Sunteți pe pagina 1din 2

Amnios y líquido amniótico

Al final de la primera semana se origina una cavidad localizada por encima del epiblasto,
denominada cavidad amniótica. La pared que la tapiza recibe el nombre de amnios y está
compuesta inicialmente por células derivadas del citotrofoblasto. A los 12 días del desarrollo,
la cavidad amniótica está bien establecida (Ver figura 5.3), y contiene el líquido amniótico que
se acumula en la cavidad que queda cerrada durante todo el desarrollo posterior, a excepción
de un corto periodo durante el cual la cavidad amniótica se comunica con el saco vitelino
secundario, mediante el conducto neurentérico. En un inicio, el amnios está unido a la cara
interna del corion por medio de una capa de células mesodérmicas. Al aparecer el celoma
extraembrionario, el amnios se separa gradualmente de la cara interna del corion, con
excepción de la zona de unión situada en la región caudal del disco embrionario. En esta etapa,
la porción libre del amnios está tapizada externamente por una capa aplanada de mesodermo
somático extraembrionario. La aparición y crecimiento progresivo del celoma
extraembrionario permiten la expansión del amnios en el interior de este. A medida que el
disco embrionario crece y aumenta su tamaño y grosor, produce un abultamiento en la
cavidad amniótica, de manera que la unión entre el amnios y el embrión, que estaba ubicada
primero en los bordes, se sitúa en posición cada vez más ventral con respecto al disco que se
está transformando en embrión. El amnios se expande en el celoma extraembrionario y
envaina progresivamente al pedículo de fijación, junto con la porción extraembrionaria del
saco vitelino. A medida que continúa el desarrollo, el mesodermo de la superficie del amnios
se fusiona con el de la cara interna del corion, oblitera el celoma extraembrionario, y al final se
unen ambas membranas (membrana corioamniótica). Según se expande la cavidad amniótica,
se va llenando de líquido amniótico, que al principio es un trasudado o secreción del
trofoblasto. Más tarde, en la vida fetal, el feto deglute una cantidad apreciable de líquido. El
líquido amniótico se produce principalmente por los riñones fetales, los pulmones y la
epidermis, así como por los vasos sanguíneos deciduales; es eliminado por el intestino fetal
(deglución) y la epidermis, así como por los vasos deciduales. La producción de orina y la
deglución fetal, son los factores principales envueltos en el equilibrio entre la formación y
eliminación de este. La prolactina en el líquido amniótico se deriva de la decidua y alcanza su
nivel máximo a mediados del embarazo.

Función del líquido amniótico

Entre sus funciones se encuentran:

 La de protección del feto contra choques del medio externo.


 Permite los movimientos fetales.
 Impide la adherencia del feto a las membranas que lo contienen.
 Evita la desecación y mantiene el equilibrio hídrico fetal.
 Permite el desarrollo pulmonar y la deglución.
 Mantiene la temperatura estable alrededor del feto.
 Actúa como reservorio de hormonas fetales y maternas.

El líquido amniótico se renueva constantemente. El feto elimina diariamente unos 500 mL de


orina, al mismo tiempo que deglute cerca de 500 mL de este, el cual se absorbe en el intestino,
pasa a la sangre fetal y se elimina mediante el intercambio entre la sangre materna y la fetal,
en la placenta. El volumen de líquido amniótico puede variar de 400 mL a 2 000 mL, pero el
volumen medio hacia el final del embarazo es de unos 800 mL. Durante el parto normal, la
doble membrana corioamniótica forma una protuberancia que contribuye a dilatar el canal
cervical. Cuando dicha prominencia se rompe, se produce la salida del líquido amniótico
(rotura de membrana).