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II.2.

CAMBLONG, Ana María (2011): “Instalaciones en los umbrales Mestizos Criollos” en Para una política del lenguaje
en Argentina EDUNTREF pp 129 a 135

Instalaciones en los umbrales mestizo-criollos.


Primera instalación: habitar la frontera
Trabajo realizado en la provincia de Misiones, pero factible de ser aplicado en zonas de
similares características.
Rasgos que definen a la provincia como un espacio de frontera (fronterizo) en la
cartografía nacional y periférico respecto del centro o la metrópolis: Territorio ubicado entre
Paraguay y Brasil, el 80% de sus límites son internacionales y dista a 1200 km de la capital. Lo
que interesa tomar en consideración aquí son interpretaciones semióticas sobre la frontera
excéntrica como la semiósfera en la que respiran la población en estudio y los investigadores
que la interpretan.
La frontera geopolítica se transforma en una vía donde se instala de inmediato una
espacialidad de tránsito en la que entran en interacciones lenguas oficiales (español, portugués
y guaraní) monedas, símbolos patrios, documentos de identidad, etc. Los misioneros se han
habituado a la complejidad cotidiana, al cambio continuo de todos los órdenes socioculturales.
A este dispositivo fronterizo le podemos incorporar la presencia de pueblos aborígenes con su
aparato cultural y su lengua propia y, por otro lado, las corrientes colonizadoras de fines del siglo
XIX y mediados del XX conformado por inmigrantes europeos. Con estos datos podemos
comprender que la frontera no solo está en el trazo limítrofe nacional sino también en la
composición pluriétnica de sus habitantes.
Primera paradoja fronteriza: lo externo deviene en interno, lo extranjero resulta vecinal e
íntimo. No solo atravesamos fronteras, ellas nos atraviesan y nos constituyen.
Para la década del 70 las palabras integración, diversidad y culturas en contacto, eran
palabras incomprendidas y marginadas, trabajos de este estilo solo conllevaban a planteos
desentendidos y tema impertinente, aun así, quince años después, se seguían llevando adelante
trabajos investigativos en la zona para diseñar un modelo teórico y ajustado, una propuesta
distinta para la enseñanza de la lengua oficial en zonas rurales o de frontera.
Para la década de los 90 se introdujo a través de la Reforma Educativa la presencia,
políticamente correcta, de la diversidad, el multiculturalismo, el interculturalismo, y
bilingüismos varios. De repente todo el país se dio cuenta –debido a la intervención del Fondo
Monetario- de que la población escolar era heterogénea, con vigencia de distintas lenguas
familiares y variantes regionales del argentino estándar desatendidas por el sistema. Se activa
así un dispositivo paradójico de antigua data: en el interior operan los mandatos del exterior y,
a la vez, el interior resulta exterior a las decisiones que se toman sobre sus propias definiciones
y descripciones.
II.2. CAMBLONG, Ana María (2011): “Instalaciones en los umbrales Mestizos Criollos” en Para una política del lenguaje
en Argentina EDUNTREF pp 129 a 135

Habitar la frontera supone estar inmersos en un movimiento constante de mezclas,


amalgamas, corrimientos, sustituciones, retorcimientos y cambios que derrapan entre idiomas,
costumbres e imaginarios sin solución de continuidad, en un continuum infinito donde se da la
posibilidad a la invención, a la mixtura perpetua. Nadie se asombra ni se conmueve ante el
mestizaje, el acoplamiento o el pasaje de un registro a otro, de un idioma a otro. Nuestra
idiosincrasia, exótica para para la mirada central, estrafalaria e incorrecta para los cañones,
ejecuta los resultados producidos por el famoso “crisol de razas” que nuestro dialecto de
sustrato guaraní traduciría como un emboyeré bien grande mismo. Así nuestro dialecto pone en
escena giros discursivos que dan cuenta del dilatado proceso sociocultural fronterizo de
mixturas, transformaciones y alquimias semióticas en un clima perceptiblemente distinto y una
normalidad diferente. Todo se condensa en un modo de estar en el mundo.
Nosotros no somos bilingües sino fronterizos. Estamos situados en la frontera y hablamos
fronterizamente. La mayoría de los niños habla el dialecto mestizo-criollo de cadencia
reconocible con sintaxis de difícil comprensión para la gramática, y cargado de incrustaciones
cambiantes y heterogéneas de distintas lenguas. Otro concepto importante a incorporarse es el
de “horizonte familiar intercultural”: aunque el niño hable el dialecto local mestizo-criollo, en su
hogar resuenan voces, persistentes vestigios o vigencia efectiva de otras lenguas
Las argumentaciones de este trabajo no son ni dialectológicas ni sociolingüística sino
semiótica, ética y política. De ahí en la insistencia en lo irregular y heterogénea dispersión de
situaciones que no coinciden con determinaciones generales a ultranza porque no atienden con
cuidado a las diferencias.
Segunda instalación: discernir las fronteras.
Todo concepto teórico surge de la práctica, en ella se sustenta y se modifica. Se entiende
a la “frontera” no como límite sino como pasaje con movilidad continua. Si acepto partir del
principio de continuidad, todo proceso se cumple en semiosis infinita, entonces las diferencias
o discontinuidades entre las lenguas contiguas resultan minúsculos, por lo tanto, no hablamos
de interferencias sino de variaciones continuas, infinitas. Los limites y los deslindes entre las
lenguas para los habitantes fronterizos, no configuran una etapa a superar, sino una estancia
continua.
En este marco introducimos otra categoría, la de “umbral” tomado de la teoría de Bajtín,
quien lo define como un tiempo-espacio de crisis, un cronotopo de pasaje. Los umbrales están
directamente implicados en la premisa de la continuidad, y se hacen cargo de la variación
infinitesimal de las determinaciones móviles de la frontera. los umbrales diagraman la dinámica
en diversos procesos y vuelven perceptible las alteraciones infinitesimales de flujos semióticos
fronterizos.