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Alice miller

El niño/a recibe una serie de daños (desamor, agresiones, desprecios, carencias, miedos, pérdidas,
etc.) entre los 0 y los 13 años.
el niño/a reprime (es decir, se "traga") instintiva e inadvertidamente sus emociones al respecto
(dolor, miedo, ira, odio, desamparo...) para no perder el supuesto amor de su familia, cuyos errores
minimiza o ni siquiera percibe (la idealiza).
el niño/a, a medida que crece, va olvidando la mayor parte de su dañino pasado (tal como se
olvidan los sueños), del que sólo quedan, como islotes, algunos recuerdos. Pero estos recuerdos
son sólo imágenes frías desprovistas de sus afectos asociados, que permanecen reprimidos.
a partir de la adolescencia, o tras algún suceso desencadenante en la edad adulta (relaciones de
pareja, relaciones sociales, estrés, frustraciones, pérdidas de cualquier tipo, etc.), el
sujeto comienza a mostrar extraños síntomas neuróticos (inseguridades, ansiedades, fobias,
obsesiones, agresividad, depresión, adicciones, etc.).
como el pasado ya está lejos y olvidado, nadie entiende nada. Los padres son ahora unos ancianos
"inocentes e inofensivos" que activan el sentimiento de culpa y el perdón forzado (es decir,
superficial y prematuro) por parte del hijo/a maltratado/a. Comienza así el calvario de la
psiquiatría y las malas terapias basadas en "culpar al enfermo", que encubrirán aún más, ahora con
argumentos pretendidamente "científicos" (3), las causas evidentemente biográficas del drama
íntimo del neurótico

Aquí emerge la agresividad culpabilizadora y chantajista de esta clase de


mensajes. ¿Tiene el hijo que pagar la factura por los "esfuerzos" de los
padres, pese a que sólo éstos decidieron engendrarlo (o ni eso), a menudo con
fines espurios o egoístas, y con frecuencia ni siquiera supieron amarlo? Sólo
los padres son responsables de los sacrificios que deben soportar, de igual modo
que sólo nosotros somos responsables de los animales o plantas que
decidimos cuidar, de los proyectos o negocios que decidimos emprender, etc.
El amor es, por definición, (relativamente) incondicional y no espera
retribución alguna. Como la gratitud es un fruto espontáneo del amor
recibido, los padres que exigen agradecimiento confiesan inconscientemente
su fracaso.
DECÁLOGO DE LA MADRE BASURA (5)

Una madre débil, neurótica y fundamentalmente incapaz de amar y cuidar a nadie.

1. Cierra los ojos. Sé ciega, mamá. Niega a toda costa lo mucho que sufriste en tu infancia.
Tu padre fue una buena persona o quizá un canalla, pero convéncete de que tu madre fue
una santa. Y, si no lo fue, simula que no te afectó, o que ya lo superaste (y perdonaste) todo,
o pregúntate qué tendrán que ver estas bobadas, "tonterías de psicólogos", con ese bebé que
tanto ansías. ¿No es cierto que vas a sacrificarte al máximo por él? ¿No hay un instinto
maternal (se dice) que va a iluminarte todo el tiempo? Convéncete de tu omnipotencia. Si
sufres cualquier problema grave (alcoholismo, depresión, trastorno de personalidad...), ni se
te ocurra pedir ayuda psicológica antes de tu maternidad. El mundo entero está de tu parte.
Todas las madres aman a sus hijos (eso dicen) y tú, no siendo menos que ellas, no tienes
nada que sanar, ni nada que aprender.

Un padre neuróticamente complementario.

2. Búscate un hombre. Elige un hombre débil como "padre de tu hijo" y que,


absolutamente sumiso o indiferente, te deje vía libre para todo. Donde mandes tú, que no
mande nadie más. O también puedes buscarte un dictador violento para depender
insanamente de él y defenderos juntos de ese hijo que pronto maltrataréis.

Privación afectiva severa del hijo

3. Congélate. Ya tienes tu bebé. Pero ese muñequito del que tanto esperabas, cuanto más
crece, resulta que más te pide, más te agobia, más te irrita, pues necesita de ti sin descanso
todo aquello que tú nunca recibiste de nadie (respeto, aliento, paciencia, ternura, libertad...).
Así que enfádate y aléjate de él. Trátalo con indiferencia. Déjalo que llore o rabie (ya se
cansará). No le dediques ningún tiempo libre (mejor disfrútalo con la vecina). Nunca le
escuches ni lo ampares. Ni se te ocurra acariciarlo o abrazarlo. Más bien grítale. Castígalo.
Frústralo sin piedad. Decepciónalo sin miramientos. Olvida a menudo su nombre. Lánzalo
a las fauces de su padre y/o jamás lo defiendas de los posibles abusos sexuales o violentos
de éste (o súmate a ellos)... También puedes dimitir como madre entregándote a
prolongadas depresiones, o a innumerables achaques hipocondríacos que te hagan ser el
centro de atención... Pero todo esto no una sola vez, ni dos, ni tres, sino siempre.
Continuamente. Durante años.

Castración/dominio mediante sobreprotección


4. Mutila en modo A (que otros llaman sobreprotección). Es crucial que parezcas una
buena madre, así que debes sobreactuar, "proteger" compulsivamente a tu hijo de toda clase
de peligros imaginarios. Imponle sin cesar tus miedos, tus advertencias, tus obsesiones, tus
prejuicios, tus deseos, tu voluntad sobre todo lo que él debe sentir, pensar y hacer. Todo
"por su bien", naturalmente. O críalo entre algodones. Satisface todos sus caprichos. Asume
tú las responsabilidades que le corresponden a él. No le enseñes nada ni lo coartes jamás.
Tenle miedo. Conviértete en su criada o su dueña. O, mejor aún, en su parásita. Absórbelo
como una araña para que "tu chiquitín" no sienta ni piense ni decida ni crezca ni se aleje un
milímetro de ti... Y no sólo una vez, ni dos, ni tres, sino todo el tiempo. Así lograrás
impedir el más mínimo desarrollo de sus alas. Crearás un ser perpetuamente débil y
asustado, vacío, un mero clon de tus miedos, carencias y frustraciones. Gracias a ello le
será muy difícil vivir por sí mismo el resto de sus días.

Castración/domino directos

5. Mutila en modo B (el de toda la vida). También puedes ser dominante, controladora,
asfixiante. Que las cosas se hagan sin cesar a tu manera. Gana siempre. Sé autoritaria e
inflexible. Ponle normas estrictas y prohíbele casi todo. Jamás pidas ni respetes su opinión.
No le dejes disfrutar de sus juegos, amigos, libertades. Reprime sus emociones. Castígalo
injusta o desproporcionadamente. Pégale a menudo. Aterrorízalo con gritos furiosos (mejor
esgrimiendo algún cuchillo o tijeras). Insúltalo (ya sabes: imbécil, hijo de puta, saco de
mierda...). Repítele lo inútil que es. Ponte tú misma como ideal de todo. Ensalza a sus
hermanos. Avergüénzalo en público y en privado. Nunca te conformes con sus notas
escolares. Cuestiona todo lo que hace. Minimiza sus logros. Búrlate de sus
fracasos. Intimídalo con amenazas y chantajes... Puedes hacerlo personalmente o permitir
que lo haga tu socio, el "padre de tu hijo", ese experto en toqueteos, voyeurismos,
bofetones, golpes, patadas, estrangulamientos y palizas... Pero recuerda: no basta con
hacerlo una, dos, tres veces. Hacedlo siempre. ¡Con entusiasmo!

Anulación del hijo mediante "invasión" abrumadora de los padres

6. Invade. Nada de respeto a su intimidad. Ningún miramiento con sus tiempos y espacios
privados. Que no haya pestillo en su habitación. Entra siempre sin llamar (la casa es tuya).
Remueve secretamente en sus cajones. Entrométete en sus conversaciones. Opina en todos
sus asuntos. Toma decisiones por él sin su permiso e incluso sin su conocimiento.
Persíguelo por teléfono, facebook, whatsapp.... Abrúmalo a todas horas con tus necesidades
y problemas. Exhíbele sin pudor tus desdichas con tu socio, vuestras violencias, llantos,
actividades sexuales, borracheras, drogas, amantes... Conviértelo por la fuerza en tu
pañuelo, tu falso amigo, tu bastón, tu novio incestuoso, tu cómplice de enredos, tu
intermediario... Que sea tu objeto, tu opio, tu retrete, tu esclavo... Él se dejará hacer porque
depende a vida y muerte de ti, porque se lo comerá la culpa si no lo hace, porque le aterra
perder tu amor ilusorio... Y además ya aprendió que la única persona importante del mundo
eres tú. ¿Quién osaría dudarlo?

Alienación afectiva/cognitiva mediante tratos inadecuados y/o contradictorios

7. Confunde. La mejor forma de volver loco a tu hijo es tratarlo locamente. Sé siempre


contradictoria con él. Mímalo por la mañana y pégale por la tarde. Permítele algo hoy pero
no mañana. Ordénale cosas que tú no eres capaz de cumplir (¡dar ejemplo te da grima!).
Espera de él cualquier cosa y también la contraria. Si hace algo bueno por ti, ríñele. Si hace
algo malo, sé incoherente. Sonríe aunque estés enfadada. Enfádate aunque no haya motivo.
Sé hipócrita y superficial. Manosea sus genitales. Cúlpale de tus problemas. Háblale mal de
su padre, de otros familiares, de sus amigos, de todas las personas que él quiere. Malmete
con sus hermanos. Envidia su belleza y juventud y compite con sus talentos mejores que los
tuyos. En todo conflicto, elige y ponte de parte de los demás... Y no una vez, ni dos, ni tres,
sino habitualmente. Muéstrate siempre incomprensible, imprevisible, desconcertante,
incluso peligrosa. Así él sabrá que, haga lo que haga, nunca podrá entenderte, ni
complacerte, ni merecer tu amor. Su corazón se irá desmoronando, su mente dejará de
comprender todas las cosas y, poco a poco, se irá aislando de la realidad. Excelente para
futuros y graves trastornos de personalidad.

Alienación afectiva/cognitiva por negación de las percepciones y defensas del hijo

8. Niégalo todo. Siempre que tu hijo se atreva a enfrentarse a ti, te cuestione, se enfade
contigo, etc., niégalo todo. ¡Siempre! Pase lo que pase, jamás comprendas nada, jamás te
disculpes por nada, jamás des tu brazo a torcer. Muy al contrario, muéstrate muy dolida u
ofendida, dale una bofetada, llora con desconsuelo, profiere vituperios y amenazas,
denúncialo a tu socio, llama al psiquiatra o la policía.... ¡Es tu ego o tu hijo! Si lo haces
bien, él volverá a dudar de sí mismo, renegará de sus percepciones y sentimientos, creerá
que tú tienes -como siempre- toda la razón y que él es, una vez más, culpable y
desagradecido... Un miserable mal hijo. Esto aumentará su desesperación y acelerará la
gravedad e inminencia de sus trastornos psíquicos.

Aislamiento (privación de apoyos y referentes exteriores)


9. ¡Acorrálalo! Esforzada mamá, aún te queda un peligro. Tu hijo todavía podría
escabullirse por algún resquicio, buscar amor, comprensión y apoyo en algún familiar (un
abuelo, una tía, un hermano...) o una persona externa (un amigo, un profesor, una pareja,
incluso un terapeuta...). Debes impedirlo a toda costa, o te descubrirán. Para ello, debes
lamentarte y manipular cuanto haga falta para poner a tu familia, tu vecindario, la escuela,
incluso el terapeuta de tu hijo, de tu parte. Es absolutamente imperioso que la única versión
sobre los problemas de tu víctima sea la tuya. No te será difícil, pues hallarás por todas
partes sicarios ávidos de darte la razón (parientes, vecinos, amistades, profesionales de la
salud mental...). Debéis, pues, perseguir sin descanso a tu hijo, como a una alimaña, hasta
acorralarlo en el callejón sin salida del más insoportable aislamiento emocional y social.
Sólo así, con la ayuda de todos, sus síntomas se agravarán definitivamente. (6)

Inmunidad, impunidad y victimismo parentales

10. Lávate las manos. Tu trabajo ya está hecho. Has conseguido devastar a tu hijo,
etiquetarlo, empujarlo a terapias interminables e incluso medicarlo o ingresarlo con
frecuencia en centros de salud o "rehabilitación". Has logrado obstaculizar su desarrollo,
prolongar su infantilismo, impedir su seguridad en sí mismo, su confianza en el mundo, su
capacidad de amar, su alegría, su estabilidad emocional, sus aspiraciones en la vida, su
potencial de éxito, su destino... Su alma está ahora llena de diablos devoradores: miedos,
culpas, iras, ansiedades, tristezas, violencia, autodesprecio, confusión, parálisis, delirios...
Incluso repetirá con sus hijos lo mismo que aprendió de ti. ¡Enhorabuena! Ahora ya sólo te
queda "preocuparte mucho" por su supuesto "trastorno" (¡ay, esos genes traviesos, esas
neuronas malvadas, esos feos aprendizajes!). Pide ayudas al gobierno. Comparte tu caso en
las redes sociales. Funda o súmate a asociaciones de "padres afectados"... Y, sobre todo,
nunca te canses de repetirle lo rarito que fue siempre, los disgustos que te sigue dando y lo
mucho que lo quieres. ¡Esto es importante! Así te asegurarás de que nunca, jamás, tu hijo
pueda recuperarse. Al menos, a tu lado.

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