Sunteți pe pagina 1din 11

LAS VIOLENCIAS EN LA ESCUELA.

ANÁLISIS DE RELATOS QUE LA


EVIDENCIAN
Gustavo Villamizar Acevedo1
Las violencias, históricamente ha estado presente en la escuela. Desde sus orígenes, los
estudiantes han sido objeto de castigo físico, el cual se ha utilizado como mecanismo de
regulación de la conducta. Aunque la vara fue el símbolo de la enseñanza en diversas culturas,
las expresiones de violencia, hacia los escolares han sido múltiples, yendo de los empujones
hasta las quemaduras, todas ellas justificadas, bajo la premisa que es por el bien del castigado.
Pero no solo los estudiantes han sido las víctimas, los profesores también han sido golpeados,
humillados y ultrajados, tanto por sus alumnos, como por sus pares y directivos de la
institución escolar donde laboran.
Los hechos mencionados permiten hablar de violencias y no de violencia. Con el objetivo
de identificar las violencias en el ámbito escolar, metodológicamente se realizó un análisis
de contenido de 30 obras literarias, entre las cuales se abordaron biografías, autobiografías,
novelas y crónicas, escritas en diversas épocas y culturas. La investigación se enmarcó en los
conceptos desarrollados por François Dubet, quien postuló la existencia de tres tipos de
violencia: tolerada, social y antiescuela. Dicho análisis permitió dar cuenta como sucesos
plasmados en algunos de los relatos trabajados, corresponden a lo que Dubet consideró
violencia tolerada, otras descripciones, donde se narran acciones violentas contra maestros
atañen a la violencia anti-escuela. Respecto a la violencia social, no se encontraron
referencias. Además de lo anterior, el análisis permitió evidenciar la capacidad de los
escritores de ficción para anticipar la aparición de ciertas conductas humanas antes que los
investigadores de las ciencias sociales las categoricen e incorporen a su corpus de
conocimiento.
Palabras claves: violencias, escolar, violencia tolerada, violencia anti-escuela, violencia
social.
Justificación

La violencia ha acompañado al hombre desde sus orígenes, para explicarla se han construido

una gran cantidad de teorías, que van desde las que la consideran natural y propia de la

humanidad, supuestos propias de los etólogos, que la consideraban como fundamental para

la supervivencia (Montoya, 2006), hasta las que la consideran una construcción social

(Carbajal, 2013).

1
Psicólogo. Universidad Nacional de Colombia. Docente Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia
Bolivariana Bucaramanga. Grupo de Investigación Análisis y Transformación Psicosocial.
Entre los escenarios que más se ha estudiado la violencia se encuentra la escuela, en ella se

manifiesta de parte de los profesores hacia los estudiantes, de los estudiantes hacia los

profesores, y de los profesores y estudiantes entre sí. Este trabajo busca analizar diversas

narrativas que muestran como la violencia ha estado presente en la escuela, desde sus

orígenes y como sus expresiones han cambiado con el paso del tiempo

Este estudio se enmarca en los presupuestos teóricos del sociólogo francés Dubet (2003),

quien plantea que la violencia debe analizarse como una construcción social, afirmado que

la violencia no es otra cosa que aquello que es vivido como violento dentro de una cultura,

dentro de un grupo y dentro de un contexto de interacción. Para su estudio propone las

siguientes violencias: desviación tolerada, violencia social y violencia anti-escuela.

La desviación tolerada, percibe como la violencia “natural” de los adolescentes. Al respecto

Guzmán (2012, p. 21) afirma que corresponde a las “peleas entre compañeros y grupos; las

ofensas, injurias, tanto hacia los alumnos como hacia los maestros y algunas prácticas

ritualizadas como las de inicios de curso”. Este tipo de violencia se tolera siempre y cuando

los que la ejercen no desborden los límites. Para que la violencia se presente así, debe existir

complicidad entre los actores.

La violencia social, es un tipo de violencia que viene fuera de la escuela y la desestabiliza y

para la cual la institución educativa no tiene herramientas para afrontar. En lo que tiene que

ver con esto, Dubet (2003) plantea que la universalización de la educación llevo a la escuela

a dos situaciones particulares, aceptar jóvenes anteriormente excluidos, por su condición

social que llegaban a la escuela con toda una serie de problemas propios de la cultura juvenil

y la ubicación de escuelas en sectores marginales, lugares donde las expresiones de violencia

son más frecuentes, situación que lleva a considerar a esas escuelas y a sus estudiantes como
peligrosas, categoría por lo demás injusta, que lleva a que en estas escuelas no se pueda

afrontar críticamente lo que allí acontece. Al respecto puede verse la película francesa La

Clase, dirigida por Laurent Catnet, basada en la novela “Entre les murs” del escritor François

Begaudeau, del cual existe una versión española editada por Gallimard.

Sobre la violencia antiescuela, Dubet (2003) plantea que son el resultado de un modelo

educativo injusto, que genera dos tipos de estudiantes, ganadores y perdedores, donde premia

a los primeros y desprecia a los segundos, situación que lleva a estos últimos producir tres

tipos de respuestas: salir de la escuela, tratar de sobrevivir en ella, sin comprometerse o

reaccionar agresivamente ante los profesores y directivos, que se manifiesta, por medio de

“La destrucción de material, los insultos y las agresiones contra los docentes provocadas por

los alumnos y a veces, por su familia y sus amigos”

Metodología

Investigación cualitativa, diseño análisis del discurso.

Corpus del discurso

Para comprender diversos discursos que se han construido alrededor de la violencia escolar,

se estudiaron cuatro cuadros y un relato en prosa.

Los cuadros fueron los siguientes:

La letra con sangre entra de Francisco de Goya.

Escuela de pueblo en 1884, de Albert Anker.

The school exam. Albert Anker.


¿Whom to Punish? De John Morgan

Los relatos fueron:

La letra con sangre entra de Víctor Montoya.

Unidad de Análisis

Parte de los cuadros y párrafos de los relatos donde se evidencien el castigo o de un indicativo

sobre ello.

Categorización

Se tomaron como categorías deductivas, la clasificación propuesta por Dubet (2003):

CATEGORÍA DEFINICIÓN
Peleas entre compañeros y grupos; las ofensas, injurias, tanto hacia los
Desviación tolerada alumnos como hacia los maestros y algunas prácticas ritualizadas como las
de inicios de curso.
Violencia que viene fuera de la escuela y la desestabiliza y para la cual la
Violencia social
institución educativa no tiene herramientas para afrontar.
Se manifiesta, por medio de “La destrucción de material, los insultos y las
Violencia anti-escuela agresiones contra los docentes provocados por los alumnos y a veces, por
su familia y sus amigos.

Procedimiento

Inicialmente se procedió a seleccionar cuadros y relatos, en los cuales se evidenciará el

castigo. Estos fueron entregados a docentes de literatura y artes, para que fungiendo de jueces

determinaran cual cumplía con el criterio propuesto.


Resultados

Textos en diversos formatos muestran como la violencia ha estado presente en la historia de

la Escuela. En la letra con sangre entra (Figura 1), uno de los cuadros más conocidos del

pintor español Francisco de Goya, pintado entre 1780 y 1785, manifiesta el rechazo del artista

sobre este tipo de acciones, naturalizadas en esa época. En él se nota como el maestro se

dispone a castigar a uno de sus estudiantes, el cual presenta sus nalgas para recibir duros

golpes, también muestra dos pequeños que lloran después de haber recibido azotes (Pacheco,

2017). De este cuadro llama la atención “la normalidad con la que es asumida por sus

protagonistas, en especial por el grupo de escolares que no reciben el correctivo, que se

aplican en sus tareas, leyendo con atención un libro o escribiendo en su mesa; hasta el perro

muestra su tranquilidad” (Tolosa, 2012, párr. 1).

Figura 1.
La letra con sangre entra. Francisco de Goya

Fuente: http://arte-paisaje.blogspot.com.co/2012/01/la-letra-con-sangre-entra-francisco-de.html

Además de este cuadro, donde el castigo es evidente, en la figura 2, el maestro acompañado

de una vara, y en una postura amenazante, imparte una clase a un grupo de niños. En la figura

3, se aprecia un niño respondiendo en el tablero a un examen del profesor, los demás niños
se muestran atentos, mientras un grupo de adultos observan y valoran las respuestas del

estudiante, pero llama la atención la presencia de un adulto maestro, con las manos cruzadas,

en la espalda, donde tiene una vara, la cual era utilizada para imponer orden y disciplina.

Figura 2
Escuela de pueblo en 1884. Albert Anker

Fuente: http://en-clase.ideal.es/2012/08/16/qescuela-de-pueblo-en-1848q-1896-de-albert-anker-1831-1910/

Figura 3
The school exam. Albert Anker

Fuente: https://www.wikiart.org/en/albert-anker/the-school-exam-1862
Figura 4.
¿Whom to Punish? John Morgan

Fuente: https://www.pinterest.es/pin/527836018812031515/?autologin=true

En la figura 4, se muestra un profesor, con un gesto adusto, acompañado de un rejo, el cual

muestra amenazante, y dos estudiantes presentado una evaluación.

Los cuatro cuadros, presentan escenas similares, donde se nota la forma como el maestro

utilizaba el castigo como mecanismo de control y disciplina, y el estudiante asumía esta

situación como algo normal, “natural”. Se aprecia la vara como instrumento de castigo y la

amenaza como medio de disuasión, para imponer orden. Dentro de las categorías propuestas

por Dubet, los episodios de violencia dibujados corresponden a “violencia tolerada”. Los

cuadros permiten evidenciar como el castigo hacía parte de la escuela, era el medio para

lograr no solo disciplina sino para incentivar el aprendizaje.

En lo concerniente con los relatos, seguidamente se analizan párrafos correspondientes al

cuento del escritor boliviano Víctor Montoya, La letra con sangre entra.
El cuento narra las vivencias de un escolar en su primer año, durante el cual, sufre sin número

de castigos, y crea un sentimiento de menoscabo y rechazo por la institución educativa.

En los primeros apartados el escritor muestra la impresión inicial del niño al ver el letrero

que identificaba la escuela

Al llegar a la plaza del pueblo, a poco de vencer un laberinto de callejones, mi


madre se plantó de súbito, levantó el brazo y, enseñándome un letrero, dijo:
«Ésta será tu escuela. Se llama Jaime Mendoza». Miré el letrero con el rabillo
del ojo y sentí escalofríos, pues sabía que en esta escuela, de paredes húmedas y
pupitres desvencijados, se castigaba a los desobedientes y se premiaba a los
inteligentes.

La reacción que se presenta es de miedo, de temor, ya que evoca lo que conoce de ese lugar,

escenario, físicamente no muy agradable, donde asistían dos tipos de niños, los desobedientes

y los inteligentes. En eta clasificación se nota, como la desobediencia (¿inadaptación?), se

consideraba una manifestación propia de los niños poco inteligentes, que merecía ser

castigaba.

Posteriormente el escritor describe una de las rutinas de la maestra, y la forma como castigaba

a los niños que no cumplen con sus requerimientos:

la profesora tenía la manía de revisar las orejas, los calcetines, las uñas y el
pañuelo. A quienes tenían las uñas sucias les daba un reglazo en la palma y a
quienes se olvidaban el pañuelo los hacía volver a casa. La disciplina era tan
espartana que los niños, más que niños, éramos soldados en miniatura.

El relato evidencia que el control de la maestra sobre los niños era total, no solo respecto a

la parte académica sino sobre el cuerpo. En este párrafo se evidencia que la regla era el

instrumento usado para castigar.


En otro apartado, el escritor deja ver como los niños no solo eran maltratados por los

profesores sino por adultos que se investían de autoridad, como el portero, el cual también

los castigaba:

Todavía recuerdo el día en que Juan y yo llegamos atrasados a la escuela por


jugar con las canicas. El portero abrió la puerta y nos propinó un coscorrón a
cada uno. Próximos a nuestra aula nos persignamos escupiendo tres veces al
suelo, pero esta creencia popular no dio resultado, pues apenas cruzamos la
puerta, la profesora nos tomó por las orejas sacudiéndonos en el aire.
Cuando nos soltó de golpe, sentí que un hilo de sangre corría por mi cuello y
que un sudor frío me empapaba el cuerpo. De mis ojos querían brotar lágrimas
y de mis labios improperios, y, sin proponérmelo, dejé caer la mirada en el
instante en que la profesora me dio un revés que ardió en mi cara. Seguidamente
me dio un empellón y me arrinconó contra la pared, donde me puso de rodillas
sobre dos piedras del tamaño de las canicas. A Juan lo puso de plantón, los
brazos en alto y seis libros apilados sobre las manos. En esta posición nos
mantuvimos hasta la hora del recreo.

En esta descripción, tan descarnada y cruel, se evidencia el poder que tenía la maestra,

quien lo utilizaba para doblegar a los niños, y someterlos a su autoridad. El narrador

muestra diferentes formas de castigos físicos como: la palmada, el empujón, el halón

de orejas, así como la exposición y humillación ante los compañeros al obligarlos a

realizar actividades crueles y despiadadas. También se nota como el portero se atribuía

una autoridad, para maltratar los niños.

El temor al castigo generaba en los estudiantes ansiedad, la cual afectaba su

rendimiento

Al comprobar que no comprendía mi propia lectura, a pesar de escuchar mi voz,


me dio la impresión de que aún no sabía leer. Por lo tanto, acosado por la
angustia y la frustración, empecé a tartamudear y gimotear. La profesora, cuya
severidad era admirada por los padres, hizo estallar un sopapo en mi boca. El
dolor fue tan intenso que, apenas me chocó su mano, sentí como si me arrancara
la cabeza de cuajo. La sangre fluía de mis labios, mientras yo permanecía pétreo,
como acostumbrado a mantenerme inmóvil para recibir un golpe. Me sorbí los
mocos, engullí un amago de saliva y las lágrimas inundaron mis ojos. Pero la
profesora, que mantenía la mano alzada ante un rayo que se filtraba por la
ventana iluminando las motas de polvo, me siguió obligando a leer, como si con
esa tortura física y psíquica complaciera su sadismo.

Recuerdo también que, la primera vez que no hice los deberes de matemáticas,
la profesora me preguntó la tabla de multiplicar y yo quise trocarme en polvo,
pues en lugar de contestar una cosa, contestaba otra. Así que ella introdujo sus
dedos índices en mi boca y me estiró la comisura de los labios de ceja a oreja.
«Correveydile a tu madre que, en vez de tener un hijo, tuvo un burro», dijo
mientras me sacudía violentamente, como a un pez cogido por el anzuelo.

El escritor, en los párrafos como la profesora, a pesar de la forma en que se comportaba con

los niños, era admirada y respaldada por los padres, situación que viene a corresponder a la

categoría desviación tolerada propuesta por Dubet.

Pero la violencia no era solo física, se presentaba también la psicológica, como se muestra

en el párrafo siguiente, donde se nota una desconfirmación hacía el estudiantes por parte de

la profesora:

Otro día me sorprendió haciendo su caricatura sobre un papel cuadriculado, me


miró seria y dijo: «Desde mañana haz de cuenta que no existes». Rompió su
caricatura delante de mis ojos, y ese dibujante que había en mí, murió a poco de
haber nacido. Ella se sentó en la silla, redactó una nota, dobló la hoja y agregó:
«Este regalito es para tus padres».

Conclusiones

En el análisis de las obras consideradas, se nota una violencia naturalizada, se asume como

un proceso valido, cuyo uso se acepta ya que por él se educa al niño, se le forma para cuando

adulto se integre socialmente sin problema alguno.

En cuanto a la clasificación propuesta por Dubet, los episodios analizados se enmarcan en la

desviación tolerada, ya que eran prácticas aceptadas por la sociedad.


Bibliografía
Carbajal. C. (2013). La construcción social de la violencia entre adolescentes y jóvenes de la

zona de los pedregales de Coyoacán en el entorno familiar, escolar y comunitario. Revista

de Trabajo Social, 8, 88-105.

Dubet, F. (2003). Las figuras de la violencia en la escuela. Docencia, 9, 27-37.

Montoya, V. (2012). La letra con sangre entra. Recuperado de

https://latintainvisible.wordpress.com/2012/03/02/la-letra-con-sangre-entra/

Montoya, V. (2006). Teorías sobre la violencia humana. Razón y Palabra. 11 (53), 111-119

Pacheco, A. (2017). La letra con sangre entra. Recuperado de

http://artishockrevista.com/2017/01/11/la-letra-sangre-entra/

J. Tolosa. (28 de enero de 2012). La letra con sangre entra (Francisco de Goya) [Mensaje de

video]. Recuperado de http://arte-paisaje.blogspot.com.co/2012/01/la-letra-con-sangre-

entra-francisco-de.html