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El helecho y el bambú, una fábula para

entender la resiliencia
Edith Sánchez 16 junio, 2018 en Historias y reflexiones 0 compartidos



La fábula del helecho y el bambú nos habla de un hombre que pasaba por una
mala racha. Él era carpintero y le iba muy bien. Todo comenzó cuando a su poblado
llegó una gran empresa que fabricaba muebles. Tenían mucho dinero, excelente
maquinaria y bastante personal. Pronto se convirtieron en una verdadera sensación en el
lugar.

La fábrica hacía los muebles en tiempo récord. También los elaboraba con muy
buena calidad. Por si fuera poco, los vendía a precios más bajos que el carpintero.
Las cosas empezaron a ser cada vez peores para él. En apenas un par de meses ya sabía
que iba rumbo a la quiebra. Esto lo angustió.

“Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza


infinita”.

-Martin Luther King-

Para colmo de males también comenzó a tener dificultades con su esposa. Ella era
maestra de escuela y su salario no alcanzaba para sostener a los tres chicos que tenían.
El carpintero intentó buscar un nuevo trabajo, pero no lo conseguía. Su esposa lo
recriminaba y esto al final también afectó a los niños, que comenzaron a tener
problemas con sus calificaciones en los estudios.

El helecho y el bambú, una gran enseñanza


El carpintero de nuestra historia estaba verdaderamente desesperado. Cada vez tenía
menos dinero. También menos energía y menos optimismo. Su mente comenzó a
cerrarse. No veía una salida. Lo único que se le ocurrió un día fue ir a dar un paseo
por un bosque cercano, para tratar de poner en orden sus ideas. Estaba a punto de
conocer los secretos del helecho y el bambú.

Había caminado una media hora por el bosque, cuando se encontró con un anciano
amable que lo saludó. Tenía una casa humilde y al ver al carpintero lo invitó a pasar
para que tomaran un té. Notó la preocupación en su semblante y le preguntó qué le
pasaba. El carpintero le relató sus desventuras, mientras el anciano lo escuchaba atenta
y serenamente.

Cuando terminaron de tomar el té, el anciano invitó al carpintero para que fuera a
un esplendoroso solar que había en la parte trasera de la casa. Allí estaban el
helecho y el bambú, al lado de decenas de árboles. El anciano le pidió que observara
ambas plantas y le dijo que tenía que contarle una historia.

La historia prometida: el helecho y el bambú


El carpintero estaba muy interesado en lo que el anciano tenía para decirle. Este último
comenzó la narración. Esto dijo: “Hace ocho años tomé unas semillas y planté el
helecho y el bambú al mismo tiempo. Quería que ambas plantas crecieran en mi
jardín, porque las dos me resultan muy reconfortantes. Puse todo mi empeño en
cuidarlas a ambas como si fueran un tesoro”.
“Poco tiempo después noté que el helecho y el bambú respondían de manera diferente a
mis cuidados. El helecho comenzó a brotar y en apenas unos meses se convirtió en una
majestuosa planta que lo adornaba todo con su presencia. El bambú, en cambio,
seguía debajo de la tierra, sin dar muestras de vida”.

El anciano continuó con su historia, mientras el carpintero lo escuchaba con mucho


interés. “Pasó todo un año y el helecho seguía creciendo, pero el bambú no. Sin
embargo, no me di por vencido. Seguí cuidándolo con mayor esmero. Aun así, pasó
otro año y mi trabajo no daba frutos. El bambú se negaba a manifestarse”.

El tiempo y la resiliencia
Prosiguió el anciano diciendo: “Tampoco me di por vencido después del segundo año,
ni del tercero, ni del cuarto. Cuando pasaron cinco años, por fin vi que un día salía de
la tierra una tímida ramita. Al día siguiente estaba mucho más grande. En pocos
meses creció sin parar y se convirtió en un portentoso bambú de más de 10 metros
¿Sabes por qué tardó tanto tiempo en salir a la luz?”.
El carpintero pensó un momento, pero no supo qué decir. El anciano volvió a tomar la
palabra y le dijo: “Tardó cinco años porque durante todo ese tiempo la planta
trabajaba en echar raíces. Sabía que tenía que crecer muy alto y por eso no podía
salir a la luz hasta tanto no tuviera una base firme que le permitiera elevarse
satisfactoriamente. ¿Comprendes?”

El carpintero entendió el mensaje. Comprendió que a veces las cosas demoran,


porque están echando raíces. Que lo importante es persistir y no perder la fe. Antes
de despedirse, el anciano le regaló al carpintero un mensaje, para que lo guardara por
siempre. Decía así: “La felicidad te mantiene dulce. Los intentos te mantienen fuerte.
Las penas te mantienen humano. Las caídas te mantienen humilde. El éxito te mantiene
brillante”…