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El habitus y el espacio de los estilos de vida

Culto al Cuerpo ...

Estudiar las principales características de una sociedad particular, para Bourdieu


requiere en primer lugar comprender las diferencias y los principios de diferenciación
objetiva entre las personas, para entender no sólo las disparidades que separan y a la
larga definen grupos sociales, sino además para entender las disposiciones que guían los
comportamientos prácticos, las representaciones y las elecciones que realizan esas
personas a partir, precisamente, de las posiciones objetivas de diferenciación que ocupan.
Por eso para entender este trabajo realizaré previamente una explicación conceptos
fundamentales que giran en torno al Habitus mencionado por Bourdieu, para luego poder
acceder con mas facilidad al tema central de este trabajo que es “El Culto al Cuerpo” y a
dos entrevistas realizadas a dos profesionales en el área de la estética capilar.

Posición objetiva, disposición mental y corporal y toma de posición práctica 1[1]son,


por tanto, tres niveles de estudio que interconectan el ámbito de las propiedades y
posesiones materiales objetivas, con el de las estructuras cognoscitivas (tanto
conscientes como prerreflexivas) que guían las acciones prácticas de las personas, y el
nivel simbólico de las elecciones, de las distinciones con las que los sujetos explicitan e
interpretan sus posiciones sociales y las de los demás.

El estudio de las características pasa entonces por una conceptualización del


mundo social como un espacio donde las distancias entre los agentes se definen por los
volúmenes y las características de ciertas posesiones (llamadas capitales) presentes en
tal espacio y que pueden ser acumuladas, producidas, consumidas, gestionadas. De esta
manera, las posiciones ocupadas por unos son lo que son, por su relación con las otras
posiciones dando lugar a un “estructura de diferencias” fundada en la propia objetividad
del espacio.

1[1]
Bourdieu, P.“Espacio social y espacio simbólico”, en Capital cultural, escuela y espacio social, S. XXI,
México, 1997.
Tenemos entonces, una conceptualización de espacio social como una trama
intensa y dinámica, de relaciones de fuerzas de un campo de batalla donde se delimitan
posiciones sobre la base de diferencias en la “distribución de las formas de poder
eficientes” 2[2] que están presentes en el espacio en un momento dado.

El espacio social así constituido como red de posiciones y relaciones entre esas
posiciones puede ser estudiado de dos maneras complementarias:

 Por medio de las posiciones objetivas y las relaciones entre esas posiciones
producidas en torno a la apropiación y monopolio de ciertos bienes fundamentales
(estudio de los capitales y campos) 3[3].

 Por medio de las representaciones y distinciones con que las personas organizan sus
prácticas, optan por nuevas posesiones e interpretan las elecciones que otras personas
realizan. Este es el espacio simbólico cuya condición de posibilidad, está dado por el
espacio de posiciones objetivas, pero sobre el cual se actúa precisamente, a través de las
prácticas que orienta.

Los principios de diferenciación objetiva en el espacio social con los que Bourdieu
propone estudiar las posiciones objetivas que ocupan las personas, son “distintas
especies de capital”4[4]o “poderes eficientes” que dan lugar al espacio social y que, al
tiempo que permiten distanciar a las personas por la posesión de determinados bienes
sociales, permite a la vez agrupar en torno a la similitud de esas posesiones-propiedades
a las mismas personas en determinados “polos” o “clases de condiciones de existencia
social”.

El concepto de clase hace referencia a la identificación de condiciones de


existencia material más o menos similares, si se prefiere, a la posesión de capacidades,
de poderes y propiedades sociales similares en torno a las cuales es posible teóricamente
reunir a grupos de personas, creando un efecto de condensación (o curvatura del espacio
tiempo en el sentido einsteiniano) y diferenciación respecto a otras condiciones de
existencia condensadas (otras clases) que se diferenciarán precisamente por su relación
(oposición, competencia, convergencia, antagonismo, etc.) con las otras condiciones de
existencia o clases.

La construcción conceptual de clases en Bourdieu presenta una intelección de las


estructuras sociales centrada tanto en las diferenciaciones producidas a nivel de la
apropiación de determinados poderes, como en una interpretación relacional de estas
actitudes, en la medida en que la estructura de posesión de esos bienes por uno de los
polos, en su amplitud y su composición define la amplitud y composición de los poderes
en los otros polos.

Cada clase se configura en relación a las demás, en lucha frente a las demás y
cada transformación de la condición de una clase es sólo un momento de la
transformación en la condición de las otras clases, y por tanto, de sus luchas. Las luchas
de clases son por ello, el momento fundante de la construcción de las clases, por lo que

2[2]
Bourdieu, P. Razones prácticas, Anagrama, Barcelona, 1997, pág.42.
3[3]
Bourdieu, P. La distinción, Cap. “Economía de las prácticas”, Taurus, España, 1999.
4[4]
Bourdieu, P. El sentido práctico, Taurus, España, 1991, Libro 1.
cualquier persona o grupo social al interior del espacio, de manera objetiva habrá de
ubicarse por sus propias propiedades portadas en función de las propiedades eficientes
del espacio en una posición de diferenciación con una fuerza y en unas luchas de
posiciones, de enclasamientos, que están definidos de manera objetiva con
independencia del criterio o deseo que al respecto pudiera tener el grupo o la persona. Se
trata sin duda de un auténtico efecto de campo que se “impone a los agentes que se han
adentrado en él”.

El concepto de clases de Bourdieu no actúa como una típica clasificación de


ubicaciones estancas y separadas unas de las otras a manera de gabinetes, donde los
sujetos pueden ser encajonados. Tampoco se refiere a unos cuerpos compactos
autónomamente definidos y que después de ello pudieran entrar en relaciones y
conflictos.

El espacio de relaciones de fuerzas exige delimitar las posiciones, las


disposiciones y las prácticas sociales como condensaciones diferenciadas de unas
mismas fuerzas constitutivas del espacio (de ahí lo relacional), pero que además, no
tienen fronteras de cierre fijas pues se trata de condensaciones que generan flujos de
influencia “gravitacionales”5[5] que permiten distinguir múltiples líneas de fuerza o
fracciones de clase al interior de una misma clase. También permite visualizar diversas
posiciones intermedias que fluctúan alrededor de los polos fundamentales de clase, a
semejanza de los niveles de energía que se forman en los campos magnéticos dando
lugar a clases sociales intermedias, etc.

En conjunto, tres son los niveles conceptuales con los cuales Bourdieu arma la
categoría de clase social en las sociedades modernas y con los cuales logra articular la
dimensión objetiva, incluido su devenir histórico, con la dimensión mental, simbólica,
práctica, corporal, cultural. Estos tres niveles de la realidad son:

 Principio de diferenciación objetiva o dimensión objetiva de la estructuración de las


clases.

 Habitus o capital incorporado.

 Estructura simbólica: el espacio de los estilos de vida y el poder simbólico

Se trata del momento fundante de la condición de clase que se organiza en torno a


la distribución, conservación, ampliación, acumulación y transformación de tipos de
propiedades sociales designadas como distintas especies de capital.

Bourdieu habla del capital6[6]como una "relación social" que asigna eficacia
competitiva a determinados factores en el espacio social, son todos aquellos bienes
sociales, materiales e inmateriales, que siendo escasos y susceptibles de acumulación

5[5]
“El campo es un sistema magnético, un sistema estructurado de fuerzas objetivas, una configuración
relacional dotada de una gravedad específica capaz de imponerse a todos los objetos y agentes que penetran
en ella.”, P. Bourdieu, Respuestas para una antropología reflexiva, Grijalbo, 1995.

6[6]
Para Bourdieu, capital, no es el trabajo abstracto (valor) que se autovaloriza, como propone Marx, sino un
bien social cuya propiedad puede otorgar algún tipo de beneficio en el sentido más general del término.
dan lugar a una economía particular de producción, circulación y consumo, de
conservación, conquista, de valoración y desvalorización, etc.

En términos globales, junto al capital económico, Bourdieu propone la existencia


del capital cultural, el capital social, y el capital simbólico, como otros tantos principios de
diferenciación social objetivos en torno a los cuales se configura la lógica de Mercado,
esto es, un campo, y que en conjunto dan lugar a lo que él denomina los principios
fundamentales de la condición de clase.

El capital Cultural, esel conjunto de “factores eficientes”, de bienes, de


propiedades que permiten a sus poseedores ejercer un poder en alguna área especifica
de las prácticas culturales. Estas pueden ser en el conocimiento, en la educación, en el
lenguaje, el idioma, la ciencia, la estética, los gustos y, en general, en los modos de
apropiación de los objetos culturales legítimos con que cuenta una sociedad y que pueden
considerarse como distintas variantes del capital cultural que dan lugar a específicos
campos de competencia cultural como el campo artístico, el campo científico, el campo
cultural, el campo lingüístico, etc.

Este capital puede presentarse de tres maneras:

 En estado incorporado, esto es como cualidad aprendida depositada en el cuerpo,


adherida a la corporeidad de las personas y cuya existencia objetiva no puede separarse
de la subjetividad poseedora del bien como el capital lingüístico, los saberes heredados
por los aprendizajes tempranos de la familia, los arquetipos estéticos primordiales con los
que las personas valoran el mundo, etc.

 En estado objetivado, como los libros, cuadros, máquinas, y otros medios culturales
objetivos en los que ha quedado cristalizado un trabajo cultural previo y que poseen un
poder negociable en el mercado cultural.

 En estado institucionalizado , como los títulos escolares, universitarios (grados


escolares, títulos universitarios), de pos-grado (diplomados, maestrías, doctorados), y en
general los certificados académicos emitidos por instituciones de “consagración y
legítimación del bien cultural”, a través de los cuales se tabulan en términos de una
convención social aceptada, los grados del “saber” de las personas.

El capital Social esla “suma de recursos, actuales o potenciales, correspondientes


a un individuo o grupo en virtud de que estos poseen una red duradera de relaciones, de
conocimientos y reconocimientos mutuos, más o menos institucionalizados”. Se trata de
las redes sociales de conocimiento pero, ante todo, de reconocimiento que permiten a las
personas movilizar en su favor y en determinados momentos una serie de apoyos, de
garantías, de influencias, que le proporcionan algún tipo de bien material o simbólico.

Las relaciones de parentesco, la pertenencia partidaria, las amistadas cultivadas,


la vecindad, etc., son aspectos de estas redes de relaciones resultantes de “estrategias
de inversión social” como los dones, la participación en reuniones, las visitas en
ocasiones regulares, que ponen en movimiento un tipo de intercambio simbólico de
palabras, regalos, mujeres, sentimientos, desplazamientos y escenificaciones corporales,
capaces de crear un efecto de reconocimiento mutuo, que luego puede traducirse en una
multiplicación del capital económico o cultural poseído.
El capital Simbólico articula la conformación del campo simbólico como un nivel
expresivo y actuante de toda la trama de las clases sociales. “El capital simbólico es una
propiedad cualquiera, fuerza física, belleza, riqueza, valor guerrero que percibido por los
agentes sociales dotados de las categorías de percepción que les permite percibir y
reconocerla deviene simbólicamente".

En términos iniciales es el honor, el prestigio que ya fueron señalados por Weber.


El aporte de Bourdieu es el de articularlo en una estructura patrimonial de bienes
eficientes diferencialmente distribuidos entre todos los miembros de la sociedad; y
además, el precisar su capacidad de construcción de realidades simbólicas de
consecuencias prácticas.

“Es cualquier tipo de capital cuando es conocido y reconocido” ante la sola


presencia corporal de su propietario, del representante o del sello de la institución que
posee algún tipo de capital; es un “crédito, una especie de anticipo que la creencia del
grupo sólo puede conceder a quienes más garantías materiales y simbólicas le ofrece”

El conjunto de estos cuatro grandes bloques de capital, que en su interior


presentan sub-especies de capital (capital lingüístico, capital político, etc.), a su vez,
presentan unas características de forma y contenido.

En primer lugar son poderes bidimensionales; tienen cualidad (estructura) que


permite hablar de distintos tipos poder social que dan lugar a un campo específico y a
diferencias en el campo que vendrían a ser algo así como fluctuaciones de la energía que
crean pliegues interdependientes en la topografía del campo.

Tienen, además, volumen que permite medir la distribución específica de la


energía al interior del campo. El capital total poseído por las personas y grupos es la
combinación compleja de volumen y estructura de todos los capitales, que señala la
composición cuantitativa del capital total y los tipos de capital de los que esta compuesto.
En segundo lugar, existe una relación de convertibilidad de los capitales que
asume varias direcciones. Vertical, entendida como una variación en los volúmenes de
cada capital especifico y que es la resultante de las estrategias de valorización o
desvalorización incesante con la que las distintas posiciones se confrontan en el espacio
social.

Bourdieu propone la existencia de un principio de reconocimiento del capital que


se halla presente en la propia realidad objetiva del capital, en tanto aceptación tácita entre
las personas que están en el campo, de que esta en juego un bien acaparable y escaso
en torno al cual las personas se posicionan en el campo. Es un interés, una illusio, una
finalidad buscada a través de acciones “subjetivamente interesadas o desinteresadas”
que proporcionan una funcionalidad de direccionalidad en el campo y adhiere a los
sujetos a las reglas del campo.

Hay tantas illusios o comprensiones del sentido del “juego social” como campos
existen, a la vez que internamente este interés específico varia en cada campo según la
posición que se ocupe en él.

Hay por tanto según Bourdieu una razón, un sentido, un “interés” en todas las
acciones humanas incluidas aquellas en que se presenta el “interés por el desinterés”.
Una forma particular del “interés”, es el beneficio estrictamente económico; pero otros
campos generan otro tipo de interés en el que más bien la búsqueda de beneficios
económicos está desaconsejado y la “acumulación”, la ganancia se la obtiene por la
capacidad de “dar”, de ser generosos, desinteresados sin necesidad de que ello haya sido
calculado o conscientemente producido.

El interés por el desinterés por lo general puede ser vivido como un hecho de
gratuidad satisfactoria, de generosidad espontánea, prerreflexivo; eso no quita sin
embargo la concordancia de una serie de actos sociales en un campo social donde la
gratuidad es recompensada simbólicamente, dando lugar a la distribución de clases de
honor, respetabilidad, prestigio, autoridad y otras formas de poder simbólico.

Para Bourdieu, “la mayor parte de las acciones de los sujetos son económicas
objetivamente, sin ser económicas subjetivamente, sin ser el resultado de un cálculo
económico racional”. Se trata ciertamente de una reinterpretación de la dialéctica histórica
de los fines y de la ampliación de una interpretación materialista de las prácticas sociales
en torno al concepto de “economía de los bienes simbólicos” en la que la ganancia
económica queda en suspenso o reprimida pero en tanto otros beneficios simbólicos
emergen como recompensa de la actitud antieconómica (generosa), y más aún si ella es
desplegada al margen de cualquier cálculo consciente o deliberado. La economía de los
intercambios domésticos, el campo artístico, literario, científico, son lugares que pueden
ser estudiados a partir de las reglas de una economía de bienes simbólicos.

Junto a las propiedades principales de condiciones de existencia que pueden


clasificarse por el nombre de una “profesión” (asalariados agrícolas, agricultores
autónomos, peones, obreros especializados, obreros cualificados, empleados de oficina,
empleados de comercio, artesanos, pequeños comerciantes, técnicos, servicios médico-
sociales, maestros, industriales, grandes comerciantes, banqueros, peluqueros...), existen
otro tipo de propiedades como la ubicación en el espacio geográfico respecto a los
valores económicos y culturales legítimos, y que habilita tanto la cercanía o la lejanía de
las personas a un acceso real a los capitales por su competencia y posesión, como el
hecho de que la apropiación geográfica tiende a aproximar a personas que portan
parecidas propiedades y distancias sociales con los centros de ubicación de los poderes,
ampliando las probabilidades de encuentros “fortuitos”, de avenencias entre personas de
una misma posición social. Otro de estos capitales secundarios es el sexo: “una clase se
define en lo que tiene de más esencial por el lugar y el valor que otorga a los dos sexos y
a sus disposiciones socialmente constituidas”, por lo que las maneras que existen de vivir
la feminidad y la masculinidad son tantas como clases sociales existan.

La edad, pero en particular, la etnicidad, son otros criterios de selección y de


exclusión social que Bourdieu propone integrar al espacio multidimensional de poderes y
posiciones que conforman la clase social. Aunque no existe un trabajo específico de
Bourdieu en el que se abarque de lleno el papel de las diferenciaciones étnicas en la
sociedad actual, en antiguas como nuevas investigaciones ha tratado esta temática.

El habitus es una manera de entender el mundo y, además de armar dispositivos


de acción sobre el mundo que está siendo entendido. De hecho, la posibilidad de unas
luchas simbólicas capaces de erosionar las pautas dominantes del habitus dominado que
lo proyectan como habitus dominado en el porvenir, pasan por una lucha al interior de la
propia estructura del habitus de los dominados y no por su sustitución por la “ciencia” de
los científicos.
En este punto, el habitus se acerca más a uno de los aspectos de la definición de
Marx de ideología como el lugar donde las personas también toman conciencia de los
conflictos sociales y los dirimen.

Pero además no es un conocimiento cualquiera: en primer lugar, es un


conocimiento que permite anticipar el curso del mundo porque no necesita pensar el
mundo, no tiene una distancia objetivadora respecto a él porque “se encuentra inmerso en
él, forma un cuerpo con él”. Es pues un conocimiento por inmediatez, sin necesidad de
pensamiento reflexivo ni voluntad que empuja al individuo a hacer lo que se tiene que
hacer sin deliberación ni cálculo, en una suerte de “colusión implícita” entre el cuerpo
social y el cuerpo socializado.

En segundo lugar, es un conocimiento in-corporado, hecho cuerpo, adherido a los


esquemas mentales más profundos, a los dispositivos de la pre-reflexión, del “inconciente
social” con los que las personas guían la mayor parte de sus prácticas sin necesidad de
racionalizarlas, pero adecuadas a un fin racional. Es también un conocimiento hecho
cuerpo, una creencia somatizada, adherida a las elecciones más viscerales por las que se
pone en juego el cuerpo y que se explicita por el uso del cuerpo.

El habitus no es sólo un hecho de ideas susceptible de ser modificado por la


prédica de otras ideas; es un hecho de esquemas productores de ideas que se traducen
en prácticas que habilitan un repertorio acumulativo de prácticas susceptibles de ser
repetidas sin necesidad de conciencia sobre ellas, por la propia inercia de las
disposiciones del cuerpo, de las creencias corporales más profundas, y también claro, de
la conciencia y más allá de la conciencia, por las estructuras cognitivas del cuerpo,
objetivadas en la propia construcción social del cuerpo individual .

El habitus como “hexis”7[7]corporal. “Los esquemas del habitus, formas de


clasificación originarias, deben su eficacia propia al hecho de que funcionan más allá de la
conciencia y del discurso, luego fuera de la influencia del examen y del control voluntario:
orientando prácticamente las prácticas, esconden lo que se denominaría injustamente,
unos valores en los gestos más automáticos o en las técnicas del cuerpo más
insignificantes en apariencia, como los movimientos de las manos o las maneras de
andar, de sentarse o tomar, las maneras de poner la boca al comer o al hablar; y ofrecen
los principios más elementales de la construcción o la evaluación del mundo social”.

Ya sea la sobriedad, la discreción y severidad en su manera de vestir, hablar y


llevar el porte del pequeño burgués, el “estilo deportivo”, delgado, la frente despejada, la
sonrisa y andar apurado de los juniors de la clase dominante, la esculpida delgadez
resaltada por la ropa ceñida, el hablar con la lengua retraída y la boca semicerrada de las
señoritas de “alta sociedad” o el cuerpo delgado pero tenso marcado por el trabajo físico
desde temprana edad de los jóvenes obreros, la soltura controlada y la abundancia de la
carne exhibida por el comerciante exitoso, marcan todos por igual la manera en que las
clases sociales experimentan y expresan su opinión con el mundo social, la opinión que

7[7]
Habitus es la traducción latina que Aquino y Boecio dan al concepto aristotélico de hexis Héxis es un
concepto fundamental de la ética aristotélica y fue traducido de diversas maneras: 'modo de ser', 'hábito',
'tenencia', 'disposición permanente'. La variación semántica no es caprichosa; en efecto, el verbo écho
significa tanto 'tener' y 'poseer', como 'ser de un cierto modo', 'hallarse' o 'estar', en cuyo caso va acompañado
de un adverbio. Bourdieu refiere el 'estar dispuesto' o 'ser de un modo' propio del habitus en tanto "estructura
estructurante" a las diversas posiciones de sujeto del agente en cuestión.
tienen de si mismos en el. En el porte, los gestos, la manera de presentar y trabajar el
cuerpo, definen una “fisonomía social del cuerpo”, en los que están depositadas las
disposiciones más básicas y vitales del habitus pues en esa hexis corporal las personas
expresan el aprendizaje de su lugar en el mundo y su manera objetiva de ser en el
mundo. En la cara, los brazos y las piernas están depositados los imperativos y valores
sociales aprendidos en el pasado y que ahora están hechos cuerpo ; por lo que con la
hexis corporal, el habitus se expresa como el más amplio “conocimiento por cuerpos”.

 En este caso, elegí la publicidad gráfica del


desodorante Impulse Body Spray para explicar
como el cuerpo es portador de signos y a su vez
productor de signos. El habitus, junto a estas
características presenta otras como la de la
finalidad de la acción práctica, el principio de
incertidumbre e invención, el habitus como
formador de espíritu de cuerpo, como porvenir
factible, etc., que también son importantes para
entender los procesos de elaboración de las
prácticas sociales.
Lo que quiero resaltar es como estas
predisposiciones incorporadas, hechas cuerpo,
pueden ser vistas como propiedades del cuerpo
lanzadas como fuerzas de estructuración de la
sociedad a través de la práctica y, por tanto
como una forma específica de capital, como
capital incorporado y acumulado en el cuerpo,
que otorga a cada individuo, bajo la forma de
esquemas cognoscitivos del cuerpo, unas
capacidades específicas y diferenciadas, de
clase, para involucrarse en el mundo.

Quiero dejar en claro que simplemente tomo la publicidad para ver


gráficamente el habitus representado por una fragancia, como lo menciono antes
también como hexis corporal.

El estudio del habitus tiene por tanto una doble importancia para el estudio de las
clases. En primer lugar, permite entender la distribución del poder de generación de
representaciones, de disposiciones, de apreciaciones y valoraciones con el que las
personas emprenden acciones prácticas para conservar o modificar el orden social
objetivo del mundo que los ha producido a ellos.

En tanto poder estructurante, el estudio del habitus es el estudio de uno de los


poderes sociales más prácticos y de mayor influencia sobre la realidad y la conformación
de las clases sociales contemporáneas, pero a la vez, uno de los poderes sociales más
“inmateriales” porque está corporalizado en el sujeto, al modo de la fuerza de trabajo
estudiada por Marx que no es el sujeto obrero pero que está en el de manera inseparable
físicamente.

En segundo lugar, porque el habitus es un poder que es estructurado por las


propias luchas de clases desencadenadas en todos los demás terrenos de las
condiciones de existencia de clase y, en ese sentido, es una medida de la realidad de las
relaciones de clase, de sus posibles cursos, de sus potencialidades, de sus limites, etc.

El habitus al tiempo de ser un conjunto de esquemas cognoscitivos productores de


prácticas, es simultáneamente una serie de esquemas cognitivos de percepción y
apreciación de esas prácticas. Las cosas sociales, las personas, las clases de
personas, sus acciones, sus productos no sólo tienen una existencia objetiva marcada por
sus propiedades materiales objetivas, sino que además poseen una segunda existencia
simultánea al momento en que esas propiedades son percibidas y apreciadas en sus
relaciones mutuas por las propias personas que las poseen en relación a las propiedades
poseídas por otras personas y clases, y que a la vez son percibidas por esas otras
personas desde el punto de vista de las propiedades que ellas tienen o pueden llegar a
tener. Esta manera de existencia del mundo social donde las cosas tienen un significado
que es percibido por los agentes portadores de criterios de percepción pertinentes, es el
espacio simbólico.

Las propiedades de las personas, de sus acciones, mediante las cuales afirman y
despliegan su posición de clase en el espacio de las condiciones de existencia, son
entonces, también, signos, discursos, lenguajes que expresan en el terreno de lo
simbólico las posiciones, las diferencias de clase y las luchas simbólicas que en este
espacio simbólico se despliegan por el control y el monopolio del poder simbólico que está
en juego.

Con este concepto de espacio simbólico, Bourdieu retoma una antigua


preocupación de Weber sobre los reconocimientos, el honor y el prestigio que dan lugar a
los grupos de status, sólo que ahora no como una clasficación paralela a la de la clase
social, sino como parte de ella, como uno de sus componentes estructurales sostenido
sobre la presencia de una estructura simbólica en las que las distintas posiciones de clase
y luchas han de desdoblarse.

El habitus aparece
como un «sistema
socialmente constituido de
disposiciones
estructuradas y
estructurantes que es
adquirido en la práctica y
constantemente orientado
hacia las funciones prácticas»8[8] . El habitus es, por lo tanto, el conjunto de los esquemas
de percepción, de apreciación y de acción inculcados por el medio social en un momento
y en un lugar determinado; es decir, es un conjunto de disposiciones socialmente
adquiridas mediante el aprendizaje. En las siguientes fotos podemos observar lo
anteriormente citado y además podemos hacer referencia a los cambios en la vestimenta
según la época y las prácticas.

8[8]
P. Bourdieu, Réponses, Op. Cit. p.97
 Las fotografías muestran entre otras cosas como se visten los jóvenes de la ciudad
de Dolores para ir a bailar, los jóvenes en las dos fotografías tienen edades que oscilan
entre los 15 y 25 años. En la fotografía de la izquierda es de 1991, un gran grupo tanto de
chicas como de chicos con características similares tanto en la vestimenta como en la
imagen. La fotografía de la derecha es de este año (2001), las jóvenes tienen entre 17 y
20 años. Se notan diferencias en la presentación ante el público entre las fotografías, hay
cambios y permanencias. Las texturas de las prendas son diferentes, el vinílico, los
colores brillantes, las transparencias, y la texturas de las telas al tacto han cambiado. En
la fotografía del 2001 el cuerpo luce mas esbelto y delgado, los modelos al vestir son más
estilizados y pegados al cuerpo, los cabellos son mayoritariamente lacios, previa visita a
la peluquería. En la foto de 1991 las chicas se hacen bucles y rulos en su cabello sin duda
es “el boom de la permanente”, que menciona una peluquera entrevistada mas adelante.

Sea en el vestir, en el comer, en la manera de preparar los alimentos, en la


elección de las lecturas o los programas televisivos, en la práctica de los deportes o en la
manera de practicarlos, en los gustos musicales, en lo que se fotografía, en la elección de
la mujer o el hombre para enamorar, las personas al tiempo de elegir según sus
posibilidades y disposiciones incorporadas, afirman simbólicamente su distinción frente a
los demás de manera simultánea a cómo los demás se distinguen (o se acercan) a ellas a
través de sus propias elecciones y gustos. “Expresiones del habitus percibidas según las
categorías del habitus, las propiedades simbolizan la capacidad diferencial de
apropiación” mediante las cuales los agentes representan su propia posición y la de los
demás en el espacio social .

Esto es muy importante tomar en cuenta por cuanto hay una propensión de cierta
etnohistoria a asignar como peculiaridad andina la formación de identidades sociales
emblemáticas expresadas a través, por ejemplo de la ropa o el idioma. En realidad, toda
identidad social es emblemática; todo grupo o clase de condiciones de existencia afirma
sus condiciones de vida diferentes a las otras clases de condiciones de existencia
mediante sus gustos, sus elecciones estéticas, que vinculan sus posibilidades objetivas
con sus necesidades y deseos habilitados por su posición en el espacio social. En los
Andes como en Francia, en Australia como aquí en Uruguay, el espacio de los estilos de
vida manifiestos en los alimentos, la vestimenta, las celebraciones de casamiento, los
ritos mortuorios, las formas del cuerpo, etc., son momentos de distinción, de
diferenciación social mediante los cuales, cada segmento afirma su ser difiriendo de las
otras formas de ser y las otras maneras de ser validan su diferenciación exhibiendo
simultáneamente su distinta manera de gustar y elegir.

 Esta foto fue tomada en una playa de Brasil


cuando fui con un grupo de amigos, solamente
por la ropa de baño se puede distinguir la
nacionalidad.

En las preferencias definidas por el gusto,


las personas se acercan y optan por una clase de
objetos y de prácticas que han sido habilitadas
por el rango de sus posibilidades objetivas y las experiencias previas de haber satisfecho
esos deseos que han reafirmado el gusto por sus gustos; en esa medida, los objetos
elegidos, las formas de consumo optadas son elecciones que han manifestado el abanico
de probables despertado por su situación objetiva en volumen, posición y trayectoria de
los capitales poseídos y por eso aparecen como prácticas enclasadas.
Así, es posible hallar tantas clases probables de maneras más o menos comunes
de ordenar el mobiliario, de servir la comida en público y de prepararla, de emplear los
utensilios, de elegir vestuarios, del uso de la ropa en publico y en casa, de la manera de
adornar o usar las paredes, de practicar o elegir el deporte de su agrado, de hablar, de
presentar el cuerpo, de elegir los programas de radio o televisión, etc., como clases y
fracciones clase objetiva existen en una sociedad.

Pero a la vez, este gusto que dirige las elecciones en los estilos de vida y que
expresa hasta que punto la clase se ha hecho cuerpo y cosa, permite percibir los cuerpos
y cosas de otras clases de estilos de vida que no son los propios. Se trata ciertamente de
una lectura de la posición social y las cualidades objetivas a través de las cosas en que se
expresa esa posición social.

La objetivación en las cosas de las relaciones sociales9[9] entre las personas como
si se tratara de relaciones sociales entre las cosas estudiada como fetichismo social por
Marx y hasta cierto punto por Baudrillard, toma aquí una presencia plena en la medida en
que las personas y las clases de personas se diferencian y buscan diferenciarse de otras
clases, especialmente si la estructura patrimonial de su capital es menor, a través de las
cosas, al tiempo que las otras clases la distinguen en su posición social a través de las
mismas cosas optadas.

Se trata de un complejo sistema de diferencias elegidas y percibidas por todas las


clases que convierten a los estilos de vida en expresión simbólica de las diferentes
capacidades de apropiación, esto es, de la posición de clase, que vuelven a enclasar a las
clases de gustos en un sistema de clases, de posicionamientos en torno al poder de
distinción, al poder de ordenar las clasificaciones simbólicas, es decir, en torno al capital
simbólico capaz de legitimar y armar las gradaciones de prestigio, de valor simbólico de
las expresiones simbólicas de las posiciones de clase.
Si el espacio de las estructuras simbólicas es el de las creencias más profundas,
de los esquemas de ordenación y percepción incorporados con los cuales las personas
viven su ubicación en el mundo social, están en el mundo, trabajan el mundo más allá del
cálculo y la previsión consciente; el poder simbólico es la capacidad, la fuerza de ordenar
esas creencias hechas cuerpo, es el poder de enunciar el reconocimiento, la distinción
valorada, la distribución de los prestigios, de las virtudes mencionables, de la autoridad
reconocida.

El poder simbólico es el poder de imponer los principios de visión y división


legítimos, las categorías de percepción y apreciación, los sistemas de clasificación, las
escalas de valores reconocidas como valederas, deseables, por las cuales se está
dispuesto a esforzarse, y con los que las personas, las clases sociales, producen y
enuncian la realidad social que producen.

El poder simbólico es la capacidad de producir un sentido común legítimo, de


convertir lo particular en universal, de consagrar con palabras, cosas o gestos (véase las
ceremonias de trasmisión de mando presidencial, o de mando sindical en una comunidad)
las posiciones sociales que en potencia ya existían pero que no tienen hasta entonces

9[9]
Como Durkheim: las prácticas sociales no se explican recurriendo a la conciencia de los actores: suponen
un sistema de relaciones que escapa a su aprehensión.
una fuerza de existencia completa mientras no sea reconocida y por tanto acatada,
percibida como legítima.

 EL CULTO AL CUERPO
Entendida como consumo cultural, la práctica del 'culto al cuerpo' se coloca hoy
como preocupación general, que atraviesa todos los sectores, clases sociales y períodos
etarios, apoyada en un discurso que ahora hecha mano de la cuestión estética, ahora
muestra preocupación por la salud. Con todo, en cuanto preocupación general el culto al
cuerpo está presente en todos los segmentos sociales, la forma como este se establece
en el interior de cada grupo es diversificada. La elección de la modalidad deportiva, de
gimnástica, de danza y del gimnasio en que se practicará, esta asociada, probablemente,
a las demás esferas de la vida y a las demás elecciones realizadas en el mercado de
bienes.

Según Bourdieu, el lenguaje corporal es señal de distinción social, ocupando una


posición fundamental en su argumentación y construcción teórica, que coloca al consumo
de alimento, cultural y a la forma de presentación (incluyendo el consumo del vestuario,
artículos de belleza, higiene y de cuidados y manipulación del cuerpo en general) como
las tres más importantes maneras de distinguirse, pues son reveladoras de las estructuras
más profundas determinadas y determinantes del hábitus.

"El cuerpo es la más irrebatible objetivación del gusto de clase, que se manifiesta de
diversas maneras. En primer lugar, en lo que en apariencia parece más natural, esto es,
en las dimensiones (volumen, estatura, peso) y en las formas (redondas o cuadradas,
rígidas y flexibles, rectas o curvas, etc...) de su conformación visible, pero que se expresa
de mil maneras toda una relación con el cuerpo, esto es, toda una manera de tratar al
cuerpo, de cuidarlo, de nutrirlo, de mantenerlo, que es reveladora de las disposiciones
más profundas del hábitus".10[10]

Es posible que entendamos la preocupación por el culto al cuerpo como un rasgo


característico de las sociedades contemporáneas, así como también como un aspecto
íntimamente ligado a la constitución de lo 'moderno'. La preocupación por la corporeidad
muchas veces aparece bajo la forma de 'diversión' o 'entretenimiento', hay una serie de
hábitos físicos, sensoriales y mentales que, aunque existían desde el comienzo de siglo
son incorporados sistemáticamente en los cotidiano de sus habitantes en la segunda
década del siglo XX.
El antiguo hábito de descansar los fines de semana se volvió un despropósito
ridículo. Todos afuera: es allí que está la acción, así lo muestra García Canclini en
“Consumidores y ciudadanos”. La simple observación del conjunto de esas prácticas
caracterizadas como 'diversión' remite al ambiente urbano y a la idea de la
modernidad.
Por ejemplo, en el departamento de Maldonado, en sus diferentes ciudades, así en
el día o en la noche se percibe: deportes, danzas, ebriedad, drogas, estimulantes,
competencias, cine, shopping, fiestas, lanzamientos de productos, desfiles de moda,
salones de té, confiterías, cervecerías, playas, paseos, excursiones, viajes,
entrenamientos, acondicionamientos, carreras de fondo, de caballos, de bicicletas, de
motocicletas, de coches, de avión, tiro, marchas, campamentos, maniobras, parques

10[10]
BOURDIEU, P. La Distinción: criterios y bases sociales del gusto. p. 188.
de diversiones, el parque Medina, boliches, patinaje, paseos y carreras en bote,
natación, saltos ornamentales, masajes, saunas, la maratón de San Fernando,
recitales en la plaza del Vigía, eventos en general en las principales ciudades, toda la
semana.

En Punta del Este en verano todo los eventos giran en torno a la estética, a la
diversión, al show_off, a la prensa, todo se mediatiza, existe un relajamiento de la moral, y
son aceptadas las reglas de la moda tanto en el día como en la noche, los cuerpos se
pasean muy sueltos de ropa, fragancias muy sugestivas acompañan el glamour del
balneario. La práctica del culto al cuerpo está asociada a la idea de la modernidad: Por
detrás de todo eso, la filosofía es: ser joven, deportista, vestirse y saber danzar los ritmos
de moda y ser moderno, y además apreciar la estética en general.

Si nos remitimos al pasado, la década del '20 fue decisiva en la configuración de un


nuevo ideal físico, habiendo la imagen cinematográfica interferido significativamente en
esta construcción. Hacia el final de la década, las mujeres, bajo el impacto combinado de
las industrias de los cosméticos, de la moda, de la publicidad y de Hollywood,
incorporaron el uso del maquillaje, principalmente el lápiz labial, en sus vidas cotidianas y
se pasa a valorizar el cuerpo esbelto, firme. Como señala Featherstone (1993), la
combinación de esas cuatro industrias fue fundamental para la victoria del cuerpo delgado
sobre el obeso, en el transcurrir del siglo XX.

Es posible identificar, también en este siglo, tres fuentes fundamentales para el


estudio del cuerpo: en los años cincuenta, en los sesenta y en los ochenta. Los primeros,
debido a dos elementos: la expansión del tiempo libre y la explosión publicitaria en la
postguerra. Ser "deportista" pasa a ser, cada vez más, un imperativo de las sociedades
contemporáneas. Y esta tendencia de comportamiento está, ciertamente, relacionada a la
expansión del tiempo de ocio: vacaciones pagas, un tercio de días de asueto, la explosión
de los campings volviéndose las playas más accesibles, son elementos que
contribuyeron, a partir de la segunda mitad de los años cincuenta, la "revolución del
veraneo", que impondrá un nuevo concepto de vacaciones veraniegas, en el que la
exposición del cuerpo ocupa un lugar central.

La explosión publicitaria de la postguerra, por su parte, fue, sin duda, gran


responsable por la difusión de hábitos relativos a los cuidados del cuerpo y a las prácticas
de higiene, belleza y deportivas, recomendadas por médicos y moralistas burgueses
desde principios de siglo. El desarrollo del cine y de la televisión, con su red de
"olimpianos" 11[11], contribuyó, en gran medida para que los profesionales de los cuidados
del cuerpo vendieran sus imágenes y sus productos. Pero es importante resaltar el
cambio de comportamiento que se imponía en aquel momento. Al colocar imágenes de
estrellas de cine con blanca sonrisa y cabellos brillantes anunciando crema dental y
shampoo , mostrando su cuerpo y un nuevo concepto de higiene.

Los años sesenta fueron el escenario para la difusión de la píldora anticonceptiva, de


la llamada "revolución sexual" y del movimiento feminista, elementos que, asociados a la

11[11]
Los "Olimpianos" son definidos por Edgar Morin como los seres transformados en sobrehumanos por la
cultura de masas. Son los astros y estrellas de cine, los campeones deportivos, gobernantes, pintores y
escritores célebres. La prensa sería la responsable por "revestirlos de un carácter mitológico" y, por otro lado,
por buscar "bucear en sus vidas privadas a fin de extraer de ellas la substancia humana que permite la
identificación."
contracultura y al "hippismo" coadyuvaron a situar a la corporeidad como una dimensión
importante en el contexto contestatario que caracteriza a la época. El cuerpo es colocado
en escena por la contracultura como lugar de transgresión, de delirio y de "trance", a
través de experiencias con drogas y sexo.

Los años ochenta pueden ser entendidos como un momento importante para la
temática, en la medida en que en esa década la corporeidad se hizo notar como nunca
antes, en términos de visibilidad y espacio en el interior de la vida social, pues si en el
período anterior los cuidados del cuerpo se reconocían durante su exposición en los
veranos, a partir de la década de los ochenta las prácticas física pasan a ser más
regulares y cotidianas, manifestándose en la expansión de gimnasios por todos los
centros urbanos. Paralelamente a este proceso vemos el nacimiento de la llamada
"Generación Salud", a partir de los años ochenta, representativa de cierta postura frente a
la vida que, en cierta medida en oposición al modelo de comportamiento representativo de
la generación de sus padres, levantan la bandera anti-drogas, con especial énfasis en el
tabaquismo y el alcoholismo, junto a la defensa del medio ambiente, del naturalismo y del
llamado "sexo seguro" 12[12]que en algunos casos significa la revalorización de la virginidad
femenina, aunque no del casamiento, sino más bien de la certeza de que la primer
relación sexual puede significar un compromiso afectivo prolongado con la pareja.

¿Qué llevó a las sociedades contemporáneas a intensificar la preocupación y exaltación


del cuerpo y colocarlo como uno de los elementos centrales en la vida de las personas?.

En primer lugar, esa intensificación está ligada a la propia historia de la moda, que
puede ser entendida como las imágenes sociales del cuerpo, el espejo de una
determinada época y en ese sentido es interesante recordar que en el siglo XIX el
camisón de dormir sólo podía ser usado en la intimidad y cualquier referencia a él en
público, era motivo de vergüenza.

De la misma manera, los cabellos sueltos, sólo


eran permitidos en el espacio privado, siendo el peinado
una exigencia para salir a la calle. Mostrar el cuerpo
tampoco era algo muy común, las personas decentes
vestían con guantes y sombrero, apenas mostrando el
rostro, con excepción de los trajes de noche femeninos,
que mostraban grandes escotes. Gradualmente, la
plasticidad en el vestuario fue ganando espacio frente a
la rigidez.

Los hombres pasaron a usar cuellos más flexibles


y sombreros de fieltro blando en lugar de los cuellos
duros y sombreros rígidos. En cuanto a las mujeres
fueron abandonando los corsés y las cintas, que cedieron
su lugar a bombachas y corpiños. Las faldas se fueron
acortando, las medias valorizaron las piernas y los tejidos
pesados fueron reemplazados por otros más ligeros que
permitían que se marcaran las curvas del cuerpo .

12[12]
Fenómeno también fuertemente relacionado con la aparición del SIDA
 En una de las fotos vemos como se diferencian los trajes
de baño en el final del siglo XIX y el siglo XX. En otra, vemos
un grupo de jóvenes en 1948 disfrutando en las costas del río
Uruguay.

En términos de vestuario, el siglo XX estuvo marcado


por un desnudamiento y flexibilidad cada vez mayores, la
apariencia física pasa a depender cada vez más del cuerpo y
cuidarlo se torna una necesidad, pues cuidar el cuerpo es
prepararlo para ser mostrado. Sin embargo, cada paso que se dio en el sentido de
descubrir el cuerpo no estuvo libre de prejuicios, conflictos y escándalos: la bermuda de
los boy scouts en los años '20 fue bastante censurada, porque mostrar la piernas
públicamente era tabú; la bikini en los años cincuenta generó muchos conflictos entre
padres e hijas; la osada minifalda de los años sesenta escandalizó antes de volverse una
moda y el topless de los años setenta todavía es tabú, un ejemplo claro es lo que se vio
este verano 2001 en Punta del Este donde muy pocas mujeres se animaron a la
propuesta. Me atrevo a decir que las mujeres extranjeras fueron las que más se
mostraron dado a que en otros países el topless es comun y no cosa de jovencitas. Hoy,
en las ciudades, los hombres adoptan la bermuda como traje de paseo, y es común verlos
con la camisa abierta o el torso desnudo. Se trata de la exposición pública del cuerpo, que
gana cada vez más terreno.

La cuestión nutricional -o dietética- está, sin duda, ligada al tema en cuestión.


Cada vez más la cultura alimentaria de las sociedades occidentales está eliminando los
panes y las papas y privilegiando carnes blancas asadas, lácteos, legumbres y frutas
frescas, en sintonía con la idea de que el cuerpo perfecto exige un tipo de alimentación
ideal, que muchas veces excluye delicias exigiendo una dosis de sufrimiento. En la tapa
de este trabajo vemos la portada de la revista Gente, donde una joven actriz cuenta ese
“sufrimiento”). No se puede dejar de exponer la fuerte penetración de la "onda diet" en los
últimos años.

Junto a la industria "Diet", se ubica la de los Cosméticos 13[13]-que también viene


creciendo en forma alarmante, indicando la "materialidad" del proceso en cuestión: el
aumento de la preocupación por el cuerpo. No podemos dejar de reconocer y mencionar
el papel de los medios como parte fundamental en el proceso señalado. En lo que se
refiere a los medios impresos, vale destacar que la temática del cuerpo gana cada vez
más espacio desde los años ochenta, las revistas dedicadas a la moda y la imagen,
abrieron el camino para una veta que está siendo hábilmente explotada por las industrias
editoriales.

Los editores y escritores de moda de las revistas especializadas, como Harpers


AND Queen, Vogue, Marie Claire y Elleinfluyen en el éxito o el fracaso de los nuevos
estilos y diseñadores. Hoy por hoy en Uruguay podemos acceder fácilmente a diferentes
revistas de éste tipo, Paula, Para Tí, Mía, Planeta Urbano, Cosmopolitan, Rouge, etc. La
percepción del cuerpo en la sociedad contemporánea está sometida por la existencia de
un vasto arsenal de imágenes visuales, “ la lógica secreta de la cultura de consumo
depende del cultivo de un insaciable apetito para el consumo de imágenes."14[14]

13[13]
higiene personal, cosméticos y perfumería
14[14]
Featherstone, 1993, p. 178
El cine de Hollywood ayudó a crear nuevos modelos de apariencia y exhibición
físicas, llevando a un público masivo la importancia del "looking good". Hollywood difundió
nuevos valores de la cultura de consumo y proyectó imágenes de estilos de vida
glamorosos hacia el mundo entero. Las estrellas de cine ayudaron a conformar un ideal
de perfección física, introduciendo nuevos tipos de maquillaje, cuidados del cabello,
técnicas para corregir imperfecciones.

En EEUU aparecen revistas dedicadas a la vida privada de las estrellas, a sus


consejos de belleza, sus ejercicios y sus dietas. Revistas como Photoplay, Silver Screen,
Screen Book and Motion Pictureal publicar los "secretos de las estrellas" ofrecían a sus
lectores la chance de autoayudarse, con avisos llamando la atención para provisiones de
remedios contra el acné, senos grandes, senos pequeños, piel grasosa o reseca, etc... De
la misma manera, las imágenes publicadas por las revistas acerca de los personajes de la
industria hollywoodiana provocaban una revisión de la auto-imagen de los lectores, en un
juego de reconstrucciones constantes, ocasionando la reflexibilidad apuntada por Giddens
(1991) como constitutiva de la modernidad. 15[15]

En nuestro país las revistas similares a las


anteriormente citadas son Gente, Caras, Semanario,
Look, Mía, etc.

Lo mismo puede ser pensado en relación al


texto televisivo, que transmite imágenes de cuerpos
perfectos y formas de alcanzarlo, a través de los más
variados formatos (piezas publicitarias, programas en
vivo, novelas, películas, etc...).

La lista de los programas que permiten afirmar que su formato recupera y


actualiza matices genéricos, tratando temas del universo adolescente - juvenil, en realidad
es una lista grande (tanto en televisión abierta como codificada) algunos son: “Bay Watch”
o “H de P”, “Verano del ´98”, “Sexo en la ciudad”, “Ally Mc Beal”, “Versus”, “El Rayo”, MTv,
y los reality shows y mucho más...

Las historias giran alrededor del universo adolescente - juvenil, tratando temas
como la virginidad, la sexualidad, los pros y los contras en la decisión de casarse, las
relaciones entre pares, drogas, deportes,etc.

Por ejemplo en Bay Watch las escenas se desarrollan en diversos espacios,


mostrando que todo puede ser realizado sin salir de la playa:, cafetería, restaurant de
comida japonesa, video club, negocios de venta de ropa y accesorios, consultorios,
masajes, aparatos de gimnasia, etc, pero buena parte de los diálogos ocurren sobre lo
sucedido en el entorno, en la playa y en el vestuario, espacio en el cual las chicas pueden
intercambiar secretos íntimos sin riesgo de ser oídas por algunos de los varones, porque
los vestuarios están separados por sexo. Constantemente los cuerpos se evidencian
aunque cambie el escenario, continúan predominando, en términos de imágenes, muslos,

15[15]
Analizando el fenómeno bajo otra perspectiva, Edgar Morin trabaja la hipótesis de que el interés por la
vida privada de los astros y estrellas está relacionado con los mecanismos de proyección e identificación
accionado, capaces de introducir el imaginario del público receptor.
torsos, ombligos y colas perfectamente esculpidos, entre los vivos colores de bikinis y
mallas de baño.

Esta idea nos lleva a pensar que la imagen de la juventud, asociada al cuerpo
perfecto e ideal -que comprende las nociones de salud, vitalidad, dinamismo y, por sobre
todo, belleza- atraviesa contemporáneamente, los diferentes géneros, todas las fases
etarias y clases sociales, sobrepasando y componiendo, de manera diferenciada, diversos
estilos de vida.

Y es la fábrica de imágenes -cine, tv y publicidad- la que ciertamente ha


contribuido a para ello. La asociación entre la producción de imágenes corporales por los
medios (con preeminencia en el cine y la televisión) y la percepción de los cuerpos y
construcción de auto-imagen por parte de los individuos, es inmediata. Ninguna sociedad
en la historia, como ha sido dicho reiteradamente, produjo y difundió tal volumen de
imágenes del cuerpo humano a través de periódicos, revistas, avisos y de las imágenes
del cuerpo en movimiento en la televisión y en las películas.

Es curioso observar que esta época en la que el culto al cuerpo gana espacio
dentro de la vida social es, coincidentemente, cercano al señalado como el punto de
inflexión de las sociedades capitalistas occidentales, que pasaron a tener una nueva
conformación. Si la modernidad entra en una nueva etapa y avanza sobre espacios
diferenciados, lo mismo ocurre con el culto al cuerpo, o la relación de los individuos con
sus cuerpos, pues si el desarrollo técnico tuvo gran influencia sobre la vida social en esta
etapa contemporánea de la era moderna, lo mismo puede ser dicho en relación a la
corporeidad.

La técnica impactó en gran medida la relación de los individuos con sus cuerpos
en la sociedad contemporánea. La posibilidad de modelar o de diseñar su propio cuerpo
se sitúa como algo que favorece para cada uno estar lo más cercano posible a un modelo
de belleza que está establecido globalmente; finalmente las leyes del mercado de la moda
son internacionales.

Es evidente que la existencia de técnicas de manipulación y cuidados con el


cuerpo no son exclusivas de las sociedades contemporáneas. Estas existieron en otros
espacios y tiempos.

 Peluqueros vs. Estilistas ¿Hay diferencias?


Para completar este trabajo realicé entrevistas semiestructuradas con un carácter
cualitativo en la ciudad de San Carlos, a 2 profesionales en el área de la estética capilar.
Seleccioné 2 comercios, ubicados en diferentes puntos de la ciudad de San Carlos,
manteniendo como variables la edad y el género de los clientes.

 Los entrevistados

Son egresados de la misma Academia (privada).

El entrevistado Nº1
Hombre de 43 años, luce muy jovial, atlético, con 18 años de profesión.
Barrio “La Cuchilla” – Estilo Coiffeur – estilista.

El salón es amplio y funcional, tiene muy buena iluminación natural y artificial. Hay
2 cuadros abstractos muy grandes. Tiene plantas interiores, una jaula con tres cardenales
que cantan y música funcional. Los muebles son reciclados y patinados en tonos pastel.
También hay un muestrario de productos reconocidos químicos y naturales. Los sillones y
las sillas son de rattán, las butacas donde se sienta el cliente son modernas, y enfrente de
cada una de las dos hay un espejo. El entrevistado expresa que su comercio está lanzado
a un público amplio, a la Familia y al público masculino joven.

“... es un salón donde entra la familia, por ejemplo hoy vino un padre con
sus dos hijos y los 3 se cortaron el pelo...”

Las mujeres en general se aplican en su mayoría tintas en sus diversas formas, se


hacen brushing, se peinan y se cortan el cabello. Los hombres en su mayoría se cortan el
cabello, algunos, los más jóvenes se aplican tintas (rubio, violeta, verde, claritos,
mechones, etc.)

“...en San Carlos la gente es muy conservadora. Cuando realizo una tinta
violeta a un joven, el que espera lo observa demasiado y cuando sale, lo
miran con cara rara, por más que esté de onda ese color y el chico lo
sepa llevar...”

Los niños y los hombres en su mayoría sólo se cortan el cabello. El corte en las
mujeres es muy variado. Generalmente son cortos y melenas. Con respecto a los cortes
en los hombres, el corte hongo en los niños y algunos jóvenes es el más aceptado junto
con la media americana. En adultos los cortes son clásicos y en los adolescentes
desmechados.

“...yo corto sin patrón, doy forma, sólo cuando utilizo la máquina tengo
patrones a seguir”.

Los colores que más se aplican son el caoba, los cobrizos, tonos ciruelas, rojos y
pocos rubios. Hace muchos claritos y agrega:

“...hay que jugar con los colores. El caoba tiene vida, es difícil que quede
mal. El rubio se usa. Ya no es tan frecuente, se hace una base rubia y se
le hacen mechas rojizas. Bajo ningún concepto aplico tintas negras. El
negro endurece las facciones y no queda bien ni en natural. En cambio
los demás colores tienen vida. Hay que jugar con los colores”.

El estilista agrega:

“...trabajar con la cabellera de la gente es arte. Cuando trabajo pienso lo


mismo que piensa un pintor o un escultor. Siento que es arte, el goce
propio de lo que hago... la peluquería es una terapia para el hombre y la
mujer. La mujer viene cuando está bien, mal o deprimida. Te cuentan
mucho, hay que saber dialogar con la gente, hay que motivar a la
persona”.

 Los precios
“...hace tres años que los precios están iguales. No hay que lucrar tanto.
Relativamente trabajo bien durante todo el año y en verano el trabajo
aumenta un poco”.

Corte $ 90
Tinta en cabellos cortos $ 160
Tinta en cabellos largos $ 190
Claritos $ 280
Reflejos $ 280
Brushing $ 90

 El entrevistado Nº 2:

Mujer de 48 años, obesa y muy coqueta, con 31 años de profesión.


Barrio Artigas, Silvia Peinados Unisex

La peluquería es mediana, con muy buena iluminación eléctrica, con un amplio


espejo con lámparas, y un mueble con secadores e implementos para trabajar. Tiene un
mueble grande para lavar el cabello, plantas y flores naturales, cuadros y fotografías de
peinados, revistas de actualidad (Mía, Mujer, Caras, Gente) y libros de peluquería. Hay un
mueble pequeño con rueditas con diferentes peines y cepillos y diferentes accesorios.
Tiene un secador de pie, dos muebles con diferentes productos de cosmética capilar. Hay
dos butacas de madera con pasamanería para trabajar y sillones.

“...la peluquería es de barrio. Mis clientes son de campaña y de diferentes


barrios de San Carlos. La presentación comercial tiene que ser buena
desde el mobiliario hasta la relación con el cliente. Cuando cambié el
mobiliario modernicé la peluquería y sumó clientes. Mientras ofrecía lo
mismo, con los mismos productos y al mismo precio. El ojo llena más de
lo que ve, es verdad. Si ven lujo, creen que la peluquera sabe mucho”.

La mayoría de los clientes son mujeres de diferentes edades, predominando las de


treinta en adelante, siguiendo niños y jóvenes y por último caballeros. Las mujeres se
hacen tintas, cortes, peinados y brushing.

“...el cabello se usa lacio, la permanente ya fue. Ahora me piden


laciados, torniquetes y planchitas para mantenerlo, antes se marcaban el
cabello y se hacían bucles, frizados, era “el boom de la permanente”...”

Las señoras mayores se cortan, se tiñen y se peinan el cabello con tonalidades


rubio ceniza, pocos caobas. Las más jóvenes se hacen claritos y reflejos, laciados o
brushing, claritos. Expresa que las niñas se cortan solamente las puntas y el flequillo, los
niños se cortan el cabello y el corte hongo es el más popular. La mayoría de los hombres
jóvenes y adultos se hacen cortes clásicos, con tijera y máquina. Algunos jóvenes se
hacen laciados o brushing, claritos y también dos adultos se hacen tintas.

Con respecto a las tintas y la edad agrega:

“...los colores claros rejuvenecen, le dan vida a la cara, creo que la


peluquera debe orientar al cliente dado a que el cabello es el marco de la
cara, y que muchas veces ha cortes y coloraciones que no acompañan la
estética del cliente, los colores claros iluminan el rostro, como los claritos
y los reflejos. Cuando más edad tienen más coquetas quieren quedar, el
cliente que tiene dinero exige más...”

 Los precios

“...mi peluquería tiene que ser barata debido al punto donde se


encuentra...”.

Corte $ 55
Tinta en cabellos cortos $ 130
Tinta en cabellos largos $ 160
Claritos en cabellos cortos $ 200
Claritos en cabellos largos $ 300
Laciado en cabellos cortos $ 200
Laciado en cabellos largos $ 280

BIBLIOGRAFÍA

Aportes del Profesor Lic. Walter Menéndez.

Aportes del seminario: D e Reagan a Clinton – La política Exterior de USA por el Prof.
Fernando López Alvez.

BOURDIEU, P. La distinción, Cap. “Economía de las prácticas”,y ”El habitus y los estilos
de vida”, Taurus, España, 1999

FEATHERSTONE, M. "The body in consume culture". El Cuerpo: proceso social y teoría


cultural, London, Sage publications. (1993)

GUTIERREZ, Alicia B. Los fundamentos de las Ciencias del Hombre, “Pierre Bourdieu: las
prácticas sociales”, Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1994

Trabajo realizado por el Prof: Marcelo Fernando Mazzoni Michelena.


mazzo@lacasilla.com.ar