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Protocolo 5.

Texto original: Siquier, M.L. y García, M. (1987). Entrevistas para la administración de tests. En: Siquier,
M.L., García, M., Grassano, E. y colab. (1987). Las técnicas proyectivas y el proceso psicodiagnóstico.
Buenos Aires: Nueva Visión.

Johan Sebastian Vallejo

El autor comienza por decirnos que nos vamos a introducir a estudiar, la planeación de las baterías y los
distintos tipos que existen; la secuencia de los test y por último la caracterización de las pruebas y las
dinámicas de una entrevista.

En cuanto a la dinámica de las entrevistas en el proceso psicodiagnostico nos dice que el psicólogo puede
cometer dos errores: alargar excesivamente el proceso o acortarlo en demasía. El proceso psicodiagnostico
debe ser lo suficientemente riguroso para comprender al paciente, pero no debe excederse, ya que esto implica
una alteración del vínculo terapéutico. Desde el primer contacto ocurren afectos que positivos o negativos,
movilizan a que se alargue o se acorte el proceso psicodiagnostico, entonces podemos decir que los aspectos
trasferenciales y contratraferenciales pueden explicar esto. En términos generales la batería de test
proyectivos puede insumir entre dos y cuatro entrevistas destinadas a examinar al paciente.

En general para la planificación de la batería, se debe pensar en que los test recojan la mayoría de conductas
posibles (verbales, gráficas y lúdicas) para que así se puedan comparar reacciones y conductas frente a
diferentes estímulos. Es importante también establecer la secuencia con la que serán presentados los test,
debe hacerse en función de dos factores: 1. La naturaleza del test y 2. El caso en cuestión. Por ejemplo el test
que moviliza una conducta acorde con el síntoma no debe aplicarse de primero, esto coloca al paciente en una
situación más ansiógena o deficitaria, sin aún establecer un buen vinculo terapéutico, lo que sesga el proceso
haciendo que el paciente perciba un daño o una persecución por parte del terapeuta, asimismo impidiendo que
se revelen los aspectos adaptativos del mismo. Entonces, como regla general se recomienda usar los test más
ansiógenos y desiderativos para las entrevistas finales, donde el paciente ya tiene herramientas para
elaborarlos.

Se recomienda comenzar por los test gráficos, a menos que el paciente presente dificultades motoras o
neurológicas para resolverlos. El argumento de estos como primer uso es porque al abarcar los aspectos más
disociados, menos sentidos como propios, permiten que el paciente trabaje más aliviado. Además, porque son
más económicos en cuento al tiempo de elaboración. El hecho de que sea una prueba fácil de resolver
tranquiliza al paciente y modifica todas sus fantasías frente al espacio de examen psicológico, y deja como
saldo favorable la disposición a establecer un buen rapport con el psicólogo. La simplicidad del material
contribuye a tranquilizarlo (papel en blanco y lápiz).

En cuanto a la batería estándar el autor nos expresa, que debe ser una que contenga aquellas pruebas que
promuevan diferentes conductas. Y en cuanto a las pruebas de inteligencia se decide ubicarlas mejor al final,
es mejor no hacerlo de forma arbitraría, ya que se corre el riesgo de traer consecuencias tanto para el
diagnóstico como para el rapport. Las razones son porque: 1. El material presentado no tiene las
características proyectivas de ambigüedad y desestructuración, puede esto resultar difícil para el paciente si se
introduce de una manera arbitraría, ya que le toca reacomodar sus reacciones frente a estímulos muy
diferentes. 2. Los test de inteligencia hacen que el psicólogo sea más directivo y exista un tiempo limitado. 3.
El registro de las pruebas difiere, en esta el terapeuta no está registrando constantemente las reacciones del
paciente. 4. La relación psicólogo-paciente cambia desde el momento mismo de la verbalización de la
consigna y mostración del material. El paciente percibe que se lo está evaluando en algo muy específico que
tiene que ver con la inteligencia, en lo cual requiere más responsabilidad. Se concluye entonces que, el
momento exacto de su inclusión se debe decidir según el caso. Si se trata de varios tests de inteligencia y/o
madurez, es preferible incluirlos todos juntos al final de la batería.
En caso de administrar a un adulto o adolescente una batería completa se recomienda la siguiente secuencia:

 1a. entrevista: test gráficos: dibujo libre, pareja humana, test de la familia y H.T.P. (House, Tree,
Person). Si se presumen problemas de madurez o lesión orgánica, a continuación puede ubicarse el
Bender.
 2a. entrevista: Rorschach y desiderativo, finalizando con el pedido de un recuerdo o un sueño para
no despedir al paciente con todo lo que ha movilizado este último test.
 3a. entrevista: test de relaciones objetales de H. Phillipson.

Si se trata de un niño la batería completa constaría de:

 1a entrevista: hora de juego diagnóstica.


 2a entrevista: tests gráficos: los mismos que para el caso de adolescentes o adultos.
 3a entrevista: Rorschach y desiderativo, finalizado de la misma manera y por la misma razón
explicitada en el caso de adultos o adolescentes.
 4a entrevista: test de apercepción temática para niños (C.A.T.) o Phillipson en niños mayores con
una tendencia hacia la intelectualización v rechazo hacia estímulos más infantiles. Para
investigaciones complementarias algunas veces se administra el C.A.T. 'S o el test de Blacky.
Preferimos suplir el C.A.T. por el Phillipson cuando se clan las condiciones mis arriba especificadas
o en el caso de fobias a los animales.

Reflexión:

El texto me dio luces sobre un tema que aún no había pensado y es el de la planeación, orden y aplicación de
los test, es importante pensar este procedimiento en base a la naturaleza del test y del caso al que vayamos a
hacer diagnósticos, puesto que las especificidades nos darán la planeación de la batería, las pruebas a usar y el
orden acorde a las necesidades diagnósticas del caso en cuestión.

También resalto del texto que primero se presenten los test gráficos, creo que estos permiten un
establecimiento del vínculo terapéutico, que como decía Carl Rogers “el vínculo es el que cura” la empatía y
la trasferencia de afectos, ser más que un terapeuta un ser humano, posibilita un buen proceso tanto
diagnostico como terapéutico, haciendo que la persona deje a un lado los imaginarios sesgados frente a la
labor del psicólogo, confiando en él como guía para el tratamiento de sus dificultades o problemas.

Por último, creo que el texto se vuelve un poco etéreo al decir, al concluir que los aspectos trasferenciales o
contratrasferenciales hacen que el proceso de entrevista inicial se extienda o se disminuya,