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SISTEMA JURIDICO AMBIENTAL PERUANO

El Derecho Ambiental es relativamente reciente, aunque cuenta con algunos remotos orígenes romanos en las
relaciones jurídicas entre colindantes, "relaciones de vecindad", acerca de emisión de humos, ruidos y
ejecución de actividades molestas, no es hasta los años 60 del siglo XX cuando cobra un gran impulso, con
diferencias según la fecha del desarrollo de la industrialización de cada país, acontecimiento determinante en el
nacimiento de la conciencia ecológica en amplias capas de la sociedad. El paso lógico de la necesaria
conciencia ambiental a la incorporación a la política oficial, y de ésta el Derecho, tiene su punto de inflexión en
1972, con la Conferencia de Estocolmo, organizada por la ONU, esta conferencia centro
su atención internacional en temas medioambientales, especialmente los relacionados con la degradación
ambiental y la contaminación transfronteriza, este último concepto era muy importante, ya que señalaba el
hecho de que la contaminación no reconoce los limites políticos o geográficos y efectos a los países, regiones y
pueblos más allá de su punto de origen. Otro importante antecedente lo constituye la Cumbre para la Tierra de
1992, donde se reconoció internacionalmente el hecho de que la protección del medio ambiente y la
administración de los recursos naturales deben integrarse en las cuestiones socioeconómicas
de pobreza y subdesarrollo.
Esta idea ha sido recogida en la definición del término "desarrollo sostenible" hecho por la Comisión Mundial
del Medio Ambiente y del Desarrollo en 1987.
Tenemos también a la Reunión de Rio de Janeiro (1992), la cual señalo que los diferentes factores sociales,
económicos y medio ambientales son interdependientes y cambian simultáneamente.
El objetivo principal de la Cumbre fue introducir un programa extenso y un plan nuevo para
la acción internacional en temas de medio ambiente y de desarrollo que ayudarían a guiar la cooperación
internacional y el desarrollo de programas en el próximo siglo.
El Protocolo de Kioto, instrumento internacional consensuado en 1997 y auspiciado por la ONU, para luchar
contra el cambio climático. Afianzo entre sus objetivos que los países industrializados reduzcan en forma
gradual sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en promedio un 5,2% en relación al nivel de 1990.
Hay compensaciones financieras para facilitar el cumplimiento de la meta.
Existen además la Decisión 391 (1996) Acuerdo de Cartagena. Régimen común sobre acceso a los recursos
genéticos, resoluciones 414 y 415 Acuerdo de Cartagena. Modelo referencial de contrato de acceso de
recursos genéticos; Convenio de Estocolmo (2001) sobre contaminantes orgánicos y persistentes y la Cumbre
Mundial sobre el Desarrollo Sostenible Johannesburgo (2002).
En conclusión siempre ha existido normatividad ambiental para la protección y preservación de los recursos
naturales desde épocas antiguas hasta la actualidad.

CONSTITUCION POLITICA
Siendo importante estos esfuerzos doctrinales para delimitar el concepto de medio ambiente, en nuestro país
se inician recientemente con la aprobación de nuestras Constituciones de 1979 y de 1993, así como la Ley
General del Ambiente, Ley 28611.
EN LA CONSTITUCIÓN DEL PERÚ:
LA CONSTITUCIÓN DE 1979, A LA LETRA DICE LO SIGUIENTE:
"CAPITULO II
DE LOS RECURSOS NATURALES
Artículo 123°.- Todos tienen el derecho de habitar en ambiente saludable, ecológicamente equilibrado y
adecuado para el desarrollo de la vida y la preservación del paisaje y la naturaleza. Todos tienen el deber de
conservar dicho ambiente.
Es obligación del Estado prevenir y controlar la contaminación ambiental".
POR SU PARTE, LA CONSTITUCIÓN DE 1993, PRECISA LO SIGUIENTE:
"DERECHOS DE LA PERSONA
Artículo 2°.- Toda persona tiene derecho:
A la paz, a la tranquilidad, al disfrute del tiempo libre y al descanso, así como a gozar de un ambiente
equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida".
De ambas normas constitucionales fluye con claridad que sólo se menciona el derecho y deber ambiental de
todo ciudadano con relación a habitar en un medio ambiente adecuado, sin embargo, no se define en qué
consiste o que elementos integran su contenido.
CAPÍTULO II DEL AMBIENTE Y LOS RECURSOS NATURALES
Artículo 66°.- Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El
Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de su
utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real,
sujeto a dicha norma legal.
Artículo 67°.- El Estado determina la política nacional del ambiente. Promueve el uso sostenible de
sus recursos naturales.
Artículo 68°.- El Estado está obligado a promover la conservación de la diversidad biológica y de las
áreas naturales protegidas.
Artículo 69°.- El Estado promueve el desarrollo sostenible de la Amazonía con una legislación
adecuada.
1.
EVOLUCION DE LA CONSTITUCION
POLITICA EN MEDIO AMBIENTE
La Constitución de 1993, al igual que la mayoría de las Constituciones extranjeras,
dictadas a partir de la década de los 70 contiene normas concernientes al ambiente.
En nuestro pais, esta regulación no es, sin embargo, novedosa. Fue la Constitución
de 1979 la que consagró, por vez primera, una norma al respecto. En este sentido
decía su artículo 123 que "Todos tenemos el derecho de habitar en un ambiente
saludable, ecológicamente equilibrado y adecuado para el desarrollo de la vida y la
preservación del paisaje y la naturaleza. Todos tenemos el deber de conservar
dicho ambiente. Es deber del Estado prevenir y eliminar la
contaminación ambiental". El Constituyente del 79 siguió muy de cerca el modelo de protección
de la Constitución española de 1978 e, indirectamente, el de la Constitución portuguesa de
1976. La influencia que ambas Constituciones ejercieron sobre el artículo 123, se ponía de
manifiesto tanto en la ubicación sistemática de la norma como en su contenido.

En el primer aspecto, la norma derogada formaba parte del título relativo al régimen
económico, dentro del capítulo de los recursos naturales. De este modo, el
Constituyente del 79 evitó concebir la protección del ambiente como un derecho
fundamental22 y más bien (p. 22) optó por vincularla a las normas conformantes de
lo que se conoce como la "Constitución económica". Es decir, aquel conjunto de
principios y normas constitucionales que definen y configuran el modelo económico
general de un Estado. El criterio económico que subyacía en tal opción sistemática
no significó, sin embargo, que el concepto de ambiente en su significado ecológico,
se confundiera con el de recurso natural, en tanto manifestación del ambiente que
sirve inmediata y directamente a la satisfacción de una necesidad humana material.
El artículo 123 comenzaba afirmando el carácter colectivo del bien jurídico. Al
señalar a "todos" como los destinatarios del derecho, expresaba que la titularidad
recaía en la colectividad en general pero, al mismo tiempo, señalaba el deber
colectivo de conservarlo.

Al Estado le estaba asignada la función de prevenir y eliminar la contaminación


ambiental. Esta previsión resulta explicable en los bienes económicos y sociales
como el caso del ambiente, a los que el Estado debe dotar de contenido mediante
la legislación secundaria. En este sentido, el alcance del artículo 123 era limitado
por el criterío defensivo que se asumía. La protección ambiental no es sólo un
asunto de prevención contra la contaminación. Ejemplo contrario de lo afirmado lo
presenta la Constitución española, que no sólo prevé la defensa del ambiente sino
también la necesidad de su mejora23 y al interior de una concepción integral de
protección del ambiente, tanto en una perspectiva ecológica como en la de los
recursos naturales.

Por lo demás, la defensa del ambiente de acuerdo a la concepción que se asumía


en el artículo 123 reposaba, en parte, en su justiciabilidad24 (p. 23) ante los
tribunales. A diferencia de su homóloga española, la Constitución del 79 no impedía
que el ambiente sea protegido como pretensión jurídica mediante las acciones de
garantía. La omisión de considerarlo como derecho fundamental no era
impedimento formal para ello, aunque la actuación del Estado para
desarrollarlo en su contenido, condicionaba bastante lo que la justicia ordinaria
podía hacer. Significativo de lo afirmado es la inexistencia casi absoluta de
estadísticas judiciales respecto a su defensa mediante acciones de amparo.

Por último, en la Constitución del 79 se asumía una concepción antropocéntrica


moderada. Se protegía no sólo la existencia del hombre sino también las diversas
formas de vida natural. Y ello dentro de una visión ecológica de la protección: se
buscaba la existencia de un ambiente equilibrado (no sólo sano) que incluía tanto la
defensa del paisaje como de la "naturaleza" (entendida como ambiente no interferido
ni modelado por el hombre).

El concepto y las características del ambiente en la


Constitución vigente
Entre las pocas modificaciones que el Constituyente del 93 hace al modelo de
protección de los derechos fundamentales de la Constitución derogada, se
encuentra la incorporación del derecho de toda persona "a gozar de un ambiente
equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida" (art. 2 inc. 22)25.

Tal inserción se puede explicar por el afán (sincero tal vez) del Constituyente de
acentuar la importancia de dicho bien jurídico, ubicándolo en el mismo rango
normativo de otros derechos subjetivos clásicos, tales como la vida, la libertad o la
propiedad. Ello no resulta extraño si se tiene en cuenta que consideró
inapropiadamente la legítima defensa como derecho fundamental. Lo concreto es
que la (p. 24) protección del ambiente depende menos de su ubicación sistemática
que de la concepción que se asuma frente al mismo, así como de lo que se haga en
la legislación que lo desarrolle26.

La cuestión de fondo que tendría que plantearse, en todo caso, es qué concepto
de ambiente presenta la norma constitucional. En realidad, el Constituyente se
limitó a mencionarlo sin precisar sus elementos. Ello dá pie a que la interpretación
de su contenido sea amplia. Así, se puede afirmar que la significación atribuible al
término "ambiente" de la Constitución es, en principio, la biológica que, a
diferencia de la significación social, hace alusión al conjunto de bases naturales
existenciales de la vida27 y a su calidad. La norma constitucional no comprende el
ambiente social (entendido como el conjunto de relaciones sociales de los
individuos y de sus creaciones, como la protección de la familia, la cultura, la
educación, el matrimonio, el patrimonio cultural etc, en la medida que son objeto
de tratamiento en otros dispositivos : arts. 4, 5, 13, 20 Const.).
Las condiciones fundamentales de la vida natural estaría constituido a su vez por :
a. los componentes bióticos (flora y fauna); b. los factores abióticos (agua, aire,
suelo); c. los ecosistemas en particular, comprendidos como las comunidades de
especies formando parte de una red de interacciones biológicas, químicas y físicas
que sostienen o permiten responder a las condiciones naturales cambiantes 28; d)
la ecósfera o la suma de todos los ecosistemas.

Ahora bien, la forma de protección de la norma constitucional no es fragmentariai o


limitada a la defensa de los elementos del ambiente, (p. 25) entendido como
mosaico de componentes. Al contrario, cuando en la norma se alude a un ambiente
"equilibrado" se asume una concepción que lo ve como sistema. Es decir, el
ambiente no es en realidad la simple suma de sus elementos sino un sistema
complejo (cualitativamente distinto a sus partes), dinámico (comporta procesos
naturales en permanente cambio) pero en un estado de equilibrio de sus
ecosistemas, lo que permite el desarrollo de los ciclos vitales. En este sentido, se
trata de una protección del ambiente en su significación ecológica29 que entiende
a sus elementos como unidades funcionales, influyendo o siendo influídos por el
conjunto del sistema. Desde esta perspectiva se puede entender, entonces, que la
defensa de una especie biológica no es la defensa de ésta como tal sino, sobre
todo, la protección de una función con relación al sistema (a esto podríamos
denominar interés ecológico)30.

La primera característica del ambiente prevista por la norma comentada, se


relaciona con unos de los fines de protección del ambiente: la proteccion de la
existencia del ser humano como especie y, con ello de las otras formas de vida. En
efecto, cuando el Constituyente aspira a la existencia de un ambiente equilibrado
está buscando conservar las condiciones ecológicas esenciales para la existencia
de la vida en general, en la medida que la destrucción o el deterioro sensible del
ambiente, más alla de su capacidad de soporte, implica la destrucción de los
factores biólogicos que permiten existir al hombre como especie sobre la tierra.
Esta protección repercute no sólo en la persona, titular del bien, sino también de
modo directo e inmediato en la conservación de otras formas de vida. Si bien es
cierto la norma vigente no es explícita al respecto (como si lo era la norma de la
Const. del 79), ello es deducible de la dinámica misma de la protección.

(p. 26) Asimismo, el ambiente garantizado por la Constitución vigente, debe ser
adecuado para el desarrollo de la persona. En este extremo, el Constituyente del 93
mantuvo la concepción asumida en la Constitución española de 1978. Esta
característica le da a la protección un cariz marcadamente antropocéntrico puesto
que supone el mantenimiento de las condiciones cualitativas naturales (del
ambiente), a efecto de que el hombre pueda desarrollarse como tal. Esto supone
no sólo que el ser humano exista (Dasein) sino que exista bien (Sosein), en
condiciones de vida aceptables o propias a su dignidad31.

Este segundo aspecto tiene relación, por tanto, con la segunda finalidad de la
protección ambiental: la defensa de calidad de vida32 natural. Esta perspectiva de
la protección parte de la base que el ser humano es, ante todo, un ente libre y
sensitivo. Y los ataques inferidos al ambiente, aún en grado mínimo, implican
consecuencias negativas en su libre desarrollo. Esta finalidad comprende,
entonces, un conjunto bastante amplio de factores configurantes de su nivel
cualitativo de vida, tales como la salud, la capacidad productiva, el goce estético
de la naturaleza, la posibilidad de usar económicamente el ambiente, etc.

El concepto de calidad de vida engloba el aspecto sanitario de la protección


ambiental de allí que el Constituyente del 93 haya suprimido, por innecesaria, la
alusión que hacía la norma derogada a un ambiente sano. Al lado de la protección
propiamente dicha del ambiente, aparecen en el mismo inciso el derecho "A la paz,
a la tranquilidad, al disfrute de tiempo libre y al descanso". Los conceptos de
tranquilidad, ocio o descanso pueden, sin embargo, caer perfectamente bajo los
alcances del concepto general de calidad de vida. Así, cuando se protege al
hombre contra el ruido, se defiende principalmente su tranquilidad, (la protección
de su salud es más (p. 27) discutible)33. Del mismo modo, la preservación de las
conformaciones paisajísticas, es una alternativa vital para el uso del tiempo libre o
para descansar observándolos. Tales aspectos resultan incluibles dentro de la
protección de la calidad vida natural.

EN LA LEY GENERAL DEL AMBIENTE: DERECHOS Y PRINCIPIOS


DERECHOS Y PRINCIPIOS
Artículo I.- Del derecho y deber fundamental Toda persona tiene el derecho irrenunciable a vivir
en un ambiente saludable, equilibrado y adecuado para el pleno desarrollo de la vida, y el deber
de contribuir a una efectiva gestión ambiental y de proteger el ambiente, así como sus
componentes, asegurando particularmente la salud de las personas en forma individual y
colectiva, la conservación de la diversidad biológica, el aprovechamiento sostenible de los recursos
naturales y el desarrollo sostenible del país.
Artículo II.- Del derecho de acceso a la información Toda persona tiene el derecho a acceder
adecuada y oportunamente a la información pública sobre las políticas, normas, medidas, obras y
actividades que pudieran afectar, directa o indirectamente, el ambiente, sin necesidad de invocar
justificación o interés que motive tal requerimiento. Toda persona está obligada a proporcionar
adecuada y oportunamente a las autoridades la información que éstas requieran para una efectiva
gestión ambiental, conforme a Ley.
Artículo III.- Del derecho a la participación en la gestión ambiental Toda persona tiene el derecho a
participar responsablemente en los procesos de toma de decisiones, así como en la definición y
aplicación de las políticas y medidas relativas al ambiente y sus componentes, que se adopten en
cada uno de los niveles de gobierno. El Estado concerta con la sociedad civil las decisiones y
acciones de la gestión ambiental. CONCORDANCIAS: D.S. N° 028-2008-EM (Reglamento de
Participación Ciudadana en el Subsector Minero) R.M. Nº 304-2008-MEM-DM (Aprueban Normas
que regulan el Proceso de Participación Ciudadana en el Subsector Minero)
Artículo IV.- Del derecho de acceso a la justicia ambiental Toda persona tiene el derecho a una
acción rápida, sencilla y efectiva, ante las entidades administrativas y jurisdiccionales, en defensa
del ambiente y de sus componentes, velando por la debida protección de la salud de las personas
en forma individual y colectiva, la conservación de la diversidad biológica, el aprovechamiento
sostenible de los recursos naturales, así como la conservación del patrimonio cultural vinculado a
aquellos. Se puede interponer acciones legales aun en los casos en que no se afecte el interés
económico del accionante. El interés moral legitima la acción aun cuando no se refiera
directamente al accionante o a su familia.
Artículo V.- Del principio de sostenibilidad La gestión del ambiente y de sus componentes, así
como el ejercicio y la protección de los derechos que establece la presente Ley, se sustentan en la
integración equilibrada de los aspectos sociales, ambientales y económicos del desarrollo nacional,
así como en la satisfacción de las necesidades de las actuales y futuras generaciones.
Artículo VI.- Del principio de prevención La gestión ambiental tiene como objetivos prioritarios
prevenir, vigilar y evitar la degradación ambiental. Cuando no sea posible eliminar las causas que
la generan, se adoptan las medidas de mitigación, recuperación, restauración o eventual
compensación, que correspondan.
Artículo VII.- Del principio precautorio Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de
certeza absoluta no debe utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces y
eficientes para impedir la degradación del ambiente.(*) (*) De conformidad con el Artículo 2 de la
Ley N° 29050, publicada el 24 junio 2007, se adecúa el texto del presente Artículo, y el de todo
texto legal que se refiera al “criterio de precaución”, “criterio precautorio” o “principio de
precaución” a la definición del Principio Precautorio que se establece en el artículo 5 de la Ley Nº
28245, modificado por el artículo 1 de la citada Ley. CONCORDANCIAS: Anexo D.S. Nº 059-2005-
EM, Art. 5 R.D. N° 072-2006-DCG (Dictan disposiciones sobre control de la descarga del agua de
lastre y sedimentos de buques de navegación marítima internacional que tengan como destino o
escala a los puertos peruanos)
Artículo VIII.- Del principio de internalización de costos Toda persona natural o jurídica, pública o
privada, debe asumir el costo de los riesgos o daños que genere sobre el ambiente. El costo de las
acciones de prevención, vigilancia, restauración, rehabilitación, reparación y la eventual
compensación, relacionadas con la protección del ambiente y de sus componentes de los impactos
negativos de las actividades humanas debe ser asumido por los causantes de dichos impactos.
Artículo IX.- Del principio de responsabilidad ambiental El causante de la degradación del
ambiente y de sus componentes, sea una persona natural o jurídica, pública o privada, está
obligado a adoptar inexcusablemente las medidas para su restauración, rehabilitación o
reparación según corresponda o, cuando lo anterior no fuera posible, a compensar en términos
ambientales los daños generados, sin perjuicio de otras responsabilidades administrativas, civiles o
penales a que hubiera lugar. CONCORDANCIAS: Ley Nº 29325, Art. 23, num. 23.1 (Ley del Sistema
Nacional de Evaluación y Fiscalización Ambiental)
Artículo X.- Del principio de equidad El diseño y la aplicación de las políticas públicas ambientales
deben contribuir a erradicar la pobreza y reducir las inequidades sociales y económicas existentes;
y al desarrollo económico sostenible de las poblaciones menos favorecidas. En tal sentido, el
Estado podrá adoptar, entre otras, políticas o programas de acción afirmativas, entendidas como
el conjunto coherente de medidas de carácter temporal dirigidas a corregir la situación de los
miembros del grupo al que están destinadas, en un aspecto o varios de su vida social o económica,
a fin de alcanzar la equidad efectiva.
Artículo XI.- Del principio de gobernanza ambiental El diseño y aplicación de las políticas públicas
ambientales se rigen por el principio de gobernanza ambiental, que conduce a la armonización de
las políticas, instituciones, normas, procedimientos, herramientas e información de manera tal
que sea posible la participación efectiva e integrada de los actores públicos y privados, en la toma
de decisiones, manejo de conflictos y construcción de consensos, sobre la base de
responsabilidades claramente definidas, seguridad jurídica y transparencia.
Se menciona en primer lugar que sobre el derecho y deber ambiental de todo ciudadano con relación a habitar
en un medio ambiente adecuado, la conservación de la diversidad biológica, el aprovechamiento sostenible de
los recursos naturales y el desarrollo sostenible del país.
Asimismo conceptualiza como "ambiente" o a "sus componentes" a los elementos físicos químicos y
biológicos de origen natural o antropogénico que, en forma individual o asociada, conformar el medio en el
que se desarrolla la vida, siendo los factores que aseguran la salud individual y colectiva de las personas y la
conservación de los recursos naturales, la diversidad biológica y el patrimonio cultural asociado a ellos, entre
otros.
En relación al ordenamiento territorial ambiental, se sostiene que es solo un instrumento que forma parte de la
política de ordenamiento territorial, mas no se identifica como un elemento más del concepto de ambiente.
En definitiva, se puede llegar a la conclusión que en la Ley General del Ambiente, se llega a determinar de
forma muy confusa y lata el concepto de medio ambiente, del cual no se puede advertir que el referido
concepto se sostiene en una posición estricta o amplia según lo señalado por la doctrina.

CONVENCION MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO


fue adoptada en Nueva York el 9 de mayo de 1992 y entró en vigor el 21 de marzo de 1994.
Permite, entre otras cosas, reforzar la conciencia pública, a escala mundial, de los problemas
relacionados con el cambio climático.
En 1997, los gobiernos acordaron incorporar una adición al tratado, conocida con el nombre
de Protocolo de Kioto, que cuenta con medidas más enérgicas (y jurídicamente vinculantes).
En 2006 se enmendó en Nairobi este Protocolo a la Convención Marco de Naciones Unidas
sobre Cambio Climático y se tenía previsto adoptar un nuevo protocolo en el año 2009 en
Copenhague, el cual se tuvo que retrasar y mover a México en el 2010.
PROTOCOLO DE KYOTO DE LA CONVENCION MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL
CAMBIO CLIMATICO
El Protocolo de Kioto2 es un protocolo de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático (CMNUCC), y un acuerdo internacional que tiene por objetivo
reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento
global: dióxido de carbono (CO2), gas metano(CH4) y óxido nitroso (N2O), y los otros tres son
gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC)
y hexafluoruro de azufre(SF6), en un porcentaje aproximado de al menos un 5 %, dentro del
periodo que va de 2008 a 2012, en comparación a las emisiones a 1990. Por ejemplo, si las
emisiones de estos gases en 1990 alcanzaban el 100 %, para 2012 deberán de haberse
reducido como mínimo al 95 %. Esto no significa que cada país deba reducir sus emisiones de
gases regulados en un 5 % como mínimo, sino que este es un porcentaje a escala global y,
por el contrario, cada país obligado por Kioto tiene sus propios porcentajes de emisión que
debe disminuir la contaminación global.
El protocolo fue inicialmente adoptado el 11 de diciembre de 1997 en Kioto, Japón, pero no
entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. En noviembre de 2009, eran 187 estados los
que ratificaron el protocolo.3 Estados Unidos, mayor emisor de gases de invernadero mundial,4
no ha ratificado el protocolo.
El instrumento se encuentra dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de lo que se conoció como
la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. El protocolo vino a dar fuerza vinculante a lo que en
ese entonces no pudo hacer la CMNUCC.

Antecedentes[editar]
El 11 de diciembre de 1997 los países industrializados se comprometieron, en Kioto, a
ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases de efecto invernadero. Los gobiernos
signatarios de dichos países pactaron reducir en al menos un 5 % en promedio las emisiones
contaminantes entre 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990. El acuerdo
entró en vigor el 16 de febrero de 2005, después de la ratificación por parte de Rusia el 18 de
noviembre de 2004.
El objetivo principal es disminuir el cambio climático antropogénico cuya base es el incremento
forzado del efecto invernadero. Según las cifras de la ONU, se prevé que la temperatura media
de la superficie del planeta aumente entre 1,4 y 5,8 °C de aquí a 2100, a pesar que los
inviernos son más fríos y violentos. Esto se conoce como calentamiento global. «Estos cambios
repercutirán gravemente en el ecosistema y en nuestras economías», señala la Comisión
Europea sobre Kioto.[cita requerida]
Una cuestión a tener en cuenta con respecto a los compromisos en la reducción de emisiones
de gases de efecto invernadero es que la energía nuclear queda excluida de los mecanismos
financieros de intercambio de tecnología y emisiones asociados al Protocolo de Kioto,5 pero es
una de las formas de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en cada país.6 Así,
el IPCC en su cuarto informe, recomienda la energía nuclear como una de las tecnologías
clave para la mitigación del calentamiento global.

Entrada en vigor[editar]
Se estableció que el compromiso sería de obligatorio cumplimiento cuando lo ratificasen los
países industrializados responsables de, al menos, un 55 % de las emisiones de CO2. Con la
ratificación de Rusia en noviembre de 2004, después de conseguir que la UE pague la
reconversión industrial, así como la modernización de sus instalaciones, en especial las
petroleras, el protocolo ha entrado en vigor.
Además del cumplimiento que estos países han hecho en cuanto a la emisión de gases de
efecto invernadero se promovió también la generación de un desarrollo sostenible, de tal
forma que se utilice también energías no convencionales y así disminuya el calentamiento
global.
DECLARACION DE ESTOCOLMO
La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano (también conocida
como Conferencia de Estocolmo) fue una conferencia internacional convocada por
la Organización de Naciones Unidas celebrada en Estocolmo, Suecia entre el 5 y el 16 de
junio de 1972. Fue la primera gran conferencia de la ONU sobre cuestiones ambientales
internacionales, y marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la política internacional del
medio ambiente.1
Cuando la Asamblea General decidió convocar la Conferencia de Estocolmo, a iniciativa del
Gobierno de Suecia, el Secretario General U Thant invitó a Maurice Strong para llevar las
funciones de Secretario General de la Conferencia.
La conferencia fue abierta y dirigida por el primer ministro sueco, Olof Palme y secretario
general Kurt Waldheim para discutir el estado del medio ambiente mundial. Con la asistencia
de los representantes de 113 países, 19 organismos intergubernamentales, y más de 400
organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, es ampliamente reconocido
como el comienzo de la conciencia moderna política y pública de los problemas ambientales
globales.
En la reunión se acordó una Declaración que contiene 26 principios sobre el medio ambiente y
el desarrollo, un plan de acción con 109 recomendaciones, y una resolución.
Algunos sostienen que esta conferencia, y en especial las conferencias científicas que le
preceden, tuvo un impacto real en las políticas medioambientales de la Comunidad
Europea (que más tarde se convertiría en la Unión Europea). Por ejemplo, en 1973, la UE creó
la primera Directriz sobre Protección del Medio Ambiente y los Consumidores, y .compuso el
primer Programa de Acción Ambiental. Este interés y la colaboración investigativa sin duda
allanaron el camino para profundizar el conocimiento sobre el calentamiento global, que ha
dado lugar a acuerdos como el Protocolo de Kyoto.2

Declaración de Estocolmo de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Medio Humano,


reunida en Estocolmo del 5 al 16 de junio de 1972 y, atenta a la necesidad de un criterio y
unos principios comunes que ofrezcan a los pueblos del mundo inspiración y guía para
preservar y mejorar el medio humano, proclama que:

1. El hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento
material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y
espiritualmente. En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta se
ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la
tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras
y en una escala sin precedentes, cuando lo rodea. Los dos aspectos del medio
humano, el natural y el artificial, son esenciales para el bienestar del hombre y para el
goce de los derechos humanos fundamentales, incluso el derecho a la vida misma.
2. La protección y mejoramiento del medio humano es una cuestión fundamental que
afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico del mundo entero, un
deseo urgente de los pueblos de todo el mundo y un deber de todos los gobiernos.
3. El hombre debe hacer constantemente recapitulación de su experiencia y continuar
descubriendo, inventando, creando y progresando. Hoy en día, la capacidad del
hombre de transformar lo que lo rodea, utilizada con discernimiento, puede llevar a
todos los pueblos los beneficios del desarrollo y ofrecerles la oportunidad de
ennoblecer su existencia. Aplicado errónea o imprudentemente, el mismo poder
puede causar daños incalculables al ser humano y a su medio. A nuestro alrededor
vemos multiplicarse las pruebas de daño causado por el hombre en muchas regiones
de la tierra: niveles peligrosos de contaminación del agua, el aire, la tierra y los seres
vivos, grandes trastornos del equilibrio ecológico de la biosfera; destrucción y
agotamiento de recursos insustituibles y graves deficiencias, nocivas para la salud
física, mental y social del hombre, en el medio por él creado, especialmente en aquel
en que vive y trabaja.
4. En los países en desarrollo, la mayoría de los problemas ambientales están motivados
por el subdesarrollo. Millones de personas siguen viviendo muy por debajo de los
niveles mínimos necesarios para una existencia humana decorosa, privadas de
alimentación y vestido, de vivienda y educación, de sanidad e higiene adecuados. Por
ello, los países en desarrollo deben dirigir sus esfuerzos hacia el desarrollo, teniendo
presentes sus prioridades y la necesidad de salvaguardar y mejorar el medio. Con el
mismo fin, los países industrializados deben esforzarse por reducir la distancia que los
separa de los países en desarrollo. En los países industrializados, los problemas
ambientales están generalmente relacionados con la industrialización y el desarrollo
tecnológico.
5. El crecimiento natural de la población plantea continuamente problemas relativos a la
preservación del medio, y se deben adoptar normas y medidas apropiadas, según
proceda, para hacer frente a esos problemas. De cuanto existe en el mundo, los seres
humanos son lo más valioso. Ellos son quienes promueven el progreso social, crean
riqueza social, desarrollan la ciencia y la tecnología y, con su duro trabajo,
transforman continuamente el medio humano. Con el progreso social y los adelantos
de la producción, la ciencia y la tecnología, la capacidad del hombre para mejorar el
medio se acrece cada día que pasa.
6. Hemos llegado a un momento de la historia en que debemos orientar nuestros actos
en todo el mundo atendiendo con mayor cuidado a las consecuencias que puedan
tener para el medio. Por ignorancia o indiferencia podemos causar daños inmensos e
irreparables al medio terráqueo del que dependen nuestra vida y nuestro bienestar.
Por el contrario, con un conocimiento más profundo y una acción más prudente,
podemos conseguir para nosotros y para nuestra posteridad unas condiciones de vida
mejores en un medio más en consonancia con las necesidades y aspiraciones del
hombre. Las perspectivas de elevar la calidad del medio y de crear una vida
satisfactoria son grandes. Lo que se necesita es entusiasmo, pero a la vez, serenidad
de ánimo; trabajo afanoso, pero sistemático. Para llegar a la plenitud de su libertad
dentro de la naturaleza, el hombre debe aplicar sus conocimientos a forjar, en
armonía con ella, un medio mejor. La defensa y el mejoramiento del medio humano
para las generaciones presentes y futuras se ha convertido en meta imperiosa de la
humanidad, que ha de perseguirse al mismo tiempo que las metas fundamentales ya
establecidas de la paz y el desarrollo económico y social en todo el mundo, y de
conformidad con ellas.
7. Para llegar a esa meta será menester que ciudadanos y comunidades, empresas e
instituciones, en todos los planos, acepten las responsabilidades que les incumben y
que todos ellos participen equitativamente en la labor común. Hombres de toda
condición y organizaciones de diferente índole plasmarán, con la aportación de sus
propios valores y la suma de sus actividades, el medio ambiente del futuro.
Corresponderá a las administraciones locales y nacionales, dentro de sus respectivas
jurisdicciones, la mayor parte de la carga en cuanto al establecimiento de normas y la
aplicación de medidas en gran escala sobre el medio. También se requiere la
cooperación internacional con objeto de allegar recursos que ayuden a los países en
desarrollo a cumplir su cometido en esta esfera. Hay un número cada vez mayor de
problemas relativos al medio que, por ser de alcance regional o mundial o por
repercutir en el ámbito internacional común, requerirán una amplia colaboración entre
las naciones y la adopción de medidas por las organizaciones internacionales en
interés de todos. La conferencia encarece a los gobiernos y a los pueblos que aúnen
sus esfuerzos para preservar y mejorar el medio humano en beneficio del hombre y
de su posteridad.
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS Expresa la convicción común de que:
Principio I. El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de
condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna
y gozar de bienestar y, tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las
generaciones presentes y futuras. A este respecto, las políticas que promueven o perpetúan el
apartheid, la segregación racial, la discriminación, la opresión colonial y otras formas de
opresión y de dominación extranjera quedan condenadas y deben eliminarse.
Principio 2. Los recursos naturales de la tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la
fauna y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben
preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras mediante cuidadosa
planificación u ordenación, según convenga.
Principio 3. Debe mantenerse y, siempre que sea posible, restaurarse o mejorarse la
capacidad de la tierra para producir recursos vitales renovables.
Principio 4. El hombre tiene la responsabilidad especial de preservar y administrar
juiciosamente el patrimonio de la flora y fauna silvestres y su hábitat, que se encuentran
actualmente en grave peligro por una combinación de factores adversos. En consecuencia, al
planificar el desarrollo económico debe atribuirse importancia a la conservación de la
naturaleza, incluidas la flora y fauna silvestres.
Principio 5. Los recursos no renovables de la tierra deben emplearse de forma que se evite el
peligro de su futuro agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparte los beneficios
de tal empleo.
Principio 6. Debe ponerse fin a la descarga de sustancias tóxicas o de otras materias y a la
liberación de calor, en cantidades o concentraciones tales que el medio no pueda
neutralizarlas, para que no se causen daños graves o irreparables a los ecosistemas. Debe
apoyarse la justa lucha de los pueblos de todos los países contra la contaminación.
Principio 7. Los estados deberán tomar todas las medidas posibles para impedir la
contaminación de los mares por sustancias que puedan poner en peligro la salud del hombre,
dañar los recursos vivos y la vida marina, menoscabar las posibilidades del esparcimiento o
entorpecer otras utilizaciones legítimas del mar.
Principio 8. El desarrollo económico y social es indispensable para asegurar al hombre un
ambiente de vida y trabajo favorable y crear en la tierra las condiciones necesarias para
mejorar la calidad de la vida.
Principio 9. Las deficiencias del medio originadas por las condiciones del subdesarrollo y los
desastres naturales plantean graves problemas y, la mejor manera de subsanarlas es el
desarrollo acelerado mediante la transferencia de cantidades considerables de asistencia
financiera y tecnológica que complemente los esfuerzos internos de los países en desarrollo y
la ayuda oportuna que pueda requerirse.
Principio 10. Para los países en desarrollo, la estabilidad de precios y la obtención de ingresos
adecuados de los productos básicos y las materias primas son elementos esenciales para la
ordenación del medio, ya que han de tenerse en cuenta tanto los factores económicos como
los procesos ecológicos.
Principio 11. Las políticas ambientales de todos los estados deberían estar encaminadas a
aumentar el potencial de crecimiento actual ó futuro de los países en desarrollo y no deberían
menoscabar ese potencial ni obstaculizar el logro de mejores condiciones de vida para todos
y, los estados y las organizaciones internacionales deberían tomar las disposiciones
pertinentes con miras a llegar al acuerdo para hacer frente a las consecuencias económicas
que pudieran resultar, en los planos nacional e internacional, de la aplicación de medidas
ambientales.
Principio 12. Deberían destinarse recursos a la conservación y mejoramiento del medio,
teniendo en cuenta las circunstancias y las necesidades especiales de los países en
desarrollo y cualesquiera gastos que pueda originar a estos países la inclusión de medidas
para la conservación del medio en sus planes de desarrollo, así como la necesidad de
prestarles, cuando lo soliciten, más asistencia financiera internacional con ese fin.
Principio 13. A fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar así las
condiciones ambientales, los estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de
la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del
desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su
población.
Principio 14. La planificación racional constituye un instrumento indispensable para conciliar
las diferencias que puedan surgir entre las exigencias del desarrollo y la necesidad de
proteger y mejorar el medio.
Principio 15. Debe aplicarse la planificación a los asentamientos humanos y a la urbanización
con miras a evitar repercusiones perjudiciales sobre el medio y a obtener los máximos
beneficios sociales económicos y ambientales para todos. A este respecto deben
abandonarse los proyectos destinados a la dominación colonialista y racista.
Principio 16. En las regiones en que exista el riesgo de que la tasa de crecimiento demográfico
o las concentraciones excesivas de población perjudiquen al medio o al desarrollo, o en que la
baja densidad de población pueda impedir el mejoramiento del medio humano y obstaculizar
el desarrollo, deberían aplicarse políticas demográficas que respetasen los derechos humanos
fundamentales y contasen con la aprobación de los gobiernos interesados.
Principio 17. Debe confiarse a las instituciones nacionales competentes la tarea de planificar,
administrar o controlar la utilización de los recursos ambientales de los estados con miras a
mejorar la calidad del medio.
Principio 18. Como parte de su contribución al desarrollo económico y social se deben utilizar
la ciencia y la tecnología para descubrir, evitar y combatir los riesgos que amenazan al medio,
para solucionar los problemas ambientales y para el bien común de la humanidad.
Principio 19. Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida
tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector
de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien
informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades
inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del
medio en toda su dimensión humana. Es también esencial que los medios de comunicación de
masas eviten contribuir al deterioro del medio humano y difundan, por el contrario, información
de carácter educativo sobre la necesidad de protegerlo y mejorarlo, a fin de que el hombre
pueda desarrollarse en todos los aspectos.
Principio 20. Se deben fomentar en todos los países, especialmente en los países en
desarrollo, la investigación y el desenvolvimiento científicos referentes a los problemas
ambientales, tanto nacionales como multinacionales. A este respecto, el libre intercambio de
información científica actualizada y de experiencia sobre la transferencia debe ser objeto de
apoyo y asistencia, a fin de facilitar la solución de los problemas ambientales; las tecnologías
ambientales deben ponerse a disposición de los países en desarrollo en condiciones que
favorezcan su amplia difusión sin que constituyan una carga económica excesiva para esos
países.
Principio 21. De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y con los principios del
derecho internacional, los estados tienen el derecho soberano de explotar sus propios
recursos en aplicación de su propia política ambiental y la obligación de asegurar que las
actividades que se lleven a cabo dentro de su jurisdicción o bajo su control no perjudiquen al
medio de otros estados o de zonas situadas fuera de toda jurisdicción nacional.
Principio 22. Los estados deben cooperar para continuar desarrollando el derecho
internacional en lo que se refiere a la responsabilidad y a la indemnización a las víctimas de la
contaminación y otros daños ambientales que las actividades realizadas dentro de la
jurisdicción o bajo el control de tales estados causen a zonas situadas fuera de su jurisdicción.
Principio 23. Sin perjuicio de los criterios que puedan acordarse por la comunidad
internacional y de las normas que deberán ser definidas a nivel nacional, en todos los casos
será indispensable considerar los sistemas de valores prevalecientes en cada país y la
aplicabilidad de unas normas que, si bien son válidas para los países más avanzados, pueden
ser inadecuados y de alto costo social para los países en desarrollo.
Principio 24. Todos los países, grandes o pequeños, deben ocuparse, con espíritu de
cooperación y de pie de igualdad, en las cuestiones internacionales relativas a la protección y
mejoramiento del medio. Es indispensable cooperar, mediante acuerdos multilaterales o
bilaterales o por otros medios apropiados, para controlar, evitar, reducir y eliminar eficazmente
los efectos perjudiciales que las actividades que se realicen en cualquier esfera puedan tener
para el medio, teniendo en cuenta debidamente la soberanía y los intereses de todos los
estados.
Principio 25. Los estados se asegurarán de que las organizaciones internacionales realicen
una labor coordinada, eficaz y dinámica en la conservación y mejoramiento del medio.
Principio 26. Es preciso librar al hombre y a su medio de los efectos de las armas nucleares y
de todos los demás medios de destrucción en masa. Los estados deben esforzarse por llegar
pronto a un acuerdo, en los órganos internacionales pertinentes, sobre la eliminación y
destrucción completa de tales armas.
DECLARACION DE RIO DE JANEIRO

La Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo es una proposición1 de


las Naciones Unidas (ONU) para promover el desarrollo sostenible. Fue aprobada en
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD),
que se efectuó en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de 1992.
La Declaración fue rubricada en la Cumbre de Tierra, junto con otros dos documentos:
el Programa 21 y la Declaración de principios relativos a los bosques.
La Declaración ratificó los principios establecidos en la Declaración de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Humano, aprobada en Estocolmo el 16 de junio de 1972 y
formuló 27 principios básicos sobre el desarrollo sostenible, la dignidad humana, el medio
ambiente y las obligaciones de los Estados en materia de preservación de los derechos
ambientales de los seres humanos.
La Declaración de Río es la Conferencia de las Naciones Unidas (ONU) en 1992 sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible , que se celebró en Río de Janeiro (Brasil) y que se
conoce como Segunda Cumbre de la Tierra
El Objetivo principal de la Declaración de Río es procurar alcanzar acuerdos internacionales
en los que se respeten los intereses de todos, se proteja el medio ambiente y el desarrollo
mundial
Para ello se deben alcanzar el equilibrio entre las distintas partes: ecológicas, sociales y
económicas, todas ellas deben de existir, para conseguir el Desarrollo Sostenible
Además el equilibrio entre las 3 partes, tendrá que ser social y ecológicamente soportable,
ecológica y económicamente viable y económica y socialmente equitativo
La Primera Cumbre de la Tierra se produce en Estocolmo en 1972. 20 años después en la
Declaración de Río se produce la segunda Cumbre de la Tierra y por último y más actual en
2002 se produce la tercera Cumbre de la Tierra en Johannesburgo.

Problemas ambientales[editar]
En la Declaración de Río, se debatieron soluciones para cuatro tipos de problemas medio
ambientales:

1. La reducción de la producción de productos contaminantes o tóxicos


2. La mayor utilización de energías no contaminantes y renovables
3. El Apoyo por parte del gobierno al transporte público, ya que se puede reducir el
trafico y así la contaminación de CO2 y de ruido.
4. La escasez de agua potable en distintas partes del planeta, y soluciones de como
poder ahorrar la poca que tienen

Principios fundamentales[editar]
En la Declaración de Río, se proclamaron 27 principios fundamentales que todos los países
deberían cumplir, con el objetivo de establecer una alianza mundial nueva y equitativa
mediante la creación de nuevos niveles de cooperación entre los Estados, los sectores claves
de las sociedades y las personas.
Se procuraron alcanzar acuerdos internacionales en los que se respetaran los intereses de
todos y se protegiera la integridad del sistema ambiental y de desarrollo mundial,
reconociendo la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra. Estos Principios
fundamentales proclaman que:
Principio 1: Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con
el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la
naturaleza.
Principio 2: De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y los principios del derecho
internacional, los Estados tienen el derecho soberano de aprovechar sus propios recursos
según sus propias políticas ambientales y de desarrollo, y la responsabilidad de velar por que
las actividades realizadas dentro de su jurisdicción o bajo su control no causen daños al medio
ambiente de otros Estados o de zonas que estén fuera de los límites de la jurisdicción
nacional.
Principio 3: El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente
a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.
Principio 4: A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá
constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada.
Principio 5: Todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en la tarea esencial de
erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las
disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las necesidades de la mayoría de los
pueblos del mundo.
Principio 6: Se deberá dar especial prioridad a la situación y las necesidades especiales de los
países en desarrollo, en particular los países menos adelantados y los más vulnerables desde
el punto de vista ambiental. En las medidas internacionales que se adopten con respecto al
medio ambiente y al desarrollo también se deberían tener en cuenta los intereses y las
necesidades de todos los países.
Principio 7: Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar,
proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han
contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados
tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la
responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista
de las presiones que sus sociedades ejercen en el medio ambiente mundial y de las
tecnologías y los recursos financieros de que disponen.
Principio 8: Para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las
personas, los Estados deberían reducir y eliminar las modalidades de producción y consumo
insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas.
Principio 9: Los Estados deberían cooperar en el fortalecimiento de su propia capacidad de
lograr el desarrollo sostenible, aumentando el saber científico mediante el intercambio de
conocimientos científicos y tecnológicos, e intensificando el desarrollo, la adaptación, la
difusión y la transferencia de tecnologías, entre estas, tecnologías nuevas e innovadoras.
Principio 10: El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de
todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda
persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de que
dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las
actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar
en los procesos de adopción de decisiones. Los Estados deberán facilitar y fomentar la
sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de
todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y
administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes.
Principio 11: Los Estados deberán promulgar leyes eficaces sobre el medio ambiente. Las
normas, los objetivos de ordenación y las prioridades ambientales deberían reflejar el contexto
ambiental y de desarrollo al que se aplican. Las normas aplicadas por algunos países pueden
resultar inadecuadas y representar un costo social y económico injustificado para otros países,
en particular los países en desarrollo.
Principio 12: Los Estados deberían cooperar en la promoción de un sistema económico
internacional favorable y abierto que llevara al crecimiento económico y el desarrollo
sostenible de todos los países, a fin de abordar en mejor forma los problemas de la
degradación ambiental. Las medidas de política comercial con fines ambientales no deberían
constituir un medio de discriminación arbitraria o injustificable ni una restricción velada del
comercio internacional. Se debería evitar tomar medidas unilaterales para solucionar los
problemas ambientales que se producen fuera de la jurisdicción del país importador. Las
medidas destinadas a tratar los problemas ambientales transfronterizos o mundiales deberían,
en la medida de lo posible, basarse en un consenso internacional.
Principio 13: Los Estados deberán desarrollar la legislación nacional relativa a la
responsabilidad y la indemnización respecto de las víctimas de la contaminación y otros daños
ambientales. Los Estados deberán cooperar asimismo de manera expedita y más decidida en
la elaboración de nuevas leyes internacionales sobre responsabilidad e indemnización por los
efectos adversos de los daños ambientales causados por las actividades realizadas dentro de
su jurisdicción, o bajo su control, en zonas situadas fuera de su jurisdicción.
Principio 14: Los Estados deberían cooperar efectivamente para desalentar o evitar la
reubicación y la transferencia a otros Estados de cualesquiera actividades y sustancias que
causen degradación ambiental grave o se consideren nocivas para la salud humana.
Principio 15: Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar
ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de
daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como
razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la
degradación del medio ambiente.
Principio 16: Las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internalización de los
costos ambientales y el uso de instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de que
el que contamina debe, en principio, cargar con los costos de la contaminación, teniendo
debidamente en cuenta el interés público y sin distorsionar el comercio ni las inversiones
internacionales.
Principio 17: Deberá emprenderse una evaluación del impacto ambiental, en calidad de
instrumento nacional, respecto de cualquier actividad propuesta que probablemente haya de
producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y que esté sujeta a la
decisión de una autoridad nacional competente.
Principio 18: Los Estados deberán notificar inmediatamente a otros Estados de los desastres
naturales u otras situaciones de emergencia que puedan producir efectos nocivos súbitos en
el medio ambiente de esos Estados. La comunidad internacional deber hacer todo lo posible
por ayudar a los Estados que resulten afectados.
Principio 19: Los Estados deberán proporcionar la información pertinente, y notificar
previamente y en forma oportuna, a los Estados que posiblemente resulten afectados por
actividades que puedan tener considerables efectos ambientales transfronterizos adversos, y
deberán celebrar consultas con esos Estados en una fecha temprana y de buena fe.
Principio 20: Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio
ambiente y en el desarrollo. Es, por tanto, imprescindible contar con su plena participación
para lograr el desarrollo sostenible.
Principio 21: Debería movilizarse la creatividad, los ideales y el valor de los jóvenes del mundo
para forjar una alianza mundial orientada a lograr el desarrollo sostenible y asegurar un mejor
futuro para todos.
Principio 22: Las poblaciones indígenas y sus comunidades, así como otras comunidades
locales, desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el
desarrollo debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales. Los Estados deberían
reconocer y apoyar debidamente su identidad, cultura e intereses y hacer posible su
participación efectiva en el logro del desarrollo sostenible.
Principio 23: Deben protegerse el medio ambiente y los recursos naturales de los pueblos
sometidos a opresión, dominación y ocupación.
Principio 24: La guerra es, por definición, enemiga del desarrollo sostenible. En consecuencia,
los Estados deberán respetar las disposiciones de derecho internacional que protegen al
medio ambiente en épocas de conflicto armado, y cooperar en su ulterior desarrollo, según
sea necesario.
Principio 25: La paz, el desarrollo y la protección del medio ambiente son interdependientes e
inseparables.
Principio 26: Los Estados deberán resolver pacíficamente todas sus controversias sobre el
medio ambiente por medios que corresponda con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas.
Principio 27: Los Estados y las personas deberán cooperar de buena fe y con espíritu de
solidaridad en la aplicación de los principios consagrados en esta Declaración y en el ulterior
desarrollo del derecho internacional en la esfera del desarrollo sostenible.