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ELEMENTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA

DEMOCRACIA UNIVERSITARIA

Con la firme convicción que es momento para que la universidad y los estamentos que la
componente inicien un debate más profundo hacia la real transformación de la universidad en
su carácter público, me permito sacar este nuevo documento de insumo a la discusión
académica, propositiva y sobre todo transformadora.

1. LA MOVILIZACIÓN

Sin pretender caer en coyunturalismo o visiones restringidas de la acción y lucha estudiantil,


pero si con la conciencia suficiente para señalar algunos aspectos fundamentales en este
intento por comprender el momento en el que nos encontramos, quisiera señalar que la
“movilización” (de cualquier sector social o popular) es en todo momento producto del trabajo
constante, el estudio, la elaboración de ideas, la unidad de criterios y la cohesión de
identidades entorno de un objetivo claro. Esto se hace condición cuando lo que se persigue
es la transformación del actuado estado de cosas que constituyen la realidad material de la
humanidad, y en nuestro caso concreto, cuando se busca la transformación estructural de la
universidad.

En este sentido, comprendemos la movilización, como aquel conjunto de acciones prácticas


que permiten el avance y desenvolvimiento de la lucha hacia nuevos estadios (espacios) de la
confrontación política y social, y que por demás tiene como característica fundamental su
permanencia en el tiempo con la acumulación suficiente de fuerzas y energías para alcanzar
la los objetivos previamente construidos, en una perspectiva de corto, mediano o largo plazo.
En este sentido, si la movilización en esencia es un avance en la profundización de la
confrontación, los antagonismos y las contradicciones, es por demás la forma en que se
manifiestan epidérmicamente los procesos de construcción de base.

Ahora bien, esta visión sobre la movilización atiende principalmente, a la idea de “movilización
consiente”, es decir de un proceso que ha puesto y trazado sus objetivos, construyendo paso
a paso su accionar, y cuya base fundamental es la organización. Por tanto no abandonara en
ningún momento la acción política, la acción práctica y la acción transformadora, hasta
alcanzar los objetivos trazados o ser derrotados inermemente por el enemigo. Vale hacer
salvedad, que no se menosprecia la importancia del “espontaneismo”, pero si se pone de
presente que este, sin una coherente conducción política, está en riesgo de volverse parte o
excusa de la propia reacción.[1] Me ha parecido pertinente, iniciar por este punto sustancial,
en tanto que las experiencias ocurridas al interior de la UPTC, (por lo menos en los últimos
años) obligan a replantear la forma en que se concibe y desarrolla la movilización estudiantil.
En primer lugar considero que existe una tergiversación de “la movilización” como fin último de
la lucha estudiantil y no como herramienta desdeñable de acuerdo a los avances y estados en
que se encuentre las luchas y reivindicaciones por las que hemos decidido volcarnos contra el
orden establecido.

En segundo lugar, la tergiversación de la idea de movilización, nos ha llevado a considerar


(antilógicamente) que esta representa parálisis. Es decir que la acción de la movilización se
restringe a la idea de interferir con la “normalidad académica” a partir del cierre y bloqueo de
edificios. En efecto, las que hemos considerado vías de hecho (bloqueos, plantones, marchas,
etc.) son fundamentales dentro de la lucha estudiantil, pero son tan solo una ínfima parte del
largo proceso que representa la movilización. Estas acciones se han convertido
lastimosamente en la cortina de humo para aplazar la construcción de base, las discusiones
de fondo y la organización del estudiantado. Los bloqueos y demás manifestaciones del
estudiantado en oposición o confrontación por determinada coyuntura, se han quedado
únicamente en acciones contestarías e inmediatistas, que además terminan por dar mayor
legitimidad al maniqueo discurso de la “no organización”, la confrontación directa sin el peso
de las masas y el desarrollo de seudo-populismos.

En tercer lugar y quizá como raíz de esta problemática, es la inexistencia de un objetivo claro,
la ausencia de una hoja de ruta o de un mediano vinculo unitario para el avance de la lucha
estudiantil en la UPTC y en Colombia. La historia del movimiento estudiantil está plagada de
intentos por avanzar en esta unidad, empero ninguna de estas ha tenido la capacidad para
superar la represión, el infantilismo, el vanguardismo y demás dificultades que implica la idea
de organización y construcción del movimiento estudiantil. Nuestra más reciente experiencia la
encontramos en la MANE, de la cual hemos analizado sus errores y aciertos, sus fallas y
avances, pero aún no hemos construido una iniciativa o que bien trascienda la MANE o que la
recupere y fortalezca en la lógica de continuar en el arduo camino de forjar la unidad
estudiantil, hoy más que nunca necesaria.

Estos aspectos deben abrir en nosotros un sinfín de interrogantes sobre nuestro papel como
estudiantes, organizaciones y comunidad académica sobre el cómo y el para que de la
movilización. No solo en un sentido teórico, sino en su praxis concreta basada en la
construcción y unificación del estudiantado en torno a un objetivo concreto que permita trazar
la tan anhelada ruta de la transformación.
Finalmente vale recordar dos premisas fundamentales, la primera de ellas es que la
movilización se encuentra ubicada en el plano de lo táctico y por tal su puesta en marcha debe
anclarse a la unidad de los todos los sectores participes de la lucha estudiantil y la segunda, a
manera de idea general, es que la combatividad del estudiantado está en su capacidad de
proponer, de construir y sobre todo de crear.

2. LA DEMOCRACIA

Para abordar este importante tema, quisiera partir de una idea fundamental, y que retoma el
actual debate al interior de la UPTC, “votación” y “elección directa” NO representan en
ningún sentido democracia. Ejemplo práctico de esta realidad lo encontramos en lo
cotidiano de la sociedad colombiana. (comicios electorales cada 3 o 4 años, que no son más
que formas maniqueas de legitimación de los poderes tradicionalmente instituidos y que
gobiernan en favor de sectores reducidos y en detrimento de las grandes mayorías de
colombianos que viven en condiciones de miseria y en la paupérrima pobreza) si partimos de
esta idea, resulta contradictorio pelear por institucionalizar formas de elección y votación al
interior de la universidad, que en la realidad general del país no han sido funcionales (a los
más sentidos intereses y necesidades de la población) y por el contrario cada día más
reproducen los vicios burócratas de la corrupción y la delincuencia política. Esta idea, en
ningún sentido va en contravía de la necesidad de dar mayor capacidad de decisión al
estudiantado en la dirección, gobierno y construcción de la Universidad, pero si es una mirada
crítica al excesivo reduccionismo que se ha venido dando en torno al debate fundamental
sobre la democracia universitaria.

Empero este agudo debate no puede desarrollarse sin tener una noción más o menos
concreta sobre que entendemos por Universidad y Democracia.[2] Para el desarrollo de la
idea de democracia, debemos partir por ampliar, resignificar y profundizar su “significado”
intentado ir más allá de la visión reduccionista, y por demás simplista, de comprender la
democracia a partir del ya conocido “demos” y el “Kratos” (poder del pueblo) aprendido en la
educación básica. La razón de pretender avanzar sobre este, se sustenta en el recurrente
error de simplificar está a dos palabras excesivamente generales, volátiles y de difícil
materialización que desdibujan las dinámicas, conflictividades y antagonismo de la misma.
Vale la pena resaltar que no se trata de eliminar el significado etimológico de la palabra, sino
de debelar aspectos fundamentales que se desarrollan dinámicamente alrededor de este.
En principio, comprendemos la idea de democracia como una construcción histórica y social,
cuyo fundamento es el consenso y por tanto se presenta como una relación dialéctica
constante e inacabada de la humanidad[3]. Esta idea se encuentra tranversalizada en todo
momento por noción de poder y por tanto de su efectivo ejercicio por parte de la sociedad. Es
por ello que resulta ingenuo reducir su desarrollo a un simple asunto de urnas electorales,
votaciones, mayorías o representatividades, al contrario de esto representa un conjunto de
principios que articulan la vida personal con el desenvolvimiento de lo social y por ende,
implican la articulación política de los individuos para la construcción de la sociedad y su
gobierno. Este último no reducido a la especulación de representación, sino a la conducción
ética y moral de la sociedad desde y para la propia sociedad.

Empero, valdría preguntar ¿existe una forma única de democracia? De hecho, pensar en la
democracia como una forma estática y predeterminada en la que se articula y organiza
políticamente la sociedad es una contradicción, ante esto vale la pena reiterar el carácter
dinámico, dialectico y polisémico que implica la democracia. En esta perspectiva, una cosa es
la democracia liberal, que como señala Hannah Arendt, “es una visión de Estado en el cual el
gobierno es un aparato de administración que regula los intereses privados”[4] en esta visión
la idea de participación se restringe al voto como forma de manifestar su opinión, y es en este
en donde termina su injerencia en el gobierno. Y otra cosa muy diferente la democracia
avanzada, como proceso de combate programático, reivindicativo y organizado,[5] es decir
que esta parte y reside en la organización popular para el ejercicio efectivo del poder, la toma
de decisiones y la conducción desde las bases del gobierno. Desde este punto de vista y
siguiendo a Lukács,[6] al concebir esta idea como proceso, resulta pertinente hablar de
democratización mas no de democracia como si fuese un estado concreto y determinado.

Esta diferenciación entre un u otro tipo de democracia, busca principalmente ampliar el


espectro del debate público que hoy por hoy se da en torno a semejante dilema de la
modernidad, no obstante y en consonancia con Arismendi, no sólo busca combatir la
tendencia por la cual “la expresión democracia” se estanca en una visión instrumental
restringir en lo institucional, también busca posicionar como idea fundamental la democracia
(democratización) como un proceso en sí misma y cuyo principio de construcción es la
organización de la sociedad para el ejercicio pleno y efectivo del poder. En este sentido, no
basta con la creación de aparatos, instituciones, o representaciones, que en última instancia
reproducen la lógica unidireccional de delegación sin compromiso, por el contrario, reside en
la organización de base, la capacidad de ejercicio directo del poder, la construcción de un
democracia avanzada capas de discutir definir y trazas los destinos de la sociedad desde la
sociedad.es allí donde se materializa la participación y no en las urnas.
3. DEMOCRACIA UNIVERSITARIA

Habiendo avanzado en una mediana conceptualización de la idea de democracia


como proceso, con los diferentes aspectos, ámbitos y elementos que la circundan, resulta
necesario ahondar en la problemática que nos llama, “la democracia universitaria”. En
principio, la universidad como institución anclada a la construcción del Estado y como aparato
ideológico del mismo,[7] reproduce y legitima de manera constante las lógicas y dinámicas del
sistema imperante. Por tanto resulta “normal” que al interior de esta las formas de gobierno,
toma de decisiones y ejecución de las mismas se desarrollen de manera vertical y
unidireccional, en beneficio de los sectores reducidos que detentan el poder y en contravía de
los más sentidos intereses de la comunidad académica.[8]

Es por ello, que la construcción de una nueva idea de democracia o de democratización de la


universidad parte, en esencia, de concebir este proceso como una lucha contra-hegemónica
(Gramsci), cuya forma de legitimación se fundamenta en el ejercicio directo del poder, a través
de la organización estudiantil de base, alejado de las visión restringida de la democracia liberal
burguesa, y anclada profundamente con el avance y profundización de la capacidad de
dirección de los destinos de la universidad en todos sus aspectos, desde los sectores a los
que debe su existencia (docentes, trabajadores, estudiantes y ciudadanía)

En este sentido, el actual debate que se abre dentro de la Universidad, trasciende la idea
abstracta de la elección directa, como propuesta surgida en oposición a la reelección, por el
contrario se ubica en la aguda y no fácil discusión sobre la construcción de una democracia
real, directa y de avanzada de base y poder popular. Esto me lleva a señalar, desde mi
postura ideológica, que en nada resulta consecuente continuar anclando nuestras
reivindicaciones en la lógica del liberalismo burgués, el cual continua profundizando su
opresión y explotación a los pueblos de todo el mundo. La defensa y construcción de una
democracia universitaria, debe partir por la separación radical de la reproducción de las
lógicas de dominación imperante, de la visión delegataria del poder y de la ilusión electoral de
cambio, para confluir con el necesario y urgente cambio estructural de la sociedad.

Así pues, y como idea primaria de la democracia universitaria, aun por construir, se debe
señalar que sin la organización permanente y activa del estudiantado en ningún sentido
existirá tal democracia. Es por ello que la tarea fundamental hoy para los y las estudiantes,
para los maestros y maestras, para los trabajadores y trabajadores y en general para la
comunidad academia, es la organización como acción directa del ejercicio del poder.
En segundo lugar, pero profundamente ceñida a la organización se encuentra el
fortalecimiento de lo académico a través de la elaboración de propuestas que recojan todo el
contenido ideológico y político del tipo de universidad que deseamos construir. Lo cual en una
primera instancia busca sumar las fuerzas y claridades suficientes para emprender una
confrontación de ideas y propuestas con la clara perspectiva de mandatar. Este último
elemento, es la piedra angular de nuestra idea de democracia (democratización), en tanto que
resume y condensa en el, la organización, la elaboración de propuestas e ideas y la
construcción contra-hegemónica de la democracia avanzada, como propuesta de construcción
para el estudiantado.

En tercer lugar y como elemento constante, permanente y continuado, cuya ejecución debe
encontrarse de principio a “fin” encontramos la formación, en clave de politización. Resulta
imposible pensar en una idea de democracia (democratización) sin tener en cuenta su
carácter político y por tanto la formación contante en el campo de la política por parte de los
sujetos que pretendemos pasar del plano contemplativo a la acción transformadora. Esta
politización también se enmarca en un conocimiento profundo de las realidades que
comprenden la Universidad, como escenario en el cual se gesta el florecimiento de la más
clara conciencia de una época, y por ende las realidades de toda la sociedad. Así pues no
solo se piensa en una democracia “institucional” restringida a un territorio parcial (campus
universitario) sino en la proyección de esta en el campo de lo social.

Bajo estos tres elementos, considero se puede iniciar un largo y profundo debate sobre la
democracia universitaria, hoy tan en baca de todos y tan en práctica de nadie. Vale la pena
resaltar que estos elementos no se presentan de manera silvestre o se construyen de la noche
a la mañana, sino que son producto del trabajo contante por parte de todos y cada uno que
hacemos parte de la Universidad y por tanto merecen de la paciencia, esfuerzo, sacrificio y
abnegación de implica iniciar un largo proceso transformador.

4. NUESTRA HOJA DE RUTA; LOS CONSEJOS ESTUDIANTILES


A manera de conclusión y como elemento propuesta para el inicio de este largo camino por la
construcción de la democracia, me permite señalar algunos aspectos de la ya reconocida
propuesta de construcción de los Consejos Estudiantiles Universitarios, sobre los cuales, vale
decir, no existe un recetario para su puesta en marcha, pero que a medida que logramos
concretar y materializar esta idea, de seguro existirá un horizonte menos incierto hacia la
democratización de nuestra Alma Mater.

En conexión con los tres elementos señalados en el primer acápite, y a la idea de democracia
que se ha intentado desarrollar, se ponen en consideración de los y las estudiantes, la
construcción de los CEU como hoja de ruta para la organización estudiantil de base, como
forma de discusión y definición de iniciativas surgidas desde la base. En este sentido, como
condiciones fundamentales para la construcción de los CEU se presenta la amplitud, la
participación, la discusión, la definición, el consenso y la unidad estudiantil de base. La
dinámica y permanencia de los CEU, se enmarca en la lógica de la “movilización consiente” lo
cual los convierte en acciones prácticas para la consecución de objetivos claros definidos y
construidos de manera colectiva por el estudiantado. Así pues quisiera señalara algunos
aportes que pueden ser funcionales a la hora de pensarnos la construcción de escenarios:

- En primer lugar, se debe señalara que los CEU, no pueden ser concebidos en ningún
sentido como aparatos de representación o delegación de funciones, sino como escenarios
colectivos propicios para la discusión, construcción y puesta en marcha de iniciativas surgidas
desde el estudiantado.

- La emergencia y creación de los CEU, parte desde un arduo trabajo académico a través
del cual tienen voz, participación, decisión, definición y acción permanente los y las
estudiantes. De esta manera, como propuesta se plantea que exista un comité de estudiantes
(sería maravilloso si todos entraran en el) que inicie la elaboración de un agenda académica
que construya espacios accedimos de discusión (como este) a los cuales se les suma el
ingrediente de decisión y definición de iniciativas en torno a determinado tema. En este
sentido, son los estudiantes quienes crean y dan vida al espacio, esperando que cada
semestre elabore propuestas que serán sustentadas en el espacio académico para ser
debatidas y consensuadas para su ejecución. Así se puede señalar que es autonomía de los
semestres definir como participaran en el espacio.

- La definición de vocerías o interlocutores con la administración (principalmente) está


sujeta al debate dentro de los espacios convocados y no es un determinante del espacio. Lo
que se busca es la participación activa de cada semestre, con la elaboración de propuestas y
el debate de las mismas.

- En busca de legitimidad y participación, la sus tención de propuestas está sujeta a las


definiciones del semestre, en este sentido todo estudiante que participe dentro del espacio
debe tener aval de su semestre (esto no significa en ningún sentido que represente en su
totalidad al semestre) y cada semestre tendrá la posibilidad de presentar diferentes
propuestas para la discusión, ampliando así la posibilidad y capacidad de participación de los
estudiantes.

- El comité, hace las veces de adelantar elementos de orden logístico y colaborara con la
organización de los elementos necesarios para el desarrollo de los espacios, por lo cual no
podrá ajustar elementos de tipo programático que no sean definidos en los espacios
académicos desarrollados.

- La intención de los espacios académicos, es poner un orden en la discusión, mas no


restringir a la lógica de expositores y auditorio, puesto que lo que se presenta en este son
iniciativas y propuestas surgidas desde cada uno de los semestres. No se trata de buscar
grande expositores sobre un tema, aunque pueden ser invitados, sino de poner en circulación
el debate desde los estudiantes partiendo desde cada semestre.

- Las determinaciones de los espacios académicos, pueden ser tomadas como


declaraciones políticas, en tanto que su contenido lo determine y deben avanzar, con el
tiempo, de ser espacios restringidos al activismo, para consolidar escenarios de construcción
real en el corto, mediano y largo plazo.

- Los CEU deben lograr acumular la mayor participación posible por parte de los
estudiantes de la escuela, al tiempo que deberán configurarse como escenarios para la
interlocución con la administración. Tanto de la participación activa del estudiantado, como de
la capacidad de interlocución dependerá el efectivo accionar del CEU.

Lo anterior, solo son algunas ideas que buscan orientar la idea, aun en construcción, de los
CEU y por tanto se pone de presente que la dinámica de estos no está sujeta a una forma
única de su desarrollo, por el contrario la existencia de estos dependerá en todo momento de
las formas de organización más convenientes de acuerdo a las realidades de cada Escuela o
Facultad, siempre y cuando cumplan con las condiciones de amplitud, participación, discusión,
definición, consenso y unidad estudiantil de base.