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ALLOCUTIO DEL 2 DE SETIEMBRE DE 2019 – LEGIO MARIAE

Buenas tardes con todos hoy continuamos contemplando los misterios de la vida de Jesús
desde la mirada tierna de María. Hoy empezaremos a contemplar el pasaje de la
presentación del Niño Jesús en el Templo.
“Te amo cuando te mezclas con las demás mujeres que dirigen sus pasos al templo del
Señor” Y María es una mujer de pueblo. Ni por ser la llena de gracia y la madre del Hijo
de Dios, se desentiende de sus responsabilidades como judía. No, María camina con su
pueblo, comparte sus alegrías, tristezas, turbaciones, júbilo, etc. María no se hace ajena
al pueblo fiel de Dios, sino que antes bien asume todas las características de una auténtica
judía: peregrina hacia el templo. Si María llama e invita a su pueblo a recorrer el camino
hacia el Señor - identificado en ese tiempo con el Templo – es porque ella ya ha recorrido
ese camino de peregrinación. Que, en nuestra peregrinación hacia Dios, hacia el templo
del Señor (que también es nuestra alma), no falte María. ¡María, enséñanos a peregrinar
hacia nuestro Señor!
“Cuando presentas al niño que nos salva poniéndolo en los brazos del viejo Simeón” Y María,
¿para qué va al Templo? Para presentar y consagrar al Niño Jesús a Dios. Si Dios puso en
manos de María y José al niño Jesús para que sea consagrado a Él, ¿no será acaso más
necesario para nosotros ponernos en manos de María y José para que ellos nos presenten
a Dios y nos consagren a Él? ¡María, José queremos estar en sus manos para que nos
presenten y consagren al Señor!
“Al principio, escucho, sonriendo, su cántico” Y Simeón comienza su cántico proclamando
que ha visto al Salvador, que la promesa de Dios se ha cumplido. ¿Acaso no podemos
decir lo mismo: que vemos a nuestro Salvador en la Eucaristía, en el prójimo, en el
necesitado, en nosotros mismos? Sí, podemos proclamar con alegría que el Señor cumple
su promesa, que, en verdad, vemos a nuestro Salvador, que en verdad hemos sido
salvados. Pero para ello es necesario que Dios nos otorgue el don de poder reconocer
que el Señor se hace visible a nosotros, se hace presente. ¿Y quién es aquella que mejor
puede reconocer al Señor? ¿Quién es aquella que lo vio y lo tuvo entre sus brazos tantos
años de su vida? Pues, María. Pidámosle a ella que nos permita reconoce al Señor, a
nuestro Salvador que se hace visible hoy de tantas maneras. ¡María, enséñanos a
reconocer a Jesús!
“Mas pronto Simeón te predice la espada del dolor” Sin embargo, no todo lo que predice
Simeón es causa de júbilo. Simeón también le predice a María el dolor. Pues seguir a
Jesús, consagrarle nuestra vida a Dios, peregrinar hacia él conlleva también
inevitablemente la experiencia del dolor, del sufrimiento. Y María ya había
experimentado el sufrimiento desde la experiencia de no tener posada para dar a luz a
Jesús, desde la experiencia de tener que huir a Egipto. María sabe del dolor por
experiencia y nos invita también a recorrer este camino, pues el camino hacia Dios incluye
el dolor. ¡María, enséñanos a recorrer contigo el camino hacia el Señor que es también un
camino de dolor!