Sunteți pe pagina 1din 34

Redacción: Matemáticas y Dialéctica en la Educación del Filósofo.

El proceso educativo que conduce a la formación de los filósofos-gobernantes es el tema central


de ‘La República’, el diálogo en el que se basa nuestro estudio de Platón. En el Libro VII, Sócrates
expone a Glaucón cuál ha de ser la formación más adecuada para aquellos que están llamados
a gobernar la Polis, y pasa revista a las disciplinas que han de constituir la educación del Filósofo.

Descartados los oficios y las artes (saberes “sensibles” asociados a la clase de los productores),
y tras detallar las etapas de estudio de la gimnástica, la música y la astronomía, Platón señala
que la educación del filósofo comienza realmente a partir del momento en que el alma
abandona el ámbito de lo sensible y se eleva hacia la “región” inteligible, esto es, cuando el
alumno es capaz de prescindir de la orientación práctica de los conocimientos y atender sólo a
la orientación teórica, en la cual los conceptos e ideas son aprehendidos en sí, y no por relación
a su utilidad empírica (ejemplo: podemos estudiar astronomía para orientarnos en la
navegación: uso práctico o empírico. Pero podemos estudiar astronomía para entender las
relaciones matemáticas entre los círculos que describen los movimientos de los planetas: uso
teórico o abstracto. Éste es el que conviene al futuro filósofo). He aquí, pues, los dos modos en
que pueden cultivarse disciplinas tales como la música, la astronomía o, sobre todo, la
matemática; de ellos, sólo uno, el teórico, que comprende los objetos por su propio
fundamento o esencia, es adecuado para la educación del filósofo.

Los saberes superiores, que constituyen el ámbito del conocimiento científico o episteme, son
dos: la Matemática y la Dialéctica o Filosofía (uno de los sentidos del término ‘Dialéctica’ es,
precisamente éste: sinónimo de Filosofía o saber supremo sobre las Ideas, Formas o Esencias).
El conocimiento matemático es previo al filosófico y, además, condición sine qua non para
alcanzar el conocimiento de las ideas. Diremos por ello que la matemática en Platón es una
ciencia propedéutica de la Filosofía. La matemática, cultivada adecuadamente, prepara o
entrena al alma para comprender las ideas abstractas en sí mismas. El conocimiento matemático
nos pone en contacto con principios y conceptos que guardan relaciones que no dependen de
la experiencia (las propiedades de un triángulo son válidas universalmente, y no dependen de
ningún triángulo concreto), por lo que constituye la preparación idonea para la Dialéctica, que
exige, como veremos, prescindir absolutamente de cualquier contaminación empírica de sus
conceptos.

La cuestión es si la matemática, por si sola, será o no suficiente para dirigir al alma hacia la
contemplación de las Ideas en sí (pues ésta, y no otra, es la finalidad del proceso educativo).
Examinémolo.

La matemática se ocupa de objetos en gran medida similares a las Ideas: objetos del
pensamiento, abstractos e inmateriales (puntos, líneas, figuras, etc). Esta “pureza” les acerca al
mundo de las Ideas, al poder considerar sus relaciones sin vinculación alguna con el mundo de
la experiencia. Sin embargo, los objetos del conocimiento matemático se diferencian de las Ideas
en dos importantes sentidos:

a) En cuanto objetos (ontología), son de menor rango ontológico que ellas, pues en sí mismos
no son Ideas, sino sólo objetos que participan de las Ideas, eso sí, de un modo más perfecto que
los objetos sensibles. Un círculo, aunque abstracto e inmaterial, no es una Idea, sino que
participa de la Idea de Circularidad. Un matemático puede considerar la intersección de dos
círculos, pero sería absurdo decir que “la Idea de Circularidad corta a la Idea de Circularidad”.
Por tanto, los objetos matemáticos pueden ser múltiples, en tanto que las ideas filosóficas son
únicas. Además, Platón considera que las ideas filosóficas, como la justicia, la belleza, etc., son
más importantes, ontológicamente hablando, que la idea de punto o de triángulo.

b) En cuanto modo de conocimiento (epistemología), la matemática aún debe apoyarse en


lo sensible. El matemático “representa” figuras, las dibuja, las compara, las analiza… Y este
proceder aleja a la matemática del verdadero conocimiento. En efecto, para Platón las
matemáticas, aunque muy cerca, no constituyen todavía conocimiento auténtico. Se trataría en
realidad de un saber que parte de lo sensible para dirigirse hacia lo inteligible, una especie de
saber a medio camino entre los dos “mundos” o “regiones”.

Si las matemáticas no proporcionan el método absolutamente adecuado a la formación del


filósofo, ¿qué ciencia lo hará? Platón propone entonces su propia respuesta: la Dialéctica.
Debemos indicar ahora que el término ‘Dialéctica’ significa también para Platón, en el contexto
de la educación del filósofo, método de conocimiento. Es éste el sentido que nos interesa ahora,
puesto que debemos compararlo con el método matemático.

La dialéctica platónica tiene sus raíces, como no, en el método dialógico de su maestro Sócrates.
Sócrates basaba la educación en un método de preguntas y respuestas, cuyas fases eran la ironía
(fase “crítica”: descubrir por medio de preguntas que el alumno o discípulo no sabe lo que cree
saber) y la mayéutica (fase “constructiva”: llevar al discípulo a través de nuevas preguntas, hacia
el concepto deseado). Los diálogos platónicos asumen frecuentementemente este método
expositivo, sobre todo los de juventud, pero el sentido de la dialéctica platónica va más lejos
que el de su maestro, pues explica no sólo cómo tiene lugar la educación, sino también qué
naturaleza tiene el conocimiento alcanzado por medio de la dialéctica.

La dialéctica, entendida como método de conocimiento, es la manera en que el filósofo accede


al conocimiento de las Ideas en sí. Camino de ascenso que, dice Platón, “echando abajo las
hipótesis” permite contemplar con lso ojos del alma la realidad inmutable, el mundo de arriba,
en suma, las esencias intemporales y universales que son las Ideas. Una vez en él, en este mundo
ajeno “a lo que nace y muere”, la inteligencia (facultad asociada al conocimiento verdadero, se
moverá por sí sola, razonará de Idea en Idea, sin ningún apoyo en lo sensible y lo empírico.

La clave para entender el vínculo entre conocimiento matemático y el dialéctico es clarificar


qué significa “echar abajo las hipótesis”. Platón sugiere que la distinción esencial entre el
método matemático y el dialéctico se encuentra en el modo en que cada uno utiliza las hipótesis
que se pretende probar. En tanto la matemática parte de definiciones y axiomas no
demostrados, que deben ser aceptados (tácita o convencionalmente), y que se arrastran a lo
largo de las demostraciones, la dialéctica confronta unas hipótesis con otras, eliminando
paulatinamente aquéllas que contienen elementos empíricos o que arrastran a la mente a
contradicciones y, en este sentido, “catapultando”, a modo de trampolín, el alma hacia otras
hipótesis de rango superior, más depuradas, que, a su vez habrán de contrastarse con otras; y
así sucesivamente, hasta llegar a una definición esencial, expresión de la Idea en sí. En este
momento se ha alcanzado el propósito de la educación: el prisionero ha salido al exterior y ha
visto la realidad con sus propios ojos.

En conclusión, la superioridad de la dialéctica sobre el conocimiento matemático radica tanto


en la naturaleza de los objetos respectivos (diferencias entre objetos matemáticos e ideas, ya
explicadas) cuanto en la forma en que el alma llega a ellos (métodos matemático y dialéctico,
respectivamente). Digamos, por último, que si el conocimiento matemático es transitivo (en la
medida en que el pensamiento o dianoia, facultad asociada a éste) se mueve en él de un
razonamiento a otro (demostraciones), en virtud de ciertas leyes axiomáticas verdaderas por
definición, el saber dialéctico (al que se asocia la facultad de la inteligencia, o noesis) es, además,
reflexivo, en el sentido de que es consciente del proceso a través del cual ha sido alcanzado. La
comprensión final de la idea de Bien supone la comprensión de lo que hace perfectas a las demás
ideas.

Redacción: "Educación y tipos de conocimiento en Platón"

La filosofía de Platón se establece con una intención polémica respecto de los sofistas, en
concreto contra la intención de los sofistas de que educar consiste en poner “vista a unos ojos
ciegos”, expresión que significa que mediante las enseñanzas de los sofistas, profesionales de la
educación que cobraban por sus servicios, eran capaces de introducir el conocimiento y la
ciencia en las almas de los hijos de los acaudalados ciudadanos que requerían sus servicios.
Efectivamente, los sofistas planteaban la educación como un ejercicio que daba sus frutos por
el saber enciclopédico, el ejercicio retórico, y la elocuencia necesaria para convertir el discurso
sugerente y seductor en discurso verdadero que convenciera y subyugara a las mentes y
voluntades de los ciudadanos atenienses que acudían a los juicios o a las asambleas de la ciudad-
estado griega para decidir sus asuntos. Esta concepción de la educación sofista se acompañaba
de cierta sabiduría, de cierto saber que desvinculaba la actividad filosófica de la búsqueda de la
verdad, del bien y de la virtud. Los sofistas se mostraron hábiles manipuladores del lenguaje
capaces de demostrar y convencer de una cosa y de su contraria en función de sus propios
intereses, o de los intereses del cliente. Así sus doctrinas mantienen el relativismo
epistemológico y ético (verdad y bien están en función de las circunstancias sociales y culturales)
que puede llegar al subjetivismo (bueno y verdad es simplemente lo que a mí me aparece como
tal) cuando no al nihilismo extremo (no existe ni la verdad ni el bien). Todo esto llevado al
terreno político aboca la actividad política al oportunismo y al medro personal que busca en el
terreno de la actividad pública la ocasión para favorecer los propios intereses más allá de lo que
conviene a la sociedad en su conjunto.

Frente a este modo de entender la actividad filosófica Platón, siguiendo la estela de su maestro
Sócrates, intentará establecer una filosofía que supere la actividad sofista mediante una teoría
que permita fundamentar el Bien como un valor absoluto y la actividad intelectual como
vinculada a la búsqueda de la verdad permitiendo establecer criterios objetivos para decidir la
verdad de los asuntos más allá de la persuasión subjetiva de cada cual. Ya Sócrates había
establecido como doctrina el intelectualismo moral según el cual el conocimiento del bien hace
que actuemos bien, es decir, que seamos virtuosos, y ello nos proporciona la felicidad auténtica.
También pensaba Sócrates que el conocimiento y la verdad residen en cada uno se nosotros y
que por ello nadie nos puede enseñar nada, sino que sólo se nos puede ayudar a dar a luz esa
verdad. De aquí derivará Platón su idea de que la educación consiste en despertar y orientar la
mirada, es decir, despertar y orientar la inteligencia hacia el verdadero objeto de conocimiento
que es la comprensión de lo que es el Bien. Este dato es importante porque aquí de lo que se
trata no es de memorizar discursos o artimañas retóricas para discutir por “vanas sombras” sino
de examinar las cosas en sí mismas por medio de la inteligencia, es decir, de la comprensión
misma de todos los aspectos de la cosas que estemos considerando a la luz del Bien. Ahora bien,
este despertar la inteligencia bien acompañado de una educación en el sentido de una “poda de
excrecencias plúmbeas”, es decir, de una doma de los aspectos irracionales del ser humano: los
deseos. Por ello la educación debe procurar virtudes para ayudar a las mejores naturalezas: la
templanza, la fortaleza y la prudencia serán las virtudes que se deban educar en los ciudadanos.
Ya tenemos un primer elemento de la educación, las virtudes.
Pero ¿cómo se produce ese despertar de la ecuación? Platón sigue siendo heredero de Sócrates:
la educación debe servirse de problemas y plantear contradicciones al alma para que esta
despierte y ascienda hacia la luz buscando la lógica de las cosas. Esto no tiene nada que ver con
la actividad de los sofistas empeñados en mantenerse en el mundo de los sentidos, buscando el
bien como utilidad, como placer y la verdad como éxito social y político. Efectivamente, Platón
busca liberar mediante la educación al alma respecto del cuerpo, y conseguir que de alguna
manera se enseñoree del mismo como el buen auriga que guiado por la razón sabe domar y
conducir a los caballos del deseo y de la voluntad para llevarlos fuera de la caverna por decirlo
de algún modo siguiendo el símil platónico.

Tal como hemos visto en el texto que se nos ha propuesto para analizar, Platón establece tres
tipos de artes: las que se refieren los objetos del mundo de la generación (cosas fabricadas,
materiales), los que se refieren al mundo matemático (geometría) y las que versan sobre la
verdad en sí. Estas artes se corresponden con la opinión, la dianoia (pensamiento discursivo) y
la noesis (que correspondería al ejercicio de la dialéctica). Siguiendo el pensamiento platónico
las artes que tienen que ver con el mundo de la opinión y que están relacionadas con el ejercicio,
la repetición y la costumbre, es decir, que no requieren inteligencia no son artes que sirvan para
el fin que se propone: contemplar el Bien, la verdad. Ello porque el mundo al que pertenecen es
inestable y contradictorio, es decir, un mismo objeto admite predicados contrarios. Platón
establecerá que las disciplinas para despertar la inteligencia y elevarla hacia el mundo que le es
propio, que es la inteligencia misma y las ideas, son las que permiten discutir y discurrir sobre
su objeto, así le unidad y la multiplicidad son de ese tipo de objetos y incitan al alma a aclara lo
que son. Por ello Platón establece las enseñanzas matemáticas (cálculo, geometría, volumen,
astronomía y armonía) como ciencias auxiliares de cara a la dialéctica que debe ser, como hemos
argumentado en la 2ª cuestión de la prueba, la que alcance la verdad en sí.

Platón argumenta que esas disciplinas auxiliares son útiles para la ciudad y que por ello deben
ser fomentadas, lo cual significa que deben no sólo ser honradas sino también ser favorecidas
económicamente en su desarrollo, pero Platón ve su utilidad en que permiten acostumbrar a la
inteligencia a trabajar sin objetos sensibles, como en un paso intermedio para trabajar con Ideas
puras que será el objeto de la filosofía auténtica: la contemplación del Bien. La contemplación
del Bien debe producir en el sujeto una transformación que le impulse a bajar a la caverna e
intentar liberar a los compañeros, por ello, el Bien en Platón tiene una función política clara:
organizar la ciudad-estado de acuerdo a la justicia para que sea la ciudad en su conjunto la que
alcance la felicidad y no una clase especial de ciudadanos. Por ello, la persuasión o la fuerza debe
introducir ese orden que descubre el filósofo en la ciudad, orden en el que los ciudadanos
alcanzan la armonía para vivir sin disensiones egoístas, sin demagogia y sin retórica sofista que
solo busca el propio bien, para vivir según la idea universal de Bien como un modelo a imitar. La
ciudad debe formar a los ciudadanos de ese modo, con vistas a la unificación del estado y al
cumplimiento de sus deberes.
Subdivisión de los 3 grandes temas de Platón
1.- El pasaje del sol.

Platón hace la introducción al primer pasaje señalando que las definiciones de virtudes por
medio de tres elementos del alma eran accesorias. Sólo se puede conocer perfectamente la
justicia y las demás virtudes a la luz de algo más grande que ellas. Este sublime objeto del
conocimiento es la idea de Bien, que es la que asociada a la justicia y a las demás virtudes las
hace útiles y beneficiosas. La superioridad de la idea del Bien sobre las demás ideas es evidente
por el siguiente razonamiento: casi todo el mundo elige lo que le parece bueno y justo. Toda
alma persigue lo que es bueno, y por ello hace lo que hace, barruntando que hay tal clase de
cosas. El entendimiento capta más nítidamente su objeto a la luz de la idea de Bien. Esto es lo
que proporciona la verdad a los objetos del conocimiento y la facultad de conocer al que
conoce.

La idea de Bien es la fuente del conocimiento y de la cognoscibilidad, el principio explicativo del


mundo de las Ideas. A las cosas inteligibles no sólo les adviene por obra del Bien su cualidad de
inteligibles, sino también se les añaden el ser y la esencia. Explicar la existencia de las demás
Ideas en relación con la Idea del Bien es correcto sólo si ésta es realmente el fundamento de su
ser.

Hemos de tener en cuenta, en primer que las funciones asignadas a la Idea de Bien tienen
relación con el mundo de las Ideas, no con el mundo sensible. Las ideas en sí existen y son
conocidas en virtud de su relación con la Idea de Bien.

Cabe suponer que así como pensaba que la sabiduría era esencialmente el conocimiento del
Bien, concebía el valor, la templanza y la justicia como búsquedas del Bien.

Platón le asigna a la Idea del Bien una importancia que excede la meramente ética. La califica
como lo que proporciona la verdad a los objetos de conocimiento y la facultad de conocer al
que conoce, es por lo tanto la auténtica y verdadera causa del mundo inteligible.

Para explicar esto, Platón utiliza una comparación, asimila la de idea de bien al sol. Al igual que
en la vida natural el sol es lo que nos permite ver, es decir, es lo que hace posible que veamos
los objetos, la idea de bien es lo que permite conocer. El sol no es causa del ojo, ni causa de las
cosas es sencillamente lo que ilumina. Pues de igual manera, el bien es la iluminación de lo
inteligible, y por tanto fuente de la verdad. Hay que recordar que el concepto de verdad como
alezeia es precisamente eso. Lo que se ilumina a la razón, lo que se desvela a la inteligencia.

2.- El pasaje de la línea

El pasaje de la línea dividida sigue al de la idea del sol y del Bien. Surge de él y pretende
completarlo. La línea está en la dicotomía “visible-inteligible”, y en el pasaje del “sol y del Bien”
se identifica lo inteligible con las ideas. La lógica de la línea exige previa distinción entre las ideas
y los intermedios. Se ha destacado por parte de algunos estudiosos que Platón partía de una
división de objetos para, sólo más tarde, distinguir entre los correspondientes estados mentales.
Es cierto que el pasaje distingue entre imágenes y originales mucho antes de dar los nombres
de los correspondientes estados mentales. Pero, desde el mismo comienzo, la división se apoya
realmente en una distinción de objetos. ¿Cómo tenemos que dividir lo inteligible?, esta es la
pregunta. La respuesta es: porque algunos se estudian con ayuda de imágenes e hipótesis y otros
sin imágenes y sin hipótesis.

Esto apunta a una división de las Ideas según el modo de ser estudiadas. Ahora bien, en el caso
de que un método de estudio sea apropiado para un grupo de ideas y otro para otro grupo,
habrá alguna diferencia objetiva entre los dos grupos. Las dos características distintivas de los
estados mentales pueden aclararnos en parte este asunto. La referencia que hace al uso de las
imágenes prueba que los objetos de la dianoia son ideas matemáticas, pues su comprensión
requiere una intuición sensorial o imaginativa de la estructura de las figuras espaciales o de los
números. Por el contrario, la comprensión de las Ideas morales y estéticas no requiere tal
intuición. Éstas son las dos principales clases de ideas que aparecen en los primeros diálogos.

Además es probable que Platón pensara que estos dos modos de dividir el mundo ideal
proporcionaban realmente la misma división: las ideas matemáticas en la parte inferior de la
jerarquía y las ideas éticas en la superior. Las ideas éticas están mucho más estrecha y
obviamente relacionadas con la idea de Bien que las ideas matemáticas. El mundo de las ideas
es susceptible de ser iluminado por la idea de Bien y estudiado por el método dialéctico. Piensa
por consiguiente que hay dos partes en el mundo ideal suficientemente diferentes como para
aconsejar en principio dos métodos de estudio, y, suficientemente semejantes y relacionadas,
como para que se estudien por último según el método dialéctico.

La conclusión a la que llegó seguramente fue que las ideas se dividen en dos grupos: un grupo
inferior ideado por ideas que contienen números y espacio; y un grupo superior que no los
contiene.

3.- El pasaje de la caverna nos explica que el ascenso de la caverna al aire exterior simboliza el
ascenso desde lo sensible hasta lo inteligible:

"En cuanto a la subida al mundo de arriba y la contemplación de las cosas de éste, si las comparas
con la ascensión del alma hasta la región inteligible, no errarás."

Platón solo admitía Ideas de las cosas que existen por naturaleza, y también porque Platón
apenas menciona otras ideas que no sean las de valor, belleza y las ideas matemáticas.
Ciertamente, estas son las ideas por las que más se interesaba, y de cuya existencia se sentía
más seguro. Sin embargo, hay pruebas suficientes de que creía que había una idea
correspondiente a cada nombre común, y sobre ello insistió sobradamente.

Reconsiderando la República globalmente vemos en ella un notable avance respecto a la


presentación más temprana de la teoría de las ideas. Anteriormente sólo ofrecía una completa
oposición entre el eterno e inmutable mundo de las ideas y el temporal y cambiante mundo de
las cosas individuales. Ahora sigue sosteniendo la oposición, pero admite grados en cada uno de
los mundos. En el mundo de las cosas individuales, distingue entre aquellas que son copias
directas de las ideas y las que son copias de esas copias. En el mundo de las ideas, distingue
entre aquellas que están, por así decirlo, limítrofes con la tierra y las que no necesitan tales
ejemplos para ser estudiadas. En esta última clase se da una jerarquía que va desde las ideas
más limitadas hasta la más amplia y elevada: la idea de Bien. Notamos pues, la aceptación de la
complejidad del universo. Esta tendencia significa el reverso mismo del eleatismo, el cual hacía
una brusca distinción entre la realidad y lo irreal, sin admitir ningún tipo de gradación.
CONCEPTO DE COGNOSCIBLE, PLATÓN

El auténtico conocimiento, el conocimiento científico, sólo se puede tener de aquello que es


universal y que permanece, no de lo particular y mudable. Por lo tanto, el verdadero
conocimiento científico sólo se puede tener respecto de las Ideas. Es en las Ideas donde se
encuentra la verdadera esencia de las cosas, aquello que las cosas son. Pero para Platón, dentro
de la dualidad de la realidad, no es sólo que en el mundo inteligible, dominado por la Idea de
Bien, podamos encontrar la esencia de las cosas y aquello que nos posibilita su conocimiento
verdadero, sino que es al mundo inteligible al que el mundo sensible le debe su propia existencia
y su esquiva identidad por mor de la actividad recreadora del Demiurgo. Pero Platón va más allá,
y nos dice que el resto de las Ideas del mundo inteligible se pueden conocer en sí mismas gracias
a la verdad que reciben de la Idea del Bien; y no sólo eso, sino que es la propia esencia de las
Ideas, su propio ser eterno e inmutable el que depende de la suprema Idea del Bien, tal y como
se expresa en la frase: “Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser
conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia”.

La relación de dependencia y paralelismo entre el mundo del cambio, por un lado, y el de la


permanencia de las esencias, por otro, la explica Platón mediante el concepto de participación.
Las cosas, las realidades del mundo visibles lo son, son tales realidades en tanto en cuanto que
participan de la realidad inmutable y eterna de las Ideas. Y, por último, es la Idea de Bien la que,
perpetuando la labor creadora del Demiurgo, posibilita la permanencia en la existencia ya no
sólo de los objetos de la experiencia sensible, sino de las mismas Ideas en las que radican las
esencias de las cosas. Pero es tal la excelencia de la Idea de Bien que ésta no es ni siquiera
esencia de ninguna otra cosa o Idea, “y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad,
si estimamos correctamente el asunto, tendremos la Idea de Bien por algo distinto y más bello
que ellas”.

A dicha conclusión, llega Platón llevando a su último extremo la comparación, el símil, la analogía
existente entre la posibilidad de conocer con verdad y su causa, la Idea de Bien, por un lado, y
la posibilidad del sentido de la vista y su causa, la luz del sol, por otro. Así como la posibilidad
que existe de ver las cosas necesita de la luz y sin luz no hay modo de poner de manifiesto el
sentido de la vista aun cuando éste existiera, de la misma manera, la facultad de conocer debe
responder de modo efectivo sólo ante cierta forma de iluminación de su objeto. Y así como es
el sol la causa de la luz, la cual permite ver, del mismo modo es la Idea de Bien la que confiere a
los demás objetos de conocimiento, es decir, las Ideas, la posibilidad de ser vistos por el
entendimiento, la posibilidad de ser alcanzados en su verdad. Da Platón un paso más en el
paralelismo entre la facultad de la vista (la más perfecta de las percepciones) y la facultad del
conocimiento. Y argumenta que, si la causa de la visión de los objetos, es decir, el sol, es también
el origen de estos mismos objetos al posibilitarles la vida y es además aquello que a través de la
nutrición les permite permanecer viviendo, del mismo modo la causa del conocimiento de las
esencias, la Idea de Bien, será la que les posibilite a ellas su existencia atemporal y así a la propia
Idea de Bien deberán su esencia.
Significado que da Platón a las expresiones “en sí”, “verdad en sí”, “cosa en sí.”

“-Exactamente –dijo.

-¿Y qué? ¿No es este viaje lo que llamas dialéctica?

-¿Cómo no?

-Y el liberarse de las cadenas –dije yo- y volverse de las sombras hacia las imágenes y el fuego, y
ascender desde la caverna hasta el lugar iluminado por el sol y no poder allí mirar todavía a los
animales ni a las plantas ni a la luz solar, sino únicamente a los reflejos divinos que se ven en las
aguas y a las sombras de seres reales, aunque no ya las sombras de imágenes proyectadas por
otra luz que, comparada con el sol, es semejante a ellas; he aquí que los efectos que produce
todo ese estudio de las ciencias que hemos enumerado, el cual eleva a la mejor parte del alma
hacia la contemplación del mejor de los seres, del mismo modo que antes elevaba a la parte más
perspicaz del cuerpo hacia la contemplación de lo más luminoso que existe en la región material
y visible.

-Por mi parte –dijo- así lo admito. Sin embargo, me parece algo sumamente difícil de admitir,
aunque es también difícil, por otra parte, el rechazarlo. De todos modos, como no son cosas que
hayan de ser oídas solamente en este momento, sino que habrá que volver a ellas otras muchas
veces, supongamos que esto es tal como ahora se ha dicho y vayamos a la melodía en sí, y
estudiémosla del mismo modo que lo hemos hecho con el proemio. Dinos, pues, cuál es la
naturaleza de la facultad dialéctica y en cuántas especies se divide y cuáles son sus caminos,
porque éstos parece que van por fin a ser los que conduzcan a aquel lugar una vez llegados al
cual podamos descansar de nuestro viaje ya terminado.

-Pero no serás capaz ya de seguirme, querido Glaucón –dije-, aunque no por falta de buena
voluntad por mi parte; y entonces contemplarías, no ya la imagen de lo que decimos, sino la
verdad en sí, o al menos lo que yo entiendo por tal. Será así o no lo será, que sobre eso no vale
la pena de discutir; pero lo que sí se puede mantener es que hay algo semejante que es necesario
ver. ¿No es eso?

-¿Cómo no?

-¿No es verdad que la facultad dialéctica es la única que puede mostrarlo a quien sea conocedor
de lo que ha poco enumerábamos, y que no es posible llegar a ello por ningún otro medio?

-También esto merece ser mantenido –dijo.

-He aquí alguna cosa al menos –dije yo- que nadie podrá afirmar contra lo que decimos, y es que
exista otro método que intente, en todo caso y con respecto a cada cosa en sí, aprehender de
manera sistemática lo que es cada una de ellas. Pues casi todas las demás artes versan o sobre
las opiniones y deseos de los hombres, o sobre los nacimientos y fabricaciones, o bien están
dedicadas por entero al cuidado de las cosas nacidas y fabricadas. Y las restantes, de las que
decíamos que aprehendían algo de lo que existe, es decir, la geometría y las que le siguen, ya
vemos que no hacen más que soñar con lo que existe, pero que serán incapaces de contemplarlo
en vigilia mientras, valiéndose de hipótesis, dejen éstas intactas por no poder dar cuenta de
ellas. En efecto, cuando el principio es lo que uno sabe y la conclusión y parte intermedia están
entretejidas con lo que uno no conoce, ¿qué posibilidad existe de que una semejante
concatenación llegue jamás a ser conocimiento?
-Ninguna –dijo.

XIV. –Entonces –dije yo- el método dialéctico es el único que, echando abajo las hipótesis, se
encamina hacia el principio mismo para pisar allí terreno firme, y al ojo del alma, que está
verdaderamente sumido en un bárbaro lodazal, lo atrae con suavidad y lo eleva a las alturas,
utilizando como auxiliares en esta labor de atracción a las artes hace poco enumeradas, que
aunque por rutina las hemos llamado muchas veces conocimientos, necesitan otro nombre que
se pueda aplicar a algo más claro que la opinión, pero más oscuro que el conocimiento. En algún
momento anterior empleamos la palabra “pensamiento”; pero no me parece a mí que deban
discutir por los nombres quienes tienen ante sí una investigación sobre cosas tan importantes
como ahora nosotros.” (La República. Libro VII. 532c – 533d)

I. CUESTIONES SOBRE EL TEXTO:

1. Analice el alumno el significado que da Platón a las expresiones “en sí”, “verdad en sí”, “cosa
en sí.”

2. Exponga el alumno las características de los saberes a los que el texto alude como “estudio de
las ciencias que hemos enumerado”, “las demás artes” y “la geometría”. ¿En qué se diferencian
de la “dialéctica”?

1. “Verdad en sí”, “cosa en sí”, “en sí”. Las dos primeras expresiones participan del mismo
predicado: “en sí”. En este texto, y a lo largo del Libro VII, Platón utiliza la expresión “en sí “ en
el marco de la Teoría de las Ideas, y en relación con la distinción entre el mundo sensible y el
mundo inteligible. Platón introduce esta distinción de forma metafórica en el Mito de la
Caverna, narrado al principio del Libro VII, pero su fundamento filosófico se encuentra en las
doctrinas de Heráclito y, sobre todo, de Parménides. Platón hace suya la distinción entre
diferentes, digámoslo así, “niveles ontológicos de realidad”. Así, al nivel inferior pertenecen las
cosas y objetos naturales (“lo que nace y muere”) y artificiales (los objetos fabricados por el
hombre, propios de los oficios o techné). Y al nivel superior pertenecen las Ideas, por la
participación en las cuales cada cosa es lo que es. Pues bien, para referirse a esa naturaleza
esencial e ingénita de la que participa cada “cosa”, Platón utiliza la expresión “en sí”. Y al mundo
poblado de “cosas” de semejante naturaleza (Ideas), mundo de las “cosas en sí”.

La “verdad en sí”, por su parte, es la versión “epistemológica” de este mismo argumento. Si en


el Mito de la Caverna Platón había establecido el dualismo ontológico como eje de su metafísica,
mediante el Símil de la Línea desarrolla la misma idea bajo el punto de vista del conocimiento.
A las “cosas en sí”, o Ideas, corresponde un modo de conocimiento propio, determinado por la
facultad noética (asociada a la Inteligencia. Dado que en el marco del pensamiento platónico si
algo es conocimiento es necesariamente verdadero, la verdad en sí se refiere a ese modo de
aprehensión puramente inteligible que garantiza la universalidad y necesidad de la verdad (o,
en sus propios términos, la participación de toda Idea de la Idea de Bien).

2. Características de los saberes aludidos como “estudio de las ciencias que hemos ennumerado”.
Con esta expresión, Platón se refiere a las ciencias matemáticas, y al saber dialéctico, como ha
quedado expresado en el los capítulos anteriores a éste del texto de La República. (Nota: El
profesor propone la caracterización sólo de las ciencias matemáticas). Recordemos que Platón
ha examinado qué disciplinas habrán de constituir la educación del filósofo. Estas materias
coinciden con los saberes que en su tiempo gozan de mayor prestigio y son practicados por la
“élite” intelectual, en particular, la matemática y sus ramas.

Platón determina que los saberes en cuestión son aquéllos que no han de resultar superfluos o
“inútiles para los guerreros”. Dado que la ciencia militar utiliza el cálculo y la medida como
conocimientos auxiliares para la táctica y la estrategia, es evidente que la matemática, en
sentido amplio, ha de formar parte esencial de la educación del filósofo. La matemática, en
tiempos de Platón, está compuesta por las siguientes ramas: aritmética, geometría plana, de
volúmenes, astronomía y teoría musical (o armonía). En este punto, podemos optar por
caracterizarlas individualmente o hacer un análisis común de sus rasgos esenciales. Acaso sea
más acertado lo segundo, porque en el primer caso repetiríamos prácticamente los mismos
argumentos para cada disciplina.

La matemática se ocupa de objetos en gran medida similares a las Ideas: objetos del
pensamiento, abstractos e inmateriales (puntos, líneas, figuras, etc.). De alguna manera, todos
estos objetos sólo existen en la mente, son abstracciones, incluso, en términos modernos,
objetos “lógicos”. Esta “pureza” les acerca al mundo de las ideas, al poder considerarlos sin
vinculación alguna con el mundo de la experiencia, Sin embargo, los objetos del conocimiento
matemático se diferencian de las Ideas en dos importantes sentidos:

1. En cuanto objetos, son de menor rango ontológico, pues ellos, como todo objeto,
participan de las Ideas. Un círculo participa de la idea de circularidad. Un matemático
puede considerar la intersección de dos círculos, pero sería absurdo decir que “la idea
de circularidad corta a la idea de circularidad”.

2. En cuanto modo de conocimiento, la matemática aún debe apoyarse en lo sensible. El


matemático “representa” figuras, las dibuja, las compara, las analiza… Y este proceder
aleja a la matemática del verdadero conocimiento. En efecto, para Platón las
matemáticas, aunque muy cerca, no constituyen todavía conocimiento auténtico. Son
sólo el “preludio” de la “melodía en sí”. Bien es verdad que, en la medida en que son
cultivadas por relación con las operaciones puras del pensamiento, se convierten en una
magnífica preparación para la filosofía. Platón las presentará, en definitiva, como
propedéutica o entrenamiento para la Dialéctica.

Del anterior análisis Platón concluirá que las ciencias matemáticas deben servir para someter
a prueba la capacidad del alma de elevarse sobre las determinaciones sensibles de los objetos
que contempla. Esta forma esencialmente abstracta de entender las operaciones del
pensamiento, dice Platón, “invita a la inteligencia”, esto es, le señala el camino correcto en la
ascensión hacia el Ser. El punto de inflexión, interpretamos, es la perplejidad del acto del pensar.
¿Cómo sabemos que estamos en el buen camino? Para Platón resulta obvio: cuando la razón
descubre en sus contradicciones, paradojas, límites aparentes que no resultan problemáticos
para el conocimiento empírico.
La República. Libro VII. Texto de trabajo y preguntas resueltas

—Pues bien —dije—, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se
ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-
prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol

. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las


comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi
vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo
cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y
con trabajo, es la Idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de
todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha
engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de
verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en
su vida privada o pública.

—También yo estoy de acuerdo —dijo—, en el grado en que puedo estarlo.

—Pues bien —dije—, dame también la razón en esto otro: no te extrañes de que los que han
llegado a ese punto no quieran ocuparse en asuntos humanos, antes bien, sus almas tienden
siempre a permanecer en las alturas, y es natural, creo yo, que así ocurra, al menos si también
esto concuerda con la imagen de que se ha hablado.

—Es natural, desde luego —dijo.

—¿Y qué? ¿Crees —dije yo— que haya que extrañarse de que, al pasar un hombre de las
contemplaciones divinas a las miserias humanas, se muestre torpe y sumamente ridículo
cuando, viendo todavía mal y no hallándose aún suficientemente acostumbrado a las tinieblas
que le rodean, se ve obligado a discutir, en los tribunales o en otro lugar cualquiera, acerca de
las sombras de lo justo o de las imágenes de que son ellas reflejo y a contender acerca del modo
en que interpretan estas cosas los que jamás han visto la justicia en sí?

—No es nada extraño —dijo.

—Antes bien —dije—, toda persona razonable debe recordar que son dos las maneras y dos las
causas por las cuales se ofuscan los ojos: al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a
la luz.

Platón. La República. Libro VII

1.Analiza el significado que en el texto tienen las nociones de “región inteligible” y “mundo
visible”

2. Según la argumentación del texto, ¿qué funciones cumple la Idea de Bien en la filosofía de
Platón? Explícalas.

PREGUNTA:
1. Analiza el significado que en el texto tienen las nociones de “región inteligible” y “mundo
visible”.

RESPUESTA:

 Contextualización del texto

Al principio del Libro VII, Platón describe el Mito de la Caverna, conjunto de comparaciones y
metáforas que articula su concepción de la realidad (ontología), su teoría del conocimiento
(epistemología) y, lo que constituye el eje central del tratado, y a cuyo objetivo se pliegan el
resto de explicaciones, su idea del gobierno de los hombres justos (ética y política). El Mito de
la Caverna es el pretexto para desglosar la que es, quizás, la teoría más influyente del
pensamiento platónico: la Teoría de las Ideas.

 Objetivo-eje del texto

El texto objeto de comentario (517b -518a), expuesto inmediatamente después de la narración


del mito en sí, abunda en el eje central del Libro VII, esto es, trata de responder a la pregunta:
cómo debe obrar la persona que quiere ser virtuosa (tenemos la clave en 517c: “…tiene por
fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública”). La
comparación del mito con la ontología platónica (mundos sensible e inteligible) y con el proceso
de ascensión del alma hasta el conocimiento en sí (epistemología y dialéctica) está, pues, al
servicio de la idea rectora de toda la obra: justificar que sólo aquel capaz de trascender, “…con
trabajo” el conocimiento de lo sensible (y aquí, “con trabajo” hace referencia al duro y largo
proceso educativo del gobernante, desde la gimnástica y la música hasta las matemáticas y la
filosofía), estará en condiciones de alcanzar la virtud. Alcanzar la virtud, merced a la influencia
del intelectualismo moral de Sócrates, significará esencialmente abrazar el conocimiento
científico, esto es, el de la realidad absoluta de las esencias o Ideas, sobre las cuales destaca,
como el sol sobre el universo, la Idea de Bien, de cuya participación (dependencia ontológica)
deriva el ser de todas las demás. La virtud, cualidad esencial del gobernante, es conocimiento. Y
el conocimiento de lo real sólo está en manos de aquel que procede “de la tiniebla a la luz”, el
prisionero liberado, el alma purificada, quien renuncia a sí mismo para abrazar las ideas
inmutables: esto es, el filósofo. Se fundamenta así la doctrina central de La República, la del
filósofo-gobernante.

 Los conceptos

En el marco descrito, pues, la región inteligible, o, tal se refiere a ella en otros momentos del
texto, “el mundo de arriba”, la que mora “en las alturas”, aquella en la que se producen “las
contemplaciones divinas”, es la sede de la “justicia en sí”, como lo es del resto de las ideas
platónicas. La región inteligible no es otra cosa que la realidad metafísica absoluta, la única
realidad. Es realidad porque, a diferencia de Sócrates, para quien las definiciones esenciales
(origen, no lo olvidemos, de las ideas de su discípulo) eran contenidos mentales, para Platón
constituyen un mundo existente en algún lugar. Es metafísica porque el mundo de las ideas
trasciende el mundo de lo material, lo concreto, lo visible, lo cotidiano y lo corpóreo (hay aquí
un rechazo explícito del naturalismo de los filósofos de la physis). Cuando el alma ha sido guiada
hasta el conocimiento, aquélla, consciente de que nada más verdadero puede ser representado,
ya no desea regresar, “no quiere ocuparse en asuntos humanos… (…) y es natural que así ocurra”.
Este es el momento en que la inteligencia (noesis) alcanza la “visión” del orden y la armonía que
allí rige. De algún modo, el filósofo ha abandonado entonces este mundo. La luz del sol, como
en el mito, lo impregna todo.

El mundo visible, correspondiente ontológicamente con la realidad sensible, es representado


en el mito platónico por la caverna. A destacar aquí que, al igual que ocurre con el alma y el
cuerpo, pareciera que éste no deje de ejercer jamás una atracción sobre la parte pura. El cuerpo
atrae al alma hacia las pasiones; la opinión (doxa), forma efímera, imperfecta y falible de
conocimiento, propia de “los que jamás han visto la justicia en sí”, atrae al alma siempre hacia
la “vivienda-prisión” y la obliga “a discutir en los tribunales”. Tras la evidente alusión a la condena
y muerte de Sócrates se adivina otra idea más profunda: el dolor (calificado en el texto como
torpeza y ridículo) del alma tras descender, rebajarse a lo sensible (“pasar de la luz a la tiniebla”),
y, sin embargo y a la vez, la necesidad inapelable de hacerlo. La obligación moral del filósofo
para con la polis. La virtud no se cultiva en el vacío. El origen de la filosofía platónica, la voluntad
de razonar sobre el estado justo, que ya apareciera, retrospectivamente, en la Carta VII, se
manifiesta ahora con toda intensidad. Al final del camino nos damos de bruces con las mismas
motivaciones del principio. Y he aquí el eterno retorno del platonismo, su estrecha y definitiva
vinculación al individuo, a su dimensión moral (incomprensible para un griego fuera del marco
de la polis, y, por lo tanto, de lo colectivo, de lo político) y, en síntesis, a la búsqueda de su
felicidad (eudaimonia).

PREGUNTA:

2. Según la argumentación del texto, qué funciones cumple la Idea de Bien en la filosofía de
Platón.

RESPUESTA:

La Idea de Bien, cuya metáfora el el Mito de la Caverna es el Sol, es para Platón una idea de
naturaleza superior a las demás, como deja entrever varias veces a lo largo de su obra. De ella
participan las otras ideas, ella es la referencia para el conocimiento verdadero y ha de ser
“contemplada” por todo aquel que desee convertirse en un hombre vituoso. De ello, pues, se
deriva que la Idea de Bien cumple una triple función en el texto de Platón: ontológica,
espistemológica y ético-política.

Función ontológica. La Idea de Bien es superior a todas las demás. De ella han de participar las
otras, que son “efecto” suyo. En 517b se dice: “…ella es la causa de todo lo recto y lo bello que
hay en todas las cosas”. La Idea de Bien es la idea suprema, por cuya causa todo es lo que es. El
resto de las ideas depende ontológicamente de ella, así como las cosas del mundo visible
dependen ontológicamente de la ideas.

Función epistemológica. La Idea de Bien actúa también como referente, guía u orientadora del
proceso que conduce a la sabiduría. En este sentido, Platón habla de “producir la verdad y el
conocimiento”. Para la filosofía platónica, la inteligibilidad o cognoscibilidad de las ideas
depende de la participación en ellas de la Idea de Bien. Ésta se convierte, pues, en garante de la
racionalidad del mundo inteligible y, por tanto, del conocimiento auténtico o “científico”. En el
último peldaño, la filosofía es representada como el culmen del proceso de ascensión dialéctica
del alma, y como sinónimo de la racionalidad absoluta.

Función etico-política. Sabemos que las dimensiones privada y pública del ser humano están
inextrincablemente ligadas en el pensamiento griego. La realización moral del individuo no tiene
objeto fuera de la polis. Así, la Idea de Bien, que ha de contemplar “quien quiera proceder
sabiamente en su vida privada o pública” deviene fundamento de la virtud humana.
Fundamento ético y político, pues no cabe pensar que pueda gobernar justamente un estado
quien no haya “visto” (alcanzado, comprendido) el Bien. Pero el Bien ha de ser contemplado
“por fuerza” por quien recorra el camino tortuoso y largo de la educación filosófica. Por tanto,
concluído el proceso, el filósofo estará en condiciones de aplicar su saber a la polis, en la
auténtica seguridad de que tal conocimiento proporciona al estado la eticidad que le conviene.
En otras palabras, es imposible obrar moralmente mal, o gobernar injustamente, una vez el Bien
ha sido conocido. Resuena otra vez aquí el eco del intelectualismo moral socrático.

-Redacción: La teoría de la educación en la filosofía platónica.

--Es, pues, labor nuestra--dije yo--, labor de los fundadores, el obligar a las mejores naturalezas
a que lleguen al conocimiento del cual decíamos antes que era el más excelso, y vean el bien y
verifiquen la
ascensión aquella; y una vez que, después de haber subido, hayan gozado de una visión
suficiente, no permitirles lo que ahora les está permitido.

--¿Y qué es ello?

--Que se queden allí--dije--y no accedan a bajar de nuevo junto a aquellos prisioneros ni a


participar en sus trabajos ni tampoco en sus honores, sea mucho o poco lo que éstos valgan.

--Pero entonces --dijo--, ¿les perjudicaremos y haremos que vivan peor, siéndoles posible el vivir
mejor?

--Te has vuelto a olvidar, querido amigo --dije--, de que a la ley no le interesa nada que haya en
la ciudad una clase que goce de particular felicidad, sino que se esfuerza porque ello le suceda
a la ciudad entera, y por eso introduce armonía entre los ciudadanos por medio de la persuasión
o de la fuerza, hace que unos hagan a otros participes de los beneficios con que cada cual pueda
ser útil a la comunidad y ella misma forma en la ciudad hombres de esa clase, pero no para
dejarles que cada uno se vuelva hacia donde quiera, sino para usar ella misma de ellos con miras
a la unificación del Estado.

--Es verdad--dijo--. Me olvidé de ello.

--Pues ahora--dije--observa, ¡oh Glaucón!, que tampoco vamos a perjudicar a los filósofos que
haya entre nosotros, sino a obligarles, con palabras razonables, a que se cuiden de los demás y
les protejan. Les diremos que es natural que las gentes tales que haya en las demás ciudades no
participen de los trabajos de ellas, porque se forman solos, contra la voluntad de sus respectivos
gobiernos, y cuando alguien se forma solo y no debe a nadie su crianza, es justo que tampoco
se preocupe de reintegrar a nadie el importe de ella.

PLATÓN, La República.

Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva
desarrollada por el autor.

1) Este texto de Platón es expositivo con el tema fundamental en la unidad del Estado. Al final
del texto existe un argumento cuando se advierte de que en la ciudad dónde la educación es
obligatoria, también es obligatorio darse a los demás como respuesta lógica.
Se divide de la siguiente forma:

a) Sócrates expone que los filósofos tienen el deber de hacer que los demás lleguen a la Idea de
Bien

a.1.) Una vez subidos deben ``bajar´´, dice Sócrates

a.2.) El interlocutor piensa que si les hace ``bajar´´ les perjudicara

b) Sócrates responde a la cuestión planteada anteriormente con dos elementos:

b.1.) A la ley no le interesa que haya un goce particular d la felicidad

b.2.) Tiene que haber armonía entre ciudadanos para que haya unificación en el Estado

c) Sócrates saca las conclusiones de este dialogo:

c.1) Los filósofos deben cuidar a los demás y hay que hacérselo ver con palabras razonables.

c.2) Si en las demás ciudades no existe tal obligación en ésta sí, porque los filósofos se forman
gracias a la organización de la educación de la ciudad. (Es aquí dónde existe un argumento
implícito)

2. Define el término "ley" y "armonía" partiendo de la información ofracida por el texto y


completándola con los conocimientos que tengas de la filosofía del autor.

El término ley aparece en el texto en la línea 10 y hace referencia a las órdenes realizadas por el
gobierno para la posible convivencia entre personas en una misma ciudad. Las leyes no deben
ser particulares, sino deben ser para todas las personas, es decir, normas que deben cumplir
todos los ciudadanos.

El término armonía aparece en el texto en la línea 12 y hace referencia al estado de bienestar o


tranquilidad que se vive en una ciudad y que se puede conseguir mediante las leyes o mediante
la persuasión, pero entonces la armonía estará condicionada.

Estos dos términos que aparecen en el texto están relacionados entre sí. Para Platón, las leyes
debían ser regidas por los gobernantes filósofos que conocían el bien y sabían hacer el bien, lo
que se llama intelectualismo ético, ya que habían recibido una educación. Si todas las personas
de una ciudad son buenas y sus gobernantes también los son, en esa ciudad habrá una armonía,
esto Platón lo defiende en su teoría política. Las leyes deben ser enunciadas por gobernantes
filosóficos y la ciudad tendrá una armonía. Platón critica la forma de gobierno de una democracia
porque en ese sistema de gobierno es el pueblo el que gobierna, y si el pueblo no conoce la idea
de bien, no podrá enunciar las leyes que logren que en esa ciudad haya armonía entre las
personas y mediante la fuerza y la persuasión se conseguirá la armonía, pero no será verdadera.

3. -Redacción: La teoría de la educación en la filosofía platónica.

INTRODUCCIÓN: En este apartado se nos plantea la educación platónica pero ¿qué es la


educación? Es lo necesario para acceder al verdadero conocimiento, sin embargo ¿qué podemos
conocer? ¿Cómo distinguimos lo conocido de lo imaginado, es decir, lo real de lo ficticio?
¿Debemos tener, todos, una educación o ha de ser selectiva?

Naturalmente he planteado varias dudas y preguntas fundamentales que surgen al cuestionarse


este problema dilemático, ahora procederé a su análisis, de un modo mucho más exhaustivo.
DESARROLLO: Teniendo presente la definición exacta de educación, según Platón, accedemos a
una sala dónde, al mismo tiempo se nos abre la puerta de la pregunta que dice, de qué es lo que
conocemos. Bien, según este filósofo se conoce lo que es real, lo inmutable, no lo que no deviene
y no ocupa espacio, (estos son esos verdaderos seres, o ideas) y sobre todo la idea máxima, la
de Bien y la relación que presenta entre las demás ideas que a fin de cuentas son modelos de
esta.

CONSECUENTEMENTE: Llegamos a conocer las ideas, esto es obvio, pero la cuestión es cómo se
ha de educar para acceder a ellas y así al conocimiento. Pues claramente despreciando
paulatinamente los entes sensibles, pues no son reales y no sirven para aprehender
verdaderamente, sino para creencias inútiles. Así pues, Platón dará comienzo a la educación con
ciencias simples como la música o gimnástica para comenzar a ejercitar el cuerpo e ir alejándolo
lenta pero constantemente de lo concupiscible o apetecible. Tras esto, a la edad de 20 años, se
centrará, teniendo el cuerpo bajo el dominio racional del alma, en la διάνοια, o más conocida
dianoia y matemáticas deductivas, con el único fin de preparar al alma racional en materia de
abstracción, y así llegar a la dialéctica, ciencia de las ideas o διαλεκτική, totalmente abstractas e
inmateriales, a la cual casi ningún estudiante llegará, pero visibles para el ojo cognoscible, que
es el alma racional, iluminado claro está, por la luz natural, blanca y bella de la idea de bien.

SIN EMBARGO: Se encuentra uno con la duda, después de este razonamiento, de si han de ser
todos educados. Platón, sin faltar a sus propuestas no rechaza el dualismo, por eso se decanta
por el sí y por el no. Principalmente habíamos de salir de la imaginación o despreciar las sombras
de la caverna y contemplar el fuego, el cual causó dichas sombras imag-inativas, que sólo nos
proporcionan el beneficio del placer concupiscible o corporal. Es por esto mismo porqué el
primar paso educativo es el de la música y la gimnástica, para dominar los apetitos y pasiones
del cuerpo. Superada esta primera fase de selección, accedemos a la de las ciencias deductivas,
el pueblo llano no llegará a esta etapa pero si lo harán el guardián y filósofo gobernante, llegando
a adquirir la casi completa abstracción utilizando la herraminta eficaz de los axiomas
matemáticos. El último paso será el de la dialéctica. El guardián, amigo de lo geométrico, no
logrará llegar y se quedará en la entrada del mundo de las ideas, pero si lo conseguirá el
nombrado filósofo. Con esto se conseguirá que la polis sea justa, buena y que todos sean
educados según sus posibilidades. La polis estará, de este modo, gobernada por personas que
mediante un educador han subido la escarpada y costosa cuesta, accediendo a la superficie,
vislumbrando la idea de bien y podiendo así gobernar efecazmente y finalizando, al fin la
educación en la práctica justa de lo aprehendido.

CONCLUSIÓN: Destacando lo dicho en las partes previas, se puede afirmar y solucionar las dudas
introductorias de que la educación platónica siendo justa, es selectiva, pues permite que todos
sean educados para acceder al fin de la dialéctica, que será alcanzado tan solo por aquellos que
logren superar las barreras selectivas corporales y abstractorias, domando a los dos caballos, el
de lo concupiscible y el de lo irascible, primando de este modo el alma racional, lo que es lo
justo, debido y bueno.
PLATÓN BÁSICO

TEORIA DE LAS IDEAS BASICA

Platón distingue dos mundos:

-Las Ideas son eternas, inmateriales, únicas, no cambian, son el modelo de las cosas

-Las cosas son materiales, múltiples, cambian, nacen y perecen.


La verdadera realidad son las Ideas, las cosas tienen un grado de realidad menor.
Las ideas sólo se conocen con la razón, pero no se deben confundir con los conceptos, las cosas
se conocen con los sentidos, el conocimiento de las cosas sólo proporciona opinión.
Las Ideas solo pueden ser conocidas en el Mundo inteligible. El alma ha estado en este mundo
antes de nacer, pero las ha olvidado. Conocer es recordar. Recuperar ese recuerdo es un proceso
largo que comienza al contemplar la belleza de este mundo, pero sólo las matemáticas y la
dialéctica permiten conocer las ideas.
La teoría tiene tres intenciones:
-Ética: Frente al relativismo de los sofistas, Platón quiere fundar la virtud en el saber, para ser
justo es necesario saber lo que es la justicia.

-Política: Las tres partes del alma, racional, irascible y apetitiva, se corresponden con las clases
sociales de la polis: los filósofos, que gobiernan; los guerreros, que defienden la ciudad, y los
artesanos, que trabajan. Igual que el alma debe guiarse por la razón, el cuerpo social debe
dejarse guiar por los filósofos, que conocen el mundo de las Ideas. Cuando cada clase social
realiza la tarea que le corresponde, se alcanza la justicia.

-Científica: El verdadero conocimiento tiene que ser univesal y necesario. Platón distingue
cuatro grados de conocimiento. El conocimiento del mundo sensible sólo proporciona opinión,
Platón distingue la imaginación y la creencia. El conocimiento del mundo inteligible proporciona
ciencia, la matemática y la dialéctica son las ciencias fundamentales.
Las matemáticas nos ayudan a pasar del conocimiento sensible al inteligible. Usan
representaciones de las Ideas, por ejemplo el dibujo de un triángulo, pero piensan en la Idea de
triángulo, en el triángulo perfecto.
Con la dialéctica ascendente podemos llegar a conocer la Idea de Bien, usando solamente las
Ideas llegamos al principio de todo. La Idea de Bien es la causa del ser y el conocimiento en el
mundo de las Ideas, y en el mundo sensible es la causa del Sol y de la luz.
Además existe una dialéctica descendente que permite conocer la jerarquía y relaciones entre
las Ideas. La Idea de Bien es la idea suprema, a continuación están las Ideas de los objetos éticos
y estéticos, seguidas de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las
cosas. Según Aristóteles, Platón terminó por identificar las Ideas con los números.

Platón nunca pudo explicar claramente la relación entre los dos mundos, entre las Ideas y las
cosas. Primero utilizó los conceptos de imitación y participación. La semejanza que existe entre
los objetos de la misma clase, como los caballos, es el resultado de la imitación de un modelo
que permanece inmutable, la Idea de caballo; pero explicar esta relación nos lleva a un proceso
interminable, conocido como argumento del "tercer hombre".
Si en lugar de imitación hablamos de participación, los problemas no desaparecen. Si las cosas
participan de toda la Idea tendría que haber tantas Ideas como cosas, lo que contradice la no
multiplicidad de Ideas; si las cosas participarían sólo de una parte de la Idea, se contradice el
principio de indivisibilidad de las Ideas.

En el Timeo, uno de sus últimos diálogos, Platón dice que el universo es resultado del trabajo
del demiurgo o dios artesano que construye el cosmos a partir de la materia eterna, tomando
como modelo el mundo de las Ideas. La copia resulta defectuosa por estar hecha de materia.
La educación platónica básica
Para Platón el fin de la educación no es sólo el desarrollo de las capacidades individuales, es
necesario formar a una clase social que se ocupe del gobierno y de la defensa y expansión de la
ciudad. La educación no puede depender de la iniciativa individual, debe estar en manos del
Estado.
Las tres partes del alma, racional, irascible y apetitiva, se corresponden con las clases sociales
de la polis: los filósofos, que gobiernan; los guerreros, que defienden la ciudad, y los artesanos,
que trabajan. Igual que el alma debe guiarse por la razón, el cuerpo social debe dejarse guiar
por los filósofos, que conocen el mundo de las Ideas. Cuando cada clase social realiza la tarea
que le corresponde, se alcanza la justicia. Si cada uno busca su propio interés es inevitable la
decadencia de la sociedad.
Los guardianes se dividen en auxiliares o soldados y gobernantes, guardianes perfectos. Los
guardianes deben ser escogidos entre aquellos ciudadanos que posean aptitudes especiales
(fuerza, valentía, amor a la verdad) y habrán de ser educados cuidadosamente. Los artesanos
apenas necesitan conocimientos.
Los guardianes además de educación deben someterse a una forma de vida comunista, para
evitar que busquen el interés propio. No podrán tener propiedad privada, vivirán en cuarteles y
comerán en común, se eliminarán las relaciones sexuales entre parejas permanentes. La
procreación será regulada por los gobernantes, con el fin de conseguir la mejor descendencia
posible. El Estado educará en común a los niños, los padres no conocerán a sus hijos. En la
sociedad de los guardianes las mujeres tienen idéntico papel que los hombres y reciben la
misma educación. Los artesanos si podrán tener propiedades y familia.
La educación elemental, que comprende la preparación de los jóvenes hasta la edad de veinte
años. Comprende gimnasia y música, que permitirán desarrollar el cuerpo y formar el carácter.
La música incluye otras artes. Pero se establece una censura. Deben eliminarse todas aquellas
historias que presenten a los dioses como seres dominados por pasiones, vengativos,
mentirosos o infieles. Los que superen esta etapa serán guardianes. Algunos de ellos, los
mejores, pasarán a la etapa siguiente. Los futuros gobernantes deberán dominar varias ciencias.
Platón distingue dos mundos:
-Las Ideas son eternas, inmateriales, únicas, no cambian, son el modelo de las cosas
-Las cosas son materiales, múltiples, cambian, nacen y perecen.
La verdadera realidad son las Ideas, las cosas tienen un grado de realidad menor.
Las ideas sólo se conocen con la razón, pero no se deben confundir con los conceptos, las cosas
se conocen con los sentidos.
El verdadero conocimiento tiene que ser univesal y necesario. Platón distingue cuatro grados de
conocimiento. El conocimiento del mundo sensible sólo proporciona opinión, Platón distingue
la imaginación y la creencia. El conocimiento del mundo inteligible proporciona ciencia, la
matemática y la dialéctica son las ciencias fundamentales.
Entre los veinte y los treinta años estudiarán ciencias que les ayudarán a pasar de las tinieblas
de lo sensible a la luz de lo inteligible. Las matemáticas se sirven de figuras geométricas para
discurrir, pero no pensando en ellas mismas, sino en las Ideas correspondientes. Dibujan un
triángulo pero piensan en el triángulo perfecto que sólo puede ser visto con el pensamiento.
También estudiarán astronomía, pues la belleza del cielo refleja la belleza del mundo de las
Ideas.
A los treinta años, se escogerá a los mejores para que estudien dialéctica durante cinco años
más. El dialéctico parte de hipótesis, por ejemplo la noción de justicia, y de Idea en Idea, sin
recurrir a nada sensible, alcanzan el principio de todo, la Idea de Bien, Idea suprema. Que es la
causa del ser y del conocimiento del mundo de las Ideas. Esta es la dialéctica ascendente, pero
también hay una dialéctica descendente que permite establecer las relaciones y jerarquías de
las Ideas.

Completados sus estudios volverán a los asuntos humanos para ganar experiencia. Aquellos que
a los cincuenta años hayan salido puros de estas pruebas asumirán el poder cuando les
corresponda.
Los prisioneros y las sombras. Básico.

Los prisioneros son unos hombres que están encadenados dentro de una caverna desde
pequeños sin poder moverse. Frente a ellos se proyectan unas sombras, que proyecta un fuego
encendido detrás de ellos, cuando pasan hablando porteadores con objetos sobre sus cabezas.

Según nos dice Platón, esos prisioneros somos nosotros, la caverna equivale al mundo sensible,
el fuego que hay en ella al sol, y la salida de la cueva a la ascensión del alma al mundo inteligible.
La oscuridad de la caverna simboliza la ignorancia, la luz del exterior el conocimiento, el paso de
la oscuridad a la luz es el proceso educativo.

Platón distingue dos mundos. El alma ha estado en el mundo de las Ideas, pero ha caido a este
mundo y ha quedado atrapada en un cuerpo. Esto lo explica Platón con el mito del carro alado.

Platón introduce, influido por los pitagóricos, la idea de alma inmortal, que es novedosa en la
cultura griega. El cuerpo es un estorbo para el alma, pues las pasiones le impiden la
contemplación de las ideas. El cuerpo pertenece al mundo sensible, y es por tanto imperfecto.

Las sombras representan el primer grado de conocimiento. El conocimiento del mundo sensible
sólo puede proporcionar opinión. Se distinguen dos grados. El primer grado es la imaginación o
la conjetura. El segundo grado es la creencia que correspondería al momento en el que un
prisionero es liberado y puede ver con dificultad elinterior de la caverna, a los porteadores y al
fuego. Corresponde a las explicaciones sobre la naturaleza que hicieron los filósofos
presocráticos. Pero no es auténtica ciencia.

La ciencia es el conocimiento del mundo de las ideas. El primer grado de ciencia son las
matemáticas y el grado más alto es la dialéctica, que permite conocer la idea de Bien, que se
corresponde con el sol que hay en el exterior de la caverna.

El ascenso al mundo de arriba y el sol.

Según nos dice Platón la subida al mundo de arriba equivale a la ascensión del alma hasta el
mundo inteligible. El ascenso del prisionero por la áspera y escarpada subida, su lenta
adaptación a la luz en el exterior hasta ver el sol directamente y el descubrimiento de que rige
las estaciones y la vida representan las dificultades de la educación. El paso de la ignorancia al
conocimiento, se representa por el paso de la oscuridad a la luz.

La dialéctica y el amor son los dos medios de ascender al mundo de las Ideas. Las matemáticas
son un preludio necesario. Dentro del mito corresponden a la visión de imágenes reflejadas en
el exterior de la caverna.

Las matemáticas son el primer grado de conocimiento científico, se apoyan en


elementos sensibles pero siempre pensando en las Ideas.

La dialéctica es el conocimiento directo de las Ideas, hasta alcanzar la idea de Bien, que es la
causa del ser y el conocimiento en el mundo de las Ideas.

El alma al contemplar la hermosura de este mundo recuerda la verdad y toma alas y desea
emprender el vuelo y contemplar las Ideas. Primero se fija en la belleza de los cuerpos bellos.
Luego descubre la belleza del alma; y más arriba aún, la belleza de las leyes y de las ciencias y
por encima de todo, la Idea de belleza, que es eterna, perfecta, siempre igual a sí misma y fuente
de toda otra belleza.

Si la educación no ha creado un equilibrio entre las distintas partes del alma, el individuo es
esclavo del placer, y no puede alcanzar este conocimiento. Al no sentir avidez por poseer cosas,
el filósofo no teme a la muerte y es capaz de acciones valerosas y decididas que se exigen al
verdadero gobernante.

Las funciones del Bien en el mundo inteligible respecto del alma y las ideas, es similar al
comportamiento del Sol respecto de la visión y las cosas sensibles. La idea del Bien es la causa
de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; en el mundo visible es la causa de la luz y
del sol, en la inteligible es la productora de verdad y conocimiento.

Igual que los ojos necesitan la luz del Sol para ver, el alma necesita la idea del Bien para
aprehender los objetos del mundo inteligible. Tiene por fuerza que verla quien quiera proceder
sabiamente en su vida privada o pública.

Esta Idea suprema la identifica Platón en otros diálogos con la Belleza o con el Uno

El retorno a la caverna y las tinieblas

El prisionero que ha visto el sol y el mundo exterior no echará de menos su vida anterior ni los
honores que se otorgaban en la caverna. Si volviera al interior se le llenarían los ojos de tinieblas,
pues pasaría de la luz a la oscuridad. Tardaría en acostumbrarse y provocaría risas, pensarían
que tiene los ojos estropeados por haber subido al exterior, pensarían que no merece la pena la
ascensión y lo matarían si intentara liberarlos y hacerles subir. Esto pudo ser lo que le ocurrió a
Sócrates.

El filósofo debe ayudar a sus compatriotas, pero no es extraño que se muestre torpe al discutir
en los tribunales o en otro lugar, sobre la apariencia de lo justo, cuando él conoce la Justicia en
si.

Las tinieblas representan una existencia en la que sólo se concede valor a lo sensible. Platón
señala que el paso de las tinieblas a la luz y de la luz a las tinieblas, requiere siempre un proceso
de adaptación. Esto significa que el proceso educativo requiere esfuerzo y que comunicar los
conocimientos adquiridos no es fácil.

En el ámbito social y político las tinieblas representan la manipulación de la opinión pública, que
se basa en la persuasión mediante lo aparente y no mediante lo real, que es más difícil de
comprender. En los tribunales atenienses podían participar de 200 a 6000 personas. La
democracia es el gobierno de la masa, en el que todos son iguales y se elimina el poder de los
que tienen más conocimientos.

Platón señala la paradoja de que el Estado perfecto sólo puede ser constituido por el sabio, y
este sólo puede formarse en el Estado perfecto. Hay que contar con que aparezca un rey-filósofo
para poder llevar a cabo este proyecto. Platón intentó esta posibilidad en Siracusa pero no tuvo
éxito.

OTRA DE PLATÓN:Ejemplo de redacción: "Educación y tipos de conocimiento en Platón"

La filosofía de Platón se establece con una intención polémica respecto de los sofistas, en
concreto contra la intención de los sofistas de que educar consiste en poner “vista a unos ojos
ciegos”, expresión que significa que mediante las enseñanzas de los sofistas, profesionales de la
educación que cobraban por sus servicios, eran capaces de introducir el conocimiento y la
ciencia en las almas de los hijos de los acaudalados ciudadanos que requerían sus servicios.
Efectivamente, los sofistas planteaban la educación como un ejercicio que daba sus frutos por
el saber enciclopédico, el ejercicio retórico, y la elocuencia necesaria para convertir el discurso
sugerente y seductor en discurso verdadero que convenciera y subyugara a las mentes y
voluntades de los ciudadanos atenienses que acudían a los juicios o a las asambleas de la ciudad-
estado griega para decidir sus asuntos. Esta concepción de la educación sofista se acompañaba
de cierta sabiduría, de cierto saber que desvinculaba la actividad filosófica de la búsqueda de la
verdad, del bien y de la virtud. Los sofistas se mostraron hábiles manipuladores del lenguaje
capaces de demostrar y convencer de una cosa y de su contraria en función de sus propios
intereses, o de los intereses del cliente. Así sus doctrinas mantienen el relativismo
epistemológico y ético (verdad y bien están en función de las circunstancias sociales y culturales)
que puede llegar al subjetivismo (bueno y verdad es simplemente lo que a mí me aparece como
tal) cuando no al nihilismo extremo (no existe ni la verdad ni el bien). Todo esto llevado al
terreno político aboca la actividad política al oportunismo y al medro personal que busca en el
terreno de la actividad pública la ocasión para favorecer los propios intereses más allá de lo que
conviene a la sociedad en su conjunto.

Frente a este modo de entender la actividad filosófica Platón, siguiendo la estela de su maestro
Sócrates, intentará establecer una filosofía que supere la actividad sofista mediante una teoría
que permita fundamentar el Bien como un valor absoluto y la actividad intelectual como
vinculada a la búsqueda de la verdad permitiendo establecer criterios objetivos para decidir la
verdad de los asuntos más allá de la persuasión subjetiva de cada cual. Ya Sócrates había
establecido como doctrina el intelectualismo moral según el cual el conocimiento del bien hace
que actuemos bien, es decir, que seamos virtuosos, y ello nos proporciona la felicidad auténtica.
También pensaba Sócrates que el conocimiento y la verdad residen en cada uno se nosotros y
que por ello nadie nos puede enseñar nada, sino que sólo se nos puede ayudar a dar a luz esa
verdad. De aquí derivará Platón su idea de que la educación consiste en despertar y orientar la
mirada, es decir, despertar y orientar la inteligencia hacia el verdadero objeto de conocimiento
que es la comprensión de lo que es el Bien. Este dato es importante porque aquí de lo que se
trata no es de memorizar discursos o artimañas retóricas para discutir por “vanas sombras” sino
de examinar las cosas en sí mismas por medio de la inteligencia, es decir, de la comprensión
misma de todos los aspectos de la cosas que estemos considerando a la luz del Bien. Ahora bien,
este despertar la inteligencia bien acompañado de una educación en el sentido de una “poda de
excrecencias plúmbeas”, es decir, de una doma de los aspectos irracionales del ser humano: los
deseos. Por ello la educación debe procurar virtudes para ayudar a las mejores naturalezas: la
templanza, la fortaleza y la prudencia serán las virtudes que se deban educar en los ciudadanos.
Ya tenemos un primer elemento de la educación, las virtudes.

Pero ¿cómo se produce ese despertar de la ecuación? Platón sigue siendo heredero de Sócrates:
la educación debe servirse de problemas y plantear contradicciones al alma para que esta
despierte y ascienda hacia la luz buscando la lógica de las cosas. Esto no tiene nada que ver con
la actividad de los sofistas empeñados en mantenerse en el mundo de los sentidos, buscando el
bien como utilidad, como placer y la verdad como éxito social y político. Efectivamente, Platón
busca liberar mediante la educación al alma respecto del cuerpo, y conseguir que de alguna
manera se enseñoree del mismo como el buen auriga que guiado por la razón sabe domar y
conducir a los caballos del deseo y de la voluntad para llevarlos fuera de la caverna por decirlo
de algún modo siguiendo el símil platónico.

Tal como hemos visto en el texto que se nos ha propuesto para analizar, Platón establece tres
tipos de artes: las que se refieren los objetos del mundo de la generación (cosas fabricadas,
materiales), los que se refieren al mundo matemático (geometría) y las que versan sobre la
verdad en sí. Estas artes se corresponden con la opinión, la dianoia (pensamiento discursivo) y
la noesis (que correspondería al ejercicio de la dialéctica). Siguiendo el pensamiento platónico
las artes que tienen que ver con el mundo de la opinión y que están relacionadas con el ejercicio,
la repetición y la costumbre, es decir, que no requieren inteligencia no son artes que sirvan para
el fin que se propone: contemplar el Bien, la verdad. Ello porque el mundo al que pertenecen es
inestable y contradictorio, es decir, un mismo objeto admite predicados contrarios. Platón
establecerá que las disciplinas para despertar la inteligencia y elevarla hacia el mundo que le es
propio, que es la inteligencia misma y las ideas, son las que permiten discutir y discurrir sobre
su objeto, así le unidad y la multiplicidad son de ese tipo de objetos y incitan al alma a aclara lo
que son. Por ello Platón establece las enseñanzas matemáticas (cálculo, geometría, volumen,
astronomía y armonía) como ciencias auxiliares de cara a la dialéctica que debe ser, como hemos
argumentado en la 2ª cuestión de la prueba, la que alcance la verdad en sí.

Platón argumenta que esas disciplinas auxiliares son útiles para la ciudad y que por ello deben
ser fomentadas, lo cual significa que deben no sólo ser honradas sino también ser favorecidas
económicamente en su desarrollo, pero Platón ve su utilidad en que permiten acostumbrar a la
inteligencia a trabajar sin objetos sensibles, como en un paso intermedio para trabajar con Ideas
puras que será el objeto de la filosofía auténtica: la contemplación del Bien. La contemplación
del Bien debe producir en el sujeto una transformación que le impulse a bajar a la caverna e
intentar liberar a los compañeros, por ello, el Bien en Platón tiene una función política clara:
organizar la ciudad-estado de acuerdo a la justicia para que sea la ciudad en su conjunto la que
alcance la felicidad y no una clase especial de ciudadanos. Por ello, la persuasión o la fuerza debe
introducir ese orden que descubre el filósofo en la ciudad, orden en el que los ciudadanos
alcanzan la armonía para vivir sin disensiones egoístas, sin demagogia y sin retórica sofista que
solo busca el propio bien, para vivir según la idea universal de Bien como un modelo a imitar. La
ciudad debe formar a los ciudadanos de ese modo, con vistas a la unificación del estado y al
cumplimiento de sus deberes.

Los Campos temáticos de las posibles Redacciones de Platón

1. Dualismo epistemológico.

2. Dualismo ontológico. La teoría de las Ideas y la Idea de Bien.

3. Dualismo antropológico. Teoría de la reminiscencia.

4. Ética platónica. El intelectualismo moral.

5. Teoría de la educación. Matemáticas y Dialéctica.

6. Teoría del Estado justo y del filósofo gobernante.

1. DUALISMO EPISTEMOLÓGICO.

El dualismo epistemológico es la teoría que explica el conocimiento dividiéndolo en dos. Platón


incurre en dualismo como modo de explicación tanto a nivel de conocimiento, como ahora se
verá, como también en los otros otros niveles, cosmológico, ontológico y antropológico. Su
teoría de las Ideas puede explicarse, con las debidas especificaciones, en cualquiera de esos
niveles.

Abordando ya la cuestión del dualismo epistemológico lo primero que hay que señalar es que el
conocimiento tal y como Platón lo entiende se divide en dos: conocimiento propiamente dicho
y opinión. Se conocen las ideas y se opina sobre las cosas sensibles. Y esto es así porque las ideas,
el mundo de las ideas es el mismo siempre y a él solo se puede acceder mediante la inteligencia.
El conocimiento, para ser verdadero conocimiento ha de ser universal y necesario, es decir,
válido para todo el género (universal) y que no pueda ser de otra manera (necesario). Eso solo
es posible en el mundo de las Ideas, que son siempre las mismas, no cambian y son también
origen de todas las cosas del mundo sensible que sí están sujetas al cambio, al devenir. Así pues,
con la inteligencia se pueden conocer las Ideas, pero las cosas del mundo sensible solo son
objeto de opinión. Y la razón de esto último es muy clara: de las cosas cambiantes solo se puede
tener una opinión que va cambiando con las cosas mismas. Por ejemplo: del Real Madrid solo
podemos opinar que en tal o cual partido estuvo mejor o peor y eso además dependerá
seguramente de los partidarios de uno u otro equipo.

Pero cómo puede saberse algo del mundo de las Ideas sin alguna familiaridad con él. A esto
responde Platón con la teoría de la reminiscencia, que significa "recuerdo". El alma humana, con
motivo de la percepción sensible, con ocasión de ella, recuerda una estancia anterior en el
mundo de las Ideas. Cuando el hombre presencia alguna cosa del mundo sensible, por ejemplo
una mesa, con los sentidos observa su color, su tamaño, su forma geométrica pero solo sabe lo
que es, intelectualmente porque prescindiendo de todo ello "conoce" lo que es, una mesa, para
lo cual no tiene ninguna relevancia si esta tiene tres, cuatro o diez patas, si su tamaño es mayor
o menor, o si es circular , cuadrada o romboidal. La "meseidad" es la Idea del mundo inteligible
que el alma "re-conoce" cuando está ante la mesa sensible. Pero la mesa sensible no contiene
su propia esencia (como más tarde admitirá Aristóteles) sino que dicha esencia reside en un
Mundo de las Ideas, trascendente a las cosas del Mundo sensible.

Aplicando lo dicho en consonancia con el mito de la caverna y el símil de la línea dividida se


podría decir además que cada uno de los dos modos de conocimiento se divide a su vez en otros
dos. Es decir, el conocimiento máximo, el de las Ideas propiamente dichas es objeto de la
dialéctica. Es la dialéctica, situada en el extremo superior de la línea, la forma de llegar a conocer
las Ideas mismas. Mediante la dialéctica el filósofo preparado será capaz de acercarse a la verdad
de las Ideas pasando por encima de las hipótesis del segundo segmento, objeto de la dianoia.
Las matemáticas están basadas en las hipótesis; la base inicial de la matemática como es la
noción misma de "unidad" es una hipótesis puesto que unidad es algo que aplicamos a lo que
deseamos en un momento dado: una célula, un tejido, un músculo, una pierna, un hombre... .
O bien, las mismas nociones geométricas se basan asimismo en las hipótesis de sus figuras: recta,
triángulo, esfera, etc.. que no existen realmente en ningún lugar; son meras hipótesis con las
que tratamos de operar como si no lo fueran.

En el mito de la caverna, las Ideas están fuera y solo son accesibles a aquél que ha salido de ella
con gran esfuerzo intelectual. Y como al salir de ella, se ha cegado por la misma luz existente,
tendrá que mirar dicha luz en el reflejo de las aguas (dianoia - matemáticas) para ir
acostumbrándose poco a poco a la luz cegadora de la Idea de Bien que es lo último que será
posible ver y que ilumina a todas las demás ideas. Esa es para Platón la única realidad: la realidad
de las Ideas.

En el fondo de la caverna se hallan los prisioneros de lo sensible sujetos con las cadenas de los
sentidos y que no ven más que ciertas sombras cambiantes que no son, por tanto, nada reales.
Pero los prisioneros no son conscientes de su nula libertad. Como están allí desde pequeños,
piensan que no existe ninguna otra realidad. Cuando Platón describe el mito de la caverna a su
discípulo Glaucón que piensa que esos prisioneros son muy extraños, el filósofo le contesta
rápidamente que son iguales a nosotros. Todos estamos, en principio sujetos a lo sensible y hace
falta que alguien nos desate de lo sensible, pero a la fuerza, porque es tanta nuestra costumbre
sensorial que cuesta desarraigarse de ella. Por eso, dice Platón que alguien nos ha de desatar
(educación) porque de suyo nadie por sí mismo lo hace. Ese primer segmento de la línea dividida
es la mera imaginación que es lo más cambiante y que varía por tanto con enorme facilidad. El
segundo segmento lo constituye la opinión sensible sobre los objetos que son transportados
delante de la hoguera. Esa luz de la hoguera es la luz de lo sensible, luz muy escasa pero
suficiente para tener una primera opinión más ajustada a esa realidad sensible y cambiante. Es
una opinión física - sensible pero todavía no matematizada.

GRADOS DECONOCIMIENTO

nombre OPINIÓN (en griego doxa) CIENCIA (en griego epistéme) (*)
dialéctica o ciencia
pensamiento discursivo
conjetura creencia en sentido estricto
tipos (diánoia)matemáticas
(eikasía) (pístis) o inteligencia o
fundamentalmente.
filosofía (noûs)

conocimiento
puramente
conocimiento conocimiento
racional de las
sensible basado basado en la conocimiento racional
Ideas y sus
definición en la percepción percepción pero basado en los
relaciones
de las sombras y directa de las signos sensibles
esenciales, en
los reflejos cosas sensibles
particular de la
Idea de Bien

instrumento la razón, pero apoyada


del la percepción la percepción en signos sensibles e la pura razón
conocimiento hipótesis

MUNDOINTELIGIBLE
MUNDOSENSIBLE
objeto de
sombras y los objetos
conocimiento las Ideas,
apariencias de sensibles y las
los objetos matemáticos principalmente la
los objetos cosas
Idea de Bien
sensibles fabricadas

calidad del
saber De menos -----------------------------------------------------a más.

2.- DUALISMO ONTOLÓGICO. TEORÍA DE LAS IDEAS. LA IDEA DE BIEN.

Todo lo dicho en el punto anterior vale para éste variando, eso sí, el planteamiento que en esta
ocasión hay que situar en el ámbito ontológico. Lo que ahora interesa es hacer mención de la
realidad del ser. Se trata de mostrar aquí las distintas calidades de "ser" pero el
anterior esquema sigue siendo válido. Ahora el ser se localiza en las Ideas que "son" las únicas
que son verdaderamente. Más abajo en su condición de ser, son menos los entes matemáticos
puesto que su realidad es meramente hipotética. Eso significa que su realidad es la de ser, solo
eso, hipótesis. Y descendiendo en la calidad de ser, se sitúan los entes materiales físicos,
cambiantes como todo lo que encontramos en el mundo sensible. Y por último, los entes
imaginarios que no son nada propiamente sino meros fantasmas en la imaginación de los
hombres y sujetos a la enorme variabilidad de ellos y sus vaivenes. el Pero Platón advierte
además que existe una dependencia ontológica de lo sensible respecto de lo inteligible. esto
quiere decir que, en el orden del ser, las cosas del mundo sensible son porque han sido hechas
copiando el Mundo de las Ideas. Platón no requiere de un Dios Creador al modo cristiano pues
le basta un demiurgo, un constructor del mundo sensible que copiará (mal) a partir del mundo
de las Ideas de tal modo que cada cosa del mundo sensible es una copia del mundo de las Ideas.
Pero las cosas sensibles son muchas y las Ideas, menos en cantidad porque la cantidad es
precisamente una cualidad tarada del mundo sensible. El original del mundo de las Ideas
"permite" muchas copias degeneradas en el mundo sensible. Parece que es eso lo que Platón
está muy interesado en mantener: la poca o nula calidad de las cosas sensibles respecto de sus
originales (ideas) en el mundo inteligible. Por eso, la sensibilidad queda minusvalorada respecto
de la inteligencia.

Hay que destacar por encima de todo el Ser de la Idea de Bien que es lo máximamente ser, lo
que es por encima de todo. Incluso, de alguna manera piensa Platón que es lo que otorga ser a
todo lo demás, que es iluminado por ella. Todo lo que tiene ser, lo tiene por participación del
Ser máximo de la Idea de Bien. De este modo, se puede afirmar que todo es bueno porque
participa en algún grado de la Idea de Bien. Pero la Idea de Bien solo es alcanzable mediante la
inteligencia pues es meramente Inteligible, lo cual significa el valor que da Platón a lo espiritual
por encima de toda la materia. Y a la inteligencia por encima de la sensibilidad, como hemos
señalado arriba.

4. ÉTICA PLATÓNICA. EL INTELECTUALISMO MORAL.

El pensamiento ético de Platón (427 – 347 a.C.) como es comprensible, se deduce de su


antropología, es decir, de su concepción del hombre. Pero no tenemos ninguna obra de Platón
que trate selectivamente de este tema. Su ética la hemos de entresacar de su filosofía que por
lo demás está repartida de forma no sistemática en sus escritos. Sus diálogos abordan diversos
temas en forma literaria, pero no es difícil apreciar el fondo de su pensamiento. Ha quedado
para los estudiosos de la filosofía elaborar la sistematización de sus ideas.

Para el filósofo griego el hombre está compuesto de dos sustancias, el cuerpo y el alma. Esas
dos sustancias son tan distintas como la materia y el espíritu y lo insólito es que estén unidas
siendo de naturaleza tan diferente. De la misma forma que el agua y el fuego no se pueden
combinar por su distinta naturaleza, asimismo el cuerpo y el alma son irreconciliables y no
pueden llevarse bien. Uno prevalecerá sobre el otro. O bien el cuerpo manda y entonces ahoga
el espíritu, o bien, mandará el espíritu y entonces deberá someter al cuerpo como un jinete ha
de sujetar a su caballo, como sugiere el mito del auriga[1] que nos propone el filósofo griego.
Para Platón, el cuerpo es la cárcel del alma, pero ésta es espiritual e inmortal y, por el contrario,
el cuerpo material y compuesto. La muerte es claramente la escisión de ambas sustancias y,
mientras que el cuerpo se descompone al separarse, el alma escapa hacia otra vida superior.
También en esto Platón parece seguir a su maestro Sócrates. La vida moral así entendida
consistirá en el trabajo del hombre por liberarse de la esclavitud material del cuerpo y ascender,
con la sola inteligencia, al mundo de las Ideas, mundo espiritual que le es familiar al alma. De
esta forma, el ateniense se declara contrario al hedonismo[2] porque supone que dar
satisfacciones al cuerpo y sus pasiones impide al alma elevarse hacia lo que le es propio, el
mundo eidético o de las Ideas. La virtud se entiende así como purificación, como combate del
alma contra el cuerpo, combate de lo espiritual que debe imponerse a lo material. El alma desea
la verdad que no se encuentra en el sujeto sino más allá, en el mundo de las Ideas, pero el cuerpo
tiene unas necesidades materiales inevitables que ha de satisfacer. De esta manera para Platón
la falta de virtud se puede identificar con la ignorancia.
En La República, uno de sus más conocidos diálogos, Platón nos habla de las virtudes principales
que hacen referencia a las distintas partes del alma. El siguiente cuadro es ilustrativo también
para ver la relación entre ética y política:

Partes del alma: Racional Irascible Concupiscible

Prudencia/
Virtudes: Fortaleza Templanza
Sabiduría

Situación: Cabeza Tórax Vientre

Carácter: Inmortal Mortal Mortal

Filósofo -
Política: Guardianes Pueblo llano
gobernante

La prudencia racional marca al individuo lo que debe hacerse, pero hace falta la fortaleza y la
templanza para llevarlo a cabo. El ejercicio constante de esas virtudes hace al hombre y a la
ciudad, felices. Si individualmente los hombres consiguen la virtud y con ella la felicidad, también
la ciudad, la polis lo será. La virtud que parece faltar, la justicia, es virtud social y consiste
precisamente en dar a cada uno lo suyo, lo que significa que cada miembro de la ciudad cumpla
su papel y no se trastoque el orden que Platón considera natural: el gobernante deberá gobernar
prudentemente, el guardián cumplirá con moderada fortaleza las órdenes del filósofo
gobernante y el pueblo llano mantendrá su vida con templanza, es decir, con moderación de los
placeres sensibles. Si el orden se invierte y por ejemplo quisiera gobernar un mero guardián, no
lo haría con prudencia y por tanto gobernaría mal. Mucho menos, si gobernara alguien del
pueblo llano no lo podría hacer bien, puesto que no conoce la Idea de Bien y por tanto no está
capacitado para saber qué es lo que más conviene hacer en la práctica. Según el pensamiento
platónico, la política va ligada a la ética, lo que significa que el estado ha de organizar las cosas
para que la educación selectiva ponga a cada uno en el lugar que le corresponde, según el nivel
de conocimiento que alcance. Si el intelectualismo ético es verdadero, el filósofo gobernará
teóricamente bien pues conoce la verdad de la Idea de Bien. Para Platón, solo es filósofo el que
conoce la Idea de Bien.

El intelectualismo ético consiste en la convicción de que para hacer el bien hay que
saber lo que éste es. Según esta teoría ética, el que sabe lo que es el bien, lo hace
necesariamente. Y al revés, si no se hace el bien es que no se percibe con rotundidad lo que
significa, es decir, no se hace uno cargo de lo que el bien supone. Los que discuten este principio
aducen que, en la práctica los hombres, aún sabiendo lo que tenemos que hacer sin embargo
no lo hacemos, y coligen de ahí que por eso somos libres, y que en eso consiste la libertad. La
cuestión no es sencilla. Da la impresión de que la historia se desarrolla inconscientemente
contando con ese intelectualismo ético, cuando tanto se han esforzado los hombres en la
educación de las generaciones, una tras otra. Los Ministerios de Educación de todos los países
buscan la mejora en la enseñanza confiando en que si los niños y jóvenes aprenden más, serán
mejores y la sociedad avanzará en todos los sentidos. Cuestión distinta será el contenido de los
conocimientos más convenientes, pero todos parecen estar de acuerdo en que saber más es
condición necesaria para ser mejores. Por vía negativa y con otro ejemplo se puede llegar a la
misma conclusión: en los establecimientos penitenciarios se busca que los internos se formen,
adquieran conocimientos prácticos y se eduquen en valores para que no vuelvan a delinquir, es
decir, para que sean mejores. Y también por vía estadística se puede comprobar que entre los
internos de las cárceles abundan los que poseen una educación deficiente o muy escasa. Así
pues, la conclusión lógica del intelectualismo ético es que los «ignorantes» hacen el mal, porque
no saben lo que es «bueno». Y la propuesta social que pretenden es mejorar el conocimiento a
través de la mejora en la calidad de la educación, manteniendo que así mejora la sociedad
necesariamente.

5. TEORÍA DE LA EDUCACIÓN. MATEMÁTICAS Y DIALÉCTICA

LA EDUCACIÓN EN PLATÓN. La educación de los sofistas. En el siglo V a C se produce un cambio


en el pensamiento griego. La filosofía pasa de ser una disciplina dedicada casi exclusivamente al
estudio de la naturaleza a preguntarse por los problemas propios de la NATURALEZA HUMANA
en la pólis. Temas como sociedad, política, ley, comercio son ahora las principales
preocupaciones. A través de la educación los sofistas pretende enseñar una serie de destrezas
para manejarse en la vida pública. Estos hombres eran maestros itinerantes que provenían de
ciudades fuera de Atenas, eran extranjeros (metecos) y cobraban por sus enseñanzas. A la
educación tradicional griega esto le resultaba incomprensible y por ello Sócrates les llamaba los
prostituidores de la enseñanza. Enseñaban tanto diferentes tipos de conocimientos (el maestro
lo sabe y lo comunica al alumno, que se limita a recibir esa información con ACTITUD PASIVA)
como a capacitar a los jóvenes para expresarse correctamente en la plaza pública y triunfar en
la política o los tribunales. Fundamentalmente estas técnicas referían a la retórica, la
argumentación, la oratoria, la lingüística... saber dominar la voluntad de la gente que les está
escuchando, convencer, persuadir, engañar, manipular... No hay una verdad que descubrir, sino
una opinión que mantener para convencer. Para los sofistas el origen y fundamento de las leyes
es el PRINCIPIO DE CONVENCIÓN (nómos). La ley así entendida no es algo inmutable y de origen
natural (phýsis) sino un producto del pacto entre los hombres. En este punto hay sofistas que
consideran que la naturaleza hace a todos iguales, pero otros consideran que, por naturaleza es
el más fuerte el que debe gobernar y hacer las leyes. De este modo, la educación sofística pierde
el punto de referencia para la verdad (ESCEPTICISMO) en el conocimiento y para los valores
(RELATIVISMO) en la moral y la política. Si sólo importa mantener el poder, persuadir y
convencer se termina en posturas como la “ley del más fuerte” y se deja la puerta abierta a
políticas demagógicas.
La crítica de Sócrates y Platón. Sócrates aspira a un conocimiento definitivo claro y verdadero
sobre los valores morales de los hombres lo que le llevó a rechazar el relativismo de los sofistas.
Determinados principios y valores no podían ser producto de la convención o el acuerdo sino
que tenían que surgir de la necesidad de la convivencia y la naturaleza humana. Platón también
reaccionó contra los sofistas y contra la democracia ateniense, al estar inmersa en luchas entre
partidos e intereses personales. Y de aquí surge su propuesta de educación y política.
La propuesta de Platón. El papel de la educación es para Platón el de lograr la elección de
determinados individuos que van mostrando capacidades que se perfeccionan hasta alcanzar
un alto grado de abstracción. La clave está en separarse de la realidad concreta (imperfecta por
estar inmersa en luchas de intereses) para alcanzar núcleos objetivos, bases firmes en las que
apoyarnos y que vayan más allá del interés personal. Si no nos ponemos de acuerdo en quién
debe pagar más o menos impuestos, al menos sí estamos de acuerdo en lo que es un triángulo.
Empecemos por ahí, entonces. Los mejores, los que son más capaces de avanzar en estos
estudios (no los mejores en linaje, ni los más ricos, sino los mejores en CAPACIDADES) serán los
que tendrán los mejores estudios para avanzar en el conocimiento. Sólo hay una verdad y el
método para alcanzarla es una educación correcta basada en el conocimiento verdadero. Lo
primero que intenta la educación es “sacar de dentro”, activar las capacidades innatas que toda
persona tiene para razonar, discurrir, aprender y conocer. El educador es el guía que ayuda al
alumno a salir de la ignorancia, de la caverna. Pero el propio alumno es el que ha de hacer el
esfuerzo por salir de la ignorancia y enfrentarse a las dificultades. Además del sentido
INTELECTIVO, que pretende un aumento de los conocimientos, la educación en Platón tiene
sobre todo un sentido MORAL y ASCÉTICO que se deriva lógicamente del intelectualismo moral.
El individuo en su educación introduce orden y armonía en su alma por medio del conocimiento
de los valores morales y la moderación de sus instintos. Ya no han de buscar los placeres
corporales, sino los espirituales, el bien. Y de ese modo esta persona está más capacitada para
gobernar la ciudad, porque busca lo que es justo y mejor para todos y no el bien inmediato para
sí mismo. El proceso educativo de los gobernantes en Platón tiene como objetivo final descubrir
las ideas y en especial la idea de Bien para obtener buenos gobernantes y sociedades más justas.

LAS MATEMÁTICAS. La naturaleza de los objetos matemáticos. Los objetos matemáticos para
Platón tienen una existencia ideal e inteligible. Existen independientemente de que el ser
humano los conozca o no. Pero no tienen el mismo grado de abstracción de las ideas. Aunque
un círculo como tal o un punto o una línea no los podemos representar visualmente sí que es
cierto que el matemático usa copias para hacer su trabajo. La circularidad viene representada
por un círculo dibujado, la triangularidad, la línea, el punto... pero el concepto matemático
pertenece al terreno de lo ideal o inteligible. También los números irracionales existen aunque
no seamos capaces de representarlos de un modo claro, pues a cualquier persona le resulta
imposible hacerse una imagen por ejemplo del número pi , aunque tengamos el símbolo que lo
representa.
La Matemática trabaja con axiomas indemostrables que ni prueba ni refuta, la dialéctica trabaja
con ideas y las hipótesis que usa, las refuta y perfecciona.
Papel propedéutico (iniciador) del conocimiento abstracto. Contemplar la simetría, regularidad
y perfección de los objetos geométricos hace que el futuro gobernante empiece a introducir
dentro de sí los conceptos de orden, estructura, armonía, equilibrio y justicia. Además estos
objetos son independientes de la realidad material, con lo que inician al educado en la futura
contemplación de lo más abstracto, las Ideas. La disciplina que requiere su estudio, la búsqueda
del conocimiento objetivo, también son importantes. En este terreno no cabe disputa posible,
nadie puede discutir los lados que tiene un dodecaedro o un icosaedro, una vez que ha
entendido lo que es. Lo mismo ha de ocurrir una vez que se llegue al conocimiento de las ideas
por medio de la dialéctica. En un último paso se debe dejar de lado esta educación por estar aún
atada a la representación gráfica y sensible de los objetos matemáticos y por usar axiomas
indemostrados. En un último esfuerzo se llega a la dialéctica, el estudio de las ideas, aunque
dialéctica se puede entender en varios sentidos dentro de la filosofía de Platón.
La dialéctica es el escalón superior del conocimiento. Es el conocimiento de las ideas después
de haber superado los estadios anteriores del conocer. Es el momento más plenamente
intuitivo, volver a ver las ideas en su perfección y haber descubierto la verdad de todas las cosas.
La dialéctica es tanto el proceso o método educativo propuesto por Platón para llegar a
descubrir las ideas como el mismo descubrimiento de las ideas. Como proceso educativo consta
de una serie de etapas y estudios que ya hemos mostrado antes. Pero lo esencial de la dialéctica
no es esto, sino el entrenamiento o educación del alma para ascender gradualmente hacia las
ideas, eliminando de cada saber lo que le convierte en una habilidad práctica y manteniendo la
esencia de cada saber.
El concepto de dialéctica tiene dos sentidos en Platón:

a) El ascenso de lo sensible a lo inteligible tal como se expone en el mito de la caverna.

b) Método de deducción racional a partir de las ideas (el saber superior, el que no usa hipótesis,
sino razonamientos y principios).

En el primer caso la dialéctica platónica intenta ir eliminando lo múltiple para ir quedándose con
lo esencial en cada paso que da. Por pasos y niveles se va subiendo el nivel de unidad y
abstracción hasta llegar a la idea de Bien. En el segundo caso, una vez que se conocen las ideas,
se actúa deductivamente o por principios, como si se aplicaran los conocimientos adquiridos.
Esto marca el descenso a la caverna, la dialéctica descendente.
La dialéctica incluye por tanto en su propia definición la idea de una educación correcta (método
dialéctico, que debe pasar necesariamente por el aprendizaje de las matemáticas) que nos lleve
a la verdad (dialéctica como intelección de las ideas) y que debemos usar para, más tarde, hacer
razonamientos y deducciones que nos sirvan para la aplicación práctica en la política (dialéctica
descendente) .

6. TEORÍA DEL ESTADO JUSTO Y DEL FILÓSOFO GOBERNANTE.(PLATÓN: Política y Educación)

En esta redacción se nos plantea el problema de cuáles son los conocimientos que debe de tener
una persona que se encarga del gobierno de la sociedad. ¿Debe recibir formación la persona
que gobierna? En ese caso, ¿qué educación deben de recibir los gobernantes para que su tarea
sea llevada a cabo lo mejor posible? ¿Debe esa educación ser muy específica y concreta o por el
contrario debe ser una formación que raye la universalidad? Basándome en las teorías
platónicas, voy a intentar explicar cómo debe de ser la formación que reciba un gobernante
haciendo referencia a su filosofía (llamada Teoría de las Ideas), influenciada por la coyuntura
ateniense.
Aristócles, más conocido como Platón, nació en el año 427 a.C. en el seno de una familia
aristocrática. Su infancia y juventud fueron un periodo políticamente inestable debido a las
Guerras del Peloponeso, que culminaron con la derrota de Atenas. Estos hechos influenciaron
su pensamiento ya desde su juventud. Tras la derrota, Esparta instauró un periodo de represión
con el Gobierno de los Treinta Tiranos. Esto hizo ver a Platón que la tiranía no era una forma de
gobierno justa. Al acabar este periodo represivo, se reinstauró de nuevo la democracia existente
antes de las Guerras. Por aquel entonces Platón ya era discípulo de Sócrates y tras la vuelta de
la democracia, la ejecución de su maestro (el más justo de los hombres) hizo plantearse
seriamente a Platón cómo conseguir que la sociedad fuera justa, pues como había
experimentado ni la tiranía ni la democracia lo eran. Es por tanto donde Platón empieza a
plantearse que la política necesita una solución (la filosofía), pues por lo que pudo ver no había
un gobierno justo en su sociedad. Fue entonces cuando viajó a Siracusa para poner en práctica
la teoría que gestaba: la forma de que la sociedad fuera justa era que los gobernantes recibieran
una educación filosófica, es decir, que fueran filósofos. Es lo que se denomina la doctrina política
del filósofo gobernante.
Para que esta doctrina fuera efectiva, los gobernadores deberían ser la élite, entendiendo élite
como gobierno de los mejores (aristocracia). “Los mejores” según Platón serian aquellos que
tuvieran un alma mayoritariamente racional; de las tres partes del alma, la racional debería ser
la que predominara sobre las otras dos (irascible y apetitiva). Así y sólo así sería el modo de que
la educación del gobernador surgiera el efecto deseado. Si por el contrario se mostrase el
camino a las ideas a una alma irascible u apetitiva, al predominar estos a la razón, no sabrían
elegir el modo justo de emplear dicho conocimiento a la realidad (por ejemplo las normas: si se
enseña que las normas sociales no son la realidad a un apetitivo, tomará la justicia de un modo
diferente a lo “correcto”).
Sin embargo, algunas de las ideas que Platón defiende no son propiamente suyas; su teoría
política recibió numerosas influencias de filósofos de la época; aceptó de los pitagóricos que las
matemáticas eran sumamente importantes para desarrollar el conocimiento abstracto y
racional. Aceptó de Parménides la idea del dualismo epistemológico, por el cual existen dos tipos
de conocimiento: la opinión extraída del mundo físico y sensible y el verdadero conocimiento,
accesible a la inteligencia. En esta segunda defiende la existencia de un Ser (inmutable, eterno
y inteligible), que platón más tarde aceptaría, llamándolo Idea. Asimismo también acepta de
Heráclito que la naturaleza sensible es cambiante y por tanto no puede existir conocimiento
absoluto de lo cambiante. Por último, de su más querido maestro aceptó el intelectualismo
moral, que será su solución a la educación de los gobernantes, así como toda su base sobre la
educación.
De todo lo anterior podemos deducir la teoría que creó Platón para intentar crear la sociedad
más justa: la Teoría de las Ideas. Según él, existen unas ideas inmateriales e inteligibles que
sirven de modelo para crear el mundo sensible. Por tanto, la correcta educación de los
gobernantes será llegar al conocimiento de esos conceptos abstractos que rigen la realidad
sensible. Estas ideas son solo accesibles mediante un proceso educativo correcto, que para

Platón se basaba en primera instancia en el estudio de la matemática para liberar la mente que
estaba confundida y oscurecida por la influencia de la información engañosa que recibimos a
través de los sentidos. Este primer paso es aceptado de los pitagóricos, que asignaban al
razonamiento matemático la vía del conocimiento. En segundo lugar, el gobernante debería
recibir un proceso de dialéctica que permitiera a éste llegar al conocimiento por sí mismo de lo
que son las ideas. Este proceso dialéctico se basaba, a diferencia de los sofistas que
consideraban la educación como un proceso de transmisión pasivo, en un proceso activo de
diálogo entre el alumno y el maestro, donde mediante definiciones y diálogo, el maestro logaba
que el alumno alcanzara por si solo el conocimiento. El maestro tenía una única función: orientar
al alumno para que el mismo lograra el conocimiento de las Ideas.
En este sentido, Platón defiende que la enseñanza no es una transmisión de datos para que el
alumno lo memorice, pues en la justicia no pueden aprenderse un número de casos justos, pues
nunca se sabe lo que va a poder pasar. Según Platón en nuestro interior ya tenemos una las
ideas preconcebidas; lo que ocurre es que los sentidos nublan el conocimiento. Por ello defiende
que conocer es como recordar, pues no es más que olvidar esa información engañosa de los
sentidos para poder ver lo que en realidad es el conocimiento: las Ideas.
En conclusión, la enseñanza del gobernante debe ser activa: se debe orientar a éste para que
alcance el conocimiento de las Ideas y así (siendo un alma racional) será el único modo de que
gobierne la sociedad de un modo completamente justo.

REDACCIÓN: Conocimiento matemático y Dialéctica.

Es especialmente a partir de la mitad del Libro VII cuando Platón se ocupa de la relación entre
el conocimiento matemático y la dialéctica. El marco en el que lo hace dice mucho sobre la forma
de orientar la respuesta a esta pregunta. Platón invita a Glaucón a examinar cuál ha de ser la
formación más adecuada para aquellos que están llamados a gobernar la Polis, y con esta idea
directriz en la cabeza, pasa revista a las disciplinas que habrán de constituir la educación del
filósofo. Estas materias coinciden con los saberes que en su tiempo gozan de mayor prestigio y
son practicados por la “élite” intelectual, en particular, la matemática y sus ramas.
Descartados (en el sentido de “superados”), oficios y artes, Platón determina que los saberes en
cuestión son aquellos que no han de resultar superfluos o “inútiles para los guerreros”.
Conjuguemos, de entrada, dos premisas: por un lado, la clase de los filósofos surge, según
Platón, de la de los guerreros (sugiere incluso que los niños llamados a ser educados para
gobernantes asistan desde temprana edad a la guerra, como observadores). Por otro lado, y
dado que la ciencia militar utiliza el cálculo y la medida como conocimientos auxiliares para la
táctica y la estrategia, es evidente que la matemática, en sentido amplio, ha de formar parte
esencial de la educación del filósofo.

La cuestión es si la matemática, por si sola, “será o no suficiente” para dirigir al alma hacia la
contemplación de las Ideas en sí (pues ésta, y no otra, es la finalidad del proceso educativo).
Examinemos este hecho.

La matemática se ocupa de objetos en gran medida similares a las Ideas: objetos del
pensamiento, abstractos e inmateriales (puntos, líneas, figuras, etc). De alguna manera, todos
estos objetos sólo existen en la mente, son abstracciones; en términos modernos, diríamos
objetos “lógicos”. Esta “pureza” les acerca al mundo de las ideas, al poder considerar sus
relaciones sin vinculación alguna con el mundo de la experiencia. Sin embargo, los objetos del
conocimiento matemático se diferencian de las Ideas en dos importantes sentidos:

a) En cuanto objetos, son de menor rango ontológico que ellas, pues en sí mismos no son
Ideas, sino sólo objetos que participan de las Ideas, eso sí, de un modo más perfecto que los
objetos sensible. Un círculo, aunque abstracto e inmaterial, no es una Idea, sino que participa
de la Idea de circularidad. Un matemático puede considerar la intersección de dos círculos, pero
sería absurdo decir que “la Idea de circularidad corta a la Idea de circularidad”.

b) En cuanto modo de conocimiento, la matemática aún debe apoyarse en lo sensible. El


matemático “representa” figuras, las dibuja, las compara, las analiza… Y este proceder aleja a la
matemática del verdadero conocimiento. En efecto, para Platón las matemáticas, aunque muy
cerca, no constituyen todavía conocimiento auténtico. Ahora bien, es verdad que, en la medida
en que son cultivadas por relación con las operaciones puras del pensamiento, se convierten en
una magnífica preparación para la filosofía. Platón las presentará, pues, cuando se cultivan en
este sentido, como propedéutica o entrenamiento para la dialéctica.

Si las matemáticas no proporcionan el método absolutamente adecuado a la formación del


filósofo, ¿qué ciencia lo hará? Platón propone entonces su propia respuesta: la Dialéctica. De
las distintas formas de entender la Dialéctica que hay implícitas en el texto platónico (a saber, la
Dialéctica como arte de la argumentación, como proceso educativo, como sinónimo de Filosofía
y como método de conocimiento), nos interesa esta última, dado que, según se desprende del
enunciado de la pregunta, hay que relacionarla con el conocimiento matemático.

La Dialéctica, entendida como modo de conocimiento, es el método de acceso a las Ideas.


Camino de ascenso que, dirá Platón, “echando abajo las hipótesis” permite contemplar con el
ojo del alma (una de sus metáforas preferidas) la realidad inmutable, el mundo de arriba, el
exterior, en suma, las esencias intemporales e ingénitas que son las Ideas. Una vez en él, en este
mundo ajeno “a lo que nace”, “a lo que es producido”, la inteligencia (facultad asociada al
conocimiento en sí, se moverá por sí sola, de Idea en Idea, sin ningún apoyo en lo sensible.
En relación con lo anterior, la clave final para entender el vínculo entre conocimiento
matemático y la Dialéctica es la clarificación del significado de “echar abajo las hipótesis”. Platón
sugiere que la distinción esencial entre el método matemático y el dialéctico se encuentra en el
modo en que cada uno utiliza las hipótesis que se pretende probar. En tanto la matemática parte
de definiciones y axiomas no demostrados, que deben ser aceptados (tácita o
convencionalmente), la dialéctica confronta unas hipótesis con otras, eliminando
paulatinamente aquéllas que contienen elementos empíricos o que arrastran a la mente a
contradicciones y, en este sentido, “catapultando”, a modo de trampolín, el alma hacia otras
hipótesis de rango superior, más depuradas, que, a su vez habrán de contrastarse con otras; y
así sucesivamente, hasta llegar a una definición esencial, expresión de la necesidad de la Idea
en sí. En este momento, nos dice Platón, el alma es capaz de razonar ya “de Idea en Idea”, lo
que equivale a decir que ha alcanzado su propósito: el prisionero ha salido al exterior y ha
mirado la realidad con sus propios ojos.

La superioridad de la dialéctica sobre el conocimiento matemático, en conclusión, estriba tanto


en la naturaleza de los objetos de los respectivos modos de conocer cuanto en la forma en que
el alma llega a ellos. Digamos, por último, que si el conocimiento matemático es transitivo (en
la medida en que el pensamiento o dianoia, facultad asociada a éste) se mueve en él de un
razonamiento a otro, en virtud de ciertas leyes axiomáticas verdaderas por definición, el saber
dialéctico (al que se asocia la facultad de la inteligencia, o noesis) es, además, reflexivo, en el
sentido de que es consciente del proceso a través del cual ha sido alcanzado, reconociendo en
él el único modo de racionalidad científica posible: la necesidad y objetividad del mundo de las
Ideas.

REDACCIÓN: La Educación del Filósofo y el Gobierno de la Polis.

El origen de la filosofía platónica es ético-político: investigar los fundamentos del Estado


Justo, en el convencimiento de que una justificación idéntica explicará las virtudes humanas
(pues para los griegos, la dimensión ética del hombre es indisoluble de su dimensión política. El
hombre, dirá Aristóteles más tarde, es un “animal político”,aludiendo con ello a la capacidad
única de éste para darse a sí mismo una constitución y unas leyes).

Pero ¿cómo saber que la Polis cumple con ese ideal de justicia? ¿cómo estar seguros de que la
“forma” elegida para caracterizar el Estado Justo es precisa y universalmente verdadera,
indiscutible, y no sometida a los avatares del relativismo moral y el convencionalismo de los
sofistas? En otras palabras, ¿cómo estar seguro de que un Estado Justo sólo puede ser de una
manera?

La respuesta de Platón devuelve el aparente idealismo de su filosofía al terreno práctico: por


una parte, asegurando que el gobierno esté en manos de los mejores (las “mejores naturalezas”,
y no necesariamente, al menos en teoría, los mejores por su procedencia social, los aristoi o
aristócratas; recordemos que Platón dice explícitamente que la riqueza más preciada no es el
oro). Y por otro, ligando indisolublemente la naturaleza de la Justicia a la de la Verdad (la
dimensión ético-política de la naturaleza humana a su dimensión epistemológica). Platón
desplaza ahora el centro de su análisis desde la estructura del estado a la naturaleza del
gobierno. Esto da a su discurso una vocación realista (Platón trató de llevar a la practica en
Siracusa sus ideas sobre el Estado, con escaso éxito), aunque lo presente bajo la forma de un
juego inofensivo entre Sócrates y a Glaucón.
Es en este momento cuando interviene el concepto de Educación. La educación, entendida de
determinada forma (a los efectos de esta pregunta nos interesa su acepción como sinónimo de
Dialéctica) será la clave, la mediación necesaria para asegurar que aquél que gobierne la Polis
no pueda hacerlo de otro modo que de conforme a las ideas universales de armonía y justicia.
Armonía, entendida como la perfecta integración entre las tres “clases” sociales en que Platón
divide la Polis (los productores, los guerreros y los gobernantes), integración que no se concibe
como participación igualitaria, sino de modo jerárquico o estatalista, como control y dirección
de la clase de los gobernantes sobre las otras, y como reconocimiento y aceptación de cada uno
de su lugar en el esquema, de acuerdo con las capacidades que le son naturales, y en el
convencimiento de que el bien colectivo deriva precisamente de “ocupar” ese lugar y no otro.
Justicia porque una Polis estructurada bajo este prisma, diríamos, organicista y estatalista,
responde al único modelo de verdad posible: aquel en el que el comportamiento de cada cual
es el correcto porque ha llegado al conocimiento de que así debe ser (implicación mutua
epistemología-ética, conocimiento-virtud: en definitiva, el intelectualismo moral socrático
convertido en eje de la justicia social). En otras palabras: quien conoce la verdad no puede obrar
injustamente.

Una vez abordado el modelo político platónico, su estructura y los criterios sobre los que se
asienta, nos queda, pues, entender por qué Platón concede sólo al Filósofo la potestad de
gobernar la Polis. El desarrollo del argumento se corresponde con el mismo desarrollo de la
Dialéctica, y no es preciso repetirlo entero, sino sólo extraer sus implicaciones con respecto a la
pregunta actual. El proceso educativo, como Platón lo propone, conduce al alma a desprenderse
de sus determinaciones materiales y sensibles, tanto en el plano de los deseos (apetitos, riqueza,
honores, etc.) cuanto en el plano del conocimiento (elevación del alma por encima de las
opiniones, abandono de las hipótesis y, finalmente, contemplación de las Ideas y razonamiento
“de Idea en Idea”). Al final del proceso, que dura hasta los 35 años aproximadamente, el filósofo
estará preparado para el desempeño ético, honrado y transparente de las funciones de gobierno
(primero sólo funciones secundarias, mucho más tarde las auténticas competencias del
gobernante), justamente porque por la naturaleza de su educación, es imposible concebir
lógicamente otro interés en él que el de la Verdad en sí.

Platón cree haber dado con un modelo de gobierno que supera igualmente los errores y
limitaciones de la aristocracia y la democracia, pero este modelo ideal, este gobierno de la
sabiduría, ha estado reservado en el transcurso de los siglos al ámbito de la utopía.