaz.


BIBLIOGRAFÍA

Bobbio, N. (1997). Liberalismo y democracia. Bogotá: Fondo de Cultura económica.

Pasquino, G. (1988). Manual de ciencia política. Madrid: Alianza.

Sartori, G. (2008). Variaciones sobre Teoría de la Democracia . Guatemala: Librerías

Artemis Edinter S.A.