Sunteți pe pagina 1din 2

Fernando Belaúnde ha muerto…

Este hombre que fundó un Partido que se volvió histórico en Junio de 1956, dejó de existir un Junio,
también, de 2002. Parece anecdótico pero también en este mes murió su queridísima Violeta
Correa, su segunda y última y extraordinaria mujer.

¿Qué decir de don Fernando Belaúnde Terry? ¿Qué decir, que no sea un lugar común? Que no sea
el protocolo funerario de este país en donde todos los muertos tienen que ser alabados. Pero ¿qué
decir como elogio sincero y no necesariamente necrológico?

Fernando Belaúnde gobernó el país en 1963 hasta 1968. Fue el gobierno, probablemente, más
modernizante que tuvo el Perú Moderno. El Perú actual. El Perú reciente. El más modernizante
porque realmente construyó el germen de lo que ahora es el “Estado”. Para los más jóvenes
recordaré que ni siquiera los impuestos eran recaudados por un banco. No. No existía el Banco de
la Nación. Era la empresa privada la que recaudaba los impuestos en el Perú. Sí. ¿Les sorprende?
Pues así era el Perú. El Perú de los latifundistas, de los algodoneros, el de los Barones del azúcar.
El Perú en fin, antiguo, acomplejado, sombrío, decimonónico que Belaúnde ayudó a sepultar. Él
creó el Banco de la Nación.

Belaúnde empezó una “Reforma Agraria” tibia pero que hubiera sido acaso un poco más audaz si
no hubiera tenido la oposición feroz del Apra. Es una ironía que ahora Alan García, y lo dice con
sinceridad, manifieste esa emoción apesadumbrada por Belaúnde, cuando el Apra de 1963 le hizo
la vida imposible a Belaúnde desde el Congreso en alianza con sus antiguos enemigos los
odriistas, saboteando diversos procesos como el de la Reforma Agraria, por ejemplo.

En 1968 un Golpe de Estado del General Velasco Alvarado, lo depuso del poder y lo alejó de la
política peruana; rumbo al exilio, primero en Buenos Aires y luego en los EE. UU donde permaneció
hasta 1978; fecha en la que pudo volver para reconstruir su Partido y para convertir lo que era una
candidatura mínima, en otro milagro electoral. Porque en 1980 estaba cantado que el APRA iba a
ganar, que Armando Villanueva del Campo se iba a erigir como el Presidente incuestionable del
país. Sin embargo no fue así. Belaúnde con una prédica muy clara, con un slogan muy eficaz y con
una campaña como las suyas, que era recorrer todo el país y a pie si fuera posible, logró el triunfo
electoral de 1980. Y ese fue indudablemente el quinquenio de su frustración.

En 1980 el Perú se complicó con la llegada de Sendero Luminoso. Un “fenómeno” que no pudo
entender el belaundismo. Como no pudo entender antes, en 1965, a las guerrillas de Luis de la
Puente Uceda y Hugo Blanco. Pero esta vez era un guerrilla de verdad, asesina y feroz. Y el
belaundismo como que quedó pasmado ante la posibilidad de que los peruanos pudieran matar
peruanos y de esa manera. Así que, al no entender el fenómeno, tampoco se le pudo combatir
debidamente.

Por otra parte en 1983 ocurrió lo del Fenómeno de “El Niño”, que fue devastador, produjo 1500
millones de dólares en pérdidas y que se trajo abajo los Proyectos de Inversión Estatal del Segundo
belaundismo.

En 1984 Belaúnde dejó de pagar la Deuda Externa, cosa que algunos no recuerdan. Cuando llegó
Alan García al poder ya la Deuda Externa del Perú no se estaba pagando. Fue un quinquenio
democrático sí, pero con la mar de problemas y demostrando que la complejidad de este país es
mucho más intensa que algunas simplicidades de sus políticos. No habrá país en este reino donde
vivimos mientras no haya una clase dominante de verdad responsable, seria, que pague sus
impuestos y deje de robar. No habrá país sin una civilidad educada y sin una democracia nutrida
por la cultura. No habrá país. Seremos un ómnibus, como decía Federico More, mientras sigamos
siendo lo que somos. Ciudadanos de segunda, resignados a tener los modales del ciudadano de
tercera. Viviendo en un país que cada día se cae a pedazos, como lo muestran los estudios que se
realizan en materia de educación en el Perú.

Pero, el legado principal de Belaúnde. Lo que lo hace inmortal para la política peruana y lo que
constituye de verdad una especie de herencia que debemos depositar en una urna y dejarla ahí,
intocada para la admiración de la posteridad, es su: HONESTIDAD. Honestidad personal, no tocó
un centavo. En este país de ladrones, no tocó un centavo. Y no digo que algunos de su entorno no
hayan tocado centavos y hasta monedas y hasta billetes. Sí, lo hicieron. Pero él no. ¿Por qué lo
permitió? Nunca se sabrá. ¿Por qué toleró que alguien de su entorno, pudiera, no tener una
reputación tan limpia? No lo sé. Era su carácter en todo caso. Pero él jamás tocó un centavo y de
verdad murió pobre de solemnidad. Y eso es tan importante que compensa todo los errores de su
carrera política y todas las carencias de su partido Acción Popular. Cuyo lema era: “La conquista
del Perú por los peruanos”. Un lema que algunos consideraron una redundancia filosófica y una
frase hueca; pero que quería decir al final de cuentas, nosotros podemos hacerlo solos. Y ese es
otro mensaje muy importante de Fernando Belaúnde Terry hoy desaparecido.

Y como dice el periodista César Hildebrandt: “Ahora que la política peruana parece a veces un
muladar es bueno recordar lo mejor del legado de Belaunde: su probada honradez, su incapacidad
para la rapiña. Y es bueno que lo diga un periodista que fue implacable con Fernando Belaunde. Un
periodista que hoy extraña a rabiar esa perseverancia en el decoro que hoy agiganta su figura”.

José Miguel Nima Rojas


U.N.P.R.G - 2010