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OBRAS

ESPIRITUALES
DE
SAN JUAN DE LA CRUZ
Tomo I
OUItAS ESPIRITUALES

DE SAN JUAN DE LA CRUZ.


OBRAS ESPIRITUALES
QUIt BNCAMÍNAN
A V X A AI.UX A LA UAH P R t t F E C T A I'MIIIS CON DIOS
tN TIMMWRMACIO* f>E AHnn,

POR EL B. ? .

. JUAN DE LA CRUZ,
RXTÁTICA ¥ B11N.WF. MOTOR Ml8Tlf.O,
rhiMfJi iir. la hefouma df. niirbtra señora bfl cAiwf.n ,

T COMl'tÑMtrt |»F LA SOUFICA DOCTORA V «ADBF. SANTA TERESA DE Jffitlfi


EN U Ft!?tTlAC10N DE DICHA ÜF.FMMA.

NUEVA EDICION,
PERCUDIDA DB UN PRÓLOGO

POR D. JUAN MANUEL. ORTI Y L A R A .

TOMO I.

CON LICENCIA DEL ORDINARIO.

MADRID.
COMPAÑÍA DE IMPRESORES Y LIBREROS DEL REINO,
C.VLI.tt DB LAB r U R N T B H , 13.

1872.
NOS EL DOCTOR D. JOSÉ DE LORENZO T ARAGONÉS,
Presbítero, Vicario eclesiástico de esta Villa y su partido.

P o r e l p r e s e n t e c o n c e d e m o s n u e s t r a v e n i a y ¡ im ie n c ia

por lo q u e ¿ N o s t o c a , p a ra q u e p u e d a re im p rim irs e y

publicarse la edición hoclia on Sevilla cu iniWjctccicutos


tres, de las Obrar de San Juan de la Cruz; m e d i a n t e que

del eximen y censura 4 que de nuestra drden ha sido


sometida, no contiene nada contrario al dogma católico
y sana moral. Madrid catorce de Majo de mil ochocien­
tos setenta y dos.

D r. Lorenzo.

Por maurtftdo de S. S.,


L ic . J u a n M oreno G onzález.
P R Ó L O G O .

A l dar á luz en esta novísima impresión las obras de San


Juan de la Cruz, gloria insigne de nuestra ilustre nación, nos
ha parecido bien indicar primeramente las razones que mues­
tran su grande y altísima conveniencia en los miserables tiem­
pos que alcanzamos. Porque si-es cosa cierta y constante, que
para, destorrar los vicios y errores de los hombres, aquellos
medios son mas seguros y eficaces, que más directamente los
combaten; un hay eluda sino que las obras esencialmente mis
ticas del ^ran maestro en irosas de espíritu, S. Jutin de la Cruz,
deben ser remedios muy propios y adecuados contra la enferme­
dad moral dominante en el presente siglo, la cual en puridad
no es otra sino el orgullo de la razón y el sensualismo de las
costumbres. Así como la humildad de la fe y la pureza del
alma, que tanto gustan de las cosas espirituales y divinas, son
el polo opuesto á la soberbia de la incredulidad y al asimiento
del corazon á los deleites de la carne; asi el esplritualismo
místico que ensena al hombre á hacer dentro de sí mismo el
vacio de toda afición desordenada de lo terreno y mudable, para
unirle con Dios y transformarle en Él por amor y semejanza de
vid a. os la más pura y esclarecida luz que puede mostrarse á
v iii prologo.

los que están sentados en las tinieblas y sombras de la muerte.


¿Y qué monumento hubo nunca de verdadero misticismo más
excelente que los sublimes y ntmea bastante como se debe ala­
bados escritos del santo reformador del Carmelo? Razón es.
pues, que cuando el mundo entero camina por las vias de la
malicia, y se disipa amando las cosas exteriores, sin acordarse
los hombres de Dios si un os para blasfemar de. su nombre, ni
de sí mismos sino para atribuirse una independencia absoluta;
razón e sr decimos, que aquellos por lo ménos á quienes no ha
arrebatado auu la corriente del siglo hasta el fondo del mal,
ni ha cegado el falso resplandor de la ciencia moderna, se de­
tengan á mirar y ver la vivísim.i y resplandeciente lumbre do
verdad y amor que resplandece en todas las p e in a s del pre­
sente libro.
YaiLtil.es de ahora, en el tomo veintisiete de la Biblioteca
de A utore,s españoles. que viene publicando el conocido editor
D. M. iiivadeneira. se incluyeron las obras de nuestro Santo;
pero mucho dudamos que esta publicación , ni por su forma,
ni por otros accidentes de mayor momento, sea digna de su
asunto sublime, ni útil al común de los lectores: ántes es de
temer que alguno leyendo la Vida y juicio del venerable Padre
8 . Jm n de la Cruz, que va delante de sus tratados. sea mi­
serablemente seducido con bis pnI:i 1>i-;ls de l;i perversa sabidu­
ría que bajo la falax apariencia de alabar á tan grande siervo
de Dios é insigne escritor místico, ha inoculado en esc escrito
los conceptos más impíos. ¿Quién pudiera creer, A no verlo por
sus propios ojos, que al frente de la teología mística del más
clásico doctor y maestro de la vida espiritual en los tiempos
modernos, del autor venerado al lado de Sta. Teresa de Jesús
por todo el universo cristiano como lumbrera de la vida inte­
rior, habían de parecer y ser glorificados los delirios y pesti­
lencias más repugnantes de esta época; y que en el misino pró­
logo destinado á celebrar la gloriosa vida de S. Juan de la Cruz
y la singular excelencia de sus escritos, habían de ponerse
sombras con que oscurecerlas, si fuera, posible . ¡'i los ojos del
profano vulgo? Pero tal es la condición di' los tiempos que cor­
ren , en lo? cuales, no solamente dominan los errores más per ­
versos , sino además, no contentos sus defensores con impug­
nar la santa verdad ^católica. pretenden en cierto modo degra­
L’UÓLOfiO. IX'

darla, haciéndola cómplice de sus extravíos, tomando de ella


al prestigio que necesitan para seducir los entendimientos. Pre­
tensión inicua, y por consiguiente mural mente absurda, pero
cierta; que no siempre deja de ser real lo inverosímil.
liu prueba de lo cual citaremos, por más violencia que en
ello Lamamos al piadoso lector, las palabras mismas del críti­
co. Comparando este á S. Juan de la Cruz con la. santa doctora
de Avila asegura que «tenía Sta. Teresa más filosofía, era de
x. mis talento; pero estuvo por la misma, mzofi más en la tierra,
»ménos en las altas regiones celestiales. Hemos manifestada
»que los dos entraban fácilmente en éxtasis; ¿cuál de los dus
«era, sin embargo, el que los provocaba? ?, cuál de los dos re
» unía, por decirlo asi, uua mayor fuerza magnética!-* En otro
lugar dice el crítico queS. Juan de la Cruz «no tuvo ni pudo te-
ueren su género discípulos ni maestros» y así «no tuvo que re­
currir inás que á sí mismo» para escribir, para mostrarse mag-
nílico, elevado en «esos pasajes donde pretende descubrir esa
misteriosa relación qüe hay entre nuestra alma y el alma, uni­
versal, el Dios del mundo.»
Digna del autor que así atenta contra el santo doctor mís­
tico en los lugares misinos donde parece ensalzarle, es la nue­
va doctrina estética/conforme á cuyos cánones la poesía debe
cantar en nuestra época «la corrupción que la devora, el es-
>'eepticismo que la consume, la misma impudencia sarcástica
y>con que. mira la virtud sucumbiendo bajo el crimen. » Hasta
los cantos que hoy dedica á nuestro Señor Jesucristo, han' de
contener, según esta escuela, uíi espíritu nuevo, et espíritu
propio de estos tiempos en los (pie '<la religión va cediendo el
»paso ;í la ciencia, disipadas las creencias por el soplo de la,
» filosofía,', hoy que «no vacilamos eu llevar el hacha á las más
»sagradas instituciones..... hoy que, dispuestos á sacudir todo
¿yugo, queremos que sólo en la voluntad individual de las so­
ciedades tengan su fuerza los poderes públicos;..... hoy que
f>nos rebelarnos contra toda autoridad y creemos que sólo eu
nuestro yo existe la fuente de toda certidumbre y todo de­
recho; hoy que suspiramos por una síntesis que venga á ar-
■moni zar todos los antagonismos que nos han empeñado hasta
f>ahora en una fuerte é incesante lucha.»
Nada más distante de nuestro ánimo que la idea de detener­
PRÓLOrn».

nos á combatir delirios y blasfemias que por si mismos caen


visiblemente, sin necesidad de ajeno impulso, ¡:1 abismo de.
donde parecen haber salido. Los hemos citado tan sólo para
mostrar, de una parte la índole de los tiempos que curren, Y la
de ciertas empresas literarias que pretenden juntar la lux ctm
las tinieblas, la impiedad con la fe , S. Juan de la Cruz con el
autor del prólogo i mencionado, y de otra la alta Conveniencia
do publicar las obras do tan venerable doctor libres de toda
mezcla impura de perversa y aún diabólica malicia; porque
de esta suerte, quien se llegue A la fuente cristalina de aguas
vivas que corre por sus obras misfieo-feológrieris . no beba el
veneno que ha sabido poner en ella el espíritu del siglo, ni so
abrase con el fuego de la concupiscencia, quien únicamente
desee encender en su corazón la llama de amor divino que pro­
mueven con tanta suavidad como eficacia los conceptos divinos
de tan gran maestro espiritual.
Hay, sin embargo, entre las torpes y vanísimas especies que
hemos puesto ántes, dos, que, por ser común cantinela de los
racionalistas contemporáneos, no ya precisamente contra San
Juan de la Cruz, sino contra todo el misticismo cristiano y
contra la doctrina teológica de que procede la vida interior,
nos parece bien refutar en este discurso: así como otros varios
capítulos falsísimos en que la moderna filosofía incrédula ha
osado acusarle para impedir que por esa escondida vi a de las
comunicaciones del alma con Dios se conserve en el mundo en
sn pnnto más alto y perfecto la fe y el amor de Jesucristo
nuestro Señor, La idea A que aludimos e s , que, según el escri
tor encargado por Rivadeneira do hacer el elogio de las obras
de S. Juan ele la C ruz, este santo, como au insigne madre es­
piritual Sta. Teresa de Jesús, «reunía, por decirlo así, cierta
cantidad mayor ó menor de fuerza, magnética que le ha-cia entrar
en éxtasis.» Donde se echa fie ver el error profesado por los
sectarios del llamado magnetismo animal, los cuales dicen que
Moi es, Samuel, los profetas, los apóstoles y los santos todos
ilustrados con dones sobrenaturales, y hasta el mismo Salvador
Jesucristo cuando sanaba los enfermos, no fueron sino mag­
netizadores, y que. las revelaciones, raptos, éxtasis, vatici­
nios y otros carismas de que fueron enriquecidos muchos
siervos de Dios, según refiere la historia eclesiástica, fueron.
TT<ol .c'x'íO. XI
realmente y deben ser tenidos de hoy más por la ciencia mo­
derna como obra exclusiva del magnetismo (1).
No es este á la verdad el solo terreno en que lia sido com­
batido en nuestro siglo el misticismo católico, cuya defensa
nos proponemos hacer en este escrito. Persuadidos como esta­
mos de que el error y la mentira con que ha sido impugnado,
no pueden resistir ¿L los rayos de la sabiduría que resplandece
en las obras de escritores como S. Juan de la C ru z, no mónos
eminentes por su ciencia que por su santidad, ó mejor dicho,
en quienes la santidad y la ciencia forman una aureola cuya
radiante belleza sólo puede ser superada por la que los corona
en el cielo; vamos, lo primero, á extractar aquí el acta de acu­
sación levantada por algunos filósofos racionalistas contra la
doctrina mística en general, y á probar, lo segundo, con la del
Santo cuyos escritos salen ahora á lu z, que ninguno de los
cargos que en dicha acta parecen, tienen fuerza ninguna con­
tra el verdadero misticismo; Antes desvaneciéndose por si mis­
mos ante la claridad con que se explica este insigne maestro,
¡sólo sirven para realzar por via de contraste el esplendor de
la verdad en la presente materia.
El racionalismo contemporáneo acusa lo primero al misti­
cismo en general de arrebatar al alma su personalidad iden­
tificándola con Dios de tal manera, que, en su unión misteriosa
con el mismo Dios, el alma deja de existir, y sólo permanece la
sustancia infinita á modo de Océano ó continente universal de!
ser y do la vida. Esta es la objecion capital que hacen contra
la teología mística; de donde luego sacan todo lo demás que
dicen para hacerla odiosa, á saber, que el misticismo reduce
á Dios á un concepto puramente abstracto, y que condena al
alma humana á ser puramente pasiva ajenándola de toda vida
y acción y quitándole la libertad v la conciencia. De todo lo
cufi 1 iiiíiereu por último que la condición del hombre en esta
vida no es un estado de prueba v de combate en el cual deba
hacer uso de las fuerzas que ha recibido de Dios para alcanzar

11 Vó.isfl l.i ilipflrtar.iiiii ilnl Flnlnnilistn Yniuli'rmneiNvi ijiip v:i ti! fro n te «lo ln Vi.lu <l«>
S a n ta Tctvsíi de J .'s u s . B rusulns IS.11. Timiliii'ii pn*»*’o «’oiisuiIU tsg ln o bra «lol insi*rim
.1. P erro n e , fV SI) m 11 zpii'Hisini rA/wnCiori xiijipr.tiiCitiwi' . T u .
rin . lí*VJ, par* i ! . w . t . I I . o.«|>. V i l I . , il'»inl>tsn 'a virfcoricnuMiin n 'fu tru 'io n .V 1 t-
runfio e rro r.
XII PKÚI.OMO.

la palma do. la virtud , sino un estado do indiferencia pasiva


que las paraliza y anula encadenándolas ¿la fatalidad externa,
la cual excluye toda idea de deber y virtud, de mérito y coro­
na inmortal de justicia. Tal es en resumen lo que la filosofía
moderna opone contra el misticismo; á todo lo cual nos pro­
ponemos responder con la doctrina de S. Juan de la Cruz,
empezando por la primera objeción que acabamos do indicar,
y dejando para lo ultimo señalar el abismo que separa la virtud
divina y sobrenatural que eleva las almas contemplativas a la
unión con Dios, do la fuerza que ilicen magnética, que las apar­
ta miseramente de Kl. Conviene advertir, para proceder con la
debida claridad, qu-» la filosofía moderna, do buena ó de mala
fe. suele confundir ba jo el nombre de misticisTMi dos doctrinas,
no sólo diversas, sino absolutamente contradictorias entre si, á
saber; l;i ciencia infundida por Dios en las almas que se llegan
á Kl después de haberse purificado do, las aliciones desordena­
das de su corazon, y la ciencia que mira al alma como una
cosa que se origina de la sustancia del mismo Hios , y que as­
pira á unírsele para librarse de la limÜaciou accidental- con
que lo infinito se manifiesta. al decir de los panteistas, en
este mundo visible. lin otros términos; hay dos misticismos
del todo opuestos entre s i ; uno de ellos panteístico, y el otro
cristiano. El primero parte del falso principio de que todas las
cosas forman una sola cosa, una sustancia universal que lla­
ma Dios; y mira, por consiguiente, á los seres de este mundo
como fenómenos pasajeros de esa sustancia universal, como
centellas más ó ménos brillantes dol centro de luz de donde se
desprenden y á donde van á morir á poco de parecer, ó como
gotas del rocío de la mañana que se desvanecen luego que entra
el d ia , volviendo de nuevo á formar parte del fluido aeriforme
fie que proceden. Una de esas manifestaciones, añaden, del
ser divino, y délas más espléndidas por cierto, es el alma
humana; la cual envuelta y limitada por la materia de nuestro
cuerpo. está como desterrada de su pátria, y suspira por oman-
cipar.se de las condiciones de la vida presente y volver al eter­
no foco de la existencia; y asi, mientras no se lle^a á este
anhelado término de su constante aspiración, ensáyase al me­
nos en la contemplación de lo absoluto. Tal fué el falso misti­
cismo de la India; tal fue la doctrina de los filósofos alejandri­
PRÓLOGO. xm

nos; la misma idéntica doctrina de todas las escuelas pauteis-


tas, así de la de Espinosa como de la que en el siglo presente
precedió en las cátedras de la impiedad moderna al posi­
tivismo descaradamente materialista y ateo que últimamente
se ha enseñoreado de los maestros heterodoxos y de sus des­
dichados discípulos. De ese falso misticismo, derivado en linea
recta de aquel pernicioso principio, no dudamos, pues, que pue­
da y deba decirse todo lo mulo que se atribuye indiscreta y
falsamente al misticismo en general; pero ¿qué hay por ven­
tura de común entre el quietismo extravagante del vóguí de
las riberas del G anges, que espora ser absorbido en la sus­
tancia universal que vanamente contempla, y el estudo del
alma cristiana que recibe enajenada un la oracion la luz y el
amor y demas dones y carismas espirituales con que es visita­
da de su Esposo celestial?
Antes, por consiguiente, de responder á las objeciones de
los racionalistas, que confunden, dándoles un nombre común,
al misticismo verdadero con el falso , al que nace de la fe y
humildad cristiana con el engendrado de los errores panteísti­
cos, nos parece bien dar una idea clara y distinta del primero;
la.cual ayudará mucho para la inteligencia de tan escabrosa
materia, y dispondrá ¿ los lectores poco versados en ella á
conocer los perniciosos sofismas que acerca de la misma ha
difundido la impiedad con la mira no sólo de impedir la subli­
me perfección de las almas llamadas especialmente á la vida
interior, sino de combatir y destruir, si posible fuera, al ca­
tolicismo. y cortar do esta suerte los hilos todos que unen la
criatura con el Criador, la tierra con el cielo.
T o d a la doctrina d e l verdadero misticismo está como abre­
viada en estas palabras con que San Dionisio Areopagita.
maestro de nuestro S . Juan de la Cruz, y en g e n e r a l de t o d o s
los teólogos, comienza su preciosísimo tratado de JfyHicu
Tkeólogia\ «T ú, ó amado Timoteo, en el ejercicio interno de
»la contemplación m ística has de, comenzar abstrayéndote de
»los sentidos y de las operaciones intelectuales con que se for-
»man los conceptos abstractos; y elevándote sobre los objetos
» sensibles y sobre todos los principios inteligibles de la ciencia
»y discurso natural, sobre las esencias inmutables y sobre las
»cosas temporales sujetas ú continuas mudanzas, has de su-
XIV rnÓ L íX io.

» hír cu alas de la fe, cuanto lo permita la divina gracia, sin


«necesidad de demostración ni raciocinio alguno, á la unión
»con Aquel que es sobre toda esencia, ya que, por mediu de
» una abstracción ó salida libre con que te apartas á ti mismo
>ule toda criatura, eres transportado, sin que ningún impedi-
» mentó te detenga, estando ya fuera de todas las cosas y des­
embarazado enteramente de las mismas, á aquel rayo sobre­
n a tu ra l de divina tiuiebla (1). »
Para entender con claridad estas palabras, singularmente
qué cosa sea este rayo sobrenatural de tiniebla, conviene ad­
vertir que el mismo santo doctor distinguió admirablemente dos
modos de conocer á Dios ó de llegarnos á Eicon nuestro enten­
dimiento, es a saber, por afirmaciones y por negaciones : po­
niendo, de una parte, en Dios todas las perfecciones y excelen­
cias que vemos y concebimos en las cosas criadas, con tal que
ni.' impliquen imperfección alguna; y negando que Dios tenga
estas mismas perfecciones tales como las concebimos partien­
do del conocimiento de las criaturas. A sí, v. g r ., decimos ó
afirmamos por via de posicion, Dios es vida, Dios es bondad,
inteligencia, hermosura etc., porque todas estas son perfec­
ciones puras sin mezcla alguna de imperfección en sí. que
hallamos en las cosas criadas, y las atribuimos á Dios como á
su fuente y principio, donde residen plenamente; mas como
Dios existe por su misma esencia siendo comoes acto purísimo,
esas perfecciones que le atribuimos despues de considerarlas en
las cosas mudables y contingentes de este mundo, no pueden
convenirle en el modo como las concibe nuestro entendimien­
to , y asi es preciso volverlas á negar de Dios Cuanto á este
modo natural, y decir Dios no es la vida, no es la inteligencia,
hú es la hermosura, tales como yo entiendo naturalmente estas
excelencias, sino antes es sobre todas ellas por un modo ine­
fable ó infinitamente superior á cuanto puedo yo decir ni pen­
sar. El mismo Areopagita, cuya es la doctrina sobre entram-

l í ) Tu i'srn , eliars ThimoCea, in. m ytlxeis conttm ptaC ionibus, in te n ta eirurcitutioni, *1


irrtjiu» rtlin q u e , üt intalltcluqCei ojtaraHonas, »t íensiU Jia, »t intcJtiyibUiu Omitía, «I eú
q tu f s u n t el <juiu n o n s u n t u n iv e rsa , u f ad un io n xm a/»s. qui slijira usaentiam et scií/j-
tia m e s t, q iiu jitu m fa s ts t, in d tn icn stra b iíita r assurgas: tiq u id tm per tiberam et dfaot»-*
turii et p u ra m fiit ip siitfa ríftiw óm nibus a vo ca lio ru m . a tix u p e rn a tu ra ltm ilhtnt
i/ii-tmF raíiiiítti. d ttr a c tif o m n ib ’it ef ti a m r t it c rim lítu s . ta n ia i. Cap. I , >3. 1.
PJíÓLOCO* XV

bos procedimientos acerca del modody conocerá Dios, por áfir-


macionesy negaciones(posiliommet ahlatimem), trae una com­
paración muy buena para explicar esto doble método, sacada do
lo que hacen respectivamente el pintor y el escultor cuando po­
nen mano á sus obras. Porque así como el primero pone en el
lienzo los colores, y va añadiendo coloresácolores para formar
con ellos la imánen que pretende; y al modo que el escultor
va, por el contrario, epatando de la madera ó de la piedra la
parte de materia que es menester quitar para dejar en ella la
forma de la estatua; asi el que conoce á Dio» por via de afir­
mación, va afirmando de Él las perfecciones puras que ve en
las cosas criadas; mas porque estas perfecciones no pueden
estar en Dios como se representan en la mente» sino por un
modo incomparablemente superior, luégo las quita do Dios
cuanto al modo imperfecto como las concibe, quedando de esta
suerte en su espíritu un concepto que representa al Ser divino
como la cosa m is alta que se puede pensar, la cual se ofrece
á sus ojos, no y a simplemente como ser, inteligencia, vida,
belleza, bondad infiuita, sino sobre todas estas excelencias
infinitamente, poseyéndolas por un modo ta l, que sobrepuja
toda capacidad intelectual hasta de las criaturas más perfec­
tas ; de donde se deriva, junto con el concepto de la incompren­
sibilidad del sumo Bien, un vivo sentimiento de admiración
por ser este Bien incomprensiblemente superior á toda repre­
sentación criada, y un amor encendido de É l, que arrebata al
ánimo enajenándolo de todas las cosas criadas como de som­
bras. ó mejor dicho, como si no fueran nada en comparación de
E l fjue es por esencia.
Por aquí se puedo bien entender el sentido de la expresión
rayo de divina linirMa qne emplea S. Dionisio para sign ificar
la contemplación amorosa de Dios'. Y , á la verdad „ la teología
mística experimental es rayo con que el alma contemplativa
ve en cierto modo á Dios, recibiendo de ordinario en la contem­
plación una noticia pura y amorosa de K l; y este rayo es de
tiuiebla, porque esta vista de Dios no es intuitiva como la que
gozan los bienaventurados en el cielo, ni meramente discursi­
va como la que alcanza la razón humana cuando se eleva por
la escala ordinaria de las criaturas al conocimiento de D ios, á
quien atribuye el sor y las perfecciones de las cosas que
XVI PRÚLUOI).

no implican imperfección; sino es la visión de un ser que


es sobre todo se r, de una bondad sobre toda bondad, de una
belleza sobre toda belleza inteligible; es decir, de un ser. de
una bondad, de una belleza incomprensibles, inefables, que
habitan, por consiguiente, una altura de perfección inaccesible
al espíritu humano, y , por tan to , tenebrosa á los ojos del
hombre en esta vida. Por esto el rayo de la visión en que
consiste la mística teología, es rayo de divim tiniebla, por­
que la luz en que Dios habita, no la puede sufrirla flaqueza del
espíritu criado, por ser ella tan desproporcionada 4 su capa­
cidad. Aunque por otra parte esta misma incomprensibilidad
d ivin a, esta misma desproporcion de la grandeza incompara­
ble del mismo Dios, engendra en el ánimo que la contempla
un doble sentimiento de admiración y de amor cou un deset»
inflamado de unirse para siempre á tanto bien como se le ofre­
ce de ordinario en la contemplación.
En resolución, la mística teología, según quees cienciaex-
perimental. Consiste en iiiim. elevación sobrenatural del alma á
Dios en alas de la contemplación y del amor, cuyos actos pa­
san en la región más íntima y espiritual del alma misma, des­
nuda, por decirlo asi, cuando los ejercita, de toda especie sen­
sible y áun de toda representación inteligible puramente na­
tural, y vestida de la luz sobrenatural de la fe, en medio de
cuya oscuridad recibe la noticia de su amado. Algunas veces,
en esta elevación, el alma movida de la divina gracia recoge
todas sus fuerzas para emplearlas en contemplar y amar á la
verdad por esencia, y deja, por consiguiente, desamparado al
sentido sin virtud para recibir las impresiones de afuera. A este
grado de contemplación se le da el nombre de éxtasis, del cual
hablan mucho pura combatir al misticismo los filósofos á quie­
nes aludimos, auuque sin definirlo ni entender qué cosa sea, y
reduciendo á este solo grado de la oración los estados todos de
las personas elevadas al conocimiento de Dios por este camino
de pura fe y desnudez por donde va el espíritu contemplativo.
Pero vengamos y a . previas estas brevísimas indicaciones. ;i
las objeciones de los racionalistas contemporáneos contra esta
ciencia sublime, conocida teórica y prácticamente por los san­
tos durante diez y ocho siglos de cristianismo, si es que no
queremos verla, subiendo ;í los tiempos de la ley antigua en los
PTIÓLOGO. xvit
profetas y enviarlos á quienes el Señor se dignó de hacer ma­
nifiestas las cosas ocultas de su sabiduría y bondad infinitas.
Lo primevo de que acusa al misticismo en general la filoso­
fía racionalista de nuestra época, es de reducirá Dios á una
himple abstracción. «Un medio h a y , decía Mr. Cousin roíinén-
»dose ¡i la teología mística, un medio fácil hay do hacer que
»desaparezca de la teodicea toda sombra de antropomorfismo;
»y es reducir á Dios á una abstracción, á la abstracción del sér
»en sí. Al sér en si se le eónteniphi siu ningún género de divi­
s i ó n ; mas pava esto hay que despojarle de todo atributo, de
»toda cualidad, y Aun de toda ciencia é inteligen cia, porque la
in te lig e n c ia , Aun la más sublim e, implica siempre la distin­
c ió n entre el sujeto inteligente y el objeto inteligible. Un Dios
»eu quien'la inteligencia sea excluida por la consideración de
»la unidad absoluta, tal os el Dios que proclama la filosofía mís-
»tica» (1). De acuerdo con este patriarca del racionalismo fran­
cés contemporáneo, decía muy formalmente el famoso Barthe-
leiny Sainb-Hilaire: «El Dios que los místicos se imaginan,
»está reducido ¿ la mera nocion de la esencia, y se h a lla , por
^consiguiente, privado de todo atributo... En el éxtasis des-
»aparece el alma y deja de se r; Dios tien e, p ues, que desapa­
r e c e r tam bién, y la noción de la unidad más hueca y vacía y
»menos v iv a que puede concebirse, es la última abstracción ¿
«que, aunque sin. finito, se' remonta Plotino tras inmensos y
«estériles esfuerzos, en los Cuales nadie le ha igualado, COmO
»no sean los budistas do, la India. La unidad: hé aquí el Dios
>>de los Alejandrinos, la quimera que aclaman por Dios. Este
»es, á decir verdad, el Diox de indas lox Místicos* {£). Por donde
se ve que los citados filósofos no hacen distinción alguna en­
tre el misticismo panteístico, profesado no sólo por los budis­
tas indianos y los filósofos alejandrinos, sino también por to­
dos los panteistas, y el misticismo fundado en la fe cristiana
y conocido y practicado de los santos y doctores más ilustres
de la Iglesia.
¿Cómo ha podido oscurecerse esta distinción á tan reuOni-

( l 1 ¿íiStüirü t-íü phiJúdújifiiñ 'iilüdi'rnf , t. I I , í* 1.


( a ) ltu rtlie lo m y S A in t-IIiU iro . c ita d o p o r vi a u to r -.le C flM ííw w í, V a ')})?
CluisMiiy . n|)|ic»4ico IL
n
XVIII PRÓLOGO.

brados escritores? Pero decimos mal: no es la verdad quien


suele rehusar sus luces al entendimiento humano ; son los
hombres quienes cierran los ojos para no v e rla : dichos escri­
tores no podían ignorar aquella distinción capital , pues el
mismo Bar thelemy asegura (pie los mi sí icos cristianos, A lo
menos en su gran mayoría, difieren de lMotino en que, «ilu­
minados ellos por la fe, no han visto en el éxtasis otra unión
que la puramente mental y espiritual del alma con Dios, al pa­
so que Plotiuo sólo una cosa ha visto en el éxtasis, A Dios» ( 1 ).
En otro lugar condesa el mismo autor que «hay místicos orto­
doxos y sensatos, á pesar de sil exaltación (‘2 ), de quienes Bos-
suet ha podido decir: Mystici m tuto. * los cuales no deben ser
confundidos con « los místicos que desconocen y destruyen A
la vez el cristianismo y la razón.» Siendo esto a sí, ¿por qué
género de inconsecuencia ae atrevió á decir que todos los mís­
ticos tienen por Dios una unidad quimérica 1
Pero viniendo más directamente á nuestro proposito, es in­
dudable para todo el q u e se haya formado alguna idea del cono­
cimiento de Dios de que habla la mistica teología, que en ella
procediendo el alma per ablcUionem, no niega de Dioa absoluta­
mente los atributos y perfecciones que la razón abstrae de las
cosas criadas, sino únicamente cuanto al modo imperfecto co­
mo se representan en nuestra mente, poniéndolos bajo otro
modo sin comparación miís eminente, bajo un modo incom­
prensible t tal como la fe misma nos lo enseña al decirnos que
« puso entre tinieblas su asiento » ( 3 ), y que «está circuido de
una oscura noche» (4 ). Basta hojear siquiera las obras de San
Juan de la Cruz, con quien concuerda admirablemente Santa
Teresa, para entender que el Dios á quien estos y los domas
santos elevaron sus almas en la oracion que llaman mística
teología, que el Dios que muestran, por decirlo a s í, á las per­
sonas espirituales, os el mismo Dios de nuestra sagrada fe , el

(1 ) Darthalam y Salttt-H ilair#.


(2 ) So«quivoea el &ntor si tra e que hay oposicion aiUtí; la ortodoxia y lu cíuILu-
cion <lo los m ístico s, si exaltación pueda llam arse &L in&yur fcrvur d í su cap in m . ; Pn
bi>j fllo ío fín , que quim era reducir t«Kla grandeza d<f sentim ientos y virtudes a.1 mea-
quino molda (Il'hu Biorfí’ivm/í.tmc» doctrina rio!
(2 ) Qui po.m it Unehrar In tih iilu m su u m . I'm. 11, 13.
(4 ) .Xuhj.i el enligo in n r c u iíu ajus. 1 . ¡Ni . V.
PROLOGO. XIX

Dios de cuyas adorables perfecciones están llenas las divinas


Escrituras, Pero dejemos hablar ;i nuestro insigue doctor:
«Para conseguir, dice, la gracia y unión del Amado no puede
»el aliña ponerse mejor túnica y camisa interior para principio
»y fundamento de las demas vestiduras de virtudes, que es
»est.a blancura de f e , porque sin ella, como dice el Apóstol, es
«imposible agradar á Dios: míe fide antevi impossibile est pla­
ñere Dco. \ con ella, siendo viva , le agrada y parece bien,
»pues él mismo dico pur un profeta: Sponsabo te miki i% f i i e ,
«que es como decir: Si te quieres, a lm a , unir y desposar con-
»migo, lias de venir interiormente vestida de fe» (1).
No se contenta el Santo con tomar terminantemente á la fe
por guia del alma que quiere llegarse ¿í la unión con Dios, sino
ademas añade que para este tin conviene quo el alma se quede
á oscuras de todo sentir propio, ó por decirlo en su místico
lenguaje, que pase por la noche oscura de la fe á la unión del
Amado. Hé aquí la profunda caución en que resume torla la ri­
quísima doctrina contenida en su Noche oscura del alma:

«En una noche oscura


Con Ansias en amores , inflamada p
¡ Oh dichosa ventura 1
Salí sin ser n otad a,
Estando j a m i Casa sosegada.
A oscuras y s e g u ra ,
Por la secreta escala disfrazada ,
¡Olí dichosa ventura!
A oscuras, un celada,
E s t a n d o y a m i c a s a s o s e g a d a .»

Esta noche, esta religiosa oscuridad, esta escala secreta,


ese disfraz con que el alma sale de su casa, no son sino la os­
curidad misma de la fe; verdadero rayo de tiniebla, á un mis­
mo tiempo claro y oscuro, siguiendo el cual va el alma se­
gura á Dios. Claro y oscuro decimos, porque la fe en cuanto
declara verdades y hace cierto al entendimiento de ellas es luz
y blancura muy levantada, y por cuanto estas verdades que

Varftrf ost'u nt dvJ ufinit . rpip. XXI.


XX PHÓLOGO.

declara son muy sobre la humana capacidad, es oscura y so


llama noche, aunque noche donde va el alma

A oscuras y se g u ra,
A oscuras y en celada ,

porque «yendo el alma vestida de fe, 110 ve ni atina el demo-


»nio á empecerla, porque en la fe va muy ampararla contra e
»demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo » (1).
A este mismo propósito citarémos otras palabras de nuestro
bienaventurado escritor, que encierran mucho sentido. Ha­
blando San Juan de la Cruz de la fe , dice ser ella y el próximo
»y proporcionado medio para que el alma se una con Dios;
»pues no hay otra diferencia sino ser visto Diosó creido; por-
»que así como Dios es inlinito, asi ella nos le propone infini-
»to; y asi como es trino y uno, le "propone trino y uno; y así,
»por este solo medio se manifiesta Dios al alma en divina luz,
»que excede todo entendimiento; y por tanto, cuanto más fe
»el alma tiene, más unida está con Dios; que esto es lo que
»quiso decir ¡San Pablo, en la autoridad que arriba dijimos,
»diciendo: Al que se ha de juntar con Dios, conviénele que
»crca, esto es, que vaya por fe caminando á Él» (2 ). Es, pues,
evidente que el objeto que contemplan las almas espirituales
dadas á la mística teología, lejos de ser una vana abstracción,
como dice Consin, e sel mismo Dios trino y uno que ven los
bienaventurados en el ciclo, con esta diferencia; que aquí es
contemplado en la noche oscura de la f e , y allí en el claro dia
d éla visión beatífica; pero esta diferencia se limita al modo de
la contemplación, no al objeto mismo contemplado, que es el
Dios vivo autor y consumador de nuestra fe, el cual es siem­
pre idéntico para el alm a, aunque no se le ofrezca siempre con
igual claridad, al modo que nos consta ser imo mismo el sol,
así cuando envía la luz del crepúsculo en comenzando á ama­
necer, como cuando brilla cou todo su esplendor al tocaren el
meridiano. Ahora bien; pues los bienaventurados conocen á
Dios viéndole cara á cara, tal como e s , sim ti est, y 110 cierta­
mente por conceptos abstractos de ser, unidad, inteligencia y

( 1) .\CfCfiS G&Sura dal tilma, Cap. XXI.


(4 ) -Suputa dil MoriM Carmelo, cap. IX.
PRÓLOGO- XXI

otras perfecciones semejantes á ostas; síguese que las almas


contemplativas que se llegan á É l caminando con fe, forzosa­
mente han de conocerlo segun su misma realidad viva é infi­
nita, aunque no le vean por intuición, porque la fe hice cierto
al entendimiento de lo mismo que la visión intuitiva le hace
claro, es decir, de Dios, de sus perfecciones inefables. Luego
es falso que el término de la teología mística sea una rnera
abstracción; esto sólo puede decirse con verdad del budismo
indio, ó de la filosofía alejandrina, y en general de todo mis­
ticismo fundado en las doctrinas panteísticas antiguas ó mo­
dernas, mas no del misticismo cristiano, cuyos doctores no se
saleu jamás del catecismo, ni dejan de explicar sus conceptos
sublimes ayudándose en gran parte de la filosofía escolástica;
y es constante que ni el catecismo (1), ni la verdadera filoso­
fía reducen á Dios ¿ una unidad vacía de todo sér y perfección
reales.
E l Dios del panteísmo sí que es una verdadera abstracción.
Porque los partidarios de este odioso sistema empiezan por
formar en su entendimiento la idea general y abstracta de
ser, en la cual encierran las ideas de todas las cosas; y pa­
sando luego, como pasan, del órden ideal y abstracto conce­
bido por la mente ad órden real y concreto de la existencia,
concluyen por admitir 6n la realidad el sér que corresponde á
su idea, es decir, un sér coman á todas las cosas, la sustan­
cia universal y iinica de Espinosa y de la filosofía alemana
expuesta por los discípulos de Kant. Realizando de esta suerte
una abstracción, la idea universal del sér, crean en cierto
modo un dios, que no tiene de ni os sino el nombre, una som­
bra, una quimera. Por eslose ha dicho con profunda verdad,

( 1 ) En i'l C'»tcoinnu> del I*. A ntetc 6 la p r e g u n ta : ¿ q u ié n es D ios? se responde (ii-


ririidu Ktir « m i'i i-n.sji la nina ex celen te y a d m ira b le q u o se puede d e c ir ni |>cnsar: u n
Sftñíir infinitam ftnto pijdtiroütj, Im c n o , s é b io , ju s to , p rin c ip io y ilit de tudas la s cosas.»
D onde os de n o ta r q u e en la fiñíf-uiiilfi p a rta dü ckIu riispuu.stu so p rr d in in di; Oíos « trib u .-
toH i'o-sltivos; m as en la p rim e ra niáñ «ñ 1*d ü á iionoi-or iln H'inlo ii> i¡up u« i » , i|im lo
q u e eg. Agi q u e el do cto y piadoso e sp o sito r de e ste (.'atan/íio. S r. I h u o , roo-onlítudo
ins pnlHhrn.s do San D Jgnlslo -\r« o p a ¡n ta , d ic e : - D ios os u n s é r so b re todo s é r , u n a
MiKhiiK'in so b ro to d a s u s ta n c ia , u n n lu z «obre lodn l u z , u n te la c u a l toda o trn lu z es
timel>ia¡¿. y u n n h e rm o su ra g<>l>r<j to d a U c rm o su ru , en cu y » c o m p aració n c-s fealdad to ­
da o tra h e n n iiR u ra .* ¿<¿uo iliforenciu lin.y . pues . e n tre la iileu d<! Híoíj s e y u n el
mu. y ln misma idc;t sejru u el gruu u iu w tn j de iu. lo u lo ^ ia íp i^ tic n ? A bsvlutoiueulJi
UUl^Ulltt,
XXII p R ó r.o o o .

del panteísmo, que 110 os más que el atcisino disfrazado. Pero


la filosofía verdadera, do cuyas lucos so valen los escritores
místicos, aunque elevándose sobre ella á muy más altas re­
giones, niega que el concepto de ser se pueda aplicar igual­
mente á Dios y á las criaturas. ó que la palabra xér tonga el
mismo sentido tratándose por una parte de cosas contingentes
y mudables, y por otra del sér por esencia, de Dios, en cuya
comparación todas estas eos aa son como si no fueran (1).
Esto mismo nos lo confirma la f e , cuya primera verdad es
creer en un solo Dios verdadero, que á sí mismo se dió á co­
nocer por E l que es, por el sér absoluto, que existe por sí mis­
mo, por quien, en quien y para quien son todas las cosas; las
cuales absolutamente hablando no son, pues su sér es partici­
pado y mezclado, por decirlo a s i, con el no ser: puede decirse
de ellas que son, en cuanto reciben el sér de Dios; y que no
son, cuanto á lo que tienen de su caudal, que no es otro sino la
nada. Donde se Te que el Sér divino á los ojos del misticismo
cristiano no es la abstracción de los pan teístas, no es la som­
bra que la mente de los últimos proyecta en el cielo, sino la
realidad viva, presente en todas partes por su esencia y poder,
que todo lo ve y escudriña, hasta los más recónditos pensa­
mientos del corazon, que oye las oraciones del justo y asiste
con especialísima providencia á los que le invocan, en suma ol
Dios vivo de la fe y de la ciencia católica.
Pero aunque el término de la contemplación mística en su

( 1 ) U na con clusión nua parece B&lir da s q u í DAuy liUúhii p a r a la cicn ciu cn|ioculnti-
vfc} y m (|OA kis que aAtnilian&loA a u t o r a m ú tlco a tien en <¡n nllns una lu x y m ^uro
« c e la n t e s para no d ar en le s escollos del p an teísm o; porque <-iicion<lo estos a u to ría
qu e D ios « s o b r e todo s é r , w V o U n ía íu ^ -a u clu , etc ., entender claram en te que
el con cop tod ouor abstm iilu ili1 las bohiik IIiüIiim y eunliii'ri.'iiliH iw puudc ser atrib u id o
A D io s , todo. Vez (|Uf) Dios iw !;ii iiMn i |juiH'nU< s-iitirn <'l k i t l j m ■uslim c im a poye en. Kn
o tro s térm in os: procadinrulu diclHisiiutoraK j m r a b i a i i v n a n t du Díoh ol oór ^duó-
rico qu e se represen ta la m entó por v irtu d ile d ieba a b s tra cc ió n , y no lo reprusonUiu
com o una cosa enteram ente su perior & todo s ír que no sea e l suyo p ro p io , sér incom ­
p rensible , inoliiblú, y tanto méa d ign o de adm iración y de am or cuanto es m is iuflin-
blu <i iiiiKiinpfCínsiWfl, Cuanto da m ayor ol abitimo (|U0 la separa en el orden >lc la rc;ili-
tlfid y ile la ex celen cia de todo lo q u e puaile p en sarle ni ilenírsc. Siendo m ino r.-i r] pnn-
teism o la ío n fu sio n del concepto de Dios con el de loo coras fitiiins > iiiu.luiiics, ^ , [n ¿
•loctrlnu p u a le <lnr¡t<» m ás opuesta 6 tfln fuuesito e r r o r , que lo tc ú lo ^ ú mi.si.int >|uu uní
iliHtin^ui! .y c.dIucu á tun infin ito dtgtouclo á elidió» o bjeto ?? V si el núriticisiaii es ol
pulo i>¡uii>sl...... p an teísm o, *ip«í munorn tic exlruvu^niiriii es ln (.!(,' lo¡s los íi'illfuií
iifsn oh ir»! ni im putando al prim ero ln 4 un ns propio ilul s ry u iu lu . ú i a b t r , reducir á
D ios á u n a m eta ab stra cción V
PROLOGO. XXIII

más alto grado sea el Sér divino realmente uno, con unidad no
vana y quimérica, sino infinita mente m am a y liona do ser y
perfección inefables; todavía pueden las almas puestas en ese
estado fijar sus miradas en los atributos divinos como la ju s­
ticia, la misericordia, el poder que creemos y adoramos en
Dios conforme A la luz de la fe, verdadero camino de las almas
espirituales. Hablando San Juan de la Cruz de las noticias que
recibe el alma acerca de Dios, dice así: «Acaecen estas noti­
c ia s derechamente acerca de Dios sintiendo altisimamente de
»algún atributo ¡suyo, ahora de su omnipotencia, ahora de su
«fortaleza, ahora de su bondad y dulzura; y todas las veces
»que se siente, pega en el alma aquello que se siente» (1).
Juzgue ahora el lector lo que deba pensarse de los filósofos
que acusan A la teología mística de despojar ó Dios de todo
atributo y reducirle al concepto abstracto de unidad. Todo lo
contrario: Dios es conocido y amado de los que so llegan á Él,
tal como realmente está presente á los ojos de la fe, os decir,
como un Señor infinitamente bueno, sábio, poderoso, princi­
pio y fin de todas las cosas. Autes que la filosofía explicase
los atributos divinos que la razón puede conocer por ai misma,
habían sido reconocidos y magnificados en las divinas letras,
y la fe los habla presentado á la contemplación de las almas
espirituales como .asunto sublime de su acción intelectual, con
tanta mayor seguridad y grandeza, cuanto la fe misma con
quo el alma los conoce, está, mónos asida á conceptos filosó­
ficos, donde el engaño es no ménos fácil que funesto.
Poro aquí oimos de nuevo al racionalismo, que opone su
secunda objecion, si puede llamarse segunda la que, como la
anterior, se reduce toda ella al error capital délos panteistas,
«Sea en buen hora real y vivo, uno y trino, simplicísimo y al
mismo tiempo perfectísimo el Dios de los filósofos místicos (2 );
mas es fuerza confesar, que si, al contemplarle, no le quitan ni
su sór ni sus atributos, pero el alma quo le contempla del
modo que ellos dicen, se destruye y aniquila á sí misma, des­
aparece como sustancia personal y distinta del mismo Dios,

(1 ' Su'iidri riii/ Monta C arm ela, cap. X X V I.


(3 ) Na h ay lilosofíu m m lic a , sino te o lo g ía m ís tic a , p u e s e l iniutLciimiu s» ciencia y
« ip o ríe n c ia de lo s o b re n a tu ra l.
W IV PRÓLOGO.

quedando absorbida en la sustancia divina al modo como á


la entrada del (lia desaparecen para volver á su común depó­
sito las gotas de rocío que penden de los tallos en La pradera.»
Tal es en sustancia el juicio con que condena al misticismo
Mr. Barthelemy Saint-Hilaire. He aquí sus propias palabras;
«Cuando entra el alma en éxtasis, no sólo se despoja y queda
»desnuda del cuerpo, sino también de las facultades con que
»obra y de los eouceptus acerca de los cuales se ejercitan estas
«facultades, quedando reducida á cierto como nada, que si no
»es la muerte, no es tampoco la vida, f, Que resta, pues, al
«hombre en semejante estado, luego al punto que resultan des­
truidos en esta muerte el alma, y el cuerpo'? Xada, ó por me-
»jor decir, la vida, eclipsada por un instante, vuelve á cobrar
»de nuevo su vigor, si bien en ese instante sólo pierde el al-
»ma el sentimiento de su propia existencia. Cierto que la per­
sonalidad humana muere aquí de modo que después renace,
«porque, si hemos de creer, al menos en lo que dice de s í , á
«Santa Teresa, el éxtasis cuando más se prolonga t no dura
«arriba de media hora; pero corto ó largo lo cierto es que la
»personalidad desaparece miéntras dura, j que no hay místico
»que 110 suspire por verla destruida en si mismo. que no sienta
«Ilutar esta destrucción como término y cumplimiento de sus
«anhelos» ( 1 ). Hay cueste pasaje muchos puntos que tocar
para poner de manifiesto los errores que acerca de ellos se le
lian deslizado al critico ; en los cuales se echa de ver gran con­
fusión de ideas, muy natural por cierto en quien, permítasenos
la expresión, ha oido campanas y no sabe dónde.
Ante todo nótase en el anterior pasaje la confusión de dos
grados de oracion, á saber, el éxtasis y el rapto . los cuales
son diferentes entro s í : en el primero. elévase suave y pláci­
damente el alma á la unión con Dios , dejando en suspenso el
uso de los sentidos; y en el segundo, pasa esta misma eleva­
ción y esta privación del sentido ¡i impulsos de una fuerza, que
al alma la transporta violentamente fuera de sí hacia el obje­
to de su contemplación y de su amor. Hacemos esta adverten­
cia porque el lector entienda que lo que decimos contra ('I autor
en materia de éxtasis , ha de entenderse también del rapto;

1) UarUicleuiy citndo por Mr. CliaasB.v cu su Myt(ici»me Caikoliquc.


PRÓLOGO. XXV

pues ambo» estados expresa por la palabra éxtasi?, y de la


misma hemos du Hervirnos aquí para nuestro intento. También,
lia confundido el autor lo que pasa en el alma cuando está en
lo más alto del éxtasis, con lo que lo acaece antes do llegar al
grado más intimo y perfecto do su unión con Dios , y después
que ha. pasado un tiempo tan precioso. Este suele ser en efecto
de media hora lo más , como dice Sta. Teresa de Jesús por es­
tas palabras: « y nótese esto, que á mi parecer, púr largo que
«sea el espacio de estar el alma en esta suspensión de todas las
» potencias, es bien breve; cuando estuviese media hora, es muy
»mucho: yo nunca á mi parecer estuve tanto* ( 1 ;. Pero bien
hubiera podido el filósofo francés leer en este inismu pasaje
las palabras que añade la Santa diciendo, que si bien esta sus­
pensión total- de las potencias del alma dura breve espacio,
« no tan del todo tornan en s í , que no puedan estar algunas /¿o-
»ras como desatinadas tornando de poco en poco á cogerlas
» Dios consigo.»
Pero vengamos ahora á lo sustancial de la objecion. Dos
partes pueden considerarse en ella: una de las cuales afirma
que el éxtasis es la muerte, no solamente del cuerpo, sino tam­
bién del alm a, la cual so dice quedar en él enteramente priva­
da de toda acción, aún del sentimiento de sí misma, de suer­
te que mientras dura ese estado, la personalidad desaparece
por completo con la vida. ¿Es esto verdad? Consultemos al
f*ran maestro S. Juan de la Cruz lo primero en la parte relativa
á la vida del cuerpo.
Exponiendo el .Santo aquellos versos del Cántico espiritual
que d ic e n :

A |Jiirtfilu ó hablo, de. s a n v j o s j , A m a d o ,


( jm t v o y <ic v u e l o ,

explica estas últimas palabras diciendo; ^Que voy de vuo-


>v lo ile la carne, para que me los comuniques fuera de ella,
»siendo ellos la causa de hacerme volar fuera de la carne. Para
»que entendamos mejor qué vuelo sea este, es denotar que,
»como habernos dicho, en aquella visitación del Espíritu di-
» vino es arrebatado con yran fuerza el del alma á comunic-ar-

[ 1 ) L i ’» ‘Q de pi< ( i d a , CPJ', X V ¡¡],


XXVI PRÓLOGO.

»se con el divino, y destituirse al cuerpo, y dejar de sentir en


»él y do tener on él sus acciones, porque las tiene en Dios,
»que por eso dijo el A pos tul ,S. Pablo en aquel rapto su y o , no
»sabía si estaba su aliña recibiéndolo en el Cuerpo ó falta ele
Ȏl \ y m por eso se ha de entender que destituye el alma al
» cuerpo y Le desampara, de su vida natural, sino que 110 tiene
» sus acciones en é l ; y esta es la causa por qué en estos raptos
» y vuelos se queda el cuerpo sin sentido, y aunque le hagan
» cosas de grandísimo dolor, no siente, porque 110 escomo otros
»traspasos y desmayos naturales que con el dolor vuelven en
»si» (1). Es pues falso que en el éxtasis el cuerpo muera ni
áun temporalmente; el alma 110 le desampara sino en cuánto
á la virtud sensitiva, y esto no siempre del todo, ni con detri­
mento alguno del cuerpo, según dice la santa doctora de Avila,
á quien se refiere S. Juan de la Cruz en punto ti éxtasis y ar­
robamientos (2 ). Despues de decir Sta. Teresa el desmayo que
pasa en el sentido en el cuarto grado de oracion, á saber, que
«si no es con mucha pena no puede aún menear las manos;
«los ojos se le cierran sin quererlos cerrar, y si los tiene abier­
t o s no ve casi nada, ni si le e , acierta á decir letra , ni casi
» atina á conocerla bien: ve que hay le tra , mas como el en­
cendim iento no ayuda, 110 sabe leer, aunque quiera; Oye,
»mas 110 entiende lo que oye; » despues de referir esta mane­
ra de suspensión, añade: «Pista oracion no hace daño por lar-
» g a que sea; al inénos á mí nunca me lo h izo, ni me acuerdo
«hacerme el Señor esta merced por mala que estuviese, que
»sintiese m al, ántes quedaba con grande mejoría» ( 3 ). Otra
vez dice la Santa, hablando del grado postrero de oracion, que,
« aunque pocas veces se pierde el sentido, algunas me ha acae-
» ddo á mí perderle del todo, pocas y poco rato; más lo ordi­
n a r io es, que se turba, y aunque no puede hacer nada de sí
»cuanto á lo exterior, no deja de entender y oir como cosa de

( l ) D telaraeion del e sp ir itu a l, C aución XIII.


{ 2 ) ■I.ufrnr ora uaLo» dica 6 contim iiu 'ln n . |i¡u‘u trn ln r ile lrv; di rurnnc.mí; de* ra p to s y
é x ta sis , y o tro s arro llara ion tos y «u tilen vueliw <li' eupiriLu i|ii<: jlIu s i!s|>ir¡Ui.iles üiiuicn
acaecer. M a s , p o rq u e mi in to n to no os Him» «luclunir liruvitm mi tu Astas canciones, como
en el p ró lo p o p ro m e tí, q u e d a rse han p u ra i|ui«n niojor lo *fipi t r a t a r q u e y o ; y porque
to m b ía i í <1 bit navenrurada T e ru a d» Ja tn x, n u e stra intuir r . tftytí escritas di1estas rosna dA
ts p ir itu (idm ira b lem én u , la s c u ales espero e n Dios sald rá n p re s to im p resas á luz.*
(3 ¡ Libro rf* 3ic vida, cap. X V IIL
PKÓLOCO. X X V II

«lejos» ( 1 ). Pero este perdimiento del sentido no es cierto la


m uerte, sino á lo más una apariencia de ella. « El cuerpo
wqueda como muerto », dice Sta. Teresa, pero no que quede
muerto; porque eL alma 110 lo desampara, híiio antes sigue vi­
vificándole y produciendo las operaciones de la vida orgánica,
inclusa la respiración, que nunca cesa por más que parezca
apagada. «Por muchos ratos , dice la Santa en otra parte ( 2 ),
»no hay fuerzas en el cuerpo para poderse m onear: todas las
wllevó ol alma consigo. Huchas veces queda sano el que estaba
»bien enfermo, y lleno de grandes dolores, y con grande ha­
b ilid a d , porque es cosa grande lo que alli se da.»
N o, el alma no rompe ni puedo romper, por fuerte que sea
el ímpetu de su amor, los vínculos de su prisión corpórea.
Bien lo entienden así claramente los que están llagados de la
llama viv a del divino amor, los cuales repiten las palabras con
que se lamentaba el Rey Profeta de lo largo que se le hacía
su destierro, ó las que escribió el Apóstol diciendo el deseo que
sentía de morir para estar en la presencia visible de Jesucris­
to. Y pues hemos hablado de Sta. Teresa, ¿quién no recuerda
á este propósito aquel « que muero porque no muero» coa que
exhalaba en una poesía inacoesible á sus profanos crítico s, el
vivo anhelo de su córazon por libertarse del peso y servidum­
bre de la presente vida corpórea? E l mismo S. Juan de la Cruz
les hace decir á estos tales heridos de dicha llam a v iv a de
amor:

Acabn j a si q u ie re s,
Rompo la. tcln. de este dulce encuentro (3),

llamando tela á nuestra condición de vida natural por la tra­


bazón que hay entre el espíritu y la carne, y porque así como

( 1 ) Libra ri,\ x u p id a , cnp. XIX .


( 2 ) Ihirl. cnp. XX.
¡ :í ) f.inm n de. a m o r v iv * r e n n eio n i. — Ku la d e c la ra c ió n del C á n tico e s p ir itu a l, ol>-
Kirrva el Sim io q u r i;] ulinu •Imlilii cu iK lii'ionnlm onte c u a n d o qufl le m a te «u v ia tí y
liurinosiini : ili! D io s ), su p lío slo 1111o no puedo v e rla wln m o r i r , q u e 8Í sin CS'> p u d ie ra
s u r, no p id ie ra q u e la m a ta r a , p o rq u ti i|iiu rn r u in rir es im p e rfec c ió n n a tu r a l.,... Kutn
r o c tr iu a { a ñ ad e , da á e n te n d e r 3 . P a b lo A los i!i* C orinti» d ic ie n d o ; JV o/um ur e x p o fia ii,
ji'rf j’KjJt'i t'C ifirí, n i a iso rb e a tu r qruod m orln/i' i'.it. a v it't: 110 quur(!rn<>9 ner doypojndog
nins q u cren io s se r so b re v e s tid o s , p o rq u e lu q u e es n m rm i «un. u b s u rto <lc lft T lda. Q ue o»
d ecir : No tluscm nos s e r d esp o jad o s d« 1» c a rn e , m a s »or K oliruvustidoy do g lo r ia - . (D «-
d u ru c iu u ilol v e rso : « Y mnUraia m v ia ta y h e rm o su ra » .)
X X V III P ito LOGO.

la tela deja traslucirse la luz, pero no verse claramente, así al


través de esta urdiembre en que él alma está presa en. la car­
ne en unidad do persona, se deja clarear el resplandor de la Di­
vinidad , pero 110 ver.se según es en s í , por lo cual pide el alma
que se rompa esta tela para ver claramente al Amado y gozar­
se libremente eon Kl (1 )-
Pero si es contra toda verdad suponer que el alma desam­
para totalmente al cuerpo en la unión mística con Dios , toda­
vía es más grosero error añadir que en esta unión cesa la vida
espiritual del alma m ism a, cesando sus'potencias de obrar.
¿Quién le ha dicho á la crítica racionalista,que el alma deja de
entender y amar, en cuyos actos consiste la vida íntima del es­
píritu , cuando se traspasa en Dios subiendo la escala mística
de la contemplación*? Kste es sin duda el mayor y más torpe
engaño del filosofismo contemporáneo, creer que el alma pier­
de sus fuerzas, su memoria, su inteligencia , su corazon, ca­
balmente cuando más las aumenta y perfecciona, Nace por
ventura este gravísimo yerro de haber llegado á noticias de
nuestros filósofos, que en las almas que se van adelantando
en la oracion llamada mística teología, las potencias espiri­
tuales quedan desnudas, el entendimiento ¿oscuras, elcorazon
libre de aficiones, y todos los sentidos y apetitos , así internos
como externos, en una noche ó privación de gustos; por don­
de se creyeron autorizados pura asegurar que ost.a es la muer­
te del alma, siendo así que esta es por el contrario su vida
verdadera. Porque bajo este nombre de oscuridad y noche en
las potencias del alma no ha de entenderse que el alma no ape­
tezca ni entienda cosa alguna, lo cual sería realmente cierta
manera de m uerte; sino todo lo contrario, que desasida de las
aficiones desordenadas, lia de elevarse sobre todas las repre­
sentaciones del mundo sensible y aún sobre los conceptos del
orden natural inteligible, para entender y buscar aquí bajo por
un modo inefable, aunque siempre imperfecto, la visión de lo
inteligible divinó. Esto es lo que puede llam arse:

No entender cuKw UcjhIo


Todft ciencin transcendiendo 2).

(I ) V éase to.la la declaración del verso V I, en la Litu n u do mniir ñ n n .


( 3} Coplas sobre u n ta ííw i de a lta co n tem p la ció n .
PRÓLOGO. Xx iX

«Esta noche oscura, dice S. Juan de la Cruz, es una influen­


c i a do Dios en el alma, que la purga de sus ignorancias é
«imperfecciones habituales, naturales y espirituales , que lia—
»man los contemplativos contemplación infusa ó mística teo­
lo g í a , en quede secreto ensena Dios al alma y la instruye
»en perfección de amor, sin ella hacer nada más que atender
«amorosamente á Dios, oiiie y recibir su luz sin entender có-
»mo es esta contemplación infusa (1). » En instas poquitas pa­
labras está todo lo que hay necesidad de saber para contestar
á los que dicen que Las potencias del alma sufren como un
eclipse totn.1 en eL acto de la contemplación que se sigue al
éxtasis; pues vemos por ellas que el eclipse que sufreMi es :í
modo del que pasa cuando las lumbreras de la noche son os­
curecidas por el sol, aunque este se muestre entre nubes.
Cierto el entendimiento no necesita hacer aquí esfuerzo a l­
guno de discursos para recibir la luz que se le comunica, sino
bástale atender amorosamente. Cuando sólo hubiera este acto
de atender, en el cual se ejercita el entendimiento, y de aten­
der con amor, que es obra de La voluntad , tendríamos y a un
argumento incontrastable á favor de la verdad que los racio­
nalistas impugnan diciendo que en el éxtasis son totalmente
destruidas las fuerzas del alma racional; pero además de aten­
der amorosamente el alma k l semejante estado entiende ma­
ravillosamente, pues recíba la luz que se le comunica; y el
entender, aunque sea por virtud de una luz infusa, es acto
del entendimiento , del cual se siguen frutos muy excelentes
en las otras potencias, movidas y guiadas de esta divina in-
llueneia. Xo perecen, pues, las fuerzas espirituales cuando
reciben las comunicaciones di v in a s , que se encierran bajo eL
nombre de mística teo Logia, sino antes se elevan y transfigu­
ran; de humanas se tornan en divinas; desnudas de toda es­
pecie de criaturas, van de vuelo liácia el Criador, cuyo sér
mismo llegan á ver al través de las tinieblas de que está cir­
cundado á los ojos del alma peregrina sobre la tierra (2).
Lójos, pues, de desfallecer y morir la actividad intelectual
en el estado de contemplación m ística, acaece todo lo contra­

(l ) jVoí/w osei/t-n ti¿¡ , cap. V .


(2 ) .ViiAm, cohgo ni e ir t u itu h/ ii .i .
\X X p r o í.n a o .

rio , que se recoge y concentra como en un foco toda la fuerza


ó capacidad mental para mirar y abrazar el objeto divino
do su amor : el alma, vacía de toda afición terrena, recibe la
luz que se le da. y entiende, ama , goza; y üsta intelección,
este amor y este, deleite, ante el cual parecen poco todos los
trabajos de la vida , son el testimonio acabado de que el espí­
ritu vive realmente, no ya en carne mortal, sino en la fuente
misma .'de la vid a , en Dios, de cuya naturaleza participa,
transformada en su mismo sér por amor y semejanza. Expli­
cando nuestro Santo aquellas palabra» del Apóstol: « Si vivie­
reis según la carne, moriréis; pero si con el espíritu morti­
ficareis los hechos de la carne. viviréis »; trae un pasaje tan
admirable para nuestro intento, que no podemos ménos de
transcribirlo. «Es de saber, dice, que lo que aquí el alma
»llama muerte, es todo e l’ hombre viejo, que es el uso de las
«potencias, memoria, entendimiento y voluntad, ocupado y
«empleado en cosas del sig lo , y los apetitos en gusto de cria­
tu ra s. Todo lo cual es ejercicio de vida vieja , la cual es
»muerte de la nueva, que es la espiritual. En la cual no po­
ndrá. vivir el alma perfectamente ? si no muriese también per-
afectamente al hombre viejo, como el Apóstol lo amonesta di-
»ciendo que se desnuden del hombre viejo y se vistan del
»nuevo, que según Dios es criado en justicia y santidad.....
»En la cual vida nueva, cuando ha llegado í perfección de
»unión con Dios. como aquí vamos tratando, todos los afectos
»del alma, sus potencias y operaciones, de suyo imperfectas
»y bajas , se vuelven como divinas. Y como quiera que cada
«viviente vive por su operacion , como dicen los filósofos , te-
emendo sus operaciones en Dios por la unión que tienen con
»Dios, el alma vive vida de Dios, y se ha trocado su muerte
»en vida (1).»
Así debe entenderse lo que en algunos lugares dice Santa
Teresa hablando de sus propios arrobamientos, conviene á sa­
ber, que hay en ellos momentos « en que se pierden las poten­
cias. » «Muchas veces, dice poco despues, se engolfa el alma
»ú la engolfa el Señor en s í, por mejor decir, y teniéndola así
aun poco, quédase con sola la voluntad. Paréceme es este bu-

(1 ) l.him a <U nmcir v ira , v a n . VI.


PRÓLOGO. XXXI

»llicio de estotras dos potencias, como el que tiene una len-


xgiiecilla de estos relojes de sol, que nunca para; mas cuando
»cl sol do justicia quiere, húcelas detener. » En sum a, nues­
tra Santa dice varias veces que, eu lo más alto del éxtasis,
dos de las potencias espirituales del alm a, el entendimiento y
la memoria, llegan á perderse del todo, aunque por breve es­
pacio: mas este estar perdidas dol todo, añade, explicando
sus palabras como si respondiera á la objeción del racionalis­
mo, es «para estar muy más ganadas, y acompañan á la volun-
»tad y se gozan las tres. Estaba yo pensado cuando quise es­
c rib ir esto qué liad a el alma en aquel tiempo- Dijome el
»wSeñor estas palabras: Desllácese toda, h ija, para ponerse
»más en m í; y a no es ella la que v iv e , sino y o ; como no pilc­
ado comprenderlo que entiende, es no entender entendiendo (1).»
Es cabalmente lo que canta San Juan de la Cruz hablando del

No entender entendiendo
Toda ciencia trascendiendo,

en que se cifra toda la teología mística. Si á esto se añade que,


según esta misma doctrina, la voluntad permanece siempre
activa cuando acaece dicho estado sublim e, pues ella es la
que «mantiene la tela» y la que «torna á suspender á la s
otras potencias » cuando vuelven, en si é importunan al alma
en la oracion; y que « debe estar bien ocupada en amar, aunque
no entiende cómo a m a ;» si además se recuerda que este vivir
engolfada el alma con todas sus potencias en Dios , viviendo
vida divina no es sino un como ensayo débil de la felicidad de
ios justos en el cielo, patria de la. verdadera vida que nunca
se acaba; y quo la felicidad es la perfección total de la cria­
tura espiritual, que no su muerte y aniquilamiento, compren­
d e r s e fácilmente el necio engaño de los que, oyendo hablar
por ventura de la suspensión de las potencias en el punto más
alto del éxtasis, han creído que esto es morir y reducirse el
alma á la nada, sin conocer siquiera el valor que tiene la
palabra vida en el Catecismo. Estos tales ponen la acción y la
vida en el movimiento y hasta en la agitación del ánimo, en la
violencia de las pasiones, y en suma, en la vanidad y mudan-

; 1) Y'iriit, (•*!>. XVIII.


xxxn PROLOGO.

za continua de las cosas cont.inge.nl,es: ¡qué ilusión! El movi­


miento, el discurso, la sucesión de mudanzas y accidentes que
pasan á. nuestra vista, sólo son fenómenos y apariencias de la
vida ; pero la verdadera vida del hombre espiritual ha de bus­
carse allí donde su actividad es más noble, donde su objeto es
más elevado, y más excelente el modo como con él se une.
Ahora bien, la mejor potencia del alma es el entendimiento;
el termino más alto del entendimiento es Dios, y el modo más
perfecto de conocerle es por via de intuición , sin discurso al­
guno compúcsto de semejanzas y analogías tomadas de las
criaturas, que son infinitamente bajas, y son como nada si se
las Campara con la alteza de las perfecciones inteligibles de
Dios, adonde sube en nías de la le y se llega por una vista in­
mediata, aunque imperfecta, en medio de cierta especie de ti-
uiebla, el espíritu contemplativo. Así le es dado tocar, por
decirlo así, con la parte más alta de sus potencias superiores
en la altara inaccesible de los cielos . circundado de una. lux
tan viva que transciende y eclipsa toda otra luz, sobrepujando
infinita mente la capacidad de la criatura inteligente que la
contempla y g o z a : í esta contemplación, y al deleite nacido
de ella, mensajeros de vida eterna, es á lo que llaman muerte
los que no tienen ojos para ver otra vida sino la que bulle y
se derrama y disipa con desapacible ruido léjos de Dios.
Vengamos ahora al otro cargo que hacen al misticismo, de
privar al alma de la libertad y conciencia de si misma, ó sea
del sentimiento de su sór personal. Sobre este punto no cita­
remos lugares de nuestro Santo , quien jamás pudo imaginar
que se imputase d la teología mística, toda ella fundada en
la fe, la supresión del libre albedrío ni de la conciencia; sino
únicamente recordaremos los principios mismos de la metafí­
sica tocantes á esta materia, para mostrar que el alma con­
serva esas preciadas dotes, áun en lo más alto del rapto que
la une místicamente con Dios,
Acerca de la libertad, es sabido que esta potencia 110 se
distingue realmente de la voluntad misma racional, y que la
voluntad quiere el bien libremente cuando el bien, ó no puede
llenar su inmensa capacidad de amar por ser finito, ó aunque
pueda llen a rla , no la satisface plenamente por no ser percibi­
do con evidencia. Ksto supuesto , si en la contemplación ad-
PRÓLOGO. X X X III

quirida ó infusa, de que hablan los autores místicos, Dios se


manifestase al entendimiento tal como le veu duramente los
bienaventurados en el cielo, fortalecidos del Imwub g lo r ia , con
que pueden resistir aquella excesiva lumbre de la esencia di­
vina; es indudable que el alma contemplativa perdería la triste
libertad de poder no amar al sumo Bien. Pero mientras perma­
nece « en la cárcel de este cuerpo», dice S. Juan de la Cruz (1),
«el entendimiento no tiene disposición ni capacidad para reci­
b i r noticia clara de Dios; porque esa noticia 110 es de este es­
pado; que, ó ha de morir, ó lio la ha de recibir. » Prosigue el
Santo continuando esta doctrina con autoridades sacadas de
la Sagrada Escritura y de tí. Dionisio, y luego añade: «Kl
»filósofo Aristóteles dice que de la manera que los ojos del
«murciélago se han con ei so l, el cual totalmente le hace ti­
n ie b la s , asi nuestro entendimiento se ha á lo que es más luz
>>on Dios, que totalmente nos es tíniebla; y dice m ás, que
«cuanto las cusas de Dios son en sí más altas y más claras,
»son para nosotros más ignotas y escuras; lo cual también
»añrma el Apóstol, diciendo: Lo que es,alto de Dios, es délos
«hombres menos sabido (£).» Véase, pues, que la teología
mística ~ t de acuerdo con la filosofía, declara contra el moderno
ontologism o, que á. Dios no se le ve claramente; de donde se
deduce que, pues tal claridad es necesaria para necesitar la vo­
luntad , esta potencia permanece libro do adherirse ó no al
liien sumo conocido entre tinieblas. ¿Dónde- está, pues, la su­
presión del libre albedrío que dicen se sigue del misticismo
cristiano *?
Oiyamos ahora ¡l uno de los autores que con mayor clari­
dad y solidez, citando siempre á los más insignes maestros de
la m ística, y por consiguiente á tían Juan de ia Cruz y Santa
T eresa, ha tratado de esta difícil y sublime materia. « Con-
»viene advertir», dice el 11. P. Scaram elli, de la Compañía de
Jesús, hablando de la violencia que pasa en el rapto ( 3 ),
»quc esta violencia no se hace jam ás á la voluntad, sino al
«entendimiento: do otra suerte los actos de amor que el alma

'1) S u b id a del M onte C a rm elo , c ap . V IH .


1.-J, IM.I.
■!a i l i i o y ' i o »iJvfico, tr.it. III. c a p . X X I.
0
xxxrv VRÚr.ocio.
«produce en el rapto, serían forzarlos y perderían su mayor
«precio, que oí la libertad y el mérito. Porque advierten sá-
«biamente los teólogos, que aunque la violencia hecha ¡1 la
«voluntad, le quita la libertad en el obrar; puro 110 le quita la
«violencia hecha a! entendimiento con algún conocimiento que
«él no puede echar de sí......Así en el rapto, con una lux vio­
le n t a que Dios infunde al entendimiento, arrebata al alma
«á s í : y 110 obstante eso queda en la voluntad tanta libertad,
«que basta pava obrar con mérito. » Y en otra parte, tratando
de la unión más íntima y perfecta del alma con Dios que pue­
de darse en esta vida, aüade: «No querría que el lector to-
»mase de esta doctrina ocasion de errar, como si una tal alma
«levantada á la uuiou tan estrecha con el Verbo Divino , lie—
»gase á ser totalmente impecable; porque en la realidad puede
« ella, no obstante un favor tan excelso, caer en faltas y tam-
«bien en pecados g ra v e s, y con temeraria desvergüenza v o l-
«ver las espaldas á su celestial Esposo ( 1 ).» Aunque despues
aüade, que «pudiendo ella pecar en el tal estado, no pecará;
»que pudiendo serle infiel, no lo será, y que pudiendo no
«amarle, pondrá seguramente toda su solicitud y empeño en
»cor responderlo con recíproco amor. De todo esto puede sacar
»el lector , que con la unión perfecta y estable se compone
«muy bien en un alm a la potencia libre de pecar y una cierta
«inseparabilidad de Dios, que las escuelas llamarían consi­
g u i e n t e , la cual nada perjudica á la libertad de la criatura
«racional.»
Cierto que a un alma entregada á la contemplación y amor
del Sumo Bien se le hace muy difícil , tnoralmenlc imposible,
apartarse de Kl con el pecado; pero esto mismo puede decirse»
guardada la debida proporcion, de toda persona virtuosa, pues
el habito de la virtud hace fáciles y áun agradables las obras
buenas, hasta el punto de llegar á hacérsele más difícil al varón
virtuoso hacer el mal que el bieu ( 2 ). En otros térm inos: aquí
se disminuye la libertad impcrfectísimadol hombre terreno, la
libertad de pecar, al compás con que crece y se eleva hasta

( l ) T r¡it. 111, cnp. X X III.


( SJ Fta pieilis r e d ftilu f in progt'essu eiVfit.?, n t ilifficitiu s sil m ala ugeru, i/miuji bañe.
S, J u a n C rlsig to in u c itiu lu p o r S cu m rn o llí.
PROLOG 0 . XXXV

tocar casi con los cielos, donde esta libertad espira, la liber­
tad del bien y de la gracia, que únicamente respira pureza y
perfección, amor y sacrificio. Esta libertad hermosísima des­
cribe ,S. Juan de la Cruz en el siguiente pasaje con que damos
de mano á nuestra actual respuesta: «Todo el señorío y liber­
t a d del mundo, comparado con la libertad y señorío del es­
p ír itu de Dios, es suma servidumbre, y angustia, y cauti-
»veriu. Por tanto . el alma que se enamora do mayorías 6 de
»otros tales oficios y de las libertades de su apetito, delante de
»Dios es tenida y tratada,, no como hijo libre , sino como per-
»sona baja, cautiva do sus pasiones..... Y por tanto no podrá
»csfca alma llegar á la real libertad de espíritu que so alcanza
»en esta divina unión; porque la servidumbre ninguna parte
«puede tener con la libertad , la cual no puede morar en un
«corazon sujeto á quereres, por ser este corazon cautivo, sino
»en el libro, que es corazon de hijo (1).»
¿Qué diremos ahora de la personalidad humana en sus re­
laciones con el misticismo? Ya arriba oimos decidir á Mr. Bar-
tliolemy Saint Hilaire, que en el éxtasis es indudable la des­
trucción de la personalidad. Este mismo filósofo considera al
misticismo como «úna teodicea deplorable, la misma con corta
«diferencia e n to d o s, l o s m ís t ic o s .......q u e confundiendo al alma
»del hombre con Dios, conduce casi infaliblemente al panteis-
»mo». A la verdad, si los doctores en teología mística confun­
diesen realmente aL alma con Dios , la personalidad humana
desaparecería de seguro en sus discursos, y el panteísmo se­
ría, no ya sólo el término casi infalible de tal doctrina, sino el
vicio esencial que la dañara y corrompiera. Afortunadamente
dicha acusación es un lalsu testimonio desmentido palmaria­
mente en las obras de aquellos doctores: citaremos un solo
pasaje, entre los varios que pudieran traerse de nuestro San­
to , doude claramente se establece la distinción sustancial en­
tre Dios y el alma. Valiéndose de una hermosa comparación,
dice á este propósito: «Está, el rayo del sol dando en una v i-
sdriera; si la vidriera tiene algunos velos de manchas ó nie­
b la s , no la podrá esclarecer con su lu z , ni transformarla to­
talm en te como si estuviera sencilla y limpia de todas aque^

^ 1 } S iM d a d tl M onte ( ’a rm tio.
\X X Y l I’HÓLOGO.

»llas manchas; antes tanto rae nos la esclarecerá cuanto ella


«-estuviese monos desnuda de aquellos velos y manchas, y no
»quedará por el rayo, sino por ella: tanto, que si ella estuviere
»pura y limpia del todo, de tal manera Ja esclarecerá y tivans-
»formaráel rayo, que dará la misma luz ; aunque á la verdad
»todavía la vidriera, amigue se parezca al mimo rayo. t i e n e
»,st' n a t u r a l e z a d i s t i n t a del mismo rayo; y podemos decir que
»aquella vidriera es rayo ó luz por participación. A sí el alma
»es como esta vidriera , cu la cual siempre está embistiendo,
»ó por mejor decir , está siempre morando esta divina luz del
»scr de Dios por naturaleza, como habernos dicho. Un dando,
»pues, lugar el alma ( que es quitar de si todo velo y mancha
»de criatura . lo cual consiste en tener la voluntad unida con
»la de Dios perfectamente; porque el amar es obrar en despo-
«jarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es l i l ) luego
«queda esclarecida y transformada en Dios. Porque le comunica
»Él su sér sobrenatural de tal m anera, que parece al mismo
«Dios, y tiene lo que tiene el mismo Dios; y se hace tal unión
«cuando Dios hace al alma esta merced soberana , que todas
»]as cosas do Dios y el alma son una en transformación par­
ticip a n te ; y el alma más parece Dios que alm a, y aun es Dios
»por participación; aunque es verdad que su sér natural se Ir,
»llene d i s t i n t o del ele Dios como áules, aunque está transfor­
m a d a ; como también la vidriera le tiene distinto del rayo
«estando de él clarificada ( 1 ). » Por donde se ve claramente
que la unión no es la confusion; pues el alm a, por más unida
que esté con Dios, permanece distinta, según su sér y natura­
leza del sér y naturaleza divinos; y esta distinción dura siem­
pre y se perpetúa eternamente en el cielo, donde la unión co­
menzada aquí bajo se estrecha y consuma, llegando á su más
alto punto de perfección con la presencia visible del Sumo
Bien. L éjoa,.pues, de conducir esta doctrina casi infalible­
mente al panteísmo, debe tenerse por la contradicción más
acabada de este funesto sistema, según el cual el alma des­
prendida por algunos momentos de Dios, vuelve luego á
unirse con él recobrando su antiguo y primitivo sér divino . ó
mejor, despojándose únicamente de la forma individual y de-

( 1 ) Su b id a del M onte C a r m e lo , cap. V.


PRÓLOCiO. X X X V ll

terminada con quo se había manifestado en olla el sér inde­


terminada que llaman Dios: confusión en que se identifica el
alma con Dios sustancialmento, quedando reducidos! :i lina
sola cosa, no ya por participación y semejanza, como la vi­
driera con el rayo de lu z, sino por esencia y naturaleza, de
tal manera, quo el alma no sea alma sino Dios. Aquí se des­
truyo de todo punto la personalidad humana, á mejor dicho,
esta personalidad es sólo una palabra vana en libios de los
panteistas; porque, ¡i sus ojo*, el hombro 110 subsiste por sí co­
mo sér individual, sino su sér es el mismo sér divino, que
toma accidental monte en cada hombre condiciones determina­
das, y que luégo se despoja de ellas como la cera en que se
imprimen sucesivamente figuras que unas á otras se excluyen
y borran, sin dejar la más ligera huella de bí. Pero en el mis­
ticismo cristiano se contiene la doctrina contraria, á saber:
que el alma, sacada de la nada, es esencial mente distinta de
Dios; y que si bien se halla gloriosamente destinada á unirse
con su Criador y á tornarse y transformarse en é l , pero esta
unión y transformación no destruye ni oscurece su sér, ni su
propia sustancia dotada do naturaleza ra cio n a l, os decir,
su personalidad inteligente y libro; porque la unión no es la
con fusión de las cosas unidas, las cuales se mantienen distin­
tas en el ciclo y en la tierra, a llí donde la unión es absoluta-
mente indisoluble y perfecta, y aquí donde por mucho que el
alma so llegue íntimamente á Dios en la contemplación, nunca
puede hacerse tan semejante á Él como en viéndole cara á cara
en la patria do lusjustos.
Y 110 so d ig a . que sí bien el alma conserva su personalidad
en todos los grados místicos de la oracion. pues no deja nunca
de ser en ellos lo que es, una sustancia indivisible de natura­
leza racional; poro pierde el sentimiento de sí misma una vez
engolfada on el piélago do luz y de amor , quo es el objeto de
sus potencias enajenadas fuera de sí miéntras dura lo más alio
del arrobamiento; porque la misma ciencia en cuyo nombre
so lanza este otro cargo contra el misticismo, la Filosofía?
basta por sí sola para defenderle contra esa falsa acusación.
En efecto . la filosofía mira al alma humana como una sus­
tancia espiritual presente siempre á sus propios ojos, y por
consiguiente leniendo siempre conciencia ó sentimiento de sí
Y Y T VTII PROLOGO.

misma : ella es á un mismo tiempo objeto y sujeto de su pro­


pio conocimiento, tos cuales forman una unidad re a l, viva y
personal, que no se pierde nunca de vista ; ni puede dejar
tampoco de am arse, aunque en momentos dados se traslade
con el pensamiento y el amor á una distancia infinita de sí
misma. Porque donde ella v a , va como inteligencia que tiene
ante si su propio sér , y por consiguiente que no puede dejar
de conocerlo, y , conociéndolo, de amarlo. Suponer, pues, un
estado intelectual en que el alma no conozca, sus propios actos
ni se conozca á si misma, es tan absurdo como suponer la p o­
sibilidad de que, conociendo como conoce su sér , deje de
amarlo y anhelar á su perfección, si es que ya no la posee.
A si tiene que acaecer en el éxtasis: el alma recibe en el noti­
cias muy altas y amorosas de Dios; ¿pero deja por esto de
sentirse A sí m ism a, fie conocer que ella es y no otra quien
recibe mercedes celestiales, y goza anticipadamente las deli­
cias de la Patria? Cierto este conocimiento de sí m ism a, nu es
en semejante estado, reflexivo, sino directo; pero también es
directo y no reflejo el acto de sentirse el alma á sí misma en
los que pueden llamarse éxtasis de los sentidos, que también
estos suelen, por desgracia, adherirse con gran intensidad y
vehemencia á los objetos deleitables del mundo visib le, y sin
embargo nadie ha dicho que en este caso pierda el alma la
conciencia ó conocimiento de sí misma. A la verdad, la con­
ciencia directa, espontánea, habitual, es un estado en que
el alma se conoce á sí misma viéndose presente á sus pro­
pios ojos, y viendo sus propios actos, por muy absorta que
esté en el objeto ora sublime, ora vil de su potencia inte­
lectual.
Si así no fuera, ¿cómo podría explicarse el examen que ha­
cen los contemplativos de cómo se han cu lo más sublime de
la oracion, de lo que pasa eu ellos cuando el Señor se digna de
visitarles? Aquel deleite tan puro y subido que experimentan
cuando se entreabre á sus ojos el velo de ios más altos miste­
rios ; aquellos toques que reciben en el centro del alma de ma­
no de su Amado; aquel estar la voluntad manteniendo la tela
y las otras potencias ahora suspensas y perdidas, ahora vol­
viendo en sí y discurriendo; todo esto ¿como lo podrían recordar
si no lo guardaran en la memoria después de haberlo impreso en
VRÓLOnO- X X X IX

olla experimentándolo ántes en la oraron? N o , no es posible


darse un alma á sí misma cucnta ni ménos darla á los demás de
lo que lia visto ú oido en la nochc de los sentidos y del natural
discurso, sin que la conciencia haya velado cu ella juntamente
con las otras facultades espirituales, dando testimonio, cuan­
do no de otra cosa, de la unidad y continuidad de la pegona
en medio de los diversos estados y fenómenos de la vida.
Veamos ahora si es más razonable que las anteriores la otra
acusación que hace el racionalismo contra la teología mística,
diciendo por boca de uno de sus principales doctores, el des­
dichado Jouffroy, que « siendo absurda la acción en esta vida,
»y siendo el estado pasivo el único razonable, debemos espe-
»rar á que la mano do Dios nos libre de las cadenas de nuestra
«condición presente; porque sólo entonces nos será dado obrar;
»pcro entre tanto seamos pasivos, cruccmosnos de brazos, y
«abandonémosiios al curso de la fatalidad externa; pues cual-
»quicr otro plan de vida sería una inconsecuencia, y nuestras
«obligaciones una absurda quimera» ( 1 ). Antes de pasar
adelante debemos recordar que el sistema censurado en estas
lineas no es cierto el misticismo cristiano, sino aquel
picudo-misticismo de los herejes, renovado por Miguel de
Molinos, y conocido por esta causa bajo el nombre de Mo-
linosismo. Este infeliz presbítero enseñó que el alma debe
desnudarse absolutamente dél amor de sí propia hasta el
punto de ser indiferente i su salud y condenación eterna, y
ele tal modo resignarse á la voluntad de Dios, que nada desee,
ni pida ni espere ? ni cuide de cosa a lg u n a , .tino en todo se haya
pasivamente. De eso estado pura y absolutamente pasivo é in­
diferente sacó Molinos conclusiones torpes ó inmorales, que
no hay para qué referir; pues á nuestro propósito sólo importa
recordar que, así estas consecuencias como el principio que las
produce, Tueron condenados por la Iglesia en la constitución
Ocdestis Pastor dada en 1(587 por el Papa Inocencio XI. Este
solo hecho basta para que venga por tierra toda la argumen­
tación de Jouffroy, fundada, como hemos visto, e/i la deplo­
rable confusion del misticismo verdadero, aprobado y honra­
do por la Iglesia, con el falso misticismo, condenado por ella.

(IJ {Jours de D roit n a tu ra l, 4. I.


XL PRÓLOGO.

No; no es absurda la acción según la teología mística, an­


tes la contemplación misma, de que trata esta ciencia, es una
verdadera acción, pues consiste en una atención amorosa del
alma á su divino objeto, y envuelve por consiguiente los ac­
tos más sublimes del entendimiento y del corazon. Todo el que
lea atentamente las obras espirituales de los maestros más ilu­
minados de Dios en cosas de espíritu, se convencerá de estas
dos verdades, que son capitales en la materia, conviene á sa­
ber: la primera, que no hay alma contemplativa y espiritual
que no ame verdaderamente á Dios, üi la contemplación es
buena y legitima cuando no se termina en aumentar este
amor; y la segunda, que el verdadero espiritual va siempre
fundado y animado en la fe, sin la cual lleva errado el camino
y perece miserablemente. Almra bien; de estas dos verdades
se siguen clar;irnc:i1e las conclusiones que buscamos.
Cuanto á la primera, ¿quién ignora que el amor es el prin­
cipio fecundo de las obras con que es promovida la gloria de
Dios, la cual,resplandece maravillosamente en el orden moral
de las acciones humanas*? «La caridad, dice San Juan de la,
»Crnz, es A manera do una excelente toga colorada que no
»sólo da gracia y vigor á lo blanco de la fe y verde de la es­
p eranza , sino á lodos las virtudes ( 1). » « El cabello se lia de
»cornenzar ;í peinar desde lo alio de la cabeza, si querernos que
»oslc esclarecido 5 y todas nuestras obras se han de comenzar
»do lo más alto del amor de Dios si queremos que sean puras y
»claras ( 2 ), » Otra hermosa sentencia se lee en el Santo muy
buena para nuestro intento, y es «que el amor de Dios en el
»alma pura y sencilla y desnuda de todo apetito, siempre eslá
u n acto (8).» Lo que es como decir que siempre está elevando
la mente y el corazon á Dios „ ó ingeniándose por agradarle,
no sólo con pensamientos y palabras, sino con obras positivas,
con sacrificios generosos v fecundos. dispuesta á hacerlo y su ­
frirlo todo, sin decir minea basta en las obras de virtud y
perfección, moviéndose á cosas arduas y grandes, y arrostran­
do por ellas lá persecución y hasta la muerte. En sum a, en di

(11 X tiso í ¡/ x»nt«ncias « sp iritu a its, ¡55.


{ I) Ib iil., <5¡í.
(3 ) Ibid.
PKOLQGQ. XLI

ciendo que la contemplación mística enciendo y aviva la cari­


dad hasta el punto de tenerla siempre en acto, no hay necesi­
dad de añadir que todas las virtudes nacen do olla, también , ú
al ménos se. riegan y vivifican con el agua que alcanza la ora-
ciou, según el bello símil de Santa Teresa; porque la caridad
es la plenitud de la ley cristiana, el amor de Dios y del próji­
mo , fuerza viva, corriente impetuosa que pone en movimiento
todas las potencias del alma, inclusos sus apetitos y pasiones,
y alcanza de su ordenado movimiento la acción más? bella, la
armonía y concierto mas, sublimo de que es susceptible la vida
humana aquí bajo, conviene á saber, la virtud y la perfec­
ción moral. «La fortaleza del alm a, dice nuestro Santo, con­
s is t e en sus potencias, pasiones y apetitos; las cuales, si la
»voluntad endereza en Dios, y las desvía de todo lo que no es
»n¡os, entonces guarda el alma su fortaleza para Dios, y ama
»á Dios de toda.su fortaleza, nomo el mismo Señor manda» ( 1 ).
lié aquí otras sentencias del mismo autor; « La sabiduría
»do los santos es saber enderezar la voluntad con fortaleza á
«Dios airando con perfección su ley y sus santos consejos.—
»La mayor honra que podemos dar á Dios es servirle según la
y>j>erfeccion evangélica.— Fuera del tiempo de la contemplación,
»en todos los ejercicios* actos y oirás se ha de valer el alma de.
«las memorias j meditaciones buenas, de la manera que sin-
»tiere más devocion y provecho; particularmente de la vida,
»pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, para conformar
».ví¿.t acciones, ejercicios y vida con la suya. — Es imposible ir
»aprovechando sino es haciendo y padeciendo. Para aprovechar
»cn las virtudes lo que importa es callar y obrar» 2 ). — »Pro-
»cure siempre inclinarse (el que se dispone á la vida interior).
»no á lo más fácil, sino á. lo más dificultoso; no á lo (pie es des-
»CiLiiso, sino á lo q u e e s trabajoso» ( 3 ). Si este es el estado
pasivo é indiferente al bien y desligado de todo vinculo de de­
ber y aun de perfección moral, dígannos por su vida los filó­
sofos de la escudado Jouffroy, qué lección más sublime, qué
modelo más perfecto, qué estimulo más eficaz puede ofrecerse
al hombre para moverle y dirigirle en la práctica de la virtud!

f 1) Avisas y senl.jnri/is esp fr'itun ta .


( S ) llm l.
\ 3 ) S ubid» riel M u n tt Cnrmt-lQ , U»>- I , Ctt|>. X III.
XLII PKÚLOQO.

Hemos dicho lu segundo que el verdadero espiritual va


siempre guiado y sostenido por la Ib.. «En todo nos habernos
»de guiar por la doctrina (le C'ristu y de su Iglesia... No se ha
»de creer jCOsa por via sobrenatural, sino lo que dijere con la
«enseñanza de Cristo y sus ministros» ( 1 ). Ahora bien, según
ia enseñanza de Cristo y do su Iglesia la caridad y las buenas
obras son necesarias para la salud; y es doctrina condenada esa
del estado pasivo á que se refiere JoulTroy para calumniar,
probablemente sin advertirlo, al misticismo cristiano.
Y cuenta que no es solamente la ley de Cristo, sus divinos
preceptos y consejos declarados por su iglesia, y sus admira­
bles ejemplos y los de ana santos, la sola luz que ha de alum­
brar al fiel en los caminos de esta vida, según la doctrina del
insigne autor de teológica mística S. .Juan do la Cruz; sino que
ademas de esta luz segura, ha de ayudarle la de la misma razón
natural que uos fué dada para dirigir también nuestras accio­
nes. «El alma que pretende revelaciones», dice este santo maes­
tro, « peca venialmentc por lo mónos, y quien lo manda y con­
s ie n te , también, aunque más fines buenos tenga, porque no
»hay necesidad en nada de eso, habiendo razan nalwral y ley
evangélica por donde regirse en todas las cosas.— Entra en cuen-
»ta con tu razón para hacer lo que tila te dice e n el camino de
»I)ios, y valdráfe más para con tu Dios, que todas las obras
»quc sin esta advertencia haces, y que todos los sabores espi­
ritu a le s que pretendes.— bienaventurado el que, dejado apar­
ate su gusto ó inclinación , mira las cosas en razón y justicia
»para hacerlas.— El que obra según razm es semejante al que
«usa alimento sustancial y fuerte» (2 ). Máximas todas en que se
da á la razón lo que es su yo, ser guia natural del hombre para
discernir la verdad del error, lo bueno de lo malo, por más
que ella sola, sin el auxilio de la Te divina, confunda estos con­
trarios, y tome el uno por el otro, sirviendo las inclinaciones
desordenadas de los apetitos que tiran á oscurecerla y degra­
darla. Los palabras del Santo muestran la sinrazón de los in­
crédulos que tildan neciamente al misticismo de romper el
vínculo del deber; mal puede romperlo cuando lo muestra con

(1 ) A vtm s y tc»í*ncí(M «spirituaies.


(2) IIm.I,
pnÓLOGO. x L in

austero celo en la ley evangélica, ensenada por la Iglesia , y


hasta un. el órden mismo natural conocido do la razón. Y ¿ se
podrá decir que dicha ley, sancionada con premios y castigos
eternos, no tiene fuerza de obligar? ¿(3 que la razón natural
no puede conocer el órden impuesto por Dios á la criatura
inteligente y libre*? Kn este último caso los racionalistas
tendrían que confesar .su propia impotencia para esto, y las
ventajas (pie les liaren los místicos leniendn como tienen dos
medios de conocer el órden de honestidad y virtud que liga la
conciencia con el lazo del deber. Por lo demas, lejos de ser el
misticismo enemigo de la razón y de la ciencia, como falsa­
mente dicen sus contrarios, es imposible dudar, á quien lea
á nuestro Santo, que la razón natural se muestra aquí ceñida
de una aureola que irradia en toda la vida m oral; y si además
se advierte que toda la parte, por decirlo así, especulativa y
científica se funda en gran parte sobre principios tomados do
Aristóteles, y en general de la filosofía cristiana; y que no es
posible que sea aborrecedor de la ciencia quien honra y toma
por guia á la razón, de donde la ciencia se deriva naturalmen­
te, no podrá mónos de decir que también este capítulo de la
acusación racionalista es falso y calumnioso. Ahí están los
textos, que no es posible suprimir.
Poro y a es hora de volver al principio de este escrito, donde
dejamos pendiente aquella especie del magnetismo insinuada
en mal hora por el autor de la introducción á las obras del
Santo publicadas por Rivadcneira; especie no mónos atrevida
que injuriosa, con que se mira á degradar la religión católica,
en lo que tiene de más sublime, es á saber, en la perfección
evangélica de la vida contemplativa y en la virtud divina que
resplandece en sus santos, hasta el fondo de torpeza y depra­
vación que se echa de ver en los fenómenos del llamado mag­
netismo animal. Mucho se ha escrito y a acerca de esta materia,
y cierto de parte de varios escritores católicos lia sido diluci­
dada con una profundidad y erudición que nada dejan que de­
sear al que quiera penetrar hi naturaleza de unos misterios que,
dejada aparte su intrínseca malicia, tienen la doble ventaja de
confundir al materialismo reinante con fenómenos que no pue­
den explicarse por la materia, y de probar la existencia y ,
por consiguiente, la posibilidad de hechos que sobrepujan las
XL1V PROLOGO.

fuerzas naturales del hombro y de la creación inferior si él. Que


muchos de estos hechos son ciertos, no es posible dudarlo; que
110 hay medio de hallar su razón científica en los agentes que
forman parte de este inundo visible, es cosa demostrada; que
ni Dios ni sus ángeles tienen parte en su producción, la sana
lilosofía, ayudada do la reina de las ciencias, la Teología , lo
evidencia por completo: no queda pues otro medio de explica­
ción sino el volver los ojos al genio horrible á quién el racio­
nalismo se esfuerza por negar, seguro, deque si desapareciese
de las creencias religiosas, todas ellas llegarían asimismo á
desaparecer. Poro es lo cierto que los fenómenos mesméricos,
temerariamente asimilados al misticismo, revelan la existencia
de una fuerza extranatural y horriblemente maligna, que no
puede ser otra sino ol demonio mismo en persona. Y si esto es
a sí, como firmemente creemos después de haber buscado con
todo estudióla verdad en la presente materia, resulta que entro
los estados místicos de la oracion descritos por S. Juan de la
Cruz y Sta. Teresa, y los fenómenos del sonambulismo mag­
nético , media el propio abismo que separa la luz de las tinie­
blas, á Cristo de Belial. Indicarémos aquí algunas de las notas
que dejan ver claramente ese abismo, remitiendo al curioso
lector á las obras que especialmente han sido escritas sobre los
extraños electos do la supuesta fuerza magnética; en las cuales
se destruye el torpísimo error de los que vanamente han in­
tentado explicar los milagros y vaticinios bíblicos y los caris-
mas de los santos por la fuerza que interviene en las escenas
de la moderna nigromancia ( 1 ). Nosotros nos ceñiremos al
asunto del presente escrito.
En primer lugar no pueden ser comparados con los estados
sobrenaturales de la mística los fenómenos mesmérioos del
orden fisiológico, ni Aun los del psicológico, que se refieren al
uso extranatural de los sentidos, como ver objetos ausentes ó
colocados á gran distancia ó que sido existen en la mente del
magnetizador, ó cosas ocultas al sentido como el Huido rnag-

( I J V éase la «Hacrlaeion del B olnndista V niutorm ocren in uciis S. T iurm úc. I'u n ln
r.onaul U rsü usim ism u la ob ra rtol In sig n e P erru n o 1M Mittmam'/nliami etc
.ijiiriiism i ¡'He.!»tinri nupmratiUon*, y la q u e , tom ada de la l'tl'ilh t C iittúlicu, (Uliú n ln /
puc-i) li:i i'ii v a rtiila al casta llu n o con el titu lo E! fifp irifiim e et >wtrido m oder­
n o , la c u a l no a trib u y e a l doctísim o P. C u r c i, do la C pupnlkta de J g íu s.
pWiLOOO. XT.V

nético ó eléctrico, á habiendo do por medio cuerpos opacos,


leyendo el magnetizado y jugando á las cartas con los ojos
Cerrados, ó uu escrito cerrado y sellado ó metido en al gim a
carpeta, cuyos fenómenos están comprendidos bajo el nombre
de visión lucirla ( clmrt¡oya)ictJ; ni los que consisten en la tras­
lación mental de un lugar á otro, ó en la atracción magnética,
por cuya virtud va el magnetizado aún contra su voluntad á
donde quiere el magnetizador: ni por último los que se reducen
á la inversión de los sentidos, que acaece trasladándose el sen­
tido de la vista á la nuca «i al epigastrio. Todos estos fenómenos
pertenecen á la sensibilidad y no pueden compararse siquiera,
como hemos dicho, con el acto esencial de la teología mística,
que es la contemplación, acto puramente espiritual y del todo
ajeno de las impresiones causadas por los objetos que nos ro­
dean. Quedan como único término posible de comparación los
fenómenos magnéticos de órden intelectual, tales como la in­
tuición délos pensamientos ajenos, la visión médica, el co­
nocimiento repentino de las más altas verdades metafísicas,
la previsión de lo futuro; pero, sobre ser estas en su mayor parte
cosas imposibles de conocer sino á Dios, es indudable que tam­
poco se parecen esos actos á, la contemplación que pasa en las
almas recogidas en la oracion que llaman mística teología, las
cuales se abstraen de todas las cosas de este mundo para en­
tender amorosamente en la oscuridad de la fe , transcendiendo
toda ciencia humana, las verdades que la fe misma nos ensena,
Y aunque es cierto que Dios hace á los suyos revelaciones par­
ticulares de cosas ocultas ó que están por venir, mas no son
ellas el objeto de la mística contemplación, cuya mira está
puesta en Dios. Pero hay otra diferencia cap ital, y es que el
sujeto u n quien pasan los fenómenos mesinéricos, está, some­
tido á la voluntad de su magnetizador, á cuyo arbitrio ve, oye,
habla y ejecuta todas sus extrañas operaciones: el infeliz so­
námbulo se halla constituido bajo el imperio absoluto de un
hombre que lo maneja hábilmente como á instrumento de sus
designios; lo cual no so compadece con la santa libertad de las
almas que reciben en el recogimiento espiritual de la mística
las influencias divinas, léjos del mundo y de los hombres, y
libres de todo otro vinculo que el que une la tierra con el cielo.
Un fenómeno hay, sin embargo, en que el magnetizado pa-
XI. VI PROLOGO.

roce como que so sustrae al durísimo .yugo del magnetizador,


á saber, el llamado éxtasis imgnético. Eli el sonámbulo que llega
¡V semejante estado, se celia do ver una palidez murtal: sus
mié rubros todos, destituidos del movimiento vital, quedan como
garrotes, los ojos vidriosos, mudos los labios, si no es que se
les oye producir un murmullo confuso eoino de quien halla, con
algún espíritu presente; á todo lo cual se añade un anhelo muy
inquieto por salir de este mundo, una sensibilidad exquisita
para los acordes de la música y no se qué especie de ascensión
extútico-sideral que transportó cierta vez á la sonámbula del
magnetólogo Garcin al planeta Saturno. Ahora bien; nada más
fácil que señalar las diferencias quo separan á semejante esta­
do, del verdadero éxtasis espiritual. Porque, en primer lugar,
aunque el éxtasis magnético tienda á desligar al sonámbulo
del vínculo que le sujeta al magnetizador; pero esta tenden­
cia es uu fenómeno pasajero, y se verifica en quien habitual­
mente está bajo el imperio del que le m agnetiza, el cual tiene
además poder para hacer volver al magnetizado del transporte
á que se abandona. Pero en el éxtasis de la mística, el alma
contemplativa no recibe ni ántes ni después de su arrobamien­
to, ni en todo el tiempo que dura en el, ningún género de pres­
tigio ni influencia de hombro, sino únicamente es elevada por
la fuerza sobrenatural del mismo Dios. Aquí «coge Dios al
«alma, digamos ahora, á manera que las nubes cogen los va-
»poros de la tierra, y levántala toda della; y sube lanube al cielo
»y llóvala consigo, comiénzala á mostrar cosas del reino que
»la tiene aparejado..... En estos arrobamientos parece no ani-
» ma el alma en el cuerpo, y así se siente muy sentido, faltar
»de él el calor natural: vase enfriando aunque con grandísima
«suavidad y deleite..... viene un ímpetu tan acelerado y
» fuerte, que veis y sentís levantarse esta nube,, ó esta águila
»caudalosa y cogeros con sus alas. Y digo que se entiende y
»véisos llevar, y no sabéis dónde; porque aunque es con de-
»leite, la flaqueza de nuestro natural hace temer á los princi-
»pios; y es menester ánima determinada y animosa, mucho
»más que, para lo que queda dicho, para arriscarlo todo, venga
»lo que viniere .y dejarse en las manos de Dios, é ir á donde
»nos lleváren degrado, pues os llevan aunque os pese; y en
» tanto extremo, que muy muchas veccs querría yo resistir y
PHOLOGO. XLVll

»pongo todas mis fuerzas, en especial algunas que es en pú-


»blico, y otras tantas en secreto, temiendo ser engañada» (1).
¡Qué diferencia tan enorme pouer.se en manos «le Dios ó hallar­
se puesta el alma en manos fie embaucadores y hechiceros;
entro resistir secretamente al impulso divino temiendo algún
engauo del enemigo, y consentir en público con el engaño y
servir de instrumento á otros para engañar! Por lo demas,
objeto del éxtasis espiritual son las cosas pertenecientes al
reino de Dios, al paso que las del éxtasis magnético suelen ser
apariciones de lo que acaece en algún plamita, ó los sonidos
armoniosos de alguna bella sinfonía, es decir, cosas materia­
les muy ajenas del reino de Dios que vislumbran las almas
contemplativas. ¿Qué hay pues de común entre el magnetis­
mo y la teología mística?
No es menor la diferencia que pasa entre estas dos cosas
por razón del sujeto. Porque las almas en la oracion que se
llama mística teología nunca llegan á tan alto estado sino
después que se han desnudado del hombre viejo y crucificado
sus apetitos para tornarse éu el nuevo, que es en justicia y ca­
ridad: son almas puras, castas, humildes, piadosas, encendi­
das en la caridad de Dios y del prójimo, adornadas en suma con
el candor de todas las virtudes en grado heróico: sus nombres
son Catalina de Sena, Magdalena de Pazzis, Ignacio de Loyo-
la , Teresa, Juan do la Cruz y los de tantas otras á quienes el
Seüor se dignó de entreabrirlos el cielo como para premiar an­
ticipadamente su generosa fidelidad. ¿Son tales las almas en
quienes el magnetismo ostenta su poder sobrehumano? No
queremos ofender á nadie, pero es lo cierto, por confesión de
sus mismos partidarios. que las conexiones íntimas que me­
dian entre magnetizadores y sonámbulas encierran peligros
tan grandes contra la pureza, que más de una vez ha parado
este negocio en hedionda corrupción ( 2 ). Es preciso decirlo en

(1 ) Sta. T eresa on su Vida, cap. X. Nótese bien <|uc mnl se com pone con ln re siilo n -
f.iu i|ii<; ii|iuníii la Síiiitu «1 imjiuluo qua nrrobulnlju su i‘S|iír'itn . ln i[nl* d iw HiirUiclumy
ticcrca iiak inliftlft de losm úair.úfl p o r s e r «lavados A im i ¡Lito o s u d o .
[S ) lié a q u í Lo q u e dice el céleb re médico trap an so D ébreina en e u £ in a y o d i X¿o-
logia woivif, p arto 4.a3 cap. I , q u e tr a ta de los jioii^roa que se c o rren «n al so n am b u ­
lism o m u(fu¿tico: * A quí se descubro ol tilii uaciulln un ilundfl puedan n a u fra g a r m ig o
raldem uiitu la m uuim cia y lu \ i r l u d . ltiun tj u imi i*ra punur en e ste jm n to térm in o ul pruj
sentó tra ta d o p a ra im verm e en la precisión tío poner do munifluaUi lna ostupem lns ig«
XT.VIII PROLOGO.

alta voz: los fenómenos del magnetismo se hallan envueltos en


una nube de inmoralidad que contrasta con la hermosa aureola
do santidad que ciñe la frente de las criaturas más íntima­
mente allegadas á Cristo, su verdadera luz y fortaleza.
¿Pues qué diremos del lin que respectivamente pretenden
los místicos y los prestidigitadores mesmóricos* Los primeros
buscan en la oracion no ya deleites ni consolaciones espiritua­
les, no revelaciones ni raptos, como erróneamente suponen
los racionalistas, sino lo que buscan es á solo Dios que los lla­
ma y trae á si con la virtud de su gracia y los desposa consigo
en unión moral mente indisoluble; por el contrario, ios autores
de prodigios magnéticos, ó digamos diabólicos, para hablar
con propiedad, esos, ó se mueven ostentatúmis aut ¿wasLCix
cansa, por vanagloria ó mezquino interés, ó por curiosidad
imprudente, ó por algún lin menos honesto todavía, sin que
jamas tenga parte alguna eu yus manipulaciones y hechice­
rías el deseo de promover la gloria de üios ni la felicidad de
los hombres.
Pero como principalmente ’ae echa de ver la diversidad y
úim la oposicion de Los dichos principios, es atendiendo á los
frutos que dan; este es el criterio y seual seguía que tenemos
ile nuestro divino Salvador: A fruclibus eorum. Los cuales eu
las almas contemplativas, según puede leerse eu los autores
de mistión y en muchas páginas de Santa Teresa y rian Juan
de la Cruz, son principalmente humildad intima y profunda,
desasimiento de las criaturas r aborrecimiento de las propias
imperfecciones, espíritu de penitencia y mortificación, pacien­
cia elevada hasta alegrarse el alma de padecer en términos
de no querer vivir sino es padeciendo: Aut pati aut morí; ab­
negación del projíio juicio y propia voluntad, y por último
caridad grandísima del prójimo, nacida del amor de Dios; vir­
tud quo mueve á los espirituales á hacer y sufrir todas las co­
sas ignominiosas y penosas en bien del amado, á ejercitar con

que aludim os; pero la voz severa do mi conciencia y el scutim ionto del de­
nuiniiiiai.-i ;i
ber mu iirulnljai guardar a tie n d o a o p e u a de ucuaurme d ceu liu b le bujezu. SI fuesen
eiei-lus laa iufiiH iiiLi y horrores que han llegado recientemente ú mis nuticiu-i ¿ y de «rae
lo aun nu muu* |iuMÍblu dedgrucifklainentodudur), tengo por fuerza quo creer que <■!
magnetismo niuiu.il puede llogur á ser el tnodio de corrupoiou más execrable que liti
mil ido del uvoniu. •
PROLOGO. XLIX

él toda manera <Ih obras do misericordia, COrnO sOil entre Otras


enseñarle, socorrerle. asistirlo y orar por que ol So flor lo libre
de malea y lo lleno do mercedes y bendiciones. ¿Son estos por
ventura los frutos que da el magnetismo cu las personas á
quienes por su desdicha posee 1 Estamos seguros que uo habrá
nadie que responda afirmativamente á esta pregunta; tanta os
la fuerza de la verdad. que hasta sus mayores enemigos tienen
que rendirle en este punto algún tributo, por lo menos con su
silencio. ¡ Asi pudieran raLIar los magnotólogos todo loque en
sus reprobadas artes aparece mareado eon caracteres cutera­
mente opuestos á los que se muestran en los frutos de La mís­
tica contemplación! Pero los periódicos y ¿un las obras de
graves autores nos aseguran que los oráculos del magnetismo
sólo se adelantan en los caminos de lo m alo; sus mismas res­
puestas maravillosas les inducen en vanidad, tanto que los
mismos que las oyen y reciben en los momentos críticos de la
lucidez magnética ( porque es de advertir que los sonámbulos
no recuerdan cosa de lo quo les acaece en el estado mesmérico,
que es otra de las notas que distinguen al magnetismo del
misticismo) suelen ocultárselas á sus autores, temiendo no se
les. Frutos dignos del mague-
ti sino, fuera de la inmoralidad consiguiente, son las enferme­
dades , la imbecilidad, las excitaciones nerviosas hasta la epi­
lepsia, la discordia en el seno de las familias, algunos casos
do muertes repentinas, y para concluir con una sola palabra ^
el furor de que se sienten poseídos los sonámbulos contra Je­
sucristo y su vicario el ltomano Pontífice. Pues, ¿cómo hay
valor para decir que la mística teología de San Juan de la Cruz
y de .Santa Teresa fu ó la manifestación do la fuerza que llaman
magnética'!- ¡A y do los que llaman luz á las tinieblas y tinie­
blas á la lu z !
Aquí ponemos término al presente prólogo. Bien hubiéra­
mos querido penetrar en la parte más íntima y sustancial de
las obras de nuestro Santo, y dar al lector alguna idea y gusto
anticipado de otras soberanas excelencias de su doctrina; pero,
legos y profanos como somos , no nos liemos atrevido á entrar
en lo más interior y reservado del santuario, sino liétuosnos
limitado á velar por de fuera, rechazando los asaltos del ra­
cionalismo y do la impiedad. Otro aspecto ofrecen los escritos
i. p H m .o o o .

de S. Juan de la Cruz, de gran regalo para loa amigos do las


letras, conviene ú saber, las bellezas de estilo que brillan eu
medio de la santa oscuridad de su teología sublime , como las
estrellas en medio de la noche; pues, aunque este insigne
maestro de espíritu no cultivase la poesía corno ordinaria­
mente se cultiva, esto e s . como mi arte que se termina de
una manera próxima en el deleite causado por la más alta
expresión oral de la belleza, sino como una forma rítmica
eu que encerraba mucho sentido doctrinal ; todavía hay en sus
versos un estilo tan delicado, unos conceptos tan profundos y
sublimes, y tal expresión de amor divino, que bien so declara
cu ellos el peregrino ingenio que así supo encerrar en pocos
números toda la sustancia de sus obras, asemejándose muy
mucho al inspirado autor del Gandar de lo¿ Cantares, del cual
hizo una hermosísima explicación, despues de haberlo tradu­
cido en excelente verso castellano. Tero tampoco hemos que­
rido tocar á estas flores tan bellas y de tan pura y suave fra­
gancia, sino juntas, tales como en estos tomos están reunida»,
se las presentamos al lector para que se goce en e lla s, aunque
no de suerte que el placer le impida pasar á lo más precioso de
ella*. que es el jugo exquisito de la doctrina, la cual forma la
belleza del alma interior ilustrada, transformada, deificada
por las influencias que recibe del cielo subiendo la escala mís­
tica de la Oración.

Juan Manuel Orti y Lar®.


INTRODUCCION T ADVERTENCIA GENERAL

A LA LECCION DE ESTO S LIBROS.

D os partes principales son la9 que forman un maestro evangélico,


digno de ser llamado grande en el Reino de los Oíalos; ea ásaber, ejemplo
y doctrina: y ambas &dos se hallan con eminencia en el Venerable autor
de estos libree t auéstrtfB eftto P adre 8an Juan de la C n tz , prim er des­
calzo Carm elita, y compañero de nuestra gloriosa Madre Santa Teresa
cu la rumiación de esta Befarxna. Y porque uno y otro requisito concurro
también á formar el debido concepto de estaa obras, para mayor venera­
ción y fruto de su le ctu ra, ha parecido necesario informar al lector en el
principio de e lla s, con alguna noticia del autor y sus escritos. A lo pri­
mero satisface el dibujo y compendio del Beato Padre, que fiqui va im­
preso , donde se delinea su vida, santidad y milagros, representando la
excelencia de cate insigne varón : pura quts la nobleza de tan gran maes­
tro , que suele ser el primor ulicnto del que aprende r incite á la lectura y
veneración de sus escritos. De lo segundo daremos brevemente razón eu
este discurso; mostrando algo del argumento y dignidad de estas obras,
y juntam ente de la estim a grande que entre varones doctos y espiritua­
les se ha hecho y hace siempre de ellas.
Escribió, pues, este ilustradísimo doctor y Padre nuestro, para en-
seüauiieuto de almas dadas á la o r a c io n n o sin particular inspiración
del Cielo, las obras espirituales que encierran estos volúmenes. Y aunque
en la alteza de su doctrina y estiLo superior de ellas se manifiesta b¡m
haberlas escrito ú lu luz de más que hum ana inteligencia; tampoco de la

Biblioteca Nacional d s España


r.II INTRODUCCION Y \ m rEHTR_\CLV GENEHAL.
solo hum ana le faltó, para escribir, noticia superior , adquirida asi en la
escuela de la experiencia como en ln de las letras y lección sagrada, su ­
tileza escolástica , penetración m ístic a, comprensión m o ral, y lodo ge­
nero de ciencia propia de los Santos , do que estaba felizmente informado
su ingenio. Prevenido con esta riqueza de Sabiduría. Divina y humana,
cuando escribió estos libros, sin revolver otro alguno, m asque scuci-
llámente el Texto tíagrudu, y acudir á la interior nula de la oracion [de
que son sus cumpa Tu1ros fieles testigos ) trasladaba al papel los senti­
mientos y dictámenes aprendidos en ella. Y asi pudo sin hojear do nuevo
volúmenes y escritos varios, instilar y como exprim ir en los suyos lsi
doctrina de espíritu más p u ra , sana y sólida que se halla en los Docto­
res y Padrea de la Iglesia: de cuyas flores, como abeja solícita, hitbia
cogido el celestial rocío, con que deapuea fabricó su sabrosísimo panal.
Anduvieron catas obras ocultas ( viviendo el Beato Padre; en manos de
personas espirituales; y después de su dichoso fallecimiento ne comen­
zaron á divulgar y correr por varias tierras y provincias, con tanto
aplauso y estim a, cuanto peligro de viciarse en la multiplicidad de ma­
nuscritos , donde se vinieron finalmente á m utilar y corromper. Cebado
con todo cato el gusto coa la experiencia del provecho que la gente es­
piritual hallaba en su le c tu ra , comenzaron á clamar por su impresión; y
e r a t a n im p a c ie n te la i n s t a n c ia q u e :i la l íc l ig i o n se h a c ía t:n e s te c a s o ,
que amenazaban algunos los imprim irían en bu nom bre; y otros indig­
nados , 6 agradecidos A. esta detención, se valieron de ella para vender
por suyos fragmentos de estos Libros. H u b o la Religión de apresurar el
paso viendo el peligro; y ajusta mío y examinando los más fieles m anus­
critos que por entonces se hallaron, sacarlos ¡4 lu z, como se hizo el aíio
de 1618 en Alcalá, y el siguiente en Barcelona. Publicados.y esparcidos cu
brevísimo tiempo por España y otras provincias estos lib ro s, se trad u ­
jeron é imprimieron en varias len g u as, y especialmente en la italiana en
la cual salió añadido á los demás un libro que faltaba del mismo autor.
Sirvieron todas estas impresiones y diligencias no tanto de satisfacer,
cuanto de aum entar el deseo de infinitos devotos, que pedían y cada dia
piden estos libros. Y así viendo la falta que había de ellos, y la ardiente
devocion con que en todas partes se buscaban, fuá necesario acudir con
la tercera im presión, que se hizo en Madrid año de 1630, en la cual se
añadió un nuevo libro ¿ los demás ya impresos en lispaña, que es el de
las canciones que comienzan Adúnde te escondiste.
Por la causa y motivo referido se repitió la impresión de aquellos li­
bros año de 1635 en Barcelona. El de 49, TI y 70 cu Madrid. El de 03 en
INTRODUCCION Y ADVERTENCIA GENERAL. LUI

Barcelona. El de ÍU en Madrid, el «le 7()0 en Barcelona. Y esta últim a


(que es la undécima de las que al presente tengo noticia se han hccho en
Kapaña) en Sevilla en este preseute uño de 1"02. La cual va mejorada «n
muchas cosas, además do la nobleza, que ella por si man i ti esta. l.o prime­
ro, se han enmendado innumerables yerros de mucha consideración, que
unas impresiones han ido añadiendo á otraa; y aunque esta (¥ ¡ lleva al­
guno», son pocos, de poca montu y que no Yariun el sentido. Loj9Cgundo,
el libro do las Cauciones, que comienza Adonde te escondiste, se ha ajus­
tado á su propio original escrito por mano del mismo Santo Doctor y
Padre nuestro, y por insigne reliquia venera y cuusCrvu nuestro Conven­
to de Carmelitas Descalzas de Jaén. Que por haberse ocultado todo este
tiem po en dicho Convento, ain que tuviese noticia de él la lícligioii, lia
corrido impreso dicho libro, no sólo variada la disposición y órden de al­
gunas estancias ó Canciones, sino m utilado en muchas cláusulas y pár­
rafos que ahora se han añadido y van anotados entre estas dos señales § *»
Lo tercero, entre las Devotas Poesías salen dos Glosas nuevamente. La
una que comienza Si* arrime y con arrima, y la otra Por toda, la hermo­
sura. Las cuales, con las demás que hasta ahora han corrido en las mo­
dernas im presiones, se hallan también de letra del mismo Santo Padre
con if* Madres Carm elitas de Jaén, Lo
cuarto el tratado de los Avisos y Sentencias, que en las impresiones an­
tecedentes no han pasado da ciento (y aún en algunas de ellas está sin el
prólogo é introducción que los hizo y compuso el mismo Santo Doctor),
en esta se ha aumentado hasta en número de trescientos sesenta y cin­
co. Muchas de ellus se tomaron de un fragmento original de dicho tra ta ­
do , escrito do le tra del m ism o Santo Padre: y como joya de mucho valor
y estima tiene vinculado la muy noble y piadosa familia de las Piedrolas
fin la ciudad de Andújar. Las otras hasta cumplimiento de dicho número
xe han entresacado de algunas cartas y de los cuatro tratados principa­
les que comp-'jueu estas obras para mayor conveniencia y ut ilidad de los
lectores. Si bien para distinguirlas de la$ otras van estas anotadas con
una *. Aunque se debe advertir que el Santo Doctor insertó algunas de
las primeras Sentencias en los otros tratados que compuso , porque ve­
nían ú propósito de la m ateria que trataba. Lo q u in to , en esta impresión
van asi mismo añadidas ocho cartas á las nueve que hay en las antnce

i* ) Refiérese fi la edición de Sévilla. i|ua ha. serv id o ilfl o rig in a l ú In prcaenLe,


cnirugiilu cuiui(i) tía qüto posible.
f.y . dnl E J
L I7 IN T H O D U C rm N Y a D V K U TEN C IA G E N E R A L ,

flentes. Y tudas las dic» y siete las truc el Padre Fray Gerónimo de San
José e a k historia particular que copiosaineutey con tanto acierto eneri-
bió del Santo Padre.
Este ha sido , oh piadoso lector, el discurso de la publicación ó im-
persion hasta ahora de estas obras. Resta , ptira mejor noticia do ellas,
darla de su argumento y dignidad: para lo cual te remito ú los apunta­
mientos que para mayor inteligencia les hizo el muy religioso y docto
Padre Fray Diego de Jesús, celebrado en toda líspaña con el renombre de
Salaülanca, que van impresos al fln de estos volúmenes. Pero más se des­
cubrirá la dignidad de esta e sc ritu ra , si ponemos Los ojo» en los muchos
é insigues varones que liau hecho estima de ella. De los cuales duremos
aquí n o tic ia, haciendo un brüYc catálogo de alg u n o s, porque reforirlos
todos no ea posible.
TESTIMONIOS DE VARIAS PERSONAS GRAVES
EN APROBACION DEL ESPÍRITCT Y DOCTRINA

DEL B E A T O PADRE SAN JUAN DE L A CRUZ.


— — e e e o o o o e OOS-—

E L R E V E R E N D O P A D R E F R . JU A N E V A N G E L IS T A ,

En las informaciones hechas para la Canonización del Santo


Padre.

1 Yo he vivido y andado con nuestro Santo Padre Fray Juan de la


Cruz por mus de nueve años en su compañía: y doy fe que le vi escribir
en Granada casi todos los libros que compuso, y jamás para ello ni para
pláticas, que hizo infinitas en público y en los Capítulos, le t í abrir libro
alguno, oí tenia raí la celdff otro más que la Biblia y un Floa Sanctoru.ni,
ni tiempo para otro estudio que el de la Oración, en que siempre andaba
ocupado y absorto (ai bien estaba ya de ántes muy versado en letras lis—
colústieas, lección de Escrituro y Suatos}; j con cato verle escribir cosas
místicas, y oirle hablar de D ios, y exponer lugares de Escritura, era cosa
que asombraba; porque no le pidieran tugar, que no to dijera aon mu­
chas explicaciones, y en las recreaciones algunas veces se gastaba la
hora y mucho m ás, en exponer lugares que le preguntaban. Sería nuuc»
acabar tratar de esto: porque no se puede declarar el don tan conocido
de Sabiduría que nuestro Señor le había eomunieado, y la experiencia
que él teníu de todus aquellas altezas de oraciou y perfección que enso­
ñaba, como Re manifiesta en pus libro?, que se echa bien de ver que todo
lo que allí d ico >es experiencia y ejercicio que pasaba por su alma.

DON T O M A S D E T A M A Y O DE V A R G A S ,

Cronista de su Majestad, tratando de los Escritores insignes


del Reino de Toledo.

2 Fray Juan de la Cruz, ó de Yepes. líntre Io h más insipnes y pri­


meros lu g n m del Reino de Toledo siempre se hu contado con rn-zon la
villa de Ycpes, porque si se mira á su principio, juzgan los hombres
LVI TERTIMUMOS DK VARIAS PERSONAS,

doctos que compite cu antigüedad eou las que la tienen mayor; pues
hay quien se persuada que 1mdió el nombre la antiquísima loppc de los
Hebreos 6 Fenices, que celebran Josué, Dionisio, Pimío, Solino; v otros,
no sin fundamento, quieren que sea la que nu lejos de Toledo llama Hip-
po T. Livio. Si á la abundantísima cosecha de todo género de frutos en su
tie rra , ninguna se le aventaja. Kl la há m uchas, si se cuentan los varo­
nes ilustres en virtud y letras que de ella huu pulido, i'intre los demás
que han llevado adelante su faina en sus mismos nom bres, y la. lian ilus­
trado más particularmente en sus escritos, quién no conoce al Reveren­
dísimo é Ilustrísimo en Religión, doctrina y autoridad Don Fr. Diego
de Yapes, á quien la prudenciado Felipe IT, Rey Católico, sacó de la gra­
vísima Orden de San Gerónimo para su Confesor y Consejero, y paru
Obispo de Tarazona; y á cuya piísima pluma se debe la celebración de
los Triunfos de los Mártires de Inglaterra, y de la singular santidad de
nuestra ciudadana Santa Teresa? Imitóle, como en la profesion en el celo,
el Reverendo Padre Fray Rodrigo de Yepes; ilustrando no solamente lu
memoria de algunos insignes Santos de lispaña, sino la de sus Reyes, y
también Diego de Yepes, Sacerdote de, Toledo, trató largamente de las
obras de misericordia y otras virtudes, y tradujo cu nuestra lengua á
San Agnstin y A Pablo Orosio. El Padre M. Fr. Antonio de Yepes no fue
inferior'á loa demás en erudición, ingenio y trabajo; pues habiendo desde
su niñez inflamádose en ol amor do los antiguos Padres de la grave y
Santa Keligion de San Benito, que seguía, procuró con increible estudio
y diligencia incansable dilatar sus proezas para provecho de los venide­
ros) cuiUO se ve en los siete tumos de aquella Crónica , á quien no podrá
contrastar variedad de tiempo ni de 8ttC6f30, Como o tro s, cuya fama será
eterna.
La de todos vence sin contradicción aquel Venerable Fray Ju a n , su
ilnstre pariente, que trocó el antiguo apellido do Yepes por el renombre
de C ru z, cuando se entregó á otra mus admirable Fam ilia, dejando por
Dios la do sus padres, y en compañía de aquella verdadera Heroína, Ce­
lestial M atrona, y Divina Palas* Santa Teresa de Je sú s, puso los funda­
mentos. Su padre Gonzalo de Yepen, conservó en el .sobrenombre b u pa­
tria , y lin a je; su madre Catalina Alvarez, natural de Toledo, ambos de
gente honrada y limpia. El mayor de aus hermanos fue Francisco, que
murió en Medina del Campo venerado por Santo; Lilis faltó en la niñez.
Fray Juan fue el menor, y desde su 'tiernn edad ilustró á Out¡v<jros
villa noble de la jurisdicción de Avila, como B.nit.i Teresa á su ciudad,
cual nuevo astro que para provecho perpetuo de la tierra adornó al m is­
mo cielo. Su vida santísima e x c e d e á torla admiración; otros dignamen­
te la escriben, aquí no es justo estrecharla. Basta decir de sus escritos,
qne habiéndose impreso é ilustrado varias veces, no sólo son de estima
entre nosotros, sino que los extranjeros han honrado sus lengua* eou su
interpretación: los que gozamos son

/. Subida del Monte Carmelo. III. Cántico f>ivinQ.


TI. Noche oscura. I V . Llama de amor tita .
TESTIMONIOS r>R VARIAS rE I^O N A S . LV1I

Medios eficacísimo}} pura encaminar lns almas ú la perfecta unión con


D ios ; en que al juicio de los doctos y piadosos hay m á s m isterios que pa­
labras : y no es m aravilla, habiendo sido lo que- escribió [cuino de Sao Diu-
nisio Areopupitu decia Nicóforo) admirable en la levantada U nntm plaeim
de las cosas D ivinas, en las Sentencias t en el estile, y mit-y diferente de lo
que los hombres pueden alcanzar. De ttquilia nacido la comparación que de
ordinario se hace <le la remontada doctrina de este nuevo escudriñador
do las cosas sag ra d as, con aquel antiquísim o y santísim o teólogo. Pues
sin duda ' si se m ira con atención' el Venerable T a ire Fr. Juan dio á en­
tender que imitó ai gran Dionisio, no solament.fi con ia m ateria de sus
l i b r o s , s in o c o n s u s t í t u l o s , líl u n o e s c rib ió d e la Secreta, ó Mística Teolo­
gía, el otro ha c o n s e g u id o el r e n o m b r e dcr>0CTurt m í s t ic o p o r lo a m i s t e r i o s
encerrados en sua escritos. De aquel se s a b e que p u b lic ó Himnos Divinos,
de este tam bién gozamos los Diurnos Cánticos: siendo la a l t e z a d e lo que
uno y otro escribió tan g ran d e, bien ae le pueden aplicar á é s te lo s a t r i ­
butos de aqirel, llamándole nueBtro afecto y su merecim iento de a q u i
a d elan te: Ave de m eló tan encumbrado, que penetra el Cielo; poderoso en
m isterios, a m o ilustrado con virtud de la Fe.

E L R E V E R E N D IS IM O P . M TR O . J U A N DE V IC U Ñ A ,

Rector del colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad de


Ubeda, en lasin fo rm aciones en aquella ciudad* para la
canonización del Beato Padre.

3 A nruchaa personas he oído hablarcon gran estima de la profunda


humildad, gran penitencia j müy levantada oracion del Sto. Padre Fray
Ju an de la C ruz, y de lo que he visto de sns libros que dejó escritos, saco
que se ju n tó con esto santo varón una j?raü penitencia exterior .ju n to
con u n negamiento y penitencia interior, y un am or y caridad grande
para con Dios, como en otro San F rancisco; porque lie sabido mucho de
las penitencias <lel dicho Siinto Padre Fray Juan de la C ru z, y también
del nmor que tenía A D ios, y se comprueba con sus escritos. Porque la
ternura y afectos que m uestra en sus libros, es cosa evidente que lnibla
de ellos como de cieneia experim ental, y que experim entaba en si aq u e­
lla desnudez de todos los guatos, y el intim o amor de Dios, como el que
los leyere lo verá: porque solo el leerlo pega calor al alma , que es indi­
cio , de que tenia en la suya grande caridad y amor de nuestro Señor. Yo
he leído todos los escritos de este santo varón una y muchas veces: y
me parece la doctrina de ellos una teología m ística, llena de sabiduría
del cielo: y claram ente m uestran la levantada y em inente luz que cu su
alma tenía su a u to r, y cuán unida la traía ú D io s; porque las cosas que
allí descubre , lo m uestran m uy claro. Y con haber leido yo imichos au ­
tores que han escrito de teología m ística, me parece no be encontrado
doctrina más sólida ni levantada que la que escribió el dichoso Santo
LVJII TESTIMONIOS Dlí VA111AS rEHSQNAS.

Padre Fray Juan de la Cruz. Y que los que la leen, sienten en su alm a
grande luz en el camino espiritual: y yo, aunque poco aprovechado, con­
fieso de mí que siento cítto cuando los Ico ; y asi mismo siento un gran
calor, que me alienta al amor de Dios ; y por eso loa estimo y venero >y
de ellos me aprovecho para, mí y pura encaminar al Cielo otras almas que
com unico, y parú esto los hice trasladar. V cutre otros papeles suyos de
este lenguaje y sabiduría celestial, vino á mis manos originalmente un
Montecillo de letra del Santo, en el cual describe cómo subirá el alma á
la perfección. El Cual estimé en m ucho, por ser original propio de este
Santo, y por lo que tiene de excelente doctrina de espíritu; y lo presenté
á la Señora Doña Teresa de Z úniga, Duquesa de A rcos, por uu gran te ­
soro. Y sé que de los dichos libros andan muchos traslad o s: y yo he he­
cho trasladar el dicho Montecillo, y dádole A diversas personas doctas, y
á otras quo no lo son, y todos le liuu estim ado, asi pur lo que contiene,
como por la santidad de su autor.

E L R E V E R E N D IS IM O P . F R . JU A N PON CE D E LEO N ,

Lector de Teología y de la Sagrada Religión de los Mínimos


de San Francisco de Paula, y Consultor Calificador en el
Consejo Real de la Suprema y G-eneral Inquisición.

4 lie visto las Obras espirituales compuestas por el santo y místico


Doctor el venerable Padre Fray Juan de la C ru z , prim er Descalzo de la
Ilustrísim a Religión de nuestra Señora del Carmen. De cuya observantí-
aima Reforma habló á la letra .San Ambrosio, Sermón Hí}, diciendo: O ka-
reditas ceríé pr<?tios<l, in qv,& plus relinquitur, guampossideat, qui lo/rgi-
iur j pretiosa plani hareditas, qu& dwm á Paire Irantfertur ad jllix m , me-
ritorntnguodam/anorg duplicatur. En tan lucidísimos hijos, como son los
que confesando al Santo Elíus por su Padre, no niegan al mistieo]Doctor
Fr. Ju an de la Cruz por prim er Reformador de su Observancia, por cuyos
escritos merece cou todo rigor el nombre de verdadero Doctor en la teo­
logía mística. Pues en ella, según San Ambrosio (epístola dedicatoria in
Apologia D avidis), Xsmo loqui potest nisi qui Scrip tur as omites penitus
excusserit, imbiberit, r.oncoxerit, laHtoquc usa cutUexerit, ut in naturam
abisst videatur. El que hubiere de obtener legítim am ente el nombre de
Maestro, debe haber trutudo de tal modo la Escritura, que la haya embe­
bido y transformado en sí, hablando de ella con la aptitud que de sí m is­
mo , como lo dijo San A nastasio >íiceno, q. 78., explicando el cap. KJ de
San Mateo, diciendo, que el que escribe para o tro s, debe tener singular
conocimiento del Viejo y Nuevo T estam ento: Per laborioxam DirAmrum
Scripiitrarunt leciioHeMsibi recondil TAcsauriiM ctteris. et nocí Tés túrnen
t i, et t x eo gjsproimí tempare dÁsputatioms. Lo cual cumple m aravillosa­
mente el místico Doctor y santo Padre Fr. Juan de la Cruz., en las m is­
teriosas Canciones de aus lib ro s; de las cuales salen talca rayos del Di­
TJSf5'flM0*M0!> 1JJ¿ Y.UUAS i'EUSQ.NAS,

vino am or, que cu o-stoy y en otros tiempos se puede decir Je ellos lo que
el f'-rnu Isidoro de I’clusio, lib. 4. E pistolarum , dijo de o tra s , que de un
santísimo vhtoh leía: Q u m M m d w i enim fax in illnmininoctú apparens
sua sponte oculos allicit: sio cirtus omites homines Ulmnimre apta, tutlu est,
Ncc in solos humines virtusvimkabel: felicixsimé in libriskisce cfj'usa caric­
ias, et Angulos admratUme sparserit, moveat te l astramaMina, etjllios Dei
in jub iluta tul libri coces suboria daritudo. Enriqueciendo los entendi­
mientos do quien lee estas Divinos escritos, é inflamando laa voluntados
en el amor de Jesucristo. Y asi habiendo de «líos tenido noticia todoa loa
que desean seguir y saber 1h verdadera unión con Dios: Ascensijíde p er-
sUtent ojieribus b m luminis relucentes. Como lo dijo ú acuiejuutc intento
el glorioso Padre San Basilio, orat, 1.

E L M U Y R E V . P . P R E S E N T A D O F R . T O M A S D A O IZ,

Lector de Teología del Convento de Santo Tomá.s de Madrid,


de la Orden de Predicadores y Calificador de la General
Inquisición.

í> Laa obras espirituales, que encaminan una alma á la perfecta unión
con Dígy, por el Venerable Pudre Fray Juun Jo la C ruz, primer Descalzo
Carmelita y Padre de la reforma de nuestra Señora del C árm en, cqntie-
nen doctrina no solamente santa y muy católica, mas de la grave, eru­
dita y provechosa que kny escrita en m ateria de encaminar uuu u lm aá
la perfecta imion con Dios. Donde se ensefia con mucha claridad y alta­
mente la purgación y purificación de las potencias sensitivas ¿intelec­
tuales , y los medios quo so han do poner para alcanzar y venir á la iicr-
feetn unión y contemplación. Y como la doctrina es tan alta y extraordi­
naria, trae, algunos modos de hablar, en los cuales el lector podía reparar;
pero con In consecuencia de 1h misma doctrina se declara la significación
de los modos de hablar según la fráxia m ística, de suerte que se echa de
ver ser la dicha doctrina santa y católica, y muy conforme á la teología
escolástica.

E L R E V E R E N D ISIM O P , M. F R . DIEGO D E L C A M P O ,
s
De la Orden del glorioso Padre San A gu stin, Calificador de
la general Inquisición y Examinador del Arzobispado de
Toledo.

G Las canciones del alma con Jesucristo nuestro Señor, en que el re­
ligiosísimo Padre Fr. Juan de la Cruz con la fuerza de au espíritu quiso
imprimir en el nuestro la comunicación con nuestro Señor , es obra dig­
na de tal varón, y que bastará á calentar la frialdad de eate siglo.
LX TJiSTIMOMOS DE VALUAS FKKSfJJiAS.

EL DOCTOR DON FRANCISCO MIRA VETE,


Oidor y Decano de la Corte del Justicia de Aragón en Zara­
goza, varón de insigne espíritu, letras y piedad, en carta
que escribió á, una persona religiosa.

1 M uchos añoa h á q u e eu la pobreza de m is oraciones pido y suplico


á nuestro Señor la exaltación en órden á Ib Beatificación de. su grande
am igo y fiel siervo Fr. Juan do la Cruz. Al cual ny conocí vo en v i ila •
pero su s libros, que dejó e s c r it o s p a ra t a n t o c o n s u e lo , lu/. y g u ia de per­
sonas e sp ir itu a le s, lle n o s de c e l e s t ia l doctrina, Lo dan ¡i conocer á todo el
m undo. E llos descubren clara y abiertam ente la santidad de su autor,
su s ex ce le n te s v irtu d e s, de que alcanzó en e sta vida m o r ta l, m ediante
la oracion y ejercicios de m ortificación y p e n ite n c ia , la unión con Dios
en grado do transform ación. E stu vo abrasado en amor D ivino, fue Serafín
en carne. C ontienen loa su sod ich os libros enseñanza m aravillosa de las
sondas y cam inos q u e nos llevan á conseguir esta D ivin a unión y transfor­
m ación : m anifestando asim ism o loa embarazos y tropiezos que im piden
y estorban el alcanzar tan d ic h o s o fln y f e liz puerto. A lo que. c o n m i
corto y pobre ju icio puedo c o l e g i r , niuclia parte de a q u e lla doctrina fu é
infusa y revelada. De e sto s lib ros entien do han hecho m ucha estim a­
ción personas doctas y esp iritu ales, dadas á oracion y recogim iento in te ­
rior en este Reino; y así m uchos los han com prado para aprovecharse en
el cam ino de la perfección con su letra v celestia les d ocu m en tos, y otros
lo s buscan y desean, haber para e l m ism o intento.

L A IN SIG N E U N IV E R S ID A D D E A L C A L A -

8 Estos libros del m uy V enerable Padre Fr. Ju an de la C r u z , prim er


Descalzo C a r m elita , quo á poticion del R everendísim o Padre General de
1a Orden de los C arm elitas D escalzos, el Señor B ector y C laustro de esta
in sign e Universidad de A lcalá nos co m etió , habernos visto y leido con
gran d iligen cia y cuidado. Y no sólo no habernos hallado cosa alguna
contraria á n u estra Santa Fe C atólica, ni á las buenas costu m b res, ni á
la doctrina d é l o s San tos Padres: ántes toda la que en ellos se contiene
n os parece m uy Útil y provechosa [jara el gobierno de las alm as esp ir i­
tu a le s, y para el deaengaño de ellas en m ateria de ilu siones que padecen,
haciendo dem asiado caudal de a lgu n as visiones ó revelacion es, con que á
»¡ m ism as y A otras su elen hacer daño: para lo cual nos parece m uy
grande antídoto la doctrina que en esto s libros se contiene. Y verdadera­
m ente cualquiera que con atención los ley e re , echará de ver q u e el a u ­
TESTIM ON IOS DE VA R IA S PKKKONA8 .

tor Los hizo con particular espíritu de Dios y singu lar favor suyo , para
declarar tan delgadam ente la m ateria que tr a ta , y explicar áp rop ósito
de cjlu las Autoridades} de la Sagrada Escritura. Y ns¡ por tod aslaa dichas
c a u sa s, y particularm ente por ser la doctrina tan secura y tau á propó­
sito para los Padres que hacen oficios lie m aestros de las alm as e sp ir itu a ­
le s , nos parece que se deben tener continuam ente delante de los ojos.

EL 1LM0. SEÑOR l>. FRANCISCO DE CONTRERAS,

Del Consejo de Estado de,su Majestad C atólica, Presidente


del Supremo y Real de C astilla, y Comendador m ayor de
León, en el Epítome que hizo del Libro de la Subida del
Monte Carmelo, compuesto por el Beato Padre San Juan de
la Cruz.

9 L legan do á m is m anos los adm irables escritos del venerable varón


Fray Juan de la U ruz, prim er Pudra de los D escalzos C arm elitas, adm i­
rado de su celestial doctrina, me pareció ser toda ella sólido su sten to do
perfectos. Y no solam ente de los ya, p erfectos, sino tam bién de lo s que
procuran serlo: porque eu e lla , áun los pequ eñ uelos y rccicn en gen d ra-
dod en e l esp íritu , buscan y hallan leche: por estar m ás llen a de ju g o e s ­
p ir itu a l, q u e dé curiosidad y afeite vano, Son las palabras del autor v i­
vas y eficaces, su doctrina sa n a , e n te ra , provechosa: el orden y d isp o si­
ción de ella co n v e n ien te ; e l e stilo f á c il, c o n se c u e n te , y m uy acom odado
á lo m ism o qu e tr a ta : A nalm ente se hallará toda la obra tan llena de ce­
lestial sabiduría y c.-udicion p que ora de m ire la doctrina m ística , ora lu
propiedad del estilo con q u e la tr a ta , parece qu e se h a descub ierto á la
Iglesia un nuevo (esto e s , español) D io n isio , q u e solo difiere del A reo-
pagita en la mayor facilidad y suavidad del e stilo , con que le excede el
nuestro. Considerando y o , p u es, todas esta s c o s a s , y deseando aprove­
charme de la doctrina de tau gran D octor , viéndola esparcida y dilatada
lili m uchos libros su yos, determ iné hucer un breve epitom e de toda ella; lo
cu al c o m en cé , y cu un poco de ocio que t u v e , hice, segú n m i poquedad,
cuanto al prim er libro llam ado Hubida del Monde Carmelo: aunque no
tu ve lugar de proseguir en lo s dem ás. H ice em pero este E pítom e en latin ,
así porque e sta le n g u a , por ser m as con cisa, es m u y á propósito para
ello, com o tam bién porque e s má$ general y com ún; para que si en algún
tiem po este trabajuelo n u estro se deslizare de m i escritorio , pueda apro­
vechar á. m uchos m ás. E ste e s m i sentim ien to acerca de estos lib ros y de
su a u to r , y oste es el in te n to de este lib rillo.
m i TESTIMONIOS DE VARIAS PERSONAS.

E L ILUSTRISIM O SEÑOR DON F R . ANTONIO P E R E Z ,

Obispo de Urgel , en una carta que escribió á. la Venerable


Madre A n ade Jesús Fundadora de las Carmelitas Descalzas
en Francia y Flándes.

10 Remito A V. Uev. las Obras de bu Ven. Padre y Maestro b’r. Juan


de la C r u z , que quiso reviese y o : siendo por ai miamnA t a le s , que (á m i
pobre en ten d er) toda esa, Sagrada R eligión se puede r o m en ellas, como
cu un espejo clarísim o de toda su perfección. Porque si eu ella ac profesa
tan estrecham ente la via p u r g a tiv a , aquí mí propone de m odo, que por
eso su Tratado se viene á in titu lar \~oche escura, bien como en la cual Be
pierde un hombro á sí in icu o do v ís ta , hasta poder decir de sí p rop io, ¿
su m odo, lo qLie dijo Sitii rublo de Cristo (2 Cor. 5. e t 10.) E l s i n ovi-
m us, secundim carnem C hristum ; sed ja m non m eim u s. Y si se profesa en
ella la via ilu m in ativa con gran resplandor, aquí resplandece t-anto, que
eo echa bien de ver ser ( com o.dijo San P a b lo , 1, Cor. %, e t 5 . ) Non in m -
pientiahom inw n, sed in virtu te Dei. H hsta poder decir lo propio que el ima­
m o añadió a llí, etc. 16. Nos sensum Chrisii Aabemvs. T ai Analmente se
profesa coa tantas ventajas la vía u n itiv a , aquí se perfecciona de suerte
que casi se llc^a ¡i tocar tam bién lo que dijo Sun Pablo ¡1. Cor. 6. C tl7.;
Qui (idkeeret Deo , nxut sp iriiu s Jii cu «i co. 1 a.-;i V . Jál’v, puede estim ar
por cosa del cielo este te so r o , y m ás con el ejercicio de tau saludables
d ocu m en tos, en qu e (á m i ver) resplandecía el que así lo s dictaba. E nco­
m iéndem e V. Rcv. en ana oraciones ú nuestro Señor. Guardo etc.

EL ILUSTRISIM O S R . D . F R . A G U STIN ANTOLINEZ,

De la Orden dal Glorioso San A g u stín , Arzobispo de


Santiago.

11 El libro del S iervo de D ios y Venerable Padre Fray Juan de la


Cruz, en e eñ a la desnude?, del ukuu de- todo lo que no es D io s , y ab n eg a ­
ción de SÍ Triinma. de que habla el Kvangelio. Púnela en práctica, dúla d e s ­
leíd a , y aficiona á ella. Usa por e xcelen cia de la S agrad a Escritura que
trae A su propósito. M uestra bien el esp íritu y luz del c ielo , que tuvo
cuando escribió; pudíendo decir d e su d o ctrin a con el S e ñ o r: Mea do ­
ctrina non esl m ea, sed tj- u qui m s i t m P atris. Mi doctrina no es m ía.
sino del S eñ or, q u e m e envió y habló en mi. F ué fjran bien que saliese á
luz para las alm as qne tratan de o racion , y maeHtroa que las puian.
T 2ST I MOMOS DE VAKUS HÍHSONA.S. LXI1I

LOS EMMOS. S R E S . C A R D E N A L E S TO RRES Y DETI,

En las letras rem isoriales, concedidas en orden á la Canoni­


zación del Santo Padre.

12 Escribió libros de teología mística, llenos de celestial sabiduría,


los cuales íiudíin divulgados cu diversos R einos, con tan sublime y ad­
mirable estilo, que juzfrau tüdoH uo sur cieucia adquirido con in gen io hu­
mano, sino revelada <’: infundida riel cielo. Ks su lección muy provechosa
para discernir la» rovelanuneri verdaderas dft las falsas, y esforzar laa al­
mas en el camino y vida de la perfección. Por lo cual los que leen estos
libros, comparan su doctrina con la de San D ionisio Arcopa&íta.

TESTIMONIO DEL DOCTISIMO

Y M. V . P . M. FR . JU A N B A U T IS T A D E L E Z A N A ,

Que aprobó y propuso á la Sagrada Congregación de Ritos el


Eminentísimo Señor Cardenal G-inetti.

13 La revisión de los opú sculos del Siervo de Dio? Juan de la Cruz,


¡tegua la forma de loa nu evos D ecretos pág. 54. §. P ra te re a , que m e en­
comendó la Sagrada C ongregación , fup. rem itida ni P. Fr. Ju an B a u tista
T.ezana, C arm elita, uno de los C onsultores de esta Sagrada C ongrega­
ción ; por cuya rela ció n , que presentó en escrito, coasta que en d ichos
opúsculos uo se halla cosa contra la Fe y buenas co stu m b res, ni con­
tiene doctrina nu eva ni peregrina, ni ajena del com ún sen tir y co stu m ­
bre de la Ig lesia , sino antes m a s, doctrina tan altam en te s u b lim e ,q u e
apenas su podrá hallar otra máü levantada si no e s en lo s C á lic e s Sagrados.

N U E S T R A G LO RIO SA M. S T A . T E R E S A D E J E S U S ,
Escribiendo á la Venerable A n a de Jesús, Priora del Conven­
to de Carm elitas Descalzas de Veas.

14 En gracia m e La caíd o, H ija , cuán sin razón se queja, pues tien e


a lh iá m i Padre Fr. Ju an de la C ruz, que es un hom bre celestial y Di­
vino. P ues yo le d i g o , m i H ija , despues quo se fue allá no he hallado en
toda C astilla otro com o é l , ui quo tanto afervore en el cam ino del cielo.
No Creerá la soledad que m e causa au falta: miren q u e e s un gran t e s o ­
ro el que tienen allá, en ase S a n to : y todas las de cusa traten y c o m u ­
niquen su s alm as, y verán cuán aprovechadas w tá u , y ac hallarán muy
adelante éu todo lo que es espíritu y perfección: porque le ha dado el S e­
ñor para todo esto particular p ran ».
Tnwhien so lia d ecir ht. S a n ia : iju e el P a d r e F r a y Jiiuri d e ln C r u z era
LXIV TESTIMONIOS DE VARIAS PERSONAS.

una de las almas mus punía y santas que Dios tenía mi su Iglesia': y que
le había infundid» nilustro Señor grandns tesoros de luz y sabiduría del
Cielo,

JNT1U. M- L A IGLESIA (") EN EL OFICIO DEL S . P .

15 F u é poderoso en obras y palabras. Eacrihiri libron de raíntica teo­


logía, y A juicio de todos verdaderamente admirables.

(* ) Luc. S 4 .19.
COMPENDIO DE LA VJDA

D E L B. P. S. J U A N D E L A C R U Z ,

POR EL TADRE FRAY GERÓNIMO DE SAN JO S É ,


CARMELITA DESCALZO.

P R O E M IO .

.Tuvo la Sagrada Religión del Carmen en su primera for­


mación y nacimiento, como perfecto parto, madre y padre.
La madre (origen y parte principal en esta espiritual gen e­
ración ) fué la Sacratísim a V irgen M aria, nuestra Señora,
aunque prevista sólo entónces en una pequeña y misteriosa,
n u b e . donde la adoró, muchos siglos ántes de nacida, el g ra n
Profeta y Patriarca nuestro Elias: en cu yo honor instituyó su
antigua y santa Heligion. l ’or lo cual fué esta celestial V irgen
la principal autora y patrona de esta Orden; y como tal (en­
tóneos eu la ordenación D ivina, y después en la realidad del
ser) siempre su especial amparo, abrigo y fidelísima tutela.
El padre de esta misma Religión fué el prodigioso y santísimo
Profeta K lías, celador ardiente de la gloria ríe Dios, voz de
sus oráculos y ostentación de su poder, nacido en llam as, arre­
batado en fuego, y reservado en amenísimo lu g a r para defensa
de la Iglesia en los postreros dias. De tales padres iué hija la
ilustrisim a y antiquísima Fam ilia del Carmelo. A este modo,
en su renovación, cuando por medio de la lieform a de Descal­
zos eu España vino esta misma Orden á ser reengendrada
y como formada segunda vo z, la provovi) asimismo el Cielo
‘2 VIDA IJEI. BEATO I*. S . JUAN DE LA C lll’Z.

para su regeneración de madre y padre. La madre (parte aquí


también primera y principal) fué la esclarecida Virgen y Santa
Madre nuestra Teresa de Jesús, vivo y perfectísimo retrato de
aquella celestial y verdadera Virgen Madre, que sin agraviar
el virginal decoro, antes consagrándolo, tuvo el ser fecunda;
pues á imitación sin a conservando Teresa un precioso tesoro
virginal para su Divino Esposo, l’iié juntam ente madre espi­
ritual de innumerables hijos en Cristo. El padre de esta misma
reforma Carmelita fué otro segundo E lias, en cuyo espíritu,
como oí primer Juan , y con su nom bre, vino al mundo ar­
mado de ardiente celo, rodeado de penitente austeridad, y
arrebatado despues en llamas de seráfico ardor á la esfera do
una perfección muy encumbrada. Tal lué nuestro Beato y de­
votísimo Padre Han Juan de la Cruz, lustre y primitivo honor
d»> esta su He formada. Fam ilia, Maestro, Guia y Capitan de
los Religiosos Descalzos Carmelitas. Que aunque 110 se puede
negar sino que también es hijo espiritual, y el primogénito
de nuestra Madre Santa Teresa, pero es juntamente padre de
los demás Hermanos suyos, por medio del cuidado de criarlos
y a nacidos, y disponer su aprovechamiento en la vida espiri­
tual. Porque de la manera quo eu la «Sagrada Historia el
hermano que cria á otro hermano se llam a padre suyo; como
eu Ner respecto de C is, y en Natan respecto de Igaal consi­
dera el Máximo Doctor de la Iglesia San Gerónimo ( 1 ). expli­
cando el título de Padre, que les da la Escritura (2 ): así en esta
nuestra Historia y Reforma llamamos con razón Padre al pri­
mogénito de nuestra Madre Santa Teresa, y Hermano de todos
los Descalzos Hijos de la Santa: porque aunque también él sea
Hijo de ella, fué con su doctrina y ejemplo el que inme­
diatamente nos crió en la observancia de la vida Descalza,
acomodada á la condiciou y sexo de varones. Que si bien la
Santa gloriosa, eximo universal Madre y Fundadora nuestra,
dió al Beato Padre, y en él á todos, ejemplo y enseñanza del
Cielo, en lo que fue licito á su estado y condicion de mujer;
no pudo en la inmediata instrucción y vivienda con los Reli­
giosos ser dechado suyo: y así proveyó la Divina Majestad
quien supliese por ella en esta parte, dándole un Hijo tal, que

J Hn-r. ¡a quü íii. Hcli. mi]i. I. I. P«r:ilip.


VIDA DEL DEA.TO V. S . JUA.N DE LA J l t l ’Z. 3

en orden ú la crianza de los demás Hermanos hiciese, el oficio


do Padre y de Maestro. Pudiéralo ser absolutamente el admi­
rable varón, y con gran excelencia Fundador único de toda
esta Familia, á no haber dado el Cielo el título y preparativa
de primera y principal Fundadora á nuestra Madre Santa
Teresa de Jesús. Ahora basta dócil*, que para que esta secun­
da generación del antiguo Carmelo se asemejase á la pri­
mera. habiéndole dado el Cielo por madre á una Santa Teresa,
retrato de la Virgen, le dió por padre ¡i un Juan imitad ■ t de
Elias. Ambos, padre y madre tan semejantes entro sí. cuanto
perfectos: ambos.de inocentísima vida, nunca manchada con
pecado g ra v o : ambos vírgenes purísimos, y ijue con su trato
causaban pureza: ambos maestros do celestial doctrina y
oracion: ambos escritores de 'Veologia mística excelentísimos;
ambos enriquecidos con dones celestiales: ambos labrados
con trabajos increíbles: ambos de maravillosa vida, y muerte
llena de prodigios: y finalmente, ambos tan semejantes y
tan unos en todo, que vienen á ser como un solo principio
de esta Reforma. Tal (dejando las grandezas de la Santa para
su Historia) hallarémos al Beato Padre en esta: varón verda-
fleramente'^postólico y profético „ poderoso en obras y en
palabras, con duplicado espíritu de vida y doctrina, y en todo
tan celestial diente eficaz, que si con el ejemplo da luz, con la
doctrina ejemplo,

i.

N o lu ru le z n ilo >¡. H. l ' m ln v — Su fin n iliii. — S u jiiiiílnsn e d u c a c ió n . — M uq strng de a m o r


ciMi 11l il 1 l a S u c n i t í s L i i i i L V í r ^ u n l i i v o r e r i ú ni h í m i i . l a m í .

Fué nuestro Beato Padre de nación Español, natural de


Hontiveros, villa noble en Castilla la Vieja, del Obispado y no
léjos de la ciudad de Avila. Sus padres so llamaron Gonzalo
de Yepes, rama noble de la prosapia y villa do esto nombre,
y Catalina A lvarez, nacida de honestos padres en Toledo. Con
ser Gonzalo de Yepes de tan honrado apellido, clara familia,
y bien emparentado, le hallarémos en un estado muy humil­
de y oficio de un pobre tejedor. ¿Qué m aravilla, si á José,
Esposo do la Madre de Dios, su Padre putativo, y descendiente
4 VIDA DEL BEATO P . S. JL'AN DE LA CMTZ.

de Real Ceti'o, le hallamos con el cepillo eu la mano? Muerto


el padre de Gonzalo en su patria Y ep es, le llevó uno de sus
tíos seglares á Toledo, donde se criaba ocupado en la admi­
nistración de su hacienda. Con esta ocasion se le ofrecía á
Gonzalo la de ir algunas veces d Medina del Campo: y ha­
biendo de pasar á ella por Hontiveros, posaba en casa de una
honesta viuda de aquel lugar. Tenía esta en su compañía
á la virtuosa doncella Catalina A lvarez, que hallándola en
Toledo huérfana, pobre, honesta y de buen parecer, se apiadó
de ella para criarla consigo como á hija. Viéndola Gonzalo
de Yepes, y pareciéndole bien su virtud, honestidad y reco­
gim iento, estimando esto por única v riquísima d o te, sin
hacer caso de otra riqueza ni resplandor mundano, trató de
casarse con rila , y lo efectuó en la misma villa.
En sabiéndolos deudos la resolución de Gonzalo, puesta
y a por obra, lo sintieron gravem ente, y como afrentados de
que se hubiese casado tan desigualm ente, y sin gusto ni
consejo de e llo s , lo aborrecieron y dejaron desamparado
todos, sin quererlo m is tratar ni ver en su presencia. Arre­
drado el triste mozo de los suyos, se acogió á Dios (que este
efecto causan en sus siervos los desvíos del mundo), y vién­
dose sin ocupacion alguna, hubo de acomodarse á la que sabía
y ejercitaba su mujer: y asi aprendió á tejer sedas y buratos,
teniendo por mejor ganar la comida en un honesto, aunque
humilde y trabajoso ejercicio, que buscarla por otros medios
menos trabajosos y lícitos.
En este estado y villa les nacieron tres hijos. El primero,
que se llamó Francisco de Yepes , fué seglar y persona de vida
ejemplarísima v alta oración, regalado de nuestro Señor en
ella con mercedes muy extraordinarias, sin que para esto le
estorbase el estado matrimonial: que cuando se toma y vive
en él sólo para gloria de lhos, como este siervo suyo, no im­
pide sus altas comunicaciones y regalos. Murió en Medina
del Campo con gran opinión de santidad: habiendo nuestro
Señor obrado por su medio muchas m aravillas, de bis cuales
y de su vida prodigiosa se imprimió poro despues un libro
m uy devoto. E l segundo hijo, que se llamó Luis, se fué en
tierna edad florida aún con la inocencia al Cielo, gauúudoselo
A los demás por la mano. El tercero fué N. fi. Padre San
VIDA DEL DEATO V. S, JÜA>' DE LA CHUZ- O

Juan de la Cruz, remate do tan dichosa generación. que con


solo esto hijo fuera felicísima y fecundísima.
I’ué tuda esta familia bienaventurada: porque el padre
(¡onzalu rio Yepes. aunque vivió pocos años, acabó loable­
mente el curso do su vida amado de Dios y de ios hombres.
La madre enriqueció su pobreza con gran tesoro de virtudes,
por las cuales fué muy amada de nuestra Madre Santa Teresa
de Jesús: y asi encargó si sus Hijas las Religiosas del Con­
vento de Medina del Campo, la amparasen en todo lo necesa­
rio. Y habiéndolo hecho así mientras v iv ió , mostraron eu
su muerte cuánto la estimaban, enterrando su cuerpo entre
las Religiosas, y estimando ol tenerla en su casa como á
preciosa joya.
Nació nuestro Beato P. San Juan de la Cruz ario de 154 *2 ,
gobernando la Iglesia Paulo III, y reinando en España el
Emperador Cárlos V. Pusiéronle en el Bautismo, con feliz
presagio, el nombre de Juan: ora por haber nacido en el
dia del B autista, ó E va n g elista ; ora por alguna otra de­
voción ¿ honor de alguno de los dos Santos. Parece fué or­
denación Divina se ignorase en cuál de los dos diag nació
nuestro Juan, ó á, honor de cuál de estos dos Santos le
llamaron así, para que lo podamos referir d entrambos, pues ¿
entrambos pareció en el nombre y en la gracia significada
por él; siendo como el Bautista, Principe y dechado de Mon­
jes, y como el Evangelista, místico y elevado escritor. Desde
su dichoso nacimiento la virgen Sacratísima puso en él sus pia~
dosos ojos, eligiéndole para singular y querido hijo suyo, deque
darán testimonio los repetidos favores que esta Señora le hizo
en el discurso de su vida, como en la historia de ella se verá.
Muerto su padre, quedaron él y los demás hermanos suyos
muy niños, la madre pobre y sola, desamparados todos, mas
por eso mismo muy á cargo del amparo de Dios, por cuya
cuenta corren los más olvidados del mundo. Padecía la hones­
ta viuda mucha necesidad, sin que bastase á remediarla el
trabajo d esú s manos, nunca ociosas, por ser el lugar corto
y desacomodado para quien había de valerse y comer de sólo
ellas. Por esta causa pasó á Medina del Campo, villa muy
crecida entóneos y abundante con la frecuencia y riqueza de
sus tratos y cambios.
<) VIDA P E L B EA TO P. £. JU A N PI4 I,A CHUZ.

Criábalos 110 con, menor vigilancia tjuo pobreza, atentad


que fuesen buenos, y a que no les podía *lar el ser ricos, de­
seando qnc por medio do una buena educación aspirasen á
la verdadera riqueza de la virtud, fácil de alcanzar á cualquier
pobre el más mendiga. Enseñóles con cuidado los principios
y fundamentos de nuestra santa Fe, á invocar el nombro
dulcísimo de Jesús, ú traer siempre cu la boca el do María, á
orar con las voces y alectos de la iglesia, á reverenciar lo
sagrado, á temor á Dios, á estimar lo bueno, huir de lo malo,
y alicionar.se á todo linaje de virtud, trabajando la buena ma­
dre mucho con SUS hijos, por q u e en estas primeras m i l i c i a s ,
qnc pintan la tabla rasa del entendimiento, no se mezclase
impresión de objeto menos conveniente al resto de la edad,
sabiendo muy b ien q u e la v a s i j a n u e v a conserva pijy largo
tiempo la fragancia del licor con que al principio la ocuparon.
Con la buena educación de la madre descubrió luego el
niño Juan, entre los demás hermanos, una particular y como
nativa inclinación al bien, á la piedad, á ladevocion y á
todo ejercicio y afecto virtuoso. Era de suyo tan m anso, hu­
milde y compuesto, que desmenlía su sosiego á su edad, su
edad á su modestia, señalando ya en las dores de aquellos
tiernos años el fruto que despues había de dar tan sazonado ;i
Dios. íbale su Majestad desde entonces formando m uy á su
gusto, y pintando en su alma y cuerpo una hermosísima ima­
gen de alta perfección, la cual comenzaba desde ahora á
delinear con inclinaciones y muestras virtuosas. También la
Virgen Sacratísima comenzó desde esto tiempo á favorecerle,
y á cuidar de. él con regaladísimas muestras de am or, de las
cuales fué una la siguiente. Jugaba un dia el niño Juan (dando
al tiempo lo que pide el tiempo) con otros de su edad, junto
A un estanque ó balsa profunda y cenagosa, y era el juego
tirar á lo hondo unas varillas, y volverlas á coger cuando salían
fuera: queriendo pues el niño Juan coger la suya, y alargando
para esto el Cuerpo ruás de lo que convenía, vencido de su
mismo peso dió consigo en la balsa. Hundióse al punto, pero
luego volvió á salir sobre el a gu a, como si fuera la varilla
que solía tirar, y sostenido sin hundirse, estaba sin lesión
ni turbación alguna, Mostrósele allí presente quién le hacía
aquel beneficio y libraba de peligro tan grande, que era 1^
VIDA DEL BEATO P. S. JUAN DE LA C11UZ. 7

Virgen Princesa de los Cielos, la cual, añadiendo á este favor


nuevo regalo, y extendiendo la mano, pedía al niño la suya
como pura sacarle fuera. Mas é l, viéndola tan hermosa v limpia
(que hasta los niños reconocen su hermosura y limpieza), re­
husaba dársela, por no ensuciarla con el cieno que se le había
pegado en la hondura. Entretúvole y entretúvose un rato de
esta suerte aquella Soberana Reina con el nifio, repitiendo ella
el mismo favor, y él también la misma cortesía, hasta que
llegó ú la balsa ó estanque, dicen que un labrador, por ventu­
ra sería A ngel, si y a no el glorioso San José (como lo mostra­
ba la insignia de una vara que traía en la mano), el cual
alargándola se la puso al niño en las su y a s, y asido de ella,
le sacó i la orilla libre y sano, y se fué. Bien verosímil parece
que estando la Virgen Sacratísima ocupada en sacar al niño
del peligro, ayudase á esta obra no otra menos digna persona
que su bendito Esposo. Quedó, habiendo salido, el niño muy
alegre, sin turbación alguna ni otra novedad más que el albo­
rozo que 1c había causado la vista de aquella Señora tan
celestial y hermosa: y desdé entónces quedó en su alma tan
impresa y fija la devocion á la. gloriosa Virgen, qué jam as la
pudo olvidar, ni el regalo y beneficio que en estaocasion le
había hecho: y asi se enternecía mucho con la memoria de este
caso, siempre que se acordaba de él, y particularmente
cuando pasaba por el puesto donde le había sucedido. Parece
vemos aquí al gran niño Moyses en su canastilla de juncos
sobre el agua (aunque el nuestro amparado de más noble
Princesa), reservada su vida para caudillo de un Pueblo del
Señor, ¿ quien salido del Kgipto de este siglo , había de guiar
á la prometida tierra del Cielo por las asperezas y desierto
de una retirada y penitente descalcez.

II
A n ím ela ul domonin ol b endito nifto Ju an . — R íllgiO fla tirmfiíu ron ■111 r In vrncrv —
Su (levoc-.ion nn uym lnr ú Misa. — Su eu tm d # el hospital de M olina 'W Cimipn
en 15¡>].—N u s to fa.vor de l.i ¡tantísim o V írp eu .

No le parecieron bien al demonio estos felices principios


de la vida de Juan, y ya en ellos adivinaba el da no que por
medio de este siervo de Dios le había de venir. Muy de lejos
8 VIDA DEL BBATO P. 5. JUA?í DE LA C R T7.

suelo barruntar en los que han de ser grandes Santos su aven­


tajada perfección (1), ora esto sea porque en la composicion do
los humores y calidades del cuerpo vea. la. buena disposición
para la virtud, ora porque dándose ¡i los clon-idos para extra­
ordinaria y superior santidad, Angeles de guarda de exce­
lencia y dignidad superior, conociendo él esta mayor excelen­
cia de los espíritus soberanos, venga en sospecha de lo que
lian de ser las almas de quienes son custodios, ó y a también
porque en alguna otra providencia extraordinaria que vea usa
el Señor con ellos desde que los cria en este m ondó, conjetu­
ro ser escogidos para grandes Santos. Al fin, de cualquiera
manera que ello sea, ó por natural conjetura que lo alcance,
ó por alguna particular ordenación Divina que se lo manifies­
te, lo quo vemos es, que luego desde los principios de la vida
de un justo suele con mayor furia y rabia perseguirlos el
demonio, Viendo, pues, en nuestro bendito niño Juan com­
plexión tan bien dispuesta y acomodada para la virtu d, tan
singular favor y amparo de la V irg e n , y una providencia
tan especial de Dios para guardar su v id a , como la que habe­
rnos ahora referido, y por ventura juntamente con esto algún
muy superior Angel de Guarda que le asistía siempre, y que
todo estaba pronosticando una muy extraordinaria santidad,
con que le había de hacer guerra y ser su capital enemigo,
quiso atajar, si pudiera, en los principios el daño y deshonra
que tenía, procurando quitar la vida á este niño, ó ame­
drentarle de manera que con el asombro y horror de sus es­
pantos le dejase inútil y sin brio para ejercicios de virtud. Refe­
ría el Venerable Francisco de Yepes, hermano de nuestro
Juan, que siendo ambos m uy niños, y viniendo juntos, en
compañía de su madre, de otro lugar á Medina del Campo, antes
de entrar en la v i lla , pasando por cerca de una laguna (que por
ventura era en la que sucedió lo que acabamos de contar),
salió de ella un grande y fiero monstruo, á manera de ballena,
que con la boca abierta acometió ni niño Juan para tragarle:
pero él sin miedo ni turbación hizo la señal de la cruz para
defenderse, y luégo aquella fiera visión desapareció. ¿Quién
enseñó á este niño á no temer tan horrenda figura, y á bur-

1 ■' D. Ttiom . 1. p.. q. 113., a rt. 3. art 1.


VIDA DEL nEATO P. S. JL'AN DE LA CRl’Z- W

lar del demonio y arredrarlo solo con la cruz. sino la protec­


ción y amparo Divino que ya entonces lo rodeaba y hacía su­
perior á todo el infierno? Representóse aquí lo que después
había do suceder en el discurso do su vida, que ora procurar cu
toda ella el demonio tragarle, por medio de los trabajos y per­
secuciones conque lo afligió tantas vece?, y el triunfo glorio­
so que el bendito Padre había de alcanzar do, él por medio de
la morfiíleacion y cruz, tomándola por nombre y plantándola
en la Keforma del Carmelo.
Iba creciendo el nifio Juan, más que. en la edad, en la
virtud, y para encaminarlo su madre al ejercicio do ella en
una honesta vida, procuraba inclinarlo á que aprendiese algún
oficio de los ordinarios en el pueblo, con que después pudiese,
á si y á ella sustentar. Pero aunque le probaban en algunos,
y él procuraba aplicarse á ellos, deseando aprenderlos por
obedecer y sustentar d bu madre, con ninguno salía ni aun
mostraba maña ni habilidad. Teníale Dios guardado para em­
pleo más a lto , y así movió d la madre, para que lo encami­
nase por las letras. Deseábalo e lla , mas viéndose atajada con
la pobreza, no halló otro medio sino acomodarlo en un colegio
de niños que había en aquella v illa , donde hijos de gente
pobre y desamparados1se criaban en virtud , y eran bien enca­
minados é instruidos en las primeras letras. Aquí estuvo Juan
por algún tiempo acudiendo al estudio y á los demas ejercicios
de aquel seminaria, y especialmente i los de oracion y devo­
ción, en que fué ejemplo y dechado á los demas niños. Em­
pleábase con particular gusto y afecto en ayudar á Misa casi
toda la mañana en ol convento de la Magdalena de Monjas
Agustinas, lo cual hacía con tal aspo y compostura, que pa­
rece granjeaba en los que oían las Misas nueva devocion y re­
verencia al Sacrificio, y aficionaba á frecuentarle y A bendecir
á Dios: bien al revés de los inquietos hijos de Helí (I), de quien
escribe y condena lo contrario. Por esto se llevaba el mu­
chacho los ojos y corazonos de todos, no sin particular admi­
ración de los que atendiendo á su modestia, á sus palabras,
obras y acciones, advertían y a en él un anticipado seso, y
una madurez y prudencia más que de nifio.

11) l.IU K .S . 17.


10 VIDA I>EI, BEATO 1*. S. JUAN DE I..V CRCZ.
La virtud es tan dueña de los corazones humanos, quo 110
há menester pura granjearlos otro soborno más que á olla
misma. Por si os amado y estimado ('1 virtuoso, y lleva consigo
la recomendación más poderosa para que le quieran bien. No
tenia este niño Juan de Yepes otros valedores ni prendas con
que aficionar á quien le veía, más que sola su virtud, la cual
áun en los niños tiene fuerza para llevar tras sí las voluntades.
Kra pobreeito y desamparado ; pero su m odestia, composi­
ción, aseo y cordura era tanta, que lo hacían amable por
extremo. Entre los que mucho se aficionaron á él fué nu ca­
ballero principal, llamado Alonso Alvarcz de Toledo, persona
piadosa, y devota, á cuyo cargo estaba la administración de
un hospital general que hay en aquella villa, obra y fábrica
que puede competir con las muy notables de ciudades insignes.
Pareció á este caballero que Juan, mancebo y a de hasta doce
ó trece años (que en él eran más que en otros veinte), podría
servir a llí á los pobres, y juntamente pasar adelante en sus
estudios, y despues con una capellanía, que él pensaba darle,
ordenarse de Misa: y tomando á su cargo el inmediato go­
bierno de aquella casa, ser Superintendente y Capellán de ella.
Concertólo con su madre, que como pobre, cualquier como­
didad que á su hijo se ofreciese estimaba por grande, y el
muchacho, obediente y deseoso de ayudarla, trocó de buena
gana el colegio por el hospital, tanto con más gusto, cuanto
esperaba tener aqui mayor aparejo para servir d Dios cuidando
de sus pobres.
Reden entrado en este hospital le sucedió un caso muy
raro y maravilloso, en que mostró el Señor cuánto cuidaba de
au vida, y la Virgen nuestra Señora el amor grande con que
lo regalaba, Había en el patio de la casa un pozo sin brocal,
muy hondo y abundante de agu a; y Juan , ó porque no
estaba de ello advertirlo, ó porque algún otro muchacho ju ­
gando le impeliese, ó porque el demonio lo procurase para
quitarle la vida (q u ees lo mas verosímil), sin reparar en el
peligro cayó dentro del pozo. Había gente que le vio c a e r, y al­
terados con larepentina desgracia, sin atender luego al reme­
dio de sacarle, faltos de consejo, comenzaron á dar grandes
y confusas v o ces, á cuyo alarido se convocó la vecindad, y
acudieron muchos á ver si podrían remediarle. Llegaron lasti-
VIDA DHL ÜEATO I*. S. JUAN DE LA CRVZ. 11
mados á la boca del pozo, mirando si hallaban modo y espe­
ranza de poderk1 sacar: y cuando casi descoi iliados temieron
que y a estaría aliñando y hundid)» debajo del agu a. le vieron
vivo y sentado sobre ella, y que desde allí respondía muy
alegre y seguro ¡i las voces que le daban, lidiáronle una soga,
á la cual atándose y asiéndose él mismo, «alió bueno y simo,
sin lesión ni turbación ¡ligrima. Admirados de. esta maravilla,
le. preguntaban que cómo no se había hundido y ahogado; y ól
con grande alegría y sencillez respondía que una Señora muy
hermosa (que siempre creyó ser la Virgen Swraiisím a) le ha­
bía recibido cuando cay ó , en su manto, y Le sostenía sobre el
agua hasta que le sacaron de ella. Con esto creció de nuevo la
admiración en los circunstantes. Y viendo la vida tan mila­
grosa y prodigiosa del muchacho, mirándose unos ¡i otros de­
cían de este ni no Juan lo que se dijo del otro Precursor de
Cristo (1 ): ¿Quién, si pensáis, será este ni ñoY Y con razón, por­
que sin duda andaba y a con él la mano del Señor piadoso y
poderoso.
m.
Hu c a n d a d p an teó n loe enferm os.—S o s estudios-—S u frec u e n cia cu la otacíoh , y fe rv o r
en Ion ritfúK S Ha p enitencia. — Propóntóe por modelo do s.uh o b ras n C risto m iñ slru
Señor.—S u devoción á la V irg in .

En este hospital comenzó á dar mayores muestras de su


virtud, con la ocasion que tenía de ejercitarla en acudir á los
enfermos, ;-i quienes servía con el amor y puntualidad que si
en cada uno de ellos viera doliente al mismo Dios. No se
hurtaba en este ministerio ¡l desvelo alguno, al sueño si
muchas veces; ni le dolía su cansancio y trabajo, sino solo el
de sus pobres enfermos, á los cuales curaba y regalaba con
diligencia v ternura extraordinaria. A llí lo comenzó nuestro
Señor á descubrir las ricas minas de la caridad, y él á enri­
quecerse con el tesoro de e lla , en cuyo ejercicio hallaba el
aumento de las demas virtudes. Aprendió allí á rompadecer.se
del pobre doliente caido en una cama, cuyo único alivio y
consuelo todo cuelga de quien cuida de él. Abrazábase, para
aliviarlos, con los flacos; alentaba á los descaecidos, tenía

(1) Luc. 1. 66.


I ‘ v id a n n . n r\T o p. ¿?. ju a n he la chuz

compañía á los solos, alegraba y entretenía á los triste?, y


acudía con simia puntualidad y vigilancia á las necesidades
do todos, sin dar lu gar ;i (pie cu su olvido ó descuido ejerci-
tase alguno la paciencia . para (pie así la emplease toda en
.sufrir los dolores y pen;i de su enfermedad. Habiendo cumplido
con osla obligación, empleaba lo demas del tiempo en orar
y estudiar, poniendo en uuo y otro tanto cuidado, (pie ayuda­
do de la Divina gracia y de su excelente ingenio, salió en
poco tiempo muy aprovechado, asi en la oracion corno en
las letras.
Estudió aquí la gram ática y retórica, y aprendiólas aven­
tajadamente. Oyó después el curso de Artes, y con no menos
ventaja lo aprendió, peiii'tnmdo lo mas sutil y dificultoso de
la filosofía vv metafísica. Comenzó Vva desde entonces 11 sacar
p ro vcch o d csu estudio, valiéndose del conocimiento de estas
ciencias para el de Dios v de si mismo, que es el fin mas
legítim o y propio del saber. La parte de, filosofía que declara
la naturaleza y propiedad del alma estudió con particular cui­
dado, procurando entender bien sus oficios y efectos en el
cuerpo: las potencias, órganos y sentidos por cuyo ministerio
obra: el modo que tiene de entender en este destierro, con de­
pendencia de las formas ó semejanzas sensibles, que la filosofía
en las Escuelas llama fantasmas: cómo pueden estas, siendo
materiales, producir otras más nobles y de naturaleza espiri­
tual; cómo el entendimiento concibe unas oscuras, y pare
otras claras, formando en el acto de entender una viv a imágen
del objeto y cosa entendida. Estas y otras semejantes sutilezas
filosóficas procuraba Juan penetrar, llevado más que del g u s­
to , de la ayuda que hallaba en su conocimiento para entender
más fácilmente el trato de oracion y contem plación, á que él
era m uy aficionado, y cuyo magisterio pende tanto de esta
inteligencia. De ella se aprovechó despues mucho para la
doctrina de cosas m ísticas, como se manifiesta eu sus admira­
bles escritos, donde ajustado al rigor de las verdades filosófi­
cas, declara con gran propiedad lo más interior del alm a, y
el delicado modo que ella tiene de obrar en la oracion.
No con ménos cuidado se entregaba el virtuoso mancebo
al estudio de la oracion que al de las letras. Llevábale A este
la obediencia y gusto natural, á a q tel mayor y más soberano
VIDA DEL BEATO P . JU jO ' DE LA CRUZ- 13

Impulso, y un particular afecto á su ejercicio. Era ya su alma


prevenida del Señor con bendiciones de dulcedumbre, con lu­
ces Divinas y sentimientos celestiales, de los cuales era enri­
quecido siempre que se recogía á la oracion. que es la puerta
y fuente de todos estos bienes. A ella acudía como á una
celestial escuela, donde el Maestro Soberano le esclarecía el
entendimiento y aficionaba la voluntad para seguir lo eterno,
despreciar lo caduco, conocer la hermosura de la virtud y
fealdad del vicio. En ella era enseñado cómo había de negar
su propio querer y mortificar sus apetitos, desasirse de todo
sensible afecto y asirse solo ú las aldabas de la Fe. en cuya
ilustre oscuridad hallaba unos resplandores soberanos. Este
era el fruto que Juan sacaba de la oracion, y así acudía á ella
con gusto y con frecuencia.
El fruto de aqueste aprovechamiento y aventajada perfec­
ción, que habernos dicho, manifestaron las obras, que todas
fueron de verdadera mortificación y penitencia. Comenzó ya
desde este tiempo el valeroso mozo á castigar su carne, aun­
que inocente, y afligirla con ayunos, vigilias y cilicios. Xo
contento con el trabajo de entre dia y los ratos de oracion
que procuraba entonces tener, llegada la noche, continuaba
este santo ejercicio desembarazado de los demás, y luchaba
con la flaqueza y cansancio ele su cuerpo, hasta rendirlo y de­
jarlo despierto y alentado para perseverar en las vigilias. Pero
cuando alguna v e z , oprimido de la,necesidad, se permitía A
la violencia y tiranía del sueilo, recompensaba este alivio con
la descomodidad de la cama, la cual ora unos manojos de
sarmientos, donde más se quebrantaban los huesos, que toma­
ban descanso. Esta penitente costumbre se le conoció va desde
los siete a n o s. edad en que de ordinario amanece el uso de la
razón, con la cual desde entonces se entregó al Señor, y
haciéndole sacrificio de sí, se holgaba de padecer por él. Ejer­
citaba desde ahora prontamente la doctrina que muchos años
después nos ensenó en su primer libro de la Subida del Monte
Camelo, donde instruyendo al que quiere caminar á la per­
fección, le dice: Lo primero, traiga un ordinario cuidado y
afecto de imitar á Cristo en todas las co^as, conformándose
con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar, y
haberse en todas las cosas como se hubiera él. Y asi traía
14 VIDA DEL BEATO P . S. Jl'A N DE I,A CHUZ.

dentro tic su alma estampada la Imagen de Cristo Señor nues­


tro, y en aquel Divino y esclarecidísimo Espejo miraba y
componía todas sus acciones. De allí le nacía aquella t.an
rara y modesta composición exterior, cuya raiz estaba en
lo interior, donde todo estaba siempre ordenado y compues­
to, lin cada acción y obra que hacía, se preguntaba luego
d si mismo: Si Cristo Señor nuestro hiciera lo que yo ahora
h ago, y se hallara eu mi estado, y representara mi persona
y oficio; ¿cómo lo hiciera, eómo se hubiera y obrára en esta
ocasion? Cómo estudiara, si fuera como yo estudiante; cómo
arguyera y disputara con sus condiscípulos? Dudara , y pre­
guntara á síis maestros? Cómo estuviera cu la Misa y oración?
Cómo asistiera á los ('nlennos? V finalmente, como hiciera lo
(pie yo debo hacer en el estado que me hallo? ¡Sed vos, Señor, (le
decía) mi m aestro, pues sois mi ejemplar y mi dechado, y en­
senadme lo que. debo hacer, para que sepa conformarme (cuan­
to lo sufre la -flaqueza humana) en mis acciones con las vues­
tras, De esta suerte se ofrecía el devoto mancebo i Cristo Señor
nuestro, procurando ajustar y medir todas sus obras con esta
Divina regla. No con menor aliento se Consagró ál obsequio
de la Santísima V irgen : y obligado de los singulares favores
que habia recibido de su piadosa mano, procuró desquitarlos
con sus obras. Crecía por instantes en su devoción: rezaba su
líosario y Olicio menor de rodillas, y gastaba en su presencia
largas horas. Tan temprano comienzan los amadores de Jesu­
cristo h saborearse en la imitación de sus trabajos, y á rega­
larse con las dulces memorias de su madre Sacratísima.

IV.
Consuelos que recilnaik;l SañoT, — de la «opacidad de Juan paTiiflír diií.lmilu
i\e perfeíeion.—Tiene revelación de que había de ayudar á la Reforma del Carmelo.—
Toma al húl>ito i'.q n«entra Sciiora del Cúrmcn en 1563. — Llámase Fray Juau de
Suulo Matía.

A l paso que Juan deseaba contentar al Señor, se lo comu­


nicaba Su Majestad, y llenaba de consuelos y tesoros sn alma,
y cuantas mercedes Dios le hacía, tantas él lograba, (ron que
volvía á disponerse para recibir otras de nuevo. Mancebo era
y a de veinte años (brioso ardor de la juventud) cuando , como
si fuera de dos. ora sencillo, y como si de cin cuenta, cuerdo
vmv nüi. mí ato p. s. jtum rcrc t.a nvrz. 15
y reposado. Jamas se vio en él eu todo el tercio de esta peli­
grosa cuanto lozana edad, alguno de los achaques propios
de. olla, uo liviandad, 110 descomposición, 110 desmán alguno.
Kvitaba compañías livianas, excusaba entretenimientos no
importantes, cercenaba salidas demasiadas, y asi le sobraba
tiempo para todo virtuoso ejercicio. ¿Qué juegos le divirtieron
jamás de sus estudios? Qué burlas, de sus veras? Qité entre­
tenimiento juvenil de su madura ocupacion? No le. llevaban
los ojos espectáculos profanos, no la voluntad bienes caducos,
ni del mundo admitía más que su desprecio. La escuela,
la iglesia , tll hospital eran su alternada habitación: amigo
siempre del recogimiento, y enemigo de la ociosidad. Cordura
en sus palabras, modestia en el aspecto, suavidad en su trato
le hacían dulcemente amable y venerable- Basta decir que se
verificaba en él aquel digno elogio de Tobías { 1 ), que siendo
mozo en la edadt no se, le notaba mocedad alguna, y le con­
venía el nombre que los monjes antiguos dieron al gran Maca­
rio Egipcio en su juventud ( 2 ) llamándole en lengua Griega
Paidariogeron, que eu la nuestra quiere decir: Mozo viejo.
Tal era Juan, y tales no y a indicios, sino patentes mues­
tras daba de su capacidad y talento con que le había pre­
venido y adornado nuestro Señor para empresas muy gran­
des. Suelen las almas de generoso y grande espíritu, mos­
trar muy de antemano en una como viciosa lozanía, la virtud
y talento de que son capaces, y el. fruto que bien cultivadas
han de dar despues (3 ). La de Juan desde el principio dio mues­
tras no viciosas, sino sazonadas y a , de la capacidad que tenía
para ser Maestro y dechado de una sublime perfección, para
instituirla ó restituirla, si fuese menester, en alguna Congre­
gación religiosa: y así el Señor que para esto lo tenía esco­
gido, quiso dárselo á entender con una m uy regalada y ma­
ravillosa merced que le hizo en esta edad. Estaba un dia el de-
voto mancebo orando con el fervor y devocion que solía, y
rogaba con ansias al Señor que fuese servido de e n c a m i n a r l e
al estado de vida que más le hubiese de agradar, resignando
en el gusto y ’beneplácito Divino toda su voluntad. y ponien­

(l) To1>. 1 .4 . IUj h A u irm tin o c o n tra Fnuat. 1.


;y ; Kozqmi>n. Uia1. Eccl. 1. fl. t. 1. i-, lo."
1(5 VIDA DEL D EA T0 1 \ S. J l ’AX DE LA CRUZ.

do en las segurísim as manos do Dios, como dice el Salm ista ( 1 ),


su s tiempos y su?? suertes.
Oyó el Señor su oracion, y aceptando el sacrificio que le
h acía, consoló á su siervo, respondiendo ¡i sus deseos con.
este oráculo Divino; Servirme has 'le dijo) en u m Religión,
cuya perfección antigua ayudarás á levantar. Quedó suspenso el
piadoso mancebo con esta noticia tan extraña para é l , cuanto
misteriosa y oscura. No se le dijo m ás, ni se le dio por enton­
ces m ayor inteligencia de aquella pro fótica revelación, que
no todas veces se declara cuanto se da al alma. A lg o de ella
entendió, que era el haber de ser Religioso: parte se le quedó
por entender, que era la perfección que h ablad o ayudar á res­
tituir. Abrazó lo prim ero, como obediente; lo segundo, como
verdadero hum ilde lo rehusó: porque no creía de sí, ni se
ju zgab a ta l, que le quisiese Dios para restaurador ó autor
de perfecciones en su Ig lesia , presunción que fácilm ente ha
engañado á no cautos espíritus. Tero vino á su tiempo de uno
y otro la lu z , y acreditó la verdad de esta revelación el cum ­
plimiento de o lla, como él m ism o, descubriendo despues lo
qnc le había pasado entóneos, lo confesó á la Venerable Madre
A lia d o Jesús, Religiosa Descalza de su Orden, y en virtud
y perfección m uy insigne.
No pasaron muchos dias despues que el bienaventurado
Juan tuvo la revelación y aviso del Señor, que habernos
referido, cuando sintió eu su alm a los efectos de ella. Habíale
dejado aquella luz impreso en el corazon un entrañable afecto
á la vida religiosa; el cual iba creciendo cada dia, y sin
diligencia ni cuidado suyo hallaba que se iba criando en su
pecho un santo propósito de dejar el mundo y entrarse en Re­
ligión ; aunque no sabía determinarse en cu á l, y para esto
acudía á l Señor COU oracion continua. No le dilató su Majestad
mucho tiempo este con suelo, porque dentro de breves dias le
puso la luz en los ojos y la ocasion en las manos. Era reeion
fundado eu aquella villa el Convento de Santa Ana de Carme­
litas, de la O bservancia. y un dia llegando Juan i\ él, y viendo
el hábito de nuestra Señora del ('árm en, vió al mismo punto
en su alma aquella profética ilustración con que Dios le había

1' l'üfllm. Ito. 16.


VIDA DEL DIÜATO 1\ ii. Jl'AN DE LA CHUZ. 17
movido para que fuese Religioso. Parecióle era esta la Religión
á qno Su Majestad le llamaba , y la quo había significado en
la revelación dicha, acabando de asegurarse en este pensa­
miento con la satisfacción, consuelo y goy.a que interiormente
sentía, y un ajustamiento y lleno de sus deseos con aquel
estado, que parecía haber hallado en él su centro y su mayor
felicidad: que es uno de los indicios más ciertos del verdadero
llamamiento :i una Religión. Aunientósele osle piadoso afecto
para con la de nuestra .Señora del Cúrmen, considerando que
esta Sagrada Orden tenía por Madre, Patrona y Protectora á
la misma Celestial Reina que él desde sus tiernos años había
también escogido por tal, y de cuyas manos había recibido
singularísimos favores. Solicitado, pues, de estas ansias (que
cuando son tan vivas 110 dejan reposar al que Dios llama),
se determinó de tomar ol Hábito, y entregarse luego á Su Di­
vina Majestad cu holocausto religioso.
Trató su propósito, no con los parientes del mismo siglo,
que suelen ser estropiezo á los que caminan á la casa de Dios,
sino con los Religiosos mismos, los cuales gozosos de que
tal sujeto, cu ya virtud era y a m uy conocida, se les entrase
por las puertas, se las abrieron de par en par, admitiéndole con
suma alegría y conformidad de todo el Convento al sagrado
Hábito de nuestra Señora del Cármen. Tomóle año de 15 6 3 , á
los veinte y uno de su edad, tan gozoso de esta buena suerte,
que pareciéndole haber Caido sobre él la de Matías ( 1 }, añadió
sobre el nombre de Juan el de este Santo A póstol, dejando el
de Yepes, aunque noble y propio ríe su alcuña: y llamándose
de allí adelanto l ’vav Juan de Santo Matía, apellido que des­
pués , mejorada otra vez la suerte, le mejoró también >y trocó
por el de la Cruz, corno veremos adelante.

V.
E jercicios y ferv o res tíal N oviciado del B. P a d re .—Celo y p ru d e n c ia santa q ue m a n i­
festó siendo Novicio.— Profesa en el C onvenio de M ed in a, en 136-1.—l-'ntrc lu.i i-jcrci-
riu s iic I» OltMcrviincia jju o n ln con rijfo r la R egla p rim itiv a.

Comenzó en esta nueva vida el nuevo solí lado de Cristo á


seguir su bandera, y á ejercitar las armas de la milicia re-
ligiosa con tanto brio, espíritu y fervor, que admiraba y aun

1 A c - t .l. vi;.
18 ViD.-Y D EL B E A T O D. S. JCAN T)K I,A CUI Z.

confundía su ejemplo á los qué más sé aventajaban On Reli­


gión y virtud. Acudía á los aclos y ejercicios do la Comuni­
dad , y se empleaba en ellos ron el sosiego y destreza que los
nmv antiguos, con el fervor y puntualidad que los más nuevos:
y en cualquiera ocupa don que se le encomendaba, procedía
tan religiosa y cuerda m onte, que sólo en la mayor coniposi-
cion y encogimiento parecía Novicio. Apetecía siempre los
oficios más humildes, procuraba, las ocupaciones más trabajo­
sas, holgábase con las obediencias más apretadas: y porque
ú todos tenía por Superiores y Maestros, á todos obedecía y se
rendía fácilmente, pero con mayor puntualidad y perfección al
que le era señalado por Maestro pava que le instruyese v en­
senase, porque á éste y al Prelado miraba como al mismo Dios.
lin todo ejercicio de virtud resplandeció nuestro Novicio
Fray Juan, sin que hubiese alguna tan rara ó dificultosa de.
que no diese y a patentes muestras. No es propia de los que
comienzan $1 estado religioso la prudencia, virtud á quien
engendran las can as: ni tampoco el celo de R eligión, nacido
del a m ig ad o amor á su instituto, lo cual todo falta ¿ u n
Novicio; pero á la gracia Divina ¿quién le puso leyes? lilla
hace que comiencen los grandes .Santos por donde acaban otros
cuando vienen á serlo. Vio nuestro F ray Juan i uu Religioso
do su Monasterio descuidarse delante de seglares en una falta,
que aunque no era muy g ra v e , desdecía de su hábito, siendo
solo et Novicio testigo de ella. P arecióle, y con razón, á Fray
Juan, que aquello cedía en desdoro del estado, y que corría
peligro el honor de la. Religión si falta semejante se repetía y
quedaba sin enmienda. Ilustrado interiormente la advirtió á
solas al R eligioso, posponiendo el encogim iento, ley propia
del Novicio, á la fraternal corrección, ley de Dios enseñada y
mandada eu su Evangelio. No sabemos el modo cómo le cor-
rigió; solo sabemos que el corregido quedó gustoso y enmen­
dado: con lo cual ganó Fray Juan á su hermano, y una nueva
estimación para con él. Tanto vale un discreto celo aun en la
bocade un Novicio. Descubrió en esta acción el caudal para que
Dios le había escogido de Caudillo, Príncipe y Capitan de sus
hermanos. Que si Moysen cuando mató al Egipcio ( 1 ); Pedro

(1 ) K.iíttl. 2. 12.
Vip.v DEL DEA.TO 1'. S. Jl'AN T5F. LA CItI:Z. 19
cuando desenvainó la espada contra Maleo ( 1 ); Saulo cuando
persiguió á los Cristianos (*2 ) . dieron muestras con aquel reí o
anticipado, dpi que tendrían para sor Cabezas, Maestros y Cau­
dillos; ¿por qué no diremos lo mismo de este tan celoso y dis­
creto mozo?
Pasado el a fio de, la.aprobación. profesó en la misma casa
de Señora Santa Ana de Medina, año de 15(14, en manos del
muy R. P. Provincial F iav Angel de Saladar, asistiendo su
aiit¡‘¿■ini patrón Alonso Alvarez do Toledo. Consérvase hasta
hoy el testimonio de su profesion, firmado de mano del Beato
Padre en el libro de las profesiones de aquel Convento: y el
mismo libro encuadernado por esta causa curiosa y ricamente,
y reservado en un archivo hecho para este fin con gran decen­
cia y veneración, por la que se debe á tan preciosa joya. Así
mismo se venera en aquel Monasterio la celda en que inoró
el siervo de Dios, convertida en Oratorio y Capilla de la
Iglesia. Con gran razón estima aquel Convento estas dos me­
morias , preciándose haber tenido por Hijo al que vino á ser
Padre de toda la Familia de Descalzos Carmelitas. Pagóle el
siervo de Dios el beneficio que allí había recibido, con deja?
aquella casa como santificada con su habitación y con su
ejemplo: pues desde entónces se ha conservado siempre en ella
una reformación m uy ejemplar.
Viéndose y a hijo de La R eligión, y de la Virgen Santísima,
Patrona y Madre de ella, no se hartaba de darle d Dios las
debidas gracias por este beneficio tan grande f el cual saben
estimar como es razón, los que con verdadera luz del Cielo
conocen cuán bienaventurado es aquel á quien Dios escoge
para que more en su ca sa : y cuánta mayor felicidad es alcan­
zar á ser en ella el más abatido, pobre y humilde, que reinar en
los palacios de los pecadores (3 ). Estando, pues, nuestro Juan
con este g o z o . y deseando cada dia mejorarse y agradar más
á Dios, lo primero en que puso los ojos fué en la Regla de su
Orden, para saberla y guardarla con la mayor puntualidad y
perfección que le fuese posible. Halló que su Religión . auuque
profesaba la Regla dada por San Alberto, Patriarca do Jernsa-

^ 1 ) Xl.itt. a i. .1. 3} Pual. 38. 11.


; á A c t o r . 9. 2.
'^0 Y ll> \ nr,T, lili ATO P. S. JUAN DE I.A (.1117..

Ir*11, poro no v;i n i :t<j iicllit prim an forma que líi dio ¡l los
antiguos Csirmol¡t:is. nion la quo poco después tuvo por la
declaración del Papa Inocencio IV que la templó a lg o , aun­
que dejándola ('U el rigor y forma «lo la Regla primitiva, sino
según la q u e moderó y mitigó el Papa Kugenio IV, dispen­
sando on algunos de sus principales vigores y observancias,
y alterando muchas cosas de olla. Advertido pues do esto, y
encontrando un dia con el texto do la Regla prim itiva, ins­
pirólo el Cielo un generoso deseo de observarla en todo sil
rigor, cuanto lo fuese posible, y se le diese licencia. Consul­
tólo con sus Prelados (sin cuya bendición cualquier extraordi­
nario fervor es peligro), los cuales, viendo los devotos y esfor­
zados alientos de aquel m ozo, no quisieron extinguir el espi­
rita del Señor, que parece infundía en él tan altos pensa­
mientos: y asi le dieron licencia, para que, ajustado á la
exterior vivienda de la Comunidad, siguiese y ejercitase en
lo domas las observancias primitivas.
Con esta licencia comenzó el Beato Padre Fray Juan á
entablar y disponer su vida en tal form a, que siendo en el
hábito y ejercicios regulares de Comunidad igual y semejante
á lodos, era en la perfección y rigor de ellos singularísimo
y parecido á ninguno. Acudía, como los domas, al Coro,
al Refectorio y á los otros actos comunes, pero en ellos
se había con tal destreza y edificación, q u e, cumpliendo él
con la observancia de la R egla primitiva,. parecía no hacer
cosa extraordinaria m asque los otros Religiosos, disimulando
cuanto le era posible la singularidad de su modesta vida.
Con esta disimulación se abstenía siempre de comer carne,
y ayunaba desde la Fiesta de la Exaltación de la C ru z, que
es á 14 de Setiembre, hasta la Pascua de Resurrección,
como manda la R egla: y en estas dos observancias era m uy
extraña la mortificación (pie padecía, para la cual hubo bien
menester su grande ánimo y el ayuda con que Dios favorecía
sus deseos: porque como todos los demás Religiosos del Con­
vento no guardaban tantos ayunos y abstinencia. por tener
dispensada la Regla en esta parte, no se daba vianda á su
propósito, ni él tenía con qué la prevenir, y había de comer
con todos de comunidad, sin esperar á remediarse en la celda,
que siempre la tenía pobrísima y desnuda de todo regalo y
VID A DEL DE A T O I'. s. JUAN D Ií I,A C Itt'Z , ‘- ¿ l

previsión, Comía pan y algunas yerbas, ó cosa semejante,


que acaso se guisaba pava los dom as: y do esta manera pasaba,
sil vida con mucha más abstinencia, y rigor que le pedia la
Regla. Guardaba también el silencio que ella manda, desde
dichas Completas de la noche antecedente hasta dicha Prima
del siguiente d ia : y en este tiempo se procuraba recoger luego
ú la celda, pava evitar las ocasiones do hablar, si no ora
obligado con forzosas ocupaciones y mandatos de obediencia
que le detuviesen fuera de ella.
Trabajaba de manos el rato que le sobraba, y se entretenía
en labrar Cruces de madera, disciplinas, cilicios y otras tales
cosas, con que evitaba la ociosidad, divertía y recreaba el
ánim o, y edificaba y aprovechaba á su espíritu. Pero adonde
principalmente puso la mira y el cuidado, fué en aquel capí­
tulo de la R egla (sustancia de nuestro Instituto Carm elita) en
que se manda orar dia y noche recogidos en la celda, ó cerca
de ella. Este ejercicio santo abrazó en su alm a, y lo asentó en
lo íntimo de su corazon, donde echó desdo entóneos tan hondas
raíces, que vino ¿producir soberanos frutos de altísim a con­
templación y aprovechamiento espiritual. Ni se olvidó de la
pobreza santa que encomienda la R eg la , no admitiendo en
ce ld a , cama ó vestielo cosa que no fuese precisamente necesaria
para el uso de la vida humana y obligación del estado: y así
procuró la celda estrecha, desacomodada y pobre, y el hábito
corto, viejo y remendado, y todo lo que tenia i uso era do
esta manera sumamente editicativo y que estaba oliendo á
pobreza y humildad.

VI.

E s tu d ia la Teolopift un S íilu m n iicn . en l.VU. — A sperezas con qu« ntorm cntalM »u


cuer|«>.— R eh ú sa la digniiliiil ftiu -m lu la l, y por o b ed ien cia Ir adm ito , en 1361. — Ks
confirm ado en £ ru cia e n la p rim a ra Misa.

Viendo los Prelados de la Orden el aventajado ingenio del


Siervo de Dios F ray Ju an , acompañado con tan señalada vir­
tu d, el mismo ano en que había profesado le enviaron á oír el
curso de Teología en Salamanca en el insigne Colegio que en
aquella ciudad tienen nuestros Padres Observantes con la
advocación (en aquel tiempo) del glorioso Apóstol .San Andrés,
l2 ¿ VIDA MICA T O I*. S. JI'A N I)H I,A CHI 'Z.

;iiiri(|ii(‘ hoy se halla Con el lilulo tic Siiuhi. Teresa nuestra


Madre. La vida que siguió en Salamanca lio os mónos admirable
que la que había comenzado en. Medina: no se contentaba
con las obligaciones de la R egía primitiva, ayuno, abstinen­
cias . silencio y oración. lodo casi perpetuo; sino qnc á esta
carga añadía sobrecarga, y tal que solo ella (cuanto más
junta con la dicha) parecía del todo intolerable. Moraba eu
una celdilla estrecha y oscura, aunque á él no se lo parecía.
Tenía este retrete una ventanilla que caía á la Iglesia, liáeia
el Santísimo Sacramento, que oran para los ojos de su viva
Fe las mejores y más apacibles vistas del mundo. Había en el
techo un agujero por donde apenas le mitraba 1111 escaso rayo
de lux para estudiar y leer. I,a cama en que dormía era una
artesa vieja, ó : según otros' un cuezo á manera de cuna,
donde la inocencia y pureza infantil del bendito Fray Jmui se
reclinaba un rato. Tenía eu la cabecera clavado un maderillo
que hacía oficio de almohada, y allí sin colchon, ni abrigo
ni otra ropa más de la que tenía ¿ cuestas, se tendía vestido:
y considerándose como recien nacido y difunto en aquella cuna
y ataúd, volaba más que dormía eu bis miserias de la. vida y
en la memoria de la muerte, lista celda tan pobre y editicativa
cuque moró el siervo de Dios, se ha tenido siempre en gran
veneración, y hoy viene á ser una de las Capillas ó Altares
colaterales en la Iglesia de aquel Monasterio.
I,os cilicios con que maceraba y mortificaba su cuerpo, eran
exquisitos y asperísimos. Traía ele ordinario ceñida á raíz de
las carnes una cadena de hierro de púas muy acudas, y sobre
ellas se vestía un jubón y calzoncillos justos de esp?irto menu­
damente anudados. Las disciplinas qué tomaba en este tiempo
eran tan ordinarias en la frecuencia, cuanto extraordinarias
en el rigor, como lo mostraba la mucha sangre que derramaba
en ellas, de que también daban testimonio los ramales mismos
con que se hería: los cuales muchas veces vieron teñidos en
sangre sus compañeros y Prelados. A todos los que eran tes-
tipos de este gran rigor y aspereza de vida les ponía admiración
y espanto, y le§ era de gran edificación y provecho; pero á
él 110 le daba toda ella tanta pena, cuanlo el entender que se
sabían sus mortificaciones y penitencias, sin poderlas encubrir
del todo á los ojos de sus mismos compañeros. No era menos
VIDA DLL BEATO I1. R. JL'AN Dlí LA CRUZ. 23

admirable su oracion que su penitencia, que ambas alas de la


vida espiritual batía igualmente volando á la cumbre de una
muy subida perfección. Era la oracion su \ irla, su manjar y
sustento: ella ora su estudio y su vigilia. Cumplía ron rigor
de verdad aquella principal obligación de la líe g la , de orar
dia y noche meditando eu la Ley del Señor, en cuauto es dado
á la flaqueza humana.
Pairee (pie se ha dicho algo de La perfección con que proce­
día nuestro Juan en el Colegio de Salamanca con su oracion
y penitencia: pero réstanos ver el modo que tuvo en juntar
la vida colegial y religiosa , en que sin duda resplandeció
más su caudal y v irtu d , y el grande aprovechamiento de
su alma. Dispensaba el tiempo conforme las ocupaciones lo
pedían, dando el suyo al estudio, el suyo á la oracion, y
juntando ambos ejercicios con tan bien ordenada correspon­
dencia y alternado fruto, que si estudiaba para ovar, merecía
orando luz para el estudio. No consentía usurpase algo la
especulación al afecto, ni el afecto su debido tiempo d la
especulación: temple que debe observar el Religioso contem­
plativo y estudiante, si quiere salir en uno y en otro apro­
vechado; pu$s ni sin oracion obligará á Dios que le dé luz
para el estudio, ni sin la del estudio sabrá también dispo­
nerse para obligar á D ios, y entender y declarar á otros las
delicadas comunicaciones de su trato, Y porque la virtud
siempre es la parte principal y á que primeramente se debo
atender. especialmente en los colegios relig io so s, no le
parecía hacer agravio d las le tra s, si empleado en ellas el
cuidado y tiempo necesario, sedab a y entregaba más á los
ejercicios de oracion y de todo linaje de virtud.
Con esta advertencia, pues, acudía nuestro devoto co­
legial á los ejercicios de las letras. Iba y venía de las escuelas
los ojos clavados en la tierra, y el corazon en el Cielo, edili-
cando d todos con su exterior compostura. Asistía ;i las con­
clusiones, defendíalas y argüía en ellas, 110 con fuerza de
voces, sino de razones: 110 contendiendo, sino disputando en
seguimiento siempre de la verdad, 110 de su apasionado pare­
cer, ó por salir (como dicen) con la suya: y así cuando la veía
eu la razón coutraria, dejando luego las armas y cruzadas
las manos se rendía á ella, reputando por victoria propia el
2-1 VIDA DEL UEATO V. S, JUAN Mí LA CIUX,

triunfo de la verdad, adonde quiera que venciese. De aquí le


nacía la quietud v paz con qtie a r g ü í a , y ron que después
quedaba siempre1 sereno. Así se había en el estudio nuestro
religioso colegial: mas en la observancia y rueda común do
los actos regulares con ijj;is atento cuidado, como habernos
referido. Balido de los ejercicios escolásticos, se reducía luego
á la quietud de su retiro, sin dejar empeñado el entendimiento
en la disputa, ni pintada la memoria de diversas imágenes,
cuyo desordenado bullicio después le perturbasen la oracion.
De todo esto se venía á hacer un cúmulo de obras cjcmplarisi-
mas notablemente raras, y que apenas suelen hallarse en un
sujeto juntas. Por lo cual era de todos amado y venerado, y
especialmente en sil Religión y colegio, donde los mozos le
miraban con respeto, los ancianos con estima, los Prelados
con amor: y todos generalmente con veneración tan gran­
de , que se recelaban de hacer ó decir cosa mónos decente cu
su presencia. Y así refieren los Religiosos de aquel tiempo,
que cuando algunos de ellos estaban recreándose con algún
desahogo en divertimientos, aunque lícitos, en viendo venir á
Fray Juan se mesuraban y componían aun los más ancianos,
hasta que él pasase; y si acaso los cogía di' improviso, aunque
no les dijese palabra, se hallaban como avergonzados y repren­
didos ele la celestial modestia de este mozo.
En esta vida y ejercicios corrió el Siervo de Dios hasta el
año de 1567 , habiendo cumplido los tres del curso de Teología,
y los veinte y cinco de su edad, siendo tiempo ya que se orde­
nase de Misa. Rehusábalo mucho el Beato Padre reconociendo
* su insuficiencia para tan alto ministerio. Consideraba la gran­
de reverencia con que muchos do los Santos se abstuvieron de
tratar cosa tan alta. Un Gerónimo, y un Francisco: el uno,
que Ordenado no osaba ejercitar el Sacerdocio; el otro, que
nunca osó, ni le quiso recibir: no valiéndole su humilde resis­
tencia, se hubo de rendir á la ordenación de sus Prelados.
Habiéndose ordenado le trajo la obediencia al Couveut-o de
Señora Santa Ana.de Medina del Campo (cuyo hijo era) para
que allí cantase la primera Misa, y diese con esto consuelo á
su madre y conocidos. Para este aet.o se aparejó el devoto
misacantano con largas vigilias de oracion, con fervientes
deseos, con profunda humildad, con Fe muy viva y un en-
VIDA ri Kl , l i li A T O P. S. JCAN 1) K LA CUliZ. 2 ’)

rendido amor de Dios. Deseaba el bendito Padre depilo, qitc lo


amaneció lu luz do la razón tenor sil alma enlazada y tan
unida estrechamente ron Dios, quo on su cuerpo mortal jam as
reinase ol pecado, ni manchase la primera estola que en el
Bautismo vistió, y él por singular favor siempre halda, conser­
vado. A este blanco dirigía sus ansias, á este lin sus peticiones,
y teniendo de su mano al Señor, cuando en ol Altar lo tenia
en sus venerables manos, de suerte afervorizó la sú p lica, que,
mereció oir por respuesta, envuelta en una luz muy sutil en
id centro de su alma: Yo tu v.onv.r.dn lo rjite me pides. Quedo el
santo Sacerdote bañado en gozo, lleno de humildad y de
reconocimiento á tan grande beneficio: porque juntamente
sintió en su alma una espiritual renovación, y haberle el Señor
concedido una pureza tan feliz, que lo restituyó á la inocencia
do un niño de dos a ñ o s, y confirmó en gracia al modo que á
los Sagrados Apóstoles, para que jam as le llegase á ofender
con culpa grave. Todo lo cual demás de los Confesores suyos,
que lo deponen, en premio del silencio con que siempre ocultó
este y semejantes favores se lo reveló Su Majestad á las Vene­
rables Madres Ana María de Jesús y Beatriz de San M iguel,
las cuales con toda esta claridad lo deponen con juramento en
bus dichos. De esta noticia no careció nuestra Madre Santa
Teresa de Jesús, cuando ordinariamente repetía: Que el Padre
Fray J\mi de la,O rm era m a de las almas más pura$ y santas
que P ies tenia en su Iglesia, y qiie le había in fundido grandes
tesoros de hi¿, pureza y sabiduría del Cielo, y que en su opiniou
había sido Snkto ¿oda su vida.

VII.

Motivo hua tuvo el 13. Padre para p asará In C artuja.— Kl Snnto Pudro m>fifrccfi a rtaT
principio &la reforma,— Instruye nuestra Santa Madre al D. I'. Fr. Juan en la vidn
ReformuilR.— Dlijpong la cas» «n Duruclo para la Reforma,

Efecto es de los dones que nuestro Señor comunica, el


deseo de guardarlos. No se da el de la confirmación en gracia,
para que fiada el alma en él se aventure á los p e lig ro s; antes
se inclina ó. buscar los medios inás seguros para conservarse
en ella. Parecióle á nuestro Beato Pariré, que para no ofender
jamas á Dios mortal mente era menester mucha abstracción y
¿<> VID A DEL li li A T O P. K. .1T A . V BE LA C R U Z,.

apartamiento riel siglo. y habiendo de huii* de el, ningún


retiro juzgó mas ;j propósito que ti de. la Cartuja, Religión
santísima y porfoetísima, apartada del trato de los hombres,
y empleada en el trato y comunicación con Dios, tan lejos
del siglo, que sus profesores parecen (y en la conversación
y trato lo son ya) ciudadanos del Cielo. Por donde se ve la
estima grande que Dios puso en el corazon de nuestro Beato
Padre de aquella estrecha y santa vida, Y cierto que si
pudiera añadirse á esta ilustrísima Religión calificación al­
gun a, más de la que por sí tiene (que es suma y sumamente,
debida á su grandeza), no fuera pequeña la que le podía
resultar del afecto que tuvo A su instituto un tan gran Pa­
dre y Maestro de perfección. Capitan y finia, de nuestra
Reforma Descalza.
En este tiempo andaba nuestra Madre Santa Teresa de
Jesús disponiendo como se reformase su Orden eu los Religio­
sos t por algunos de los mismos que la habían profesado: y a
(pie ella había dado principio á su reformación en las Religiosas,
y tenía fundado el primer Convento en Avila. El primer pen­
samiento de que hubiese Descalzos Carm elitas. nació en el
generoso v varonil pecho de la gloriosa Santa. Acudía, pites,
á Dios en la oracion. y con instancia continua, como otra
Raquel, le pedía hijos, ó morir ( 1 ): tales eran sus Ansias por
ver Religiosos Descalzos de su hábito. Con este pensamiento y
deseo, estando en Medina del ('ampo, donde había concluido la
segunda fundación de Religiosas, lo comunicó en secreto con
el Padre Presentado Fray Antonio de Heredia, Prior de nues­
tros Padres Observantes, el cual se ofreció á descalzarse el
primero: pero aunque á la Santa le agradó su buen propósito,
no del todo satisfizo, recelando no tendría fuerzas para tanto
rigor como en la Descalcez se profesaba.
En este tiempo se ofreció venir de Salamanca (donde ya se
había vuelto despues de haber cantado Misa) el Beato Padre.
Fray Juan, con intento de en llegando á. Medina ejecutar el
propósito que tenia de pasarse á la Cartuja en el Paular de
Segovia. Venía en compañía del Padre Maestro Fray Pedro de
Orozco, el cual sabiendo el intento de la San ta, le dió larga

(1 ' G en. ¡tfl,


VIDA DEL UEATO P. S. J l ’AN DE LA CRUZ. 27

noticia del Iieato P. Fr. Juan sin temor do exceder on la rt'la-


oioiK ni que, el gran concepto que anticipaba del Bendito
Padre disminuyólo ;i. la experiencia su grandeza. Alborozada
con tales nuevas la Santa, so 1c asentó on el corazon era este
el Religioso que ella tanto deseaba. Habiendo hallado, pues, la
margarita preciosa que buscaba (1), no faltaba á esta celestial
negociadora sino dar todo cuanto tenia por ella. Así lo hizo, y
acudiendo á Dios en la oracion, se ofreció mil voces toda en
sacrificio y como en precio di* tan rica jo ya, pidiéndole á Su
Majestad esta piedra preciosa, para quo fuese la primera y
fundamental del edificio y espiritual fábrica de su Reforma de.
Descalzos. La noche antes que hablase al Santo Padre, con
estos grandes deseos que tenia, perseveró toda ella en oracion
luchando como otro Jacob con Dios ( 2 ). hasta que finalmente
alcanzó que la bendi jese el Señor con darle á este “bendito Re­
ligioso, ofreciéndole Su Majestad seria el primero que se
descalzase, con lo nial quedó la Santa muy gozosa, y dando
mil gracias á Dios por este tan singular beneficio.
Con la disposición dicha esperó la Santa al Siervo de Dios
á la manana, y en viéndole reconoció luégo en la modestia de
su rostro (adonde resplandece la prudencia de los sabios), todo
lo ([ue de su virtud y Religión le había dicho el Padre Orozco,
y nuestro Señor dado á entender en la oracion. Refirió á la
Santa Madre el Beato Padre Fray Juan sus ejercicios, sus
deseos, y la priesa que el Señor le daba para vida más retirada
y estrecha. Viendo la Santa tan buena disposición, le descu­
brió la suya y dijo: Padre; ó Hijo mió, tenga, paciencia, y 110
se vaya á la C artuja, que ahora tratamos do hacer una Reforma
de Descalzos do nuestra misma Orden; y sé yo que se conso­
lará con el aparejo que tendrá en ella para cumplir todos sus
debeos, y hará un gran servicio á su Madre. Iil Santo Padre
síi ofreció con gusto á la Santa, sacando solamente en condi­
ción que no se tardase mucho.
Viéndose la Santa con dos Frailes, ó como ella con gracia
solia decir, con Fraile y medio, aludiendo á la buena presen­
cia del Padre Fray Antonio y pequeña del Beato Padre Fray
Juan, grandemente se alegró, y habiéndolos confirmado en su

i 1 • M alí. 13, ( 2 ) Cicu. 'ií¿.


VIDA DK J. II KAT O Y. S . .H AN DE I,A C'HVZ.

propósito, los entretenia. esperando hallar casa ('ii que fundar


el Convento. No closcnidaha el Honor aquesta obra, siendo su
principal agento: y así entrando ol ano de 1 5 6 8 . volviendo la
Santa de la fundación <le Mon jas do Malagon á su ('‘un vento
de A vila, la visitó un caballero llamado Don Rafael Mojí a Ve-
lazquez, ol cual sin otra diligencia que la mocion interior, lo
ofreció mui casa ó cortijuelo que tenía en la aldea do Duruelo.
Aceptóla la Santa agradecida, y pasando á Medina la vió, por
caer no lejos del camino: y aunque ora pequeña, consideran­
do que Dios se la había deparado, la juzgó muy conformo á
sus deseos, que eran fundar con soledad y pobreza en imita­
ción de nuestros Padres antiguos. Partió ti Medina, y dio á
los dos Padre* la nueva feliz do su hallazgo. Parecióles tan
b ien , que respondieron con alentado fervor, que 110 sólo en
aquella casa, pero en una pocilga se encerrarían gustosos.
Viendo su determinación, en tanto que el P. Fr. Antonio re­
nunciaba el oficio, y daba cuenta de su persona al Provincial,
se partió á Valladolid á fundar el cuarto Convento de Monjas,
llevando en su compañía al Santo Fray Juan.
Procuró el 'Reato Padre aprovecharse di' la oeasion que
tenia en la compañía do la Santa y trato de las Religiosas,
informándose bien de todo el modo de proceder suyo en la
Reforma. Como estuvimos (dice nuestra Bienaventurada Ma­
dre) algunos dias con oficiales para recoger la casa y sin
clausura, había lugar de informar al Padre Fr. Juan de toda
nuestra manera de proceder, para que llevase bien entendidas
l<u> cosas, &c. De las cuales palabras manifiestamente se
colige, que el Beato Padre fue discípulo y como Novicio de la
Santa, en la vida descalza, para que despues fuese Padre,
Maestro y dechado de todos los demas, como lo fué. También
se colige que A él escogió nuestro Scííor para la primicia de
esta empresa: pues ordenó que >i él comunicase nuestra San­
ta Madre Fundadora las primicias del espíritu de la kefomni,
que Su Majestad había en olla depositado, como 011 principio
de toda la Congregación Descalza.
Este beneficio, que el B. P. recibía do. la Santa, pagaba y
agradecía él, 110 solo con el raro ejemplo do su vida, trato y
conversación del Cielo, sino también con la doctriua y m agis­
terio espiritual que en aquella casa ejercitaba, así cou la Santa.
V ida det . nnATO r . s. juan i >h la cruz.

Madre como con sus Hijas, confesándolas á todas y comuni­


cando sus alm as: con lo cual comenzó desde entonces á ser
juntamente Hijo y Padre espiritual de nuestra Aladre Santa
Teresa, y el primor Confesor, Padre y Maestro de. espíritu,
que ella y sus Hijas tuvieron de su Reforma de Descalzos. Ha­
biéndose negociado todas las licencias para la fundación de los
Religiosos, previno al Beato Padre para ella la Santa fu n d a­
dora, dándole un pobre ornamento y recaudo para decir Misa.
También le dio el hábito reformado, que se. había de vestir
allá, cosido por manos de la misma Santa y de. sus Hijas. Con
esta riqueza y previsión, con estas alhajas y ajuar, tomando
por compañero uno do los oficiales que trabajaban en aquella
fundación, para que le ayuda.se á disponer la casa en forma
de Monasterio, se preparaba para su jornada el Santo Padre.
Al despedirse do las Religiosas y tomar la bendición de la
Santa, delante, de ellas le dijo: Madre, pues Vuestra Reveren­
cia ha sido tan grande parte para que yo emprendiese
aquesta obra en servicio de Dios nuestro Señor, pídale me dé
su gracia, para que la comience en honra suya, y que sobre
ella y sobre mí eche su santa bendición. Vuestra Reverencia
también me dé la s u y a , y juntamente con las Hermanas se
acuerdo do encomendarme á la Divina Majestad. Arrasáronse
de lágrimas los ojos así á la Santa, como i sus H ijas, viendo
el fervor y devocion del Santo Padre; y considerando la
grandeza de la obra que emprendía de tanta gloria de Dios y
de su Madre Santísima, le respondió la Santa por todas: Vaya
Vuestra Reverencia, mi Padre, en hora "buena muy confiado de
que le ha de ayudar nuestro Señor, pues comienza una obra
de las de mayor servicio suyo que se le harán en muchos
siglos. La bendición de Dios lo alcanzará muy larga, y la de
V. Rev. es justo recibamos nosotras, como de Sacerdote del
Señor, Padre espiritual y Confesor nuestro. Mis pobres ora­
ciones y las de nuestras Hermanas tendrá muy ciertas, cuanto
lo será el gozo y el beneficio que. recibiremos todas en el buen
suceso de esta empresa.
Habiendo partido de Valladolid el R. Padre para ejecutar
los intentos de su Reforma enD uruelo. luego que descubrió
el sitio, regocijado con su vista grandemente, lo saludó con
alegres júbilos del corazon, como cercano y a á su cent.ro,
Mí) Vir>\ DF.r. ItF.VTO P. S. JT'AN DE LA CM’Z.
Llegando A la pobre casita. ayudado del oficial que traía con­
sigo, la dispuso nuestro gran arquitecto en la forma siguiente.
Primeramente hizo la Iglesia en un pobre porta lejó que tenia
la easa, el cual estaba representando el de Rolen, en que
nació Cristo Señor nuestro. Kl adorno más precioso con que
la compuso eran unas Cruces de palo toscas, hechas de ramas
de árboles. con otras tantas calaveras, que causaban horror
y edificación. Formó el C oreen la pieza de un desvan. que
tenia un tejadillo á dos vertientes, tan bajo en los extremos de
ella, que para entrar por él era menester arrodillarse. El
ventanaje y vidrieras de este Coro era un agujero del techo,
que se abría y cerraba con una teja, no tan luen ajustada, que
no diese (como también las demás) lugar franco á la luz, y
aun á la escarcha, lluvia y nieve. A los dos lados de él hacia
la. parte de la Iglesia fabricó dos apartados, como en ni tillas ó
celdillas, tan angostas y bajas, que solo admitían á su mora­
dor tendido ó arrodillado, porque estaban en el extremo de la
vertiente del desvan. Puso por cama en ellas un poco de. heno,
para que todo oliese al portalico de Rolen: por almohada una
piedra. una Cruz con que abrazarse v iv o . y una calavera en
que mirarse muerto, era el ajuar curioso y precioso adorno
de estas celdas. Tenía cada una su ventanilla al Santísimo
Sacramento, que eran las más apacibles y entretenidas vistas
para sus moradores.
La vivienda del Monasterio dispuso el Beato Padre no con
menos grandeza que la Iglesia y Coro. En un aposen tillo bajo,
sobre quien el Coro cargaba, formó el dormitorio del Conven­
to con dos ó tres celdillas, aderezado con el mismo adorno
que las demas. De la cocinilla que restaba en la casa antigua
hizo dos partes, señalando la una para cocina y la otra para
refectorio. El ajuar y menaje de ambas oficinas era muy
donoso: porque en el refectorio puso por mesa un pedazo de
tabla tosca, por vasijas un cántaro quebrado, por tazas para
beber unos cascos de calabaza. La eorina dejó asaz prevenida
con dos ollas viejas, que habían de servir los menos dias.
Este era finalmente el Monasterio todo, que formó y dispuso
nuestro Beato Padre. Oh edificio, si no de suntuosidad, lleno de
lenguas que están predicando una evangélica y perfectísima
pobreza! Oh edificio desprecio de los palacios y alcázares so-
v id a dkl lu í a t o p. s. .h a n ' d e i.a Hl
berbios del inundo! Estas paredillas v ie ja s. quo apénas darán
albergue á tres pobres descalzos, están haciendo burla de las
torres que levanta contra el Cielo el ambición de Babilonia.
No menos ponen moderación á los edificios monásticos, tan
crecidos ya y majestuosos algunos, que más parecen palacios
de quien reina, que tugurios ó chozas (cual debieran serlo)
de quien llora, propio oficio del Monje..
Habiendo pasado todo el dia el Beato Padre en disponer S il
Monasterio, le cogió la noelie tan olvidado de, sí, quo no
habiéndose desayunado todavía, envió al mozo al lugarillo á
pedir alguna limosna. Diéronle algimns mendrugos, con que
pasaron ambos aquella noche muy alegres. A la mañana, que
había prevenido con oracion la mayor parte de la noche, se
fué á decir Misa, y poniendo sobre el Altar el nuevo hábito,
lo bendijo, y acabando la Misa se lo vistió, Hiendo su materia
y forma la q u e ahora usan los Descalzos: añadiendo el andar
sin calcillas, choclos ni alpargatas, ni otro algún reparo en los
p ies: y así desnudamente vestido y recoleto, presentó á los
ojos del mundo la íigura del primer Descalzo Carm elita, y de
los Reformados el primero y el mayor. Viéndose en esta hu­
mildad y desnudez, y reconociendo lo que aquella mudanza
exterior le demandaba, puesto de rodillas presentó ¿ Dios su
propósito, manifestó sus deseos, invocó su favor, y poniendo
por su intercesora á La Santísima V irg e n , pidió le diese fuer­
zas, valor y perseverancia para que aquella obra, que no
había nacido de la carne y sangre, sino de D ios, tuviese de Su
Majestad el aumento v cumplida perfección.
De esta manera estuvo nuestro solitario Juan en su pobre
rhozuola y soledad de Duruelo por espacio de dos meses, que
su compañero Fray Antonio se tardó en venir. Los labradores
de aquella alquería ó lugarejo estaban atónitos viendo á su
nuevo ermitaño con aquella íigura y traje tan editicativo y
peregrino. Mirábanle y admirábanse de él, y mucho más
cuando llegaban á hablarle y le oían palabras tan del Cielo,
íbanse tras él, y no se hartaban de ver el nuevo Monasterio
con su Iglesia, Coro y campana. Acudían allí á encomendarse
ú Dios tocados de nueva l u z , y convertidos como en otros
hombres con la fuerza de tan raro ejemplo. Daban noticia de
este gran tesoro que se les había venido á su tierra á lo#
.‘ t í VliVv Ilfil, lili ATO P. S. JUAN DE LA C11U2-

pueblos comarcanos, y venía mucha gente de ellos. No había


otra cosa en la boca de todos aquellos labradores .sino el Fraile.
Descaían, y en sus corazones admiración y edificación de
an vida.

VIII.
R «nu«vn 911 p rofesión 0 >» D uruolo qn IMS. — Caml)in ol ap-ellúlo ¿ i Sia. Af.i/fa por d rfj
¡ti C r u z . — Prwliini un Ioh I n fim o s c ir íu iiv c c it u m . — I n s lr iij e ú los pTiuiuroH Sum iiüi-
rin s iln ln Kflfnrmn.— Su LrnKtnilu nn 1570 ni «mviMiUi <lu Manrurn, y <k'K|nu'HEii ilo Pim
trftna.— P asa al c o le g io de Alr.iüú en l.Yil. — llár.Brtlo (ron fusor da La téncarnn.r.i»n
(le Avila en 1372.

Habiéndose y a desembarazado de su oficio y ocupaciones


el P. F. Antonio de Heredia, llegó á Duruelo, trayendo eu su
compañía á un Hermano Corista llamado Fray José; y habien­
do gastado la noche eu larga y fervorosa oracion, por la
m añana, qué fué Domingo primero de A dviento, año de. 15 6 8 .
á los 2 tf de Noviembre, después de decir Misa los Sacerdotes con
singular devocion, hincados todos tres de rodillas en presencia
del Santísimo Sacramento con extraordinario gozo y alegría,
bañados en dulces lágrim as, renovaron su profesiou, y re­
nunciaron solemnemente la R egla m itigada. prometiendo á
Dios nuestro Señor y á la Santísima Virgen María del Monte
Carmelo, al Reverendísimo Padre General, de vivir conforme
á la prim itiva, sin m itigación hasta la muerte. Siguiendo la
costumbre que nuestra Santa Madre había introducido en las
Monjas de mudar los nombre de sus linajes y alen ñas. por
enterrar con ellos todas las memorias del s ig lo , el Padre Fray
Antonio desde aquel dia se llamó de Jesús. Nuestro Beato
P. F- Juan eligió la- C ruz, y el Hermano Corista Fray José se
apellidó de Cristo, haciendo entre los tres un Cristo Jesús
Crucificado. Poco después llegó el Padre Provincial Fray Alon­
so González, y gozoso de ver aquel nuevo Belen y religioso
Portal de los Religiosos Carmelitas, nombró por Vicario y
Prior del Convento al mas anciano de los tres, que era el
Padre Fray Antonio. Por Snbprior y Maestro de Novicios i
nuestro Beato Padre- Al Hermano Fray José para los oficios de
la casa. Hicieron luego entrambos Descaíaos sus ordenaciones
religiosas para disponer el modo de vida reformada, ajustán­
dose en todo á la Regla primitiva de la Orden.
Nuestro Beato Padre Fray Juan. A quien cupo la mejor
Vida nía hf.ato i*, s. ji:a s dií i.a orl:z. 33
parto de aquellos fervores primitivos, por ser el primero que
se descalzó, y en quien Dios derramó las primicias del espíritu
de que se había de alimentar la R eligión, si antes cuino parti­
cular miraba á su aprovechamiento y cdilicacion de los demás,
ahora teniéndolo por oficio y obligación, asi extendió sus
vuelos, que sin competencia todos le dieron la palma. Ade­
lantó su penitencia hasta parecer verdugo do su cuerpo: el ju ­
bón y calzoncillos de esparto y a le parecían suaves: las
disciplinar? de sangre 110 satisfacían su fervor: los cilicios
cobardes, si 110 taladraban sus miembros: la cama era un
rincón del Coro, sirviéndolo una piedra de almohada. A media
noche asistía á los maitines, y despues se quedaba en oracion
hasta venir la maííana: estaba en ella tan trasportado, (pie
habiéndose calado de la nieve, (pie entraba por entre las tejas,
no la sentía al caer, y solía (según escribe nuestra Santa Madre)
levantarse i Prima sin haberlo reparado. No era mucho, porque
el calor que le daba la oracion, era superior al frío. Venilla
la mañana, la gastaba en decir Misa y en ron Tesar á los que
venían do aquellas alquerías faltos de doctrina y de Maestros.
Iba el Santo (que era el mayor y el mas desocupado) á los
lugares circunvecinos á predicar á p ié, y dejando el fruto en
las alm as, guardaba para su cuerpo el dolor: pues cansado y
ayuno se volvía á su Convento, diciendo á imitación do Cristo
nuestro Redentor: Mi comida es hacer la voluntad de mi
Padre, que me envió para que perfeccione las almas (1). Suce­
dió un dia que guardó este su estilo, y habiéndose ya ido en
acabando de predicar, le alcanzó el criado del Cura, que le
enviaba a llam ar, y esperaba con buena mesa y regalo: mas
el Siervo de Dios, aunque agradeció la caridad, no admitió el
convite; y preguntado por el compañero la causa de tan ex­
traño desvío, respondió: No quiero, Hermano', que me paguen
ni agradezcan los hombres lo que hago solo por Dios. Digna
sentencia do Predicador tan Apostólico.
Habiendo y a dado principio nuestro Beato l ’adrr á la v id a
primitiva en esta soledad, siendo, después de n u e s t ra Madre
y Santa Fundadora Teresa, el principal Fundador de esta
Reforma, lo fué como Maestro su yo, informando, y como

I l ) J u a n .4.
3
31 VIDA OKI, REATO P. S. Jl'A N 1)H I , \ C R IZ .

verdadero Padre criando á los pechos de .su celestial ejemplo y


doctrina. Y así tuvo á su cuonta el instruir los primero* novi­
ciados de ella. Lo cual ordenó nuestro Señor para que la
Religión, que teda estaba entonces como en semilla, en aque­
llos pocos Religiosos, recibiese la verdadera forma de su
primitiva descalcez por boca y enseñanza del Beato Padre. á
quien Su Majestad habia de antemano comunicado las primi­
cias de este espíritu. Comenzó la ejecución do este magisterio
en Durnelo, donde quedó en el gobierno de la casa por ausen­
cia del Padre Fray Antonio, En esta ocasion, viéndose solo y
dueño4 en todo el Beato Padre,7 fué cosa maravillosa cómo
entabló el trato Con Dios, el ret iro y mortificación, y lo demás
perteneciente á la vida primitiva. Habíale dotado el Señor de
tal magisterio, discreción y capacidad, que entonces con la
voz, y despues con la pluma , llenó s il lteligion y las demás
de Angeles contemplativos. Su compostura exterior. nacida
de la presencia continua de Dios, casi visible á los demás, su
silencio humilde, su alegría modesta, afabilidad caritativa y
cortés le granjeaban la común estimación. Atendiendo ó lo
más propio de su oficio no era menos de notar la prudencia,
temple y apacibilidad con que recibía los Novicios, y encami­
naba en su vocacion. Penetraba primero las fuerzas y natura­
les, para medir con las unas el trabajo y dirigir los otros,
quitándoles los resabios é inclinaciones con que venían del
s ig lo : con que mortificadas las pasiones y apetitos, quedaba la
tierra de sus corazones dispuesta para la semilla del Cielo.
Ofrecióse poco despues la traslación de este Convento de
Durnelo al de Mancera, que fué año de 1570 á 11 de Junio.
Pasó á ella nuestro Beato Padre con dos insignes Novicios que
había recibido en Duruclo. Hízose la traslación con mucha
solemnidad, viniendo todos en precesión desde Durnelo á
Mancera, acompañados de algunos Religiosos de la observan­
cia, que se hallaron presentes. Luego se comenzó á esparcir la
fama de los Descalzos por toda aquella tierra, con gran opinión
de su ejémplar vida: y á esta voz concurrieron muchos de
diversas partes á pedir el hábilo. Creció en breve el número
de los Novicios, y recibiéronse algunos muy señalados, que
despues fueron esclarecidos varones en la Religión.
Habiendo ya instruido el Santo Padre los Noviciados de Du-
vin a DHL rtp.ATo r. s. ji'an de t.a cjrt‘z. 3o
rutilo y Mancora. so partió mediado Octubre ú hacer lo mismo
en el de Pastrana con título de Vicario do aquella casa. Halló
1*11 ella un escogido rebafnielo de catorce Novicios, (pie en el
primer a fio do kii fundación so habían recibido. todos excelen­
tes y de grandes esperanzas: los cuales, aunque muy fervoro­
sos y dispuestos ú toda perfección, pero necesitados de doctrina
por no haber tenido Maestro de asiento ni á propósito. Por lo
cual ol Santo Padre, como A quien tocaba la enseñanza común
de la Reforma, comenzó á instruirlos de nuevo en las obligacio­
nes de ella. Luego se ir.Im do ver en el "Noviciado y en toda la
casa la eficacia de su magisterio: porque andaban todos
alegres, devotos y alentados, y con una santa competencia
diligentes en el camino del Señor.
No pudo durar mucho la asistencia de nuestro Reató Padre
en Pastrana, porque habiéndose fundado en Alcalá en este año
de 1571 un Colegio, que fué el primero y de los mas insignes
do la Orden, fué señalado en él por primer Rector, para que le
diese, el temple debido á la virtud y k las letras. Admiró ¡i
aquella floridísima Universidad con la santidad de su vida y
ejemplo de sus Religiosos, que alentados de su fervor, sacaron
colmados frutos. Era cosa maravillosa ver el órden, observan­
cia y fervor de aquel Colegio', el trato y frecuencia de oracion,
los ayunos y vigilias, los alentados ejercicios de mortificación
y penitencia: de suerte, que yendo poco despues á visitar
aquel Convento el Padre Maestro Fray Pedro Fernandez, Comi­
sario Apostólico, admirado su compañero de tan gran rigor de
vida, lo pareció aquel la casa más cárcel religiosa de San Juan
Climaco, que Colegio de estudios. Y de tal manera estampó
nuestro Beato Padre en el corazon de aquellos primitivos Co­
legiales el amor á la virtud, prefiriéndole siempre al estudio
de las letras, que por esta causa quedó como en proverbio
común repetido d cada paso en nuestros Colegios: Relii/ioso y
estudiante, y el Religioso delante.
Por Octubre del corriente filé electa nuestra Santa Madre
por Priora dol Convento de la Encarnación do. A vila, do] Car­
men de la Observancia: y consiguió del Comisario Apostólico
que le enviase por Confesor al Beato Padre Fray Juan de la
Cruz, esperando de su doctrina y virtud, que dejaria aquel
Convento como ella tenía los demás do su Reforma. Partió el
3() VIDA DEL nr.ATO P . R. Jt'A N PE I.A CHUZ.

Santo Padre llevando por pompan oro al Padre Fray G om an do


S. Matía, entrado ya el ano de setenta y dos. Llegados á
A vila hirieron asiento en una casita, que se les señaló para
posada junto al mismo Monasterio do la Encarnación: y como
quien asienta allí su real, comenzó el Beato Padre su conquis­
ta y batería para mejorar y perfeccionar aquel Convento. Fue­
ron sus principales armas, despues de la confianza en Dios, el
ejemplo y la doctrina. Cuanto á lo primero, moraba en aquella
pobre casita apartado del bullicio de la ciudad, por estar fuera
de ella el Monasterio, como si viviera en una ermita solitario.
El trato de su persona era el mismo que en Durnelo. En la
comida ora muy pareo y mortificado: y porque esto venía por
mano de las Religiosas, era notable la edificación que les
causaba ver que jamás reparaba en (pie fuese buena ó mala,
poca ó mucha, bien ó mal guisada, ni so acordase de pedirla
cuando se olvidaban de darla. Tratábalas siempre con humilde
gravedad, sereno y modesto rostro, y una circunspección en
acciones y palabras tan grande, que por cualquiera parte que
le miraban les causaba edificación. No les daba ni recibía
regalos ó dijeeillos, aunque fuesen cosa muy poca y al parecer
devota; porque echaba de ver que en esta materia de lo poco
se viene á lo mucho, y de lo espiritual á lo sensual. Absteníase
también de mostrar más estima de una que de otra, más gusto’
de tratar con esta que con aquella: porque no fuese causa de
inquietud ó envidia on las demás la particularidad con una sola.
A todas ayudaba, a todas consolaba, á todas mostraba un sem­
blante, variándolo solamente según la necesidad de cada una.
La doctrina (arma segunda con que conquistaba las almas
de estas Religiosas para Dios) no era ménos eficaz que su vida:
porque era la misma vida suya, añadida la energía de la voz.
palabras hijas de las obras, doctrina nacida de la experiencia,
y magisterio todo lleno de vigor y celestial espíritu. Respon­
dieron los efectos á las causas, ('1 fruto á las diligencias, y el
provecho grande que dentro de breves dias se vió en las Reli­
giosas de este Convento, al gran cuidado, ejemplo y doctrina
con que el Beato Padre Fray Juan las ayudaba. Kn comenzán­
dolas á tratar, comenzaron ellas á conocer eu él su aventajada
virtud, su celestial espíritu, su rara perfección. Fué poco á
poco prendiendo en ellas aquella viva llama en que iban en­
VIDA 1IB1, BEATO 1*. R. JUAN DE I.A CRUZ. ‘37
vueltas sus palabras, y que arrojahan sus obras. y en breve
tiempo hizo tal oléelo, que parecía arder todo aquel Convento
en devocion.

XX.

hones niiluyrosos con 4110lc rn ririu e c e el S eñor.— S in g u la r poderío que tu v o sobro lo


dem onios.—Asee liam u s de estos contrn el D. Padro.

Para más acreditar la rara perfección y virtud del Beato


Padre en urden al mayor aprovechamiento de las almas y
glorificación de la Divina Majestad, quiso el Soítór descubrir
algunos de los dones con que le había enriquecido. Comenzan­
do por el que se ordena á hacer obras milagrosas, se experi­
mentó en Doña María de Yera, Religiosa grave de aquel
Convento, á la cual dió tan súbita y mortal enfermedad,
que. ¿nt.es que obrasen los medios la privó de los sentidos, y
lo que también1se tuvo por cierto, de la vida. Las Monjas con
el suceso atónitas y desconsoladas, llamaron al.Santo Padre,
y disfrazando entre el amor también sus quejas, le dijo una:
Buena cuenta ha dado vuestra Rev., Padre nuestro, de su Hija,
pites la ha dejado morir sin, Sacramentos. Calló el Siervo do
Dios, y retirado al Coro, se puso en oracion como otro Elias,
y haciendo instancia á, Su Majestad, fué tan eficaz, que la
Religiosa y a difunta, á vista de muchas que en su celda la
asistían, comenzó h mudar semblante, abrir los ojos, monear
las manos y mostrar alientos de vida. Las Monjas, alegres
con la novedad, acudieron al Coro de tropel á dar al Santo
Padre el aviso de la resurrección de la difunta: el cual sin tur­
bación respondió á la Religiosa que se le habia quejado: iH ija ,
¿está conlentaí Con que las confirmó en lo que y a todas creían
de que aquella maravilla era efecto de su oracion. Llegó á la
recien resucitada, y hallándola con muy entera vida y muy
en s í , la fué disponiendo para Dios. Confesóla despacio, dióle
los demas Sacramentos, con los cuales dispuesta y prevenida,
volvió ¿ entregar á Su Majestad el espíritu (pie para su mejor
disposición le había prestado.
Estando, pues, una vez de estas, dia de la Santísima Tri­
nidad, hablando á la reja de un locutorio ( que hoy por esta
causa se venera) sentado por la parte de afuera, él en una
38 VIDA DEL. BEATO V. X. JUAN I)K l.\ CRUZ.

silla y la Santa por la (b adentro en un banco. comenzaron


su plática. Eran ambos insignemente devotos de est.o Sacro­
santo Misterio, y particularmente el Deuto Padre, que recibía
frecuentes y altísimas ilustraciones acerca de él. Comenzóse
la plática, y eu ella (dando la Santa lugar al Siervo tle Dios,
cornoá Maestro y Padre espiritual) tomó el Reato Padre la
mano en la declaración de este Misterio. Abrió aquella celestial
boca, y trasladando á los labios parte de la luz y altísima
noticia que infundía Dios en su alm a, comenzó á significar tan
altamente la soberana profundidad de este Misterio, que parece
quería correr el velo á ta n arcana Majestad. Salían envueltas
las razones en pedazos de luz y de fuego Divino, y era cada
palabra una saeta. Fuese engolfando en aquel inmenso océano,
y encendiendo más y inás el corazon con noticias y luces tan
altas, ip ic s e iban excediendo unas á otras, hasta que tinal-
rnente no pudiendu y a sufrirlo la flaqueza humana, arrebata­
do el entendimiento de tan subido objeto, se desprendió de los
sentidos. Quísolo, como otras veces, impedir el humildísimo
varón, pero á su resistencia creció más la fuerza de la impresión
comunicada: y redundando su influencia eu las potencias iu -
lm o re s, bis llevaba tras si. Aquí viéndose y a sin remedio,
vencido de aquel poderoso Angel con quien luchaba interior­
mente, no pudiendo más resistirse, se asió fuertemente á la
silla donde estaba sentado, para moderar siquiera de esta suerte
la dulce tiranía de aquella elevación. Mas ( ¡oh grande y pode­
roso Dios!) vióse en este punto un efecto sobre manera mara­
villoso: porque asido como estaba á la silla, dio consigo y con
ella en el tocho del locutorio, y subiendo por el aire en su silla,
como en otro carro de fu eg o , á imitación de su gran Padre
Elias (1) , parece quería ascender triunfante como é l , ó subir
cual fuego á su esfera, ó volar como Serafín á la suprema Jerar­
quía. La Santa, que atenta á sus palabras y sem blantes, iba
recibiendo en sí los mismos efectos, ora de oir al varón de Dios
tan altas cosas, ora de verle tan admirablemente suspenso, lo
quedó ella también en el mismo puesto, y arrodillada, según
que solía estarlo cuando le o ía , y con semblante y ademan
como de quien le estaba mirando y venerando en aquel Divino

{1 )1 . Rep. 2.
VIDA DEL 13KAT0 l’. .S. JU A N D E LA CRL’Z- 39
espíritu que moraba en su aliña. Este espectáculo tan prodi­
gioso de. entrambos á dos así elevados acertó á ver una Reli­
giosa, llamada Beatriz de Jesús, que dcspnr's fué Monja
Descalza, y murió siéndolo en ol Convento do Ocima, l.i cual
entrando á dar un recado á nuestra .Santa Madre, y abriendo
el locutorio, pasmó vi oxido representación tan admirable y
peregrina, y otras M onjas. «pie avisó y fueron testigos de este,
¡sabroso espivtáeulo. Preguntó después á la Santa la causa do
osle oled o , y supo do su misma boca que había sido el que
habernos referido. ¡Vea ahora el mundo cuál es la fuerza del
Divino amor! ¡cuán grande el que en aquellos sagrados pechos
ardía! ¡cuán maravillosa la luz de esta antorcha de .7u an , y
cuán Divino su espíritu! pues liasta la ('amo do que estaba
* vestido, se vestía de las condiciones y propiedades de ol.
En este misino Convento fué donde nuestra Santa Madre
más particularmente que en otra parto alguna experimentó
cuán de ordinario andaba este celestial varón suspenso en Dios,
porque cuantas veces le hablaba, le hallaba tan embebido en
oracion, que á pocos lances se le quedaba absorto en medio de
la plática. Por esto decía la Santa: Que no se podía hablar de
Dios cm el Padre F ra y Juan, porque luego se trasponía, ó hacia
trasponer, como á ella le acaeció en el caso referido. Otra vez
también le sucedió que estando con nuestra Santa Madre en el
recibimiento de la Encarnación, le dió un ímpetu de elevación
tan fuerte, que queriéndolo disim ular, so levantó de la silla
en p ié, y preguntándole nuestra Santa Madre si aquello ora
alguna suspensión, respondió con humildad y llaneza: Creo
que sí- En lo cual 110 sé de qué más me m araville, si de la
fuerza y perpetuidad de su oracion, si del recato con que pro­
curaba evitar su exterior nota, ó y a de la humildad con que
apenas confesaba lo que era tan patente. Este es el estilo .pro­
pio de los Santos, y esta la modestia con que deseando encu­
brirse se descubren.
La tercera demostración con que nuestro Señor manifestó
cuán agradable le era este su Siervo, fue. una aparición mara­
villosa en que se le mostró Cristo crucificado lastimosamente.
Estaba orando el Venerable V arón , y contemplando en los
dolores que Su Divina Majestad había padecido en la (’ruz.
aquel Divino rostro afeado, su lastimera fig u ra , y el descoyun­
4 rt VIDA DEL BEATO P. F¡. .TITAN' T)E LA CHUZ.

tamiento do lodo su sagrado cuerpo: y absorto cu la considera­


ción de este paso, que solía enternecerlo las entrañas, vio
súbitamente delante de los ojos lo (pie .se le representaba, dentro
ile su alma, que como contemplado ilustraba el entendimien­
to , é imaginado ennoblecía la imaginación; asi visto regaló
el sentido de la v is ta . para que todas las potencias cognosciti­
vas quedasen con esta excelente visión perfeccionadas, y todo
el hombre interior y exteriormente enriquecido. Quedóle,
aquella figura tan impresa, que despues á solas tomando una
pluma la dibujó en un papel con solas unas lineas en la forma
que aquí se verá, advirtiendo que el Cristo pequeño y derecho
es ol aparecido de bulto, el grande y escorzado es el dibujo
que de él hizo el Santo Padre.
Tres cosas, entre otras, son dignas de ponderación en este,
dibujo. La primera, la posicion en que se le representó Cristo
Señor nuestro. y la que tenía el venerable varón cuando le
vio. La segunda, el artificio del dibujo. La tercera, la dovocion
que representa, y causa. Cuanto á la posicion, supuesto que le
dibujó en la forma que se le representó, consultadas las reglas
de buena perspectiva, parece haberle visto el Santo Padre es­
tando ('1 Crucifijo (el cual se apareció derecho perpendicular-
mente) por el lado izquierdo, no en el paraleló de los brazos
de la Cruz, sino más afuera, y así piulo hacer á su vista aquel
escorzo. V para que así le viese, es fácil considerar y creer es­
taría el Siervo de Dios en alguna ventana ó tribuna que en
las Iglesias de Conventos suele, haber, al lado del Altar mayor,
on medio del cual se considera haberle aparecido, vuelto dere-
rechamente al pueblo. Más ¿por qué a s í, y no vuelto al mismo
Santo Padre? Podríase creer haber sido para representar con
aquel escorzo á sus ojos una figura m is lastimosa y descoyun­
tada de lo que pareciera derechamente. Acerca del artificio,
cuantos saben de él en la pintura lian admirado, que lo más
dificultoso do ella, que es la perspectiva en escorzos, la hubie­
se ejecutado tan diestra y fácilmente quien no hubiese y por
muchos años ejercitado el arte de pintar. Porque dibujar obje­
to ausente en aquella forma, pide tan singular destreza., que
los mayores maestros de esta arte, qur le han visto, tienen á
particular milagro haber hecho este dibujo quien no fuese
muy ejercitado y diestro pintor: pues aun los que son tenidos
vida nrci. iie a t o p. k. j i ’an dk r,\ r:m:r/. 41
por tales, habernos visto errar en las copias que liau sacado dpi
original, teniéndole presente. Cuánta sea, finalmente la devo­
ción quo este dibujo representa Ty can sa, ól mismo lo está di­
ciendo á quien atentamente lo considera; porque verdadera­
mente se muestra en él muy al vivo aquel aspecto de. Cristo
m irificado y muerto, y hace su vista en lo.s corazones piadosos
muchos maravillosos electos, que so experimentan cada dia.
Ya el resplandor de. tan gran luz no cabía en tan corta es­
tera como el Monasterio de la Encarnación: y por más que el
Heato Padre, procuraba encubrirlo y recogerlo, se traslucía y
derramaba por toda la ciudad. Corría en ella la voz del Descal­
zo Carmelita, de un varón del Cielo, de un hombre Divino, cu­
y a vida y doctrina eran milagrosas. Comenzaron á comunicarle
y conocerle: y aficionados á su trato, cuanto aprovechados con
su comunicación, acudían á él por consejo y remedio en sus ne­
cesidades . como á oráculo y refugio común. Tenía don particu­
lar del Cielo para filiar alm as, para desembarazar espíritus,
para serenar corazones: y como hay tantos necesitados de este
remedio, eran muchos los que le buscaban y hallaban on él.
Dióle á muchas personas fatigadas de escrúpulos, á otras ator­
mentadas de m elancolías, y á otras también, que engañadas,
. ó con ignorancia, ó con error habían perdido el verdadero ca­
mino del espíritu. Enseñó el de la contemplación á muchas al­
mas. y en todas las que le trataban era admirable el fruto que
hacía. De esto participaron más algunos Conventos de Religio­
sas, las cuales oyendo decir lo mucho que con su trato hahían
aprovechado las de la Encarnación, procuraron con una santa
envidia gozar también ellas de. tesoro tan grande. Importuna­
do de su devota instancia, hubo de acudir á su consuelo, «i co­
m unicarlas, confesarlas y hacerles pláticas espirituales, de lo
cual se veía presto el fruto en sus almas.
No fué el menor beneficio que hizo A algunas almas muy
perseguidas y aun poseídas del demonio, librarlas de sus ma­
nos: Dió el Señor al bendito Padre, entre otros graciosos dones,
luz particular para conocer y discernir espíritus, y un singu­
lar poderío sobre loa demonios. De ambas gracias halláremos
en el discurso de su vida muchos y raros ejemplos: pero los
que en esta parte se nos ofrecen, son muy extraordinarios:
pues le merecieron el nombre de segundo Basilio, Había en un
42 AIDA T)!ir. ItlíATü i*. S. JI. V.N' L>E LA CHUZ-

Monasterio de A vila una Religiosa, á quien envidiando ol de­


monio la perfección con que viv ía , comenzó á molestarla con
espíritu de blasfemia, ingiriendo proposiciones contra la 1’e, y
tentaciones contra la castidad que había profesado. (Yimunic.ó-
las con el Santo Padre, que conociendo al autor de su inquie­
tud, le aplicaba ú tiempo las medicinas convenientes. Aunque
Iíi paciento recibía .sosiego en su presencia, en ausentándose
volvía el demonio á su porfía, y para enredarla más, tomaba
la figura dcL Santo Padre, y en el confesonario la instruía con
doctrinas perniciosas. Volviendo el verdadero Confesor y ente­
rado del arte de su enemigo, procuró remediarlo, dándole por
escrito lo que había de hacer cuando padeciese semejantes
tentaciones.
No se ti ió con esto el demonio por vencido, antes ufando
del mismo ardid, escribió olro papel, imitando la letra, y firma
del Santo Padre: y en el le decía, como por 110 poder excusar
cierto viaje le quería dejar algunas advertencias acerca de lo
que antes le había ensenado ])or escrito: porque considerándolo
mejor, halló que tenía doctrinas tan apretadas, que la habían
de causar nuevos escrúpulos, y en vez de quietar, turbarle
más la conciencia. Como'la Religiosa conocía la letra y tirina
del Santo, gozaba de su libertad, aunque extrañó lo opues­
to de su doctrina. Volviendo al Convento el Santo Padre,
conoció el embeleco de Satanas. pidió el billete, y aunque co­
noció ser la letra muy semejante á la suya, 110 sus propo­
siciones: con que desengañó á la Religiosa: y viendo la aflic­
ción de aquella alma y astucias de su enemigo, valiéndose de
los exorcismos de la Iglesia y armas de su oracion, conjuró al
demonio y le venció, dejando á la Monja libre de su tentación,
y en adelante más cauta.
Mayores circunstancias tuvo el suceso siguiente. En otro
Convento recibió el hábito cierta doncella, que siendo de edad
do seis años, se le. apareció el demonio eu figura corporal,
y ella pagada de su aparente hermosura, le entregó todo
su afecto. Era de su natural aguda y muy salada eu sus
dichos. Valiéndose el demonio de su inclinación, le ofreció ha­
cerla más docta y más discreta que bis varones má.s sabios, y
así lo cumplió, sacándole por condicion, que le habla de hacer
lucí cédula firmada con su sangre, de que 110 había de recono­
VID A PKL HKATO 1*. S. JUAN DE I, A CHUZ, 43

cer ¡i otro (pío ;i él por os poso. ¡Olí lobo infernal, hambriento


siempre por sanare y corazones hu m anos1 líízolo así la pobre-
cilla, ayudándole ol demonio á picarse con t;il destreza en una
de las arterias (cuya sangre purísima mana del corazon), que
sin recibir daño pudo sacar la (pie era menester para escribir
la cédula, que al lin le dio escrita y firmada de su mano. He­
cho esta pacto y apoderado el infierno de ¡upidla miserable
alm a, la trastornó de suerte, que llegó á aborrecer á Dios,
y deseaba quo otros le aborreciesen, para hacer á su nuevo gu ­
ian aquel obsequio.
Creciendo en edad, ó y a porque no tenia en su casa como­
didad para elegir otro estado, ó y a porque el demonio por su
medio pretendía la perversión de otras almas, entró en el Con­
vento, donde la recibieron con gusto por el interés de sus g ra ­
cias. Hablaba todas lenguas, sabía todas las artes, y en la teo­
logía discurría con tanta su tile za , que tenían su ciencia por
infusa. Mas como siempre se nota lo singular, y es sospechoso
lo que mucho sobresale, entre otros muchos entraron en cui­
dado los Prelados de su Orden para examinar lo que tantos
celebraban.
Despues da hablar algunos Maestros g ra ve s, y no dar
Tondo í'l la materia, tuvieron noticia de nuestro Beato Padre
y la discreción de espíritus de que el Señor le había dotado, y
le rogaron tuviese por bien de examinar el de aquella Religio­
sa. Excusóse al principio; pero vencido de la instancia y corte­
sía, se rindió. .Señalado el dia para hablarla, se preparó con sus
armas ordinarias de oracion, penitencia, viva fe en el Señor,
y total desconfianza de sí mismo. Llegó al Convento, y salien
do la Religiosa al locutorio, luego que se vió en su presencia,
110 solo la bachillera calló y la sábia enmudeció, sino que co­
menzó á temblar por ver se había descubierto su enredo.
Con estas muestras y luz superior que asistía al Santo Pa­
dre, reconoció la causa de aquella enfermedad, y la declaró á
su> Prelados, diciendo como aquella Monja estabu engallada
del demonio, y era menester conjurarla muchas veces, porque
tenía antigua posesion de aquella fuerza.
Despidióse el Santo Padre, mas los Prelados de la Religio­
sa dándole todas sus veces, le suplicaron, que pues había des­
cubierto la enfermedad , aplicase los remedios. Rindiéronle, no
11 VIDA I I KI, KKATO 1‘ . S. Jl'AN 1>K L A CHUZ.

tanto los Superiores, como su caridad y peligro tío aquella al­


ma. lín el primor conjuro se certificó más el caso, porque la
privó ol demonio dol sentido, y él mismo quedó mudo, siendo
antes hablador. Al segundo lo desató la lengua, y obligó á (pie
mal á su pesar declarase el tiempo, ol daüo y causas do haber
entumido aquella alm a, y cuántos la poseían entóneos. A
lo primero respondió lo que ya dejamos referido: como va­
liéndose do sus bachillerías desdo los sois anos cayó en su
trato, y lo confirmó con una cédula, que le entregó firma­
da con su sangro. A lo segundo, que alli estaban tres le­
giones do demonios, y Lucifer ora el principal de todos ellos.
Mandó el Siervo do Dios á fuerza de conjuros, que viniese y
asistiese allí Lucifer, el cual se presentó luego, según se
vió en el aspecto y palabras de la paciento. Porque se puso
tan feroz y terrible, que las Monjas huyeron do miedo, y
quiso hacer lo mismo el compañero del Santo Padre, si él
uo se lo impidiera y le animara, diciendo no tem iese, pues era
Sacerdote del Señor. Y si el Varón Santo no reprimiera aquel
furioso espíritu, parecía querer despedazar á los circunstantes,
y con soberbísimo orgullo repetía: ¿á mi. Frailecillo? ¿110 ten­
go yo siervos? sintiendo que le hubiese competido á responder
al conjuro. Prosiguió el Santo, pareciéndolo poco todo el infier­
no contra la virtud del Señor que le asistía.
La Monja, á quien sólo cuando la conjuraban, se privaba
del uso del sentido, cuando volvió á él y vió que y a el Santo
Padre sabía su perdición, se la declaró más despacio. Toman­
do de aquí ocasiou el S anto, le fue halagando la. voluntad y
alumbrando el entendimiento, que una y otro tenía tan per­
turbados. y con razones tan fervientes la acometió, tales con­
sideraciones lo propuso de la misericordia de Dios, do la
dulzura de su trato, do lo amoroso que recibe á quien lo
llama, que comenzó la enferma á despertar y desear su remo-
dio. Bramó cou esto el demonio, y usando de sus astucias,
tomó la forma del Santo y de su compañero, y llegando al tor­
no dijo ¿i la portera, llamase la Koligiosa al locutorio. Estando
con ella el falso Confesor, como desdiciéndose do lo que Antes
la había aconsejado, tanto le comenzó á exagerar la gravedad
de sus culpas, la imposibilidad del perdón, el poder del de­
monio para hacerla cumplir la cédula que le había dado,
VIDA Dlv!. MEATO P. R. JUAN' ni? t.A ClU'Z. 4.')

que la pobre mujer se deshacía en lágrim as, y estaba á la


puerta de la desesperación, viendo que quien le había pin­
tado á Dios tan amoroso, ahora se lo volvía y mudaba, co­
mo decía Job ( 1 ), eu rigoroso y cruel.
No se le encubrió al ¡Santo Padre lo que pasaba en el Con­
vento. Avisado del Señor partió á él y pidió por la Keligiosa,
Respondió la tornera, no la podía hablar, porque estaba con el
Padre Fray Juan de la Cruz. ¿Como puede ser eso (replicó) si
yo soy Fray Juan de la. C ruz, y no el (pie* está en el locutorio?
Futró en él el Santo Padre, y al punto que lo vió , se desvane­
ció el demonio y halló á la monja casi desesperada. De esta
acción se valió el Santo jiara darle á conocer con más facilidad*
así el engallo y flaqueza de su enemigo, que huía de un pobre
Fraile, como la piedad del Señor, que cuidaba su remedio
cuando ella menos le obligaba: con que la volvió en sí, y dejó
con más ánimo y consuelo. Ya habían acudido al locutorio las
monjas, y en su presencia el Santo conjuró á los demonios con
ánimo tan superior, que aunque más se resistieron, no solo les
obligó á confesar que su príncipe los había enviado con órden
particular para hacer desesperar aquella alm a, sino á que sa­
liesen de su cuerpo y la dejasen libre, y últimamente ¿ q u e
volviesen la cédula que les había entregado. Todo lo hicieron
á su pesar, y á vista de todas arrojó el enemigo la cédula que
luego quemó el Santo Padre. Con lo cual la Religiosa que­
dó en el alma y cuerpo libertada, y los Prelados y Convento
tan agradecidos, que le aclamaron por segundo Basilio: pues
en la acción de obligar al demonio á que volviese la cédula,
fueron los dos semejantes. A otras muchas almas sacó el Beato
Padre con superior virtud, de entre las uñas de este rabioso
león, cómo diestro y valeroso pastor.
ISo solamente á los Conventos y personas religiosas, sino
¿ los seglares también acudía el Beato Padre y procuraba apro­
vechar, confesando, comunicando y enseñándoles con pocas
palabras, con mucho ejemplo, con rara modestia, con admira­
ble morlo, de donde se seguía no menos admirable fruto, como
se verá en algunos casos que aquí referiremos. Había en aque­
lla ciudad una doncella hermosa y rica, y aunque bien nacida,
4 (> vida nía m:\to \\ a. jcan dk i.a c ito ,
inrims hion disciplinada. y compuesta. Era con su hermosura y
gala lazo de muchas almas perdidas, y común tiranía do la
vaga juventud. que adoraba aquel ídolo. Algunas personas de
las que, ó por sangro ó por amistad, colaban su honor y desba­
ban moderar su licencioso desenfado, tomaron por acuerdo
aconsejarle se confesase con el Descalzo Carmelita, parecién-
doles que solo este medio era bastante pava componerla. Resis­
tía ella estos intentos, huyendo del Siervo de Dios, cuino tam­
bién de su remedio. Instaron las amigas (tina y santa amistad)
para que le hablase siquiera alguna vez, como lo hacían otras
muchas personas: porque á un varón santo no hay quien ó
por devoción 0 por curiosidad no le vea y comunique. Tanto
pudieron los ruegos y el buen celo de. las que le persuadían
esto. que finalmente alea n/a mu de ella no solamente que ha­
blase al lieato Padre, sino también que se confesase con él.
L le g ó ? pues, un dia (no con poco temor) á los piés del Siervo
de Dios, creyendo qne de entre aquellos piéis descalzos, hábito,
figura y aspecto, todo tan rígido, no había de salir con vida,
miedos con que la detenía el demonio. y suele detener á otras
tales. Mas desengañase muy prest*», porque halló luego en el
Beato Padre una acogida muy suave, y un trato tau llano v
saniamente apacible, que con suma facilidad y gusto se confe­
só con él, y oyó y recibió sus documentos y doctrina. Quedó
tan prendada de esta primera comunicación, que determinó
continuarla, como lo hizo, frecuentando el confesarse y comu­
nicarle muy despacio, líesultó de aquí una muy notable mu­
danza en su vida. Dejó bis galas y vistióse de jerga, huyó lo s
pasatiempos, y encerróse entre cuatro paredes, renunció los
regalos y abrazóse con la penitencia, recompensando con el
bueu ejemplo de la vida presente el desperdicio de la pasada,
y edificando ahora lo que antes había destruido, hecha y a
ejemplo laque habiasido lazo en la ciudad. Tal, fué el efecto
de su conversión, tal el que causaron en ella las palabras de
aquel Varón del Cielo.
Otra presa que tenía más entro las unas le quitó nuestro
Descalzo al demonio, y con ella un pecado muy escandaloso y
público A la ciudad. Había allí misino una mujer dedicada á
Dios, ya no dedicada sino al demonio, porque rompiendo la fe
al Celestial Esposo á quien estaba con voto consagrada. ofen-
VIDA DEL DEATO P. S. JUAN T)M LA CHUZ. •í?
din su honor con su sacrilego y ron ti n tinelo adulterio. Trájola
Dios piadosísimo á los pió? do nuestro Santo Padre. el cual do
tal manera supo disponerla v ablandarla. que vino á conquis­
tar aquel corazon y restituirle ¡i su propio dueño y Esposo Je­
sucristo. Compungida la mujer, y bailada on amargura do
lágrim as, abominó la maldad, aborreció el pecado, olvidó ol
deleite, y negó la vista y aun la memoria á la ocasión , dando
satisfacción al público escándalo con la pública enmienda y
ejemplo de su vida. Sentido de esta mudanza el sacrilego cóm­
plice. y revestido do 1111 furor diabólico, determinó tomar ven­
ganza de quien le había estorbado la ejecución de sus torpezas.
Esperó una tarde al Siervo de Dios á la puerta del Monasterio
de la Encarnación, donde estaba confesando á las Religiosas, y
al tiempo que salía de la iglesia para recogerse á su hospicio,
embistió con él, y con un palo le dio tantos golpes y tales, que
le derribó en tierra, quedando el Siervo de Dios muv maltrata­
do . pero muy gozoso do haber padecido algo por Cristo, liien
conoció ol Boato Padre al malhechor, pero teniéndolo por muy
gran bienhechor calló siempre su nombre, agradeciéndole en
sus oraciones aquella buena obra que le había hecho, y pidien­
do á imitación de Cristo, que Dios le perdonase. Decía despues,
refiriendo este caso, que 110 había sentido en su vida mayor
consuelo que entónces, por saber que padecía aquello por amor
de Dios. y por sacar una alma de pecado, cosa tan agradable á
|a Divina Majestad, y que así por esta causa le habían sido á
él tan didees los palos, como á San Esteban las piedras. De
esta manera nuestro Venerable Descalzo reducía las almas,
componía las costumbres y tenía edificada toda la ciudad.
Pero la soberbia de aquel altivo espíritu, cuya orgullos!
cerviz había el Varón de Dios hollado tantas veces, no podía
sufrir que un pobre Frailecillo triunfase de toda su potencia, y
quedase siempre superior y victorioso. Armóse, pues, de nue­
va rabia contra él, y solicitado de su envidia, espoleado de su
afrenta y arrebatado de su misma furia infernal, comenzó co­
mo león á rodear al Varón Santo, rugiendo por tragarle. Tentó,
pues, el maldito espíritu la constancia del Beato Padre por la
parte más flaca, que es la carne, con uno de los ensayos más
propiamente suyos que él pudiera inventar.
Tenia (como se lia dicho) el Siervo do Dios su morada eu
4X V ID A 1)KÍ, TI tí A T O P. S. JUA N I»H J A C ltU /.

una casita, fuera de la c iu d a d , aunque corea d e l Convento, ert


parte solitaria, listaba ol compañero ausente aquellos dias, y
el Beato Padre solo. Recogido ya, pues, una noche, muy tarde,
y ocupado como solía on s i l oracion, ve d e improviso (pie. entra
por la celda una figura de mujer, que sin darle lugar á preve­
nirse > se le pone delante. Salteó el corazon del vigilante soli­
tario un súbito temor, y asombrado de ver en aquel retrete y á
tal hora visión semejante, juzgándola por invención del demo­
nio, se reparó contra ella con las armas de la Cruz y confian­
za en Dios, invocando el dulcísimo Nombre á quien arrodillado
tiembla el Infierno. Conoció La mujer el temor del Varón San­
to, y antes que le abriese la boca, derramando ella de la suya
cuanto veneno habia prevenido en s u lengua la. serpiente in­
fernal, se anticipó, y lo dijo: No soy, oh Juan, como piensas, el
demonio, ni lisura, ó visión fantástica. Mujer soy verdadeya,
aunque perdida y desdichada. Bien couoc.es á la que tienes de­
lante, pero no bien cuánto la debes. La. doncella soy que tanto
há lleg a á tus pies, que oye tus documentos, venera tus pala­
bras, estima tu trato, y en traje y nombre de virtuosa y devo­
ta te comunica las cosas de su alm a , si bien la principal que
hay en ella te la he celado hasta este punto. Y a no he podido
reprimir tan vehemente afecto, disimulado he, resistido he,
homo detenido en el respeto á tu virtud, en el decoro ¿ mi ho­
nor , en los imposibles á la esperanza: mas y a la fuerza de mi
pasión me lia vencido y rendido del todo, hasta, hacerme salir
de la casa de mi padre y llegar á esto lugar.
Conoció el Venerable Varón á la doncella, y tembló de
verse en tan poderoso peligro, habiendo de luchar no y a con
sombras del demonio, sino con verdadero objeto de su ma­
yor arm a, y contra su mayor potencia, que es una mujer her­
mosa , noble, ric a , de buen nombre, y hasta entonces ho­
nesta, embestida de un inmundo espíritu, que se disfraza eu
ella. Alzó á Dios los ojos y ol corazon el humilde Padre, col­
gándose de los pechos de su Divina Providencia, sabiondo
que nadie es continente si Dios no da el serlo (1 ), y que faltando
su mano, no hay constancia aun 011 los montos y cedros más
robustos. Tuvo en esta oca&ion propicio al Señor (que este es el

{i) s¡ kp . 8 . 2 1,
VIDA DlíL DEATO I*. S. J l ’AN P E LA CHUZ. 49

fruto de, haberlo antes granjeado), y así pudo con su'ayuda salir
victorioso de esta batalla, quedando nr> su lo libre él del peligro,
sino reducida también por su medio la mujer. Armado, pues,
con una valerosa constancia y ardiente celo de la gloria
de Dios, y del provecho de aquella alma, comenzó á reducirla.
Tara 1c» cual fulminaba razones y flechaba palabras, impe­
lido del afecto interior el fervoroso Padre, deseando encender
aquella alma en el amor de Dios. Para lo cual, ¿quó perfección,
qué atributo, qué efecto, qué beneficio Divino uo le propuso
y representó minutamente amable? Y despues de haberla
atraído con lo dulce y amoroso que hay en Dios, revolvió con
lo terrible de la Divina justicia para atemorizarla con .su
castigo, en cuya ponderación no dejó ira, horror ni llama que
no fulminase sobre aquel corazon , desmenuzándolo entre
asombros. Temblaron sin duda, al trueno y majestad de su
voz, 110 solamente la triste mujer, que y a temía se la tragase
viva la tierra, sino también los demonios, que venían armados
con su figura. Y asi dejándola ellos del todo libre, pudo volver
en s í , y bañada en lágrimas y cubierta de su antigua vergüen­
za , se arrojó á los piés del Varón Santo, pidiéndole perdón y que
se le alcanzase de Dios, y reconciliase con él, dándole la peni­
tencia que quisiese. Consolóla él piadoso Padre, y confirmán­
dola eu su ya buen propósito, la despidió para que se volviese
;í su casa, saliendo de la del Siervo de Dios hecha un Angel
laque había entrado poco ántes mi demonio.
Todo esto era añadir nueva rabia á los enemigos infernales,
viendo que sus venganzas se volvían en afrentas, y que
cuanto más á su contrario perseguían, más le coronaban. Con
todo eso 110 desistían de su intento, valiéndose de la licencia
. que en la permisión Divina bailaban para maltratarle y ator­
mentarle el cuerpo. Hacíanlo muy de ordinario á las noches
con espantos, visiones, ahullidos y golpes que le daban, de.
los cuales alcanzaba alguna vez parte al compañero. pon pie lo
era de quien tanto aborrecían. Pero como de todos esios
trances saliese el esforzado Varón siempre con ganancia, y
ellos con pérdida, buscaron ocasion más fuerte, batalla más
sangrienta en que triunfar y vengarse de él. Armáronle una
persecución terrible, una prisión y cárcel apretadísima: de la
cual tuvo el Varón de Dios aviso del Cielo mucho ántes que
íiO VIDA DF.r, BF.aTO P. s . JC a N i>f. i.a CUVJ..

sucediese, y asi lo dijo estando en este Monasterio do la En­


carnación do Avila ú una Religiosa de él, pidiéndola le enco­
mendase á Dios para este trance: y respondiendo e lla , que
cómo estando tan gastado, flaco y acabado de penitencias,
había de poder llevar más carga de trabajos, replicó él di­
ciendo que 110 dudase de ello, porque sin falta sería así: como
en hecho de verdad lo fué, según ahora diremos.

X.
Prisión do N. S. Podre en ol Convenio de Toledo en. 15H5. — Penosos castlgou quo «u
frió ilnrm ile ella. —Nuevos LHiliiiJOft y v isita det Señor y «lo bu SnnlÍBinm Miniiir,

Llegando el año de mil quinientos setenta y seis, que


cumplía cinco de su residencia en Avila (fuera de algunas
breves ausencias que hizo á Medina y al Capitulo Provincial
de Almodóvar), le sucedió este lance tan prolijo, y que yo qui­
siera excusar, si no fuera el mayor esmalte que en la
diadema de su santidad está venerando la Iglesia: y por eso
nuestra Madre Santa Teresa habló de este suceso en muchas
partes. Los hijos de mi Madre (decía la Esposa Santa) que eran
sus hermanos, pelearon contra m i: pero fué guerra pací 11ea
(expone Filón Carpacio) (1) y nacida de rectas intenciones: aun­
que los efectos fueron de verdad amarguísimos. Suponiendo,
pues, la buena intención y títulos que tenían entónces los
Prelados de la Observancia, y que prudentemente procedían
el General y Comisario, persuadidos (aunque no era así) que
los Descalzos eran contumaces y rebeldes, diré solamente lo
que conduce A la santidad de nuestro Beato Padre: pues es
honra de toda la Religión Carmelita que se manifieste en
público.
Fué el caso ^ (pie continuando el oficio de Confesor en el
Convento de la Encarnación de A vila, aun despues de acabar
bu Priorato nuestra Madre Santa Teresa, y estando ya en el
suyo de San José, llevando mal los Padres de la Observancia
que los Descalzos cuidasen del Monasterio que les pertenecía,
con órden del Maestro Fray (Jerónimo Tostado, Comisario
General, los procuraron echar de a llí, y á los tinos de este

1) C anl. 1, Ll>i Pliilon.


Vln. v DEL BEA TO I*. S. J UA N DE LA CRUZ- ->1

ano lo consiguieron, y con escándalo de la ciudad (dice la San­


ta) ios llevaron presos al Padre Fray G¡orinan al Convento de
la Moraleja, y á nuestro Beato Padre Fray .luán al de Toledo.
El presumir era celo y justificación en los Prelados, dió áni­
mo al Religioso que lo llevaba, y por el camino le trato con
tan poca blandura, que el mozo compadecido, le ofreció su
favor y que le pondría en salvo. Repitió la oferta, llegando á
una venta, en que refiriendo al huésped loqu e pasaba, los
dos se ofrecieron á escaparse. No lo admitió el Reato Padre,
porque teniendo su granjeria en padecer, en la prosecución
libró su aumento. Entró en Toledo, prevenido de serenidad y
paciencia, y cogió con abundancia sus frutos: porque inti­
mándole las órdenes del Comisario General y Actas del Capí­
tulo, le recibieron como á Fraile fugitivo y contumaz, y de
l&l fueron su tra to , sus consejos, sus reprensiones, sus
amenazas: y bajando el Santo la cabeza, todo lo recibió de la
mano del Señor, estimando aquella contradicción por beneficio.
Muchos lances pasaron en que él defendió su Descalcez, des­
hizo todos los ardides conque le acometieron, resistió sus
golpes, y dejó frustradós sus intentos. Lo cual viendo los Pa-,
dres Observantes, y que no habia esperanza de reducirle á su
obediencia, pareeiéndoles por otra parte qne sus excusas
y respuestas no eran suficientes para dejar de obedecer en lo
que de parte del Vicario General Tostado se le ordenaba, de­
terminaron de tratarle como á rebelde é incorregible, y apli­
carle las penas con que se suele castigar este delito en las
Religiones, donde es tenido por gravísimo: y así le mandaron
encarcelar, dar disciplinas, ásperas. reprensiones, ayunos do
pan y agua, y otras penitencias rigurosas, medios todos en
su intención de ellos para castigarle; en la de Dios para lle­
narle de merecimientos y coronas.
La primera pena con que comenzaron los Padres Obser­
vantes á castigar la que ellos juzgaban inobediencia de su
Descalzo preso, fue una estrecha cárcel. Era esta una celdilla
de seis piós de ancho y hasta diez de largo, sin ventana
alguna ni otro respiradero más que un resquicio ó hende­
dura en lo alto de la pared de basta tres dedos de ancho, por
donde entraba tan escasa la luz. que para rezar en el Breviario
era menester subirse el Reato Padre en un banquillo. y espe­
ti‘2 VIDA DEL REATO P. S. JUAN DE I.A CRUZ.

rar que reverberase cerca el rayo del sol. No se le había


procurado más luz ¿ este aposcntillo, por servir de retreta á
una sala, donde encerraban lo que querían retirar de la
vista. Dióronle por cama unas tablas y dos mantillas viejas.
A la puerta de esta celdilla pusieron un candado, para que
nadie pudiese verle ni tratarle, sino sólo el carcelero. Forta­
lecieron de nuevo la prisión, y echando otra llave á la sala,
dentro de la cual estaba la celdilla, dejaron la cárcel más
segura, y al preso más apretado y más oculto.
Bajábanle á las noches al Refectorio, y des pues de la
común refección de tos Religiosos, le daban todos una disci­
plina, que en las Religiones llaman circular: esto es, en que
toda la rueda de la Comunidad concurre al suplicio, dándole
cada uno su azote, conforme á la disposición del Prelado,
castigo délos más graves y dem ás infamia que hay en la
república religiosa. Esta disciplina se le daba al principio de
su prisión cada noche, después de pasado algún tiempo tres
dias en la semana, y más adelante solos los Viérnes: y final­
mente cansados ya de tanto azote. y de ver que no lo estaba
el que los padecía, vinieron á diferir mus e ste acto. Pero él
filé tan fuertemente repetido, que por gracia y con verdad
solía decir despues el Beato Padre, que había sido más veces
azotado y recibido en ellas más azotes que San Pablo. Bien
testificaban este rigor las cicatrices de los a/otes, que despues
de muchos anos duraban en las doloridas espaldas del paciente,
donde en precisa ocasion las pudo ver un enfermero su yo , á
quien el Beato Padre compelido de su instancia hubo de ma­
nifestar la causa de ellas. La cual como fuese principalmente
la gloria de Dios é imitación de Cristo, podía con San Pablo (1)
decir, que traía las señales de este Señor en su cuerpo.
No era menor pena que los azotes la comida. Mandábanle
comer los dias que le azotaban en el Refectorio, pan y agua
en tierra, y de ordinario en su celdilla: era el sustento un poco
de p an , y alguna sardina ó cosa semejante que sobraba del
Refectorio, sin que jamás se le diese otro alivio ni más conso­
lada refección. La ropa que le permitían para su abrigo, era
un hábito viejo de Calzado, que en Avila le vistieron por fuer­
VIDA DEL DEATO F. fí. JU AN DE LA CRUZ. o3

za. La túnica interior do lana que traía cuando lo prendieron,


osta trajo siempre sin despegarla on ñueve meses de sus
carnes. Por lo cual vino á criar tanta inmundicia do gusanillos,
que le era un nuevo y penosísimo tormento, y do los quo
más le afligieron en aquella cárcel. Otras incomodidades que
la naturaleza padecía, tampoco hallaban dispensación en la
clausura, haciendo que él á sí mismo se fuese intolerable,
v viniese á consumirlo su misma corrupción.
A estas apreturas se añadía lo áspero do las reprensiones.
¿Vos (le decía el Prelado en ol Refectorio) habíades de ser el
primero que deshonrase la Orden de 1¡l Virgen con un desa­
tino tan grande como descalzaros, y hacer diferente hábito y
poner discordia entre los Religiosos, y dar que decir á todos
los seglares'? Si quenados ser bueno, ¿qué os faltaba en la
observancia de la Orden, donde se crian tantos buenos y san­
tos? Pero vos, hipócrita, no buscábades cómo ser santo, sino
cómo os tuviesen por t a l: no la edificación del pueblo, sino su
aplauso y vuestra estima, descalzándoos muy apriesa, para
que os llamasen el primer Descalzo, y os tuviesen por Refor­
mador de la Orden. ¡Mirad ahora quién! ¡Qué San Angelo ó San
Alberto tomaba la empresa, sino un Frailecillo desventurado,
que apénas vale para portero de un Convento! ¡ Qué gentil
reformador! E a , Padres, ven aquí á su reformador, no hay
sino obedecerle y seguirle. Pero y a que vos, desventurado,
queréis reformar á los otros, será bien que os reformemos
primero á vos. Aparejad esas espaldas, que en ellas os escribi-
rémos la ley de la reforma. Tras el sermón andaba luégo la
disciplina, azotándolo crudamente el cuerpo, despues de, ha­
berle disciplinado más crudamente el alma.
Afirmaba despues el Siervo de Dios, que oía estos oprobios
con tanto gozo cuanto reconocimiento de su bajeza: y que lo
parecía quedaban cortos en injuriarle, conforme lo quo él sentía
de sí: y que con ser las disciplinas que le daban, tan rigurosas
ramo queda dicho, deseaba por momentos llegase la hora de
recibirlas, y padecer aquella afrenta y peua por Dios. Y que
una vez que se olvidaron de bajarle al Refectorio, para darle
su acostumbrada penitencia, se quejó al carcelero, diciendo:
¿que por qué le había privado de aquel tan grande bien y re­
galo? Porque, aunque en el intento de descalzarse y perseve­
51 VIDA l)F,r, DK.VTO r. R. JUAN DB LA CHUZ,
rar en La Descalcez 110 pensaba haber ofendido á su Religión,
ni haber desolledecido á sus legítimos .Superiores: j.ioro i*ecoun­
cía en sí tantas imperfecciono?! y faltas, que por ellas creía
tener bien merecido cualquier castigo y reprensión: y asi ni
se indignaba contra ellos, ni los juzgaba por injusto!* y crueles,
sino (pie reconocía, en sus manos la de Dios. que por aquel
medio quería castigar sus culpas, y purificarle de sus imper­
fecciones, y darle ocasiones de. merecer. Oía y callaba, sin
responder jamas palabra á cuantas afrentas le decian: y como
por otra parte perseveraba con serenidad y firmeza en su in­
tento , quebrantando de esta manera la furia de aquella indig­
nación , le llamaba» lima so rd a, agua mansa y mátalas
callando, y otros tales nombres de afrenta y vilipendio.
Con otra manera de trabajo mayor que los dichos ator­
mentaban algunos Religiosos al hiervo de Dios, probando su
paciencia: porque, de. propósito se, concertaban, y e n la sala
donde estaba la carcclilla delante de su puerta, de suerte que
lo pudiese oir é l , se iban & tratar de los negocios y pleitos
que entonces habia con los Descalzos. Referían allí lo que
ellos deseaban se ejecutase, diciendo que ya el Nuncio Filipo
Sega, que poco después vino, los había mandado prender, y
que del Visitador Gradan y de los demas, y aun de la misma
Madre Fundadora de las Monjas Teresa decía más mal que de
Luteru. y que andaban memoriales contra e llo s, donde les
imputaban cosas feísimas, y se habia de hacer un castigo
ejemplar en los tales, dejando su Descalcez uo solo extinguida,
sino á ellos infamados para toda la A-ida.
Esta, era la cárcel, estas las penas y mortificaciones exte­
riores que en ella padecía el Siervo de Dios: mas la interior
que de ellas resultaba, y la aflicción de su alma entre tantas
angustias sin duda era mayor. Retirósele el Señor, y dió lugar
á que experimentase lo que en él obraba la gracia. Comenzó á
destemplarse el interior, y de las partes donde arrojaba el pen­
samiento, volvía con nuevas congojas. Ver ¡i la Descalcez en
tal peligro, como le decían los Religiosos, le daba mortal pena.
Carecer de decir Misa y acudir á sus hermanos, le hería el co­
razón. Temer si había dado ocasion á tantos escándalos, le
afligía el alma. Y no hallando cu la oracion el conhorte que
solía „ se liallaba en la noche más oscura que permite Dios á
YIDA DK1. HKA.TO P. K. J U A N DF. I.A CRUZ. 00

sus amigos. Asi pasaba el Santo. Asi lo purificaba ol Señor,


puraque del. crisol do estas ponas y desamparos saliese olo
purísimo, que luciese cu el aparador de su Iglesia.
Purificado asi ¡i tiempos, en otros volvía á amanecerle la
aurora, y el Señor á consolarle, mostrándole cuán de su mano
tenía la lu z, aunque él no la veía: y como á los que padecen
por su amor, Su Majestad les suaviza las prisiones, entre los
muchos favores que ocultó, refería que viéndose algunas veces
añigido demás de la estrechura de la cárcel con la falta de luz,
que no se la daban de noche, el Señor se la enviaba del cielo.
ExperirnCutólo el carcelero una vez. en que llegando á recono­
cer la cárcel la vio toda llena de luz; temiendo que al preso
otros se la hubiesen dado usando de llaves falsas, fué á decirlo
al Padre Prior. Acudió con otros Religiosos, mas al tiempo de
abrir la primera puerta, la luz desapareció: con que entrando
dentro y hallándolo todo á oscuTas, se volvió juzgando babia
sido ilusión del carcelero, Mas no fué sino verdad y obra de
aquel Señor, que de las tinieblas saca luz para alumbrar y ale­
grar á sus amigos. Asi se lo dijo Su Majestad en otra ocasion,
en que estando el Santo preso, representándole m soledad y
quejándose de que habiéndole herido con el dardo do su amor,
se lo escondía, se vió cercado de una tan hermosa y suave cla­
ridad, que le llenó el alma de gozo, y en medio de ella oyó al
Señor, que le decía: A q u í estoy, Juan, üó tema.*, que yo lt
libraré.
Confortado con este favor, y a no temía la hambre, ni la
sed, ni la tribulación (1 ), teniendo á Dios á su lado. Dióle esta
voz nuevo aliento, animó su flaqueza, esforzó su desmayo, y
no queriendo perder las luces que el Señor le comunicaba, com­
puso en esta cárcel aquellas Divinas canciones que comienzan:
j A dónde te escandiste 1 Las cuales explicó despues, y hoy las
gozamos impresas en sus celestiales escritos. No mónos tierna
que el Hijo se le apareció su Santísima Madre, y muchas voces
le consoló y favoreció, de las cuales solo merecimos saher con
singularidad las tres últimas. La primera fué, que entrando
una vez el Prior con otros dos Religiosos en la cárcel, halló al
Santo Padre hincado de rodillas y postrado en oración, y tan

1 ) Rom. 8.
ílfi V ID A . D E I, B EA TO I'. S, JU A N D lí L A C llU Z .

debilitado con los malos tratamientos, (pío 110 pudiendo levan­


tarse tan presto, el Prelado, presumiendo era desatención, le
reprendió su descuido. Pidió perdón el SantoPadre, y el Prior
y a más templado, añadió: ¿en (pié pensaba ahora que tan embe­
bido estalia? Acordábante (respondió ol Santo) qm waitam es din
de la Asunción de Nuestra S tihora., y me consolaría itmcho el de­
cir Misa. A que dijo el Prior con desabrimiento; .No eu mis dias,
y volviendo las espaldas, le dejó. Volvió el Santo su corazon á
la Santísima Virgen, y pasando aquella noche y el día siguien­
te ofreciendo en sacrificio sus deseos, entrando la noche se le
volvió en claro dia aparcciéndole la Sagrada V irg en , asistida
de celestiales escuadras, y consolando á su devoto Cape lian, le
dijo: IUjo, tc% paciencia, qm presto se acabarán es tus trabajos,
saldrás de esta prisión-. dirás Misa y te. consolarás.
Dejóle el favor bañada de guzo el alm a, y despues de ha­
berlo agradecido, comenzó á discurrir cómo había de salir de
la prisión, pues ni tenía medios, ni su ingenio los descubría.
Mas seguro en la palabra, esperaba que le facilitaría la ejecu­
ción quien le habia dado el aviso. Sucedió a s i: porque un dia
de aquella octava, se le apareció Cristo con su Santísima Ma­
dre. y respondiendo á sus dudas y dificultades, le dijeron: He
animase, que quien habia hecha que el Profeta Elíseo pasase con
la- capa de E lias el Jordán, le sacaría á él de snprisión sin di­
ficultad alguna. Conhortado con esta visión, procuraba los me­
dios: y para más facilitárselos, la Santísima Virgen se le vol­
vió á aparecer, y mandando que la ejecutase, en espíritu le
mostró una ventana alta que de una galería ó corredor salia
al T a jo , y le dijo que por allí se desprendiese sin temor, que
ella pondría su mano: y para la dificultad de romper las cer­
raduras, la misma Sagrada Virgen dio la traza, que él ejecutó,
como nos dirá el suceso.
Para disponerlo con suavidad, había dispuesto el Señor dias
óntes se mudase el carcelero, y sustituyendo por él otro de
mayor piedad, viendo la humildad, paciencia y santidad del
preso, y que había pasado nueve meses en aquel penoso carcela­
je, cuando estaba en sus actos la C o m u n id ad , solía sacarle á q u e
siquiera por las ventanas viese el cielo. Salió, pues, una tarde,
y viendo la ventana que caía al rio, reconoció era laque nues­
tra Señora le señaló. Trayéndola fija en su memoria, se reco­
VIDA TiEí. BEATO T. S. J U A N DE I.A CHUZ. 57

gió á ,su cárcel, y on tanto que el carcelero fué á traerle un


jarro de agua, el .Santo aflojó las armellas de.l candado, que
eran de tornillo, para que ron más facilidad pudiese vencer I íl
puerta. Estando si solas, fué dividiendo en tiras las do? manti­
llas viejas, y zurciendo unas con otras, hizo la soga por donde
había de bajar.
El vencer la dificultad de la puerta segunda, la facilitó el
Señor, disponiendo que en aquella antesala se hospedasen unos
-Religiosos huespedes que llegaron á deshora. Acostáronse, y
en el tiempo que estuvieron platicando, nuestro preso dispo­
niendo lo que de su parte dependía, previno las mantas y el
candil, que el carcelero había olvidado, viendo que iodo podía
ayudar si su libertad, Cuando sintió que los huéspedes venci­
dos del camino y del calor estaban dormidos, pidiendo favor á
la Virgen, oyó que le decían en su interior: Dale priesa. Con
este aviso, dando á la puerta un empellón, una de las armellas
fa ltó , y quedo franca la puerta. Al ruido despertaron los
huéspedes, y diciendo, ¿quién anda a h í-? Deo gratias! el Santo
Padre se, sosegó, y ellos también no oyendo ruido, y presu­
miendo sería algún accidente, volvieron á quedarse dormidos.
Los temores y confianzas que despertaría este primer encuen­
tro eu el Siervo do Dios, peleando su fe con su flaqueza, bien
se deja entender. Pero al fin venció su confianza, y con nuevo
ánimo prosiguió su empresa.

XI.
Snlu ilo !n c-ñmM un l.'i'H. - P;iwi ni Convanlo iIa Y naft. — Admirable ei1fl.ni «pin nlli
tuvo. — Vuulve á su retiro del Calvario.

Cuando le pareció que los Religiosos estarían ya otra voz


dormidos, cogiendo todas sus escalas y aparatos, salió d éla
cárcel, y pasando por entre los huéspedes, se encaminó á la
ventana. Tenía por antepecho un cuartoncillo suelto, y desen­
cajado de los ladrillos y entre uno y otro entró el cabo de
candil, y en el garfio asió las manta?. Fiando su empeño de
Dios y de su Santísima Madre, se fué descolgando por aque­
lla soga tan débil. Cuando se le acabó y reconoció que le
quedaba casi igual distancia á la que había bajado, volvió á
pedir nuevo favor y lo sintió, pues dejándose caer desde tan
*;X vida disi, nEATO p. ¡s, ju a .n nií r.,\ c k i ;z .
alto r y dando sobre unas peñas „ le pareció había caído sobre
mullidos colchones.
Saliendo do esto susto, entró en otro, porque reconoció que
aún estaba dentro de la cerca del mismo Convento, y con ma­
yor peligro encarcelado fuera de la cárcel. Pidió al Señor
nuevas fuerzas, y trepando por una pared arriba, se halló en
otro cercado de. un Convenio de las Monjas de la Concepción,
que tenía por vecinas, según se lo había dicho el carcelero. Aquí
creció su congoja, y no hallando salida á su aflicción, volvió á
Dios loa ojos y á la Santísima Virgen el suspiro, solicitando
de ambos las entrañas piadosísimas, y poniendo en ellos toda,
su confianza, sin agraviarla con la infidelidad de los que sali­
dos de Egipto, se quejaban de Dios que los bahía desamparado
en el desierto ( 1 ). Antes aquí esforzó el Beato Padre su fe, y
arrojándose todo en la Providencia D ivina, esperó de ella ol
remedio y consecución de su libertad. Sabía que Dios no falta
á sus promesas, y que para que en la necesidad so conozca ser
suyo el reparo, deja que llegue al último trance el peligro:
para que asi desfalleciendo nuestras fuerzas, y rendida la
esperanza de nuestro flaco poder, se tenga entóneos la obra
toda por Divina, cuando ninguna cosa se halla en ella de hu­
mana. Tal fué la que Su Majestad obró con su Siervo en este
trance. Envióle una luz muy hermosa, rodeada de una res­
plandeciente nube, que arrojaba rayos de suavísima claridad,
ó y a fuese columna de fuego, ó ya nube de luz, conque
nuestro Señor quiso guiar y amparar á su amado Israel.
Puesta delante de 61 , oyó una voz que salía de ella, y le dijo:
Sígueme. Confortado con este amparo y aliento Divino, se fué
tras la luz y la siguió hasta la pared, que dijimos estar sobre
el vallado en la parte alta del corral. Llegado cerca de ella,
sin ver quién ni cómo, le tomaron y subieron sobre la pared
que salía ¿ la portería de las Monjas y á la calle que va á la
plaza de Zocodover, y allí desapareció la luz, dejándole tan
desluúibrado que decía él despues, que por dos ó tres dias le
habían -quedado los ojos como quien ha mirado el Sol en su
rueda. Hallóse solo, pero reconoció entonces como otro Pedro,
que el Angel del Señor (2 ) era quien le había guiado y sacado de

1. KííOlI. I-i. 11. ( 1} Act. 12. II.


VIDA DF,L REATO P. K. J l rA *. I)R I,A CHUZ. o9

aquella segunda y m is fuerte prisión: y así dando á Su Ma­


jestad tiernamente gracias, camino por Ja pared adelante, en
la m al halló fácil disposición para bajar á la ralle y ponerse
en salvo.
No sabiendo dónde encaminarse >por no haber estado nunca
en Toledo, viendo abierta una casa principal, pasó lo res­
tante do la noche en el maguan, hasta que venido el dia lo
encaminaron al Convento de las Carmelitas Descalzas, adonde
llegó cuando estaban en oracion: lhnnó al torno, y dijo A la
Madre. Leonor de Jesús, que era tornera; H ija, Fray Jm n de
la Cruz soy, que esta noche me he salid» de, la cárcel: anise á la
Madre. Priora. Filé la Portera, avisó á la Priora, y ella á las
' demás, que quedaron admiradas y gozosas. En esta ocasion, pre­
venida del Señor con un nuevo accidento, una Religiosa enfer­
ma pedia ¡i gran priesa confcsion. Con esto el Santo Padre
pudo entrar, aunque y a tan descaecido y fatigado, que fue
necesario darle un desayuno para que volviese eu si. Esta
fué la clave de las providencias de esta noche: por que á poco
espacio llegaron algunos Padres de la Observancia, prevenido s
de alguaciles en busca del preso. Habiendo registrado la Igle­
sia, Sacristía, Confesonario y Locutorio, se fueron desconfia­
dos. Y á la tarde, en que el Santo Padre confesó á la enferma,
consoló á todas, y ellas le habían acomodado hábito más
decante, se salió á la Iglesia. La Priora envió á llamar á Don
Pedro (ronzales de Mendoza, Canónigo y Tesorero de la Santa
Iglesia, y muy afecto á la Descalcez, á quien refiriendo el casot
entró al Beato Padre en su coche, y lo llevó á s u casa, donde
lo regaló algunos dias y después con buena guarda y como­
didad lo despachó al Convento de Almodóvar.
Alegrisima fué esta nueva para toda la Descalcez, en es­
pecial para nuestra Madre Santa Teresa, que tanto lo había
deseado, y más cuando supieron por menor providencias tan
milagrosas. Celebráronla poco despues todos los Prelados, que
juntándose á Capítulo de dos mese»despues en el mismo Con­
vento de Almodóvar, dieron al Beato Padre el parabién y á
Dios las gracias, de que de la raíz del trabajo, que á todos
había sido tan amarga, sacase frutos de tanto consuelo. En­
viando á Roma el Capítulo al Prior que era entonces del
Calvario en Andalucía, lo eligieron por Vicario, asi por reti­
lio VILIA PKL UKA’1'0 1*. S. JUAN 1)K LA CHUZ,

rarlo más do las contradicciones de Castilla, como por ser


Convento de soledad, on quo recreaba su espíritu. Llegándose
á despedir el Religioso señalado para el viaje do Roma, le
profetizó nuestro Reato Padre, el desdichado fi.ii de .su jomada
diciéndole: Vuestra Roy., Padre Fray Podro, va á, Roma descal­
zo, y volverá calzado: como de hocho de verdad volvió, á ln
ménos en el ánimo, pues desistiendo de la empresa que lleva­
ba, y con formándose con los Pudres Observantes, aunque vino
descalzo, pasado algún tiempo so volvió á ellos, siendo causa
de esta mudanza la remisión con que en el viaje y jornada
comenzó á vivir, olvidando el rigor de su Descalcez, y el
trato familiar que con nuestro Señor en ella tenia, con quo
vino á dejar del todo la vida Reformada, y con ella un teme­
roso ejemplo á los Religiosos descuidados en su instituto, pues
el (pie en ol retiro dol yermo hizo maravillas, y le vieron
muchas veces elevado en el aire, despues en la demasiada
conversación del siglo perdió todo el aprovechamiento pasado,
que no volvió jamas á cobrar.
Concluido ol Capitulo se partió el Reato Padre para su
casa del Calvario; pero antes de llegar á ella, pasó por la Villa
de Veas, donde n u estra s R e lig io sa s Descalzas te n ía n ya Con­
vento. Fué recibido do la Priora, (pie era la Venerable Ana de
J e s ú s , y do sus hijas con singular estimación y gozo. Consoló
á aquellas siervas de Dios, y consolóse con ellas el poco tiem­
po que allí estuvo, con no menor fruto suyo (pie aprovecha­
miento de las Religiosas. Saboreándose en la relación de lo
mucho que había padecido, quiso la Priora para su espiritual
recreación „ que una hermana le cantase esta letrilla que la
Pascua antecedente habían hecho en loor délos trabajos:
Quien no sabe dft penas
Ku este triste valle de dolores,
No sabe de buenus.
ISi ha gustado de amorest.
Pues penas e.s. el traje de amadores.

A estos eco s, aquella bendita alm a , enamorada de los


trabajos y ponas, de tal manera se suspendió, que comenzó á
desamparar los sentidos; y aunque previniéndolo, hizo señal á
la Religiosa ( por no poder y a hablar) para que cesase, nada
bastó: porque la mocion fué tan eficaz, que asiéndose con am-
Vi DA L)KL B1ÍATO 1>. S. JtT\\ DE r.A f'RTZ. ()1
has manos do la reja para que el cuerpo no se levantase eu
alto, asido en ella se quedo en éxtasi por espacio de una hora:
en la cual las Religiosas, hijas de Jeru salen eonjliradas por el
Divino Esposo ( 1) de aquella celestial alm a, le guardaron el
sueño hasta que ella quiso dispertar. Admiraron todas no tanto
el efecto, como su causa: porque suspenderse el alma cuando
Dios se le descubre, cuando 1c revela sus secretos, cuando le
hace plato de los bienes de la «‘loria, es ordinario; pero que
uvendo la voz «le penas y de trabajos, de cuyos ecos nuestro
natural tanto se asusta, so alboroce el corazon, y por alcan­
zarlos el alma se ('leve y lleve tras sí el cuerpo, que la agrava,
si no es de Cst.e insigne amador de ia. Cruz Juan, ni lo habernos
visto ni leido. A San Agustín saeó lágrimas la suave melodía
del canto y voces de la Iglesia: á Saúl suspendió el harpa de
David( 2 ): á Eliséo disponía la música para profetizar ( 3 ): toda
esa armonía erado dulzura, y aun no arrebataba del todo á sus
oyentes; pero consonancia de trabajos cuyo solo eco amarga
los oídos, suspender dulcemente una alm a, gran fuerza es de
amor al padecer. Séame lícito, oh léctor, exclamar aquí con San
Bernardo (hablando del esfuerzo de San Andrés) y preguntar:
¿Quién es este que al sonido do los trabajos se alboroza? Es
hombre? O por ventura A ngel? O alguna nueva criatura, pues
tan nuevos y celestiales son sus sentimientos? Pero hombre es
sin duda, pasible y semejante á nosotros, que los mismos tra­
bajos padecidos con cuya memoria Be alegra, lo demuestran.
Despedido de las Religiosas de Veas, pasó á sil nido y
amado retiro del C alvario, acogiéndose á ól como á puerto se­
guro, libre de la tormenta de su cárcel y de la furiosa tempes­
tad que todavía estaba padeciendo la Reforma. No fué por
ventura mayor el gozo de los discípulos que recibieron á San
Pablo huido de Damasco, que el que los Religiosos del Calva­
rio tuvieron viendo á su Padre arrastrar las cadenas de Toledo.
Lo primero que hizo en su gobierno, fué ajustar con su ejemplo
la doctrina, y con su doctrina y ejemplo la vida solitaria de
aquella santa casa. Son los estribos de la vida eremítica la
penitencia y oracion; su adorno el silencio; su guarda el retiro;

[1 ) Ctont. 8. (3 i 4. Ilcjf. 3
(«) i. Rog-. ie.
(12 VIDA IlEI, BEATO i'. JUAN l>Lv LA CRUZ,

su empresa propia la unión con Dios. En todo esto resplandeció


maravillosamente la perfección do nuestro gran solitario, y la
de toda aquella familia. La ordinaria comida do la Comunidad
oran yerbas silvestres crudas. Y porque no todas eran conoci­
das , servía de maestresala un jumenta para hacerles la salva;
y aquellas escogían que él no desechaba, por lo cual le llama­
ban el conocedor. No se sabe ai cuando llegó nuestro Beato
Padre estaba y a algo templado este rigor: lo cierto es que eu
su tiempo 110 se u só; dábanse cocidas, y por sainete un poco
de ajo; y el caldo de mal color servía de potaje. Cuando repar­
tían un poco de calabaza en lugar de las yerbas-, saboreada con
algunas gotas de vinagre (guardando el aceite para las fiestas
rnuy grandes) era regalo singular. El silencio llegó á tanto ,
punto ( por la estima grande que de su observancia i o fundió el
Beato Padre en aquellas benditas almas), que les causaba cierta
manera de temor reverencial al abrir la boca para hablar. Dejo
las disciplinas, dejo los cilicios, dejo las mortificaciones raras
y extraordinarias, tan increíbles al amor propio, cuanto ejer­
citadas del Divino que arde en los Siervos de Dios. Fundada
sobre tan sólidos fundamentos, se encumbraba á los Cielos la
perpetua oracion, y a en el coro cantando, y a rezando en la
Ig lesia , ya juntando los di as con las noches en continua medi­
tación de la ley dol Señor.
Delante de todos como capitan y guia iba el Prelado, que
como venía tan hecho al padecer y curtido de los trabajos, todos
los de aquella asperísima vida tenia por alivio. Como el espíritu
de pobreza y de encogimiento que allí halló plantado el Santo
Padre, era tan conforme al que enseñó y plantó en Duruelo,
con su doctrina y ejemplo le hizo echar más hondas raíces en el
corazon de aquellos Religiosos: y así no consentía que aun pa­
deciendo necesidad, saliesen á. pedir limosna por los lugares co­
marcanos. No tentaba á Dios el religiosísimo Padre en este
grande olvido-de lo temporal; ántes solicitaba su misericordia
con esta confianza. Teniendo á aquellos súbditos por verdaderos
hijos de Dios, no hallaba en sus paternales entrañas lugar don­
de cupiese el olvido. En todas las partes donde estuvo dejó doc­
trina de esta virtud, y sentía mucho si algunos Religiosos no
la abrazaban con-todas veras. Decía que el desconfiado era pare­
cido al infiel: y que rarísimas veces so menoscaba la esperanza
YI1 U DEl. BEATO P. K. JUAN DE L a CRUZ. 03

sin menoscabo fifi la fe. Acreditaba el Señor la enseñanza y


espíritu de su gran Siervo no meaos que con demostraciones
milagrosas. Faltó un dia el pan eu el Convento para la Comu­
nidad. Avisado de ello, sin turbarse ni afligirse mandó fuesen,
como solían, á su hora los Religiosos todos juntos al Refecto­
rio. Hizo se bu.sr.ase en la casa siquiera un mendrugo de pan,
y traido. se bendijeron eon él las mesas, como si estuviera muy
prevenida y á punto la comida. Sentáronse luego todos,
liizóles una plática tan espiritual en alabanza de la santa po­
breza. del mérito del padecer, de la conformidad eon Dios, que
sin comer bocado se levantaron de la mesa satisfechos: y de
tal manera encendió los corazones de sus Religiosos en el deseo
de padecer por Dios, que tuvieron por particular misericordia
de Su Majestad la falta de aquel dia: y habiendo dado sus
íicostumbradas gracias, [rara que estas correspondiesen á la
bendición de las mesas, se fueron muy contentos á sus celdas.
Apenas se hubieron recogido en e lla s, cuando a grande priesa
llamaron á la portería. Salió á responder el hermano Fray
Bmcardo de San Pedro , que era p o rte o , halló un hombre que
traía una carga de mantenimiento con una carta. Llevóla al
P. Vicario, áquien halló puesto en oracion delante del Santí­
simo Sacramento: abriendo la carta comenzó á leer y derra­
mar lágrimas con ternura grande, como afligido con la nueva
de algún suceso triste. Admirado el portero preguntó la causa,
y respondió el Beato Padre: Lloro, mi hermano, que nos tenga.
Dios por tan flacos, que no podamos llevar micho tiempo la abs­
tinencia. y así no la ha fiado de n-osotros sólo un dia, pues ya
nos envía que comer.
Con lioso que quisiera detener aquí el corriente de la histo­
ria, y traspasando sus leyes, ponderar estas lágrim as: porque
como el hermano Fray Brocardó, y y a más que él admirado
(pues sé la causa de ellas), me viene deseo de preguntar al
Beato Padre, ¿por qué llora? Llora porque le socorre Dios una
necesidad? Porque le saca de un aprieto? Porque le quita ol
padecer? Porque muestra para con él su tierna providencia?
Por eso mismo. Hanse visto lágrimas por causa semejante?
Lloran los mundanos la desgracia ó mengua temporal: los
buenos, el haber ofendido á Dios: los espirituales, sus imper­
fecciones: los más perfectos, ol no gozar y ver la hermosura
(1 4 V ID A M I. M í ATO \>. S. J l' A S T)I‘. LA C K l7 .

Divina; poro ¿llorar por no tener (pie padecer? Lágrimas


porque se remedian penas? Entraña manera de tristeza, y rara
fuerza de amor Divino. ¡Qué bien conocía este Varón Santo el
incomparable valor de los trabajos, pues siente su pérdida
como la de un gran tesoro! Llore pues el mundo lo que quisie­
re, que á mí las lágrimas de este fuerte Amador de Dios, no sólo
me admiran, pero me animan á padecer por el mismo Dios.

XII.

Libra é un endemoniado.— Testimonia de nuestra Madre Sania Teresn en favor dol


Hítalo J u a n .—Toma poaesion cono Rector del Colegio de Baoza en lóTU. — Su ilrvo-
ciíin ti ln Santísim a Trinidad. —Nuevos éxtasis.

También con otra maravillosa demostración acreditó nues­


tro Señor en este tiempo la santidad y perfección grande de su
Siervo, haciendo que el mismo autor dé la mentira dijese en
abono de él una verdadera alabanza. Había en la villa de Izna-
torafc un hombre endemoniado, á quien el enem igo maltrata­
ba mucho y en quien estaba muy encastillado, resistiéndose a
las diligencias de muchos exorcismos. Pidieron al Beato Padre
fuese íi remediar aquella necesidad y libertar aquella, alm a: y
vencido de los piadosos ruegos con (pie le importunaron, salió
de su Convento á esta v illa , que dista de él poco más de uua
legua. Llegaron á vista del triste hombre, conoció luégo el
demonio el azote que le ven ía, y sabiendo cuántas presas le
había quitado este Siervo de Dios de las unas, no pudo disi­
mular su temor: y así comenzó á quejarse diciendo: l a tene­
mos otro Basilio en la tierra, que nos persiga. Voz que en
otras muchas ocasiones les compelió secreta y superior fuer/a
á pronunciar, manifestando el poderío grande que el Señor
había concedido á su Siervo sobre todo el infierno. Conjuró
pues al demonio, y mandóle desamparase aquella morada:
obedeció luego, salió, y dejó al hombre libre y sano. Quiso el
enemigo vengarse de esta afrenta, y salido del hombro ende­
moniado, embistió eu una mujer, atizándola para que provo­
case al Varón Santo á mal propósito. Prevenida y enseñada de
aquel sucio espíritu, al entrar en uu pueblo salióle á recibir
convidándole-con posada, hablando tales palabras y con tal
desenvoltura de acciones, que parecía bien instrumento de Sa­
tanás. Pero el Siervo de Dios, conociendo al que venía de ella
V ID A DEL BIS A T O P- S. J V -\ N DE LA CRUZ, ÜÓ

revestido, la arrojó de sí dieiéndola. que antes .admitiría la


compañía do un demonio que la suya, porque ju z g a b a , y con
razón, por mas cruel enemigo una mujer deshonesta, que á
todo el infierno.
No fue menor el crédito que el Siervo de Dios ganó en el
Convento de las Religiosas de V eas: porque demas de lo que la
fama por la boca de los Religiosos y seglares publicaba, vie­
ron en ól obras do varón celestial, como se ha dicho. Creció
todo Con un testimonio de nuestra Madre Santa Teresa. Htibía­
sele quejado la Madre Priora Ana de Jesús de la soledad que
padecía en aquel lugar, por falta de Confesor que encaminase,
las almas de aquellas fervorosas Religiosas, y respondióle
estas palabras: E n gracia me ha caldo, H ija, cuán sin rq:on- su
queja, pues time allá d mi Padre Fray Jm n de la Cruz, que
es 21% hombre celestial y Divina. Pues yo le di¡jo, mi H ija, que,
despms que se fu é allá no M hallado en toda Castilla otro como
él, ni que lanío afervore en el camino del Cielo. No creerá la
soledad que me cansa su falta: miren que es ten gran tesoro el
qm tienen allá en ese Santo: y todas las de esa casa tra­
ten y comtmiquen sus almas, y verán cuán aprovechadas están,
y se hallarán may adelante en iodo lo que es espíritu y perfec­
ción: porque le ha dado el SeHor para todo esto particular gra­
cia. Consolada con esto y animada la Madre Ana, le escribió,
rogándole tomase á su cargo las almas de aquel Convento, y
les fuese maestro espiritual. Hízolo asi, y todas las semanas
iba á confesarlas á p ió, no reparando en la distancia de una
legua montuosa, que desde el Calvario hay á Veas. A pocos
lances echaron de ver las Religiosas de este Convento el gran
fruto que cu sus almas causaba la comnnieacion y doctrina del
Santo Padre: porque como tierra bien dispuesta para cualquie­
ra buena semilla, recibían y lograban luego la que en sus co­
razones sembraba el Varón Santo, de oraciou, mortificación y
ejercicio de virtudes.
Aún no fueron siete meses los que estuvo el Santo Padre en
este Convento del Calvario; porque ofreciéndose la fundación
del Colegio de Baeza, como él mismo, antes que se tratase de
fundar, lo profetizó y dijo á las Monjas de Veas, le enviaron
por Fundador; y como primer Rector tomó la po sesión á los
14 de Junio de 1579 . Trasladó A este Colegio el hermoso inari-
fíti VIDA D EL BEA TO 1*. K. JL'A Pí UE LA CHUZ,

daje de letras y virtudes que había asentado en Alcalá, y con


tal perfección lucieron en él, que los mayores Ductores de las
Escuelas, en los pulpitos y cátedras lo ponían por ejemplo
á los? s a la r e s , y siempre ha sido los ojos de aquella noble re­
pública. De esta perfección y espíritu que allí plantó nuestro
Beato Padre nos dejó estas palabras un acreditado testigo de
aquel tiempo: Kn esto colegio (dice) se recibieron algunos No­
vicios, y 110 fué inconveniente, porque los estudiantes en
oracion, silencio, mortificación y puntualidad, en todo excedían
ii los mismos Novicios; y así este colegio más parecía casa de.
Noviciado y de desierto «pie de colegio, porque demás de ser
todos los Religiosos unos ángeles, el Padre Rector, que era el
Padre Fray Juan de la Cruz, con sus pláticas de espíritu trata­
ba tan altamente de D ios, que traía lo» ánimos de los Religio­
sos fervorosos on los ejercicios de las virtudes, y gran pun­
tualidad en la observancia regular: y particularmente encen­
didos en devociou y amor de Dios. En fin en esta casa se vivía
con la perfección y santidad que se podia vivir en los yermos
de Egipto.
En esta ciudad y tiempo lo calificó el Señor, ilustrándole
con nuevas luces de su Divinidad v altísimo conocimiento de
la Trinidad Beatísima. Decía su Misa muchas veces por la
gran devoción que tenia á este Soberano Misterio, y regalo
especia] que experimentaba en su consideración. Preguntán­
dole una vez qnc por qué hacía esto, é l , como encubriendo su
devocion, respondió con gracia: Digo Misa de la Santísima
Trinidad, porgue la tengo por el mayor Santo del Cielo, En otra
ocasion se declaró más con las Religiosas de Granada, dicien­
do: De tal manera comunica Dios á este pecador el Misterio dr.
la Santísima Trinidad, si S u Majestad -no esforzara mi fla­
queza con particular socorro del Cielo, fuera imposible vivir.
Bien experimentó este socorro en otra ocasion, que habiendo
dicho Misa-de la Santísima Trinidad en el Convento de Veas
por mandado del Señor, para consuelo de una Religiosa de allí
que mucho lo deseaba, al tiempo de consagrar se le aparecie­
ron las tres Divinas Personas en una nube trasparente, y ta­
les dones le comunicaron, que refiriéndolos despues á la dicha
Religiosa le dijo: Oh H ija , y cómo U agradezco haya sido ocasión
de (pie vie mandase él Señor decir Misa de la Santísima Trini­
VIDA DEL BEATO P. S. Jl' A N DR LA C R l’Z.

dad! Oh que gloria y qué bkmsgozaremos con su vista! \ encen­


diéndosele el rostro como de uu Serafín, por espacio de media
hora quedó arrobado y despidiendo resplandores suavísimos.
No mónos admiración lo causó á esta Religiosa y á las
demás viéndole en otra ocasion arrobado dos veces en 1111:1
misma plática, sin poderlo excusar por más que lo (pieria di­
simular. Decía vuelto del rapto: ¿lian visto qué sueño me ha
cargado? Pero las Religiosas, que lo veían en medio del curso
de su fervorosa plática quedarse repentinamente elevado, co­
nocían bien que sueño era aquel. y echaban de ver que quien
detenía la veloz corriente de este Divino Jordán, era fuerza y
virtud muy superior, y (pie no era sueño ilcl cuerpo, sino dul­
ce. suspensión dol alma. l)c esta manera andaba siempre ab ­
sorto y trasportado en Dios. De aquí le nacía la mayor y
más ordinaria suspensión que sentía en el Santo sacrificio de
la Misa, piélago do misericordias, como lo muestra uu caso
harto notable. Celebraba en la Iglesia de su Convento en nue­
za, y habiéndose hecho gran fuerza para pasar adelante en la
Misa, forcejando contra el ímpetu del espíritu que lo arreba­
taba, aunque pudo consumir el Cuerpo y Sangre do Cristo
Señor nuestro, se quedó con el Cáliz en la mano y estuvo ena­
jenado por gran rato sin moverse. Volvió algo eu s í ; pero tan
sin memoria de lo que hacia, que quiso irse á la Sacristía sin
acabar la Misa. Atónitos los circunstantes so miraban unos á
otros, y volvían con mayor atención á mirar al Santo Padre.
Kn medio de este silencio una mujer de gran fama de santi­
dad, llamada la Madre Peuuela, alzó ontre la turba la voz, y
dijo: Llamen :i los Angeles que acaben esta Misa, que solos
ellos pueden proseguirla con tanta devoeion, que este Santo
no está para ello. Avisados los Religiosos de lo que pasaba,
salió uno revestido, y ayudándole á lo que le faltaba. le entró
en la Sacristía.
xm.
Su dnvocion para celebrar loa misterios de la Humanidad <1*1 Salior. — Fervor con ^ ul-
ee ensayaba, para el martirio. — Su confianza en Ib Divina P ix iv llcin M u -S u porte1-
clon en al ejercicio de vnriau virtudes.

Con la misma devoeion que decía. Misa, y veneraba los


Misterios de la Divinidad, celebraba también las tiestas y so­
(>H VIDA UKL ni?ATO P . X. JUAN DE LA CRUZ.

lemnidades do la Humanidad Santísima de Cristo, y muy en


particular su dichoso nacimiento. No admitía para esto repre­
sentaciones muy prevenidas y Curiosas, aunque fuesen de
cosas espirituales (que laa profanas tan lejos estaban de sus
fiestas, cuanto deben estarlo de toda religiosa Comunidad),
porque aun en aquellas echaba de ver que la prevención daña
á quien las hace, la curiosidad á quien las oye, y á unos y á
otros causa más distracción secular que devota y santa recrea­
ción , cual debe ser la religiosa. Hizo una vez que algunos
Religiosos se repartiesen por el claustro del Convento, en cier­
tas estancias como mesones: y que otros d o s, acomodando el
hábito sin aderezo secular, representasen á la Sagrada V irgen
y al Señor San José, que iban pidiendo posada en Belen. Quien
pedía la posada para los huéspedes era el fervoroso Padre: y
cuando llegaba á uno de aquellos mesones, viendo que eran
despedidas personas tan beneméritas, y juntamente el Hijo de
Dios que venía en las entrañas de la Sagrada V irgen, era sin­
gular su elocuencia en representar los méritos de todos, en re­
prender la dureza de los mesoneros, en quejarse amorosamente
al Padre Eterno porque tales cosas permitía, eu consolar á la
Sagrada Virgen y á su Ksposo en trabajo tan grande: y acer­
ca de esto eran tan dulces y tiernos los sentimientos de sus
ponderaciones, que encendidos en una santa y alegre devo­
ción los Religiosos, se deshacían todos en lágrim as, y no ha­
bía corazon tan duro que no se enterneciese.
A l otro dia representando al Niño y a nacido, se regalaba
con esta dulcísima memoria. Eu una de estas ocasiones le sal­
teó un tan impetuoso júb ilo, que no pudiendo reprimirle, se
levantó y fué hácia una mesa donde en estos dias se acostum­
braba tener un niño Jesús, á quien dirigir las alegrías de
aquel tiempo, y tomándole en brazos, comenzó á bailar con
un fervor tan grande que parecía haber salido de sí: que para
la modestia y sosiego del Varón Santo era cosa m uy extraña.
En medio de estos júbilos prorumpió cantando esta coplita:

Mi dulce, y tierno y Jesús,


Si «inores me liuu de mular,
Ahora tienen lugar.

Quedóse con este afecto como suspenso y absorto en la dul­


VIDA DEL BU ATO P. S . JOAN I)U I.A ('Itt’Z. 69

zura de aquel Misten o"y amor de aquel Santo N iño, con el ros­
tro alegre y encendido, y tal que parecía arrojar llamas de fue­
go. Para aplacar este Divino incendio, ó unis verdaderamente
para aumentarlo, so aprovechaba de otro medio muy propio
de su esforzado espíritu, que es el ensayo del martirio: acto
que él comenzó ¡í, introducir en este Colegio do Baeza, para
afervorizar á los Religiosos, y templar juntamente las ánaias
que tenia de padecer. Para esto solía en las recreaciones tratar
d é la excelencia del martirio, Cuando los veía fervorosos y
bien dispuestos les decía: Ora bien, por si Dios non quisiese
mártires de veras, probemos ahora hacerlo siquiera en repre­
sentación, y ensayémonos para morir por él cuando se ofrezca.
Formaba luego su ensayo, señalando á cada uno la persona
que había de representar; A uno la del tirano , á otro la del
acusador, áotro la del verdugo, y él escogía la del mártir
para animarlos con su ejemplo. Sabiendo cuán aficionado era
el Santo Pariré á estos ensayos, le convidó á ellos una vez el
Maestro de Novicios de la Manchuola de Jaén, Nombráronse
oficiales, ó hicieron las figuras de mártires el Maestro de No­
vicios y el Beato Padre, siendo entonces Vicario Provincial
de Andalucía. Fueron acusados de Cristianos ante el ju ez, el
cual puesto en su tribunal les tomó su confesion: y habiendo
confesado con gran fervor la Fe de Jesucristo, y detestado
toda otra ley y secta, mandó el juez que les desnudasen las
espaldas t y los amarrasen á dos naranjos de la huerta, y que
allí fuesen azotados rigurosamente hasta que arrepentidos de­
jasen de confesar á Cristo, Los verdugos ejecutaron lo que el
juez mandó, como si 110 fuera representación, sino castigo muy
de veras. Iíl fervor «le nuestro Beato Padre era tan grande, y
tan encendido el deseo de padecer por Cristo, que riéndose de
los azotes y baldonando á los verdugos de flojos y cobardes,
los incitaba, y auu valiéndose de la obediencia, los mandaba
apretasen la mano, y le hiciesen saltar y correr la sangre por
las espaldas, como al fin lo hicieron: con lo cual quedando él
muy contento, viendo el juez la perseverancia y alegría de
los mártires, mandó dilatar su causa y tormentos para otra
ocasion, con que se dió fin al ensayo.
Mientras en Haeza descansaba en los brazos de Raquel
nuestro devotísimo contemplativo, se alcanzó de (rrego-
70 \ 111A f lKl. Hlí \ T O I' . S. Jl.W 1)K I. A C R I Z .

rioXHI Breve on que su Santidad erigió 011 Provincia distinta


d(' la Observancia lo-; Conventos de la Descalcez. Para estable­
cer esto so juntó Capítulo eu Alcalá de Henares á los -1 do Marzo
año 1581 . Comenzando las elecciones por los Dilinidores cutre
los cuatro que se eligieron. cupo el tercer lugar ¿nuestro
Beato Padre, y con este otido (concluidas la>j demás funciones
del Capítulo i volvió á Iiaeza á cumplir el de Rector. Duró en
él hasta los 14 do .limio, en que el Convento de. Granada Jo
elidió Prior, y e sta tu ó la primera vez que gobernó aquella
casa, Habíale precedido el muy docto y venerable Padre Fray
Agustín de los Reye» (que fué su primer Novicio y discípulo
on Pnstrana), y habiéndole puesta el oro de su observancia,
nuestro Beato Padre sobrepuso los esmaltes: con que salió
consumada la labor.
De sn modo de gobierno en esta casa dicen todos los Reli­
giosos que le conocieron, cosas de grande admiración: espe­
cialmente de la invisible y secreta fuerza que d€f Dios tuvo
este su Siervo para unir corazones entre sí y consigo mismo,
para traerlos alentados y fervorosos, para encenderlos en el
Divino amor, para llenarlos de pensamientos santos, y nece­
sitarlos á que voluntariamente abrazasen la Cruz de Jesucristo-
No daba voces, no reñía, no se enojaba, no reprendía con
rig o r. y salía con todo lo que quería; y no con este y aquel,
sino con todos. De suerte que el torcido, el tibio y aun el dís­
colo, en su presencia parecía santo. Y si sus palabras eran
encendidas 011 el amor de Dios, sn compostura, sil mansedum­
bre, su quietud era una ascua, era una secreta reprensión,
que á todos rendía. En los rincones le tem ían, porque le
amaban, y alli no osaban desazonarle.
Aunque en todos los Conventos donde el Santo Padre estu­
vo y gobernó, dió siempre grandes muestras do su extremado
retiro y segurísima confianza en la Divina Providencia; pero
en este de Granada fueron más notables los ejemplos. Como
viesen los Religiosos lo poco que salía, y que visitándole al­
gunas personas graves. 110 los volvía las visitas, no por
méuos cortés, sino por más Religioso, le persuadieron que
saliese alguna vez, porque lo echaban menos los seglares.
Rindióse el Santo á la importunación, y determinó visitará
los Señores Arzobispo y Presidente. Comenzando por el últi-
VIDA ])i:r. BKATO I*. R. J l'A N DR I.A CEU'/.. 71

m n.qu e lo caía mas cerca, y pidiéndolo Ir! perdonase. el nó


haber hecho antes lo que debía, le respondió el Presidente:
Padre Prior, más queremos á V. P . y á sus Frailes en sus casas:,
r/ue en las mies tras: porque con lo primero nos edifican, y con
lo segundo ttm entretienen. E l Religioso retirado üús lleta, el co­
razon; y el qm sale por salir, ni á ?iosotros edifica, ni para si
gana crédito. No hubo menester más el Santo Prior, para que
abreviando 1;l plática (sin pasar á visitar al Arzobispo) se vol­
viese diciendo ¡í su compañero: Padre, confundido non lia
este hombre , y toda la Orden quisiera que hnbiera oído lo que
nos ha dicho, para que se persuadieran cuán poco ganamos
con esta impertinencia de visitas, que. el demonio quiere in­
troducir entre nosotros.con capa de necesidad. Vuelto al Con­
vento, refirió á su Comunidad lo que le habia pasado, y les
dijo: Padres mios, ningún testigo más fiel de lo que quieren
•le nosotros los seglares,<que ellos mismos. No nos quieren
cortesanos, sino santos: ni en sus casas, sino en las nuestras
encomendándolos á Dios.
No habiendo cosa que comer en el Convento, pidió el Pro­
curador al Santo Padre licencia para buscarlo; á que respon­
dió: Aún tiene Dios tiempo para prosee nías, sin que tm presto
le acusemos, la rebeldía. E sta mc/te habernos cenado, gracias á
Dios; y quien hoy diA la cena, maftam dará la comida. A sí fué:
porque estando eu Prima llegó un hombre, y dijo al Portero:
¿qué necesidad hay en esta santa casa? Que en toda la noche
no me ha dejado dormir una voz interior que me decía: Tú
estás regalado, y con gran necesidad los Frailes de los Mártires.
►Supo la que el Convento tenía, dió una buena limosna y lo sacó
de su aprieto. En otra ocasión él Procurador acudió al Santo
Padre dos veces, á pedirle licencia para ir á buscar de comer.
Díjolc el Santo Prelado: Válgame Dios, Hijo, ¿ y un dia que
falta, no tendremos paciencia? Ande, déjelo, y váyase á su cel­
da á encomendar á Dios esta necesidad. Mas como se tardaba
el socorro, instó tercera vez, y el Santo sonriéndose y con mu­
cha paz le dijo: Vaga, y verá qué presto le confunde, el Señor
por su poca confianza. Apénas habia salido el Procurador,
cuando encontró al Relator Bravo con una condenación que
los Señores de la C'hancilleria aplicaban al Convento de limos­
na , con que so volvió confuso.
72 VIDA DEL BEATO P. S. JU AN DE T.A CRUZ.

No sólo on las ocasiono* quo habernos dicho, sino también


en otras muchas resplandeció la perfecciou del Beato Padre,
así en el ejercicio de varias virtudes, corno en la demostración
de dones soberanos, seguí i veremos en los ejemplos que se
siguen. l)c su ardiente caridad para con nuestro Señor ora
manifiesto indicio ol resplandor que cuando hablaba de él so
veía en su rostro, donde trasladado algo del fuego que inte­
riormente le abrasaba, arrojaba centellas. Especialmente se
notó esto, 110 sin grande admiración, en lina plática que esta-,
lia haciendo en el Convento de nuestros Religiosos, dolante
do la Imágcn de un niño Jesús, de cuyo pecho salían muchos
rayos, unos mayores y otros menores, quo se termiuaban en
el Santo Padre, y de él en los oyentes: daiido con esto Su
Majestad ú entender que la s palabras de su Siervo eran cente­
llas salidas del pocho de Dios, y que con ellas comunicaba luz
y ardor á quien le oía. Diferentes eran estas cadenas, que las
que fingieron al otro Hércules, como que salían de su boca, y
prendían los oidos de los que le escuchaban: que aquello era
frialdad y mentira, y esto fué ardor Divino y verdad. No fué
menos argumento do lo mismo lo que testifica una Religiosa
de aquel Convento de (Jranada. Viole un dia desde la reja de
su Coro arrodillado y postrado por gran rato ante el Santísi­
mo Sacramento, de donde levantándose con el rostro inuy ale­
gre y encendido, le preguntó la Religiosa (que era muy fami­
liar hija suya) la causa de aquella tan alegro demostración.
¿.Ñola he de tener (respondió el Reato Padre) habiendo yo
adorado y visto á mi Señor? y puestas las manos juntas le
decia: ¡Oh Hija, cuán buen Dios tenemos! Cuan buen Dios!
Por esta Causa muchas personas doctas dijeron que aquel Re­
ligioso era dado de Dios para grande utilidad de las gentes: y
que era la fe en obra, y la doctrina de Cristo en hecho. Do
estos y otros modos de hablar usaron personas gravísimas,
para manifestar su ardiente caridad y el concepto que tenían
formado del gran Padre. Pero donde e ste amor se m a n ifesta b a
más clara y ciertamente, era en el que tenia al prójimo, y on
la caridad con que acudía al consuelo de las almas que esta­
ban á su cargo y al remedio de sus necesidades corporales, y
especialmente de los enfermos, de quienes tenía gran compa­
sión. Había perdido uno de los que había en su Convento la
VIHA DEL REATO P. « . JITAN' T>E T.A CTÍV.7.. 7 íi

gana del comer, y asistiéndole ol Beato Padre, le estaba ex­


plorando el gusto, y refiriéndole varios manjares, para ver si
apetecería alguno, y aunque mandó traer los que parecían más
á propósito, 110 lo piulo arrostrar. Compadecido entonces de su
enfermo, le dijo: Pues Hijo, yo quiero disponerle la comida y
dársela de mi m ano; yo le haré una salsilla con que le sepa
bien. Mandó asar una pechuga de a v e , y traída tomó un poco
de sal, y la echó en mi plato, deshaciéndola con una poca de
agua, y mojando la pechuga en esta salsilla se la dió ól mis­
ino por su mano á comer, diciendo: Esto le ha do saber muy
bien, y con ello ha de comer de buena gana: y fué a s í, que lo
comió con gusto y le supo muy bien: que no hay tal salsilla'ni
medicina para un enfermo súbdito, como el cuidado y caricia
de su Prelado, en cuya solicitud libra Dios muchas veces re­
medios milagrosos, cual parece haber sido este: pues un poco
de sal y agua por sí solos ¿cómo podían restituir un gusto tan
estragado y perdido, si á la salsilla del Prior no añadiera Dios
virtud particular1?
En otra ocasion mostró también este mismo afecto y rega­
lo para con sus Religiosos enfermos, m uy como padre de ellos.
Estuvo desahuciado en el mismo Convento de Granada un Her­
mano Lego: viéndole el Santo Padre con terribles bascas y
congojas, dijo al módico, si había en la medicina algún re­
medio para aquel enfermo. Respondióle que para el reparo de
la enfermedad no le habia: pero que para sosegar algo de
aquellas bascas, podría ser le hiciese provecho una bebida, mas
que era costosa, porque le llevarían por ella muchos ducados.
Hizo que la recetase luego, y al punto envió por ella , y el
mismo se la dió, y asistió á muchos de los medicamentos que
le hacían, para alentarle á que llevase con paciencia su traba­
jo : tal estima hacía de la salud , ó consuelo del más pobrecito
Religioso. V en verdad que no estaba sobrado el Convento,
sino muy necesitado: pero al que tiene caridad no le estrecha
la pobreza, y como gasta de la bolsa de Dios nunca le falta,
como lo veremos en el suceso que se sigue.
Llegó el año de 1584 y con él una gran esterilidad á toda
España. Padecían mucho los pobres, y compadecido de ellos
el Reato Padre, aunque su Convento se sustentaba de limosna,
y entonces no podían hacerla áun los ricos, ó l, ensanchando
7J vida m:i. rkato k s. .ii a 1^ oh i,a ciu'z.
los senos de la confianza cu Dios, y abriendo Las entrañas de
su gran caridad para con los pobres, los socorrió con mucha
largueza; así á los que acudían A la portería, como á otros
muy necesitados, por ser "•ente honrada, en sus casas. A esta
confianza en Dios y largueza do caridad acudió nuestro Señor
de m anera, que por más que daba, más le sobraba para dar.
Y advirtieron los Religiosos que habiendo sustentado aquel
año mucho número de ellos en el Convento, y obrado gran
parte de la fábrica de él, y tras esto socorrido con larga mano
tantas necesidades de pobres de la ciudad, le sobró trigo de
aquel ano, Cuando vino la cosecha del siguiente: lo cual parp­
en no podía ser por el camino ordinario, si Dios extraordina­
riamente no favoreciera la piedad y confianza del Beato lJadret
dejando en ella uu gran ejemplo y documento á los Prelados
Religiosos, para (pie con liberal y piadosa man o repartan con
los pobres loque á ellos también como á pobres da piadosa y
liberalmente el .Señor, y muchas veces por medio de los fieles
a quienes ellos socorren.
No menos resplandeció el amor con los prójimos de nues­
tro Beato Padre en la suavidad y prudencia con que endere­
zaba. las torcidas inclinaciones de algunos de. sus súbditos, y
corregía sus defectos. Reprendió en cierta ocasion á un Reli­
gioso una falta en presencia del Padre Fray Géronimo de la
Cruz, que lo refiere: y con hablarle el Beato Padre con su acos­
tumbrada templanza y modestia, el reprendido se destempló
y se encolerizó de suerte que respondió al Varón Santo con im­
paciencia y desmesura palabras libres y descorteses. ¿Qué sería
bueno hiciese el Santo Prelado entonces para confundir la sober­
bia de su súbdito, y enfrenar aquella alma que se iba despe­
ñando, y ganarla suavemente para Dios*? Quitóse la capilla, y
postrado en tierra, puesta la boca en el suelo (que es acción
religiosa propia, do culpados que reconocen su culpa, cuando
son reprendidos) estuvo así oyendo la reprensión de su súb­
dito, en tanto que descargo la furia ele sil impaciencia: q u e
una vez apoderada la ira á esto llega.. Cuando hubo acabado de
decir, se levantó el siervo de Dios, y besando su mismo Esca­
pulario (que también es acto de humildad), le dijo: Sea por
amor de Dios, y con esto se fué, dejando á su súbdito mucho
más confundido y corregido, que si le diera una muy <igriu re­
VIDA DF.J. ni'ATO I'. £. JUAN DI! I.A CHUZ. 7ó

prensión, y le castigara con la pena más severa del mundo.


De esta manera so hnho ol Santo Prelado eu esta acción, 110
porque le faltase valor para humillar cuando era menester á
los altivos y soberbios; sino porque con su mucha prudencia,
luz y santidad sabia dar á cada cosa su lugar y tiempo, y
esperarle cuanto era necesario. Y como conocía los naturales,
y áun sus interiores con luz particular del Cielo, y echaba
de ver (pie el de aquel súbdito en 1;l ocasión presente no
admitiría otra manera de medicina, le aplicó la más conve­
niente á su dolencia, que fue un heroico acto de humildad
caritativa. Y así se vió luego el efecto: porque confundida ol
Religioso con aquel humilde espectáculo, y reconocido de su
y e rro , se fué poco después con gran compunción y arrepen­
timiento á echar á los pies de su Prelado, confesando su culpa
y dándole gracias por la espera que había tenido en sufrirle,
para que no so perdiera. Acción tan digna de la prudencia ilus­
trada del Varón Santo, Cuanto de su rara humildad y caridad
ardiente con Dios y con el prójimo. ¿De donde sino de aquí
pudo proceder tan raro, eficaz y piadoso modo do corregir á
los súbditos? Qué otro principio pudo tener aquel encendido
deseo de hacer Santos á todos? De qué árbol ñ&ció aquel pre­
ciosísimo fruto de renovar la Orden, y establecer la R egla
primitiva1? Qué fuente pudo arrojar aquel impetuoso rio que
alegraba la Ciudad de Dios? Verdaderamente mucho debemos
á este gran Padre por habernos engendrado en Cristo, dando
principio á la Reforma; pero mucho más por habernos reen­
gendrado con su ejemplo, con su gobierno, con su doctrina y
con su admirable modo de vida, de que quedó tanto en el Con­
vento de (¡ranada, que lia podido conservarla crecida opinion
que hoy tiene en aquella ciudad de observancia y perfección.

XIV.

T r o m u c v e l a f u n d a c i ó n <íel M o n i t o r i o d e D e g c a U w e n U w n n d » , « ñ o 15* 2. — Sana Huna


M o n ja a l i r á l a f u n d a c i ó n d e M A l a y a . — S í g n e n s e o t r a g e u r o s T n lln g r o s a g , — L i b r a á
v a r i o s e n d e m o n i a d o s . — D e s l i a c o u n a c a l u m n i a q u o lu « u s r.itn e l d c iii o n ig .

Entre los demás beneficios que á esta ciudad y á toda la


Orden hizo, fue ser entro los varones la parte principal para
que se fundase el Monasterio de nuestras Religiosas de Sun
VIDA IJEI. JlKATO P. X. Jl'A N I)K LA CKCZ.

José, uno de los m uy observantes en toda la Descalcez. Acom­


pañó á la V. Madre Ana de Jesús, que venia por Priora, y á
las domas Religiosas señaladas para esta fundación, hasta
ponerlas en Granada f que fue dia de San Sebastian año de
1582 . En todo el discurso de este viaje fué maravilloso el cui­
dado y advertencia con que el Reato Padre procedió, asi en el
trato y compañía de las Religiosas, como en el ejemplo y
edificación de los seglares. Iban ellas solas en un carro, y el
Santo Padre y su compañero en jumentos. Llevando el tiempo
y lloras repartidas para sus ejercicios religiosos, se emplea­
ban en el oficio Divino, oracion mental y silencio, con la
puntualidad y división que si estuvieran muy quietos en sus
casas. Cuando llegaban á las posadas, acomodaba luego el
Santo Padre á sus Monjas con toda modestia y religión, donde
se guardaba el retiro y encerramiento posible. Confesaban y
comulgaban en los lugares que habia comodidad para ello.
Hacíales por el camino sus pláticas espirituales, tratando
siempre de Dios; pero con tanta gracia, que juntamente le ser­
vía de divertimiento a le g re : con lo cual aquellas benditas Re­
ligiosas se 1lidiaron al cabo de sn viaje tan recogidas y aprove­
charlas, como si hubieran venido dentro de un portátil Con­
vento, envueltas en sus misinos ejercicios y observancias. Tal
fué el provecho que causó en ellas la compañía del Santo Padre.
No fue menor el que despues obró en ellas fundado y a el
Convento , acudiendo como Padre y Maestro espiritual suyo á
confesarlas, consolarlas é instruirlas en el camino espiritual
y trato de oracion, con que en breves dias se hallaron creci­
das y mejoradas: experimentando con el trato del Beato Padre
maravillosos efectos, 110 sólo en el alma, sino también en el
cuerpo: de que referiremos algunos particulares sucesos. Lle­
vando de este Convento de Granada las Monjas á la fundación
de M álaga, que también el Santo Padre efectuó, dió María de
Cristo tan peligrosa caida de la cabalgadura sobré un peñasco,
que todos creyeron la había muerto. P'slu vo un ralo sin senti­
do, y derramando de la cabeza mucha sangre: el Santo Padre
puso las manos sobre la herida, limpióle con su pañuelo la
sangre, y sin otro beneficio se levantó sana y buena, y prosi­
guió su viaje. A Isabel de la Encarnación dió tan mortal acci­
dente, que ordenó el médico la sacramentasen muy apriesa.
vida m;i, hk ato 1'- s. j i a s he La C:1U?Z. 77
Llamaron al Santo Padre para que se los administrase. Al des­
pedirse le dijo ú la enferma el Evangelio de Sun MArcos ( 1 ), y
llegando á aquellas palabras: t i upe, r agros nmnm imponent,
et be.ne kaM ntnt, se las puso en la cabeza, con que de repente
sintió la enferma uno como sudor y tal aliento, que otro dia
se levantó de la cama. A esta misma Religiosa anunció el
Santo Padre unos trabajos que le habían de suceder, y la pre­
vino y dió esfuerzo para ellos. Mariana de Jesús estando con
un gran trabajo interior, se lo quitó el Beato Padre con solo
hacer que ren o v a se en su s m anos los tres votos d e la profesión.
A la hermana Ana de Jesús acordó en la confesion una imper­
fección, que había hecho siendo muchacha.
Estando para tomar el hábito cierta don cella, la tentó con
tal violeucia el demonio, que instantáneamente lo mudó el
corazon, y en su interior se resolvió á. no entrar en la clausura.
Estaba presente el S an to , y revelándole Dios la turbación de
aquella alm a, y hasta dónde tenía licencia de tentarla su
enem igo, hizo instancia para que siquiera pusiese los pica den­
tro de la clausura, y allí deliberase lo que había de ser, que
¿ 1 ,1a sacaría luego. Rindióse la doncella, aunque con mucha
-violencia al ruego del Santo Padre, y apónas puso los piés en
la clausura, cuando como si dejara la tentación á la puerta,
se quietó pidiendo con nuevas instancias el hábito. Desde su
Convento de Granada vió el Santo Padre que en Caravaca. es­
taba apretadísima la Madre Ana de San Alberto de unos escrú­
pulos que la atormentaban: determinó escribir al Siervo de
Dios, y cuando y a estaba para tomar la plum a, recibió una
carta su y a , en que le respondía á las dudas que quería con­
sultarle, y daba remedio á sus aflicciones. Escriben y dicen
las R eligiosas, que en este Convento de Granada le conocie­
ron y trataron cosas admirables á este propósito: afirmando
que parece les veía sus corazones, y desde su celda registraba
cuanto pasaba en sus a lm as, y en las de las ausentes que
tenía á su cargo. Y así andaban tan cuidadosas en todas sus
acciones, que no se osaban descuidar ni en un pensamiento,
creyendo que luego era patente á su maestro.
Estas luces y dones que alumbraban ambos Conventos, se

( 1 ) Mire. 1G.
78 V111A D KL HKA' J O 1' . S. Jl'AN Ol í LA C I U ‘2 .

derramaron afuera, y muchas almas así del siglo como d<*


otras Religiones también las participaron, teniéndole por
Maestro celestial, y dado del Señor para utilidad de sus con­
ciencias. Entre las muchas que perfeccionó, y otras que sacó
de pecado, consiguió ilustres victorias, echando al demonio
de los cuerpos que- ya tenia en posesion, como nos dirán estos
sucesos. Había en Granada un hombre poseído de un mal es­
píritu : habiéndose resistido á muchos exorcismos y oraciones,
llamaron al Beato Padre y le pidieron se encargase de su cura.
Habíale dado el Señor luz para conocer los demonios, la licen­
cia que tenían de Su Majestad para atormentar los cuerpos, los
medios con que los había de expeler, y conforme á estas no­
ticias disponía los conjuros. En viendo d este, conoció luego
ser de la calidad de aquellos de quienes dijo el Salvador que
no eran expelidos sino con oración y ayuno: y así dejado el
conjuro, se puso en oracion, pidiendo ¿i los presentes hiciesen
lo mismo. En viendo el demonio en oracion a l nuevo Elias
contra los sacerdotes de B a a l, conoció que lo había de. vencer:
y airado contra su enem igo, vomilaba injurias, derramaba
amenazas, y con aullidos procuraba divertirle de la eficacia
de su oraciou. Oh a d m ir a b le fuerza de este celestial ejercicio!
Olí brazo de Dios poderoso, á quien no sólo los demonios, si­
no el Sol. y todos los Cielos obedecen! Contigo los flaquísimos
son poderosos: sin ti los poderosos son flacos: y nadie se fió
de t i , que no saliese cu todo aprovechado. Así se echó de ver
eu este caso: porque continuando su oracion el nuevo crucifi­
cado, al cabo de un buen rato se levantó diciendo: Va el Señor
nos ha concedido la victoria contra este enemigo. No hay que te­
mer. Así fué, porque mandándole con imperio que saliese,
obedeció con admiración de los presentes.
En la misma ciudad estaba endemoniada una persona prin­
cip al, á quien por m egos de otras fué á conjurar el Santo
Padre. En tanto que hacía breve oracion, hablaba entre sí la
endemoniada, y el demonio dentro de aquel cuerpo decía:
¡ Qne no pueda yo vencer á exlc F railecillo J ¿Que no halle mi
astucia modo para hacerla caer! Que habiendo tartos aw s qne me
persigne y en varias partes, aquí no me quiere dejar/ Estaudo
en el Monasterio de las Religiosas, acudió otra mujer endemo­
niada : mientras el Santo se llegaba á ella, d e c ía ; Va tiene el
vida uet. nr:\To ik. s. j i ;an di? t.a c n r z . ?t)
ticncpmta á perseguirme; título que nuestra Madre Santa Tere­
sa solía darle algunas veces, pura explicar en cuerpo pequen o
s u gran C ap acid ad y c ie n c ia .
Dejando otros casos semejantes, sólo uno añadiré por lo que
tiene de enseñanza. Saliendo un dia A confesar á la Iglesia,
por no estar formados los confesonarios adentro, vió una per­
sona muy espiritual que estaba en e lla , que en un ricon do la
Iglesia había muchos demonios con apariencia de leonas, osos,
escuerzos y otras sabandija* ponzoñosas, los cuales salían
tentar á los que estaban orando, con la variedad de tentaciones
que representaban sus figuras. .Mas advirtió esta persona, que
cuando el Santo levantaba ó volvía los ojos hacia, ellos, todos
atropellando se Luían á esconderse en su rincón: de que igu al­
mente coligió que en ninguna parte está una persona libre de
sus tentaciones, por lo cual en todas se debe, vivir con recelo:
y que al Santo Padre le dió el Señor gran superioridad sobre
los demonios, pues tanto los atemorizaba su vista.
El demonio rabiojo no desistía de su intento, procurando
vengarse del Santo Padre: y y a que no podía vencerle en la
castidad, como habia pretendido en vano muchas veces, probó
á desdorarle en ella con un embuste propiamente suyo. Salien­
do el Beato Padre de su casa, lleg ó una mujer á é l, y mos­
trándole un niño que traía en los brazos, le dijo que pues
era suyo, le sustentase. Arrojóla de ai el Siervo de Dios con
santa libertad; pero como ella estuviese desvergonzadam ente
importuna, vióse obligado á responder. Preguntólo el Santo
Padre sin turbación alguna: ¿Quién dicen es su madre? Res­
pondió: Una Señora principal que tiene estado de doncella.
Preguntó más: ¿De dónde ha venido esta Señora íl Granada?
Y d ijo : Es natural de a q u í, y en toda su vida ha salido de la
ciudad media legua. ¿Y de qué edad es el niño'? Respondió la
mujer: De un ano poco más ó menos. Entonces con gran do­
naire y serenidad dijo el Reato Padre: Sin duda es hijo de gran
m ilag ro . porque yo no há un año que vine á G ranada, y en
toda mi vida he estado otra vez en ella , ni llegado muchas le­
gu as á la redonda: con lo C ual dejó convencida la mentira,
avergonzada la mujer, satisfechos los circunstantes que á los
gritos de la mujer habían concurrido: y el Siervo de Dios con
su paz y serenidad acostumbrada prosiguió su camino.
RO VIDA DEL B E M O 1*. S . JUAN DE LA CHUZ.

XV.
F ji nomlirnriu V icario P ro v in cial de A n d a lu c ía .— Su h u m ild ad y m odestia. — Susd&seoa
ilfc }>íkilir:Cer p u r C risto íiufsstiíi SuTiur.— N uevos m ilag ro s.

Estaba todavía el Santo Padre en su Priorato de Granada,


en que había sitio confirmado otros dos años (que entóneos no
duraban más estos oficios) cuando se celebró el tercer Capítulo
de nuestra Reforma eu la ciudad de Lisboa á 11 da Mayo año
de 15 8 5 , y hubo de acudir ¿i 61. Elidióse por secundo Provin­
cial de la Reforma al gran Padre Fray Nicolás de Jesús María
Doria, hijo de los Remedios de S evilla: entre los cuatro Difini-
dores nuevamente electos, cupo el segundo lugar á nuestro
Reato Padre, con que se suspendieron Jas demás acciones,
hasta que viniese el nuevo P ro vin cial, que estaba en Genova.
Llegando á España el mismo año, continuó en la villa de Pas-
trana el Capítulo comenzado en Lisboa. Determinando en él
que la Provincia Descalza se dividiese en distritos, por estar
y a m uy extendida por España, ju zg ó el Provincial por conve­
niente admitir algunos coadjutores, por los cuales se comu­
nicase con más facilidad su inlluencia. Por esta causa á los
cuatro Difinidores nombró el Capítulo por Vicarios Provincia­
les, señalando á cada uno la s Casas de su distrito. Cupiéronle
al Santo Padre las de nuestra AndaLucía. E l modo de su go­
bierno fué una idea de Prelados y Visitadores perfectos: porque
obrando primero que enseñando, ni faltó virtud alguna A su
ejemplo, ni advertimiento cuerdo á su enseñanza. La caridad,
la obediencia, la desnudez, la penitencia y mortificación de
súbdito lucieron más siendo Prelado común.
Comenzando por la hum ildad, en ella nos dejó m uy singu­
lares ejemplos. Diciendo un Religioso delante de alguna gente
que el Santo Padre había sido Prior en,cierto Convento, él hu­
yendo la estimación, respondió: También en ese mismof u i cocine­
ro. Hallándose en Granada, por justa causa v isitó á un Pro­
vincial de cierta Orden, persona muy cercana en calidad á un
Grande de C astilla ; y como el Santo Padre significase que se
hallaba m uy bien en el Convento de los Mártires, por ser casa
de soledad y retiro, dijo á esto el Provincial con mucha gallar­
día y desenfado y tono de ch iste: V. P . debe de ser hijo de algún
labrador, (pie ¿an amigo ee del campo. Respondió el Siervo de
vida d e l deato r. s. juan dií l a c rl’z. 81
Dios con mesura y rostro sereno: No soy, Padre Reverendísi­
mo, tanto corno eso, sino hijo de un pobre tejedordio. Estaban
algunos Religiosos presentes, y oyendo aquella su humilde
respuesta, quedaron pasmados mirándose unos á otros, con
harta confusion del Provincial, que habiendo renunciado el
mundo con humildad, en la Religión se llenó tic él con sober­
bia. Y de tal manera templó su vanidad, que desde entonces
quedó con particular afecto al Siervo de Dios, y asi él como
todos los que supieron el caso, dijeron que con razón tenía
aquel Fraile, la opinión de Santo.
A las palabras correspondían Las obras, que les daban efi­
cacia. Era el primero que asía la escoba y estropajo para bar­
rer y fregar. Servía en el Refectorio, subía á leer al pulpito,
hacía las camas á los enferm os: lavaba los pies á los hués­
pedes: cavaba, si era menester, eu la huerta con sus pocas
fuerzas, para quitar el miedo á otros que las tenían mayores:
ayudaba A los Confesores y Predicadores: hurtaba los oficios
de trabajo á los Ministros, como si fuera uno de los Conven­
tuales. Trataba á todos los Religiosos con mucha cortesía,
igualdad y llaneza aunque fuesen Novicios ó Hermanos legos
y donados, oyendo sus razones y tomando á veces su consejo,
dejándose enseñar del que parecía más despreciado ó ignoran­
te. Y en todo era tan enemigo de hacer ostentación de Prelado,
que y a que en actos forzosos habia de tomar su lugar y pues­
to , en otros más lib res, cual era el de la recreación, se senta­
ba en el lugar más despreciado, y de ordinario en tierra. Era
íinalniente tan humilde, que sola esta virtud podía rendir y
sazonar los ánimos de sus súbditos para recibir y adorar con
sumo gusto su gobierno.
Como la humildad sea madre de la rendida obediencia, 110
resplandeció ménos en ella nuestro P ad re, siendo puntualí­
simo en el cumplimiento de las órdenes que el Superior le
enviaba. Estando en la fundación del Convento de Rujalauce,
atendiendo á ella y á otras muchas ocupaciones y despachos
de la Provincia, le llegó uno deí Padre Provincial Fray Nico­
lás de Jesús María, para que fuese á verso con él en Madrid: y
con ser tiempo de invierno m uy llu vio so , y estar cargado de
muchos achaques, habiendo recibido el aviso y a de noche, se
partió el dia siguiente al amanecer. Y á los Religiosos que
<>
82 VIDA DKI , HKA' LO f . S. J l A.\ L)H I . A C.uZ.

compadecidos le persuadían esperase á que él t i e m p o mejorára,


por no ponerse en peligro tan manifiesto do la vida, ó por lo
menos de perder del todo la salud, respondió una sentencia
digna de su gran espíritu : Mal podré yo (dijo) amonestar des­
pués á los Religiosos la puntual obediencia, si en mi no la ven
puntualmente ejecutada.
En la observancia regular y caridad con los hijos era extre­
madísimo nuestro Beato Padre. En llegando á loa Conventos,
sin admitir regalo de hospedaje que no fuese m uy necesario,
se entraba luego en la Com unidad, y andaba tan regular en
su perpétua rueda como los demás Conventuales. Acudía á las
necesidades del alm a y del cuerpo con suma solicitud; y re­
prendía severamente á los Prelados inmediatos descuidados
en esto: mayormente cuando sentía que obligaban á comprar
con adulación la justicia de su remedio. Procuraba desembara­
zarse de otras ocupaciones ménos im portantes, y se empleaba
en comunicar á cada uno de los R eligiosos, saber sus trabajos,
desconsuelos, penas, encuentros, fruta de Comunidades: sus
tentaciones y pasiones, y juntam ente su aprovechamiento y
desmedro en la virtud. Y como tenía don tan grande del Señor
en la enseñanza espiritual, y tan asentada opinion con lodos,
comunmente conseguía de ellos todo lo que intentaba. Era
dulce y recto , según la condicion de D ios: y así las leyes que
im ponía, uo les cansaban tem or, sino respeto. Medíalas con
las fuerzas y esp íritu s, y conociendo lo que necesitaban los
sujetos y las Comunidades, las dejaba alegres, pacíficas y fer­
vorosas , dando gTacias á Dios porque les dió tal Prelado.
No ménos que en los Conventos, fue nuestro Visitador ejem­
plar en los caminos. Sabía que el que se aprovecha de ellos
para sacudir el peso de la R eg la , no entiende la obligación del
M onje, que no permite cesar un punto de la observancia con­
forme lo» tiempos, lugares y necesidades. Fraile en cusa, y
seglar en el cam ino, monstruo es de dos naturalezas opuestas.
No admitió mas aparato que ¡1 un ju m en tillo : porque sus fuer­
za s, gastadas y a con los r ig o r e s , 110 le permitían andar á pié
larg as jornadas: y repartíalo con un Hermano le g o , que re g u ­
larmente llevaba por com pañero: al cual a v e c e s le mandaba
subir y le servía de mozo. Iba de ordinario sentado, leyendo
\inas veces en la B iblia, otras cantando Salm os ó algu n as co-
V I DA HUI . MBA T U V. .1F A N UK LA ( U I Z . 8ÍÍ

pías dr\c>l;is puní estar siempre en la presencia. deL Señor. EL


más ordinario ejercicio era el silencio atento á Dios. Si hablaba
con el compañero, era para afervorizarlo y aliviarle del tra­
bajo del camino con provechosas y santas consideraciones.
Yendo una vez con el hermano Fray Martin de la Asunción,
le dijo: Hermano, hagamos cuenta que somos soldados de Cris­
to, y que camhuniMS entre infieles, determinados de dar la vida
por su amtr. S i ahora saliesen algunos moros ó herejes á ma­
tarnos, y topando primero con vuestra Caridad le diesen muchos
golpes y palos, ¿corno los KrrtrriaJ Respondió el hermano: En
paciencia, Padrenuestro, con el favor de Dios. El entonces
con una sant-a indignación le- dijo: ¿Con esa tibieza lo dice, y
110 con deseo de qv.e lo hiciesen pedazos por Cristo 7 Pocofervoroso
es, poca ansia tiene de padecer por quien, tanto por nosotros pa­
deció. Por el camino no llevaba viático ni prevención: fiábase
de la providencia D ivina, y ella le proveía de lo necesario. En
llegando á los mesones buscaba el rincón más secreto pafíi su
continuo ejercicio de oracion, y allí rezaba siempre de rodillas
el Oficio Divino, y el menor de nuestra Señora, y á él le lleva­
ba el compañero lo que conforme la R egla liallaba que comie­
se. Tendía en el'suelo una mantilla vieja, que traía sobre el ju ­
mento , y en ella se recostaba vestido el poco rato que dormía.
En este tiempo prosiguió'el Señor en el Santo Padre la
gracia de hacer m ilagros, para m ás acreditar su santidad y
gobierno. Saliendo, una vez de la villa de Porcuna con el dicho
llermaüo Fray Martin, y un Hermano Donado, llamado Pedro
de Santa María, en la cuesta que h ay para bajar al rio, el
Hermano Donado tropezando en una piedra dió tan mala caída,
que se tronchó una pierna. Tratando de la cura, hallaron tan
hecha pedazos la canilla, que sonaba como caña cascada. Te­
nía la pierna el Hermano Fray M artin, y siendo el medico ol
Santo Provincial, no le aplicó mas remedio que bañarle con
au saliva la can illa , y atándola con el pañuelo, le subieron
sobre el jumentillo que para los tres llevaban. caminando Los
demas á pié hasta llegaT á la venta de los V illares. Parando
en ella , dijo el Santo: Aguarde, Hermano, le apearemos, por­
que no se lastime. Respondió: ¿qué es lastimar. Padre nuestro?
Ya no me duele la pierna; y tentándola, vió que estaba sana.
Saltó con alegría al suelo, hizo pruebas de su tirineza y sa-
84 VIDA DKL HR ATO P. Si. JUAN DE LA CRUZ.

lucí: y aunque loa dos Hermanos» la adam aron por cura mi­
lagrosa, el Santo Padre, por deslumbrarlos les dijo: Callen aki,
iqn é saben ellos de milagros'! Mas viendo que no bastaba, les
apremió con obediencia á que lo guardasen en silencio.
Como era tan prevenido soldado en la m ilicia de Cristo
nuestro gran Padre, nunca dejaba las armas de sus rigores.
Traía á raíz de las Carnes aquellos sus ordinarios zaragüelles
de esparto anudado, que sólo mirarlos ponía grim a. Vióselos
un dia, subiendo el Varón Santo a caballo, au compañero, y
compadecido de que en el camino usase de cilicio tan riguroso
le persuadió se los quitase; pero el Varón de Dios respondió:
Hijo, bástanos ir á caballo, que no ha de ser todo descanso. Traía
ceíiida al cuerpo una cadenilla de hierro con dos puntas en cada
eslabón. Escondíala mucho porque nadie la v ie s e , pero como
había de ser tan provechoso su ejemplo, quiso el Señor fuese
manifiesto. Llegando un dia al Convento de G uadalcázar, le
dió tan fuerte dolor de hijada, que casi le privó el sentido; y el
médico le halló con tales accidentes, que dijo ser la enferme­
dad m ortal: el Siervo de Dios respondió: N o es llegada la hora
de mí muerte; mucho padeceré en esta enfermedad, pero no moriré;
porque aún no está acabada de labrar la piedra; y todo sucedió
como lo dijo. Ordenáronle una unción conficionada do aceites
á propósito; y dióse tanta priesa á hacerla el Hermano Fray
M artin, que no dió lugar al Santo Padre para esconder la ca­
denilla, y hallóla tan asida á las carnes, que por partes ha­
biendo ellas crecido no se veía. Hizo d ilig e n cia , y con no pe­
queño tormento del paciente, no pudiéndola apartar la arrancó
derramando mucha sangre, y supo de él que había siete anos
que la traía puesta. Más sintió esto el humilde penitente, que
la enfermedad; y viéndose y a descubierto, mandó eti obedien­
cia al Hermano F ray Martin que callase. Hízolo él así, y guardó
la cadenilla para consuelo suyo. Por su respeto obró el Señor
por esta cadenilla un m ilagro singular. Llegando ol Hermano
F ray Martin y prestándola (anos despues) en Andújar á Diego
de los Ríos, persona principal y gran bienhechor de aquella
casa, la aplicó á un hijo suyo que estaba y a desahuciarlo de
una mortal modorra y calen tu ra, y al punto cesó una y otra;
con que á otro dia fue al Convento á reconocer á Dios y al Bea­
to Padre el beneficio.
VIDA DEL BEATO P. S. J U A N DE LA CHUZ. 85
Otra calentura no inferior á la pasada curó el Santo Padre
en este tiempo con ('1 contacto de un sombrero suyo y eficacia
de su voz. Venía do (.í ranada para la Mancha de Jaca , y lle­
gando á la venta de Renal v a , vió salir dos hombres con espa­
das desnudas riñendo y tirándose muchas cuchilladas, ciegos
de cólera, y que el uno de e llo s, que estaba y a herido en una
mano, procuraba con mayor rabia la venganza y matar al con­
trario. Diúse priesa el Reato Padre, y cuando llegó y a cerca de
ellos, alzando la voz con superior imperio, les dijo; En virtud
de Jesucristo nuestro Señor os mando que 110 riñáis más; y
echando 1nano del sombrero que llevaba, !e arrojó en medio
de los dos con tul efecto, que trocada la cólera ciega en un pe­
regrino y misterioso temor, se quedaron corno pasmados mi­
rándose el uno al otro. Apeóse del jumento, y hablándoles más
suavem ente, les persuadió que dejado el enojo fuesen amigos,
y acabólo con ellos tan cum plidam ente, que no sólo se dieron
las manos de am istad, mas también besándose los piés el uno
al otro se pidieron perdón con humildad profunda, lo cual con
razón tuvieron por milagroso los que estaban en la venta: pues
no es ménos admirable detener una pasión tan ciega y conver­
tirla en paz, que atajar una mortal calentura, apagar un furio­
so incendio, ó volver atrás el ímpetu de un arrebatado rio.
Caminando otra vez con el Hermano Pedro de la Madre do
Dios, desde Daena á Jaén , hubo de pasar el rio que está antes
de las Ventas de Doña María. Venía tan lleno, que los arrieros
no se atrevían á vadear su corriente. Quiso hacer lo mismo el
Santo Provincial; pero alumbrado del Cielo, dijo al compañero
se quedase para ir con los demás pasajeros, y él con el jum en­
til lo se echó al agua. A poco trecho atravesándose á los piés
de la cabalgadura linas taram as, tropezó y con ella el Santo
Padre, el cual viendo su peligro acudió á su ordinario refugio;
llamó á la Santísima V irgen , que apareaóudosele tan presta
como afable, le asió de las puntas de la capa v llevó sobre las
aguas hasta dejarlo en la orilla con grande admiración de los
presentes. Salió también la cabalgadura, y sirviéndole de es^
puela su caridad, á todo correr cogió el camino hasta llegar A
la venta. Halló on ella un pasajero pasado con tres puñaladas
que el hijo del huésped le había dado. Admiró entonces la be­
nignidad del Señor con aquella alma, y mas cuando llegándole
8G VIDA DF.I. REATO P. S. JITAN DB I.A CHUZ,

á confesar supo que era R e l i g i o s o profeso de c i e r t a Orden, y


entóneos andaba apóstata. Dispúsolo por espacio do dus huras,
y al fin de ellas arrepentido espiró.

XVI.
Funda e n C ó r d o b a el Convento d e San R oque a n 15ffl. — Salva n t i t a l r n S n ñ n r :i jiI H m iin
Padre Juan Je un inm inente peligro. — Mace las fundaciones d« M adrid,
Hfftl .y C nravncn. — l'e-tu’ionn* del p lin to l\td r o A Su M aje stad . — M arav illo so éx tasi*
i|uo luvo en v in. — Ailiiiirnlili's HUs|iL'iiíiii)iie« dti Nlrn, .Snutu Padre.

No sólo en adelantar lo fundado, sino también en dilatarlo


estadio la providencia de nuestro Beato Padre, por lo cual en su
Provincia hizo algunas fundaciones. La primera fue en Córdo­
ba. donde fundó el Convento de .San límpie á 18 de Mayo año
de lñRfi: fué con tan feliz pronóstico de lo que en aquella no­
bilísima ciudad los Descalzos hablando servir á la Santísima
Virgen, que obró con su Santo Provincial y Fuudador una sin­
gular maravilla. Para edificar la Iglesia comenzaron á derribar
una pared vieja. Socaváronla tanto, que vino á caer sobre la
celda en que estaba el Santo Padre, de manera que toda la
hundió. Levantando todos el alarido, creyendo habia cogido al
Santo Provincial, acudieron seglares y Religiosos á desenter­
rarle, y alegre y sereno le hallaron en mi rincón, sin recibir la
menor lesión ni detrimento. Preguntándole la causa de tanta
m aravilla, respondió: Habia tenidofuertes puntales; porque la
d éla capa blanca {así llamaba á nuestra Señora) milagrosa-,
mente le Jutbia librado de aquel riesgo.
Habiendo dispuesto lo mejor que el tiempo dió lugar las
cosas del Convento, dejándole muy acreditado, partió para Se­
villa á visitar y consolar aquellos dos primitivos, que tanto
habían hecho y padecido por el bien de la Reforma en los tiem­
pos turbados. Recibiéronle como á Padre de todos, como á
origen del bien que poseían, y como á Doctor de. toda perfec­
ción. De camino hizo un gran beneficio al Convento de las
Monjas. Consideró que la calle quf llaman de la Pajeria, don­
de entonces estaban, ni era decente á su honestidad ni conve­
niente para b u decencia. Buscóles la casa buena que ahora tie­
nen ^en barrio y sitio muy á propósito, y dejándolas en ella,
volvió para Córdoba para dar á aquella fundación cumplida
forma y asiento.
VIDA DEL BEATO P. S. JU A N DE LA CRUZ. 87
Por el mes do Setiembre del mismo ano se concertó la fun­
dación de nuestras Religiosas en la villa de Madrid, y la fué
á ejecutar el Santo Padre. Salió de Granada con la Venerable
Ana de Jesús y otras dos llo ligio sas, y tomando de los Con­
ventos de Malagon y Toledo las demás señaladas para La fun­
dación , llegaron á Madrid consoladisim as: porque las pláticas
del Santo Padre no sólo las tenía recogidas, sino endiosadas.
En el camino le sucedió una singular maravilla. Pasando por
vado el rio Guadiana. revieron las Monjas en gran peligro,
por llt'var grande corriente; poro ol Santo Padre, siguiéndolas
en su junieutillo, la pasó tan sin c‘l , que sirviéndole el rio do
escabel, iba sentado sobre las aguas; en lo cual se confirma­
ron las R eligiosas, cuando lo vieron despues salir enjuto- Lue­
go que volvió el Santo Padre á su Provincia por el mes de Oc­
tubre del mismo añ o , se concertó en la Mancha R ea l, dos le­
guas de Jaén , una fundación de R eligiosos, que el Santo efec­
tuó basta, dejarla sentada y concluida. Con el misino órden
del Ditinitorio ejecutó el año siguiente la de Caravaca.
Concluido su oficio de Vicario Provincial en el Capítulo
intermedio celebrado en Valladolid este mismo año á 18 do
A bril, entre las demás elecciones cupo al Santo tercera vez
el Convento de Granada, con mucho gozo de Religiosos y se­
glares , que experimentados en bu celestial m agisterio, libra-
ban en la continuación la mejoría de sus almas. Venerábanle
tanto, que hasta las sobras* de su com ida, loa remiendos de su
hábito tenían como por preciosas reliquias. Esto sucedió mu­
chas veces á las Religiosas de Granada- Si alguna se quedaba
á comer eu el Convento, por falta de salud ó rigor del tiempo,
con gran cuidarlo recogían los mendrugos y sobras, y las co­
mían con tanta dcvocion, que libraban en ellas no solo la sa­
lud del cuerpo, sino también la del alma. Traía á esta sazón
ol Santo Padre un hábito muy v ie jo , y á instancia do un Hijo
suyo admitió otro más razonable, y el Religioso se vistió ol
que el Santo Prior había dejado, y él tenía por reliquia. Al
punto comenzó á despedir de sí tal fragan cia, que llegaron á
presumir los demás que andaba cargado de c lin e s, tau ajenos
de un Religioso. Excusóse con la verdad. y confirmáronse eu
ella, cuando quitándoselo el Religioso, hallaron que no era
suya la fragancia, sino del hábito del Santo Padre. Iba el
88 VIDA l>líl, UEAT0 I'. K. Jl' A X l)lí LA OR tZ .

Señor perfeccionando á su Siervo muy apriesa, porque se lo


quería llevar: y queriendo dar lo los últimos retoques de per­
fección, y dejarnos esta imagen acabada de su m ano. le pro­
vino al fin de este año, cuatro ántes del de. su m uerte. infun­
diéndole unas Insaciables ánsins de padecer por su anaor: de
las cuales solicitarlo el fervoroso Padre, le pedía de continuo
tres cosas. La primera, Que no le llevase de esta, vida .siendo
Prelado, sino humilde súbdito, y ejercitado de m Prelado. La
segunda, Que le diese qm padecer por su amor. Y la tercera, Qiw
muriese abatido, donde no le conociesen. Para conseguirlas de
Su Majestad, se valió de su oracion, y también de las ajij-
nas. Concedióselas el Señor, como dirá lo restante de su vida.
Un año solo duró en este Priorato; porque habiendo alcan­
zado Breve del Papa Sixto Quinto eu que á la Descalcez la eri­
g ía en Congregación, y sus Partidos en Provincias, se convo­
có el primer Capítulo general eu Madrid para elegir Vicario
general, y disponer el gobierno, según ordenaba el Pontífice.
Para la elección de Vicario g e n e ra l, que cayó en el gran Padre
Fray Nicolás de Jesús María Doria, se eligieron antes seis Di-
finidores Consiliarios, que con voto decisivo habían de resol­
ver los negocios de la Congregación, á cuyo Tribunal dieron
nomhre de Consulta. Kntre los seis salió nuestro Santo Padre
por Difinidor y Consiliario primero, Despues de sentar su for­
m a, para su ejecución señalaron el Convento de Segovia.
Atendióse entre otras causas á que siendo el Beato Padre el
primero que dispuso y desde Granada facilitó la fundación de
aquella casa, era justo que él le diese el complemento, por
la veneración en que le tenían sus fundadores Doña Ana de
Penalosa y su hermano Don Luis de Mercado, Oidor del Con­
sejo Real, Ausente el Vicario general en la visita de Ja Con­
gregación, quedó nuestro Santo Padre por Presidente, eu la
Consulta, y juntamente por Prior de aquella C a s a , en la cual á
un tiempo atendía á muchas obligaciones: como Presidente
mostró su prudencia, su circunspección. su entereza, su neu­
tralidad, con que sin respetos ni temores, sino llevando por
norte á D ios, cuidó el alimento y paz de su Familia.
Como Prior, demas de haber mudado el Convento á mejor
sitio y comenzado la obra, cuidó la dirección, alivio y apro­
vechamiento espiritual de sus súbditos. Trabajaba en la obra,
VIDA DEL BKATÓ H. Si. Jl' \ S DK L.V CRUZ!. fiO

ayudando á los peones por sus propias manos como si fuera


uno de e llo s, dejándonos este ejemplo de tanta humildad. Y
hacíalo el Santo Padre. 0011 tanto g u s to , que era alivio de los
demas obreros, asi seglares como Religiosos. La vida que aquí
h izo, fué muy conforme á su acostumbrada penitencia. Tenía
por celda el hueco de una escalera, eu él su tarima con dos
mantas viejas, una tabla asida á la pared le servía de mesa:
Breviario. Biblia, una Cruz de palo, y estampa de papel eran
todos los adornos de su celda. Tal y tan acomodada la escogió,
siendo él Prelado de la casa, con ejemplo bien contrario á los
que en todo buscan sus comodidades. Sus vigilias eran tan lar­
g a s , rpie admiraban los Religiosos cómo podía .sustentar aque-
lia flaqueza con tan poco sueño. Eranlo también y m uy rigu­
rosas las disciplinas. Y solían (compadecidos de tanto rigor) los
que le oían, llevar luz hácia el lugar donde estaba, para que
desistiese del ejercicio. Este rigor le nacía de la atenta consi­
deración de la Santísima Pasión de Cristo, que no apartaba de
su alma. En memoria de la hiel y vinagre que en la Cruz le
dieron, se desayunaba los Viém es con alguna cosa muy amar-
g a , y especialmente con ruda. En una Semana Santa le comu­
nicó tanto el Señor del misterio de su Sagrada Pasión, que le
quedó traspasada el alma. Sus ojos eran fuentes do lágrimas:
su abstracción tal que no estaba para tratar coa nadie. A los
Hijos ó Hijas muy aprovechados que no eran Sacerdotes, solía
aconsejar que no comulgasen el V iérnes, por privarse de los
consuelos de la Sagrada Comunion; y que dedicasen aquel dia
á sólo padecer en amargura, como lo hace la Iglesia el V iér-
nes Santo.
Otro éxtasis hallamos de nuestro Beato Padre en Segovia
en confirmación de los sentimientos del prim ero, y muy ma­
ravilloso. Estaba un dia orando ante una Imagen de Cristo Se­
ñor nuestro con la Cruz á cuestas: y vuelto en sí de la sus­
pensión que le había causado aquella lastimosa figura, oyó
una voz que saliendo de la misma Tmíigen le llamó y dijo:
Fray Juan. Como el Beato Padre era tan espiritual, y estas
hablas y revelaciones sensibles las tenia por sospechosas, no
hizo caso, hasta que repitiéndose la voz segunda y tercera vez,
y sintiendo y a en su alma los íntimos efectos que no sS.be, ni
puede contrahacer la criatura, respondió, como otro Samuel:
Oü VTDA DEL DE ATO P. S . Jt'A X li li L a CRUZ.

Señor, aqui estoy. Díjole Su M ajestad: ¿ Qué premia quieres por


lo que por m k a s hedió y padecido i A que respondió con igual
valor que presteza: Padecer, ¡Señor, y ser menospreciado por
tos. ¡ Olí fuerte y rara petición! Oh pecho valeroso! ¿Quién oyó
jam ás a tal ofrecimiento y promesa semejante petición? Pido
Moysen ver la clara taz de Dios. La Samaritana el agua do
vida eterna. Felipe que le muestre al Padre. Las primeras si­
llas Juan y Diego. Pedro la gloria del Tabor. Pablo ser libre
de un molesto espíritu. El Angélico Tomás al mismo Señor.
Y nuestra gloriosa Madre Santa Teresa morir ó padecer; pero
nuestro Santo Padre con singular y valeroso espíritu, ui pide
g lo ria , ni busca descanso, ni admite opcion de trabajo ó muer­
te, sino que resueltamente pide trabajos y desprecios, y esto
por premio de trabajos y desprecios.
íso fueron aquí menos fervientes los ejercicios de oracion
(pie los de penitencia. Era tal y tan continuo el trato que tenía
ron Dios, que sin poderle divertir las obras exteriores, andaba
siempre absorto en lo interior, que era necesario, cuando ha­
blaba con algu n o , hacerse, mucha fuerza para atender al ne­
gocio, ó usar de algunas particulares diligencias para no del
todo trasponerse: como apretarse secretamente el cilicio ó
cadena de que andaba ceñido, picarse con algun alfiler; y
cuando más no podía, cerrado el puüo daba con los artejos de
los dedos eu la pared hasta desollarlos. ¡Oh espíritu morador
del Cielo y anegado en D ios! ¿Quién hubo menester tanto cui­
dado para atender á las cosas Divinas, cuanto este Varón
contemplativo para advertir á las humanas*? Solían preguntarle
Las Monjas, no sin devota curiosidad, qué había comido en su
casa. E importunado con llaneza muchas veces, jamás supo
dar razón de lo que había comido. Otras veces estando con la
Madre Priora, que era la Madre María de la Encarnación, muy
su H ija, solía quedarse suspenso; y á cabo de rato le pregun -
taba ¿en qué íbamos de nuestra plática? Esta virtud y gracia
participaban también los que trataban con el Beato Padre. Es­
pecialmente en las pláticas espirituales era tanta la fuerza de
su espíritu, y dulzura de sus palabras, que los tenía á todos
suspensos, ó sentados ó en pió,- como la plática los cogía: y
tan atentos á las cosas altas, que ninguno se rebullía ni repa­
raba en cómo estaba. Aun i los brutos ponía el Señor, para
VIDA DHL REATO P. S. JIJA* DE LA CRUZ. 91

honra do su Siervo, algunas veces esta reverente suspensión.


ILabia en casa un perro grande: solia entrar en el Refectorio á
buscar de comer. llízolo una en oeasion que el Santo Pariré es­
taba hablando, y los Religiosos tan atentos y colgados de sus
palabras como siempre. El perro se sentó, como .suelen, sobre
los piés, levantarlo el cuerpo sobre las manos, y puestos los
ojos en el que hablaba, se estuvo quietísimo hasta que acabó,
que se volvió á salir. Dió esto que pensar á los presentes, y lo
notaron cu las informaciones.
Esta admirable suspensión del Santu Padre era más larga
y profunda cuando solía retirarse á una cueverita que halló
muy á su propósito dentro del sitio de la huerta. Abrese en la
pena tajada de un risco la bocado una pequeña concavidad,
donde apenas cabe un hombre recostado. Nido parece de al­
guna águ ila, y suelo de nuestra celestial águila San Juan.
Alli hurtado al bullicio del inundo y ocupaciones del Convento,
guzaba de su amada soledad. Y muchas veces se notó que le
rodeaba un escuadrón de pajarillos, y haciendo coro, ó susti­
tuyendo en su apariencia los A ngeles, le daban dulces m úsi­
cas , que en vez de divertir bu atención se la recogían más y
dejaban traspuesto en Dios por largo rato. Bajaba de aquí al
Convento tan endiosado y encendido el rostro, que parecía
arrojar llamas y vibrar resplandores como otro Moysen, del
consorcio y comunicación que habia tenido CQn Dios. De allí
también bajaba aquellos sentimientos celestiales y como tablas
de la Ley pon que después eu las consultas, pláticas, y gobier­
no de su Religión y de todas las almas que estaban á su cargo,
daba Divinísimos consejos y preceptos.
Por otra demostración no menos admirable que la pasada
acreditó nuestro Señor la santidad de su Siervo. Notaron asi
Religiosos como seglares, que los años que estuvo cu esta
casa le asistía una paloma distinta y de mayor hermosura que
las demas, con el cuello dorado y que parecía resplandecer con
sus plumas: la cual, ni arrullaba ni hacia ruido, ni bajaba á
comer ni hacía compañía con otras, y siempre estaba sobre la
celda del Sauto Padre, ó cerca de ella donde la pudiese ver,
significándole su amor, pues no quería perderle de vista. Con­
ferido el caso entre los Religiosos, dijeron que lo mismo había
sucedido en Granada, y que adonde quiera que iba el Santo
92 VIDA DEL BEATO P . S. JU A N DE LA CRUZ.

P ad re, le seguía aquella misteriosa paloma , que sin duda era


el Espíritu S anto, que tantas luces esparcía siempre en su al­
ma, en su lengua y en su pluma.

XVII.
A |m ré c c sc lc iju m a ilre al líe n lo J u n n . — E s fn v n recid o con el d o n de p ro fe c ía y d ia cre-
cicm <iu e s |i í r i t u s . — S e linee s'jspcc’lioau ul C a p ítu lo p e n o r n l en 1391, y le d e ja n , s in
uHr.io. — Itesluuai lin a fu riim u lu m p e s tu d . — lí x tiii^ iiu u n lu r jililo in c e n d io .— O b ra s
»in« e s c r ib ió N. D. P a d rn . ,

Quien tan asistido se hallaba del Espíritu de Dios, uo es


m aravilla fuese visitado de los Ciudadanos de su Corlo: y
así sucedió A nuestro Beato Padre en este tiempo en su Con­
vento de Segovia estando con su Venerable Hermano Francisco
de Yepes: el cual, habiéndosele muerto todos los hijos <pie
tenía, vino desde Medina á consolarse con el Beato Padre. Pu­
siéronse ambos en oracion, y en ella se le apareció su madre
Catalina Alvarez gloriosa, y en su compañía todos los hijos
del Siervo de Dios Francisco de Yepes, también gloriosos, con
que quedaron ambos consolados.
Los que muy d^ ordinario tratan con Dios con familiaridad,
lealtad, amor firme y profunda humildad, suelen ser de Su Ma­
jestad honrados con la llave dorada de su pecho, que es el don
de profecía y discreción de espíritus, en los cuales fué admi­
rable nuestro Beato Padre, como se verá en los sucesos si­
guientes. Harto de esto se ha dicho en otra parte: pero porque
sin duda creció mucho en esta ciudad y tiempo, fué justo
notarlo aquí. D. Juan Orozco de Covarrubias, Arcediano de
Cuéllar en Segovia, andaba con algunos barruntos y esperan­
zas de que le habían de dar un Obispado, y dando cuenta de
ello al Santo Padre con quien comunicaba las cosas de su
alm a, le respondió que de ninguna manera le con ven ía: por­
que si lo aceptaba serían m u y grandes los trabajos y peligros
en que se había de ver. Dieron le después el Obispado de Sur—
gento, y aunque temió, aceptó, prevaleciendo el honor pre­
sente al recelo futuro. Pasó á Italia, y vióse en tan hondo pié­
lago de aflicciones, trabajos y persecuciones, que se volvió
como huyendo á España.
Acudía Francisco de Ureña, barbero del Convento, á hacer
por su devocion y de limosna la rasura á los Religiosos: iba
V tiu I>KL REATO P. 3. JU A N DE LA CRUZ. 93

por el camino pensando entre «i que tenía necesidad de uu ju ­


bón. Habiendo acabado la rasura, llegó el Padre Procurador de
la casa y le dió en secreto un jubón de holanda nuevo, y re­
husando el el recibirlo le dijo: V. Merced lo torne, porque
nuestro PadTC Prior Fray Juan de la Cruz me manda que se lo
dé á V. Merced; y con esto le forzó á tomarlo. Quedó el buen
hombre maravillado de que así le hubiese penetrado el corazon
el Santo Padre y con tanta caridad socorrido. Dos Religiosos
del Convento de S eg ó via habían tratado muy en secreto de mu­
darse á la Cartuja con titulo de mayor perfección: lazo en que
de ordinario hace caer el demonio ¡i los inquietos. Llamó el San­
to Padre al uno de e llo s, llamado Fray Bernabé, descubrióle
el secreto y peligro á. que se e x p o n ía n , p ersu ad ióle h u y ese de
aquel Religioso, porque estalla tan apoderado el demonio de él
que le vencería y despeñaría. Retiróse con esto Fray Bernabé,
y el otro con la mudanza acabó míseramente. A otros dos Reli­
giosos les dijo las palabras de Cristo Señor nuestro: Ut quid
cogitatis mala iti cordihus te s tr ü i (1) Y queriendo ellos encubrir
su malicia, el Santo Padre les desenvolvió sus corazones y re­
prendió el juicio falso que secretamente habían hecho de un
Religioso. Estando el Santo Padre en su celda, le dió nuestro
Señor á entender una grande apretura cu que estaba una Re­
ligiosa de aquel Convento de Segovia, y al punto fué á sacarle
de él. Y no sabiéndosela decir, por ser muy interior, le declaró
todo lo que sentía, como si lo viera con los ojos corporales.
Otra Religiosa del mismo Convento testifica, que confesán­
dose con é l , habiendo acabado la confesion le preguntó si te­
nia más que confesar. Respondióle que no. Y replicóle: Mírelo
bien, Hija, y acuérdese de esto y esto. Quedó admirada: cono­
ció su olvido, y confesó la falta. Muchos casos semejantes á
los dichos se relieven, que le pasaron con personas no sólo
presentes, sino ausentes, Religiosos, Religiosas y seglares:
avisándoles desde Segovia lo que les importaba para su reme­
dio ó para su consuelo: deshaciendo las marañas y lazos que
el demonio les armaba. De suerte que podemos decir haber si­
do un lucero, que en las tinieblas de la vida á todos alumbra­
ba y á todos beneficiaba.

^ 1 ) M att. 9.
t)4 VIDA DET. nF.AT-;) I'. S. .11 AN DE I.A C.’ltl'Z.

De otra manera harto maravillosa socorría el Santo PadTC


á las almas. Trajo nuestro Señor á la Religión una mujer no­
ble en la flor de sus años. Sintió el demonio mucho esta mu­
danza , por ser el sujeto muy á propósito para cebo de sus la­
zos : y asi le hacía notable guerra contra los propósitos de la
castidad, para que no 1a profesase. Comunicábala nuestro San­
to Padre, y estando ella abrasándose como en mi fuego infer­
nal , en poniéndose delante de él se le apagaba todo aquel in-
cendio. En apartándose de aquel Varón castísimo, volvía la
llama sensual y cruda batería del demonio. No hallaba otro
remedio la triste, sino contemplar como presente al que con
sola su presencia la sanaba. ¡Oh maravillosa virtud y eficacia
de. aquella celestial p u reza del Santo Padre Fray Juan! Ce­
saba luego con esta representación toda otra representación
ménos limpia: y asi en cualquiera aprieto de esta guerra
acudía á la memoria de aquel Varón purísimo. Fué cosa
muy rara, que la llama sensual de una mujer hallase defensa
á su limpieza en la vista ó representación de un varón. Otro
tanto le sucedió i un prebendado de la Catedral dé Segovia: el
cual por esto solía decir, serle comunicado á este Varón Santo
el privilegio que le fué concedido á la Sagrada Virgen nuestra
Señora, de que pegase pureza con su vista.
El nuevo gobierno que el Vicario general introdujo, redu­
ciendo ¿i una Consulta de seis Difinidores las causas graves y
aun menudas, así en Monjas como en Frailes, turbó gran parte
de la fam ilia, notándolo de nuevo y extraordinario. Revueltos
los humores no pudieron dejar de causar en el cuerpo altera­
ción, y cada parte solicitar su remedio. Las Monjas, más sensi­
bles, 110 pudiendo disimular sus quejas, aconsejadas de algu ­
nos extraños. con buena intención aunque 110 bien regulada,
consiguieron Breve para huir la sujeción á la consulta y elegir
un Comisario g en eral, que independientemente de los demás
Prelados, las visitase y dirigiese. Desdijo esta novedad tanto
al Vicario general y ú. los demás Prelados, que entre otras di­
ligencias hicieron dejación del gobierno de las Monjas en ma­
nos del Suino Pontífice. MI Beato Padre, ya con eL temor de
que se le fuesen de la Orden sus Hijas, no le sufrió el corazon
dejarlas en tanto riesgo. Abogo por ellas y procuró disculpar­
las. Con lo cual, y haberse divulgado que las Monjas querían
w D .\ DLL UEAi'O 1'. S. Jl'.VN DE LA CHUZ. 9i>

al Santo Padre por Comisario para su nueva dirección, se hizo


sospechoso al Capítulo, y por serlo, cuando á los 6 de Junio
del año siguiente de lñ 91 se celebró en Madrid el general, en
que acababa el de primer Difinidor, le dejaron sin oficio, por
cerrar la puerta A la esperanza de las Monjas, por si intentaban
Otra novedad en el gobierno. Esta en lo exterior fué la causa
para dejar desocupado al Santo Padre; pero la interior fué el
cumplirle e l ,Señor la petición que le había hecho tantas veces,
de que no muriese siendo Prelado: y así lo reconoció el Santo
Varón, pues viéndose sin olicio y entendiendo que ya su fin
se acercaba, procuró irse á parte donde le cumpliese las otras
dos peticiones de padecer más por su amor, y morir donde iríe­
nos fuese conocido.
Mucho sintieron el Vicario general y los demás Capitulares
lo mismo que habían decretado, porque todos reconocían al
Santo Varón por inculpable en estas y otras materias; por lo
cual, no queriendo que del mal consejo de las Monjas el Santo
llevase el castigo, le instaron mucho á que volviese á gober­
nar la casa de Segovia; mas el Beato Padre estaba tau conten­
to con su retiro, que no sólo del gobierno, aino áim de España,
donde era tan conocido, quería retirarse; y así, ofreciéndose en
esta ocasion pedir doce Religiosos para la Provincia de Indias,
él se. ofreció á ir con mucho gusto. No se efectuó el pasar por
Provincial (como algunos intentaron) á las Indias, porque
lo llamaba el Señor á las del Cielo. En tanto que esto se resol­
v í a , le pidió el Vicario general que se llegase á Segovia,
deseoso de que, ó el ser fundación su ya, ó la instancia de los
fundadores, ó lágrimas de las Hijas espirituales, le obligarían
, á que se encarnase del gobierno. Pasó a Segovia, pero con fa­
cilidad se resistió el Santo, por bailarse tan señor de sí y muy
superior á lodo respeto humano. Despedirlo de todos v de todo
se retiró al Santuario de la Penuela. seis leguas de Iiaoza en
Andalucía, donde fué recibido como A ngel del Señor, y envia­
do para consuelo y edificación de todos sus moradores. Reno­
vóse el sitio con su presencia, y con su doctrina floreció la so­
ledad. Redujo su vida á una tarea continuada de retiro y ora­
cion. Por las mañanas, despues de cumplir con el Coro y decir
Misa, y á las tardes, dichas vísperas, se salía por los montes,
y si no lo permitía el tiempo, se recogía á su celda, donde ya
96 VIDA. DEL BEATO P . S. JUAN’ DF. I.A CTlX'Z.

sentado, y a de rodillas, y a en cruz, perseveraba unas veces


orando, otras escribiendo, hasta que la campana lo llamaba ú
los actos de Comunidad, A qne acudía el primero.
No quiso el Señor, que se había encargado de su honra,
dejar de calificarla eu esta soledad con nuevos resplandores y
m aravillas; de las cuales entresacaré dos. que fueron muy
públicas y patentes. Levantóse á deshora sobre el sitio una tau
furiosa tempestad, que el cielo cubierto de espesas nubes ate­
morizaba á la tierra con truenos, rayos y tanta piedra, que
temieron había de asolar todos los campos. E l Santo Padre,
viendo la turbación de los Religiosos, y descubriendo desde un
corredor ¿ los autores que la causaban, se sonrió, y saliendo
al medio del claustro, á vista de la Comunidad, se quitó la
capilla, y mirando al Cielo hizo con ella cuatro cruces Inicia
la s cuatro partes del mundo; y fué efecto tan sensible, que
como si cortaran la s n u bes cun un cuchillo, se dividió en otras
cuatro partes el nublado, el cielo se serenó, y la tempestad
quedó deshecha. Causó gTan admiración, en todos, y aunque el
milagro no les hizo novedad, notaron el instrumento, y que
un pedazo de s a y a l, por ser hábito del Beato P ad re, asi des­
hiciese la potencia del infierno.
Ya hemos visto & nuestro Beato Padre obrar m ilagros en la
tierra, en el a g u a , y eu el aire: falta que le veamos en el
fuego, para que se corone vencedor en todos cuatro elementos.
El caso sucedió de esta manera. Tenía aquel Convento un pe­
dazo de huerta y olivar cercado del mismo monte y malezas, y
fuera de él algunas liazas de siem bra, para sustento de la casa
y Religiosos, que como vivían en soledad, se valían de su
trabajo ¿ industria. £1 Hermano que las cuidaba, temeroso de
las quemas de los montes que los pastores suelen hacer por el
estío, y que si prendían en los rastrojos podría ser que peli­
grasen el olivar y el Convento, previniendo el daño, un dia
en que corría aire contrario pegó fuego á los rastrojos. A poco
espacio, volviéndose el aire contra el sitio levantó tanto las
llam as, que sin hallar resistencia se venirfn á arrojar sobre el
olivar y Convento. E! Hermano con la turbación avisó á los
Religiosos.
Acudieron todos, y poco despues el Sauto Padre F ray Juan
de la Cruz , el cual, viéndolos tan turbados, les dijo con aque-
VIDA DliL UIÍATO 1*. S. JUAN DE LA CHUZ. 97

lia m ilagrosa confianza que tenía en Dios nuestro Señor:


Vamos delante del Santísimo Sacramento y que él nos remediará.
Acudieron todos, y haciendo uua breve oracion, se levantó el
Santo Padre, y tomando el hisopo y acetre del agua bendita, se
puso entre la corea y el fuego, cuyas llam as más furiosas,
pasando por encima del Santo, lle g a b a n 'y a á lamer los sar­
mientos de la barda, con que á poco espacio perdieron al Santo
de vista. Pasmáronse los Religiosos: mas ol Santo Padre, eon
su humildad luchando con Dios, y con su oracion contra el
infierno, consiguió la v ic to ria , y se comenzó á mostrar en dos
m aravillas singulares. La primera, que emprendiendo el fue­
go en las jaras y sarmientos de que se componía la cerca (á
semejanza de la zarza de Moysés), no los quemaban ni ofendía.
La segunda, que descaeciendo de su presunción las llam as,
vieron al Santo Padre eu medio de ellas elevado en el aire casi
dos varas distante de la tierra, y que pisándolas como triunfa­
dor, poco á poco sefu ó bajando, sin traer lesión en su perso­
na ni olor de fuego en sus hábitos (como los tres Niños en
Babilonia), y se vino m uy sonrosado y alegre hácia los R eli­
giosos. Fuéronse todos juntos ¿ la Iglesia para dar gracias á su
Divina Majestad por aquel tan grande beneficio. Hallaron allí
u n alieb recilla, que se había ido á guarecer del fuego: y hu­
yendo de los demás Religiosos que la querían c o g e r , se fué á
amparar del Reato Padre, y se le metió por el hábito. Dióle el
Santo libertad: y andando otra vez los Religiosos tras ella, se
volvió tantas veces al mismo amparo del Siervo de D ios, que
.se tuvo por cosa notable y misteriosa: creyendo todos quería
nuestro Señor signilicar con aquello la inocencia de aquel
bendito Varón: y (pío 110 solamente le reconocía el fuego como
á K lías, sino también los animales como á Adán en su primer
estado.
Si apagó este incendio, otro mayor encendió en las almas,
que nunca se apagará, con sus celestiales escritos. Dióles la
última mano en esta soledad, y así es justo que aquí demos
sus noticias. Como el Santo Padre estaba tan iluminado, y
tenía tanta práctica de la contemplación sobrenatural, le roga­
ron algunos de sus Frailes y Monjas se la diese por escrito,
dejándoles su espíritu en herencia, p:ira que no sólo ellos,
sino sus sucesores en la Religión, gozasen su m agisterio. Mo-
VIDA DHI. BEATO P. ,S. JU AN DF. I,A CRUZ.

y ido de estas instancias, compuso algunos libros ó tratados.


El primero intituló Subid# del Monte Carmelo. Al segunda-
Noche escura: los cuales comenzó si. escribir en el Monasterio
del Calvario. Al tercero, Cántico E sp iritu a l, que como arriba
dijimos, compuso en la carcelilla de Toledo, y comentó en
nuestro Convento de. Granada á petición de la Venerable Madre
Ana de Jesús, Carmelita Descalza, ¡i quien lo dedica, como
consta del mismo original escrito de mano del mismo Santo
Padre, que por insigne reliquia se conserva eu el Convento de
nuestras Religiosas Descalzas de Jaén. Al cuarto, Llama d>-
A n m viva, el cual explicó á instancia de otra gran Sicrva de
Dios, hija espiritual su y a , llam ada Doña Ana de Penal osa.
Además de los dichos, que son los principales, escribió el S an ­
to otros breves tratados: 1.° Cautelas espirituales para los Re­
ligiosos contra los tres enemigos del alma. 2. Cartas á diferentes
personas. 3 ." Sentenciario espiritual- 4 .n Algunas devotas Poe­
sías á dtferetites asuntos. 5 .“ Espinas del espíritu, que asi mis­
mo escribió en el Calvario para la dirección de sus Religiosas
del Convento de Veas. 6.° Reglas para discernir los milagros
verdaderos délos falsos, que se ha perdido con el tiempo, y es­
cribió el Beato Padre en este Santuario de la P e ü u ela , con
ocasion de los milagros que obraban las Santas Imágenes que
hay en nuestro Convento de Guadalcázar. De la estim a, y
veneración de estos escritos se dijo en la Introducción.

xvrn.
S n a r it t la • n v id la en em ig o s al San to P a d re .—C astig a Dio» á. uno de ellóa, — Enfcrtim
n u e stro S an to P a -lre .—S u ro si£ n ació n y con Tormulad.
v
A l mismo tiempo que nuestro Señor estaba con m ilagros
publicando á su siervo por S an to, le andaba infamando la en­
vidia por pecador. Siendo Provincial, hubo dos Predicadores
que tuvieron asiento entre los mayores de E sp aña, y estos to­
mó el Señor por artífices de su corona. El primero fué el Padre
F ray Diego E van gelista, que sentido de que el Santo Padre le
hubiese ido á la mano en las demasiadas licencias que por su
púlpito de todos celebrado pretendía, le cobró tan errada y
fuerte oposicion, que viéndose ahora Difinidor g en eral, con
ocasion de encomendarle el Difmitorio averiguase en tres ó
VIDA DEL BEATO P. S. JUAN DE LA CHUZ, 99

cuatro Conventos do Andalucía algunos puntos acerca de un


Religioso, procuró extender la eomision (que no hay arroyo,
aunque corra, turbio, que no anhele por dilatar m is sus már­
genes), y llevando eomision para uno, h'zo también informa­
ción contra el Santo Padre: y con tan ciego empeño, que exa­
minó casi todos los Conventos de la Provincia. Si excedió en la
eomision, uo fue ménos en el modo, pues por desdorar al San­
to Padre liaría preguntas tan indignas de su santidad, que
luego se conoció su ponzoña: tanto, que se atrevió á decir que
había de echar de la Orden al que la fundó.
Los Religiosos resistieron , aclamando al Padre común. Las
Monjas, aunque dijeron lo mismo, como m is sencillas , no cre­
yendo que también la pasión suele vestirse de s a y a l, y anda
con los piés descalzos, no atendieron por entonces á la m ucha
del Visitador; aunque repararon que el Secretario no escribía
puntualmente sus dichos; con que torcidos y esponjados del
informante, juzgó que bastaban para uua rigurosa penitencia.
Concluida la información, la remitió al Vicario general, el
cual indignado, arrojando la información en el suelo dijo: N i
el Visitador tenía, comisión pura entremeterse en esto, ni lo que
aqui pretendió inquirir cabe en el Padre Fray Juan de la Cruz.
Habiendo castigado la información con au desprecio, dejó para
el Capitulo el penitenciar al Visitador. Murió poco ántes del
Capítulo nuestro Padre Fray N icolás, y sucediéudole nuestro
Padre Fray Elias de San M artin, hizo cargo al Visitador de
sus excesos, y lo penitenció: y para perpétuo olvido mandó
quemar delante de sí la información, abominando hubiese en
la Religión quien como otro Can (1), hijo de N o é, no y a descu­
briese , sino fabricase desdoros contra su Padre. Este castigo
juzgaron por bastante los hombres, y viéndole y a mortificado,
procuraron alguuos patrono» que tenía en el C apítulo, lo eli­
giesen Provincial de la Andalucía alta, por no enterrar hom­
bre do tan buenos talentos. Con esto salió electo Provincial
aunque con displicencia de muchos, y tanta del Señor, que
llegando la nueva á Granada, se puso eu oracion la muy Ve­
nerable Madre Beatriz de San M iguel, y quejándose de que
hubiesen de recibir como Padre de la Provincia al que había
100 VIDA. DEL HE ATO ? . S. JKAN DE T.A C M X

perseguido al de la R eligión, la consoló Su Majestad y dijo:


No tengas pena, que no entrará en Granada' sino imerio. Presto
se experimentó, pues llegando á Alcalá la Real, le dió tan
fuerte enfermedad, que en término do dos dias lo despachó, y
muerto lo llevaron á enterrará Granalla. Así castigó Dios á.
quien perdonaron los hombres. De esta manera iba cumplien­
do Su Majestad la segunda petición que le habia hecho de dar­
le en que padecer por sil amor. Experimentólo en su honra, y
quiso que se doblasen las pruebas con la última enfermedad,
para darle el galardón más cumplido. Envióle unas calenturas
que le derribaron en la cam a, y originándose .de ellas una
grande inflamación á la pierna derecha, puso á todos en cui­
dado. Instaba ol Prior se fuese al Colegio de Baezíi. ipie había
fundado, por ser casa más llena, y el Padre Rector muy hijo
suyo, y no id Convento de T’ beila. nuevo y mal acomodado,
donde era Prior el otro célebre Predicador, y muy opuesto al
Santo Padre. Mas como él deseaba padecer y halló en IJbedu
la feria, eligió e\ ir á aquella casa, adonde habia do padecer
más y era ménos conocido. Con el movimiento del camino cre­
ció la inflamación, é iba con notable fatiga. Llegando á tu
puente del rio (luadalimar, le dijo el Hermano que le acompa­
ñaba: A la sombra de esta puente podrá V. R. descansar un
rato, y comer un bocado: S i descansaré ( respondió el enfermo)
porgue llevo necesidad; pero tratar de comer es excusado; porque
tengo total inapetencia. Replicó el Hermano: ¿Es posible que
nada apetece V. ü. ? A que respondió: Solo n m , que son unos
espárragos; pero en este tiempo (era á fin de Setiembre) m es
posible hallarlos. Estando el compañero con esta aflicción, y
mirando al rio , vieron los dos dentro de él una peüuela, y
encima de ella un manojo de espárragos muy frescos: sacólos
el Hermano, admirólos el Santo Padre, y por mucho que pro­
curó disimular la novedad, no pudo negar había sido m ila­
grosa.
Llegando á Ubeda, fué recibido del Prior con poco agrado
y con mucho; de los demás. Pero el camino de suerte agravó
la enfermedad, que el humor bajando á la pierna á otro dia
reventó por cinco bocas, en forma de Cruz, dejando la mayor
sobre el empeine del pié. De todas salía tanta materia, que lle­
naba las escudillas, y cundiendo por todo el cuerpo, hizo en
Yir>\ l i líl , UR a TO 1'. Sí. J f A X DE l.A CftTZ. 101

él bolsas do humor corrompido, particularmente on ambas


pantorrillas. Kste accidente y continua calentura le ranearon
tal flaqueza, que 110 so podía rodear en la cania, si no os asién­
dose de una soga, como ot.ro San Gerónimo, y ayudado de
los enfermeros. A su vigor excedía su paciencia, y á todo la
que mostró en lo recio de su cura. Abriéronle desde el empei­
ne del pié hacia arriba, por la espinilla, más do una cuarta,
de m o d o (pie se le descubrió la canilla de la pierna, con tal
tolerancia en el enfermo q u e admiró al cirujano, á quien des­
pués dijo con alegre serenidad: S i es menester cortar más, cór­
tese muy en hura huma, y hayase la voluntad de mi Señor Jesu­
cristo, que yo estoy dispuesto para, lo r¡m Su Majestad wmdarc
y ordenare de mi.
Solía decir cuando le apretaban más los dolores; iltec Te­
quies mea m sacuhm sa-cwli ( 1 }. Esta es mi quietud y descanso
para sie m p re , que. es uu modo de s ig n ific a r el deseo que tenía
de padecer bien extraordinario, llamando á los dolores su des­
canso y como bienaventuranza. Daba un dia gracias al Señor
porque le había sembrado todo el cuerpo de lla g a s , y espe­
cialícente porque en las cinco que tenía en solo el pié había
querido darle un recuerdo de las suyas Sacratísimas.
A este dolor del cuerpo se recreció ¿ nuestro segundo Job
el desagrado del Prior, que como su mujer al primero, le en­
traba eu el alma las am arguras; y pudo decir con David ( 2 ):
que sobre la enfermedad y llagas fue h habió, dada el Señor, aña­
dieron otras de umpo . Sus visitas eran de ju ez, sus palabras
de apasionado, y sus obras tan de m iserable, que no solo no
le daba más que un poco de camero r sino que prohibía que de
fuera le regalasen, diciendo que bastaba el tomar carne para
la enfermedad que tenía. Finalmente, por saber que esta se­
quedad la sentían y censuraban los Religiosos, mandó que
ninguno entrase en su celd a , echando la clave á su r ig o r , y
el Santo al sufrimiento. Estilo tan inhumano, y más en un
Religioso y Prelado, y con Padre tan benemérito, no podía
nacer de su n atural, aunque estuviese muy apasionado y ofen­
dido : porque la compasion es compañera de nuestra humani­
dad , y el sumo rigor es herencia de los brutos: y así me per-

2) i*s, 68,
102 VIDA DEL BEATO P. S. JUAN DE LA Cm'7..

siuido que el Señor concedió larga potestad al demonio pura


probar á nuestro Santo Job, y él viéndose con la licencia, to­
mó semejantes instrumentos, y todos, en vez de vencer, hi­
cieron más ilustre la victoria.
Tal conformidad con la voluntad de Dios, tal sufrimiento
en sus dolores, no pudieron estar ocultos mucho tiempo: pu­
blicáronlo cirujanos y Religiosos, y su noticia despertó á mu­
chas personas devotas para que acudiesen al enfermo. Doña
Clara de Benavides, Señora principal, se encargó de enviarle
la comida. Otras enviaban hilas y lienzo, 6 Inés y Catalina de
Salazar, doncellas virtu osas, tomaron lavar los panos y ven­
das, teniendo cada una su mayor alivio en su trabajo. Va los
Religiosos habían hecho propio al Santo Provincial Fray An­
tonio de Jesús, que vino á toda priesa. Informado del estado
de la enfermedad y sequedad del P rior, despues de haberle re
flido ásperamente, dijo: Abran, Padres, esas puertas, para
que no solo los Religiosos, sitio los seglares, entren á ver este es­
pectáculo de santidad> y queden admirados con su admirable pa­
ciencia, Efecto fué de ella la reducción del P rior, porque qui­
tándole Dios las cataratas que la pasión le había puesto en los
ojos, comenzó á venerar d quien antes perseguía. Acudía ú vi­
sitarle y á pedirle consejo en muchas ocasiones; en las cuales
el S a n to , sin darle muestras de sentimiento de lo pasado,
respondía lo que el Señor le daba á entender. De aquí se ori­
ginó gran paz en aquel Convento: porque los rigores sin pro­
pósito y sequedades del Prior la habían ahuyentado. Y vez hu­
bo , que por esto y por otros muchos beneficios temporales que
vió entrar por su casa,, arrodillada delante de la cama derra­
mando lágrim as, pedía al Santo le enseñase cómo había de
proceder con los Religiosos: y despues de la muerte, se la­
mentó mucho por haberse dejado llevar de su condicion adver­
sa en mortificación de tan gran Padre: y veneró grandemente
sus reliquias, llevándolas con grande fe á los enfermos, en
quienes vió por experiencia efectos milagrosos.
Con la presencia del Provincial y reducción del Prior
tuvieron mano los particulares para acudir á su Santo Padre,
y entre otros alivios solicitaron traer unos músicos para que
le entretuviesen y aliviasen. Resistiólo una y otra vez, dicien­
do: No es jwslo mezclar con los regalos de Dios otros del mundo,
VIDA DEL I1EAT0 P. S. .IIIa V DE L.V CtU/Z. 103

Mas instado tercera v o z , por no contristar á quien amaba los


admitió, y en tanto quo rluró la música, estuvo ol Santo tan
suspenso y tan ocupado en su interior, que vuelto en sí y pre­
guntado qué le había parecido la m úsica: d ijo : JVo la oí, por-
qm otra mejor me- ha tenido ocupado en este tiempo. Queriendo el
Señor que los A ngeles la diesen al que estaba y a de partida
para cantar eu sus coros, y con esta confianza, anadió, fiatia-
hor rum apparmrit gloria, tita ( 1 ). En ambos casos es mucho de
notar, por una parte la apacibilidad y agradecimiento del
Beato Padre. que no se atrevía á negar lo que por darle g u s­
to le pedían sus h ijos, aunque no gustase el de e llo , siendo lí­
cito ; y por otra la gran fortaleza de su ánimo tan entregado
al padecer, que no podía sufrir cosa que se le dism inuyese: y
así por beber m*is puro el cáliz que le ofrecía el S eñ or, ó man­
daba despedir la m úsica, ó abstraía los sentidos de e lla , aco­
giéndose á la Cruz de Cristo, en la cual deseaba acabar sin
alivio algun o, á imitación suya.
Compadecidos y edificados de é l , todos los Religiosos en­
traban á su celda á contemplar aquel retablo de dolores, con­
siderándole tendido y Heno de llagas en aquella cam a con la
paciencia de otro Job, para cu ya viva representación sólo (de­
cían) le faltaba la teja con que raer la podre. Pero el hum ildí­
simo Padre con m uy contrario pensamiento no consentía se
hiciese caso de sus m ales, y mucho ménos que se hiciese mis­
terio de lo que en ellos p adecía: y como respondiendo á lo que
por ventura leía en los corazones de sus hijos, acordándose mu­
chas veces del ejemplo de aquel gran Patriarca y repitiendo
aquellas palabras: Testa saniem radebat sedens in sterqnili-
uio (2 ), decía: Aquello sí que era padecer, Padres mios, arrojado
en un muladar, raer con una teja la podre de sus lla g a s : pero
yo en vez de muladar, estoy en una catna blanda, y en lugar
de la teja me limpian las llagas con hilas y paños suaves. ¿Qué
tiene que ?cr esto con aquello? Nada es lo que padezco: muy
blanda es para conmigo la mano del Señor: no su m ano, sino
un dedo suyo> y ese m uy suave, apenas me ha tocado.
Demas de la paciencia, que era el testimonio mayor de la

'I I ». Ili. Jolj. 2.


104 \iii\ di-:i, hi ' . mo i>. s. .h a n nr. i . \ c m x

santidad de nuestro enfermo, >«0 comenzó ¡i manifestar y a


d ivu lgar por la ciudad con algunas m aravillas quo nuestro
Señor obraba cun él y por .su medio. La primera y m uy nota­
ble era la calidad do aquella materia quo salía do sus llagas:
la cual con sor n i tanta cantidad , quo bastara (si oliera m a l )
á inficionar todo ol Convento; olía tan bien, quo Antes causa­
ba alivio y consolacion así el olor como la vista: y ora tal
su v irtu d . que con .ser efecto de corrupción tenía eficacia de
sanar. El Hermano Fray Diego de Jesús, enfermero del Santo
Padre, depone estas palabras: E l dia qtie le abrieron la pierna,
a que yo ms hallé presente, recogieron en w porcelana la san­
gre y materia que de ella salía. La m al tomé yo cu mis manos, >/
llegándola d oler, dije : esta no es materia, y bebí dos tragos, y
se me quitó un dolor de cabeza '¡vr. padecía por aquellos dias-
Más á pedios t o m ó su devoción, aunque pareció golosina,
otro Religioso, quo encontrando una escudilla llen a de dichas
m aterias, y pareciéndole en el color ser algu n a salsa de mos­
ta za , y por el buen olor que estaba hecha con prim or, co­
menzó á probarla, hasta que sin asco- se la bebió toda sabo­
reado del gusto.
í,a experiencia de Inés y Catalina de Salazar subieron de
punto la m ara villa : lavaban las vendas y paños que servían
al Bendito P ad re , y testificaron que traían estas vendas un
olor cele stia l, que era de subidas flores „ y su tacto les daba
un interior consuelo. Comprobóse esto en una ocasión, en que
con la ropa del Santo Padre llevaron la de otro enferm o, y
recibiéndola Inés de Solazar, dijo á su madre: O el Padre Fray
Juan de la Cruz tiene algún accidento m ortal, ó con estos
paños vienen los de otro enfermo. No se en g a ñ ó , porque vol­
viendo el Hermano que los había traíd o, dijo que con la ropa
del Beato Padre ven ía la de otro Religioso > las cuales por el
olor fué fácil el apartarlas. A estas m aravillas sucedió la
cuarta y no menos adm irable; porque buscando las señoras
y caballeros lo que habían menester en su* casas de regalo,
no lo h allaban; mas si era en nombre y para regalo del Bea­
to Padre, al punto daban con ello. ¡ (jué mayor m aravilla que
hacerse Dios procurador y preparar lo que había de servir á la
enfermedad de su amigo!
vida iikl iii’.Mn i\ .rr.\x nc i.a cnrz. 105

XIX.

r.n S m i l Ík Í iuh V í r p ' 1 1 le' n i n i n c i a SU r n u r r l e . — P r u i m n i s r f m r u « II» . Si l* Ú l t i m a * p¡i-


luliniK. — l ’n p Id lio iln l u z c e l e s t i a l ilu m in a üu« úlLi m u s i n .i l¡ u il i w . -Su rti&liona
iniiniLH.

Es preciosa on los ojos de Dios la muerte de sus Santos;


porque fué primero ante él muy preciosa su vida, y de ordina-
rio so corresponden vida y muerte.. La de nuestro Santo Padre
fué preciosísima cu los ojos de Dios, á quien había sido su vi­
da siempre agrad ab le, y así ahora la coronó con un dichoso
lin. Había como dos meses y medio que estaba enferm o, cre­
ciendo cada dia id mal y apretándole con el extremo (pie queda
dicho. Llegó de esta suerte á la víspera de la Purísima Con­
cepción de nuestra Señora, siete do D iciem bre, dia sábado, y
avisado en él por la Sacratísim a V irgen que había de morir en
el sigu ien te, preguntaba cada dia el que era. H allóle en uno
de estos el médico tan de p e lig ro , que dijo le diesen luego el
Viático porque morirla presto; mas él respondió que aún no
era tiem po, y qué avisaría cuando lo fuese» y entre tanto
com ulgaría por devoción, como solía hacerlo en toda la en­
fermedad á, segundo dia: pero á las nuevas do su muerte
que le dió el médico, respondió m uy alegre con aquel verso
de David: Latatus sim in Ais, gua dicta s m t mihi: m domim
Domini ihinm ( 1 ). Y añadió: Y a con la buena nueva nada me
duele. ¡Tan buena es la de la muerte para el Justo!
Llegado el jueves, pidió le trajesen el Santísim o Sacramen­
to por Viático, el cual recibió con gran reverencia, devoción y
ternura á la misma hora que el Señor lo había por nues­
tro bien instituido y recibido. Viendo los circunstantes que
el enfermo iba caminando por momentos, deseosos de quedar
con algun a prenda suya para tenerla como reliquia, le pidieron
que les repartiese sus alh ajas, que eran el hábito, rosario. Bre­
viario y correa de que usaba, á los cuales con gravedad y en ­
cogim iento respondió: Yo soy pobre, y no tengo alguna cosa pro­
pia; todo es de mi Prelado, pídanselo d él. Envióle entonces á
llam ar, y con gran humildad COmO si el Prior fuera el ofendi-

(l) Ps. 121.


11)3 VIDA DEL BEATO P. S. JCAN DK L,A f R I ’Z.

fio, le rogó Le perdonase los cuidados y pesadumbres que pn


aquella enfermedad le había dado; y añadió; Ruego á V. Reve­
rencia por amor de Dios me mande dar un hábito de limosna
para que me entierren con él. Quedó el Prior tan compun­
gido de las palabras y afecto humilde del Santo Padre, que
derramando muchas lágrim as le concedió lo que pedia.
Viernes trece de Diciem bre, dia de Santa L u c ía , preguntó
qué dia era. y como le respondiesen que V iernes, no pre­
gun tó más por el dia, sino muy á menudo por La hora. A
la una despues de medio dia, habiendo preguntado qué hora
era y respondidole que la u na, se declaró diciendo: Helo
preguntado porque gloria á. mi Dios tengo de ir esta noche á
cantar Maitines al C ielo: desde esta hora comenzó á recogerse
y suspenderse mas. Tenia de ordinario los ojos cerrados, y
de cuando eu cuando los abría, poniéndolos amorosamente
en un Crucifijo que tenía,- al lado. Entró á verle el santo
viejo Provincial F ray Antonio de Jesús, y hallándole m uy
congojado le quiso consolar, diciendo que se alegrase mu­
cho, que y a se llegab a el tiempo para gozar el premio de
lo mucho que había trabajado en su compañía dando prin­
cipio á la Reforma, y vivido con los fervores eu servicio de
nuestro Señor, que todos tenían conocido. A lo cual tapán­
dose los oidos con ambas m anos, como Divino áspid á la
voz de aquel encanto, dijo con voz clam orosa: No me acuer­
de eso V. Reverencia, sino mis muchas culpas y pecados, y qw
sólo tengo para satisfacer por ellos la Sangre y merecimiento
de Jesucristo, en quien solamente confio. Entró poco despues
otro Religioso, llamado F ray A gu stín de San José, ignoran­
te de lo que habia pasado, y queriéndole también consolar­
le dijo que presto se acabaría aquel padecer, y le p agaría
nuestro Señor lo que por él habia trabajado. Pero con ni
mismo brio y hum ildad, arrojando de sí aquel ron suelo, ly
respondió: No me diga eso, Padre, que le certifico que no he
hecho obra que no me esté ahora reprendiendo; con lo cual se
volvió á su ejercicio y recogimiento interior.
A las cinco de la tarde recibió la Extrem a-Unción con
gran ternura, atendiendo á todas sus ceremonias. A las
n u e v e , habiendo preguntado y sabido qué hora e r a , exclamó,
Que. aún me fa lta n tres hora-s, y añadió con humilde senti-
VI DA íllvl, BKATO P. P, JT' .VN DF LA CRUZ. 107

miento: Incahttvs weu.s prolongatus est ’l). Oyendo tocar á las;


<lioz una campana, y diriéndolc ora do un Convento do Monjas
que tocaban á Maitines, dijo: Yo también, por la htmde.d ds
Dios los iré á decir con la Virgen en el Cielo. Y hablando
ron e lla , decía: Gracias os doy. Reino, y Señora mia> por
este facor que. )»c. hacéis, en querer que salga de esta vida,
Sábado, que es vuestro dia. Cercano ya á las once, se sentó
en la cania como si estuviera sano, y dijo: Bendito sea Dios, y
qué lig-ero que estoy. Habia dicho á la Comunidad se recogie­
se, que él avisaría á su tiempo, y quedándose con algunos Re­
ligiosos y devotos seglares, les pidió le ayudasen d bendecir y
alabar al Señor.
A las once y media pidió le llamasen á los Religiosos.
Acudiendo todos, se hincó el Provincial y los demas de rodi­
lla s, y le suplicaron (corno sus discípulos á San Martin) les
echase sil bendición >pues con su ausencia dejaba tan descon­
solados. Excusábase el Santo con su humildad, pidiendo su
Reverencia se la echase l pues era Prelado de todos. Al fin se
rindió al ruego del Provincial y lágrim as de los presentes, y
echando su bendicioa en aquellos Religiosos á todos sus suce­
sores, esperamos que su mano ha de ser el mostrador de núes
tras dichas. Pidió le leyesen algo del Libro de loa Cantares^
de que él era muy devoto. Hiriéronlo a sí, y oyendo aquellas
amorosas sentencias, enternecido las repetía, y dijo: ¡Oh qué
preciosas margaritas! Poco ántes de las doce dió á un seglar
que estaba allí cerca, m uy su devoto, el Cristo que tenía en
las manos, y metiendo ambos brazos debajo de la ropa, él m is­
mo con mucho sosiego y aseo se compuso y aliñó todo el cuer­
po. Hecho lo cu al, volvió á pedir el Cristo, y al dársele quien
le tenía, como le besase por fuerza la mano, dijo el Siervo de
D ios: No se lo hubiera dado si creyera que tan caro me habia
de costar.
Era y a m uy cerca de las d oce; y embebidos los Religiosos
en ver aquel venerable espectáculo de santidad, se olvidaban
de acudir á la campana; pero el Santo Padre, hasta entónees
zeloso de la observancia, lo acordó, diciendo; Va se lleg a la
hora de tañer á Maitines, vayan á la campana. Fué un Her­

í i ) P*. lio.
108 VIDA DEL DEATO P. K. JUAN DE I,A Clti:/..

mano, y on esto medio volviendo á so se g a ra y estando e n


profunda quietud y suspensión, le rodeó súbitamente un globo
grande de lu z, como de un fuego muy resplandeciente y her­
moso. cuya claridad ofuscaba la de mas de veinte lucos que
ardían on la eolda: on medio do esta gran llam a, que á modo
do un ,Sol lo cercaba on torno, so veía estar como ardiendo en
resplandores aquel abrasado Serafín, renaciendo a llí, cual
Fénix Divino, á mejor vida. A esta sazón (dando las doce do
media noche, y sonando la campana del Convento) preguntó
á qué tañían, y respondiéndole que ¿ Maitines, pasó blanda
y amorosamente los ojos por todos los circunstantes , como
despidiéndose de ellos, y dijo: A l Cielo me coy á decirlos. Y
luégo llegando sus benditos labios á los pies del Crucilijo que
tenía en las manos, cerrando ojos y boca sin alborotos, visajes
ni agonía, sino con una tranquilísima paz y sosiego de alma y
cuerpo entregó blanda y suavemente su espíritu al Señor,
diciendo: In mciiiux tvas, Dmiiíiíé, conwtendo spirilitM menrn (1 ).
Conque espiró al principio del Sábado, el mismo dia y hora
que él luibia dicho, que fué A 11 de Diciembre del afio del So-
fior de 1 5 9 1 , á los cuarenta y nueve do su edad y veinte y
ocho do Religión, do los cuales había empleado los cinco pri­
meros en la Observancia del ("ármen Calzado, y los veinte y
tres últimos en su Reforma.

xx.
R ctrn lu di1 N. S. Piulrn. — Públicos linmiuinjeB ílbii winUdiid- — Sucoso o cu rrid o enn un
rnrpinfflrf). — Afán ¡rnnftral por U s ral irruías del S an to . — H m nililad riel S anio (lilun
to . — P rod ig io s con q u e h o n ra Dios su se p u ltu ra .

Era nuestro Reato Padre de estatura entre mediana y pe­


queña, bien trabado y proporcionado el cuerpo, aunque flaco
por la mucha y rigurosa penitencia que hacia. E l rostro de
color trigueño, algo macilento, más redondo que. largo, calva
venerable, con uu poco de cabello delante. La frente ancha y
espaciosa, los ojos negros con mirar suave, cojas bien distin­
tas y formadas, nariz igual que tiraba uu poco ú aguileña, la
boca y labios con todo lo demás del rostro y cuerpo en debida
proporción. Era todo su aspecto g ra v e , apacible y sobre m a-

; i : P*. 30. 7.
V ID A DF.L HE A TO P. R. J U A N DF. I.A C R U Z . 109

ñora modesto, on tanto grado, quo s o l a su presencia com ponía


á los que lo m iraban, y representaba on ol sem blante una
cierta vislum bro de soberanía ce le stia l, que m ovía á venerarle
y am arle jun tam en te. A s i acabó aquel g ra n D escalzo: aquel
quo dió principio á nuestra Reform a; aquel Doctor m ístico por
ilustración del Cielo y experiencia de Divinos favo res; aquel
que encam inó innum erables ánim as á Dios con su doctrina y
ejem p lo, y todavía en cam in a; aquel inm aculado en la vid a,
ilu s tr a d o del C ielo , tremendo A los dem onios, am able á los
A n g e le s , y ticrníaiinam ent.c amado de C rislo y de su Madre,
tjuedó su rostro hermoso y a p a c ib le , colorado y en cen d id o , y
con una claridad y b la n cu ra á modo de respland or, como él
fuese, de su yo a lg o m oreno, y poco an tes estu viese por la en­
fermedad desfigurado y m acilento. De donde creyeron y lo di­
jeron á voces los circu n sta n tes, haber muerto con a lg ú n acto
fervorosísim o de amor de Dios. Sintióse lu e go en acabando do
espirar u n a su a vísim a fragan cia que despedía el cuerpo de sí,
la cual se esparció p o r todo el Convento, y los que se hallaron
presentes sintieron en sus alm as un particu lar consuelo y a le­
g r ía m ezclado de tern u ra y devocion. L leg a ro n todos á besar­
le de rod illas los piés y m anos como de cuerpo sa n to , y á to­
m ar cada uno lo que podía de sus pobres vestidos y ropa que
le había servido.
En com enzando á clam orear la ca m p an a, fué ta l e l con­
curso de g en te que acudió á las pu ertas, que con ser la m iad o
la noche on tiempo do invierno y estar llo v ien d o , fué necesa­
rio abrirlas por no contristar á los m uchos que acudieron. La
devocion en los segla res ven cía a l cuidado do los R eligiosos,
y llegan d o á besarle las m anos y los p iés, aquel se tenía por
m ás dichoso que podía a lcan zar a lg u n a reliquia su y a . E n tre
los dem ás acudió un carpin tero, que se decía Iru ela, que á
g rand es voces pedía le dejasen ver a l Santo. Fuó la ocasion,
quo estando acostado con cierta m ujer ajena y durm iendo en
su delito, lleg a ro n á m atarle personas interesadas en la ofen­
s a . y al mism o tiem po le despertó sin saber quién , y dijo que
sy pusiese en cobro, quo él le ayu d aría A librarse de las espadas
de sus contrarios, y que esta m erced se le h acía por inter­
cesión de un R eligioso que acababa de m orir en ol Convento
de los C arm elitas Descalzos. Levantóse de p resto , y rom p ieu -
110 VIDA DEL BEATO P, S. J U A N DE LA CRUZ.

<ta por entre las espadas desnudas se escapó, y saltando de l.i


casa por una pared do cinco varas de alto sin recibir daño
a lg u n o , llegó al Convento á dar las gracias á su bienhechor,
y debiendo á su intercesión la vid a , la mejoró en adelante: y
acudía m uy de ordinario á la sepultura del Santo Padre á en­
comendarse á é l , diciendo á todos los que le preguntaban la
causa de frecu en tarla: Debo mucho á este Santo. Eu lo cual
parece podíamos decir que quiso Dios nuestro Señor honrar la
muerte de su Siervo con algu na manera de semejanza á la de
su Hijo Sacratísim o: pues como á la de Cristo Señor nuestro
fué concedida la salvación del buen L ad rón , como por prenda
y principio de tantas alm as que por virtud de aquella muer­
te preciosísima se habían de salvar: así á la muerte de este su
verdadero retrato Juan fué concedida la vida corporal y espi­
ritual de aquel hombre, como prenda y principio de las mu­
chas que por su intercesión y medio habían de ser ayudadas
para que se librasen de la muerte corporal y eterna.
Luégo que por la m añana se divulgó más la muerte del
Beato Padre, acudió tanta gente que no cabía en la Iglesia y
portería, pidiendo á voces que los dejasen entrar adonde esta­
ba el cuerpo santo, qne así le llamaban todos, y llegados á
él le trataban con tan gran veneración como si estuviera y a
canonizado: tal era la estimaciou de su santidad f que sin
conocerle ni haberle jam ás visto había Dios ínfundido en sus
alm as. Pedían con gran instancia les diesen algo que hubie­
se tocado al santo cuerpo, ó le hubiese servido en la enferme­
dad, y con cualquier cosa que les daban, aunque fuese un
pañito de los que habían estado en sus lla g a s , iban m uy con­
tentos , y jun to con esto le besaban de rodillas los pies y las
m anos, y le tocaban los rosarios, y hacían otras dem ostracio­
nes de gran v e n e r a c ió n . Lastimábanse mucho de que habiendo
tenido en su ciudad tan g ra n tesoro, no lo hubiesen conocido
hasta entónces, y ahora que lo comenzaban á conocer, lo p e r­
dían. Acudieron al Convento (sin haberlos convidado) así «d
C lero, R eligiones y Caballeros, como de los dem as. tanta
g e n te , que ni cabía dentro ni en las c a lle s c ir c u n v e c i n a s . Sa­
cáronle con mucho trabajo á la Iglesia, y aunque lo defendían
los R eligiosos, no pudieron evitar que no le cortasen mucho
de sus hábitos. Hallóse presente el Padre Fray Domingo de
VITH Dftr. BfiATO P. S. Jt'A.V DE LA. CRL'Z. 1IJ

Soto m ayor, que por ver al Santo en Baeza cercado de resp lan ­
dores, se entró Religioso Dom inico, el cual llevado de su de­
vocion , poniéndose de rodillas jun to a l féretro, cayó sobre el
«auto cuerpo desmayado. Apartáronle de é l, y vuelto en si,
confesó que llegando á cortarle un dedo, el Santo retiró la
mano conservando difunto su hum ildad, y esto le causó aquel
asombro. Mejor negoció otro R eligioso Mínimo, que al besarle
los pies le arranco una una con los dientes, y el Santo lo per­
mitió. porque en contentarse con aquello poco, descubrió su
devocion y modestia. C elebrados los oficios, predicó el Doctor
Becerra, persona grave y docta, diciendo cosas m aravillosas
con el afecto y veneración que pudiera de un Santo canoniza­
do, y conclu yó: ¿\Fo os pid o , corno se suele, encomendáis 4 Dios
el alma del d i/m ío: pnrqm nuestra difunto f u é Santo, y está su
alma en t i Cielo. Lo que os pido es, que procuréis imitarle., y á
él que nos alcance de Dios gracia, etc. Acabado el Sermón y Mi­
sa , al tiempo de llev a r el santo cuerpo d la sepu ltu ra, hubo
entre los Religiosos g ra v e s de otras Ordenes una piadosa con­
tienda sobre quién lo había de llev a r, queriendo cada uno
tener parte en aquel oficio. L leváronle finalm ente entre mu­
chos, y ellos m ism os le m etieron en. la sepultura. Cum plién­
dose este dia en nuestro difunto lo que había dicho Dios por su
Profeta (1), que son grandem ente honrados y m agnificados sus
amigos.
Quedó tan impresa en los corazones la devocion a l ' Siervo
de Dios, que todos y eu especial los seglares veneraron su
sepultura, que fué eu la tierra, y se recataban de pisarla.
No así los R eligio so s. porque el Profeta en su patria no es
tan recibido ( 2 ). Pero el Señor dió presto ¿ entender su vo lu n ­
tad, y cuánto se agradaba de aquella piadosa reverencia: por­
que estando el Limes siguiente preparados todos para la
disciplina de Com unidad, muertas y a las lu c es, se levantó
una d modo de hacha tan súbita y grande de la sepultura,
que aclaró toda la Iglesia. E l Padre Prior y R eligiosos, dn-
tes de advertir la fuente de donde sa lía , daban priesa desde la
C apilla m ayor, que ge apagase. Los que estaban cerca de la
sepultura y la v iero n , quedaron no solo adm irados, sino como

; 1; Ps. 138. {'i) Luc. 4-


i 1*2 VIDA D E L B EA TO P . S. JUAN OH 1,A U I í O í .

pasm ados do la uovedad. Y afirmó el V. Padre F ra y Francisco


Indigno, que con «1 resplandor vio tan distintam ente las fig u ­
ras dpi R eta b lo , como si on él diera un rayo do Sol. No
advertidos del todo con esto los R eligio so s, v o lv ió á a v isa r­
le s segu n d a vez el Señor en otra ocasion tam bién de dis­
ciplina.. por medio del Hermano F ran cisco , Donado de aquella
ca sa . Púsose á tom arla sobre la sepultura, y queriendo azotar­
se, sintió en el brazo tanto im pedim ento, que no lo podía mo­
ver. A dvertido interiorm ente de la c a u sa , se apartó y pudo
p rosegu ir: y m anifestando i los R eligiosos despues el easu,
todos quedaron advertidos de la veneración que á aquel santo
lu g a r se debía. Bien lo conocían los Señores Doña Ana de P e-
ñalosa y su herm ano Don Luis de M ercado, fundadores de
nuestro C o n v e n t o de Segovia., devotísim os del Santo. Los c u a ­
les valiéndose de su devocion y a u to rid ad , sacaron orden del
Consejo Real y patente de la R e lig ió n , para traslad ar á S e g o ­
v ia el santo cuerpo. A los n u eve meses en viaron por él con
g ra n secreto. A l tiempo de d escu b rirle, sintieron u n a celestial
fr a g a n c ia , y h allán d ole e n te ro , fresco y de ten buen aspecto
como el prim er dia, sobrecedieron por en tonces, c o n t e n t o s c o n
cortarle por m uestra uno de lo s tres dedos, c o n tpie so l ía escri­
bir. que estaban lúcidos y tras pare rites, y al punto que lo c o r ­
taron, salió do la herida san gre com o si estu viera vivo.

XXI.
Traslación del Sanio 6 Madrid. — MnraylllaH oiun-idusen ol Irfmail». —Ka llüvudn í\Su-
govla. — Reclama l'heda au clevoluciou. —Concicrtu-naú oSlBfl dú¡> r.iudiulíw, y 1ti edi­
fican L-aiulhiH.— Ajmriciunua «leí SunUi,

El año sigu ien te, pasados otros n u eve m eses, vo lviero n con
los m ism os despachos: desenterráronle á deshora, y h allán d o­
le entero aunque mus enjuto, un A lg u a c il de Corte lo acomodó
en una m aleta para m ayor disim ulo. En su ejecución sucedie­
ron a lg u n a s m a ra villa s. La m ás notable1 fué que ántes de lle g a r
á Martos, por donde iban el A lg u a c il y sus com pañeros por des­
m entir la s e sp ía s, de repente se les apareció un hom bre que á
gran d es vocea les dijo: -¿Dónde /¡.erais e l cuerpo del Santo? De­
ja d le donde estaba. A unque causó pavor al A lg u a c il, pasó ade­
lante. L legan d o á Madrid , 1o depositaron en el Convento de
V ida i>hl heato i*, s . jijan de la cruz. 113
nuestras R elig io sa s; donde fil tiempo de despacharlo á Sego­
v ia , Doña Ana do Peñalosa lo hizo cortar un brazo para traer
por reliquia, que h o y poseen las D escalzas de Medina del
Campo.
Llegado á Sego via el santo cuerpo, fué recibido con g ra n ­
de regocijo y consuelo de toda la ciudad. Colocáronle en la
C ap illa m ayor cerrada la roja, para que sin lleg a r á él pudie­
sen verle. Daban desde a llí á tocar Rosarios, Cruces, m edallas,
patínelos y otras cosas qur hallaban á mano , para guardar
como reliquia: y de esta manera duró por ocho dias (quo estu­
vo patente el bendito cuerpo'; la frecuencia de este concurso á
ve rle y venerarle. Fué tan grande un dia, que rompieron la reja
do la C apilla m ayor, para entrar dentro, sin poderlo estorbar
los Religiosos. Defendieron el cuerpo san to, y para moderar
aquella impetuosa devoción del pueblo, les repartió el Prior uu
hábito viejo del Santo Padre, que había quedado en el Conven­
to: y hasta las yerbas y llores en que había venido el santo
cuerpo, se llevaron como reliquias m u y preciosas: de las cua­
les y o he visto y se conservan h o y,a lg u n a s hojas de lau rel tau
verdes, frescas y suaves como si ahora las acabáran de cortar
del árbol.
L u ego que en Ubeda se supo e l piadoso robo, lo sintió tan ­
to la ciudad, que señalando en su Cabildo Procuradores, los
envió á Roma para que se le restitu yese, estim ándole por su
m ayor tesoro. El Papa Clem ente V IÍI, admirando la piadosa
com petencia, á los 15 de Octubre de 1596 despachó un Breve
on que manilo se restituyese el Cuerpo á Ubeda. Los Prelados
por excusar com petencias entre tan ilustres ciudades, procu­
raron concertarlas, y que Ubeda se contentase con una pierna,
demás de la otra que t e n ía , y un b ra zo , y S ego via con la ca­
beza y cuerpo destroncado (partición bien desigual), y hubo dé
sujetarse á la fuerza por excusar más litig io s. En una y otra
ciudad se han edificado dos Capillas su n tu o sas, y son frecuen­
tadas de la devocion de los fieles.
Todo lo referido hasta aquí nos da claram ente á entender,
cuánlo g u sta nuestro Señor honremos y venerem os á este su
Hiervo, teniendo la debida estim a de su rara y adm irable san­
tidad, como de persona que g o z a en el Cielo de lu g a r m uy
aventajado y eminente. A que añadiremos a lg u n a s aparicio-
11-1 vid a »i;i. bra TO p . s . j r \ n' i »k i .a < urz.

nes que. hizo el Santo P ad re, y otras dem ostraciones m ila g r o -


sas en m ayor prueba y confirm ación de esta verdad. A cab an ­
do de e sp ira r, fué d visitar ú su bienhechora Dona C lara de
B en av id es, dándole las g ra cia s di; la caridad que le había he­
cho. De a llí pasó á casa de Luisa de la T o rre , m ujer de apro­
bada v ir tu d , la c u a l, a l m ism o tiempo que el Santo espiró,
fué arrebatada en esp íritu , y vio eu la Ig le sia de nuestro Con­
vento de líb ed a un R eligioso con el rostro m uy resp la n d ecien ­
te y herm oso, el cual, puesto de rod illas y Levantados los ojos
a l C iclo , su sten tab a sobre sus hom bros a q u e lla ca sa é Iglesia:
y le dijeron era el P adre F r a y Jwyn, de la C r u z, por cu y a in­
tercesión se lab rarían a q u e lla casa é I g le s ia , y se co n serva ­
rían , com o lo h a m ostrado el tiem po. La m ism a noche ó poco
despues apareció en S e g o v ia á Beatriz d«d S acram en to, tullida
eu la cam a y cercada de dolores, que el Sanio P adre ilutes le
profetizó. E s t a n d o en su m ayor co n g o ja se le apareció 1lem;
de resplandor y herm osura, con el hábito de su R eligió n ch a ­
peado de jo y a s de oro y sem brado de e s tr e lla s , con u n a her­
mosísima corona Cu la cabeza. A len tóla á padecer puram en te
por D ios, y en premio de la fineza con que había p a d e cid o , l:i
dejó del todo sana. Eu F b e d a . habiendo Juan de V era cegad o
de un ojo por haberle herido en él uu culuite. se encom endó
a l Santo P ad re, y aplicad a u n a reliqu ia su y a quedó sano. Ins­
pirado interiorm ente que fuese á dar la s g ra c ia s á Dios y al
Beato P adre á la Ig le sia de su C o n v en to , y dejándolo de
hacer por el tem or que le pusieron de que ofendería la lu z al
ojo recien s a n o , v o lv ió á c e g a r , y en tónces acudiendo a l S a n ­
to P adre se le apareció y dijo hiciese a q u e lla d ilig e n c ia de iv
d la I g le s ia , la c u a l h e ch a , quedó co n en tera y perfecta
vista .
E n nuestro Couven to de A n d ú jar se le apareció a l H erm a­
n a F ra y M artin de la A sun ción r su a n tigu o co m p añ ero , y le
dijQ : H efm aw j, vaya i nuestro P adre P r o v in c ia l, y dígale que
nuestro Señor le pagará, con bienes eternox la honra que hace á
los de las Santos: pero que mire que en el el aus trico de
Baeza h#y cinco cuerpos de San tos, de (os cuales e l padre Vice­
rector Frciy Jm n, de Jesús M aría se f u é derecho a l C íela ; que
los saque, y ponga en decente lugar. S e g u n d a v e z se apareció
el Santo Padre á dicho R e lig io so , y le d ijo: Hermano, escriba
VIDA DEL BEATO P. S. JTAN DE LA CRTÍZ. 115

á nuestro Padre P rovincial, que le estoy agradecido el haber sa­


cado aquellos huesos y pués tolos en decente higar. E l Hermano
se en cogió, y desaparecido el S a n to , se resolvió en l o escri­
bir. De a llí á tres dias se le vo lvió á aparecer con un rostro
severo (habiéndole ántes aparecido risueño y a p acib le), y le
dijo: i Hermano, por qué no ha hecho lo qm le dije l hágalo. E l
Hermano turbado dijo al Santo: Padre 'nuestro, ¿cómo tengo yo
de escribir á nuestro Padre Provincial es tas cosas, que me ten­
drá, por novelero: y qué sé yo s i V. R. es nuestro P a d ie , ó es
engaño del demonio ? El Santo te respondió: No es esto del demo­
nio: y sacando debajo del Escapulario el Santo una C ru z, la
b e só , y se la dió al Hermano >y al tiempo de él desaparecer ha­
bia allí una pintara de Cristo crucificada, y le hizo una gran­
de in clin ació n , y desapareció. Pista Cruz vino á parar á ma­
nos del dicho Padre P ro vin cia l, llam ado F ra y Juan de Jesús
M aría, que la conservó toda su vida con gran veneración,
obrando nuestro Señor por su medio efectos m aravillosos. Y
exam inando a l Hermano Fray M artin, sobre aquella palabra,
E scriba á nuestro Padre Provincial, respondió: que así lo ha­
bía dicho e l San to : lo cu a l es de n o tar, para la veneración
que se debé á los P rela d o s: pues un Santo y a glorioso á un
morador de la tie rra , por ser Prelado eu su O rden, le llam ó
de nuestro Padre.
Por los años de 1607 sucedió otra m u y notable en Ubeda.
Una tarde de Mayo se armó sobre la ciudad ta l tem pestad y
nu blad o , que porque dias antes otro sem ejante había asolado
los términos circu n vecin o s, temieron lo mismo en Ubeda.
Acudieron, unos a las plegarias y conjuros, otros á las Imá­
genes de su devocion, y muchos á nuestro Couvento á pedir
al Santo aplacase la ira del S.ífior, que veían en tantos true­
nos, relám pagos y piedras descom unales, que de cuando en
r u a n d o c a ía n . Duró el nublado hasta las diez de la noche;
y queriendo el Señor que couociese la ciudad el protector
que ten ía , descubrió á la luz de los relám pagos la figura del
Santo con su Hábito de Carm elita D escalzo, que luchando
con las nubes, en breve las deshizo sin daño de la ciu dad ,
que agradecida á su protección, le tiene por su principal
abogadil.
1 Ir» V lliA l) Kl. BE A í O 1'. s. LiE L A CRUZ.

XXII.

M ilagros h ech o s p o r la s re liq u ia s del S an to . —-S in g u la re s ap aricio n es on ella».

Siendo loa m ilagros una de las cosas por que m ás honra el


pueblo Cristiano ¡i los varones s a n to s ; para que á los deseos
de sus deshonras (que fueron de los m ayores que tuvo nuestro
Beato Padre) se sigu iesen sum as honras, le ilu stró Dios no
.solo,en su vida y glo rio so tránsito (com o habernos visto ) do
tan tos y tan gran d es m ila g ro s; sin o despues de sn dichosa
m u erte, como verém os a h o ra , diciendo a lg u n o s de los m is e x ­
celen tes: porque para referirlos todos era m enester un libro
entero. E n nuestro Convento de M álaga estuvo M encía de San
L u is diez años con tan r e d a p e r le sía , que ni se pudo leva n ta r,
ni asistir á la Comunidad eu tanto tiempo. El ano de 1008,
entrando á visitar la clau su ra el Padre P rovin cial F ra y B er­
nardo de la Concepción, y com padeciéndose de la enferm a,
sacó un dedo del Santo Padre que tra ía co n sig o , y alen tan do
su fe con d ecirle confiase en D ios, que por medio de a q u ella
san ta reliquia le había de dar sa lu d , se la aplicó á la cabeza.
A l mismo instante sintió la K eligio sa en todo sil cuerpo lau
extraordinaria m u tació n , que se halló sana del todo y con sa ­
lud tan perfecta, que se quiso levantar lu égo de la ca m a , y
arrojarse á todos los rigores de la Com unidad, con adm iración
a sí del P ro vin cial como de la s R eligio sas.
E stando en Ubeda L uis N u fiez, Notario de la s inform acio­
nes que se hacían para la Canonización del Santo P ad re, y
esperando á que vin iese ¿ com er Doña L u isa V e la , su sobrina,
la h allaron en su aposento sin ju icio y com o m uerta. A v is a -,
ron á tres m éd icos, y declararon ser su m al a p o p le g ía , perle­
sía y a lfere cía, tres en em igos c a p ita le s, que con tra sn vida
se habían conjurado. A plicaron rem edios de lig a d u ra s , g a rro ­
tes y ven tosas sa jad a s; pero á n in gu n o v o lv ió ; con las cu ales
experiencias y vién dola fria y y e r t a . vu eltos los ojos y casi
sin resp ira ció n , se despidieron lo s m é d ic o s. Su t.io, confiado
en la santidad del Beato Padre, que en sus inform aciones re­
co n o cía , envió á pedir su santo p ié, y apénas se lo ap licaron
al pecho, cuando la enferm a vo lvió á sus sentidos y acuerdo,
y á todos sus miembros frios el calor. Mas porque la que había
VII*A UKL ItliATf» 1’ . Si. J U A N DE I. \ CHUZ. 117

alcanzado por oraciones ajenas la salud, la consiguiese cum pli­


da por las propias, dispuso el Señor que s o la la boca le que­
dase tan cerrada y tun apretados los dientes, que por d iligen ­
cias que h iciero n , no los pudieron apartar, ni olla pasar mas
comida de la (pie por entre sus jun turas podia pasar, que era
m u y poca. Advertida del autor que le había comenzado á dar
s a lu d , suplicaba al «Santo que se la diese cum plida.
Consiguiólo al quinto d ia. en (pie volviéndole á aplicar el
pié del S an to , se le quitó el impedimento do la len g u a y la
estrenó con d e c ir : ¿Vo emú rana* mis esperanzas en. vos, mi
Santo Padre F ta y Juan: bien sahia yo rué /infrias de dar salud..
A vos doy las gracias por la merced. llizosela tan cum plida,
que 110 solo le abrió la boca y volvió el habla., sitio que las
sajaduras profundas de las ventosas y otras lla g a s que tenía
on los labios llenos de s a n g r e , al punto se cerraron y desapa­
recieron. Estos dos m ilagros aprobó la Sagrada C ongregación
de R itos, y por eso se han puesto en primer lu g a r , y no des­
merecen su aprobación los siguientes.
E l año de 1617 gozó ig u a l favor Doña Juana Godiiíez de
S a n d o va l: siendo de diez y seis años le dió de repente tan recia
calen tara y fren esí, que perdió loa sentidos y el ju ic io , en que
duró cinco dias. No aprovechando las m edicinas, desconfiando
los médicos la dejaron por m uerta. L legando á esta sazón dos
R eligiosos con el pió dei Santo P ad re, y aplicándolo al pecho
de la enferm a, de repente se m ovió, y abrazándose con la
santa reliquia, y quedándose en silencio por un rato, dijo
despues que al ponerle el santo pié, ae lo habían abierto los
sentidos, y le dijeron sin saber quién: Que por méritos del
Santo Padre le daban la mejoría. Fué tan presto, que sentán­
dose en la cama» comenzó á decir á voces: Y a estoy buetia, que
mi Santo Padre F ra y J m n de la Cruz me ha sanado. Pidió que
le diesen sus ve stid o s, y como con la g ra n turbación la s cria ­
das se detuviesen , ella se aplicó un m anteo, y con él se co­
menzó á pasear por la sala. Y viendo á sus Padres tan o b lig a ­
dos , les sacó licen cia para ser Carm elita D e sca lz a , por pagar
á Dios y al Santo Padre el beneficio, llam ándose por reveren­
cia su y a en la R eligión Juana de la Cruz. No fué menor el que
nuestro Señor obró con un hijo de Don Francisco de N arvaez,
llam ado Rodrigo, de edad de vein te m eses: el cu al habiendo
1 18 VIDA DEJ, BEATO P , S. J U A N DF. I.A CHUZ.

caído de un corredor m uy alto, y estrelládose en las losas de


un estanque, echaba por b o c a , narices y oídos san gre, y a lg u
de los sesos. A gonizando y a el niñ o, sin esperanza de vida,
le aplicaron á la cabeza la reliquia del Santo P ad re, y a su
toque (¡oh rara y Divina v irtu d !) cesó luego la sa n a re , con­
fortóse la cab eza, consolidáronse los huesos, y todo el cuerpo
del 11 i ño se reparó de su erte, que dentro de dos dias desm entía
y a con la salud presente la d esgracia pasada.
Entre los m ilagros con que Dios nuestro Señor ha honrado
á nuestro Beato Padre y m anifestado su ex celen te santidad,
son muy de notar la s apariciones que h a hecho en reliquias
de eu ca rn e, donde co a sin gu larísim o y perseverante prodigio,
no visto ni leido hasta ahora de otro Santo, se aparece innum e
rabies veces. E n tre las cu ales merece el primer lu g a r la de
M edina del Cam po, así por ser la prim era de este gén ero, como
por la g ra n calificación del m ilagro h echa e l año de 1615 por
el Ilustrísim o Señor Don V ig il de Q uiñ on es, Obispo de V a lla ­
do! id , en juicio contradictorio, criando F isc a l, y con la s d e -
m is circu nstancias que el Derecho pide, y hecha una gran d e
ju n ta de teó lo go ?. ju rista s y m édicos, entre los cuales concur­
rieron treb de la Cámara del Seuor Rey D ju Feiipe IH. Y co n ­
viniendo todos ser obra m ilagrosa, lo pronunció por senteucia
ju r íd ic a , y en vió los papeles á la Santidad de Paulo V. Para
dar noticia de este m ilagro es m enester tom ar la corriente
desde sus principios.
H acía Dios nuestro Señor a l V en erable Francisco de Yepes
m uchas m ercedes y m isericordias con apariciones su y a s y de
m uchos Santos. Sintió por m uchos dias en su corazon un ar­
diente deseo de ver á su h erm an o , y aparecióndosele nuestro
Señor un d ia , lo dijo: S e ñ o r , como me enseñáis otros cortesa­
nos d el C ie lo , ¿no me harías merced de ensenarm e á mi
querido herm an o-? D ijole Su M ajestad: Que siempre que viese
la carne de su herm ano, que tenía en el R elicario, le vería
tam bién á él. Desapareció cou esto Cristo nuestro Señor, y el
bendito varón con fe firme y esperanza cierra de ver cu m p li­
das la s promesas de su D io s, tomó el Relicario en la m an o , y
a l punto vió á su herm ano de la m ism a m anera que cuando
v iv ía , aunque e l rostro con m ucha m ayor herm osura. Vió en
el mismo pedacito de carne á la V irg e n Sacratísim a nuestra
VIDA DEI. BE A Tii P- 5- JUAN DE LA CRU Z . 1 lf l

Señora vestida con el hábito del Cárm en, con el Niño Jesús on
sus brazos, echado el bracito izquierdo sobn*. el cuello de su
M adre, extendiendo el cuerpecito y el otro brazo hasta qim
lleg a b a á poner lan m n o derecha sobre la raheza del Santo
Padre. Diósele á entender en esta visión (la cu al sucedió esta
primera vez dia de la Epifanía del año de 159 4 ) la sum a y
fervorosa devoción qui» nuestro Santo Padre había tenido toda
su vid a con el Mijo y con la Madre.
Dió (.'.lienta de este caso al Padre Cristóbal C aro , de la S a ­
grad a Com pañía de J esú s, hombre docto y verdaderamente
Apostólico, que entonces era su Confesor; tomó la reliquia en
que tales cosas se aparecían, y puesto de rodilla-: con m ucha
devocion, vió en ella una adm irable aparición de que quedó
sum amente adm irado: quedólo mucho m ás cuando llam ando
m uchas personas de todas edades, y diciéndoles venerasen
aquella santa reliquia, sin decirles nada de apariciones, oía
decir ¡i unos veían en e lla á Cristo nuestro Redentor Crucifica­
do : otros al Santo Padre hincado de rodillas delante de un
C ru cifijo , cubierto el rostro cou u n a nube, y lo dem as del
cuerpo descu bierto: y otros otras cosas sem eja n tes, y m uchos
no veían n a d a : de lo cual conclu yó el docto Confesor ser este
un alto Sacram ento d ign o de ser venerado: y que én el mos­
trarse Dios de tan diferentes m aü era s, tendría escondidos se­
cretos. cu yos efectos se ejecutarían- en las alm as de los que
veían estas m aravillas.
Son diferentísim os loa modos que Dios tiene en estas ap a­
riciones. Cristo uuestro Redentor se m uestra unas veces como
Niño en los brazos de su Santísim a M adre; otras desnudito en
loa brazos del Santo P adre, «pie hincado de rodillas le está
besando los preciosos p ie s : otras sentado el Niño en una
nube con una corona de oro en la m an o , que se la va á poner
en la cabeza al Santo P ad re; otras sentado el Niño en el brazo
izquierdo del Santo Padre, y él con el derecho abrazando al
precioso Niño. Aparece asim ism o on la s tales reliqu ias la
Ira Agen de nuestro S a lv a d o r, de la edad que era Su Majestad
<’uando murió- Unos le han visto arrimado un codo sobre un
risco: otros m iiy hermoso y resplandeciente: y otros en dife­
rentes pasos de su Sagrad a Pasión. Otras veces se ve, al E s p í-
ritu Santo en fig u ra de palom a cercado de resplandores. la
1Í0 VIDA DEL MSA.TO P . S. JL'AN DE LA CRUZ.

C ustodia del Santísim o Sacram en to, m uchos A n g o lé s y S e ra ­


fin es. á nuestros Padres San E lia s y Santa T eresa do Jesús,
San Juan B a u tista , San Pedro A p ó sto l. S a n ia C a ta lin a M ártir,
San F rancisco de A s ís , San F ran cisco J a vier en el modo que
lo pintan levantand o los ojos al C ielo , y á otros innum erables
Santos. N u n ca ja m a s se vió 011 e s ta s reliqu ias cosa que 110
fuese .santa: y son lus realces del pincel que parece, tan finos,
qu e lian afirm ado pintores á quien l)ios fia querido que lo
v e a n , que es im posible con los colores que ello s u san , re­
tra tarlo con la fineza que a llí ap arece: porque lo s colores ríe
q u e ello s u s a n , por finos qu e ello s sean son de tie rra , y estos
qu e aparecen son del Cielo,
L os m ila g ro s que Dios nuestro Si*ñor ha, obrado' por medio
de estas ap aricio n es, son m uy s in g u la r e s : esp ecialm en te mu­
dando los corazones á vida m u y eje m p la r, com o se v e rá en los
sucesos sig u ien tes. En la 'ciu d a d de C a la ta y u d fué un R e lig io ­
so de nu estra O rd en , llam ad o F r a y Ju an B a u tis ta , ¿ p red icar
á las m ujeres de la ca sa p ú b lic a , que eran tres y tan p ertin a ­
c e s , que con h aberles predicado la Cuaresm a todos lo s P red i­
cadores de la c iu d a d . 110 habían hecho efecto en e lla s . H abien ­
do com enzado su serm ó n , le oyeron por esp acio de m edia hora
con g ra n d esen vo ltu ra y poca v e rg ü en za . V iendo la o b stin a ­
ción de la s m u jeres, les dijo no pretendía de e lla s so co n v ir­
tie sen , sino sólo que adorasen una reliq u ia de nuestro S a n to
P a d r e , que é l tra ía co n sigo . Vinieron en el p a rtid o , diciendo
que eran C ristian as y traían R o sa rio s, qu e sí la adorarían .
L le g ó u n a , y em pezó á inirar la reliq u ia con gran d e aten ció n ,
y á dem udársele el rostro , y ponerse b lan ca com o un papel.
D íjola el P a d re , ¿q u é te n ía , que así se había dem udado? R e s ­
pondió que v e ía u n a m ujer llorando a m a rg a m en te, y ju n to á
sí un Cristo y n n a c a la v e r a , que sin duda era la M ag d a len a
que llo ra b a sus pecad os: qu e e lla lo s q u ería llo rar tam bién.
L le g ó la s e g u n d a , y sucedió lo m ism o. L a tercera no quería,
lle g a r , y aunque despues con g ra n d es ruego s lle g ó , no v ió
n a d a , y se quedó en su obstinación (secretos ju icio s de Dios).
F u é ta n efica z la co n versión de estas dos m u je re s, que el dia
sig u ie n te en la Ig le s ia m a y o r , dolante de tod a la ciudad con­
fesaron su m ala v id a y su dichosa v e n tu ra on esta m ila gro sa
con versión ,
VIDA DEL R EA TO P . S. J U A N DE LA OTUTZ, 121

Tenia el Padre F ray Podro de la Madre de D ios, Difinidor


general de nuestra Orden . persona que fué m uy ejem p lar, una
reliquia de nuestro Santo Padre, y pomo oyese decir tantas
apariciones como on sus reliquias se v e ía n , herido del temor
de Dios, recelaba que la poca pureza do su concien cia era la
causa de no ver nada. Llevado de esto y de alg u n o s escrúpulos
que padecía, repetía los exám enes de concien cia, y también
las confesiones; procuraba decir Misa con m ucha dovocion, y
luego iba á mirar su R eliquia, pero nunca veía nada. Sucedió
(andando entre estas congojas) que llegó ¡i hacer noche ¡i A l­
calá la Real. Servía por m oza del mesón una tu rca , que se
llam aba F átim a, á quien ningunas persuasiones habían podido
hacer Cristiana. Recogido el R eligioso á su aposento, sintió
inspiración de enseñar á la turca la reliquia. Por la m añana
m adrugó: sacó su R elicario, y le d ijo: F á tim a, m ira qué lin ­
da cosa: lleg ó ella con curiosidad de ver el R elicario, y a p é-
nas le hubo tomado en las m anos, cuando empezó á voces á
decir: linda Señ ora, hermoso N iño; y fuó corriendo á otra
com pañera su y a e s c la v a , que era C ristia n a , diciéadola m irase
aquella Señora y aquel Niño. L a otra vio lo m ism o , y le dijo
ipie la Señora era la V irgen Santísim a M aría, y el N iño su
Hijo precioso. La turca se co n virtió, é instruida en la F e , se
b a u tiz ó , y el Padre quedó consolado y alabando á D io s, que
hace las m aravillas con los tu rco s, cuando co n vien e, y no
g u sta que los Cristianos se las pidan cuando no son nece­
sarias.
En la ciudad de Burgos una R eligio sa, cu yo nombre y Re­
ligión por la decencia se c a lla , mirando una reliquia de nues­
tro Santo P ad re, vió en ella una figura de Cristo nuestro Re­
dentor. Con la curiosidad y atrevim iento m u je ril, tomó uu a l­
filer, y picó en la parte que se le representaba la figura de
C r isto : apenas hubo p ica d o , cuando saltó la sa n g re , de lo cual
ella quedó tan confusa y adm irada, cuanto Antes había estado
de atrevida. Pero Dios', que es rico en m isericordias, la abrió
por este medio los ojos, para que hiciese una vida m uy ejem plar.
Muchos son los m ilagros que se pudieran referir, hechos
por estas santas re liq u ia s, que se omiten por no alargar de­
masiado aquesta historia, concluyendo con uno en que se prue­
ba cuánto cela Dios la veneración de las reliquias de esteSan -
122 VIDA D EL DISAIO P . S. J U A X DE I.A CRUZ.

to Padre, el cual está aprobado en el proceso do lsi Canoniza-


cion de nuestra Aladre .Santa T e re s a , y fué asi. En el C onven­
to de las Carm elitas Descaí xas de, G ranada, un dia despues de
puesto el Sol vio la M¡irire María de San Pablo salir un resplan­
dor y rayo de lu z de uua lin ágeu de nuestra Santa Aladre, que
había en una ermita de la huerta. Adm irada de esto, reparó
á dónde se term inaba el ray o , y halló que en un papel i to , en
el cual estaba en vuelta uua reliquia de nuestro Santo Padre,
que se le habia caido allí á una R elig io sa , como se supo d es-
pues: alzóla, y con esto cesó la luz. En lo cual se descubre 1h
misteriosa Providencia de Dios pava eon los su vo s. que 110
quiere que la más mínima parte de su cuerpo p r w z c a , ni este,
sin la debida veneración.

XXIII.
riiin e rtu inform ación» para canonizarle en 1616. — Milagros que Las acompahan —Tía ■
miaorlales p aralas tereerasen 1671. — Man'ln S. S. publicar el decreto ds beatificación
i n lffM. — Nubvo m ilagro que la solemniza.

T a l v i lla , tales v i r t u d e s , tal e n señ a n za i*


v m ila r?
g ro s m u d a -
m ente lo publicaban por S an io, y por tal lo mostró el Cielo,
como habernos referido. Restaba que lo que eu sí era tau cier­
to , lo declarase la Iglesia. Para este efecto el año de 161 fi eon
precepto de los Superiores se com enzaron á hacer en la Reli­
g ió n las primeras inform aciones, eu donde sucedió lo que yo
tengo por uno de sus m ayores m ilagros. L legando á preguntar
á un R eligioso del Convento de G ranada, dijese lo que sabía
de nuestro Santo Padre, respondió con desaire: Del Padre
F ra y Juan de la C r u z , ¿qué hay que decir'? ¡Caso estupendo!
A l pronunciar la u ltim a síla b a , se le quedó la len g u a inm óvil
no pudiendo a rticu lar m ás p a la b ra , porque su culpa le dejó
mudo del todo. Era Dios el solicitador de esta c a u s a , y quiso
que como la duda de Toinás sirvió á su R esurrección, asi la in­
credulidad de este desdichado ayudase al crédito de su Siervo.
Duró una hora en su c a stig o , con asombro de los d em ás, y
reconociendo su ca u sa , se p o stró , llo r ó . pidió perdón al Santo
y lo a lc a n ió , para que deponiendo su errada o p in ión , p u blica­
se despues sus alabanzas.
L as segu n d as inform aciones hicieron los Señores Ordinarios
VIDA UBI, «H A TO P. K. JU A N UE LA C RIiZ . 15¿3

de Ubeda, K aeza, Jarn , M álaga, (i ran ad a , S e g o v ia , Medina


del Campo y Salam anca, con presentación do testigos se g la ­
res, Eclesiásticos y Religiosos, Hallando en ellas bastante
fundam ente, que llam an Fum o, para su Canonización, el año
de lf >27 se co m id ieron rem isoriales y rótulo para las terceras,
com etidas á loa Ordinarios de Jaén , G ranada, M ála ga , S ego ­
v ia y Valladolid, donde con g ran alborozo se hicieron , y re­
mitieron á Roma. .Suspendióse el verlas hasta cum plir los
cincuenta añusque ordenó la Santidad de Urbano VIII. Despues
se avivó la cau sa; m as como la de la Canonización iba despa­
cio y se mira con tanta circunspección, duró hasta la Santidad
de Alejandro VII y Clem ente IX , que aprobaron la santidad de
su vid a , alteza de su doctrina, sus virtudes heróicas, asi teo­
lo g a le s , como m orales; hasta que pasando A Roma por P ro­
curador general el Reverendísim o Padre F ra y Juan de la
C oncepción, hermano del Señor Duque de B é ja r , añadiendo á
su nobleza su cuidado, y á la devocion del Santo Padre su
d ilige n cia , dió com plemento á su cansa. Probado el articu lo
de sus m ilagros , propuso la Sacra Congregación á nuestro
S. P. Clem ente X : Que ¿seguramente se podía proceder A la
C a rn iza ció n del Siervo de Dios Jrn n de la C ruz, y con mas
seguridad en el ínterin, conceder que se nombrase Beato, y que
en cada año en e l din de su f e l i z tránsito se pudiese retar y decir
M isa de Confesor m Pontífice en todo el Orden Carmelitano.
Oyó Su Santidad la propuesta, y habiéndolo encomendado al
Señor por espacio ele once d ia s , á loa G de Octubre de 1674
mandó se publicase el decreto de su B eatificación , como de
hecho se hizo. Recibióse con tanto aplau so, que valiéndose do
él nuestro Procurador g e n e r a l, dentro del mes sigu ien te a l­
canzó nuevo indulto para la extensión del R e z o , y á los 21 de
Noviembre del mismo año concedió Su S an tid ad , que en Hon-
tiv ero s, donde nació, en Ubeda, donde murió, y en S ego via,
donde está la m ayor parte del cuerpo sa n to , todos los Sacer­
dotes Seculares y R egulares puedan rezar su oficio y decir
Misa de Santo Confesor, y en las demás partes solos los Sacer­
dotes que acudieren á nuestras Iglesias.
M uy del gusto del Señor fué esta declaración y honra que
hizo la Iglesia á nuestro Beato Padre, pues al tiempo de su
publicación repitió nuevos m ilagros, de los cu ales sólo referiré
1 ’2 4 VIDA DEL nEA T O P. f=. J U A N DE LA CRUZ.

uno, de que h a y jurídica información. En el Convento do


nuestras Monjas de la ciudad de Raivi, en el Reino de Nápoles,
estaba una Religiosa paralítica doce años había, y tan impe­
dida en una cam a, que no podía menear ninguno de sus
miembros, ni pies ni cabeza, sino solam ente mía m ano, de
manera que todo este tiempo le daban de comer pnr mano aje­
na. Cuando llegó el decreto de la Beatificación de nuestro
Santo Padre, afligida la R eligiosa de no poder celebrar con
las demas tan felicísim a n u eva, se. encomendó m uy de veras
al Santo Padre, y pidió que le tocasen una reliquia que tenían:
y fuó con tanta fe, que luégo que la tocaron se levantó de la
cama y fué con las demas Religiosas á cantar el Te Deirn
laudamm al Coro, aunque arrimada :i uua R eligiosa, y le
cantaron por dos 1¡lulos con muy .singular alegría. Con esto
damos fin á la admirable vid a de este excelente Varón y Santo
Padre nuestro; sujetando todo lo dicho en elia á la corrección
de la Santa Madre Ig lesia Romana.
SUBIDA

DEL MONTE CARMELO,


HUK

EL B. P. SAN JUAN Í)E LA CHUZ.


MGNS IN QUO

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& Salo rour.i en«te mante
IsJluria vhnni a tir. Bia*
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a^'^CTivinnm Sileolinm Divina SapieHI* U!

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ConfiuelilS ^ACienció
*u ^ i^ a L s jp í gruirv
rSíb«Mswescanso
ti t.*üvi "grujjatn*
Ctnint de espíritu unpcrfcctn Seniti «ítredu ríe U pfrfrcciun Camino b espíritu ai r.iiiii
4ft¿it mu tit ¡/tur ífutti iut i'túini JFtitt ~
Lwtrríiüui siMeite tóiian danta dt Jirlíixpu; lasania jlMtiiir ydara>nst |jra wi ir¡r»r1» itorcsums turtidos.

Modípia venir di lüdu. - MuJij detaier Aíodu >ímktparaai impedir Jltodo-indicia íe {ie setene ludnj

Pinrasrj . j qntnsc-tbf^] v¡n raari -iberl:tiíi I Cutaáartfirtsatúfe. Enesa de'nade:l'tiit a


Sis ut;r¿¡irJenden ;jiest*¡r¡utvj¿¿ht d¡oeta*h |Bf¡: ir srrwirc ét¡ío. cipntn jrtufítd v ic- íüí! ¡
?3Tt vtnirlivjDiimpizfn'íl ?irj ?£/uri süT’jrh rtío, ^nr^tttffrjnárrrir."<fciftsA mu'jje:«üor.dJictdicuudfi
B í s i e j r p i r é t í t J t t f w a r 'í\S¡>p x t x f c s u r ¡¡¿j k j u í /. fasdt terir¿ti tais t! :aáa \¡empdebiot tmieyjradffl

Fítj mir Htftrutifti »¿.1?vt venirspjsetrJeicit Ycjjjidüfe JrmrÁ'f senas¿\ácuiiiji. jc r r s íl

tu k x ftr M fo /N K .jjjEr¡¡sai't.yjfte *js?a siü Sí : i* Ttnsie s t a id i ^ ¡ l a r * ” en ¡¿ ren/nr tie j.’wmiúd

vi n vrnnr i b f t l air eres ! Firt venir ¿ s?rL~ rcár "irprcxGinta'tstaeráji zi v « » ;/} JÍÍí uáoi.en

iTíj ifrírjrar dentar gres Llí euien: rsr itya sr.njdi


( fe:wispiLr¡i en!hcs ZTtsivc :¡ í:c .ttíúkm lefinQj

7íV»if Ó,fNuj. J
SUBIDA

DEL MONTE CARMELO.

ARGUMENTO.

T o d a la doctrina que entiendo tra ta r en esta Subida del Mon­


te C arm elo, está incluida en las siguientes C anciones: y en
ellas se contiene el modo de subir hasta la cum bre de él,
que es el al,to estado de la Perfección, que aquí llamamos
Union del Alma con Dios. Y porque tiene de ir fundado sobre
ellas lo que dijere, las he querido poner aquí Juntas p ara que
se entienda y vea ju n ta toda la sustancia de lo que se h a de
escribir. Aunque al tiempo de la declaración convendrá, poner
cada Canción de por s í, y ni m ás ni ménos los Versos de cada
una, según lo pidiere la m ateria y declaración.

C A N C IO N E S

Km .[iie nuil*! ni .lim a i n Jhm.u.hii vm itiirrt *[ué tu v o **ii pfiñttr pjLa la esi u r a N och*
de )ti l e t u O khquiIó/ y p u rg a c ió n « u v a ¡i La. u n ió n <lal A m ado .

1 En una noche escura


Cott Ansias en amores inflamada,
Oh djchostt ventura!
Salí sin ser notada,
Estando j a mi casa sosegada.
2 A. escuras, y segura
Por la secreta escala disfrazad»,
Oh dichopa ventura!
A escuras, en celada,
Estando ya mi casa sosegada,

Biblioteca Nacional d e España


* rim iA del m onte c '. v n M E i. u .

n Kn ln >TocLc dichosa
En secreto, que nadie, me v e ía ,
Ni y o mira ha c o s a ,
Sin otra lu z , ni g u ia ,
Sino la que cu el corazon ardía.
4 Aquesta me guiaba
Mus cierto qnft la luz de medio diu,
Adonde me esperaba,
Quien yo bien me subía,
En parle, donde nadie parecía.
5 Oh N o ch e , que g u ia s te f
Oh Noche amable más que el alborada
Oh N oche, que juntaste
Amado con amada,
Amada en el Amado transformad!)!
6 En mi pecho flo rid o ,
Que entero pura él .solo se £ii ¡m iaba.
Allí quedó dormido,
Y yo le recalaba ,
Y *1 ventalle de cedros aire daba,
1 Kl aire de el alm ena,
Cuando ya ¡mis cabellos esparcía ,
(.'on su m ano serena
l'.n mi m e llo hería ,
Y ludo» m is ^cutidos guspenditi.
8 Quedenu;, y olviílé m e ,
Kl rostro m diné sobre el Amado ,
O r ó to d o , y dejóm e,
Dejando nú cuidado,
E n tre las azucen a* olvidado.
P R Ó L O C + O .

I ara liri 1k-i- <!< <l,vlarar y ilar á i'iii i' ihI't osla XtH'hf1 escura,
por la cual pasa ol alm a para Hogar á la Divina lu z de La
II ilion perfecta de amor de Dios ¡cual so puedo cu esta vida),
era menester otra m ayor experiencia y lux de ciencia (pie la
mi a. Porque son tantas y tan profunda* las tinieblas y traba­
jo s . asi espirituales como corporales, quo su elea pasar las
dichosas alm as p:ira puder lleg a r á este estado de perfección;
que ni basta ciencia humana para saberlo entender, ni expe­
riencia para d ecirlo: porque sólo el que por ella p asa, lo
sabrá sen tir, mas 110 decirlo. V por tan to, para tratar a lgo de
esta Noche escura no me liaré ni de experien cia, ni do cien­
cia. porque lo uno y lo otro puede faltar y e n g a ñ a r ; sino de la
Divina Escritura, por la cu a l si nos guiam os no podemos errar;
pues el que en ella habla es el E spíritu Santo. No obstante
que me ayudaré de las dos cosas de ciencia y experiencia que
d igo. V si v ite n algo errare por no entenderlo b ien , no 03
mi intención apartarm e del sano sentido y doctrina de la
Santa Madre Iglesia Católica. Porque eu tal (‘aso. totalm en te
me resigno y sujeto, no solo á su luz y mandato , sino á c u a l-
quiera que con mejor razón de ello j u g a r e .
Para lo cual me h a m ovido, no la posibilidad que veo en
mi para cosa tan alta y ard u a, sino la confianza que en el
Señor tengo que ayudará, á decir a lg o , por la m ucha necesidad
que tienen, m uchas alm as: la s cu ales com enzando el cam ino
de la v irtu d , y queriéndolas nuestro Señor poner en e sta
Noche escura, para que por e lla pasen á la D ivin a u n ió n . ollas
no pasan adelante; á veces por no querer entrar ó dejarse
entrar en o lla ; á veces por no entender y faltar las g u ia s
idóneas, y diestras?, que la s Lleven hasta la cum bre. Y asi es
lástim a ver muchas alm as á quien Dios da talento y favor
(J

Biblioteca Nacional de España


G PRÓLOGO.
para pasar adelante, (que si quisiesen anim arse llegarían á
este alto estado) quedarse en un bajo modo (le tratar con Dios,
por no querer ó 110 saber, ó no las encam inar y enseñar á des­
viarse de aquellos principios. V y a que en fin nuestro Señor
la s favorezca tan to, quo sin esto y sin esotro las haga pasar,
lle g a n m u y más tarde y con m ás trabajo, y ménos m ereci­
m iento, por no haberse ella s acomodado á Dios, dejándose po­
ner en el puro y cierto cam ino de. la iiuioiu Porque aunque
es verdad que Dios que las l l e v a , puedo llev a rla s sin estas
a y u d a s , con todo eso no dejándose ella s lle v a r cam inan mé­
nos resistiendo á quien las lle v a , y no merecen tanto , porque
no aplican la vo lu n tad , y en eso mismo padecen más. Que h ay
alm as que en v e z de dejarse á Dios y ayu d arse, ántes estorban
á Dios por su indiscreto obrar ó rep u gn ar; hechos sem ejantes á
los n iñ os, quo queriendo sus madres llevarlos en brazos, ellos
van pateando y llorando, porfiando por ir por su pié, para que
no se pueda andar nada, y si se anduviere sea al paso del
niño. Y así para este saberse dejar llev a r de D ios, cuando Su
Majestad los quiere pasar adelante, así d los principiantes
como á los aprovechados, Con su ayuda daremos doctrina y
avisos para que sepan entender, ó á lo ménos dejarse lle v a r de
Dios. Porque alg u n o s Confesores y Padres espirituales, por 110
tener lu z y experiencia de estos cam inos, ántes suelen impedir
y hacer daño á sem ejantes alm as que a y u d a rla s, hechos se­
m ejantes á los edificadores de B abilonia, que habiendo de adm i­
n istrar un m aterial convenien te, daban otro m u y diferente poí­
no entender ellos la le n g u a , y así no se h a d a nada: Venite
igiliur, descendamos, et confundamos i i i linguam, eorum, ut non
atediat tutustpuügue vocemproxvmi s u i, etc. Atque ita divisit eos
Dominas ( 1). Por lo cual es récia y trabajosa cosa en tales oca­
siones no entenderse u n a lm a , n i h a llar quien la entienda.
Porque acontecerá que la lleve Dios por un altísim o camino
de escu ra contem plación y sequedad, en que á ella le parece
que v a perdida; y que estando así llena de escuridad, trabajos,
y aprietos y tentacion es, encuentro quien la d ig a lo que á Job
su s consoladores: Que es m elancolía y descon suelo, ó condi­
c io n é ) ; y que podrá ser algu n a m alicia ocu lta su y a , y que por

(1) Gen. 11.1. Job, 4.


PROLOGO. /

(so la lin dejado Dios así: y lneg'o suelen ju zg a r que aquella


al mu debe sor ti haber .sido m uy mala . pues tales cosas pasan
[tur ella. Y también habrá. quien la diga que vuelve alras.
pues no halla gusto ni consuelo como ¡hites, en lus cosas de
Dios. Y así doblan el trabajo á la pobre alma; porque acaecerá
que la mayor pena que ella .sienta, sea del conocimiento de su
propia miseria, en que le parezca tnás clavo que la luz del din
que está llena de males y pecados, porque se lo da Dios así á
entender eu aquella N'oehe de contem plación, como adelante
diremos. Y romo h;ill¡i quien conforme con su parecer, dicien­
do que será por su culpa, crece Ui pena y el aprieto del alm a
sin térm ino, y .suele, llegar á más que morir. Y no contentán­
dose con esto, pensando Los tales Confesores que procederá di;
pecados, hacen ú Las tales alm as revolver sus vidas y que ha­
g an m uchas confesiones gen erales, y crucii’ícaulas de. nuevo;
no entendiendo que, aquel por ventura no es tiempo de eso ni
de esotro, sino de dejarlas asi eu la purgación que Dios las tie­
ne, consolándolas y anim ándolas á que quieran aquello basta
que Dios quiera; porque hasta eutónces por más que ellos ha­
g an y ellos digan, no hay remedio. De esto hemos de tratar
adelante con el favor Divino, y de cómo se ha de haber el alma
entonces y el Confesor con ella , y qué indicio habrá para co­
nocer si aquella es la purgación del alm a; y si lo es, si es del
sentido ó del espíritu ( lo cual es la Noche escura que deci­
mos), y cómo se podrá conocer si es m elancolía ó otra im per­
fección acerca del sentido ó del espíritu. Porque podrá también
haber alg*unns alm as que pensarán ellas ó sus Confesores,
que las Lleva Dios por este camino de la Noche escura de la
purgación esp iritu al, y 110 será por ventura sino algu n a im­
perfección de las dichas: y porque hay también m uchas a l­
mas que piensan no tienen oracion, y tienen m u ch a; y otras
por el contrario > que pensando tienen mucha, es poco m ás que
nada.
H ay otras que es lástim a lo que tra b a jan . y so. fatigan y
vuelven atras: porque ponen el fruto del aprovechar en lo qnc
no aprovecha, sino ántes estorba: y otras, que cou descanso y
quietud van aprovechando mucho. H ay otras que con los mis­
mos regalos y mercedes que Dios les lince para cam inar ade­
lan te, se embarazan y estorban en este camino. K11 el cual á
H 1‘BÓLOGO.

los seguidores de él acaecen muchas cosas de g o zo s, penas,


esperanzas y dolores: unos que proceden de espíritu de perfec­
ción, otros de imperfección; de todo lo cual con el favor D ivi­
no procuraremos decir a lg o , para que cada uno que esto leye­
re, en a lg u n a manera eche de ver el camino que llev a , y el
que le conviene llevar si pretendo subir á la cumbre de esto
Monte.
Y por cuanto esta doctrina es de la Noche escura, por don­
de el alm a ha do ir á D ios; no se m araville el lector si le pa­
reciere algo escura. Lo cual entiendo y o que será al principio
que la comenzare á leer; m as, como pase adelante, irá enten­
diendo mejor lo primero; porque con lo uno se va declarando
lo otro. Y si lo leyere la segunda v e z . entiendo le parecerá
más claro y la doctrina más segura. V si algunas personas con
esta lectura 110 se hallaren bien, hacerlo lia mi poco saber y bajo
estilo: porque la materia de suyo buena es y harto necesaria.
Pero paréceme que aunque se escribiera más acabada y perfec­
tamente de lo que aquí irá, no fuera apetecida de muchos:
porque aquí no se escribirán cosas m uy morales y sabrosas
para los espirituales, que gustan de ir por las que son dulces
á Dios; sino doctrina sustancial y sólida, así para los unos
como para los o tro s, si quisieren pasar á la desnudez de espí­
ritu que aquí se escribe. Ni aun mi principal intento es hablar
con todos, sino con algu n as personas de nuestra Sagrada Re­
ligión de los primitivos del Monte Carm elo, así Frailes, como
M onjas, por habérmelo ellos pedido, á quien Dios hace merced
de meter en la senda de este Monte; los cu ales, como y a están
bien desnudos de las cosas temporales de este s ig lo , entende­
rán mejor esta doctrina de la desnudez de espíritu.
L liJ lt O r H IM E H O .

En que se trata qué sea noohe escura, y cuán necesaria sea


pasar por ella á la Divina unión; y on particular trata do la
noche escura del sentido, apetito, y de los daños que h & C d n
on el alma.
JiJ' l'-r -

C A PITU LO 1.

Pone la pnroora rancion — Dice dos d ife rtn e iis que hay de noches por que p&san |o * e v
liiritualea flppualan (tus parten dpi hom bre su p erio r 4 inferior, y declara la Cuucion-

CANC10S PRIMERA.

En una Noche escura


Con áneias en amores inflamada,
Oh dichosa ventura -r
Salí sin ser notada.
Estando ya mi casa sosegada.

En esta primera Canción canta el alm a la dichosa suerte v


ventura que tuvo en salir de todas las cosas y de los apetitos
v imperfecciones que hay en la parte sensitiva del hombre,
por el desói'den que tiene de la razón. Para c u y a inteligencia
de saber, que para que una alma llegu e a l estado de la per­
fección, ordinariamente ha de pasar por dos maneras principa­
les de Noches, que los espirituales llam an purgaciones ó pu­
rificaciones del alm a, que aquí llamamos N oches, por cuanto
el alm a a sí en la una como en la otra cam ina como de noche
á escuras. La primera Noche ó purgación es de la parte sensi­
tiv a del a lm a, de la cual se tratará en la presente Canción y
en la primera parte de este libro. La segunda es de la parta
espiritual, de quien habla la segunda Canciou que se sigue;
y de esta también trataremos en la segunda parte cuanto ¡i lo
activo; porque cuanto á lo pasivo, será la tercera y cuarta
parte.
10 S lB ll> A IIEL, M O N T E C A H M K L O .

Declaracim de la Caución.

Quiere, pu es, en suma decir el alm a en esto C an ció n : Que


salió (sacándola Dios) sólo por amor de é l, inflamada en su
amor mi lina Noche escura, que es la privación v purgación de
todos sus apetitos sen sitivo s, acerca de todas las cosas exterio­
res del mundo y do las ipie eran deleitables á su ca rn e, y
también de los gustos de su voluntad. Todo lo cual se hace en
esta purgación del sentido: y por eso dice que salió estando
y a su casa sosegada, que ea la parte sen sitiva, sosegados ya.
y dormidos todos sus apetitos en e lla , y ella á ellos. Porque
110 se sale de las penas y angustias de los retretes de los
apetitos hasta que estén am ortiguados y dormidos. Y esto dieo
que le fué dichosa ve n tu ra , «Salir sin ser notada»: esto e s , sin
que ningún apetito de su carne ni de otra cosa se lo pudiesen
estorbar. Y también porque salió de Noche, que es privándola
Dios de todos ellos, lo cual era noche para ella. Y esta fue di­
chosa ventura meterla Dios en esta N o ch e, de donde se sigue
tanto bimi, eu la eun.l no a f i l i a r a ella. bien ¡-i entrar: porque no
atina uno por sí solo á vaciarse do todos Jos; apetitos para ir á
Dios. E sta es en suma la declaración d<* la Canción . y ahora
habremos de ir por ella escribiendo sobre cada v e rs o , y decla­
rando lo que pertenece á nuestro propósito.

C A P IT U L O 11.
D e c l a r a q u é K o c tie e s c u r a se® e s t a p o r ‘|U « ol ulinai d ic e l i n t e r p a s u d o A in u n i ó n
D 1«¡. — D l« e I b ? c h u so s d e e lla .

Kn una Noche escura.

Por tres causas podemos decir que se llama Noche este


tránsito que hace el alm a á 1a. unión de Dios. La primera , por
parte del término de donde el alm a sa le, porque ha de ir ca­
reciendo el apetito del gusto de todas las cosas del mundo que
poseía en negación, de ellas; la cual es como Noche para todos
los apetitos y sentidos del hombre. La segu nd a, por parte del
medio ó camino por donde lia de ir el alm a á esta u n ió n . que
es la Fe, la cual es escura para el entendimiento como noche.
La tercera ; de parte del término á donde v a , que es D io s; el
cual por ser incom prehensible, y infinitam ente excedente se
U BRO I , CA P. II. 11

puede también decir escura Moche para el alm a en esta vida;


por las cuales tres Nuches lia de pasar el alm a para venir á la
Divina unión con Dios. Estas se figuraron en el libro del Santo
Tobías en las tres noches que el Angel mandó á Tobías el
mancebo que pasasen Antes que se juntase en uno con la Es­
posa : Tu aulem cim acceperis eatn, ingressu/t cubictilutn , per fres
d m continchx e,s(o ah fia { 1 ). En la primera le mandó que que­
mase el corazon del pez en el fuego t que significa el corazon
aficionado y pegado á las cosas del m undo: el cual para co­
menzar á ir á Dios se ha de quemar y purificar de todo lo que
es criatura, en el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación
ahuyenta al demonio, que tiene poder en eJ alma por asimien­
to á los gustos de las cosas temporales y corporales.
En la segunda noche le dijo que sería admitido eu la com­
pañía de los Santos P atriarcas, que son los Padres de la Fe.
Porque pasando por la primera N o ch e, que es privarse de to­
dos los objetos de los sentidos, luego entra el alm a en la se­
gunda N och e, quedándose sola en desnuda F e , y rigiéndose
sólo por e lla , que es cosa que no cae en sentido.
En la tercera noche le dijo el A n gel que conseguiría la
bendición, que és D ios, el cual mediante la segunda Noche,
que es F e , se v a comunicando a l alm a tan secreta y intim a­
mente , que es otra Noche para e lla , en tanto que se va ha­
ciendo esta comunicación m uy más escura, que esotras, como
luego dirémos, Y pasada esta tercera N oche, que es acabarse
de hacer esta comunicación de Dios en el esp íritu , que se hace
ordinariamente en gran tiniebla del alm a, luégo se sigue la
unión con la Esposa, que es la Sabiduría de Dios. Como tam ­
bién el A n g el dijo ¿ Tobías, que pasada la tercera noche se
jun taría con su Esposa con temor del Señ o r; el Cual cuando
está perfecto, lo está también el amor de D ios, qua.es cuando
se hace la transformación por amor del alm a con Dios. Y para
que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas
causas de por sí. Y advertirse há que estas tres Noches todas
son una N oche, que tiene tres partes. Porque la prim era, que
es la del sentido, se compara ¿ la prima n o ch e. que es cuan­
do se acaba de carecer del objeto de las cosas. La segunda^

i ; T o ii.«. i*
S'L'HIDA DKL MONTE CARMELO.

quo es la F e, so compara á la media noche, que totalmente es


escura. Y la tercera, al desped ¡m iento, que es D io s. la cual es
y a inmediata á la luz del dia.

CAPITULO ni.
C om ienzaá tr a ta r de la prim era i'auíA ila «¡tu N orlir, i|uo es ln privación dol apr-iiin m
todas las cosas.

Llamamos aquí Noche ¡i la privación del gusto eu el apetito


de todas las cosas. Porque así como la noche no es otra cosa
sino privación de la lu z , y por el consiguiente de todos los ob­
jetos que se pueden ver medíante ella, por lo cual .se queda la
potencia v isiv a á escuras y sin nada: así también se puede
decir la mortificación del apetito Noche para el alma. Porque
privándose ella del gusto del apetito eu todas las cosas, es
quedarse como á escuras y sin nada. Porque así como la poten­
cia visiva se ceba mediante la lu z , y apacienta en los objetos
que se pueden ve r, y apagada la lu z casa esto; así el alma
mediante el apetito, so apacienta y relia de lodas las cosas que
s e g ú n sus potencias so pueden g u s t a r ; ol c u a l mortificado,
deja el alma de apacentarse en el g u s t o de todas las c o s a s ; y
así se queda según el apetito á escuras y sin nada. P o n g a m o s
ejemplo en todas las potencias. Privando el alma su apetito en
el gusto de todo lo que al sentido del oido puede deleitar,
según esta potencia se queda el alma á escuras y sin nada. Y
privándose del gusto de todo lo que al sentido de la vista puede
agra d a r, también según esta potencia se queda el alma á escu­
ras y sin nada. Y lo mismo se puede decir de los demás senti­
dos. De manera, que el alm a que hubiere negado y despedido
de sí el gusto de todas las co sa s, mortificando su apetito en
e lla s , podramos decir que está como de noche á escu ras. lo cual
no 68 otra cosa sino un vacío en ella de todas las Cosas. La
causa de esto es, porque, como dicen los f iló s o fo s , luego que
Dios infunde el alma en el cu erpo. está como una tabla rasa,
en que no está pintado nada: y si no es lo que pur Jos sentidos
v a conociendo, de otra parte naturalmente uo se le comunica
nada. Y así entre t&ntu qué está en el cuerpo, está como el
que está en una cárcel escu ra, que no sabe nada, sino lo que
se puede alcanzar á ver por las ventanas de aquella cá rce l; y
Linno i. cap . iv. 13

si por allí no v ie se , por otra paite no vena nada. Asi el alma,


si no os lo que por los sentidos se le com un ica. que son las
ventanas de su cárcel, natural mente por otra via nada alcan­
zaría. Donde si lo que puede recibir por los sentidos, r ila lo
desecha y niega; bien podremos decir que se queda como á e s­
curas y va cía : pues según parece por lo dicho, naturalm ente
no le puede entrar luz por otras lumbreras. Porque aunque es
verdad que no puede dejar de oir y v e r. oler, gustar y sentir:
pero casi no le iiaee más til en s o , ni le em baraza más al alma
si lo niega y desecha, que si no lo viese y oyese. Como tara-
bien el que quiere cerrar los ojos, qu ed ar’: tan á escuras como
el ciego que uo tiene potencia para ver. Y á este propósito ha­
bló D avid, diciendo: Panper sum ego. el in, laboritnut hjv.rmtulp,
mea (1). Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Y llá­
mase pobre aunque está, claro que era rico, porque no tenía en
las riquezas su volun tad , y así era tanto romo si realmente
fuera pobre. Mas antes si fuera realm ente pobre y (Je voluntad
no lo fuera, no era de verdad pobre; pues el alm a estaba rica
y llena en el apetito. Y por esto llam am os á esta desnudez
Noche para el alm a, porque no tratamos aquí del carecer de
las cosas, que eso no desnuda al alm a si tiene apetito de ellas,
sino de la desnudez del apetito y gusto de e lla s , que es lo
que deja al alm a libre y y a c ía , aunque la s t e n g a : porque no
ocupan al alm a las cosas de este mundo ni la d ailan , pues
no entran en e lla , sino la voluntad y apetito de e lla s , que
moran cu ella, lista primera manera de Noche pertenece al
alm a según la parte sensitiva. Ahora digam os cómo la con­
viene salir de su casa en esta Noche escura del sentido, para
ir á la unión de Dios.

C A PIT U LO I V .

Dice cuán necesaria sea al alm a p asaT de v eras por esta noche « ic u ra del s e n tid a , qu»
es la m ortlílcaclon del ap etito . p a ra cam in ar á la unión de Dioa.

La causa por que le es necesario al alm a ( para lleg a r ;i la


Divina unión de Dios) pasar esta Noche escura de mortifica­
ción de apetitos y negación de los gustos en todas las cosas,

, 1 l’H. tC. Ili.


H SUBIDA P E I MONTE CARMELO-

es porque todas las aficiones que tiene en las cria tu ra s, son


delante de Dios como puras tinieblas, de las cuales estando el
¿lima v e s tid a , no tiene capacidad para sor ilustrada y poseída,
en la pura y sencilla luz de Dios , si primero no la s desecha,
ríe sí; jiorque no puede convenir la luz ron las tin ieblas; pues
1:01110 dice S. Juan ( 1), las tinieblas no pudieron recibir la luz:
E l hix in ttM bris liiccl, et taiebra eam m n m nprckcndemnt.
La razón es porque dos contrarios ( según nos enseña la filoso­
fía) no pueden caber en uu sujeto: y porque las tinieblas, que
son-las aficiones en las criatu ras, y la lu z , que es D io s, son
contrarios y desem ejantes, segú n á los Corintios enseña San
Pablo (2 ), d iciend o: Qua societas lucí ad tenebrasl ¿ Qué conve­
niencia se podrá hallar entre la luz y las tin ieb las’/ de aquí es
que en el alm a no puede asentar la luz de la D ivina u n ión , si
primero no se ahuyentan las aficiones de ella. V para que pro­
bemos mejor lo dicho, es de saber, quo la afición y asimiento
que el alm a tiene á la criatura igu ala i la misma alm a Con la
criatu ra: y cuanto m ayor es la afición, tanto más la ig u a la y
hace semejante : porque el anuir hace semejanza entre lo que
ama y lo que es aruado. Que por eso dijo David . hablando de
los que ponían su corazon en ios ídolos: iSimile-s ilL h fín.nt qui
fn c im t ea: et omites qvÁ cou/idmt in ei¿ (3 ). Sean semejantes á
ellos los que ponen su afición en ellos. V así el que ama cria ­
tu ra , tan bajo se queda como aquella criatura , y en a lg u n a
manera más b a jo : porque el amor no solo ig u a la , mas ¿un
sujeta al am ante ¿ lo que ama. Y de aquí es quo por el mismo
caso que el alm a am a a lgo fuera de Dios , se hace incapaz de
la pura unión de Dios y de su transform ación. Porque mucho
ménos es capaz la bajeza de la criatura de la a lteza del C ria­
dor , que las tinieblas de la Iu2. Porque todas las cosas de la
tierra y del Cielo com paradas con Dios , son n a d a , como dice
Jeremías (4 ): A sp ex i terram, et ecce m e m erat, et m h il, et caz-
ios, et non erat lu x in eis. Miré la tierra, y estaba vacía, y ella
nada era; y á ios C ie lo s, y vi (pie no tenían luz. En decir que
vió la tierra v a c í a , da á entender que todas la s criaturas de
ella nada e r a n , y que la tierra también era nada. Y en decir

1 J o a n . 1. fj. ( 8) I’k. 113. n h.


<? •?. f o r . í . 11 '1) .Ifrc -in . I. v .'íH
LIPRO I , CAP. TV. lü

que miró ¡i los Ciclos v no vió luz en ellos, es decir que todas
tes lumbreras del Cielo comparadas c o n D io*, son puras tinie­
blas. De suerte que ti nías las criaturas en esta manera nada
son. y las aficiones de ellas menos que nada, podemos decir
que son, pues son impedimento y privación de la transforma­
ción en Dios. Así como las tinieblas nada son y menos que
n a d a , pues son privación de la luz. Y así como no comprchende
i la luz el q n r ti**ne l mirillas, así uo podrá comprehender á Dios
el a liñ a (pie tie n e a fic ió n en c r ia t u r a . De la cual hasta que so
purgue, ni acá le podrá poseer por transformación pura de
am or, ni allá por clara visió n ; y para m ayor claridad hable­
mos más en particular.
De manera que todo el ser de Las cria tu ra s, comparado con
el infinito ser de D io s, nada es. Y por tanto el alm a que en ól
pone su a fició n . nada es también delante de é l, y méuOs que
nada; pues como habernos d ic h o , el amor hace igualdad y se­
mejanza . y aun pone más bajo a l que ama. Y por tanto eu
ninguna manera podrá esta alma unirse con el infinito ser de
l)io a : pues lo que no e s , no puede convenir con lo que es. Y
toda la hermosura dé la s criaturas, comparada con la infinita
hermosura de D ios, suma fealdad es, según dice Salom on en
los Proverbios: Fallan? gratia, et vana cst puhhritudo ( 1). E n­
gañosa. es la belleza y va n a la hermosura. Y así el alm a que.
está aficionada á la hermosura de cualquier criatu ra, delante
de Dios tiene su parto de fealdad. Y por tanto no podrá esta
alm a transformarse en la. herm osura, que es Dios; porque la
fealdad no alcanza ¡i la hermosura. Y toda la g ra cia y donaire
de las criatu ras, comparada con la gracia de D ios, es suma
desgracia y sumo desabrim iento.-Y por eso el alm a que se
prenda de las gracias y donaires de las criatu ras, es desgra­
ciada y desabrida delante de D ios; y asi no puede ser capaz
de la infinita gracia, y belleza de él; porque lo desgraciado
dista mucho de lo que infinitamente es gracioso. Y toda la i n ­
finita bondad de las criaturas del m undo, comparada con la
infinita bondad de Dios, más parece m alicia que bondad : Nemo
hoTius, nisi solítÑ D tus ( 2 ). Porque nada hav bueno sino sólo
Oinjs. Y por tanto el alm a que pone su corazon en los bienes

•> J.d--. IV. II'.


II) SI HII>A l)K I, M O N TK l A K M K Í.O .

del m undo, os m ala delante de Dios. Y asi como la m alicia no


eomprehende ¡i la bondad, asi esta tu l alma no podrá unirse con
Dios en perfecta unión, el cual es suma bondad. Y toda, la sa­
biduría del mundo y habilidad hum ana, comparada, ron la sa­
biduría de Dios infinita, es pura y suma ign oran cia, segnn á
los Corintios escribe San Pablo diciendo: Kapwnlia enim hvjm
m iudi H vltltia e.sl ajmd fh\m. (1 ). La sabiduría de este, mundo
delante de Dios es necedad. Por tanto, toda alm a que luciere
caso de todo su saber y habilidad para venir á nnirse con la
sabiduría de D ios, sum am ente es ign oran te delante de é l, y
quedará m uy lejos de. ella ; porque la ignorancia no sabe qué
cosa, es sabiduría. Y delante de Dios, aquellos que se tienen
por de a lg ú n sab er, son m uy ignorantes. Do quien dice o|
mismo A p ó sto l: D im ites enim se c.wc .sapientes. sl\üti fa c ti
m ut (2 ). Teniéndose ellos por sabios se hicieron necios. Y solo
aquellos van teniendo sabiduría de D io s, (pie como niños é ig ­
norantes . deponiendo su saber, andan con amor en su servi­
cio. La cual manera de sabiduría ensenó también San Pablo,
diciendo: Nenio ,<u>m lv r a t.? i qvis ridMvr inter tos .tapien# esse
in knc xfP.C.vlu. stidhr$ 1in.t., kt S tf Sdpit’hs. rSapifiilirt enim hwjns
mundi stv ititia c$t a p v d D n m (3), Si á algu no le parece que es
sabio entre vosotros, liábase ignorante para ser sabio: porque
la sabiduría de este, mundo acerca de Dios es locura. De ma­
nera que para venir el alm a unirse con la sabiduría de Dios,
ántes ha de ít por ign orancia que por saber. Y todo el señorío
y libertad del m undo, comparado con la libertad y señorío del
espíritu de Dios , es suma servidum bre y a n g u stia y ca u tiv e­
rio. Por ta n to . el alm a que se enamora de m ayorías ó de otros
tales oficios, y de las libertades de su apetito, delante de Dios
es tenida y tra ta d a , no como hijo libre 7 sino como persona
b a ja , cau tiva de sus pasiones, por no haber querido el tomar
su santa d o ctrin a , que enseüa que el que quisiere ser m ayor,
sea el menor. Y por tanto, no podrá esta alm a lleg a r á la real
libertad de espíritu que se alcan za en esta Divina u n ió n ; por­
que la servidum bre nin gu na parte puede tener con la liber­
tad, la cu al no puede morar en corazón sujeto A quereres,
por ser este corazon cau tivo: sino en el libre, que es corazon

r 1 . Cor 3 .1 Í. (2) Art Rom. 1.42. [3 ; 1. Cor. 3. 18.


i.in n o i, cap . iv. 17

ile hijo. Esta es la cansa, por qué Sara dijo á sn marido Abra-
ham que fichase fuera de casa la esclava y á su hijo, dicien­
do: Que no habia de ser heredero el hijo de la esclava con el
de lü libre: E jice anciltam ha tic, ttfd h m , ejlisr n<m emm erit
fiares Jil bus ancillce m u f l i ó vico Isaac ( 1). Y todos los deleites y
sabores de la voluntad en todas la s cosas del m undo, com pa­
rados con los d e l e i t e s y sabores que es Dios, son sum a pena,
tormento y amargura. Y así el que pone su corazon en ellos,
es tenido delante de Dios por digno de pen a, tormento y
am argu ra, y no pudra venir á los drleite* del abrazo de la
unión de Dios. Y todas las riquezas y gloria de indo lo criado,
comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y
miseria. Y asi el alm a que ama el poseer esto, es sumamente
pobre y m iserable delante de D ios, y por eso no podrá llegar
al dichoso estado de la r iq u e z a y g lo ria , que es el de la trans
formación en él: por cuanto lo miserable y pobre sumamente
dista de lo que es sum amente rico y glorioso. Y por tan to, la
sabiduría D ivina doliéndose de estos tales, que se hacen feos,
bajos, m iserables y pobres, por amar ellos esto hermoso, alto,
y rico a l parecer del m undo, les hace u n a cxclam aciou en los
Proverbios (2 ), d iciend o: 0 z i n r ad vos d im ito , et voz mea ad
fd io s Juminum. In tellig ite, pq/rvuli, astwtiam, el insipientes,
atiiwmherUte. Auditequonim i de rebus magnis lomtura sm i...
Mccum suut dwitieB, el gloria, opes superbtB, et ju s titia . Melior
e.st enimfructHS mena rnro, et lapide pretioso, et gen-mina mea
argento elec.lt). 1 <> riis ju síitu e ambitlo, m medio semitarum j n -
dicii, ni ditera diligentes me, et thesauros eo n m repicara. Oh
varon es, á vosotros doy voces, v mis voces á los hijos de los
hombres. Entended, pequenuelos, la astucia y sa g acid a d : y
los que sois insipientes, advertid, oid, porque tengo de ha­
blar de grandes cosas. Conm igo están las riquezas y la g lo ­
r ia , las riquezas altas y la justicia. El fruto que hallareis en
m i, mejor es que el oro y que la piedra, preciosa; y mis g en e­
raciones, e s to e s , lo que de mí engendrareis en vuestras a l­
mas , es mejor que la plata escogida. En los cam inos de la jus
ticia ando, en medio de las sendas del ju icio , para enriquecer
ti los que me aman y henchir perfectamente sus tesoros. Eu lo

I ¡ Cien . ¿1. 10. Ii H m ;. K. ■!. «I la.


18 SI' HIIIA UBI, MONTK CAHMKI . O.

cual la sabiduría Divina habla con todos aquellos que ponen


su corazon y afición eu cualquier cosa del mundo . según se
lia dicho. V llám alos pequeñuelost porque: se hacen semejan­
tes a lo que am an , lo cual es pequeño. Y por eso los dice que
entiendan la astucia y adviertan que ella trata de cosas g ra n ­
des, y no de pequeñas como ellos. Que las riquezas grandes
y la glo ria que ellos am an, con ella y en ella están; no donde
ellos piensan. Y que las riquezas altas y la ju sticia e n .e lla
inoran. Porque aunque ú ellos les parece que las cosas de este
mundo lo son, díeeles que adviertan que son mejores las su­
y a s. Porque el fruto que en ella h allarán les será mejor que
el oro y que las piedras preciosas; y lo que ella en las almas
en gen dra, mejor que la plata escogida que ellos am an; en la
cual se entiende todo género de aticion que en esta vida se
puede tener.

C A PIT U LO V .

1 115
IViikÍ K<ir Ni ilirliii. iii.;sl.n<iiilu mn ;i n! i ilion, ¡c* y il^-imis . <‘ ln Sii^rrulft Ktíffl'il ‘ú íUftll
liftCOftiriO fiftft ¡il átlna il' ú Ui<* pi>r t;i Ym'Iii* i-si: :jr.i .!« lá m u lllk rtíio il Oftl upétito.

Ya habernos dicho la distancia que hay de las criaturas á


Dios, y cómo las alm as que en a lgu n as de ellas ponen su
afición, esa misma distancia tienen de Dios: porque (como
habernos dicho) el amor hace igualdad y semejanza. Lo cu al
había bien conocido San A g u s tín , en ando decía hablando con
Dios en los Soliloquios; Miserable de m í, ¿cuándo podrá mi
cortedad y imperfección convenir con tu rectitud? Tú verda­
deramente eres bueno, y o m alo; tú piadoso, y o im pío; tú
Santo, yo m iserable; tú -ju sto , yo in ju sto ; tú lu z , yo ciego;
tú v id a , yo m uerte; tú m edicina, yo enfermo: tu suma ver­
dad, y o toda vanidad. Lo cual dice este Santo en cnanto se
inclina á las criaturas. Por tanto es suma ignorancia del alm a
pensar podrá pasar á este alto estado de unión con D ios, si
primero no vacia el apetito de las cosas naturales y sobrena­
tu ra le s, en cuanto á ól por el amor propio pueden pertenecer;
pues es suma la distancia que h ay de ellas á lo que en este
estado se da, que es puramente transformación en Dios. Que por
eso Cristo nuestro Señor enseñándonos este cam ino, dijo por
I.IUHO 1, CAI>. V. I !)

San L ú eas: Qui non renvnlial ommhm, quff. possidet, non poiM t
m eusese éi&cipv.ius ( 1 ). Kl quo no renuncia todas las cosas que
con la volun tad posee, no puede ser mi discípulo. Y esto eshi
claro; porque la doctrina quo ol Hijo de Dios vino á enseñar
al m undo, fué ol menosprecio do todas las cosas para poder
recibir el precio del E spíritu de Dios en sí. Pues en tanto que
do ella s no so deshiciera el a lm a , no tiene capacidad para
poder recibir ol Espíritu do Dios on pura transform ación. Do
esto tenem os fig u ra en el libro del É x o d o , doudc se lee que
110 dió la M ajestad de Dios el m anjar del C ielo , que era el Maná.
E cce e.go plw im vobis pancm de. C<do [ 2 ), á los hijos do Israel,
hasta quo les fa ltó la harina que ellos habían traído de E gip to.
Dando por esto á entender que primero conviene renunciar
todas las co sa s; porque este m anjar de A n g eles no o# ni so da
al paladar quo quiere tom ar sabor en ol de los hombros. I no
solam ente se hace in cap az del E spíritu Divino el alm a que se
apacienta y detiene en otros extraño# g u sto s, mas aun enojan
m ucho á la M ajestad D ivina los quo pretendiendo ol m anjar
de E sp íritu , no se contentan con solo D io s, sino quo quieren
entrem eter el apetito y afición de otras cosas. Lo cual tam bién
se echa de v e r en la m ism a E scritu ra ( 3 ), donde se d ice: Quis
dabit nobis ad vescendum carnes? Que no se contentando ello s
con aquel m anjar tan s e n c illo , apetecieron y pidieron m anjar
do carne. Y que nuestro Señor .se enojó g ra v e m e n te , que
quisiesen olios entrem eter un m anjar tan bajo y tosco con un
m anjar tan alto y sen cillo ; q u e, aunque lo era, tenía en sí el
sabor do todos los m anjares. Por lo cual aún teniendo ello s los
bocados en la boca, descendió como dice David ( 4 ), la ira de
Dios sobre e llo s , echando fuego del Cielo y abrasando m uchos
m illares do ellos. Adkuc. esete eorum em ití in ore ipsorwm, et
ira D ei ascendit sioper toa, t i ocd d it pingues eon m , et electos
Isra e l impedivit: teniendo por cosa in d ign a que tuviesen ello s
apetito de otro m an jar dándoseles el m anjar d el C ielo. Oh si
supiesen los espirituales qué bienes pierden y abundan cia do
e sp íritu , por no querer ellos acabar de leva n ta r el apetito de
n iñ erías: y cóm o h a lla ría n en este sencillo m anjar del e sp iri-

^ 1) Luc. U. 33. 3 j >¡ura, ll. 4.


,2 ) 1S. *4.
E io J . 4 > P 9, Ti. ‘¿1-
\? 0 S l' B IU A i >i : l M ON TE CAHML'LO.

tu el g u sto de todas la s co sa s, si ello s no quisiesen g u starlas!


Mas porque no quieren hacerlo, no le g u s ta n . Porque la cau sa
que estos no recibían el g u sto de todos los m anjares que habia
en el M aná, era porque ello s no reco gían ol apetito á solo él.
De m anera que 110 dejaban de h a lla r en el Maná todo e l g u sto
y fortaleza que ello s pudjeran q u erer, porque el Maná no lo
tu v iese ; sino porque ello s querían otra, rosa. El que quiere
am ar otra cosa con D io s, sin duda es tener en poco á 11ios, pues
pone en una b a lan za con Dios lo que sum am ente dista de él,
com o está referido. Y a se sabe bien por experien cia que cuando
la volun tad se aficiona á una c o sa , la tiene en m ás que á otra
cu a lq u iera , aunque sea m ucho m ejor que e lla , si no g u s ta
tanto de la otra. Y si de u n a y de otra quiere g u s ta r , á la que
es m ás prin cip al ha de hacer a g ra v io por fu e r z a . por la in ju sta
ig u a ld a d que hace entre ellas. 1 como no h a y cosa que se pu e­
da ig u a la r con Dios, a g ra v ió le h ace eL alm a que con él am a
otra co sa , ó se ase á ella por afición. Y pues esto es a s í , ¿qué
sería si la am ase m ás que á D ios?
Ksto tam bién es lo que se denota en el mism o libro del
K xo d o í l i. cuando mandó Dios á Moisen que subiese al monte
á h ablar con é l . v le mandó que uu solam ente subiese él solo,
deja ndo abajo los hijos de I s r a e l. pero que ni aun las bestias
paciesen a v i s t a del m onte: Sta bisqm mecmi m per vertí cem
m m iis : m d lu s ascendal te a m , ncc rid ea tw quispiam per toíum
timitem: ¿oves y w y u e, el ove$ m u pascan tur é contra. Dando por
esto á entender al a lm a , que el que hubiere de su bir á est**
m onte de la. perfección á com un icar con D ios, no solo ha de
renu nciar todas las c o sa s, m as tam bién los a p etito s, que son
la s bestias, no las ha de dejar apacen tar á vista de este m onte,
esto e s , en otras cosas que no son Dios pu ram en te: en el cu a l
todo apetito c e s a , esto e s , en el estado de la perfección. Y
a sí es m enester que el cam ino y subida sea -uu ordinario cu i­
dado de h acerlos cesa r; y tan to m ás presto lle g a r á el a liñ a,
cuanto m ás priesa en esto se. diere. Mas hasta que c e s e n , no
h a y ll$ g a r, aunque más virtudes ejercite , porque le fa lta el
co n segu irla s con p erfección : la cual consiste en tener e l alm a
v a c ia , desnuda y purificada de todo apetito. De lo cu al teñ e -

[51 xüil. U4. &


1.IB 110 T, CAI'. V. 21

mos figura 1j i<*il ii 1 vivo ru p1 (¡óncsis, donde se loe- quo,


queriendo ol Patriaron. Jacob subir al monto Hotel A edificar
allí á Dios un altar on quo lo ofreciese sacrificio. primero
matulo á toda su gente tros cosas: La primera, que arrojasen
de sí todos los dioses extraños. La segu n d a, que se purifica­
sen. 1.a tercera, que mudasen sus vestiduras: Jacob teró,
comocata m n i domo ítm , ait; Abjicite (kos alíenos, qui in
Medio ve$tri sunl. el mv.ndammTac muíale veslm m la teslra (1).
Kn las curtios tres cosas se d;i. ;i entender, que el alma que
quisiere subir á este monte a hacer de sí misma altar en él,
en que se ofrezca á Dios sacrificio de amor puro y alabanza, y
reverencia pura, primero que suba «i la cumbre dpi iimiilo.
lia de haber perfectamente hecho las tres cosas referidas. Lo
primero, que arroje todos los dioses ajenos> que son todas las
extrañas aficiones y asimientos. Lo segundo, que so purifique
del dejo que han dejado on el alma estos apetitos, con la
Noche escura del sentido que dijim os, negándolos y arrepin­
tiéndose ordenadamente, Y lo tercero que ha de tener, para
llegar á este monte a lto , es las vestiduras mudadas. Las
cuales, mediante la obra de las dos cosas primeras, se las
mudará Dios de viejas ¿ nuevas, poniendo en el alm a un
nuevo entender de Dios en Dios, dejado el viejo entender
del hombre y un nuevo am ar á Dios en Dios, desnuda ya
la voluntad de todos sus viejos quereres y gustos de hom­
bre, y metiendo al alma en una nueva noticia y abismal
deleite, echadas y a otras noticias y im ágenes viejas aparte:
y haciendo cesar todo lo que es del hombre viejo, que es la
habilidad del ser natural, y vistiéndole de nueva habilidad
sobrenatural según todas sus potencias. De m anera, que y a
su obrar de humano se haya vuelto en D ivin o, que es lo que
se alcanza en el estado de unión, en La cual el alma no sirve
de otra cosa sino de a lta r , en que Dios es adorado en alaban­
za y am or, y solo Dios en ella está. Que por esto mandaba él
que el altar donde se habían de hacer los sacrificios, estuviese
de dentro vacío: Non solidum; sed inane, et cavim inirinsccHit
fu ñ es illv d { 2 ). Para que entienda el alma cuán v a c ia la quiere
Dios de todas las cosas, para que sea digno aliar donde esté

¡ 1¡ (ie ii. 83. 'i ■tiod. ir?. s.


10
ÍÍ2 S l ’RIDA DEL MONTE f.VKMULü.

Su Majestad. En el cual tampoco permitía ni que hubiese fue­


go ajeno, ni quo faltase jama» ol propio: A rreptisqm Naihb,
ct A biud f i l i i A aron tkutibvMs, intposmmui ignm,, et ince/i-
sim desupcr, o/ferentes coran Domino ignem atienim , fvod ci<
pr&ceplum mu erat: egremtsque ignis a Domino devoravil eos,
et morlui tu-td atraía Domino ( 1 ). Tanto, qne porque Nadal) y
A b iu d , que eran los hijos del Sumo Sacerdote A a ro n , ofre­
cieron fue^o ajeno en su altar, enojado de esto los mató allí
Iuégo dolante del mismo altar. Para (pie entendamos que en
el alm a, ni ha de faltar amor de Dios para ser digno altar,
ni tampoco se ha de m ezclar otro amor ajeno. No consiente
Dios á otra cosa morar consig-o en uuo. De donde se lee en
el libro primero de los R eyes, que metiendo los Filisteos et
Arca del Testamento en el templo donde estaba su ídolo,
amanecía el ídolo cada mañana arrojado en el suelo, y á Ja
últim a hecho pedazo». Sólo aquel apetito consiente y quiere
que haya donde él está, qne es de guardar la Ley de Dios
perfectam ente, y llevar la Cruz de Cristo sobre sí (2 ). Y así no
se dice en la Escritura Divina que mandase Dios poner en
el A rca , donde estaba el M aná, utra cusa, sinu ol libro de
la Ley ( 3 ;: Tal lite libmm ia h m , el ptmilc eiim iu la te n an.tr
fotd em p m in i Dei vestri. Y la vara de Moisen, que sig ­
nifica la Cruz ( 4 ): Refer virgam Áaron in tabcrmculwn testi-
mm iL Porque el alm a que otra cosa no pretendiere sino g u a r­
dar perfectamente la L ey del Señor y llev a r la Cruz de Cristo.
Herá A rca verdadera que tendrá en sí el verdadero M aná, que
es Dios.

C A P IT U L O V I.

Dice do» daños principales que causan los apetitos en. el alm a: el utio pm'Slivn y H
otro positivo. —Pruébalo con autoridades da la Eacrítura.

Y para que más clara y abundantemente se entienda lo


d ich o , será, bueno decir aquí cóma/estos apetitos causan en
el alma dos daños principales: el uno es que la privan del

(1 ) L « v it. 1 0 .1 . ( 3 D ulj té iv in o m . 31. ¿ ti


(3 ; F i o l . 1C. 33. (4 1 Num l*. 10.
i ,i u r o i. cap. vi. 2*3

Espíritu rio Dios; y el otro es que el alma en quien v iv e n , la


cansan , atorm entan. oscurecen, ensucian y enflaquecen, se­
gún aquello que dice Jeremías ( 1 Dúo enim mala f m í Populas
m m s: tnñ dfireliijverunt fühtMn ct fodcw iit sibi ci­
sternas, cisternas dissi patas, yv® contvmre m u vtdmt arpias.
Dos niales hizu mi Pueblo: dejáronme á m í, que soy fuente ele
agua v iv a , y cavaron para sí cisternas rotas, que no pueden
tener en si las a ¿mas. Los cuales dos males en uu acto de
apetito se i-ausin. Porque claro está que por el mismo caso
que el alma se aficiona á una cosa que cae debajo de nombre
de cria tu ra . cuanto aquel apetito ticnp di,* más entidad ími «d
alm a, tauto ella tiene ménos de capacidad pura Dios. Pues
(como dijimos en el capítulo IV) no pueden caber dos con­
trarios en un sujeto; y afición de Dios y atieimi de criatura
contrarios son, y así no caben en uno. Porque ¿qué tiene que
ver criatura con Criador? sensual con espiritual? visible con
invisible? temporal cou eterno? manjar celestial, puro, espi­
ritual. con el m anjar del sentido puro sensible? desnudez de
Cristo con asimiento á alg u n a cosa? Por tan to, así como en
la generación n atural no se puede introducir una form a, sin
que prim era se expela d el sujeto la forma contraria que pre­
cede; la cu a l estando es impedimento á la otra por la contra­
riedad que tienen las dos entre s i ; asi en tanto que el alm a
se sujeta a l espíritu sensible y a n im a l, no puede entrar en
ella el espíritu puro espiritual. Que por eso dijo nuestro
Salvador por San Mateo: Non.est bonum mmere panemjfliomm,
et m itlen cambm (2 j. No es cosa conveniente tomar el pan de
los hijos, y darlo á los perros. Y en otra parte: N olite daré san-
c t w i camkus (3 j . No queráis dar lo santo á los perros. En las

cuales autoridades compara nuestro Señor á los que nefando


todos los apetitos de las criaturas se disponen para recibir
el Espíritu de Dios puram ente, á lus hijos de Dios: y á los
que quieren cebar su apatito en las criaturas, á los perros.
Porque á los hijos es dado comer con su padre en la mesa v
de su p lato , que es apacentarse de su espíritu, y á los canes
las m igajas que caen de la m.üsa^J£n lo cual es de saber que
todas las criaturas son m igajas que cayeron di: la mesa de

1 1 ; Jcvem. ?. 13, (8 ¡ Jluuh. 13. W, :i ■ M#tth 7, 0,


.SL'JJIDA l)n r. M o X T Ií ( A UMKI.O.

Dios. V así justam ente os llam ado can el quo anda apacentán­
dose en las criatu ras, y por eso se les quita el pan de los
h ijo s, pues uo se quieren levantar de las m igajas de las
criaturas á la mesa del Kspíritu increado de su T a d r ^ Y por
eso ju stam en te, como perros, siempre andan hambreando,
porque las m igajas más sirven de avivar el apetito que di1
satisfacer la hambre. Y de ellos dice David: Famem palieniur.
nt canes, et circuí bunt civitatcm-. S i varo m u fu erin t satnrati.
et m urm im hm t (1 ). Que padecerán hambre como perros, y ro­
dearán la ciu dad , y como no se vean hartos m urm urarán.
Porque esta es la propiedad del que tiene apetitos, que siem ­
pre está descontento y desabrido, como el que tiene hambre;
¿pues qué tiene que ver la hambre (pie. ponen todas las
criatu ras, con la hartura que causa el Kspíritu de Dios? Por
eso no puede entrar esta hartura de Dios en el alm a, si no se
echa primero de ella esta hambre del a p e tito : pues, como está,
d ich o, no pueden m orar dos contrarios en un sujeto, que
son hambre y hartura. Por lo dicho se verá cuánto m ás es
en cierta m anera lo que Dios hace en lim piar y p u rgar un
alm a de estas contrariedades, que en criarla de nada. Porque
estas contrariedades de apetitos y afectos contrarios, más
parece que estorban á Dios que la n a d a ; porque esta no re ­
siste á Su M ajestad, y el apetito de criatura sí. Y esto baste
acerca del primer daño principal que hacen al alm a los
apetitos, que es resistir al Espíritu de Dios^ por cuanto arriba
está y a dicho mucho de ello.
A hora digam os del segundo efecto que hacen en e lla , el
cual es de m uchas m aneras. Porque los apetitos cansan el
alm a , la atorm entan , escurecen, y ensucian y enflaquecen.
De las cuales cinco cosas iremos diciendo en particular. Cuan
to á lo primero r claro está que los apetitos cansan y fatigan
a l alma; porque son como unos hijuelos inquietos y de mal
contento, que siempre, están pidiendo á su madre uno y otro,
y nunca ae contentan. Y así como se cansa y fa tig a el que
cava por codicia del tesoro, así se cansa y fatiga el alma por
conseguir lo qne sus apetitos le piden; y aunque lo consign
en f i n , siempre se cansa f porque nunca se sa tisfa ce; y al cabo

, 1 j Fu. 5*. ir», úl IB.


L 1 RR0 I, CAP. VI. 2 Ó

son cisternas rotas aquellas en que ca v a , que no pueden


tener agua para satisfacer la sed. Y así dice Isaías: Lassusad-
Irn-c s it it , et anima ejus Tacna est ( 1 ). Después de cansado y fa­
tigado, todavía tiene sed y está su apetito vacío. Y cánsase y
fatigase el alma que tiene apetitos: porque es corno el enfermo
de calen tu ra, que no se halla bien hasta que se le quite la
liebre, y cada ruto le crece la sed. Porque como se dice en el
libro de Job: Chm firrlintua fv.p.rit, arctabitur, astuabit, et
omnü dolor irm-ct supt.r cum {2 ). Cuando hubiere satisféchose el
apetito, quedará más ¡apretado y gravado; creció en su alm a
el calor del apetito, y asi caerá sobre él todo dolor. Y cánsase
y aflígese el alm a con sus apetitos, porque es herida . movida
y turbada, de ellos como el a gu a de los vientos, y d e esa
misma manera la alborotan, sin dejarla sosegar en un lugar
ni en una cosa. Y de las tales alm as dice Isaías: Im pii autem
ffnasi. mare ferveiis, quod r/uiescere non. pntest ( 3 ). El corazon
del malo es como el inar cuando h ie rv e ; y es malo el que no
vence sus apetitos. Y cánsase y fatígase el alm a que desea
cum plirlos: porque es como el que teniendo ham bre, abre la
boca para hartarse de vie n to , y en lu gar de hartarse se seca
m ás, porque aquel no es su m anjar. Y asi dice de la tal alm a
Jerem ias: I n desiderio m im a sita attraxit venttm m o rís s%i (4 ).
En el apetito de su voluntad atrajo á si el viento de su afición.
Y más adelante dice, para dar á entender la sequedad en
que esta tal alm a qu ed a, dándole a v is o : Prohíbe pedem tum i á
medítate, et gnttnr ¿imm a sil i ( 5 ). Aparta tu pié (esto es, tu
pensamiento) de la desnudez: y tu g arga n ta de la sed (esto
es. tu voluntad del cumplimiento del apetito, que causa más
sequedad), y así como se cansa y fatiga el vano en el dia de su
esperanza , cuando le salió su lance en vacío, así se cansa el
alma y fatiga con todos sus apetitos y cumplimiento de ellos,
pues todos la causan m ayor vacío y hambre, porque como co-
.inunmente dicen, el apetito es como el fuego, que echándole
leña crece; y luego que la consume, por fuerza ha d*« desfalle­
cer- Y áun el apetito es de peor condicion en esta parte: porque
el fu ego, acabándosele la leñ a , descrece; mas el apetito no des-

; I i Itwi. 29. H. (3 ) !* ii. ¡V5. a i. .'i' J u ra ra . &


;y J o h y ¿ n .W . I .le r a n .'.i . « J.
SrBTDA DEL MONTE CARMELO.

crece en aquella que se aumentó nmudo se puso por obra,


aunque se acaba la m ateria. sino que en lugar de descrecer
como el fuego cuando se le acaha la s u y a , él desfallece en
f a t ig a , porque quedó crecida la hambre y disminuido el
manjar. Y de este habla [saias, diciendo: D edinabit ad dex-
irfíDi, et e.&uriel, el eomefot ad $it¡iHra.t>i, c.t tioii salurabitur (1).
Declinará hácia la diestra, y habrá hambre; y comerá luida la '
siniestra, y uo se hartará, Porque estos que. no mortifican sus
apetitos, justam ente, ruando declinan a l camino de Dios
(que es la diestra) tienen hambre, porque no-merecen la har­
tura del dulce espíritu. Y justamente cuando comen Inicia la
siniestra, que es cum plir su apetito en algu na criatura, no se
hartan; pues dejando lo que sólo puede satisfacer, se apacien­
tan de lo que les causa más hambre. Y así está claro que. los
apetitos Cansan y fatigan al alma. s*-

CA PITU LO V II.

De ró m o loe a p e tito s a to rm e n ta n n 1 a l m a .— Frutábalo ta m b ié n p o r cnmparar.ioneiK y

a u to rid a d e s .

La, segunda manera de mal positivo que causan en el alm a


los apetitos, es que la atormentan y afligen á manera del que
está en tormento de cordeles amarrado á algu na parte, de la
cual hasta que se libre no descansa. Y de estos dice David ( 2 ):
Futrnpeccatorm t circum pkxi sunt me. Los carrieles de mis pe­
cados. que son los apetitos, en derredor me han apretado. Y
de la misma manera que se atormenta y aflige el que desnudo
se acuesta, sobre espinas y puntaa: asi se atormenta el alm a y
aflige cuando se acuesta sobre sus apetitos. Porque á manera
de espinas h ieren . lastim an, asen y dejan dolor. Y de ellos
dice también David (3 ;: Cirrumdederuht me sien/ apes: el emrxe-
r m t ñ cu l ignis in spinis. Rodeáronse de mí como abejas pun­
zándome con aguijones, y encendiéndose contra m í, como el
fuego eil espinas. Porque en los apetitos, que s o l í las espinas,
crece el fuego de la angustia y del tormento. Y así como afli­
g e y atormenta el ganan al buey debajo del arado. con codi-

(I) Isiii. 0. {2) P*. 11#. 61. ' 3 • I»*. 11". 12.
LIBRO 1, C A P. V il, 27

cía de la mies que espent : usi la cortrupiscencia aflige al alm a


debajo del apetito por conseguir lo que quiero. Lo cual so ocha
de ver bien on ol apetito que tenia Dáliln de saber en qué
tenía tanta fuerza Sansón; que dice la Escritura que la fati­
gaba y atorm entaba tan to, que la hizo desfallecer, diciendo:
Df.ferit anima ejn s, et ad viortem usr/ue lassata esí ( 1 ).
Kl apetito tanto más tormento es para el a lm a , cuanto él
es más intenso. De m anera que tanto h a y do tormento cuanto
iiny de ap etito : y tantos más tormentos tiene, cuantos más
apetitos la poseen: porque se em nple en la tal alm a, áun en
esta v id a , lo que se dice- en el Apooalipsi (2 ) por estas palabras:
Quantum, glori/cavit se, et in deliciis fv .it, tan.(ion date M i tor-
mentum, et kictvm,. Tanto cuanto se quiso ensalzar y cum plir
* sus a p etito s, le dad de tormento y an gu stia. Y do la m anera
que es atorm entado el que cae en manos de sus e n e m ig o s, así
es atorm entada y afligid a el alm a que se deja llevar de sus
apetitos. De lo cu al h a y figura en aquel fuerte S a n só n , que
ántes lo era tanto y lib r e , Juez de Is ra e l, que cayendo en po­
der de sus en em ig o s, le quitaron la fo rta leza , le sacaron los
o jo s, y le ataj.’on á m oler en una m u ela , donde asaz le ator­
m entaron y a flig ie ro n ; y así acaece al alm a donde estos ene­
m igos de apetitos viven y v e n c e n ; que lo primero que hacen
es enflaquecerla y c e g a rla , como luégo direm os; y luégo la
afligen y atorm entan, atándola á la m uela de la concupis­
cen cia; y los lazos con que está a sid a, son sus mismos
apetitos.
Por lo cual habiendo Dios lástim a ¿ estos que con tanto tra­
bajo y tan á costa su ya audan ¿ satisfacer la sed y hambre del
apetito en las cria tu ra s, les dice por Isaías ( 3 ): Omnes sitientes,
venite ad aqnas, et qui non h-abetis argentum, properate, emite,
et comedí t e : ven-ite, emite ahsque argento, et ahsque ulla commu-
tatione viimm, et lac. Q uareappenditisargentum m itinpm ibus,
et lalorevi vestrm i no?i in- satw itate? A u d ite, audientes me: et
comedite íonum, et deleclabitur in crassitudine anima vestra.
Todos los que teneis sed y apetito, venid ó las a g u a s , y todos
los que teneis plata de propia voluntad dáos p r is a , comprad
de mí y com ed . venid y comprad de mi vino y lech e, que es

.1 .Intl. Ifi. ltj. ¿ ; A pocal-W . “■ i.y) l$#i. 33. 1.


srmDA r»Ki. monte c a r m k lo .

paz y dulzura espiritual, «in plata. di1 propia voluntad, y sin


darme por ello trueque alguno de trabajo, romo dais por vues­
tros apetitos. ¿Por qué dais la plata de vuestra propia volun­
tad por lo que no os pan. esto e s, del Espíritu Divino; y po­
néis el trabajo de vuestros apetitos en lo que no os puede har­
tar? V enid, oyéndome á m í, y comereis el bien quo deseáis,
y deleitarse liá en grosura vuestra alm a. Este venir á la gro­
sura, es salir de todos los gustos de criatura: porquería cria­
tura atorm enta, y el Espíritu de Dios recreaVY así nos llama
él por San Mateo, diciendo ( 1 ): Venite adme, m m s, gui labora
tu , H oMrnti estis, et ego rejiciam tos. Todos los que andáis ator­
m entados, afligidos y cargados con la carga de vuestros cui­
dados y apetitos, salid de e llo s. viniendo á m í, y yo os re­
crearé. y h a lla reis para v u e str a s a lm a s el d e sc a n so que OS
quitan vuestros apetitos, quo son pesada c a r g a , como lo
dice David ( 2 ): Sicut o m e s g r a v e g r a t a t a s u p e r me.

C A PIT U LO V IH .

D e r.Amo los ipf llitOK Mifttirecftü Hl a l m a . — P m í h a l u por n i n i p n r n r m i i M y R u to ri d nr in i


Je la Sagrada E sc ritu ra.

Lo tercero que hacen en el alm a los ap etito s, es que la cié


gan y oscurecen. Porque así como los vapores escurecen al
aire y no dejan lucir al S o l: ó como el espejo tomado del paño
no puede recibir en sí serenamente el b u lto : ó como en el agua
envuelta en cieno no se divisa bien el rostro del que en ella so.
mira: así el alm a que está tomada de los apetitos, según el
entendim iento, está entenebrecida y no da lu g a r para que 61
ni el sol de la razón natural ni de la Sabiduría de Dios sobre­
natural la embistan y ilustren de claro. Y así' dice el Real
Profeta David, hablando a este propósito (3 ) : Comprtken.de-
ntn i me im pú ta les mea, et nonpotui, -id tidercw. Mis ini­
quidades me com prchendieron. y no pude tener poder para
ver. Y en eso mismo que se escurece según el entendim iento
se entorpece según la voluntad, y según la memoria se enru­
dece y desordena en su debida operacion. Porque, como estas

f l] Mattt. II-y». (?) Pb, 37. 5. (3) I'g. 3«. W.


l.IR R H ], CAP. V III

potencias en sus operaciones dependen fie! entendim iento, os­


lando él impedido el uro está que han de estar ellas desorde­
nadas y turbada-?, Y así dice el Profeta David 1 ): Anima mm
¿nrlata est- r.qltU. Mi alma está mucho turbada. One es tu uto
como decir: en sus potencias desordenada I F o r q u c r como de­
cim os, ni el entendimiento tiene capacidad para recibir la
ilustración de la sabiduría de Dios, corno tampoco la tiene el
aire tenebroso para recibir la del Sol. Ni- la voluntad tiene
habilidad pura abrazar en sí á Dios en puro am or, como tam­
poco la tiene el espejo que está lom ad o del baho, para repre­
sentar en si claro el bulto presente. Ni ménos la tiene la
memoria que está escura con las nieblas del apetito, paru
informarse con serenidad do la im agen de Dios, como tampo­
co el agu a turbia puede mostrar claro el rostro del que .se mira
en ella, ■y'”
C iega también y oscurece el apetito al alm a: porque el
apetito, en cuanto apetito, ciego es; porque de suyo no m ira
razó n ; que la razón es la que siempre derecham ente g u ia y
encam ina a l alm a en sus operaciones. Y de aquí es que todas
la s veces que el alm a se g u ia por eu a p etito , se c ie g a : pues
es como guiarse el que v e por el que no v e , lo cual es como
ser entrambos ciegos. Y lo que de aquí vien e á s e g u irs e , es
puntualm ente lo mismo que dice nuestro Señor por S. Mateo (2 );
Ceecm antem si cetro ducúlMm p r (tistet , ambo foceam eaduiU.
Si el ciego g u ia al c ie g o , ambos caen en la hoya. Poco le sir­
ven los ojos á la mar i posilla, pues que el apetito de la her­
mosura de la luz la lleva encandilada á la hoguera. Y así po­
demos decir, que el que se ceba del apetito, es como pez e n ­
candilado , al cual aquella luz ántes le sirve de tinieblas para
que no vea los daños que los pescadores le aparejan. Lo cual
fia m uy bien á entender D avid, diciendo de los semejantes;
Swpercecidit ig n ü , et non viderunt SoUm ( 3 ). Sobrevínoles el
fu ego, y no vieron el sol. Porque el apetito es como el Fuego,
que calienta con su calor y encandila con su luí?. Y eso hace
el apetito en el a lm a , que enciende la concupiscencia, y en­
candila al entendim iento de m anera que no pueda, ver su luz.
Porque la causa del eneandilam iento e s , que corno ponen otra

*i ' i’fi.«. r ¡y i Mui th. in. u. : a i i»*, m. o.


no s ó id a n rr. m o v t t . c a k m f j .o .

luz di foro ute delante «le la vista . cébase. la potencia visiva en


aquella que está en frep u esta. y n o ve la otra; y como el
apetito se le pone ni alma en fo rres fsin reren y tan a la vis­
ta, tropieza en esta luz primera y róbase en e lla , y así 110 la
deja ver su luz de claro entendim iento, ni la verá hasta que
se quite de en medio el encandilam iento del apetito. Por lo
m a l es harto de llorar la ignorancia de a lg u n o s, que se car­
g a n de desordenadas penitencias y de otros muchos desorde­
nados ejercicios, dig'o volun tarios, poniendo en ellos su con­
fianza . y pensando que solos ellos sin la m ortificación de sus
apetitos en las demás Cosas, han de ser suficientes para venir
:i la uniun de la Sabiduría Divina. Y uo es a s i , si con d ilig e n ­
cia ellos no procuran negar estos .sus apetitos. Los cu a les, si
tuviesen cuidado de poner siguiera la. untad de aquel trabajo
en e*to, aprovecharían más on un mes, que por todo.s los d e-
mas ejercicios en muchos años. Porque así como es necesaria
á la tierra la labor para que Heve fru to , y sin e lla no lle v a
sino m alas y erb as: así es necesaria la mortificación de los ape­
titos para, que h aya provecho en el aliña. Sin la cual oso de­
cir que para 11* adelante en perfección y noticia ele Dios y de
si m ism o. nunca le aprovechará más cuanto h iciere, que a p ro ­
vecha la sem illa que se derrama eu la tierra no rompida. V así
110 se quitará la ti niebla y rudeza del alma , hasta que los ape­
titos se apaguen. Porque son como las cataratas ó como las
motas en el o jo , que impiden la v is ta , hasta que se echen
fuera. Y así echando de ver David la ceguera de estos, y cuán
impedidas tienen sus almas de la claridad de la verdad por sus
ap etito s, y cuánto Dios se enoja con e llo s , dice hablando con
estos t a le s : Prmsqu-am intelligerent ¿pina vestra rfam w m : sic-
nt vívente#, n c in ira absorbet eos (1 ). Esto es; antea que v u es­
tras esp in a s, que son vuestros a p etito s, se endurezcan y crez­
can , haciéndose do tiernas espinas espesa cam bronera, y es­
torbando la vista de Dios; como á los vivien tes se les corta el
hilo de la vida muchas voces en medio del discurso de ella,
asi los sorberá Dios en su ira. Porque aquellos cuyos apetitos
viven en el alm a y estorhan ol conocimiento de D io s, los sor­
berá él en su ir a ; ó en la otra vida con la pena y purgación

I Hs.ilin. Tj1. líl.


LIUHO I , í : vl\ VIII. ¡31

del P urgatorio, ó en esta con ponas y trabajn?, quo para dos-


asirlos de los apetitos les en vía. ó por medio de la mortifica­
ción de los mismos apetitos. Para que con esto se quite de en
medio de Dios v de nosotros la luz falsa de apetito que nos
encandilaba y impedía para no conocerle, y aclarándose la vista
del entendim iento. se repare el estrago que los apetitos habían
dejado. ¡Olí si supiesen los hombres de cuánto bien de luz
Divina los priva esta ceguera qne causan sus apetitos y afí-
c ion e s . y n i ru::u1os males y dallos los hacen ir cayendo cada
dia. en lanío que uo los m ortifican! Porque no hay liarse do
buen entendim iento, ni dones que tencwn recibid'<s de Dios,
para pensar que si hay afición ó apetito, dejará de regar y es-
cu reccr. y hacer caer poco á poco-en peor. Porque ¿quién d i­
jera que un varón tan acabado de sabiduría y lleno de los dones
de Dios, como era Salom ón. había de venir á tanta ceguera y
torpeza de, volun tad , que hiciese altares á tantos ídolos y los
adorase, siendo y a viejo (1)! V sólo para esto bastó la afición
que tenía á las mujeres, y no tener cuidado de negar d los ape­
titos y deleites de su corazon. Porque él mismo dice de sí en
el Eclesiastes (2 ): Que no negó A su corazon lo que le pidió;
Omnia, qua de&ideraverwt oculi m i, non negavi e w m e proMbm
cor meirn, quin omni volwptate frueretur. Y pudo tanto este ar­
rojarse á. sus apetitos, que aunque es verdad que al principio
tenía recato, por no haberlos negado poco ¿ poco le fueron
cegando y escurcciendo el entendimiento, hasta venir á apa­
gar aquella gran luz de sabiduría que Dios le había dado: de
manera que á la vejez dejó á Dios. Y si en este pudieron tanto,
que tenía tanta noticia de la distancia que hay entre el bien
y el m a l: ¿ q u é nú podrán contra nuestra rudeza los apetitos
no mortificados? Pues como dijo el Señor al Profeta Jonás de
los Ninivitas ( 3 ): Qui nescim t quid ,ñt ínter dexteram, et siu i-
strara. sumí. No sabemos lo que h ay entre la diestra y la si­
niestra. Porque á cada paso tenemos lo malo por b u en o . y lo
bueno por m alo: y esto es de nuestra, cosecha. Pues ¿qué será
si se aüade apetito á nuestra natural tinieblas sino lo que la ­
mentándose dijo Isaías (4 ), hablando con los que aman seguir

1; a. Ri-ir. ¡I, l. 3; Joii. -i. u.


'/ Jv:rlr¡. 2, lll, I 1.111, .7,1.111
32 M ’BIDA DEr. MONTE i ' A R M r r / 1.

estos sus ap etito s; Palpar im us. emú parieteM , et. quoxi


aboque oculü aUrectavimm: imptgmv.s m cridie, quasi in teuv-
h rú . Palpado hemos la pared, como -si fuéramos cieg o s, y an­
duvimos atentando como en tinieblas: y lleg ó á tanto nuestra
ceg-nora., que en el medio din atollam os, como si fuera en os-'
curidad. Porque esto tiene el que está ciego del apetito, que
puesto en medio de la verdad y de lo que c o n v ie n e , no lo echa
de v e r, más que si estuviera en oscuras tinieblas.

G A P IT U L O IX .

Df cómo los apetitos ensucian al alma.— Pruébalo por comparaciones v autoridades d§


la Snirrnila Barrilurn.

Kl cuarto daño que hacen los apetitos al a lm a, es que la


ensucian y m an ch an , segú n lo que enseña el E clesiástico, d i­
ciendo: Qui tetigerit picem, inquinaUtwr ab ea (1). E l que tocare
á la pez> ensuciarse há de ella : y entónces toca uno la pez,
cuando en algu n a Criatura Cumple el apetito de su voluntad.
En l:i cuíil autoridad es de notar que el sabio com para las
criaturas á la pez: porque más diferencia h ay entre la e x ce­
lencia que puede tener el alm a y todo lo mejor de e lla s , que
h a y del claro diam ante ó fino oro ú la pez. Y así como el oro
ó diam ante, si se pusiese caliente sobre la p ez, quedaría de
ella feo y untado, por cuanto el calor la regaló y trujo; así
el alm a en el calor de su apetito que tiene á a lg u n a criatura,
saca inm undicia y mancha de él en sí. Y m ás diferencia h a y
entre el alm a y la s domas criatu ras corp orales, que entre m uy
claro licor y un cieno m u y sucio. De donde a sí como se ensu­
ciara el tal licor si le jun táran con el cien o: de esa misma
m anera se ensucia el alm a que se ase á la criatura por afición:
pues en ella se hace su sem ejanza. Y de la manera que para­
rían los rasgos de tizne á un rostro m u y hermoso y acabado:
de esa misma manera afean y ensucian los apetitos desorde­
nados al alm a que los tie n e ; la cual en si es una herm osísima
acabada imágen do Dio.s. Por lo c u a l , llorando Jerem ías el
estrago de fealdad que estas desordenarlas aficiones causan

I I i lír.rk'St IB. 1.
i.rw in i , cap . ix. M

(vii ella, cuenta primero su hermosura, y 1 su fealdad,


diciendo: Caudidiores Nazwrai ejtts nine, mtídiores laclo, ru-
bici¿ítdiorex ebore fmtú/ao, sapph-iropulcknwea. D&Kt-graUl Cft sil-
per carbones facie# eomm, et um sunt cogniti in pialéis ; 1 ,. Sus
cabellos f es á saber, del alm a) son más levantados on blancu­
ra que la n ie v e . y más resplandecientes qne la leche, y más
bermejos que ol marfil antiguo, y más hermosos que el zafi­
ro. La faz de ellos se ha ennegrecido sobre los carbones, y 110
son conocidos on las pla/as. Por los cabellos entendemos aquí
los alectos y pensamientos del alm a: los cu ales, compuestos
eu lo que Dios les ordenó, que os en ól mismo , son más blan­
cos que la n ieve, más claros que la leche, más rubicundo*
que el zafiro. Por las cuales cuatro cosas se entiende toda
manera de hermosura y excelencia de toda criatura corporal,
sobre las cuales es el alm a y sus operaciones, que son los
Nazareoü ó cabellos d ich os; los cuales desordenados y pues­
tos en lo que Dios no los ordenó, esto e s, empleados en las
criaturas, dice Jerem ías, que su faz queda y se pone más ne­
g ra que los carbones. Que todo este mal y más hacen en la
hermosura del alm a los desordenados apetitos. Tanto, que si
hubiésemos de hablar de propósito de la fea y sucia figura que
pueden poner los apetitos al a lm a , no hallaríam os cosa por
llena de telarañas y sabandijas que esté, ni fealdad á que la
pudiésemos comparar. Porque aunque es veídad que el alma
desordenada, cuanto á su sustancia natural está tan perfecta
como Dios la c r ió ; pero cuanto al ser de razón está fea, sucia
y escu ra , y con todos los m ales que aqui se van refiriendo,
y muchos más. Tanto, que áun solo un apetito desordenado
(como después diremos) aunque no sea de materia de pecado
m ortal, ensucia y afea al alma (2 ), y la indispone para que 110
pueda convenir con Dios en perfecta unión, hasta que de él se
purifique. ¡ Cuál será pues la fealdad de la que del todo está
desordenada eu sus propias pasiones y entregada á sus apeti­
tos, y cuán-alejada estará de la pureza de Dios! No se puede
explicar con palabras, ni aun percibirse con el entendimiento
la variedad de inmundicia que la variedad de apetitos causa en
el alma. Porque si se pudiese decir y dar á en ten d er. sería cosa

(1 ) T liro n . I. '¿ i . ; ■ Caj). 11-


M-l s r m iJ A lU íli M fiN T R C A R M E L O .

adm irable y también do harta com pasion, ver cómo cada ape­
tito, conformo á su calidad y intensión hace su raya y asiento
do inmundicia, y lenidad eu el alm a, y cada uno de su midie­
ra. Porque así como el alm a del justo en una sola porfcccion.
que es la rectitud <lel alma . tiene innum erables dones riquí­
simos y muchas virtudes herm osísim as, cada una graciosa y
diferente según la multitud y diferencia, de los afectos amoro­
sos que ha tenido en Dios: así el alma desordenada, según la
variedad de sus apetitos en las criatu ras, tiene en sí variedad
miserable de inm undicias y b ajezas, tal cual en ella la pintan
los dicho» apetitos. Esta variedad de inm undicias esta bien fi­
gurada en E zequiel, donde se escribe que mostró Dios ú este
Proteta en lo interior del templo pintadas enderredor de las pa­
redes todas las semejanzas de sabandijas que arrastran por la
tierra, y allí toda, la. abominación de anim ales inmundos. E t
-/ttyrí.Mu.'f vidi, et ecce omitís sim ili tildó reptüiuM , et aitimalium.
abomimtio, et universa idola domas Isra el depicta erant in p a ­
ñ ete in circiiitu per totvm ( 1 ). Y entonces dijo Dios á Ezequiel:
Hijo del hombre, ¿no has visto las abominaciones que hacen
estos cada uno en lo secreto de su irtreh''? V mandóle Diosqu**
entrase más adentro, v vena mayores abominaciones. ^ dice
que vio a llí las m ujeres sentadas llorando al dios de los a m o ­
res Adonis : E t ecce iU midieres plan-gentes Adonidem V
mandándole Dios entrar más adentro, y que vería ¡iun m ayo­
res abominaciones, dice que vio alli veinte y cinco viejos que
tenían vueltas las espaldas contra el tem plo: E t bUrodn-xit
me in atrim i domus Domini Ínter iu s : et ecce iu ostío templi
Dotnini ínter vestíbulum,. el altare, q\m i tig m ti quinqué n iri
dorso,batientes contra templum Domini ( 3 ). Las diferencias de
sabandijas y anim ales inmundos, que estaban pintados en el
primer retrete del tem p lo , son pensam ientos y concepciones
que el entendimiento hace de la s cosas bajas de la tierra y dn
todas las c ria tu ra s ;
las cu ales, como son t.au c o n tra ria s á las
sem piternas, ensucian el templo del alm a: y ella con ellas
embari^fii su entendim iento. que rs el primer a p o s e n to del
alm a. L m 'm ujeres que estaban más adentro en el segundo
aposento llorando al dios A d on is. son los a p e t it o s , (pie están

■I) K zftch . 0. 10. <?. !h . M i3 ; II). Li3.


i .iBKo i. c\r. x. ¡i)

en la segunda potencia del alm a, quo es ia voluntad! lns cua­


les están como llorando. en cuanto codician aquello á que
está aficionada la voluntad; que son las sabandijas y a (tinta­
das en el entendimiento. Y los varones que estaban en el ter­
cer aposento, son las imaginaciones y fantasías de las criatu­
ras , que guaní a y revuelve en sí la tercera potencia del alma,
que es la memoria. Las cuales se dice que están vueltas las
espaldas contra el templo, porque y a , cuando,según estas p o ­
tencias abrazó ol alma alguna cosa de la tierra acabada y per­
fectamente. bien se puede decir (pie tiene las espaldas contra
el templo de Dios, que es la recta razón del alm a, la cual no
admite en si cosa de criatura contra Dios. Y para entender
algo de este feo desorden del alm a en sus apetitos, liaste por
ahora lo dicho. Porque si hubiésemos de tratar en particular
del impedimento que para esta unión causan eu el alm a las
im perfecciones. y su variedad, y el que hacen los pecados ve­
niales , que es mucho mayor que el de las im perfecciones, y
su m ucha variedad : y también la fealdad que causan los ape­
titos de pecado m ortal, que es total fealdad del alm a, y su
mucha variedad , sería nunca acabar. Lo que digo y hace al
caso á nuestro propósito e s , que cualquier apetito, aunque
sea de la m ás m ínima im perfección, esc.urece y impide la per­
fecta unión del alm a <jon Dios.

C A PÍT U LO X .

De cómo log apetitos ontibian y enflaquecen Rl alm a «n la Tirtud. — Pruébalo por


pnracioiies y nuioridHdcs du ln Sagrada E sc ritu ra .

Lo quinto en que daüan los apetitos al alma , es que la en­


tibian y enflaquecen para que no teng-a fuerza para seguir la
virtud y perseverar en ella. Porque por la misma causa que
la fuerza del apetito se rep arte. queda menos tuerto que si es­
tuviera entero en una cosa sola; y cuanto en más cosas se re­
parte , tanto ménos es para cada una de ellas. Que por eso di­
cen los filósofos, que la virtud unida es más fuerte que ('lia
misma si se derrama. Y por tan to, está claro que si el apetito
de la Voluntad *e derrama en otra cosa fuera de la virtud, ha
de quedar m uy flaco para la virtud. Y así el alma que tiene la
M SI HI MA UVA. UONTK f ' A It.M K l.i i.

voluntad repartida 011 m enudencia*, es como el a g u a , que te­


niendo por donde so derram ar Inicia ti bajo no sube arriba; y
así uo es de provecho. Por lo cu al ol Patriarca Jacob comparó
á su hijo Rubén al agu a derram ada: porque eu cierto pecado
había dado rienda á sus apetitos, diciendo: E ffn su s es í icití
(Kjurt, non crescás ( 1). Derramado estás como a g u a , no crecerás.
Como si d ijera: Porque estás derramado como a gu a segú n los
apetitos, no crecerás en virtntiJ^V así como el a gu a calien te,
110 estando cu b ie rta , fácilm ente pierde el calor, y como las es­
pecies arom áticas d esen vu eltas van dism inuyendo la fragan­
cia y fuerza de su o lo r : así el alma, no recogid a en uu solo afec­
to de Dios pierde el calor y v ig o r e n la virtud J^Lo cual en ten­
diendo bien David , dijof hablando con Dios: Firílitiulinnnw m m
ad te c«*lo<tiaia ( 2 ). Yo gu ardaré mi fortaleza para tí. Esto es.
recogiendo la fuerza de mis afectos sólo á tí. Y enflaquecen la
virtud del alm a los ap etito s, porque son eu ella como los v ir-
g u lto s y renu evos, que nacen en derredor del árbol y le lle­
va n la virtu d para qne no lle v e tanto fruto. Y de estas alm as
dice el Señor: V e autem pragnanU bm . et m trientibtis m illis
dicbv.s!3 ¡. Ay de las que on aquellos (lias estuvieren preñadas,
v de las que criaren. La Cual preñe/ y cria entiende por los ape­
tito s, que si no so ata jan , siem pre irán quitando más virtud al
alm n, y crecerán para mal de e lla , como los renuevos on el
árbol. Por lo cu al nuestro Señor nos aconseja, diciendo:
S in t lumbi zestri p ra cin cti ( 4 ). Tened ceñidos vuestros lomos,
que sign ifican aquí los apetitos. Los cu ales son tam bién
como las sa n g u iju e la s, que están chupando la san gre de
las ve n a s: porque así la s llam ó el Sábio, diciendo: Sa n -
guisuges diue aval f i l i a , dice-ules: A f f e r , a fjer (5 ). S a n g u iju ela s
son las h ija s, es á saber los apetito s; siem pre d icen : Dame,
dame. Donde está claro que los apetitos no ponen en el alm a
bien n in g u n o , sino qne lo quitan el que tie n e, y uo m ortifi­
cán d o lo s, no paran hasta hacer en ella lo que dicen que ha­
cen con su madre los hijuelos di* la víb o ra . que cuando van
creciendo en el v ie n tr e , comen á su madre y la m atan, que­
dando ellos v iv o s á cosía de ella. Asi los apetitos no m ortifi-

(1) Gen, 49. 4. (8} Mattl). 24. 19. (5) Prov. 30. 15.
t-J) Pu. 58. 1<J. (4 ) Luc. 12.85.
1.1 BltO I . CAP. X I.

cailos llegan A tan to , que matan al alm a en D ios. y sólo lo


que on ella vive son ellos, porque ella primero no los mató.
Por esto dice el Eclesiástico: Av.fcr a me t.entris m m p ü c e n -
tias (1). Pero aunque uo lleguen i e-sto, es grande lástim a con­
siderar cuál tienen á la pobre alm a los apetitos que viven en
e lla , cuán desgraciada pava consigo m ism a, cuán seca para
ron los prójimos, y cuán pesada y perezosa para las cosas, dt*
Dios. Porque no h av mal humor, que tan agravado y pesado
ponga á un enfermo p;>ra caminar, ni tan Heno de hastío para
com er, cuanto el apetito de criaturas hace al alma pesada y
triste para seguir la virtud. Y :kí ordinariamente, la causa
por que muchas almas no tienen diligencia y gana de obrar
virtudes, es porque tienen apetitos y aficiones no pura?, ni
en Dios nuestro Señor.

C A PÍT U LO X I.

Pruébi c¿mo e& n e f a r i o para ILeffar á La D irina unión carecer el alma to.loa k£
apetitos, por pequeños que sean.

Parece que há , mucho que el lector desea preguntar que


si es de fuerza para lle g a r á este alto estado de perfección,
h aya de haber precedido mortificación total eu todos los ape­
titos, chicos y grand es; y que si bastará mortificar algunos
de ellos y dejar o tro s, i lo meaos aquellos que parecían de
poco momento. Porque parece cosa recia y m uy dificultosa
poder llegar el alma A tanta pureza y desnudez, que no ten ga
voluntad ni afición á ninguna cosa. A esto se Tesponde: lo
primero, que es verdad que no todos los apetitos son tan per­
judiciales irnos como otros, ni embarazan al alm a todos en
igu al grado (hablo do los voluntarios), porque los apetitos
naturales poco ó nada impiden al alma para la unión, cuando
no son consentidos ni pasan de primeros movimientos. Y llamó
naturales y de primeros movimientos todos aquellos en que
la voluntad racional ántes iti despues tuvo parte. Porque qui­
tar estos y mortificarlos del todo en esta v id a , es imposible-
Y estos no impiden de manera que uo se pueda. Hogar á la
Divina unión, aunque del todo, como d igo, no estén m orfili-

; 1 1 Eccl. “O. 6.
3K s n v m .v det. m onte c a t ím e l o .

cados; qnc bien los puedo tener el n a tu ra l, y estar el alm a


segú n el espíritu racional m uy libre fie ellos. Porque áun
acaecerá á veces que esté el alm a eu alta unión de quietud en
la volun tad , y que actualm ente moren estos en la parte sen­
sitiv a del hom bre, 110 teniendo en ellos parte la partí1 superior
que está en oracion. Pero todos los dem ás apetitos voluntarios,
ahora sean de pecados m ortales, que son los más graves:
ahora de pecados v e n ia le s, que son los m énos g r a v e s ; ahora
sean solam ente de im perfecciones, que son los m enores, se
han de vaciar y de todos h a el alm a de carecer, para venir á
esta total u n ión , por m ínim os que sean. Y la razón es porque
el estado de esta D ivin a unión consiste en tener el a lm a , se­
g ú n la v o lu n ta d , total transform ación en la. voluntad de Dios:
de m anera que en todo y por todo su m ovimiento sea voluntad '
solam ente de Dios. Que esta es la cau sa por qué en este esta­
do llam am os estar hecha una volun tad de d os, esto e s , de la
mia y de la de D io s: de m anera que la volun tad de Dios es
tam bién voluntad del alm a. Pues si esta alm a quisiese a lg u n a
im perfección, que no quiere D ios, no asta ría hecha voluntad
de D ios, pues el alm a tenía voluntad do lo que 110 la tenía
Dios, Luego claro está que para venir el alm a á unirse con
Dios por amor y vo lu n tad , ha de carecer primero de todm
apetito de voluntades por m ínim o que sea. Esto e s , quo
advertida y conocidam ente no consienta con la vo lu n tad en
im p erfecció n , y v e n g a á tener poder y libertad para poderlo
hacer en advirtiendo- Y d ig o co n o cid am en te. porque sin ad­
vertirlo ó en ten derlo, ó sin ser en su mano enteram ente,
bien caerá en im perfecciones y pecados ve n ia les, y en los
apetitos natu rales y a dichos. Que de. estos tales pecados no
tan volun tarios está escrito que el ju sto caerá siete veces
en el d ia. y se lev a n ta rá : S e p tü s enim cadet ju s t u s , et re -
surffet ( 1 ). Mas de los apetitos volun tarios y enteram ente ad­
vertid o s, aunque sean de cosas m ín im as, como se ha dicho,
cualquiera que no se venza basta para impedir. D igo nu
m ortificado el tal hábito: porque alg u n o s actos á veces de di­
ferentes co sa s, áun no hacen tanto por no ser hábito determ i­
nado. Aunque tam bién estos ha de venir á no los haber,

1. P ro v crb . 84. 16.


LIBRO I , C AP . XI. 39

porque también proceden de hnVtit.nítl imperfección. Pero al­


gunos hábitos de voluntarias imperfeccionen, en que nunca
acaban ríe vencerse, no .solamente impiden la Divina unión,
poro el ir adelante en la perfección. Estas imperfecciones ha­
bituales son: como una costumbre de hablar mucho, un
asimientillo á alo-una cosa que nunca acaba de querer vencer,
así como á persona, vestido, libro, celda, tal manera de
comida y otras conversaciones y gustillos en querer gustar
de las cosan, saber y o ir, y otras semejantes. Cualquiera de
estas imperfecciono* en que tenga ol alma asimiento y hábito,
es tanto daño para poder crecer é ir adelante en la virtud, que
si cayese cada dia en otras muchas im perfeccionest aunque
fuesen m ayores, quo no proceden de ordinaria costumbre de
alguna mala propiedad, no le impedirían tanto, cuanto tener
el alma asimiento á algu na cosa. Porque en tanto que le
tuviere, excusado es que pueda llegar á la perfección, aunque
la cosa sea m uy mínima. Porque eso me da que esté ujia
ave asida á un hilo d elg a d o , que á un g ru e s o ; porque aunque
sea delgado, asida se estará á él en tanto que no le quebrare
para volar. Verdad 68 que el delgado es mas fácil de quebrar;
pero por fácil que es, si no lo quiebra, no volará. Y así es el
alm a que tiene asimiento ¿ algu na cosa, que por más virtudes
que te n g a . no llegará á la libertad de la Divina unión. Porque
apetito y asimiento del alm a tiene la propiedad, que dicen
tiene la rémora con la nave, que con ser un pez m u y pequeño
si acierta á pegarse á la n a v e , la tiene tan queda que no la
deja navegar. Y así es lástima ver algunas alm as, como unas
ricas naos cargadas de riquezas de obras y ejercicios espi­
rituales, virtudes y mercedes que Dios les h ace, y por no
tener ánimo para acabar con algún gu stillo , asimiento ó
afición 'vque todo es uno) nunca pueden lleg a r al puerto de la
unión perfecta, que no estaba en más que. en dar 1111 buen
vu elo , y acabar de quebrar aquel hilo de asim iento, ó quitar
aquella remora del apetito. Cierto es mucho de sentir que
haya Dios hécholes quebrar otros cordeles más gruesos de
aficiones de pecados y vanidades; y por nu desasirse dn una
niñería que les dejó Dios que venciesen por amor de é l , que
110 es más que un hilo, dejen de ir adelante y llegar á tanto
bien. Y lo peor es que por aquel asim iento, no sólo n o v a n
•jo si'HUIA nivl. Mn\TR ( AhMF.T.o.

adelante, sino que en m ateria de perfección vuelven atras,


perdiendo algo de lo que con tanto trabajo habían ganado.
Porque y a se sabe que eu este ram iuó espiritual el no ir ade­
lante venciendo, es volver atras; y el 110 ir gan an do, es ir
perdiendo. Que eso quiso nuestro Señor darnos á entender,
cuando d ijo : E l que conm igo no a lle g a , derram a: Qui m n
congregut raecum, spargit ( 1 ). El que uo tiene cuidado de re­
mediar el vaso por un pequeño resquicio que te n g a , basta
para que se ven g a á, salir todo el licor que está dentro. Corno
el Eclesiástico nos lo en sen ó , diciendo: Qm sp em it módica,
pmdatim decidet ( 2 ). E l qu$ desprecia la s cosas pequeña*,
poco á poco ir á ta y e n d o en la s grandes. Porque como el mis­
mo dice, de sola una centella se aum enta el fuego. V así una
im perfección basta para traer o tra, y aquellas otras. V asi
casi nunca se verá en una alm a que es negligente en vencer
un apetito, qne no tenga otros m uchos, que nacen de la
m isma flaqueza y imperfección que tiene en aquel. Y y a h a­
bernos visto muchas personas, á quienes Dios hacía merced
de llev a r.m u y ¡nielante eu gran desasimiento y libertad, y
por sulu com enzar á tomar un usiinientillo de ulieion. socolor
de bien, de conversación y am istad. írseles por allí vaciando
el espíritu y gu sto de Dios y santa soledad, y caer de la ale­
g r ía y entereza de los ejercicios espirituales, y uo parar hasta
perderlo todo, y esto porque no atajaron aquel principio de
g u sto y apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.
En este camino siempre se ha de cam inar para llegar. Lo
cual es ir siem pre quitando quereres, no sustentándolos: y si
no se acaban todos de q u ita r , no se acaba de llegar. Porque así
como el madero no se transform a en el fuego por un solo grado
de calor que lalte en su disposición, así no se transform ará el
alm a en Dios perfectamente por una imperfección que tenga,
como despues se dirá en la Noche de la Fe. El alm a no tiene
m ás de una v o lu n ta d , y esa si se emplea ó embaraza en algo,
1no queda lib r e , entera, sola y pura , como se requiere para la
D ivina transform ación. De lo dicho tenemos ligura en el l i b r o
de loa Jueces, donde se dice: Que vino el A n g el á los hijos de
Isra el, y lea d ijo: Que porque no habían acabado con aquella

i. l ) Matth. 19. » . (4 j E ccioi, 10. 1.


r.rnuo i. cap. x i. 11

gente contraria, sino que ántes se habian confederado con al


jíunos de e llo * . que por eso se* los había, de dejar entre, ellos
por enem igos, para que les fuesen ocasion de caula y ile per­
dición: QmnióbwM nolui dele ve eos k facie -be&tra, uf, hihtalia
fiostes, ct dn eonm ñ n t robis m r m m w (l), Y justam ente hace
Dios esto con algunas alm as, con las cu a les, habiéndolas él
sacado del Egipto del mundo y muértoles los jig a u tes de sus
pecados, y acabado la m ultitud de sus enem igos , que son las
ocasiones que *'n el mundo tenían, sólo porque ellos entraran
con más libertad en esta I ierra de Promisión de la D ivina
unión, viéndolos que todavía traban amistad y hacen alian­
za con la g en te menuda, de imperfecciones, no acabándolas
de m ortificar, viviendo en descuido y llojedad, se enoja Su
M ajestad , y los deja .ir cayendo en sus apetitos de mal eu
peor.
Tam bién en el libro de Josué \¿) tenemos figu ra de lo di­
cho, cuando le mandó Dios al tiempo que había de com enzar
á poseer la tierra de P ro m ision . que en la ciudad de Jericó de
tal m anera d estruyese cuanto en ella había, que no dejase cosa
en e lla v iv a , desde $1 hom bre hasta la m ujer, y desde el niño
hasta el v ie jo , y todos los anim ales , y que de todos los d es-
pojos no tom asen ni codiciasen nada. Para que entendamos
que para entrar en esta D ivina u n ió n , ha de morir todo lo que
vive en el alm a , poco y m ucho, chico y g r a n d e : y ella ha de
quedar sin codicias de todo e llo , y tan desasida como si ella
no fuese para e llo , ni ello para ella. Lo cual nos enseña San
Pablo escribiendo á los C orin tios, d icien d o : U oc Hoque dieo,
fra trM : tempus breve est: reliqw^m e s t, nt et qni liabent uxo-
res, tamquam non faibentes s i n f : et qni jten t tamquam 'non fie n -
tes: et qni gandent, lamqumi non gm d entes: et qyÁ ermud, tam-
q%am non p o ssid tn tts: et qni utuntuv Iwc mundo, tüMqiWM nnn
ntantur (3 ). Lo que os digo, herm anos, es, que el tiempo es bre­
v e : lo que resta y conviene es que los que tienen m ujeres,
sean como si no las tu v ie se n ; y los que lloran por la s cosas de
este mundo , como si no llorasen: y los que se h u elga n , co­
mo si no se h o lg ara n : y los que com pran, como si no poseye­
sen : y los que usan de este m undo, como si no lo usasen. Lo

V Judie. 2. X 2 Jo su c.fi. SI. ;3 ) 1. a d C o r. 1 2 9 .


42 S I'D ID A D E L M O N TE CA R M E L O .

cual dice el A p ó sto l, enseñándonos cuán desasida nos con­


viene tener el alm a para ir á Dios.

C A P IT U L O X II.

Responde i la o tra pregunta., declam ado cuáles sean loa apetitos qu e t a s tan para
cau sar en el alm a Ion daños ya dichos.

Mucho pudiéramos alargarn os en esta m ateria de la Noche


del sentido T segú n lo mucho que h a y que decir de los da ñus
que causan los apetitos, no sólo en las m aneras d ic h a s , sino
otras m uchas. P e r o , para lo que hace á nuestro propósito, lo
dicho "basta : porque parece queda dado á en ten d er, cómo se
llam a Noche la m ortificación de ello s, y cuánto co n ven ga en­
trar en esta Noche para ir á Dios. Sólo lo que se ofrece , antes
que tratemos del modo de entrar en e lla , para concluir con
esta p a rte , es una duda que podría Ocurrir al lector sobre lo
dicho. Y es lo prim ero, si basta cualquier apetito para obrar
y causar en el alm a los dos m alo s, positivo y p riva tiv o , y a
declarados. Lo se g u n d o . si basta cualquier a p etito , por m íni­
mo que sea, y de cualquier especie, ó causar todos estos cinco
daños jun tos. O si solam ente causan unos uno, y otros otro;
unos torm ento, y otros cansancio; otros ti niebla, &.C. A lo
cual respondiendo digo lo prim ero; que si hablam os del daño
p riva tiv o , que es p riva r al alm a de Dios r solam ente los apeti­
tos volun tarios que son de m ateria de pecado m o r ta l, pue­
den y hacen esto: porque ellos privan en esta vid a al a lm a de
g ra cia , y en la otra de la g lo r ia , que es poseer á Dios. A lo se-
g'undo d igo: que así estos que son do m ateria de pecado
m o rtal, como los voluntarios de m ateria de pecado v e n ia l, y
los que son de m ateria de im perfección, cada uno de ellos
b a sta para causar en el alm a todos estos daños positivos : los
cu a les, aunque en cierta m an era son p rivativos, llamárnoslos
aquí p o sitiv o s, porque responden á la conversión A la cria­
tu ra : asi como el privativo responde ú la aversión de Dios.
Pero h a y esta d iferen cia , que los apetitos do pecado m ortal
causan total ceg u era, torm ento, inm undicia y flaqueza íce.
Mas los otros de.pecado venial ó conocida imperfección , no
causan estos m ales en aquel total y consumado errado, pues
HBKO 1, CAP. X ll. 43

no privan de la g r a c ia , c u li la cual privación anda ju n ta la


posesion de ello s; porque la m uerte de ella es vida de ellos.
Pero causan alg o de estos m a les, aunque rem isam ente, segú n
la tibieza y rem isión que en el alm a cau san. De m an era, que
aquel apetito que m ás la e n tib ia re , m ás abundantem ente c a u ­
sará torm ento, ceg u era y no pureza. Pero es de notar que
aunque cada, apetito cau sa todos estos m ales qu$ aquí lia -
m am os p o sitivo s, míos Imy que principa] y derecham ente ca u ­
san u n o s, y otros o tro s, y los flemas por el co n sigu ien te.
Porque aunque es verdad que un apetito sensual cau sa todos
estos m ales, pero principal y propiamente- ensucia alm a y
cuerpo. Y aunque un apetito de a varicia lam bieu los causa
todos, p rincipal y derecham ente causa aflicción. Y aunque un
apetito de v a n a g lo r ia , ni m ás ni m e n o s, los causa todos,
principal y derecham ente can sa tin ieblas y cegu era. Y a u n ­
que un apetito de g u la los ca u sa todos, principalm ente cau sa
tibieza en la v ir tu d ; y a sí de los dem as. Y la cau sa por qué
cu alqu ier acto de apetito volun tario produce en el alm a lodos
estos efectos ju n to s , es por la contrariedad qu e derecham ente
tiene con los actos d e la virtu d qu e producen en e l alm a Los
efectos contrarios. Porque a s i com o un acto de virtu d produce
y cria en el a lm a ju n tam en te s u a v id a d , paz y con su elo, lu z ,
lim pieza y fo rta leza ; a s í un apetito desordenado ca u sa tor­
m ento , fa tig a y cansancio , ce g u e ra y flaqu eza. L a s virtu d es
crecen en el ejercicio de u n a , y en su m anera los vicio s cre­
cen en u n o, y los efectos de ellos en el alm a. Y aunque todos
estos m ales no se echan de v e r a l tiem po que se cu m ple el
apetito, porque el g u sto de él entónces no d a lu g a r , pero des­
pues bien se .sienten sus m alos dejos. Porque e l a p e tito , cu a n ­
do se e je c u ta , es d ulce y parece b u e n o ; pero despues se siente
su am argo e fe cto , lo cu a l podrá bien ju z g a r el que se deja lle ­
v a r de ellos. Aunque no ign oro que h a y a a lg u n o s y a tan cie­
g o s y insensibles que no lo sienten ; porque como no andan
en D io s , no echan de ver lo que les im pide á Dios.
De los dem ás apetitos n atu rales que no son v o lu n ta r io s , y
de los pensam ientos que 110 pasan de prim eros m ovim ientos,
y de otras tentaciones no consentidas, no trato a q u í; porque
estos n in gú n mal de los dichos causan en <’l alm a. Que aun­
que A la persona por quien píis<m le lmg-an parecer qu e la pa-
14 SUBIDA DF.Í. M0XTF. CARMELO,

sion y turbación que entóneos le causan . In en sucian y cie-


j?an, uo es a s i ; ¡inte? ocasionalm ente lo cansan los provechos
contrarios. Porque en tanto que los resiste g an a fo rta le za . pu­
reza. luz y consuelo, y muchos otros bienes. S egú n lo cual
dijo nuestro Señor á San P ablo: ViHv.s i/t m jirm tate per fin ­
ta? [I). (¿uo la. virtud se pevlieiona en la flaqueza. Mas los v o ­
luntarios , todos los dichos y más m ales causan. 1 por eso el
principal cuidado que tienen los m aestros espirituales, es m or­
tificar luégo á sus discípulos de cualquier apetito, haciéndoles
quedar en vacio de lo que ap etecían , por dejarlos libres de
tan ta m iseria.

CAPÍTULO XH1.
D« u m anera y moiloi'jUft li.i ijfi te n e r el alm a para e n tra r en «eta Ñ ocha riel mui tul o
por F e .

R esta ahora dar a lg u n o s aviso s para poder entrar en esta


Noche del sentido. P ara lo cu al es de saber que el alm a ordi­
nariam ente entra en est.a Noche sensitiva en dos m a n e ra s: la
una es a ctiva y la otra pasiva. A ctiva es lo que el alm a puede
hacer y hace de su parte para entrar en e l l a , ayudada de la
g ra cia , de la cual tratarem os ahora en los avisos sigu ien tes.
Y pasiva es en que el alm a no hace nada como de suyo ó por
su in d u s tria . sino Dios lo obra en ella con m ás p articulares
a u x ilio s, y ella se há. como p a c ie n te , consintiendo librem en­
te. De la cu al diremos en la Noche escu ra , cuando tratáre­
mos de los principiantes. Y porque a lli con el favor Divino
habrémos de dar m uchos avisos á los t a le s , según las m uchas
im perfecciones que suelen tener en este c a m in o , no me a la r­
garé aquí en dar m uchos. Y tam bién por no ser tan propio
de este lu g a r darlos; pues de presente sólo tratarem os de las
causas por qué se llam a N oche este tránsito > y cuál sea ella ,
y cuántas sus partes. Pero porque parece quedaba m u y corto,
y no de tanto provecho no dar luego a lg ú n remedio ó aviso
para ejercitar esta Noche de apetitos, he querido poner aquí
el modo b reve qu e se s ig u e ; y lo mismo liaré al fin de cada

i I ' '¿. mi ( Vir. lü. I1.


LI BRO I, CAP . XIII.

mía de esotras dos parles ó causas de esto N o ch e . de qtn1


luego, mediante el Señor, tengo de tratar.
Estos avisos que aquí so siguen do vencer los apetitos,
aunque son breves y pocos, y o entiendo que son tan prove­
chosos y eficaces o uno compendiosos: de m anera, (pie el que
de veras se quisiere ejercitar cu ellos 110 le harán falta otros
ningunos, antes estos Los abrazan todos.
Lo primero, traiga un ordinario cuidado y afecto de imitar
ú Cristo en todas las cosas, conformándose coa sn vida, la cual
debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las
cosas como *e hubiera él.
Lo segundo, para poder bien hacer e sto , cualquier guisln
que se le ofreciere á los .sentidos, corno no sea puramente
para gloria y honra de D ios, renuncíelo y quédese vacío de él
por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro g u s
to ni le quiso que hacer la voluutad de su Padre , lo cual lla­
maba él su comida y manjar. Pongo ejem plo: Si se le ofre­
ciere gusto en oir cosas que no importan para el servicio de
Dios, ni las quiera gustar, ni las quiera oir. Y si le diere
gusto mirar cosas qué no le lleven mis á Dios, ni quiera el
g u sto , ni mirar las tales cosas. Y si en hablar ó en -otra
cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo. Y en todos los
sentidos ni más ni ménos , en cuanto lo pudiere excusar bue­
nam ente; porque si no pudiere, basta que no qu iera-gustar
de ello , aunque estas cosas pasen por él. Y de esta manera ha
de procurar dejar luégo mortificados y vacíos de aquel gusto
á los sentidos, como á escuras. Y con este cuidado en breve
aprovechará mucho.
Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones natura­
les , que son G o zo , E speran za, Temor y D olor, de cu y a con­
cordia y pacificación salen estos y los demás bien es, es total
remedio lo que se s ig u e , y de gran merecimiento y causa do
grandes virtudes.
Procure siempre inclinarse, no á lo más fá cil, sino á lo
más dificultoso.
No á lo más s a b r o s o s in o á lo más desabrido.
No á lo más g u sto so , sino á lo que no da gusto.
No á lo que es consuelo, sino ántes al desconsuelo.
No á lo que es descanso, sino á lo trabajoso.
46 SUBI DA DEL MUNTE CARMELO.

No á lo más. sino á lo ménos.


No á lo más alto y precioso. sino á lo más bajo y des­
preciado.
No á lo que es querer a lg o , sino á no querer nada.
No á andar buscando lo mejor do las cosas, sino lo p eo r, y
desear1entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo
de todo cuanto hay en el mundo, Y estas obras conviene las
abrace de corazon, y procure allanar la voluntad en ellas. Por­
que si de corazon las o bra, tnuy eu breve vendrá á hallar en
ellas gran deleite y consolacion, obrando ordenada y discre­
tamente.
Lo que está dicho, bien ejercitado, basta para entrar en la
Noche sensitiva. Poro para mayor abundancia dirémos otra
manera de ejercicio, que enseña á mortificar de veras el ape­
tito de la honra, de que se originan otros muchos.
Lo primero, procurará obrar en su desprecio, y deseará que
loa otros lo hagan.
Lo segundo, procurará hablar en su desprecio, y procurará
que los otros lo hagan.
Lo tercero, procurará pensar bajamente de s ie n su des­
precio, y deseara que los demás lo hagan.
En conclusión de estos avisos y reglas conviene poner
aquí aquellos versos que se escriben en la figura del monte,
que está al principio de este lib ro , los cuales son doctrina para
subir á é l, que es lo alto de la unión. Porque, aunque es ver­
dad que su sentencia habla también de lo espiritual y inte­
rior; también habla del espíritu de imperfección según lo sen­
sible y exterio r, como se puede ver en los dos caminos que
están en los lados de la senda de perfección, Y así segú n ese
sentido los entenderémos aquí, conviene á saber, según lo
sensible: los cuales despues en la segunda parte de esta Noche
se han de entender según lo espiritual.

Dice pues a s í :

1 Para (justarlo torio ,


no quieras tener gusto en nada.
2 P a r a v e n ir ú sa b e rlo todo r
ii'j quieras s a b e r ulpo en n:nl:i.
LI BRO I , CAP . XIV. H

3 Para. vonir á poseerlo todo ,


no q u ie r a s p o seer a lg o 011 ínula
4 Para venir ú serlo todo.
tío quieras aer algo en nada,
í> P a ra v e u ir á lo q u e 110 g u s ta s ,
has de ir por donde no gustas,
6 Para venir á lo que uo sabes,
hns de ir por donde no sabes.
* Pora venir á lo que uo posees,
lm s de ir por donde no posees.
8 P a ra v e n ir i lo que no e r e s ,
Jius de ir por donde no ere •

MODO PARA NO IMPEDID AI. TODU.

1 Cuando reparas en algo,


dejas de arrojarte al iodo.
2 Porque para venir del todo al todo,
has de negarte del todo ea todo.
3 Y cuando Lo vengas todo á ten er,
has da tenerlo sin nada querer.
4 Porque si quieres tener algo en todo,
no tiente puró en Dioa tu tesoro.

En esta desnudez h alla el espiritu su quietud y descanso:


porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba, y nada
le oprime hacia abajo, porque está en el centro de bu humil­
dad; pues que, cu ando,algo codicia, en eso mismo se fatiga.

C A P IT U LO X I V .

En quv se declara el secundo vergo rte 1# íobreáTci* ClttCiOQ.

Coü ansias en «mores inflamada.

Ya que habernos declarado el primer verso de esta Canción,


que trata de la Noche sen sitiva, dando á entender qué Noche
sea esta del sentido, y por qué se llam a N o ch e: y también
habiendo dado el órden y modo que se ha de tener para en­
trar en ella activam ente, síguese ahora por sn órden tratar de.
las propiedades y efectos de e lla , que son adm irables, los
d ia les se contienen en los siguientes versos de la dicha Can­
ción , quo. apuntaré brevemente como en el prologo lo pro­
18 SI ' RI DA DEÍ . MO\TF, C' AKMELO.

m etí, y pasare luego al segundo libro, que trata de la otra


parte de esta Noche, que es la espiritual.
Dice pues el alm a: " Con ansias en amores inflamada,»
pasó y .salió en esta Noche escura del sentido á la unión del
Amado. Porque para vencer todos los apetitos y negar los
gustos de todas las cosas, con cuyo amor y afición se suele
inflam ar la voluntad para gozar de ella s, era menester otra
inflam ación m ayor de otro mejor am or, que es el de su E s­
poso „ para que teniendo su gusto y fuerza en ó l , hubiese valor
y constancia para desechar fácilm ente y n egar todos los
otros. Y no solamente era menester para vencer la fuerza de
los apetitos sensitivos tener amor de su Ksposo. sino estar in­
flamada de amor y con ansias. Porque acaece, y asi es, que
la sensualidad ron lautas ansias de apetito es movida y atraí­
da á las (‘osas sen sitivas, que si la parte espiritual 110 está in­
flamada con otras ¿lisias m ayores de lo que es e sp iritu a l, no
podrá vencer el y u g o natural y sen sib le, ni entrar en esta
Noche del sen tid o , ni tendrá ánimo para quedarse ¡i escuras
de todas las cosas privándose del apetito de todas ellas.
Y cóm o y de cuántas m an eras sean estas an sias de am or
q ue las alm as tienen á los principios de este cam ino de unión,
y las diligencias y invenciones que hacen para salir de su casa,
que es la propia voluntad., en la Noche de la m ortificación de
sus sentidos t y Cuán fáciles y áun dulces les hacen parecer
estas ánsias del Esposo los trabajos y peligros de esta Noche,
ni es de este lu g a r ni se puede decir. Porque es mejor para te­
nerlo y considerarlo, que para escrib irlo : y así pasaremos á
declarar los demas versos eu el siguiente capítulo.

C A P IT U L O X V .

En que doctora los doman verbos de la diclia Canción.

Oh dichosa ventura!
Salí sin seT notada.
Estaudo yíi mi ens.i sosegada.

Tom a por metáfora el misero estado del cau tiverio, del


cual el que se libra lo tiene por « Dichosa v e n tu ra », sin que
se lo impida alguno de los prisioneros. Porque el alm a , des-
i .iiuio i, CAr. xv.

pues del pecado o rig in a l, verdaderamente está como cautiva


en este cuerpo m o rtal, sujeta á las pasiones y apetitos natu­
rales. Del cerco y sujeción (le lo.* cuales tiene ella por « Dicho­
sa ventura» haber salido sin ser notada.: esto e s, sin ser im ­
pedida de ninguno de ellos ni comprendida. Porque para esto
la aprovechó el salir en la « Noche escura » , que es en la pri­
vación de todos los gustos y m ortificación de todos los apeti­
to s, como habernos dicho. Y esto («Estando y a su casa sose­
g a d a » , conviene á saber, la parte sensitiva que es la casa de
todos los apetitos, sosegada ya por el vencim iento y adorme­
cim iento de todos ellos. Porque hasta que los apetitos se ador­
mezcan por la mortificación en la sensualidad, y la misma
sensualidad esté y a m ortificada de e llo s , de manera que no soa
y a contraria al espíritu, no sale el alm a á la verdadera liber­
tad para gozar de la unión de su Amado.
IM B IIO s e g u n d o .

Trata del medio próximo para llegar á la unión con Dios, que
os la Fe . y de la segunda Noche del Espíritu, contenida en la
segunda Canción.
-■^AWWv--

CANCION SEGUNDA.

A escu ras, y segura


Por la secreta escala disfrazada,
O]» dichos» veutura!
A escuras, v en celada ,
Ilutando ya mi cosa sosegada.

C A P IT U L O i.

Eu que ee tlíclarí esta Canción.

lJii esta segunda Canción canta el alma la dichosa ventura


que tuvo en desnudar eL espíritu de todas las im perfeccio­
nes esp irituales, y apetitos de propiedad en lo e s p iritu a l: lo
cual le fué m uy m ayor v e n tu r a , por la m ayor dificultad
que hay en sosegar esta casa de la parte esp iritu al, y po­
der entrar en esta escuridad interior, que es la espiritual des­
nudez: de todas las cosas así sensuales como espirituales,
sólo estribando en viv a Fe (que de esta vo y hablando de ordi­
nario , porque trato con personas que caminan á la perfec­
ción) y subiendo por ella á Dios. Que por eso se llam a aquí
« E scala y secreta:» porque todos los grados y artículos que
ella tiene son secretos y escondidos á todo sentido y entendi­
miento. \ así se queda ella á escuras de toda lumbre natural
de sentido y entendim iento, saliendo de todo límite natural y
racional para subir por esta Divina escala de la F e. que es­
cala y penetra hasta lo profundo de Dios. Por lo cual dice, que
iba «disfrazada», porque llevaba el t r a j e y termino natural mu­
dado en Divino, subieudo por Fe. Y así era causa este disfraz
de no ser conocida ni detenida de lo temporal ni de lo racio­
T.nmo I I , CAP. I. 51

n a l, ni del demonio. Porque n in gu n a de estas cosas la puede


dañar m ientras camina en esta v iv a Fe. Y no sólo esto, sino
f|ue va el alm a tan escondida, encubierta y a joña de todos los
engaños del demonio, que verdaderamente cam ina (como tam ­
bién aquí dice) « á escuras y en celada», es á sab er, para el
demonio, al cual la lu z de la Fe le e s más que tinieblas. Y asi
el alm a que por ella cam ina, podemos decir que en celada y
encubierta al demonio c a m in a . como adelante se dirá más
claro. Por eso dice que salió « A escuras y s e g u r a .» Porque el
que tal ventura tiene , que puede cam inar por la oscuridad de
la Fe tomándola por g u ia , saliendo él de todas las fantasías
naturales y razones espirituales, cam ina m uy al seguro. Y así
dice que tam bién salió por esta Moche espiritual «Estando y a
su casa sosegad a» ; es á saber, la parte racional y espiritual.
De la c u a l, cuando el alm a lle g a á la unión de D ios, tiene so­
segadas sus potencias n a tu ra le s, y los ím petus y ánsias sen­
sibles en la parte espiritual. Que por eso no dice que salió
aquí con á n s ia s , como en la primera Noche del sentido. Por­
que para ir en la N oche del sentido y desnudarse de lo sensi-
s ib le , eran m enester ánsias de amor sensible para acabar de
salir. Pero para acabar da sosegar la casa del esp íritu , sólo
se requiere afirm ación de las potencias y de todos los g u sto s y
apetitos espirituales en pura Fe. Lo cu a l hecho se ju n ta el alm a
con el Amado en una unión de sen cillez y p u re za , amor y se­
m ejanza.
Y es de sabor que la prim era C a n ció n , hablando de la parte
s e n s itiv a , dice que salió en « Noche e s c u ra » : y aquí hablando
de la esp iritu a l, dice que salió « A escuras», por ser m ayor la
tiniebla de la parte esp iritu a l: así como la escuridad es ma­
y or tiniebla que la de la noche : porque por escura que una
noche sea , todavía se ve a lg o ; pero en la escuridad no se ve
nada. Y así en la Noche del sentido todavía queda algu n a
lu z ; porque queda el entendim iento y ra z ó n , que no se ciega.
Pero esta N oche esp iritu a l, que es la F e , todo lo p r iv a . asi
en entendim iento como en sentido- Y por eso dice fl alm a en
esta, que iba «A escuras y segura,» lo cual no dijo en la otra.
Porque cuando ménos el alm a obra con habilidad propia, va
m ás s e g u r a , pues v a más en la Fe. Y esto se irá bien d ecía-
ramln por extenso en este libro, en el cual pido al devoto lee-
SUBIDA. D E L MONTF. CWHISKU).

tor atención benévola: porque' on él se han do decir cosas


bien importantes para el verdadero espíritu, 1 aunque ellas
son algo escuras, do tal manera se abre camino de unas para
otras, qne entiendo se entenderá umv bien.

C A PITU LO II.

Un quo se comienza A tra ta r de la segunda p¡u-te ó causa de cata n och e, que m l.i
Fo. — PrueSn por dos razones que es m is escura «iue la primer# y que la tercero.

Síguese ahora tratar de la segunda parte de este Noche,


que es la Fe „ la cual es el adm irable medio que decíamos
para ir al térm ino, que 69 Dios. E l cual decíamos quo ora tam­
bién para el alm a naturalmente tercera causa, 6 parte de esta
Noche. Porque la F e. que es el medio, es comparada á la
media noche. Y así podernos decir que para el alm a es más
escura que la primera, y en cierta manera que la tercera:
porque la prim era, que es la del sentido, es comparada á la
prima noche, que es cuando cesa la vista de todo objeto sen­
sible . y no está tan remota de la, luz como la media noche. Y
la tercera parte, qne es el ante l-ucm. qne es lo que está ya
próximo á la luz del dia, 110 es tan escura como la media n o ­
che; pues y a está inmediata á la ilustración y información de
la claridad del dia, y esta es comparada á Dios. Porque au n ­
que es verdad que Dios es para el alm a tan escura Noche como
la F e , hablando naturalm ente: pero porque acabadas y a estas
tres partes de Noche que para el alm a lo son naturalmeute,
Dios la v a ilustrando sobrenaturalmente con el rayo de su
Divina lu z, y con modo más alto , superior y experimentado,
lo cual es el principio de la perfecta unión que se sigu e pasada
la tercera Noche, y así se puede decir que es ménos escura.
E s también más escura que la prim era, porque esta pertenece
á la parte inferior del hom bre, que es la sensitiva, y por con
siguiente más exterior: y esta segunda do la Fe pertenece A
la parte superior del h om bre. que es la ra c io n a l. y por consi
guíente más interior y escura . porque la priva de la luz ra ­
cional, ó por mejor decir la ciega : y asi rs bien comparada á.
la m edianoche, que es lo más adentro y más escuro de ella.
Pues esta segunda parte de Fe habernos ahora de probar
cómo es Noche para el esp íritu : así como la primera lo es para
T.II'.KO II. C A I'. 111.

el sentido. V luégM también direm os los contrario?; que tiene,


y cómo so lia de disponer ol al mu a ctiv a m e n te p ara en trar eu
olla. Porque de lo p a s i v o . que os lo quo Dios hace en olla para,
m eterla (Mi e lla , diremos on su l u g a r , quo entiendo será en el
tercero libro.

C A P I T U L O III.

b : cóm o la l'V >•. N V lu * c«i uv i p.ir:i <-! alm a - l ’ ru.'-lciWi i»or ra z o n e s y ¡iii1ori.Uid<‘3 <!<’•
In í ' ;w l' s i.I:i l'N rr i IIIIM.

La l'c dicen los T e ó lo g o s que e< un hábito del alm a cier­


to y oscuro. Y la razón do sor hábito oscuro os porque hace,
creer verdades reveladas por el mismo Dios, la s cuales son
sobro toda luz n a tu ra l. y exceden todo li 11mano entendimiento.
Do aquí os que para el almu esta excesiva lu z que se le da de
Fe> es escura tin ie b la , porque'lo m ás priva y vence á lo me­
n o s: así como la litó del Sol p riv a otras cualesquiera luces,
de m anera que no parézcan luces cuando e lla lu c e, y vence
nuestra pottm cia^M Yftv Afinque ántes la cie g a y priva de la
v is ta , que se le da / p o r m a n to su lu z es m u y desproporcio­
nada y excesiva á la potencia v is iv a . A si la lu z de la í ’e , por
su g ra n exceso y por e l modo que tiene Dios eu com unicarla,
excede la de nuestro entendim iento; la cuál sólo se extiende
de suyo á la ciencia n a tu r a l; aunque tiene potencia obedien­
cial para lo so b ren atu ra l, cuando nuestro Señor la quisiere
poner en acto sobrenatural. Do donde n in gu n a cosa de suyo
puede sabor sino por v ia n a tu ra l, que com ienza por los senti­
dos: pura lo c u al ha de tener las fantasm as y sentidos de los
objetos en sí ó on sus sem ejanzas; y de otra m anera 110: por­
que» como dicen los filó s o fo s : Ab objccto, et potentia par i-tur
toótitia. Del objeto presente y de la potencia nace en el alm a
lji noticia. De donde si á uno le dijesen cosas que él nunca al—
caimó A conocer ni jam as vid sem ejanza de e lla s , en n in gu n a
manera lo quedarla m ás luz de ellas que si 110 se las hubieran
dicho. Poii^o ejem pto: s i d uno lo dijesen quo 011 cierta isla
h a y un anim al que él nunca vió» si no le dicen a lg u n a sem e­
jan za de aquel anim al t que él h a y a visto en o tros, no le que­
dará m ás noticia ni fig u ra de aquel anim al que án (es, au n -
1*2
54 si nm \ itr r , iio m ií üw h m elü.

quo m ás le insten diciendo de' ól. Y por ol.ro ejem plo más claro
se entenderá m ejor: Si á mío que nació c ie g o , el cual no vió
color a lg u n o , le estuviesen diciendo cómo es el color blanco ó
el am arillo; aunque más le d ijesen . 110 entendería más así que
a s í : porque nunca vió los tales colores ni sus sem ejanzas para
poder ju z g a r de ello s; solam ente le quedaría el nombre de
e llo s , porque aquello pudo percibir por el oíd o , mas la Forma
y fig u ra n o , porque nunca la vió. A este modo (auuque no
sem ejante en todo) es la Fe para con el alm a : que nos dice
cosas que nunca vim os ni entendim os ántes en a i , ni en seme­
ja n za s su y a s que sin revelación nos pudieran llev a r á su co ­
nocim iento. Y asi de ellas no tenemos luz de ciencia natural,
pues á n in gú n sentido es proporcionado lo que nos d ice; pero
sabérnoslo por el oido, creyendo lo que nos en sen a, sujetando
y cegando nuestra lu z natural. Porque como dice San Pablo:
Erg o F id es ex au dilu, mditw s uuteni per verdum C h risti ( 1 ).
L a Fe no es ciencia que entra por n in gú n sentido; sino solo
es consentim iento del alm a de lo que entra por el oido. Y áun
la Fe excede mucho más de lo que dan á entender los ejem plos
dicho*. Porque no solam ente no hace evidencia 6 cie n cia , sino
(como habernos d ich o; excede y sobrepuja otras cualesquior
noticias y cien cia, para que puedan bien ju z g a r de ella 011
perfecta contem plación. Otras ciencias con la luz del entendi­
m iento se a lc a n z a n ; m ás esta de la Fe sin la lu z del entendi­
m iento so a lc a n za , negándola por la F e ; y con la luz propia
se pierde. Por lo cual dijo Is a ía s : AT¿ non crediderüis, non iv -
U llig etis ( 2 ). Si uo creyéredes, no entendereis: L u ego claro
está que la Fe es Noche escura para el a lm a , y de esta m ane­
ra la da lu z : y cuanto m ás le oscu rece, tan ta m ás luz la da
de sí. Porque cegando da l u z , segú n el dicho de I s a ía s : Si no
creyéredes, esto e s , os ceg á red es, uo entendereis: esto e s . 110
tendreis luz y conocim iento levantado y sobrenatural. Y así
se fig u ra la Fe por aquella nube que dividía á los hijos de Is­
rael y á los E gip cios al punto de entrar en el mar Bermejo, de
quien dice la S a g r a d a E s c r i t u r a : F/nd nubes tenebrosa, et illu-
'mimns mclem ( 3 ). Que era nube tenebrosa y alumbradora de
la noche. A dm irable cosa os que siendo tenebrosa alum brase

i) Kuih.io.it (2) ImI.'L9. Justa“<>.iuWvpr. 1 seo!. i-|. a».


I. JBÜO I I . CAI ' . IV 55

la n o ch e. para ¡lar ¡i entender que la Fe, que es nube escura


y tenebrosa para el alma ^la cual es también Noche, pues en
presencia de la F e , de su luz natural queda privada y ciega)
ooü su tiniebla alumbro y da luz á la tiniebla del alm a, para
que asi fuese semejante el maestro al discípulo. Porque el
hombre que está en I ¡niebla, no podía convenientemente ser
alumbrado sino por otra tin iebla, según no? lo enseña al Sal­
mista, diciendo: El dia rebosa y respira palabra al d ia, y la
noche muestra ciencia ;i la noche. B ies diei eructat verówn:
et iiox nocti indicaf scientum í 1 Esto es; el d ia , que es Dio»
en la bienaventuranza, donde ya, es de dia á los bienaventu­
rados A ngeles y alm as que y a son d ia , los comunica y descu­
bre su Divina palabra, que es su H ijo , para que le sepan y le
gocen. Y la noch e. que es la Fe en la Iglesia m ilitan te, donde
aún es de n o ch e, muestra ciencia á la Ig le s ia , y por el consi­
guiente i cualquiera alm a, la cual es n o ch e, pues aún no g o ­
za de la clara sabiduría beatífica: y en presencia de la Fe está
ciega de su lu z natural. De manera que lo que de aquí se ha
de sacar, es que la F e , que es Noche escu ra, d a luz al alma,
que está á escu tas, y se verifica lo que también dice D avid en
otro Salm o:. E t n o x illw n im tio mea in deliciis m i s ( 2 ). La
noche será mi ilum inación en mis deleites. Lo cual es tanto
como d ecir: en los deleites de mi pura contemplación y unión
con D ios, la Noche de la Fe será mi gu ia . Dando á entender
que el alm a ha de estar en tiniebla para tener lu z , y poder
andar este camino.

CAPITULO IV.
T n ita en jjcn en il cómo tnmbleu el alma ha de estar & escuras en cu anto es de su parte,
pnni ser bioii ¿ruindn |ior In F e &aurna contem plación,

Creo se va algo dando á entender cómo la F é es escura


noche para el alm a, y cómo también el alm a ha de ser escura
ó estar escura de su lu z natural, para que se deje g u iar de. la
Fe á este término alto de unión. Pero para que el alm a sepa
hacer esto , convendrá ahora ir declarando esta escuridad que

ÍD pb. ía. s. (2) ps. m u .


í)(¡ Xl.'ftlIM DEI. MON'l’ K CAU ME l.O .

ha de tenor, algo más menudamente, para entrar on este abis­


mo de la Fe. Y así en este capítulo hablaré en general de ella;
y adelánte con el favor Divino iré diciendo m ás eu particular
el modo que se ha de tener para no errar en ella ni impedir á
tal g u ia . D igo, p u es, que el alm a, para haberse de p-uiar bien
por la Fe á este estado, no sólo se ha de quedar á escuras se­
g ú n aquella parte que. tiene respecto á las criaturas y á lo
tem poral, que es la sensitiva y inferior (de que y a dijimos),
sino que tam bién .se lia de ceg a r y oscurecer según la parte
que tiene, respecto á. Dios y á lo espiritual, que e¡> la racional
y superior de que ahora tratam os. Porque para venir á llegar
un alm a á la transform ación sobren atu ral, claro está que lia de
oscurecerse y trasponerse á todo lo (pie conviene á su natural,
que os sensitivo y racional. Porque sobrenatural eso quiere de­
cir que sube sobre lo n a tu ra l: luego el natural abajo se (pie-
da. Que como esta transform ación y unión no puede caer en
sentido ni habilidad hum ana, h a d e vaciarse perfecta y volun
tari amento de todo lo que puede caber en e lla , de afición d igo
y volun tad, en cuanto es de su parte; porque á Dios ¿quién le
quitará que lio llaga lo q u e él «pusiere eu el alm a resignada,
desnuda y aniquiladaV Pero todo se ha de va cia r; de manera,
que aunque más cosas sobrenaturales v a y a teniendo, siempre
se ha de quedar como desnuda de e lla s , y á escuras como el
ciego, arrimándose á la Fe escura y tomándola por lu z y guia;
uo arrimándose á cosa de las que entiende, g u s ta , siente ni
im agina. Porque todo aquello es tiniebla que la hará errar ó
d eten er; y la Fe es sobre todo aquel entender, g u star y sen­
tir. Y si en esto no se ciegq,, quedándose á escuras de ello to­
talm ente , no viene á lo que es m á s , que es lo que señala la
Fe. E l ciego, si 110 es bien ciego, no se deja bien g u ia r del
mozo de c ie g o , sino que por uu poco que v e , piensa quo por
cualquier parte es mejor ir, porque 110 ve otra mejor: y asi
puede hacer errar a l que le g u ia ; porque obra como si v i e s e ,
y puede mandar más que su mozo. V así el alm a, si estriba en
a lg ú n saber su yo, g u sta r ú sentir, como quiera que todo esto
aunque m¿s se a , sea m uy poco y disím il do lo que es Dios,
para ir por éste cam ino, fácilm ente yerra ó se detien e, por no
se quedar bifin cie g a en F e , quo os su verdadera g u ia . Porque,
eso quiso tam bién decir San P a b lo , cuando dijo: Ore-dar. en m
u n un ii, í' AP. iv

¿portel accedentem ad. Derni, qniu est (1), Quiero decir: al que.
se lia. do ir allegando y uniendo á D ios. co n v iv id o que crea su
ser. Como si d ijera: el que se lia do venir á jun tar on una
unión con Dios, no Im do ir entendiendo ni arrimándose al
gusto, sentido ó im aginación, sino creyendo la perfección del
Divino ser, que 110 cao en entendimiento, apetito ni im agina­
ción ui otro algún sentido, ni en esta vida se puede saber
cómo es; ilutes en ella en lo más alto que se puede sentir, en­
tender y g u s t a r <lo Dios, dista infinitamente do. lo quo él es y
del poseerle puramente. V así dijo Isaías; Oculm non vidit,
Deus, ahsqw le, qnte prtejwmsli expe cía utibits te ( 2 ). Y San
Pablo: Ocwlm m i vidit, nec a-nris audivit, ncc in cor fmmnis
ascendil. qn aprapa rm il J)eus iiv , <¡n'i ditigual ühim í ¡V. Que.
lo <iue Dios tiene aparejado para los que le am an , ni ojo jamás
lo v i ó , ni oido lu oyó, ni cayó en corazon ni pensamiento de
hombre. Pues como quiera que el alm a pretenda unirse por
gracia perfectamente en esta vida con aquello que por gloria
ha de estar unida en la otra; lo cual como aquí dice San Pa­
blo , no vió ojo, ni oyó oido, ni cayó en corazon de hombre en
carne; claro está que para venir á unirse en esta vida con ello
por gracia y amor perfectam ente, ha de ser á escuras de todo
cuanto puede entrar por el ojo, y se puede recibir con el oido,
y im aginar con la fa n ta sía , y comprender con el corazon. que
aquí significa el alma. Y así grandemente so estorba ol alma
para venir d este alto estado de u n ió n . cuando se ase á a l­
gún entender, s p . ii t i r . ó i m a g i n a r , ó p a r e c e r , ó v o l u n t a d ó
modo s u y o , ó cualquier otra cosa propia, no sabiéndose des­
asir de todo ello. Porque, como decirnos, á lo que va, es sobre
todo e s o . a u n q u e s¡0a lo q u e m á s puedo s a b o r y gu star; y así
sobre todo se ha de pasar el no saber. Por tanto on esto cami­
n o , el dejar su camino es entrar en cam ino; ó por mejor
d e cir: pasar al término y dejar su modo, es entrar en lo quo
no tiene m odo, que es Dios. Porque el alm a que á este estado
lle g a , y a no tiene modos ni m aneras, ni se ase ni puede asir
n ellos. Digo modos: de entender, ni de gustar, ni do sentir,
aunque en sí encierre todos los modos; al modo del que no tie­
ne n a d a , que lo tiene todo. Porque teniendo iluimo de pasar de

ín H e ln ;c o r. U. 6. (2) Is a i.O l. -1. (3) 1. a d C o r . 29.


58 KL’ H I I U D E L MO N T E l ' AHME L O.

su limitado natural interior y exteriorm ente, entra sin lim ito


011 lo so bren atu ral. quo 110 tiene modo a lg u n o , teniendo cou
em inencia torios los modos. De donde el venir a q u í, es salir de
a llí, saliendo de si m uy lejos: de oso bajo para esto del todo
alto. Por ta n to . trasponiéndose á todo lo que espiritual y tem ­
poralmente puede saber y entender, ha de desear el alm a con
todo deseo venir á aquello que en esta, vida no puede saber ni
caer en su corazon. Y dejando afras todo lo que espiritual y
sensualm ente g u sta y sien te, y puede g u star y sentir en esta
vida; ha, de desear con todo deseo venir ti aquello qne excede
todo sentim iento v gusto. Y para, quedar libre y va cía para
ello , en n in gu n a m anera ha de hacer prosa en cnanto recibie­
re en eu alm a e sp iritu a l, ó sensitivam ente ( como luego dire­
m os, cuando tratárem os esto en particular t e n i é n d o l o t o d o
por mucho m e n o s . P o r q u e olíanlo m á s piensa que es aquello
que entiende, g u sta y im ag in a: y cuanto m ás lo estim a,
ahora sea esp iritu a l, ahora n o , tanto m ás quita del supremo
b ie n , y más se retarda de ir á é l : y cuanto menos piensa que
es todo lo que puede tener, por m á s qne ello se a ; respecto del
sumo b ie n , tanto más pone en él y le estim a, y por el consi­
guien te tanto más se lle g a á él. Y de esta m anera á escuras
grandem ente se acerca el alm a á la u n i ó n por medio de la Fe,
que tam bién es escu ra , y con todo la da adm irable lu z la
m ism a Fe. Cierto que si el alm a quisiese ver, m ás presto se es-
carecería cerca de D ios, que el que abre los ojos á mirar el
g ra n resplandor en el Sol. Por tanto en este cam ino, cegándo­
se en sus potencias, ha de ver l u z , según lo que nuestro S a l­
vador dice en el E van gelio de esta m an era: In -ju d iciim cr/o in
hune m m d tm veni: nt qui n m vident, v id e m t, et qwl cident,
ccgci ja n t ( 1 ). Esto e s : Yo he venido y este mundo para juicio:
de m an era , que loa que no ven v e a n ; y los que v e n , se ha­
g a n ciegos. Lo c u a l, así como su en a, se h a de entender acer­
ca de este camino espiritual: que el alm a que estuviere A e s ­
cu ras y se cegare en todas sus luces propias y naturales, verá
sobrenaturalm ente; y la q u e á a l g u n a l u z s u y a se. quisiere ar­
rim ar, tanto m ás se cegará y se detendrá en el cam ino de la
unión. Y p a ra 'q u e procedamos ménos confusam ente, parece

' 1 .í o a n n .f t .m t .
IIHIvM II, CAI ». V. 09

me será necesario dar á entender en el sigu ien te capitulo, qué


cusa sea esta que llam am os imlon del alm a con Dios: porque
entendido esto so dará m ucha luz para lo que iremos diciendo
de aquí adelante; y así me pavece que viene Lien aquí el tra ­
tar de e lla , como eu su propio lu gar. P orque, aunque se corta
el hilo de lo que vam os tratando, no es Fuera do propósito, pues
servirá para dar lu z cu lo mismo que se va tratando: y a sí ser­
virá el capítulo infraescrito como de paréntesis, pues luego
habernos de volver á tratar en particular de las tres potencias
del a lm a, respecto de las tres virtudes teo lo gales, acerca de
esta segunda noche espiritual.

C A P IT U L O V.

Kn i|iiñ dAi'laTA qué cosa sta unios del alma con Dios — Poue uua comparación.

Por lo que atras queda dicho , en alguna m anera se podrá,


entender qué sea lo que aqui entendemos por unión del alm a
con D io s, y por eso se entenderá aqui mejor lo que dijérem os
de ella. Y no es ahora nuestro intento declarar en particular,
cuál sea la unión del entendimiento, y cuál sea la de la vo­
lu n tad , y cuál tam bién la de la m em oria, y cu ál la transeú n­
te , y cu ái la perm anente en la s dichas potencias, y cu ál tam ­
bién la to ta l, que de esto iremos tratando adelante; y m uy
mejor se dará á entender en sus lu g a r e s , cuando yend o tra­
tando de la m ism a materia , tengam os el ejem plo v iv o ju n to
con el entendim iento presente, y allí se entenderá y notará
cada c o s o , y se ju z g a r á m ejor de ella. Ahora solo trato de esta
unión total y perm anente segú n la sustancia d el alm a y sus
p o ten cias, en cuanto el hábito de u n ió n : porque en cuanto al
actoj despues dirém os, m ediante el favor D iv in o , cómo no te­
nemos ni puede haber unión permanente en esta vida en las
potencias, sino transeúnte.
P ara entender pues cu á l sea esta unión de que vam os tra­
tando, es de saber que Dios en cualquiera a lm a , aunque sea
en la del m ayor pecador del m undo, mora y asiste su stancial-
mente. Y esta m anera de unión 6 presencia (que la podemos
llam ar de orden n atu ral) siem pre la h a y entre Dios y todas las
fio HI IMLU DEL MONTE CAHMELO.
criatu ra s, segm i la cual los está conservando ol ser que tie­
nen; de manera que si de ellas en este modo faltase, luógo se
aniquilarían y dejarían de sor. V a sí. cuando habláremos de
la unión del alm a con Dios, no hablamos de esta presencia
sustancial de Dios que siempre hay en tildas las criaturas: si­
no de la unión y transformación del alm a cotí Dios por amor,
que solo se hace cuando viene á haber semejanza de amor:
y por tonto ésta se lid mará unión de sem ejanza, así como
aquélla unión esencial ó sustancial; y aquélla n atu ral, ésta
sobrenatural; la cual es cuando las dos volun tad es, conviene
á saber, la del alm a y la de D ios, están en uno conform es. no
habiendo en la una cósa que repugne á la otra. Y asi cuando
el alm a quitare de sí totalm ente lo que repugna y no confor­
ma con la. voluntad Diviini . quedará Irinsform ada Cll DÍOS por
amor. Ksto no solo se entiende lo que repugna según d acto,
sino también según el hábito , de manera que n o tó lo los actos
voluntarios de imperfección le han de faltar, mas tam bién los
hábitos. Y porque toda criatura y todas las acciones y h abili­
dades de ella no llegan á lo que es Dios, por eso se ha «le des­
nudar el jiluiíj de tuda m a l lira . acentúes y habilidades suvas:
conviene á saber, de su entender, gustar y sentir, para que
echando todo lo q u e es disím il y desconforme á Dios, venga
á recibir sem ejanza de Diosí uo quedando en ella eosa que no
sea voluntad de Dios, y así se transforme ei\ él. De donde
aunque es verdad, que como hemos dicho, está Dios siempre
eu el alm a dándola, y conservándola el ser natural d« «lia con
su presencia, uo empero siempre la com unica ol sobrenatural.
Porque este uo se com unica sino por amor y g ra c ia , en la cual
no todas las alm as están; y las que e s tá n . no eu igual grado:
porque unas estáu en m ás, otras en mónos grado do amor. Do
donde aquella alm a se com unica á Dios m ás, que más aven ta­
jad a está en am or: lo cual es tener más conforme su voluntad
con la de Dios. Y la que totalm ente le tiene conforme y sem e­
jan te , totalm ente está unida y transformada eu I )ms sobrrna-
turalm ente. Por lo cual según y a queda dado á entender,
cuanto u n a a lm a OStá más vestida de criatura y habilidad de
e lla , según el afecto y hábito, tanto menos disposición tiene
para la tal unión: pues no da total lu gar á Dios para que la
transforme en lo sobrenatural. De manera que el alma há me­
LI BHO u , c,\r. v. 0]

nester desnudarse fie estas contrariedades y desem ejanzas na­


turales, pu raqu e Dios que se lo está comunicando natural­
mente. por naturaleza., se le comunique sobrenahiraím ente por
gracia. Y esto rs lo que quiso dar á entender San Juan, cuando
dijo: Qu¿ non e.v sm giánibus, ner/w ex zolnntate enrnis, nequi?
ex volúntate v ir i, m i ex Deo nal i s\mi ( 1 ). Como si dijera: dió
poder para (pie puedan ser hijos de Dios, e s to e s , se puedan
transformar en Dios, solamente á aquellos que no de las san­
a re s . esto es. 110 de las com plexiones y composiciones natu­
rales son nacidos. ni tampoco de la voluntad de la ca rn e , est.ft
e s , del albedrío de la habilidad y capacidad n atu ral, ni me­
nos de la voluntad del varón : en lo cual se incluye todo modo
y numera de arbitrar y comprender con el entendim iento: nn
dió poder á ninguno de estos para poder ser Lijos de Dios en
toda perfección, sino á los que son nacidos de Dios; esto e s , á
los que renaciendo por g ra c ia , muriendo primero á todo lo que
es hombre viejo , se levantan sobre sí á lo sobrenatural reci­
biendo de Dios la tal renacencia y filiación, que es sobre todo
lo que se pued$ pensar. Porque comú el mismo Sau Juan dice
en otra parte, N is i gvis rem tus f w r i t ex agua, et S p iritu /Sán­
elo, m n p otest in tr o iw m regw m D ei ( 2 ). Quiere d ecir: el que
no renaciere en el Espíritu S a n to , no podrá ver este reino do
Dios, que es el estado de perfección: y renacer en el F s (tiritu
Santo en esta vida perfectam ente, es estar uua alm a sim ílim a
á Dios en pureza, sin tener en si algu n a m ezcla de imperfec­
ción , y asi se puede hacer pura transformación por participa­
ción de u n ió n , aunque no esencialmente.
Y para que se entienda mejor lo uno y lo ot.ro, pongam os
una com paración: está el rayo del sol dando en una vidriera;
si la vidriera tiene algunos velos de m anchas ó n ieb la , no la
podrá esclarecer con su luz, ni transform arla totalm ente, como
si estuviera sencilla y lim pia de todas aquellas m anchas; áti­
tea tanto ménos la esclarece, cuanto ella estuviere menos
desnuda de aquellos velo s y m anchas, y no quedará por el
rayo, sino por ella : tan to , que si ella estuviere pura y lim pia
riel todo, fie tal m anera la esclarecerá y transformará el rayo,
que parezca al mismo r a y o , y dará la misma lu z; aunque á

( 1 ¡ . l . ü i n . IÍH|I. 1 . l : i . í m
2\ J n ;u i . :j. í .
í'2 ki h ih a df.i, m o n te ca h m e lo .

la verdad todavía la vidriera, aunque se parezca al mismo


ray o , tiene su naturaleza distinta del mismo rayo: y podernos
decir que aquel lao-idriera. es rayo ó luz por participación. Asi
el alm a es como esta vid riera, en la cual siempre está einbis-
liendo, ó por mejor decir, está en ella morando esta Divina
lu z del ser de Dios por naturaleza, como habernos dicho. En
dando pues lu gar el alm a (que es quitar de si todo velo y
m ancha de Criatura, lo cual consiste en tener la voluntad uni­
da con la de Dios perfectam ente; porque el a m a re s obraren
despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es él), lue­
g o queda esclarecida y transformada en Dios. Porque le
com unica el su ser sobrenatural de tal m an era, que parece al
mismo Dios, y tiene lo que tiene el mismo D ios : y se hace tal
unión cuando Dios hace al alma esla merced soberana, que to­
das las cosas de Dios y el alm a son una en transformación
participante; y el alm a más parece Dios que alm a, y áun es
Dios por participación; aunque es verdad que su ser natural
se le tiene tan distinto del de Dios Como ántes , aunque está
transform ada: como también la vidriera le tiene distinto del
rayo, estando de él clarificada. De aquí queda ahora más claro,
que la disposición para esta uniou (como decíam os) uo es el
entender del alm a, ni gustar, ni sentir ni im aginar á lo natu­
ral de Dios, ni otra Cualquiera cosa; sino la pureza y amor,
que es resignación perfecta, y desnudez total sólo por Dios. Y
como no puede haber perfecta transform ación si no hay peí1'
fecta p u reza, según la pureza será la ilustración, iluminación,
y unión del alm a con Dios en más ó m énos; aunque no será
perfecta del todo (como digo) si del todo no está lim pia y cla­
ra. Lo cual también se entenderá por esta com paración: está
una im ágen m uy perfecta con muy subidos primores y delica­
dos y sutiles esm altes, y algunos tan prim os, que no se pue­
den bien acabar de determinar por su delicadeza y excelencia.
A esta im á g e n , el que tuviere ménos clara y purificada vista,
ménos primores y delicadeza echará de ver en ella; y el que la
tuviere m ás p u r a , echará de ver más primores: y si lo otro la
tuviere m ás pura, echará de ver áun más perfección: y final­
m ente el que m ás clara y limpia potencia tuviere, echara de
ver m ás primores y perfecciones: porque en la im ágen hay
tanto q u e r e r , que por mucho que se alcan ce, queda para po­
I.TlíRO I I . r\p. VT.

derse alcan zar mucho más de ella. !li* la m isma m anera pode-
nioi* decir que se lián las alm as con Dios en esta ilustración ó
transform ación. Porque aunque es verdad que nn alm a según
su poca ó mucha capacidad puede habei* lleg*ac"lo á u n ió n , pero
110 en igu a l grado todas. Porque esto es como el Señor lo quiere
dar á cada u n a, que es al modo de como le ven eu el Cielo,
que unos le ven m ás perfectam ente, otros m énos: pero todos
ven á Dios, y todos están contentos y satisfech os: porque tie­
nen satisfecha, su capacidad según el m ayor ó menor m ereci­
miento. De donde aunque acá. en esta vida hallem os a lgu n as
alm as con igu a l sosiego y paz en su estado de perfección, y
cada una esté sa tisfe c h a . con todo eso podrá la una de ellas
estar levantada m uchos grados m ás que la otra en esta unión,
y estar igu alm en te satisfechas cada una segú n su disposición
y el conocim iento que de Dios tiene. Pero la que no lle g a á tan­
ta pureza como parece que piden las ilustraciones y vocaciones
de Dios, nu n ca lle g a á la verdadera paz y satisfacción: pues
no h a llegad o ¿ tener la desnudez y v a cío en sus potencias,
cu a l se requiere para la sen cilla unión.

CAPITULO VI.
T fA ta cómo lafi tr e s v irtu d es te clo e a le a son lae que han de pnuer en iicrfcccio n laa tr o i
p»t.MU;i¡is iltil film o : y r u in o un ftlltus h iic o n v a c í o .Y t i n i u b l d l n s liirlm S v irtu d es. -
Declaran."* M proposito dos initondftrtfis, u n a de San L ú eas, y o tra da Isaías,

Habiendo pues de tratar de inducir las tres potencias del


alm a, entendim iento, memoria y volun tad en esta N oche
esp iritu a l, que es el medio de la D ivin a u n ió n , necesario es
primero tratar en este c a p itu lo , cómo las tres virtud es teolo­
g a le s , F e, E speran za v C aridad, m ediante las Cuales el alm a
sé u ne con Dios se g ú n sus p jte n c i is . hacen el mismo va cio
y escuridad crida u n a en su potencia. L i Fe en el entendim ien­
to , la E speran za en la m em oria, y la Caridad en la volun tad.
Y despues irém os tratando cómo se ha de pcrñcionar el
entendim iento en la tin iebla de la F e : y cómo el va cío de la
m em oria en la Esperanza; y cómo tam bién se ha de entrar la
voluntad en la carencia y desnudez de todo afecto para ir á
Dios, Lo cual hecho, se verá claro cuánta necesidad tiene el
fi 4 S fM U V V DEL MONTE CARMELO.

alm a para ir secura en el camino espiritual, de ir por esta


Noche escura arrimada á estas tres virtudes, que la vacian de
todas las cosas y oscurecen en ellas. Porque (como habernos
dicho) el alm a no se une con Dios en esta vid a por ol enten­
der, ni por el ¿rozar, ni por el im aginar ni por otro cualquier
sentido; sino sólo por Fe so^mi el entendimiento. Por la
Esperanza, fpie se puede a trib u irá la memoria (aunque ella
este en la voluntad) cuanto al vacio y olvido que causa do
cualquiera otra cosa caduca y tem poral, guardándose toda el
alm a para el sumo bien que espera. Y por amor según la vo­
luntad. Las cuales tres virtudes todas hacen (com o habernos
dicho) vacío en las potencias: La Fe en el entendimiento, v a ­
cío y oscuridad de entender. La Esperanza hace vacio en la
memoria de toda posesiou. Y la Caridad vacío en la voluntad
y desnudez de todo alecto y gozo de todo lo que no es Dios.
P o rq u e la Fe y a vemos que nos dice lo quo no se puede enten­
der con el entendimiento segú n su razón y luz-natural. P or lo
cual dice San Pablo de e lla : J?i¿ AUtemfidí.f aperandanim xuh-
Uantia rernm( 1 ). Sustancia de las cosas que se esperan. Y
aunque el entendimiento con firmeza y certeza consienta en
ella s, no son c o s a s qu>* al entendimiento se le descubren: por­
que si se le descubriesen no sería Fe. La cu a l, aunque hace
cierto al entendim iento, no le hace claro , sino oscuro. Pues
de la Esperanza no h a y duda sino que tam bién á la memoria
la pone en vacío y t.iniebla de lo fie acá y de lo de allá. Porque
la esperanza siempre es de lo que no se posee; porque si se
poseyese, y a no sería esperanza. De donde San Pablo dice:
Spt* a xitm , qua videtur. m u est spw: m m qm d mdet quis,
quid spcratl (2 ) La Esperanza que se v e , no es Esperanza;
porque lo que uno ve, esto es, lo posee, ¿cómo lo espera? Lue^o
también hace vacío esta virtu d , pues es de lo que no se tiene,
y no de lo que so tiene. La Caridad ni más ni menos hace
vacío en. la voluntad de todas las cosas, pues nos obliga á
amar á D io s sobre todas ellas. I.o cual no puede ser sino apar­
tando el efecto de todas, para ponerlo eidero eu Dios. De don­
de dice Cristo por San Liíofis: (¿ni non rema/tiiil útntiibtix, qu<f,
possidet, non potes t mem n s c discipuíw-s ÍÜ). Kl que no renun-

M ) Ilebrn-or. I I . I. * (0) Rom. 0. W. O) Luc. 14. 33.


l/I H110 I I . CAI ’ . VI. (>’ >

cía tortas las cosas quo posee con la voluntad, no puede ser mi
discípulo. Y asi todas estas virtudes punen al alm a on oscuri­
dad y vacío de todas las cosas. Y aquí dotam os notar aquella
parábola quo nuestro Redentor dice por San Lúeas ( 1 ): Quo el
am igo había de ir á la rnedia noche á pedir los tres panos, los
cuales panes significan estas tres v i r t u d e s 'y dijo que á la
media noche los pedía, para dar á entender que el alm a á es­
curas segun sus potencias lia de disponerse para la perfección
de estas tros virtu d es. y cu est.a noche se lia de p e tic io n a re n
ellas. En el capítulo sexto de Isaías leem os, que los dos Sera­
fines que este Profeta vió á los lados de |>¡os cada uno con seis
ala s, que con las dos cubrían sus pies, quo significaba cegar y
apagar los afectos do la voluntad a ce rca do todas las cosas para
con Dios: y con las dos cubrían su rostro, que significaba la
tiniebla del entendimiento delante de Dios; y que con las otras
dos volab au : SerapMm rtabm t snper illu d : sex ala m i , e¿ sc%
d e a lie n : dmbns veltihmt f a c im ejns, et dmbiis velaban! pedes
ejnx, et duabiis tolabant (2 ). Para dar á entender el vuelo de la
Ksperanza ¿ las cosas que no se poseen, levantada sobre todo lo
que se puede poseer fuera de Dios. A estas tres virtud es pues
habernos de inducir lag tres potencias del a lm a : informando al
entendimiento con J a F e , desnudando la memoria de toda po­
sesión , y informando á la voluntad con la C arid ad : desnu­
dándolas y pOiiiéudolás á escuras de todo lo que uo fuere estas
tres virtudes. Y esta es la Noche espiritual que arriba llam a­
mos a ctiv a : porque el alm a hace lo que es de su parte para en­
trar en ella. Y asi como en la Noche sen sitiva dimos modo de
vaciar las potencias sensitivas de. sus objetos sensibles segú n
el apetito, para que el alm a saliese de su término a l medio,
que es la F e; así en esta Noche espiritual darémos (con el fa­
vor D ivino) modo como las potencias espirituales se vacien y
purifiquen de todo lo que no es Dios, y se queden puestas en
la escuridad de estas tres virtu d es, que son el medio y dispo­
sición para la unión del alm a con Dios. En la cual manera se
halla toda seguridad contra las astucias del demonio y contra
la astucia del amor propio y sus ram os, que es lo que su tili-
simamente suele en gañ ar y impedir el camino á los espiritua-

( 1 ] Luc. 11.5. Isai. 0.


IH5 surnuA d e i. monte c a í í m i í í .m .

los por no saber ellos desnudarse gobernándose segun «sta*


tres virtudes, y así nunca, araban de dar en la sustancia y
pureza elel bien e sp iritu a l, ni van por tan derecho y breve
camino como podían ir. Pero liase de tener advertencia que
ahora especialm ente vo y hablando con los que han comenzado
á entrar en estado de C o n tem p lación . Porque con los princi­
piantes algo más anchamente se ha de tratar esto, cómo di­
remos cuando tratáremos de las propiedades de ellos.

C A P IT U L O V I L

O ue dice cuán n n y o s t e e s la s e n d a q u e (Tilia é l a v i d a . y c u á n d e s n u d o s y d e s e m b a r a z n -


d n í m i v i o n c q u e C atón lo a q u u h a n du c a m i n a r p o r u llu . V iTumii:n«u (\ lu ilih ir tli? la
d e s n u d e z (1i;1 c n l c n d i n i íe n t u .

Para haber ahor?i de tratar de la desnudez y pureza ríe las


tres potencias del a lm a, era necesario otro m ayor saber y es­
píritu que eí m ió, con que pudiese bien dar A entender á los
espirituales cuán angosto sea este camino que dijo nuestro
Salvador, que g u ia á la vid a , para que persuadidos eu esto no
kí» m aravillasen del vacío y desnudez en que eu esta Noche
habernos de dejar las potencias del alma. Para lo cual se de­
ben notar con advertencia las palabras que por San Mateo
nuestro Señor dijo, las cuales ahora declararém os de esta N o ­
che escura y levantado camino de perfección. E s á saber:
Qiiam angosta porta, et arda via c s t , r/ua diicit ai vitam : et
pauci& w it, qm im en in n t ¡Cuán angosta es la puerta
* y estrecho el camino que g u ia á la v id a , y pocos son los que
le h a lla n ! Donde es mucho de notar aquella ponderación y en­
carecimiento que contiene aquella partícula (¿u m . Porque es
como si dijera: De verdad es mucho a n g o sta , m ás que pen­
sáis. Y tam bién es de notar que primero dice que es angosta
la puerta, para dar á entender que para entrar el alm a por
esta puerta de C risto, que es el principio del cam ino, primero
se h a de angostar y desnudar la voluntad en todas las cosas
sensuales y tem porales, amando d Dios sobre todas ellas. Lo
cual pertenece á la Nuche del sentido que habernos dicho. Y
luégo dice: Que es estrecho el ca m in o , conviene á saber , de

^ 1,) Matt. 7. 14.


l .i i i u o 11 , (■ \i*. v i l . 07

la perfección, para dar á entender que para ir por el camino de


perfección , 110 sólo ím de entrar por la puerta an gosta v a ciá n ­
dose de lo sensitivo, mas también se lia de desapropiar, estre­
chándose y desem barazándose puram ente en lo quo es parte
del espíritu. Y asi lo que dice de La puerta an gosta , podemos
referir á la parto sensitiva del hom bre: y lo que dice del ca­
mino e strech o , podemos entender de la espiritual ó racional.
Y en lo que dice que pocos .son los que le h a lla n , se debe
notar la cau sa, que es porque pocos hay que sepan y quieran
entrar en esta suma desnudez y vacio de espíritu. Porque esta
senda del alto monte de perfección . como quiera que ella va y a
hácia arriba y sea a n g o sta , tales viadores requiere, que ni
lleven c a rg a que les h a g a peso cuanto ú lo inferior, ni cos,i
que les h a ga em barazo cuanto á lo superior. Que pues es trato
en que sólo Dios se busca y se g ra n je a , sólo Dios es el que se
ha de buscar y gran jear.
Do donde se v e claro que no solo de todo lo que es de parte
de las criaturas ha de ir el alm a desem barazada, m as tam ­
bién de todo lo que es espíritu h a de cam in ar desapropiada y
aniquilada. Y así instruyéndonos y induciéndonos nuestro
¡Salvador eu este catnino, dijo por San Márcos aquella tan ad­
m irable doctrina > uo sé si d ig a tanto ménos ejercida de los
espirituales cuanto les es m ás necesaria: la cual por serlo
tanto y tan á nuestro.propósilo , referiré aquí y declararé se­
g u n el germ ano y espiritual sentido de ella. Dice, p u es, a sí:
S i r/uis %iiit m? w ym , ihnrgrt w m lip sv m ; et (oíhit c r u c m
.mam, et seqm iur me. Qni enim tolu eril a u m m i sm m salvam
fa cer?., perdet ana: r/ui aul.r.vi perdideril animara steam p ropttr
Me... sah'wn fa c ie í p.aw (1). Si algu no quiere se g u ir mi cam ino,
niegúese á sí mismo y tom e su C ruz y síg a m e. Porque el que
quisiere sa lva r su á n im a, perderla h á ; y el que por mi la
p e r d ie r e g a n a r la Uá. ¡ Oh quién pudiera aquí dar á entender,
ejercitar y g u sta r lo que está encerrado eu esta tan a lta doc­
trina que nos da aquí nuestro Salvador de negarnos á nos­
otros m ism os, para que vieran los espirituales cu án diferente
es el modo que en este cam ino les conviene lle v a r , del que
m uchos de ellos p ie n sa n ! Los cu ales entienden que basta cu al-

l Muiv. H. 31. et :iú.


(¡X Sl'Hll) \ 1)KI, MONTK C.AIWKI.O.

quiera manera do retiramiento y reform ación on las cosas: y


otros so contentan ron ejercitarse eu a lg u n a manera on las
virtu d es, y continúan la oracion, y siguen la mortificación,
mus no- 1Irgan á La desnudez y pobreza, ó n egación ó pureza
espiritual ( quo todo es uno) quo aquí nos aconseja el Señor;
porque todavía andan ú cebar y vestir su naturaleza de con­
solaciones, ántes qne á desnudarla y n o c ir ía en eso y esotro
por Dios. Que piensan que basta n ega rla en lo del m undo, y
uo aniquilarla y purificarla en la. propiedad espiritual. De
donde les nace (pie en ofreciéndoseles a lg o de esto sólido, que
es la aniquilación de toda suavidad en D ios, en sequedad , eu
sinsabor, en tra b a jo , que es la Cruz pura espiritual y desnu­
dez de espíritu pobre de Cristo, huyen de ello como de la
íHiiorlc.. V sólo andan ;í buscar dulzuras y com unicaciones sa­
brosas y henchim iento en D ios, que no es la negación de sí
mismo ni desnudez de e s p íritu , sino golo sin a de espíritu, luí
lo cual espiritualm ente se bucen enemigos de la C ruz de C ris­
to , ¡jorque el verdadero espíritu ántes bu sca lo desabrido en
D ios, qne lo sabroso: v más se inclina al padecer que al con­
suelo: y más ú carecer de iodo bien por Dios (pie ú poseerle:
y á las sequedades y adiccion es, que á las dulces com unica­
ciones. sabiendo que esto es segu ir iV Cristo y n egarse á sí
m ism o, y esotro |>or ventu ra es buscarse á sí mismo en Dios,
lo cual es harto contrario al amor. Porque buscarse á sí mismo
un D io s , es buscar los regalos y recreaciones de Dios. Mas
buscar á Dios eu s í , es no sólo querer carecer de eso y de eso­
tro por D io s , sino inclinarse á escoger por Cristo todo lo más
desabrido, ahora de D ios, ahora del inundo: y esto es amor de
Dios.
¡ Oh quién pudiese dar á entender hasta dónde quiere Dios
que lleg u e esta n egación ! E lla cierto h a de ser como uua
muerte y aniquilación tem poral, natu ral y espiritual en todo,
en la estim ación de la vo lu n tad , en la cual se halla toda g a ­
nancia. Y esto es lo que quiso decir nuestro S alvador, que el
que quisiere sa lva r su alm a, ese la perderá. E s a saber: el
que qnisiere poseer algo ó buscarlo para s i , ese lo perderá : y
el que perdiere su alm a por m i . eso la g an ará . Ksto e s , el que
renunciare por Cristo todo lo que puede apetecer su voluntad
y g u s ta r , escogiendo lo que m ás se parece á la Cruz (lo cual
1.11!. II, CAP. Vil.

el mismo Señor por S. Juan llam a aborrecer su a lm a j, ose la


g an ará : Qni odié mimam- sm m (1). Y eso ensoñó Su Majestad
á aquellos dos discípulos que le iban á pedir diestra y sinies­
tra: cuando no dándoles n in guna salida á la g lo ria quo su de­
manda pedia, los ofreció el cá liz quo él había de beber (2 ),
como cosa más preciosa y más segu ra en esta tierra que el go-
¿ar. liste cáliz es morir á su natu raleza, desnudándola para
(pie pueda cam inar por esta an gosta senda Olí todo lo que lo
puedo perloiiroer según ol sentido como habernos dicho, y sc-
g u n el espíritu como ahora diremos; que es en su entender,
en su g o zar y su sentir. Do manera que un solo quedo des­
apropiada en lo uno y on lo otro, m as que áun con esto se­
gundo espiritual no quede em barazada para el angosto cam i­
no . pues en él no cabe m ás que la negación (como da á en­
tender el Salvador) y la C ru z, que es el báculo para poder
estrib a ren ¿ 1, el cual grandem ente lo alig era y facilita. De
donde nuestro Señor dijo por S. Mateo: Ju g m i enim meurn suave
a t f et onus meurn leve (3). Mi yugo es suave y mi ca rg a livia­
na , la cu a l es la Cruz- Porque si ©1 hombre se determ ina á
sujetarse y llevar está Cruz, que es un determinarse de veras
á querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios; en
todas ellas h allará grande alivio y suavidad para andar este
camino asi desnudo de todo sin querer nada. Empero si pre­
tende tener alg o con a lg u n a propiedad, ahora de Dios, ahora
de otra co sa , no va desnudo ni negado en .todo; y asi no ca­
brá ni podrá subir por esta senda angosta. Q uerría y o persua­
dir á los espirituales cómo esto camino de. Dios no consiste en
m ultiplicidad de consideraciones , ni m odos, ni gustos, aun­
que soa necesario á lgs principiantes; sino en una sola cosa
necesaria, que es saberse n ega r de veras, según lo interior y
exterior . dándose a l padecer por C r is to , y aniquilarse en todo.
Porque ejercitándose en eso, todo esotro y más que ello so
obra y se halla aquí. Y si de este ejercicio hay falta , quo es
el total y la tbíz de las virtudes, todas esotras m aneras es an­
dar por las ramas y no aprovechar, aunque ten gan m u y altas
consideraciones y comunicaciones. Porque el aprovechar no
se baila sino imitando á C risto, que es el cam in o. In verdad y

11 Joan. l¿ . U.V (2 ; M d tth. 9 ". V i. ■' M ít t h . 11. 30,


\'i
70 S Cl l l DA ORÍ. MnvrR C A ü MKI . O.

la. vid a: Ego m m via , el rerilujf, el vita: nertm ■eemt ad Patrem,


nisi per m (1). Y ■ninguno viene, al Padre sino por él. Y él dice
tam bién: Ego sm i ostium: p e r m ñ quis introierit, s a h a li-
t%r (2 ). Yo soy la puerta: si a lg u n o por m í entrare . salvarse
há. De donde todo espirita que quiere ir por dulzuras y fa­
cilidad , y hu ye de imitar á C risto , y o uo le tendría por
bueno.
Y porque he dicho que Cristo es el cam ino, y que este
cam ino es morir á nuestra naturaleza en sensitivo y espiri­
tu a l; quiero dar á entender cómo sea esto á ejem plo de Cristo:
porque él es nuestro ejem plo y luz. Cuanto á lo primero, cierto
está que él murió cuanto á lo sensitivo espiritualm ente en su
v id a , y naturalm ente en su muerte. Pues como él d ijo , en la
vid a no tuvo dónde reclinar su cabeza: F ilia s antem fom ia h
non habet ubi capul, red ivel ¡4 . V en la m uerte lo tuvo méiios.
Cuanto a lo se g u n d o , cierto está que al punto de la muerte
quedó tam bién desamparado y como aniquilado en el alm a,
dejándole el Padre sin consuelo en íntim a sequedad. Por lo
cual clam ó en la C ru z: D e m m£U>?, Deus v m is . nt quid de-
í'eiiqu.úti (4 ) Dios m ió. Dios m ío. p o rq u é me lias desam­
parado? Lo cual fué el m ayor desamparo sensitivam ente que
habia tenido en su vida. Y así entonces hizo la m ayor obra
que en toda su vid a con m ilagros y m aravillas había hecho,
que fué reconciliar y unir al género hum ano por g ra cia con
Dios. Y esto fué al tiempo y punto que este Señor estuvo más
aniquilado en todo; conviene á saber: acerca de la reputación
de los h om bres, porque cómo le veían morir en un madero,
ántes hacían burla de él que le estim aban en a lg o : y acerca
de la n a tu ra le za , pues en e lla , en cierto modo se aniquilaba
m uriendo: y acerca del amparo y consuelo del P ad re, pues
en aquel tiempo le desam paró, porque puram ente p agase la
deuda y u n ie se a l hombre con D ios, quedando a s í a n iq u ila d o
y cómo resuelto ciru a d a. De donde David dice de e l : A d nihi-
h m redacta# sitvh, el nescivi (5 ). Tara que entienda el buen
espiritual el m isterio de la puerta y del cam ino Cristo para
unirse con D io st y sepa que cuanto más se aniquilare por

v 1) Joan . 14. 6. (9) Matiu.«. ao. jj Pn. ~U. ¿>.


(2 ) Jo a n . 13, 9. (4 ) M altti. 4 1 40.
MflH O T I . C A I*. V IH . 71

Dios. sCgun oslas dos parios sensitiva y espiritual, tanto más


so une á Dios y tanto m ayor obra hace. Y cuando viniere á
quedar resuelto en n a d a , quo será cu la sum a hu m ild ad , que­
dará hecha la unión entre el alm a y Dios, qnc es el m ayor y
más alto estado á quo. eu esta vida se puede lleg a r. .No con­
siste pile* en recreaciones ni g u sto s ni sentim ientos espiri­
tuales , sino en una v iv a muerte de Cruz sensitiva y espiri­
tual . interior y exterior. No me quiero a la rga r á hablar más
en esto, aunque nr> quisiera aca b a r de tratar de e llo , porque
veo es m uy poco conocido Jesucristo de los que se tienen por
sus am ig os; pues los vem os andar buscando en él sus gustos
y consolaciones, amándose mucho á si m ism os, m as no sus
am arguras y m uertes, amándole mucho á él. De estos hablo
que se tienen por sus am igos; que esotros que viven allá á
lo lejos apartados de é l , grandes letrados y po ten tes, y los
dem as que v iv e n a llá con el mundo en el cuidado de sus pre­
tensiones y m ayorías t que podemos decir que 110 conocen á
C risto, cu yo fin por bueno que sea será harto am argo , no
hace m ención esta le t r a ; pero hacerse há e l d ia del ju ic io : por­
que i ello s les co n ven ía primero hablar esta palabra de Dios,
como g e n te que él puso por blanco de ella s se g ú n las letras y
m ás alto estado. Pero hablem os ahora con el entendim iento
del e s p iritu a l, y particularm ente de aquel á quien Dios ha
hecho merced de poner en estado de contem plación (porque
como he dicho ahora v o y particularm ente con estos ), y d ig a ­
mos cómo se ha do enderezar á Dios en Fe y purgar de cosas
contrarias, cifiéndose para entrar por esta senda a n g o sta d o
escura contem plación.

C A P IT U L O VIII.
T rttftftn g e n e ra l cuino niiiifiirui iv iu tu ni ni hIk' uuu n oticia que puede ra e r en el en-
ten 4im l«n t0 lftpufitlfl s e r v ir iln fjn'n im<> iuimI íu pura In Divina unión con Dios.

Antes qite tratem os del propio y acomodado medio para la


unión con Dios, que es la F e . conviene que probemos cómo
nin gu na cosa criada ni pensada puede servir al entendí miento
de propio medio para unirse con Dios: y cómo todo lo que el
entendimiento puede a lcan za r, ántes le sirve de impedimento
7 'l . srni DA i >m. moxtp: cahm rlo.

que de m edio, si ¡i ello se quisiese asir. V ahora en este capí­


tulo probarem os esto on g e n e r a l, y despues iremos hablando
en p articu lar, descendiendo por todas las noticias que el en­
tendim iento puede recibir de piarte de cualquier sentido inte­
rior y exterior, y los inconvenientes y danos (pie puede
recibir con todas estas noticias para no ir adelante asido al
propio m ed io , que es la Fe.
E s pues de sa b e r, que segú n r e g la de filoso fía todos los
medios lian de ser proporcionados al fin , teniendo a lg u n a
convenien cia y sem ejanza con é l, tal cu al basta para que por
olla se pueda co n segu ir el íin que. se. pretende. P on go ejemplo:
quiere uno lle g a r á una ciudad -T necesariam ente lia de ir por
el cam in o, que es el medio que lle v a á la m isma ciudad. Tam ­
bién : base de unir y ju n ta r el fuego con el madero; es nece­
sario que ol ca lo r, que es el medio, disponga al madero eou
tan tos grad os do calor que te n g a g ra n sem ejanza y propor­
ción con el fuego. De donde si quisiesen disponer a l madero
con otro medio que el propio, que es el ca lo r, así como con
a ir e , ó agu a ó tierra, seria im posible que el madero se pu­
diese unir con el fuego: así pu es, para que el entendim iento
se v e n g a en esta vida á unir con D ios, segú n que en ella se
puede, necesariam ente ha de tom ar aquel medio que junta
con él y tiene con él próxim a sem ejanza. En lo cu al habernos
de ad vertir que entre todas la s criatu ras superiores y inferio­
r e s , n in g u n a hay que próxim am ente ju n te con Dios ni ten­
g a sem ejanza con su ser. Porque aunque es verdad que todas
e lla s tien en (com o dicen los teó lo go s) cierta relación á Dios
y rastro de é l, u n as m ás y otras m énos, segú n su m ás ó mé­
nos principal se r; de Dios á ella s n in gú n respecto h a y ni
sem ejanza esen cia l: ántes la distancia que h ay en tre 'su D ivi­
no ser y el de e lla s , es in fin ita , y por eso es im posible que
el entendim iento pueda dar perfectam ente en Dios por medios
d é la s criatu ra s, ahora sean ce le s tia le s, ahora terronas; por
cuanto no h a y proporcion de sem ejanza. Y así hablando
D avid de la s c e le s tia le s , dice: Non. est xim.il Lt tu i in. diis,
Domine (1 ). No h a y sem ejante á ti en los d ioses, S e ñ o r ; lla ­
m ando diosos A los santos A n g e le s y alm as santas. Y en

\1 ) P h. H5. H.
lid no ir, cap . vii. 73

otra parto d ir é : D c u s . in .m ielo via iu a : ynis D ciism a g m s,


sm U DcVrS iioster? ( 1 ) D ios, tu cam ino está on lo .santo: ¿qué
dios g ra n d e h ay com o nuestro Dios"? Como si d ijera: el ca­
mino para ven ir ú t i , D ios, os cam ino san to , esto e s , pu reza
de Fe. Ton]uc ¿qué dios habrá tau "rau d o ? es á saber: /.qué
Santo tan levan tad o en g lo r ia y qué A n g e l tau levan tad o en
so r, será tan g ra n d e , q u e s e a cam in o proporcionado y bas­
tan te para ve n ir á ti? Y hablando e l m ism o P rofeta ju n ta m e n ­
te de las cosas terren as y cele stia le s, d ice: Quotiiam e.xcel-
sus D tm inu.f, et h m iilia resp icit; et alta. á lo»ge cognoscit (2 ).
A lto os el Señor y m ira las cosas b a ja s, y las cosas a lta s
conoce desde lejos. Com o si d ijera : Siendo alto en su se r, ve
ser m u y bajo e l ser de las cosas de la tierra com parado con
su alto se r: y las cosas a lta s , que son las criatu ras cele stia ­
le s , ve la s y conoce esta r de su ser m u y lejos. L u ego todas
las criatu ras no pueden servir de proporcionado m edio para
dar p erfectam ente en Dios.
N i m ás n i m én o s, todo lo qu e la im agin ación puede im a­
g in a r y el entendim iento en tender en esta v i d a , no es ni puede
ser medio próxim o para la unión de Dios. Porque si hablam os
n a tu ra lm en te, com o quiera que el entendim iento no puede en­
tender c o s a , sino lo que cabe y está debajo de las form as y
fan tasías de la s cosas que por los sentidos corporales se reci­
ben ; las cu a les (com o habernos y a d icho) no pueden se rvir de
m edio, ni se puede aprovech ar de la in telig en cia n a tu r a l; pues
si hablam os de la sobrenatural (se g ú n se puede en esta vida)
no tiene el entendim iento disposición ni capacidad en la cárcel
del cuerpo para recibir noticia cla ra de D io s, porque esa noti­
cia no os de este estad o, que ó ha de m orir, ó no la h a de re­
cib ir , que por eso dijo Dios á M oisen: N o n eñim videbil me
homo, et vivet ( 3 ). No me verá h o m b re, qne pueda quedar
v iv o ; por lo cual San Juan dice: D itm i nemo v id it m qtum , ( 4 ).
A Dios n in gu n o jam á s le v ió ; y S a n Pablo con Isaía s dice:
Genius non v id it, ?icc auris a u d im t, nec in cor hominis asceu-
d ü ( ó ;. Ni le vió o jo , ni oido o y ó , ni ca y ó en corazon de hom ­
bre. V esta os la ca u sa por q u é M oiseu ( 6 ) en la za rz a no se

í1! Fu. 7*. 1-1. ,'¿ Ps. m . 6. : :t KifMl. ¡O. 20,


1; Jnim, 1. lfi. (Ti. I . « 4 Cor, 'i- í1- — ISHl- 4- («) .VH. “ 32.
7-1 PI’ Bin A nFL MONTE CARMET.O.

atrevía á considerar, estando Dios proponte. Porque conocía


que uo habia de poder considerar su entendim iento de Dios
corno con ven ía: aunque nacía esto del alto sentim iento que de
Dios tenía. Y do E lias nuestro Padre se dice que en el monte
se cubrió el rostro en In presencia, de Dios {1 ): que sign ifica
ceg a r el entendim iento. 110 se atreviendo á m eter mano tan
baja en cosa tan a lta: viendo claro que cualquiera cosa que
considerara y particularm ente entendiera , era m u y distinta y
disím il á Dios. Por tanto nin gu na noticia ni aprehensión de este
m ortal estado le puede servir de medio tan próxim o para la
alta unión de amor de Dios. Porque todo lo que puede enten­
der el entendim iento, g u star la v o lu n tad , y fabricar la im a­
ginación , es m uy disím il y desproporcionado in'miú está dicho)
á Dios. Lo cual todo lo dió á entender adm irablem ente ol Pro­
feta Isaías, diciendo: C u i c.rgt* sm ilcm fe c is tis Demtrt A u t
qw m imagiMm p m e iis e¿? N m iq m d s c n lp lih cm fiavil fa b e ri
au¿ anrifex auro/gurat>i( illn d , et lam inis argeníeis argenta­
ríais ? (2 ) A qué cosa habéis podido hacer sem ejante á Dios?-
0 qué im agen le liareis que se le parezca? Por ventura podrá
fabricar algu na escultura el herrero? ó el que labra el oro po­
drá figurarle con el oro, ó el platero con lám inas de plata?
Por oficial del hierro se entiende el entendim iento, el cual tie­
ne pov oficio formar las inteligen cias y desnudarlas del hierro
de las especies y fantasías. Por el oficio del oro entiendo la
v o lu n ta d , la cual tiene habilidad de recibir fig u ra y form a de
d e le ite , causado del oro del amor con que am a, Por el platero
que dice aqu í, que no le fig u ra con lám inas de p la t a > se en­
tiende la m emoria con su im agin ación , cu y a s noticias é im a­
gin acion es quo puede fin gir y fab ricar, bien propiam ente se
puede decir son como lám inas de plata. Y así es com o si di­
je ra : Mi ol entendim iento con sus in teligen cias podrá enten­
der cosa sem ejante á é l , ni la volun tad podrá g u s ta r deleite y
suavidad que se parezca ¿ 1« que es D io s, ni la m em oria.pon­
drá en la im aginación noticias n i im ágenes (pie le represen­
te n : lu é g o claro está que al entendim iento n in g u n a de estas
noticias le pueden inm ediatam ente encam inar á Dios: y que
para lle g a r á él á n te s ha de ir no entendiendo que queriendo

í 1 3. R e ? , 10. ij*. ■ , is .i l. u>. K r-i i:'.


LIBRO II , C A P . IX. 75

en ten der: y ántes cegán d ose y poniéndose en tin ie b la , que


abriendo los ojos para, lle g a r m ás a l D ivino rayo . Y de aquí es
que á la con tem plación , por la cu al el entendim iento se ilu s­
tra de Dio», llam an te o lo g ía m ística , que quiere decir sa b i­
d uría de Dios secrete: porque es secreta al m ism o en ten d i­
m iento que la roe i lie. S a n Dionisio la lla m a rayo de tin iebla.
Del cu al diee el Profeta B a ru c: Viam a u tm sapim lim n esd e-
r m il, ñeque- comwmoraU su n í semitas e jm ( 1 ). No lm y quien
sepa el cam in o de e l l a , ni quien pueda pensar las sendas de
e lla : lu ego clavo está que el entendim iento se ha de c e g a r ¡í
todas la s sendas que él puede a lc a n z a r , para unirse con Dios.
E l filósofo A ristó teles d ic e , que de la m anera que. los ojos del
m u rciélago se han con el S o l , el cu al totalm en te le h ace ti­
n ieb las , así nuestro en ten d im ien to se h a á lo que es m ás lu z
en D ios, que to ta lm en te nos es tin ieb la. Y dice m ás, qu e cu a n ­
to la s cosas de Dios son en si m ás a lta s y m ás c la r a s , son
para nosotros m ás ign o ta s y escu ras. Lo c u a l tam bién afirm a
el A p ó sto l dicien d o: L o que e s a lto de D ios, es de los hom bres
m énos sabido. Y no acabaríam os á este paso de traer autori­
dades y razon es p a ra probar cóm o no h a y esca lera con q u e
el en tendim iento p u ed a lle g a r á este a lto S e á o r en tre todas
la s cosas criad as y que pueden caer en el entendim iento;
ántes es n ecesario saber que si e l en ten d im ien to se quisiese
ap rovech ar de todas esta s c o s a s , ó de a lg u n a de e lla s , com o
de m edio próxim o pora ta l u n ió n , no sólo le se ría n im pedi­
m en to , pero aún le podrían ser ocasion de hartos errores y
en gañ o s en la subida de este m onte.

C A P I T U L O IX .

De cóma la F a « *« 1 próximo y proporcionada medio al entendimiento p a n que el alma


pueda lleg ar & la Divina unión de amor. — Pruébalo con autoridades y Agruras de 1*
Divina Escritura.

De lo dicho se c o lig e q u e , para que e l en ten d im ien to esté


dispuesto para esta D iv in a u n ió n , ha de quedar lim pio y v a ­
cío de todo lo que puede ca er en Bentido, y desocupado de
todo lo que puede caer con cla rid ad en el en ten d im ien to ín ti-
76 srm n .v dkl m o m e cármelo .

m ám ente sosegado y a c a lla d o , jmosto on Fe: la cual sola es


ol p ró xim o y proporcionado medio para que el alm a so una
con D ios: puns 110 hay o tra diferencia sino .sor visto Dios ó
ere ido. Porque ;i s í eomo Dios es iiilin ito, asi o lla nos le. pro­
pone infin ito: y así romo es trino y uno, le propone trino y
uno. V asi por este solo modio se m anifiesta Dios al alm a en
D ivin a l u z , que oxeado todo entendim iento. V por tanto,
cu an ta m ás Fe ol alm a tie n e , m ás unida está con Dios. Que
eso es lo que quiso decir San P ab lo en la autoridad que arriba
dijim os (1), diciendo: Al que se ha de ju n ta r con Dios r con vié­
rtele que Crea ( 2 ): esto e s , que v a y a por Fe- cam inando á él.
lo cu al ha de ser el entendim iento cieg o y á. e scu ra s sido en
F e: porque debajo de esta tin íeb la se jun ta con Dios el en ten­
d im ien to, y debajo de ('lia e^tú Dios escon d id o, ¡según i o que
dice David por estas p a la b ra s: E t caligo sub pedibus ejiis. E t
ascendí t super C h eru b m , et volavü: volavit super pennos ten-
torvm. E t posiíit ¿enebros laiifatlum suvm , m circu ito ejus íu -
bemaculwtn ejux: tenebrosa aqua in nubibtut Aé'rü (3 ). L a esen-
ridad puso debajo do sus piós. Y subió sobre los Q uerubines,
y vo ló sobre la s plum as del viento. Y puso por escondrijo la s
tin ie b la s: en derredor do él puso su tab ern ácu lo , que es el
a ”-ua tenebrosa entre las nubes del aire. E n lo que dice que
puso oscuridad debajo de sus p ié s , y que las tin ieb la s tomó
por escon d rijo, y que su tab ern áculo en derredor do él es el
ngu a teneb rosa; so denota la oscuridad do la Fe en quo él está
encerrado. Y en decir que subió sobre lo s Q u eru b in e s, y voló
sobro las plu m as de los vien to s, se ha de entender cóm o vu ela
sobre todo entendim iento. Porque- Querubines quiere decir in­
telig en tes ó contem plantes. Y las plum as de los vien tos sig ­
nifican la s su tiles y levantadas noticias y conceptos de los es­
p ír itu s , sobre todas las cuales es su se r, al cu al n in gu n o pue­
de de su y o a lcan zar. En fig u ra de lo 'cu a l leem os en la C e n ­
tu ra , que acabando Salom on de edificar ol T e m p lo . bajó Dios
en tin ieb la , y hinchió el Tem plo de m anera que no podían v er
los hijos de I s r a e l: y entonces habló Salom o]], y d ijo : D om i-
nfis d iz il, nt habitaret in nébula ( {). K1 Señor lia prometido

l Supr. c. rv. y r.s ii. in.


2 ’ Uíhrpfor. 11. 0. •1 S. Hi:; K. k'
T.lfiRO I I , CAP. IX . 77

que ha do morar on tiniebla. Tam bién á Moiseu en el mon­


te Í1 ) so lo aparecía en tin ieb la, en quo estaba Dios encubier­
to. Y todas Las veces que Dios so com unicaba m ucho, parecía
on tin iebla, como oa do ver on Job, donde dice la E scritu ra
que habló Dios con él desde el aire escuro: /¿cspmdcris autem
Job de turbine. d ixil (2 ). Las cuales tin ieblas todas significan
la oscuridad de la Fe en quo está encubierta la D ivinidad, co -
' m ullicándose al alm a: la cual será acabada cuando, como dico
San Pablo: C¡m- m t m tp.neril, fjtwd per/eetum c.H, etacita-
b itn r , quod ex parte est :} : So acabará lo quo es im perfecto,
que <?s esta tiniebla. do F e , y viniere, lo que es perfecto, (pie es
la d ivina lu z. Do lo cual tenem os figura 011 la m ilicia do í í e -
d eo n , donde todos los soldados se dice quo tenían las lucros en
las m an os, y no las v e ía n : porque las tenían escondidas eu
los v a s o s , los cuales quebrados, luégo apareció la lu z : D edil
tubas in manibus eorum, lafftiMtftqwt vacilas, ac latnpad.es in
medio la g m a n m (4 ). A sí la F e , que es figu rad a por aquellos
va so s, contiene en sí la D ivin a l u z , esto e s , la verdad de lo
que Dios es en s i: la cu al acabada y quebrada por la ‘quiebra
y fin de esta v id a m o rta l, lu égo aparecerá la lu z y g lo r ia de
la Divinidad. L u ego cloro está que para ve n ir el alm a en esta
vid a á unirse con Dios y com unicar inm ediatam ente con él,
que tiene necesidad de unirse con la tin iebla en que dijo S a lo -
mon que había prometido Dios de m orar; y de ponerse junto
al aire tenebroso 011 que. fué servido revelar sus secretos á J o b ;
y tom ar en las manos á escuras las urn as de G ed eon , para
tener en sus manos (esto es, en las obras de su vo lu n tad ) la
lu z . quo es h unión do am or, aunque á escu ras en F o , para
quo lu é g o , quebrándose los vasos de esta v id a , se ve a Dios
cara á cara en g lo ria , líesta pues ahora declarar en p articu lar
de todas las in teligen cias y aprehensiones que 'puede recibir
el entendim iento, el im pedim ento y daño que pueden h acer en
este cam ino de F e , y cómo se ha do haber ol alm a en ellas para
que ántes le sean provechosas que dañ osas, así las que son de
parte de los sentidos, como las que son del espíritu.

il) ExOll. W. ». (3 ) j . nd Cor. Kt. 10


! 'J ' .Inh . 3S. 1. *>1 r. t<1. I. Jm liiv Iti.
78 St.:HII>A DEL MONTE C A R M E L O .

C A P IT U L O X.
E n <]ue se h a c e d is tin c ió n d e Uj.'.hh la s n |jre lip n sio n o s y in to lip a n c in s q u e p u o d en c a e r
on e! c n to m lim iR n tn .

Para haber de tratar en particular del provecho y daño que


pueden hacer al alm a acerca de este medio que habernos dicho
de Fe para la D ivina imíou las noticias y aprehensiones del
entendim iento, es necesario poner aqui una distinción de to­
das las aprehensiones, así naturales como sobrenaturales, que
puede Tecibir , para que lu é g o poT su órden m ás distintam ente
vam os enderezando en ellas a l entendim iento en la noche y
oscuridad do la F e : lo cu al se hará con la bren-edad que pudié­
re m o s . E s . pues, de s a b e r q u r p or d o s vi as puede el entendi­
miento recibir noticias y in teligen cias: la una es natural y la
otra sobrenatural. La n atu ral es todo aquello que el entendi­
m iento puede en ten d er, ahora por v ia d é lo s sentidos corpora­
les, ahora despues de ellos por sí mism o. L a sobrenatural es
todo aquello que se da al entendim iento sobre su capacidad y
habilidad natiir;il. De estas n o tic ia s sobren atu rales, unas son
co rp o ra le s, otras son espirituales. Las corporales son on dos
m an eras: unas que por via de los sentidos corporales exterio­
res las recibe, otras por via de los sentidos corporales interiores,
en que se com prehende todo lo que la im aginación puede apre­
hender, fin gir y fabricar. L as espirituales son tam bién en dos
m aneras: una es distinta y p a rticu lar, y otra es confusa y es­
cura y g en era l. En la distinta y particular entran cuatro mane­
ras de aprehensiones p a rticu la re s, que se com unican al espíri­
tu no m ediante a lg ú n sentido corp oral, y son: visio n es, re v e ­
laciones, locuciones y sentim ientos espirituales. L a in telig en ­
cia escura y gen era l está en una so la , que es la contem plación
que se da en Fe. En esta habernos de poner al a lm a , encam i­
nándola á ella por todas esotras, com enzando por las primeras
y desnudándola de ellas ¡
l ib r o n, c: a p . x i. 70

C A P IT U L O X I .
i

Del im pedim ento y dafio f|ue jiuede Im bcr on Ihh uprftliítiisirtnfis ilfil entendim iento por
vía do lü i|uc Molji'üiinturniiiiuiiUi i>u i ftprñficnU & ios flflntidos co rp o rales a x te rio r« s: y
r/imo ol rtlmn se luí lo Iitilx-r on cíHíis.

Las pnmera? noticias que* habernos dicho en el precedente


c a p ítu lo , son las que pertenecen al entendimiento por v ia na­
tural. De las* c u a le s . parque está tratada en el primero libro,
donde encam inam os al alm a en la Xoche del sentido, no ha­
blarem os aquí palabra : porque a llí dimos doctrina congru a
para el alm a acerca de ellas. P or tanto, lo que habernos de tra­
tar en el presente ca p ítu lo , será de aquellas noticias y apre­
hensiones que solamente pertenecen a l entendim iento sobre­
natural m ente por v ia de los sentidos corporales exteriores,
que son: v e r , o ir, g u s ta r , oler y tocar. A cerca de todos los
cuales suelen acaecer á los espirituales representaciones y ob­
jetos sobrenaturalm ente representados y propuestos. Porque
acerca de la v is ta so le suelen representar fig u ra s y persona­
jes de la otra v id a , de a lg u n o s Santos y de A n g eles buenos y
m alos, y a lg u n a s luces y resplandores extraordinarios. Y
con los oidos oir a lg u n a s palabras ex trao rd in arias. ahora di­
chas por esas personas que v e n , ahora sin v e r quién las dice.
En el olfato sienten d veces olores suavísim os sensiblem ente,
sin saber de dónde proceden. Tam bién en el g u sto acaece sen­
tir m u y suave sabor: y en el tacto su m anera de gozo y sua­
vid a d . á veces tal que parece que todas las m edulas y huesos
gozan y llo recen , y se bañan en ella : cual suele ser la que se
llam a unción del espíritu, que procede de él á los miembros
d é la s alm as sencillas. Y este g-usto del seutido suele suceder
en los esp iritu a les, porque del alecto y devocion del espíritu
sensible les.procede más ó ménos h cada uno en su manera. Y
es de saber, qué aunque todas esotras cosas pueden acaecer
en los sentidos Corporales por via de D ios, nunca se han de
a segu rar en ellas ni la s han de adm itir; ántes totalm ente han
de huir de e lla s , sin querer exam inar si son buenas ó m alas.
Porque asi como son más exteriores y corporales, así tanto
ménos cierto es ser de Dios. Porque más propio le e.s á Dios
80 SUMIDA DEL MONTE CARMELO.

CMimunicar.se al e s p ír itu . en lo cual h ay m ás seguridad y pro­


vecho jiára. el alm a , que al sentido en que ordinariam ente h a y
mucho peligro y eng*ami: por cuanto eu ellas se hace el sen­
tido corporal ju e z y estim ador de las cosas espirituales, pen­
sando que son así como él lo s ie n te ; siendo ella s tan diferentes
como el cuerpo del a lm a, y como la sensualidad de la razón.
Porque tan ign orante es el sentido corporal de las cosas espi­
r itu a le s , como un jum ento de las cosas racionales. Y así y e rra
m ucho el que las tales cosas estim a, y se pone en g ra n peli­
g ro de ser e n g a ñ a d o : y por lo mónos tendrá en sí un gran
im pedim ento para ir á lo espiritual. Porque todas aquellas
cosas, corporales (com o habernos d ich o), no tienen proporción
a lg u n a con las espirituales. Y así siem pre se ha de temer las
tales cosas más ser de parle del demonio que de Dios: porque
el demonio eu lo m ás exterior y corporal tiene m ás mano y
m ás fácilm ente puede en gañ ar en esto que en lo qu e es más
interior. Y estos objetos y form as co rp o ra le s, cuanto en si
son m ás exterio res, tan to mónos provecho hacen al interior y
al e sp íritu , por la m ucha distancia y poca proporcion qne h a y
entre, lo corporal y espiritual. Porque aunque de ellas se co­
munique. a lg ú n e sp íritu , como se com unica siempre, que son
de D io s; es mucho menos que si las m ism as cosas fueran más
espirituales y interiores. Y así son m ás fáciles y ocasionadas
p ara criar erro r, presunción y vanidad en el alm a. Porque
com o son tan palp ables y m ateriales, m ueven m ucho al sen­
tid o , y parécele a l juicio del alm a que es más por ser m ás
se n sib le, y vaso tras de ello desam parando la g u ia se gu ra de
la Fe, pensando que aqu ella lu z es la g u ia y medio de su pre­
tensión , que es la unión de D io s; y pierde m ás de lo perfecto
del cam ino y medio que es la F e , cuanto m ás caso hace de las
tales cosas. Y demas de esto , com o v e el alm a que le suceden
tales cosas extraordinaria*!, y m uchas ve ces se le ingiere se­
cretam ente cierta opinion de sí de que es alg o delante de Dios,
lo cu al es contra la h u m ild ad ; tam bién el demonio sabe m uy
bien ingerir en el a lm a satisfacción o c u lta dé s í, y á ve ces
bien m anifiesta: y por eso pone él m u ch as veces estos objetos
on los sentidos , mostrando á la vista fig u ra s de Santos y res­
plandores herm osísim os, y palabras á los oídos harto disim u­
la d a s, y olores m u y s u a v e s , y dulzuras á la bo ca, y en el
1.1 URO II, CAI'. \l.

t a c t o d e l e i t e ; ] iell'íl q u e e n g o l o s i n á n d o l o s p or allí los induzca


un muchos 111si 1(■
s.
Por tanto siempre so lian do desechar las tales representa­
ciones y sentimientos. Porque dado caso que a lg u n o s sean de
D ios, no por oso se le hace a g ra v io ni se deja de recibir el
erecto y fruto (pie Dios quiere hacer por ellos ¡il a lm a , porque
ella los deseche v no los quiera. La razón de esto es porque la
visión corporal ó sentim iento en algu n o de los otro.? sentidos,
así como tam bién en otra cualquiera com unicación d é la s m ás
interiores. s¡ es de Dios, rii esr mismo punto que parece,
hace su prim er efecto en el esp íritu . sin dar lu g a r d que el
alm a te n g a tiempo de deliberación en quererlo ó no quererlo.
Porque así como Dios com ienza en aquellas cosas sobrenatu-
raim ento sin d iligen cia bastante ni habilidad del alm a, así sin.
d iligen cia y habilidad de ella hace Dios el efecto que quiere
con las tales cosas en d í a : porque es cosa que se hace y obra
pasivam ente en el espíritu sin libre co n sen tim ien to : y así no
consiste en querer ó no q u e re r, para que sea ó deje de ser. Así
como si á uno ie echasen fu eg o estando desn ud o, poco apro­
v e ch aría no querer q u em arse; porque el fu ego por fuerza h a­
bía de hacer su efecto. Y asi son la s visiones y representacio­
nes bu en as: que aunque el alm a no q u ie ra , hacen su efecto
en el a lm a , prim era y principalm ente que en el cuerpo. Como
tam bién las que son de p a ite del demonio (sin que el alm a las
quiera) causan en ella alboroto 6 sequ edad , vanidad ó pre­
sunción en el espirito. Aunque estas no son de tan ta eficacia
en el m al como las de Dios en el bien ; porque las del dem o­
nio quédense m uy en primeros m ovim ien tos, y no puede mo­
ver á la voluntad á m ás si ella no qu iere, y la inquietud que
traen no dura m ucho si el poco recato del alm a y no tener
ánim o no d a causa á que dure. Mas las que son de Dios pene­
tran íntim am ente el alm a t y dejan su efecto de excitació n y
deleite ven ced o r, que la facilita y dispone para el libre y
amoroso consentim iento del bien. Pero aunque sean de Dios,
si el alm a repara m ucho en estos sentim ientos ó visiones e x ­
teriores y tra ta de quererlos a d m itir. h a y seis inconvenientes:
E l prim ero, que se le v a dism inuyendo la perfección de re­
g irse por F e: porque m ucho la derogan las cosas que se ex p e -
rim entau con los sentidos: pues la F e (como habernos dicho) erj
K ‘2 .Vl ltl IlV DHL MÓN TK l/Alt.MlíLO.

sobre todo sentido. V asi. apa ríase del medio de la unión de Dios
no cerrando los ojos del alm a á todas las cosas de lo.'! sentidos.
Lo s e g u n d o , quo son im pedim ento para ol espíritu si 110
se n ieg a n . porque se detiene ol alm a y no vu ela á lo in v is i­
ble. De donde uua do las causas que dió el Señor a sus d iscí­
p u los, por qué les convenía quo él se fuese para quo viniese
ol E spíritu S a n to , era esto- Asi como tam poco dejó á María
M agdalena que lleg a se á sus pies despues de resu citad o, por­
que so fundasen m ás eu Fe.
' I,o tercero, que v a el alm a teniendo propiedades en las ta ­
les co sas, y no cam ina á la verdadera resignación y desnudez
de espíritu.
Lo c u a rto , que v a perdiendo el electo de ellas y espíritu
que cansan en lo interior, porque pone los ojos en lo seusual de
o lla s, que es lo menos principal. Y así no recibo tan copiosa­
mente el espíritu que ca u sa n , ol cual se im prim e y con serva
m ás negando todo lo sen sib le, que es m u y diferente del puro
espíritu.
Lo quinto, que v a perdiendo las m ercedes de Dios, porque las
tom a con propiedad y no so aprovecha bien de ollas. Y tom ar­
las con propiedad y no aprovecharse do ellas, es el mismo que­
rerlas tom ar y detenerse cu e lla s: y Dios 110 se las da para
esto , ni fácilm ente se ha de determ inar el alm a á creer quo
son de Dios.
Lo sexto, que on quererlas adm itir abre pu erta al demonio
para qne la en gañ e en otras sem ejantes, la s cu ales sabe él m u y
bien disim ular y disfrazar, de m anera que parezcan á las bue­
nas. P ues p u ed e, como dice el A p ó s to l, tran sfigurarse en A n ­
g e l de l u z : Ip se enim, Satmias transfigurat se in A n g eh m lit-
c ú (1). De lo cu a l tratarém os d espues, m ediante el favor D ivi­
n o , en el libro tercero en el capítu lo d e la g u la espiritual.
Por tanto le conviene a l alm a d esecharlas á ojos cerrados,
Bean de quien fueren. Porque si no lo h iciese , tanto lu g a r d a­
ría á la s del demonio y á él tan ta m a n o , que no solo á v u e lta
de las unas recibiría las o tra s, mas do tal m anera podrían ir
m ultiplicándose las del demonio v cesando las do parte do
Dios, que todo se ven d ría á quedar en dem onio y nada de Dios,

1 1 2. ad Cor. 1 1 . 14,
l.innn 11. cap. \r. 83

oomo lia acaecido á m uchas alm as incautas y de poco «ili. r.


las cuales de tal manera se aseguraron -on recibir estas cosa*,
que muchas do. ellas tuvieron mucho que hacer para volver á
Dios en pureza de F e ; y m uchas no v o lv ie ro n , habiendo y a el
demonio echado en ellas grandes raíces. Por eso es bueno cer­
rarse á ellas y temer en todas. Porque en las m alas se quitan
los errores del dem onio, y en las buenas el impedimento de la
F e , y coge el espíritu el fruto de ellas. Y asi cuino cuando las
adm iten, las va Dios quitando porque en ellas tienen propie­
dad . no aprovechándose ordenadamente de e lla s . y va el de­
monio ingiriendo y aumentando l a s s u y a s , porque el alm a da
lu g a r y cabida para ellas: asi (mando ella está resignada y sin
propiedad de e lla s , el demonio va cesando cuando ve que no
hace d añ o ; y Dios por el contrario va aumentando las m erce­
des en aquella, alm a humilde y desapropiada, constituyéndola
y poniéndola sobre lo mucho, como el siervo que filé fiel en lo
p o co : Quia fiuper panoa fu is t i J id tlü , super multa te co-uli-
tm m (1). E n las cuales mercedes, si todavía el alm a fuere liel.
no parará el Señor hasta subirla de grado en grado á la D ivi­
na imion y transform ación. Porque nuestro Señor de ta l m a­
nera v a probando a l alm a y levantándola, que primero la v is i­
ta más segú n el sen tid o , conforme á su poca cap acid ad : para
qu e, habiéndose ella como debe, tomando aquellos primeros
bocados con sobriedad para fuerza y su s ta n c ia . la llev e á más
y mejor m an ja r, de manera que si venciere al demonio en lo
prim ero, pasará á lo segu nd o; y si también en lo segundo,
pasará á lo tercero: y de ahí adelante todas las siete mansio­
n es, hasta m eterla el Esposo en la cela vin aria de su perfecta
caridad (2 ), que son los siete grados de amor. Dichosa el alm a
que supiere pelear contra aquella bestia del Apocalipsi (3), que
tiene siete cabezas, contrarias á estos siete grados de amor,
con late cuales contra cada uno hace g u e rra , y con cada una
pelea contra>al alm a en cada una de estas m ansiones, en que el
alm a está, ejercitando y ganando cada grado de amor de Dios.
Que sin duda, si fielm ente peleare en cada uno y venciere,
merecerá pasar de grado en g rad o, ó de mansión en mansión,
hasta lleg a r á la últim a, dejando cortadas á la bestia sus siete

(IJ .Muttli. 35.21. (á ) C aat. 2. 4. ['3 ) Apoc. 13. 1,


K1 S l'U lin Dlili J l l l M H l'A K M K U l.

ca b e z a s, con que lü hacia, la gu erra furiosa: la u to , que dice


a llí San J u an , que le fué dado que polcase contra los santos y
los pudiese, ven cer, poniendo contra cada uno de estos grad os
arm as y m uniciones b a sta n tes: E t esl daluM i ll i hcllitm /acere
cim SuncCis, el macere eos (1). V así es mucho de dolor que
m u ch os, entrando eu esta batalla de vida espiritual contra
la bestia, aun. no sean para cortar la primera, cabeza negando
las cosas sensuales del mundo. V y a que alg u n o s acaben con­
sig o y se la c o rte n , no le cortan la s e g u n d a , que es las visio ­
nes del sentido de que vam os hablando. Pero lo que m ás duele
es que a lg u n o s, habiendo cortado no sólo la prim era y se g u n ­
da, sino tam bién la tercera cab eza, que es acerca de los senti­
dos in teriores, pasando de estado de meditación y aun más
adelante, a l tiempo de entrar en lo puro del Espíritu los vence
ésta b estia , y v u elv e á levantarse contra ellos y á resu citar
hasta la primera c a b e z a , y lá c e n s e las postrim erías de ellos
peores que las prim erias en su recaída, tom ando otros siete es­
píritus con sigo peores* que él (2 ). H a pues el espiritual de n e ga r
todar las aprehensiones con los deleites corporales que caen
en los sentidos exteriores, si quiere cortar la primera y segu n ­
da cabeza A esta b estia , entrando en el primero y segundo
aposento de amor eu v iv a F e , no queriendo hacer presa ni em ­
barazarse con lo que se les da á los sen tid o s, por cuanto es lo
que m ás impido á esta Moche espiritual de Fe.
L uego claro está que estas visio n es y aprehensiones sen ­
sitiva s no pueden ser medio para la D ivin a u n ió n , pues que
n in g u n a proporcion tienen con D io s: y una de las causas por
que no quería Cristo que le tocase M aría M ag d a len a , y lo tu ­
vie ra por mejor y m ás perfecto en el A póstol Santo Tom ás, era
esto. Y así el demonio g u s ta m ucho cuando u n alm a quisiere
adm itir revelacion es, y la ve in clin ad a á e lla s , pon pie tiene
él entonces m ucha ocasion para in g e rir errores y d erogar en
lo que pudiere á la F e: porque (como he dicho) g ra n d e rudeza
se pone en el alm a que la s quiere, y aun á veces liarías ten­
taciones y im pertinencias. líem e alargado a lg o en estas apre­
hensiones e x te r io r e s, para, dar a l g u n a m ás lux para his d e ­
m as, que habernos de tratar luego. Pero había tanto que decir

.1 ) Ap<ii\ 13.7. . ;2 ) Luc. I I . di.


1.1 lili1> 11. < Al \ M í. N7)

cu es1:t |>;i i-tc». que lucra minen wcnliar: y entiendo que lie
a b rev ia d o d em asiad o , só lo eun d e c ir q u e so te n g a cuid ad o do
n u n ca la s a d m ilir . si no fu ese al g a m a s en a lq u il ca so raro y
m u y e x a m in a d o de p e rso n a d o cta , e sp iritu a l y e x p e rim e n ta d a ,
y e n to n c e s no con g a n a cío o lio .

C A P IT U L O X II.

Kn frn 1Mil :i. iir l.i; ¡i|>ri:lii!UM'mirs |]ii;i," iHit l'i ;i* > u¡'it kl rnlrrt. I)ii‘n i|il>‘ rnsu scúli . y
pruoba cómo no *«• i>tv»iK>rci<-n:i'to me-lio i>»n llegar á 1;» unión ele Dios, y el
dnño <JU0 li;ir<‘ un ir^u* el»* «•llsi-s n -¡ii li.'in|u>.

A n tes que tratem os do las visiones im ag in a ria s (pie sobre­


natural m ente suelen ocurrir al sentido interior, que os la ima­
g in a tiv a y fa n ta s ía , co n vien e a q u í tratar (p a ra quo proceda­
mos con ó rd en , de las-aprehensiones n atu rales del m ism o sen­
tido interior co rp o ra l, para que vam os procediendo de lo m e­
nos á lo m á s, y d e lo m ás e x terio r h a sta lo m ás interior, y
hasta lle g a r a l íntim o reco gim ien to donde se u n e el a lm a con
D io s: y esc m ism o órden trabem os segu ido h asta a q u í. Porque
primero tratam os de jle s n u d a r a l alm a de la s aprehensiones
natu rales d e los objetos e x te rio re s, y por el co n sig u ie n te de
las fuerzas n atu rales de lo s a p etito s, lo cu al fué eu el prim ero
libro, donde hablam os de la N oche del se n tid o : y lu é g o com en­
zam os á d esn udarla en p a rticu la r de la s aprehensiones exterio ­
res so b ren a tu ra les, que acaecen á lo s sentidos exterio res (se­
g ú n que acabam os do d ecir on ol cap ítu lo pasad o), para en ca ­
m inar a l alm a á la noche d el esp íritu en este segu n d o libro.
A h ora lo quo prim ero ocurre es el sentido corporal in terior, quo
es la im ag in a ció n y fa n ta sía : de lo cu al tam bién habernos do
v a cia r todas las form as y aprehensiones im ag in a ria s qu e n a tu ­
ralm en te en él puedeu caber, y probar cóm o es im posible que
el alm a lle g u e á la unión de Dios h asta que cese su operación
en e lla s , po r'cu an to q o pueden ser propio medio y próxim o
pava la tal unión.
l i s , p u es, de sabor qu e los sentidos de que aquí p a rticu la r­
m ente h ablam o s, son dos: Corporales y in terio res, que se lla^
m an im agin ación y fa n ta sía , lo s c u a le s o rd e n a d a m e n te sirven
el uno a l otro: porque on el uno h a y ¡ilgu de d is c u r s o , aunque
M HVUIDA. DEL MOXTK CARMELO.

im perfecto y im perfectam en te; y e l otro form a la im a g e n , que


es la im a g in a c ió n ; y para nuestro propósito lo m ism o es tr a ­
tar de uno que d el otro. P or lo c u a l cuando no los nom bráre­
m os en tra m b o s, té n g a se por entendido que lo que del uno di­
jé re m o s se en tien de del otro tam bién , y que hablam os indife­
rentem en te de entram bos. De a q u í, p u es, es qne todo lo que
estos sentidos pueden se n tir y fabricar, se lla m a n im a g in a cio ­
n es y fa n ta sía s, que son form as que con im á g e n y fig u ra de
cuerpo se rep resen tan á estos sentidos. L as c u a le s pueden ser
en dos m an eras: u n as so b ren a tu ra les, que sin obra de estos
sen tidos se pueden rep resen tar y represen tan á e llo s p a siv a ­
m e n te , las c u a le s llam arnos visio n es im a g in a ria s por via so­
b re n a tu ra l, de qne habernos de h a b la r despues. O tras son n a ­
tu r a le s , que pftv su operacion a ctivam en te puede fa b r ic a r e n
sí debajo de fo rm as, fig u ra s y im ágen es. Y a s í á esta s dos po­
te n cia s pertenece .serv ir á la m ed ita ció n , que es acto d iscu rsi­
v o por medio de im á g e n e s , form as y fig u r a s fabricad as y for­
m adas por los d ich os sen tid o s; así com o im a g in a r á C risto c r u ­
cificad o ó en la co lu m n a , ó á. Dios con g ra n d e m ajestad en un
tr o n o , ó im a g in a r y co n sid erar la g lo r ia com o u n a h erm osísi­
m a l u z , y otras cu a lesq u iera cosas se m e ja n tes, ah ora h u m a ­
n a s , ahora d iv in a s , que pueden caer en la im a g in a tiv a . Todas
la s c u a le s im a g in a cio n es y ap reh en sio n es se han de ve n ir á
v a c ia r del a lm a , quedándose á escu ra s se g ú n este sentido, para
lle g a r á la D iv in a unión , por cu a n to 110 pueden ten er a lg u n a
proporcion de medio próxim o con D io s; tam poco com o la s co r­
p o ra le s , qu e sirven de o b jeto s á los cin co sen tid o s exterio res.
L a razón de esto es porque la im a g in a tiv a no puede fabricar
ni im a g in a r co sas a lg u n a s fu era de las que con los sentidos
exterio res h a ex p erim e n tad o , os á saber, visto con lo s ojos,
oido con lo s oíd os, etc. F ó cuando m ucho com poner sem e jan ­
za s de e sta s co sas v is ta s , oidas ó se n tid a s, que no suben á
m ay o r e x c e le n c ia qu e la s qu e recibió por lo s sentidos dichos.
Porque aun qu e im a g in e p a la cio s de p erlas y montos de oro,
p orque h a visto oro y p e r la s , en la verdad 110 es m ás todo
a q u ello que la esen cia de un poco de oro ó de una p e r la , a u n ­
que en la im ag in a ció n te n g a el órdeu y tra za de com postura.
Y com o la s cosas criad a s (com o y a he d ic h o ) 110 pueden tener
a lg u n a proporcion con el ser de D io s, s íg u e s e que todo lo que
u tu to ir , o a p . x n . 87

so im a g in a re ú sem ejanza de e lla s , uo pnerlc se rv ir do m edio


próxim o para la unión con él. De donde los que im ag in a n á
Dios debajo de a lg u n a s fig u ra s de e s ta s, ó com o un g r a n fue­
g o ó resplandor, ó o tras cu a le sq u ie ra fo rm a s, y pien san que
a lg o de a q u ello será sem ejante á é l , h arto lejo s v a n de él.
Porque, aunque á lo s p rin cip ia n tes sea necesario estas co n si­
deraciones y form as y modos de m ed ita cio n e s, p a ra ir enam o­
rando y cebando aUalrna por el sentido (com o desp u es diré—
m os), y asi les sirven de m edios rem otos para u n irse con Dios,
por los c u a le s r»n 1111:i ri ?m ir*, nt e han de pasar las a lm a s p ara lie -
g a r a l térm ino y esta n cia del reposo e s p ir it u a l; pero ha de ser
de m an era que pasen por e llo s , y uo se estén siem pre en ello s,
porque de esa m anera nun ca lle g a ría n al térm ino, el cu al no
es com o lo s m edios re m o to s, ni tiene que \er con e llo s . Así
como la s g ra d a s de la esca lera no tienen qu e ver con el térm i­
no y estan cia de la su b id a, para la cu al son m ed io s, v si el
que sube no fuese dejando atrás la s g ra d a s h a sta que no d e ja ­
se n in g u n a , y se qu isiese estar en a lg u n a d e e lla s , n u n ca
lle g a r ía , n i su b iría á la lla n a y a p acib le e sta n c ia del tér­
mino. P or lo c u a l e l a lm a q u e h u b iere d e lle g a r en esta
vid a á la unión d e aqu el sum o descan so y b ie n , por todos
g ra d o s de co n sid era cio n es, form as y n o ticias h a d e pasar:
pues n in g u n a sem ejan za n i proporcion tienen en el térm ino
á que e n c a m in a n , qne es Dios. Y así dijo S a n P ab lo en los
A ctos de lo s A p ó s to le s : N o n debemos (Estimare, auro, aut ar­
gento., (¡Alt la pidi s a tip íu r a «r¿i$, et cogitatim is hw m m s, JJi-
v in m i csm ¿imite ( l) . No debem os estim ar n i ten er por se­
m ejan te lo D ivin o al 010 ó á la p la ta , ó á la piedra fig u ­
rada por el a rte , ó á lo que el hombre puede fabricar con la
im agin ación . De donde yerra n m ucho a lg u n o s esp iritu a les,
que habiéndose ejercitad o e u 'lle g a r s e á Dios por im ág en es,
form as y m ed itacion es, cu al c o n v e n lh. á p rin cip ia n te s, que­
riéndolos.D ios re co g e r á bienes m ás esp iritu ales interiores y
in v is ib le s , q u itán d o les y a ol g u s to y ju g o de la m editación
d is cu rsiv a , e llo s no acaban ni se atreven ni saben desasirse
de aqu ellos modos p alp ab les á que están acostum brados, y así
tod avía trab ajan por ten erlo s, queriendo ir por su co n sid era -
N8 SHIHDA D E!. MO NTU l'M tM K l.O .

cion y m editación de fo rm a s, como á n te s, pensando que siem ­


pre. h a b ía de ser asi. E u lo cu a l trabajan y a m u ch o, y h a lla n
m u y poco ju g o ó n ad a: antes se les aum en ta y crece la seque­
d ad , fatig'a y inquietud del a lm a , cuan tu más trabajan por
aquel ju g o prim evo, el cual oís y a excu sad o poder h a lla r en
a q u ella m anera prim era; porque y a no g u s t a el a lm a de aquel
m an jar (com o habernos d ich o) tan se n sib le , sino de otro m ás
d elicado interior y m énos s e n s ib le , que 110 con siste en trab a­
ja r con la im a g in a c ió n , sino en reportar el alm a y d eja rla estar
con su qu ietud , lo cu al es m ás esp iritu a l. Porque cu anto el a l­
m a se-pone m ás en e s p íritu , m ás cesa en obra de las potencias
en objetos p a rticu la re s: porque se pone e lla en nn solo acto
g e n e ra l y p u r o , y a sí cesa n de obrar la s p otencias d el modo
que cam inaban para aqu ello donde el alm a lle g ó , así como
cesa n y paran los pies acabando su jo rn a d a: porque si todo
fuese an d ar, n u n ca h a b ría lle g a r ; y si todo fuese medios,
¿dónde ó Cuáüdo se g o z a r ía n lo s fines y térm inos? Por lo cu al
es lástim a v e r q u e , queriendo su a lm a estar en esta paz y des­
canso de quietud interior, donde se lle n a de paz y refección de
D ios, ello s la d esaso siegan y sacan afuera á lo m as exterior,
y la quieren vo lv e r á que ande lo and ad o, y que deje el fin y
térm ino en qu e y a rep o sa, por los m edios que encam inaban á
é l , qu e son la s consideracion es. Lo c u a l 110 acaece sin g ra n d e
d e sg a n a y re p u g n a n cia del a lm a , que se qu isiera estar en
a q u ella p a z , com o en su propio p u e s to : bien así com o el que
lle g ó con trabajo á donde d e sca n sa , que si le h a cen v o lv e r a l
tra b a jo , siente pena. Y com o ello s no saben el m isterio de
a q u e lla n o v e d a d , d ales im ag in a ció n que es estarse ociosos y
no haciendo nada: y a sí no se dejan qu ietar, sino procuran
considerar y discurrir. De donde v ien e que se h in ch en de se­
quedad y trabajo por sa ca r el ju g o q u e por a llí no han de sa­
ca r. A n tes les podem os d e c ir, que m ien tras m ás h iela m ás
a p rieta : p o rq u e, cu anto m ás porfiaren de a q u ella m anera se
h a lla rá n p eo r, pues m ás sacan al alm a de la paz e s p ir itu a l; y
es dejar lo m ás por lo m énos y desandar lo andado, querer vo l
v e r á h a cer lo que está hecho. A estos tales se les h a de decir
qu e aprendan á estarse con atención y ad v erten cia am orosa eu
Dios en a q u ella q u ietu d , y que 110 se dón nada por la im a g in a ­
ción n i por la ohra de e l l a : pues aquí (com o decim os) d esea n -
i.inno i i , c a p . xiu.

san las po ten cias, y 110 olivan sino on aquella «implo y suave
advertencia anwn.isa.; y si a lg u n a s vece* obran m á s , 110 os con
fuerza ni rnny p ro cú ra lo d iscu rso, sino con suavidad de amor,
más m ovidas de Dios que. de. la m ism a habilidad del alm a,
como adelante se declarará m ás á lo claro . Ahora baste esto
para dar á entender cóm o es necesario á los que pretenden pa­
sar a d e la n te , saberse desatar de todos esos modos y obras de
im aginación en el tiempo y sazón que lo pide el aprovecha­
miento del estado que lle v a n . Y para que se entienda cuándo
y á qué tiempo ha do ser. diremos en el capitu lo sig u ie n te a l­
g u n as señales que ha de ver en. sí el e s p iritu a l. para entender
por ella s la sazón y tiempo en que librem ente puede usar del
term ino d icho, y dejar de cam inar por e.l discurso del entendi­
m iento y obra de la im aginación .

C A P IT U L O X I I I .

I’ónensa loa a c ia le s quo h a de co n ocer en si el esp iritu al para com enzar á desnu dar el
en ten d im ien to de laa turm as im a g in a ria s y diacuruoado m ed itación .

Y porque esta doctrina no quede c o n fu sa , convendrá en


este cap itu lo dar á entender á qué tiempo y sazón convendrá
ipie el espiritual deje la obra del discursivo m editar por las
dichas im ag in acion es, formas y fig u r a s : porque no se dejen
ántes ó despues que lo pido oí espíritu. Que asi corno conviene
dejarlas íi su tiempo para ir íi Dios pon pie no impidan , asi
tam bién es necesario no dejar la dicha m editación antes de
tiempo para no v o lv e r atrás : porque aunque no sirven las
aprehensiones de estas potencias para medio próxim o de unión
á los aprovechad os, todavía sirven de. medios rem otos á los
principiantes para disponer y habituar el espíritu á lo espiri­
tual por el se n tid o . y para va cia r de cam ino todas la s otras
formas y im ágen es b a jas, tem porales y secu lares y naturales.
P ara lo cual direm os aquí a lg u n a s señales y m uestras que ha
de ver en si el espiritual, en qu e conozca si convendrá dejar­
las ó 110 en aquél tiem po, las cu a les son tres.
La prim era es ver en sí que y a no puede m editar ni obrar
con la im aginación , ni g u s te de ello com o ántes so lía; ántes
h alla y a sequedad en lo que sol i a fijar el sentido y sacar ju g o .
90 SOIDA DEL MONTE CA H M EL O ,

P oto en tanto que le h allare y pudiere discurrir en la m edita­


ción , no la ha de d ejar, si no fuere cuando su alm a se pusiere
en la paz que se dirá en la tercera, .señal.
La segu nd a es m an ilo vi' que no le da ninguna g a n a de
poner la dicha im aginación ni el sentido en otras cosas par­
ticulares exteriores ui interiores. .No d igo que no v a y a y v e n g a
(que esta aun en mucho recocim iento suele andar suelta),
sino que no g u s te el alm a de ponerla de propósito en otras
cosas.
La tercera y m ás cierta es si el alm a g u s ta de estarse á so
las con atención am orosa á Dios sin particular consideración
en paz interior, quietud y descanso, sin fictos ni ejercicios de
las p o te n cia s. m emoria, entendim iento y vo lu n tad , á lo m e­
nos discu rsivos, que es ir de uno eu otro, sino sólo con la no­
ticia y advertencia gen eral y amorosa (pie decim os , sin par­
ticular in teligen cia de otra cosa.
E stas tres señales h a de v e r en sí ju n ta s por lo m énos el
espiritual para atreverse segu ram en te á dejar el estado de m e­
d itación . y entrar +*n el de contem plación y del espíritu. Y no
has!.a tener la primera soln sin la se gu n d a : porque podría ser
que el uo poder y a im agin ar ni meditar en las cosas de D ios
como á n te s , fuese por su distracción y poca d ilig e n c ia ; para
lo cual ha de ver en sí tam bién la se g u n d a , que es no te n e r,
g a n a ni apetito de peusar en otras cosas extrañ as; porque
cuando procede de distracción 6 tibieza el no poder ¿ ja r la
im agin ación y sentido en las cosas de D ios, lu égo tiene a p e­
tito y g a n a de ponerla en otras cosas diferentes, y m otivo de
irse de a llí. Ni tampoco basta ver en si la primera y segu nd a
señal si no v e jun tam en te la tercera; porque aunque se vea
que no puede discurrir ni pensar en las cosas de D ios, y qne
tam poco le dé g a n a de pensar en la s que son d ife re n te s, po­
dría proceder de m elan colía ó de otro a lg ú n ju g o de humor
puesto en el celebro ó corazon , que suelen causar eu el sen­
tido cierto em papam iento y suspensión que le hacen no pen­
sar en n a d a , ni querer ni tener gan a de pensarlo , sino de es­
tarse en aquel em belesam iento sabroso. Contra lo cu al ha de
tener la te rc e ro , que es noticia v atención amorosa en paz,
como habernos dicho. A unque es verdad que á los principios
que com ienza esté estado casi no se echa de ver esta noticia
nnito íi. c a p . xiv. 01

am orosa, y os por dos co sa s: la u n a , porque á los principios


suele ser esta n o ticia am orosa m u y sutil y del icatla y casi
insensible: y la o tr a , porque habiendo estado el alm a habi­
tuada a l otro ejercicio de la m ed itación , que es m ás sensible,
no echa de ver ni ca si siente esta otra novedad insensible- que
es y a pura de espíritu. M ayorm ente cu an d o, por no lo en ten­
der e lla , no se deja so sega r en e lla , procurando lo otro m ás
se n sib le ; con lo c u a l, aunque m ás abundan te sea la paz inte­
rior a m o ro sa , no se. da lu g a r á sentirla y g o za rla . Pero cuanto
m ás se fuere habilitando m ás el alm a en dejarse s o s e g a r , irá
siem pre creciendo en ella y sintiendo más a q u ella noticia
am orosa g en eral de Dios , de que g u sta ella m ás (pie. todas hts
c o sa s, porque le ca u sa p a z , d esca n so , sabor y deleite sin tra­
bajo. Y porque lo .dicho quede m ás cla ro , direm os en el ca p í­
tulo sig u ie n te las cau sas y razones por donde p arezcan nece­
sarias la s dichas tres señ ales para en cam in ar el espíritu.

C A P IT U L O X I V .

J*ruftha la GonvAniancla dé M t u s e t a t o , d u d a ru o u <t« la necMid&ri d« lo dicha an


ellas para adelante.

A cerca de la primera, señal que decim os, es de saber qu e ha­


ber el esp iritu al {para entrar en la v id a del e s p ír itu , que es la
co n tem p lativa ) de dejar la v ia im ag in a ria y de m editación
se n s ib le , cuando y a no g u s ta de e lla ni puede d is c u r rir , os
por dos cosas que casi se encierran en una. L a p rim era, por­
que en cierta m anera se le lia dado y a a l alm a todo el bien es­
piritual que había de h a lla r en las cosas de Dios por via de
m editación y d iscu rso ; cu y o indicio es el no poder y a m editar
n i d iscu rrir, como so lía , y no h a lla r en e llo ju g o ni g u sto de
nuevo como á n t e s ; porque no h abía corrido án tes de esto
hasta e l esp íritu qu e a llí para é l h abía ; qu e de ordinario to ­
das laa v e c e s que el a lm a recibe a lg ú n bien espiritual de n u e ­
v o , le recibe g u stan d o á lo m énos en. el e s p íritu , eu aqu el
modo por donde le recibe y le h a ce p r o v e c h o ; y si 110 por m a­
ra v illa la aprovech a. Porque es a l modo que dicen los filóso­
fos, que Q hqc! sa p ié, n u tril. Lo que da sabo r, cria y en gorda.
Por lo cual dijo J o b : N u m q u id ... poterit comedí in su lm m , quod
i)"2 SE II11 JA OKI . ¡MO N T E ( ' \ KM K l , ( ).

91MI esl m íe condi luía? vl) ¿P o r ventura podráse com er lo d es-


a ljrid o , que no está g u isad o <<ni sal 2 E s t a o s la c a u s a clono
poder considerar ni d ism rrir romo «u tos: ol poco sabor quo.
h a lla ol espíritu cu (dio y el poco provecho.
La segu n d a, porque y a el alm a en este tiem po tiene el e s­
píritu de la m editación en su stan cia y hábito. Porque el fin
de la m editación y discurso 011 las cosas de Dios es sacar a l­
g u n a noticia y am or de Dios: y cada voz que el alm a la saca
es un a cto : y asi como m uchos artos en cu alqu iera cosa v ie­
nen á engen drar hábito en el a lm a , así m uchos actos de estas
noticias am o ro sas, que el alm a h a ido sacando en v e ces . vio
n e n por el uso á continuarse ta n to , que se hace hábito e n ella:
lo cual Dios tam bién suele hacer sin medio de estos actos de
m editación (á lo mónos sin haber precedido m u chos) ponién­
dolas luego en eonlom plaeiuu. Y asi lo que el alm a án tes iba
sacando en veces por su trabajo de m editar en n oticias par­
ticu lares , y a por e l uso se h a hecho en e lla hábito y s u s ta n -
tan cia de u n a noticia am orosa g e n e r a l, no distin ta ni particu ­
lar corno ántes. Por lo c u a l, on poniéndose en o racio n , y a co­
mo ((ilion tiene allegada, el a g u a bebe sin trabajo en suavid ad ,
sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pasadas con­
sideraciones t form as y figuras. De m anera que lu e g o en po­
niéndose d elante de Dios se pone en arto de noticia confusa.,
am orosa, pacifica y sosegad a en que está el alm a bebiendo
sab id u ría, amor y sabor. V esta es la cau sa por qué el alm a
siente m ucho trabajo y sin sab o r, cuando estando en este so­
sieg o la quieren hacer m editar y trabajar en p articu lares no­
ticias. Porque le acaece com o al n iñ o , que estando recibiendo
la lech e que y a tiene en el pecho a lle g a d a y ju n t a , se lo qu i­
tan y le hacen que con la d ilig e n cia de. su estru jar y m ano­
sear la v u e lv a á querer ju n ta r y sacar. O com o el que ha­
biendo quitado la corteza e stá g u stan d o de la sustancia . si se
la hiciesen dejar para que vo lviese ¿ q u it a r la. m ism a co rtez a
que y a estaba quitada : que no h a lla ría eorleza. y dejaría de
g u s ta r la sustancia (pío ya tenia en tre las m a n o s , siendo en
esto sem ejante al que deja la presa, que licué. Y así hacen
m uchos que co m ien za u á e n tr a r en e-¡to estado: que peusandn

,1 1 ,loT>. C. G.
luí no n. c a í *, x iv . ÍW

que todo el negocio está en ir discurriendo y entendiendo


jKirlifUlaridcicles por im ágenes y formas, que son 1», corteja
tlel esp íritu. como no las hallan en arpie! I ¡ l quietud amorosa y
sustancial en que se quiere estar su alm a, donde uo entienden
cosa clara; piensan que se van perdiendo y que pierden tiem ­
po , y vu elven A buscar la Corteza de su im agen y discurso,
lo c u a l no h a lla n , porque está y a quitada: y así no gozan la
sustancia ni hallan m editación, y tnrbanse á sí mismos pen­
sando que vuelven a tr á s , y que se pierden. V á la verdad si
h acen, aunque no cuino ellos p ien sa n , porque se pierden á
los propios sentidos y ¡i la primera iu?nien-i de sentir y enten­
der; lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando.
En el cual, cuanto ellos va n ménos entendiendo, van entrando
más en la noche del espíritu, de que en este libro tratam os,
por donde lian de pasar para unirse con Dios sobre todo
saber.
A cerca de la segunda señal poco h a y que d e c ir : porque
y a se ve que de necesidad no ha de g u star el alrna á este
tiempo de otras im aginaciones d iferen tes, que son del mundo:
pues de las qnc so n más conform es, como son las de Dios,
como decim os, no g u s ta por las causas y a dichas. Solam ente,
como arriba queda notado r suele en este recogim iento la
im aginativa de suyo ir y venir, y v a riar, irías no con gusto
y voluntad del alm a; untes en esto siente-pena, porque la
inquieta la paz y sabor.
Y que la tercera señal sea conveniente y necesaria para
poder dejar la dicha meditación, la cual es la noticia y ad­
vertencia general y amorosa en Dios, tampoco entiendo era
necesario decir aquí nuda, por (manto y a en la prim era quedó
alg o dado á en ten d er. y despues hemos de' tratar de propó­
sito de e lla , cuando hablemos de esta noticia g en eral y con­
fusa en su lu g a r , que será despues de todas las aprehensio­
nes particulares del entendim iento. Pero dirémos ahora sólo
una razón co n q u e se vea claro cóm o, en caso que .el contení
plativo haya de dejar la via de m editación, le es necesaria
esta advertencia ó noticia amorosa en general-de Dios: y es,
porque si el alma entonces no tuviese esta noticia ó asisten­
cia. eu Dius, sen-iiiria.se que no haría nada ni tendría nada el
alma.: porque dejando la m editación, mediante la cual obra e]
04 KI HI DA DEL MONTK CAl tUKLO.

alm a discurriendo m ediante las potencias se n sitiva s, y faltán­


dole! tam bién la con tem plación . i|ue es la noticia g en eral que
d ecim os, en la cual tiene el alm a actuarlas sus potencias es­
p iritu ales, que son memoria . entendim iento y vo lu n tad , u n i­
das y a en esta noticia corno obrada, y recibida cu e lla s , falta-
víale necesariam ente todo ejercicio acerca de Dios, com oqu iera
que el alm a no pueda obrar ni recibir ó durar en lo obrado,
si no es por via de estas dos m aneras de potencias sen sitivas y
espirituales. Porque mediante las potencias se n s itiv a s , como
habernos d icho, puede ella d iscurrir , buscar y obrar las noti­
cias de los o b je to s: y m ediante las potencias espirituales puede
gozarse en el objeto de las noticias y a recibirlas on estas po­
ten cias, sin que obren y a ellas con trabajo. inquisición ó dis­
curso. V así la diferencie! q u e h a y d e l ejercicio que el a lm a
hace acerca de las unas y de las o t r a s , es la que h a y entre ir
obrando y g o z a r de la obra h ech a , ó la que h a y en tre ir reci­
biendo y aprovechándose y a de lo recibido: ó la que h ay entre
el trabajo de ir cam inando y el descanso que h a y en el tér­
m ino: que es tam bién como estar guisan do la com ida ó estar
com iéndola ó «¡-listándola y a g u i s a d a . V si on a lg u n a m anera
de ejercicio, ahora sea acerca del obrar con las p o te n cia sse n ­
sitiva s en la m editación y discurso T ahora a cerca de lo y a re­
cibido y obrado en la contem plación y n o ticia se n cilla que se
h a d ich o , no estu viese el alm a em pleada, estando ociosa de
las unas y de las o tras, no había de donde ni por donde se pu­
diese decir que estaba el alm a ocupada. E s , p u e s , luógo ne­
cesaria esta noticia para haber de dejar la v ia de m editación
y discurso.
Pero con vien e aquí saber que esta noticia g e n e ra l de que
vam os h ablan do, os á veces tan su til y d elica d a, m ayorm ente
cuando e lla es m ás p u ra ,,se n cilla y perfecta, y m ás espiritual
y interior, que el a lm a , aun qu e está em pleada en e lla , no la
ech a de v e r ni la siente. Y esto acaece m ás, como decim os,
cuando e lla es en si más c la ra , pura y se n cilla ; y entonces
lo e s , cuando ella em biste en el alm a m ás lim pia y ajena
de otras in te lig e n cia s y noticias p a rtic u la r e s, en que podía
hacer 'presa el entendim iento ó se n tid o : la c u a l . por care­
cer de estas, qu e son acerca de la s que el entendim iento y
sentido tiene habilidad y costum bre de ejercitarse, no las
LIBRO II , CAf*. 'XIV. %

s ie n te , por cuanto le faltan sus acostum brados sensibles. Y


esta es la cuusu por donde. estando e lla más pura, perfecta
y se n c illa , menos la siente el entendim iento, y más escura
le parece. Y'-así por el contrario, cuando esta noticia es me­
nos pura y sim p le, m ás clara y . de m ás tom o le parece
al entendim iento, por estar e lla v e stid a ó m ezclada (3 en­
v u elta en a lg u n a s form as in te lig ib le s en que puede trope­
zar m ás el entendim iento.
Lo cu al se. entenderá "bien por esta com paración: si con­
sideram os en el rayo del ¡niI que en tra por la ventana,
vem os que cuánto el aire está más poblado de átom os y
m otas, m ucho m ás p a lp a b le , sensible y claro le parece al
sentido de la v is ta ; y está claro que entonces el rayo está
m enos puro y m énos c la ro , sencillo y perfecto, pues está
en vu elto en tan tas m otas y átom os. V tam bién vem os que
cuando él esta m is puro y lim pio de aquella m otas y áto­
m os, menos p a lp ab le, m énos puro le parece al ojo m aterial;
y *cu a n to m ás lim p io está,, tanto m ás escuro y ménos a p re -
liensiblc le parece. Y si del todo e l ra y o estu viese puro y lim ­
pio de todos loa átom os y m otas, h a sta de los m ás su tile s
p o lv ic o s , del'tod o parecería im perceptible el dicho ra y o a l ojo,
porq ue el ojo no h a lla especies en que reparar; que la lu z
sen cilla y pura no es tan propiam ente objeto de la v ista , como
medio con que ve lo v is ib le : y a sí. si faltaran los visib le s en
que el rayo ó la lu z h agan reflex ió n , no se percibiera. De
donde ñi entrase e] rayo por una ventan a y saliese por otra,
sin topar en a lg u n a cosa qne tuviese cu erp o , no parece se
v e ría nad a; y con todo eso el ravo estaría en si m ás puro y
m ás lim p io , que cuando por estar lleno de cosas visib le s se
v e ía y sentía m ás claro. De la m ism a m anera acaece acerca
d e -la lu z espiritual en la vista del a lm a , que es e l entendi­
m iento, en el cu al esta noticia y lu z sobrenatural qne vam os
diciendo, em biste tan pura y se n cilla m en te, y tan desnuda
ella v ajena de todas las form as in te lig ib le s , que spn objetos
proporcionados del entendim iento, que ól no las siente ni echa
de ver. A ntes á veces (que es cuando e lla es m ás pura; h ace
-tíniebla; porque le enajena de su s acostum bradas lu c e s, do
formas y fa n ta sía s, y entonces siéntese bien v échase de
ver la tíniebla.
ÍW í>ntIDA DEL MONTE CAHMF.T.O,

O irás voces tam bién esta D ivina lu z em biste ron tan ta


fuerza en el alm a, que ni siento tin iebla ni repara en lu z , ni
le parece aprehende nada que ella sepa, de acá u¡ de. a llá : y
por tanto se queda el alm a á veces rom o en un olvido gran d e,
que ni supo dónde estulta, ni qué se había hech o, ni le pareció
haber pasado por olla tiem po: de donde puede acaecer, y así
e s , que se pasan m uchas horas en este o lv id o , y al alm a
cuando v u e lv e en s í, no le parezca un m om ento. Y la cau sa
de este olvido es la pureza y sencillez que habernos d ich o , de
esta noticia; la cu a l, ocupando a l a lm a , así como ella es lim ­
pia y p u ra, así la pone se n cilla , lim pia y pura de todas las
aprehensiones y form as de los sentidos y de la m em oria,
por donde el alm a obraba án tes, y así la deja en olvido y sin
reparar en diferenciando tiem po: de donde al alm a esta ora­
cio n , aun qu e, como lie dicho, dure m ucho, le parece b revísi­
m a: porque ha estado en in teligen cia p u ra, que es la oracion
b rev e , de quien se dice que penetra loa c ie lo s , porque no
siente <3 repara en tiem po. Y penetra los c ic lo s , porque el
alm a está unida en in teligen cia ce le stia l: y asi esta noticia
deja al alm a, cuando recu erd a . con los electos que hizo
en ella sin que o lía lo s sintiese h a c e r , que son levan tam ien ­
to de monte á in teligen cia c e le s tia l, y enajenación y abs­
tracción de todas las co sa s, formas y figuras de ellas. Lo
cual dice David haberle acaecido volvien do en si del mismo
o lv id o , diciendo: V ig ila ti, t i fa clu x .tum Jtkul pausar M üüa-
rius in- tacto ( 1 ). K ecordé, y hallóm e hecho como el pájaro
solitario en el tejado. Solitario d ice, es á saber, de tod as la s
cosas enajenado y abstraído- Y en el tejado, esto e s , eleva d a
la m ente en lo alto : y asi se queda el telina com o ign oran te de
las co sa s, porque solam ente sabe á. Dios sin saber cóm o. Y asi
la Esposa d eclara entre loa efectos que h izo en ella este sueño
y olvid o , e s te n o saber, cuando dice: Ne.ac.ki (2 ). Kstn es,
no supe do dónde, V aunque (como está dicho'] al alm a en esta
noticia le parezca que no hace nada ni está em pleada en nada,
porque no obra con los sentidos, orea que no se está perdiendo
ni por demás. Porque aunque cese la arm onía de las potencia-;,
del a lm a , la in teligen cia de ella está de la m anera (pie h abe-

i '■iv. mi,a í '.m cimí *i u


1.1HICO I I . T A I ’. XIV.

liios (lidio. (Jnc por oso la K sp osa, que era sa b ía , so respondió


á sí m ism a on esta duda, diciendo: Aunque duermo yo según
lü que yo soy naturalm ente, cesando de obrar, mi corazon
vela ( 1 ) subrenaturahnente elevado en noticia sobrenatural:
el indicio que h a y para conocer si el alm a está em pleada en
esta in teligen cia secreta, es si v e que no g u s ta de pensar eu
cosa a lg u n a a lta ni baja.
Perú es de saber, que 110 se ha de entender que esta noticia
liad o causar por fuerza esto olvido para ser com o aqui decimos:
que eso solo acaece cuando Dios con particularidad abstrae al
alma. V esto sucede las menos v e ces, porque no siempre esta
noticia ocupa toda el alm a. Y para que sea la (pie basta eu el
caso que vam os tratan do, basta que el entendim iento esté
abstraído de cualquiera noticia p a rticu la r, ahora sea tem po­
ral , ahora e s p ir itu a l; y qlie no ten g a g a n a la volun tad de
pensar acerca de unas ui de otras c o s a s , como habernos dicho.
Y este iudicio se h a de tener para en teu d ír que está el alm a
en este o lv id o , cuando esta noticia se a p lica sólo a l entendi­
m iento y so lo com unica. Porque cuando ju n tam en te se com u­
nica á la v o lu n ta d , que es casi siem pre, poco ó m ucho no d eja
el alm a de entender , si quiere m irar en e llo , que e stá em­
pleada y ocupada en esta n o ticia: por cuanto se siente con sa­
bor do amor en e lla , sin saber ni entender particularm ente lo
que am a. Y por eso la llam a noticia am orosa y g e n e r a l; por­
que así como lo es en el entendim iento, com unicándose á él
escura mente, así lam bien lo es eu la volun tad , comunicándola,
amor y sabor con fusam en te, sin que sepa distintam ente lo
que am a. E sto baste ahora para entender cómo le conviene al
alm a estar em pleada en esta n o tic ia , para haber de dejar la
v ia del d iscu rso , y para asegu rarse que aunque le p arezca que
no hace nada está bien em pleada , si se v e con las señales y a
dichas. Y para que también se entienda por la com paración
qne hemos d ich o, cómo n o , porque esta lux se represente al
entendimiento m ás com prchcnsible y p alp ab le, como hace el
rayo del Sol al ojo cuando está lleno de átom os; por eso la ha
de tener el alm a por más pura, subida y clara. Pues está claro
q u e , segú n dice A ristóteles y los teó lo go s; cu anta m ás alta

( 1) Cant. j. ’¿.
Üfc¡ SU BID A DEL MOXTfi C U ! M E LO.

es la luz D ivin a y m ás s u b id a , m ás escu ra es para nuestro


entendim iento. De esta D ivin a noticia ILay mucho que decir,
asi de e lla en si como «le los efectos que hace, en lo s contem ­
p la tiv o s: todo lo dejam os para su lu g a r , porque ¿u n lo que
habernos dicho en este no había para qué a largarn o s ta n to , si
110 fuera por no dejar esta doctrina a lg o más confusa de lo qne
queda : porque es cierto que y o confieso lo queda mucho. Por­
que dem as de ser m ateria que pocas veces se trata por este es­
tilo , ahora de palabra como por escrito , por ser e lla en sí e x ­
traordinaria y escu ra, añádese tam bién mi torpe estilo y poco
saber: y asi estando desconfiado de que lo sabré dar á enten­
d e r, m uchas veces entiendo me a la rg o dem asiado y sa lgo
fuera de los lím ites que bastaban para el lu g a r y parte de doc
trina que v o y tratando- l'ji lo cu a l yo confieso hacerlo á veces
de a d v erten cia: porque lo que no se da á entender por unas
razo n es, q u izá se entenderá mejor por aqu ellas y por otras:
y tam bién porque aSí entiendo que se v a dando m ás lu z para
lo que se ha de decir adelante. Por lo cu a l me parece tam bién,
para concluir con esta parte. 110 dejar de responder á una duda
(jue puede haber acerca, de la co ntinuación de esta noticia., y
así lo liaré brevem ente en el sigu ien te capítu lo.

CAPITULO XV.
E d que cleclnru cuino íi lu.*í (i|>nvu<'lKmUM iju b com ienzan á e n tr a r en entii n oticia pene-
ral «Id rOntflniplAi'iirtn . los run vifiitrt ¡i \ftCos fl|in>vi>ehiinjO ilitl «liscursu y olirns iln Iují
potenc.inü n a tu ra le s .

Podrá acerca de lo dicho haber u n a d u d a, y es si á los


a p ro v e ch a n tes, que es -a los que Dios com ienza ú, poner en esta
noticia sobrenatural de contem plación de que habernos habla­
d o, por el mismo caso qu e la com ienzan á ten er, no h ayan ya.
para siem pre de aprovecharse de la v ia de la m editación . dis­
curso, y form as naturales. A lo cual se responde que no se en­
tiende que los que com ienzan á tener esta noticia amorosa y
se n c illa , nu n ca h a y a n de tener más m editación ni procurarla;
porque 4 los principios "que van aprovechando, ni está tan per­
fecto el hábito de e lla , que luego (pie ellos quieran ye puedan
poner on su a c to , ni están ta n remotos de la m editación , que
no puedan m editar y discio-rir a lg u n a s veces com o solían ,
uw io íi. c a p . xv. 5»:»

hallando allí algunas cusas ele nuevo. Ante* en estos princi­


pios. cuando por los indicios ya dichos echáremos de ver que
no está el alma empicada cu aquel sosiego ó noticia, habrán
menester aprovecharse del discurso hasta que vengan á tener
el hábito que habernos dicho, en alguna manera perfecto, que
será cuando todas las veces que quieren meditar, luégo se que­
dan en esta noticia de paz sin poder meditar ni tener gaua de
ello; porque hasta llegar á esto en este tiempo, que es de apro­
vechados. ya hay de lo uno. ya de lo otro- De manera que
muchas veces se hallará el alma en esta amorosa ó pacifica
asistencia, sin obrar nada con las potencias, como está decla­
rado ; y muchas habrá menester ayudarse blanda y modera­
damente del discurso para ponerse en ella; la cual alcanzada
no discurre ni trabaja el alma con las potencias: que entonces
ántes es verdad decir que se obra en ella la inteligencia y sa­
bor, que noque obre ella alguna cosa, sino solamente tener
advertida el alma á Dius con am or, sin pretensión de sentir
ni ver nada más que dejarse llevar de Dios: en lo cual pasi­
vamente se le comunica ó l , asi como al que tiene los ojos
abiertos se le comunica la luz. Solamente es necesario para
recibir más-sencilla y abundantemente esta luz D ivina, que
uo cure de interponer otras luces más palpables de otras noti­
cias ó formas ó figuras del discurso; porque nada de aquello
es semejante á aquella serena y limpia luz. De donde si qui­
siese entonces entender y considerar cosas particulares, aun­
que más espirituales fuesen, impediría la luz sencilla y sutil
del espíritu, poniendo aquellas nubes en medio : así como al
que delante los ojos se le pusiese alguna cosa en que tropezase
la vista, se le impediría la luz y vista de adelante. De aquí se
sigue clan), que como el alma se acabe bien de purificar y va -
ciar de todas las formas y imágenes aprehensibles, se quedara
en esta pura j sencilla luz, transformándose en ella en estado
de perfección. Porque esta luz siempre está aparejada á comu­
nicarse al alm a; pero por las formas y yüIos de criaturas con
que el alma e*stá cubierta y embarazada, no se le infunde; que
si quitase estos impedimentos y velos del todo (como después
se dirá), quedándose en la pura desnudez y pobreza de espí­
ritu, luégo el alma y a sencilla y pura se transformaría en la
sencilla y pura Sabiduría Divina, que es el Hijo de Dios. Por-
Kll) si'lilUA ijül MoNTK <ARMF.l.O.
qiitv faltando lo natural al alma y a enam orada. luégo sé in­
fundí1; lo Divino sobrenatural mente; que Dios no deja, vacio siu
llenar.
Aprenda ol espiritual á estarse con advertencia amorosa
en Dios, con sosiego do eutendimieuto cuando no puede me­
ditar, sumí|ne le parezca que ilo hace nada. Porque asi poco á
poco y muy presto se infundirá eu su alma el Divino sosiego
y paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas eu
Divino amor. Y no .ne entremeta en formas, imaginaciones,
ó algún discurso, porque 110 desasosiegue el alm a y la saque
de su contento y paz á aquello en que ella recibe desabrimien­
to. V SÍ, como hemos dich o, le diere escrúpulo de que uo hace
n ad a, advierta que ño liaee poco en pacilirar el alm a y po­
nerla en sosiego, sin alguna obra v apetito, que es lo que nues­
tro Señor nos pide pin- David , diciendo : Vacate. et vi (Ule qm-
niam erjo .mm Dnm ( 1). Aprended á estaros vacíos de todas las
cosas (es d saber interiormente), y sabrosamente vereis como
yo soy Dios.

C A P IT U L O X V L

En que se trata de lns aprehensiones itnafrinariii-s, t|iio Knlirermtiirnlinimla se ro>pvi>sen-


tnn on ln fantasía. l>ice cómo no pucilcu servir al alma (le medio próximo para In
unión con Dios.

Y a que habernos tratado de las aprehensiones que natural­


mente puede en sí recibir el alm a, y en ellas obrar con la
im aginativa y fantasía, conviene aqui tratar de las sobrena­
turales , que se llaman visiones im agin arias, que también por
estar ellas debajo de im ágen , forma y ñgnra T pertenecen á
este sentido como las naturales. Y es de saber que debajo de
esté nombre de visiones imaginarias queremos entender todas
las cosas que debajo de im án en , forma y figura ó especie so­
brenatural mente se pueden representar á la im aginación; y
esto con especies muy perfectas y que más viva y perfecta­
mente representen y muevan que por el connatural órden de
los sentidos. Porque todas las aprehensiones y especies que

(1 ) Po. 45. 11.


UDRO 11, CAP. XVI. 101

de todos los cinco sentidos corporales so representan al alma


y cu olla hacen asiento por via natural. pueden por via sobre­
natural tenor on tilla lugar también, y representársele sin mi­
nisterio alguno de los sentidos exteriores. Porque este sentido
do la fantasía y memoria es como un archivo y receptáculo
respecto del entendimiento, en que'.se reciben todas las formas
y imágenes que él ha de hacer inteligibles, y a,sí el entendi­
miento las mira y juzga de ellas.
Es pues ile saber, que así como los eineo sentidos exterio­
res proponen y representan las imágenes y especies de sus
objetos ú estos interiores, asi sobren atura! monte (corno deci­
mos) sin los sentidos exteriores se pueden representar las
mismas imágenes y especies, y mucho más viva y perfecta­
mente. Y así debajo de estas imágenes muchas veces repre­
senta Dios al alma muchas co sas, y la enseña mucha sabidu­
ría , como á cada paso vemos en la Divina Escritura, como
haber mostrado Dios su gloria debajo del humo que cubría el
templo ( 1 ). Y entre los Serafines que cubrían con las alas el
rostro y los piés (2 ). Y á Jeremías la vara que velaba ( 3 ). Y
á Daniel la multitud de visiones, etc. E l demonio también
procura con las suyas-, aparentemente buenas (4 ) t engañar al
alma: como es de ver en el tercer libro de los R eyes, cuando
engañó a todos los Profetas de A cab, 'representándoles en la
imaginación los cuernos COn que dijo había de destruir á los
As inos (fj), y fué mentira. Y las visiones que tuvo la mujer
de Plintos (6), sobre que no condenase á Cristo, y otros mu­
chos lugares. Estas visiones imaginarias suceden á los apro­
vechados más frecuentemente que las exteriores corporales, y
no se diferencian de las que entran por los sentidos exteriores
en cuanto imágenes y especies: pero eu cuanto al efecto que
hacen y perfección de e lla s , mucha diferencia lia y ; porque son
más sutiles y hacen más efecto en el alm a, por cuanto junta­
mente son sobrenaturales y más interiores que las sobrenatu­
rales exteriores. Aunque no se quita por eso que a lg u n a s cor­
porales de estas exteriores hagan más efecto, quo on lin os
como Dios quiere que sea la comunicación: pero hablamos de

¡ 1) U xoil. •10.:'tt. (3 ) Jurera. 1 . 11. :t. K iy . & . II. ni 12.


(¿) U n í. ti. 4. {4 } L c y e cap. H. ü. o l ln. U.in. i! M :\iili. á T l!i.

1 0 ‘2 srnnu dfl m o \ tf . CAUMKi.fi.

parte de tillas. porque son más interiores. Este, sentido de la


imaginación y fantasía es donde1 ordinariamente acude el de­
monio con sus ardides, porque él os la puerta y entrada para
el alm a: y aquí viene el entendimiento á tomar y dejar, como
i’i ]merlo ó plaza de su previsión. V por eso Dios y también el
demonio acuden aquí con imágenes y formas para ofrecerlas
al entendimiento: puesto que Dios no sólo se aproveche de este
medio para instruir al alm a, pues mora sustancialm ente en
e lla , y puede por sí y con otros medios. No me detengo en
dar doctrina de indicios para que se conozcan cuáles visiones
son de Dios y cuáles no, pues mi intento aquí no es ese, sino
sólo instruir el entendimiento en rilas para que no se emba­
race ni impida para la unión de la Divina Sabiduría con las
buenas, ni sea engañado con las falsas.
Por tanto digo que de todas estas aprehensiones y visiones
imaginarias y otras cualesquiera, como ellas se ofrezcan de­
bajo de forma á im ágen ó algun a inteligencia particular, ora
sean falsas de parte del demonio, ora se conozcan ser verda­
deras de Dios, el e n te n d im ie n to no se ha do embarazar ni ce­
bar en ellas, ni las ha el alma de querer admitir, ni hacer pié
en ellas, para, poder estar desasida, desnuda , pura y sencilla
sin algún modo, como se requiere para la Divina unión. La
razón de esto es porque todas estas formas ya dichas siempre
en su aprehensión se ropresentan debajo de algunas maneras
y modos lim itados, y la Sabiduría de Dios, en que se ha de
unir el entendimiento, ningún modo ni manera tiene, ni cae
debajo de algún límite ni inteligencia distinta v particular;
porque totalmente es pura v sencilla, Y como quiera que para
juntarse dos extremos, cual es el alma y la Divina Sabiduría,
sea necesario que vengan á convenir en cierto modo de seme­
jan za entre si; de aquí es que también el alma ha tío estar
pura y sencilla, no lim itada ni atenida á alguna inteligencia
p articu lar, ni modificada con algún limite dr forma, especie
Ó im ágen. Que pues Dios no cabe debajo de forma ni imágen,
ni cabe debajo de inteligencia particular, tampoco el alma
para unirse con Dios lia de caer debajo de forma ni inteligen­
cia distinta. Y que en Dios no haya forma algun a ni semejan­
z a , b ie n io da á entender el Espíritu Santo en el Deuterono-
m io, diciendo: VQcemveriQrwnejusyudisiis. etfw-rmmpeni(u$
L iBno ir. cap . xv i. 10*.?

non ridistis ÍI). Oísteis la vo z ti** sus palabras, y total monto no


visteis en Dios alguna, forma. Poro dice que había allí tinie-
V>Las y nube v oscuridad, qnc os la noticia escura y confusa
que habernos dicho en que se une el alma con Dios. \ más
adelanto d ice: Non r idistis aliqmmshnilitudm m in die, (¡na lo-
culuít est txibis Dominiis in Ffoveb de inedia igit.is ( 2 ). No v iste is
vosotras semejanza alguna on Dios 011 el dia quo os habló del
medio dol fuego en el monte Horeb. Y que el alma no pueda
llog’íii1' á la ¡dlczn do la imion con D ios, cu al 011 esta vida so
puede, por medio d»J a lg u n a s fu m ía < y fig-uras lo dico ol mis­
mo Espíritu de Dios on los IVhueros ( 3 ). donde reprehendiendo
D iosa Aaron y María, hermanos de Moison, povqnc muriri ti­
raban contra 61 , queriendo darlos á entender el alto estado 011
que le había puesto de unión y amistad consigo, dijo : S i qms
fuerit, ínter vús¡ Propketú, Dotitini, in fisione üppñvebo ¿i, val
per soamiim loguar ad illw i. A t non talis sermis me\is M oi­
sés , qni in, mrni dmw meafid élissm m e s t: ore enim ad os loqnor
ei, et palam, et m u per <tn,igmú,td, U figuras Dominwmvidet (4 ).
Si entre vosotros hubiere algún Profeta del S eñ o r, aparece rio
he en alguna visión y forma, ó hablaré con él entre sueños.
Pero ninguno hay como mi siervo Moisen en toda mi c a s a : es
fidelísimo y hablo con él boca á b o ca, y no ve á Dios por com­
paraciones , semejanzas y figuras. En. lo cual se da ó entender
quo en este alto estado de unión de amor no se comunica Dios
al alma mediante algun disfraz de visión imaginaria, seme­
janza 6 figura, ni la ha do haber, sino que boca á boca, esto
os, en esencia pura y desnuda de Dios, que es como la boca de
Dios en amor con esencia pura y desnuda del alm a, mediante
la voluntad, que es la boca dol alma en amor de Dios. Por
tanto, para venir d esta unión de Dios tan perfecta, ha do te­
ner cuidado el alma de no se ir arrimando á visiones imagina­
rias ni formas ni figuras, ni particulares inteligencias: puos
no le pueden servir de medio proporcionado y próximo para el
tal efecto, ántes le serán estorbo, y por eso las ha do renun­
ciar y procurar no tenerlas. Porque si por algún caso se hu­
biesen do admitir y preciar, era por el provecho y buen efecto

¿ 1j Huillín1. ‘1. l'¿. { 3 1 Numer. Ii.


(2 ) lliiil. Kt. ; 1' li>id. ii, i;. " ,
101 SITIADA D FJ. MOMTK C Alt MR LO.

que- las verdaderas hacen eu el alm a; perú para esto no os ne­


cesario adm itirlas, ántes conviene para mejoría siempre ne­
garlas. Porque estas visiones im aginarias, ol bien que pueden
hacer al alma también como las corporales exteriores que ha­
bernos dicho , es comunicar la inteligencia./am ór ó suavidad:
pero para que causen este efecto en e lla , no es necesario que
las quiera admitir; porque, como también queda dicho arriba,
cuando Cu la im aginativa hacen presencia, liaceu eu el alma
ü infunden la inteligencia, amor ó suavidad que Dios quiere
que causen, y así recibe el alm a su efecto despertador pasiva­
mente, sin ser ella parte para lo poder impedir, como tampoco
lo fué para lo saber adquirir, uo obstante que haya trabajado
ántes en disponerse. A lgo se parece esto á la vidriera, que uo
es parto para impedir el rayo del .Sol que da en ella , sino que
pasivam ente, estando ella dispuesta con lim pieza, la esclarece
sin su diligencia y obra. A si también el alm a no puede dejar
de recibir en si las influencias y comunicaciones de aquellas
iig u ra s ; porque á las infusiones sobrenaturales uo las puede
resistir la voluntad negativa estando con resignación humilde
y amorosa, aunque sin duda es estorbo la impureza y imper­
fecciones del alm a, como también en la vidriera impiden la
claridad las manchas. De donde se ve claro que, cuanto más
el alma se desnudare con la voluntad y afecto de las manchas
de las aprehensiones , imágenes y figuras en que vienen en­
vueltas las comunicaciones espirituales que hemos d ich o, 110
sólo no se priva de estas comunicaciones y bienes que causan,
mas se dispone mucho más para recibirlas con más abundan­
cia , claridad y libertad de espíritu y sencillez, dejadas aparte
todas aquellas aprehensiones, que son las cortinas y velos que
encubren lo más espiritual que allí hay. V asi ocupan el sentido
y esp íritu , si en ellas se quiere cebar, de manera que sencilla
y libremente no se le pueda comunicar el esp íritu ; porque es­
tando ocupado con aquella co rteza, está claro que 110 tiene li­
bertad el entendimiento para recibir la sustancia. De donde si
el alma las quisiese admitir y hacer m u ch o caso de ella s, se­
ria embarazarse y contentarse con lo ménos que hay en ellas,
que es todo lo que (illa puede aprehender y conocer de ellas,
lo cual es aquella forma y im ágen, y particular inteligencia.
Porque lo principal de ellas, que es lo espiritual que se le iu-
T.Timo IT, CAP. XVI. 100

funde, no lo sabe ella aprehender ni entender, ni sa-ho como


es ni lo sabría decir, porque es puro espiritual. Solamente lo
que de ella sabe [como decimos) és lo menos (pie Ira}' eu ella
á su modo de entender, que son las formas por el sentido : y
por eso digo que pasivamente y sin que ella ponga su obra de
entender ni saberla poner , se le comunica de aquellas visio­
nes lo que ella no supiera entender ni imaginar. Por tanto
siempre se han de a parlar loa ojos del alma de. todas estas
aprehensiones que ella puede ver y entender distintamente, lo
cual comuniea eu senlido y 110 hace fundamento ni seguro de
F e. v ponerlos en lo qne 110 ve ni pertenece al sentido, sino al
espíritu, que no cae eu figura de sentido, y es lo que la 1W a ­
lt la unión en F e. la cual es el propio medio. V así le aprove­
charán al alma estas visiones en sustancia para Fe. cuando
supiere bien negar lo sensible y inteligible particular de ellas,
y usar bien del fin (pie. Dios tiene en darlas al alma, desechán­
dolas; porque, como dijimos de las? corporales, no las da Dios
para que el alma las quiera tomar y poner su asimiento en
ellas.
Pero nace aqui una duda, y e s: si es verdad que d a Dios
al alma las visiones sobrenaturales, no para que ella las quiera
tomar, ni arrimarse á ellas, ni hacer caso de ellas; ¿para qué
se las da . pues en ello puede caer el alma eu muchos yerros
y peligros, ó por lo ménos en los inconvenientes que aqui se
han dicho para ir adelante, mayormente pudiendo Dios dar al
alma y comunicarla espiritualmente y eu sustancia lo q u e le
comunica por el sentido mediante las dichas visiones y formas
sensibles? Responderemos á esta duda en el siguiente capítulo,
y es de harta doctrina y bien necesaria, á mi ver, así para los
espirituales como para los que ensenan. Porque se enseña el
estilo y fin que Dios en ellas lleva , el cual por no le saber
m uchos, ni se saben gobernar ni encaminar á si ni á otros en
ellas á, la Union. Que piensan que por el mismo caso que co­
nocen ser verdaderas y de D ios, es bueno arrimarse y ape­
garse á ellas , no mirando que también en estas hallará el al­
ma su manera de propiedad, asimiento y embarazo como en
las cosas del m undo, si no las sabe renunciar como á ellas.
Y así les parece quo es bueno admitir las unas y reprobar las
otras, metiéndose á si mismo y ú las almas en gran peligro y
10(i S TI t l DA DEL MO NT E C AUME L O.

trabajo acerca <lol discernir entro la verdad y falsedad de ella*.


i¿ue ni Dios les manda ponerse en este trabajo, ni que á las
almas sencillas y simples las metan en ose peligro y contien­
da: pues tienen doctrina sana y segu ra, que es la F e, en que
han de caminar adelante. Lo cual 110 puede ser sin cerrar los
ojos á todo lo que es del sentido y de inteligencia clara y par­
ticular. Porque áun con estar tan cierto San Pedro de la visión
de gloria que vió en Cristo en la •Transfiguración, después de
haberla contado, encaminándolos á la Fe dijo: E t habemusfir-
miorem prophctictm scrmoncm : m i óeiiefacitis attendentex,
quaü ¿ncerna facenti in caliginoso loco (1 ). Tenemos más firme
test imonio que. esta visión del Tabor, que son los dichos fio los
Profetas que dan testimonio de Cristo, á los cuales hacéis bien
de arrim aros, como á la candela que da luz en el lu g ar escuro.
En la cual comparación, si queremos m irar hallaréinos la doc­
trina que vam os enseñando. Porque en decir que miremos á la
Fe que hablaron los Profetas, como á candela que luce en lu­
g ar escuro, es decir, que nos quedemos á escuras, cerrados los
ojos «i todas esotras luces, y que esta tiniebla de Fe que tam­
bién es escura, sola sea luz á que nos arrim em os; porque si
nos queremos arrimar á otras luces claras de inteligencias dis­
tintas, y a u O s dejamos do arrimar á la escura que es la F e , y
nos deja de dar lux en el lugar escuro que dice San Pedro ; el
cual lu gar significa al entendim iento, que es el candelero
donde se asienta esta candela de la Fe , y asi ha de estar es­
curo hasta que le amanezca eu la otra vida el dia de la clara
visión de D ios, y en esta el de la transformación y unión con
é l , á que el alm a camina.

CAPITULO XVII.

E n ijuu ts6 docln ri» ol llu y M i l l o q u a D io s tiflUfi ftn Crtiíilinicftr ¡il ulrtirt lús b ie n e s r"spiri-
tualófi por m edio ile loa sen tid os.— R6spon.de á la duda cjue s* M torailo.

Mucho hay que decir acerca del lin y estilo que Dios tiene
en dar estas visiones, para levantar á una alm a de su tibieza
á su Divina unión : lo cual todos los libros espirituales tratan.

[ 1) ?. Patr. 1.19.
L1 KK0 II, ( 'A l'. XV II. 10 7

y por eso en este capítulo solamente se dirá lo que basta para


satisfacer á nuestra iluda, la cual era: que pues en estas vi­
siones sobrenaturales hay tanto peligro y embarazo para ir
adelante, como so ha dicho; ¿porqué Dios, quo es sapientí­
simo , y amigo de apartar de las almas tropiezos y lazos, s<* las
comunica y ofrece?
Para responder á esto conviene suponer tres principios. El
primero es de San Pablo, que dice: Qu't antevi xunt, a Deo
muihinUi' sunt, [ 1 ). Que las cosas que son hechas, de Dius son
ordenadas. El secundo es del Espíritu Santo en el libro de la
,S abiduría, di mi le. d ice: Oixjmiii onatia aumUer {‘2 ). La Sabi­
duría de Dios, aunque toca de un Un á otro (esto es) de un
extremo á otro extremo, dispone todas las cosas suavemente.
El tercero es de. los teólogos, que dicen: Ihux inania, wwvet
xecuudim modim eorim. Que Dios mueve todas las cosas-al
modo de ellas. Según pues estos principios, está claro que
para mover Dios al a lm a , y levantarla del fin y extremo de su
bajeza al otro liu y extremo de su alteza en su Divina unión,
líalo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la
misma alma. Pues como quiera- que. el órden quo tiene el
alma de conocer, sea por las formas y imágenes de las cosas
criadas, y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos;
de aqui es que para levantarla Dios al sumo conocimiento,
para hacerlo suavemente, ha de comenzar á tocar desde el
bajo extremo de los sentidos del alm a, para así irla levantan­
do al modo de ella hasta el otro fin de su Sabiduría espiritual,
que no cae en sentido. Por lo cual la lleva primero instruyen­
do por form as, imágenes y vias sensibles- á su modo de en­
tender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos
al sumo espíritu de Dios. Y esta es la causa por qué ó.\ le da
las visiones y formas imaginarias y las demás noticias sen­
sitivas y inteligibles. No porque no quisiera Dios darle lué-
go en el primer acto la sustancia del espíritu, si los dos
extremos, que son humano y divino, sentido y espíritu, de
via ordinaria pudieran convenir y juntarse con un solo acto,
sin que intervengan primero otros muchos actos de dispo­
siciones que ordenada y suavemente convengan entre sí.

1) Acl Rom. Vi. I. (2 ) Papicnt. 1


1U 8 SC H IIU OKI, M O V I 'H ( AHM KIf1.

siendo u n a s fu i ii Iiniic 111o y disposición para las otras; así


rumo on los agonfos natural os las primeras sirven á las se­
cundas , y las segundas á las terceras, y de ahí adelante.
V asi va líios perlieúmando al hombre al modo del hom­
bro. por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto y inte­
rior. Do donde primero lo perliciona el sentido corporal, mo­
viéndolo á (pie use' de buenos objetos naturales perfectos
exteriores, como á oir misa, serm ones, ver cosas santas,
mortificar el gusto en la comida, macerarse con penitencias y
santo rigor el tacto, Y cuando ya están estos sentidos algo
dispuestos, les suele perficionar m ás, haciéndoles algunas
mercedes sobrenaturales y rega lo s, para confirmarlos más en
el bien, ofreciéndoles algunas comunicaciones sobrenaturales,
como visiones do Santos ó cosas santas corporalmente, olores
suavísim os, y locuciones con pura y particular suavidad, ron
que se confirma mucho el sentido en la virtu d , y se enajena
del apetito de los malos objetos. Y allende de eso, los sentidos
corporales iuteriores de rpie aquí vamos tratan do, como son
im aginativa y fantasía, juntam ente se los va pcrficionando y
habituando al bien con consideraciones, meditaciones v dis—
cursos santos, en la manera que en ellos puede cab er, y en
totlo esto instruyendo al espíritu. Y á estos, dispuestos con este
ejercicio natural, suele Dios ilustrar y espiritualizar los más
con algunas v i s i o n e s sobrenaturales, que,aquí llamamos ima­
gin arias, con las-cuales juntam ente (como habernos dicho) se
aprovecha el espíritu mucho, el cual así en laa unas como en
las otras se v a desenrudecicndo y formando m uy poco á poco.
Y de esta manera va Dios llevando al alm a de grado en grado
hasta lo más interior, uo porque sea necesario guardar este
órden de primero y postrero tan puntual como eso; porque .á
veces hace Dios uno sin otro, como él ve que conviene al al­
ma y él quiere hacerla mercedes: pero la via ordinaria es
conforme á lo dicho. De esta manera pues va Dio,"' ordinaria­
mente instruyéndola y haciéndola espiritual, comenzándola á
comunicar lo espiritual desde las cosas exteriores, palpables
y acomodadas al sentido. según la pequenez y poca capaci­
dad del a ln » , para que mediante la corteza de aquellas cosas
sensibles que de suyo son buenas, vaya el espíritu haciendo
actos particulares y recibiendo tantos bocados fie comunicación
IJUKO II, C AI 5. XVII. 10Í)

espiritual, que venga á hacer hábito en Jo espiritual y llegue


;i lu más sustancial del espíritu, que es íijeno de todo sentido,
al cual (como habernos dicho) 110 puede llegar el alma sino
poco á poco á su modo por el sentido, á que luí estado siempre
asida. Y así á la medida que se v a más allegando al espíritu
acerca del trato con Dios, se va más desnudando y vaciando
de las vias del sentido, qne son las del discurso, meditación
y imaginación. De donde cuando llegare perfectamente al
trato con Dios de e sp íritu , necesariamente lia de haber ••va­
cilado todo lo que acerca de Dios podía caer eu sentido. Así
como cuanto mas una cosa se va arrimando á un extremo,
más so va alejando y negando del o tro, y cuando perfecta­
mente se arrimare, perfectamente también so habrá aparta­
do del otro extremo. Por lo cual comunmente dice ol adagio
espiritual, que: Chístalo spiritu, desipit onmis caro. Que aca­
bado de recibir el gusto y sabor del espíritu, toda carn ees
desabrida, esto es, no aprovechan ni entran en gusto todos
los gustos 6 caminos sensibles: en lo cnal se entiende todo
trato do sentido acerca de lo espiritual. Y está claro: porque
si es espíritu y a no cae en sentido; y si es tal que puede
compreheuderlo el sentido, y a no es puro espíritu. Porque
cuanto más de ello puede saber el sentido y aprehensión na­
tural, tanto ménos tiene de espíritu y de sobrenatural.'Por
tanto el espiritual y a perfecto no hace caso del sentido, ni
recibe por él, ni principalmente se sirve ni há menester
servirse de él para con Dios, como hacía Antes cuando no ha­
bía crecido en espíritu. Y esto-es. lo que dió á. entender San
pablo á los Corintios, diciendo: Gkm esstviparvtoliis, loqnebar
ul partulus: sapiebam v.t parm üus, cogitaban ut parvnlns.
Qrnndo autcmfactus sum zir t evacúan i, que errnt par mili (1).
Cuando era y o pequeñuelo, hablaba como pequcüuelo, sabía
como pequenuolo, pensaba como pequeñuelo; pero cuando
fui hecho varón, evacué las cosas que eran de pequeñuelo.
Y a habernos dado á entender, cómo las cosas del sentido y ol
conocimiento que puede sacar por ellas, son ejercicio de pe­
que Huelo. Y así, si el alma quisiese siempre asirse á ellas y
no desarrimarse de ella s, nunca dejaría de sor poqueíiuelo

W I. iid Cor. la. II.


110 s r n in v r»Ei, m ontk cakm klo.

niño, v siempre hablaría de Dios eoinu pequenuelo, y sabría


de Dios i1orno poqueñuelo. v pensaría de Dios como pequeñue-
lo : y porque asiéndose' á la corteza del sentido, que es ol
pequenuelo , nunca vendrá tí la sustancia del espíritu , que
es el varón perfecto. Y asi uo ha de querer el alm a admitir las
dichas revelaciones para ir creciendo, aunque Dios se las
ofrezca, así como el niño há menester dejar ('1 pecho para
hacer su paladar á manjar más sustancial y fuerte. Pues luego
(diréis) ¿será menester que el alma cuando es pequeñuela,
las quiera tomar, y las deje cuando es jnayor, así como el
niño es menester que quiera tomar el pecho para .sustentarse,
hasta que sea m ayor para poderlo dejar? Respondo que, acer­
ca d é la meditación y discurso natural en que ('i alma com ien­
za ;i buscar á Dios, es verdad que no lia de di ja r el pecho del
sentido para irse sustentando, hasta que llegue á sazón y
tiempo que pueda dejarlo, que es cuando y a Dios pone al
alm a en trato más espiritual, que es la contem plación, de la
cual* y a dimos doctrina en el capítulo once de este libro. Pero
cuando son visiones im aginarias ó otras aprehensiones sobre­
naturales, {[ue pueden caer en sentido sin el albedrío del
hombre, digo que en cualquier tiempo y sazón, ahora sea en
estado de perfecto, ahora de ménos perfecto, aunque sean de
parte de Dios, no las ha el alm a de pretender ni detenerse
mucho en e lla s , por dos cosas. L a u n a , porque (como habe­
rnos dicho) pasivam ente hacen en el alm a su efecto sin que
ella sea parte para impedirlo, aunque sea alg u n a para impe­
dir el modo de v isió n , y por consiguiente aquel segundo efec­
to que había de causar en el alm a, mucho más se le comunica
en sustancia, aunque no sea de aquella manera. Porque en
renunciar estas cosas con humildad y rece lo , ninguna imper­
fección ni propiedad h a y , ántes desinteres y va cío , que es
mejor disposición para la unión con Dios. La .segunda es por
librarse del peligro que hay y del trabajo en discernir las
malas de las buenas, y conocer si es Angel de luz ó de ti­
nieblas: en que no h ay provecho ninguno, sino g astar tiempo
y embarazar al alm a con aquello, y poner en ocasiones de
muchas imperfeccione * y do no ir adelante, no poniendo el
alma en lo que hace al c a s o , desembarazándola de menuden­
cias de aprehensiones y inteligencias p articulares. según
L1LJ110 II, ( Al*. X V II. H 1

queda dicho de las visiones corporales y de e sta s, y se dirá


mas adelante. Y esto se crea , que si nuestro Señor no hubiese
de llevar al alma al modo de la misma alma, como decimos,
nunca le comunicaría la abundancia de su espíritu por estos
arcaduces tan angostos do formas y figuras y particulares in­
teligencias, por medio de las cuales da el sustento al alma
por migajas. Que por eso dijo David; M ittit c-rystallwn suam
sicnl buccellas { 1 ). Envió su sabiduría á las aliñas como en
bocados. Lo cual es liarlo de doler, que teniendo el alma ca­
pacidad com o infinita, la anden dando á comer por bocados
del sentido, por su poco espíritu y inhabilidad sensual. Y por
esto también á San l ’ablo le daba pena esfa poca disposición
y pequenez para recibir el espíritu, cuando dijo: E t ego,
/m ires, non polui vobts loqui (¿mú xjüril'iudik&s, sed, qumi
camalibus. Tam/juamparmilis in CArista, lac m bispatm i dedi,
nonescavi: uondmi enim poleralis; sed nec nnne quide.ni pot­
es lis: adküc enim camales estis (2 ). Y o , hermanos, como vi­
niese á vosotros, no os pude hablar como á espirituales, sino
como A carn ales; porque no podíades recibirlo ni tampoco aho­
ra podéis: com oá pequeuuelos os di á beber leche, y no man­
ja r sólido.
Resta pues ahora saber que el alma no ha de poner los ojos
en aquella córteza de figura y objeto que se le pone delante
sobrenaturalm entc, ahora sea acerca del sentido exterior como
son locuciones y palabras al oido, y visiones de Santos á los
ojos, y resplandores hermosos, y olores á las narices, y
gustos y suavidades en el paladar, y otros deleites eu el
tacto, que suelen proceder del espíritu. Ni tampoco los ha de
poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son
las imaginarias interiores; ántes, renunciándolo todo, sólo ha
de poner los ojos en aquel espíritu bueno que cau san , procu­
rando conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de
servicio de Dios desnudamente, sin advertencia de aquellas
representaciones ni de querer algún gusto sensible. Y así se
toma de estas cosas sólo lo que Dios pretende y quiere, que es
el espíritu de devocion, pues que no las da para otro lili prin­
cipal: y se deja lo que él dejaría de dar, si se pudiese recibir

,\) I’fj. L1T 1", ’/ i ) 1. wl Cor. -¿.


112 KiriUDA OKI, MONTE C A R M E LO .

on espíritu sin olio, (001110 habernos dicho) que es el ejercicio


y aprehensión del sentirlo.

C A P IT U L O X V III.

Tríkta del daño <iu<¡ a lgu n os m aestro» espirituales pueden hacer á laa almíis por no las
lleva r con buen estilo ¡icltcji de lnsf <licluui visiones. — Y (lico tnm bicn com o aunque
sumí de D ios. >íl' iuiu.k'11 ullii»cn^rahiir.

No podemos en esta materia de visiones ser tan breves ro­


mo querríamos, por lo mucho que acerca do ellas luiy que
decir. Por tanto, aunque en. sustancia, queda dicho lo que hace
al caso, para dar á entender al espiritual có m o se ha de haber
acerca de las dichas visiones; y al maestro que le gobierna.
('1 modo que lia de lenor con el discípulo eu ellas; no sová de­
masiado particularizar más un poco esta doctrina, y dar más
luz del daño que se puede segu ir, asi á las almas espirituales
como á los maestros que las gob iern an , si son m uy crédulos
á e lla s , aunque sean de parto de Dios. La razón que me ha
movido á alargarm e ahora en esto, es la poca discreción que
y o be o d ia d o de ver, á lo que e n tien d o. 011 a lg u n o s m aestros
espirituales. L os cuales, asegurándose acerca de las dichas
aprehensiones sobrenaturales, por entender que son buenas y
de parto de D ios, vinieron los unos y los otros á. errar nnichci
y hallarse m uy cortos, cumpliéndose en ellos la sentencia de
Cristo, que dice: Gczcvs anlem si caco ducalmn prcestet, ambo
infnveam cadnvt ( 1 ). Si 101 ciego guiare otro c ie g o , entrambos
caen en la hoya. No dice que caerán, sino que caen. Porque
no es menester que haya caida de error para que c a ig a n , que
sólo el atrever á gobernarse el uno por el otro y a es yerro , y
así en eso caen por lo ménos. Y prim ero, porque hay algunos
que llevan tal modo y estilo en las almas que tienen las tales
cosas, que ó las hacen errar ó las embarazan con e ll a s , ó 110
las llevan por camino de hum ildad, y les dan mano á que
pongan mucho los ojos on e ll a s , quo os causa de no caminar
por ©1 puro y perfecto espíritu de l'’e . y no las edifican ni for­
talecen en e lla , haciendo mucho ca so de aquellas cosas. E11 lo
cual las dan á sentir que hacen ellos mucho Caso do aquello,

1’ Mutl. 13. H ,
r/m n o u, CAr. xvm . 113

y por el consiguiente le hacen e lla s . y quedánseles las almas


puestas eu aquellas aprehensiones, y no edificadas en Fe, ni
vacías, desnudas y desasidas de aquellas cosas, para volar en
alteza de escura l*'e. Y todo esto nace del término y lenguaje
que el alma ve en su maestro acerca de esto, que no se cómo
tacilísimamente se le pega un lleno y estimación de aquello,
sin ser en sil m ano, y quita los ojos del abismo de la Fe. Y debe
ser la causa de esta facilidad, el quedar el alma tan ocupada
con ello, que como son cosas de sentido, á que el natural os
inclinado, corno también está y a saboreado y dispuesto eon la
aprehensión de aquellas Cosas d istin tas y sensibles, basta ver
en su confesor o eu otra persona alguna estimación y aprecio
de ellas, para que 110 solamente el alma la h aga, sino que
también se le engolosine más el apetito en ellas, y sin sentir
se cebe más y quede más inclinado, y haga en ellas mucha
presa. Y de aquí salen muchas imperfecciones por lo ménos:
porque el alm a y a uo queda tau hum ilde, pensando que aque­
llo es algo y tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella,
y anda contenta y algo satisfecha de sí,' lo cual es contra hu­
mildad. Y luego el demonio le v a aumentando esto secreta­
mente sin entenderlo e lla , y le comienza á poner un concepto
acerca de los otros, en si tienen ó no tienen las tales c o s a s ; ó
son ó no so n ; lo cual es contra la santa simplicidad y soledad
espiritual. Mas de estos-daños, como no crecen en Fe, no se
apartan. Y también, aunque no sean loa daños tan pal]jabíes
como estos, hay otros en el dicho término más sutiles y más
odiosos á los ojos Divinos, por 110 ir en desnudez. Pero esto
lü dejarem os a h o r a , h a sta que lleguemos á tratar del vicio de
la g u la espiritual, y de los otros seis, donde, queriendo Dios,
se dirán muchas cosas de estas sutiles y delicadas m ancillas
que se pegan al espíritu, por no saber guiarle en desnudez.
Aquí dirémos de cómo es estilo que llevan algunos confesores
con las alm as, en que no las instruyen bien. Y cierto querría
saberlo d e c ir, porque entiendo es cosa dificultosa el dar á
entender cómo se engendra -el espíritu del discípulo conforme
al de su padre espiritual secreta y ocultamente; porque parece
que no se puede declarar lo uno sin dar á entender lo otro.
Tam bién, como son cosas de espíritu, unas tienen correspon­
dencia euu otras.
111 SUBI DA DEL MO NT E C A R M E t. O .

1'avóceme á m i. y es a si, que si ol Padre espiritual os in­


clinado al espíritu do revelaciones de manera que le hagan
mucho peso, lleno ó gusto on el alm a, 110 podrá dejav, aun­
que él 110 lo entienda, de imprimiv en el espíritu del discípulo
:i(|iiol mismo '«■usto y estim ación, si el discípulo no está más
adelanto quo ól: y aunque lo oslé, lo podrá haoei* harto daño
si persevera con él. Porque de aquella inclinación que el
padre espiritual tiene y gusto en las tales visio n e s, le nace
cierta manera de estim ación, quo si no os con gran cuidado
de ól, no puede dejav de dar muestras ó sentimientos do ello á
la otra persona, y si la otra persona tiene el mismo espíritu
de la tal inclinación, (á lo que yo entiendo) no podrá dejarse de
comunicar mucha aprehensión y estimación de estas cosas de
una parte á otra. Pero no hilemos ahpra tan delgado, sino ha­
blemos de cuando el confesor, ahora sea inclinado á oso.
ahora 110 , no tiene el recato que lia de tener en desembarazar
el alma y deslindar ol apetito de su discípulo en estas cosas,
Ant.es se pone á platicar de ello con é l , y lo principal del len­
guaje espiritual (como habernos dicho) pone en estas visiones,
dándoles indicios para conocer las v i s i o n e s b u e n a s y las ma­
las. Que aunque es bueno saberlo, no h ay para qué meter al
alm a en este trabajo . cuidado y peligro sino en algun a apre­
tada necesidad, como queda dicho. Pues en 110 hacer m u c h o
caso de ella s, negándolas, se excusa todo esto, y se hace lo
que so debo. Y no sólo e so , sino que ellos m ism os, como ven
que las dichas alm as tienen tales cosas de Dios, piden que
nieguen á Dios les revele tales ó tales cosas tocantes á ellos ó
h otros, y las buenas alm as lo hacen, pensando es lícito que­
rerlo saber por aquella via. Que piensan que porque Dios quie­
re revelar a lg o sobrenatural mente, como él quiere, ó para lo
que él q u iere, que es lícito querer que nos revele y aun pedír­
selo. Y si acaece que ¿ b u petición lo revela D ios, aseguran so
más para otras ocasiones, y piensan que Dios gu sta de esto
modo de tratar con é l, y á la verdad ni gu sta ni lo quiero. Y
como ellos están aficionados á aquella manera de trato con
D io s, asiéntasolos mucho y allánaseles la voluntad natural­
mente en ello. P orque, como naturalmente gustan , natural­
mente so allanan á su modo de entender, y en lo que dicen
yerran muchas veces, y ven el los que no los sale como habían
fclHKO I I , CAP. XIX.. lió

entendido; y maravillan se. y luego nacen las duelas on si ovan


de Dios ó 110, pues no acaece ni lo ve a de aquella manera.
Pensaban olios primero dos cosas: la una, que era de Dios
pues tanto se los asentaba; y puedo ser ol natura! inclinado á
olio el quo causaba aquel asiento, como habernos dicho: la
segunda, que siendo de Dios, había de salir así como ellos en­
tendían 6 pensaban. Y aquí está un grande engaño, porque
las revelaciones ó lucnciones de Dios no siempre salen como
los hombros las entienden, ó eomo ellas suenan en sí. Y así
no se lian de a s e g u r a r en e l l a s ni creerlas á carga cerrada:
aunque sopan que son revelaciones, respuestas ó dichos de
Dios. Porque aunque ellas sean ciertas y verdaderas en si f uo
es menester que lo sean siempre en nuestra manera do. enten­
der, lo cual probaremos en el capítulo siguiente. Y también
diremos despues cómo, aunque Dios responde á veces á lo que
se le pide sobrenaturalm ente, no gu sta de ello , y cómo á ve­
ces se enoja aunque responde.

CAPITULO XIX.
Kn qua so doularíi y prilúliii cfiiiKi-, ftuni|ilú líW Víhíúikwj y locu cion es quo aun du p arle tle
l)mri siMi víifilíiilíiríLrt•en h ¡, aoa potlamos &utfatk&r aaoitca ilo e lla ».—J*ru Abuso r.on nuln-
rnlíuloa de U Divina E scritura.

Por dos cosas dijim os, que aunque las visiones y locucio­
nes de Dios son v e rd a d eras y ciertas siempre en s í, no lo son
siempre á nuestro entender, ha una es por uuestra defectuosa
manera de entenderlas. La otra es por las cansas ó fundamen­
tos de ellas , que son conminatorias y como condicionales: si
esto no se enmendare ó si aquello se hiciere > aunque la locu­
ción en lo que suena sea absoluta : las cuales dos cosas pro-
barémos con algunas autoridades Divinas. Cuanto ¿ lo primero
está claro que no son siempre ni acaecen como ellas suenan á
nuestra manera de entender. La causa de esto es, porque como
Dios es inmenso y profundo, suele llevar en sus profecías, lo­
cuciones y revelaciones, otros conceptos y inteligencias muy
diferentes de aquel propósito en que comunmente se pueden
entender de.nosotros, siendo ellas en si tanto más verdaderas
y ciertas. cuanto á nosotros nos parecerá quo no. Lo cual á
11») iSL'UIDA DE L M O N TE CAI IMK LO.

cada paso vemos en la Divina E scritura, donde A muchos de


los antiguos no les salían muchas profecías y locaciones ríe
Dios como ellos esperaban . por entenderlas á su modo de otra
manera m uy á la letra. Lo cual se vera duro por estas auto­
ridades.
E u el Génesis dijo Dios á Abrahan , habiéndole traido á la
tierra de los G ananeos: Esta t ierra te daré á tí (1). Y como so lo
dijere m uchas v e c e s , y Abrahan fuese y a m uy v ie jo , y nunca
se la d a b a , diriéndoselo Dios otra v e z , respondió A b ra h a n ;
Señor, ¿d ó n d e, ó por qué señal podré y o saber quo la tungo fie
poseer? (2 ) Entóneos le reveló Dios, que no él en persona, sino
sus h ijos, despues de cuatrocientos a ñ o s, la habían de po­
seer (3 ). De donde acabó A brahan de entender la promesa . la
cual era en si v celadorísim a : porque dándola Dios A sus hijos
por amor de él , era dársela á él. V así Abrahan estaba e n c a ­
ñado en la manera de entender, y si entóneos obrara según
él entendía la profecía, pudiera errar m ucho, pues no era de
aquel tiem po, y los que le vieran morir sin dársela, habién­
dole oido decir que Dios se la había prometido, quedaran con­
fusos y creyendo haber sido falsa.
También despues á su nieto Jacob, al tiempo que Josefsu
hijo lo llevó á Egipto por la hambre de C a u a a n , estando en el
camino lo apareció Dios, y le dijo: N o li Uniere, tlescende r,i
jEgyptwm... E t ego inde adducam te retertenlem (4 ). Jacob, uo
tem as, desciende d E g ip to , que y o descenderé allí co n tig o , y
cuando de ahí volvieras á s a lir, y o te sacaré, guiándote. Lo
cual no fué como á nuestra m anera de entender suena. Porque
sabemos que el santo viejo Jacob murió en E gip to (_">), y uo vo l­
vió á salir v iv o : y era que se habia de cum plir en sus hijos . A
los cuales sacó despues de muchos anos de a llí, siéndoles él
mismo la g u ia en el camino. Donde se v e claro que cualquiera
que supiera esta promesa de Dios á Jacob, pudiera tener por
cierto que J a co b , así como había entrado vivo eu Egipto por
órden y favor de D ios, así sin falta había di' volver A. salir
v iv o ; pues de la misma forma y manera le había prometido la
salida y el favor en e lla : y engaüúrase y m a r a v illa n te vién -

{1 ) Qen. 15. *7. ( ¡í) G en. IN. ( r ,) (.¡cu. 1'J. ^ ¡fi.


i a) «cu. a ( 4 ) U en. -1G. ¡J. 4.
LIHRO IT, ( . A l 1. XIX. 117

dolo morir on Egipto, y que uo .se cumplía como so esperaba.


Y asi siendo el dicho de Dios verdaderísimo en s í , acerca de
ól se pudierau mucho engañar.
En los Jucces ( 1 } también leemos que, habiéndose juntado
tudas las tribus de Israel para pelear contra la tribu de Ben­
jamín , y castigar cierta maldad que entre olios se había con­
sentido, por razón de haberle Dios señalado capí tan para la
g u erra . fue mu ollus tan asegurados de la victoria, que salien­
do vencidos; y muertos de los suyos veinte y dos m il, queda­
ron muy maravillados; y puestos d e la n te de Dios lloraron todo
aquel d ia . no sabiendo la c au sa de la eaida, habiendo ellos en­
tendido y tenido la victoria p or su y a . V eouuj preguntasen á
Dios si volverían á pelear ó no, los respondió que fuesen y
peleasen contra ellos. Los cuales, teniendo y a esta vez por
suya la victoria, fueron con grande Osadía, y salieron venci­
dos también la segunda vez, y con perdida de diez y ocho mil.
De donde quedaron confusísimos sin saber qué se hacer, vien­
do que mandándoles Dios pelear, siempre salían vencido», ma­
yormente excediendo ellos á los contrarios tanto en número y
en fortaleza: porque los de Benjamín no eran mas de veinte y
cinco mil y setecientos, y ellos eran cuatrocientos mil. Y de
esta manera se eugañaban ellos en su manera de entender,
pues el dicho de Dios no era engañoso; porque él no les había
dicho que v e n c e r ía n , sino que peleasen; y en estas eaidas les
quiso Dios castigar cierto descuido y presunción quo tuvieron,
y humillarlos asi. Mas cuando á la postre les respondió que
vencerían . asi fue, que vencieron con harto ardid y trabajo. De
esta manera y do otras muchas acaece engañarse las almas
acerca de las revelaciones y locuciones de parte de Dios, por
tomar la inteligencia de ellas á la letra y corteza; porque (como
y a queda dado á entender) el principal intento de Dios £11 aque­
llas cosas es decir y darles el espíritu quo está allí encerrado,
el cual es dificultoso de entender. Y este es muy más abun­
dante que la letra, y m uy extraordinario y fuera de los lím i­
tes de ella. Y asi el que se atare á la letra de la locución ó for­
ma ó figura aprehensible de la visión, no podrá dejar de errar
mucho, y h a lla r s e despues m uy corto y confuso por haberse

(1 1 Judlft 2<J. n. 1L, ct dcincepa.


lis M 'H I I jA I>KI. M 0N T1' C .\ U M E I.O .

guiado según ol sentidn on e lla s, y no dado lugar al espíritu


en desnudez del sentido. Porque, como dice San P ab lo: Littera
enim occidil, spirifais auUmvivij/cal ( 1 ). La letra m ata, pero
el espíritu da vida. Por lo cual se ha de renunciar la letra en
este caso del sentido, y quedarse ¡i escuras en F e , que es el es­
píritu , el cual uu puede coiupieliender el sentido. Por lo cual
muchos de los lujos de Israel, porque entendían muy á la le­
tra los dichos y profecías de los profetas, no les salían como
ellos esperaban, y así las venían á tener en poco, y no las
creían; tanto, que vino á haber entre ellos un dicho público,
casi como proverbio, escarneciendo de las profecías. He lo cual
se queja Isaías, refiriéndole en esta manera: Quem docebit
scieniiam? E t quern intdligere fa cict miditim f Ablaclalos a la-
ct$j avvhos ab uberibus, Quid manda, remanda, manda, reman­
da, expecta, reexpecla... madinm, ihl, modicum ibi. In loque/a
enim, la h ü , et Hugm altera loquelur adpopulum istm i (2). ¿A
quién enseñará Dios ciencia? ¿Y ¿ quién hará entender la pro­
fecía y palabra suya? Solamente á aquellos que están ya
apartados de la leche y desarraigados de los pechos. Porque
todos dicen (es á saber, sobro las profecías) promete y vuelve
á prometer: espera y vuelve á esperar: ull poco a llí, un poco
a llí: porque en la palabra de su labio y cu otra lengua habla­
rá á este pueblo. Donde claramente da á entender Isaías que
hacían estos burla de las profecías, y decían por escarnio este
proverbio: Espera y vuelve á esperar. Dando á entender que
nunca se les cum plía, porque estaban ellos asidos á la letra,
que es la leche de niños, y al sentido su y o , que son los pe­
chos, que contradicen á la grandeza de la ciencia del espíritu.
Por lo cual dice, ¿á quién enseñará la sabiduría de sus profe­
cías? ¿ Y á quién hará entender su doctrina, sino i los que
están apartados de la leche de la letra y de los pechos de sus
sentidos? Que por eso estos no las entienden, sino siguen osa
leche de la corteza y letra, y esos pechos de sus sentidos, pues
dicen: Promete y vu elve á prom eter: espora y vu elve á espe­
rar, &c. Porque on la doctrina de la boca de D ios, y no en la
s u y a , y en otra lengua que en esta s u y a , los ha Dios de lm-

l ¡ 2. ad C o r . 3. G.' 2: ]s * b ¿H. v.
LI BRO I I . r \J*. XIX. lli)

Mar. Y asi no so ha di! mirar en ello n uestro sentido y lengua,


sabiendo que es otra la de Dios segmi el espíritu do aquello,
m uy diferente de nuestro entender y dificultoso: tanto, que el
profeta Jopo m ías, con ser profeta de Dios, viendo los concep­
tos de las palabras de Su .Majestad tan diferentes del común
sentido de los h o m b r e s , parece que alucina también en ollas y
que vuelvo popel pueblo, diciendo; l i e n , h m , Domine Deus,
ngo ne decepisti- popuhm- j-stum, el Jerusalem, dicens: P a x e.rlt
rubí.); t:í nctr. p c r r m il, (¡¡m lius P.l/jitfí a d d')lÍMG,'ttlÍ (1 ) A y . ay.
.Señor, ¿por v e n t u r a has engañado á este pueblo y á Jerusa-
le n , diciendo: Paz vendrá sobro vosotros: y vos aqui el cu­
chillo ha venido hasta el alma? Y era que la paz quo les pro­
metía Dios que luibia de h a c e r , era e n tre él y ol hombro por
medio del Mesías que los había de en viar, y ellos entendían
de la paz temporal: y pop eso, cuando tenían guerras y traba­
jos les parecía engañarles D ios, acreciéndoles al contrario de
lo que ellos esperaban. Y así decían, como también dice Jere­
mías (2 ): Esperado hemos p a z , y no h ay bien de paz. Y así era
imposible dejarse ellos de engañar, gobernándose solo por el
sentido literal gramatical» Porque ¿quién dejara de confundir­
se y errar, ai se atara á la letra en aquella profecía que dijo
David de Cristo en todo el Salmo setenta y uno, y en particu­
lar donde d ic e : Domitiabilur á mari usque ad mare; el « f iim i-
ne usqne ad termiwis orbis tetraruvi: ( 3 ) Enseñorearse lia de
un mar á otro mar, y desde ol rio hasta los términos de la tier­
r a ; y eu lo que también allí d ic e : Liberabit panperem a poten­
te: et pmperc-m, cui 7ion erat adjutor: (4 ) Librará al pobre
del poder del poderoso; y al pobre que no tenía ayudador;
viéndole nacer en bajo estado, vivir en pobreza y morir en mi­
seria , y que no sólo no se señoreó de la tierra miéntras vivió,
Bino que se sujetó á gente baja, hasta que murió debajo del
poder de Poncio PilatO? \r que uo sólo á sus discípulos pobres
no los libró de la mano de los poderosos temporalmente; mas
los dejó matar, y perseguir por su nombre? Y era, que estas
profecías se habían de entender espiritualmente de Cristo, se­
g ú n el cual sentido eran verdaderíeimas. Porque C risto uo

( 1 J Jarem. 4. 10. (3 ) Ps. 71. H.


i3 ) Jcrem, 8. 1£. ti; Ps. 12.
)i¿0 srniHA V)fil. VOVI'IÍ (WKMliLO.
sólo ora So ñor do toda la tierra, sino del c ie lo . pues era Dio?;;
y á los pobres que le. ¡habían d ejsegu ir, no sólo los había do
redimir y librar de las manos y poder dol demonio, que ora
el potente, sino los había, de hacer herederos del reino de
los cielos. Y así hablaba Dios, según lo principal, de Cristo y
de sus seguidores, que era reino eterno, libertad eterna; y
ellos entendíanlo á su modo do lo méuo.s principal, de que
Dios hace poco caso, que ora señorío temporal v libertad tem­
poral, lo cual delante de Dios ni os reino ni libertad; do don­
d e, cegándose ellos con la bajeza do la letra, y no entendien­
do el espíritu y verdad de olla, quitaron la vida á su Dios y
Señor, según San Pablo lo dijo en esta m anera: Qni enim ha -
bitabant Jeriisalem, et principes cjus, hunc ignorantes, et voces
prophetanm., quo, per omne Sabbnhm legu/tlitr, judicanles ira-
plevenm i ( 1 ). Los que mora han en Jerusalen, y lo» príncipes
de ella , no sabiondo quién ora ni entendiendo los dichos de las
profecías, que cada sábado se recitan , ju zg an d o le acabaron.
Y á tanto llegaba esta dificultad de entender los dichos de Dios
Como COñvenia, que 1insta sus m ism os d is c íp u lo s , que Oün él
habían andado, estaban engañados, cuales eran aquellos dos
que despues de su muerte iban al castillo do Emaus tristes y
desconfiados, diciendo: N os autem sperabamus %nia ipse esset
redemphmis Israel ( 2 ). Nosotros esperábamos quo había de
redimir á Is ra e l: entendiendo ellos también que había de ser
la redención y señorío tem poral; á los cuales apareciendo
Cristo ( 3 ), reprehendió de insipientes y duros de corazon para
creer las cosas que habían dicho los profetas. Y aún al tiempo
que se iba al cielo , estaban algunos en aquella m dewi, y lo
p regu n taro n : Domine, s i in tempore Iioc rcstitiws Regmm
Is r a e lf ( 4 ) H aznos, Señor, saber si en este tiempo has de res­
tituir al reino de Israel. Hace decir el E spíritu Santo muchas
cosas en que él lle v a otro sentido del que entienden los hom­
bres: como tam bién es de saber en lo quo hizo decir á Caifas
de C risto : E xpedit vobis, ut umts morialnr homo pro populo > et
non (oía g en s pereal. Hoc autem á semetipso non dixit ( 5 ). Que
convenía muriese un hombre, porque nu pereciese toda la

1) Actuum , 13.23. [ 9 ) Luc. 2^.25. Jímu.


•¿) I.ue. !i4, 31. (4 ) A c u iu m ,!. 6-
r. imiu n. c a p . xix. 121

gente. Lo cual no lo dijo do suyo, y ol quo lo d e c ía , entendió


á mi f i n , y el Espíritu Santo á otro bien diferente.
Do donde so ve que, aunque los dichos y revelaciones sean
de Dios, 110 nos podemos asegurar en ellos: porque nos pode­
mos m uy fácilmente engañar en nuestra manera de entender­
los ; porque, ellos son abismo y profundidad de esp íritu , y
quererlos limitar á lo que de ellos entendemos y puede apre­
hender el sentido nuestro, no es más que querer palpar el aire,
y alguna muta que encuentra la mano en 61. y el aire se va,
y uo queda nada.. Por eso el maestro espiritual ha de procurar
que el espíritu de su discípulo no se abrevie eu querer hacer
caso de todas las aprehensiones sobrenaturales, que no son
mas que unas motas de esp íritu , con las cuales solamente se
vendrá á quedar sin espíritu nin gu n o, sino apartándole de
todas visiones y locuciones, le im ponga en que sepa estar eu
libertad y tiniebla de F e , en que se recibe la abundancia de es­
píritu , y por consiguiente la sabiduría y inteligen cia propia de
los dichos de Dios; porque es imposible que el hom bre, si no
es esp iritu al, pueda ju z g a r de la» cosas de Dios ni aun enten­
derlas razonablem ente, y entónces no es espiritual cuando las
ju z g a según el sentido. Y a s í, aunque ellas vienen debajo
de aquel sentido, no las entiende, como lo dijo San Pablo:
Aniw alis avtem homo non percipit ea, qu& sunt spiritüs Dei:
? tul tilia enim. est illi, et non potest intelligere: quia spirituali-
(er examnatw". S p ir itm lit antevi judicat omnia ( 1 }. El hom­
bre animal no percibe las cosas quo son del espíritu de Dios,
porque son locura para é l , y no puede entenderlas porque ellas
son espirituales; pero el espiritual todas las cosas ju z g a . Ani­
mal hombre se entiende aquí el que usa por solo el sentido;
esp iritu al, el que no se ata ni g u ia por él: de donde es tem e­
ridad atreverse á tratar con D io s, y dar licencia para ello por
via de aprehensión so b ren atural, el sentido.
Y para que mejor lo entendam os, pongamos aquí a l g u n o s
ejemplos. Demos caso que un Santo está m uy afligido porque
le persiguen sus enem igos, y que le responde Dios: Yo te li­
braré de todos ellos. E sta profecía puede ser verdaderísim a, y
con todo eso venir á prevalecer sus enem igos, y morir á sus

[1i 1. ¡til C o r . . l'l.


1 22 S liH IU A IHÍI, MONTF. 0 A I I VIH L O .

manos, V así el que la entendiera. temporal monte, quedara en­


cañ ad o; porque Dios pudo hablar de la verdadera y principal
libertad y vi et orín, que es la salvación, con qne el alma está
libre y victoriosa de todos sus enem igos, mucho más verdade­
ra y altam ente que si acá se librara de ellos. Y asi esta profe­
cía ova mucho más verdadera y más copiosa que el hombre pu­
diera entender si la entendiera cuanto á esta vida; porque Dios
siempre habla en sus palabras y atiende al .sentido más prin­
cipal y provechoso, y el hombre puede entender á su modo y
á su propósito en ménos principal, y asi quedar encañado,
('orno lo vemos en aquella profecía de Cristo, que dice David:
Reges eos in virga ferrea, et tamqmm vasjiflv.li confrhtges eos (1).
R e d irá s á 1odas las "en tes con varas de hierro, y desmenu­
zarlas luís c o m o ;i un vaso de barro, h'n la cual habla Dios se­
gú n el principal y perfecto señorío, que es el etern o, el cual
se cu m p lió , y uo según el ménos p rin cip al, que era el tempo­
ra l, el cual en Cristo no se cumplió en toda su vida temporal.
Pongamos otro ejem p lo: Está una alm a eon grandes deseos de
ser m ártir: acaecerá (pie Dios la responda: Tú serás mártir:
y le <!<• interiormente g r a n c o n s u e lo y con fian za «pie lo ha de
s e r;.y con todo acaecerá, que no muera m ártir, y será la pro­
mesa verdadera. ¿Pues cómo no se cum ple así? Porque se cum ­
plirá según lo principal y esencial de e lla , que será dándole
til amor y premio de mártir esencialm ente, y haciéndola már­
tir de am or, y dándola un prolongado martirio en trabajos,
c u y a continuación sea más penosa quo el m orir, y así da ver­
daderamente al alm a lo que e lla deseaba y lo que él la prome­
tió. Porque lo principal del deseo e r a . no a q u e lla m anera de
m uerte, sino hacer á Dios aquel servicio do m ártir, y ejercitar
el amor por él como mártir. Porque aquella manera de m orir,
por sí no v a le nada sin amistad de D ios, el cual amor y ejer­
cicio y premio de mártir le da por otros inedias m uy perfecta­
mente. De manera que, aunque no muera c o m o m ártir, queda
el alm a muy satisfecha do que la dió lo que ella deseaba. Por­
que tales deseos (cuando nacen do vivo amor y otros sem ejan­
tes) aunque no se los c u m p la n de aquella manera que ellos los
pintan y los entienden, c ú m p le n s e le s de otra y mejor y más

^1 ' I’ sulin. 2. 9.
i.iHUf» íi, c a p . x\, T 2 ;i

á honra de. Dios, quo ellos sabrán pedir. l)o donde dice David:
Dñs-idfiritm panperum exandicit Dtiümms ( 1). E l Señor cu m p lió á
los pobres su deseo. Yr en los Proverbios diee la Sabiduría Di­
vina: Desifkrium■m u m jm tis dabilv.r ( 2 ). A los justas dárse­
les hií su deseo. De donde pues vemos que muchos Santos de­
searon muchas rosas en particular por Dios, y uo se les cum­
plió en esta vida su deseo: es cierto que, siendo justo y ver­
dadero, se les cumplió en la otra perfectamente; lo cual sien­
do así verdad, también lo seria prometérsele Dios en esta vida,
diciéndoles: Vuestro deseo se cum plirá, y no ser en la manera
que ellos pensaban. De esta y de otras m u c h as maneras pue­
den ser las palabras y visiones de Dios verdaderas y ciertas,
y nosotros engañarnos en ellas; por no saber entender alta y
principalmente los propósitos y sentidos que Dios en ellas lin—
va. Y así es lo más acertado y seguro hacer que las almas
huyan con prudencia de las tales cosas sobrenaturales, acos­
tumbrándolas (como habernos dicho) á la pureza de espíritu
en Fe escura, que es el medio de la unión.

\
CAPITULO XX.
P!n i) üp se pruohn c.nn titiloridule* de la D lnna E scritora, cómo Loa dichas y palalua*
do Diue, aunque (siempre son verdaderas, no son siempre ciertas en sus propina
rAllSA-H.

Ahora nos conviene probar la segunda causa, por qué las


visiones y palabras de parte de D ios, aunque son siempre ver­
daderas en s í . no son siempre ciertas cuanto á nosotros. Y es
por razón de las causas y motivos en que ellas se fundan, y
se ha de entender que serán durante aquello que á Dios le
mueve (digámoslo asi) á castigar. Como si Dios dijese: de aqni
á un año teugo de enviar tal plaga á este reino, y la cansa y
fundamento de esta amenaza es cierta ofensa que se hace á Dios
on el tal reino. Si cesase ó se variase la ofensa, podría cesar
ó variar el castig o , y era verdadera la am enaza. porque iba
fundada sobre la actual culpa, la cual si durara, se ejecutara:
y estas son amenazas ó revelaciones conminatorias ó condi-

;ij Pij. h . i", (a; í’ r o v . in. y i


124 su m u DHL M ONTE C AR M E LO .

cionales. Esto vemos haber acaecido eu la ciudad do Ni ñivo,


donde mandó Dios al profeta Joñas que predicase esta amena­
za en Ninive dé parte suya,: Adlmc ffv.adraginta dies, et JVini-
vs suHertelur (1). De aquí á cuarenta dias se ha do asolar la
ciudad de Ninive. La cual no se cumplió porque cesó la causa
de esta amenaza, que eran sus pecados, haciendo ellos luéjyo
penitencia de ellos; que si no la hicieran, so cumpliera. Tam­
bién leemos en el libro tercero de los Reyes (2), que habiendo
el Rey Acab hecho un pecado m uy g ra n d e, le envió Dios la
amenaza de un grande castigo (siendo nuestro Padre Elias el
mensajero) sobre su persona, sobre su casa y sobre su reino:
y porque Acab rompió las vestiduras de dolor, y se vistió de
cicilio y ayu nó, y durmió en saco y anduvo triste y hum illa­
do, le envió luego á decir con el mismo Profeta estas palabras:
Quia igitUT AiwiUiatus esl -wci causa. non inducam malum in die-
hu¿ ejus . sed in, diehv.s filii m i ( 3 ). Por cuanto Acab se ha hu­
millado por amor de m í, no enviaré el m al que dije en sus
dias, sino en los de su hijo. Donde vemos que porque se mudó
A c a b , cesó también la amenaza y sentencia de Dios. De donde
podemos colegir para nuestro propósito. que aunque Dios haya
revelado ó dicho á una alma afirmativamente cualquier cosa en
bien ó en m al, tocante á la misma alma ó á otras, se podrá
variar en más ó en ménos ó quitar del todo, según la mudan­
za ó variación de afecto de la tal alma ó causa á que miraba
D ios, y así no cumplirse como se esperaba t y sin saber por
qué muchas veces, sino sólo Dios. Porque, aún muchas cosas
suele él decir, enseñar y prometer, no para que entóuces se
entiendan, ni se posean, sino para que despues se entiendan
cuando convenga tener la luz de e lla s , ó cuando se consiga el
efecto de ellas. Como venios que hizo con sus d iscíp u los, á los
cuales decía muchas parábolas y sentencias, cuya sabiduría
no entendieron ( 4 ) hasta el tiempo que habían de predicarla,
que fué cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo, del cual les
había dicho Jesucristo que les declararía todas las cosas que él
les había en su vida dicho. Y hablando San Juan sobro aque­
lla entrada de Cristo en Jerusalen. d ice: H ac m u cógmMnmt

; J' J o n . a . 4. (* } N iiin . a-i. ¿ » .


a; ¡I. R ep. 01. n. 4 ; Joan. 11. 1«V
J.IBHM II. CAP. XX. 12Ó

diseipuli ejws primim : sed quandn glorifica fus est Je,sus, tune
recnrduli sun t, qum hac erant scripia de e o { 1 ). Y así muchas
cosas do Dios pueden pasar por el alma muy particulares, que
ni ella ni quien la gobierna lo entienden ha si a su tiempo. En
el libro de los Reyes también leemos que, enojado Dios centra
Il e lí , Sacerdote do Israel, por los pecados que no castigaba á
sus hijos, le envió A decir con Samuel entre otras palabras,
estas que se signen : Tjnqmnx ¡ocultis snm, vt domus t m r etdo-
■mis pati'is tu i, vwústvarct m conspectu meo, visque m sempi-
ternum. N%¡tc nvtem dirU D m in n s: ahsil hoe a me: sed qni-
mmque glorificate-rif me. glorifícalo eum ( 2 ). Antes de ahora
dije, que tu casa y la casa de tu padre había siempre de ser­
virme en el sacerdocio en mi presencia para, siempre; pero
este propósito muy lejos está de ra í: no haré tel. Que por cuan-
to este oficio de sacerdocio se fundaba en dar gloria y honra á
Dios, y por este fin había Dios prometido el sacerdocio á su
padre para siempre si él no faltaba; en faltando el celo á Heli
de la honra de D ios, porque como él mismo se le envió á que­
ja r , honraba más á sus hijos que á Dios, disimulándoles los
pecados por no lé? afrentar; faltó también La promesa, la cual
fuera para siempre ¡á para siempre en ellos durára el buen ser­
vicio y celo. Y así no hay que pensar que porque sean los di­
chos y revelaciones de parté de Dios verdaderas en si , han in­
faliblemente de acaecer como suenan, mayormente cuando
están asidos por orden dol mismo Dios A causas humanas, que
feomo está dicho) pueden va r ia r ó mudarse ó alterarse. Y cuán­
do esto sea a s í. Dius so lo sabe, que no siempre lo declara, si­
no dire el dicho ó hace la revelación. iv calla la condicion a l-
punas veces: como hizo á los Ninivitas ( 3 ), (pie determinada­
mente les dijo que habian de ser destruidos pasados cuarenta,
dias. Otras veces la declara, romo hizo á Roboan diciendo: A7
ambnlaveris in. viis m is custodien* mandata mea , et pracepta
mea, siewt fecit David serrms mem: ero tecim . el mlificabn tibí
dmiwni f d.eletn, quoniodo ftdifícttDi Danid dotniíM ( 4 ). Si tú £ru<ir-
dáres mis mandamientos como mi siervo David, yo también
seré contigo como con é l , y te edificaré casa como á mi siervo

I .111:lll. l'>. ir,. 3 J<un. :),-I,


V l. ifp|í. 5P1. t :i. lie-:, ll. :w
126 muida r>r:r. monte e aumki.o .
David. Pero ahora lü declaro, ahora no, no hay que a s p i ­
rarse. en la inteligencia; porque no hay comprehender las ver­
dades ocultas de Dios que hay en sus dichos y multitud de
sentidos. El está sobre el cielo, y Imbla en camino de eterni­
dad: nosotros ciegos sobre la tierra, que no podemos alcanzar
sus secretos. Que por eso entiendo que dijo el Sabio: JJens eiiim
•in calo, et ín super lerram: idmrco sinl panel sermones tni (1).
Dios está sobre el cielo, y tú .sobre la tierra: por tanto lió te
alargues ni arrojes en hablar. V dirúsme por ventura: Pues si
110 lo habernos de entender ui entrometernos en ello, ¿por qué
nos corauuica Dios estas cosas? Ya he dicho que cada cusa se
entenderá en su tiempo por órden del que lo h a bló; y enten­
derlo hcl quien él quisiere, y se verá que convino asi; porque
no hace Dios eos;? sin causa y venlnd. Por esto se crea que no
hay acabar «le entender ni oomprehendci* el sentido lleno eu
los dichos y cosas de Dios, ni determinarse, á lo que parece,
sin errar mucho y venir á hallarse muy COllfusO: esto sabían
muy bien los profetas, en cuyas manos andaba la palabra de
Dios. A los cuales era muy grande trabajo la profecía acerca
del pueblo: porque (com o habernos dicho) mucho de ello no lo
veían acaecer como á la letra se les decía, y era causa de que
hiciesen mucha risa y burla de los profetas, tanto, que vino
á decir Jeremías; Factus sm i m derisim tota die, omnes &nb-
sannmt me. Quia jam olim loqnor, vocijemns iniqniUitem, el
rastitatem clamito: et j'ac tus cst mihi sernía Doniini in oppro-
hriim, et in derisum Iota, die , et dixi; mu rccordabor ejus,
que loquar ultra- in nomine illius (2). Uúrlause de mí todo el
dia , todos me mofan y desprecian, porque ya há mucho que
doy voces contra la maldad y les prometo destrucción , y hase
hecho la palabra del Señor para mi afrenta y burla todo el
tiempo; y dije, no me tengo de acordar de é l , ni tengo más
de hablar en su nombre. En lo cu a l, aunque el santo profeta
crecía con resignación y en figura del hombre 11acó que no pue­
de sufrir las vías y secretos de Dios, da bien á entender la di­
ferencia del cumplimiento de los dichos Divinos, del común
sentido que suenan; pues á los Divinos profetas tenían por
burladores,.y ellos sobre la profecía padecían tanto, que el

1. ICc.cliw. 1. í 2} ;M. ~.
J. ncun II. CAP. XXI. V21
mismo Jeremías eu utra parte dijo: Fornido, et laqueas facta
pJtt nolis vntir.inatio, e¿ cun ¿ritió (1 ). Temor y lazos se ti Os lia
hecho la profería, y contrición do espíritu. Y la causa por qué
Joñas huyó cuando le enviaba Dios á predicar la destrucción
de N inive, fué esta (conviene á saber)? 11,1 comprehender la
verdad do los dichos de Dios, y no .saber enteramente el senti­
do de ellos. Y a sí, porque no hiciesen burla de él, cuando no
viesen cumplida su profecía,-sc iba huyendo por no profetizar,
y asi se estuvo esperando todos los cuarenta dias fuera de la
ciudad, á ver si se cumplía, y como no se cum pliese, se afli­
gió grandemont<.'tanto que dijo :i Dios: Obsecro, Domine,
nmiquid non koe e.U verí/im ímum, cim adkhc euem in. térra
mea? propltr koc pmoccupam, ut fiig crm in Tharñs (’J ). Rué-
gote. Señor, por ventura, no es esto lo que yo decia, estando
en mi tierra? por eso contradije, y me fui huyendo á Tarsis:
y enojóse el Santo, y rogó á Dios que le quitase la vida. ¿Qué
hay pues que m aravillarnos, de que algunas cosas que Dios
hable y revele á las alm as, no salg*an así como ellos lo entien­
den ? Porque dado caso que Dios aürtne al alma ó la represen­
te tal ó tal cosa de bien ó de mal para si ó para otra, si aque­
llo va fundado en cierto efecto ó servicio ó ofensa que aque­
lla alma ó la otra eutónces hacen á Dios, y de manera que.
si perseveran en aquello (como habernos dicho) se cumplirá,
no por esto es cierto cumplirse como suena, pues 110 es cierto
el perseverar. P o r tanto, 110 hay que asegurarse ui añrniarse
en su inteligencia, sino en Fe.

CAPITULO X X L

UevlaTH cóm a aunque D100 responde á lo 4114 ¿e le pkúc a lg u n a* T a c e s , no g u s ta de que


usen (Je tnl lertníur.i.— Y prueba cómo «uu<|uc condesciende y responde, m u clu » vecen
ko unnjn.

Asegurándose, como habernos dicho, algunos espirituales,


y no reparando mucho en la curiosidad de que a l g u n a s veces
usan en procurar saber algunas cosas por via sobrenatural,
pensando que pues Dios algunas veces responde n instancia de

1 T íiccn. y. n.
M 'B I IM D FJ. MONTF. C.'ATí M E í .O.

olios, quo os aquel buen término y que. Dios g u sta de é l : como


quiera quo so a verdad quo aunque los respondo, ni os buen
término ni Dios gusta do é l . ántes disgusta ; y no sólo esto,
más muchas veeos se enoja y ofendo mucho. La razón do esto
es porque, á ninguna criatura, lo os con veniente salir fuera de
los términos quo Dios la tiono naturalmente ordenados para su
gobierno. A l hombro lo puso términos naturales y racionales
para su gobierno: luego querer salir de ellos no es convenien­
te , y querer averiguar y alcanzar cosas por via sobrenatural,
os salir de sus términos: luego es cosa no santa ni convenien­
te; luego Dios no gu sta de ello. Diréis: Pues así es que Dios
no g u sta , ¿por qué algunas veces respondo!1 líespoudo, que
algun as veces responde el demonio. Pern I:is que responde
Dios, digo quo os por flaqueza del alm a que quiero ir por
aquel cam ino, porque uo se desconsuele y vu elva a tras, ó
porque no piense que está Dios mal con olla, y se tiente dema­
siado . ó por otros fines que Dios s a b e , fundados en la fla­
queza do aquella alm a, por donde ve que conviene responder
y condescender por aquella via. Como también lo hace ron
muchas a l m a s Hacas y tie r n a s , eu d a rle s g u s t o s y suavidad
en el trato con Dios m uy sensibles, como está y a d ic h o : mas
no porque Al quiera ni guste que se trate con ól por este tér­
mino ni por e s a v ia : mas á cada uno d a , como dijim os, según
su modo. Porque Dios es como la fuente , de la cual cada uno
coge como lleva el v a s o , y á veces les deja coger por estos
caños extraordinarios; mas no se sigu e por eso que es conve­
niente querer coger el agu a por ellos, sino es al mismo Dios,
que lo puedo dar cóm o, cuándo y á quien él qu iere, sin pre­
tensión de la parte. Y así ( como decimos ) algun as veces con­
desciende con el apetito y ruego de algu n as a lm a s, que por­
que son buenas y sencillas, no quiere dejar de acudir por no
entristecerlas, y no porque 61 guste dol tal término. Lo cual
se entenderá mejor por esta comparación. Tiene un padre de
familias en su mesa muchos y diferentes manjares, y unos me­
jores. que otros : está lili niño pidiéndole un plato, no del me­
jo r, sino del primero que encuentra. y pide de aquel . porq