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ENTREVISTA ACERCA DE LOS PRINCIPIOS DE ECONOMÍA PROCESAL Y

CONCENTRACIÓN

José Luis Monti, doctor en derecho de la Universidad de Buenos Aires en el


área de Filosofía del Derecho. Desde su graduación ha ejercido
ininterrumpidamente la docencia en esa misma Casa de Estudios como
profesor de Derecho Civil y también de Filosofía del Derecho y otras
asignaturas de grado y posgrado. Tras ejercer la profesión de abogado durante
diez años ingresó al Poder Judicial de la Nación Argentina como Secretario
Letrado de la Corte Suprema de Justicia (1981), desempeñándose en la
Procuración General de la Nación primero y luego en el propio Tribunal. En
1991 fue designado Juez de la Cámara de Apelaciones en lo Comercial, cargo
que ocupa actualmente.

1. ¿Cuáles son las perspectivas de los principios de economía procesal y


concentración en el ordenamiento jurídico de Argentina?

En las últimas décadas ha habido en el ámbito del proceso privado (civil y


comercial) un progresivo avance hacia la concreción de esos principios. La
reforma procesal de 1967 en el orden nacional, que luego fue adoptada por
casi todos los ordenamientos procesales provinciales, fue un paso significativo
en ese sentido, así como un progreso notorio en la adopción de otros principios
igualmente importantes (v. gr. moralización del proceso, inmediación, la regla
de adquisición de las pruebas, las atribuciones de los jueces en los arts. 36 y
163 por ejemplo, etc.) y, naturalmente, en la codificación de las normas
procesales. Pero la concreción en la práctica de los fines que guiaron la
reforma no fue sencilla ni ha terminado. Superar los antiguos hábitos
arraigados en los veteranos “oficiales primeros” (sobre cuya idoneidad no me
caben dudas), fue un proceso lento. Sin embargo, aunque no parezca, poco a
poco se progresó. Y las últimas reformas procesales muestran cómo esa
tendencia se ha ido fortaleciendo (v. gr. art. 360). Todo parece indicar que hay
una mayor disposición a acentuar esa tendencia, bien que el incremento de las
causas (lo que hoy se llama índice de litigiosidad) en notoria desproporción con
los recursos materiales y humanos con que cuentan los tribunales, torna más
difícil avanzar en este terreno.

2. ¿Los operadores de justicia de Argentina están preparados para aplicar


los principios de concentración y economía procesal? ¿O son letra
muerta en el ordenamiento jurídico?

Las dos preguntas admiten respuestas separadas. Los operadores, léase los
jueces, funcionarios y empleados (me refiero a la justicia nacional que es lo que
conozco), tienen en general buena disposición y una aceptable preparación. De
allí a que los principios mencionados sean plenamente implementados y se
hagan realidad hay un trecho. Depende no sólo del esfuerzo de los operadores
sino de los recursos con que cuentan (personal, espacios, informatización, y un
largo etcétera). Pero esto no significa que sean “letra muerta”. Insisto, se trata
de un proceso, pero creo que en una perspectiva histórica, por decirlo de algún
modo, hay avances importantes. De todas maneras, pienso que la formación
de los operadores –incluyendo ahora los abogados que también lo son- debiera
incorporar algunos cambios que los prepare mejor en la tarea forense. Pienso
que la formación debiera ser más sólida, en todo sentido. En el conocimiento
de las estructuras básicas de nuestro sistema jurídico, viéndolo en conjunto y
con una perspectiva dinámica (pero en serio y con profundidad, no sólo en la
superficie). En el manejo del lenguaje (en general y jurídico), de la lógica (así
también en general y normativa) y de la hermenéutica. En la búsqueda de las
soluciones valiosas como derivación del sistema, en una labor de ingeniería de
las normas y no como meros atajos voluntaristas que sirven a veces para hacer
una especie de exhibicionismo mediático. En la ética, tanto del juez como del
abogado, cual un principio esencial de la actividad de cada uno.

3. ¿En su país se han realizado reformas procesales novedosas para


concentrar las actuaciones procesales en la menor cantidad de
audiencias? ¿Cuál es su opinión de los resultados que estas reformas
han tenido en la práctica?

Ya hice referencia a esto en el punto 1. Puntualmente, la reforma del art. 360


CPCC ha dado buenos resultados y creo que ha mejorado bastante el trámite
de los procesos contenciosos, hablando siempre en términos de generalidad.

4. Qué opinión le merecen las siguientes alternativas:

Sistema de audiencia única.

Obligación del juez de calificación de la admisibilidad de la demanda.

Otras reformas que se hayan propuesto en Argentina.

Sobre las alternativas que se mencionan: la “audiencia única” se conoce en el


procedimiento laboral de la provincia de Buenos Aires con la llamada “vista de
causa”. Es una posibilidad. Pero no creo que pueda significar una mejora en el
trámite de los procesos, teniendo en cuenta la vigencia hoy del ya referido art.
360 CPCC; además, la experiencia de los procesos laborales mencionados no
es muy convincente, ya que ese régimen no implicó mayor celeridad; en
ocasiones, al contrario, lleva a una mayor dilación, porque es necesario tener
todas las otras pruebas ya concluidas al tiempo de la audiencia, lo que suele
exigir postergaciones de ésta. En cambio, esas dilaciones no se dan o pueden
evitarse en el procedimiento civil y comercial.
En cuanto a la calificación de la demanda por el juez, es algo que éste tiene
que hacer siempre en punto a los requisitos exigidos por la ley procesal. Pero
no me parece oportuno ni conveniente ir más allá. Hoy precisamente en que se
trata de preservar el acceso a justicia de las personas, resultaría poco feliz dar
a los jueces una potestad demasiado amplia para rechazar in límine los
escritos de demanda.

Como sugerencia me parece que sería útil ampliar la posibilidad de que los
jueces puedan confiar a mediadores algunos aspectos del litigio, en cualquier
momento del proceso. Y debiera promoverse el conocimiento de la figura (que
me parece poco usada) de los peritos árbitros (ver art. 516 CPCC) que hemos
aplicado con gran utilidad.