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Introducción

1La novela Dos veces junio de Martín Kohan se publicó en 2002 y marcó un hito en la
narrativa contemporánea argentina por la calidad y la riqueza interpretativa de su
escritura, características que le permitieron intervenir « en el debate cultural y (ser) forma
de experimentación narrativa » (Pampa Olga Arán, 2005, p. 34). El protagonista de Dos
veces junio es un conscripto del año 1978 cuyos recuerdos forman la primera parte de la
novela titulada « Diez del seis », y que reencuentra, cuatro años después, el médico
militar del que era el chofer durante el servicio militar, lo cual constituye la segunda parte
de la novela titulada « Treinta del seis (epílogo) ». Como se puede deducir de los títulos
de las partes y del libro, la historia se focaliza sobre todo en lo que ocurrió durante esos
dos días de junio : el 10 de junio de 1978 y el 30 de junio de 1982. Y en efecto la
singularidad de esta novela radica en el hecho de que el lector deba deducir un amplio
tipo de informaciones : no es una novela que se entrega al lector sino que exige de él un
papel muy activo de desciframiento. De hecho, quiero proponer un análisis de esta obra a
partir de un recurso estilístico y narrativo, el desplazamiento, cuya característica es la
necesidad de un desciframiento, o sea una lectura analítica de una modalidad de la
escritura implícita en Dos veces junio. ¿ Qué entiendo por « desplazamiento » ? Cabe
recordar que un contenido implícito es algo que no está dicho explícitamente por el locutor
pero que el receptor puede entender. Además, según los términos del lingüista británico
Paul Grice, el decir implícito es « to get someone to think something » (Grice, 1975, p. 60),
i.e. lograr que alguien entienda algo, al contrario del decir explícito que significa
meramente decir algo. Grice introduce un matiz interesante : el locutor quiere decir algo
más al receptor, algo escondido detrás del objeto esencial del mensaje (el contenido
explícito). Esto constituye la característica de las inferencias (i.e. los contenidos implícitos)
que son entonces unos subdichos pero están intrínseca e incontestablemente inscritos en
el enunciado del locutor (Kerbrat-Orecchioni, 1998, p. 24). El desplazamiento lo definiría
pues como una forma de decir implícita porque exige un esfuerzo suplementario del
receptor para entenderlo. Sin embargo, no toca al contenido del mensaje transmitido por
el locutor sino al objeto de dicho mensaje. Por ejemplo, se expresan explícitamente
sentimientos, emociones, pero se atribuyen al objeto equivocado. Antes de estudiar unos
ejemplos de este desplazamiento en la narración hay que analizar un primer tipo de
desplazamiento que se produce de manera significativa a nivel de la voz enunciadora en
la novela de Martín Kohan.

Desplazamiento enunciativo y confusión interpretativa


Filiación literaria y superación del modelo
1 Para una definición de la hipertextualidad, ver Genette, 1982, p. 13.
2Se establece claramente una filiación con la novela Villa de Luis Gusmán que constituyó
un giro narrativo en la estética de la novela de la memoria cuando se publicó en 1995 por
su elección como protagonista de un médico cómplice de los torturadores de la Triple A.
El epígrafe de Dos veces junio es una cita de Gusmán (« En junio murió Gardel, en junio
bombardearon la Plaza de Mayo. Junio es un mes trágico para los que vivimos en este
país ») y aparece también la figura del médico que ayuda durante las sesiones de tortura -
desdoblada en la novela de Kohan con los personajes del doctor Mesiano y del doctor
Padilla. Ahora bien, Martín Kohan da un paso más, añade « una capa de mediación »
(Kohan, 2004), emancipándose de su modelo a la vez que lo confirma como hipotexto1 de
su novela. El protagonista de su novela no es el cómplice de los crímenes, como lo es
Villa, sino el cómplice del cómplice representado aquí por el conscripto o sea el grado
más bajo de la jerarquía militar por ser un escalón temporario (dura sólo el tiempo del
servicio militar). Como Gusmán, Kohan elige la narración en primera persona que permite
la ilusión de acceder a un monólogo narrativizado, una suerte de flujo de conciencia del
protagonista. De esta manera otorga la palabra a un testigo impensable : el soldado
conscripto cómplice, del que no existe rastro testimonial. Impensable también porque aquí
es un testigo difícil de escuchar porque es un testigo complaciente que no expresa
remordimientos por sus actos o los de su jefe muy al contrario : « cuando el doctor
precisaba mi ayuda y yo se la daba sin miramientos » (Kohan, 2010, p. 171). En efecto la
formación moral y ética del joven se efectúa durante el servicio militar por influencia de la
institución militar, considerada un lugar de educación y de pasaje a la edad adulta, y en
particular la influencia de sus superiores jerárquicos que actúan como guías y mentores.
Este honor que le hace el doctor Mesiano en confiar en él, mero conscripto, es una idea
que se repite a lo largo de la novela mostrando así lo orgulloso que se siente al servir este
hombre. Ya en las primeras páginas afirma « Yo sentía un gran orgullo por la manera en
que el doctor Mesiano confiaba en mí » (Kohan, 2010, p. 33). El colmo de este
sentimiento ocurre cuando el doctor Mesiano, reafirmando la confianza que le tiene, le
califica de « asistente » frente a otro médico (Kohan, 2010, p. 123 y p. 130), elevándole de
su rango de subalterno al rango de persona de confianza.

3Se opera, por medio de la ficción, una transmisión de la visión de este personaje
secundario de la dictadura que ve las cosas como le enseñaron a ver sus maestros,
miembros del sistema represivo. De hecho, cabe notar la utilización en la narración del
lenguaje del represor como lo subraya Pampa Olga Arán : « la novela está narrada, de
modo dominante, desde la perspectiva de una memoria que anula su propio lenguaje para
referir la historia en el lenguaje de su contexto enunciativo, una unidad militar » (Arán,
2005, p. 39). Cabe señalar que el lenguaje de la unidad militar de la que habla Arán es un
lenguaje modelado por el discurso implícito e invadido por los eufemismos. El eufemismo
es la atenuación de una verdad o una realidad que uno elige disfrazar porque atañe a
ámbitos tabúes : necesidades naturales, enfermedad, sexo, muerte. El hecho de nombrar
la cosa implica un reconocimiento de su existencia que el emisor no quiere asumir
(Fromilhague, 2007, p. 115). En la novela, negarse a llamar la tortura por su nombre es
negar su existencia, claro está. Pero nombrarla de forma diferente es también una manera
de crear otra realidad : una realidad en la que se puede hablar de crímenes como si
fueran temas del cotidiano, una realidad en la que el mal se ha vuelto banal, según la
expresión de la filósofa Hannah Arendt. De hecho, aparecen múltiples maneras de
designar la tortura : « El único (mensaje) que se había recibido aquel día era ese que
mencionaba el asunto médico » (Kohan, 2010, p. 21), « este tipo de consultas técnicas »
(Kohan, 2010, p. 21), « ¿a partir de qué edad se puede comenzar a proceder con un
niño? » (Kohan, 2010, p. 25), « en nada afectaba la calidad del procedimiento. Esta
ciencia … » (Kohan, 2010, p 30). Con estos significados se aproximan estos actos
criminales al ámbito científico y en particular médico. Ya no es un acto abyecto y
condenable sino una capacidad técnica, científica que no todos saben ejercer
debidamente.

Narración fragmentada y polifonía


4Tradicionalmente el relato de los hechos traumáticos del pasado reciente está a cargo de
la víctima tanto en la literatura testimonial como en la ficcional. Sin embargo, aquí
presenciamos un desplazamiento significativo ya que, como lo dijimos antes, el
protagonista es un cómplice del sistema represivo por lo cual la voz de la víctima queda
en segundo plano (en cuanto a la presencia en el texto y al orden de aparición). La novela
reproduce el discurso del opresor facilitando así la entrada en « la cloaca de una
conciencia enfermiza y criminal » (García-Romeu, 2008, p.9). El propio autor defiende la
elección de este punto de vista del victimario afirmando que él no veía posibilidades
literarias con la mirada de la víctima cuando consideró que la literatura le abría la «
posibilidad de trabajar con ese otro punto de vista que es despreciable desde el punto de
vista real ». Dentro de varios puntos de vistas despreciables le interesaron « esas formas
grises más ligadas a la complicidad social que a lo que puede ser la figura del torturador »
(Kohan, 2004) y así eligió la figura del conscripto.

2 Los lingüistas llaman competencia enciclopédica, el amplio depósito de informaciones


extra enunciat (...)
5Desde un punto de vista formal, Dos veces junio es una novela de 180 páginas dividida
en dos partes y diecinueve capítulos (o sea que, en el mejor de los casos, un capítulo no
logra las diez páginas de extensión). Esos capítulos llevan títulos enigmáticos por ser
números en letras, pero cuya significación se puede deducir con una lectura atenta del
capítulo correspondiente. A modo de ejemplo, el octavo capítulo de la primera parte «
Doscientos dos » corresponde al número de la habitación en la que el conscripto pasa la
noche con una prostituta. Otros títulos exigen del lector una búsqueda complementaria o
cuentan con la competencia enciclopédica2 del lector como el título del último capítulo del
libro : « Seiscientos treinta » corresponde a la frecuencia radiofónica de Rivadavia. Los
capítulos están divididos en varios párrafos muy cortos separados por blancos tipográficos
y encabezados por números en cifras. A lo mejor estos párrafos duran dos páginas, pero
la mayoría de las veces no constan de más de unas diez líneas. Esta descripción de la
estructura de la novela me permite afirmar que se propone al lector una narración muy
fragmentada que está al servicio de otra estrategia discursiva de la novela : la polifonía.

3 « Il faut noter que ce que nous appelons focalisation interne est rarement appliqué de
façon tout à (...)
6Se cuentan tres voces narrativas en presencia que alternan frecuente y regularmente :
no hay dos párrafos seguidos que tienen el mismo narrador. Esta alternancia permite
impedir la imposición de un único relato de los hechos e instaurar así una distancia crítica.
Primero aparece la voz del conscripto en un relato en primera persona. Según la
terminología de Gérard Genette3, se trata de una focalización interna ya que no hay
presentación o descripción física del personaje. Esta focalización interna permite
paradójicamente una desindividualización del personaje y erigirlo, así, como nuevo tipo
literario. No tiene nombre, sólo se conoce por su función social (es un conscripto) y los
pocos datos personales que se conoce de él solo sirven para confirmar que constituye un
arquetipo del joven argentino de los años setenta sorteado para la colimba. Después
aparece la voz de un narrador desconocido : es un relato en tercera persona que el lector
descubre paulatinamente ser a focalización sobre una detenida anónima, que da a luz en
la cárcel en que la detienen guardianes tampoco identificados. Por fin, se escucha la voz
de un narrador notable por su total ausencia (no aparece ninguna persona gramatical) que
enumera mediante una narración impersonal y fría datos cifrados, técnicos y tácticos. Se
enumeran por ejemplo los integrantes del equipo de fútbol argentino y esta enumeración
se repite varias veces añadiendo cada vez un dato diferente (el nombre, la posición, la
procedencia, la numeración, la fecha de nacimiento, la estatura) lo que produce una
acumulación de listas inútiles para la comprensión de la intriga por parte del lector. Hay
una voluntad deliberada por interrumpir la narración o sea impedir su linealidad y su
unidad, fragmentar la trama para obligar a la reflexión. Son estas estrategias discursivas
las que posibilitan el desplazamiento de la voz enunciadora. Crean un nuevo lenguaje de
la memoria porque ponen al lector en alerta, en tensión. Desde el principio está
acechando indicios para definir la voz enunciadora, para reconstruir la(s) trama(s) y
encontrar sentido a la multiplicidad de enunciados que se le ofrecen.

Desplazamiento narrativo y riqueza interpretativa


7El desplazamiento narrativo no es la única forma que toma la expresión implícita en Dos
veces junio por lo que voy a presentar un breve panorama de las diferentes formas que
toma el discurso implícito en la novela, lo que me permitirá demostrar, espero, la
especificidad de esta forma particular de implícito que constituye el desplazamiento.

Formas de lo implícito en Dos veces junio


4 « Le contenu implicite du seul fait qu’il se donne à découvrir plutôt qu’à voir s’inscrit plus
fort (...)
8Paradójicamente, la formulación implícita, por el trabajo y la participación que requiere
del receptor, queda enfatizada y finalmente pasa al primer plano : « el contenido implícito
sólo por el hecho de que se ofrezca a ser descubierto antes que a ser visto se inscribe
más fuertemente en la conciencia del descubridor (aquí el lector) »4 (Kerbrat-Orecchioni,
1998, p. 293). El fenómeno más evidente es el eufemismo del que ya hemos hablado y
que recorre la novela entera. No obstante, la narración implícita en Dos veces junio pasa
también por dos otras modalidades cuyas presencias son notables : la neutralización del
significado por el locutor y los tropos metafóricos.

9Un ejemplo bastante edificante de la neutralización del significado por el locutor lo


constituye la enumeración de las torturas hechas a la detenida mediante los consejos del
doctor Padilla que confunde prácticas médicas y tortura. Siguen unos ejemplos
seleccionados en el capítulo « Ciento veintiocho » de la Primera Parte :

El doctor Padilla recomendó (…) que nadie hiciera uso de la detenida, hasta tanto no
pasaran unos treinta días desde el alumbramiento. (…) recomendó la suspensión
temporaria de las técnicas interrogativas de inmersión, siempre y cuando existiera la
necesidad de preservar la vida de la detenida. (…) desaconsejó el empleo de técnicas
interrogativas con aplicación de corrientes eléctricas, al menos durante un par de
semanas. (Kohan, 2010, pp. 28-32)

Se opera una corrupción de la misión de la medicina ya que las recomendaciones


médicas no sirven aquí para mejorar el estado de salud de la paciente sino impedir su
muerte próxima con el único fin de que pueda confesar. De acuerdo con Pampa Olga
Arán, se puede decir que este fragmento es revelador de la manera en que « el lenguaje
parece haber perdido toda eficacia para decir la verdad » (Arán, 2005, p. 40). Cada una
de las prescripciones medicales es más chocante que la precedente pero el doctor las
enuncia como si fueran actos técnicos sin consecuencias : parece que ha vaciado las
palabras de su contenido semántico o que lo ha transformado. Es una manifestación en el
lenguaje de la « banalidad del mal » teorizada por Hannah Arendt en su ensayo sobre el
juicio de Eichmann. Cabe notar la elección narrativa de no describir las torturas por medio
de la voz de la detenida o del narrador sino de darlas a entender al lector mediante la voz
de un cómplice del torturador lo que constituye una modalidad de lo implícito.

Frente a un muro sin apertura que supuestamente cierra un descampado, el protagonista


dice

(…) había ratas. (…) En el silencio de la ciudad sin gente, se las sentía mover los pastos,
y sonaban como los pasos de una persona que deambulara sin ningún lugar adonde ir.
Prestando un poco más de atención, se alcanzaba a percibir los chillidos de las ratas. Se
parecían mucho a los gemidos de una persona que quiere y no puede contener un
sollozo. (…) acaso, habiendo ratas, había también gatos que las perseguían. (…) Sentí
además el ruido de un golpe en el lado de adentro de la pared. Seguramente uno de los
gatos, en el momento de dar el salto para caer sobre una rata, había movido un pedazo
de escombro y lo había hecho chocar contra la pared, y por eso desde afuera yo justo que
pasaba había escuchado el golpe, ese golpe que me había hecho pensar en una persona
que daba una trompada en una pared. (Kohan, 2010, p. 70-71)

5 Maus de Art Spiegelman es una novela gráfica que cuenta la historia de la Shoah
mediante animales a (...)
6 Genette define la intertextualidad « par une relation de coprésence entre deux ou
plusieurs textes. (...)
10Los ruidos que hacen ratas y gatos se comparan a los que pudieran hacer seres
humanos (cf. negrita y cursiva). La comprensión implícita de esta comparación es que
esos ruidos son ruidos producidos por detenidos y guardianes creando una metáfora. La
metáfora se define como un desvío de sentido, una transferencia del sentido propio al
sentido figurado. En su construcción mantiene una relación de analogía entre referentes
distintos que descansa en la identificación de semas comunes a los términos asociados
(aquí la calidad de cazado y cazador, víctima y agresor). La construcción narrativa de este
fragmento apela a la competencia enciclopédica del lector que conoce la existencia de
Centros Clandestinos de Detención en el centro de Buenos Aires y también puede
conocer la novela gráfica Maus (1980) de Art Spiegelman5 que aparece aquí como
referencia intertextual y eventualmente como hipotexto6.

El desplazamiento : una modalidad expresiva de lo implícito


11Las dos fechas mencionadas en los títulos de las dos partes de la novela refieren a dos
días de junio en los que tuvo lugar un partido de fútbol de la Copa mundial que
involucraba al equipo de Argentina (contra el equipo italiano). El primero ocurre dos años
después del golpe de estado que pone en marcha el Proceso de Reorganización Nacional
(1978) y el segundo justo después de la derrota de Argentina en la Guerra de Malvinas,
guerra que provocó contra el Reino Unido en 1982. O sea que cada vez la trama ubica al
lector dentro de acontecimientos histórico-políticos mayores, pero casi no se mencionan
en la narración. Otra vez el narrador cuenta con la competencia enciclopédica del
narratario y con su capacidad de localización y de desciframiento de los indicios
referenciales en el texto que constituyen claves de comprensión. Por ejemplo, palabras
como « Ford Falcón » o « guerrilleras » remiten en el imaginario colectivo a la dictadura y
la Guerra de Malvinas no se menciona por su nombre, sino que se deduce de la lectura
en el periódico listas de caídos en combate por el protagonista.

12El desplazamiento ocurre porque no se pone de relieve la importancia de esos giros


históricos, sino que la narración pone el énfasis sobre acontecimientos menores desde el
punto de vista histórico-político : dos partidos de la Copa del mundo de fútbol.
Recordamos que son esas fechas que encabezan las dos partes de la novela cuando las
fechas de los años en cuestión están escondidas entre los títulos cifrados de los capítulos
: « Mil novecientos setenta y ocho » es el título del capítulo cuatro de la Primera Parte y «
Mil novecientos ochenta y dos » es el título del capítulo tres de la Segunda Parte. Esta
disposición establece una jerarquía entre el acontecimiento deportivo y el acontecimiento
histórico en desfavor aparente del segundo. En efecto, si la narración pone de relieve los
acontecimientos deportivos es, según me parece, para insistir aún más en la importancia
de los acontecimientos políticos cuya magnitud fue, ya en su tiempo, escondida detrás del
acontecimiento deportivo. Como un repetir las cosas (recordamos el título de la novela)
que las vuelve más chocantes por la repetición pero también más inteligibles.

13Cabe interesarse ahora por la reacción del conscripto a la pregunta que inicia la novela
quien se focaliza exclusivamente sobre el error ortográfico (empezar está escrito con s)
porque como dice « Pocas cosas me contrarían tanto como las faltas de ortografía »
(Kohan, 2010, p. 12). La narración se centra durante varias páginas sobre cómo corrige
este error y como siente culpabilidad y un malestar psicológico al haberlo hecho ya que
quizá ha corregido a un superior (entendido como una falta grave en el Ejército donde el
respeto de la jerarquía lo vertebra todo). Sin embargo, ni siquiera dedica un comentario al
contenido tanto explícito como implícito de la pregunta. Se trata aquí de lo que se llama
en lingüística un golpe presuposicional en el que el presupuesto (el contenido implícito)
resulta más importante que el contenido explícito. En la pregunta « ¿A partir de qué edad
se puede empesar (sic) a torturar a un niño? » (Kohan, 2010, p. 11) el contenido explícito
resulta muy chocante, pero lo es sobre todo porque el contenido implícito es : se puede
torturar a un niño. En efecto, el lector focaliza en el contenido implícito su actividad
interpretativa pero también formula la hipótesis que es justamente aquel contenido que el
emisor quería transmitirle prioritariamente (Kerbrat-Orecchioni, 1998, p. 117). Entonces
esta formulación prepara el lector a esperar una reacción por parte del personaje. Sin
embargo, al choque de la lectura se añade el choque de la ausencia de reacción del
conscripto o mejor dicho la reacción desplazada hacia el objeto equivocado, aquí la falta
de ortografía.

14En Dos veces junio, ocurre una confusión entre las dos mujeres que marcaron
emotivamente al conscripto durante la misma noche, pero no por las mismas razones : la
prostituta y la detenida. Ninguna de las dos lleva nombre ya que representan una entidad
y no una individualidad. Son dos tipos de mujeres a la merced de los hombres y que
sufren la violencia masculina, una por cuestiones de opresión de género y otra por
razones políticas. Las frases que describen a una bien podrían describir a la otra
provocando una confusión de las dos mujeres tanto en el espíritu del conscripto como en
la mente del lector : « un cuerpo desnudo que se entregaba sin reservas (…) y sin
embargo (…) de esa mujer desnuda no había manera de obtener una verdad » (Kohan,
2010, p. 99). ¿De quién habla? ¿Cuál es la verdad que se quiere obtener : la de no fingir
durante el acto sexual o las informaciones sobre sus compañeros de lucha? Quizá más
elocuente resulte ser el sueño final del conscripto. Dice soñar con la prostituta después de
haberse encontrado con el hijo de la detenida, adoptado por la familia del doctor Mesiano.
A pesar de que afirme identificar la prostituta del tic nervioso, la mujer de sus sueños
aparece más como una mezcla de ambas mujeres : « sueño con una mujer de rostro
difuso, una mujer indefinida » (Kohan, 2010, p. 188). Además, precisa que es el único
sueño que logra recordar y que lo hace de manera repetida, se vuelve obsesivo. Eso
provoca un eco significativo con las palabras de la detenida cuando le contó lo que sufrió :
« Me dijo que esa noche yo iba a soñar con las cosas que me había contado » (Kohan,
2010, p. 141). El fenómeno del desplazamiento puede entonces aparentarse aquí a un
mecanismo psíquico de transferencia, de ocultamiento para escapar a la violencia de los
hechos y/o de los recuerdos o sea una manera de protegerse del trauma.

15La descripción de la salida del estadio en el capítulo titulado « Cero uno » es llamativa
por su extensión relativa (muchas líneas seguidas en, lo recuerdo, capítulos muy cortos)
pero lo es sobre todo por su contenido. He aquí una cita un poco larga que permite
entender mejor la comparación de esta muchedumbre con una « infinita marcha fúnebre »
(Kohan, 2010, p. 78) :

7 Los subrayados son míos.


En filas desparejas se desconcentró la multitud callada. Era una larga procesión de
cabizbajos (…) En el desfile continuo de las caras sin sosiego, se veía la tristeza
multiplicarse por miles. (…) pasaban incesantes los desconsolados: tanta gente, tantos
miles, y nadie tenía palabra alguna que decir. (…) Iban mudos en su desolación los miles
y miles que pasaban de regreso. (…) No rezaban porque eran todos, ahora, unos
incrédulos: no podían creer lo que había pasado, aunque con sus propios ojos acababan
de verlo y entonces sentían que ya no podían creer en nada más.7 (Kohan, 2010, p. 74-
75)

16Esta descripción nos llama fuertemente la atención ya que podría ser una descripción
de las consecuencias en unos individuos de una experiencia traumática que provoca un
estado de shock : imposibilidad de hablar, de intelectualizar lo experimentado, sólo se
experimenta un flujo de afectos (cf. el léxico de los sentimientos, del dolor) y una puesta
en tela de juicio de las creencias íntimas. Se trata aquí de una descripción exagerada si
se trata de describir los sentimientos de un público que sale del estadio después de la
derrota de su equipo nacional. Si se entiende el trauma como un choque emocional que
produce un daño duradero en el inconsciente, parece evidente que no se puede hablar de
trauma por una mera derrota deportiva, tan triste sea ésta. Una exageración voluntaria y
portadora de sentido ya que permite una reacción del lector que siente el desplazamiento
y se interroga sobre el verdadero objeto de esta descripción angustiadora,
desesperanzadora. De hecho, el lector infiere que se trata de un léxico más adecuado
para la descripción de los detenidos víctimas de torturas y de condiciones de detención
infrahumanas a su liberación de los CCD. Quizás pueda también pensar en el estado de
ánimo en el que estuvieron los argentinos al conocer la verdad sobre lo que pasó durante
los años de dictadura.

17En el capítulo seis de la Segunda Parte, se presenta a la familia del doctor Mesiano
durante una visita del protagonista después de enterarse de la muerte en la guerra de las
Malvinas del hijo del doctor. En esta presentación a cargo del exconscripto, ahora
estudiante en medicina, se nota una repetición obsesiva de los nombres propios y de los
lazos de familia con respecto al doctor Mesiano. En este capítulo que consta de sólo cinco
páginas, las palabras cuñado y hermana aparecen seis veces cada una. Una recurrencia
más que llamativa acentuada por la repetición de la misma expresión (cf. cursiva) que
traduce une evidente construcción narrativa destinada a llamar la atención del lector. « El
cuñado del doctor Mesiano, que se llama Alberto (…) La hermana del doctor Mesiano,
que se llama Angela, (…) La esposa del doctor Mesiano que se llama Lidia (…) Angela,
su hermana, (…) Alberto es el nombre del cuñado del doctor Mesiano. Su mujer, que se
llama Angela (…) » (Kohan, 2010, p. 174-177). Esta estrategia discursiva sólo se entiende
a posteriori cuando aparecen los nombres del niño. En efecto se trataba de preparar este
momento de revelación para el exconscripto y para el lector aumentando así la tensión
narrativa. Digo los nombres ya que la familia designa al niño por el nombre Antonio
cuando el narrador utiliza el nombre Guillermo. « ¡Antonio!, llama (la hermana). ¡Antonio!
Un chico de pelo castaño, que se llama Guillermo, se asoma y pregunta qué pasa. »
(Kohan, 2010, p. 178). La comprensión de este error aparente del narrador implica un
esfuerzo de memoria del lector que debe acordarse de las primeras páginas de la novela
en las que se dice que la detenida eligió el nombre de Guillermo por su recién nacido.
Aquí el desplazamiento radica en el hecho de que el narrador insista en la presentación
(nombres y lazos familiares) de personajes cuya identidad no es problemática para
interpelar al lector sobre la identidad problemática del niño.

18Como acabamos de verlo, el desplazamiento constituye una verdadera modalidad


expresiva de lo implícito cuya característica es que no toca al contenido del mensaje
transmitido por el locutor sino al objeto de dicho mensaje. Se expresan explícitamente
afectos, reacciones, interpretaciones del locutor pero éste las atribuye al objeto
equivocado. Este desfase produce un malestar en el receptor que entiende que, a pesar
de la aparente normalidad del mensaje recibido, hay un problema. Es la consecuencia del
recurso al desplazamiento narrativo que, a pesar de ser un modo de expresión implícito,
logra provocar un cuestionamiento en el lector.

Conclusión
19Para concluir, diré que todas las formas del implícito estudiadas en este artículo tienen
en común la manipulación del lenguaje que suponen tanto a nivel intradiegético como
extradiegético. El lenguaje es, según la fórmula del filólogo judío alemán Víctor Klemperer,
el « medio de propaganda más potente, más público y más secreto » (Klemperer, 2010, p.
41) y si el ciudadano no se da cuenta de esta potencia del lenguaje, los regímenes
dictatoriales bien lo han entendido. La teoría de la banalidad del mal desarrollada por la
filósofa Hannah Arendt se basa en el uso del lenguaje que hace Eichmann, incapaz de
hablar de otra manera que usando clichés o sea realizando una manipulación del
lenguaje, pase por eufemismos, desemantización de palabras, u otros. Ahora bien, la
principal herramienta de la literatura es el mismo lenguaje y la literatura tiene la
extraordinaria capacidad de recrear todos los discursos creando una interesante distancia
crítica. De manera muy eficaz, la novela de Martín Kohan, por su juego narrativo con el
lenguaje y por adoptar el punto de vista de un miembro del ejército, permite una verosímil
recreación ficticia de la atmósfera y del discurso de la época de la dictadura. Como lo dice
acertadamente la crítica argentina Beatriz Sarlo : « Si tuviera que hablar por mí, diría que
encontré en la literatura las imágenes más precisas del horror del pasado reciente y de su
textura de ideas y experiencias » (Sarlo, 2005, p. 163). Gracias a su novela, Martin Kohan
demuestra que la manipulación del lenguaje que pasa en el cuerpo de la novela por
desplazamientos narrativos y enunciativos, puede también ser una herramienta al servicio
de una mejor comprensión del pasado reciente argentino. La distancia crítica que la
novela obliga tomar al lector, así como la elección del protagonista cómplice del victimario
permiten la formulación de un interesante e inhabitual lenguaje de la memoria. Más allá
del cuestionamiento sobre el sentido de la novela, se trata de un cuestionamiento más
amplio sobre nosotros, lectores y ciudadanos, como posibles agentes manipulados por el
lenguaje y posibles cómplices de un régimen dictatorial. Acabaré este articulo citando al
propio autor : « A mí lo que me interesa es tomar materiales que tienen ya una carga de
significación fuerte para el lector. (…) En el imaginario victorioso del mundial ver sólo la
noche que Argentina pierde, trabajar el mundial desde la memoria, como la formula más
simplificada de ir a contramano de una memoria social. (…) Trabajar la noche de la
derrota y nada más me parecía una manera de poner a la literatura a contrapelo de la
memoria social. »

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Bibliographie
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