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Tema 9: Las actividades terciarias en las economías desarrolladas.

TEMA 9: LAS ACTIVIDADES TERCIARIAS EN LAS


ECONOMÍAS DESARROLLADAS.

1- INTRODUCCIÓN.
2- ESTRUCTURA DEL TERCIARIO.
3- LOCALIZACIÓN DE LAS ACTIVIDADES TERCIARIAS.
4- COMERCIO Y TRANSPORTES
5- EL SECTOR TERCIARIO EN NUESTROS DÍAS: OCIO Y TURISMO.
6- BIBLIOGRAFÍA.

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1- Introducción.
El concepto de sector terciario proviene de los años 30, cuando se planteo la primera
gran crisis del capitalismo y resultaba conveniente desagregar las actividades económicas en
tres conjuntos de distintos comportamientos en cuanto a la evolución del empleo. Los servicios,
definidos hasta entonces negativamente como actividades poco o nada productivas, que no son
agrícolas ni industriales, se mostraron menos afectados por la crisis. Sin embargo, desde los
años 30 y hasta los años 60 se define positivamente el sector terciario por tres notas:
crecimiento absoluto y relativa del empleo (sociedad "postindustrial"), resistencia a las crisis
económicas y progreso técnico débil.
A partir de los 60 y su desarrollismo, en los países más industrializados, el sector
terciario llega a emplear a más de la mitad de los activos y a aportar más de la mitad del valor
añadido, y en su seno ya se incluyen actividades como el transporte aéreo, el comercio de
grandes superficies, las telecomunicaciones o la informática, que no pueden definirse como
adscritas a un débil progreso técnico. La crisis industrial de los 70, si bien incidió positivamente
en la globalidad del sector terciario, se comportó de forma muy dispar en ese conglomerado de
campos que englobamos, tal vez demasiado genéricamente, bajo el concepto de "terciario". Los
economistas se verán obligados a diferenciar claramente entre servicios tradicionales y servicios
avanzados, inherentes a la propia industrialización, y de comportamiento distinto a aquéllos en
productividad, progreso técnico y ante la propia crisis. Si hasta entonces el sector terciario había
ocupado un lugar marginal entre los geógrafos, preocupados más por los factores de
localización espacial relacionados con la industria y la agricultura, crecientemente se otorgará
un papel clave a la existencia de centros de decisión, de centros de influencia de la percepción
(de información) como factor de localización de la población, de la industria...
La escasa importancia de los servicios en el conjunto de la economía al principio de la
revolución industrial, frente al gran desarrollo de la industria y sus consecuencias
socioeconómicas, conducen a varios economistas clásicos a considerar los servicios como poco
productivos, improductivos o incluso parasitarios. El propio Adam Smith, en La riqueza de las
naciones, a finales del XVIII, considera que las funciones u oficios no agrarios ni industriales
difícilmente crean riqueza para la nación. Los trabajos que no dejan rastro material se
consideran improductivos (servicios del Estado, religiosos, domésticos, comerciales...) A
medida que durante la segunda mitad del XIX la revolución industrial avanza aparecen
funciones no ligadas a la agricultura ni a la industria (pero necesarias a ambas) difícilmente
clasificables como improductivas. Pero será a partir de la crisis de 1929-30 cuando los servicios
aparezcan como un sector de mayor interés. Fisher (1934) plantea que el paro industrial
provocado por la crisis sea enjugado por el desarrollo de los servicios, que él por primera vez
califica como "terciario", y define como "un vasto conjunto de actividades dedicadas a la
prestación de servicios, que van desde al transporte y el comercio, pasando por los alquileres, la
enseñanza y las principales formas de creación artística y filosófica". Clark, Fourastie y otros
autores inciden en la definición del terciario como aquel sector que produce bienes inmateriales.
En los años 70 se produce una mayor conexión entre las industrias y servicios por las
innovaciones tecnológicas y la complejidad del sector industrial (así por ejemplo, la producción
masiva exige para su rentabilización el apoyo de técnicas de prospección en el futuro mercado
de consumidores, de estudios de viabilidad económica, rutas y flujos comerciales, técnicas
publicitarias, etc.). Se habla por primer vez de "sociedad de consumo o postindustriales"
(Touraine, o el sociólogo Daniel Bell), especialmente en referencia a Norteamérica, definiendo
los siguientes caracteres:
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- Predominio de la actividad de servicios entre la composición activa del país, derivado de un
proceso de incremento de la renta y demanda de una mayor calidad de vida provocado por la
industrialización. Al incremento de los servicios subsidiarios de la producción industrial y
agrícola (transportes) le sigue un incremento de los servicios colectivos (sanidad, ocio)
- El progreso futuro se fundamente en el acercamiento entre ciencia-tecnología o, lo que es lo
mismo, investigación y desarrollo (I+D). De ahí la importancia de la clase de profesionales y
técnicos de formación universitaria pertenecientes al sector servicios, crecientemente
tecnificado.
- El sistema de valores economicista y desarrollista tiende a ser sustituido por el sociologistas,
en que los hombres actúan como tales y no como máquinas: es lo que se ha convenido en llamar
"sociedad del ocio", factor reforzado por el progresivo recorte de la jornada semanal.
A partir de la crisis de 1973, la terciarización no se considera sólo un producto de la
industrialización, sino también de la desindustrialización, que a su vez se explica o bien por la
relación entre industria y servicios, o bien desde la propia degradación del sector industrial. La
desindustrialización, y la robotización industrial, se interpreta por algunos economistas como
consecuencia del desarrollo económico, basándose en la teoría de las etapas de Rostow; para
otros autores, la desindustrialización es consecuencia de la innovación tecnológica que libera
mano de obra del mercado saturado (por ejemplo, la siderurgia) y capitales que van a aparar al
sector terciario. Un tercer grupo de economistas explican la desindustrialización por el
desplazamiento de población de la industria (parados) hacia sectores de economía doméstica-
familiar (pequeñas tiendas, bares...)
Pero en el fondo tales explicaciones enmascaran profundos cambios estructurales
experimentados por la economía en general y los servicios en particular. Al crecimiento de los
servicios a la producción había que agregar el de los servicios al consumo por la expansión de la
demanda y del sector público exigido por las mejoras sociales. A partir de la crisis se añadiría el
empleo público, impulsado por las administraciones socialdemócratas para enjugar el paro, y el
particular de los servicios privados tradicionales, sobredimensionado como refugio de los
parados industriales. La posterior crisis de 1984 con el triunfo de las tesis neoliberales y
conservadoras privatizó parte del empleo público creado durante la crisis y dejó más clara una
corriente neo o metaindustrial, en que se da una completariedad entre la producción de bienes y
servicios. Se intensifica el consumo al mejorar el poder adquisitivo de las familias, pero se trata
de bienes cada vez más sofisticados, producidos por una industria más competitiva, gracias a los
servicios vinculados a la producción. Al mismo tiempo, para conseguir unos servicios
estandarizados, aprovechando así las economías de escala, se produce una industrialización de
los servicios: es decir, la sociedad de los países más avanzados se define económicamente como
metaindustrial, servoindustrial, neoindustrial, por una terciarización de la industria y una
industrialización del terciario, adquiriendo especial importancia los servicios de información y
comunicación que se configuran para algunos autores un nuevo sector: el cuaternario.
2- Estructura del terciario.
Podemos establecer distintas tipologías del sector terciario. En cuanto a su aparición
histórica, hay que distinguir entre un terciario tradicional que aparece antes de la revolución
industrial y que caracteriza la ciudad preindustrial (servicios administrativos civiles, militares y
religiosos; comercio; enseñanza; sanidad; transporte) del terciario moderno, ligado a la a
industrialización y al capitalismo. Hoy cabría hablar, además, de un terciario vinculado a la
sociedad pos o neoindustrial: informativa, telecomunicaciones, consulting...
El terciario privado o concurrencial obedece a las leyes del mercado en su localización y
se apoya en el servicio a una clientela, mientras el público, que debe cumplir objetivos de tipo

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social y de ordenación del territorio (infraestructuras, dispensa de servicios como sanidad,
educación, etc.).
En función de su frecuencia de uso, hay un sector terciario banal u oblicuo, extendido en
muchos puntos de un territorio, con frecuente demanda (tiendas de comestibles...), y uno
anómalo o especializado, localizado en "puntos fuertes" del territorio, como los núcleos
superiores de la jerarquía urbana, porque exige grandes poblaciones (consulting...). Con
relación al contacto con la clientela, se distingue un sector terciario directivo, que dirige las
actividades económicas (también las primarias y secundarias), y un terciario de servicios a la
clientela, que está en contacto directo con el cliente (hogar, empresa).
En función de los procesos de actividad económica hay que distinguir el sector terciario
ligado directamente al consumo, de los servicios integrados en la producción o servicios a las
empresas. Hay autores que considera como otra categoría las actividades de transporte y
comunicación (flujos de bienes y servicios).
Según Braibant, el subsector de servicios a los hogares ha decrecido en los últimos
tiempos relativamente, mientras que el de transportes y comunicaciones ha aumentado
ligeramente, en función de la actividad económica general, y el de los servicios a las empresas
ha crecido rápidamente, en conexión con la producción industrial.
Dentro de los servicios de producción hay que diferenciar entre servicios vinculados
internos a la empresa (administración-gestión, comercial, informática, transporte y servicios
generales) que supone un 30% o más de los empleos de las empresas industriales en los países
desarrollados, y servicios vinculados externos, que provienen de empresas terciarias que ofrecen
sus servicios como insumos intermedios para el sector industrial (asesorías jurídicas, ingeniería,
publicidad, marketing, etc.). Estos servicios externos han crecido rápidamente, hasta el punto de
que en 2010 en EEUU representan ya el el 67,8% del PIB, mientras en Alemania el reparto de la
aportación al PIB por sectores era 1% para el primario, 30% para el secundario y 69% del PIB
para el terciario. hasta el punto de que en 1994 representan ya del 25 al 30% del PNB de
EE.UU, y en el primer trimestre del 2003 constituían cerca del 35% del PNB.
Desde el punto de vista del crecimiento económico y de la productividad resulta más
interesante la distinción, tomada del sector industrial, entre un terciario inducido, "no básico",
que responde a las necesidades inmediatas de la población local (la venta de pan) y un sector
terciario motriz, "básico", que se destina a la exportación de servicios fuera de la localidad (el
turismo, servicios avanzados a las empresas...). Así, Polese considera "motriz toda actividad
terciara que exporta o que contribuye a la capacidad actual y futura de producción": se trata de
un factor de atracción para otros sectores.
Desde los años 70 algunos autores como Compagna o Boudeville optan por integrar el
sector terciario superior (servicios financiero, informáticos, de investigación, de
telecomunicaciones, de dirección... consecuencia del desarrollo de la industria) en un sector
cuaternario (de alta productividad), dejando en el terciario las actividades más elementales,
tradiciones y al mismo tiempo banales, como el comercio, los transportes, los servicios privados
o públicos de carácter doméstico, etc. Otros autores como Cossette prefieren desagregar el
terciario entre los servicios de información (informática, electrónica, telefonía, etc., destinada a
difundir información de investigación, de finanzas, de gestión...) y el resto de los servicios. Y lo
hacen por una razón ligada a la realidad: en la década de los años 90 en EE.UU. estas
actividades ligadas a la información implican, directa o indirectamente, a más del 45% de los
activos, el resto de los servicios al 30%, la industria a un 22% y la agricultura a algo más del
2%. En los primeros años del nuevo milenio, dependen directa o indirectamente del sector cerca
del 40% de los trabajadores de todas clases: de hecho, bastó un error de previsión en el
crecimiento del sector de las telecomunicaciones para provocar una profunda crisis bursátil que
llegó a su punto álgido en el 2002 (en parte por el retraso de la telefonía móvil de tercera
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generación y el incumplimiento en las expectativas del comercio electrónico), y que todavía en
el 2003 tuvo como consecuencias el despido de miles de trabajadores en empresas de
telecomunicaciones, como Siemens, etc.
Hay que distinguir el sector terciario ligado directamente al consumo, de los servicios
integrados en la producción o servicios a las empresas. Hay autores que considera como otra
categoría las actividades de transporte y comunicación (flujos de bienes y servicios).
Dentro de los servicios de producción hay que diferenciar entre servicios vinculados internos a
la empresa (administración-gestión, comercial, informática, transporte y servicios generales)
que supone aproximadamente un 30% o más de los empleos de las empresas industriales en los
países desarrollados, y los servicios vinculados externos, que provienen de empresas terciarias
que ofrecen sus servicios como insumos intermedios para el sector industrial (asesorías
jurídicas, ingeniería, publicidad, marketing, etc.).
Por otra parte, en los últimos años estamos asistiendo a un avance fundamental: la
creación de autopistas de la información, redes por las que circulan una cantidad ingente de
textos, imágenes y sonidos de forma digital y de manera casi instantánea. Este avance ha sido
posible gracia a la tecnología multimedia, capaz de cargar, operar, distribuir y reproducir
informaciones de cualquier tipo. Bases de datos, videoconferencias, correo electrónico, compras
o uso de todo tipo de servicios relacionados con la imagen, suponen un nuevo (y, a efectos del
productor, más rentable) mercado, al alcanzar esa máxima de una economía de gran escala
(millones de usuarios, que no conocen la traba de las fronteras, imposibles de establecer), hasta
el punto de que se calculan que a través de Internet se mueven directa (por los productos
ofrecidos) e indirectamente más de 400.000 millones de dólares anuales, pese a ser una
actividad del sector terciario que apenas ha comenzado a andar. Las aplicaciones generales de
las autopistas de comunicación son múltiples: transformación del trabajo en teletrabajo (trabajo
desde casa, conectado por ordenador), teleenseñanza, videoconferencias, telediagnóstico, etc.
Desde 1998 ya existe un estándar europeo para los Servicios Avanzados Multimedia, que
provocó que en el año 2009 el 15% de las compras se realizasen por Internet, y en el 2011 el
20,30% de los hogares dispusieran de conexión a Internet para la gestión distribuida, la edición
digital, la consulta y selección de noticias, fotografías y programas de vídeo y televisión, etc.
Por último, es preciso señalar la creciente importancia que en una economía mundializada y de
creciente complejidad en sus escalas presentan los flujos financieros, y por tanto el amplio
sector de actividad terciaria relacionada con él (banca, bolsa, seguros, fondos de pensiones,
etc.): se calcula que aproximadamente un billón de dólares se mueve diariamente en el mundo
en relación con los flujos financieros, de los que la mayoría no son pagos por un servicio o una
mercancía, como sucedía anteriormente, sino fenómenos meramente especulativos, que intentan
generar ganancias mediante la compra y venta continuada de monedas, bonos, fondos de
pensiones, etc.
El sector cuaternario, para algunos geógrafos, incluye los servicios altamente
especializados tales como investigación, desarrollo, innovación (I+D, I+D+i), así como las
empresas de alta tecnología, de tecnología de la información y las telecomunicaciones, así como
la educacion, la industria de la informacion o las labores especializadas de consultoria.
Es un sector que pretende asegurar en el futuro la viabilidad o mejora económica de las
empresas: reducción de costes, ampliacion de mercados, generación de ideas novedosas y sin
competencia, mejora en los métodos de producción, asegurar una mano de obra cualificada
capaz del desarrollo de funciones productivas especializadas, etc. Un ejemplo paradigmático de
sector cuaternario lo constituyen las divisiones de investigacion de las industrias farmacéuticas:
se trata de investigar –con una alta inversión inicial- sabiendo que los beneficios se recuperan
en el medio plazo, de forma muy rentable.
Entre las incontables consecuencias, pueden apuntarse algunas. Por un lado, el
incremento de la “brecha tecnológica” (y la “brecha digital”) entre países del primer y tercer
mundo esta destinada a generar una creciente supeditación e inferioridad de los países no
desarrollados respecto a los avanzados. Por otra parte, las mejoras en el sistema productivo cada
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vez son más dependientes de la investigación, el diseño productivo y otros factores que
requieren de un poderoso sector cuaternario.
Se trata de un sector que no presenta necesidades de localización especificas. El
teletrabajo es una modalidad cada vez más frecuente en esta actividad productiva, que, en todo
caso, puede estar fisicamente desplazada respecto a los centros de produccion. La horas
perdidas en desplazamientos pueden emplearse en la mejora de la calidad de vida de los
empleados de un sector muy cualificado y que, con frecuencia, requiere creatividad,
autoformación y reciclaje, y al que por tanto el teletrabajo le puede suponer ventajas
competitivas. Los empleados del sector cuaternario pueden estar disgregados respecto a las
ciudades. Cada vez es más frecuente el modelo de comunicación mediante viodeoconferencias,
plataformas de trabajo compartido y otros mecanismos de telecomunicación.
En España se dedica en 2010 un 1,38% del PIB a I+D+i, con un total de 220.777
trabajadores en jornada completa.
Otros autores como Cossette prefieren desagregar el terciario entre los servicios de
información (informática, electrónica, telefonía, etc., destinada a difundir información de
investigación, de finanzas, de gestión...) y el resto de los servicios. Y lo hacen por una razón
ligada a la realidad: en la década de los años 90 en EE.UU. estas actividades ligadas a la
información implican, directa o indirectamente, a más del 45% de los activos, el resto de los
servicios al 30%, la industria a un 22% y la agricultura a algo más del 2%. En los primeros años
del nuevo milenio, dependen directa o indirectamente del sector cerca del 40% de los
trabajadores de todas clases: de hecho, bastó un error de previsión en el crecimiento del sector
de las telecomunicaciones para provocar una profunda crisis bursátil que llegó a su punto álgido
en el 2002 (en parte por el retraso de la telefonía móvil de tercera generación y el
incumplimiento en las expectativas del comercio electrónico), y que todavía en el 2003 tuvo
como consecuencias el despido de miles de trabajadores en empresas de telecomunicaciones,
como Siemens, etc.
3- Localización de las actividades terciarias.
En el ámbito mundial, los países de mayor desarrollo son los que concentran una mayor
porcentaje de empleos terciarios y sobre todo de valor añadido en servicios: hasta el 75% en
EE.UU., siendo mayoritario en todos los países de Europa occidental, Japón, etc. Los países
subdesarrollados, aunque tengan hipertrofiado el sector terciario en empleos de tipo elemental
(servicio doméstico, pequeños comerciantes ambulantes, chatarreros ambulantes y múltiples
negocios encuadrables en los límites de la economía sumergida: su seña característica es que el
sector terciario ocupa el primer lugar en cuanto a la mano de obra activa, seguido del sector
agrícola -economía de subsistencia y de plantación- y por último el sector industrial -una
industria endémica-), sin embargo cuenta con un valor añadido muy bajo, absoluta y
relativamente (muy inferior a la participación en el PIB de la agricultura y de la industria). Los
antiguos países socialistas, sin servicios domésticos ni avanzados servicios a las empresas,
presentaban una situación intermedia: el desarrollo del sector terciario no llegó a ser equiparable
al de los países desarrollados capitalistas. En la actualidad, desde 1991 viven una situación de
indefinición: se desarrolla el sector terciario a un ritmo lento, pues a la liberalización de la
economía y a la demanda de una mayor calidad de vida no le ha correspondido todavía una
posibilidad real de consumo de servicios terciarios particulares, ni la obsoleta industria demanda
por el momento de forma masiva servicios avanzados tipo consulting, asesoría legal y
financiera, etc.: la crisis de conversión sin duda está afectando a ese proceso (a medio plazo
imparable) de "terciarización" de los países excomunistas.
Dentro de cada país, el terciario en términos de empleo y sobre todo de valor añadido
tienen a concentrarse en las ciudades, y hasta la crisis industrial de los años 70, a mayor tamaño

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de ciudad, mayor concentración terciaria. Philippe propone en 1984 una medida del coeficiente
de especialización terciaria, definido así:
e (especialización terciaria)= Ii/It:Ei/Et,
donde Ii= número de empleo terciario de la actividad i en la aglomeración I
It= número de empleos totales en la aglomeración I
Ei= número de empleos terciarios del país
Et= número de empleos total país
En las ciudades francesas de 5.000 a 10.000 habitantes, este coeficiente es de 1,1, en las
de 10.001 a 100.000 es de 1,2, en las de más de 100.000 es de 1,35, y en París es de 1,40: a
mayor tamaño de población, mayor especialización del sector terciario.
A partir de la crisis industrial de los 70, con la desindustrialización-reindustrialización y
la desurbanización-periurbanización, hay ciudades medias que atraen mejor la industria de las
nuevas y altas tecnologías y consiguientemente los servicios a las empresas e incluso las sedes
directivas por sus mejores servicios generales (aeropuertos, telecomunicaciones, universidad
politécnica...) y calidad ambiental, con lo que la jerarquía de servicios se acopla a una jerarquía
de ciudades donde la cúspide en dominancia y motricidad económica no siempre se
corresponde a la ciudad de más tamaño. Dentro de las áreas metropolitanas, la ciudad central
concentra del 70 al 90 del empleo terciario, en lo que se denomina CBD. (Central Bussines
Distrit)
A escala intraurbana, las actividades terciaras tradicionales se localizaban
mayoritariamente en el centro de la ciudad preindustrial. Este centro se fortaleció en la era
industrial con los servicios inherentes a la industrialización (bancos, compañías de seguros,
servicios a las empresas...) se crearon subcentros terciarios dentro de las grandes ciudades y en
conexión con el CBD. En la era postindustrial la falta de espacio y carestía del suelo lleva a
sacar al periurbano actividades terciarias, en relaciones con las directivas, consumidoras de
mayor superficie y que no tiene por qué estar en contacto con los clientes (centros de procesos
de datos, archivos, etc.)
Las actividades terciaras se localizan sobre puntos nodales (servicios) o sobre ejes
(transportes y comunicaciones): de ahí una primera distinción dentro del terciario entre estas
últimas, actividades axiales, y los demás, servicios nodales. El turismo pueden tener una
consideración nodal como servicio requerido por una clientela de una determinada área de
influencia.
En todo servicio nodal, geográficamente hay que diferencia tres elementos: el punto
donde se localiza el servicio; los flujos de relaciones espaciales que se producen entre los
usuarios del servicio y éste; el área de influencia delimitada por el alcance de los flujos del
servicio sobre el territorio.
En los servicios axiales, desde el punto de vista de la geometría de la organización del
espacio, habría que diferenciar entre los corredores de influencia suscitados por los ejes de
accesibilidad continua (por ejemplo, carreteras) y los efectos más nodales cuando la
accesibilidad es discontinua (por ejemplo, autopistas, ferrocarril...) En los servicios nodales el
área de influencia puede ser contigua y en torno al centro, como sucede con los servicios
inmediatos a la clientela, o desplegarse la relación entre puntos con arreglo a una jerarquía, en
que desde los puntos fuertes o dominantes se dirige y controla la actividad desplegada sobre
otros puntos más o menos distantes. La evolución tecnológica ha permitido el distanciamiento
entre las actividades directivas y los servicios a la clientela.
En la era industrial, los servicios motrices de alta productividad (actividades directivas,
de control, de servicios avanzados a las empresas) tienen a concentrarse en las ciudades, para

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aprovechar las economías de aglomeración provocadas por la reunión previa de otras
actividades económicas. Pero las economías de aglomeración se producen en la medida en que
no se rebasan ciertos umbrales de tamaño demográfico, a partir de los cuales se manifiestan
"deseconomías" (ejemplo: inversión de tiempo y dinero que supone el atravesar de extremo a
extremo una gran ciudad, mayor índice de bajas laborales de una ciudad industrial altamente
contaminada, como Bilbao: casi una tercera parte de los trabajadores sobrepasa los 15 días de
baja laboral anual). Hasta los años 70 las economías de aglomeración parecían funcionar
ilimitadamente, confirmando la tesis de los "lugares centrales" de Christaller: pero la crisis de
1973 fue también la de la gran ciudad, a la que afectó más aún que a las ciudades medias. Por
ambos motivos, el emplazamiento del sector terciario dedicado a determinadas ramas que
precisan un menor contacto con los consumidores (terciario indirecto o avanzado) ha mostrado
cierta tendencia a la dispersión, elección de ciudades que no coinciden con las viejas urbes
industriales.
Desde el punto de vista de la localización, el terciario público y privado tienden a
dualizar y separar las actividades directivas y las de servicio a la clientela, y a aproximarse entre
sí las primeras, en cuanto que las decisiones son mejores y más eficaces en la medida en que
hay información mutua entre los políticos administradores y los directivos empresariales. La
capacidad de decisión tiende así a concentrarse cada vez en el mundo, tanto desde las
administraciones como entre las multinacionales, y esta concentración se acaba materializando
en las grandes metrópolis mundiales. Paradójicamente, por debajo de muchos Estados hay
crecientes tendencias regionalistas y autonómicas que exigen descentralización administrativa
en el ámbito regional, produciéndose una jerarquía de decisiones político-económicas, de
acuerdo, en parte, con la propia jerarquía urbana (metrópolis mundiales, estatales, regionales) y
sus respectivas áreas de influencia (mundial, estatal, regional).
La elección de una ciudad como capital del Estado, de la región o de la provincia
conlleva la atracción de otras actividades económicas privadas y de nueva población con su
fortalecimiento dentro de la jerarquía urbana. Hay ciudades que se han proyectado como
capitales político-administrativas, como Washington, Otawa o Brasilia.
En el Estado capitalista contemporáneo la dirección de las finanzas es fruto de la
intervención tanto del Estado como del sector privado. La actividad financiera en una economía
de mercado consiste en buena medida en drenar el ahorro de los particulares para luego invertir.
Desde el punto de vista de los desequilibrios regionales resulta clave dónde se drena el ahorro y
dónde se invierte. En España, el sistema financiero público y privado agravó desde la
Revolución Industrial los desequilibrios, al drenar el ahorro de las regiones rurales pobres e
invertirlo en las industriales ricas; pero este modelo no es privativo de nuestro país, sino
consecuencia generalizable de la búsqueda de inversión en económicas de aglomeración.
Las actividades directivo-financieras desde el siglo XIX han experimentado un proceso
de concentración de los poderes locales en el ámbito regional, de las regiones a nivel nacional y
de las naciones a nivel mundial, lo que repercute en los centros o CBD de las metrópolis
regionales, nacionales o mundiales y que extienden su influencia al territorio regional, nacional
o mundial. Así, en España, los grandes bancos creados a fines del XIX en las grandes zonas
industriales del Norte acaban localizando sus sedes en el centro de Madrid, extendiendo su
influencia a toda España.
A escala mundial, la jerarquía financiera (bancos, bolsas de valores) está encabezada por
Nueva York y Tokio. En un segundo escalafón estarían Londres, París, Francfort y Milán... Por
debajo quedarían las metrópolis propiamente nacionales como Madrid. Las bolsas de valores de
Nueva York y Tokio repercuten diariamente en las cotizaciones de todo el mundo. Si bien es

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preciso constatar como elemento que matiza esta prevalencia de los grandes centros de decisión
financiera que se observa una creciente complicación en las relaciones económicas, de tal modo
que lo que sucede en áreas teóricamente no principales (las bolsas de los "Cuatro dragones" del
sudeste asiático en noviembre de 1997) acaba por influir en todo el planeta.
En el ámbito nacional, la capital del mundo financiero puede o no coincidir con la del
Estado. En la cúspide de ambas jerarquías, mientras en Tokio coincide, en EE.UU. hay una
dualidad Washington-Nueva York. Por debajo hay monocefalismos, como Londres, París,
Madrid, pero también hay bicefalismos como el italiano: Milán-Roma. Hay otros casos en los
que existe un pluricefalismo, como en Alemania y Suiza.
En el escalafón siguiente se encuentran las metrópolis regionales con un poder
financiero limitado, ya que la mayor parte de la banca o cajas de ahorro acaban siendo
controladas suprarregionalmente. Así por ejemplo, en España, por debajo de Madrid, solo
Barcelona, Bilbao y Valencia tienen bolsa de valores y significado financiero nacional (en la
actualidad Madrid controla el 28% de todo el crédito operado en España, Barcelona el 18%,
Valencia el 5% y Vizcaya el 4%).
En los países en que hay coincidencia entre la capital política y financiera, la
concentración de las sedes de las grandes firmas en su CBD es máxima. Así, las sedes asentadas
en París concentran más de las cuatro quintas parte de la cifra de negocios de las empresas
francesas. En espacios menos centralistas políticamente, pero donde coinciden capital política y
financiera, la concentración empresarial es menor, pero mayoritaria: la city londinense localiza
casi dos terceras partes de las grandes firmas del Estado; en Madrid tienen su sede el 49% de las
500 principales empresas, mientras el 23% lo tiene en Barcelona, el 5% en Vizcaya, 3% en
Valencia y 2% en Zaragoza. Cuando la capitalidad está dividida, la concentración se reparte,
aunque la capital financiera lleva el mayor peso específico.
Respecto a los servicios cualificados externos a las empresas (consulting, marketing,
etc.), existe una tendencia creciente por parte de las mismas a desentenderse de todo lo que no
atañe al aspecto productivo (especialización), encomendando dichos sectores complementarios
a empresas especializadas en estas labores. la empresas que los proporcionan debe estar
próximas a su clientela, las empresas productivas: así, si en la capital de Madrid se concentra el
92% de los "servicios a las empresas" en general, se concentran el 99% de los servicios
avanzados. Los servicios especializados de alta cualificación tienden por lo demás a
multinacionalizarse (EE.UU., Japón, Gran Bretaña), concentrándose las sedes en los países
industriales. De la economía de aglomeración se busca sobre todo la información mutua, la
relación directa (face to face) para los contratos, la accesibilidad a los centros de innovación
tecnológica y a un mercado laboral de alta cualificación.
Los servicios privados a los hogares, como el comercio, deben estar próximos a los
usuarios. Su demanda es dispersadora, en cuanto a que el usuario prefiere la inmediatez del
servicio, pero concentradora en cuanto a que requiere un umbral mínimo de negocio, de
actividad y de usuario para poder mantener el servicio. a mayor concentración de población
sobre el territorio existe una tendencia a una mayor concentración de los servicios; la
accesibilidad de la población a los emplazamientos de los servicios, es otro factor de
concentración; la frecuencia de uso (o de adquisición del servicio) es por otra parte
determinante en la mayor o menor ubicuidad del servicio. La demanda jerarquiza sus consumos:
a mayor frecuencia, exige mayor proximidad.
Las posibilidades de teorizar sobre la localización terciaria se abren a la investigación
geográfica cuando se reduce el número de factores como variables. Es lo que hizo por primera
vez Christaller en los años treinta, al partir de un medio natural y una accesibilidad isotrópicos

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(iguales) y de una distribución de la población homogénea: su teoría de los lugares centrales se
inspira en la llanura sur de Alemania.
El área de influencia de un servicio depende de la categoría o rango del servicio, de su
precio, de su accesibilidad, de la concentración con otros servicios en el mismo lugar que ahorre
desplazamientos a los usuarios, etc. A medida que nos alejamos del establecimiento se pierde
intensidad en la atracción. Algunos geógrafos (Peter Schöller) distinguen tres anillos de
influencia: el más próximo o umlamd, la zona intermedia o hinterland y la periferia.
Pero las formulaciones deterministas que parten de la consideración de la distancia,
accesibilidad, tamaño relativo de los municipios considerados (el del cliente y aquel en el que se
ubica el servicio), la jerarquía de niveles urbanos (conjunto de servicios que respectivamente
presentan una y otra localizaciones) sólo son globalmente válidos para las áreas rurales. En las
ciudades los consumidores pueden elegir entre varios establecimientos más o menos atractivos,
dentro de la distancia máxima que estén dispuestos a recorrer: en la áreas metropolitanas se
imponen unos modelos de probabilidad, como el Huff: la probabilidad de que un consumidor
visite el centro, existiendo diferentes posibilidades de acceder a establecimientos, depende del
tiempo empleado para dicho recorrido y el nivel jerárquico de dicho servicio requerido (a mayor
especialización, mayor probabilidad de desplazamiento más largo).
Al crecer el tamaño demográfico del área metropolitana y paralelamente el poder
adquisitivo, el parque automovilístico y las técnicas comerciales, las jerarquías comerciales
inter e intraurbanas evolucionan. La fricción de la distancia disminuye, los lugares centrales no
dominantes y un mercado limitado y próximo de forma exclusiva, sino que a ellos acuden
consumidores de centros diferentes. La ampliación del espacio da como resultado la
acentuación de la especialización de cada centro, de modo que se puedan distinguir de otros, al
tiempo que ello se evita la competencias. En las grandes metrópolis, si bien se mantiene la
relación población-número de comercios y servicios, se observa que hay más tiendas
especializadas y menos comercios generales de los que teóricamente podrían predecirse.
Desaparecen también los centros de categoría inferior y se da una superposición de áreas de
influencia especializada. En el comercio superior o específico se prescinde del coste de
desplazamiento, que apenas supone una fracción del coste total del producto.
En la era posindustrial se consolida un comercio nuevo de grandes superficies, de alta
productividad, y cierto carácter básico: es el caso de EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial, y
de la Europa desarrollada de los años 60. El incremento de las rentas, la dispersión residencial
de la población (dichos centros buscan como asentamientos las periferias bien comunicadas de
las ciudades), los frigoríficos más capaces y la incorporación de la mujer al trabajo
extradoméstico explican su auge. Los antiguos comercios intentan por su parte reaccionar
mediante la rehabilitación del centro histórico de las ciudades (crecientemente peatonalizado) y
la existencia de un servicio específico y de atención personalizada que no pueden ofertar las
grandes superficies comerciales. En los últimos tiempos se llega así a la coexistencia también de
fórmulas intermedias entre la atención personal y la rebaja en los precios (que en los
supermercados se basa en la adquisición masiva de productos, pero también en la existencia de
una menor proporción entre clientes y vendedores, en la intensificación del consumo a que
induce en el consumidor la abundancia de los productos expuestos y su variedad, el estudio de
la psicología de la percepción del comprador -dónde y cómo debe estar situado cada producto,
espejos adelgazantes, estímulo al consumo que supone "ver comprar" a otros compradores,
"accesibilidad de un producto que está al alcance del consumidor y no "detrás del mostrador",
etc.- ): son los grandes centros comerciales, conjunto de tiendas con mayor especialización y

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más alto estánding, que intentan recrear un ambiente colectivo que en sí mismo suponga una
zona de ocio.
En la medida en que en las "sociedades del bienestar" los Estados han tomado la
responsabilidad de las actividades de carácter sanitario, asistencial, educativo, cultural,
deportivo (y, en algunos países, religiosos), la localización de dichos servicios ya no obedece
principalmente a los principios de mercado, sino a la necesidad de una justa distribución
socioterritorial que se enmarca en la política de ordenación territorial. A partir de los años 60,
las corrientes sociales de la geografía centran su interés en los servicios colectivos, no teniendo
en cuenta la eficacia económica, sino el bienestar social, la equidad territorial, los efectos
provocados por la instalación de los equipamientos, etc.
Los modelos de localización-asignación trata de resolver al mismo tiempo tanto la
localización óptima de los servicios como sus áreas de influencia (usuarios asignados en razón
de la proximidad y accesibilidad al centro). Dentro de las corrientes geográfico-
comportamentales se han llevado a cabo estudios de los servicios colectivos desde la óptica del
usuario: percepción del servicio que le oferta un establecimiento, conducta espacial para elegir
uno u otro. El comportamiento del usuario depende de su edad, sexo, nivel socioeconómico,
caracteres que influyen en su movilidad, actividad y nivel de información. En menor medida se
ha abordado el análisis de la oferta desde la conducta de los dispensadores de los servicios.
A escala mundial, el nivel de equipamientos colectivos de los países varía en función del
desarrollo y el tipo de sistema socioeconómicos: a mayor desarrollo, mayor nivel de
equipamientos y a mayor intervencionismo estatal, mayor cobertura (lo que no quiere decir
mayor eficacia)
Dentro de una metrópoli se plantea también una jerarquía de localizaciones desde los
servicios más elementales y más urbanos (escuelas o botiquines de barrio) hasta los más
especializados (ciudades universitarias o sanitarias) para atender una mayor área de influencia.
Estos últimos suelen registrar un mayor impacto territorial (ocupación del suelo, paisaje,
tráfico...), por lo que merecen especial atención tanto en el planteamiento urbano como en la
ordenación del territorio.
4- Comercio y transportes
Según Vidal (en 1990) el comercio exterior de mercancías es la primera actividad del
capitalismo, sustituyendo los mecanismos del pillaje y expolio por el juego de las leyes del
mercado, sin que por ello haya desaparecido en la relación compra-venta el carácter de
dominante y dominado. La importancia del sistema de intercambios a escala mundial se ha
acrecentados extraordinariamente en las últimas década, repercutiendo en las finanzas, la
política y la sociedad de los países. A partir de 1910 existe una tendencia al incremento del
volumen y el valor del comercio mundial. Una primera etapa, sujeta a variaciones, se registra
entre principios de siglo y la Segunda Guerra Mundial, sufriendo el intercambio internacional
las interrupciones de ambas guerras y el crack de 1929 y su reacción proteccionista. A partir de
entonces, sólo la crisis de 1981-85, el crack bursátil de 1986 y la Guerra del Golfo de 1990 han
supuesto leves matizaciones a un imparable proceso de crecimiento en los intercambios, que en
1995 llegaban a la cifra de 10 billones de dólares.
La diversificación en la composición de las balanzas internacionales y los cambios de
estructura que conlleva el comercio internacional son dos rasgos reseñables: se refieren a la
ampliación del número de bienes comercializados, a la reciente incorporación de determinados
servicios como objeto de comercio internacional, a las variaciones del peso relativo de cada
grupo de comercio. En líneas generales podríamos decir que mientras a finales del XIX y
primera parte del XX prevalece el intercambio de materias primas y productos alimenticios (que

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en 1913 suponían el 56% del valor total de lo vendido internacionalmente), a partir de 1935 el
grupo de productos manufacturados asciende rápidamente y su valor supera a los restantes
productos. En las últimas décadas, pese a los cambios, las manufacturas siguen aportando más
de la mitad del valor de los bienes mercadables. Pero junto a los bienes materiales, que
constituyen el 80% del comercio en la actualidad, también deben tenerse en cuenta la venta de
servicios, que constituye el restante 20% del comercio, aunque algunos autores como Agosin
creen que esta cifra es realidad mucho mayor, consecuencia de la dificultad que presenta el
contabilizar la venta de servicios. Antes de iniciarse la crisis monetaria y energética de los 70, el
segundo lugar, detrás de los artículos manufacturados, lo ocupaban los productos alimentarios,
seguidos de combustibles, metales y minerales, y finalmente las materias primas de origen
agrario.
Frente a sectores estancados, existe un desarrollo a partir de entonces de sectores punta,
como la industria farmacéutica, la de material de oficina y tratamiento informático, la
fabricación de material eléctrico y electrónico doméstico y profesional, los productos
aeronáuticos y el material de precisión. Estos sectores de vanguardia, que en tonelaje significan
relativamente poco, tienen un alto ritmo de incremento de valor. Estos cambios tienen que ver
con los precios de los productos: en concreto con el crecimiento desproporcionado respecto a la
media de los hidrocarburos, y el abaratamiento por contra en términos relativos de los sectores
punta.
El carácter internacional del comercio se configura a lo largo de este siglo y
especialmente en la segunda mitad de tal modo que hoy puede decirse que ningún país queda
fuera del sistema, por modesta que sea su aportación a los flujos de intercambio. El
proteccionismo, característico de las últimas décadas del siglo XIX, se suaviza con la firma de
acuerdos internacionales que desde la Segunda Guerra Mundial tienden a internacionalizarse,
coincidiendo con la reconstrucción de las economías.
En la primera parte del siglo Europa controla el 73% de las exportaciones y el 62% de
las importaciones mundiales, con una balanza netamente positiva. El polo principal de la red de
intercambios es el Reino Unido, aunque su estrella comienza a declinar pronto. En otro polo,
ascendente, es EE.UU. En esta etapa se configuran también loas rutas fundamentales de
intercambio: las del Atlántico Norte, que sostiene el tráfico más denso, y las ramificaciones
hacia Asia Meridional, América del Sur y África. Las mercancías son predominantemente
productos primarios, alimentos o materias primas.
Durante el período de entreguerras, en el que a los grandes conflictos se añade la
revolución soviética de 1917 y el crack de 1929, se introducen perturbaciones que no sólo
afectan al ritmo de crecimiento, como ya se dijo, sino al sistema de acuerdos, a las rutas y al
tipo de mercancías. Las relaciones entre países se fragmentan en bloques monetarios, de los que
los más activos son la libra esterlina, el dólar y el franco. Los acuerdos bilaterales, el
proteccionismo y los sistemas de clearing dominan la década de los 30, aunque los polos sigan
siendo, en esencia, los mismos. Entre los cambios acaecidos destaca el descenso de los flujos
comerciales entre Europa Occidental y Oriental, y la irrupción de Japón en el sistema, mientras
el Reino Unido pierde la primacía y las balanzas europeas presenta importante déficit: a puertas
de la SGM, Europa controla el 54% de las transacciones mundiales, EE.UU. el 9% Japón el 4%
y el resto del mundo el 38% restante.
Tras 1945, la urgente necesidad de reconstruir las economías acelera la reorganización
comercial, aunque se parte de un bajo nivel, pues Europa, principal motor de los intercambios,
ha sufrido más duramente la crisis bélica. EE.UU. toma el relevo y se convierte en el principal
exportador, con notables excedentes en su balanza, siendo un instrumento importante de su

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comercio su Plan Marshall, pensado tanto para levantar las hundidas economías europeas y
japonesas como para posibilitar un régimen librecambista en el comercio internacional.
Respecto al comercio, se es consciente de la necesidad de acabar con el proteccionismo y el
bilateralismo, lo que llevará a alcanzar un acuerdo sobre tarifas y aranceles, al que se invita a
adherirse a todos los países del mundo, y se configurará el GATT. Más tarde, en el seno de la
ONU se creará un organismo que atienda al tema del comercio conjuntamente con el del
desarrollo, la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo).
En la actualidad la Unión Europea sigue ejercicio un cierto dominio en las exportaciones
e importaciones, que casi se cifran en la mitad del comercio mundial, especialmente debido al
papel de Alemania, mientras España tiene un peso escaso en el volumen de exportaciones, pero
aparece integrada en la Unión Europea en cuanto al destino de sus ventas y origen de sus
compras. EE.UU. es el segundo polo de comercio internacional, aunque muestra un déficit
comercial que se ha vuelto crónico, y que constituye hoy por hoy uno de los principales
obstáculos a su desarrollo económico. Japón muestra por contra una balanza de pagos positiva,
comiendo terreno a gran velocidad a la posición hasta ahora hegemonía de EE.UU., en tanto
que los "Cuatro Dragones" asiáticos (Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur)
comienzan a contar en el panorama mundial como exportadores de manufacturas en
competencia con los países desarrollados, no sólo a nivel de industria textil, como hasta ahora,
sino en productos electrónicos ("industrias de montaje"), y con unas balanzas de pagos
claramente excedentarias. La incorporación de los países antiguamente comunistas a los flujos
comerciales sigue siendo testimonial, con balanzas negativas, si bien se trata de una situación
pasajera y que no se corresponde con su potencial demográfico y posibilidades económicas de
futuro. En concreto, el caso de la China crecientemente industrializada pero sobre todo con una
política más liberalizada, es aún una incógnita.
Los países del tercer mundo muestran situaciones comerciales muy heterogéneas:
mientras los países petrolíferos han perdido esa posición privilegiada de antes de 1973 (en que
ocupaban el 4º polo de comercio internacional, en su conjunto), los países de exportación
agrícola (generalmente dependientes de uno o dos productos suntuarios) sufren los vaivenes
coyunturales de forma acentuada.
La formación de bloques regionales complica aún más panorama comercial. Si como
aspecto positivo implica la creación de zonas económicas más homogéneas, como contrapartida
contribuye a privilegiar a las áreas desarrolladas en detrimento de la libertad comercial real,
incrementando las diferencias de desarrollo de partida. La Unión Europea, el Acuerdo de Libre
Comercio de EE.UU. y Canadá (ampliado posteriormente a México), la Asociación
Latinoamericana de Integración, Comunidad Económica de África Occidental, la Unión
Aduanera o Comunidad Económica de África Central, la Cooperación Económica de Asia y del
Pacífico o APEC, son los principales acuerdos de integración comercial, si bien sus finalidades
no son comparables.
El incremento de la interacción espacial ha tenido sus efectos en la extensión y mejora
de las redes de transporte a lo largo y ancho del espacio mundial. Es cierto que, a pesar de la
antigüedad de algunos ejes de transporte (heredados de las grandes civilizaciones), la mayor
parte del tejido que forman hoy las infraestructuras de transporte es bastante reciente. De hecho
el verdadero desarrollo de una red de carreteras moderna no se inicia hasta el siglo XVIII, en el
marco del centralismo político, administrativo y económico. El ferrocarril no inicia sus redes
hasta 1825, y sólo en 1807 se establece la primera línea marítima regular. A partir de la PGM
comenzará el transporte aéreo. Pero la densificación de la red de transportes es muy diferente en
los países desarrollados y subdesarrollados: Asia, Iberoamérica y África, con el 77% de la

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población mundial y el 58% de superficie, no cuenta más que con el 10% de todas las carreteras
pavimentadas. En los países desarrollados los ferrocarriles son una herencia colonial y fueron
construidos por ejércitos, sociedades privadas extranjeras y organismos coloniales para
favorecer la exportación de materias primas o extender su dominación. Los 84 Km. de
ferrocarril de Sierra Leona sirven para enlazar las minas de hierro de Marampo con el puerto de
Pepel. Sólo en la India y tal vez en algunos países del África Central puede hablarse de una
auténtica red de transportes terrestres, formada por itinerarios entrelazados en torno a
importantes nudos de comunicación, como la capital, también enlaza internacionalmente por vía
aérea. Por otra parte, se trata de vías viejas y material de transporte anticuado, que no han
logrado desbancar a los medios de transporte tradicionales.
En los países desarrollados no sólo debemos hablar de aspectos cuantitativos (mayor
densidad de carreteras y ferrocarriles), sino de mejores equipamientos: así sucede en Europa,
Norteamérica, países del Cono Sur sudamericano, Japón, Australia y Nueva Zelanda. En los
antiguos países comunistas se nota todavía el anterior predominio del transporte por ferrocarril
frente a la carretera. Como novedad de los años 80, algunos países como EE.UU. han
densificado sus dotaciones fluviales y portuarias, como efecto del gigantismo de sus economías.
La mayor densidad del tráfico aéreo se registra en EE.UU. y Europa Occidental, si bien existe
una creciente internacionalización de las rutas.
En las mejoras técnicas y organizativas (uso de containers, transporte combinado, etc.)
necesarias para atender a una demanda mundial muy exigente, han tenido un protagonismo
especial los países desarrollados, al os que cabe añadir desde los 60 los países exportadores de
petróleo y los del sudeste asiático. Hasta finales de los 70 el esquema de flujos internacionales e
intercontinentales de mercancías se mantenía relativamente estable, dominado por los
intercambios de materias primas por productos manufacturados entre los países más
desarrollados y los menos. A esos flujos de clara componente meridiana se añadirán otros
igualmente intentos en dirección oeste-este entre los tres grandes conjuntos desarrollados,
especialmente entre EE.UU. y Europa. Actualmente, en cambio, el mapa de las rutas
internacionales de mercancías es mucho más complejo, y podría esquematizarse así: se
mantienen la importancia de los tres grandes polos de la zona templada, y por tanto, de las
corrientes ellos a través del Atlántico, aunque el mayor crecimiento se produce en el Pacífico.
Tales corrientes no sólo están compuestas de manufacturas, sino también de productos
primarios, habida cuenta, por ejemplo, de la importancia adquirida por el comercio de carbón y
de cereales entre países desarrollados. Se mantienen también las corrientes norte-sur para
manufacturas, aunque en sentido sur-norte pierden importancia relativa las materias primas y la
adquieren las mercancías diversas, al tiempo que se consolida una corriente sur-sur. A la
tradicional ruta sur-norte petrolífera, se añade la incorporación de los países del sudeste asiático,
que también reciben hierro o componentes semielaboradas industriales.
En conclusión, los mapas de las rutas internacionales de mercados reflejan la dispersión
de la demanda y de la producción, en un contexto de regionalización de los intercambios y de
las corrientes de tráfico. Y se confirma el que los países en vías de desarrollo han aumentado su
tráfico aéreo: del 13% respecto al tráfico de dichos países, ha pasado a constituir el 30%)
5- El sector terciario en nuestros días: ocio y turismo.
En EE.UU. el sector del ocio se ha convertido en el motor económico fundamental,
especialmente a partir de 1981, y con un ritmo de implantación que es seguido (en la medida en
que su menor potencial de consumo de la población lo posibilita) por otros países desarrollados.
Ya en 1976 surge en dicho país la idea de unir comercios y centros de ocio: se trata de crear
mediante los centros comerciales la idea de que comprar es en sí mismo una forma de diversión,

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de ocio, por lo que al comprador potencial se le ofrecen desde actuaciones hasta un espacio con
microclimas agradables donde poder pasear: es el caso del Feneuil Hall en Boston (1976). En
los años 80 la especialización funcional y la localización de los centros de ocio-comercio, así
como una fuerte inversión en rehabilitación, ponen en marcha la recuperación de los frentes
marítimos de las ciudades portuarias, convirtiendo los viejos puertos en espacios lúdicos y
comerciales (Habor Place, en Baltimor). Hacia 1985 nacen, frente a los centros comerciales
concebidos como edificios únicos, los retails-parks o parques de actividad.
Con estos antecedentes, entre 1981 y 1990 el ocio se convierte en el factor principal de
atracción comercial. Los nuevos centros son directamente centros de ocio de grandes
dimensiones, con actividades comerciales como meros anexos. Se inauguran el West Edmonton
(Canadá), el Snasipark (Suiza), etc.
Por último, entre 1985 y 1997 se crean centros ya específicamente dedicados al ocio,
basados en la economía de escala (gigantismo) pero ubicados en parajes inicialmente no muy
atractivos (suelo abundante pero barato) si bien siempre ligados a zonas de fáciles
desplazamientos y ubicados en las proximidades de grandes ciudades. Es el caso de los parques
temáticos, como los de Disney, S.A. (Orlando, París, con participación o contrato de
colaboración de los estudios cinematográficos y otras empresas dedicadas al ocio, como
holdings de comida rápida, Coca-Cola, etc.), Park-Aventure en España, un parque temático
sobre el mundo romano en las inmediaciones de Roma, etc. (en fase de construcción), etc.
Pero no es el único ejemplo aducible al respecto: el turismo que, de la mano de un poder
adquisitivo creciente, de la revolución de los transportes, del crecimiento de las rentas, el
aumento del tiempo libre, la aparición de nuevas motivaciones y la liberalización de la
circulación y movilidad de personas, se ha convertido en otro de los polos del desarrollo
económico. Si en los años 50 apenas se registran 50 millones de salidas internacionales
turísticas cada año (y excepción hecha de la coyuntura vivida tras 1973) se ha pasado a una cifra
global de unos 341 millones de turistas en 1986 y aproximadamente 500 en 1995, a los que
deben sumarse algo más de 1.360 millones de turistas nacionales, que movilizan un total de
medio billón de dólares. Pero la dimensión del turismo precisa advertir que se concentra en un
área restringida del planeta, lo que supone una intensificación del mismo: Europa absorbe dos
terceras partes de los movimientos turísticos, mientras América (básicamente EE.UU.) copa una
quinta parte, mientras África, Asia Meridional y Oriente Medio apenas llegan al 3%. Más de la
mitad de los ingresos van así a parar a los países ricos, cantidad a la que habría que añadir las
"capturas" controladas por los touroperators (monopolistas y absorbentes) de capital
perteneciente a países ricos.
El incremento de las rentas en los países industrializados ha provoca todo un cortejo de
metamorfosis culturales, pero muy fundamentalmente el paso del subconsumo en que todavía se
mueven los países subdesarrollados a un estadio de superconsumo cuya diversificación permite
atender las nuevas necesidades de ocio. Al mismo tiempo, el crecimiento de la rentas ha
conseguido aumentar la propensión al ahorro, una parte del cual ha podido ser invertido en la
creación de estructuras colectivas de alojamientos; mientras tanto, estimulado por nuevos
hábitos culturales, tanto como por el aumento de la presión fiscal y el fantasma de la inflación,
el ahorro familiar ha sido canalizado hacia la adquisición de la segunda residencias, la forma de
alojamiento sin duda más característica de la condición turista de un espacio.
Como señala Jackowski, medios de transporte y estructuras de alojamiento, unido al
creciente papel monopolista de los touroperators, y un recorte del precio de los transportes
(entre 1980 y 1995 el precio del avión desciende un 20%), son los factores estructurales que
explican la densificación del turismo; mientras que, por parte del consumidor, toda una serie de

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mutaciones de la escala de valores morales y culturales, la cultura del narcisismo, la exaltación
del triunfo social basado en el fetichismo del consumo, la fiesta y el deporte, explican su
incremento. Por otra parte, el tradicional turismo litoral que era predominante sin duda hasta
1980, encuentra en tiempos más recientes una diversificación notoria: es el caso del turismo
invernal y de montaña, de los nuevos espacios hidrorrecrativos (desarrollo de deportes
acuáticos), el turismo de compras (que encuentra su antonomasia en Londres y los fines de
semana), el turismo de negocios y congresos, y turismo rural: es decir, un turismo que
signifique un cambio radical respecto a ese modo de vida urbano y artificial, anquilosado en
rutinas y desligado de la naturaleza.
En cuanto al comercio debe decirse que se hace patente una concentración creciente de
su actividad en manos de un reducido grupo de países: los 24 países más desarrollados del
planeta dominan en la actualidad más del 80% de las importaciones y exportaciones mundiales,
concentrándose en cuatro áreas el 78% del comercio mundial: Europa occidental, EE.UU. Japón
y los países del sudeste asiático. La actuación desde 1945 del Fondo Monetario Internacional y
del GATT (que aprobó en 1994 la creación de la Organización Mundial del Comercio) ha
liberalizado progresivas parcelas del comercio mundial, aunque todavía hay profundas
disensiones respecto al alcance de la liberalización de los productos agrícolas, de los servicios y
las telecomunicaciones.
Como muestra de la frenética actividad adquirida por el sector de transportes en nuestros
días, baste decir que en 1991 21 millones de personas trabajan en la aviación comercial, que
generó unos ingresos superiores a los 0,7 billones de dólares (utilizando un 53% del tránsito
total registrado aviones norteamericanos); o que en los últimos 20 años el flujo global de
mercancías se ha multiplicado por 20.
Por otra parte, en los últimos años estamos asistiendo a un avance fundamental: la
creación de autopistas de la información, redes por las que circulan una cantidad ingente de
textos, imágenes y sonidos de forma digital y de manera casi instantánea. Este avance ha sido
posible gracia a la tecnología multimedia, capaz de cargar, operar, distribuir y reproducir
informaciones de cualquier tipo. Bases de datos, videoconferencias, correo electrónico, compras
o uso de todo tipo de servicios relacionados con la imagen, suponen un nuevo (y, a efectos del
productor, más rentable) mercado, al alcanzar esa máxima de una economía de gran escala
(millones de usuarios, que no conocen la traba de las fronteras, imposibles de establecer), hasta
el punto de que se calculan que a través de Internet se mueven directa (por los productos
ofrecidos) e indirectamente más de 400.000 millones de dólares anuales, pese a ser una
actividad del sector terciario que apenas ha comenzado a andar. Las aplicaciones generales de
las autopistas de comunicación son múltiples: transformación del trabajo en teletrabajo (trabajo
desde casa, conectado por ordenador), teleenseñanza, videoconferencias, telediagnóstico, etc.
Desde 1998 ya existe un estándar europeo para los Servicios Avanzados Multimedia, que
provocó que en el año 2000 el 10% de las compras se realizasen por ordenador, y en el 2003 el
10,30% de los hogares dispusieran de conexión a Internet para la gestión distribuida, la edición
digital, la consulta y selección de noticias, fotografías y programas de vídeo y televisión, etc.
Por último, es preciso señalar la creciente importancia que en una economía
mundializada y de creciente complejidad en sus escalas presentan los flujos financieros, y por
tanto el amplio sector de actividad terciaria relacionada con él (banca, bolsa, seguros, fondos de
pensiones, etc.): se calcula que aproximadamente un billón de dólares se mueve diariamente en
el mundo en relación con los flujos financieros, de los que la mayoría no son pagos por un
servicio o una mercancía, como sucedía anteriormente, sino fenómenos meramente

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especulativos, que intentan generar ganancias mediante la compra y venta continuada de
monedas, bonos, fondos de pensiones, etc.
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