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Arthur Schopenhauer

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«Schopenhauer» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Schopenhauer
(desambiguación).
Arthur Schopenhauer

Fotografiado en 1859 por J. Schäfer.1


Información personal
Nacimiento
22 de febrero de 1788
Danzig, República de las Dos Naciones
Fallecimiento
21 de septiembre de 1860 (72 años)
Fráncfort del Meno, Confederación Germánica
Causa de la muerte
Insuficiencia respiratoria 
Lugar de sepultura
Frankfurt Main Cemetery 
Residencia
Gdansk, Hamburgo y Fráncfort del Meno 
Nacionalidad
Prusiana
Religión
Ateísmo 
Familia
Padres
Heinrich Floris Schopenhauer y Johanna Schopenhauer
Educación
Educación
Ph. D.
Educado en
Universidad de Jena
Información profesional
Ocupación
Filósofo, profesor
Empleador
Universidad de Berlín
Universidad Humboldt de Berlín 
Movimientos
Pesimismo, nihilismo, ateísmo, antinatalismo
Instrumento
Flauta 
Obras notables
El mundo como voluntad y representación
Parerga y paralipómena
Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente
Firma

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Arthur Schopenhauer [ 'ʔatʰu:ɐ 'ʃo:pnhaʊɐ (?·i)] (Gdansk, 22 de febrero de 1788-
Fráncfort del Meno, Reino de Prusia, 21 de septiembre de 1860) fue
un filósofo alemán, considerado uno de los más brillantes del siglo XIX y de más
importancia en la filosofía occidental, siendo el máximo representante
del pesimismo filosófico.
Su filosofía, concebida esencialmente como un «pensar hasta el final» de la
filosofía de Kant, es deudora de Platón y Spinoza, sirviendo además como puente con
la filosofía oriental, en especial con el budismo, el taoísmo y el vedanta,
afirmando principios como el ascetismo y la noción de la apariencia del mundo.2 3
En su obra tardía, a partir de 1836, presenta su filosofía en abierta polémica
contra los desarrollos metafísicos postkantianos de sus contemporáneos. Su obra ha
sido descrita como una manifestación ejemplar de pesimismo filosófico.4
Su trabajo más famoso, Die Welt als Wille und Vorstellung (El mundo como voluntad y
representación),5 constituye desde el punto de vista literario una obra maestra de
la lengua alemana de todas las épocas.6 Desde el ámbito filosófico, tuvo gran
repercusión sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX en toda Europa y
supone además una de las cumbres del idealismo occidental y del pesimismo profundo,
que perdura en la obra de escritores y pensadores de los siglos XIX y XX.
Índice
1
Biografía
2
Pensamiento
2.1
Interpretación del mundo
2.1.1
Voluntad
2.1.2
Representación
2.2
Principio de razón suficiente
2.3
Pesimismo
2.3.1
Antinatalismo
2.4
Ética
2.5
Política
2.5.1
Bienestar animal
3
Legado
4
Hispanofilia
5
Véase también
6
Bibliografía
6.1
Primaria
6.1.1
Obras de Schopenhauer
6.1.2
Ediciones
6.1.3
Ediciones en español
6.2
Bibliografía secundaria
7
Referencias
8
Enlaces externosBiografía[editar]

La casa de Gdansk (en la actual Polonia) en la que nació Arthur Schopenhauer.


Arthur Schopenhauer nació el 22 de febrero de 1788 en el seno de una acomodada
familia de Danzig. El padre de Arthur, Heinrich Floris Schopenhauer, fue un
próspero comerciante que inició a su hijo en el mundo de los negocios, haciéndole
emprender largos viajes por Francia e Inglaterra. Su madre, Johanna Henriette
Trosenier, fue una escritora que alcanzó cierta notoriedad al
organizar soirées (veladas) literarias en la ciudad de Weimar. Tales reuniones le
brindaron al joven Arthur la oportunidad de entrar en contacto con grandes
personalidades del mundo cultural de su tiempo como Goethe y Wieland. Por lo demás,
el carácter extrovertido y jovial de Johanna contrastaba con la hosquedad
y misantropía de su hijo. De ahí que la relación entre ambos fuera bastante
conflictiva. Este rasgo de la personalidad de Schopenhauer condicionó también el
trato con su única hermana, Adele, nueve años menor que él.

Residencia de Arthur Schopenhauer desde 1793 hasta 1805 en Hamburgo.


En 1793, poco antes de que Danzig fuera anexada a Prusia, la familia se trasladó
a Hamburgo. Por expreso mandato paterno y a contramano de su propia vocación,
Schopenhauer inició en 1805 la carrera de comercio en calidad de aprendiz. Ese
mismo año murió su padre, presumiblemente por suicidio. No obstante, Arthur siempre
llevó una buena relación con él, estima que aparece en sus escritos al agradecer
que su independencia económica heredada de su progenitor le hubiera permitido
llevar a cabo su verdadera vocación. Al morir Heinrich Floris, el resto de la
familia se trasladó a Weimar. Es allí donde su madre decidió iniciar las ya
mencionadas tertulias literarias. Arthur, sin embargo, permaneció en Hamburgo con
el fin de ejercer la profesión de comerciante.
Pero, poco antes de cumplir los veinte años de edad, Schopenhauer decidió abandonar
definitivamente el comercio para emprender estudios universitarios. De este modo,
en 1809, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga,
donde asistió a varios cursos. Allí conoció a Gottlob Schulze, un profesor de
filosofía que le aconsejó emprender el estudio pormenorizado de Platón y Kant, para
que luego lo complementara con la lectura de las obras de Aristóteles y Spinoza.
La lectura de estos autores despertó en Schopenhauer su vocación filosófica y
en 1811 se trasladó a Berlín, donde estudió durante dos años, para seguir los
cursos de Fichte y Schleiermacher. Sin embargo, ambos filósofos —muy en boga por
aquel entonces— sólo consiguieron decepcionarlo. Algo parecido puede decirse
de Schelling, a quien Schopenhauer leyó intensamente, como también a Fichte, en sus
años de estudiante en Berlín. A pesar de haberse pasado a la facultad de filosofía,
Schopenhauer también se matriculó en cursos de filología clásica y de Historia y
asistió también a un buen número de cursos de ciencias naturales, pues consideraba
que estos conocimientos ampliaban y reforzaban su formación filosófica.7 Ante la
inminencia de los combates en contra de la ocupación napoleónica, Schopenhauer
abandonó Berlín y, tras una breve estancia junto a su familia en Weimar, decidió
retirarse a Rudolstadt. Allí terminó de redactar su tesis titulada Über die
vierfache Wurzel des Satzes vom zureichenden Grunde (Sobre la cuádruple raíz del
principio de razón suficiente), escrito este que presentó en noviembre de 1813 y
que le valió el título de Doctor por la Universidad de Jena.

Retrato de Arthur Schopenhauer de 1815 alrededor de sus 18 años por Ludwig


Sigismund Ruhl 
Poco tiempo después regresó a la casa materna en Weimar, donde tuvo ocasión de
vincularse con Goethe y de conocer al orientalista Friedrich Majer, quien lo
introdujo en la antigua filosofía hindú.8 Las conversaciones con Goethe en torno a
temas relacionados con la Teoría de los colores del poeta condujo a Schopenhauer a
elaborar una teoría propia al respecto, que plasmó en su segunda obra, Sobre la
visión y los colores, de 1816. Schopenhauer mostraría toda su vida una gran
admiración por Goethe, Homero, Shakespeare y escritores del Siglo de Oro español,
especialmente Francisco Suárez y Baltasar Gracián, a quien tradujo al alemán y a
quien leía y citaba siempre en español.
De la fusión de las doctrinas brahmánicas y búdicas con las enseñanzas
de Platón y Kant, habría de surgir el núcleo del propio sistema schopenhaueriano,
sistema este que quedó definitivamente plasmado en su «obra capital» (Hauptwerk,
denominada así por el mismo Schopenhauer) intitulada El mundo como voluntad y
representación (título original: Die Welt als Wille und Vorstellung).5 Schopenhauer
escribió su obra capital durante los cuatro años que residió en Dresde, concluyendo
la redacción del manuscrito en 1818. Aunque la primera edición apareció de hecho en
diciembre de 1818, se imprimió con la fecha de 1819, razón por la que generalmente
la obra se data según la fecha que apareció impresa.
A pesar de las grandes expectativas que Schopenhauer había cifrado en su obra, ésta
resultó un rotundo fracaso. Tanto fue así que, nueve años después de su aparición,
todavía quedaban en los depósitos de la editorial Brockhaus ciento cincuenta
ejemplares de una tirada de ochocientos, muchos de los cuales, a su vez, habían
sido reciclados en lugar de venderse.
Entre los años 1818 y 1819, Schopenhauer viajó por Italia y visitó las ciudades
de Florencia, Roma, Nápoles y Venecia.
En el verano de 1819, a raíz de una crisis financiera sin mayores consecuencias, se
vio obligado a volver a Alemania. Una vez allí, decidió entrar en la docencia. Fue
admitido como profesor en la Universidad de Berlín, donde comenzó a dictar clases
en marzo de 1820 como Privatdozent. Según una anécdota relatada por el propio
Schopenhauer, su examen de habilitación estuvo marcado por su confrontación
con Hegel, quien se hallaba en el tribunal.

Daguerrotipo de Arthur Schopenhauer en 1845, a los 57 años de edad.


Con la expresa intención de competir con Hegel, que a la sazón se estaba
convirtiendo, a todo efecto, en el filósofo oficial de la nación y gozaba de una
creciente popularidad, Schopenhauer hizo coincidir el horario de sus cursos con los
de aquel, aunque sin éxito alguno. Su fugaz paso por los claustros duró sólo seis
meses.
Schopenhauer emprendió, en 1822, un nuevo viaje a Italia. Más tarde, en 1825,
regresó a Berlín, donde intentó infructuosamente regresar a la docencia.
En 1831, huyendo de una epidemia de cólera —que ese mismo año había de cobrarse la
vida de Hegel—, Schopenhauer se radicó en Fráncfort, donde llevó una vida apacible
y recluida durante los últimos 28 años de su vida.
Después de una década y media sin nuevas publicaciones, en 1836 se decidió de nuevo
a llevar un escrito a las prensas: Sobre la voluntad en la naturaleza, donde se
esforzaba por mostrar las coincidencias de los resultados recientes de diversas
ciencias con las doctrinas de su filosofía. El año siguiente, presentó la
memoria Sobre la libertad de la voluntad humana, también conocida bajo el
título Ensayo sobre el libre albedrío, a un concurso abierto por la Real Sociedad
Noruega de las Ciencias, siendo premiada en enero de 1839. No tuvo la misma suerte
su memoria Sobre el fundamento de la moral, ya que la Real Sociedad Danesa de las
Ciencias, indignada por las invectivas contra Hegel y Fichte que se hallaban en la
obra, prefirió dejar desierto el premio. Las dos memorias fueron reunidas y
publicadas en 1841 bajo el título común Los dos problemas fundamentales de la
Ética.
En 1844 vio la luz la segunda edición de su obra capital, considerablemente
aumentada con diversas adiciones y con un segundo tomo con cincuenta nuevos
capítulos. La publicación dio lugar a algunas reseñas y a que comenzaran a aparecer
seguidores, de entre los cuales cabe destacar a Julius Frauenstädt. Dado que la
tesis doctoral, considerada por Schopenhauer la «introducción» ideal a su sistema,
no se hallaba disponible, emprendió su segunda edición (1847), sometiendo la obra a
severos cambios.

Lápida de la tumba de Schopenhauer (Cementerio mayor, Fráncfort del Meno).


Más tarde, en 1851, apareció una colección de ensayos y aforismos publicada bajo el
nombre de Parerga y paralipómena. Esta obra le permitió a Schopenhauer alcanzar
finalmente la repercusión y el renombre que por tanto tiempo le habían sido
negados. En 1854 se reeditaron el escrito de 1816 sobre los colores y Sobre la
voluntad en la naturaleza, ambos con abundantes adiciones y cambios. La tercera y
última edición de El mundo como voluntad y representación tuvo lugar, al fin, en
1859. Otras reediciones (Parerga y Paralipómena, Sobre la cuádruple raíz del
principio de razón suficiente) fueron realizadas póstumamente de la mano de J.
Frauenstädt, siguiendo indicaciones de Schopenhauer.
Schopenhauer murió como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio el 21 de
septiembre de 1860. Dos años después, Wilhelm Gwinner escribió un libro sobre su
trato personal con él y sobre sus gustos, apetitos y hábitos que no se molestaba en
ocultar.9 10
Pensamiento[editar]
Interpretación del mundo[editar]
Artículo principal: El mundo como voluntad y representación
La filosofía de Schopenhauer es atea. Una de sus tesis fundamentales manifiesta que
la miseria y el dolor del mundo contradicen la omnipotencia de un Dios bueno. En su
obra Sobre la visión y los colores presentó y formó una teoría sobre la visión que
ya apuntaba al concepto de «representación». Trabajó en la elaboración de su
obra El mundo como voluntad y representación durante cinco años para «desentrañar
el enigma de la existencia», presentando un sistema de filosofía que
comprendía gnoseología, estética, ética y una «metafísica» como fundamento único de
la realidad.11
Voluntad[editar]
Schopenhauer vio su filosofía como una continuación de la de Kant, y utilizó los
resultados de sus investigaciones epistemológicas, es decir, el idealismo
trascendental, como punto de partida para el suyo.
Schopenhauer, poco dado en principio a las licencias especulativas del idealismo
alemán, tomó como base de su propio sistema el criticismo de Kant. Sin embargo,
mientras Kant en la primera crítica negaba radicalmente la posibilidad de conocer
el noúmeno o cosa en sí (Ding an sich), Schopenhauer sostuvo que mediante
la introspección era posible acceder al conocimiento esencial del yo. Identificó a
este con un principio metafísico al que denominó «voluntad» o «voluntad de vivir»
(Wille zum Leben). Schopenhauer desarrolló un sistema llamado voluntarismo.
Denn da der ganze Mensch nur die Erscheinung seines Willens ist; so kann nichts
verkehrter sein, als, von der Reflexion ausgehend, etwas Anderes sein zu wollen,
als man ist <...> [Puesto que el hombre en su totalidad es sólo el fenómeno de su
voluntad, nada puede resultar más absurdo que, partiendo de la reflexión, querer
ser algo distinto de lo que se es <...>]12

El concepto de voluntad, en el estricto sentido schopenhaueriano, no alude a la


mera facultad psíquica de querer sino que, antes bien, se refiere a un ser o
esencia (Wesen) de carácter metafísico cuyo correlato sensible es el mundo
fenoménico. Kant había argumentado que el mundo empírico es simplemente un complejo
de apariencias cuya existencia y conexión ocurren solo en nuestras
representaciones. Schopenhauer reitera esto en la primera oración de su trabajo
principal: "El mundo es mi representación". No extraemos leyes empíricas de la
naturaleza, sino que las prescribimos.
Representación[editar]
En efecto: el mundo de los fenómenos —que a diferencia de la Voluntad está sujeto
indefectiblemente a las coordenadas espacio-temporales determinadas por
el principio de individuación (principium individuationis) y a la ley de causalidad
—, no es más que la Voluntad misma «objetivada» que, en cuanto tal, debe ser
entendida en términos de lo que Schopenhauer llama «representación» (Vorstellung).
Según Schopenhauer, la voluntad —en su modo de ser objetivado— se manifiesta en
todos los estratos del mundo natural, desde la simple piedra hasta el hombre, en
quien alcanza su grado máximo al adquirir la forma del deseo consciente —en cuyo
único caso pasa a identificarse con la noción corriente de voluntad—. En sí misma,
sin embargo, la Voluntad no es otra cosa que «un ciego afán (Drang), un impulso o
pulsión (Trieb) carente por completo de fundamento y motivos» (El mundo como
voluntad y representación, II. ii, 28). En otras palabras:
Bajo tales aspectos, entonces, resulta evidente que yo, con razón, haya puesto a la
Voluntad de vivir como lo ulteriormente inexplicable, o más bien, como fundamento y
base de toda explicación y que ésta —muy lejos de ser un palabrerío vacío como 'lo
absoluto', 'lo infinito', 'la idea' y demás expresiones similares— sea lo más real
(das Allerrealste) que conocemos; más aún: el núcleo de la realidad misma (der Kern
der Realität selbst). (Ibid.)
Principio de razón suficiente[editar]
Artículo principal: Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente
Schopenhauer redujo los doce conceptos puros a priori del entendimiento
(categorías) del sistema kantiano a uno sólo: el principio de razón suficiente, que
se subdivide en cuatro formas:
1. El principio de razón suficiente del devenir o de la causalidad que se
corresponde con la representación empírica;
2. el principio de razón suficiente del conocer que se corresponde con la
verdad lógica;
3. el principio de razón suficiente del ser que se corresponde con la
geometría y la aritmética;
4. y el principio de razón suficiente del obrar que se corresponde con el
conocimiento de sí.
Pesimismo[editar]

Billete de Danzig con la efigie de Schopenhauer (1923). Nótese el valor nominal,


consecuencia de la hiperinflación: 500 millones de marcos.
Ahora bien, en la medida en que la voluntad se expresa en la vida anímica del
hombre bajo la forma de un continuo deseo siempre insatisfecho, Schopenhauer
concluye que «toda vida es esencialmente sufrimiento (Leiden)» (Op. cit., IV, §
56). Para Schopenhauer, el deseo humano era inútil, ilógico, sin dirección y, por
extensión, también lo era toda acción humana en el mundo. Y aún cuando el hombre,
tras múltiples esfuerzos, consigue mitigar o escapar momentáneamente del
sufrimiento, termina por caer, de manera inexorable, en el insoportable vacío
del aburrimiento. De ahí que la existencia humana sea un constante pendular entre
la Escila del dolor (Schmerz) y la Caribdis del tedio (Langeweile), periplo este
que la inteligencia sólo puede anular a través de una serie de fases que conducen,
progresivamente, a una negación consciente de la Voluntad de vivir.
Es por ello por lo que Schopenhauer propone una huida del mundo. Con todo, no
aprueba el suicidio como camino, ya que el suicida no renuncia a la vida en sí
misma, sino a la que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables. Por lo tanto,
el filósofo reconocerá como válidas sólo tres alternativas, que jerarquiza según el
grado de aniquilación de la Voluntad implicado en cada una de ellas:
• la contemplación de la obra de arte como acto desinteresado, fundamento
de su estética;
• la práctica de la compasión, piedra angular de su ética;
• la autonegación del yo (asimilable a una suerte de nirvana) mediante
una vida ascética.
Por lo demás, Schopenhauer fue el primer gran filósofo occidental que puso en
contacto los pensamientos de su época con los de Oriente13 y uno de los primeros en
manifestarse abiertamente ateo.14
Antinatalismo[editar]
La sustitución de Dios por una fuerza impersonal y la importancia que adquieren la
reproducción y por tanto el sexo en su filosofía, ha llevado a algunos a
considerarlo un precursor de Darwin y de Freud.15 En su ensayo, Los Dolores del
mundo, argumenta una posición precursora al antinatalismo: "Si el acto de la
procreación no fuera acompañado de deseo y sentimientos de placer y se basara en la
base de consideraciones puramente racionales, ¿existiría la raza humana hoy?
Tendríamos compasión por las siguientes generaciones como para preferir ahorrarles
la carga de la existencia o al menos para no dejar sobre ellos esta carga a sangre
fría".16 17
Esto no quiere decir que uno deba odiar la crianza de los hijos o que no aportan
bienestar, sino que la crianza de los hijos, como el resto de la vida, es "una
tarea a realizar", en palabras de Schopenhauer. Cuando decimos que queremos que
nuestros hijos sean felices y seguros, lo que queremos decir es que crezcan para
tomar decisiones libres que son significativas y que estén dispuestos a arriesgar
sus vidas en ellas. Schopenhauer sugiere que el optimismo fingido, lo que
los existencialistas llamarán como "mala fe", tiene la extraña consecuencia
de alienar a los demás. Esta comprensión le otorga a un padre algo que el optimismo
generalmente prohíbe: empatía significativa por otra persona. Admite Schopenhauer,
"pone a los demás en una luz correcta; y nos recuerda lo que, después de todo, es
lo más necesario en la vida: la tolerancia, la paciencia, el respeto y el amor al
prójimo, que todo el mundo necesita y que, por lo tanto, todo hombre debe a su
prójimo".18
Ética[editar]

Fotografía de retrato de Arthur Schopenhauer en 1859, por Schäfer, J.


La ética de Schopenhauer fue expresada en sus obras Los dos problemas fundamentales
de la ética (Die beiden Grundprobleme der Ethik) y una cuarta parte de su trabajo
central, El mundo como voluntad y representación. La tarea de la ética no es
prescribir acciones morales que deberían hacerse, sino investigar acciones morales.
La filosofía es siempre teórica: su tarea es explicar lo que se da.19
Según la enseñanza de Kant sobre el idealismo trascendental, el espacio y el tiempo
son formas de nuestra sensibilidad debido a que los fenómenos aparecen en
multiplicidad. La realidad en sí misma está libre de toda multiplicidad, no en el
sentido de que un objeto es uno, sino que está fuera de la posibilidad de
multiplicidad. De esto se deduce que dos individuos, aunque parecen distintos, en
sí mismos no son distintos.20
Las apariencias están completamente subordinadas al principio de razón suficiente.
Por lo tanto, el individuo egoísta que enfoca sus objetivos completamente en sus
propios intereses tiene que lidiar con las leyes empíricas lo mejor que puede. Lo
relevante para la ética son las personas que pueden actuar en contra de sus propios
intereses. Si tomamos, por ejemplo, a un hombre que sufre cuando ve a sus
semejantes vivir en la pobreza y, en consecuencia, utiliza una parte significativa
de sus ingresos para satisfacer sus necesidades en lugar de sus propios placeres,
entonces la forma más sencilla de describir esto es que hace menos distinción entre
él y los demás de lo que generalmente se hace.
Con respecto a cómo nos parecen las cosas, el egoísta tiene razón al afirmar la
brecha entre dos individuos, pero el altruista experimenta los sufrimientos de los
demás como si fueran propios. Del mismo modo, un hombre compasivo no puede lastimar
a los animales, aunque parezcan distintos de él. Lo que motiva al altruista es la
compasión. El sufrimiento de los demás no es para él un asunto frío al que es
indiferente, sino que se siente conectado con todos los seres. La compasión es, por
lo tanto, la base de la moral.21
Entre los numerosos ensayos que contiene la obra Parerga y paralipómena sus
«Aforismos sobre el arte de ser feliz» Schopenhauer aconsejaba que para no ser
demasiado desgraciados, debemos olvidamos de la idea de que hemos venido al mundo
para ser felices y luego abordaba el arte de no ser desdichados con útiles
consejos.22
Política[editar]
La política de Schopenhauer fue, en su mayor parte, un eco de su ética. En
comentarios políticos en su Parerga y paralipómena, Schopenhauer se describió a sí
mismo como un defensor del gobierno limitado. Lo esencial, pensó, era que el estado
debía "dejar a cada hombre libre para que trabajara su propia salvación ", y
mientras el gobierno fuera así limitado, "preferiría ser gobernado por un león que
uno de [sus] compañeros ratas ", es decir, por un monarca, en lugar de un
demócrata. Schopenhauer compartió la opinión de Thomas Hobbes sobre la necesidad
del estado, y de la acción del estado, para controlar las tendencias destructivas
innatas de nuestra especie. También defendió la independencia de los poderes
legislativo, judicial y ejecutivo del poder, y un monarca como un elemento
imparcial capaz de practicar la justicia (en un sentido práctico y cotidiano, no
cosmológico).23 Declaró que la monarquía es "lo que es natural para el hombre", ya
que "la inteligencia siempre tiene bajo un gobierno monárquico una oportunidad
mucho mejor contra su enemigo irreconciliable y siempre presente, la estupidez" y
el republicanismo menospreciado como "antinatural ya que es desfavorable para la
vida intelectual superior y las artes y las ciencias ".24
Schopenhauer atribuyó la primacía de la civilización a las "razas blancas" del
norte debido a su sensibilidad y creatividad.25 A pesar de esto, estaba firmemente
en contra del trato diferente de las razas, era fervientemente antiesclavista y
apoyaba el movimiento abolicionista en los Estados Unidos.26 Schopenhauer también
mantuvo un marcado anti-judaísmo metafísico y político.27 El hombre goza de una
mejor posición en las reflexiones de Schopenhauer a diferencia de la mujer.28
Schopenhauer hizo grotescas comparaciones de las cualidades femeninas. Una de las
ideas más recurrentes fue la necesidad de que el hombre se relacione con la mujer
adecuada para que los hijos gocen de buena salud y buenas capacidades.29 Esta
visión de la importancia para las especies que elegimos amar se reflejó en sus
puntos de vista sobre la eugenesia.
Bienestar animal[editar]

Arthur Schopenhauer con su caniche caricaturizado por Wilhelm Busch


En este sentido, cabe destacar la acérrima defensa que propugnó por los derechos de
los animales, seguramente motivada por sus influencias de Oriente, de tal suerte
que en su obra pueden verse numerosos pasajes a este respecto:
La supuesta ausencia de derechos de animales, la zoantropía que nuestra actuación
hacia ellos no tiene relevancia moral o como se dice en el lenguaje ético no hay
deber frente a la criatura, es una de las barbaridades de occidente cuyo origen
está el Judaísmo.
Arthur Schopenhauer: Escritura premia sobre la base de la moral § 1930
La compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad de
carácter que se puede afirmar con seguridad que quien es cruel con los animales no
puede ser una buena persona.31
Una compasión sin límites por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura
de la buena conducta moral.32
Ni el mundo es un artilugio (Machwerk) para nuestro uso ni los animales son un
producto de fábrica para nuestra utilidad.33
El hombre no debe compasión (Erbarmen) a los animales, sino justicia.34
El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales.[cita requerida]
Legado[editar]
La originalidad y el carácter anticipativo del pensamiento schopenhaueriano dejó su
fuerte e insoslayable impronta en autores de la talla de Philipp
Mainländer, Richard Wagner, León Tolstói, Henri Bergson, Friedrich
Nietzsche, Sigmund Freud, Thomas Mann, Hans Vaihinger, Eduard von Hartmann, Carl
Gustav Jung, Albert Einstein,35  Otto Weininger, Otto Rank, Erwin Schrödinger,36
Ludwig Wittgenstein, Albert Caraco, Marcel Proust, Jorge Luis Borges, Pío
Baroja, August Strindberg, Émile Cioran, Samuel Beckett,37 o Miguel de Unamuno,38
entre otros.
El concepto de Schopenhauer de impulso («Trieb») sin objeto, presumiblemente a
través de la obra de Nietzsche, se situaría en la base de la
doctrina psicoanalítica de la pulsión de Sigmund Freud, otro pesimista.
Schopenhauer fue bien leído entre los físicos,
especialmente Einstein, Schrödinger, Wolfgang Pauli39 y Majorana. Einstein
describió los pensamientos de Schopenhauer como un "consuelo continuo" y lo llamó
un genio.40  Konrad Wachsmann recordó: "A menudo se sentaba con uno de los
volúmenes de Schopenhauer gastados, y mientras estaba sentado allí, parecía tan
complacido, como si estuviera comprometido con un trabajo sereno y alegre".41
Cuando era adolescente, Ludwig Wittgenstein adoptó el idealismo epistemológico de
Schopenhauer. Sin embargo, después de su estudio de la filosofía de las
matemáticas, rechazó el idealismo trascendental epistemológico por el realismo
conceptual de Gottlob Frege. En años posteriores, Wittgenstein fue muy desdeñoso
con Schopenhauer, describiéndolo como un pensador en última instancia superficial:
"Schopenhauer tiene una mente bastante ruda ... donde comienza la profundidad real,
llega a su fin".42  Bertrand Russell tenía una baja opinión sobre el filósofo, y lo
atacó en su famosa Historia de la Filosofía Occidental por alabar hipócritamente el
ascetismo pero no actuar en consecuencia,43 de la que él mismo se defendía
respondiendo que no tenía la obligación de ser ejemplo de nada, igual que un
escultor no tiene la obligación de asemejarse en belleza a sus obras.15
Hispanofilia[editar]

Busto de Arthur Schopenhauer por la escultora Elisabet Ney.


Schopenhauer se declaraba como apasionado de la lengua española, sus autores y los
refranes, como atestiguan la aproximadamente treintena de libros en español
presentes en su biblioteca particular. Según atestigua una carta dirigida al editor
de Pedro Calderón de la Barca,44 Schopenhauer empezó a aprender español en 1825:
Desde 1825 vengo dedicado al estudio del castellano, y ahora leo su excelente
edición de Calderón sin dificultad alguna.
De hecho, su filosofía tiene mucho en común con los dramas filosóficos La vida es
sueño y El príncipe constante de Calderón, que también admiraba Goethe. Entre los
autores que admiraba se encontraba Baltasar Gracián, al que consideraba su autor
favorito "y uno de los primeros del mundo".44 Hasta tal punto llegaba su admiración
por Gracián, que se propuso traducir el Oráculo Manual de Gracián al alemán con el
título de Handorakel y que tradujo y publicó entre 1828 y 1832. Sobre El Criticón,
alabó la obra como «la más grande y más hermosa alegoría que jamás se ha
escrito».44
Entre los libros en español hallados en su biblioteca personal, se encuentran las
siguientes ediciones:
• El conde Lucanor. Don Juan Manuel. Ed. de A. Keller (1839)
• Las brujas de Zugarramendi. López Martínez (Burgos 1835)
• El Lazarillo de Tormes (Ed. H. deLuna)
• Guzmán de Alfarache. Mateo Alemán. (Valencia, 1787)
• El buscón. Francisco de Quevedo (1621, Pamplona)
• Estebanillo González. El diablo cojuelo. Luis Vélez de Guevara
• Fray Gerundio de Campazas. Padre Isla. (Madrid, 1770)
• Examen de ingenios para las ciencias. Juan Huarte de San Juan.
(Amberes, 1603)
• El Quijote. Viaje del Parnaso. Novelas ejemplares. Numancia. Miguel de
Cervantes.
• Los bandos de Verona. Francisco de Rojas Zorrilla.
• Los Castelvines y monteses. Laurel de Apolo. Lope de Vega (Leipzig,
1839)
• El café. Leandro Fernández de Moratín. (París, 1837)
• El doncel de D. Enrique el Doliente. Mariano José de Larra
• Oráculo manual y arte de prudencia. El Héroe. El político don Fernando
El Católico. El Discreto. Baltasar Gracián.